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Psicoauditación - Facundo F.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión del 11/08/2025 Sargón, Furt

Sesión del 14/08/2025 Sargón, Furt

Sesión del 12/09/2025 Ran II, Roger

Sesión del 28/04/2026 Nueva Gaela, Maki-Ra

Sesión del 29/04/2026 Nueva Gaela, Maki-Ra

Sesión del 11/05/2026 Sargón, Furt

Sesión del 27/05/2026 Aldebarán IV, Edmundo

Sesión del 28/05/2026 Aldebarán IV, Edmundo

 


Sesión 11/08/2025
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Facundo F.

Estaba en Ferro y pronto nacería, de Ardala, una anfibia con nombre Ardeña. Alexis le recomendaba trasladarse a Prima para descansar y tomar decisiones.

Sesión en MP3 (4.094 KB)

 

Entidad: Estaba encerrado en mi camarote, en el astro puerto de Ferro.

Me entro una videollamada holográfica. Atendí: Alexis.

-¿Cómo te encuentras, Furt?

-Honestamente, molesto. -Se me quedó mirando por la pantalla, una mueca que semejaba una sonrisa, pero no era de burla.

-Furt...

-Sí.

-¿Podrías venir a Prima, te quedas dos días y conversamos? Los días de Prima son similares a los de Ferro, a los de Sargón, conversemos. Quisiera, Furt, que te desprendas un poco de las obligaciones.

-Lo consultaré con... -Me interrumpió con la mano haciendo un gesto-. Ya hablé.

-Vaya, ¿eres civil y sigues teniendo ascendencia sobre los jefes de Sargón?

-No, simplemente lo pedí, tengo mis contactos.

-Como digo yo, tienes ascendencia. Mira, partiré en un rato antes de que anochezca en una nave de cuatro plazas, pequeña.

-Te espero a cenar.

-Bueno, fantástico. O sea, que no sólo tenemos la misma rotación horaria sino que estamos coincidiendo en los horarios. Esto es causalidad porque uno puede salir de Sargón a las 4 a.m. y llegar a Ferro a las cero horas.

-Furt, te invito justamente para que te relajes, no pienses en horarios, en misiones.

-¿Y de qué vamos a hablar?

-De Ardala.

-Es justamente lo que no quiero.

-Es justamente lo que necesitas, Furt. -Y viajé.

 

Llegué, había una comida deliciosa.

Sonreí y le dije a Alexis:

-Voy a perder mi línea.

-Mira, yo como casi todos los días frutos de mar, vegetales incluso mi parte muscular está mejor que cuando servía en la flota. Aquí en Prima hay comida sana, es abundante, lo cual no significa que tenga calorías. Vamos, no hay nada con alcohol. Zumo de frutas, de verduras.

-¿De verduras?

-Es increíble, la Federación Sargón le hace creer a su gente que los zumos de verduras no tienen buen gusto. Prueba y después opina. -Y tenía razón Alexis, los zumos eran deliciosos, la comida espectacular-. ¿Por qué, Furt, te noto con mal genio?

-No..., no tengo mal genio tengo, tengo... no sé cómo decirlo, déjamelo pensar, algo que no me cierra.

-Furt, lo has hablado cien veces con Ardala. Vamos de vuelta a esa supuesta droga que a ella la enardece, a ti te ha aturdido, recuerdas poco y nada, pero no creo que te olvides lo que ha pasado después porque me lo has contado en confidencia, habéis tenido más de un acercamiento íntimo y lo habéis disfrutado más que bien, además la última vez que hablamos me has dicho que sí, que dentro de ti ya hay un sentimiento por ella.

-Está bien lo acepto, ¿pero por qué tengo que dejar la Federación e irme a vivir a su mundo?, ¿por qué no al revés?

-Bueno, allí hay menos mujeres que hombres y cuando una mujer es capitana, es valiosísima. Además dos veces la he visto entrenar y puede vencer a cualquier varón de su mundo. ¿Has probado de combatir con ella? -Hice un gesto de resignación.

-Sí.

-¿Y?

-Y me ha vencido lucha cuerpo a cuerpo, con los palos de madera llamados Bō, nadando ni hablar por supuesto, es anfibia. Yo creo, Alexis, que si te descuidas te puede vencer a ti. ¿Cómo te pondrías? -Alexis lanzó una carcajada.

-¿Piensas que si me vence una mujer afectaría a mi machismo? No, no, esas son cosas de chicos, son cosas de párvulos, es de la prehistoria eso del sexo fuerte, sexo débil. Antes de que hubiera viajes interestelares, a ver, nosotros como humanos nos creíamos, digo nosotros, estoy hablando de miles de años atrás, creíamos que éramos los reyes de la creación hasta que conocimos otros sistemas y también había humanos y pensamos que la galaxia está llena de humanos hasta que conocimos los langars y no entendía cómo unos bichos tan feos a nuestra vista y no tan inteligentes, que cuando devoraban toda presa que hubiera en ese planeta tenían que ir a conquistar otro mundo porque no sabían sembrar, no sabían cosechar, no sabían hacer nada. Sabes, Furt, las veces que me he preguntado cómo pueden manejar una nave a velocidad superlumínica. Y después vimos razas reptiloides, cánidas, félidos, los lacertas que ellos dicen que descendieron de los antiquísimos velociraptores de millones años atrás, por eso se burlan educadamente de los antiguos, por el título que de ponen.

-Alexis.

-Sí.

-Quizá te has ido de tema, mi pregunta es... está bien ya la respondiste, yo soy uno entre miles de capitanes, ella debe ser una entre cien capitanas, no sólo hay pocas mujeres sino que la mayoría no se dedicó a su flota estelar.

-Entonces estás de acuerdo, Furt, de porqué prefiere que vayas tú. A propósito, ¿es niña, no?

-Sí, ya prácticamente va a nacer.

-Bien, ¿el nombre?

-Ardeña.

-¡Ja, ja, ja!, lo decidió ella.

-No, lo consultamos.

-¿De quién salió el nombre?

-¡Ah!, de Ardala, Alexis, de Ardala.

-O sea, lo decidió ella.

-¿Te das cuenta lo qué haces? Me exacerbas.

-No, Furt, estoy tratando de templarte.

-No, estás tratando de quebrarme, pero lo tomo a risa.

-Eso es lo que quiero, que lo tomes a risa.

-Me voy a sentir raro.

-¿A ver?

-Claro, cuando nazca Ardeña y sea anfibia y pueda viajar a profundidades que yo sin un traje con oxígeno no podría ir... Es más, sé que Ardala aguanta una presión superior a la que cualquier humano podría.

-¿Y?, ¿dónde está el problema? No van a vivir en el agua. ¿Por qué le pones reparo a todos?, a todo, mejor dicho.

-Ponte en mi lugar.

-No, yo ya estoy casado, tengo una esposa que es una heroína en Sargón.

-¿Y entre ustedes quien manda?

-¡Je, je! Furt, ¿me preguntas en serio?

-Sí, ella es la capitana Kirana, nadie la doblega. ¿O acaso tú la doblegas?

-No, no la doblego, pero tengo el don de sacarla de quicio.

-Eso cuando eráis novios, ahora viven juntos, duermen juntos. Antes la sacabas de quicio, que en realidad lo que hacías era atraerla hacia ti, ¿y ahora en qué la sacas de quicio?

-En bromas.

-Esto es raro... en Sargón te respeta todo el mundo, todo el mundo, y nadie sabe lo enormemente bromista que eres.

-Furt, te lo debo haber dicho ya muchas veces: el humor es salud, la ansiedad no es salud, la angustia no es salud. Nadie te va a torturar en el mundo de Ardala.

-No, pero me siguen mirando raro, "¿Un humano?, ¡qué hace aquí!".

-O sea, vives de la aprobación de los demás.

-No, Alexis, no vivo de la aprobación de los demás... A ver, no me gusta que me miren cuando como, no... no sé, ¿que tengo pelos en el rostro? ¡Te ríes pero no me contestas!

-Esa frase que has dicho, ¿por qué no se la preguntas a un cánido, a un félido, a ver si le molesta tener pelos en el rostro? Son felices, se aceptan.

-¿Y si van a otro mundo?

-Y si van a otro mundo, ¿qué? No me digas que no has visto ningún cánido, ningún félido, ningún reptiloide en el mundo de Ardala.

-Sí, he visto.

-¿Los miran?

-Claro que los miran.

-¿Les importa?

-No.

-¿Entonces? Haz tu vida.

-Bueno, vamos a la pregunta entonces: aquí yo ya soy capitán de flota, ¿qué voy a hacer allí?

-Hay una frase de nuestros ancestros muy muy antigua que tiene más de mil años, lo de "ahogarse en un vaso de agua": te estás ahogando en un vaso de agua.

-A ver, ¿me lo puedes traducir? -le dije irónicamente.

-Sí. Hay embajadores, todos los sistemas estelares tienen embajadores, tendrías un título mejor, ganarías más créditos.

-Y mientras ella se va de exploración o de misión, ¿qué hago yo?

 -¿Por qué no te fijas, Furt, en lo que hago yo? Bueno, Prima es Prima, tiene unos jardines hermosos, todo el mundo sabe que te pones en el césped con ropa lo más liviana posible, te pones a jugar con los pequeños mamíferos, incluso con grandes mamíferos, disfrutas.

-Pero el mundo de Ardala tiene muy pocos continentes a nivel terrestre y mucho océano, y sí, muchísimas muchísimas islas que por suerte son islas que sobresalen bastante del nivel del mar, digamos que si hubiera unas enormes tormentas marinas no... no llegarían a inundar las islas.

-¿Y donde vive Ardala no hay jardines?

-Ya sé a dónde vas -le dije-.Tú quieres que haga lo que haces tú; como voy a ganar créditos sin hacer nada me voy a tirar en el césped, a ver qué bichitos lindos que hay por ahí.

-¿Por qué?, ¿te incomoda jugar con bichitos anfibios?

-No, para nada, en Ferro está lleno de distintos bichos anfibios, unas lagartijas hermosas. Al contrario, algunas me liberan de los insectos que me quieren picar.

-¿Pero no hay animales de sangre caliente?

-Sí, hay mamíferos también. Y eso quería preguntar, la mayoría de los anfibios que conozco son de sangre fría, ¿cómo puede ser que los nativos como Ardala tengan sangre caliente? Y además en algunas partes del cuerpo su piel es completamente tersa y es como si fuera una mítica sirena.

-Eso se lo tienes que preguntar a ella, allí los anfibios conceptuales son de sangre caliente, ¿y qué le ves de raro? Conozco infinidad de mundos donde hay mamíferos que ponen huevos.

-Bueno, sé que por ejemplo los reptilianos, Alexis, ponen huevos.

-No no no, estoy hablando de mamíferos, y mamíferos conceptuales que tienen relaciones como cualquier reptiloide, como cualquier félido o como cualquier humano, pero pone huevos. ¿Tú piensas acaso Furt, que conocemos a todas las razas de la galaxia?, apenas si conocemos un cinco por ciento, una de las cosas que más me atrae es viajar para ir trazando mapas de la galaxia y los mundos que aún no visitamos porque todavía no conocen los viajes interestelares, y la idea de muchas federaciones es no tener contacto mientras no desarrollen velocidad ultralumínica. ¿Sabes cuantas veces he pensado, cuando era un pequeño en Sargón, antes de saber de que mi origen era de Prima, de que ni siquiera conocemos toda la fauna de Sargón central y de repente conocemos un sistema a cincuenta años luz?, es irónico, roza lo cómico. Bien, mi recomendación es que te quedes un par de días, conversemos sobre el tema, descansa, quédate conmigo jugando con estos animalitos... ¿Sabes que te lamen la cara con una dulzura?

-¿Y no te da como...?

-¿Hablas de asco? Son más limpios que nosotros. Además, tienen todo tipo de vacunas. Se analiza su ADN y se los trata como persona en el sentido de la atención médica. Siempre va a haber algún animal rebelde, como hay humanos rebeldes, como hay félidos rebeldes. Tu hija, Ardeña, va a precisar de papá y mamá..., vive allí, acepte el puesto de embajador, ganarás cuatro veces más.

-No se trata de la plata, sí me gustaría que Ardala estuviera más tiempo.

-Te puedes comunicar por vídeollamada ultralumínica cuando quieras. Yo lo hago con mi esposa y bromeo mucho con ella.

-¿En qué sentido?

-Le dije: -Estoy con otra. -Dame tu palabra -me dice. -Te doy mi palabra que estoy con otra.

-¿Y se enoja?

-No, no se enoja. -¡Quiero verla cuando regrese! -Está bien, lo consultaré con ella si quiere verte.

-¿Y qué te dice?

-Que no me pase de listo. Y finalmente hay una raza que copula como cualquier ser coherente y conceptual, pero a los cuarenta días de Prima su hijo sale del útero.

-¡Pero debe ser pequeñísimo!

-Sí, lo tiene en una bolsa.

-¡Pero es un marsupial!

-Sí, pero son marsupiales conceptuales.

-Esto no lo he visto, ¿en Prima hay marsupiales conceptuales?

-Sí.

-¿Pero llegan a...?

-No no no no no, sé adónde..., sé qué me vas a preguntar, no no no no no, ¡je, je, je!, los marsupiales no... ¡je, je, je!, los marsupiales son fieles entre sí, ¡je, je, je!

-¿Qué dijo? -Me has hecho reír, Alexis-, ¿qué dijo tu esposa cuando llegó?

-Se rió y se abrazó con la marsupial. Se llama Tuana, Tuana. No vocaliza como vocalizamos nosotros, tiene una especie de jerga distinta pero se hace entender perfectamente.

-Me asombra, porque he visto otros mundos marsupiales pero no son conceptuales.

-Bueno, ¿acaso no hay felinos y cánidos no conceptuales?, ¿acaso no hay reptiloides no conceptuales? Y qué, ¿los humanos somos los únicos?, ¿te parece? ¿No has visto en ningún mundo antropoides?, algunos ni siquiera saben hablar y no tienen la inteligencia como para sonreír, solamente hacen una mueca. No caigas en esa tontería de que los humanos somos lo mejor de la creación.

-No, lo tengo reclaro, Alexis.

-Así que mañana no, pasado partes con el grado de embajador y te quedas allí. Eso no significa que muy seguido puedan venir a Prima con la belleza que va a nacer, Ardeña, y se quedan unos días aquí. Y ahora a jugar un rato con los bichitos, vamos. -Se levantó, fue trotando

 

Había comido tanto que me costó levantarme, y le dije:

-¿No te molesta si me voy a descansar un rato?

-Hay una cosa que no sabes, Furt, aquí en Prima está prohibida la siesta.

-¿En serio?

-¡No! ¡Ja, ja, ja, no Furt! Vete, vete a acostar, ahí tienes tu habitación, vete a acostar, qué flojo que eres.

-¿Flojo? He comido para tres días.

-Entonces a la noche no cenas.

-Bueno, tampoco la tontería.

-Va, vete a dormir, yo iré a jugar un rato con mis amigos.

 

Y me fui a acostar. Y en dos días vería a mi amor, Ardala.

 


Sesión 14/08/2025
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Facundo F.

Coincidió con una joven en el Náutico, hablaba muy bien de Clayton al punto tal que parecía que estaba mucho de él. Era atractiva como para pensar en ella pero no deseaba ser segundo plato. Hubo un diálogo extraño y todo se truncó, quedó sólo.

Sesión en MP3 (2.943 KB)

 

Entidad: Dejé a la señorita Milano con el señor Olazábal. Vi que en la mesa larga había unos jóvenes que miraban hacia el despacho donde había entrado Karina Milano y sonreían. No le di importancia. Sí es cierto que me até enormemente a Karina Milano, y si le hubiera preguntado a un compañero me hubiera dicho: "No estás a su altura" o "Está en otro nivel". Más de una vez, amigos ¿eh?, me han dicho frases parecidas y me cayeron como hierro candente en el estómago.

 

Sé que el dinero da poder pero también aprendí que el dinero no compra amor ni compra salud, por lo tanto eso del nivel es muy relativo. Ahora, si hay chicas que eligen a alguien por tener poder adquisitivo, obviamente no aman a la otra persona, simplemente se aprovechan o buscan vivir bien. Pero en el fondo, aun analíticamente sabiendo todo eso, reactivamente me molesta.

 

Me iba a ir porque ahora ya no tenía compromiso, la idea era acercar a Karina Milano, cogería un taxi y volvería a Ciudad del Plata.

Pero dije por qué, puedo tranquilamente pagarme una bebida. Vino el camarero y le pedí una buena merienda.

Me llevé la sorpresa cuando me dijo:

-Ya está pago. -Le iba a preguntar "Pero quién...", y el camarero ya se había marchado. Bueno habrá sido la propia Milano.

 

La cuestión que tomé una buena merienda, y en ese momento entró una joven, bonita como Karina Milano pero bastante más joven, no sé si tendría siquiera dieciocho años.

Y se acerca a mi mesa:

-No te he visto por aquí -me dijo-, ¿eres amigo de Clayton?

-No, entiendo que Clayton es el dueño de todo esto.

-Sí, por supuesto.

-¿Tú eres de aquí?

-No -me dijo la chica-, de Liziana, conocí a Clayton en Liziana y quise venir a Plena.

-¿Por alguna razón en especial?

-Bueno quería perfeccionar mis estudios y de paso, seré honesta, ver si tenía alguna posibilidad con Clayton, pero tiene una pareja muy muy bonita y no tengo chance.

-Toma asiento -le pedí-. Y se sentó. Vino el camarero y pidió algo. Iba a abonar y el camarero dijo:

-No, no, está pago.

-¡Vaya! -Me miró a mí-. Evidentemente tienes buenos contactos.

-Honestamente no -le dije-. A propósito, ¿qué edad tienes?

-Dieciocho y varios meses, voy a cumplir diecinueve.

-Bueno, me presento: Raimundo Peñaloza.

-¿Qué eres de esa Milano?

-¿Antes? nada, estudiante de ciencias económicas recibido con las mejores notas, amigo de Pocho Olazábal.

-¡Ah!, ¿sabes que Olazábal es hijo de ese Constantino, no?, ¿de ese señor?...

-Sí. ¿Tu nombre?

-...Karina Milano creo que tiene algo con este señor.

-No sé ni me interesa. ¿Me dices tu nombre, por favor?

-Sí, me llamo Serena Berardini.

-¡Serena qué hermoso nombre!

-¿Y qué te parezco?

-Explícate -le pedí.

-¿Soy tan bonita como esa Milano?

-No te voy a mentir, eres mucho más bonita, eres una flor en crecimiento.

-¡Vaya!, nunca me habían dicho tal halago.

-Bueno, aquí en el coloquial de Plena le decimos piropo.

-¡Qué bonito! Ahora esperas que te diga "y tú también eres lindo, Raimundo".

-No, no, no me interesa.

-¿No? ¿No te interesa que una chica te diga que eres bonito?

-Me interesaría tener la chance de que me conozcas, tener la chance de que sepas como soy por dentro y que te guste lo que ves dentro mío.

-No tengo rayos X...

-Serena, no te burles, sabes a qué me refiero.

Sonrió y me dijo:

-Me pareces interesante, pero te voy a contar algo sobre mí.

-Te escucho -exclamé.

-Aparento ser más de lo que soy.

-Explícate mejor, Serena.

-No tengo experiencia con los chicos.

-Bueno -Sonreí y me arriesgué-, Puedes empezar conmigo.

-Ahora te estás haciendo el listo.

-¿Por qué? Dices que no tienes experiencia y te digo que soy un servidor, pero claro como no me conoces interiormente y por fuera quizá no te atraiga, entonces ahí está tu resistencia, ¿no?

-¿Tú lees mis pensamientos?

-No, Serena, ¿por qué?

-¿Y cómo sabes que no me atraes? Supón que sí me atrajeras.

-Eso me gustaría muchísimo, significaría que tengo una oportunidad de conocerte mejor.

-Vaya. Cuando me acerqué a la mesa me parecías tímido.

-En realidad lo soy, no suelo ser suelto con las chicas pero tú tienes algo que me permite soltarme.

-Raimundo, ¿tú piensas que congeniamos? -Me encogí de hombros.

-No lo sé. Vuelvo a insistir, tendríamos que conocernos mejor.

-¿A qué le llamas mejor, a salir, a compartir una cena o...?

-Eso que tienes en tu cabeza.

-Bueno en mi cabeza tengo un cerebro y algo que no se puede detectar que es una mente. En realidad sí se puede detectar a través de un electroencefalograma.

-No, en realidad lo que detecta son las ondas cerebrales de tus pensamientos.

-Y entonces tengo razón yo, detectan la mente.

-Dejemos ese tema.

 

Vino el camarero y le sirvió a Serena y comió tranquilamente. Nada delicado, comía normalmente como si estuviera en un comedor-cocina como si estuviera en su propia casa.

-Eres muy natural -le dije.

-Sí, por supuesto. ¿De qué debo aparentar? -Miré para todos lados.

-Si te fijas en la otra parte del salón vas a ver a chicas que cogen un pequeño pedazo de pastel con el dedo índice, el pulgar, y luego con gesto despectivo se secan con una servilleta.

-Problema de ellas, yo no voy a estar aparentando.

-Además -le dije- con esa belleza que tienes fíjate que ni siquiera precisas pintarte los ojos, maquillarte...

-Bueno tengo un pequeño maquillaje en el rostro, pero nada más.

-Eres tan joven, eres tan...

-¿Te estás burlando de mí?

Le dije:

-¿Por qué? -Tenía ganas de reírse, pero se aguantaba-. Coméntame... -Y por fin soltó la carcajada.

-Sé lo que quieres hacer.

-¡Je, je! Eres telépata.

-No hace falta, lo leo en tu rostro, quieres comerme a besos.

-¿Tanto se nota?

-Sí.

-Bueno, ¿y qué dices al respecto?

-No... no quiero que las vayan tan rápido.

-Espera, espera, Serena, no has dicho 'No', has dicho 'No quiero que las cosas vayan tan rápido'. ¿Pero si van un poco más lento, las posibilidades están abiertas?

-Digamos que sí.

-¿No mientes? -Frunció el ceño.

-Raimun, no me gusta que duden de mí.

-Está bien, pido disculpas.

-¿Entonces seguimos conversando?

-No, tengo mil cosas que hacer. Pero vienes a perfeccionar tus estudios, ¿adónde estás estudiando?

-En una facultad en la Segunda avenida, en capital.

-Vaya. ¿Y obviamente Clayton sabe que estás aquí?

-Sí, pero él no está muy seguido en el club, me vio una vez, no se sorprendió, me saludó y se fue.

Serena me miró:

-¿Y ahora qué sucede? Tu cara cambió, tu semblante cambió... ¿qué pasa?

-¿Puedo preguntarte francamente?

-Sí.

-Supón que Clayton no tuviera novia, supón que Clayton te hubiera prestado más atención, ¿hubieras salido con él de una?

-Sin dudarlo.

-¿Puedo rechazar todo lo que dije antes, borrarlo?

-Me hablas en difícil, no te estoy entendiendo.

-De tener una oportunidad de conocernos, de alguna vez poder besarte, de que puedas conocer mi interior... ¿puedo hacer que en tu memoria lo borres?

-A ver si entendí bien -dijo ella-, ¿te has arrepentido de lo que me has dicho?

-No, no es arrepentido; simplemente, y no te voy a decir 'no te lo tomes a mal', honestamente, tómatelo como quieras, pero no me gusta ser segundo plato de nadie -Se puso seria-. En algo no me voy a retractar, eres la chica más bonita que he conocido. Pero no puedo decir que tenga dignidad, al contario, a veces siento como que tengo baja estima, y para mí del uno al diez eres un diez, pero pasa por mí, no me gusta ser humillado.

-No te estoy humillando -dijo ella.

-No directamente, pero 'a falta de pastel bienvenido sea el pan duro'. El pastel te pasó de largo y yo sería el pan duro, y yo honestamente no quiero ser el pan duro de nadie. Así que bueno, estás apurada, ve a estudiar, ve a hacer lo que quieras.

-Podemos quedar como amigos si quieres, y si no, no.

-A mí, honestamente, me da lo mismo.

Se puso de pié pero no se fue, me miró y me dijo:

-Eres demasiado susceptible.

-El noventa y nueve por ciento de las chicas de aquí les gustaría salir con Clayton, es serio, es leal... Yo también soy serio, yo también soy leal, pero claro, no tengo la fortuna de Clayton. Así que es como yo dije al comienzo, todo tiene que ver con la fortuna. ¿Tú tienes fortuna?

-Tengo dinero, pero no tengo fortuna -comentó Serena.

-Y bien, mira aquí en el Náutico hay infinidad de chicos que tienen dinero, Pocho por ejemplo no tiene pareja.

-No es mi tipo, Pocho.

-¿Y yo?

-Tú podrías ser mi tipo.

-Podría. Una cosa más y terminamos la conversación, el ego es el que se ofende, yo no me ofendo por ser un plato de segunda mano. Lo que pasa que a veces el ser una segunda opción hace que la otra persona no esté enamorada del todo. Y a mí no me gusta sufrir, ya he sufrido más de una vez, no quiero empezar a salir con alguien que me atraiga muchísimo y después esa persona cambie de idea y yo quede en la estacada, si se entiende el concepto.

Me miró y me dijo:

-Yo no soy una mala persona, pero tampoco miento. Obviamente Clayton me atraía pero no significa que yo estuviese enamora de él, al fin y al cabo lo vi poquísimo. Y si yo el día de mañana hubiera podido salir contigo y me hubiera enamorado de ti no hubieras sido mi segunda opción, no hubieras sido mi segundo plato, porque me conozco bien Raimundo, si yo me enamoro de alguien no es ni mi segundo ni mi primer plato, es mi único plato. Y ahora sí, me voy. -Se marchó.

 

Me di vuelta mirándola, un vestido corto, unas piernas de modelo. Es más, la mitad de los chicos de la mesa larga se dieron vuelta para mirarla.

Y después miraron hacia mi mesa, pero yo estaba de espaldas a ellos y miré mi plato, que todavía no lo había terminado.

 


Sesión 12/09/2025
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Facundo F.

Recuerda que cuando estuvo en el segundo planeta de Epsilon Eridani, últimamente tenía sueños vívidos y consultó a un terapeuta que le dijo qué podría ser. Al poco se le apareció, de noche, un ser femenino que le hizo una proposición.

Sesión en MP3 (3.859 KB)

 

Entidad: Cuentan que hace doscientos años hubo un contacto alienígena, pero todo quedó como una leyenda, nunca se investigó.

 

En el nuevo continente, en el norte, en una zona muy boscosa de coníferas había unos leñadores rudos pero buenos. Trabajaban por jornal mensual, venía un hombre en una carreta y les daba los sobres con el monto de cada mes.

Cuenta esa misma leyenda que vino un objeto del cielo y bajaron mujeres de piel azulada.

 

Hoy, mi mundo, Ran II, ha avanzado muchísimo, ha avanzado tanto que hemos conquistado casi todo nuestro sistema estelar, pero todavía no tenemos la física, ni las matemáticas para desarrollar una nave que vaya más allá de la velocidad de la luz.

Cerca de diez años luz, con nuestros telescopios vemos una estrella más grande que la nuestra, blanca-amarillenta, que tiene varios planetas. Aparentemente en la zona de vida hay tres. El segundo cubierto por una especie de nubes que no dejan ver su superficie. El tercero. Y el cuarto más pequeño.

Después hay gigantes gaseosos que pueden tener vida en alguno de sus satélites, pero en este momento con nuestras naves veloces tardaríamos miles de años en llegar allí.

 

Por suerte en Ran II tenemos un gobierno central, no hay guerras, hay mucha prosperidad y la gente trabaja; y trabaja con tesón, trabaja con ganas, pero lo más importante es que no tienen apetitos de poder sino de progreso, de dejarle a sus hijos, a sus nietos un buen futuro.

 

Lo más importante es lo que me sucedió a mí. Soy una persona muy cerebral, escéptica en cuanto a muchas leyendas y mitos, pero me ha pasado que muchas noches siento como un adormecimiento, un aroma muy dulce que me hace dormir, o creo que me hace dormir porque a veces abro los ojos y veo una mujer, muy atractiva de rostro pero extraña, parece como un hada, prácticamente no tiene cabello tiene como una especie de protuberancias en la cabeza y un traje que se aferra a su cuerpo mostrando prácticamente sus transparencias, y de la parte de atrás del hombro nacen una especie de alas. Y tiene una protuberancia larga como una cola. Pero no siento miedo, siento curiosidad por tener un sueño tan vivido.

 

Hay un terapeuta muy famoso, llamado Raúl Iruti, a quien fui a visitar. Me estreché la mano con el señor, le dije:

-Profesor, tenía ganas de conocerlo, mi nombre es Roger. -Le conté mi sueño.

Y me dijo:

-Roger, ¿eres un joven escéptico o si te cuento cosas las creerías? -Puse un gesto de duda.

-No sé... ¿Pero por qué me lo pregunta, piensa que lo que relato no es un sueño?

-Roger -me dijo el profesor Iruti-, no descarto nada, conozco muchísimo de genética y sé que hay cientos y cientos de distintos de vida.

-De todos modos, profesor, aquí en Ran II estamos tan adelantados y no podemos llegar a otro mundo... Ese es mi escepticismo, si fuera cierto esa visión, ¿cómo llegó hasta aquí?

-Te voy a comentar que hace cuatro años atrás en órbita vi a naves alienígenas. -Fruncí el ceño.

-Profesor, vine por una consulta no para escuchar cuentos.

-Estoy hablando en serio, Roger. Incluso había unos generales que por apetitos de poder se unieron con esos alienígenas, hasta que finalmente con una especie de trampa logré exterminarlos, eran ellos o nosotros.

-Profesor, ¿me está diciendo de que hay pruebas de alienígenas?

-Sí, eran perversos. Y tengo muchos amigos, muchos consultantes que conocen la historia. Por supuesto llegó a las autoridades, por un par de generales, y varios coroneles que estaban de acuerdo con la invasión siempre y cuando a ellos les dieran un cargo. Pero no se dio a conocer en toda la población de Ran II porque los seres humanos tenemos, me incluyo, la costumbre exagerar las cosas.

 

Le pregunté si era cierta la leyenda de hace siglos atrás donde vino una nave que bajaron mujeres de otro mundo:

-No es una leyenda, hay testimonios. Hay dibujos, no fotografías pero sí dibujos de los leñadores que quedaron, estas mujeres supuestamente venían del sistema de Tau Ceti.

-Ahora bien, profesor, esto es muy, ¿cómo diríamos?, muy difícil de creer. Si fuera cierto, ¿por qué aparecerse en mis sueños o bien dormirme con un gas aromático o bien dejarme en estado hipnótico y aparecerse?

-Entiendo que ahora, nuestra civilización, Roger, no es la misma que hace doscientos años. Te voy a dar unos comprimidos que evitan todo tipo de sugestión y que pueden contrarrestar cualquier soporífero, no tienen ninguna contraindicación. Ten en cuenta que soy el mayor experto en genética de todo Ran II.

-Eso nunca lo entendí, el mayor especialista en genética y terapeuta de almas, es algo que no comprendo.

-Me siento muy cómodo orientando. -Me dio un par de pequeños frascos y me dijo-: No estés atento, suéltate.

-No entiendo...

-Por la noche duerme tranquilo, no estés pendiente de esa aparición.

-Lo haré. Le enviaré créditos a nivel digital.

-No no no -dijo Raúl Iruti-, esto prácticamente no fue una consulta, no, sólo tenme al tanto y veremos cómo seguimos.

 

Pasaron dos, tres, cuatro, cinco, en la sexta noche había tomado, como todas las noches, los comprimidos que me dio el profesor Iruti, sentí ese aroma, pero no me dormí y se apareció esa mujer de piel azul.

Tenía como una especie de traductor y me habló:

-¿Cómo no te has dormido?

-He tomado unos comprimidos para no estar en estado hipnótico, quería saber si era cierto tu existencia. Y segundo, ¿a qué se debe que me visites?

-Venimos de Tau IV. Tau IV es el cuarto mundo de Tau Ceti. A vuestro sistema lo llamamos Epsilon Eridani, vosotros le llamáis Ran. Sois el segundo mundo de Ran, pero como todavía no habéis conquistado la velocidad ultralumínica tenemos prohibido un contacto abierto.

-¿Es cierto que vinieron hace doscientos años de los nuestros?

-Sí, y voluntariamente vinieron doce hombres con nosotros.

-¿Por qué?

-Porque aun en nuestro mundo, por algún problema genético los hombres, hace más de trescientos de vuestros años, una gran mayoría se ha vuelto estéril.

-Pero si hace doscientos años se llevaron a doce hombres, mucho no pueden hacer.

-Sé que te llamas Roger.

-Así es. ¿Eres telépata?

-No, he averiguado de ti. Mi nombre es Danera.

-Danera.

-¿No tienes miedo de mi apariencia?

-Eres distinta, pero muy bonita. ¿Por qué aceptaron ir esos hombres?

-Bueno, algunas veces venían mujeres a ver a esos hombres que ganaban el salario hachando árboles, pero bueno, era una ocasión el poder estar con alguna de nosotras.

-¿Para formar pareja?

-No, no era el momento, era el momento de salvar nuestra raza y que los hombres tengan libertad de elección de estar con quien quisieren.

-¿Y vuestros varones no se molestaban por ello?

-No. Además, somos un matriarcado, obviamente consultamos a los varones y saben que no podían engendran hijos.

-Mi pregunta, Danera, es, ¿cómo nos ven a nosotros?

-Los vemos con piel marfil crema.

-¿Y al engendrar hijos no estamos mezclando la raza?

-Sí, pero nuestro ADN es más fuerte. O sea, que siempre mantenemos la forma y el color azul.

-Vuelvo a lo de antes, Danera, con doce hombres de Ran II es muy poco lo que pueden hacer.

-Es que no es así, de la misma manera que una pionera vino hace doscientos años, luego cada año en distintas zonas rurales, respetando por supuesto su libre albedrío, llevamos más varones de Ran II. Obviamente les hicimos primero prueba de ADN con el permiso de ellos y teníamos ADN similar, podían procrear perfectamente. En total, y para ti va a ser difícil de creer, habremos llevado cerca de doce mil varones, que ya por supuesto han muerto, pero nuestra raza ha crecido exponencialmente comparado con doscientos años atrás.

-Disculpa, yo aquí estoy estudiando, tengo un pequeño trabajo, tuve alguna novia, no soy como esos leñadores.

-Simplemente, Roger, te estoy dando la oportunidad de que puedas venir con nosotras, conocer nuestro mundo, está mucho más adelantado que el vuestro.

-¿Y cómo sabes que mi ADN es igual al vuestro?

-Todos los seres de Ran II tienen el mismo ADN. Lo que puedo decirte es que puedes, si lo deseas, aparearte conmigo para ver si estás conforme.

-No.

-¿Tienes pudor?

-Sí.

-¿Por qué?, estamos solos.

-Eres distinta, no sabría decir qué eres, por un lado tienes forma de hada, ¿sabes lo que es un hada?

-Hemos leído vuestros libros.

-Y tu cola me causa impresión, pareces como una especie de reptil.

-No, no, nos apareamos como cualquiera de vuestros humanos y tenemos descendencia como vuestras mujeres. Los reptilianos ponen huevos, nosotras no.

 

Finalmente nos apareamos, me resultaba difícil decir 'hicimos el amor' porque no había amor, fue una experiencia de las..., no podría decir de las mejores porque he tenido poca experiencia con algunas novias que había tenido, pero esto sobrepasó todo, incluso su rostro bellísimo.

-¿Y por qué a mí sólo o hay otras, como le llamamos, visitantes de dormitorio que se llevan otros jóvenes?

-Sí, sí.

-Le comenté a un profesor de esto.

-Lo conocemos y nos hemos dado a conocer, nos ha tratado muy gentilmente. Él obviamente denegó venir, pero prometió no decir nada y le creemos. Entonces..., ¿tienes familia?

-Mi madre lamentablemente falleció cuando yo tenía quince de nuestros años y papá tiene una pareja estable, pero se fueron a otro continente. Obviamente me deja créditos para que yo pueda manejarme.

-¿Alguien te extrañaría si vinieras? -Me encogí de hombros.

-Pero tú dices que yo tendría la potestad de elegir con quien estar.

-No en este caso, en este caso serías mi pareja únicamente.

-Sí, me sentiría mucho más cómodo.

-Entonces, la atmósfera, la gravedad es muy similar a la de vuestro mundo, es más, tenemos una atmósfera más purificada, casas que parecen de cristal, obviamente si deseas privacidad aprietas un botón y se opacan. Respetamos la privacidad, somos un mundo independiente.

-Disculpa que pregunte esto, ¿pero si sois un mundo tan bueno, no tenéis temor de que otros mundos los invadan?

-En Tau IV tenemos armamentos especiales y detectores que pueden detectar una nave extraña a más de una semana vuestra, luz.

 

Me puse de pie. Danera era alta le llevaría apenas cinco centímetros de estatura:

-Eres un buen ejemplar -me dijo.

-Me cae mal esa palabra, parece como si estuvieras comprando algo en el market.

-Bueno, eres un joven atractivo, ¿te gusta más así?

-Sí. ¿Tengo que llevar alguna prenda?

-No te preocupes, salvo que tengas algo muy valioso.

-No.

-Tómate de mi mano. -En ese momento sentí una especie de mareo y estaba en una nave.

-¿Qué pasó?

-Nos teletransportamos. Tengo aquí, mira en este costado, un teletransportador automático.

Sonreí y dije:

-Bueno, supongo que debo decir "Aquí empieza la aventura".

 

 

 

Las Mujeres Azules de Tau Ceti

 

En la vasta extensión de la galaxia, en el sistema Tau Ceti, existía un planeta al que sus habitantes llamaban Tau IV. Era el hogar de una raza de seres que ya hacían viajes interestelares. La piel de sus mujeres era de un tono profundo de lapislázuli, brillaba bajo el sol de su mundo. Poseían una gracia etérea y una sabiduría ancestral, pero enfrentaban un dilema existencial. A pesar de su avanzado intelecto y su profunda conexión con la naturaleza, su especie estaba al borde de la extinción.

 

Su ciclo reproductivo único las había dejado con una escasez crítica de hombres compatibles.

 

Mientras tanto, a años luz de distancia, en el sistema Epsilon Eridani, prosperaba una civilización de hombres con piel de color marfil pálido. Si bien habían llegado con sus naves a varios planetas de su sistema, todavía no habían desarrollado viajes interestelares.

 

La líder de las Mujeres Azules, la venerable Alta Sacerdotisa Lyra, una mujer cuya piel azul profundo estaba salpicada de pequeñas constelaciones brillantes, había pasado eones estudiando los patrones cósmicos. Sus cálculos revelaron una verdad asombrosa: la clave para la supervivencia de su especie residía en una unión con los hombres de Epsilon Eridani.

 

Con una determinación inquebrantable, Lyra convocó a las navegantes estelares más hábiles de su civilización. Les confió la misión más importante de su historia: viajar a Epsilon Eridani y traer a su mundo a algunos hombres que podrían salvar a su especie.

 

La nave, la "Estrella Azul", era una maravilla de la tecnología de Tau IV, impulsada por velocidad ultralumínica de curvatura.

 

Su viaje fue arduo, más que nada por la duda de saber si la raza de Epsilon Eridani era compatible genéticamente con ellas.

 

Las navegantes, con su piel brillante y sus mentes agudas, enfrentaron el viaje con paciencia y sin dejar que el anhelo de llegar las agote psicológicamente.

 

Finalmente, la Estrella Azul llegó al sistema Epsilon Eridani y vieron que el segundo planeta tenía vida inteligente. Luego supieron que sus habitantes llamaban a ese mundo Ran II.

 

El problema era que en Tau IV estaba prohibido hacer contacto con civilizaciones que aún no habían hecho viajes estelares.

 

Y abducir a algunos hombres de ese mundo era cortarles su libertad de elección.

 

Eligieron descender en una zona boscosa, llena de coníferas y lejos de las grandes ciudades.

 

Las nativas de Tau IV se encontraron con hombres rudos, que hachaban árboles para construir nuevas casas y tener leña para la época invernal.

 

Obviamente, esos hombres, con su constitución fuerte y su mirada curiosa, quedaron asombrados por la visión de la nave azul brillante y las mujeres etéreas que emergieron de ella.

 

El primer contacto fue tenso, lleno de cautela y fascinación mutua. Los campesinos de Ran II, acostumbrados a la rusticidad de su zona rural, nunca habían presenciado una belleza tan etérea como la de las Mujeres Azules. Sus ojos, acostumbrados a tonos más marrones, se maravillaron con los matices de azul y las iridiscentes motas brillantes que adornaban la piel de las recién llegadas. La capitana de la Estrella Azul, una joven, pero sabia mujer llamada Kael, se adelantó y sus palabras, mediante un traductor, resonaron con una melodía suave, pero firme.

 

Habló de la necesidad de su gente, de la delicada balanza de la vida y de la profecía que las había traído hasta allí.

 

El líder de los hombres se dio a conocer como Jaxon, escuchando a Kael con una mezcla de escepticismo y curiosidad. Los demás hombres le comentaron a Jaxon que la idea de una unión con otra raza les resultaba extraña. Sin embargo, la desesperación en los ojos de Kael y la lógica innegable de su situación resonaron con su propio sentido de la preservación.

 

Después de intensas deliberaciones y de que Kael demostrara la avanzada tecnología y los conocimientos científicos de su mundo, Jaxon y una docena de hombres dejaron que las mujeres azules les tomaran muestras de ADN y ellas les dijeron que eran compatibles para procrear.

 

En esa zona rural estos hombres rudos pasaban meses sin ver una mujer de su mundo y tomaron una decisión audaz. Acompañarían a las Mujeres Azules a Tau IV.

 

La despedida fue emotiva. Los nativos de Ran II que se quedaron, prometieron mantener viva la memoria de aquellos que partieron, mientras que los viajeros se preparaban para un futuro incierto.

 

Obviamente, no comentarían a nadie de ese contacto alienígena. Además, no les creerían.

 

El viaje de regreso fue diferente. Ahora, la Estrella Azul llevaba consigo la esperanza de dos civilizaciones. Las Mujeres Azules de Tau Ceti y los hombres de Epsilon Eridani pasaron incontables horas compartiendo sus culturas, aprendiendo sus idiomas y descubriendo las profundidades de sus diferencias y similitudes. Se dieron cuenta de que, a pesar de sus orígenes dispares, ambos valoraban el coraje, la inteligencia y el amor por la vida.

 

Al llegar a Tau IV, los hombres de Ran II quedaron maravillados. El planeta natal de las Mujeres Azules era un paraíso de flora bioluminiscente y ciudades construidas en perfecta armonía con la naturaleza.

 

® Jorge Raúl Olguín.

 


Sesión 28/04/2026
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Facundo F.

La entidad comenta que en Gaela eran un grupo de viaje de exploración de un entorno nada parecido al suyo habitual, puesto que todo señalaba que habrían habido otros moradores en aquel entorno.

Sesión en MP3 (1.059 KB)

 

Entidad: Estoy aquí con vosotros para comentaros que hace aproximadamente cien mil años en un mundo llamado Gaela había una civilización igual a la de Sol III.

 

Pero aproximadamente en el año cinco mil de la era de Axxón el ser humano y su ego experimentaron con luz sólida y prácticamente casi terminan de destruir la civilización humana, los pocos pudieron escapar en grandes espacio-naves, los que quedaron era una minoría que prácticamente se volvió salvaje. Pero pasaron cien mil años y en la época actual los lémures se transformaron en lémures sapiens con una mente conceptual similar a la del homo sapiens de la Tierra, obviamente carecíamos de luz, de gas, de todo lo que es la tecnología actual de Sol III, pero habíamos evolucionado.

 

Mi nombre era Maki-Ra, con 'k' y Ra separado. Sabíamos del eco del gran continente verde y decidimos viajar, la gran canoa de corteza bautizada como "Makian la viajera" contaba las aguas plateadas del océano con un ritmo constante, sus palas eran anchas de madera rusa, rústica y dura, pero nuestras manos que las empuñaban estaban cubiertas de pelaje y terminaban en dedos largos con huellas dactilares perfectas capaces de una delicadeza extrema y de una fuerza sorprendente. A bordo íbamos tres: de los lémures sapiens los Prosin sapiens de la gran aldea del Baobab, yo era joven y ágil, con el pelaje de mi cola anillada enrollada a mi cintura para no estorbar y viajaba en la proa, mi aguda visión heredada de mis ancestros nocturnos escaneaba el horizonte con ojos ámbar que brillaban con la luz del sol.

 

Yo sentía que era el primer explorador, el primero en ver el verde continente y sería el primero en saltar a tierra. En el centro manteniendo la remada rítmica estaba Indri-Oh, con 'Oh', más corpulento que yo, su cuerpo estaba protegido por una túnica de tela gruesa tejida con fibras de ortiga, su voz era profunda y resonaba como el canto de los antiguos espíritus de bosque. Él era la fuerza y la memoria de las rutas.

Y en la popa, gobernando el timón, el maestro Katta-Ur, con 'k' y doble 't', su pelaje gris estaba veteado de blanco por la edad y su nariz, más prominente y clara que la nuestra le daban un aire de serena distinción. Vestía una túnica ceremonial adornada con patrones geométricos y llevaba la vasija de cerámica sagrada que contenía el agua de nuestro hogar. En realidad teníamos cuatro vasijas para no morirnos de sed en el trayecto. La sabiduría de Katta-Ur remplazaba a cualquier brújula.

-El viento cambia, maestro -dijo Indri-Oh, su voz profunda elevándose sobre el chapoteo del agua-. Huelo a tierra húmeda y a resina.

-Es el aliento del continente verde -respondió Katta-Ur.

 

Su mirada, fija en la línea oscura, en el horizonte que crecía a cada minuto, nuestros mapas lo llamaban la Gran Sombra, un lugar del que sólo los pájaros traían historias con hojas distintas a las de nuestra aldea. La emoción y el miedo se mezclaron en mi pecho, habíamos viajado semanas guiados por las estrellas y el instinto de Katta-Ur buscando ese verde continente, buscando nuevas fuentes de oxidiana para nuestras herramientas y quizá buscando nuevos conocimientos.

 

Al atardecer la Makian encalló suavemente en la arena blanca de una cala protegida, ante nosotros se alzaba el continente verde, un muro de vegetación tan denso y alto que hacía parecer pequeños a los baobab de nuestro hogar, los árboles no eran los gigantes familiares de tronco liso sino colosos de corteza rugosa cubiertos de musgo y con hojas anchas que bloqueaban la luz del sol,

 

Fui el primero en saltar, mi cola anillada desplegándose para el equilibro. Trepé a una rama baja con facilidad y oteé el interior:

-Es profundo, maestro, y silencioso, demasiado silencioso.

 

Katta-Ur desembarcó con parsimonia llevando la gran vasija con cuidad, Indri-Oh aseguró la canoa y cargó con los fardos de provisiones y las lanzas de oxidiana.

-El silencio no significa ausencia, Maki-Ra -dijo Katta-Ur-, a veces significa que algo nos puede estar observando.

 

Miré instintivamente para todos lados, verde, hojas, ramas... ¡Ah!, suspiré, no veía más nada que el verde.

Nos adentramos en el bosque, el aire era pesado cargado de humedad y de un olor antiguo. A cada paso, el maestro Katta-Ur derramaba unas gotas de agua de su vasija en el suelo, pidiendo permiso a los espíritus del lugar.

Por suerte habíamos cruzado un arroyo, agua cristalina verdosa. La bebimos, era como que tenía gusto a plantas, pero bebimos saciamos la sed. Y seguimos caminando durante horas. En mi caso me movía entre las ramas altas buscando claros o algún peligro.

De repente bajé como un susurro por la red de hojas:

-Maestro, Indri-Oh, mirad, hay algo diferente.

 

Katta-Ur e Indri-Oh se apresuraron al lugar indicado: En un pequeño claro cubierto de hojas en disposición y enredaderas se alzaban tres pilares de piedra gris pero perfectamente alineados, no eran formaciones naturales, la piedra estaba tallada con una precisión que nosotros, los lémures sapiens, expertos en cerámica y cestería nunca habíamos intentado, los bordes estaban afilados pero las superficies lisas.

-Esto es piedra tallada -susurró Indri-Oh pasando su largo dedo por la superficie fría.

 

Me arrodillé, mi nariz clara moviendo mientras olía la piedra. No, no olía a nada familiar, sólo a tiempo y a bosque.

Con una mano temblorosa limpié el musgo de la base de uno de los pilares y allí grabados en la piedra había símbolos, no eran los dibujos geométricos o los espirales que nosotros usábamos en nuestras vasijas, eran patrones intrincados, líneas entrelazadas que sugerían forma de manos y rostros, pero distintos.

 

Trepé a otro árbol y cuando bajé mi expresión era de asombro y terror:

-Miren allá -dije, señalando más allá de los pilares, casi oculto por las raíces de un árbol colosal había un fragmento de algo que parecía cerámica, pero de un color verde profundo esmaltado, brillante-. Esto no está hecho a mano -exclamé-, tiene una simetría tan perfecta que sugiere una técnica desconocida.

Y al lado un objeto metálico oxidado pero con una forma reconocible: una herramienta, quizás un cuchillo con un mango diseñado para una mano de diferente forma a la nuestra.

 

Katta-Ur recogió el fragmento verde, su textura era extrañamente suave, casi como la oxidiana, pero diferente.

-No estamos solos en este mundo -dijo el maestro, su voz temblando ligeramente-, y no somos los primeros.

-¿Son espíritus? -pregunté con la cola erizada.

-Maki-Ra, los espíritus no tallan piedras con este arte ni funden metales de esta forma. -Katta-Ur miraba fijamente al horizonte del bosque-. Esta es la huella de otra mente.

-¿Cómo? -pregunté.

-De otra civilización.

-¿Otra civilización? ¿Dices, maestro, que hay otro tipo de gente distinta a nosotros los lémures sapiens?

-Sí, sí, Maki-Ra, afirmo eso, no tengo dudas de que hay otra civilización.

 


Sesión 29/04/2026
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Facundo F.

Nada indicaba por qué se fueron, tenían esos bosques gigantescos, esto era vida. Siguieron adelante encontrando edificios arruinados y algún aparato y retratos que serían de la extinguida civilización. Nos dejaron estas ruinas para que no cometiéramos sus mismos errores.

Sesión en MP3 (2.408 KB)

 

Entidad: Nos encontrábamos con mis compañeros en el continente Verde, con Indri-Oh y con el maestro Katta-Ur.

En ese momento un sonido resonó en la profundidad del bosque, nos alarmamos cuando un grito extraño, agudo y melódico, diferente al canto de Indri-Oh o al grito de alerta que hago yo cuando puedo ver una pequeña presa, esto era un grito que no pertenecía a ningún animal que conociéramos.

 

Los tres nos miramos, el maestro Katta-Ur guardó el fragmento verde en su túnica y vertió el resto del agua sagrada en el suelo.

-El viaje no ha terminado -dijo con una firmeza renovada, en sus ojos ámbar-, ha comenzado de verdad, debemos seguir estas huellas, debemos saber quiénes son.

 

Trepé de nuevo a la rama más alta, mis ojos escanearon la oscuridad del bosque- Indri-Oh apretó su lanza de oxidiana y el maestro Kattaur con la sabiduría de los años en su nariz prominente lideró el camino siguiendo el rastro que otra civilización había dejado en el corazón del continente verde.

 

Nuestra historia, la historia de los lémures sapiens estaba a punto de cambiar para siempre, el sol de color ámbar se filtraba a través de la densa niebla del gran continente Verde iluminando las lianas que colgaban como lenguas de gigantes de lo que alguna vez fueron rascacielos.

La canoa tallada en madera de baobab sagrado crujió contra la arena plateada de la orilla. Se me erizó el pelaje rojizo, presté atención con mis ojos dorados, recordad que yo había sido el primero en saltar a tierra firme.

Debo decir que los tres teníamos una especie de confusión mental, ¿pero a qué se debía?, a que estábamos adaptados a pequeñas aldeas, a pequeñas chozas cubiertas con un impermeabilizante para evitar que la lluvia entre dentro de cada choza.

 

Seguimos con los machetes cortando la maleza hasta que llegamos a un claro donde el bosque se abría como una herida. Ante nosotros se alzaba una estructura que desafiaba la gravedad, una torre de metal y vidrio ahora devorada por higueras estranguladoras.

Indri-Oh se arrodilló ante una placa de metal:

-¡Puedo leer!

 

Me sorprendí, Katta-Ur, el guerrero de cola anillada, mantenía su mano sobre el mango de su lanza, sus orejas giraban frenéticamente detectando el eco de un pasado que no comprendía.

Indri-Oh dijo:

-Aquí dice 'Avenida'... No fueron los dioses los que construyeron esto -susurró Indri-Oh su voz vibrando en la frecuencia baja típica de nuestra especie-, eran seres de piel lisa sin garras que temían a la oscuridad, por eso intentaron atrapar la luz en esta caja de cristal.

 

En el centro de la plaza en ruinas encontramos una cúpula que aún conservaba un rastro de energía. Guiado por un instinto que nuestros ancestros lémures habían llamado 'curiosidad' activé un sensor de presión en el suelo y de repente vimos una figura humana, pero podíamos atravesarla con nuestros brazos. Mucho tiempo después entendimos que se llamaba holograma. Esa figura humana borrosa y azulada sostenía en sus manos a un pequeño primate. La figura sonreía, "Este es el registro del gran olvido -decía una voz sintética en una lengua muerta que intuitivamente podíamos descifrar-, dejamos el mundo a quienes sepan escucharlo".

Katta-Ur bajó su landa, Indri-Oh bajó la suya y nos dimos cuenta que no había enemigos aquí, sólo fantasmas de una especie que se había extinguido por su propia incapacidad de adaptarse al ritmo de la selva.

-¡Je, je, je!, creyeron que eran los dueños del continente -exclamé mirando hacia la cima de la torre más alta donde ahora anidaban los halcones-. Nosotros seremos sus jardineros.

 

Con el crepúsculo cayendo sobre las ruinas ninguno de los tres sentimos miedo, sabíamos que el gran continente Verde no era un cementerio sino una cuna.

Tomamos muestras de semillas antiguas, grabamos los mapas que estaban en las paredes de Concreto. El viaje de regreso a la aldea de los baobabs sería largo, pero ya no éramos solo exploradores, éramos los herederos de un mundo que finalmente había vuelto a estar en equilibrio.

-Esperad, esperad -dijo el maestro Katta-Ur-. Antes de regresar entremos a las ruinas de un enorme edificio.

 

Lo hicimos. El silencio en la gran sala era tan denso que el latido de nuestros tres corazones parecía sincronizarse, las paredes de un material sintético habían resistido milenios de erosión pero no estaban vacías.

Bajo el moho y las capas de polvo comencé a limpiar la superficie con mi antebrazo, revelando los restos de una narrativa visual que desafiaba nuestra comprensión del mundo porque lo que vimos no eran sólo figuras, eran ecos de una existencia olvidada; imágenes desgastadas, descoloridas por el tiempo mostraban a los seres de piel lisa en situaciones cotidianas que para nosotros, los lémures sapiens resultaban extrañas. Un humano sosteniendo un pequeño objeto rectangular contra su oído con el rostro iluminado por una luz azulada. Nos miramos sin preguntar lo que ya sabíamos:

-¿Qué era eso, qué era ese aparato?

 

Otra imagen borrosa de un humano piel lisa alimentando a un pequeño ancestro nuestro, un lémur de cola anillada que carecía de la chispa de la conciencia.

Katta-Ur dijo:

-Esto tiene miles de años, es de nuestra especie el que porta el piel blanca, pero no lo trata mal, lo está alimentando.

-¿Y qué significa? -pregunté.

-Que cuando los piel blanca desaparecieron, nuestra especie se fue desarrollando en inteligencia, en concepto mental.

-Pero maestro, tenían técnicas que ni sabemos de qué se tratan. -Una serie de murales mostraban máquinas gigantescas excavando la tierra.

-Miren sus manos -susurró Indri-Oh, no tenían garras para trepar ni colas para el equilibrio, construyeron estas ciudades de piedra porque eran frágiles, eran prisiones del suelo.

 

En el fondo del corredor encontramos la imagen más nítida, un grupo de humanos de diferentes tamaños unidos por las manos mirando hacia el cielo. En sus rostros no había la ferocidad de los depredadores que nosotros temíamos, porque sí que lo teníamos, porque podía haber sobrevivientes hostiles, ¿cómo no los íbamos a temer? Pero se nos fue el temor cuando vimos en sus rostros una tristeza profunda y una esperanza desesperada.

Katta-Ur se acercó a un fragmento de testo tallado bajo la imagen.

-No entiendo los caracteres...

 

Pero nos dimos cuenta que las imágenes no eran trofeos de guerra sino mensajes de despedida.

-No se extinguieron por debilidad -concluí observando una imagen de los humanos señalando a las estrellas-, se fueron, se marcharon, nos dejaron estas ruinas para que no cometiéramos sus mismos errores.

 

Los tres exploradores nos quedamos en silencio frente a los retratos de nuestros predecesores. La realización fue abrumadora, nosotros no habíamos surgido del vacío sino de las cenizas de una especie que alguna vez soñó con tocar el cosmos.

-¿En qué piensas?

Lo miré a Katta-Ur después de un largo silencio, le dije:

-Indri-Oh, saca un pigmento vegetal y con un respeto religioso dibuja una pequeña cola anillada junto a la mano de un humano a la pared.

Kattaur sonrió y me miró:

-Sé lo que quieres hacer, pero todo está en tu mente, quieres hacer un puente entre las dos eras unidas por la misma piedra. -Sonreí tristemente.

-No me imagino que todos se hayan extinguido. Y si tenían la tecnología de viajar a las estrellas, ¿por qué se fueron? Mirad este bosque gigantesco, esto es vida.

-Sí -dijo Katta-Ur-, es vida, pero para crear esa gigantesca ciudad, y seguro que habrá muchas más en este mundo, tuvieron que matar el verde de estos bosques. Y en su inconsciencia, en su sabia inconsciencia se olvidaron de que estos bosques era lo que les daba vida.

Impaciente Indri-Oh preguntó:

-¿Regresamos?

El maestro Katta-Ur dijo:

-Sí, juntemos en todas las vasijas el agua que podamos y nos marchamos. Y en nuestros bolsos recolectemos todas las semillas que podamos.

-¿Volveremos? -pregunté.

-Sí, lo haremos Maki-Ra, pero mucho más preparados.

 


Sesión 11/05/2026
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Facundo F.

Intentaban recuperar a Ardala, estaba a punto de ser asimilada por los autómatas. Alexis tenía unos recursos a probar.

Sesión en MP3 (3.096 KB)

 

Entidad: Soy el Capitán Furt, de la Federación Sargón.

Recuerdo cuando me enteré que los autómatas arrasaron el mundo de mi pareja, la anfibia Ardala y nuestra cría Ardeña.

En ese momento sentí una tremenda culpa por no haberme quedado en su planeta.

 

El puente de mando de la Sargón 3 vibraba con un zumbido electromagnético, que esa tarde, tarde de Sargón, por supuesto, me pareció el eco de un funeral. Las pantallas de visualización táctica, antes llenas de vectores de navegación y rutas comerciales.

Ahora sólo mostraban un vacío pixelado en el sector Acuático 7.

 

-Señor -La voz de la oficial de comunicaciones tembló-, hemos recibido la última ráfaga de datos de la boya de transmisión en Nereida.

 

No respondí, mis dedos entrelazados con fuerza tras la espalda blanquearon con la presión. Nereida era un mundo de océanos infinitos y ciudades flotantes de coral sintético. El mundo original de Ardala.

 

La transmisión se desplegó en el holograma central, no eran naves espaciales lo que descendía sobre las aguas sino una especie de semillas metálicas. Los autómatas eran máquinas de una eficiencia fría diseñadas para el procesamiento de biomasa. En el video, las elegantes torres donde los anfibios nereidanos meditaban, se derrumbaban bajo rayos de calor blanco.

 

El agua, la bendita agua del hogar de Ardala estaba hirviendo. Vi en un frame granulado la silueta de una mujer tornasolada intentando sumergirse antes de que una guerra mecánica segara la superficie.

 

-¡Apáguelo! -ordené. Mi voz era un hilo de estática.

Pero el silencio que siguió fue más asfixiante que el vacío del espacio.

Camine hacia el ventanal de observación donde la curvatura de mi propio planeta natal, un bastión de acero, y protocolo de la Federación brillaba con una seguridad insultante.

 

"Quédate, Furt, me había dicho ella, hacía apenas seis ciclos lunares. Nereida, nuestro segundo planeta, está en paz, ven a nadar en las corrientes cálidas antes de que la Federación te reclame de nuevo".

Yo había declinado el ofrecimiento alegando deberes administrativos, reuniones de alto mando, necesidad de supervisar las defensas de la capital de Sargón.

Me había quedado en mi cómodo despacho de la Federación rodeado de muros de hormigón reforzado mientras el amor de mi vida estaba sola en un paraíso que ahora era un matadero, la seguridad de zona ilusión, que sólo protege a los que no tienen nada que perder, pensé con amargura.

La culpa me golpeó en el pecho con una fuerza de una descompresión explosiva.

Pero no era sólo tristeza, era el ácido de saber que mientras yo firmaba informes de logística, Ardala probablemente buscaba su mano en medio del vapor y el metal.

 

Yo había elegido la estructura sobre la pasión. Yo había elegido el protocolo sobre el instinto. Y ahora, mientras los autómatas convertían los océanos de Nereida en combustible para su expansión infinita comprendí que mi supervivencia era mi mayor castigo.

 

-Capitán -interrumpió el oficial-, recibimos órdenes del Alto Mando de la Federación.

-¿Qué sucede?

-Debemos retroceder a la línea de defensa interna. Nereida se considera pérdida total.

 

Hice una mueca con mi boca. Cerré los ojos. Podía sentir el fantasma de las manos húmedas y frías de Ardala sobre mis mejillas. Ella era agua y vida, y yo ahora me sentía tan inerte y vacío como los autómatas que la habían borrado del mapa.

-Ajusten el rumbo -exclamé, sin mirar a nadie-, pero no vayamos hacia la capital de Sargón, pongan proa a los restos de Nereida.

-Pero señor...

-No, si los autómatas quieren biomasa les daré el hierro de esta nave, hasta que no quede nada. -La Federación Sargón había ganado un burócrata leal.

 

Pero hoy, en el silencio de la cabina acababa de perder a uno de sus mejores capitanes. Estaba casi abatido. Completamente abatido, no casi.

Me iba a respaldar en un sillón y de repente los ultravisores de la nave de Alexis percibieron que yo me estaba mandando a ciegas contra una Esfera cyborg y se interpuso para que cambiara de rumbo. La maniobra fue tan violenta que las placas de energía de la Sargón 3 emitieron un quejido agónico. Justo cuando me disponía envestir en el núcleo de la Esfera cyborg, una masa colosal de engranajes y sensores que palpitaba con una luz roja maligna, algo se interpuso su visual, era un destello plateado, era la Ícaro, la nave de Alexis. No usó la radio, no había tiempo para protocolos, activó los motores de implosión trasversales cruzando la trayectoria mía con una precisión suicida. Los ultravisores de mi nave se tiñeron de ámbar activando los frenos automáticos de colisión para evitar partir a la Ícaro en dos.

-¡Apártense! -rugí por el canal abierto con los ojos inyectados de sangre-, esa cosa se está tragando lo que queda de los océanos.

-Déjame pasar. No seas idiota, Furt.

 

La voz de Alexis llegó cargada de una distorsión metálica por la interferencia de la Esfera:

-Si entras en ese campo de gravedad a esa velocidad no los vas a destruir, te vas a convertir en chatarra para que ellos se reconstruyan. Mira tus sensores.

 

Bajé la mira a la consola, mis manos temblaban. Los ultravisores ahora sincronizados con los datos de Alexis revelaron la verdad que mi culpa me impedía ver: la esfera no era sólida, estaba rodeada por una nube de nanobots que desintegraban cualquier materia antes de que impactaran. El escaneo de Alexis mostraba miles de cápsulas en éxtasis siendo succionadas hacia el interior de la máquina.

 

-Furt, todavía hay señales biológicas -dijo Alexis, suavizando el tono-. Veo en las señales biológicas anfibios, quizás Ardala esté en una de estas celdas de procesamiento. Si te estrellas contra la Esfera la matarás tú mismo.

 

El silencio regresó al puente de mando, roto sólo por la alarma de proximidad. Solté el mando de ataque. La imagen de Ardala, no muerta, sino prisionera en ese vientre de metal fue como un balde de agua helada sobre mi rabia suicida.

-Alexis -susurré recuperando el aliento-, casi cometo el último error.

-Lo sé. Por eso me puse en medio -respondió Alexis con una nota de alivio-. Ahora deja de jugar a los mártires, cambia el rumbo como al vector 9t y cúbreme las espaldas. Vamos a entrar ahí, pero lo haremos con un bisturí, no con un mazo.

 

Apreté los dientes y viré la Sargón 3. La culpa me seguía ahí, quemándome las entrañas. Pero ahora tenía un propósito más frío y peligroso que la muerte: la infiltración. La Federación lo llamaría traidor a Alexis, me llamaría traidor a mí por no haber obedecido.

Pero mientras mi nave seguía la estela de la nave de Alexis sólo podía pensar que el agua de Nereida aún tenía una oportunidad de volver a fluir. La Ícaro se mantenía en la zona de sombra de la Esfera cyborg, aprovechando las interferencias electromagnéticas del procesador para ocultar su firma de calor.

 

Pero era obvio, Alexis es un estratega legendario de la Federación Sargón, operaba la consola con una calma que contrastaba con mi desesperación.

Alexis sabía que un asalto frontal era inútil, sus dedos volaban sobre el teclado holográfico aislando la frecuencia de las cápsulas de éxtasis que los ultravisores habían detectado previamente.

-Furt, escucha -La voz de Alexis rompió el silencio del canal privado-, la Esfera no está destruyendo a los anfibios de Nereida en forma inmediata, los está catalogando. La estructura molecular de Ardala es compleja, su genética anfibia es un rompecabezas para los algoritmos de procesamiento. Esto nos da tiempo.

 

Entonces Alexis me dijo que no planeaba usar torpedos. Como experto en tecnología de guerra recordó su desarrollo del virus Caos, una herramienta diseñada para inducir lógica individual en las mentes de colmena de las máquinas.

-Mira -explico Alexis-, préstame atención, por favor, préstame atención.

-¿Qué quieres hacer?

-Voy a inyectar un paquete de datos corruptos en el muelle de carga 4. Si logro que una, una sola unidad de procesamiento empieza a dudar de su directiva, crearé una brecha en el escudo de nanobots.

-Explícate.

-Mi plan se divide en tres fases: 1: Sobrecarga lógica. Usar el virus caos para forzar a la Esfera a recalcular sus prioridades de procesamiento, deteniendo momentáneamente la succión de las cápsulas. 2: Extracción quirúrgica. Mientras la Esfera lidiaba con la paradoja lógica, mi nave, la Ícaro, dispararía un rayo tractor de polaridad invertida para, entre comillas, pescar la cápsula específica de Ardala.

-Continúa.

-Y lo último ya es mucho más delicado.

-Por favor, explícate, porque estoy con los nervios de punta. De verdad que estoy mal.

-Lo tercero es usar un salto de vacío.

-¿Cómo?

-Es fácil, Furt, utilizamos una bomba de vacío, otra de mis invenciones, pero no para destruir la Esfera, sino para crear una distorsión en el espacio-tiempo que permitiera a nuestras naves saltar fuera del sector antes de que las defensas se reiniciaran en los autómatas. Así que prepárate, Furt -advirtió Alexis, mientras la Esfera comenzaba a emitir pulsos de luz erráticos-, en cuanto el escudo parpadee, tienes tres segundos para identificar la signatura biológica de Ardala y fijar el blanco. No habrá una segunda oportunidad.

 

Alexis, el hombre que una vez abogó por la resistencia total de la Federación ante estos invasores biomecánicos, estaba ahora arriesgándolo todo. En una maniobra que desafiaba cualquier manual militar, movido por la misma determinación que lo llevó en el pasado a infiltrarse en el núcleo enemigo. Y no murió, cómo se decía en la antigüedad, "por un pelito".

 

La oscuridad del espacio se rasgó cuando el virus Caos de Alexis hizo contacto con la red neuronal de la Esfera.

En mis monitores la perfecta geometría de la máquina empezó a fracturarse, las luces rojas de los autómatas pasaron a un violeta errático, señal de que la lógica de colmena estaba colapsando bajo una paradoja de datos.

-¡Ahora, Furt, fija la signatura! -gritó Alexis.

 

Hundí mis manos en los controles, los ultravisores barrieron miles de cápsulas transparentes que flotaban en el muelle de carga como burbujas de aire en un océano de mercurio.

Mi corazón dio un vuelco, en el cuadrante inferior una capsula mostraba el brillo tornasolado, característico de la piel de Ardala. Sus constantes vitales eran muy débiles, apenas un susurro en medio del ruido electrónico.

-No estoy viendo contactos vitales. -Desde la panza de mi nave una energía azulada golpeó el contenedor de Ardala.

Pero los autómatas reaccionaron al sentir el robo de su biomasa catalogada; una docena de drones de intercepción se desprendieron de la Esfera como avispas de un panal metálico.

 

-Sigamos con la extracción Furt, no te detengas por nada -ordenó Alexis con una frialdad absoluta.

La Ícaro se interpuso nuevamente, Alexis desplegó sus minas de pulso de fase creando un muro de distorsión que desintegró a los primeros drones.

Pero la Esfera estaba empezando a purgar el virus; un tentáculo metálico de kilómetros de largo surgió de la estación para aplastar la pequeña nave de Alexis.

-¡Alexis, por favor -grité-, sal de ahí! -Mientras la cápsula de Ardala entraba por fin en el hangar de mi nave.

 

-Casi. -Y hubo silencio. Esa fue la única respuesta de Alexis.

Pero en ese instante, Alexis activó la bomba de vacío. No hubo una explosión de fuego sino una implosión de realidad; el espacio alrededor de la Esfera se curvó sobre sí mismo, tragándose los tentáculos metálicos y los drones en un vórtice de Nada.

 

La onda expansiva de la distorsión golpeó nuestras naves, sentí como que mi realidad se estiraba hasta el infinito.

-¡Salta! -La voz de Alexis resonó en el puente de Furt justo antes que el motor de distorsión de la Ícaro se activara, envolviendo ambas naves en un destello cegador.

Segundos después el silencio volvió, ya no había Esferas, ni autómatas, ni océanos hirvientes, estábamos en el vacío absoluto a varios parsecs de Nereida.

Furt no esperó:

-Espera...

-No, no quiero esperar -le dije a Alexis.

 

Lo escuchaba a Alexis:

-A todos los capitanes, Furt no esperó a que los sistemas se estabilizaran.

 

Y no, Alexis tenía razón, no esperé. Corrí hacia el hangar, corrí con todas mis fuerzas.

Al llegar a la cápsula de éxtasis, se abrió con un siseo de gas refrigerante: Ardala, debilitada y con sus branquias moviéndose con dificultad en el aire seco, abrió los ojos.

Caí de rodillas a su lado, tomándole la mano fría y húmeda.

 

La culpa seguía ahí, pero por primera vez en ciclos el peso de mi pecho se sentía un poco más ligero al ver el reflejo de las estrellas en los ojos de ella.

Pregunté:

-¿Y Ardeña, en Neubert?, el planeta principal de nuestra raza, el que tú conociste?

-Está bien cuidada en un refugio para las crías pequeñas.

 

En el comunicador de mi muñeca, parpadeó la señal de Alexis:

-Furt, espero que tengas una buena reserva de oxígeno, acabamos de convertirnos en los fugitivos más buscados por la Federación.

 

La miré a Ardala y sonreí por primera vez:

-Valió la pena, Alexis, valió cada maldito segundo.

 


Sesión 27/05/2026
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Facundo F.

Entre batallas se sentía solo, le faltaba algo. Seguramente lo observaban en el camino unas Amazonas y lo capturaron. Ya le habían marcado su último día cuando sin saber de donde apareció un ser anfibio que lo sacó del encierro. Además de deberle la vida quedó prendado de ella.

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Entidad: Me sentía inmerso en una profunda soledad -Gualterio, el hijo de Anán, estaba postrado en una angustia existencial, una angustia que lo carcomía-. Y a veces pensaba -no por envidia- quién pudiera estar en su lugar, en un palacio, en una cama blanda y no un lecho de paja. Pero entiendo que hay gente que se adapta y hay gente que se acostumbra a un lugar de confort, y eso no lo hace feliz.

 

Y me fui alejando.

 

Me enteré gracias a los lomantes que Ligor había fingido su muerte para que no lo sigan buscando. Tuvo un combate final con el elfo blanco y ambos se atravesaron con la espada.

Ligor tuvo suerte que hundió su filo en el corazón del elfo blanco mientras que él recibió una herida profunda en el estómago que fue curada por los lomantes. Y les hizo prometer que no divulguen que él seguía vivo. ¿Cómo me enteré? Porque lo vi personalmente de lejos, y los lomantes no me lo pudieron negar.

 

Miraba el sol que se ocultaba tras los picos escarpados tiñendo el río de un rojo herrumbre.

Y me uní como guerrero en la orden del Alcón, era una orden que protegía los poblados aunque a veces morían inocentes, pero por lo menos me sentía dentro de un grupo.

 

Recuerdo que limpiaba mi espada a la orilla del agua, mi armadura de cuero aún conservaba el barro de la última escaramuza. Estaba exhausto.

Me recosté a orillas del agua y ese fue mi mayor error, de la maleza surgieron sombras esbeltas, veloces.

Antes de que pudiera alzar mi acero, un lazo trenzado con tendones de bestia me apresó los brazos, eran las amazonas de las selvas de Umbro, guerreras formidables que no conocían la piedad con los intrusos, un espécimen fuerte para los templos de la luna. Se oyó la líder, una mujer alta, con cicatrices rituales en las mejillas. Luché pero un golpe certero con el pomo de una lanza me sumió en la obscuridad.

 

Cuando desperté me encontraba atado a un poste de madera sagrada en el corazón de un campamento flotante suspendido sobre la ciénaga celeste, a lo lejos las amazonas afilaban sus dagas de bronce y encendían hogueras. Siempre pensé que raptaban varones para procrear y tenerlos de esclavos, nunca pensé que iban a ser para sacrificios. Me había resignado, no tenía miedo.

 

Una me preguntó el nombre. La miré serenamente y le dije:

-Me llamo Edmundo.

-Tu sacrificio está sellado al amanecer. -Me encogí de hombros.

 

De repente el agua bajo los tablones de madera comenzó a burbujear sin hacer ruido. Contuve el aliento. Del fondo cenagoso emergió una figura esbelta de piel azulada de destellos esmeraldas que brillaban bajo la luz de la luna. Era una anfibia, una criatura de los mitos acuáticos de Umbro.

Le pregunté su nombre en voz baja.

Me dijo:

-Me llamo Lemaris. -La miré, poseía unos ojos grandes y dorados que reflejaban una inteligencia profunda.

 

Con movimientos fluidos y silenciosos, como los de una anguila, trepó por los soportes de la cabaña, sus manos sutilmente palmeadas sostenían una daga hecha de coral afilado. Lemaris deslizó el coral por las cuerdas cortándolas al instante, hizo una seña con el dedo sobre sus labios exigiéndome un silencio absoluto.

Me entregó un talismán de algas secas:

-Muerde esto -susurró con una voz que sonaba como el fluir de un manantial-, te dará aire en mis dominios.

 

Un crujido alertó a las amazonas, una centinela nos sabía descubierto. Un grito de guerra resonó en el campamento y varias flechas envenenadas surcaron el aire.

 

-¡Al agua! -ordenó Lemaris.

Sin pensarlo dos veces me lancé al abismo fluvial junto a mi salvadora. El frío del río de Umbro nos envolvió, las flechas de las amazonas perforaban la superficie del agua pero perdían fuerza rápidamente. Arriba, las antorchas de las guerreras iluminaban la superficie como estrellas caídas pero abajo el mundo le pertenecía a los anfibios.

 

El talismán de algas funcionó, un sabor amargo pero oxigenado llenó mis pulmones permitiéndome respirar bajo el agua. Lemaris me tomó de la mano impulsándome con la fuerza de sus piernas adaptadas al nado, guiándome a través de túneles de piedra y corrientes secretas donde las amazonas jamás podrían alcanzarnos.

 

Horas más tarde el río nos depositó en una playa de guijarros lejos del peligro. Tosí escupiendo el agua restante y miré a la joven anfibia que me observaba desde la brilla con la mitad del cuerpo sumergida.

-¿Por qué me has salvado? -pregunté exhausto pero agradecido.

Me respondió:

-El equilibrio de Umbro no se mantiene si la tierra se bebe toda la sangre. -Sonríó con una enigmática sonrisa antes de sumergirse de nuevo, dejándome con vida, libertad y una deuda eterna con el mundo acuático.

Me quedé de pie en la orilla de guijarros, con el agua de río lamiéndome las botas, el talismán de algas todavía dejaba un rastro amargo en mi boca. Pero no era eso lo que me impedía moverme, era ella.

 

Lemaris emergió a unos metros de distancia con el cabello de hilos verdes flotando a su alrededor y esos ojos dorados que parecían contener todos los misterios de las profundidades de Umbro. Yo me había enfrentado a bestias a ejércitos sin pestañear pero sentía ahora que las piernas me flaqueaban por una razón completamente distinta; estaba encandilado.

-No te vayas -le pedí, dando un paso hacia el agua-, mi lugar ya no está con la orden del Alcón ni en los castillos de piedra, mi lugar está donde tú estés. -Lemaris se detuvo balanceándose suavemente con la corriente. Sus branquias se agitaron por nerviosismo, en sus ojos se mezclaron el asombro y el temor, ella también sentía la extraña y cálida chispa que se había encendido entre ambos.

 

Pero el mundo real no era tan idílico como el fondo del río, la sociedad anfibia de Umbro era hermética, desconfiada por una buena razón: los hombres de la superficie llevaban siglos contaminando las aguas y cazando en sus ríos sagrados.

-No soy igual a ellos.

Lemaris me dijo:

-Hay una ley de silencio, los anfibios tenemos prohibido revelar la ubicación de nuestras ciudades sumergidas a los caminantes del sol. Y además está la desconfianza ancestral, el consejo de ancianos te vería no como a un joven enamorado sino como una espía o una amenaza con armadura.

 

Aunque el talismán me permitía respirar temporalmente mi cuerpo no estaba hecho para los abismos helados, y menos la presión del fondo marino.

-Edmundo, tu piel se secará bajo el sol si te quedas conmigo, tus pulmones olvidarán el aire. -Lemaris tenía la voz cargada de melancolía-. Pero lo peor no es el agua para ti, es mi pueblo, no entienden el honor de los caballeros, sólo ven la destrucción que los tuyos traen. Si te llevo conmigo el consejo te encadenará a las fosas profundas.

 

No retrocedí, desabroché mi pesado emblema de la orden del Alcón y lo dejé caer en la arena renunciando simbólicamente a mi vida pasada.

Caminé hasta que el agua me llegó al pecho quedando a escasos centímetros de Lemaris.

-Déjame convencerlos -supliqué, buscando su mano palmeada-, o déjame vivir en los márgenes, el margen de tu mundo donde el río besa la tierra, pero no me pidas que regrese a un lugar donde tú no estás.

 

Lemaris miró mi mano, luego la suya. La brecha entre los mundos era inmensa pero el brillo de mis ojos era más puro que el oro que los hombres buscaban en las minas.

-Quédate en la gruta de los susurros donde el agua es baja y las amazonas no se atreven a entrar. -Cedió finalmente ella acariciando mi mejilla con sus dedos fríos-. Hablaré con los ancianos. Pero ten paciencia, Edmundo, cambiar la mente de mi pueblo es más difícil que desviar el cauce de un río. -Se sumergió y dejé de verla.

 

Otra vez en soledad mirando el agua, mirando mi cuerpo mojado, y mirando mi soledad otra vez.

 


Sesión 28/05/2026
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Facundo F.

Deseaba quedarse en su territorio pero el Consejo Anfibio no lo aprobaba si no pasaba unas pruebas.

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Entidad: Los días en la gruta, la gruta de los susurros se convirtió en el santuario de mi ser, era una caverna de piedra caliza donde el agua del río entraba mansa, creando piscinas de una claridad cristalina. Allí aprendía a vivir al ritmo de las mareas y no de los gritos de guerra.

 

Pasaron los días y cada amanecer me calentaba el sol, pero esperaba el atardecer cuando el agua burbujeaba y Lemaris emergía, traía consigo frutas acuáticas de sabor cítrico y peces plateados que yo asaba en una pequeña hoguera oculta. Juntos acortábamos la distancia entre nuestros mundos, yo le hablaba de las constelaciones que guiaban a los caballeros, ella me enseñaba a los cantos con los que su pueblo apaciguaba las bestias del río. Sin embargo, la tensión crecía cada vez que Lemaris regresaba a la superficie, sus ojos dorados reflejaban una mayor preocupación.

 

Una noche de luna llena Lemaris no llegó sola, el agua de la gruta se volvió densa, oscura. De las profundidades emergieron tres figuras imponentes, ella los presentó como los ancianos del Consejo Anfibio, sus pieles eran de un azul pálido, casi grisáceo y barbas de filamentos luminosos que caían sobre sus pechos. Iban armados con tridentes de hueso de leviatán.

 

El más anciano de ellos, cuyo cuerpo estaba cubierto de cicatrices, de viejas redes de pesca, me miró con desprecio:

-Un caminante del sol en los templos del agua -siseó el anciano-. Lemaris, has traído la ruina a nuestra estirpe. La ley es clara, el castigo por revelar nuestros secretos es el exilio o la fosa.

 

Lemaris se interpuso entre los tridentes con las membranas de sus manos extendidas en señal de protección:

-Él no es como los cazadores, honorables ancianos -me defendió con la voz temblando pero firme-, renunció a su acero, renunció a su heráldica por quedarse en la orilla.

-¡Salvó mi vida cuando las amazonas me acorralaron en la retirada!

-Pero tú salvaste la de él.

-Sí, pero su corazón pertenece al río ahora.

 

El líder de Consejo guardó silencio sopesando las palabras de la joven. En el mundo medieval de Umbro las deudas de vida eran sagradas, incluso para las criaturas de las profundidades.

-No confiaremos en su palabra, pues las palabras de los hombres de la tierra se la lleva el viento- sentenció el anciano. Si este humano decía quedarse en los márgenes de nuestro reino debe demostrar que su voluntad es tan profunda como el abismo. -El anciano arrojó un objeto al fondo de la fosa más oscura de la gruta, donde el agua se volvía negra y la presión aplastaba los pulmones comunes-. Tu tarea será descender a la fosa y recuperar el loto de sangre, una planta que sólo crece, porque crece ahí en el fango más profundo, cuyas espinas envenenan la sangre de los débiles.

-O sea, de buscar el loto de sangre de la fosa.

-Sí, pero no usarías el talismán de algas, deberías confiar únicamente en la capacidad de tus propios pulmones y en la guía de tu fe. -Lemaris palideció.

-Es una sentencia de muerte, un humano no puede soportar esa presión sin aire, lo máximo que ha llegado un humano es a 60 metros de profundidad, hay 80 metros hasta el fondo.

 

Yo di un paso al frente, miré a Lemaris asimilando la belleza de sus facciones anfibias, luego miré el abismo negro del agua, sabía que si regresaba a la tierra firme moriría en vida por su ausencia.

-Lo haré, -dije, despojándome de mi última tela. Tiré la túnica. Si el río me acepta seré tuyo, Lemaris. Si me ahogó, al menos mi último aliento, habrá sido en tu hogar.

 

Sin esperar a que el miedo me paralice tomé una bocanada de aire y me zambullí en la fosa obscura hundiéndome a lo desconocido. El agua helada golpeó mi cuerpo como un muro de hielo, al principio la luz de la luna se filtraba por la entrada de la gruta y me permitió ver las paredes de piedra, pero ya pasando dos o tres metros de profundidad el mundo se tiñó de un azul casi negro. La presión, mientras bajaba, comenzó a martillarme los oídos, el aire de mis pulmones empujaba con fuerza buscando la salida.

Mantuve la calma recordando las lecciones de resistencia en mi entrenamiento con los Halcones, pero esto era distinto, aquí no luchaba contra un soldado, sino contra la naturaleza de los abismos de Umbro.

Abajo, en lo más profundo de la fosa, un leve fulgor carmesí parpadeaba entre el fango, era el loto de sangre.

Y fue un abrazo de la muerte dulce, cuando mis dedos rozaron el tallo espinoso de la planta. El dolor fue instantáneo, una de las espinas perforó mi palma y el venero del loto comenzó a correr por mis venas nublándome la vista con visiones de fuego y haciéndome perder el poco oxígeno que me quedaba.

Mi mente empezó a apagarse, el instinto me dictaba que abriera la boca y aceptara el abrazo mortal del río.

Junto al fango, mi cuerpo iba a yacer exánime, cuando mis ojos comenzaron a cerrarse y el loto me resbalaba de las manos, una silueta de luz rasgó la penumbra. No era a Lemaris interrumpiéndola prueba, pues el consejo la mantenía sujeta arriba, era la corriente que ella había invocado desde la superficie con sus cantos. El flujo de agua me empujó hacia arriba mientras en un último arranque de voluntad pura cerré el puño alrededor del tallo de la flor. Rompí la superficie del agua de la gruta con un grito ahogado buscando aire desesperadamente. Tosí de rodillas sobre la piedra húmeda con el rostro pálido y la mano ensangrentada, pero mi puño izquierdo, brillando con una luz mortecina, sostenía el loto de sangre.

 

Lemaris se soltó de las guarras de los guardas y se arrojó a mi lado aplicándome rápidamente una pasta de algas sobre la herida de mi mano para neutralizar el veneno. Los tres ancianos del consejo observaron la escena en un pesado silencio.

 

El líder se acercó, contemplando la planta ritual y luego mis ojos, que aún inyectados en sangre no mostraban arrepentimiento sino una determinación inquebrantable:

-El río no lo ha escupido como a un cadáver ni lo ha ahogado como a un enemigo -declaró el anciano golpeando el suelo con su tridente-. El agua ha hablado. Tu voluntad es digna, caminante del sol.

 

El consejo no me permitió entrar en las grandes ciudades de las profundidades

abisales, pues las leyes abisales no se rompían tan fácilmente. Sin embargo dictaminaron en un pacto sien precedentes en la historia de los anfibios: Fui nombrado Guardián de la Rivera, el primer humano reconocido oficialmente por el pueblo anfibio. Mi territorio era la gruta de los susurros, declarada Tierra Neutral y Hogar Sagrado para Lemaris y para mí. A cambio vigilaría la frontera de la selva alertando los anfibios si las amazonas u otros ejércitos humanos se acercaban al río.

 

Los ancianos regresaron las profundidades dejando atrás una estela de luminiscencia, la gruta volvió a quedar en silencio salvo por el suave goteo de la agua.

Lemaris me ayudó a sentarme en la orilla de piscina natural limpiando con delicadeza los restos de veneno, yo estaba aún débil pero con el corazón en paz.

Sonreí al ver el loto carmesí que ahora flotaba pacíficamente en el agua a mis pies.

-Te lo dije -susurré con voz pastosa-, no me iba a marchar.

 

Lemaris, apoyó su cabeza en mi hombro entrelazando sus dedos palmeados con los míos. Por primera vez en siglos la tierra y el agua de Umbro habían encontrado un lugar donde coexistir en perfecta armonía.

 

Pero aquí no termina todo, ella podía respirar el aire, yo obviamente no podía respirar debajo del agua. Pero de vez en cuando usaba las algas y me podía sumergir hasta diez metros jugando con ella.

 

Y en la gruta formamos un hogar. Ella a veces me acompañaba a la selva, sin arriesgarnos demasiado, sus oídos eran como lo de un cánido, podían escuchar a más de doscientos pasos de distancias incluso hasta el caminar sigiloso de las amazonas.

 

De vez en cuando nos venían a visitar algunos anfibios sonriendo, no puedo decir que era uno más de ellos pero me tenían una confianza absoluta.

 

Lemaris tenía un bello cuerpo y su boca era un néctar cuando la besaba, ella era mi pareja de por vida. La soledad se había esfumado, ahora teníamos el brillo del sol y lo luminoso del amor.