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Psicoauditación - Edgar Martínez

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión del 20/03/2020 Aerandor III, Tago

Sesión del 25/09/2020 Aldebarán IV, Aranet

Sesión del 18/01/2021 Aldebarán IV, Aranet

Sesión del 18/03/2021 Aldebarán IV, Aranet

Sesión del 05/05/2021 Aldebarán IV, Aranet

Sesión del 09/06/2021 Ran II, Alex

Sesión del 16/06/2021 Aldebarán IV, Aranet

Sesión del 03/08/2021 Ran II, Alex

Sesión del 25/08/2021 Aldebarán IV, Aranet

 


Sesión 20/03/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

Explica donde aprendió el arte de la espada. Vuelve al poblado donde les enseñó a defenderse a la gente del lugar, acompañado de la Orden Blanca.

Es el mismo poblado donde está empleada como maestra la señorita Triana. Y obviamente hay un encuentro entre ellos.

Sesión en MP3 (3.529 KB)

 

Entidad: Me estaba habituando a la compañía de Omén y de su oficial Radón. Es más, con Radón día a día practicábamos con la espada, era muy muy bueno. Le enseñaba a no ser tan impulsivo.

Omén me decía:

-Entiendo de que en cualquier momento te irás, ¡pero qué falta hace una persona como tú en la Orden Blanca!, sin desmerecer a mi primer oficial Radón.

Le respondí a Omén:

-Mira, pienso igual que vosotros, creo en la justicia, me molesta el abuso, la deshonestidad, pero lo único que me puede hacer perder el control es ver esas pandillas que asolan aldeas, que violan niñas y niños, que matan ancianos. Creo en lo mismo que vosotros.

Omén me miró y me dijo:

-El hecho de que hayas perdido a tus padres a manos de soldados no compensa que luego o durante ese hecho los hayas matado. Has perdido a tus padres y entiendo que eso no se olvida.

Lo miré a Omén y le dije:

-No, no se olvida. Tampoco uno se resigna, nos adaptamos a las circunstancias.

-Siempre cambias de tema -me dijo Omén-, cuando te pregunto cómo has aprendido el arte de la espada.

-¡Je! Cuando era muy pequeño siempre ayudé a mis padres, pero de pequeño me sentía libre en el sentido de que a veces me iba a un arroyo cercano. Me alejaba de casa desafiando los peligros, en todas las épocas han cogido niños para tenerlos como esclavos o para vejarlos, pero no me gustaban las cadenas mentales.

-No entiendo.

-Claro, cadenas mentales significa como que tú no puedes hacer esto, no puedes hacer aquello, no puedes hacer lo otro. No, siempre me sentí libre en ese sentido. Aclaro; mis padres me trataban con cariño con amor, me daban toda la libertad, y si me decían que tenga cuidado o que no me aleje era por mi seguridad, porque me amaban tanto como yo los amaba a ellos. Y una tarde me encontré con un hombre, un hombre que se llamaba Ramón, moreno, venía de más allá del desierto y vi que tenía una espada lustrosa y me acerqué temerariamente. El hombre me midió con su vista y se dio cuenta de que no era un niño tímido. Me preguntó si me gustaba su espada, asentí con la cabeza. Si mis padres hubieran visto la escena se hubieran jalado de los cabellos: Tago hablando con un extraño. El extraño podía raptarlo o vejarlo, matarlo, porque sí, porque se le ocurriera. Pero no; tenía en sus alforjas una espada más pequeña. Y me enseñó.

Omén dijo:

-O sea, ¿no has aprendido con espada de madera, como otros niños?

-No.

-¿Pero cuánto tiempo te enseñó?

-No, la historia no es así. El hombre iba, venía, iba venía. Nos encontrábamos en un lugar que se llamaba La Roca, y hasta mis quince años practiqué con él.

-¿Día tras día?

-No, a veces faltaba una temporada, se iba a otras regiones. Yo iba de tanto en tanto a La Roca a ver si lo veía, a veces aparecía. Y la última vez que lo vi fue a los quince años. Yo ya lo superaba en destreza, lo cual a Ramón le parecía algo imposible porque en su región nadie lo vencía. Me decía: "Tú eres una especie de brillante en bruto, una obra de aquel que está más allá de las estrellas. Tu destreza, tu instinto es tremendo". Pero aprendía a no ser presa del halago y eso me sirvió para esta vida que llevo. Nunca caí presa del halago, siempre estaba alerta.

-¿Y qué sucedió?

-No apareció más. Ya siendo un poco más grande me entere en un pueblo cercano que lo habían matado entre varios. Pudo liquidar unos cuantos pero lo mataron, o por venganza o para robarle. Sí sentí esa pérdida, sentí mucho esa pérdida. Y después practicaba a solas en secreto, ayudaba a mis padres. Mi amo era el silencio, porque el hablar te vuelve esclavo.

-Por eso eres tan callado -argumentó Omén.

-Sí. -Seguimos galopando.

Radón se acercó y me dijo:

-Espero que te quedes mucho tiempo con nosotros, por la zona está la banda del calavera, o de la calavera, un sujeto de pómulos salientes que asola y quema aldeas, mata ancianos y veja niñas.

-A una persona así -exclamé-, le separaría la cabeza del cuerpo con un sólo movimiento de espada.

Lo miré a Omén y le digo:

-¿Estamos yendo hasta donde yo pienso?

-Sí, sí, estamos yendo para el noreste.

-¡Vaya!

-Es más, hubo muchos hombres de mi gente que se han adelantado hasta el poblado a avisar que íbamos. Uno de ellos ha vuelto y dice que van a organizar una fiesta porque dicen que te conocen.

-Sí, sí, he estado en ese poblado, me trae buenos recuerdos.

-Cuéntame -pidió Omén.

-¡Ah! Los ayudé a luchar.

-¿Cómo?

-Estuve muchos días y los instruí, les di lecciones básicas con la espada, lucha cuerpo a cuerpo para que se puedan defender, y los recuerdo con mucho afecto. Hay un hombre muy grande que mide más de dos metros, que pesa como ciento cuarenta kilos, se llama Sam y lo he vencido, ¡je, je, je! Pero me tomó mucho efecto y yo le tengo un cariño tremendo, es una persona sencilla no simple, no básica sino sencilla. Una persona capaz de abrazarte y hasta quebrarte las costillas con afecto. Leal, jamás te traicionaría. Lo mismo Juan, que fue al que encontré primero, que fue el que me llevó al poblado.

-¿Y aprendieron bien?

-No, no, Omén, no son como tus hombres, pero a estos que asolan aldeas, a estos guerreros depredadores así como buitres, rastreros, sí los pueden enfrentar. No a gente bien entrenada pero tampoco podía hacer milagros en tan poco tiempo. Además, es lo que hay.

-No entiendo.

-Claro; el arte de la espada tiene que ver con la constancia pero también tiene que ver con tu lucidez, con tus reflejos, con tu frialdad, con no enojarte cuando peleas, con estar alerta, tu vista en ese momento tiene que tener 360º.

-¿Cómo lo logras?

-Es una cuestión de práctica y seguramente que viene con uno. Y a eso me refiero, viene con uno, y no de todo el mundo puedes sacar esa templanza, esa lucidez, pero bastante he hecho.

 

Finalmente ese atardecer llegamos al poblado. Me sentí emocionado, honestamente no soy de emocionarme porque he pasado por tanto en la vida, pero había una doble fila en la calle principal del poblado, un poblado pequeño pero mucho más grande que las aldeas que estaban en los alrededores. Para el que recién conocía ese poblado le parecía muy grande, yo he conocido otros mucho más grandes, pero ese poblado tenía calidez.

Desmonté. Juan vino a mi encuentro.

-¡Tago! Esta noche haremos una fiesta, beberemos, comeremos, hemos preparado varios corderos. -Le presenté a Omén y a su oficial Radón.

-Es un honor tener aquí la Orden Blanca. Quisiera que ahora viniera la gente de la calavera a ver si se atreven.

-No, no los llames -pedí-, porque a veces el destino es tan cruel que nos vamos y después aparecen. Y si bien estáis entrenados..., es muy difícil. -Juan se rascaba la nuca, no entendía muy bien mis palabras.

Y apareció el gigante. Me abrazó que casi me dejó sin aire.

-Maestro...

-No, Tago. ¡Qué maestro? -El grandote Sam.

-Te extrañábamos.

-Yo también a vosotros.

-Vamos a hacer un pulso para mostrarles a todos cómo eres de fuerte.

-No, vengo cansado de estar a caballo, no. Quiero comer algo, beber algo, ¡je! Mañana en todo caso podemos hacer un pulso, ahora no, no.

Juan me dijo:

-¿Sabes qué tenemos maestra nueva? La señora Elisa falleció y ahora tenemos una joven, los chicos están encantados.

-Bien.

-Le dije que venga a la fiesta. Dice que no sabe.

-¿Cómo se llama?

-La señorita Triana.

-Triana... Conocí una joven, Triana.

 

Nos hospedamos. La mayoría de los hombres de la Orden Blanca acamparon en una esquina del poblado. Yo me alojé en una posada, me cambié de ropa previo darme una baño en una tina ¡Ah! Después de tanto galopar me cambié de ropa. El posadero me dijo:

-Por cinco monedas de cobre mañana tienes la ropa limpia, tengo quien lo haga.  -Le di las monedas y le agradecí.

 

Y fuimos al salón principal. Lo habían remodelado, le habían agregado mesas, bancos, cabía bastante bastante gente. Había músicos que tocaban un instrumento de cuerdas, había quienes cantaban mientras bebíamos. No quería una bebida blanca fuerte, no, no, no; prefería una bebida a base de malta, más suave y que me quitaba mucho más la sed. Y allí en la puerta de entrada apareció ella. La miré y me miró. Desvió la vista, seguí mirándola. Me miró de nuevo y se acercó.

-¡Qué sorpresa!

-Señorita Triana...

-Por favor, Tago, no me digas señorita, dime directamente Triana.

-No tengo esa confianza, señorita -Me tomó de la mano-. Sabía que venía, nos avisaron.

-Por favor, trátame de tú. Me fui, me alejé de mis padres. Conseguí un empleo, nadie sabe que soy noble. Además, ¿qué es la nobleza?, un título,  ¿y qué es un título?, nada. Puedes coger igual una enfermedad, puedes morirte mañana. ¿Qué separa un rey de un labrador?

-Bueno, el rey todos los días come aves y el labrador a veces come césped. ¡Je! Pero sí es cierto, es cierto, Triana, ambos pueden morir, pero es más fácil que muera el labrador.

-No es tan así, Tago -argumentó ella-, a los reyes también los traicionan, les clavan un puñal en la espalda quizá sus propios hijos para heredar el trono.

Se acercó Omén.

-Con respeto... ¿Me presentas a la señorita?

-La señorita Triana. Omén, el jefe de la Orden Blanca.

-Un gusto -dijo Triana.

Omén me miró y exclamó:

-Me está llamando Radón, me quiere comentar algo. -Y me guiñó el ojo. Quedamos solos en la mesa.

-¿Sabes bailar? -Fruncí el ceño.

-¿Perdón?

-Si sabes bailar...

-No, nunca he bailado en mi vida, me parece que es algo... no sé... absurdo, una pérdida de tiempo.

-¿Por qué? ¿Nunca has bailado con una mujer?

-No. -Me tomó de la mano y tiró de ella, la sujeté y tiré yo de ella.

-No, no, quedémonos sentados.

-No, por favor... -Me pidió.

 

A duras penas me paré. Nunca temí hacer el ridículo porque no precisaba de la aprobación de los demás, pero honestamente, era tan bueno con la espada que igual de malo para bailar. Pero me animé. Estaban tocando una música rápida y era casi un salto tras otro lo que había que hacer, en ronda. Luego nos cogíamos del brazo y girábamos, luego nos tomábamos de la mano y nos volvíamos a girar. Sería por reflejo o por instinto o vaya a saber por qué, pero a la tercera canción ya casi me sabía los pasos.

Pero le dije a Triana:

-Sentémonos, en realidad tengo hambre. Pidamos algo de comer.

Me miró y dijo:

-¿Ves que no era tan difícil?

-¿De verdad eres maestra?

-Sí, sí. Es una nueva vida, no soportaba estar... No quiero recordar esa escena porque me hace mal, y menos hablándolo contigo, que eres la persona que estaba ahí. Lo lamento tanto...

-Basta, no hace falta que me expliques nada, Triana. Es la primera vez que hablamos tanto y es como que sé quién eres. Quien eres en el buen sentido. Se puede heredar un color de piel, de ojos, de cabello, pero el interior no se hereda. Sé que no tienes nada que ver con tu madre en forma de ser. Con respeto lo digo, Triana.

-Lo acepto, porque pienso de la misma manera. ¿Te quedarás? -Me encogí de hombros.

-Ahora estoy con la Orden Blanca, pero me gusta ser libre, no quiero formar parte de algo.

-Pero algún día formarás pareja.

-Aún soy joven.

-Eres raro.

La miré.

-¿Por qué?

-Eres distinto; eres educado, pero no eres galante.

-¿Es un defecto?

-No, no, no; algunos son galantes en función de obtener algo, el afecto de una joven o algo más. Tú eres cortés, pero evitas el halago.

-Sí, no me interesa halagar a nadie. Ahora, si tengo que describirte físicamente, eres la mujer más bella que conozco.

-¿Pero no era que no te gustaba hacer halagos?

-Es que no es un halago. De repente afuera llueve y te diré está lloviendo, de repente se apaga la vela y te digo quedamos a oscuras. Nada más estoy diciendo algo.

 

Comimos.

La joven me dijo:

-Me retiro, mañana me tengo que levantar temprano para educar a los niños.

-Te acompaño hasta donde vives.

-No, no te molestes.

-Te acompaños hasta dónde vives, si bien el poblado está tranquilo. Pero en este caso sí, mi cortesía va más allá. -La acompañé hasta su vivienda. Me cogió de la nuca y me dio un beso en la mejilla.

-Hasta mañana. -No respondí.

 

Esperé a que cerrara la puerta y me toqué la mejilla, sentía sus labios cálidos y húmedos en mi piel. Me volví otra vez al salón, bebí otra copa grande más de la bebida con malta.

Y esa noche, entre sueños, me quedé pensando en Triana.

 

Gracias.

 


 

Sesión 25/09/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

Regresaba al castillo de Anán con su felino. Pero un viaje en Umbro no es nada aburrido, y menos para quién sabe emplear la espada.

Sesión en MP3 (3.148 KB)

 

Entidad: Por un lado mi mente era un torbellino pero por el otro tenía una calma como si fuera una tarde serena, habían sucedido tantas cosas...

 

Finalmente regresamos y nos enteramos de que Zizer había muerto. Había ayudado para ello el hijo de Fondalar y Burden, que terminó con su vida. Pero luego nos enteramos de que Jordi había utilizado hongos especiales, similares a los que usaban los retornados para potenciar sus poderes mentales, y eso le fue deteriorando su mente y acabó con su vida.

No tuve tiempo de sentirme triste, no tuve tiempo de elaborar el duelo del hijo de mi amigo porque aprovechando nuestra ausencia, Orlok, en quien yo confiaba tanto y sus bárbaros redujeron a los pocos soldados y se apoderaron del castillo de Anán llevándose a mi amigo, a su esposa y a la criatura. Me sentí aliviado de la tarea meritoria y valiente que desarrollaron Émeris y Núria rescatando a mi amigo, a su esposa y a la criatura.

 

Núria estaba molesta, varias veces le había dicho a Émeris:

-Cuando estaban sin sentido podía haber degollado a todos.

Y Émeris le respondió:

-No, no es así como se hacen las cosas. -No dije nada, ni siquiera cuando me marché.

 

Tomé una mulena, le puse alforjas y la llevaba atada a mi muñeca izquierda, y yo montado en el bagueón. Partí en silencio en busca de Orlok.

El bagueón no quería ir al paso quería ir más rápido, olfateaba el aire.

-Koreón, has comido hace poco, cállate. -Gruñía, pero con un gruñido que yo conocía, nadie más que yo, un gruñido amistoso.

Nos fuimos alejando. La mulena tranquila, el bagueón varias veces había estado cerca de ella y no le prestaba atención. Con una sola vez que le dije:

-Este animal -Mirándole a los ojos-, no es para comer. Yo te diré qué y yo te diré cuándo. -Gruñía mi Koreón y se echaba. Le daba una pata grande con carne de algún cordero y la masticaba, mirándome, gruñendo. Era el único que lo podía tocar mientras la bestia comía.

Yo tenía un oído finísimo pero por la noche dormía tranquilo, sabía que si alguien se acercaba o alguna bestia, el bagueón inmediatamente gruñiría, aunque le había enseñado a no gruñir incluso, para no espantar a la presa en el caso de que buscáramos alguna, pero dormimos tranquilos. A la mañana desaté a la mulena del árbol que la había puesto y cogí la rienda con mi mano izquierda y monté al bagueón.

 

Se sintieron gruñidos, aullidos y vimos que a unas sesenta, ochenta líneas de distancia un dingo marrón, un perro salvaje de las estepas que por alguna razón estaba en esta zona, lejos de su región, atacaba a una hembra cérvido matándola. Hiere en una pata a su cría, el dingo estaba cebado.

Desmonté espada en mano, siempre sosteniendo la mulena para que no se espante. El dingo saltó con una agilidad tremenda. Actuamos los dos a la vez: mi Koreón levantó su garra derecha y le abrió el vientre, al mismo tiempo con mi espada haciendo movimientos con mi brazo le corté la cabeza. El dingo cayó muerto.

El bagueón me miró, gruñendo.

-No, déjalo para las bestias menores. ¿Quieres comer? Ahí tienes una hembra cérvido.

Y miré al pequeño venado, tenía la pata lastimada. Me acerqué despacio, no había perdido sangre. Cogí de las alforjas de la mulena una venda y le vendé la pata trasera, pero no se podía sostener en pié, era una cría muy pequeña. Lo até al lomo de la mulena las patas traseras y del otro lado las patas delanteras bajo el vientre de la mulena.

 

Hablaba con mi Koreón. Hablaba con mi Koreón como si me entendiera y le dije:

-Lo llevamos. -El Koreón se alimentaba con los restos del cérvido, yo también.

 

Prendí un muy pequeño fuego, cociné una parte y comí. La mulena comió un poco de hierbas. Le ofrecí con mi mano un poco de hierbas al venado y no quiso. Pensé quizá muera, pero si lo dejaba lo iban a matar otras bestias.

Descansamos poco tiempo y seguimos viaje.

 De acuerdo a lo que habían comentado Émeris y Núria estábamos cerca de la región donde habían visto a Orlok, pero era imposible que estuvieran ahí, a la isla imposible que fueran, ya había enviado mi amigo el rey para que avisen de que Orlok era un traidor. Seguramente irían más para el sur.

Pero no estaba apresurado y de verdad que mi mente estaba en calma, no podía permitirme la venganza, eso me hubiera obnubilado la mente. ¿Entonces qué hice?, agucé los oídos: nada.

Seguimos avanzando. De tanto en tanto el bagueón gruñía.

-Basta, Koreón, solamente si escuchas algo. No gruñas porque sí. -El bagueón se daba vuelta y me miraba a los ojos-. ¡Qué!, presta atención al frente. -Gruñía y seguía avanzando, olfateaba al venado-. No, no, has comido bien. No. Si más adelante tienes hambre cazaremos algo.

 

De repente mi Koreón se paró, olfateó. Agucé mis oídos. Sí, hacia el oeste se escuchaban voces.

-Koreón, vamos a dejar a la mulena atada con el venado encima. Sígueme. -Al fin y al cabo el bagueón era un felino, seguramente hacía más ruido yo, por más que me desplace sutilmente, que el enorme felino.

 

Avanzamos. Entre los árboles vimos como unos cuarenta hombres, algunos cargaban maderos, otros bebían, eran muchos. Aunque los atacáramos con mi Koreón no hubiéramos podido contra todos. Entiendo que el Koreón en segundos hubiera dado cuenta de varios, pero los que estaban más alejados le hubieran disparado flechas hasta herirlo mortalmente. No tenía sentido arriesgar.

No esperé la noche. Algunos tranquilos se alejaban en el bosque a hacer sus necesidades, yo estaba por arriba de los árboles, caía sobre ellos y con mi puñal los degollaba, fui matando varios. Pensaréis "¿Por qué no les dio oportunidad de luchar?" porque hubieran gritado y en instantes hubieran estado todos alerta. ¿Acaso no estaba haciendo lo mismo que decía Núria de matarlos indefensos? No, yo no lo sentía así, yo no lo sentía así. ¿A quién le tenía que rendir cuentas, a aquel que está más allá de las estrellas?, se las rendiré. Pero estaba decidido.

Algunos cayeron bajo la garra del Koreón, que no emitió ni un solo gruñido. Yo le había enseñado al Koreón a no mostrarse, a atacar de sorpresa, porque aunque estuviera a dos o tres líneas el hombre hubiera gritado. El Koreón era inmenso para esconderse detrás de un árbol, pero es como que tenía ese poder de camuflarse, de estar agazapado y de repente con un solo zarpazo mataba a cualquier humano.

 

No había llegado la noche y sólo quedaban cinco hombres, y lo reconocí a Orlok entre ellos.

-Déjamelos a mí -gruñó el bagueón.

-No, déjamelos a mí.

Me acerqué, me vieron:

-¡Aranet!

-Orlok. Sabes a qué vengo.

-¿Con quién vienes?

-Solo, no preciso a nadie.

-Mis hombres están en el bosque. -Se puso a gritar, a llamarlos.

-No vendrá más nadie, con mi bagueón los matamos a todos. -Lo miró espantado al bagueón-. Tranquilo, le dije que no intervenga.

Lanzó una risotada:

-Al fin al cabo somos cinco.

-Perfecto, así no tengo que medirme. -Dos me atacaron de sorpresa. O ellos creían eso: en segundos los liquidé. Quedaban tres.

-¿Y ahora?

-Envío a los otros dos. -Uno alcanzó tocarme muy levemente con su espada en mi brazo izquierdo antes de que le cercenara el cuello. Al segundo le atravesé la espada en su corazón. Quedó Orlok.

-Has tomado el castillo del rey, has tenido ese coraje.

-No quiero pelear.

-Es tu problema. Saca tu espada.

-No quiero pelear, te respeto.

-¿Y te piensas que porque no sacas tu espada no te voy a matar? Por lo menos si la sacas tienes una oportunidad. ¡Vamos! -Reactivamente sacó su espada y se lanzó contra mí. Solamente adelanté el brazo: se incrustó mi espada contra su pecho, sus ojos iban perdiendo la vida-. Eso es lo que hace la ambición, mata. -No sé si escuchó mis últimas palabras.

 

Limpié con sus ropas mi espada y la guardé.

El Koreón gruñó, mirando los cadáveres.

-No, seres humanos no, no.

Me gruñó desafiante.

-No, Koreón, seres humanos no. -En ese momento pasó un cérvido. Cogí de mi espalda una flecha, tenía mi arco y le disparé: un solo disparo y el cérvido, muerto.

-Ahí tienes para comer, yo también voy a comer algo -le dije al Koreón-. No voy a enterrar los cadáveres, hay muchas bestias pequeñas y aves carroñeras que se encargaran de ellos. -Como dije antes, le hablaba como si me entendiera. Y quizá me entendía, a su manera me entendía. Nunca le iba a dejar que comiera un ser humano, ni vivo ni muerto, no podía permitir que se acostumbrara a eso. Si bien me obedecía en todo no siempre estaba con él. Humanos, no.

 

Ya había fuego prendido, comí bastante del cérvido. A un costado del camino había dos bolsos, el botín que se habían llevado del castillo. Que me disculpe la mulena pero iremos despacio, pero va a tener que cargar más peso.

Cogí un pedazo de hierbas, me acerqué al pequeño venado. Atado y todo comió. Y volvimos al paso hacia el castillo.

 

En ningún instante, en ningún instante había perdido la calma.

El bagueón gruñía.

-Ya está, ya está, Koreón. Ya está, no hay más. Quédate tranquilo. Logramos el cometido.

 

Si preguntáis cómo me sentí, ¿más aliviado?, ¿mejor? No. No lo busqué a Orlok para vengarme, lo busqué para hacer justicia. Fueron tontos, podían estar a varios amaneceres de distancia pero se fueron quedando confiados, bebiendo, contando anécdotas estúpidas y me dio tiempo para que los alcance. Y eso que no fui apurado, fui con calma, tranquilo.

 

Miraba a la mulena y tenía paso firme. Había elegido una mulena fuerte, cargaba las dos bolsas, las alforjas y el pequeño venado. Y seguimos rumbo al castillo.

 

Gracias por escucharme.

 


 

Sesión 18/01/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

 

La batalla contra el Regente era inminente y en el castillo reinaba la tensión. Estaban todos organizados, unos para defender y otros para atacar. Pero dentro del castillo tampoco iba todo bien.

Sesión en MP3 (3.851 KB)

 

Entidad: Ligor ya se encontraba recuperado, por lo menos físicamente, pero estaba encerrado en su habitación.

Le dije a Fondalar:

-Quiero hablar unos instantes con Ligor.

-Iba a hablar yo pero lo dejo en tus manos, Aranet. -Asentí con la cabeza.

Subí de dos en dos los escalones. Entré sin golpear. Estaba en la oscuridad, corrí las cortinas y dejé entrar la claridad.

-Ligor... -Abrió los ojos, estaba recostado-. ¿Quieres bajar a tomar una copa de algún licor?

-No.

-¿Qué está pasando contigo?

-Nada.

-Ligor, ¿qué está pasando contigo?

-Qué quieres que te diga, ¿que no me siento bien, que estoy vulnerable?

-Ligor, no es la primera vez que estuviste al borde de la muerte.

Me miró a los ojos y me dijo:

-Yo sé que tú estuviste tres veces al borde de la muerte. Pero tenía todos mis órganos comprometidos, vino ese gnomo, y si no hubiera venido no estaría vivo, ni siquiera Fondalar pudo sanarme con los extractos de plantas.

Lo miré y le dije:

-Ligor, el que hubiera pasado no tiene ningún sentido, es pasado. Lo que importa es el hoy, el presente.

-Es fácil razonarlo -me respondió Ligor-, pero es como me siento, vulnerable.

-Te necesitamos, se avecina una batalla. Al fin y al cabo sabes manejar la espada tan bien como yo, y puedes lanzar descargas eléctricas. No tenemos tiempo, sino hasta podrías haber ido a buscar unos dracons, que ayudaron bastante contra Andahazi.

-Siento como una especie de pánico a la luz, por eso cerré las cortinas de paño. -Lo miré.

-¿Ni siquiera vas a bajar a la cocina a tomar una copa?

-No. Una de las ayudantes de cocina me trae la comida aquí.

-Los episodios pasan.

-No me siento seguro, Aranet, no me siento seguro. -Quise hacerle una broma pero no hubiera dado resultado.

-Tengo que organizar cosas -le respondí-. Deja la cortina abierta, pero no es mi deseo que te quedes así, inactivo.

-No es mi deseo tampoco -me respondió Ligor-, pero hay algo dentro mío que no me permite salir de esta habitación.

Lo miré y le dije:

-Nos vemos luego. -Bajé las escaleras.

 

Lo busqué a Fondalar y le conté:

-Qué hacemos, es una espada menos. -Fondalar me miró.

-Podría borrarle los últimos recuerdos.

-¡Hazlo! -le pedí.

-No, la idea es que los confronte, la idea es que los supere, porque no le estaría haciendo un bien.

-Fondalar, lo necesitamos. Es uno más y es bueno, es un buen guerrero.

-Aranet, le puedo borrar los recuerdos desde antes de que esa joven lo apuñalara varias veces a traición, pero él lo tiene que confrontar, aunque nos quedemos sin una espada.

 

Los vigías dieron la alarma.

-Fondalar, ya tendríamos que estar yo con los bárbaros. Tú o aquí o con los elfos.

 

Pero no eran las tropas del regente, eran dos personas, una mujer y un elfo.

Abrieron el portón pequeño, desmontaron. La joven saludó. Melisa, la hermana de Randora. Comentó que Randora estuvo a punto de matarla y que la salvó el elfo blanco que la acompañaba, se llamaba Fayden.

 

En ese momento se acercó Elefa. Lo miró a Fayden, Fayden le devolvió la mirada.

-Sé quién eres -dijo Elefa. -Elfo blanco sonrió.

-Sé quién eres tú también.

Pregunté:

-¿Se conocen?

-No -dijo el elfo. Me estrechó la mano, Fayden, una mano fuerte y potente como la mía.

-Aranet, ¿no se conocen?

-No, pero con sólo verla sé quién es: Elefa. Nunca vencida con la espada. La miré a Elefa.

-¿Y tú cómo sabes quién es?

-Porque hay muy pocos elfos blancos. Y veo su cuerpo, sus manos, cómo aparta su espada. Es Fayden, jamás vencido con una espada.

-¡Vaya! -exclamé. Lo miré a Fayden-. ¿Cómo es que están aquí?

Habló Melisa:

-Había conseguido un trabajo de maestra en el poblado Insua, pero escuché rumores de que iban a atacar el castillo del rey Anán. El mismo Fayden me dijo: "Podemos dar una mano".

Sonreí y dije:

-Bienvenidos sean. ¿Qué tal manejas la espada, Melisa?

-He aprendido bastante, he aprendido mucho. Obviamente no estoy a la altura de Elefa o de Fayden, lo que le vi hacer a Fayden con su espada es algo que contaré luego de comer algo, pero me ha sorprendido lo bueno que es. Imaginaros lo mejor y es más todavía.

-¡Vaya! Me alegro, va a ser útil contra las tropas del regente.

-Con gusto -dijo Fayden.

 

Por la tarde dio la voz de alerta el vigía, ahora sí se acercaban las tropas. Llegaba la hora de la batalla. Subimos con Fondalar a la torre.

Me dijo:

-No son, no son las tropas del regente, pero son muchos. -Al lado nuestro subieron Figaret y Edmundo.

-¡Son los blancos! -Lo miré a Edmundo.

-Los blancos, los que os ayudaron con los lomantes. Querían despojarlos a los lomantes de sus tierras y los ayudaron, son buena gente entonces.

-Sí, pero su jefe, Undret, tiene muy mal genio, no sé cómo lo convencieron de venir.

Habló Figaret:

-Lo envía Bardol.

-¿Quién es Bardol?

-Alguien que a veces, en los bares, cuando toco la mandolina él toca una pandera o a veces una flauta para divertir a la gente, y nos ganamos una buena propina. -Sonreí.

-Mira que tienes maña, Figaret. Y Bardol, ¿qué tal es?

-Bardol... qué puedo decir de Bardol, es un personaje secundario.

-Qué raro -le dije-, que Undret, el jefe de los blancos, teniendo ese mal genio le haya hecho caso.

-Por mí -dijo Figaret-, porque sabe que si lo llamo es algo importante.

 

Abrieron el portón grande y pasó la tropa. Nos saludamos con Undret, era casi tan alto como yo. Lo miró a Fayden.

-Serías de los nuestros si no fuera por tus orejas.

-Si es un elogio te lo agradezco -dijo Fayden.

-Vi a los costados, donde estaban las rocas, unos bárbaros agazapados.

-Qué raro, siempre están bien camuflados.

-Y también en el bosque vi unos elfos.

Elefa dijo:

-Los dejaron pasar porque habrán percibido de que no tenían nada que ver con el regente.

-No es solamente por eso. Íbamos al paso, al paso rápido con los hoyumans, las armas enfundadas. Es sumar uno más uno, dos. Se dieron cuenta que veníamos en apoyo. ¿Sois bastantes soldados?

-Bastantes.

-¿A los bárbaros quién los manda?

-Yo -exclamé-. Y Elefa -la señalé-, ella es la que manda a los elfos. -Undret la miró a Elefa.

-Sé quién eres, eres muy conocida más al norte, una excelente espada. -Y lo miró a Fayden-. Creo haber oído de ti, el defensor de las aldeas. Bien. ¿Somos suficientes?

-Aún no. ¿Cuántos hombres has traído?

-Casi quinientos.

-Quinientos blancos. Todavía la tropa del regente nos supera en número. -Undret me miró.

-En número puede ser, pero yo conozco a los míos.

-Y yo a mis bárbaros -repliqué.

-Y yo a mis elfos -dijo Elefa.

-¿Los soldados a quién responden?

-A mí. -En ese momento se acercó el rey Anán, estrechó la mano de Undret, saludó a Fayden y se abrazó con Melisa-. Me alegra que estés bien -le dijo a Melisa.

Melisa le dijo a Anán:

-Mi rey... ¿Cómo estás tú?

-¡Ah! Quisiera estar mejor. -Todos nos asombramos con esa frase.

Fondalar preguntó:

-¿Qué pasó?

-El bebé aún es bebé.

-No va a correr riesgos -dijo Fondalar-, el castillo está bien protegido.

-No, no me refiero a eso.

-¿A qué te refieres?

-Marya, está embarazada de nuevo.

-¿Y está bien?

-No, está con muchos dolores.

-¿Qué vas a hacer?

-Ya le avisé a Núria y a Émeris, que la vean.

 

En ese momento apareció Olafo.

Undret dijo:

-Un gnomo. ¿Qué hace aquí?

-Soy un alquimista. Yo le salvé la vida a un guerrero, uno que se llama Ligor. -Undret frunció el ceño.

-¿Está Ligor?

-¿Lo conoces? -pregunté.

-Sí, es uno que monta dracons, conocido en varias comarcas.

Fayden dijo:

-No tuve el gusto de conocerlo, espero conocerlo ahora.

Hablé:

-Fue herido a traición y está en reposo, por ahora dejemos que descanse. Tenemos un par de cabras que hemos matado, así que si no tenéis problemas en compartir comida con la tropa de soldados... Así tus blancos pueden comer.

-Mientras haya bebida -dijo Undret-, no hay problema.

-De todos modos estaremos atentos. En cada torre hay dos vigías, por si uno se distrae. Y tenemos ocho torres, tenemos todo cubierto.

Undret dijo:

-Está bien lo que han ideado de dejar camuflados elfos en el bosque y del otro lado los bárbaros en las rocas, quizá los pudimos ver porque al ver que éramos pacíficos y que marchábamos a paso lento no tuvieron necesidad de esconderse bien. Vayan a comer. -Asintieron con la cabeza

 

Anán se iba para su cuarto.

-¡Ven, ven, ven, ven!

-¿Qué pasa, Aranet?

-Déjate de tonterías, ¿qué pasó?

-Perdió un poco de... perdió un poco de sangre, tengo miedo de que pierda la criatura, tengo miedo de que le pase algo a ella.

Lo tomé de los hombros.

-Mira, yo sé que aquí eres el rey, pero somos amigos de mucho tiempo, desde Krakoa, desde antes de que fueras rey, desde que eras Gualterio. Ocúpate de Marya. Habla con Émeris, habla con Núria. Si mi esposa también te puede ser útil, bienvenida sea. Nosotros nos ocuparemos de los soldados, nosotros nos ocuparemos de los rebeldes. No puedes tener la mente en dos lados, nadie podría. Ocúpate de lo importante.

Mi amigo, el rey, me miró y me dijo:

-Aranet, todo es importante, va a haber muertes a centenares. Y me siento agradecido por Figaret, que ha mandado a Bardol a traer a Undret y los blancos, a Elefa, a ti mismo con tus bárbaros. Estoy agradecido a todos. Me siento como frenado, no sé para donde ir, qué hacer.

Lo sacudí por los hombros y le dije:

-Ocúpate de tu esposa. ¡Olafo! -El gnomo se acercó-. Con cautela y con sutileza pregúntales a las damas arriba si tú puedes ser útil en algo.

-¿Qué pasó?

-La reina está embarazada y tuvo una pequeña pérdida. ¿Entre tus frascos tienes algo para eso?

-Tengo que fijarme.

-Hazlo pronto, por favor. Por la tarde te daré un pequeño barril de jugo de parra, pero ocúpate primero de eso. Ve arriba Gualterio, ve arriba. ¿Dónde está tu hijo?

-Creo que se había ido con los bárbaros.

-Está bien. Mira, voy a organizar con Fondalar cómo va a ser la cosa: Undret y los blancos quedarán adentro en el castillo con los soldados. Fondalar seguramente irá con Elefa y con Ezeven. Yo iré con los bárbaros. Figaret y Edmundo vendrán conmigo. Melisa puede ayudar también aquí en el castillo. ¿Fayden?

-Iré con vosotros. Contigo y con los bárbaros.

-Pensé que irías con los elfos.

-No, ya habrá tiempo. -Elefa lo miró-. Ya habrá tiempo de conocernos. Ahora ocupémonos de lo importante. -Mi amigo el rey marchó a los aposentos de su esposa, la dama Marya.

 

Undret y los blancos estaban comiendo y bebiendo con algunos de los soldados.

Figaret le dijo a Bardol:

-Quédate aquí, tú no sabes ni manejar una espada. Puedes ayudar en la cocina o en algún lado.

 

Ahora sí, la batalla era inminente.

 


 

Sesión 18/03/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

 

Estaba preocupado, la nueva regente de la fortaleza de Samia había insinuado que apoderarse del el castillo de Anán y Baglis podría ser un puro ejercicio para ella. Habría que mirar de fortificarse.

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Entidad: Hablé con Anán, le dije:

-Mira, voy a organizar mi ejército de los bárbaros, no voy a dejarte de lado. De todas maneras no estamos a tanta distancia.

Anán me dijo:

-En este momento todo está en calma, no veo peligro en Núria, como regente.

-No -respondí-, pero la noto inestable, es como que tiene fantasmas en la cabeza.

-No entiendo.

-Se hace ideas, es como que tuviera delirios de persecución. Y no es así. Pero de todas maneras quiero armar bien mi ejército de bárbaros, modificar toda la estructura de la isla Baglis. Pero me quedé con un..., me quedé con una gran duda: En este momento no tengo un segundo, un ayudante, una persona en quien delegar cuando yo no esté, porque siempre voy de un lado a otro. El que comandaba a los bárbaros cuando yo no estaba tuvo una tremenda fiebre y se fue con aquel que está más allá de las estrellas. Y el tercero es quien me traicionó, que puso en riesgo la vida vuestra. Y no quiero que pase otra vez algo así.

-¿Y qué piensas hacer?

-Ahora lo voy a conversar, estaremos nosotros cuatro. -Anán me miró.

-¿Quiénes serían nosotros cuatro? -Miré para la puerta del salón, se acercaban Aksel y Dexel.

-Sentaos -dije.

Lo miraron al rey y asintió con la cabeza, agregando:

-Aranet es como un hermano, si él dice que tomen asiento no hace falta que busquen mi aprobación.

-¿Cuál es tu idea de futuro, Aksel? -El guerrero me miró y me dijo:

-En este momento ninguna. Tengo una cuenta pendiente con un jefe de un clan del norte, pero viajar al norte a quitar una vida creo que es más la molestia del viaje que el desquitarme de algo que pasó hace años.

Lo miré a Dexel.

-¿Y tú?

-¡Je! Bueno, yo tuve algo parecido, es como que están en deuda conmigo en mi clan. Pero pienso como Aksel, es más la molestia del viaje que el apetito de venganza.

-Habéis madurado -exclamé.

-No no no -dijo Aksel-, es sentido común, estamos cómodos aquí. Por lo menos de mi parte, no tengo idea de seguir recorriendo mundo. ¿Pero a qué viene todo esto, Aranet?

-A ver, me quedé pensando en las palabras casi ofensivas de Núria cuando se le propuso, que si hipotéticamente reinos intentaran invadir su fortaleza, lo que veo imposible, ofrecimos ayudarla y es como que tomé su respuesta como una especie de desdén, de burla, diciendo: "Al regente Sigmur no pudieron vencerlo cuando estaban los blancos, cuando estaban los elfos".

-¿Y cuál es tu idea, Aranet? -preguntó Aksel.

-Hay una zona, cuando se forma el puente de Krakoa al continente, y hay un poblado con gente que no tiene empleo y que se han criado algunos huérfanos, otros con padres que los maltrataban, y es mi idea ofrecerles formar parte de mi ejército de bárbaros. ¿Por qué ese gesto Aksel?

-Mira, la gente no viene gratis. Es bien sabido lo de Núria, de que tiene corredores secretos, sótanos ocultos donde tiene infinidad de metales escondidos, metales dorados, plateados, cobreados. Puede mantener ejército, feria feudal. Pero tú, ¿qué tienes?

-Os comento, pero que quede entre nosotros.

-Te escuchamos -dijo Aksel.

-Los muertos, muertos están. Di orden de enterrarlos, eran enemigos, cumplían órdenes, eran seres humanos. Permití que las botas, la ropa de cuero, los metales que tenían, hasta los hoyumans que no fueron muertos se los llevaran como botín de batalla. Pero claro, yo sigo siendo el jefe, me tiene que rendir cuentas y muchos de los soldados tenían, de los cadáveres, tenía muchos más metales dorados de los que pensábamos. Y llegué a una conclusión: el regente Sigmur estaba tan metido con el tema de la batalla que no percibió que muchos de sus hombres hurgaban en los alrededores y algún que otro botín encontraron y se arriesgaron a llevarlo en sus alforjas dando por descontado el triunfo, y muchos no pensaban volver con el regente.

-Me dejas asombrado -dijo Aksel.

-Es más -agregué-, cien de esos soldados, que murieron prácticamente dentro de un mismo grupo, lo cual me pareció extraño que estuvieran todos juntos, todos ellos portaban alforjas con muchísimos metales, metales que en este momento están en mi poder. Obviamente no tengo ni la centésima parte de lo que tiene Núria, pero mis bárbaros no son tan exigentes, basta que tengan para comer y beber y les permitiré traer mujeres siempre y cuando respeten las reglas, no quiero que la isla se transforma en un bacanal y no quiero que las mujeres que traigan sean estas posaderas que se venden por dos metales cobreados, sino mujeres que tengan afán de aventura y les interese estar en un lugar sin estar vagando de un lugar a otro con el riesgo de que las asalten, las ultrajen y las maten.

-La idea es buena -preguntó Aksel-, ¿pero qué hacemos nosotros aquí, ahora?, ¿por qué nos has citado?

-Me gustaría que fueras mi segundo, y tú, Dexel, mi tercero. -Ambos se quedaron mirando como paralizados.

Dexel me dijo:

-¿Me estás ofreciendo que cuando tú no estés yo quede a cargo de los bárbaros?

-Exactamente. Y si un día vienes conmigo a explorar queda Dexel a cargo. En vosotros confío en un cien por cien. No quiero que pase lo que pasó cuando yo no estaba y raptaron al rey y a su esposa y a la criatura y se llevaron infinidad de metales. Necesito gente de confianza que dirija, porque no voy a estar en todo momento y necesito constructores y necesito herreros y necesito carpinteros y necesito albañiles. Voy a modificar la estructura, prácticamente quiero de ese pequeño castillo hacer una fortaleza. La isla es buena porque tiene infinidad de montañas dentro de lo pequeña que es, y se puede armar una fortaleza muchísimo más grande. Y en las orillas pondremos catapultas cada cien líneas.

Aksel dijo:

-Pero hará falta muchísima madera.

-Sí. Y obviamente no la sacaremos de la isla, hay un bosque espeso de un lado del lago y talaremos varios árboles y obviamente se precisará más de un carpintero.

-¿Hablamos de veinte?

-No, Aksel, hablamos de por lo menos cincuenta carpinteros. Y esas catapultas nos serán útiles por si quieren invadir Baglis. Todo barco que no reconozcamos será hundido con las piedras ardientes untadas en aceite y prendidas fuego con antorcha. Os enseñaré varios trucos de defensa, ataque, de cómo escondernos. En ésta última batalla con Sigmur los bárbaros han luchado bien, sin embargo fueron sorprendidos, hubo mucha falta de entrenamiento, y eso no quiero, quiero que el entrenamiento sea a diario. No me miréis con cara rara, no tengo ningún delirio de persecución, no tengo en mente que alguien nos vaya a invadir, el hecho de estar siempre preparados no deja de ser bueno para la salud. Tendréis permiso para beber, para tener mujeres. Pero en eso coincido con Núria: todo con equilibrio, no quiero que ninguno de mis bárbaros amanezca bebido. Se comerá, se beberá y se estará con una mujer, todo con equilibrio, todo en su justa medida. Porque no es justo tener mil bárbaros en una isla mirándose los rostros, por eso la idea de agrandar el lugar cuatro veces el tamaño que tiene ahora, hacer viviendas, hacer un patio de armas bien bien grande. Y prácticamente el castillito pequeño que había va a desaparecer; cavaremos, habrá sótanos, habrá cuevas, habrá escondites y tendremos varios barcos amarrados, diez veces la proporción de los que hay ahora. Me queda preguntar si aceptan.

Aksel me miró.

-Para mí es un honor servir a tu mando, ser tu segundo.

Lo miré a Dexel, directamente dijo:

-Sí, sí, por supuesto, lo respeto a Aksel, es inteligente, tiene sentido común y es muy buen guerrero. No habría celos de mi parte, lo juro por lo más sagrado, que es aquel que está más allá de las estrellas. Sé que Aksel es mejor que yo combatiendo y está bien que sea tu segundo y yo que quede tercero al mando.

-Bien, estrechémonos la mano entonces, esto vale más que cualquier juramento para mí. -Nos estrechamos fuertemente la mano con Aksel y con Dexel-. A partir de ahora sois mis ayudantes.

Lo miré a Anán-. ¿Qué dices?

-¡Je, je! Me sorprendes, me sorprendes, la verdad. ¿Y qué va a pasar con los dos coreones?, ¿con el Coreón y su cachorro?

-Están acostumbrados a olfatear a los bárbaros, no al extremo de dejarse tocar pero van a tener alimento. En un costado de la isla criaremos cabras, vacunos. De la misma manera que los soldados en tu palacio comen bien, mis bárbaros también comerán bien. Y los dos coreones también comerán bien y estarán en un lugar, tranquilos, una parte de la isla desierta, pero tendrán una especie de refugio de madera bien bien fuerte donde podrán guarecerse en noches de frío o de lluvia.

Aksel me preguntó:

-¿Qué paso con la madre del cachorro?

-Murió, murió de una infección. El cachorro es inteligente, su padre tiene humor cambiante, menos conmigo, obviamente, y sabe agachar la cabeza cuando mi bagueón está impaciente.

Anán dijo:

-Nos has dado la sorpresa de que no sólo le enseñaste a montar el pequeño bagueón a tu esposa sino que no sé cómo has logrado que le pierda el miedo, y aparte ha cambiado su vestimenta.

-Eso se llama practicidad. Ya no tenía sentido de que Mina estuviera con esas botas femeninas tan incómodas, ahora tiene un tipo de borceguíes fuertes, firmes, de taco bajo, puede escalar pequeñas montañas. También le armé unos guantes para que no se estropee las manos en las rocas. Mina también ha madurado y se le ha ido ese trauma que tenía tiempo atrás. Ya no va a estar más sola, si un día salgo a explorar, o bien viene conmigo o bien queda con Aksel o con Dexel. Y cada cien líneas va a haber una catapulta, no va haber ninguna embarcación que pueda invadir la isla, zozobrarán en medio del lago. Prepararemos arqueros, mis bárbaros son muy buenos con la espada y con el hacha de doble filo, pero necesitan también practicar con arco. Tú mismo, Aksel, ¿cómo estás con el arco?

-Bastante bien.

-Bastante bien no sirve -le dije-, vamos a practicar, y vamos a practicar más con la espada.

-Soy bueno.

-Sí, pero lo serás más todavía. -Lo miré a Anán-. Esto es un proyecto que se irá haciendo de a poco pero no te dejaremos abandonado. Yo estoy. Nos conocimos de jóvenes y entiendo que estaremos hasta el último día de nuestras vidas. Yo sigo siendo el mismo, sigo siendo el que puedo comportarme en el salón de un reino o juguetear con un guilmo, y como me conocen ninguno me va a perder el respeto por eso, y aquel que no me conozca y diga: "Mirad este tipo, es el jefe de los bárbaros y se revuelca a jugar con un guilmo", espero que no cometa la imprudencia de querer sobrarme.

Anán me preguntó:

-Traduce sobrarme.

-Claro, que intente burlarse de mí en mi cara. Lo pondré en su lugar de una manera un poco dolorosa. ¿Estáis bien? -Aksel y Dexel me miraban.

-Estamos rebosantes de alegría, es un honor estar contigo, el gran guerrero.

-Bien, bien. Mañana partiremos para la isla Baglis.

 

-Hablé con tu hijo -le dije a Anán-, vendrá con nosotros.

-¿Te llevarás a Gualterio?

-No, se quedará dos o tres amaneceres, él extraña los entrenamientos que tenía conmigo. Ahora entrena con Rebel, están mucho más fuertes ambos que antes y entendieron la lección de que ganar un torneíto a primera sangre no gana una batalla. Ambos tienen espadas más pesadas, y si te fijas, la contextura de los dos es más fuerte.

-Disculpa mi atrevimiento, Aranet -dijo Aksel-, pero entre nosotros, aquí en confianza, sabemos que Rebel no perdió con Geralt, también sabemos que tú eres mejor que Geralt, pero creo que Rebel está a la par tuya.

-Bienvenido sea. Gualterio no dejará a su padre. Rebel es independiente, pero se hizo muy amigo del príncipe, espero que elija quedarse.

Lo miré a Anán.

-Los dos jóvenes te vendrán bien, tu hijo y Rebel te vendrán bien.

 

Dexel me dijo:

-La vi a Elefa muy entusiasmada, sonriendo, hablando con el elfo blando. Me da la impresión de que se conocían.

Lo miré y le dije:

-Sí, se conocen. Elefa contó que el elfo es lo mejor que ha visto con la espada, ha vencido a rivales que era imposible vencer. Pero no creo que se quede. Ha ayudado mucho en batalla, lo he visto combatir y maneja la espada de una manera tan extrema.

-Es bueno como tú -exclamó Aksel.

-No lo sé, quizá sea mejor que yo.

Aksel se asombró.

-¿Alguien mejor que tú, Aranet? No lo creo.

-Tienes que entender -dije-, que somos seres humanos, siempre hay alguien mejor. Pongámonos manos a la obra, hoy descansemos, comamos algo y por la tarde les diré a los bárbaros que vosotros seréis mi segundo y mi tercero.

Aksel preguntó:

-¿Cómo lo tomarán, lo aceptarán?

Aranet me miró con unos ojos inescrutables y me dijo:

-No se trata de que acepten o no acepten, es lo que yo digo y punto. Yo soy el que manda, yo soy el que decide, yo soy el que elige. Y cuando yo no esté la carga quedará en ustedes. Aksel, ¿tienes el carácter de imponerte cuando haya algún problema?

-Absolutamente.

-¿Dexel?

-Lo mismo. Absolutamente.

-Entonces no hay problema. Anán, voy a la cocina a que traigan algo de comer.

 


 

Sesión 05/05/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

 

Estaba relajado, los ayudantes y los jóvenes también. Con dos amigos más salieron cuatro de caza. Estaba preocupado, anocheció y no habían vuelto.

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Entidad: Había cogido una pata bien jugosa de puersario, la masticaba. Al lado mío estaban las bestias, a ver si les dejaba algo. El guilmo y los cachorros "¡Ahora no, esperad que termine!", se echaban por respeto. El guilmo grande directamente interpretaba mis señas, cuando irse, cuando quedarse, cuando echarse, cuando dejar de ladrar o de gruñir mientras yo masticaba la pierna bien cocida de puersario. Cogía la jarra bebía un buen trago, me manchaba la ropa. Pero ya estaba acostumbrado, ¡esto era vida!

 

Atrás mío me tomó del hombro Mina. Me miró y me decía:

-¡Aranet, Aranet! Me da la impresión como que te sientes más cómodo aquí que en palacio. -Me encogí de hombros.

-Amor, mis modales son así, puedo acostumbrarme a ponerme una servilleta en el cuello y no mancharme en absoluto. ¿Pero por qué cuidarme?, ¿qué importa si me limpio la manos engrasadas en el pantalón?, ¿a quién tengo que rendir explicaciones? -Mina hizo un gesto como diciendo "Para qué insistir".

 

Los bárbaros en la parte de abajo se reían, comían, bebían, eructaban, pero el espectáculo era ver a los dos jóvenes, ¡je!, al príncipe Gualterio, a Rebel comiendo con los demás tratando de imitar esos ademanes brutos, no les salía, les costaba. En un momento dado me mira Gualterio y lo llamo con un gesto con la mano.

Viene.

-¿Qué haces?

-Comiendo.

-¿Y por qué esos ademanes de querer eructar, de limpiarte la grasa en la ropa?

-Es lo que hacen todos.

-Pero me parece como que lo haces fingido.

-Bueno, les quiero caer bien.

-Te tienes que caer bien a ti, no a los demás. Nadie se fija en ti, acá eres uno más. Ya te han golpeado bastante en el entrenamiento.

-Pero estoy aprendiendo bien, ¿eh? Eso sí, me duele todo el cuerpo y a Rebel también.

-¡Je, je, je! Tu amiguito se dio cuenta que no es lo mismo un torneíto a primera sangre que lo que están haciendo ahora.

-Igual extrañamos.

-Se pueden ir cuando quieran, aquí no están prisioneros de nada, ¿eh?

-No, Aranet, no nos entiendes, tenemos ganas de ir a cazar al bosque, como hacía yo contigo antes de que estuviera Rebel. -En eso se acercó un barco, vimos que no había peligro, solamente dos personas.

-¡Ja! ¡Mira quien viene! ¡Je, je!, el figurín Figaret. ¿Sabes que me cae bien?

Mina, de atrás, me decía:

-¿Sabes que me salvó la vida?

-Lo sé, creo que por eso me cae bien, ¡ja, ja, ja! ¡Ah! Qué tranquilidad que se sentía aquí. ¿Con quién viene?

El príncipe me dijo:

-Con Edmundo.

-Ese chico también la conoce.

-No entiendo.

-Conoce parte de la vida, sería bueno que estuviera por aquí un tiempo para educarse, vamos a ver si aguanta los golpes como Rebel y como tú.

 

Bajaron a tierra y nos abrazamos.

¿Qué andan haciendo por aquí?

-Estábamos en el bosque -dijo Figaret. Llevaba arco y flechas.

-¿Y esto?, ¿desde cuándo con arco y flechas?, tú con el espadín siempre...

-Le estaba enseñando a perfeccionar el tiro con arco a Edmundo.

En ese momento se acercó Rebel, también se abrazó con ambos.

-¿Arco y flecha? -preguntó.

-Sí.

Lo miró a Gualterio:

-Podríamos ir al bosque, ¿no?, en tierra firme. ¿Tienes más arco y flechas?

-Flechas a montones, arco tengo solamente uno, que se lo presto a Edmundo -dijo el figurín.

-Yo tengo arcos -exclamé-, sería el colmo que no los tuviera. Pero no es para cualquiera. De todas maneras ahora está atardeciendo y os quedaréis aquí. ¿No te molesta, Figaret, dormir en la tierra? -Se encogió de hombros-. ¿Edmundo? -Se encogió de hombros:

-Tampoco.

-Bien, por ahí es un poco duro a los que están acostumbrados a dormir en catres blandos.

El figurín dijo:

-Aranet, he dormido en todo tipo de sitios.

-De ti no tengo ninguna duda -le dije-, ¡je, je, je!, tu fama te precede.

-No, no, no es así, no es así, es fama, lo demás es todo cuento.

-Claro, claro. A propósito, ¿quieren comer algo?

-¿Qué hay?

-Puersario. ¿Has comido, Edmundo, alguna vez?, son los puercos grandes. La carne es tierna, hay que dejarla cocer bien. -Y comieron-. Tenemos vino, ¿eh?, no hay bebida espumante. -Edmundo agarró una jarra y se la tomó de un trago-. Edmundo -le dije-, no es bebida espumante, esto te va a hacer doler la cabeza, te vas a marear si no estás acostumbrado, es más fuerte que la bebida espumante. -Gualterio fue más mesurado, bebía poco, igual que Rebel. Y por la noche dormimos.

 

Me levanté temprano, a la salida del sol, y vi que estaban preparados.

-¿Qué están haciendo?

Se me acercó Aksel.

-¿Qué pasa, Aksel?

-Aranet, los jóvenes quieren ir a cazar.

-¡Ufff! Está bien. O sea, van Rebel, Gualterio, Edmundo, Figaret. ¡Dexel!

-Señor...

-Ve con ellos, lleva también tu arco.

-¿Señor?

-Yo sé que no hay riesgos en el bosque y menos cerca del lago, pero ve tú también con ellos. Vengan bastante antes de que caiga el sol. ¿Tú también vuelves con Edmundo después?

-No, volvemos para el castillo. -Lo miré a Dexel-. Entonces regresas con el príncipe y con Rebel. Lleva bien afilada tu espada, por las dudas.

-No te preocupes, Aranet. Si vienen cuatro o cinco maleantes de todas maneras los jóvenes están preparados.

-Bueno. ¿Comieron algo?

-Tomamos un poco de leche de cabrío y un par de hogazas de pan.

-Listo, vayan. Ya saben, al mediodía comen algo liviano en el bosque y antes de que se ponga el sol se regresan. -Se marcharon con júbilo.

 

Lo miré a Aksel:

-¡Quién volviera a tener esa edad, ¿no?! ¡Je, je, je!

-Yo creo que a mi edad no puedo quejarme. Y a la edad que tenían ellos creo que la pasamos peor. No nos conocíamos, Aksel, pero sé que tú en el norte no la pasaste bien, y en Krakoa no me fue fácil tampoco.

-Pero lo de Krakoa no es nada -me dijo Aksel-, el problema fue después, los duelos que has tenido, las batallas, cuando secuestraron a tu esposa.

-Sí, me acuerdo perfectamente. Me acuerdo cuando Anán, que todavía era Gualterio, cuando llegamos al castillo y lo reconocieron como el hijo. ¡Je, je, je! ¡Qué tiempos, qué tiempos! Ya estoy veterano.

-¿Veterano? -me dijo Aksel-, ¡je!, mírate a las aguas del lago el físico que tienes, creo que tienes más fuerza ahora que cuando eras más joven, y no creo que hayas perdido agilidad.

-¡Je! ¿Y por qué crees que me entreno? No lo hago por divertimiento, es parte de mí, es parte de mí, por eso le inculco a los chicos que se entrenen. Si te fijas el cuerpo del príncipe y el cuerpo de Rebel están mucho más musculosos, más rellenos. Al comienzo habían perdido un poco de agilidad por el mayor peso pero luego lo han mejorado.

-¿En qué sentido?

-Quizá no tengan la agilidad de antes pero siguen teniendo los reflejos aquí -me toqué la mente-, que es donde importa.

 

Por la tarde me recosté un rato, había comido bastante.

Aksel se burlaba sanamente:

-Te entrenas, pero bien que comes, ¿eh?

-Claro, claro, tú seguramente comes vegetales, ¡je, je, je! Si te dejo te comes un cuarto de puersario tú solo.

-¡Ja, ja, ja!

-Te ríes pero sabes que es cierto.

 

Por la tarde me desperté, el sol todavía no se estaba poniendo pero sentía como que los vellos de mi espalda estaban... Me toqué por debajo de la ropa y vi que tenía como los poros cerrados y los vellos parados. Mi instinto me decía que ya tendrían que estar volviendo, y se estaba poniendo el sol y no venían.

 

Finalmente casi anochecía y no vinieron.

Aksel estaba con rostro serio.

-¿Qué hacemos, Aranet? -Me encogí de hombros.

-Ahora nada. Ahora no tiene sentido, ya está anocheciendo. Prepárate, mañana a primera hora vienes conmigo al bosque, vamos a tierra firme, esto no me está gustando nada. Honestamente, no me está gustando nada.

 

Gracias por escucharme.

 


 

Sesión 09/06/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

 

La entidad relata una vida en Ran II. Era joven y de lo mejor en ciencia cuántica. Cuando dio una conferencia ante cientos de expertos en genética se abrieron los ojos de algunos profesores, que le brindaron apoyo incondicional. Se sentía emocionado, trabajaría con ellos, para la raza humana.

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Entidad: Hay una vida para destacar en Ran II. Mi nombre era Alex Chans. De pequeño siempre me interesó la informática cuántica.

Mis padres eran comerciantes pero me apoyaron en mis estudios logrando que fuera un alumno aventajado y luego estudiara en la facultad más importante de Ciudad Norte.

 

Ya teniendo veinticuatro años no había perdido la avidez de estudiar, eso no impedía que disfrutara de distracciones, que me gustara a su vez la música. Digamos como que era armónico en mi vida. Tenía buenos amigos y me importaba, por sobre todas las cosas, el crecer por fuera y por dentro.

 

Tuve la oportunidad cuando me invitaron a Ciudad Central. En Ciudad Central tenía la posibilidad, la enorme posibilidad, de dar una conferencia. Como a su vez había estudiado genética, por la sencilla razón de que tanto la informática cuántica como la genética podían estar conectadas gracias a mis investigaciones.

 

Nunca me jacté de ir descubriendo cosas, quizá porque fui muy precavido, porque lo reconozco, lo reconozco, temía que me desautorizaran, que dijeran "Este Chans, con sus ideas extrañas, no tiene ninguna prueba científica de lo que afirma". Pero no me achicaba, eso me impulsaba más a seguir estudiando, a seguir investigando, a seguir profundizando.

 

Recuerdo que cogí el micrófono. Trataba de no mirar la multitud de la platea y de la parte alta del auditorio. Impresionaba, verdaderamente impresionaba ver toda esa gente. Y no era gente del común denominador, eran todos profesores de alguna que otra materia. Y eso es más difícil.

 

Comencé diciéndoles que era un investigador en unidades plexa. Las unidades plexa eran unidades cuánticas dentro de un sistema cuántico con dos estados propios que podían ser cambiados arbitrariamente. Vi que muchos empezaron a prestarme atención.

-Lo que estoy diciendo es que puede ser descrito únicamente mediante la mecánica cuántica. Y una unidad plexa tiene dos estados también distinguibles mediante las medidas físicas.

Preguntaréis "¿Qué es una unidad plexa?".

Es una información que contiene el sistema cuántico de dos estados posibles. Eso es conocido por muchos de vosotros que estáis en el tema cuántico.

Y una unidad plexa es la unidad mínima, por lo tanto constitutiva de la información cuántica. Es un concepto fundamental para la informática cuántica y tiene su importancia. Pero claro que la tiene, porque radica en que la cantidad de información contenida en un plexa, y en particular cómo puede ser modificada esa información, es fundamental y cualitativamente diferente de un plex clásico.

Ejemplo. Hay operaciones, operaciones complicadas, que son posibles en una unidad plexa y no en un plex común de los ordenadores comunes.

Diréis "¿Y cómo se demuestra una unidad plexa?".

Lo que sucede es que es abstracta, no lleva asociada un sistema físico, no lleva asociado algo concreto. Hay sistemas físicos que en ciertas condiciones pueden ser asociados, de alguna manera, a las unidades plexa o a conjuntos de unidades plexa. Hay circuitos de unidades plexa.

Pero todo eso que he descubierto lo apliqué en un superordenador que tengo en mi despacho personal, y todavía sigo investigando. La capacidad de mi ordenador cuántico no podría describirla porque permanentemente va creciendo y la energía que consume es mínima.

Ahora me preguntaréis -porque sé que entre vosotros hay informáticos, hay informáticos cuánticos pero también hay muchos genetistas-, lo que voy a decir no es nuevo, no para vosotros, para vosotros apenas soy, ¡je!, un alumno avanzado.

 

Hablemos de genomas, después les diré por qué. Un genoma es una unidad que completa nuestro organismo que tiene casi cuatro millones de nucleótidos. Los nucleótidos son letras químicas, letras químicas donde está escrito el libro de instrucciones de una persona. ¿Cómo podría explicarlo mejor? Esas letras químicas forman un libro de instrucciones, sería como el manual del funcionamiento de la célula plegado en su interior como una gigantesca molécula de ADN, allí están las directrices para que por ejemplo una neurona cerebral sepa transmitir un pensamiento química o eléctricamente. La guía de las células está escrita con combinaciones de sólo cuatro, de sólo cuatro letras químicas. Vosotros sabéis que la primera secuencia verdaderamente completa es de casi cuatro mil millones de pares de bases para completar un genoma.

Pero volviendo al tema anterior, volviendo al tema de las letras químicas que forman el libro de instrucciones, me tomé el trabajo de pasar ese libro de instrucciones a mi ordenador cuántico.

Preguntaréis "¿Con qué función? ¿Para qué?", porque sé que aún hay enfermedades que pueden ser tratadas pero no curadas, y entonces lo que quiero lograr con mi ordenador cuántico es, figurativamente, reemplazar cada nucleótido, cada letra química por una unidad plexa. Una unidad plexa yo la puedo, entre comillas, «manipular» -porque quizá manipular la toméis como una mala palabra-, y con las unidades plexas representando los nucleótidos a nivel cuántico logro modificar cierta instrucción mal escrita del ADN para modificar el sistema del genoma y que determinada enfermedad sea corregida, sea modificada al extremo de que esa enfermedad desaparezca. Pero claro, todo esto que estoy hablando lo estoy logrando a nivel cuántico.

Ahora bien. Tengo muchísimo más conocimiento, en proporción de diez a uno, como informático cuántico que con conocimiento de genética. Como informático cuántico, a pesar de mi corta edad, de mis veinticuatro años, me considero un estudiante avanzado; en genética apenas un principiante.

Pero no quiero ser como esas personas que tienen una falsa humildad, porque eso sería hipocresía, reconozco que a pesar de ser un principiante en genética lo que he leído es mucho, es bastante. Esto no significa que estoy pleno de conocimiento, para nada, para nada, cuanto más leo me doy cuenta todo lo que abarca la genética, pero sí he logrado en mi ordenador cuántico representar una letra química con una unidad plexa. He logrado también reemplazar ese libro de instrucciones del genoma por infinidad de unidades plexa, como que estoy transportando cuánticamente un genoma humano a nivel de información cuántica, y busco toda anomalía que provoque determinada enfermedad que aún ni la genética la ha resuelto en un siglo tan avanzado que estamos.

Pero claro, una cosa es lograrlo en el ordenador cuántico y otra cosa es llevarlo a la práctica en la vida real. Si bien he registrado mi programa de unidades plexa aplicado al genoma humano queda a disposición de todos vosotros, sean informáticos sean genetistas, para que puedan agregar, corregir, modificar lo que deseen. Esta investigación no es mía, es de toda la raza del planeta, es en beneficio de Ran II.

 

Continué con la conferencia y al terminar me aplaudieron, me sentí impresionado porque el aplauso fue rotundo y duró más de dos minutos. No hubo vítores, pero sí aplausos de aprobación. Evité que mi ego se apoderara de mí y pensé "Esto es un comienzo, esto es un comienzo". Y me lo repetía mentalmente varias veces "No des nada por sentado, quizás haya cosas por corregir".

 

Me asombré cuando dos eximios genetistas, que ya los conocía por holovisión, se acercaron a mí.

-¿Tú eres el joven Alex Chans? -dijo uno de ellos.

-Sí, profesor Anasio. -Me estrechó la mano. ¡Había estrechado la mano de Alexis Anasio, uno de los dos más grandes genetistas del planeta! El otro que sonreía cálidamente también me estrechó la mano, el profesor Raúl Iruti.

-¿Qué edad tienes?

-Veinticuatro, profesor.

-Podemos ayudarte, tenemos muchísimos programas. Tenemos una especie de taller donde también experimentamos con otros temas. Pero bueno, eso lo podremos comentar en otro momento. ¿Cuánto tiempo piensas quedarte en Ciudad Central?

-Pensaba quedarme unos días -respondí-, y luego volver a Ciudad Norte.

-¿Tienes dónde quedarte?

-Bueno, alquilé un hotel, una habitación pequeña, pero para mí es suficiente.

-Tenemos apartamentos disponibles para estudiantes -dijo el profesor Alexis Anasio-, sin gastos. -Yo pensé para mí qué ganarían ellos.

Como si me leyeran la mente, Alexis Anasio me dijo:

-Todo suma. Los gastos es algo nimio, es algo insignificante comparado con lo que tú puedes aportar. -Me sentí pequeño.

-¿Yo aportar a vosotros?

-¿No has caído en cuenta -dijo Raúl Iruti-, de lo importante que ha sido tu aporte en la conferencia con respecto a reemplazar esas letras químicas del genoma por unidades plexa?

Pregunté:

-¿Y usted piensa que en realidad trabajando con el genoma se podría reescribir esa letra química para que determinadas enfermedades puedan vencerse?

-Bueno, tú lo has hecho a nivel cuántico.

-Claro, pero no es lo mismo. -Rieron ambos profesores. Pero rieron cálidamente y sentí empatía con ellos.

-Te vamos a ayudar. Quédate el tiempo que desees, salvo que tengas obligaciones en Ciudad Norte.

-No, simplemente seguir estudiando e investigando.

-Aquí tenemos ordenadores cuánticos importantes.

-Bueno, verdaderamente me siento con emociones varias. Por un lado intimidado...

-No -cortó Alexis Anasio-, ¿intimidado por qué?, somos seres humanos como tú.

-Sois conocidos en el planeta, yo..., ¡je!, recién empiezo.

-Como todos -agregó Anasio-. ¿Y qué otras emociones te invaden?

-¡Oh! Expectativas, ansiedad... Y como cierta inseguridad.

-No -exclamó Raúl Iruti-, inseguridad no. Todo lo que pienses que no llegas a dominarlo lo preguntas, te asesoraremos.

-¿Cuándo empezamos? -pregunté.

Alexis Anasio dijo:

-Si no te incomoda, mañana mismo. -Me pasaron en mi holomóvil la dirección del taller de investigación.

Raúl Iruti agregó:

-No te sorprendas cuando veas nuestro ordenador cuántico, creo que es el más grande de todo Ran II.

-¡Wow! -Mi corazón latía apresuradamente. ¡Uf! Respiré hondo para calmarme, pero era ansias de ir lo más rápido posible.

-¿Tienes ya planeado almorzar con alguien?

-No... -negué.

-Bueno, estás invitado.

 

Acepté y fui a almorzar con las dos eminencias, Alexis Anasio y Raúl Iruti, los dos más grandes genetistas de Ran II.

 


 

Sesión 16/06/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

 

Seguían buscando a los secuestrados. La incertidumbre que los sumía acerca de la suerte de aquellos y la arriesgada situación en la que se encontraban, perseguir siendo perseguidos, les hacía preguntarse acerca de los códigos y principios de cada uno; unos vivían para matar y otros mataban para vivir. En pocos momentos tuvieron que decidir lo uno o lo otro.

Sesión en MP3 (3.089 KB)

 

Entidad: Eran descuidados o quizá no les interesaba dejar rastros.

Aksel me dijo:

-Mira, hay jirones de ropas en una de las ramas. -Me acerqué.

-Debe ser de alguno de los jóvenes esclavos.

-¿Piensas, Aranet, que es de alguno de los tres jóvenes?

-No no no. No -negué-, no tenían esas prendas, salvo que les hubieran dado prendas nuevas, lo cual no creo.

-¿Cuál es la idea, Aranet?

-Lo hablamos, lo hablamos muchas veces por el camino. El viajar montados en hoyuman tiene una ventaja, el no cansarnos. Y una enorme desventaja, es mucho más difícil escondernos. Ellos van dejando espías en el camino, en poblados donde es imposible reconocerlos, se mezclan con la gente y luego van galopando a avisarles, al resto de los secuestradores, que hay gente siguiéndolos.

-¿Piensas que nos reconocerán? -Lo miré a Aksel.

-Si te refieres a... a que nos conocen, no. Si te refieres a que nos han visto varias veces en distintos poblados, sí, sí. Pero podemos aprovechar eso a favor nuestro. Tú tienes un oído muy fino, yo también. No podemos prescindir de los hoyumans, obviamente que no, pero por la noche cuando encienden una fogata la claridad se puede ver a quinientas líneas de distancia levantando la vista hacia la oscuridad de las estrellas.

 

Esa noche comimos un poco de carne seca, bebimos un poco de agua y atamos a un par de árboles nuestro hoyumans-. Vamos a pie. Salgamos del camino, tú ve por el lado de las rocas, Aksel, yo voy por el lado de los árboles.

-¿Qué piensas?

-Seguro que hay dos o tres vigías que han quedados retrasados. Acabaremos con ellos.

 

Aksel me miró, asintió con la cabeza y fue para las rocas. Y no me equivocaba, por lo menos vimos tres siluetas mirando hacia atrás. Los rodeamos por el costado, estaba tan oscuro que no lo veía a Aksel pero ataqué. Simultáneamente Aksel hizo lo mismo del otro lado. Dimos cuenta de los tres maleantes.

-Revisemos los cadáveres, a ver si tienen metales, no les va a hacer falta. -Aksel revisó las ropas.

-Sí.

-Guárdalas en tus bolsillos.

Aksel dijo:

-Voy a sacar los cadáveres del camino, los dejaré entre las rocas.

Lo miré y le dije:

-Debemos tener más cuidado que nunca, cuando vean que no regresan estarán más alerta, quizás envíen a varios hombres. No avancemos mucho, esperemos.

 

Dormitamos. No dormimos, nos despertábamos a cada rato, al menor ruido. Pero no pasó nada.

Apenas amaneció seguimos viaje. Cruzamos un arroyo y aprovechamos, y así los hoyumans bebían y mordisqueaban un poco de pasto.

Vadeando el arroyo vimos un cadáver, era un joven muy joven. Aksel lo miró.

-Es un niño, casi. Mira, Aranet, tiene una nota. -Aksel la leyó-: "Era importante, nos hubiera sido útil para venderlo, para comerciarlo, pero quienes nos siguen han matado alguna de nuestra gente y les respondemos de la misma manera. Si matan a nuestra gente iremos matando jóvenes que secuestramos".

 

Cogí de mi alforja una pequeña pala, muy pequeña para cavar pero la usaba para cavar zanjas. En este caso sirvió para enterrar al joven.

Aksel dijo:

-Sé, Aranet, que es una falta de respeto, pero igual voy a revisar sus bolsillos. -Obviamente no tenía nada, ni siquiera un metal cobreado. Hicimos un poco de silencio luego de enterrarlo. Nos miramos con Aksel, nos sentíamos no desconcertados pero sí descolocados.

Aksel, como adivinándome el pensamiento, me dijo:

-Mira, Aranet, podemos seguirlos y cuando veamos espías furtivos los liquidamos. Pero en represalia van a seguir matando jóvenes. Y no podemos caer en el campamento, somos solamente dos. -Y me quedé pensando. Meditaba. Aksel respetó mi silencio.

 

Íbamos al paso en nuestros equinos, de día era muy difícil que nos emboscaran, mirábamos para los árboles, para las rocas.

Yo, sumido en mis pensamientos, recordaba todo lo vivido anteriormente, desde la salida de Krakoa, las batallas, las muertes, los desencuentros, mi alejamiento de Mina, un nuevo acercamiento, promesas de tranquilidad que no sabía si iba a cumplir... Y pensaba en los maleantes, en los esbirros de ese pirata que secuestraba jóvenes para tenerlos como esclavos o para comerciarlos.

 

Yo me crié salvaje, aprendí por las mías. Sé cómo comportarme en distintas circunstancias, puedo luchar y quebrarle el cuello a un hombre con mis manos de la misma manera que puedo coger una cuchara y comer un guisado sin mancharme la ropa. Y hasta llevar las botas lustradas. Pero nunca, nunca me abusé de nadie ni traté de sacar ventaja de ninguna situación.

Como continuando con mis pensamientos, Aksel me dijo:

-Trato de ponerme en la mente de cualquiera de ellos y no me es posible. He matado gente -yo creo que nadie es inocente-, pero algunos se lo merecían, otros no. Me refiero a cuando hemos entrado en batalla, quizás algunos no querían combatir y se veían obligados y cayeron bajo mi espada. Pero era una batalla, Aranet, nos vimos impelidos a pensar "Son ellos o nosotros. Es él o soy yo". Pero no entiendo la mente de esta gente, el hecho de secuestrar jóvenes, el hecho de abusar, el hecho de no tener un mínimo de conciencia... Yo me considero un bárbaro, no creo ser mejor que la gente que tú has dejado en la isla Baglis, pero... pero tengo mis códigos.

Lo corregí a Aksel y le dije:

-No, yo no le llamaría códigos, yo le llamaría principios. Códigos tiene esa gente, códigos para bien, códigos para mal. Nosotros tenemos principios.

Aksel me dijo:

-¿Hasta qué punto tenemos principios? Esos cadáveres que dejamos atrás pensarían lo mismo de nosotros.

Hice un ademán con mis manos y le dije:

-¿Y qué podíamos hacer, Aksel? Venimos a rescatar a nuestros jóvenes, o por lo menos a tratar. Sigo pensando que sí, que son principios, eso es lo que nos diferencia de ellos. No saqueamos aldeas, defendemos a los inocentes, defendemos a los indefensos, ancianos, mujeres, niños de los distintos abusadores... -Lo miré a Aksel y le dije-: Al mejor cazador se le puede escapar un puersario, hay que estar atentos.

 

Y no lo estuvimos. Tanto del lado de las rocas como del lado de los árboles partieron decenas de flechas, en décimas de segundo saltamos de nuestros equinos y quedamos cuerpo a tierra. No nos tocó ninguna flecha pero sí a nuestros hoyumans, que agonizaron relinchando.

Sin hablar me dirigí corriendo para los árboles, Aksel para las rocas, con las espadas en la mano. Eran por lo menos ocho que nos habían emboscado. Fue una lucha encarnizada. Tuve una pequeña herida en un brazo pero di cuenta de los cuatro.

Aksel tenía una herida en un muslo y había caído. Había matado a tres, y el cuarto estaba por clavarle una espada cuando Aksel levantó el pié lo golpeó en el pecho y lo hizo trastabillar: no lo dejé levantar, le corté el cuello en un segundo.

-¿Estás bien?

-Estoy manando sangre y veo que tú también tienes el brazo mal.

-Vamos a tener que cargar a la espalda nuestras alforjas, que son bastante pesadas. Nuestros hoyumans están muertos. Iremos para el lado del bosque, vamos a salir un rato del rastro y busquemos un poblado cercano. -Caminamos a duras penas. A Aksel le costaba más con el muslo sangrando.

 

Al atardecer llegamos a un poblado, nos indicaron donde estaba la casa del médico. Nos cosieron las heridas y nos dieron un zumo de plantas desinfectante. Le pagamos al hombre. Luego fuimos a la posada a comer y a tomar algo.

 

"Al mejor cazador se le escapa el puersario". Sumidos en nuestros pensamientos no prestamos atención a los costados, podíamos haber muerto con nuestros cuerpos llenos de flechas. Es como que aquel que está más allá de las estrellas nos protegió.

 

Me dolía mucho el brazo y la garganta.

-Aranet, te conviene tomar una bebida fuerte, esa tos no es del polvo del camino, vinimos por el lado de los árboles.

-No tengo ninguna otra herida -le dije. Me lloraba la vista-. Después de comer descansaremos un poco y iremos hasta la cuadra del poblado y compraremos un par de hoyumans, porque cargando las alforjas no avanzaríamos nada.

 

Dentro de una de las alforjas tenía un par de bolsas de arpillera. Allí cargamos, con Aksel, también los recados, las monturas. Estábamos extenuados. Heridos y extenuados.

Aksel me dijo:

-Cuando volviéramos al camino esta gente estaría bastante lejos.

 

Pero no íbamos a claudicar. Pero ahora nos merecíamos un pequeño descanso, por lo menos un día.

 

Gracias por escucharnos.

 


 

Sesión 03/08/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

 

Nació con lo cuántico bajo el brazo y ahora, como investigador, se encontraba en el lugar puntero en esta ciencia. En un laboratorio avanzadísimo trabajaría con campos cuánticos, portales, con vórtex suprafísicos que permitían pasar de un universo paralelo a otro.

Sesión en MP3 (3.676 KB)

 

Entidad: Mi nombre es Alex Chans. Estaba con una enorme expectativa porque iba a entrar al laboratorio de Alexis Anasio y Raúl Iruti. Me sorprendió ver a otras personas, incluso al famoso Nambo Flagan, el astrónomo, pensé qué tenía que ver con lo que yo estaba investigando sobre unidades plexa.

Alexis Anasio me dijo:

-Todo está relacionado.

 

Me presentó a uno por uno a los presentes. Me sorprendió ver a otro informático, de los mejores en Ciudad Central, quien me comentó:

-Alex, tu investigación, el hecho de profundizar la unidad plexa, el hecho de emparentar de alguna manera la informática con la física cuántica nos puede ser muy útil. -Asentí con la cabeza pero no pregunté nada.

-Lo que vas a ver ahora -me dijo Raúl Iruti-, es algo que sólo muy pocos conocemos. -Puse rostro de intriga y tampoco respondí. Tocaron un par de botones y la luz del laboratorio bajó en intensidad. Vi un aparato, había como una especie de osciloscopio pero no en una pantalla, era como un holoosciloscopio. Mi rostro pasaba más allá de la intriga y tuve que preguntar:

-¿Qué es esto?

Alexis Anasio me dijo:

-Alex, te ayudaremos en todo lo que desees investigar con unidad plexa, pero va a ser un intercambio, tú nos vas a ayudar a estabilizar esto que estás viendo.

Lo miré a Alexis y digo:

-Mira, no sé lo que estoy viendo, es un osciloscopio, ¿pero qué función cumple?

-Es un portal. -Mi primer impulso fue tocarlo y me dijeron:

-No, no, no.

-Debe tener una fuerte descarga eléctrica -comenté.

-No, no, no, no pasa por ahí, es un portal. -Retrocedí un par de pasos, me asomé y vi que del otro lado seguía perfectamente el laboratorio, digamos como que el holoosciloscopio, por darle un nombre, ni siquiera tenía el filo de un milímetro, de costado no se percibía nada, ni siquiera una línea. Volví otra vez casi de frente a ese osciloscopio, presté atención y se escuchaba pero como un leve muy leve zumbido. Estaba intrigado.

Y finalmente dije:

-Está bien. ¿Portal hacia dónde?, porque del otro lado no veo nada.

-Lo va a hacer alguien que sabe. -Había un joven, no lo ubicaba como uno de los estudiantes ni de genética ni de informática ni de astronomía-. A ver Alex -me dijo Anasio-, ponte de vuelta de costado. ¿Qué ves de costado?

-Nada, ni siquiera una línea.

-Bien. Quédate parado ahí. -Alexis le dijo al joven Bruno-: Pon la mano hasta el brazo, hasta la parte del codo. -Lo que vi a continuación me sorprendió muchísimo: El joven Bruno puso la mano, la mano atravesó ese portal, que para mí era como un osciloscopio. Cuál fue mi sorpresa cuando del otro lado la mano no aparecía.

-Es una ilusión óptica.

Alexis Anasio me dijo:

-No, no, Alex, es un portal a otro universo.

-¿De qué estamos hablando?

El joven Bruno sacó la mano. Alexis le dijo:

-¿Qué has sentido?

-Nada. Pero no hay mucha estabilidad, quizás ahora siento un pequeño cosquilleo, como si se me estuviera durmiendo el brazo, como cuando lo tengo una posición incómoda y los dedos dejan de tener el tacto. Pero ya está, ya se normalizó.

Lo miré a Raúl Iruti y le pregunté:

-¿Estamos hablando de un universo alterno?

-Sí. Apreciada gente, este joven es Alex Chans, dio una conferencia maravillosa sobre las unidades plexa relacionas con la física cuántica y con la informática cuántica.

Pregunté:

-Yo, ser humano entero, en lugar de pasar el brazo, atravieso el portal como si estuviera atravesando una puerta a otra habitación...

-Pasas a otro mundo.

-¡Vaya! ¿Puedo hacer un giro de ciento ochenta grados y volver por ese portal?

-En tanto y en cuando lo puedas visualizar. Si no quedas atrapado en ese otro mundo.

-¿Estamos hablando de que el vórtex, llamémosle así, lo puedo ver de este lado pero si paso no puedo volver?

-No, no es así, puedes volver. Tenemos un aparato estabilizador que permite que regreses.

-Bien. Supongamos -pregunté-, supongamos que en ese universo hubiera seres hostiles, conozco la teoría cuántica de universos alternos, ¿cómo evitan que al abrir este portal no entren?

Iruti me explicó:

-Por una sencilla razón, Alex, porque tenemos una especie de rejilla cuántica que vibra en nuestra frecuencia.

-¡Je! Tú te estás refiriendo a que en cada universo hay una frecuencia.

-Hay una frecuencia, sí, que puede ser apenas distinta, pero la rejilla hace de filtro.

-¿Se ha probado, alguien ha ido?

Alexis Anasio me dijo:

-La historia no empieza así, la historia empieza de causalidad cuando una joven de un universo alterno vino a este universo, a este Ran II.

-¿Pero cómo, por qué portal?

-Un portal que se formó accidentalmente, quizás a través de una tormenta eléctrica, quizás a través de un magnetismo que formó ese portal, un portal inestable que luego desapareció. -Ne quedé intrigado.

-¿Y esa joven?

-Esa joven se hizo amiga de este joven, Bruno. (Sesión)

-Muy bien. ¿Y alguien de vosotros -pregunté-, logró ir allí?

-Justamente Bruno visitó un universo alterno donde visitó a su par. (Sesión)

-A su par... ¿Estamos hablando de otro Bruno?

-Exactamente.

-¿Igual?

-Igual en apariencia. Aparentemente era el hijo del jefe de un mundo dictatorial que estaba en guerra contra una resistencia que clamaba por la libertad, un Ran II caótico, extremo, pobre, miserable. Bueno, obviamente Bruno pudo volver.

-¿Cómo?

-En ese momento no teníamos el amarre, que es un pequeño dispositivo de vibración con el que puedes abrir un portal.

-¿Entonces?

-El Bruno del otro mundo le abrió el portal y permitió que este Bruno regresara.

-¿Y por qué lo hizo si era un mundo totalitario? ¿Por qué no lo ejecutaron?

-Porque finalmente no era tan así, resultó ser un Bruno amante de la libertad. Pero hubiera sido problemático que en ese momento decrete que el mundo totalitario deje de ser tal, digamos que sus seguidores eran tan fanáticos que si Bruno, el otro Bruno, hubiera dicho que él quería un mundo similar al que quería la resistencia lo hubieran acusado de traidor y otro lo hubiera reemplazado. Entonces el trabajo del otro Bruno es un trabajo muy sutil y que va a llevar tiempo.

-Bien, lo que me contáis es algo fuerte. ¿En qué les puedo ser útil yo con mi investigación?

-En trabajar en campos cuánticos, para que los portales sean estables.

-¿Cómo puedo aplicar eso con la unidad plexa? -Alexis Anasio me dijo:

-Mira, Alex, nadie más que tú ha profundizado tanto en el tema. Tú sabes que la unidad plexa es el resumen de todo lo que es el mundo cuántico, donde dos objetos pueden estar a la vez simultáneamente, pero a su vez o están en un lado o en otro. La unidad plexa lo que hace es no ralentizar sino definir las dos situaciones simultáneamente. Se ha probado mucho tiempo atrás con electrones, donde las partículas que pueden comportarse como materia y como energía estén en dos lados a la vez o no, o pareciera que estén en un lado y en otro simultáneamente. O como se desplazan a la velocidad de la luz, la misma velocidad de la luz le hace creer al observador que está viendo las dos posiciones.

-Ahora entiendo -le comenté a Alexis Anasio.

-El trabajo con la unidad plexa lo que hace es que esos dos electrones se manifiesten, llamémosle "sin moverse" de un lado a otro, que estén en los dos lados o directamente que uno sean dos, figurativamente, pero que siga siendo uno.

Los miré a todos:

-¿Eso es lo que sucede con un universo alterno? Pero si la propia naturaleza ya lo hizo, insisto, ¿cuál sería mi cooperación, cuál sería mi apoyo, cuál sería mi utilidad?

-Traer al Bruno alterno. Este Bruno se ofreció y no tiene ningún problema, y tiene buena sintonía con su otro Bruno. Estudiarlos los dos.

-Pregunto: Si el otro Bruno tiene otra sintonía, otra vibración y han creado una rejilla que impide que pasen, ¿al sacar esta rejilla y este Bruno pasa como el Bruno de aquí pasó para el otro universo, no va a estar inestable aquí?

-No, no, no, la vibración se va adaptando. La rejilla es para evitar el pase, pero una vez que pasa la vibración se adapta. La chica que vino del otro universo sigue estando aquí y no le interesa regresar a un mundo en guerra, a un mundo totalitario, y aquí está bien, trabajando en la parte deportiva.

-¡Ah, vaya! -Ahora lo miré bien a Bruno-. Tú eres el que competía en una especie de artes marciales. -El joven asintió con la cabeza-. ¡Ah, ajá! Ya me parecías conocido. Bueno. Vuelvo al tema, los estudio. El tema es que no hay aparatos para estudiar esas vibraciones.

Raúl Iruti me dijo:

-Los hay Alex. Aquí tenemos aparatos que ni siquiera existen en Ciudad del Norte o en otras ciudades.

-Vaya, vaya que está completa Ciudad Central.

-Hay otras cosas que desconoces, pero iremos de a poco.

-¿Cosas que desconozco? No me dejéis intrigado.

-Iremos de a poco. Este mundo ha pasado por una casi catástrofe.

Lo miré a Alexis Anasio:

-Explícate.

-El querido Iruti, que está aquí, lo ha evitado. Pero ya te lo explicaremos.

-Me parece que me quedaré un largo tiempo con vosotros, esto me atrae demasiado.

Iruti me dijo:

-Nunca es demasiado.

-¡Je, je!, gracias por corregirme. Es cierto, nunca es demasiado. O sea, que tenéis aparatos como para aplicar en ambos cuerpos con vibraciones apenas diferentes, las unidades plexa. ¿Cómo?

Iruti me dijo:

-Pero tú lo sabes, Alex, lo tienes ahí, lo tienes en los cortes prefrontales, y es como que algo se niega a admitirlo.

-Es que es mucho de golpe y estoy algo confuso. Clarifícamelo, por favor.

-Las unidades plexa pueden hacer algo más, pueden de alguna manera investigar por qué las vibraciones son distintas. Tú, en algún momento, has llegado a percibir con aparatos ultra sofisticados un electrón que estaba en dos lados a la vez, pero realmente en dos lados a la vez, y si bien esos electrones estaban quietos, siendo que un electrón se mueve a la velocidad de la luz, esos electrones vibraban a la velocidad de la luz.

-Sí -admití.

-Bien -continuó Iruti-. Lo que no has comprobado, porque no tenías la aparatología suficiente, es ver si ambos electrones, que en realidad era uno partido en dos, vibraban en la misma sintonía. Y de no ser así, ¿por qué si era un solo electrón? Y lo que hizo la máquina de unidades plexa fue frenarlos, hablándolo de una manera muy básica.

-Claro -expliqué-, frenó el movimiento pero no frenó la vibración, porque dejaría de ser el electrón. Es un trabajo muy muy interesante, desde ya quiero conocer a todos vosotros para que intercambiemos experiencias. Y considérenme uno de ustedes, quizás es poco lo que pueda aportar, pero...

Me cortó Alexis Anasio:

-Nunca es poco lo que alguien puede aportar porque todo suma.

-Bien, bien, bien. ¿Entonces manos a la obra?

-No -dijo Raúl Iruti-, ahora vamos a cenar.

-¿Qué tenéis otro lugar donde cenar?

-No, no, no, iremos a un restaurant y obviamente tocaremos temas comunes, cordiales, para poder descansar nuestra mente un poquito. Y mañana comenzaremos y podrás ver el resto de los aparatos. Sé que me bombardearás a preguntas, pero todas, todas serán respondidas.

-Gracias Iruti -exclamé-. Y nos preparamos para ir a cenar.

 


 

Sesión 25/08/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Edgar (Ador-El)

 

Aunque seguían caminos distintos se encontraron, finalmente el grupo iría al castillo. Mientras recordaban los momentos pasados, duros, como para dejarse la vida.

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Entidad: No es la primera vez que digo el refrán: "Hasta al mejor cazador se le escapa un puersario".

 

Con Axel estábamos más que atentos, nos habían emboscado un par de veces mientras buscábamos a quienes habían raptado al príncipe Gualterio, a Rebel y a Edmundo, hasta que en la última emboscada caímos heridos, pudimos vencer a nuestros enemigos.

Pero había quedado herido en un brazo y manaba bastante sangre, Aksel tenía una herida más importante en uno de sus muslos. Corté un pedazo de tela de una ropa de los muertos y le apreté la pierna para evitar que emane más sangre.

Y puede ser que lo que relate parezca crudo, pero no nos importaban los cadáveres que habíamos dejado en el camino porque al fin y al cabo usaban a los jóvenes como mercadería, ya sea para ser esclavos en los barcos que iban a ir, capitaneados por Malacara, supuestamente al nuevo continente, o como esclavos sexuales.

 

Era muy difícil el no montar en cólera, mi compasión estaba dirigida a los cuerpos de nuestros hoyumans inmóviles, sin vida, no por el hecho de llegar a algún poblado caminando, que obviamente era bastante difícil encima cargando nuestras mochilas, sino que uno se encariña con los animales a veces más que con muchos seres humanos. Los animales rara vez te traicionan, humanos leales son pocos.

 

Llegamos a un poblado y buscamos a un médico que nos cosiera las heridas, nos pusieron jugo de plantas desinfectantes.

No queríamos descansar en el poblado, no sabíamos si había más espías del pirata Malacara, pero Aksel apenas podía andar. Nos quedamos en una posada al lado de la casa del doctor, descansamos un día. Por la mañana tomamos leche de cabrío y un par de hogazas de pan.

-Es momento de partir -le dije a Aksel.

 

Fuimos al doctor a que supuestamente nos diera el alta, y las gasas con que había envuelto la herida ya suturada de Aksel estaba empapada en sangre.

El médico dijo:

-Habría que esperar a que las heridas cicatricen. La de su brazo no es tan grave pero su compañero apoya la pierna para caminar.

-Vamos a esperar un día más. -Aksel asintió con la cabeza.

-Lo lamento hermano, pero te estoy obstaculizando.

-No digas eso, no digas eso. Ponte en mi lugar, que tú tuvieras la herida en el brazo y yo en el muslo y mi herida fuera tres veces más profunda y más grande que la tuya. Es lo que fue, es lo que es y cómo lo confrontamos.

Lo miré al médico y le dije:

Nos quedaremos un día más pero no aquí en el poblado, nos quedaremos en las afueras, no queremos ser presa de nuevas emboscadas.

 

Volvimos al pueblo para almorzar, evitamos bebida espumante, tomamos zumo de frutas. El doctor nos cambió las vendas.

Le dijo a Aksel:

-Mira, voy a ponerte una sobresutura porque al apoyar la pierna es como que tira la sutura y las abre, y la herida no termina de cerrarse. Aquí tengo un poco de polvo de cáscara de las plantas desinfectantes que están desecadas y puede ayudarte también a cicatrizar más. -Sobresuturó la herida y volvió a vendarlo bien apretado. Le dejé un par de metales al médico y le agradecí.

 

Caminamos hasta donde vendían equinos y compramos dos hoyumans, quizá no veloces pero muy resistentes, eran más hoyumans de tiro pero para el camino eran mucho más resistentes que un caballo veloz. Ahora sí, dos días de descanso obviamente que nos fueron útiles, pero la gente de Malacara evidentemente nos sacó bastante distancia.

Los hoyumans eran dóciles, fuertes. Equipamos los animales, pusimos las alforjas para evitar llevar pesos sobre nuestras espaldas. Estábamos seguros con nuestras espadas.

-Aksel, vamos a tomar un desvío entre las rocas, hacia el noroeste.

-¡Nos alejamos del camino, Aranet!

-Es solamente unas dos mil o tres mil líneas, luego volvemos hacia el noreste. Vamos a atravesar el camino principal por el que veníamos pero seguiremos por las rocas del otro lado, se trata de evitar más encuentros peligrosos.

 

Miraba por encima de una de las botas de Aksel, que montaba su hoyuman, y veía que el pantalón que llevaba suelto por encima de las vendas volvía a tener algunas pequeñas manchas de sangre. Hay heridas que son bastante bastante embromadas. Sentía una impotencia tremenda, pero mi compañero no aflojaba.

Aksel, como leyendo mis pensamientos me decía:

-No es la primera vez que me hieren, tú y yo hemos pasado bastantes batallas. -Lo miré y sonreí.

 

Los caballos de tiro no eran tan sigilosos como los hoyumans veloces pero era lo más indicado para seguir entre las rocas, con unas buenas herraduras en sus patas. Y andábamos al paso por dos razones: para no hacer tanto ruido y para poder escuchar el menor ruido.

Se terminó la región rocosa y entramos en un bosque, ya era de tarde casi oscureciendo y se escuchaban graznidos de aves, rugidos de algún animal pero no se acercaban a nosotros, no eran peligrosos.

Aksel miraba hacia la copa de los árboles, entendía. En un momento dado me hace un gesto y me dice, mostrándome dos dedos y mirando hacia los árboles. Asentí con la cabeza. Sacamos nuestras espadas.

Dos hombres emboscados se lanzaron sobre nosotros. Corrimos nuestros hoyumans, los hombres cayeron a tierra. Desmontamos inmediatamente y en segundos les quitamos la vida.

-No hagas tanto movimiento, déjame a mí. -Eran hombres de Malacara, y eso que nos habíamos desviado del camino principal. Les revisamos la ropa, les sacamos metales. Tenían hogazas de comida, de carne desecada.

-Llevémosla, comeremos en el camino. Fíjate si tienen cantimploras.

-Tenían.

-Mejor. Carguémoslas con nosotros, agua siempre hace falta para el camino.

 

Y seguimos andando. El esfuerzo hizo que el muslo de Aksel sangrara más, tenía doble sutura más el polvo de la planta, de la cáscara de la planta desecada. Por lo menos era en un muslo, no en parte del cuerpo donde le podía tocar un órgano vital, pero era muy difícil seguir así.

Aksel me dijo susurrando:

-Nos estamos acercando a otro camino pedregoso, un camino que cruza con el nuestro.

Agucé el oído y...

-Hay como tres hoyumans.

-Sí -asintió Aksel. -Éramos expertos en persecución y también en huída, y no me parecían jinetes que estaban emboscándonos, más bien parecían jinetes que huían. En instantes nos cruzaríamos con ellos. Nuestras espadas en mano.

-No creo que sean más de tres -dijo Aksel-, por el casco de los hoyumans.

 

Nosotros íbamos más despacio, no creo que nos escucharan. Todavía un poco de claridad había. Nos cruzamos y ya estábamos a punto de combatir.

-¡Aranet! -dijo una voz. Lo frené a Aksel.

-¡Son los chicos! -Nos abrazamos-. Edmundo, Gualterio, Rebel, ¿cómo estáis aquí? -Nos miraron.

-Vaya, mira tu brazo -dijo Gualterio-. Y tú, Aksel, ¿qué te ha pasado?, casi quedas cojo. -Aksel lanzó una carcajada, pero muy muy silenciosa.

-Explicadnos, habéis escapado... -Nos contaron todo lo que pasó. Unos malandras atacaron el campamento y aprovecharon el ataque para poder escaparse.

Lo miré a Edmundo, le digo:

-¿Y Lotar?

-En el medio del fragor, estábamos en el cuarto, tuvo un descuido y lo degollé.

-¡Ah! Qué satisfacción lo que me cuentas, Edmundo.

-Eso no es todo. Mientras iba perdiendo la vida veía que sus ojos estaban vidriosos, me abracé con él. -Fruncí el ceño.

-¿Por qué, para qué?

-La sangre que manaba de su garganta empapó todo mi cuerpo, mi ropa, mi rostro; yo mismo me fregué la cara con su sangre. Cuando vi su cuerpo inerte actué como con histeria, bajo del cuarto y me pongo a gritar:

-¡Nos atacaron, estamos heridos! ¡Vuestro jefe está muy grave, dadnos armas para defendernos de los que nos atacan!

-No, las armas son para nosotros, no nos importa lo que les pase a ustedes.

 

Antes de buscar a Gualterio y a Rebel ya tenía preparados tres hoyumans, les sacamos a unos muertos, por el ataque, espadas y escapamos por caminos pedregosos para que no nos persigan.

 

En ese momento reparé en Rebel, vi que estaba bastante mal herido. Nos preguntaron por Figaret, nos preguntaron por Dexel.

-Dexel está bastante mejor, Figaret quedó con Olafo porque había quedado bastante grave en el ataque. ¿Y este camino?

Gualterio dijo:

-Es el que va para el castillo.

Aksel me miró y me dijo:

-Aranet, no tiene sentido que sigamos ahora a los piratas, ya estamos con los jóvenes. Tomemos ese camino que iban ellos, va para el reinado de Anán. -Asentí con la cabeza. Ahora éramos cinco personas armadas, aunque Rebel no estaba bastante bastante bien.

Le pregunté:

-¿Cómo te sientes?

-Tengo heridas en el cuerpo, Edmundo me vendó como pudo con ropa de cadáveres, pero siento que mis fuerzas no dan más.

 

Vi que Gualterio apenas hablaba y que quien llevaba el mando de los jóvenes era Edmundo. Nunca lo había visto tan recio, tan decidido -y uno trata no solamente de comprender a sí mismo sino de comprender al otro-, da la impresión de que al haber sido esclavo y a su vez sometido por Lotar, ese gigante negro, es como que primero lo hubiera quebrado y luego lo hubiera rehecho.

Veía el semblante en la casi oscuridad de Edmundo y vi que su rostro era pétreo, decidido. Me miró el joven como leyendo mis pensamientos.

-Aranet, ¿te parece que vayamos nosotros adelante y ustedes cubren la retaguardia? -Asentí con la cabeza. Aksel me miró sorprendido dejando que el joven tome la iniciativa. ¿Por qué no?-. Veo que tenéis caballos de tiro.

-Sí, son hoyumans más resistentes que los vuestros, para estar entre las rocas en el mismo bosque, para vadear un río. Son un poco más lentos, pero bueno, eso no significa que nos quedemos atrás.

Edmundo dijo:

-De todas maneras no vamos a ir al galope. Primero porque no tiene sentido, el hoyuman puede tropezar contra una roca y nos vamos todos al piso, nos podemos romper la cabeza. Y segundo, para evitar el ruido. Ni siquiera vamos al trote, vamos al paso rápido, tratamos de no hacer ruido.

Aksel dijo:

-De todas maneras los escuchamos.

Edmundo sonrió con una mueca y dijo:

-Nosotros también escuchamos a vosotros, fijaos que también teníamos las armas desenfundadas. -Me sorprendí.

-Íbamos más lentos que ustedes y sin embargo nos escucharon, vaya.

-Por lo menos yo les escuché -dijo Edmundo-. No queríamos más emboscadas, no queríamos saber más nada. De todas maneras esto no va a quedar así, cuando lleguemos al castillo descansaremos un par de días, a lo sumo. Rebel se quedará para sanar sus heridas y yo no me voy a quedar así. Estaban diciendo que hay un lugar donde partían los barcos, Puerto Grande o algo así se llama. Voy a organizar una partida.

 

En el fondo sonreí viendo la decisión de Edmundo, como si fuera un guerrero experto, y apenas era un joven que recién se había destetado de su estado juvenil con una experiencia mala, pésima, una experiencia de sometimiento.

Y se lo dije:

-Te podías haber quebrado.

-Sí, Aranet. -Mientras íbamos al paso me decía-: Por momentos me quebré, por momentos pensé yo mismo en coger un cuchillo y abrirme la garganta. Y luego pensé, ¿por qué, para que gane el otro? Fue una oportunidad el que nos atacaran, eran unos maleantes estúpidos que seguramente fueron acabados enseguida. Pero yo, en ese momento, en el tumulto, dije "¿Degollarme yo? No". El gigante no se lo esperaba. No tienes idea, Aranet, como disfruté, como gocé mientras le manaba la sangre de la garganta y caía sobre mí manchándome la ropa. No vi la diferencia desde sus ojos abiertos cuando me miraba con sorpresa mientras le caía la sangre de su garganta hasta que sus ojos quedaron vidriosos sin vida. Yo seguía sosteniéndolo con mi cuerpo hasta que dejó de manar sangre, y lo dejé tirado ahí. Mi corazón latía a más de ciento cuarenta pulsaciones por minuto y no sabía diferenciar mis emociones, si tenía odio, ira, satisfacción, placer de venganza, no sabía diferenciar en ese momento. Pero por sobre todo gocé, gocé de ver ese cuerpo que me tuvo como esclavo, creo que jamás disfruté tanto algo.

Aksel dijo:

-¡Estás hablando de la muerte!

-Sí, estoy hablando de la muerte.

-No eres el Edmundo que yo conozco.

-¡Je, je, je! ¿Y cuál es, Aksel, el Edmundo que conoces? ¿El jovencito inexperto?, ¿el que conoció la jovencita Chelsea y que se burlaba de él? Nadie se va a burlar más de mí, ni enemigo ni amante, porque no lo voy a permitir, porque me debo respeto a mí mismo. ¿Pensáis que el haber sido esclavo hace que pierda respeto sobre mi persona? Para nada.

 

Me sorprendía como hablaba Edmundo y me sorprendía más lo callado que estaba el príncipe Gualterio.

-¿Cómo estás tú? -A Gualterio. Se encogió de hombros, no hablaba.

Edmundo dijo:

-Hace rato que no habla, me dejó la iniciativa. Él sí que está como quebrado, de ánimo está mucho peor que Rebel, y eso que no tiene heridas, por lo menos no graves.

 

Y seguimos andando, pronto llegaríamos al castillo de Anán. Éramos cinco con heridas físicas, con heridas mentales, con impotencia, con rabia, pero con una energía que nos movía. Inconscientemente veía que tenía el puño cerrado como si fuera a golpear a un enemigo invisible, y miraba el puño de Edmundo y estaba igual que el mío, como si estuviéramos conectados.

Y a veces, y muchas veces, el drama, circunstancias nocivas, adversas te conectan más que esos momentos de disfrute porque te conectan de otra manera; te conectan por dentro, y uno siente la templanza del otro. Y cuanto más templanza tienen ambos, más conexión hay. De eso se trata, de eso se trata en la vida.