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Psicointegración - Roles del Ego

Grupo Elron
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Psicointegración 2010

Profesor: Jorge Raúl Olguín

 

Exquisita sesión en la que se desmenuzan las formas del ego sus variantes. Con poca que nos fijemos descubrimos aquellas personas aquejadas por este mal que les impide ser libres en su pensamiento y acción. Con nada de práctica podemos reconocer las personas egoicas, siempre incluyen "yo" en  sus frases y no escuchan de verdad al otro.

 

Sesión en MP3 (1.775 KB)

 

 

Jorge Olguín: Muchos de los conflictos internos de todo ser encarnado son los "yoes", los roles internos. Roles que buscan la aprobación del otro, roles que son indefinidos, roles que cambian, mutan permanentemente, roles que vulneran, debilitan a la persona, le llegan a modificar su carácter, su interior, su manera de ser. Roles que te atraviesan espiritualmente, roles que pueden integrarse al Yo central.

 

Los roles son infantiles. Siempre son infantiles porque los roles hacen que la persona se enoje, que monte en cólera, que se ofenda, que saque conclusiones apresuradas sin saber de verdad que puede haber sucedido con tal o con cual acontecimiento. El rol es prejuicioso; prejuzgar significa juzgar antes de tiempo y muchas personas prejuzgan por sus roles. El rol del ego hace que la persona sea débil, no sólo que busque la aprobación de los demás sino que ante un fracaso pueden tener rencor que afecta al chacra laringe, la parte de la garganta. La persona que tiene rencor puede dolor de garganta de la misma manera que tuviera angustia, pesar. El rol del ego vulnera tanto a la persona que es como que ese ser no tuviera personalidad propia, como si esos roles fueran los que llevaran las riendas del carro y a veces la persona cansada de luchar se deja llevar por esos roles.

 

Eso no es todo, como los roles mutan, cambian, ese mismo rol que quizá empujó a la persona a cometer un error discutiendo con otra persona amiga sobre algo que quizás entendió mal, ese mismo rol u otro rol luego se aprovecha de la persona y le dice conceptualmente "Debes arrepentirte, mira lo que has hecho", como que ese rol del ego le transfiere luego a la persona complejos de culpa "¡Oh!, como me he portado con esa persona amiga, por qué le he hecho eso, por qué le he levantado la voz, por qué la he herido a esa persona, por qué tuve que ofenderme".

 

Realmente los roles del ego no son aparte, no son independiente de la persona. Los roles del ego son la persona y como ya he dicho en distintas oportunidades, a diferencia de las distintas personalidades psicológicas donde una personalidad no recuerda lo que hizo la otra, cuando la persona es "manipulada" por roles del ego, la persona se recuerda perfectamente lo que ha hecho, por eso el arrepentimiento, por eso el complejo de culpa posterior. Es como la persona que cuida su peso pero no puede dejar de comer y el rol del ego le dice: "¡Oh!, no te preocupes, es por hoy. Sáciate, come, mañana verás" y entonces la persona se atiborra de comida, come y come y come hasta saciarse y más. Una vez que está más que satisfecha, viene otro rol del ego: "¿Qué has hecho? ¡Pero mira lo que has hecho!" y la persona piensa "Tiene razón soy una ruina, no puedo contenerme, no sirvo para nada". O sea, que el rol desvaloriza a la persona. Y en realidad, paradójicamente es un contra sentido porque el rol necesita de la persona para vivir, hipotéticamente la tendría que levantar si fuera inteligente porque cuanto más levante a la persona más subsiste el ego. Pero no reparamos en algo que es muy importante, no hemos tenido en cuenta algo, que el ego no es analítico. El ego no es en absoluto analítico, el ego es reactivo porque el ego es un fruto de la mente reactiva, el ego no piensa, el ego se maneja por impulsos, actúa por impulsos. Si el ego actúa por impulsos, jamás va a ser analítico. Por eso hace que la persona fracase en sus logros. Entonces el ego se alimento de uno de los más grandes roles, el rol de víctima: "No consigo esto porque no sirvo para nada. De ese trabajo me votaron porque no era buena para el trabajo. No he logrado ese proyecto porque consideraban que no era responsable para el mismo".

El ego cuestiona, el ego sabotea, el ego debilita.

 

Qué herramienta tenemos como seres humanos para integrar esos roles, ¿aceptarlos? No, aceptarlos sería concederles importancia, sería pactar una tregua, no puedes pactar una tregua con lo hostil. ¿Destruirlos? No, el ego no puede destruirse porque forma parte de uno. Aparte, la mente no es un campo de batalla, no hay un combate. Entonces, ¿qué se hace?, se integra, se integran en un Yo central. Un Yo central en la mente física que está conectada con un Yo superior que es nuestra parte espiritual y entonces es el ser humano, esa partícula divina, la que tiene el control de sus propios actos. No habiendo roles del ego la persona no se ofende, no se ofusca, no saca conclusiones apresuradas, evalúa las cosas antes de prejuzgar, capta, comprende, ve más allá de lo normal, porque el ego ciega, el ego deja sordo, el ego no permite escuchar.

 

Cuando dos persona egoicas debaten, el debate se transforma en una discusión porque no se escuchan entre sí, hacen un duelo de monólogos o bien diálogos que se montan hablando los dos a la vez, lo he visto personalmente eso. Cuando hay un duelo de egos, ninguno escucha al otro porque cada uno escucha solamente su supuesta verdad. El ego jamás va a reconocer el ego del otro porque la persona que tiene ego no ve más allá de sus narices. Justamente, la persona egocéntrica -la misma palabra lo dice-, piensa que todo gira a su alrededor. Sé de personas egocéntricas que seres queridos han viajado lejos comunicándose telefónicamente con ellas y en lugar de preguntarle "¿Cómo estás? ¿Cómo te está yendo? ¡Cuéntame de ti!", no; le cuenta sus problemas: "No sabes lo que me ha pasado, no sabes qué día horrible he tenido". Y a los diez minutos corta y ni se enteró de lo que le pasaba a la otra persona. Era todo ella, ella, ella y nada más que ella. Ese es el rol del ego.

 

El rol del ego aleja amistades, el rol del ego manipula porque después del rol de víctima viene el rol de manipulador. Hay personas que ejercen el poder o manipulan mediante el rol de víctima: "Claro, tú te vas yo quedo aquí, qué te importa de mí, quién sabe qué te encontrarás cuando vuelvas", manipula a la otra persona mediante la lástima. Pero integrando esos "yoes" tan dañinos la persona se vuelve fuerte como es, como debe ser, segura de sí misma, con dignidad. Muchas personas confunden dignidad con capricho, con falso orgullo. El falso orgullo es ego, "¡Ah!, si fulana no me llama yo no la llamo. Fue ella la que me ofendió a mí". Eso es ego. Dignidad es ser, quizás, el más humilde del planeta pero con la frente bien alta. A veces la gente se confunde dignidad con falso orgullo, a veces la gente se confunde dignidad con pedantería. Pedante es la persona narcisista, la que quiere que la adoren, la que se sube en un pedestal como si fuera una estatua labrada en mármol.

 

Hay egos que montan en la ridiculez. La indiferencia también es ego porque la persona que no ve más allá de sus narices es indiferente, no le preocupa más nada de lo que le pasa a ella. Integrando esos roles la persona se siente firme con ganas de hacer proyectos, con ganas de vivir la vida disfrutando, porque disfrutar no está reñido con la espiritualidad. Tenemos que estar fuertes, recién estando fuertes podemos tender una mano al otro que no está tan fuerte.

 

No podemos enseñar lo que no hemos aprendido primero. No podemos enseñar lo que no hemos aprendido primero, no podemos contagiar una sonrisa sino sonreímos, no podemos contagiar una buena vibración sino vibramos en sintonía pero se puede lograr perfectamente porque tenemos una fuerza interna que supera cualquier rol del ego. Es cuestión de hacerlo, es cuestión de tomar conciencia. Tomar conciencia nada más ni nada menos que eso, nada más ni nada menos que eso.