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Psicoauditación - Brenda

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 26/08/2019 Sol III, Doris Dance

Sesión 27/08/2019 Sol III, Doris Dance

Sesión 02/09/2019 Sol III, Doris Dance

Sesión 01/10/2019 Cimmer, Queena

Sesión 22/10/2019 Sol III, Zenobia

Sesión 26/07/2021 Gaela, Joana

 


Sesión 26/08/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda (Wilder-El)

 

La entidad relata un fragmento de una vivencia en la que buscaba el éxito en el mundo de la canción.

 

Sesión en MP3 (1.556 KB)

 

La entidad entona una canción:

 

      No, debo decirte no, porque mucho sufrí, ahora quieres volver

      No, porque mucho sufrí, y tú quieres volver, ¿para qué?

      Tú sabes, que mis recuerdos atormentan mi alma, fomentan mi duda, y no quiero seguir

      ¿Por qué, me hiciste sentir así, me hiciste llorar así, me hiciste vivir así?

      ¿Por qué, me hiciste sufrir así, sabiendo que era para ti, no sólo una aventura?

      Ahora ¡je, je, je!, ahora ya estoy repuesta, ahora es otra vida, buscaré mi placer

      ¿Venganza?, no no no vales la pena, no sirve que llore, no sirve sufrir

      Entonces, entonces he vuelto, he vuelto a la vida, para dar amor.

 

-¿Qué tal salió?

-¡Ay, Doris!, el ritmo estuvo bueno, vamos a ponerla en el sello discográfico Arcín.

-¡Arcín! Bien, bien, anda bastante bien. Yo sé que hay un grupo en el continente noreste que ha triunfado, años atrás, con este sello discográfico, pero no sé, no sé. -Lo miré Oswal y le dije-: Estamos 1970, estamos en Burgues la capital de Nueva Bahía, el país más importante del continente noroeste, en la ciudad de la música.

-Está bien, Doris, ¿y por qué me lo dices?

-Porque soy Doris Dance y tengo un estreno.

-La gente está buscando algo más movido.

-No estamos en el 55, estamos en 1970 y no quiero hacer lo mismo que los otros...

 

      ¡Ay! qué bonita estoy

      ¡Ay! qué linda estoy

      Cómo me gustas

      ¡Ay!, pero tú qué sabes

      Tú qué sabes de mí

      De mi vestir

      ¡Ay! pero qué dices

      ¡Hey! qué piensas

      ¡Hey! qué piensas

 

-¿Esto te gusta?

-Pero no estaría mal, ponlo del lado 'B'.

-No, no, no sirve. Poner algo romántico, algo lento, y "Ay cómo me gustas" del lado 'B'... No, no, no.

-Hagamos un LP, juguémonos.

-¿Un long play?, ocho temas tengo. No, no sirve.

-Doris, tienes un par de temas largos que duran más de ocho minutos, está bien.

-No; tengo dos temas de ocho minutos pero no los quiero lanzar todavía, la gente no me conoce. He pasado por mucho, tengo veinte años, desde los trece que estoy...

-¿Y tus padres qué dicen?

-¡Ehh, uf! ¿Qué te puedo decir? Madre es como que es una persona castradora, hasta mis dieciocho años me venía diciendo "Esto no es para ti, no te sirve, haz un trabajo de verdad, la música no es un trabajo".

-¿Y tu padre?

-¿Mi padre?, a mi padre lo conoces, Oswal, a mi padre lo conoces, es un despistado, es una persona que va, viene, va, viene. Está con la literatura, metida la nariz en sus anteojos en los libros:

      -Padre, voy a grabar en un sello.

      -¡Oh!, Doris, qué lindo, qué bueno. -Y sigue leyendo.

      -Padre, me acabo de romper una pierna.

      -¿En serio? Ehhh, trata de cuidarte.

-Obviamente, lo estoy inventando para llamar la atención y me responde como si me hubiera tropezado.

-Pero no lo hace de malo, está despistado, está en su mundo.

-Está en otra cosa:

      -Padre, me tiré del balcón.

      -Abrígate, que afuera hace frío.

      -Padre, me tiré de un piso diecinueve.

      -Bueno, ten cuidado.

-Ese es mi padre. Si no fuera por el tío Rodolfo... él me apoyó mucho con la parte de la música. Es hermano de papá, pero es como que fueran de distintos mundos, cómo te puedo explicar, como que fueran de... de... no sé, criados uno en el continente noroeste y el otro en el sureste. Rodolfo es hablador, de buen humor, no, no te cansas porque te encanta escucharlo. Padre es un tipo bueno, pero es como que está ido, y muchas veces me sentí sola.

-Ahora, Doris, ¿esta canción que has compuesto, alguna anécdota? -Lo miré.

-¿Tú piensas que la compuse por alguien? ¡Je, je! No, no, no, no, soy muy creativa,  soy muy muy creativa, muy creativa, muy muy creativa.

-¿Y ahora qué vas a hacer?

-Ahora voy a esperar que te comuniques con el sello, ellos estaban interesados. Bueno, vamos a hacer una cosa, ya tengo la grabación completa de la música rápida, pongámosla en el lado 'B' y demos a conocer el disco, un lento de un lado, un rápido del otro. Después se testeará a ver qué le gusta más a la gente.

-¿Ves qué fácil?, ¿ves qué fácil, Doris?

-¡Fácil! He pasado hambre, he cantado a los quince años, por suerte me acompañaba el tío Rodolfo en tugurios de mala muerte. A madre le decía que iba a estudiar de noche, ¿te crees que me sentía bien mintiéndole? Y el tío Rodolfo me cubría, me apoyaba "Quédate tranquila, -le decía a madre-, yo la pasaré a buscar en la escuela nocturna". Me pagaban nada... Encima, un lugar de... donde había pibas que se sentaban en las piernas de los varones por un trago y unas monedas... y yo siendo menor.

-¿Y cómo tu tío lo permitió?

-El tío, a diferencia de papá, quería que yo triunfara, quería darme el gusto. Alguna vez algún varón se acercó y quiso manosearme y el tío lo agarró del cuello y lo sacudió, no es grandote pero nadie se mete con él.

 

 


Sesión 27/08/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda (Wilder-El)

 

Pero a pesar de tener todo el éxito y miles y miles de fans se encontraba sola. Afectivamente.

 

Sesión en MP3 (2.268 KB)

 

La entidad entona una canción:

 

      ¿Qué me das?, las migajas de amor, el dolor del ayer, el pesar el sentir

      ¿Qué me das?, inconsciencia tal vez, el amor nunca más, el sentir no lo sé

      ¿Qué me das?, un ayer un recuerdo, un adiós un tal vez, un abrazo jamás,

      No lo sé, si volver o quedar, en la soledad, que mi alma sintió

      O tal vez ¡je, je, je!, o tal vez otra vez, vuelva yo a sentir, vuelva yo a querer

      Cicatriz, cicatriz del amor, como puede sanar, si el recuerdo está ahí

      Y diré esto, esto es un adiós, esto es el ayer, que no puedo olvidar

      Y vendrás, otra vez a pedir, ese beso casual, que te hizo vibrar

      Y después y después, te marchaste así, nunca más yo te vi, hasta el día de hoy

      Y me pides y me pides, y me pides volver, yo no quiero sufrir, yo sí yo yo te digo que no.

 

-Oswal, ¿qué dices?

-No sé, son muy sufridas, muy sufridas, Doris.

-La primera placa vendió un millón doscientos mil. Mi vida cambió, tengo un departamento en suite, me propusieron un viaje al continente este, hago giras, autógrafos, televisión... ¿Adónde está el problema?, porque huelo el problema.

-No, Doris, no hay problema. ¿Por qué tantos temas sufridos? "Porque este me dejó, que has vuelto, que me abandonaste, que el ayer, que el hoy, que el mañana....".

-Es melodía -exclamé-, es melodía.

-Está bien.

-Quieres que del otro lado ponga:

 

      Qué quieres, qué quieres de esta chica, ¡ay! aparte de besarla, ¡mmm!

      Qué quieres ay, ay, ay, abrazarme, quieres tú tenerme, quieres tú temblar

      No importa, no importa lo que pienses, no importa que me abraces, igual yo te echaré

      No sirves, no me haces ni cosquillas, yo quiero un hombre bueno, y que me haga sentir ¡ay!

      Y que me haga sentir ¡ay!

      Y que me haga sentir...

 

 ¿Y?

-Lado 'B'.

-Y dale con lado 'B'.

-Lado 'A', lágrimas. Lado 'B', risas. Te ha dado resultado más de una vez.

-Haremos eso entonces.

 

-¿Por qué siempre estás triste, Doris? Vas hacer una película con el gran Rock.

-Te cuento una cosa y no me mal interpretes. Rock Roken, alto, apuesto, en las películas besa que te derrite, pero yo lo conozco personalmente.

-¿Y?

-Le gustan los chicos.

-¡No me digas!

Oswal, está todo bien, no hay problema, lo que no quiero que esto salga de nosotros.

-Doris, si haces una película con él en tono de comedia va a batir records, discos, una película. Te amarán.

-Ya me aman.

-Eres presumida.

-Para nada, para nada, a las pruebas me remito.

-Entonces por qué te veo tan... tan cabizbaja.

-Porque me es difícil, Oswal, superar mi niñez, los maltratos de madre, la indiferencia de padre, pero no indiferencia de que yo no le importaba, yo sé que padre me ama, pero es cómo que tuviera algún problema en su cabeza y estuviera metido con sus libros. Ya te lo he contado mil veces, no me hagas repetir eso. Y el tío Rodolfo, ahora que triunfé es como que ya está apartado. Él piensa "Ya cumplí mi misión". Mil novecientos setenta y dos, tengo veintidós años, soy independiente, la mantengo a madre... Madre cada vez está peor, es como que... a diferencia de padre, ella sí está teniendo problemas, a veces la escucho hablar sola renegando, diciendo palabras feas, murmurando, pero contra nadie, como que el mundo está contra ella.

-Y te afecta.

-Es mi madre, ¡tendría que odiarla!, pero yo no sé odiar, yo sólo sé lastimarme.

-¿Te lastimas?

-No, no, no me mal interpretes, no me agredo a mí misma, hay mucha gente que consume substancias prohibidas, yo ni siquiera, pruebo un cigarrillo, o sea... Tomo alcohol, sí, apenas un poco, no tomo bebidas fuertes, digamos que no me conocen romances...

-¡Pero has salido con un joven, Brian!

-Brian es... ¿Cómo te diría?, Brian es un muy buen guitarrista, estaba en el grupo del otro continente y el grupo dejó de vender discos y se hizo solista y ahora le va bastante bastante bien. Pero alguna vez incluso nos sacaron fotos "Brian y Doris, Doris y Brian, la pareja del año", pero a veces criticaba mis temas. Una vez nos peleamos, le dije: "¿Y tú qué tocas?". Es un poco creído, dice: "Lo que yo toco es insuperable".

-Bueno -me dijo Oswal-, pero no es malo, es muy bueno con la guitarra.

-Sí, sí, y más ahora con los nuevos aparatos que están saliendo; amplificadores, moduladores... Cuando Brian comenzó las guitarras sonaban a lata 'Tang, tang, tang'..., todo lata. Ahora es otra cosa.

¿Pero qué pasa?, a ver, explícate bien claro, ¿rompieron, se ven?

-Yo sigo en Burgues, la capital de Nueva Bahía, él sigue en el viejo continente. O sea, que él no me va a esperar a mí ni yo lo voy a esperar a él. Yo hago mi vida, él hace la suya y así estamos. Pero bueno, alguien dijo alguna vez que el destino no está trazado, así que veremos.

-Este tema va a romper todo -me dijo Oswal.

-Sí, sí, sí. A veces no entiendo porque con años de éxito, donde el mundo te adora, por momentos hubieras cambiado todo porque tu madre te haga una caricia y porque tu padre te preste atención, porque tengo miles y miles de fans pero no los conozco; me tocan, la seguridad aparta a los fans... Les digo "No, no los aparten, no ejerzan violencia, no lo permito", pero son fans, no los conozco, no los conozco. Y a veces me siento sola.

-Gracias, por lo que me toca.

-Oswal, tú eres mi representante, eres como un hermano. Y sí, te tengo un afecto tremendo y sé que tú también a mí, y sé que a veces te visto mirarme con otros ojos también, pero ya te he dicho más de una vez que no, no, no mezclemos, el trabajo es el trabajo, y además eres una persona buena y no quiero lastimarte, yo todavía no estoy segura de nada.

-¿En qué sentido?

-En el amor. O sea... No sé, quizá si Brian viviera en mi ciudad, por ahí hubiéramos tenido algo más continuado, pero por ahora no lo siento, por ahora estoy como que disfruto pero me falta algo, no estoy plena, no estoy llena.

-¿Sabes cuántas quisieran estar en tu lugar? Una película con Rock Roken, un millón doscientos mil discos, eres la mejor pagada, soñaste con esto.

-Claro, soñé con esto. El tema es que desde los trece años hasta mis dieciocho, un poquito más, he visto muchas cosas tristes, he vivido muchas cosas penosas, desamor, soledad... Aún me siento sola. Y no digas "Gracias, por lo que me toca", que tu compañía es invalorable, no tiene precio. Además, cobras un buen porcentaje, ¡je, je, je!

 

Le di un abrazo fuertísimo que le hice crujir los huesos, casi, a Oswal. Pero de verdad, lo quería como un hermano aunque él me mirara con otros ojos.

 

Y sí, sí, gente, la vida continúa.

 

 


Sesión 02/09/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda (Wilder-El) y Raeldan

 

Dos entidades se encuentran en el espacio y en el tiempo. Dos artistas de fama: Doris Dance, Brian London. En pleno apogeo congenian y planean un futuro juntos.

 

Sesión en MP3 (3.256 KB)

Sesión relacionada

 

Jorge Olguín: Voy a intentar canalizar, simultáneamente, a Raeldan y Wilder-El. Que Eón me ayude.

 

Raeldan: Como se equivoca la gente, ¡ja, ja, ja!

Nací en el mejor país del viejo continente. Mis padres, aristocráticos con títulos, jamás jamás los escuché tener una conversación en armonía. No es que discutieran todo el tiempo, Madre hablaba en voz alta dentro de su fina aristocracia y padre se iba con los amigos a montar a caballo en los parques, en los bosques, con su andar ridículo de mirar a todos por encima del hombro.

 

¿Si yo me crié aristocrático? No. Me juntaba con el hijo del encargado, jugábamos con las hondas a lanzar piedras, a voltear botellas para darles en los postes.

El único acierto de mi madre, quizá, fue hacerme estudiar guitarra. Obviamente lo clásico, algo que a mí me gustaba nada, pero era un buen comienzo.

Tenía un profesor absolutamente pedante y quizás algo... ¿cómo diríamos?, algo mariposón, murmuraba que yo era un crío malcriado.

¿Qué yo me callaba la boca?: Jamás. Le decía:

-Te pagan para que me enseñes no para que murmures. -Y alguna vez se me escapó y le dije-: Eres un mariposón. -No se ofendió.

Me dijo:

-Con gusto.

 

Para mí era natural todo; era natural la aristocracia, era natural también jugar en el barro con el hijo del encargado... Y sí había algo que tenía... ¿cómo puedo decir?... espíritu, era la guitarra. El mariposón no podía decir nada porque tocaba con una clase impresionante.

Y a los diez años padre y madre se separaron. Padre me venía a buscar todos los fines de semana y yo me quedaba el resto de la semana con madre. Pero madre no tenía tanta cuerda sobre mí, no es que no me ajustara la soga, yo directamente agarraba una tijera mental y la cortaba y me iba con otros jóvenes del barrio.

Al comienzo no me aceptaban.

-¡Ja, ja, mira quien viene!, el aristocrático Brian London. ¡Ay, Brian London!, ¿qué haces por aquí? -El primer golpe que le di en la nariz le salió abundante sangre, nadie más se burló de mí. Me aceptaron.

 

Varios de ellos tocaban la guitarra también, nos juntábamos en un galpón y aprendí a tocar la música más... más de hoy.

Nací en el 46 y ya en el 57, con once años... no punteaba, ¿eh?, o sea, jugaba con las cuerdas con todos mis dedos.

      (El canalizador tararea en el audio).

Me decían:

-¡Qué es eso! Eso es de la época de tus padres, es de antes de los años cuarenta.

-A ver qué te parece esto:

      (El canalizador tararea en el audio).

Me aplaudieron a rabiar.

 

Y pasó el tiempo, pasó bastante bastante el tiempo. En 1963, a mis diecisiete integro una banda: "Sismo". ¡Ahhh! Primero nos probaron en la radio, nos invitaron en un programa de televisión, la rompimos, la rompimos, una maravilla. El cantante Edward, una voz impecable. Pero, porque siempre hay un pero: se drogaba.

Nunca entré en eso porque de alguna manera cuidaba mi físico. ¿Si tomaba alguna bebida alcohólica? Sí, pero me medía, es como que me respetaba a mí mismo.

La banda trajo cosas a favor, teníamos muchas fans. El segundo guitarrista se enredó con una chica menor.

Le digo:

-No quiero saber nada de esas cosas. Hazlo en privado, a nuestro carromato no traigas a nadie o directamente me abro.

 

Me hicieron caso. Yo no quería saber nada ni con alcohol ni con drogas ni con jóvenes menores, digamos como que me respetaba. Que era inimputable porque tenía diecisiete años, pero ya la tenía clara, ya la tenía bastante clara.

A mis diecinueve ya tenía muchas fans y me enredé con algunas jóvenes pero sin prometerles nada, cuidándome de que fueran mayores.

¿Si fui mujeriego? A qué le llaman mujeriego, ¿al qué va de mujer en mujer? Entonces no, no era mujeriego. Simplemente, ¿cómo explicarlo?, vivía mi vida, vivía mi vida.

Pocos meses después en un recital, Edward apenas se podía tener de pié. Hice un solo de guitarra que cautivó al público, disimulé la falencia del cantante.

Pero tiempo después me hice solista. Sismo habrá durado unos meses más sin mí, nunca más se supo del grupo.

¿Que fui ingrato? ¿Que dejé -valga la paradoja, ¿no?-, en banda a la banda? Sí, pero tenía que pensar en mí porque el segundo guitarrista otra vez se enredaba con menores, el cantante se drogaba... No, no quería problemas, yo vivía mi vida abiertamente.

 

¿Qué pasó con padre? Padre se volvió alcohólico. Tenía mucho dinero, pero estaba pésimo de salud. Madre se enredó con una persona que le sacó plata. Una vez la fui a ver y estaba destruida, discutiendo con el amante de turno al que saqué a puntapiés, pero mal mal, a puntapiés.

Me dijo:

-Te voy a denunciar.

-Hazlo -le digo-. Tengo contactos con las autoridades -le dije-, y aparte le diré que golpeaste a madre.

-Pero no la golpeé.

-Perfecto. Ya le estoy sacando una foto en el estado que está y me van a creer a mí. -El hombre no vino más.

Pero madre, tan masoquista, me reprochó:

-Echas a mis novios, no sirves para nada.

 

Nada me ataba. ¡Je! Año 66, ya era grande, había cumplido veinte, hacía mi vida. Me pude comprar un apartamento en el centro, vivía mi vida.

Tenía un mánager. Le digo:

-Lo único que tienes que hacer es buscarme la mejor manera de ganar dinero, hacérmelo fácil, no meterte en mi vida personal, y sí hacerme observaciones si ves algo que puedes mejorar. Observaciones, no críticas.

Y viví mi vida.

 

Y después conocí a Doris. Doris era del nuevo continente de Burgues, Nueva Bahía, una chica bastante bastante interesante y muy muy buena cantante. No era de estas niñas malcriadas que se hacían las exquisitas, esas niñas que histeriqueaban antes de darte un beso no, no, no, era abierta, no liberal como yo, en el sentido de que todo me iba bien. A ver, cuando digo todo me iba bien, todo dentro de mi personalidad. Cuando digo todo no es todo, ¡attenti!, como se dice en el país vecino.

Y salimos un par de veces. ¿Intimamos? Sí, intimamos, intimamos.

Era enigmática, era rara, rara en el sentido de que me descolocaba. Estábamos juntos y era un volcán, me besaba, me... ¿cómo lo digo?, ¿me transportaba o me trastornaba?, las dos cosas. Y luego se ponía sus prendas nuevamente y se transformaba en un témpano.

-Bueno, me voy.

-¿A dónde, Doris?

-Mañana parto para mi país, ya nos veremos en otra oportunidad.

-¿Y así... quedamos?

-Lo expliqué bien... -me dijo Doris.

-Sí, te vas y ya veremos.

-Obviamente podemos hablarnos por teléfono.

-Sí, no hay ningún problema. -Y se marchó.

 

Sacó su primer disco, y la verdad, vendió muchísimo hasta que llegó 1972. En el 72 la llamaron para protagonizar una película, había vendido más de un millón de placas, ¡por favor!

 

Preguntaréis: ¿Y a mí cómo me iba? ¡Ja, ja, ja! Yo era Brian London, era el guitarrista número uno del mundo, ¡por favor! Hacían fila para escucharme, el rating en la TV era impresionante, a veces publicaban carteles "El romance de Brian y Doris"... Pero no, porque luego nos distanciábamos meses y meses y meses y nada, las revistas esas de chismes quedaban mal paradas.

Tal vez me atraía porque era desconcertante esta chica, me atraía justamente su... su manera: no se puede ser apasionada en la intimidad y después "Bueno, ya nos veremos".

"¿Pero qué te pasa, quién te crees que eres?, no lo decía en voz alta, lo decía en mí pensamiento, a mí, a Brian. Las chicas hacían fila, yo elegía un día una otro día otra, pero era honesto, nunca prometía nada y jamás pagaba por ese amor barato, jamás, jamás, jamás. Y más de una vez me quisieron convidar con substancias, jamás. No lo hice de chico, lo iba a hacer ahora.

Sólo veintiséis años y para mí era una vida. Había conocido tantas cosas, amores..., en este caso no comprados, sino amores baratos, amigos obsecuentes, pero me sentía como... como que me faltaba algo.

 

No tuve una figura paterna que me marcara los pasos, en quien yo pudiera imitar. Un noble que de grande se hizo alcohólico, una madre aristocrática que se volvió histérica, insoportable. Ninguno de los dos jamás me vino a ver a mi apartamento del centro. ¿Será por qué no les di la dirección? ¡Je! No, la dirección la tenía todo el mundo, lo que pasa que yo pagaba a Seguridad muy buenos billetes, solamente podía entrar el primer ministro. ¡Ja, ja, ja!

 

 

Wilder-El: Hay hombres que se piensan que son el centro del mundo.

Yo me consideraba muy buena cantante, sino la mejor. Y recuerdo cuando lo conocí a Brian, la verdad que me gustaba pero yo no buscaba compromisos, no quería que el amor interrumpiera mi trabajo, quería triunfar, quería salir adelante, quería mejorar en todo.

Mi mánager, Oswal, me decía:

-¿Qué más quieres, qué más quieres? Este año has vendido un millón doscientos mil discos. ¿Qué buscas?

-Busco más. Ahora espero hacer esta película con Rock Rokson, quiero ser una estrella, y Brian es como que me distrae.

 

Y era cierto, estaba con él y me entregaba por completo, pero después es como que ponía una coraza, ponía una coraza porque no quería que el amor interfiriera pero a su vez me sentía como desamparada en los afectos.

Recién en 1974 lo fui a ver y por primera vez me sinceré.

Estábamos juntos en la intimidad y me dijo:

-Bueno, supongo que ahora te vestirás y serás otra vez esa desconocida fría.

Le puse mi dedo índice en los labios, en señal de silencio, y le dije:

-No, mi verdadero ser es ser apasionada contigo, tú me movilizas. Pero mi temor es que tú triunfas por tu lado y yo triunfo por el mío.
Pueden pasar dos cosas si salimos. Una: que hagamos una competencia a ver quién es el mejor. Dos: que descuidemos nuestras carreras.

Pero Brian, cuatro años mayor que yo pero con mucha experiencia de la vida me dijo:

-¿Por qué competir? Tú no eres guitarrista, yo no soy cantante. Vendes discos, estás en televisión al igual que yo, has hecho una película formidable, has recaudado millones... No tenemos por qué competir y no tenemos por qué atarnos. El verdadero amor no ata, el verdadero amor levanta a los dos, fortalece a los dos, no solamente nuestros vínculos sino la creatividad. En este último mes he compuesto dos temas.

Lo miré sorprendida y le dije:

-Yo también. Si te animas a acompañarme los canto. -Brian me acompañó. No estaba acostumbrado a acompañar en temas lentos pero sentí que vibrábamos en la misma sintonía.

      (El canalizador tararea en el audio).

Y empezamos a salir, y esta vez no esporádicamente. Y sí, fuimos tapas de todas las revistas. Seguimos con nuestras carreras, no competimos.

 

En un momento dado Brian me dice:

-En algún momento tendremos hijos. -Me encogí de hombros.

Y le dije:

-Mira, hay muchísimas cantantes que han tenido hijos y han seguido con su carrera. -Me miró.

-Tienes toda la razón. -Formalizamos. Y ese verano nos casamos.

 

¿Que quedaron engramas? A veces hay engramas menores y a veces hay solamente recuerdos. Brian mismo me reconoció que tuvo una vida muy fea, con padres separados que no le brindaban amor... Ahora teníamos amor a raudales entre nosotros, y eso vale más que el millón doscientas mil placas vendidas, porque no tiene precio.

 

Hasta todo momento: Wilder-El.

 

 


Sesión 01/10/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda (Wilder-El)

 

En el mundo Cimmer corría la época medieval. Era amazona y su grupo, en un pueblo, tuvo que enfrentarse a unos guerreros asaltantes. El pueblo quedó en deuda con ellas.

 

Sesión en MP3 (952 KB)

 

Entidad: Nadie quería a las amazonas, pero porque nos temían.

 

Con la luna roja habíamos salido de los bosques. Una horda nuestra de cien mujeres llegó a un poblado.

Les dijimos a los hombres:

-No buscamos pelea, solamente queremos provisiones. -Los hombres no se opusieron-. No tenemos con qué pagar -les dijimos-, pero con tiempo vamos a sembrar en un valle que tenemos oculto en lo más profundo de los bosques y os traeremos alimentos como gratitud por las provisiones que nos daréis ahora.

Uno de los comerciantes dice:

-Pero eso es una promesa, la realidad es que nos estáis robando.

-No.

El hombre era corpulento y se acercó a mí.

-Nosotros no maltratamos a las mujeres. -El hombre pensaba que me dominaría con su altura. Yo era tan alta como él, en las medidas de Sol III tendría un metro con ochenta y pesaba ochenta kilos, y una musculatura que envidiaría al más fuerte de los guerreros.

-Por supuesto que no te atreverías a pegarle a una mujer, y menos a una mujer como yo que podría ahorcarte con una sola mano.

El hombre me miró de arriba para abajo.

-¿Cómo te llamas?

-¡Je, je, je! Mi nombre es muy conocido en esta región, me llamo Queena. (El nombre se escribía, en letras de Sol III: 'Q', 'u', doble 'ee', 'n', 'a'. Queena).

 

Buscamos las provisiones, nos estábamos para ir, básicamente, y le dije al hombre:

-De verdad, seréis recompensados.

 

En ese momento se escuchó un grito; una mujer en el borde del pueblo, una aldeana:

-¡Vienen los asaltadores, hacía meses que no aparecían!

Nos miramos con el resto de las amazonas.

-Parece que llegamos justo para salvar a este pueblo.

 

Había como sesenta combatientes, guerreros sudorosos, malolientes.

Nos enfrentamos. Sangre, brazos, piernas, pedazos de cuerpo desparramados por todo el barro de las calles, caballos mal heridos que tuvimos que sacrificar. Una sola de nosotras cayó sin vida y sesenta guerreros muertos. Quince de nosotras, algunas con heridas graves que nos encargamos de suturar y sanar con polvos mágicos, el estero que teníamos oculto en lo profundo del bosque.

 

-¡Ustedes hacen magia! -dijo uno de los hombres.

-Esto no es magia, esto es adiestramiento. Nadie puede con nosotras, ni soldados, ni maleantes, ni hordas, nadie. Somos las amazonas. ¡Ay de aquellos que se atrevan a enfrentarnos!

El hombre me tendió la mano.

-¿Y esto?

-Se llama amistad. -Le estreché la mano fuertemente.

-¿Por qué?

-Porque nos han salvado. Hubieran acabado con todos, violado a nuestras jóvenes, a nuestras niñas, quizás a nuestros muchachos y matado a los ancianos y a los hombres en edad de luchar. Os debemos la vida, llevaos todas las provisiones que queráis.

-No, con esto que tenemos está bien. -Y nos marchamos. ¡Ay los hombres!

 

He conocido hombres, nunca estuvieron a mi altura. Los despreciaba, los veía débiles, totalmente débiles.

He conocido hombres incluso hasta en el norte. Uno de ellos. un guerrero muy conocido, pero no me cortejó, su machismo hizo que me desafiara. Me costó vencerlo. Lo tendría que haber matado. Le corté la mano derecha justo donde empuñaba su arma, ahora quedaba indefenso para el resto. ¿Si fui mala? Me es indiferente. Él me provocó.

Otro dijo: "Los dioses te castigarán". ¡Ja, ja, ja, los dioses! Los dioses están conmigo, ¡yo soy hija de una diosa y de un mortal! ¡Mi nombre es Queena, la invencible, la mejor de todo Cimmer!

 


Sesión 22/10/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda (Wilder-El)

 

La entidad relata una vida en Sol III en la que llegó a ser reina de Egipto y de Palmira. Cuenta intrigas, guerras, victorias y fracasos.

 

Sesión en MP3 (3.102 KB)

 

Entidad: Nací como Septimia Bathzabbai Zainib, me conocieron como Zenobia de Palmira.

¿Quién dice que los antecedentes paternos o maternos son los que te hacen más grande? A veces depende de las propias acciones.

Sí, mi madre era una esclava egipcia, pero diréis "Tu padre era un rico mercader árabe". ¿De qué habláis?

Quedé huérfana muy joven. Además, hija de esclava ¡y encima mujer! ¡Ah! ¿Qué me esperaba?, ¡nada! Pero no, ese carácter indomable que tenía.

¿Qué la vida me favoreció? Sí, me favoreció porque era atractiva, de cabellos oscuros... Pero qué convulsivo que estaba mi interior, ¡qué convulsivo! Pero mientras ardía por dentro elucubrando que cosas podría hacer, por ello no dejaba de ser oportunista, para nada.

 

Era muy muy joven, muy muy joven, apenas trece años. ¡Je, je, je! Diréis "¡Pero eras una niña!". Una niña que pensaba, una niña que quería sobrevivir. Y cuando conocí al príncipe Odonato, de Palmira, le entré por los ojos. Diréis "¡Pero tú lo amabas!". ¡Ja, ja, ja, ja! Ay, ay, ay, ay... No era ingenua, trataba de sobrevivir. Y fui la segunda esposa de Odonato. ¡Ja, ja, ja, ja, ja!, de esclava, de hija de esclavas, a ser una soberana.

Y tuvimos un hijo, al que llamamos Vabalato.

 

El lugar en el que vivíamos era disputado por dos potencias: por Roma, por Persia. Cerca de Damasco. Roma nos miraba con codicia, veíamos entrar y salir, entrar y salir caravanas en medio de la ruta de la seda.

Mi interior era cambiante, por un lado me sentía desamparada, por el otro, poderosa. ¿Pero quién era yo?, ¿quién era?, ¿quién era?

 

Sí, adorábamos a Arsuz, a Azifu, las divinidades montadas sobre un camello y un caballo respectivamente, dioses que protegía las caravanas. ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¿Si yo era creyente? Yo creía en lo que tocaba. Yo creía en el poder. Yo creía en la riqueza, y Palmira era en ese momento la ciudad más rica del mundo. Me diréis "¡Claro!, ¿cómo no va a ser así siendo la capital del reino Nabateo?".

A veces mi esposo me preguntaba:

-¿Qué hacemos con la frontera oriental?

-Querido esposo, mantenla firme, haz que el cuerpo de arqueros practique, que sea reconocido por su prestigio.

 

Me preguntaréis "¿Y tú qué sabias?". ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¿Yo?, yo era mejor arquera que cualquiera de los arqueros. No me disgustéis. ¡No me disgustéis!

Además, la caballería pesada, los catafractos en aquella época llevando armaduras... Diréis "¡Imposible!". ¡Nada es imposible!, ¡nada es imposible!

 

Recuerdo cuando el emperador Galieno nos visitó, dio grandes donativos y a mi esposo lo nombró cónsul de Roma. ¡Ah! Había que tener cuidado con el rey Sapor, él comandaba a los sasánidas.

Le dije:

-¡Destrúyelos, destrúyelos!

 

Y Odonato me hizo caso, por lo cual el emperador Galieno le concedió el título de Gux romanorum. ¡Oh! Odonato lo que tenía es que era muy egoico y era fácil manejarlo.

-¡Tú eres rey, el más grande!

-Tienes razón, tienes razón, Zenobia, me nombraré a mí mismo rey de reyes. ¿Quien se cree que es el rey de los persas? -Y luego lo nombraron Vir Consularis-. ¡Mira, Palmira, soy corrector Dotis Orients, corre gente de Galieno!

-¡Claro, claro!

 

Pero no todo era sencillo. Su sobrino, Meonio, asesina a mi esposo. Me quedé muy mal, esposo e hijo heredero. ¡Por favor! Sentía una pérdida tremenda. En el fondo es como que me apoyaba también, en el fondo me apoyaba muchísimo, me apoyaba tanto tanto tanto...

Pero tenía que elucubrar. Sí, tenía que elucubrar, tenía que pensar, tenía que pensar y pensar y pensar. Vabalato va a ser emperador, apenas tenía un año de vida pero yo quedaba como regente reina de Palmira.

Hablé con los arqueros.

-¡Capturen a Meonio inmediatamente!

-¿Y qué haréis?

-¿Qué haré? Lo ofreceré como sacrificio a los dioses en memoria de mi esposo.

 

-¡Ah! Zenobia ama a los dioses, sí, ella entiende.

¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Ay mis queridos súbditos!, ¡qué ingenuos!

Pero no era tonta, era una gran administradora y era muy culta. Casio Longino, un gran filósofo conocedor de la retórica, me codeaba con él, estudiaba filosofía y retórica. ¿Entendéis lo que es la retorica? La retórica no la podéis comparar con la dialéctica, ¡pero no tenéis ni idea cómo sirve la retorica para convencer a otros! Muchos dirán "¡Ja, ja, ja, ja!, ¿retórica? La retorica son palabras huecas".

 

¡Claro, claro! ¡Pero yo me llevé al mundo por delante con la retorica! Lo primero que hice fue fortificar y embellecer la ciudad. Me encantaban las columnas dóricas, jónicas, pero principalmente las corintias, que fueron con las que embellecí una gran avenida. Me sentía fuerte, poderosa en una ciudad de más de ciento cincuenta mil habitantes, era prácticamente una fortaleza con murallas con una longitud de veintiún kilómetros.

 

Otra pérdida: Muere el emperador Galieno y lo reemplaza Claudio Gótico.

Claudio Gótico estaba en apuros haciendo frente a la invasión goda proveniente de las estepas del norte. ¡Ah! ¿Qué hice? Levanto el reino Nabateo, intento crear un amplio imperio en todo Oriente Medio, consigo el dominio de Anatolia, conquisto Siria, Palestina, El Líbano.

Mis súbditos me decían:

-Mi reina, ¿qué hacemos? -¡Ja, ja, ja! ¿Pero hace falta pensar? ¿Hace falta pensar?

-¡Mirad a Egipto, mirad a Egipto como nos desafía!

 

Y caímos sobre Egipto y me proclamé reina de Egipto. Se acuñaron monedas con mi esfinge. Toda el Asia Menor, Egipto, El Oriente Medio hasta el rio Éufrates, ¡todos me reconocían! ¡Ah! Pero llega el poder de Roma: Aureliano. Aureliano no me quería para nada, Aureliano no me quería para nada.

Dividí sus ejércitos, uno para Egipto, otro para Anatolia para rodearme, para rodear Palmira. Mis generales, Zabdas y Zabaii, admiraban cómo disparaba el arco, cómo montaba a caballo. Pero eso no bastaba, Aureliano me venció en Egipto. Me sentía dolorida. En Siria pierdo en la batalla de Emesa, me tuve que retirar a la ciudad. Tenía que preparar Palmira con víveres abundantes para resistir el asedio.

Tenía los mejores arqueros de todo Oriente, pero claro, los romanos consiguieron el apoyo de los jefes árabes, jefes que yo había despreciado, y Palmira cayó. Me sentí humillada, me sentí tremendamente humillada.

Tuve que huir con mi pequeño hijo, Vabalato.

¿A quién podía pedir ayuda sino al rey Persa, Chapur? Pero me detuvieron, me detuvieron en el río Éufrates. Los romanos me iban a matar. ¿Vosotros pensáis que le tenía miedo a la muerte? ¿Pensáis que le tenía miedo a la muerte? ¿De verdad pensáis eso? Yo desafiaba a todos.

 

Por alguna razón Aureliano me perdonó aduciendo que había prestado grandes servicios a Roma. Obviamente dejó una guarnición en la ciudad.

Pero me admiraban mis ciudadanos. Y entonces, ¿qué hice? De a poquito, en secreto, hablé con los arqueros, con los generales, me sublevé y maté a toda la guarnición romana. Estaba cegada. El movimiento que hice no fue bueno.

Los romanos volvieron, volvieron a conquistar la ciudad y la destruyeron. ¡La dejaron en ruinas! ¡Ay!

No me mataron, me llevaron a Roma atada, exhibida como una figura derrotada. Se burlaban. Me habían dejado mi diadema imperial y mis joyas.

Decían que llevaba pesadas cadenas de oro y diamantes... ¡No! ¡Ja, ja, ja! ¡Ay la historia, la historia!, ¡como si fuera tan fácil! Eran pesadas cadenas de hierro. Y es cierto que dos esclavos me ayudaban a sostenerlas porque no podía ni caminar. Vosotros pensaréis "El rostro de derrotada de Zenobia tratando de dar lástima". ¿De verdad pensáis eso? ¿De verdad pensáis eso? ¡Ay, ay, ay!

Es verdad que me enfrenté al emperador Aureliano, es verdad, pero a él le dije que lo respetaba, a él únicamente, no a Galieno, no a Aureolio, ¡los demás eran nada!, ¡los demás eran nada!, ¡nada, nada de nada, nada de nada!

Aureliano me volvió a perdonar, ¡je, je, je! Me dio una villa campestre. ¡Ay, ay, ay! ¿Pensaréis que tenía piedad por mí? No. Fue más que nada por política, no por piedad, no, no, no, no.

 

Algunos piensan que me volví a casar en la villa donde vivía. No, no. Es cierto que era muy culta, sabía hablar el árabe, el arameo, el griego, el copto.

Pensaban que yo adoraba al dios solar. ¡Ja, ja, ja! Yo adoraba el trascender, yo adoraba el trascender.

Tanto, tanto conversé con Pablo de Samósata, un gran teólogo, pero nunca estábamos de acuerdo, nunca estábamos de acuerdo, yo tenía una visión más arcaica quizá. No, no me interesaba el cristianismo romanizado. Quizá tampoco me interesaba el arrianismo; los visigodos eran arrios, yo no. Tal vez eso me sirvió y me fue útil porque la iglesia de roma consideraba herejes a los arrios.

 

Siempre me gustó vestir bien, siempre me gustó vivir bien, siempre me gustó trascender. Diréis "Te has quedado a mitad de camino, no has logrado nada". ¡Qué ingenuos! Por un tiempo fui la gran reina. Obviamente si no hubiera tenido en frente a Roma, ¡las cosas que hubiera logrado!, ¡las cosas que hubiera logrado!

La gente que he manipulado, aquellos que me adoraban yo los incentivaba más. Era inteligente, prefería que me adoren y no que me teman. No, no. Yo era amor para ellos pero en el fondo yo era cálculo, únicamente cálculo, y gracias a eso logré triunfar.

¿Pensáis que me perdonaron por piedad? ¡Si siempre fui despectiva! ¡Ingenuos!, fue todo por política.

 

Terminé viviendo una vida tranquila, una vida bastante tranquila hasta mis cincuenta y seis años. Ahí dejé la vida física.

 

Gracias por permitirme relatar esa vida.

 


Sesión 26/07/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda (Wilder-El)

 

En Gaela. Se casó de joven y más tarde heredó la fortuna de su marido. Había estudiado historia y trabajaba en una biblioteca. Le presentaron a alguien que le ayudaría en su trabajo.

 

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Entidad: Me encontraba caminando por la calle y ya había parado de llover. Presenté las credenciales y el portero me dejó entrar al club hípico, un club exclusivo. Me pedí un cóctel.

 

Los jóvenes me miraban. Se acercó un joven simpático, yo no tenía muchas ganas de hablar con nadie pero tampoco tenía que encerrarme como una ostra.

-Hola, ¿cómo estás?

-Pues bien.

-Por el acento vos no sos de acá.

-Pues no. Vosotros tenéis un acento que debe ser coloquial en Ciudad del Plata.

-Así es. -Me tendió la mano-. Mi nombre es Pocho. -Le tendí la mano, se la estreché firme.

-Mi nombre es Joana, Joana Torres.

-¡Je, je! Por el acento vos sos de Saeta.

-Pues sí, tú has acertado.

-Vaya. ¿Y cuánto hace que has venido?

-Ya seis años, vine a mis dieciocho.

-¿Y todavía no te acostumbras al acento coloquial de Plena?

-Pues me cuesta, pues me cuesta bastante.

-¿Qué haces?

-Soy empleada en una biblioteca.

-¿Empleada de una biblioteca? ¡Ah! Pero no eres de fortuna, ¿cómo has logrado ser socia del club hípico?

-Es una historia larga.

-No... no quiero ser comedido aunque muchas de mis amigas dicen que sí que lo soy.

-O sea, tú quieres, Pocho, que te cuente. -Pocho se encogió de hombros.

-Pues si me quieres decir no tengo problema.

-¡Je, je, je! Nací en el norte de Saeta -le expliqué-. Nunca conocí a mi padre y con mi madre no me llevaba bien, ella era fanática de la Orden del Rombo.

-¡Oh, te compadezco!

-Veo que aquí en Plena no sois muy adictos a la Orden del Rombo.

-No, la verdad que no. Los hay como en todos lados pero no, no, no como en Saeta.

-Pues me alegro, me alegro. Mi madre me ha causado infinidad de traumas con el tema de la Orden del Rombo, ¡los castigos divinos! Mira, soy amante de la historia -le expliqué a Pocho-. Tuve un profesor muy muy bueno, madre me puso un profesor particular incluso para profundizar en el tema histórico. Pero todo lo hacía para que yo aprenda a aceptar la Orden del Rombo, y el efecto que me produjo fue el contrario. Las inquisiciones, las muertes a lo largo de la historia de Gaela fue algo atroz para mí, y me causaba rechazo.

Pocho me preguntó:

-¿Y se lo decías a tu profesor?

-Pues mira, Arnau era un hombre grande, y si bien él conocía de pe a pa la historia de Plena y cómo se formó la Orden del Rombo, o bien la Orden de Amarís, él nunca fue fanático. Él creía en Axxón como un adalid del amor, y nada más.

-Bueno, nos hubiera caído bien aquí un profesor así. ¡Je, je, je! ¿Y qué pasó luego?

-Pues que el profesor empezó a sentir algo por mí.

-Vaya. Como decís vosotros, copiándome de tu estilo de hablar. ¡Je! ¿Te habrá molestado, te habrá incomodado?

-No, le empecé a sentir cariño.

-Claro. Pero Joana, cariño es una cosa y amor es otra.

-Él... Yo pienso que Arnau me amaba con todas sus fuerzas, pero adelante de madre me trataba con distancia, incluso hasta se mostraba severo cuando no entendía una lección. Y madre orgullosa.

            -Has visto que te elegí al mejor profesor. -Por dentro me reía.

            -Sí, madre, pero es muy severo.

            -Y así debe ser, Joana, así debe ser.

 

Y empezamos a vernos fuera de casa. Y fue él el que a mis dieciocho años me trajo a Plena.

-¿Él que edad tenía? -preguntó Pocho.

-Cincuenta y cinco.

-¡Cincuenta y cinco! Pero podría ser tu padre.

-Sí.

-¿Pero fueron amigos o más que amigos?

-Mira, Pocho, quizá tú eres demasiado ingenuo, pero empezamos a salir y yo prácticamente no soportaba más vivir en casa. Y él era de mucho dinero y compró una villa lejos de la ciudad.

-¡Compró una villa! Pero me dices que era un profesor de historia.

-Amaba la historia. No tenía necesidad de trabajar con el dinero que tenía, pero lo hacía porque amaba enseñar.

-¿Y entonces?

-Y entonces, Pocho, me fui a vivir con él a la villa. Finalmente vendió el estudio que tenía. Y bueno, madre obviamente me buscó. La fui a ver, le dije que me había ido con una amiga. Pensé que me iba a denunciar porque todavía era menor. Pero me dijo con desprecio:

            -¿Te crees que te voy a extrañar? Me haces un favor, Joana, que te vayas. Ahora, cuando esa familia, los padres de tu amiguita, te saquen a puntapiés no vuelvas por aquí. Coge tus cosas y vete.

            Solamente cogí algunos cuadernos, no llevé nada de mi ropa. Le dije: Regálasela a los pobres. -Arnau me había comprado de todo.

 

-Disculpa si mi pregunta sueña a ofensa.

-Sé claro -le pedí.

-¿Tú te fuiste con él por su dinero?

-¡Je, je! No, no me ofende, eres demasiado irrespetuoso, pero no, no me ofende. Tenía un gran afecto, como te dije antes.

-Pero no lo amabas.

-No.

-Y sin embargo vivían juntos.

-Sí, era práctico.

-Vaya. Vaya. Eras demasiado audaz. ¿Pero no sentías...

-Sé claro -pedí.

-Bueno es que me da pudor... ¿No sentías como rechazo?

-No, para nada, te dije que tenía un gran afecto.

-Yo también tengo afecto por muchas jóvenes y no significa...

-Pocho, no seas hipócrita, no es la primera vez que vengo y te he observado muchas veces y he visto como te miran. Con burla, como con desprecio. Estoy segura que te darían la mínima oportunidad y tú aunque no tengas ningún afecto, como decís en Plena, te tirarías de cabeza.

-Ahora me tendría que ofender yo. No soy tan fácil.

-Vamos, Pocho, te conozco.

Pocho me miró y me dijo:

-¿Sabes, Joana, que me caes bien? ¿Y sigues estando con él?

-No, falleció. Falleció joven, un ataque al corazón.

-¿Y te has quedado en la calle?

-No, para nada.

-Estoy perdido, explícate.

-Al año de vivir aquí, a mis diecinueve, nos casamos. Heredé su fortuna.

-Vaya. O sea, que eres una joven de veinticuatro con dinero. Y viuda. ¿Y por qué trabajas de bibliotecaria?

-Pues... No soportaría estar sin hacer nada. De todas maneras la biblioteca en la que trabajo es muy, cómo diríamos, muy pobre, tiene muy pocas cosas... ¿Qué te sucede Pocho?

-Ayer, y en parte hoy, tuve una tremenda mojadura, me agarré una tos tremenda.

-Nosotros decimos nos hemos cogido una tos tremenda.

-Bueno, pero nos entendemos.

-¿Qué me decías, Pocho?

-Que tengo quien puede ayudarte con el tema de la biblioteca. ¡Mira! -Me di vuelta: Un joven elegante, un traje bien cortado, camisa sport, sin corbata, fumando un pitillo. Miró con sus ojos serenos a todo el lugar, miró a las chicas que estaban en la punta, hizo un gesto como de desdén. Hasta que nos vio a nosotros.

Lo miró a Pocho y sonrió.

-¿Cómo estás, amigo? -Se abrazó con él-. Disculpa, le corresponde a Pocho presentarnos.

Pocho nos miró y dijo:

-Joana Torres, de Saeta, hace seis años que vive en Plena. Jorge Clayton. -Me estrechó la mano firme, con una pequeña sonrisa.

-Clayton... ¿Clayton? ¿Tú eres el Jorge Clayton que todos hablan? -Se encogió de hombros.

-Sí. ¿Puedo sentarme con ustedes? -Pocho me miró, asentí. Cogió una silla y se sentó. Le hizo una seña al mozo y pidió un combinado. Encendió otro pitillo y me ofreció.

-No, gracias, no fumo.

-Le estaba comentando -dijo Pocho-, a Joana que tú podrías ayudarla.

-Está bien. Coméntame.

-Bueno, trabajo en una biblioteca que es muy muy pobre, tiene muy pocos libros, queda en la avenida Cuarta.

-¡Ah! No es la biblioteca principal, la principal está en la avenida Quinta. Es la biblioteca nacional, que tiene varios pisos. La municipal es muy pobre, es cierto, pero tiene lugares bastante bastante vacíos. No tengo ningún problema en donar los libros que hagan falta, de geología, de historia, de música, de paleontología, de lo que desees. Haz una lista y en menos de una semana...

-Pero no es tan así, Clayton.

-No, no, dime Jorge.

-No es tan así, Jorge. Hacen falta estantes, hay estantes viejos que la madera está apolillada, libros que habría que encuadernar...

-Tengo quien lo haga. Incluso restauradores de libros. ¿Trabajas de eso?

-Sí.

-Muy bien, te felicito. Porque es un trabajo que no a todos el mundo le gusta.

Interrumpió Pocho:

-Jorge, ella es de fortuna. -Clayton lo miró, como diciendo "¿Pero qué me cuentas?,

-El hecho de que está aquí en el club hípico, salvo que sea por invitación, es porque tiene fortuna.

-¿No me preguntas por qué? -inquirí.

Clayton me miró y me dijo:

-Cuando quieras contarme me lo dices.

-Sí, ya me estuvo contando. -Se adelantó Pocho.

Clayton le hizo un gesto.

-Está bien, no voy a darle lata para que cuente todo de nuevo. ¿Qué edad tienes ahora?

-Veinticuatro -contesté-. Vine aquí a los dieciocho.

-¡Je, je! Todavía conservas el acento de Saeta.

-Vaya, todo el mundo me lo dice.

-Veo que te interesa lo que haces. -Me encogí de hombros.

-Ni hablar. No te conocía personalmente, Jorge, pero escuché hablar de tus obras, las fundaciones que has creado, los hospitales a los que has ayudado. Incluso has inaugurado nuevas alas en los hospitales, has modificado por completo a favor de los pacientes, la clínica Central.

-Vaya, sabes vida y obra mía.

-No, sé lo público no lo privado. Lo privado es algo que es tuyo. Al igual que cuando yo te cuente mi historia tú me contarás la tuya, si es que así lo quieres. -Clayton se encogió de hombros.

 

El camarero le trajo el combinado:

-¿Algo más, señor Clayton?

-No, está bien. Dejad, yo invito -dijo Clayton-. Jonás, esto va a mi cuenta.

-Bien, señor.

 

-¿Y tú Pocho, qué cuentas?

-Bueno, anoche y hoy a la mañana me mojé, estuve tosiendo permanentemente.

-Pocho, tú tienes coche, caminar bajo la lluvia es romántico si tienes pareja, pero caminar solo... Salvo que estés pasando por alguna situación que desconozco.

-Bueno, había una joven nueva, amiga de Cuca, y conversamos. Y pensé que me iba a prestar atención pero después dijo que yo no era su tipo de hombre.

Clayton lo miró a Pocho y le dijo:

-No has aprendido nada desde que nos conocemos, ¿eh?

-¿Por qué lo dices? -Pocho estaba como inquieto, como enojado.

-Porque sigues viviendo de la aprobación de los demás, permites que los demás cambien tu estado de ánimo.

-¿A ti no te lo han cambiado acaso?, ¿no te lo ha cambiado Ana María? -Clayton palideció.

-Eso es otra cosa. Directamente no han jugado conmigo, yo no permito que jueguen conmigo. Directamente hubo una confusión, una confusión que para mí es imperdonable.

-Disculpad que me meta en vuestra conversación -dije-, pero entiendo que nada es imperdonable, salvo que tengas ego.

-No, Joana -dijo Clayton-, el ego es de niños, lo que tengo es dignidad.

-¿Y cuál es la diferencia? -pregunté-. Clayton me miró.

-La diferencia es no dejar que jueguen contigo, que se abusen de ti o que te hagan daño verbal. Porque tú no se lo harías a los demás. ¿O sí?

-¡Por supuesto que no! -dije.

-Bueno, eso se llama dignidad.

-Entonces si te cuento mi vida capaz que piensas que no soy digna.

-No te anticipes a mis pensamientos, Joana -exclamó Clayton-. Si quieres repetir algo...

 

Le resumí la que le conté a Pocho. Lo mal que me llevaba con mi madre, que me fui a vivir con Arnau, mi profesor, que vinimos a Plena cuando yo tenía dieciocho y él cincuenta y cinco y que vivimos juntos a pesar de la diferencia de edad. Nos casamos, él falleció quedé viuda y heredé su fortuna.

-Pero el hecho de que una casi niña viviera con un hombre grande, muchos me pueden prejuzgar. ¿Y tú qué dices al respecto? -Clayton me miró con los ojos entrecerrados.

-¿Lo amabas?

-¡Je! A mi manera. Le tenía un gran afecto.

-¿Pero no te era indiferente?

-Nunca me fue indiferente, le tenía un enorme cariño. -Clayton se encogió de hombros.

-Entonces no veo nada censurable en ello.

-¿La diferencia de edad, no?

-No, ¿por qué?, ¿por qué habría de ser algo negativo? El cariño, el afecto no tiene edad.

-Bueno, me sorprende, Jorge, es la primera vez que alguien lo expresa de esa manera.

-Es que así debe ser. Lo que sí me parece raro que si tienes fortuna trabajes de bibliotecaria, podrías ayudar a hacer obras.

-Quizá no me dé...

-Bueno -Clayton continuó mi frase-, quizá no te des maña, como decimos en Plena, quizá no te des maña para hacer esas obras.

-Seguramente, quizá no sepa cómo empezar. Pero he ayudado a mucha gente que lo ha necesitado, conocidos del barrio... ¿Te has quedado pensando?

Clayton me miro y me dijo:

-Mira. A ver, tengo muchos amigos a los cuales he ayudado.

-¿Les has dado dinero?

-No.

-Pues eso es lo que yo he hecho. ¿Está mal?

-No, nada está mal. Te has brindado, y eso es bueno.

-Pero siento que no estás de acuerdo del todo. Explícame por qué.

-Bueno, a mis amigos les he dado trabajo. A algunos en informática...

-¿Informática?

-Bueno, en Plena, al igual que en Beta se está experimentando con ordenadores personales.

-¡Ordenadores personales, vaya! Por ser los años setenta estáis adelantados.

-Bueno, también he ayudado a amigos que aman las leyes en montarles un bufete. Como así en otras profesiones.

-Entiendo. Entiendo. El dinero lo pueden gastar, el trabajo los ayuda a ganarlo ese dinero. Ahora entendí. -Lo miré a Pocho y vi que miraba con admiración a Clayton.

Y no me callé, le dije: Tu amigo te admira.

-¡Je! -Clayton rió tristemente y dijo-: Me gustaría que Pocho aprendiera a admirarse él, aprendiera a aceptarse él.

-Jorge, Jorge, me los has dicho mil veces.

Hablé y dije:

-¿Acaso Jorge te parece latoso? -Pocho me miró.

-¿Qué es latoso? -Clayton lo miró a Pocho:

-Latoso significa algo parecido a molesto, pero peor.

-¡Je, je! No, no, Clayton es cualquier cosa menos latoso -dijo Pocho.

Jorge Clayton miró la hora y dijo:

-Me marcho. Déjame tú teléfono... No, no, está bien, tengo el teléfono de la biblioteca municipal. ¿Qué horario estás allí?

-No, no estoy tanto tiempo, estoy de nueve de la mañana al mediodía y después a desde las trece a las quince, dieciséis, más no.

-Bien. Tengo contactos. Porque no es cuestión de ir y llevar estantes, voy a hablar, solicitar los permisos, tengo contactos en la ciudad. Pero lo vamos a hacer.

-Cuento con eso.

Pocho agregó:

-No te vas a decepcionar, las promesas de Jorge Clayton es como si ya fueran hechos. -Me tendió la mano, se abrazó con Pocho y se marchó. Me di vuelta: un joven bien puesto.

Le pregunté a Pocho:

-¿No tiene pareja?

-La tuvo, pero es un caso muy delicado el suyo. Había una fiesta de cumpleaños de la que era su prometida y justo le había fallecido el padre, no tuvo tiempo de avisar, no tuvo tiempo de nada. Luego del entierro fue hasta la casa y la prometida en lugar de preguntar "¿Qué te sucedió?" le echó en cara lo informal que era, que le importaba más hacer obras que estar con ella. No lo dejó hablar, no lo dejó expresarse. Él dio media vuelta y se marchó. Me quedo sorprendida.

-¿Y la chica nunca no se enteró?

-Supongo que sí. Pero tiene ahora un lugar donde vive, que somos sólo muy pocos los que lo conocemos. Donde él vivía está la madre, pero bien atendida, bien cuidada.

-Un ejemplo de ser humano -exclamé.

-Así es.

 

Me quedé pensando, la biblioteca prosperaría gracias a Jorge Clayton.

 

Es todo, por ahora.