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Psicoauditación - Alberto M.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión del 29/06/2021

Sesión del 19/07/2021


Sesión 29/06/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Alberto M.

La entidad relata una vida en Gaela. Era médico cirujano, pero al trabajar en otro país debía convalidar allí el título para ejercer al 100%. Pero sus colegas no tenían intención de facilitárselo. Estaba desesperado. En un viaje conoció a alguien que era conocido por ayudar a gente emprendedora.

 

Sesión en MP3 (3.256 KB)

 

Entidad: Como thetán, o 90% no encarnado, he tenido muchísimas vivencias. La más antigua es de hace cien mil años de Sol III, en un mundo casi idéntico a Sol III, llamado Gaela. La década donde vivía era muy similar a los años setenta del siglo XX terrestre.

 

Mi nombre era Demaro Caseles. Nací en Kamagua, prácticamente en la parte central del nuevo continente.

Siempre me gustó estudiar, y me gustó la parte de la medicina. El primer año de facultad me costó, me costó más que nada adaptarme, pero logré salir adelante y me recibí de médico cirujano.

Hay historias que se repiten, porque hasta ahí es lo mismo que me pasa hoy en Sol III, donde también me recibí, como Alberto, de médico cirujano. Pero al igual que en país donde nací, en Sol III, en Kamagua, Gaela, la situación era muy inestable, la paga, ¡je!, era prácticamente una propina.

 

Por suerte pude emigrar a Beta, el país del norte. Pero claro, tenía que revalidar el título, y costaba muchísimo. Entonces trabajé como asistente, trabajé incluso llevando notas, expedientes médicos, historias clínicas, o sea, estaba haciendo, con todo respeto por todo trabajador sanitario, pero estaba haciendo un trabajo que no era el mío. No puedo decir trabajo de segunda porque todo trabajo dignifica, de eso no tengo ninguna duda. Pero no era lo mío.

De todas maneras, por lo menos aún teniendo un trabajo -entre comillas, ¡eh!, no quiero ser mal interpretado-, "inferior" a lo que podía hacer en Kamagua, ganaba muchísimo más. Pero claro, me esforzaba para poder revalidar mi título de médico.

Pero es como que no me valoraban, no me sentía valorado, no me sentía valorado para nada. Y eso me deprimía sobremanera y la misma depresión me desmotivaba. O sea, el estar desmotivado, el estar depresivo me hacía preguntar "¿Qué hago acá, qué hago?".

Tenía algo bueno, incluso uno de los doctores más importantes del área de cirugía me dijo:

-Mire, Caseles, me encanta ver como estudia, como profundiza. Ya va a tener su oportunidad.

 

Pero pasaban los meses y tenía la constancia pero no tenía las novedades.

Disimulaba en el trabajo mi depresión. Mis compañeros, evitaba decirles que no tenía esa motivación, esas ganas, porque honestamente no las tenía. Pero no podía decirlo, había muchos celos, mucha competencia entre los compañeros, y honestamente no tenía confianza si alguno hablaba con algún directivo superior "Mire, Caseles no está poniendo su empeño". Y no, yo no quería eso. No. No es que tuviera la paranoia que sospechaba de todo el mundo, no no no no no, me consideraba normal, pero había visto casos donde compañeros traicionaban a otros. Y yo no quería dar motivo de queja de ningún tipo.

 

Hasta que vino la oportunidad, y con cinco o seis directivos que tenían que viajar al sur, a Plena, para dar una conferencia, uno de los directivos me dijo:

-Demaro Caseles...

-Doctor.

-Vi con mi colega que en la parte teórica sabe muchísimo, me gustaría que viniera con nosotros a Plena.

-¿Doctor?

-Para participar de una conferencia. Usted sería uno de los que expondrían. -Me asombré, ¡yo, un exponente! Por supuesto que le dije que sí, entusiasmado.

 

A los veinte días viajamos a Plena. Había un tremendo auditorio en la facultad de medicina de Ciudad del Plata, que era prácticamente la ciudad más grande del sur del continente, la capital de Plena. El auditorio, la aula magna era..., tenía una capacidad de más de tres mil personas, más grande incluso que los mayores teatros de Beta. Me sorprendió, honestamente me sorprendió. Incluso era más grande que el auditorio de la facultad de medicina de la capital de Beta.

Hablaron dos médicos eximios, excelentes, después me tocó hablar a mí sobre la parte de cirugía cardiovascular. Expliqué muchísimas cosas sobre el tema y la relación entre la parte eléctrica del órgano que bombea la sangre al reanimador cardiopulmonar.

No voy a entrar en detalles pero la conferencia fue un éxito. Me sentí exultante, mi depresión ya no estaba, mi motivación había vuelto. Luego fuimos a cenar con los médicos, médicos directamente recibidos en Beta.

Dos de ellos me miraron y me dijeron:

-¡Muy bien, Caseles, muy bien lo suyo! Quizás en un año o dos ya pueda revalidar su título que tuvo en Kamagua.

Sonreí y dije:

-Muchas gracias.

 

Pero cómo hacía para disimular de vuelta esa depresión, esa desmotivación, ¡un año o dos! Había dado una conferencia magistral. En mi trabajo, en Beta, me esmeraba. Pero claro, varias veces le dije a uno de los doctores cirujanos:

-Me gustaría ser su asistente.

-¡No! ¡Je, je, je! No no no no. ¿Asistente? No no no. Primero tiene que revalidar su título. ¿Qué asistente, de qué me habla? -Sentí como que... Sentí como que había un tono de burla.

 

Aproveché que nos quedábamos quince días en Plena para recorrer la clínica Central. Me crucé con uno de los jefes médicos. Le conté quien era:

-Mi nombre es Demaro Caseles, me recibí en Kamagua, pero estoy trabajando de asistente en Beta. Pero claro, no me permiten asistir en cirugía.

 

Había un joven conversando con un grupo de médicos.

Le dije al médico mayor:

-¿Y este joven, es médico?

-No, es uno de los que financian la clínica.

-Perdón, ¿el joven financia la clínica Central de Ciudad del Plata?

-Sí, tiene fortuna.

-Justo el joven se acercó, lo saludó al doctor.

-¿Cómo le va, Ibáñez?

-Bien, Clayton. ¿Qué anda haciendo por aquí?

-Quiero abrir un ala, un ala nueva. Hay una parte de la clínica que no está ni para jardín ni para paseo, está desperdiciada. Voy a poner un grupo de trabajo a abrir un nuevo ala con varias salas, que tenga varios baños y un segundo bar restaurant para médicos y para visitantes. -Me miró a mí-: ¿El joven es médico?

Me presenté. Le digo:

-Me llamo Demaro Caseles... -Bueno, y le relaté lo mismo que le dije al otro doctor.

Me dijo:

-¿Tu idea es trabajar en Plena, sí o sí?

-Ojalá pudiera, pero yo vivo en Beta, y honestamente, sin desmerecer a Plena, mi idea es revalidar mi título en Beta.

-Qué pena, porque aquí tranquilamente podrías revalidar tu título. Hagamos una cosa, haz una reunión esta noche con tus médicos.

-No sé si van a...

-¿Cuándo los tienes que ver?

-Justamente hoy a la noche.

-Te acompañaré.

-Pero tú no eres médico.

-Déjalo en mis manos. -Era un muchacho joven que no tendría más de veinticinco años, pero con una seguridad...

Le digo:

-Disculpa que te pregunte, ¿cuál es tu nombre?

-Jorge Clayton.

-Y... No quiero ser indiscreto, ¿pero de dónde sacas el dinero como para inaugurar un nuevo ala en la clínica Central?

-Soy un joven de fortuna. Y no por mis padres, hice buenas inversiones y ayudo en lo que puedo.

-Está bien, tienes ascendencia con los tuyos, pero no creo que tengas ascendencia con mis médicos de Beta.

-Con hablar no se pierde nada, Demaro.

-Está bien.

 

A la noche me encontré con el plantel médico y al rato llegó Jorge Clayton. Se presentó. Me sorprendió que dos médicos de Beta lo conocían.

-¡Clayton! Una de las mayores fortunas de Plena. Y sé que ha ayudado mucho en las clínicas, incluso ha donado a clínicas de otros países.

-Miren, doctores, el tema es así: Lo conocí a Demaro Caseles y sé que es un cirujano excelente. Me llevó la grabación en vídeo-casete de la conferencia que dio en la aula magna de la facultad de medicina y me pareció excelente. Aclaro que yo no soy médico, pero sé que ahora está en Beta con vosotros y él es un excelente médico cirujano de Kamagua.

Uno de los médicos mayores le dice:

-Está bien, Clayton. Entiendo. ¿A dónde quieres llegar?

-¿Podría, si ustedes lo avalan, quedarse seis meses, medio año, en Plena, aquí en Ciudad del Plata? Trabajaría en la clínica Central.

-¿Cuál sería la ventaja?

-Mire, doctor, la ventaja sería de que lo haríamos practicar como asistente de médicos cirujanos. Y aquí también, en Plena, le revalidaríamos su título de médico cirujano. O sea, que ya tendría el titulo de Kamagua y el título revalidado de Plena. Creo que eso le daría un aval más como para que puedan acelerar la revalidación en Beta. Es más, le ofrecí si se quería quedar en Plena y me dijo que no, que él estaba establecido en Beta y que estaba cómodo allí. Eso habla bien de él y de la lealtad para con vosotros.

Conversaron entre los médicos y dijeron:

-Mire, Clayton, de parte nuestra no tenemos problemas si Demaro Caseles no tiene problemas tampoco.

Los miré y dije:

-No, no, si el joven Clayton me da la posibilidad, porque él tiene ascendencias sobre el jefe de medicina de la clínica Central y puedo mostrar mi habilidad como cirujano y me revalidan aquí el título, y eso sería un aval para que me lo revaliden allá en Beta, bienvenido sea. El tema es, con todo cariño y con todo respeto que tengo por vosotros, ¿ustedes reconocerían el aval de Plena?

-Sí, sí -dijo médico más grande. Los demás también asintieron.

-Está bien. Entonces acepto quedarme seis meses en Plena.

 

Como thetán, relatando la vivencia del rol de mi vida anterior en Gaela, Demaro Caseles, puedo decir que nunca hay que perder la esperanza, hay que trabajar duro. Estar desmotivado juega en contra, estar depresivo juega en contra porque los demás lo notan. Además, hay un refrán muy viejo que dice "El que espera, desespera". Y si uno está todo el tiempo pensando en "¿Cuándo van a revalidar mi título?, ¿cuándo van a revalidar mi título?", no tiene la mente donde tiene que estar y puede cometer errores.

Obviamente que mi parte encarnada en la actualidad, como Alberto, de la misma manera que en esa vida anterior en Gaela como Demaro Caseles, somos humanos, tenemos ventajas, pero también tenemos debilidades. Y todo lo negativo nos afecta. No somos de hierro, no somos insensibles, tenemos sensibilidad. Esa sensibilidad que la perdemos cuando tenemos que hacer una cirugía. Porque ahí sí, y eso es lo primero que aprendí, en una cirugía tenemos que tener cien por ciento de atención y cero por ciento de sensibilidad. En ese momento tenemos que desidentificarnos. Obviamente que la persona que uno está operando es un ser humano, al igual que el médico que opera que también es un ser humano. Pero en ese momento estamos haciendo un trabajo, lo tenemos que tomar como una tarea, y es la tarea más importante de todas porque es una tarea donde estamos salvando vidas.

Y como me dijo Clayton en una cena posterior:

-Demaro, si el salvar vidas no te motiva, entonces esto no es para ti.

-No, no -le dije-, esto es para mí. No debo permitir desmotivarme, no debo permitir deprimirme, tengo que poner el empeño, la voluntad, la fuerza como para lograr ese cometido. Y si bien aquí usted va a poner una palanca, Clayton, como para que me revaliden...

-No no no -me interrumpió Jorge Clayton-, no hay ninguna palanca, no. Tu título en Plena no viene por acomodo, eso sería trampa. Yo ahí no me meto. No es que yo le voy a decir al jefe de medicina "Dele el título, dele el título, no importa si le va bien o no". No, porque eso traicionaría mis principios. La revalidación te la tienes que ganar aquí, como te lo tendrás que ganar en Beta. La ventaja que tienes que si lo revalidas aquí va a ser un aval más. Pero yo no voy a mover un dedo para influenciar en los médicos. ¿Te incomoda eso?

Lo miré y le dije:

-Todo lo contrario, valoro tu honestidad cien por ciento. Depende de mí, depende de mi voluntad, de mis ganas, de no permitirme estar desmotivado y de tener la paciencia para esperar. Y mientras tanto seguir estudiando, profundizando y profundizando más y más y más en la parte de cirugía médica.

 

Nos estrechamos la mano. Y al día siguiente iría a trabajar en la clínica Central, en seis meses volvería a Beta, el gigantesco país del norte.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 19/07/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Alberto M.

En una visita a barios pobres distinguió la diferencia entre dos tipos de pobreza y dos tipos de riqueza. Hay que vivirlo para comprenderlo, aunque la pobreza es más accesible conocerla. La entidad lo relata como el rol en aquel momento.

 

Sesión en MP3 (3.504 KB)

 

Entidad: Mi nombre es Demaro Caseles. Nací en Kamagua pero emigré al país del norte, a Beta. Me recibí de médico cirujano, pero en Beta tuve que trabajar como asistente para poder revalidar mi título de médico que había obtenido honradamente y con muy buenas notas en Kamagua.

 

Pero claro, Beta es un país que..., quizás está mal lo que diga pero es como que desmerece a los nativos de otros países. Sé que todo trabajo es honrado, ¿pero asistente?, ¡soy médico cirujano!

 

Aproveché una oportunidad para irme seis meses a Plena, en el sur del nuevo continente. En Plena tuve la suerte de que un joven llamado Clayton me consiguiera un trabajo, e incluso poder revalidad mi título de Kamagua en Plena, trabajando en la clínica nueva, en la clínica Central, donde hicieron ampliaciones y necesitaban médicos cirujanos.

¿Cómo no iba a estar desmotivado? En Beta se ganaba muy bien, mucho más que en Kamagua, mi país natal. Pero claro, a los médicos cirujanos. A los asistentes les daban la mitad. En Plena pagaban mejor, por supuesto que sí. Quizá no lo que podría ganar en Beta, lo reconozco. Pero estaba cómodo.

 

De todas maneras no sé si es por ambición, por ganas, por deseos, por querer superarme me metí en un nuevo curso de especialidad cardíaca. No le iba a comentar a Clayton, Clayton al fin y al cabo era un joven.

El curso me lo daban a pagar por mes y era justo seis meses, el tiempo que yo iba a estar. Pero resultó ser carísimo y otra vez estaba en aprietos económicos. Estuve treinta días trabajando, quizá más del tiempo debido.

 

Una tarde me encontré con Jorge Clayton y me dijo:

-¿Cómo anda, Caseles? -Le conté que me inscribí en un curso con los profesores tanto y tanto.

-Caseles, ¿cómo no me consultó?

Le digo.

-¿El curso es malo?

-No, pero le cobran tres veces más de lo que le podrían cobrar dos profesores de mi confianza, dos profesores cirujanos cardiovasculares de la clínica Central. Pero ahora ya está.

Me salió de adentro, como se dice vulgarmente:

-Clayton, usted no sabe lo que es pasar hambre, pero con todo respeto, con todo respeto.

El joven se rió:

-Caseles, no hay que pasar hambre para conocer la pobreza. Mañana venga conmigo. Sé que mañana no tiene operaciones, no tiene nada importante, aunque toda la salud es importante. Pero me refiero puede ser perfectamente reemplazado. Venga, le invito a almorzar.

 

Nos encontramos en la avenida Segunda, pero para el lado oeste. En la parte central estaban las librerías, los bares pero más para el oeste era una zona un poquito más despoblada, más pobre. Estaba buscando un restaurant y lo encontré.

-Aquí es -me dijo. Miré, había una casona vieja, refaccionada, que tenía tres salones-. Es acá -me dijo Clayton.

-¿Qué es esto?

-La Colmena.

-¡La Colmena!

-Es un restaurant de trabajadores. -Se acercaron tres jóvenes morenos. Prácticamente les di la mano y disimuladamente me quise limpiar la mano en el pantalón porque tenían la mano como con yeso, incluso se sacudían la ropa y les salía polvo de yeso.

-¿Cómo anda, Clayton? -le dijeron.

-Les presento al doctor Demaro Caseles, es de Kamagua pero vive en Beta.

-¿Cómo anda, doc? -Se presentaron los tres: El más gordito, Paulino. Uno ya bastante bastante más grande, como demacrado, Tito. Y el más joven y el más moreno, Segundo. Entramos. Miré el ambiente, todos trabajadores, había uno que estaba tomando un plato de guiso y estaba resfriado y el líquido de la nariz le caía en el guiso y él lo comía gustoso con la cuchara.

Le dije, murmurando:

-Clayton, acabo de ver...

-¡Psss! Vamos, Demaro, ¿quería ver la pobreza?, esto es la pobreza.

-¿No hay una mesa reservada?

-¡Je, je, je! No, Caseles, aquí no hay mesas reservadas, aquí nos sentamos donde podemos. -Paulino, Tito y Segundo se sentaron frente a nosotros y a mi derecha Jorge Clayton. Al lado mío, del otro lado, había un trabajador, un albañil. Estábamos rodeados de gente que... Uno estornudó que casi me llega a salpicar la cara con su estornudo.

Le dije a Clayton:

-Esta gente no se tapan la boca, no tienen pañuelo.

-No, no. En el bolsillo tienen un trapo para limpiarse el aguarrás, y a veces lo usan de pañuelo.

-¿Pero a dónde me trajo? Espero que la comida sea buena.

-¿Buena? ¡Je, je, je! Es mejor que en los lugares de cinco estrellas.

-¿Qué me recomienda?

-Un estofado con papas.

Me sirvieron un pedazo de estofado que yo digo:

-Espero que se pueda comer esto, esta carne parece durísima.

-Al contrario -me dijo Clayton-, la puede cortar perfectamente con el tenedor, de tan blandita.

-¿Cómo hacen?

-La hierven y después la preparan en salsa de estofado. -Era un pedazo de carne con papas y arvejas riquísimo, riquísimo. Miré el ambiente, la gente comía con unas ganas tremendas, y a cada rato miraban el reloj.

-¿Por qué comen apurados?

-Porque a la una la mayoría vuelven a trabajar.

-¿Y el camarero?

-No, no es camarero, aquí son tres hermanos, se les dice mozos.

-¿Y traen un ticket para la cuenta?

-¿Ticket? El mantel es de papel, Demaro, hacen la cuenta en el papel y...

-¿Pero si alguien tiene que llevar un comprobante al trabajo?

-¿Comprobante? ¡Caseles, son todos albañiles! ¿Qué comprobante?

-Pero usted, Clayton, con el dinero que tiene, creo que es una de las fortunas más grandes de Plena, ¿cómo es que viene acá?

-No vengo seguido -me dijo-, pero Segundo, Tito y Paulino, ellos refaccionaron dos de mis propiedades, así que nos comunicamos siempre. Segundo es el que vive en la capital y con él me comunico con teléfono. Los otros dos vienen de una hora de viaje en tren, Tito y Paulino. Se levantan a las cinco y media, seis de la mañana para estar a las ocho, a más tardar a las ocho y media en el trabajo y se quedan hasta las seis de la tarde.

-¡Clayton, se pidieron otro plato! ¿Cómo comen tanto?

-¡Je, je, je! Porque a la noche no cenan, Demaro. En la casa no comen, comen solamente al mediodía. No desayunan tampoco, se vienen sin desayunar. ¿Entiende ahora, doctor, lo que es la pobreza? Esto es la pobreza y sin embargo  no se lamentan, no se quejan.

-Pero tampoco tienen ambiciones.

-¿Qué es la ambición, Demaro? ¿Qué es la ambición, Demaro? A ver, ¿qué es? No le hacen asco al trabajo, a veces en invierno trabajan con tres grados bajo cero pintando una medianera en la calle o levantando una pared, y a veces tienen que hacer una losa y se quedan hasta las siete de la tarde o más. No tienen horario pero cumplen.

 

A lo último vino el mozo e hizo unos garabatos.

-Don Clayton -dijo Paulino-, ¿nos invita usted?

-Sí, muchachos, quédense tranquilos. ¿Quieren un postre? -Se miraron los tres:

-¡Sí! -Y se pidieron postre. Yo entre mí pensaba "¿Dónde meten tanta comida?", yo con el estofado estaba satisfecho.

-¿Doc, quiere tomar un café?

-No, Clayton está bien, está bien. -Los tres muchachos, Tito, Paulino y Segundo se marcharon.

 

Le dije a Clayton:

-Nunca vi un restaurant así.

-En realidad no es un restaurant, es una casona vieja que tienes tres habitaciones, y las hicieron las tres como restaurante.

-Pero esto es improvisado, ¿no dicen nada en el municipio?

-Qué van a decir. Aportan, pagan impuestos. -Clayton se encogió de hombros-. Yo mismo me encargué de hacerles los trámites. El nombre, obviamente, lo pusieron ellos: "La Colmena".

-¿Son tres hermanos?

-Sí, se llaman Rago de apellido. El más joven es Lito, era el que nos atendió a nosotros. El más grande, Francisco, y el del medio era el que estaba en la caja, muy inteligente, sabía hacer cuentas y todo.

Le digo:

-No le escuché hablar ni una palabra.

Clayton me miró:

-Es mudo.

-¡Mudo!

-Sí.

-¿Cómo se llama?

-No tengo ni idea. Sé que el grande es Francisco y el que nos atiende es Lito, pero el del medio es mudo, es el que lleva las cuentas de los hermanos.

 

Jorge Clayton pagó, dejó una buena propina.

-Venid más seguido, Clayton -le dijo Lito.

-No jodas, Lito, no tengo tiempo de venir siempre.

 

Se dijeron palabrotas, pero palabrotas en broma. Nunca lo había visto a Clayton en esa faceta tan... tan, quizás esté mal dicho, vulgar, pero lo vi en una faceta vulgar, el mismo Clayton que una semana atrás había estado tomando un combinado en el club hípico, que se lo habían cobrado más que la comida de los cinco aquí en La Colmena.

-Esto es pobreza, Caseles, esto es pobreza. Y dentro de todo, el viejo Tito, el gordo Paulino y el pibe Segundo, por lo menos laburan.

-¿Laburan?

-Trabajan. Hay otros que tristemente no tienen ese tipo de ambiciones pero no podemos forzarlos, explicarles. Algunos te van a entender, otros no.

-Está bien. ¿A dónde quiere llegar? -Me acuerdo que cuando lo conocí a Clayton lo tuteaba, lo trataba de tú. Después lo fui conociendo y me inspiró tal respeto que me daba como pudor tratarlo de tú, y lo trataba de usted.

Clayton me dijo:

-¿A dónde quiero llegar? A dos cosas contradictorias: La primera, valorar lo que tenemos, poco o mucho, lo que logramos. La segunda, no estancarnos, no decir "Bueno, comparado con Tito, Paulino y Segundo yo tengo cien veces más, tengo título de médico. No, tampoco quedarse en eso, hay que hacer especialidades, romperse la cabeza, seguir estudiando.

-¿Hasta cuándo?

-¡Je, je, je! Toda la vida, si es posible, hasta donde nos dé el cuero.

-¿Qué significa hasta que nos dé el cuero? -le pregunté.

Clayton me miró:

-Hasta que nos den las fuerzas. Lo otro es coloquial de Plena. Quiere decir: hasta que nos den las fuerzas.

 

Y me di cuenta de que hay dos tipos de pobreza y hay dos tipos de riqueza. La pobreza económica y la pobreza de alma. La riqueza como tiene Clayton y la riqueza de espíritu.

No es que yo me quejara de todo pero yo pienso que él me llevó ahí a propósito, a La Colmena, para mostrarme la otra parte de Plena.

-¿Y hay muchos restaurantes como La Colmena?

-Decenas y decenas y decenas en Plena. Y como Paulino y los otros dos trabajan en distintos lugares, con ellos he conocido muchísimos de estos restaurantes, de gente que trabaja en obras.

-¿Y su padre sabe?

-Mi padre sabía, mi padre falleció. Y -Clayton me miró y me dijo-, él nunca estuvo de acuerdo conmigo en muchísimas cosas, creo que bastaba que yo hiciera algo para que él se opusiera. A relaciones afectivas, a inversiones. Una vez prácticamente pagué de mi bolsillo la instalación de una clínica completa que pertenecía a una fundación: Mi padre se jalaba de los cabellos.

            -Estás loco Jorge -me decía-, estás tirando el dinero.

            -No, papá, no papá, estoy salvando vidas.

Pero mi padre eso no lo entendía. Una vez me invitó Tito, el más grande de los tres, a comer en su casa en la provincia. Preparó un guiso. Me dice:

            -Don Clayton, de noche rara vez como, pero usted me invitó, así que yo ahora lo quiero invitar a usted. -No tenía cubiertos, comí el guiso con la mano.

-¿Qué?

-¡Je, je! Sí, Caseles, comí el guiso con las manos. Después me lavé las manos en su baño, un baño muy pobre.

            -Váyase temprano, don Clayton, que aquí asaltan.

-¿A dónde se metió?

-Un barrio marginal. Pero bueno, tengo un deportivo que dentro de todo tiene sus ventajas, es blindado y incluso las cubiertas, las gomas son a prueba de pinchaduras. Pero de la misma manera que yo fui en un deportivo que seguramente la gente del barrio después le habrá preguntado a Tito "¿Quién era ese hombre que vino con un coche que vale más que todo el barrio?" Y Tito le habrá contado "Es un potentado de Ciudad del Plata". Pero yo no me siento potentado, yo me siento una persona común. Se sintió incómodo en La Colmena, ¿no, doc?

-Sí, me sentí incómodo, uno casi me estornuda en la cara. ¡Je, je, je! Y otro vi que le chorreaba líquido de la nariz en el propi guiso.

-Bueno, ellos están acostumbrados a eso, no se limpian con la servilleta, se limpian con la manga de la misma ropa de trabajo.

 

Me quedé pensando lo que me había dicho Jorge Clayton, cuando terminaría el curso habría revalidado mi título de médico en Plena.

Clayton me dijo:

-Tengo amigos en Beta, seguramente se lo van a revalidad ahí también.

Pero sentía dolor de pecho. Sentía dolor de pecho, como que había conocido un mundo que no me terminaba de gustar del todo. Y se lo dije a Clayton:

-No sabía que en Plena había tanta pobreza.

-¡Je, je, je! En todo el continente hay pobreza. Quizás en Beta no, Beta es el país más importante, pero seguramente dentro de Beta debe haber zonas rurales donde vivan con lo justo. No piense, Caseles, que todo es color de rosa.

-¿Qué significa color de rosa?

-A ver, no piense que todo lo que brilla es oro, puede ser pirita. -Entendí el aforismo.

-O sea, tengo que conformarme entonces con lo tengo.

-¡No!, para nada, Caseles. Eso ya lo hablamos. Comparado con Tito, Segundo y Paulino usted tiene diez veces más, pero seguramente se va a rodear de profesores que van a tener diez veces más que usted. Apunte a eso.

-¿Pero eso no es ambición?

-La ambición es sana, nos obliga a ir para adelante, obliga sanamente. Lo que es malo es la ambición desmedida, avanzar pisando cabezas. No, eso nunca. Y si en el camino nos detenemos es por dos razones. Una, la menos importante: para descansar y recobrar fuerzas. Dos, la más importante: para tender una mano al que viene detrás. Nunca se olvide de eso, doc, nunca. -Y lo medité. Medité lo que me dijo Clayton.

 

Gracias, de corazón, por escucharme.