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Trata de blancas |
El término “trata de blancas” se usaba a finales del siglo XIX y hacía hincapié en las mujeres europeas que eran llevadas con fines de explotación sexual a países de Europa, Asia y África, ya que eran únicamente mujeres blancas. Pero ahora cambió de nombre, porque es “tráfico de personas”: mujeres, hombres, niños, que son buscados, elegidos y captados o secuestrados. Los trasladan hacia los centros de prostitución en contra de su voluntad, con el objetivo bien claro de comerciar con ellos. Desaparecen, nadie los encuentra, no tiene documentos porque se los sacan, están encerrados, aislados, torturados, incomunicados y/o asesinados. http://www.tu.tv/videos/prostitucion-y-trata-de-blancas-1-y-2
La trata de blancas existe porque existen consumidores. Sin consumidores no habría trata de blancas. No estamos en contra de la prostituta y de su cliente que libremente contrata el servicio, porque eso forma parte del libre albedrío de cada uno, sino de la prostitución forzada o servidumbre sexual implicada en la trata de blancas.
En términos económicos la trata de blancas se encuentra casi a la altura del tráfico de armas y el tráfico de drogas. En lo que se refiere a la prostitución infantil, una niña, dependiendo de su juventud y belleza, puede reportarle al proxeneta alrededor de 13.000 dólares por mes, o algo así como 130.000 dólares anuales. Hay proxenetas que regentan hasta 30 chicas, lo que les significaría una entrada aproximada de 400.000 dólares mensuales.
Una vez secuestrada, si la víctima se niega a ser explotada comienza un maltrato sistemático –torturas, violaciones, drogas– hasta que accede, lo que ocurre tarde o temprano al comprobar que no tiene salida.
La tragedia de la trata de blancas es que es prácticamente imposible de combatir en razón de la clandestinidad del negocio, en el que en muchos casos están involucradass las mismas autoridades que deberían combatirla. A esto se le suma el hecho de que las mujeres sometidas se muestran renuentes a denunciar a los proxenetas porque han sido amenazadas, incluso con daño a sus seres queridos. Si ante una denuncia sobre un sitio que estaría funcionando como prostíbulo se efectúa un allanamiento, las víctimas, bien “entrenadas” para eso, arguyen trabajar de camareras. El temor a las represalias paradójicamente las impulsa a defender a sus victimarios.
Ninguna de las terapias tradicionales puede solucionarles a las víctimas de la esclavitud sexual que han logrado liberarse los trastornos físicos y mentales que les han provocado las terribles circunstancias vividas, porque no basta la charla –o la charlatanería si se prefiere– para erradicar los engramas implantados en sus mentes reactivas.
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Explotación sexual infantil
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LA SERVIDUMBRE SEXUAL
por Horacio Velmont
CAPÍTULO I
UN NEGOCIO FUNDADO EN LA DEGRADACIÓN DEL SER HUMANO
Queremos destacar desde el comienzo que no es nuestra intención dedicarnos a relatar solamente acerca de la manera en que actúan aquellos que se dedican a la trata de blancas o trata de personas, sino, fundamentalmente, qué hacer con las víctimas que por una razón o por otra han escapado del infierno a las que habían estado sometidas. La primera pregunta que habría que responder sobre este tema es respecto a por qué existe este negocio tan repugnante, que de solo pensarlo revuelve los intestinos. Que revuelve los intestinos, claro está, de las personas que consideramos como una de las cosas más importantes de la vida el respeto por el semejante. Naturalmente que la primera respuesta es que este tráfico inmundo existe porque existen consumidores. Sin consumidores no hay negocio. Sentado esto, la otra cuestión a considerar es obviamente la monetaria. Hablando de la prostitución infantil, una niña, por ejemplo, dependiendo de su juventud y belleza, puede reportarle al proxeneta alrededor de 13.000 dólares por mes, o algo así como 130.000 dólares anuales. En promedio, un proxeneta regenta a 7 ú 8 chicas, las cuales les proveen, si las matemáticas no fallan, la friolera de alrededor de 100.000 dólares mensuales. Y por supuesto que hay proxenetas que regentan hasta 30 chicas, que les significaría una entrada aproximada de 400.000 dólares mensuales. Ésta es la razón de que quienes conocen bien el tráfico de personas lo pongan, en medidas económicas, casi a la altura del tráfico de armas y el tráfico de drogas. La tercera pregunta que habría que considerar es acerca de por qué no se lo puede erradicar, siendo la respuesta obvia que es por sus particulares características. En el negocio del tráfico de personas, especialmente de la trata de blancas, particularmente de niñas, están involucrados incluso aquellos funcionarios que deberían combatirlo, sea porque son retribuidos en dinero o sencillamente porque son consumidores, o ambas cosas. Las víctimas provienen generalmente de hogares humildes y una vez secuestradas son drogadas, golpeadas y violadas con el fin de someterlas y hacerlas dóciles. La dificultad para combatir las redes de trata de blancas radica en que es casi imposible que las mujeres sometidas denuncien el hecho por la simple razón de que se encuentran amenazadas por quienes las explotan, amenazas que se extienden también a sus seres queridos. Si ante una denuncia sobre un sitio que estaría funcionando como prostíbulo se efectúa un allanamiento, las víctimas, bien “entrenadas” para eso, arguyen trabajar de camareras. El temor a las represalias las induce a defender a sus victimarios. En la Argentina, modalidad que puede proyectarse a cualquier otro país, una vez que las mujeres son captadas son llevadas a distintas provincias, e incluso fuera del país. Según los investigadores existe una red triangular entre Santiago del Estero, Catamarca y Tucumán, en la cual van rotando a las víctimas, pero que además pueden ser llevadas a otros destinos, sobre todo a La Rioja o a Río Gallegos. El proceso de captación ha sido descripto así: en primer lugar, los secuestradores efectúan un trabajo previo de inteligencia para localizar a mujeres. Luego, interceptan a las víctimas en la vía pública y las fuerzan a subir a un automóvil. Otra variante es la sentimental. Se convierten en sus novios y luego logran que se escapen con ellos. Posteriormente son drogadas y trasladadas a un lugar donde las violan y las golpean. Si la víctima se niega a ser explotada, comienzan las amenazas de muerte hacia ella o su familia. En la casa se considera como fuga del hogar. Los Policías, conversando con amigas y allegados a la víctima, terminan deduciendo que la chica se fue con un novio. Pero por lo general tampoco tienen datos del hombre. Sólo les dicen que son de otra provincia, y les conocen algún apodo. En algunas ocasiones, cuando se sienten seguidos de cerca, los proxenetas liberan a las chicas. Pero cuando no se detecta a estos hombres, se las terminan llevando. Las distintas redes de prostitución que funcionan en el país se encuentran comunicadas entre sí y de ahí que resulta muy difícil descubrir y desarticular estas organizaciones que trabajan en la clandestinidad. La necesidad de trabajo, sumada a la ingenuidad de las víctimas, provee otra modalidad: las jóvenes son engañadas con ofertas laborales. A pesar del incremento en los casos de secuestros para la explotación sexual, en la Argentina la trata de personas no está tipificada como delito. El Código Penal argentino no pena la trata interna, es decir, la que se realiza de una provincia a otra, y la consecuencia es que no se puede imputar ni penalizar a los tratantes porque no estarían cometiendo un delito. Seguidamente transcribiremos un artículo publicado el 6 de enero de 2008 en el prestigioso diario argentino la Nación sobre este tema que hablará por sí mismo (http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=976393):
Trata de blancas: el siniestro negocio de la esclavitud sexual
En 2006 se denunció la “desaparición” de 476 mujeres, 70 de ellas en Tucumán. Cómo es la ruta del tráfico de personas, un negocio que mueve Us$ 32.000 millones al año Por Gustavo Barco
Es un día cualquiera en casa de don Mario. Lo de siempre, los críos que corren por el patio de tierra descalzos, otros que salen de la casilla semioscura y persiguen a la gallina con peladilla. Son siete hijos –otros tres más grandes ya hicieron sus vidas– y una nieta de dos años, la que les dejó Teresa, la hija de 16 que fue rescatada de un cabaret de La Rioja donde la tenían cautiva y la obligaban a prostituirse. A Teresa los recuerdos la abruman, los gritos de las primeras violaciones, el sudor hediondo de esos cuerpos, las palizas y empujones para forzarla a que se drogara, las luces de neón, ese "mi amor" edulcorado que aprendió a decir a fuerza de tormentos, la amiga que la entregó a una red de explotación sexual. Un año y medio soportó esa esclavitud. A veces no aguanta y se va por ahí, sin rumbo, por varios días. "Volvió rebelde Teresa, contesta mal. Viene y me deja a la changuita, ¿ha visto? A veces se queda sentada en la cama y llora, llora mucho", dice su padre, de 48 años mal llevados, cruzado de brazos frente a la casa que habita en esta pequeña ciudad tucumana, a 3 kilómetros de la capital provincial, la continuidad del conglomerado urbano del gran San Miguel del Tucumán que se conoce como la capital nacional del azúcar. Yo le digo "qué le anda pasando m hija" y ella callada". Teresa nunca le quiso contar lo que pasó en La Rioja, pero él sabe. "Los hombres somos muy hijoeputas", dice, y entonces habla también de las malas juntas, de aquélla que parecía una amiga y la entregó. Porque hubo una visita de aquella muchacha, la única que hizo, en la que –piensan ahora– habrá tomado nota, seguramente, de las chapas hirvientes de la casilla, de esa beba recién nacida y de la pobreza que, tal vez, quién sabe, ahogaba a Teresa. Habrá pensado que sería fácil sacar una tajada de esas necesidades: le ofreció un trabajo cama adentro en Catamarca, pero la llevó engañada a La Rioja. Allí la tuvieron encerrada en una casa y después la llevaron al prostíbulo. Teresa tenía entonces 14 años y los proxenetas amenazaban con matar a su beba recién nacida si no hacía lo que le exigían: había caído víctima de una de las muchas mafias de trata de personas con fines de explotación sexual que operan en la Argentina, un negocio cuya dimensión no refleja ninguna estadística oficial, pero que, según los investigadores, no deja de crecer. De hecho, tan sólo en 2006 se denunció la "desaparición" de 476 mujeres en todo el país, 70 de ellas en la provincia de Tucumán, según datos de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) que, junto con las Naciones Unidas y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), son algunas de las pocas agencias que realizan informes en el país y llevan registros a nivel mundial. Según la OIM, en las investigaciones judiciales aparecen implicados "en forma recurrente, funcionarios públicos y políticos". Esos informes denuncian que el negocio mundial de la trata de personas genera ganancias por 32.000 millones de dólares al año y que ya se ubica en el tercer lugar de un siniestro ranking internacional encabezado por la venta de armas y el comercio de drogas. Esos mismos informes indican que 5000 pesos es la cifra más alta que se pagó en la Argentina por una esclava sexual y 150 pesos el monto menor para explotarlas de por vida. Cuando la víctima es una menor, una niña, según la OIT, puede generar, ella sola, una ganancia de 130 mil dólares al año. La OIM estima que un grupo de siete mujeres menores esclavas sexuales le reditúan a sus captores unos 80 mil dólares mensuales. En la zona de la Triple Frontera, según Unicef, un ejército de 3500 niños, niñas y adolescentes sufren algún tipo de violencia sexual, hasta la explotación comercial "en lugares cerrados". En 2006, estiman, fueron objeto de trata según Unicef, un ejército de 3500 niños, niñas y adolescentes sufren algún tipo de violencia sexual, hasta la explotación comercial "en lugares cerrados". En 2006, estiman, fueron objeto de trata unas 100.000 personas procedentes de América Latina y el Caribe. Aunque invisible, la trata de personas tiende sus redes por todo el país. Los estudios internacionales indican que el "reclutamiento" de las víctimas tiene lugar principalmente en las provincias del Norte, ya sea mediante el engaño (trata blanda) o el secuestro (trata dura). Misiones, Corrientes, Chaco, Santa Fe y Tucumán son los lugares de captación, mientras que los lugares de destino por excelencia son las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Pero también se han identificado lazos con la trata internacional, en especial la ruta que lleva a España, donde fueron rescatadas jóvenes tucumanas. El caso de Teresa es un ejemplo claro del modus operandi de estas mafias, que cuentan con aceitados mecanismos en los que se integran actores primarios y secundarios. Entre los primeros, los investigadores identifican a los "reclutadores", hombres o mujeres cuya función es captar a las mujeres para los prostíbulos a través del engaño o el secuestro. Cobran comisiones de entre 100 y 500 pesos, dependiendo de la "calidad" de la víctima, y casi siempre trabajan con "marcadores", que suelen ser taxistas, peluqueras o vendedores ambulantes que, a su vez, cobran unos 50 pesos por el dato de alguna joven con el perfil buscado. El circuito se completa con los proxenetas ("maridos" o "madames"), que obtienen sus ganancias mediante la explotación sexual de una o más mujeres de su propiedad, y los regentes de los prostíbulos, que son los dueños o administradores de los locales, aunque estos últimos también pueden ser proxenetas. Los tratantes secundarios, no menos importantes, son los que aportan la protección necesaria para que todo el engranaje funcione. Es que, según investigadores de Gendarmería Nacional consultados por La Nación, se trata de un delito "muy complejo", con puntos de partida, escalas, puntos de llegada y de retorno, un recorrido interjurisdiccional que puede llevar a una joven a ser explotada en diferentes tramos desde Tucumán o Misiones hasta Tierra del Fuego. Zaida Gatti, asesora del programa Las Víctimas Contra Las Violencias, del Ministerio de Interior de la Nación, explica el primer tramo de sometimiento que ejercen los rufianes con las "mujeres niñas": "Las llevan a un hotel o casa, un centro de "entrenamiento". Ahí las someten a las primeras violaciones para prostituirlas. Las que menos resistencia oponen, por miedo, por las amenazas, son trasladadas hacia las grandes ciudades. Las que más se resisten, la mayoría, van a los burdeles que están a los costados de las rutas. Se aprovechan de la falta de contención de las chicas, a las que convencen con promesas de tapas de revistas o castings".
Batalla personal A Teresa la rescató la flamante División Especial de Trata de Personas de la policía de Tucumán, creada en julio pasado a instancias de Susana Trimarco, la madre de Marita Verón, una joven tucumana que fue secuestrada el 3 de abril de 2002 y que, se sospecha, habría sido vendida en 2000 pesos a una de estas redes. Su caso se ha vuelto emblemático por las derivaciones que ha tenido, con evidencias de connivencia tanto policial como judicial y política con las mafias de trata del noroeste argentino y de las conexiones que éstas tienen con otras redes que operan en el país y el extranjero. El expediente consta de 40 cuerpos de 200 hojas cada una, un verdadero manual de la trata de personas en la Argentina. Pero este caso también se volvió emblemático por la batalla personal que Trimarco viene librando desde hace cinco años. En la búsqueda de su hija, esta mujer llegó a infiltrarse en las mafias como prostituta, ayudó a liberar a más de 140 jovencitas y llegó a conocer como pocos el funcionamiento interno de estas mafias. "Las tienen marcadas, no eligen a cualquiera. Les pegan tanto... les ponen el revólver en la cola, en la boca; las queman con cigarrillos, las violan, y de esa forma las van sometiendo", dice a La Nación en la sede de la Fundación María de los Ángeles contra la Trata de Personas, inaugurada hace algunas semanas en la capital tucumana. Pero ese es sólo el comienzo, afirma: "Después las maquillan, les tiñen el pelo, les ponen lentes de contacto para cambiar su aspecto; las hacen adictas y las obligan a venderle drogas al cliente". Saúl Ibáñez, primer abogado de la causa de Marita Verón –hoy se ocupa de otros casos de trata para la fundación que preside Susana Trimarco– entiende que las mafias del noroeste funcionan como "telarañas de varios niveles, con capacidad económica, financiera, contable, jurídica, de comunicaciones y con alto poder de fuego: casi como un Estado paralelo". La realidad es que son muy pocas jovencitas las que son rescatadas o logran escapar. "Lo que hay que entender es que la muerte es el final del camino para la gran mayoría de estas niñas, no hay cuerpito que aguante", explica Claudia Lascano, de la Coalición Alto a la Trata y la Explotación Sexual, Comercial Infantil (ESCI). Cuando salen del infierno, pueden sufrir el Síndrome de Estocolmo, además de trastornos disociativos y trastornos de personalidad diversos, como fobias y paranoias, según un estudio de la Asociación Civil Nuestras Manos, sobre la trata de personas en la Argentina. De las miles de jóvenes que desaparecen, hay unos pocos nombres que sacudieron a la sociedad. Uno de los más terribles se hizo público hace unos años cuando fue ventilado en el juicio y se conoció entonces la historia de Sandra, a quien el ex policía Jorge González, ex integrante de la Brigada Antisecuestros de la Policía Federal (hoy condenado a 14 años de prisión), había tomado como esclava sexual. Como la negativa de Sandra continuaba pese a las torturas, el ex policía la dejó esposada en una cueva, en donde la chica estuvo 15 días sin comer. Sus muñecas habían adelgazado tanto que pudo zafar de los grilletes y escapar. El proxeneta regenteaba un cabaret en Inriville, Córdoba, en donde mantenía cautivas también a Betiana Zapata, de 19 años, y a Vanesa Payero, de 18, a quienes les exigía que "disciplinaran" a la rebelde. Ellas también fueron juzgadas. "Le teníamos miedo porque nos golpeaba a todas, nos tenía encerradas, abusaba de nosotras cuando quería. Era Sandra o nosotras y nuestras familias, porque él sabía dónde vivían y decía que los iba a matar a todos", dijo durante el juicio Betiana, que al igual que Vanesa quedó en libertad, al recibir una condena mínima de tres años. Otras desapariciones de mujeres jóvenes fueron relacionadas también con las redes de prostitución. Florencia Penacchi, la estudiante neuquina desaparecida el 17 de marzo de 2005 en Palermo; Fernanda Aguirre, la adolescente entrerriana desaparecida el 25 de julio de 2004, entre otras. Fue Jorge Tobar, un ex comisario al frente de la investigación del caso Verón, el que se animó a vincular esas desapariciones con otras que también ganaron repercusión mediática, como la de la turista suiza Annagreth Wügler, la mencionada Fernanda Aguirre y la de una alemana desaparecida en Bariloche, Nicola Henkler. "Está probado que existe en el país un sistema de proxenetas que vende chicas como si fueran ganado, las desplaza por el país y las explota. Las conexiones están probadas, al menos entre Tucumán, Córdoba, Santiago, La Rioja, Salta y Santa Cruz", había dicho el policía tucumano. Hoy no quiere entrevistas, ni nada: "Me han arrestado por dar entrevistas. Ya pedí el retiro, no quiero saber más nada con la policía, ni de ataques de la mafia ni del gobierno, llegué a un punto en que la cosa se puso fea". Entre los especialistas consultados por La Nación, entre ellos miembros de seguridad nacional, fiscalías, y organismos dependientes del gobierno nacional, se subrayó que en la lucha contra la trata es necesario contar con la ley que tipifique el delito –basada en el Protocolo de Palermo, que la Argentina ratificó en 2002–, aprobada por unanimidad en el Senado de la Nación y que pasó a la Cámara de Diputados. Es una ley que convertirá a la trata de personas en delito federal –con penas de 3 a 15 años– y que, entre otros alcances, afectará a los que hoy mantienen impunidad, como los reclutadores, y que también se puede aplicar en casos de talleres clandestinos y de venta de órganos. Eugenio Freixas, director del Programa de Asistencia a la Víctima del delito, de la Procuración General de la Nación –trabajan junto al Inadi–, puso énfasis en la pata insoslayable que sostiene el negocio de la trata: "No va a haber legislación que sirva si no nos ponemos a pensar en una de las patas fundamentales de este delito, que es la demanda". La oficina que dirige Freixas acumula un aumento de intervenciones en casos de trata, aunque son números para nada representativos de los miles de casos que hay, ya que el delito, al no estar tipificado, no entra en las estadísticas. En 2004 intervino en 9 hechos; en 2005 en 27; en 2006 en 42 y en 2007 en más de 85 casos. El peso del dinero que mueve la esclavitud sexual hace que las intimidaciones de la Mafia le lleguen a todos los actores, de un lado y del otro, que puedan coartar los negocios de las redes de trata. Tal es el caso de la jueza de menores de Moreno, Mirta Guarino, quien sufrió un atentado luego de procesar a una banda dedicada a la prostitución infantil, en 2004. Las tuercas de la rueda trasera izquierda de su camioneta habían sido aflojadas para provocarle un accidente. "Los encubrimientos policiales son una realidad y es preciso reconocerlo. También es cierto que no todas las fuerzas policiales actúan como encubridoras. Se han realizado procedimientos con excelentes oficiales de policía y de Gendarmería", señaló Guarino. Pero para Mercedes –que tiene 44 años y 10 partos, hijos de 3 a 20 años, un marido que hace changas para la comuna, una nieta sin mamá–, no muchos motivos de optimismo. Hace ocho años que su hija Pamela, de 17, salió de Garmendia, a más de 150 kilómetros de la capital tucumana, a trabajar como empleada doméstica en la ciudad. Mercedes muestra las tres habitaciones que "la Pame" estaba ayudando a construir, el techo que ya se voló dos veces con las tormentas, el horno de barro. Dice que hizo denuncias pero que su hija no aparece, que intentó suicidarse y que una de sus hijas, la que más extraña a Pamela, también. "Le puede pasar a cualquiera ¿vio? Pero no tengo plata, mis hijos me necesitan y tengo que luchar por ellos. Cuando llegan autos en busca de chicas para trabajar, yo los echo, les digo que tengo hijos todos varones", dice Mercedes, segura de que Pamela fue "marcada" y secuestrada por una red de trata. Su hija ya le había contado que una vez la quisieron meter en un auto y que salió a fuerza de rasguños; si hasta le había mostrado la piel de esos hombres que tenía en debajo de sus uñas, dice Mercedes. La tarde se desvanece cuando la señora aprieta el puño con rabia para contener el llanto. Los chicos juegan allá lejos, van y vienen de la casa. Su desahogo paraliza: "Ya le dije a mi marido, al que me arrebató a mi hija cuando lo vea, si lo veo, si lo encuentro, lo mato, señor, lo mato y no me importa ir a la cárcel, porque yo no crié una hija para que sea una puta ¡que no! ¿Cómo estará m hija señor? ¡Si hasta picana dice que le meten esos desgraciados! ". El mate trae un poco de calma. Mercedes se seca rápido las mejillas con los puños, no vaya a ser que los changos la vean así.
Los capos Según Trimarco, los "dueños" de las jóvenes las van desplazando de prostíbulo en prostíbulo y así las van cambiando también de provincia. "Una fuga –dice– se paga con la muerte". Experta a la fuerza, afirma que los "capos" de este negocio en el país no son más de siete u ocho, y que tienen vínculos con redes de otros países, principalmente México, España, Italia, Colombia, Cuba, Chile y Bolivia. Consultado por La Nación acerca de la gravedad del fenómeno, el gobernador de Tucumán, José Alperovich, reconoció el valor de Trimarco en la búsqueda de su hija, pero le quitó toda entidad al problema: "Acá no hay mafias, ni venta de bebés, eso se acabó. El gobernador no va a levantar el teléfono para proteger a nadie", afirmó. También el jefe de la policía tucumana, Hugo Sánchez, minimizó el tema: "En Tucumán, la incidencia [de este crimen] no es como se la refleja en algunos medios, más allá de un par de hechos que han instalado el tema a nivel nacional". Según el jefe policial, "lo que sí tenemos en un porcentaje elevado es fuga de hogar: chicas que se fugan y terminan siendo víctimas", razón por la cual, dijo, fue creada la división especial sobre trata de personas. La Nación quiso saber cuántas personas trabajan en esa repartición. –Más de 20–, respondió Sánchez. –Me dijeron que trabaja menos gente–-, dijo este cronista. –¿Pero esto qué es, un reportaje o qué?–, reaccionó enojado el jefe policial, y acto seguido dio por terminada la entrevista. "Chau, papá", le dijo a su interlocutor, mientras le daba tres palmadas en el hombro a modo de despedida.
CAPÍTULO II
¿QUÉ HACER CON LAS VÍCTIMAS LIBERADAS?
Ninguna de las terapias tradicionales puede resolverle a una mujer los trastornos impredecibles que inevitablemente le ha acarreado el ominoso hecho de haber sido secuestrada, sometida, violada, drogada y obligada a prostituirse. Y la razón es el desconocimiento que tienen los terapeutas del mecanismo mental, imbuidos de las erróneas teorías psicoanalíticas y psiquiátricas, donde el ser humano es considerado un animal compuesto solo de materia física, resumiéndolo en cerebro y cuerpo. A los efectos prácticos se puede considerar que el hombre, además de un organismo físico, está compuesto por dos mentes, la mente analítica (o consciente) y la mente reactiva, que es un mecanismo de supervivencia. La mente reactiva la poseen todos los seres vivos y no solamente el hombre. Incluso la posee un microbio, una hormiga, un tigre insecto y también una planta. La mente reactiva, que siempre está alerta, al contrario de la mente analítica que puede desconectarse ante un impacto de dolor físico o emocional, se activa cuando la mente consciente disminuye total o parcialmente su poder. Cuando la mente reactiva se pone en funcionamiento graba en forma automática todo lo que ocurre en ese momento en que la mente analítica o consciente dejó de funcionar o está funcionando en forma deficiente. Esta grabación es similar a una orden hipnótica y técnicamente se denomina “engrama”. La grabación engrámica es doble, porque se hace tanto a nivel físico como a nivel conceptual (espiritual), pero esto es harina de otro costal. Estas someras explicaciones nos permitirán comprender ahora mejor lo que ocurre internamente con una mujer que es secuestrada por una red de prostitución. Desde el mismo momento en que es arrebatada, la mente reactiva de la mujer graba todo lo que le sucede: el forcejeo cuando la aprehenden, sus propios gritos, los gritos y conversaciones de sus secuestradores, los ruidos del lugar, incluso la temperatura del ambiente y muchas cosas más, como por ejemplo los olores. Todos estos datos quedan archivados en los bancos de la mente reactiva de la mujer porque para esta mente todo lo que sucede en el momento en que la mente analítica está inconsciente o semiinconsciente es no supervivencia. Recuérdese que la única mente que puede caer en la inconsciencia es la mente analítica, porque la mente reactiva nunca está inconsciente, ya que es de su esencia tomar el mando del organismo cuando éste no puede ser dirigido conscientemente. Un ejemplo clásico de la actuación de la mente reactiva es la del boxeador que sigue tirando puñetazos al aire a pesar de estar completamente “groggy”. Una mujer obligada a prostituirse, que ha sido golpeada, vejada, lastimada, drogada y cuántas cosas inimaginables más, tiene cada instante de esos incidentes grabados en sus células como órdenes hipnóticas, es decir, engramas. La palabra “engrama” proviene de la Biología, que la caracteriza como una “huella celular permanente”. En la actualidad, por fortuna, hay que suprimirle el carácter de “permanente” porque la ciencia encontró la forma de borrarla. Cuando una víctima de una red de prostitución logra huir o es rescatada, no tiene solucionado su problema por el solo hecho de su liberación, pues su mente reactiva la acompaña con toda su carga engrámica, lista a reestimularse en cualquier momento. Para comprender mejor esta situación imagínense a un hipnotizador que pone en trance a una mujer y mientras la tortura, produciéndole dolores indecibles, le gritara: “Eres una ramera, no sirves para nada, si no haces caso te mataré y te pudrirás” o cosas parecidas. Imagínense, además, que también la droga, con lo cual las órdenes hipnóticas se graban más profundamente en sus células y la restimulación se hace más compulsiva. Esto significa que la mujer, en lo sucesivo, cuando los engramas que le han implantado se reestimulen, sentirá que es una ramera, que no sirve para nada, que se pudrirá e incluso creerá constantemente que la van a matar. Sería un milagro que con estos engramas reestimulados no intente suicidarse. La diferencia entre una orden hipnótica y un engrama consiste en que por lo general el hipnotismo se practica con el consentimiento de la persona, mientras que un engrama penetra subrepticiamente en la mente reactiva sin que quien lo recibe lo sepa. Otra diferencia es que la hipnosis se practica en general sin proporcionarle dolor al hipnotizado. Pero si el hipnotismo se practicara contra la voluntad del hipnotizado y con dolor, no habría diferencia en sus efectos. Los hipnotizadores generalmente les dan, a quienes se prestan para la experiencia, órdenes poshipnóticas, quizás diciéndole: “Cada vez que me toque la corbata saltarás frenéticamente” o “cada vez que me toque la nariz levantarás un brazo” o cosas parecidas. No obstante, las órdenes hipnóticas o los engramas no necesitan las órdenes poshipnóticas porque la restimulación se produce automáticamente cuando algo en el exterior es similar al contenido de la orden hipnótica o del engrama. Veamos por ejemplo lo que sucede en un quirófano, donde se producen los engramas más aberrativos a causa del dolor intenso de la cirugía, al que se le agrega la anestesia. Todo lo que hablan los cirujanos y las enfermeras en torno del paciente anestesiado, así como todos los ruidos, la temperatura del lugar, el olor y muchas otras cosas más, se graban en su mente reactiva como órdenes hipnóticas o engramas. Estas órdenes hipnóticas o engramas se reestimularán en el futuro si aparece algo que a la mente reactiva le “recuerde” algo del quirófano: un color, una textura, un perfume, una palabra, un ruido, etc. Por ejemplo, si el paciente tiene la desgracia de que el color del cabello de su esposa sea parecido al color del cabello de la enfermera que lo atendió mientras se encontraba anestesiado, este color opera como un restimulador del engrama, ya que éste tiene como contenido el color del cabello de dicha enfermera. Debe comprenderse que la grabación engrámica se realiza independientemente de los órganos de los sentidos, de modo que si por ejemplo el paciente tiene sus oídos destruidos, igualmente dicha grabación se produce. Una mujer que ha sido víctima de una red de prostitución y que ha sido liberada sale infinitamente peor que un paciente que sale del quirófano, no tanto por la profundidad de la grabación engrámica, sino por la reiteración por años de las torturas y las drogas, ya que los engramas se acumulan. Muchas veces hemos escuchado que el tiempo cura todos los males. Esto es una falacia, porque el tiempo no solo no cura nada de lo malo que le haya sucedido a una persona, sino que lo potencia debido a la acumulación de engramas. Cualquier persona tiene infinidad de engramas, no solo de esta vida sino también de vidas anteriores, pero eso no significa que inevitablemente se le reestimularán. Muchos engramas pueden estar latentes en una persona durante toda su existencia, pero sin reestimularse a causa de que en ningún momento apareció el restimulador adecuado. Además de la necesidad de que aparezca el restimulador adecuado para que un engrama se active es necesario que la persona se encuentre abrumada por algún dolor o algún pesar. Esto significa que mientras alguien se encuentre alto en su escala tonal no habrá restimulación. ¿Pero quién puede ser tan ingenuo como para creer que una mujer que ha sido víctima de la prostitución mafiosa pueda estar permanentemente elevada en su escala tonal después de lo que le ha ocurrido? Y aquí llegamos al punto culminante: ¿Cómo se puede ayudar a las víctimas que han podido escapar? Ni la Medicina, ni la Psiquiatría ni el Psicoanálisis, ni ninguna de las llamadas “terapias alternativas” las puede ayudar. ¿Cómo podrían hacerlo si ignoran totalmente la existencia de la mente reactiva, de los engramas, y por supuesto de la técnica para eliminarlos ya que el tiempo no lo hace? Estamos de acuerdo en que la labor de los terapeutas, por el solo hecho de escuchar, dialogar y preocuparse por alguien que ha pasado por un trance tan dramático puede ser de más ayuda que si no se lo hace, ¿pero por qué contentarse con tan poco, si en definitiva el problema de fondo subsiste y en la actualidad existen medios para solucionarlo?
Referencias. La mente reactiva automática http://www.grupoelron.org/autoconocimientoysalud/lamentereactivaautomatica.htm
Psicoauditación http://www.grupoelron.org/psicoaudintegracion/psicoauditacionneron.htm http://www.grupoelron.org/psicoaudintegracion/psicoauditacionjedestr.htm http://www.grupoelron.org/psicoaudintegracion/psicoauditacionkarma.htm
Psicointegración http://www.grupoelron.org/psicoaudintegracion/psicointegracion.htm
Tortura sexual de mujeres en la Red (Bondage profesional) http://www.grupoelron.org/quees/bondage.htm
Lista completa de temas http://www.grupoelron.org/general/listacompletadetemas.htm
****** El tema de la trata de blancas en los medios de comunicación
Las esclavas del sexo http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/2007/esclavas_sexuales/
Trata de mujeres http://www.acnur.org/index.php?id_pag=2045
Nota: En el buscador Google (www.google.com.ar) y en Youtube (www.youtube.com) se encuentra mucho material sobre el tema utilizando las siguientes palabras: esclavas sexuales, trata de blancas, trata de mujeres, prostitución infantil, servidumbre sexual, etc.
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