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Psicoauditación - Adriana

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión del 26/05/2022 Aldebarán, Núria

Sesión del 23/06/2022 Ámbar, Amara

Sesión del 15/08/2022 Ámbar, Amara

Sesión del 31/08/2022 Ámbar, Amara

 


Sesión 26/05/2022
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Recuerda pasadas situaciones que le han marcado parte de su vida, y repasándolas y contándolas a otro quizá pierdan gravedad, importancia. De todas maneras no se encuentra a sí misma viéndolo todo en perspectiva.

 

Sesión en MP3 (2.670 KB)

 

Entidad:

-Me siento con mucho júbilo.

-¿Por qué? -pregunté.

-Descubrí un hijo nuevo, solucioné el tema de mi esposa. Me siento muy bien.

-Y sí, ¿cómo te ibas a sentir?

-No entiendo -dijo Anán-, noto como un tono agresivo.

-¿Agresivo?, ¡agresivo para nada! ¿Alguna vez hablé con algo que no fuera verdad?, ¿quieres comparar mi vida con la tuya? Fuiste un huérfano, yo fui una criada que luego fue una especie de ama de llaves o dama de compañía.

-Bien, bien ahí.

-Pero en tu caso, ¿qué pasó?, te encontraste con tus verdaderos padres que eran reyes, fuiste príncipe de un día para el otro.

-Pero parece que lo hablaras con envidia. O me pareció

Lo miré.

-¿Me estás acusando de envidiosa? Tengo una fortaleza que tengo más poder que tu palacio.

-Entonces no entiendo, Núria, no entiendo el... como que yo tuve suerte o que mi vida me favoreció. He pasado por muchas cosas que tampoco sabes.

-Ah, sí, que tu primera mujer te envenenó. ¿Y quién habla de mí? Si Samia hubiera seguido viviendo yo hubiera seguido como su sombra, porque no era más nada que una sombra. ¿Qué opinaba? Sí, opinaba. ¿Y qué más? Cuando murió, que la hija de una manera muy altanera... Yo tengo una joven, quedas en libertad de acción... ¿Y a dónde iba? Estuve toda mi vida en palacio, ¿a dónde iba? Después, por aquel que está más allá de las estrellas, otra vez me topé con Ligor, fue como si recobrara mi vida. No, fue como si naciera. Porque todo el tiempo anterior fui una sombra. Hubo un lapso o dos donde apareció Ligor. Recuerdo cuando lo conocí, él no sabía que yo tenía descarga eléctrica y lo sorprendí. Después lo atendí otra vez cuando cayó mal herido con ese orco y después cuando formamos pareja. Y sí, fuimos felices, fuimos felices, es como que él era otra persona, tranquilo, calmo, no hablaba con desdén ni con burla, era una persona normal con su pasado. A veces me contaba del viaje en barco en el nuevo continente que había uno que era un poco raro que hacía notas, que buscaba piedras... Me encantaba, levantaba el farol con la vela encendida y me contaba sus anécdotas, pero las anécdotas serias cuando estuvo en los apartados, sus luchas, el temor de chico que le tenía a los dracons. ¿Y sabes cuando terminó todo eso?, cuando llegaron con el mensaje de ese Andahazi que quería unificar los reinos y él ser el que mandaba. Pero hasta ahí todo bien, hasta ahí todo bien. Hasta que apareció Randora. ¿Sabes cuántas veces pensé has qué punto la odiaba?, ¿hasta qué punto quería matarla? Recuerdo que ella vino a decirme que había tenido algo con él. Después se descubrió que no, pero... Y sé que él la rechazó, se que él la rechazó. Se. Pero inconscientemente, inconscientemente, ¿por qué tanta avidez de matarla que me apartó? La guerra ya había terminado, habíamos vencido y a toda costa quería ir a cazarla. ¿Para qué, con qué objeto?

Y después el tema de Donk. Muchos me echaron la culpa a mí como que yo a Donk le di como entrada, como que permití que él se acercara. Pero yo lo veía tan lejos, aún antes de ir a buscar a Randora lo vi tan alejado... Y estaba al lado mío.

-Le digo:

            -¿En qué piensas?

            -Nada. -Seco, cortado-. Habla con Donk, que él te va a entender mejor.

¿Entenderme? Donk había sido un héroe, había salvado aldeas, pero tuvo la debilidad de cruzarse con esa mujer que lo despreció desde que lo conoció hasta que terminó la relación. Es más, tuvo un hijo con otro. Es como que a él algo se le rompió adentro, él buscaba alguien que lo entendiera, alguien que lo volviera a convertir en quien había sido, en Novo. Y yo me sentía sola, pero más de unos escarceos, unos abrazos no pasó más nada. ¿Y por qué? Y no hay explicación. Me sentía débil, débil emocionalmente. Me sentía muy débil emocionalmente y Ligor no, no, no, no cazó en ese momento a Randora y se alejó de mí. Pero yo terminé forzando la situación, yo terminé forzando la situación porque no tenía sentido, no tenía sentido, estaba con un desconocido. No estoy exagerando, Anán, estaba con un desconocido. Yo forcé el divorcio, yo, lo reconozco. Pero mira la paradoja: ¿Cómo vencieron a Randora? Gracias a Donk. Donk fue el que hizo la trampa. Y hasta el último momento Ligor pensaba como que Donk se había unido a Randora. Le deseo que le vaya bien, le deseo de verdad que le vaya bien, que recupere su... Porque él mismo se burlaba de Donk: "Este es el héroe, este es el que vestía de blanco. Este es Novo, es un pobre llorón que cuenta sus cosas, que nos tiene cansados a todos". Y él ya no era el héroe de la espada, no era. Y deseo de corazón que lo vuelva a ser, porque cuando llevas algo adentro en un momento tiene que sobresalir, salvo que bajes los brazos y dejes de luchar. Pero a mí no me regalaron esa fortaleza, hubo una nueva batalla. Al fin y al cabo esa fortaleza, esa fortaleza es una contradicción, es una enorme contradicción y me sorprende que estemos cerca porque podría haber estado en el otro lado de Umbro.

-¿Por qué una contradicción?

-Porque en el palacio yo me sentía como que no era nadie. A veces Samia me trataba como una hermana, me hacía sentir bien. Y a veces "Ahora no, ahora no. Ve a tu habitación, porque...". Y más en los últimos tiempos, porque de jóvenes éramos compinches, cómplices en el buen sentido, jugábamos juntas. Jugar...  jugar a un juego de cartas, a adivinanzas. Pero ella fue madurando, yo fui madurando, pero ella fue como cuando ese vino toma un gusto amargo que hueles a vinagre. Bueno, así era ella, es como que había quedado mustia por dentro y se había alejado de mí. Entonces era como una sombra y sin embargo ahora he creado una fortaleza. Pero a veces me invaden los recuerdos y digo "¿Qué hago aquí? ¿Qué título tengo? ¿Qué poder tengo?". En realidad soy noble porque Samia lo nombró caballero a Ligor, así como tú nombraste caballero a Aranet, y el hecho de ser su esposa heredé la nobleza. No importa, el título de nobleza no se quita si uno se divorcia. O sea, que soy una dama pero no tengo como un lugar de pertenencia. Es como que a ti te fue más fácil, de repente esa mantita... "¡Ah! Es Anán. Que se saque esa ropa. Una tina, rápido, una tina con agua tibia". A mí me costó mucho. Aclaro que no tengo envidia de ningún tipo en el sentido de decir "¡Oh! Cómo me gustaría estar su lugar". No, no, cada uno en su lugar. Si yo tengo que conseguir algo, bien lo conseguiré. Es una fortaleza. Tengo una segunda, que sabe mucho de espada, que me apoya, que me ayuda como mi guarda espalda, pero a veces estoy más aquí a conversar, no sé con Émeris, con Ervina converso... ¿Por qué no vienen allá? Y no, es como que... Honestamente, no sé cómo levantar mi estado de ánimo. Muchos me dirán: "No, son días, son amaneceres, ya va a pasar". El recuerdo de mi soledad en los años de Samia no va a pasar nunca, el recuerdo de Ligor viéndolo como... ¿Quién es esta persona?, viéndolo como un desconocido. ¿O fui yo la que cambió, fui yo la qué demandaba más? Fue a partir de Andahazi. Teníamos un pequeño palacete, no nos molestaba nadie y él se olvidó de usar la espada, la tenía colgada en una pared. Se iba a los grandes almacenes, se iba sin espada, ¡je, je!, se iba sin espada. Vivimos felices. Quizá hubiera cambiado la cosa si hubiéramos tenido hijos, no sé, pero ya... No sé, ya era grande. No, no, No sé qué más decir, no sé cómo, cómo... Me dirás "Deja que Bastián te tome de la mano, que te de armonía". ¡Ay, armonía! Pero eso no es algo permanente. Aparte yo no quiero algo artificial. Bueno, dirás "No es artificial". No sé cómo explicarlo. Pensarás, no es que te adivine el pensamiento pero pensarás "¿No estará necesitando alguna persona que...?". Y no sé, porque yo tengo mi manera, ya no soy una niña. Tendría que ser alguien que..., no que me obedeciera, porque yo quiero un hombre, no quiero alguien, un pelele, un títere, pero de repente por ahí conozco a una persona de carácter y chocamos. Entonces no sé qué me calzaría como un guante, qué hombre me calzaría como un guante. No sé si se entiende. Y pensé que desahogándome contigo, porque encima te... sé que te agredí con mi ironía, pensé que al hablar contigo me iba a descargar pero no me descargué, al contrario me duele la garganta de la angustia, tengo los ojos llorosos, mira, mira. No estoy descargando hablando contigo. Y yo sé que me escuchas porque me miras a los ojos, me prestas atención, pero no sé con quién más hablar. ¿Con Fondalar? Hablé mil veces con Fondalar, quizá hay cosas para las que no hay solución. Aunque la vida da tantas vueltas... No lo sé, no lo sé. Hoy no lo sé, hoy no lo sé. No quería incomodarte con eso, voy a ir abajo que me preparen un té caliente y comer algunas masas no, no quiero entretenerte más.

-Bajaré contigo -exclamó Anán.

-Está bien. Sé que Marya está durmiendo, no..., nada. Comparte un té conmigo, me duele el pecho, me duele mucho el pecho. No quiero hablar más.

 


Sesión 23/06/2022
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Se sentía extraña, observada. Parecía que cada día la hubieran cambiado de lugar, todo era distinto del día anterior. Ni a la gente que conocía la recordaba. Pero alguna noche notaba pinchazos.

 

Sesión en MP3 (3.854 KB)

 

Entidad: Me desperté en mi cuarto.

Pero esta no era mi casa, claro, estaba en el gran edificio. Me higienizo con una especie de vapor que no quemaba pero tenía como un olor a ozono. Me vestí y salí.

Quizá por reflejo entro en el elevador y aprieto el último pulsador. Llego a una gigantesca oficina y... claro, el ventanal, ventanal gigantesco, enorme, ese era mi escritorio.

 

Recuerdo que... recuerdo que me dolía mucho lo que hacía, tenía que separar las planillas, unas planillas holográficas que jamás había visto en mi vida, salvo trabajando aquí. Y había cientos de nombres y yo tenía que pasarlos, arrastrarlos a otra planilla los que estaba en rojo.

Recuerdo que había una señora agradable y una joven muy desagradable, que no me gustaba. La señora agradable me decía:

-Estos que están en rojo son los que salieron después del toque de queda.

-¿Y qué van a hacer con ellos?

-No lo sé.

-¿Quiénes van a hacer algo con ellos?

-No lo sé.

-¿A quiénes obedecen?

-No tengo respuestas.

 

Hoy entró una señora rubia, delgada, agradable, un poco más joven que yo, muy atenta:

-¿Has desayunado, Adriana?

-Perdón pero mi nombre no es Adriana.

-¿Ah, no? Mírate. -Al lado de... al lado del pin tenía mi nombre y mi foto. Era una foto como en 3D que salía Adriana. ¡Yo no me llamaba Adriana!

-Pero a ti no te conozco.

-¿Cómo no? Hace más de un mes que estamos juntas. Soy tu jefa directa.

-Había una señora un poco más grande y una joven:

-¿Aquí? Aquí no.

-¿Lo que yo estoy haciendo está bien?

-Sí, sí. ¿Ya has tomado algo caliente?

-No.

-Tómate un tiempo porque dentro de un rato tienes que salir.

-¿A dónde?

-Al barrio Jardín, tienes que llevar una holotablet. No te preocupes, no la vas a poder abrir, es indescifrable.

-Sí, estoy viendo acá unos signos. ¿Son letras?

-No lo sé, yo no pregunto. La paso bien, como bien, duermo bien. ¿Tú duermes bien, Adriana? -Adriana. Honestamente, no me acuerdo de llamarme Adriana.

-¿Cómo voy?

-En el holomóvil.

-No sé manejar un holomóvil.

-No no no, es automático, te deja justo en la dirección de barrio Jardín. No hace falta que toquen un pulsador, directamente la misma holotablet llama y la persona te la retira. Y con el holomóvil vuelves.

-Pero debe haber en los pisos inferiores gente que lo puede hacer.

-¡No, esto no, no! Es la holotablet de la gente más peligrosa.

-¿Hablamos de los que hacen tumultos?

-¡Je, je, je! ¡Ay, Adriana! No, no, esos son... esos son nada.

-No me has dicho tu nombre.

-Tomamos siempre algo juntas y no te acuerdas mi nombre. Soy Elisa.

-Elisa.

-Claro. Bueno, ¿quieres tomar algo ahora o cuando vuelves?

-Tengo el estómago un poco revuelto. ¿No voy más a mi casa?

-¿Para qué? No tienes nada allí, no hay nada, está vacía. Hay otras compañeras con las que en horas de descanso puedes conversar.

-¿De qué?

-De tu trabajo. De tu trabajo depende; dices que haces archivos. No puedes decir otra cosa.

-¿Y entonces de qué voy a conversar?

-De lo bien que te tratan...

-Que me tratan, ¿quién? O sea, ¿de dónde sale la comida, quien cocina?

-¡Ay, Adriana, Adriana, Adriana! Siempre has sido preguntona.

-¿Sabes las veces que he pedido...? Pero claro no eras tú no eras tú. Me daban una especie de comprimido para la cervical.

-¿Cervical? ¡Si estás bien! -Me estiré y estaba bien. No sé, me pareció-. Bueno aquí está la holotablet.

-¿Cómo queda pegado a mi hombro, es que hay una especie de magnetismo?

-No, tu misma piel lo atrae. Luego cuando llegas al barrio jardín, a la dirección que te dirá el holomóvil, automáticamente la recibe una persona y tú vuelves. Me gustas porque entiendes las cosas. -Y yo entre mí pensaba "Honestamente, no entiendo nada".

-¿Qué hacía antes de venir aquí, antes de estar en este enorme edificio, que ahí en el ventanal se ven a lo lejos las muralla? ¿Qué hacía?

-¿No te acuerdas? Eras empleada.

-¿Empleada?

-Empleada de tienda. No tenías casi amigas, alguna que otra vecina.

-¿Tienda de?

-No lo sé. Antes tenía otra compañera y no sé qué problema tuvo, y no está más.

-¿Problema?

-Adriana, no sé. Bueno, te espero entonces a tomar algo. El holomóvil te lleva rapidísimo, aprietas el segundo subsuelo y ya el holo móvil estará iluminado. Vamos, ve.

 

Bajé. Llegué al segundo subsuelo y había un coche que parecía transparente, es como que flotaba en el aire. Lo tocaba y es como que no se sentía. Pero cuando entré me senté en un asiento que me sostenía, es como que fuera una asiento rodeado de un coche invisible. Pero había un montón de aparatos.

Y el coche levantó un breve vuelo y salió por un agujero, y llegó por una especie de túnel al nivel de la calle. En minutos estaba en un barrio lleno de jardines. Y bajé.

'Brrr', vibró la tablet. Salió un señor obeso, muy obeso, con cara de pocos amigos.

-¿Esto es para mí?

-Sí, señor.

-Está bien, puedes irte.

 

Cuando estaba por entrar al holomóvil...

-¡Hola! -Una señora gordita, de unos cuarenta y cinco años, con una bolsa de compras-. ¿Te acuerdas de mí?, soy Rebeca.

-No, no me acuerdo, no me acuerdo.

-Soy Rebeca. Enseñabas a mi hijo, mi hijo va a la escuela.

-¿A qué escuela?

-A la escuela donde tú eras maestra. ¿Y tu esposo, cómo está? Tu hijo debe estar estudiando, ¿no?

-¿Mi hijo?

-¡Ah, ja, ja, ja! Las veces que me habrás comentado que era fanático del telescopio.

-¿Yo tenía un hijo, un telescopio?

-¿Te acuerdas que estabas en el barrio alto, en esa casa con terraza? ¡No me digas que a ti también te han mutado!

-¿Mutado?

-Sí, es como que tengo un montón de amigas que no se acuerdan. ¿Cómo te llaman?

-Como dice aquí al lado del pin, Adriana.

-Tú no te llamas Adriana, te han mutado y te han borrado a tu familia.

-¿Familia?

-Tu esposo trabajaba en un enorme edificio para altos mandos.

-No... no sé de qué hablas. -Pasaron unos drones, vieron que la señora tenía un verde que titilaba-. ¡Me tengo que ir, me tengo que ir! -Y el color enseguida se puso rojo y unos soldados la pararon y la metieron en un coche tipo militar. Me vieron a mí que tenía el color verde y el holomóvil, no me prestaron atención.

 

¿Mutado? ¡Yo tenía esposo, yo tenía hijos, yo era maestra y no me llamaba Adriana! Pero sí me acordaba que yo trabajaba con una señora más grande, simpática, que tenía no sé si una sobrina o alguien muy antipática. De Elisa no me acordaba, era la primera vez que la veía, pero si sé que seguía haciendo el mismo trabajo, un trabajo despreciable, un trabajo donde pasaba la lista a ellos, esos que estaban por encima de los gobernantes, de aquellos que salían después del toque de queda o eran revoltosos.

 

Cuando volví le pregunté a Elisa:

-¿Qué es mutar?

-¿De qué hablas, Adriana? Esa palabra no existe.

-Cuando entregué la holotablet me habló una señora que dijo que yo era maestra, que tenía hijos, que tenía un marido, que mi hijo tenía un telescopio.

-¿Telescopio? Los telescopios están prohibidos para la población.

-¿Por qué?

-Yo no pregunto, no me meto en problemas. Lo que no sé es mejor, se vive mejor. ¿Vienes a tomar algo?

-Sí, espero que no sea alguna cosa rara.

-No, es café, café, y acá hay unas hogazas de croissant. -¡Ah! Algo que por fin yo conocía.

Probé el gusto del café:

-¡Mmm! Este es mi mundo...

-¿Qué es tu mundo, un café y una masa?

-No, Elisa. ¿Qué te gusta a ti comer?

-Lo que haya. Me gusta comer, descansar y cuando no tengo sueño me pongo el aparato.

-¿Qué aparato?

-¡Ay, Adriana!, por favor, el que tienes al costado de tu cama. Te lo pones en las sienes, uno de cada lado y enseguida te duermes.

-Pero hoy, cuando me desperté, no tenía ningún aparato.

-¡Ah! Bueno, una vez que te duermes, automáticamente se pliega y va a su lugar.

-O sea, que no duermo por mi sueño, me inducen el sueño. ¿Qué más hago, hay algún esparcimiento?

-Claro, la sala de deportes.

-Eso me gusta. ¿Qué hay?

-Bueno, en el primer subsuelo hay una pileta con agua templada, hay otros aparatos para hacer ejercicios. Y si el día de mañana..., a ver, déjame ver tu pin. Está bien, eres clase 'A'.

-¿Qué es clase 'A'?

-Tiene que ver con el ADN.

-¿Quién sabe mi ADN?

-Los que mandan.

-Nunca los vi. Qué son, ¿generales? ¿Qué son?

-No, no, los que los mandan a ellos. Yo tampoco los vi, pero qué me importa. Yo estoy bien.

-Está bien. ¿Tú qué clase eres?

-Por supuesto que también soy 'A' -dijo Elisa.

-¿En qué nos ayuda o en qué no nos ayuda?

-¡No! Sí que te ayuda. Hay muchos especímenes masculinos clase 'A', y entonces puedes procrear.

-¿Procrear? ¿Estamos hablando de intimar con la persona?

-Y sí.

-Pero si no la conoces...

-¿Y qué tiene? Pero si son de la misma categoría, el niño o la niña que salgan van a ser 'A'. Y una clase 'A' es una clase privilegiada. No te quejes, Adriana, eres clase 'A'. ¿Te piensas que las clases de abajo, la 'C', la 'D' tienen acceso a gimnasios?, están todo el día en las cocinas. Y ni hablar de los hombres clase 'C' y clase 'D', cargan los camiones. Los clase 'E' sacan toda la basura y no sé dónde la llevan. Yo eso no averiguo. Bueno, ¿has terminado?

-Me he quedé con hambre. Y ahora siento como un malestar, de vuelta, en el cuello, ese dolor de cervical...

-Espera, espera. Ven, vamos. -Volvimos a la oficina-. Recuéstate. Pero recuéstate bien. Tienes un apoyacabezas. ¿Ves el brazo del sillón? Aprieta este botón.

-¿Qué va a pasar, me reclino?

-No no no, apriétalo. -Lo apreté.

-¡Ay! Una aguja. -Sentí un pinchazo.

-¿Te duele?

-No.

-¿El cuello?

-No.

-¿Cervical, hombros?

-No.

-¿Ves?, ¿te das cuenta lo qué es ser clase 'A'? O sea, te recuestas, el día de mañana te duele algo...

-Supongamos que me doliera la cabeza y no la cervical.

-El sillón tiene lectura, Adriana, tiene lectura. Por tu ADN sabe todo lo que te pasa. Hasta te puede regenerar un órgano.

-¿Qué? ¿Cómo? No hay operaciones si uno está mal del corazón o algo...

-¿Operaciones clase 'A'? Ni siquiera la 'B', ni siquiera la 'C'. Ahora; bueno, la 'D' y la 'E' directamente desaparecen.

-No me gusta esa palabra, es como si los sacrificaran. ¿No hay quirófano? ¿No hay medicina?

-¿Cómo no va a haber medicina...? ¿No te sientes mejor?

-Hablo de... ¿Cómo era tu vida?

-No me acuerdo.

-¿Pero tenías esposo?

-No lo sé.

-A mí me dijeron que yo sí. ¿Y tú tienes?

-No me acuerdo.

-¿Entonces?

-¿Pero por qué tantas dudas, Adriana?, ¿por qué no haces las cosas tranquila? Nosotras somos amigas, pero mira, mira, mira todos los rincones, hay micrófonos, hay cámaras, hay grabaciones. Había una compañera anterior que preguntaba mucho y es como que la vinieron a buscar. Me dijeron que la cambiaban de departamento. Nunca más supe.

-¿Qué hay de malo, Elisa, en preguntar, qué hay de mal? Además, estoy convencida de que había antes una señora agradable y una sobrina detestable, antes de ti. Tú eres nueva. Pero yo no me llamaba Adriana.

 

Ese día me cansé. Estaba extenuada y no quería apretar el botón para pincharme nada. Y me dormí.

Me desperté el día siguiente pensando en Elisa. ¡Qué buena joven, qué compañera! Me acuerdo que tomamos café, pero no me acuerdo del día anterior. Cuando la vi la abracé.

-¡Vaya, qué efusiva, Adriana!

-¿Sabes que no me acuerdo qué hicimos antes de ayer?

-Lo de siempre, planillas.

-Yo hago las mías. ¿Qué haces tú?

-No no no, acuérdate que tengo un poquito más de nivel que tú, no puedo decirte. Esto va para ellos. Pero no preguntes nada, te vigilan.

-¿Pero hago algún acto malo preguntando?

-No, pero...

-No tengo memoria de hace dos días. Yo sé que trabajaba con alguien, pero no me acuerdo.

-¿Ves? ¿Ves qué fácil? Te acuerdas de quien te interesa. De mí, que soy tu amiga, Elisa.

-Pero antes... Y mi trabajo anterior tampoco me acuerdo... ¿Y puede ser que ayer estuve en un holomóvil?

-¿Ayer?, yo te vi con las carpetas. Y trabajaste bastante, ¿eh? -Me sentía desconcertada, me sentía mal.

 

De repente mi mente tuvo como una especie de flash de un chico de quince, dieciséis años mirando por una terraza:

-Mamá, mamá, ¿qué ves? -Y yo miraba para arriba.

-Una luz, un avión.

-Mamá, un avión puede ir a diez kilómetros, a once kilómetros de altura.

-Y sí.

-Madre, yo sé manejar un telescopio, eso es una nave que por lo menos está a cien kilómetros de altura, imagínate el tamaño que debe tener. Y no es de este mundo.

 

-¿Qué estás pensando Adriana?

-Me vino como una especie de recuerdo, como que hablaba con un niño, con un joven. -La cara de Adriana se puso seria.

-Recuéstate, aprieta el otro botón, el izquierdo.

 

Me respaldé. Unos aparatos iguales a los de mi cama se pusieron en mi frente. Me quedé dormitando un rato.

 

La miré a Elisa.

-¿Qué pasó?

-Te quedaste dormida. Mucho trabajo.

-¿De qué hablábamos?

-De la planillas, mírala ahora hoy estamos atrasados.

-¡Ajá! Pero yo te estaba...

-No me estabas contando nada, te quedaste dormida. Tienes que empezar a trabajar con las planillas, vamos, vamos. Al mediodía hay un almuerzo riquísimo.

 

Y me puse a trabajar y me olvidé de todo.

 


Sesión 15/08/2022
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Fue secuestrada, no sabía por qué o por quién ni hacia dónde. Afuera de la ciudad amurallada había una resistencia que recuperaba personas y material, que dejaba de estar controlado por 'ellos'.

 

Sesión en MP3 (2.552 KB)

 

Sesión para Adri en el polémico mundo de murallas. Prólogo de Johnakan Ur-El.

 

Johnakan Ur-El: Queridos hermanos esto es un pequeño prólogo. Un prólogo para lo que luego va a ser una sesión completa sobre el karma del que tanto se ha hablado por generaciones.

Os voy a develar que el karma no existe, se había dicho que no era una culpa a pagar sino que era una lección a aprender.

Desde ya digo que no, y me es absolutamente indiferente lo que hayan dicho otros maestros o lo que haya afirmado yo mismo tiempo atrás. Porque hay una palabra que se llama deducción, y he deducido de que en vista de los acontecimientos, ya sea en mundo de murallas, en Sol III o en miles de millones de mundos donde existen episodios que no tienen fundamento para que determinadas personas sufran.

La deducción es que no tiene sentido atribuirle todo a un karma, las vivencias pueden suceder por elección propia o bien por influencia de terceras personas, para bien o para mal. Y si bien las unidades biológicas somos programas muchas veces esos programas fallan. Lo dejo aquí porque lo siguiente sería preguntar ¿por qué fallan si...? Pero eso no es para ahora porque sería más polémico todavía el profundizar el por qué fallan esos programas.

Dejo paso a la entidad.

 

Entidad: Me desperté y estaba reclinada en el sillón. Había una nota sobre el escritorio. La leí: "Adriana, tienes que llevar este paquete a la calle Arboleda, 51. El holomóvil está automatizado. Aquí tienes una tarjeta, la pones en la ranura y te lleva directamente".

 

Cuando estaba por salir de la oficina a coger el elevador, se cruzó conmigo una señora obesa:

-¿Adriana, ya sales? -Le mostré la nota-. ¡Pero qué bueno, qué bueno, por fin sales!

-Pero tengo entendido que ayer había salido.

-No, hace un mes que no sales. Si estuvimos juntas... -La miré.

-¿Juntas?

-¡Ja, ja! ¿Te has olvidado de mí, de Raquel?

-Yo tenía una compañera llamada Elisa...

-¿Elisa? ¿Tú? ¡Je, je! No, hace tiempo que estamos juntas, almorzamos todos los mediodías.

-Claro. -le dije. Sonreí y entré al elevador apretando el cero. ¿Y qué le iba a decir, que no me acordaba de ella? Nunca había tenido una compañera Raquel. Algo estaba pasando con mi mente o alguien estaba manipulando mis pensamientos.

 

Bajé, cogí el holomóvil, puse la tarjeta ranurada. El móvil se elevó, hizo como una especie de chasquido y vi que andaba irregularmente.

Yo no conocía la calle Arboleda, pero por intuición me di cuenta de que no iba a la calle Arboleda. De todas maneras mi pin seguía en verde, esto significaba que estaba aparentemente todo bien.

Pero salimos del distrito que yo conocía, había un barrio extraño con gente sin uniforme, no muy bien vestida. Y el coche aparcó, la puerta se abrió automáticamente y bajé. Había un camión que parecía de limpieza. Me cogieron del hombro dos hombres.

-¡Qué hacéis, qué hacéis! -Uno me puso una venda en la boca. Me cogieron entre ambos y me lanzaron a donde iban los residuos y quedé a oscuras.

 

El camión empezó a moverse, escuchaba ruidos. El camión paró varias veces, escuchaba voces, sirenas, los choferes hablaban pero les permitían seguir. Desconozco cuanto tiempo pasó. Honestamente lo desconozco.

 

Mi posición era incomodísima, no sólo me dolía la cervical, me sentía como angustiada, indefensa, y a la vez con una rebeldía tan grande tan grande que no sabía con quien desquitarme, una molestia tan grande, un dolor en mi alma tan profundo, una ira que me invadía en el cuerpo pero de una manera brutal, absoluta, con ganas de golpear con los nudillos. Pero era tonto porque me lastimaría yo misma, y no era coherente hacer esto.

 

De repente la trampilla de los residuos se abrieron, los hombres me sacaron. Las piernas apenas me respondían, estaban dormidas, me faltaba la circulación.

Me sacaron la mordaza:

-Me habéis secuestrado -no hablaban.

 

Miré para arriba, un cielo celeste, un sol amarillo. Veía un poblado de casas bajas pero no había calles, era como un poblado desértico con casas distribuidas al azar. Traté de sacarme el polvo de la ropa.

Uno de los hombres me dice:

-Aquí tienes ropa para cambiarte. -Miré mi pin y estaba apagado.

-¿Qué habéis hecho? -Levanté la vista y a lo lejos vi la gigantesca muralla, y miré todo el panorama y no vi la ciudad-. ¿Dónde estoy?

-Estás afuera.

-¿Cómo afuera? Esperad, ¿estamos afuera de la ciudad, fuera de las murallas? ¿Cómo lo habéis logrado?

-Siempre sacamos los desperdicios.

-¿Por qué me habéis llevado?

-Porque tu esposo y tu hijo están aquí afuera.

-¿Mi esposo? Claro, mi hijo, aficionado a la astronomía... No me acuerdo, tengo como flashes pero no me acuerdo. ¿Quiénes sois vosotros, rebeldes?

-Encubiertos. De la resistencia, sí, pero encubiertos. En un rato tenemos que volver, oficialmente estamos trabajando. Somos clase 'D' para ellos, pero en realidad las clases no existen.

-¿Quiénes son ellos?

-Ya te enterarás.

Se acercó una morena:

-Mi nombre es Elvira, te quedarás conmigo.

-¿Pero acaso no nos vigilan?

-Por supuesto que sí, hay satélites detectores. Pero hemos desactivado tu pin, puedes directamente tirarlo, no hay como localizarte ahora.

-¿Pero para ellos, los de adentro, soy una prófuga?

-No. Los muchachos han dejado señales de batallas, de lucha, una pulsera que tú tenías. Fíjate tu uniforme, lo tienes desgarrado, pedazos de tela han quedado allí. Van a suponer que fue un secuestro de los rebeldes y te van a dar por desaparecida o por muerta.

-No soy tonta; de la misma manera que con telescopios podemos mirar hacia lo alto, ¿con los satélites no pueden localizarnos?

-¡Je! No. Nosotros somos los parias, no se meten con nosotros. No tenemos armas, no somos un peligro para ellos.

-¿Quiénes son ellos?

-Ya te lo contaremos.

-¿Por qué me duele todo el cuerpo, por qué tengo ese sentimiento de ira, por qué tengo ese deseo de lastimar a alguien o de lastimarme a mí misma?, porque me siento insoportable... ¿Porque tengo ese...?

-Cálmate, cálmate. No estamos desamparados, los jóvenes que te trajeron, y se disculpan de haberlo hecho de esta manera tan brutal pero no había otra, tú hubieras desconfiado. De la misma manera que te han traído a ti han traído cientos y cientos de medicamentos, han traído aparatos para detectar problemas en la mente y en el cuerpo.

-Aparatos... ¿hechos por nosotros?

-No, fabricados por ellos. Pero también así como te han traído a ti, han traído a científicos humanos que saben cómo interpretar, porque aprendieron a manejar esos aparatos. Estamos bien provistos. Sí, a esos aparatos le hemos sacado un circuito detector, así que para los satélites, todo lo que hemos traído es invisible para ellos, indetectable. Ven te daremos un calmante, un calmante inyectable.

-¿Pero cómo, qué pasa con los adelantos, todavía se usa una jeringa?

-Bueno, aún seguimos con lo tradicional.

 

Vi que los jóvenes se iban en el camión otra vez hacia el mundo de murallas, y le pregunté a mi anfitriona, a la morena:

-¿Todas las ciudades de este mundo están amuralladas?

-Sí, y controladas por ellos. -Iba a hablar y me hizo una seña-. No preguntes más, ya te contaré quienes son ellos. Pero primero te están esperanto tu esposo a quien también "secuestramos", con tu hijo, el gran aficionado de astronomía. Él fue el que detectó una de las naves.

-¿Pero entonces ellos...?

-¡Shhh! Ya lo hablaremos. Ahora ven conmigo, ven conmigo.

 

Me daba confianza. Pero quería que me saque, con esa medicación inyectable, esta furia que tenía, este dolor cervical, y estos nervios que no podía controlar.

Y la seguí.

 


Sesión 31/08/2022
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Se encontraba en otro lugar, fuera de la ciudad amurallada. Reencontró a su esposo e hijos. Pero aun preguntando no entendía cuál era la situación, que rol tenía la resistencia, los soldados, los terroristas, parecía que todos trabajaban para 'ellos'. Y qué querían los 'ellos'.

 

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Entidad: Abrí los ojos y el sol me dio de lleno y los cerré de nuevo, me dolía la cabeza y también me dolía el cuerpo... ¿Cómo había llegado aquí? Recuerdo que estaba con una mujer.

 

Estaba acostada en una especie de lona. Me levanté y era como una especie de desierto y había unas carpas. Miré hacia mi izquierda y a un par de kilómetros vi las murallas. ¡Claro! Había salido de la ciudad en compañía de...

Se acercó un hombre vestido con ropa de guerra, un uniforme de fajines y un fusil al hombro.

-Había una mujer.

-Fue ejecutada. Venga, señora. -Me tendió una mano y me ayudó a incorporarme. Me tambaleé.

-¿Está mareada?

-¿Me inyectaron con algo?

-Sí, pero para evitar plagas.

-¿Plagas? No entiendo nada -dije.

-Venga, por favor.

 

Me trataban bien. Pasamos una, dos, tres carpas y había una carpa más grande con un escritorio, sillas, un ventilador.

-¿De dónde sacan la energía eléctrica?

-Quédese tranquila, ahora vienen a verla. Tome, sírvase.

-¿Qué es esto?

-Una infusión caliente, le va a hacer bien.

-¿Cómo sé que no es algo malo?

-Señora, si hubiéramos querido hacerle daño no estaría aquí. -Lo tomé, tenía un gusto muy lindo. Y había unas masas dulces que comí.

 

A la carpa entró un hombre. Deslumbrada por el sol todavía mi vista no se había acostumbrado. Se encendió una lamparilla, lo miré:

-¡Bert!

-Hola, mi amor. -Me abrazó. Era mi esposo Bermejo.

-¡Bert! -Lo abracé.

-¡Cuánto hace que no te veía, Amara?

-¿Amara?, ¿este es mi nombre?

-¡Ay Amara, las cosas que te han hecho! Te han inyectado de todo, querían que perdieras la memoria.

-¿Pero por qué? ¿Pero cómo es que estás tú aquí, qué es lo que está sucediendo? -Me iba acordando de a poco-. Tú trabajabas para el gobierno pero no podías comentarme cosas. Recuerdo que yo era maestra, recuerdo que me llevaron a un edificio altísimo de donde podía ver las murallas.

-¡Ay, Amara, las cosas que te han hecho!

-¿Pero tú trabajas para el gobierno?

-Sí, mi amor.

-Y esa gente del edificio, donde yo trabajaba también.

-No, había muchos infiltrados rebeldes.

-Pero los rebeldes son buenos, los soldados los ejecutan.

-¡Ay! Tendría que cortarte tantas cosas... Ahora vamos a ir al otro campamento principal en un jeep y te vas a asear, te vas a cambiar de ropa.

-Me duele el cuello, me han inyectado.

-Sí, es un líquido purificador, te limpia la sangre de toda la droga, de toda la basura que te han inyectado. Te querían cambiar de personalidad, seguramente has tenido como dos o tres personalidades para que seas un robot, para que no pienses, para que obedezcas.

-Recuerdo que a veces trabajaba con personas distintas de un día para el otro y había una joven que uno de los hombres me dijo que la ejecutaron.

-Sí, era una rebelde.

-¡Pero justamente justamente me pudieron sacar de la ciudad!

-No, fuimos nosotros.

-¿Pero cómo, Bert, no trabajas para el gobierno?

-Sí.

-¿Y cómo...? ¿Por qué estás afuera de la ciudad en un campamento que parece un campamento de guerrilleros?

-Nada es lo que parece, nada, Amara.

-¿Ese es mi verdadero nombre?

-Amara, ese es tu único nombre. Ahora vamos a ir al campamento principal, te vas a asear, te vas a cambiar de ropa y vas a ver a los niños.

-¡Los niños! (Tose) ¿Por qué siento ese gusto en la garganta?

-Es lo que has tomado. -Me envaré.

-¿Qué me habéis dado?

-Amara, soy Bert, tu esposo de siempre, te amo. Todo es para purificarte.

-Sí, ¿y por qué los dolores de cuello, por qué los dolores de cuerpo, por qué el dolor de cabeza?

-Eso se va a ir yendo. Quédate tranquila.

-Los niños... ¿Cómo está Rafe? -Ahora me acordaba-. Me acuerdo que Rafe tenía un telescopio y... ¡Claro!, había detectado una nave a cien kilómetros de altura, una nave que más o menos tenía unos diez kilómetros de largo. Me dijo que estaban invadiendo Ámbar, nuestro mundo. Pero me acuerdo que habló contigo y que tú estabas de acuerdo en creerle.

-Por supuesto, mi amor.

-¿Cómo está Domi, cómo está la niña?

-Está perfecta. Aquí hay una escuela...

-¿Escuela? Veo todo carpas.

-Sí, tenemos un nivel subterráneo, un nivel subterráneo circular de por lo menos diez kilómetros de diámetro.

-¿El ejército hizo eso?, ¿Cuándo?

-No, mi amor, no lo hizo el ejército, lo hicieron ellos.

-¿Ellos te refieres a...? -Y señalé con el dedo para arriba.

-Sí, mi amor.

-¿Pero no nos están sometiendo?, ¿no nos están invadiendo?

-No, mi amor, no es como tú crees. Ven, ¿puedes caminar bien?

-Sí.

-Ven vamos al jeep. -Vimos una carpa enorme.

-¿Esa es la carpa principal?

-No no no no. -Seguimos. Perdí la noción de cuánto tiempo anduvimos. Llegamos a una zona montañosa y de repente es como que parte de la piedra se abrió y había un camino absolutamente iluminado.

Volví a preguntar:

-¿De dónde sacan la electricidad?

-Se genera con unos aparatos que Ámbar todavía no tiene.

-O sea, que es tecnología de ellos.

-Sí.

-¿Pero tú trabajas para el gobierno?

-Sí, mi amor.

-¿Pero los hombres de la resistencia son buenos?

-No, mi amor. Ahora te voy a mostrar lo que han hecho.

 

Llegamos a un lugar, bajamos y había un cuerpo debajo de una lona. La abrieron, sacaron la lona. Sentí como un olor, un hedor que prácticamente me lastimó los órganos olfativos, un olor muy fuerte. Pero lo que vi era un cascarudo, pero no..., más bien redondo no, era más bien largo, pero en la parte de arriba tenía como algo parecido a un escarabajo, pero de dos metros de largo.

-¿Qué es esto?

-Lo han matado.

-¿Este cadáver es uno de ellos?

-Sí, ya lo hemos comunicado a la nave principal que está sobre esta ciudad, y han mandado a ejecutar a los responsables. A nosotros nos tratan bien, tenemos comida de primera, los niños pueden estudiar, tenemos instalaciones con aire regulado, con temperatura regulada a veinticuatro grados, no hace ni frío ni calor.

-¿Pero qué somos, sirvientes, esclavos?

-¡Mi amor, no, Amara! Somos como socios.

-Sí, ¿pero no había otra manera de convencer a la resistencia de que los ellos no tienen malas intenciones?

-¿Y cómo, mi amor, -dijo Bert- cómo?

 

Pasaban los camiones con soldados e improvisaban explosivos debajo de los camiones y morían decenas de soldados. Obviamente que iba a haber represalias.

-¿Y por qué no se podía salir a determinada hora?, ¿por qué había gente que tenía pin rojo en lugar de pin verde?

-Entre los terroristas.

-¿Les llaman terroristas a la resistencia?

-Mi amor, son terroristas, y entre ellos habían infiltrados nuestros.

-¿Nuestros?

-Sí, los que trabajamos con el gobierno, trabajamos para ellos.

-Como dijo nuestro hijo Rafe, ¿es cierto que hay una nave sobre cada una de las ciudades importantes en todo Ámbar?

-Así es.

-¿Y por qué no bajan?

-Tendrían que bajar protegidos porque nuestra atmósfera no les hace bien.

-Entonces no entiendo, no entiendo... No buscan someternos, ¿qué buscan?

-Algunos minerales que precisan para su mundo. Nada más.

-¿Y por qué las murallas?, ¿por qué a toda las gentes las contienen en las ciudades?

-Para poder trabajar tranquilos, Amara, en las zonas desérticas.

-Ahora; estos seres, yo les llamo cascarudos, ¿o se van a molestarán que les diga así?...

-No, no se van a molestar.

-¿Cuando bajan a la superficie no bajan con trajes y con un equipo blindado?, ¿cómo hicieron para matarlo?

-Evidentemente se confió en un general que le sirvió durante un tiempo y resulto ser un traidor de los terroristas. Obviamente el ello se dejó el casco, pero su cuerpo es como el nuestro. El general le disparó y lo mató. Inmediatamente los soldados ejecutaron al general, pero claro, los ellos dio la orden de ejecutar también a los soldados.

-¡Bert!, ¿por qué?

-Por no haberlo impedido.

-¿Pero no fue algo de sorpresa? ¿Cómo lo iban a impedir?

-Mi amor, ¿qué te puedo decir?, el general estaba con los dos soldados, los dos soldados tenían que haber previsto.

-No me parece justo.

-¡Ay! Amara, no entiendes, no entiendes, para ellos los tres fueron responsables.

 

Íbamos con el jeep bajando bajando hasta que llegamos a un lugar gigantesco con una especie de cúpula.

-Esto es enorme, es una ciudad bajo tierra. Quiero ver a los niños. ¿Tenemos una vivienda?

-Sí, la vivienda A7.

-¿Podemos ir ahora, por favor, Bert?

-Podemos. -Llegamos a la vivienda. Bert puso una clave y se abrió la puerta.

-¡Rafe, Domi! -Me abracé con los niños.

-¡Mamá! -Domi se colgó de mí.

Lo miré a Rafa:

-Estás hecho un hombrecito, Rafe, estás hecho un hombrecito, Rafe.

-Madre, no me digas más Rafe ni Rafa, soy Rafel.

-¡Ay!, has crecido.

-Ya tengo dieciséis años.

-Claro. Es cierto mi amor, cuando te vi tenías quince.

-Estás siendo irónica, madre. -Sentí como una especie de escalofrío pero también de desazón, Rafe estaba cambiado. No, más adulto sino más serio, más distante.

Lo miré y le dije:

-¿Estás de acuerdo con los ellos?

-Los ellos nos protegen.

-¿Te acuerdas cuando me decías en la ciudad que nos estaban invadiendo?

-No sabía, me equivocaba. Nos tratan muy bien porque los servimos bien.

Lo miré.

-Cuando hablas de servir, ¿hablas de ser serviciales o hablas de ser servil?

-Madre, antes no eras tan irónica, rozas el sarcasmo.

-¿El sarcasmo? Estoy haciendo una pregunta.

-Somos serviciales, madre.

-Díselo a los soldados que estaban con ese general.

-Eran terroristas, madre.

-¿Los soldados también? Eran inocentes, quizá tenían familia.

-Tenían que haberse dado cuenta de que su general era un traidor. La ejecución estuvo bien. -Me senté en un sillón, las piernas no me sostenían, mi cuerpo temblaba de la desazón. Rafa era distinto.

 

Lo tome de la mano a Bert, fuimos a otra habitación de la casa.

-¿Qué pasa con Rafe?

-Nada. Ha crecido, mi amor. Y está estudiando.

-Me da la impresión como que le lavaron el cerebro.

-No, lo que pasa que hace mucho que no lo ves, él ha madurado. Y él conoce bien lo que está pasando, tenemos vídeos de los saqueos que hay en la ciudad de parte de los terroristas. Algunos se matan entre ellos para conseguir comida.

-Entonces tengo razón yo, no sólo racionan la comida sino que le dan menos.

-Mi amor, Amara, es la ley de compensación. Si ellos cooperaran estarían como nosotros. Mira, mira esto, tenemos todo lo que queremos.

-¿Tenemos libertad? -le pregunté.

-Puedes ir donde quieras dentro de estas instalaciones. Obviamente hay salas de máquinas, hay lugares de computadores; ahí no puedes estar, solamente los técnicos. Pero puedes aprovechar que eres maestra, hay un montón de niños que aún no saben leer ni escribir, puedes trabajar.

-¿Me pagarían bien?

-¿Pagar, para qué pagar? Aquí no hace falta el dinero, tienes todo.

-Tendré que acostumbrarme, tendré que acostumbrarme a todo esto. -Estaba otra vez con mi esposo Bermejo, con Rafe, que ahora quería que le digan Rafael, y con mi niña, Domi, y sin embargo no... no me sentía feliz.

 

Cuando llegó la noche fuimos al dormitorio. Bert me acarició.

Y le digo:

-No te enojes, pero necesito tiempo para adaptarme, para sentirte como mi esposo.

-¡Amara! Tómate el tiempo que sea necesario, no te voy a exigir nada. Dormiré contigo pero prometo no acercarme hasta que tú lo desees.

 

Me sentí más tranquila, un poco más tranquila. Pero, honestamente, mi desazón seguía. ¡Y cómo seguía!