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Psicointegración - Engramas y Ego

Grupo Elron
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Psicointegración 11/01/2016

Profesor: Jorge Raúl Olguín

 

 

Comentó que debe diferenciarse los engramas de el ego, los engramas nos condicionan y los roles del ego nos manejan. No controlarlos hace que el ser quede preso de sus efectos. No deberíamos tener engramas ni egos pero de tenerlos, que sus efectos no nos relajen bajando la guardia los positivos y no nos hagan vulnerables los negativos.

 

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Jorge Olguín: Los engramas son condicionamientos de situaciones adversas físicas o emocionales de vidas pasadas, a su vez los roles del ego se movilizan de mil maneras para tratar de manejarnos. No deja de ser una ironía porque los roles del ego somos nosotros mismos, no es que nos desdoblamos o tenemos múltiples personalidades psiquiátricas, no, son impulsos a veces muy disimulados, caprichos infantiles, vulnerabilidades, muchísimos adjetivos más que no voy a nombrar ahora, que nos hacen accesibles a lo negativo.

 

Ahora bien, como los engramas son condicionamientos inconscientes de otras vidas que hasta pueden modificar nuestro ADN, los roles del ego, inversamente proporcional, se potencian ante nuestros condicionamientos al punto tal que nos sentimos víctimas de las circunstancias cuando más condicionados estamos. Entonces es como que los engramas y los roles del ego se retroalimentan unos a los otros.

 

Pero si bien los engramas son más dañinos en cuanto a que si no se tratan nos condicionan de por vida, los roles del ego, que se me permita la palabra, son más astutos porque se camuflan, se disfrazan, se ocultan, se modifican, porque el camaleón cambia de color. El rol del ego cambia de circunstancia, de síntoma, emocionalmente. Por momentos, los roles del ego nos hacen sentir sumamente victoriosos y sumamente dependientes de esas victorias, porque el rol del ego necesita, necesita. Es como el niño pequeño que pide, pide, pide y pide, por eso los roles del ego son infantiles porque piden, porque necesitan y hay muchísimas maneras de quitar al otro para obtener ese capricho.

 

Pero saben separarse los roles del ego de los engramas, que una persona esté libre de engramas no significa que esté libre de roles del ego, y viceversa. Una persona puede tener sus yoes absolutamente integrados pero estar lleno de condicionamientos engrámicos. Generalmente suceden las dos cosas: condicionamientos más roles. Entonces es como que no hay una regularidad si no hay una oscilación. La oscilación es peligrosa en el sentido de que una persona que de repente -y espero que no-, vaya de fracaso tras fracaso tras fracaso en lo laboral, en lo afectivo, en las amistades. Podría -puede, es lo que debería hacer-, buscar la manera de ver cómo está enfrentando las situaciones para modificar ese fracaso tras fracaso tras fracaso porque algo puede estar haciendo mal en el ítem que fuera.

 

Pero cuando hay oscilaciones y en medio de los fracasos hay victorias la persona tiende a relajarse. Cuando se relaja está más vulnerable y ahí es donde los roles del ego manipulan más; no significa que el estado ideal sea vivir de fracaso en fracaso en fracaso que sea mejor que estar oscilando entre fracasos y victorias, no, lo ideal es estar en estado óptimo, en estado óptimo. Estar en estado óptimo permanente, ¿lo podemos ver como una utopía? Quizá pero si estamos libres de condicionamientos engrámicos y libres de roles del ego, aun no estando en un estado óptimo podemos ver desde más arriba el panorama, como el ejemplo que doy siempre, el águila tiene una visión mucho más lejana que una hormiga que está a ras de tierra.

 

El ego nos ciega o nos nubla la vista. Más los condicionamientos.

Entonces, lo ideal es un estado óptimo. Nunca es conveniente un estado pésimo, fracaso tras fracaso tras fracaso en lo que uno enfrente. Obviamente que si de tanto en cuanto hay una mejoría, esto significa que uno, de alguna manera, va teniendo aciertos, pero cuidado de que esos aciertos, como dije antes, no nos relajen y nos hagan vulnerables porque al hacernos vulnerables caemos. Y eso es todo.