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Gaia - Exéter

Grupo Elron

 

Sesión del 26/01/2026

Sesión del 27/01/2026

 


Sesión del 26/01/2026

Médium: Jorge Olguín.

Entidad que se presentó a dialogar: Johnakan-Ur-El

 

Johnakan recuerda su primera encarnación en un mundo llamado Gaia, donde sus moradores practicaban costumbres que todavía no hemos conseguido erradicar hoy.

 

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Johnakan-Ur-El: De repente tomé conciencia. Más no sólo eso, había infinidad de entidades espirituales que me rodeaban, y por alguna razón o tal vez nos estemos contactando todos a la vez, sabía el nombre suprafísico de cada uno. Y percibí que muchos, entusiasmados, bajaban -dicho de una manera entendible-, a encarnar a cada mundo.

 

En el plano suprafísico el tiempo es relativo, no es cierto que corra a más o menos velocidad que en el plano físico no, no es cierto. Relativo en el sentido de que no tenemos apuro como sí lo hay en el plano físico, y me di cuenta de que pasado el tiempo de cada mundo desencarnaban. Noté que la mayoría no regresaba como se había ido, todos los planos suprafísicos fueron creados en el plano 5 subnivel 9, de la misma manera que las entidades angélicas fueron creadas en el plano 6 subnivel 9 y tanto unos como los otros cuando regresaban, una gran mayoría estaban en un plano menor. Por supuesto, en el plano angélico nunca descendían del 6, pero sí descendían de subnivel.

Mikael, quizá temeroso, dice conceptualmente:

-¿Qué pasará, Johnakan?

-Estoy asimilando el por qué vuelven con menos Luz una gran mayoría. Entonces voy a encarnar, ya elegí el mundo, en un brazo galáctico exterior y en un mundo que orbita una estrella amarilla.

-Pero Johnakan, ¿tú vas a encarnar?

-Sí, querido hermano Mikael.

-¿Pero es conveniente que lo hagas?

-Sí, mi amado Mikael, es conveniente.

 

Intencioné. Y antes de ello le dije conceptualmente:

-Ten en cuenta, y lo sé, por supuesto que lo sé sin que me lo hayan dicho, que solo encarna un 10% de mi entidad, o sea podrás comunicarte con mi 90%.

 

Percibí que sintió como un alivio.

-Amado, no vas a estar solo, hay millones de entidades espirituales.

-Es que eres el primero con el que conceptué.

-Y seguirás conceptuando, pero mi 10% se marchará.

 

Y encarné. Encarné en una familia que labraba la tierra, una familia hacendosa. Y fui creciendo allí.

De nombre, tal vez mi parte espiritual se lo sugirió a ambos padres, y me pusieron Exéter, con 'x'. No había apellido como sí lo hay hoy, tal vez un millón de años después en Sol III.

Y crecí en ese mundo al que llamaban Gaia, un mundo que tenía continentes, océanos y podíamos respirar perfectamente esa atmósfera donde su principal aliado para nuestra supervivencia era el oxígeno que a su vez podía deteriorarnos nuestro organismo.

Comencé de pequeño a estudiar, había escuelas-granjas en cada comarca y a mis seis años de vida fui a una escuela de ellas, pero como en casa había libros y practicaba con madre, aprendí a leer y a escribir y a hacer cuentas básicas, por lo cual en primer grado ya estaba preparado para cursarlo.

 

Y pasaron los años e independientemente de la instrucción de la escuela recibía una muy buena educación de casa sobre comportamiento, sobre cortesía, sobre empatía. Y llegué a comprender, sin leer la mente de nadie porque no podía hacer eso, pero podía comprender sus facciones, sus gestos, saber si la persona estaba incómoda, molesta, alegre, triste, ansiosa, serena.

Y seguí leyendo libros hasta que terminé sexto grado de lo que en la granja se llamaba escuela primaria.

Le pregunté a padre:

-Me gustaría estudiar a nuestros congéneres, a otros seres humanos, hay una facultad que se llama Estudio Del Ser Humano. Leí distintos libros de distintos autores, respetaba cada libro, cada texto de cada autor, pero abrevaba lo que parecía más afín a mi pensamiento.

 

Terminé perfectamente el cuarto año de la facultad y antes de cumplir los diecisiete años ya tenía el título de Estudios Del Ser Humano con las mejores notas.

Por supuesto tenía muchos amigos, no trataba de buscar a los más afines a mi manera de pensar, ellos mismos, los que no eran afines, se apartaban, pero en el Estudio Del Ser Humano aprendí que no debía forzar a nadie a que se acerque a mi forma de pensar.

 

Y una noche en la granja, en vacaciones trabajaba a la par de mi padre cavando la tierra, sembrando con sumo cuidado, y una noche descansando en la tierra mirando las estrellas me puse a pensar.

Y hablé con otras personas y les pregunté:

-Para vosotros, querida gente, ¿qué son esas estrellas, de qué están compuestas?

-Bueno -dijo un señor mayor-, yo aprendí que el cielo es una especie de cúpula que de día se tiñe de color celeste y no permite ver las estrellas y de noche se hace trasparente y permite verlas, están todas allí colgadas de una cúpula invisible.

 

Y conversé con otras personas que tenían distintas hipótesis:

-Hay estrellas más grandes de distintos colores, a veces vemos caer varias a tierra.

-Cómo puede ser, ¿no es que están fijas pegadas en ese firmamento?

-Se ve que algunas son atraídas por la tierra y caen.

 

Sabía bastante de óptica y de la misma manera que los marinos cruzaban pequeños mares y llevaban binoculares con distintos cristales, en los tiempos que mi padre no me precisaba pude armar un artefacto muy grande de por lo menos un metro y medio de largo con distintos cristales. Cuál fue mi sorpresa cuando vi que había esferas rocosas.

Y le dije a padre:

-Padre, mira, eso no es una estrella.

-¿Y qué es?

-Un planeta como el nuestro.

 

Y fui viendo, con el pobre telescopio, que había por lo menos cuatro mundos.

Y los estudié, cinco años estudiándolos, hasta mis veinte y dos, y me di cuenta que orbitaban nuestro Sol.

Y se lo dije a padre:

-Padre, ¿hay alguien que sepa por qué hay estaciones donde hace frío, donde hace calor? -Padre se encogió de hombros.

-Estás pensando demasiado, Exéter.

-Yo pienso que es porque orbitamos alrededor de nuestro Sol y debe haber una razón por la cual en determinado momento hay calor y en determinado momento no.

 

Hasta que descubrí que nuestro mundo, Gaia, tenía el eje un poco inclinado y eso podía ser causa de las estaciones.

Y escribí un libro al respecto, me granjeé seguidores, pero en proporción un 90% de enemigos. Pero eso no fue lo peor, lo peor fue cuando vi con un telescopio mucho más moderno que podía ver perfectamente a Selene, nuestra luna y veía montañas.

Le mostré a padre, pero le dije:

-No puedo hacer lo mismo con las estrellas, siempre están lejos, siempre.

 

Hasta que llegué a medir la distancia desde Gaia a Selene, y a mis veinticinco llegué a medir la distancia de Gaia a nuestro Sol, estaba como medio millón de veces más lejos que Selene.

Hablé con profesores de facultad que estudiaban las estrellas y les dije:

-¿Porqué pensáis que hay un firmamento donde las estrellas están supuestamente pegadas?, ¿porqué no pensar que este universo es mucho más grande y cada estrella es un sol? -Si me había granjeado enemigos, ahora me granjeé diez veces más.

 

Pero como había estudiado distintas materias, botánica, zoología respetaba y amaba a los distintos animales, quizá no tan inteligentes pero que tenían un tremendo instinto, y aprendí a ver que había animales peligrosos para nosotros, algunos que inoculaban veneno.

Pero me di cuenta de una cosa, la avidez que tenía yo por seguir trabajando en la granja de padre, padre todavía se mantenía joven pero ya no tenía la misma fuerza que cuando yo era un niño. Y yo seguía sembrando, pero veía que en el resto del mundo había ganado la apatía, como que comían frutos de los bosques, de las selvas, bebían agua de los arroyos, pero a su vez no cuidaban su higiene y eso traía enfermedades.

 

Publiqué otro libro, obviamente le tuve que pagar con monedas al señor de la imprenta. Y me dijo:

-Exéter, la gente no tiene interés en leer, en instruirse.

 

Y era cierto, cuando yo comencé la facultad de estudio humano, tenía muchísimos compañeros y yo veía que la generación siguiente había la mitad de estudiantes, no les interesaba, ganaba la apatía. Y tenía que averiguar por qué eran tan apáticos, porque leer y trabajar con las manos en esa hermosa tierra sembrando semillas, eso nos daba de comer porque el día de mañana los frutos de los bosques a la velocidad que la gente comía y no volvían a plantar árboles. No veía un buen futuro para Gaia.

 

Fui haciendo mi parte viajando en pequeños barcos a vapor a otras aldeas, cruzando el mar, pero era tal su apatía que si bien me escuchaban, a la media hora estaban tirados en el césped descansando sin pensar en el día de mañana. Y me sentí impotente.

 

Con el tiempo sufrí la pérdida, con muy poca diferencia, de padre y madre, no tenía hermanos. Mi pasión era trabajar con cristales y hacer telescopios más grandes, pero ya eran tan grandes que necesitaba una base y tuve que construir con metal una base que pudiera sostener enormes telescopios, y aún con los nuevos las estrellas me eran inalcanzables.

Llegué a descubrir cinco mundos, y de alguna manera es como que nombré al Sol y sus mundos "sistema solar". Y de repente se me ocurrió: ¿y por qué las demás estrellas, que son soles, no pueden tener sistemas estelares también?

Y lo divulgué. Ya directamente no eran enemigos, yo les era indiferente, eran muy pocos los que me escuchaban, muy pocos los que me leían. Pero mi trabajo era ese, además de cuidar la tierra, de cuidar las aguas y enseñarles a quienes me escuchaban que lo más importante era la higiene, y que así como ven animales que con las patas tapaban sus desperdicios no lo hacían los humanos. Y hubo aldeas cuya gente murió de peste.

 

Es todo por ahora.

 


Sesión del 27/01/2026

Médium: Jorge Olguín.

Entidad que se presentó a dialogar: Johnakan-Ur-El

 

Se terminaban los alimentos, vegetales y animales y no se retiraban los residuos orgánicos. Había miles de bacterias por todas partes, en el agua, el suelo. No se llegaba a resolver la contaminación, la población disminuía.

 

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Johnakan-Ur-El: Mi nombre es Exéter, acabo de cumplir cincuenta y cinco años en este hermoso y bello mundo llamado Gaia. Habíamos puesto colonias con cúpulas en Selene y también en la segunda luna, muy muy pequeña, Aristo.

 

Elegí una ropa con un material nuevo, me puse el uniforme de fibra dyneema, con 'y', dyneema. Me quedaba muy cómoda y resistía incluso hasta los ácidos.

Me acerqué al visor que conectaba con el gran telescopio orbital -hice una semisonrisa recordando cuando era más joven con el pequeño telescopio de menos de dos metros-, pero la gente que se ocupaba de vacunas, de cuidar el ecosistema, de poner telescopios en órbita, de hacer lo más difícil: armar una cúpula con un polietileno más duro que el acero de fibra dyneema, la misma de mi uniforme pero trasparente, y por lo menos de un metro de grueso. Tengamos en cuenta de que la campana de dyneema que mantenía la atmósfera en Selene y en la pequeña luna estaba blindada para recibir un impacto del más fuerte de los asteroides.

 

Y había gente trabajando en ambas lunas, también gente que cuidaba la fauna, la flora, gente igual que yo cuando tenía cinco o seis años que ayudaba a mi padre a labrar la tierra, había mucha gente que lo estaba haciendo, gente que vivía de la pesca. Pero en general había algo que no había cambiado: el tremendo desgano. Gente que vivía como agotada.

 

En un momento dado me comuniqué con gente que estudiaba la atmósfera, a ver si había algún gas que podía afectar al ser humano; salvo el dióxido de carbono no había nada en la atmósfera que produjera ese cansancio, ni virus ni bacterias. ¿Qué podían causar otras enfermedades? Sí, pero el desgano era psicológico o -y voy a decir una frase muy mundana- costumbre-, porque a veces entre padres e hijos, entre madres e hijas se trasmiten deseos, anhelos, pero en Gaia se trasmitían desganos, falta de motivación. Y no es como hace treinta años atrás que todos los frutos estaban a disposición, ya no, además la población había aumentado.

 

Vivíamos en un mundo de cuarenta mil kilómetros de circunferencia y fuimos creciendo exponencialmente, ya había más de tres mil millones de seres humanos y con gran pena veía que muchos depredaban animales mamíferos y todavía no cuidaban la higiene.

Los bacteriólogos no daban abasto para cubrir las pestes de las comarcas con las vacunas, se empezó a trabajar con la parte viral y nada, porque donde no hay higiene, lo dije en el relato anterior, hasta los mamíferos primarios hacen sus necesidad e instintivamente con sus patas tapan con tierra lo que defecaron, pero el humano no. Había comarcas donde directamente no tenían agua corriente, trabajaban tomando agua de pozo, lo cual no estaba mal porque las capas estaban muy limpias, el problema que al no tener agua corriente tampoco tenían baños con agua corriente, entonces cavaban pozos y cuando se llenaban de desperdicios humanos los tapaban y al metro cavaban otro pozo.

Y con el tiempo la población fue decreciendo, llegó a un máximo de cinco mil millones de seres humanos y fue decreciendo.

 

Ahora, ellos mismos sabían que al no cuidarse, al no higienizarse eran foco de enfermedades. Cuantas veces me quedé pensando que no lo hagan por ellos, que lo hagan por sus descendientes; pero justamente a sus descendientes les contagiaban el mismo desgano, la misma suciedad.

Y la población empezó a decrecer por las mismas pestes y contagiaban a quienes hacían las vacunas. Dejaron de llevarles suministros en naves a los dos satélites, a Selene y al pequeño, y no toda la gente tenía naves para volver y tampoco tenían oxigeno de sobra. En las colonias sólo quedaron esqueletos, obras sin terminar.

 

Me sentí impotente y me recordé lo que le decía a mi hermano suprafísico, Mikael: "Yo intuyo por qué cuando desencarnan el espíritu está en un plano más bajo que cuando encarnó". Y en Gaia era por eso porque la gente no se cuidaba, porque la gente no tenía anhelos, deseos de hacer proyectos.

Pensaréis, ¿y cómo llegaron a ambos satélites? Sí, un 10% que quería salir adelante contra un 90% que, no es que no quería salir adelante, no le interesaba. Podrían tener la excusa si fueran seres no analíticos, como casi todos los mamíferos de Gaia, pero no, no había excusa, no había excusa, "supuestamente" eran inteligentes. Y la pregunta era: ¿Por qué siendo inteligentes atentaban contra ellos mismos? ¿Por qué teniendo uso de razón no tenían apetitos de sentirse sanos?

Y no, no había ninguna explicación, de la misma manera que hoy en Sol III depredan el mundo con apetitos de poder, con apetitos de conquista de territorios, con guerras que nadie las va a ganar, nadie, nadie, en Gaia imperaba el desaliento, el desgano, la falta de deseos.

 

Tuve un tiempo, a mis treinta años, una relación de pareja cuyos padres la habían educado de buena manera, culta, limpia, hacendosa, pero por alguna razón de su organismo no podía tener descendencia, y no sé si fue eso o eso fue una excusa para contagiarse de los demás en el desaliento, en el desgano, y lo que era nuestra casa empezó a ser lo que vosotros en Sol III llamáis un chiquero. Así que me mudé directamente al laboratorio a seguir estudiando astronomía.

Al año me enteré de la que era mi pareja había fallecido de alguna peste desconocida. Regresé al que había sido mi hogar y le prendí fuego a todo, a todo, por lo menos no iba a haber contagios de ningún tipo.

 

A los ochenta y ocho años desencarné, Gaia todavía seguía en pie pero con menos de ocho cientos millos de personas, muchas de ellas ya contagiadas vaya a saber de qué peste.

 

Cuando fui espíritu cien por ciento se contactó Mikael:

-Johnakan, has vuelto con tanta Luz como la que te has ido.

-Sí, mi amado hermano, sí, pero lamentablemente no pude cambiar nada, no pude modificar nada.

-Tienes millones de años para volver a encarnar una y otra vez, mi querido y amado Johnakan, para tratar de cambiar otro mundo o este mismo mundo un millón de años después.

-Sí, sí, ¿pero podré?, ¿podré?

 

Gaia desapareció, muchos animales murieron, hubo distintas épocas geológicas, el ser humano tal cual yo había conocido desapareció de la faz de ese mundo.

Pero ese mundo volvió a florecer pero tuvieron que pasar más de novecientos mil años hasta que de vuelta hubo homínidos y luego homo sapiens como hay en Sol III. Nadie se acordaba del nombre de Gaia, nadie lo sabía y le pusieron un nombre parecido, lo llamaron Gaela. Pero ahí, cuando encarné por primera vez, empezó otra historia que ya fue contada.