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Psicointegración - Aprobación

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

 

Psicointegración 15/10/2015

Profesor: Jorge Raúl Olguín

 

 

Exquisita psicointegración para todos, cualquiera de nosotros está incluido. Situaciones diarias donde podemos sentirnos incómodos por causa de sentimientos y acciones de otras personas pero siempre producidas por nuestras inseguridades o confortables con todos gracias a nuestro proceder libre, limpio, ausente de ego. Se recalca la frase "Todo pasa por uno". Frase tan importante como "Todos somos importantes". Aplicando estas dos frases -correctamente- no debería existir ego en uno mismo.

 

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Jorge Olguín: Muchas veces pensamos, muchas veces creemos que lo que nosotros hacemos en nuestra vida cotidiana no es suficiente. Esta frase la podemos desglosar en dos: La parte positiva es que estamos creando una sana ambición, lo cual está bien. La parte negativa es que estamos dudando de nuestra propia capacidad con el agravante de que si dependemos de la aprobación de los demás siempre vamos a estar en deuda con nosotros mismos, como que nunca terminamos de rendir la asignatura pendiente y cada logro que podamos conseguir lo vamos a sentir como insuficiente. Si fuera por nosotros, para nosotros, lo podría interpretar como que uno siempre tiene que aspirar a más, lo cual está bien mientras cada paso que demos sea firme, seguro para poder luego dar el paso siguiente.

 

El problema es cuando ese horizonte inalcanzable esté en nuestra mente por una insatisfacción personal provocada por querer agradar a terceros, porque de alguna manera alguno de nuestros roles del ego nos hace sentir incómodos con lo que hacemos. A lo largo de la vida de cada persona se nos presentan obstáculos y dificultades. Esos obstáculos y dificultades, normalmente nos ayudan a crecer. La anécdota de la mariposa que aún no ha nacido y el hombre  emocional le quiere allanar el camino, le abre el paso al capullo y la mariposa se arrastra por tierra, no puede volar porque justamente el esfuerzo que hace para romper ese capullo es lo que le permite volar. Al ayudarla no entendemos que no le estamos permitiendo desarrollar sus alas y la mariposa muere, con eso no quiero decir que le tengamos que dar una cucarda, un premio a quien nos pone obstáculos, a quien nos pone barreras para acortarnos los caminos.

 

Pero de acuerdo a como somos nosotros, vulnerables o autosuficientes, somos los que decidimos nuestro futuro. Si somos autosuficientes pasamos los obstáculos como los corredores con vallas, que van saltando las vallas. Si somos vulnerables tropezamos y nos caemos, nos levantamos, tropezamos con el segundo obstáculos y nos caemos. A la tercera o cuarta caída ya estamos lastimados y no queremos seguir. Bueno, eso no lo podemos permitir, nuestro camino tiene que ser independiente de los obstáculos que nos pongan y como dije antes, aunque gracias a esos obstáculos logremos rotundos triunfos, no significa que tengamos que aplaudir a quien nos puso los obstáculos. La persona o los obstáculos en sí fueron la herramienta para que podamos templarnos.

 

Alguna vez dije, más de una vez, que aprendemos más de las personas negativas que de las personas positivas. Esas personas las comparamos con la vida cotidiana. Siempre cuando nos pasa algo, algún drama, alejamiento, separación, cambio de lugar, afecto no correspondido, trabajo perdido, eso nos hace recapacitar y si somos autosuficientes lo superamos, si no sucumbimos. Por eso digo que uno tiene que hacer frente a la adversidad y poner pecho a la adversidad -poner el pecho no significa avanzar a ciegas si no sabemos si no hay un precipicio más adelante-, poner el pecho significa confrontar, que no es enfrentar, confrontar significa no tener miedo a saber hasta dónde podemos llegar, no tener miedo de opiniones porque una de las cosas más desgastantes que tenemos, nos quita energía muchísimo, es vivir impostando, porque no podemos impostar las veinte y cuatro horas, desgasta. Es como la persona que camina todo el día, tiene los zapatos super apretados, llega a la casa, se sienta en un sillón o sobre la cama y se saca los zapatos, ¡Ahí! Tiene los pies completamente entumecidos. Yo te aseguro que a los diez minutos la persona no se puede volver a calzar esos zapatos porque mientras andaba la persona estaba acostumbrada a ese dolor, a esa compresión de los zapatos en sus dedos de los pies, pero una que se los sacó por lo menos hasta el día siguiente no se los puede poner. Lo mismo pasa con el impostar, el ocultar la timidez, el mostrarnos superados.

 

Hay un aforismo de una persona del sexo femenino que dice: "Nunca me sentí más cómoda que con las personas con las que puedo decir lo que yo quiero".

¿Por qué? Porque nosotros en nuestra mente tenemos conceptos. Cuando esos conceptos los trasladamos al lenguaje hablado -ni hablar del lenguaje escrito, ni hablar-, tenemos que cuadrar el tono, la manera, la forma por ver si la otra persona se ofende o qué dirá. Entonces tengo que cuidarme de todo. ¡Es terrible!

 

Obvio que en la vida vamos a tratar más con gente que no sea de confianza que con la que sí sea de confianza porque podemos juntarnos con amigos y amigas y hablar libremente pero en el trabajo, en distintas situaciones vamos a estar con desconocidos y tenemos que moderar nuestra manera de hablar. Esto está bien porque son desconocidos. El problema es con conocidos, que tengamos que cuidarnos del tono.

-¿Qué quisiste decir con eso? ¿Por qué me dijiste así?

-No, no lo que yo quise decir es...

 

Molesta estar aclarando todo, molesta. Entonces o impostamos, que es terrible, o nos alejamos de la persona. Pero también es feo estar con una persona o con un grupo de personas con la que tengamos que vivir impostando, porque el impostar es como el zapato, llegas a tu casa "¡Ahí! Por fin soy yo". ¡Cómo, por fin soy yo! O sea que durante todo el día no eras vos, eras alguien que estaba actuando. No podemos actuar todo el día, es desgastante, hay gente que le encanta impostar, le encanta actuar pero estamos hablando de excepciones, hay gente que vive con máscara, hay gente que se identifica con su rol y voy a dar un ejemplo: Salvador Dalí. Salvador Dalí estaba con un bastón y un periodista le dice:

-Por fin veo su bastón, es hermoso.

-Téngalo. -El periodista lo tomó, lo cogió.

-Listo. Ya está. -Y se lo sacó-. Ya fue suficiente.

 

El periodista se lo quedó mirando. O sea, si uno mira la escena de afuera: "Hombre, téngalo, tóquelo, listo, ya está". Se lo saca.

Es un personaje. La palabra lo dice, "personaje", no persona. Pero no en todos los casos la persona y el personaje se funden como en Dalí. Cuando la persona se funde con el personaje se siente cómoda porque es el personaje. Nosotros, en sí, somos roles, roles que asumen otros roles. Ya desgasta pero si la persona se adapta, se identifica con el personaje hasta sentirse el personaje. Dalí era toda la vida el personaje, iba a tomar algo al café de la Paz, era Dalí, el personaje. Pero el común denominador no sabe actuar, no quiere actuar, quiere ser normal. Cuando se ve obligado a impostar para agradar al otro: "Me duele la muela, no tengo ganas de sonreír pero me están presentando gente que no conozco, así que voy a sonreír". No. "Hola, ¿qué tal? ¿Cómo están? Mucho gusto". Tampoco tengo que contar mi vida. "Sí resulta que hace tres años tuve un pequeño absceso en la muela...". No. Decir directamente "Ando con un pequeño dolor de muelas, así que téngame paciencia sino me estoy riendo a cada momento". Punto.

O ni siquiera aclararlo salvo que pregunten:

-Te veo un poco apagado. ¿Qué te pasa?

-No, es un pequeño dolor de muelas. No es importante.

 

Pero no sonreír para agradar, para caer bien.

Hay un grupo de reflexión donde hay treinta personas. Vas a ese grupo. A diez les vas a caer genial. ¡Wow! Diez no te registran, pasaste. Diez ya ponen cara de quién esta persona. Le caes bien a diez, a diez le eres indiferente y diez te miran como diciendo quién es esta persona. No hay que caer en la trampa de ponerse mal con los diez que te miran mal y sacar tu falso orgullo con los diez que te miran bien, si no, caemos en el aforismo: "No permitas que una derrota te derrote pero tampoco permitas que una conquista te conquiste" porque nosotros somos reacios ante la mala crítica -no ante la buena, ante la mala crítica-, pero abrimos el pecho ante el halago. Es mucho más fácil caer presa del halago porque al ego le encanta el halago, odia la crítica: "Cómo me va a criticar si yo soy el que critico, dice el ego". Pero ante el halago el ego se derrite y eso tampoco sirve. Un amigo me palmea la espalda: "¡Oh, todo bien!". Yo sé que lo hace todo auténticamente pero la gente que viene: "Cómo estás, ¡je, je! Otra vez tú, el ganador". Pero capaz que lo viste dos veces y yo no me lo creo. O me está gastando -gastar, en la jerga callejera significa se está burlando de mí o quiere buscar algo de mí, entonces no me la creo-. Pero yo no voy a impostar ni ante los diez que le caí bien, ni ante los diez indiferentes, ni ante los diez que directamente no les caí en gracia. Podré ser neutro, nunca odioso. Neutro con los que no les caí en gracia. Neutro o medianamente agradable con los que son indiferentes y agradable con los que les caí en gracia. No porque elija sino para no ser mal interpretado, porque si a los que no les caí en gracia les sonrío, estoy actuando y uno no tiene porque fingir porque si uno, como está rogando la aceptación y aunque nos acepten, fue a través de un ruego.

 

Entonces, es como que pedimos limosna de amor, limosna de amistad, limosna de aceptación.

Y nuestro esfuerzo, ¿qué? Yo vivo de mi esfuerzo tanto en la parte laboral como en la parte de vida cotidiana. El afecto no se compra, lo que se compra son las caricias no el afecto. Tampoco se compra la salud, lo que se compra es la atención médica, no hay garantía de que el médico te dé salud y hay cero garantía de que la caricia te dé afecto, si es comprada.

¿Cómo se obtiene el aprecio, la aceptación?: Como digo siempre, como el Universo es un espejo, uno intenta contagiar no para ganarse al otro sino porque a uno le tiene que salir natural. Si uno obtiene algo a cambio es por consecuencia, no porque lo tramó, no porque especuló, por consecuencia.

Vengo contento a la reunión: "Hola, ¿qué tal? ¿Cómo están todos". Transmito. Y hay mucha gente que se contagia porque la vibración se contagia, sea vibración sutil alta o vibración sutil densa, se contagia.

 

El tema es que uno no tiene que ser impostado, tiene que ser natural. Lo que pasa es que claro, los seres humanos tenemos un millón de caracteres distintos. A ti no te sale de repente reírte y ser el que avasalla en la fiesta. No importa- Pero nunca pasar inadvertido en un rincón porque entonces uno no disfruta de la reunión. No hace falta ser el centro pero no estar en la última orilla, en la última punta tampoco. Conversar con el que conversa, el que no conversa sigue de largo, pero el actuar con naturalidad hace que uno camine con unos zapatos de horma ancha y que los pies descansen y uno termina el día "¡Ah!, hoy fue perfecto". No necesité la aprobación de nadie, no tengo que ocultar mi vida, no tengo que ocultar mi trabajo, no tengo que ocultar mi origen, no tengo que ocultar si me crié pobre, si tenía para comer o no tenía para comer, lo puedo decir. Habrá quien mire despectivamente, como si se fuera a llevar una moneda una vez que termine su ciclo de vida -que no se la va a llevar-, así que se va a ir con su rostro despectivo al otro plano. Habrá quien lo tome con naturalidad porque no es cierto el rumor urbano de que el rico es orgulloso y el pobre es humilde, la humildad no pasa por tener o no una posición económica o más o menos conocimiento, pasa por uno.

 

He conocido personas, supervisores de determinada entidad, que actuaban como si fueran los gerentes o el vicepresidente de la empresa. Cuanto peor actuaban con su "subordinado" más serviles eran con su jefe. Lo he comprobado en infinidad de ocasiones. Cuanto más maltrataban o miraban despectivamente a quien tenían bajo su mando más serviles eran con quien ellos le tenía que rendir cuentas: "Ya me ocupé de todo ¡eh! Ya está señor. No se preocupe, está todo funcionando bien". Obviamente que si yo soy el jefe, ese tipo de gente no la quiero porque lo primero que yo quiero tener todo mi personal contento, no sometido. Segundo, que no sé si ese supervisor el día de mañana va a querer mi puesto y me clava una estocada por la espalda.

 

Ese ejemplo que doy en la parte laboral pasa también en la vida cotidiana, en la amistad, en las relaciones afectivas, con todo. Yo creo en la galantería pero de repente tienes tu pareja y un amigo galante traspasa la línea y ya de galante se pone cargoso. Parad, porque está faltando el respeto a dos personas, a ti y a tú pareja. "¡Oh!, pero somos amigos". No importa, no es así, hay un respeto de por medio. El respeto es ser medido en la confianza.

Pero que no se mal interprete, nosotros tenemos confianza pero de repente estamos con un público que te conoce a ti y no a mí y yo de repente te trato muy burlonamente porque tenemos confianza: Quedas mal tú porque yo lo hice públicamente. Te gasté -que significa "Me burlé de ti"- públicamente por la confianza que te tengo. Pero la confianza no debe permitirme poner al otro en ridículo porque si yo pongo al otro en ridículo es porque yo en realidad tengo baja estima y una de las maneras de manipular al otro es poniéndolo en ridículo, porque el otro baja las defensas al estar en ridículo y yo lo puedo manejar. Pero el problema soy yo.

De todas maneras ahora cambiamos de lugar. Alguien me quiere poner en ridículo a mí: Lo freno inmediatamente por dignidad, no por orgullo porque el orgullo es ego. El ego es una lucha de poderes: Él me quiere poner en ridículo, ahora vamos a ver la venganza, yo lo voy a poner en ridículo a él. Y es una lucha de roles del ego. Eso no sirve porque los dos están mimetizándose. La dignidad es "Stop. Hasta ahí". Pero nadie me va a tener respeto si yo no me respeto primero, nadie me va a querer si yo no me quiero primero, nadie va a sentir afecto si yo no siento afecto por mi persona. Todo pasa por mí. Eso es auto estima. Eso es ser autosuficiente con uno mismo, sentirme contento de lo que hago, de mi labor, de mi oficio, de mi profesión si soy albañil, mecánico o doctor. Si lo hago me tengo que sentir orgulloso.

 

Si la otra persona me acepta como soy, bienvenido sea. Si no, es un problema de la persona. Jamás va a ser un problema mío, jamás, nunca. Porque si no yo voy a ser pequeño, mediano o grande de acuerdo a la opinión de él. Entonces yo voy a ver por los ojos de la otra persona y voy a dejar de ser yo y eso no es coherente, lógico ni permisible. Todo pasa por uno.

No somos perfectos, para nada. Nos equivocamos todos los días. Tenemos que ser suficientemente inteligentes para corregir esos errores.

Puede haber un amigo que nos quiera de verdad, nos señale: "Mira, te equivocaste en tal cosa". Crítica sana, afectiva. Y uno lo corrige.

Pero no esa crítica despectiva, eso me tiene que resbalar. Yo estoy bañado en aceite, me resbala, no me tiene que afectar o en una relación afectiva:

-¿Esa es tu pareja?

-¿Por?

-Pensé que tenías mejor gusto.

 

Ninguna persona que me conoce se atrevería a decirme una cosa así, jamás, porque la pongo inmediatamente en su lugar. No importa si mi pareja es alta, baja, delgada, obesa, con una nariz a lo Cyrano de Bergerac, no importa. Es mí pareja. Nadie puede opinar algo negativo, porque si le faltan al respeto a mi pareja me faltan al respeto a mí. Lo mismo con un amigo, ¡eh!, lo mismo con un amigo: -¿Cómo, salir con ese?

Digo: -¿Tienes algún problema? No vengas.

-¡Ah, no! Pero íbamos a ir todos a...

-¿Tienes algún problema con fulano?, no vengas y ya está. Yo ya decidí que íbamos a salir y punto.

 

O sea, yo soy el que elijo. Me puede salir mal, por ahí me quedo yo con mi amigo y los otros ocho de los diez que éramos se van con el otro. Me quedo con mi amigo. Esto significa que los otros ocho no valían el esfuerzo. Yo nunca digo "Valer la pena" porque lo que cuesta no vale la pena, vale el esfuerzo o vale la dicha. Está mal dicho "Vale la pena". ¿Cómo, "vale la pena"?: "Me costó llegar a verte pero valió la pena". ¿Cómo valió la pena? ¿Yo valgo la pena? Yo valgo el esfuerzo, yo valgo la dicha. Si yo asumo que soy importante -no confundir importante con egocéntrico, que todo gira alrededor mío, no. Importante significa, puedo estar mal económicamente, puedo tener algún problema, puedo estar pasando por una situación límite pero sigo siendo yo. Dejo de ser yo cuando vivo de la calificación del otro, entonces estoy viviendo para el otro. "Fulanito dice que está de moda ahora el elegante sport con camisa blanca de cuello bien alto, así que voy mañana y me compro". Yo me visto como quiero en tanto y en cuanto no haga el ridículo, no voy a ir a un elegante sport de remera, jean, así gorra, no, pero visto como quiero. No tengo moda, yo soy la moda.

Eso es para todo, en los afectos, en las relaciones, en las amistades hasta en el trabajo. En el trabajo puede ser que a uno le digan: -No, uno se tiene que vestir de tal forma por presentación. Está bien, porque es el trabajo pero en la vida cotidiana nadie te marca una tendencia, no existe eso. O el tipo de música que yo quiero escuchar o cómo quiero vivir, o cómo quiero ser. Soy yo el que elijo.

 

Por último, que el sentirme importante que no me ciegue, que me permita ver el sentido del ridículo. Esto significa no creérmela porque apenas me la crea, estoy cerca del ridículo. Siempre estar equilibrado, atento, alerta.

Todos somos únicos, no hay dos personas iguales. Por eso yo siempre digo ser único no es ser especial, no hay dos como tú, no hay dos como yo, no hay dos como aquel ni siquiera dos hermanos gemelos, porque ambos son únicos.

-No, pero tienen la misma crianza, el mismo criterio, la misma escuela, los mismos padres.

-Van a captar el mundo de distinta manera. Uno puede ser físico, el otro médico. Uno puede ser plomero, el otro puede ser pintor. Uno puede ser pianista, al otro le gusta el chelo. No hay dos personas iguales. Por eso somos únicos. Si uno se entiende así mismo y capta lo que significa "único" nada externo nos va a afectar, ninguna opinión nos va a afectar. Y no tenemos porque ocultar nada a nadie.

 

Es todo.