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Psicointegración - Todo sobre Roles del Ego

Grupo Elron
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Psicointegración 20/01/2017

Profesor: Jorge Raúl Olguín

 

 

Conferencia acerca de muchos de los roles del ego y sus mentes asociadas. De dónde vienen, cómo nos perjudican y cómo tratarlos.

 

 

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Jorge Olguín: En muchos lugares enseñan "Hay que eliminar el ego" de una manera errónea, puesto que el ego forma parte de nosotros. No se puede eliminar, el ego se integra. También he escuchado muchas personas decir "Yo no tengo ego". En realidad sí, lo tendrá integrado momentáneamente pero como dije recién si el ego forma parte de nosotros, somos nosotros. No podemos carecer del mismo.

 

Desde hace veinte años vengo diciendo que el ego es uno de los frutos de la mente reactiva impulsiva. La mente reactiva tiene un núcleo físico en forma de una pequeña almendra en el centro del hipocampo, la amígdala cerebral. Es donde está el centro emocional.

 

¿La emoción es negativa? Depende. Una emoción sana donde un familiar, un amigo, un ser querido ha logrado cumplir una meta, un niño que se ha sacado un excelente nota en la escuela, un adolescente que se ha recibido con las mejores notas, uno puede hasta verter una lágrima emotiva, eso no es algo negativo, es una emoción sana. Un familiar que hace mucho que no ves lo esperas en el aeropuerto y te abrazas con él y lloras emotivamente no es algo negativo porque hay un afecto de por medio.

 

Lo negativo son las emociones perniciosas. Todas las emociones perniciosas son roles del ego y los roles del ego son difíciles de detectar porque se camuflan, se ocultan, se disfrazan. A veces es imposible identificarlos y a veces un mismo ego muta, cambia.

Un ejemplo que doy periódicamente es el de una joven que lucha con su sobrepeso. Se levanta a las tres de la mañana y su ego le dice:

-Ve al refrigerador, ¿qué te va a pasar que comas un pedazo de pastel?

Aclaro, el ego no te habla, es tu mente, lo teatralizo. La chica va, abre el refrigerador, toma el plato, se sienta en el piso a oscuras que nadie la vea.

-Come un poco de pastel. ¡Ah! Pero eres buena para nada, atrévete a más.

Sí, busca justificarse pero y al día siguiente, ¿mi peso? Son unos gramos nada más, cinco calorías nada más. En resumen, se termina comiendo toda la torta. No es que queda satisfecha, ya incluso está molesta con dolor de estómago de todo lo que ha comido.

Ahí es donde el ego cambia. Viene el ego autoritario, el ego culposo:

-Mira lo que has hecho, no tienes voluntad, te lo has comido todo.

La chica no le puede decir al ego ¡Pero tú me has dicho que coma!, porque el ego somos nosotros mismos.

 

Cuando hablo del ego, lo pongo como un personaje separado, para que se entienda, pero somos nosotros mismos. Entonces la chica en lugar de sentirse satisfecha de haber comido, se siente con un complejo de culpa tremendo:

-No sirvo para nada. Mañana no quiero pesarme, voy a pesar un kilo más... ¿Por qué no me contuve?

Le echo la culpa a mi ego. El ego eres tú. El ego eres tú, ese mismo ego que te empuja a cometer un deseo que resulta pernicioso para tu propia persona, ese mismo ego luego te señalará diciendo "Mira lo que has hecho. ¿Y ahora cómo lo arreglas?". No lo puedes arreglar. ¿Vas a hacer dieta?, espera haz dieta.

Al día siguiente, otra vez el ego tentador va a decir:

-La dieta no sirve, fíjate que estás igual que ayer.

 

Ese es uno de los roles perniciosos. ¿Es una emoción? Sí, es una emoción porque la persona culposa se odia a sí misma, no se quiere a sí misma, se desprecia a sí misma. Y como yo siempre enseño, no puedo aceptar que otras personas me quieran si yo no me quiero primero. No puedo lograr que otras personas me respeten si yo no me respeto. El respeto pasa por aprender a decir "No", porque en la sociedad se habla mucho del respeto hacia los demás, que es correcto, "Mi libertad termina donde empieza la libertad del otro", eso es respeto pero también es al revés, "La libertad del otro termina donde empieza mi libertad", soy el dueño de mi libertad. ¿Pero soy el dueño de mi libertad de verdad o es el ego el que maneja el timón de mi vida y el ego hace ir mi barca hacia donde el ego quiere, no hacia donde yo quiero?

 

El ejemplo que di de la niña de la torta lo puedo dar con otro ejemplo. La joven que viene a mi consulta y hacía meses que quería conquista a un chico. Como yo digo siempre, no existen las soluciones mágicas ni tampoco los mágicos acercamientos, simplemente existen orientaciones de cómo comportarse para atraer a una persona, irradiar carisma. Eso no es algo mágico, eso es algo natural.

Logró tener una cita con ese joven y fueron a tomar algo. Al día siguiente viene desconsolada con lágrimas a mi consultorio y me dice:

-Profesor, la embarré.

-¿Qué has hecho?

-Primero debatimos sobre un tema hasta que después discutimos por algo que no tenía razón de ser. Tomé mi vaso que tenía la mitad de líquido y se lo eché en la cara y me levanté y me fui de la vereda, me fui del lugar. Cuando salgo a la calle, ¡Ay, qué tonta -no dijo tonta, dijo otra palabra- que soy! ¿Cómo arreglo esto ahora?

-No sé si lo podrás arreglar.

 

A ver, ¿qué sucedió ahí? Nosotros, los seres humanos, como raza tenemos miles de años pero en nuestros genes puede haber ADN de razas anteriores, entonces podemos tener genes de un millón de años que están grabados en nuestra mente reactiva. Cuando el ser humano descubrió que podía usar el fuego para calentarse en invierno y para cocinar su alimento, empezó a usar su mente analítica, que está en el cortex. Ya dejó de usar el garrote, usaba una lanza, luego el arco y flechas, se fue modernizando. La mente impulsiva en nuestros genes, que tiene millos de años, ¿era útil? Sí, era útil porque el hombre prehistórico, que estaba con un garrote al hombro, si venía un smilodonte, un tigre de diente de sable, no se iba a poner a pensar, "¿Lo venzo con el garrote? ¿Si me escapo, me alcanza? ¿Mejor me trepo a la roca? ¿Me escondo en aquella cueva?". Cuando terminó de pensar el tigre ya se lo comió. Entonces, la mente reactiva impulsiva inmediatamente lo hacía huir y salvaba su vida.

Como dije antes, cuando descubrió que podía usar el fuego, reemplazó el garrote por la lanza, por el arco y flechas. Se ve en los dibujos prehistóricos que entre cuatro o más hombres con lanzas pueden derribar un mamut, que tenía el doble del tamaño del elefante actual. Entonces la mente reactiva impulsiva ya no era útil, ya se usaba la mente analítica, que no tiene más de diez mil años en nuestros genes.

 

Entonces, nos han enseñado "Antes de reaccionar contemos hasta diez". Casi nadie cuenta hasta diez, reacciona; porque en nuestros genes es más fuerte la mente reactiva impulsiva. Por eso la niña le tiró el vaso con líquido a su posible novio, porque reaccionó antes de pensar. ¿Eso significa que no hay solución? No, ¿cómo no va haber solución? Somos seres conceptuales, somos seres pensantes y somos medianamente civilizados. Estoy hablando de un común denominador porque sabemos que en la raza humana hay todo tipo de individuos.

 

Pensamos, creamos, hacemos, nos civilizamos, protegemos al más débil cuando en la antigüedad el más débil se moría, ayudamos al indefenso con nuestra mente analítica porque nuestra mente analítica también se nutre del amor.

"¡Ah! Pero qué bueno, entonces está todo solucionado". No, porque la mente reactiva impulsiva sigue estando y su principal fruto, el ego, sigue estando absolutamente activo y es el centro de nuestras emociones. Por eso nos agarran ataques de ira, por eso nos agarran celos, por eso podemos tener envidias, por eso podemos tener angustias, por eso podemos tener frustraciones. ¿Por qué frustraciones? Porque siempre visualizamos más alto de donde debemos visualizar. Lo que dije en un momento, es bueno soñar, tenemos que tener sueños posibles, sueños probables, sueños difíciles y sueños casi imposibles. Puedo comprarme un apartamento de un ambiente, puedo comprarme una casa, puedo comprarme un gran chalet con piscina o puedo mirar un gran castillo de veinticinco habitaciones en Escocia pero tengo que ser coherente con mi mente analítica, y mi mente analítica dice: "Con tu economía te podrás comprar el mono ambiente o un apartamento pequeño, no apuntes al castillo en Escocia, ve paso por paso". Pero nuestra mente reactiva nos hace soñar a veces cosas imposibles y nos hace creer que podemos lograrlas. Nos auto engañamos y como pasan los años y el castillo en Escocia no lo podemos tener, nos frustramos.

 

El castillo en Escocia puede ser aquel trabajo, aquel grupo de amistades, y a veces, a veces el no lograr algo -que para nosotros analíticamente es imposible pero para nuestra mente reactiva impulsiva no-, el no lograrlo nos favorece porque si logramos algo que no es compatible con nosotros nos haría infelices.

"Pero a mí me gustaría estar en aquel grupo de amigas". Quizá lo logramos y solamente al segundo día de estar en ese grupo vemos que son huecas, que son vacías, que piensan solamente en concursos de belleza, en salir con el mejor jugador de fútbol y al día siguiente con otro, al tercer día con otro. En realidad no es a lo que uno aspira pero nuestra mente reactiva impulsiva nos empuja a lograr cosas que en realidad no queremos, que en realidad no nos son útiles, no nos sirven.

 

¿Por qué los ataques de ira? Porque el ego es como un niño. ¿Qué hace un niño?

-Mamá, quiero esto.

-Bueno, ahora voy y te lo compro.

-Mamá, quiero esto.

-Pero ayer te he traído esto.

-¡Pero mamá, quiero esto, quiero esto, quiero esto, quiero esto!

-OK, te lo compro.

Pero al tercer día...

-Mamá, cómprame esto.

-No, espera, no somos millonarios.

 

El niño reclama porque el niño no entiende. Pero cuando nuestros roles del ego nos invaden en demasía nos acostumbramos a pedir. No a pedir, a exigir. Pero como ya somos más grandes ya no nos cumplen todos los deseos. Entonces, ¿qué hacemos?: Manipulamos. Y hay dos maneras de manipular, entre muchas, haciendo rol de víctima o rol de inquisidor. El rol de víctima lo hacen los chicos, los adolescentes, muchas parejas y mayormente la gente grande.

-¿A dónde vas?

-Bueno, hablé con mis amigas, vamos a una disco.

-Ve.

-¿Está bien que vaya?

-Sí, ve.

-¿Pero está bien?

-Sí, total yo me quedo sola acá en casa, no tengo a nadie. Ve disfruta, pásalo bien, no sé cómo me encontrarás cuando vuelvas.

-¡Oh! Pero me quedo si quieres.

-No, estoy bien. Ayer fui al médico, no te quise contar lo que me dijo.

-¿Pero qué te dijo el médico?

-No, para qué te voy a amargar, ve con tus amigas a divertirte, total yo no te intereso.

-Entonces me quedo.

-Bueno, si quieres quédate.

Y te quedas. Y a los cinco minutos la persona se fue a dormir.

 

¿Y para qué me quedé? Eso es manipulación. Manipulación para nada porque en realidad a la persona mayor no le pasaba nada, simplemente ganas de manipular.

 

Pasa con el rol de inquisidor en las relaciones de pareja:

-¿A dónde has ido?

-A comprar.

-Y con ese vestido.

-¿Pero qué tiene ese vestido?

-Te falta un cartel para que llame la atención a los varones, eres una cualquiera.

 

Sin contar los malos tratos. ¿Qué le pasa a ese varón? Primero tiene baja estima por roles de ego, el varón. Al tener baja estima no le tiene confianza a la pareja porque él se siente poca cosa y al sentirse poca cosa lo primero que piensa: "Mi pareja me engaña. Con uno no, con diez. Por eso sale así".

-Pero tardé diez minutos en hacer las compras.

-Y en diez minutos se pueden hacer tantas cosas...

 

Miles de roles de ego, miles de roles de ego, miles, miles.

¿Tener confianza ilimitada en el otro? Si uno se siente seguro, sí. Al fin y al cabo si el otro es desleal el problema es del otro, uno confió porque uno se siente seguro. Ahora bien, en una relación de pareja si uno se siente seguro y firme, ¿es imposible que le engañen? No, es exactamente lo mismo porque la actitud del otro es indiferente a que uno se sienta seguro o inseguro, obviamente. La propia inseguridad -y esto es verídico-, propicia a que el otro vea a la pareja insegura y por un reflejo condicionado es más fácil que lo engañe o le pierda el respeto. Y el respeto junto con la lealtad, el diálogo y el deseo son las cuatro patas de la mesa del amor de pareja. Si alguna de las patas falla, la mesa tiende a caerse. Deseo, respeto, lealtad y la cuarta pata admiración. Yo no puedo querer a quien no admiro, tengo que admirar a la persona parar quererla. Si no la admiro, le puedo tener cariño, afecto pero no amor, no amor. Hay amores que ya vienen heredados, que son los amores de familia: madre, padre, hijos, hermanos... Esos son amores incondicionales porque yo puedo no admirar a un padre o no admirar a un hijo por su comportamiento, por su conducta, pero voy a tener un afecto sincero porque está heredado.

 

Con una pareja es distinto porque la pareja el amor tiene que ir construyéndose. En la relación de pareja, a diferencia de las relaciones familiares, es distinto porque el amor sería como una planta, hay que cuidarla, podarla, regarla. He conocido mujeres y varones que dicen: "Para qué me voy a cuidar, ya tengo cinco años de casado, ya está". Pero el feeling, sentimiento, el sentimiento de sentir, sentir, palpar..., cada día tiene que ser un día nuevo, distinto, la conquista. Cuando eso se pierde el amor se transforme en costumbre. La costumbre es un rol del ego, es un rol del ego pernicioso porque es un rol del ego que te adormece en algo que se llama rutina, todos los días lo mismo, todos los días lo mismo. Hay personas que pierden el sentido de la lealtad y dicen: "Me he cansado de comer un guiso, veo en la calle otros apetitosos platos, menús más interesantes". Y eso es penoso. Hay dos soluciones: la primera es dar marcha atrás y tratar de que esa planta vuelva a reverdecer. Si la planta ya está seca, las raíces están muertas, directamente cortar la relación con esa planta. Si se corta la relación ya no hay engaño porque entonces vuelvo a ser independiente. Es decir, para que no se mal interprete, en una relación de pareja ambos son independientes, no están atados.

 

Hay un cuento al respecto.

En una tribu indígena vivían peleándose y hacía poquito que estaban viviendo en pareja. Y van a consultar al anciano.

-¿Qué nos está pasando? Está bien, yo lo vigilo con otras jóvenes de la tribu, él también a mí.

Entonces el anciano dice:

-Vosotros, que adiestran las mejores aves, tomen los mejores halcones, un halcón macho y un halcón hembra. Átenlos de las patas. Ahora suéltenlos. ¿Se ponen a volar? No pueden volar porque están atados de las patas; tienden a caerse, se golpean, les agarra un ataque de furia y empiezan a picotear.

-Tómenlos, tómenlos, tómenlos, córtenles las ligaduras. Y vuelan libremente.

Y le dicen al anciano:

-¿Pero lo que nos está indicando, entonces, es que tenemos que ser libres?

-No, lo que les estoy indicando es que pueden estar en pareja sin atosigarse.

 

Cada uno es un espíritu, cada uno tiene voluntad propia, se puede consultar con el otro pero no aplastar al otro o aplastarse ambos porque al igual que los halcones atados no van a poder volar. Y eso es lo que hace el rol del ego. El rol del ego es una atadura. Sirve para perjudicar, para poner palos en la rueda, para entorpecer los caminos.

 

¿Cómo nos afecta la mente reactiva impulsiva, la base del ego?: Ataques de ira, falta de paciencia, falta de tolerancia.

A ver, se trata de ser equilibrados. Si de repente un niño no se conforma con nada, obviamente merece un reto. El reto nunca debe ser violencia, el reto siempre es de palabra, siempre es de palabra el retro. No se debe ser tolerante con dos cosas: con la actitud de un crío -sino educarlo para que se comporte bien- y no ser tolerante con el mal, porque la tolerancia es una virtud pero yo no voy a ser tolerante con quien cometa actos hostiles, con quien maltrate, con quien lastime, porque el que piensa eso es un hipócrita, muestra una cara de tolerancia y por detrás hace otra cosa. La hipocresía es uno de los peores roles del ego porque es el rol que más se camufla, la persona que te palmea la espalda: "¡Qué bien, cómo has crecido, cómo has progresado!" y por atrás te clava la estocada en la espalda. Esa es la hipocresía. Una persona hipócrita no es confiable, jamás, jamás, jamás.

 

Vuelvo al comienzo. ¿Podemos eliminar? ¿Podemos arrancar y eliminar por completo nuestro ego? No, porque el ego somos nosotros mismos. Lo podemos integrar en un yo central y nosotros tener el timón de nuestra vida con sabiduría, con sentido común. ¿Una vez que lo tenemos integrado no vuelve a salir? Sí, todos los días asoma, por eso el estadío de despierto.

Tengo seminarios grabados sobre el estadío de despierto pero ahora voy a dar un pequeño pantallazo sobre el tema. Es estar alerta sobre nosotros mismos, el prestarnos atención, eso es estar alerta. En una relación de pareja es estar pendiente. Muchos me han dicho, mujeres principalmente, en talleres de autoayuda "¡Ah! pero si él está pendiente de mí, me asfixia". No, no, no, no; yo dije "estar pendiente", no manipular. Estar pendiente es: Tú estás leyendo o estudiando, él está reparando algo pero está pendiente de ti. Se acerca, "¿Quieres que te prepare algo caliente?". No está invadiéndote, no dejándote respirar, siempre encima tuyo controlándote a ver qué haces. Eso no es estar pendiente, eso es ahogar; estar pendiente es ver qué te falta.

De repente vivimos los dos solos, queda un pedazo de pastel y tengo hambre. Lo tomo, lo voy a comer pero veo que está la otra persona:

-¿Quieres la mitad?

-Bueno... O -No, gracias... Ahora no tengo apetito.

Estar pendiente es tener atención en el otro. Va para los dos, ¿eh?, va tanto para la mujer como para el varón. Eso es estar atento. Pero para estar atento con el otro primero tenemos que estar atento con nosotros mismos: ¿Algo está por sacarme de las casillas?, tengo que estar atento.

Siempre va haber alguien con roles del ego. Somos varios en una casa, me voy a dirigir al baño. -¡Eh!, pero estaba yo primero, ¡córrete! -lo digo suave porque hay palabras peores. En ese momento me toma un ataque de ira por mi mente reactiva impulsiva, -¡Pero córrete tú, bueno para nada!, si hace rato estabas en la silla y no haces nada en todo el día más que echar panza.

O sea, la otra persona me dijo córrete y yo ya le dije un montón de improperios. Si yo estoy atento, alerta y tengo mi ego integrado no lo dejo salir.

Le digo: -No, lo que pasa que iba a pasar. ¿Tienes para mucho?

-Mira, me voy a bañar, así que tengo para media hora.

-¿Me dejas pasar cinco minutos? Solamente cinco minutos.

-Bueno, apúrate.

-Gracias.

 

No voy a sanar al otro, porque el ego del otro no es mío, cada uno tiene que tratar su propio ego, pero por lo menos yo me dominé y no tuve el ataque de ira. Porque después de que yo le digo "Al fin y al cabo estás todo el día echando panza en la silla y ahora te apuras para ir al baño", para que el otro me conteste: -¿Y tú?, porque no te miras tus mechas que tienes en lugar de cabellos, pareces una bruja.

-Y tú, ¿de qué hablas?, tú pareces el ogro Schreck.

Y se mete un tercero, en el caso de que hubiera varios:

-Bueno no discutan, me vuelven loca.

-¿Y tú qué hablas, qué te metes?

Entonces hay una pelea de cuatro, de cinco, de seis. Cuando con que uno sólo se hubiera contenido.

El ego también es astuto porque dice -prestad atención-: -¿Y por qué yo me tengo que contener? ¿Por qué no se contiene él?

Claro, el ego lo que hace es echar culpas. Uno tiene que pensar en uno, no en el otro, porque el ego es un niño: "Y a él por qué le dejan salir y a mí no? ¿Y a él por qué le compran un caramelo y a mí no?". El ego es niño. Entonces el ego dice "¿Y por qué yo me tengo que callar si yo tengo razón?, me retó y no tenía razón". Los adultos también se equivocan porque todos somos seres humanos.

 

Entonces ¿me tengo que callar? No necesariamente pero no es el momento indicado para decir las cosas. Cuando tú estés bien calmado, que las aguas están serenas, -Mamá mira, cuando tú me has dicho yo no había sido la que había tomado la tijera, yo recién llegaba y estaba con la carpeta.

-¡Ah!, bueno, hija, discúlpame.

Y pasó. Y pasó, porque una disculpa es como aceite sobre el agua, calma, una disculpa.

Obvio, la otra persona debe disculparse: "Yo no me voy a disculpar con una niña, ya bastante tengo con lo mío". Es otro rol del ego, otro campo de batalla.

 

Entonces, cada uno tiene que poner de sí aplacando la ira. La tolerancia, el pensar que el otro también tiene problemas, no solamente uno; porque el ego piensa que nosotros somos el centro de los problemas, cuando en realidad el ego lo que dice "Nosotros somos el centro de la atención, somos un faro que iluminamos y todos nos tienen que prestar atención". Es lo que hace el bebé cuando llora, que quiere la teta, pero es un bebé. Ahora, cuando ya no toma la teta, que tiene tres, cuatro, cinco años, sigue reclamando el caramelo. Cuando tiene diez pide plata para comprar algo en el quiosco. Cuando tiene dieciséis pide plata para ir a la disco.

-Pero llega un momento en que te tienes que independizar.

-Pero yo soy independiente para salir.

-Perfecto, entonces sé independiente para estudiar y trabajar también.

-Porque yo tengo mis derechos -dice el ego.

Y la mente analítica dice: -Sí pero con los derechos vienen las obligaciones.

Todo derecho trae una obligación. Yo tengo derecho de cobrar mi salario y tienes la obligación de trabajar para ganarte ese salario que cobras cuando se pone el sol.

 

Por último, la envidia. La envidia es un rol del ego porque de alguna manera es una baja estima, porque le estoy envidiando un vestido, un peinado, la figura, lo que tiene la otra persona. Yo no sé si esa persona es feliz -la otra persona a la que estoy envidiando-, pero sea feliz o no, no es un tema mío, yo me tengo que ocupar de mi propia persona. ¿Cómo logro lo que esa persona tiene? Esforzándome. Esforzándome porque una vez que lo logro vale el esfuerzo, jamás digo vale la pena. Mucha gente dice "Vale la pena haber hecho todo esto porque conquisté a la persona". ¿Pero cómo?, ¿la persona es una pena? En ese caso se dice "Vale la dicha". Y cuando consigo un buen trabajo luego de haber estudiado es "Vale el esfuerzo". Vale el esfuerzo o vale la dicha, jamás vale la pena. Ese es el verdadero secreto.

 

Para finalizar, ¿Los roles del ego siempre van a estar con uno? Toda la vida y más allá. Cada día, cada mañana que nos levantamos tenemos que estar alerta a nosotros mismos, a evitar que el ego asome la cabeza, a evitar que el ego nos manipule porque nuestro propio ego nos manipula más que cualquier otra persona. Somos nosotros mismos los que nos auto manipulamos: "Abre la heladera, come el pastel". Una vez que lo comes el ego te dice "¡Qué has hecho!". ¿Pero a quién le vas a echar la culpa? -Me dejé tentar. ¿Por quién? -Por el ego.

¡Si eres tú! Fue tu falta de voluntad, el no quererte, porque si yo me quiero trato de, si soy un adolescente tomar lo menos alcohol posible, evito fumar para el día de mañana evitar un potencial cáncer, evito comer comidas chatarra porque me quiero. ¿Pero eso no es ego? No, eso se llama auto estima. Hay mucha gente que dice en algunos talleres, equivocadamente, ¿pero hay ego bueno?: El quererse. Reitero, eso se llama auto-estima. El ego jamás es bueno porque el ego es caprichoso, es infantil y solamente busca cubrir sus propias necesidades.

Pero el ego no es inteligente, el ego es caprichoso, se obnubila, se ciega porque quiere cosas que nos hacen mal, "Tómate otra copa de alcohol, ¿qué te va a hacer? Cómete otra porción de torta, ¿qué te va a hacer? Fúmate otro cigarrillo, muestra que eres adulta, así las demás chicas no se ríen de ti". Entonces, tú fumas, tú tomas para buscar la aprobación de ellas cuando en realidad la única aprobación es la de uno. "Pero yo le quiero caer bien a las demás". A mí no me importan las demás, no me importa si les caigo bien o no. yo voy de buena manera. Habrá a quien le caiga bien, quien directamente no me registre y a quien no le caiga bien. No es mi problema. Yo tengo la conciencia tranquila de que yo voy con bueno modales, con buenas formas y con buenas costumbres. El problema es de los otros; no tengo que agradar y poner sonrisa hipócrita forzada, como en una obra de teatro donde me enmascaro, no, me tengo que mostrar como soy, porque como soy voy a ser ahora, dentro de un año y dentro de diez, y de esa manera no voy a decepcionar. "Tú no eras así cuando te conocí, tú cambiaste". Porque estabas impostando, estabas fingiendo para agradar. Como ya conquistaste a la persona, no deseas agradarla porque no te interesa. Y eso no es cierto porque la persona así como vino se va. Como dije antes, la plantita se riega todos los días.

 

Entonces, la única manera de ser auténticos es teniendo el ego integrado, sin impostar, sin ser hipócritas, sin tener envidia y controlando los ataques de ira. Ser naturales. ¿Que nos equivocamos? A diario, porque somos seres humanos. ¿Que de vez en cuando alguien puede sacarnos de las casillas? Seguramente. El tema es reaccionar mal lo menos posible. Si se puede, cero.

Eso es todo.

 

Gracias.