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Psicoauditación - Jorge D.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión del 05/08/2021


Sesión 05/08/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Jorge D.

En Plena, Gaela, tenía éxito profesional, ejercía de tratante de inmuebles, colegiado. Conoció a alguien de dinero y lo pasaban muy bien, pero en el fondo no se conformaba con ello. Cuando ella lo percibió reconoció que no debía haber amor en la relación, no entraba eso.

 

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Entidad: Mi nombre, como thetán, es Baradel, plano 3 subnivel 6. Mi misión en la vida actual, como Jorge, puede parecer sencilla, es superarme, vencer inseguridades. Pero lo que parece simple expresándolo no es tan sencillo buscando, llevándolo a la práctica.

 

Y esto no viene de ahora, viene de una vida en Gaela cien mil de vuestros años atrás, un mundo prácticamente gemelo de lo que es hoy Sol III, la década años setenta aproximadamente del siglo XX.

 

Mi nombre era Carlos Ugarte. Había nacido en Zavala un país vecino de Beta. Pero Beta nos miraba como si fuéramos un país en desarrollo contra la enorme potencia que era Beta.

No puedo quejarme de mi vida como estudiante porque verdaderamente puse todo el esfuerzo. Me recibí de contador pero me especialicé en todo lo que es subastas, ventas, alquileres, y estudié para Martillero Público. Pero claro, era una época que mi país de origen, Zavala, estaba pasando por una economía muy apretada.

Tenía dinero ahorrado y una propiedad que vendí. Aparte, venía de una separación afectiva que me había causado muchísimas inseguridades en el tema amoroso. Y decidí, como decís vosotros, cambiar de aires.

 

Me mudé al país de más al sur del nuevo continente, a Plena, un país con costumbres muy similares a Zavala. No me costó adaptarme. Su capital, Ciudad del Plata, era enorme, pero no me impresionaba porque la capital de Zavala era igual de grande, pero es como que aquí había más bares, más lugares nocturnos, más librerías. Y había más noche, si se entiende la expresión, los lugares de esparcimiento no cerraban a medianoche, algunos quedaban hasta las cuatro de la mañana incluso en días de semana.

 

Me compré un pequeño apartamento en el centro de Ciudad del Plata, la capital de Plena, y me puse un local de alquiler y venta de propiedades, con mi título de Martillero Público. No me fue mal, reconozco que me fue bien. En menos de seis meses ya era bastante conocido en la zona, y a diferencia de Zavala, en Plena, en los años setenta había mucho pedido de alquileres y mucha demanda de compra de departamentos, y si bien mi comisión era pequeña, ¡vaya!, sumaba, y bastante.

 

Y fui prosperando, al punto tal de que me propusieron, en el Colegio de Martilleros de Ciudad del Plata, si quería hacerme socio del club hípico. La cuota no era económica pero podía contactarme con personas de un rango más elevado en lo económico y podía comprar y vender propiedades mucho más caras, con una comisión, obviamente, que me dejaba más ganancias en mi cuenta bancaria. Y a mis treinta años podía decir que era una persona de éxito.

 

Me llamó la atención que había un grupo de jóvenes, mujeres, pero las veía como..., en Ciudad del Plata se decía muy estiradas, muy chic, como que estaban en su mundo y no prestaba atención a nada. A mí me parecía que tenían un tremendo ego o eran muy creídas.

 

Pero una de ellas, Fabiola, cuando estaba en la barra se acercó a mí:

-No te había visto aquí.

La miré a Fabiola y digo:

-Mi nombre es Carlos Ugarte, soy de Zavala.

-¡Con razón! ¿Y qué haces?

-Bueno, soy Martillero Público, y me va muy bien.

-¡Ah! -Me miró. El ¡Ah! me sonó como a decepción de parte de Fabiola, como diciendo "¡Ah!, bueno, tú no has nacido rico, eres un advenedizo en nuestro grupo". Todo eso en mi mente, ¿eh? Ella solamente dijo ¡Ah! Pero no se alejó, seguimos hablando. Me preguntó de forma totalmente indiscreta-: Y seguramente vienes aquí a pescar clientes.

Fui franco. Le dije:

-No necesariamente pero si vienen bienvenido sea. Al fin y al cabo es parte de mi trabajo el conseguir vendedores, compradores, y sé que en la parte norte de Ciudad del Plata están las propiedades más caras, al doble o más que las propiedades del centro, y al triple de las propiedades del sur.

Fabiola me dijo:

-Pues mira, Carlos, justamente tengo una amiga que quiere vender su apartamento.

-No tengo problemas.

Me pasó la tarjeta y me dijo:

-Llámala. Mañana llámala. Hoy hablaré con ella. -Le ofrecí mi tarjeta-. ¡Vaya!, Carlos Ugarte. Bien. Aquí tenemos Ugarte también, ¿eh?, Ugartes de clase. -Y después dijo-: ¡Oh! Disculpa, no quise decir que tú no lo seas. -Reí para mis adentros, ¡je, je! Evidentemente sí lo quiso decir. Pero bueno, debería acostumbrarme a las necedades de estas niñas ricas mal criadas.

 

Al día siguiente me contacté con la persona conocida y fui a ver su departamento. Me apabulló. Una sala comedor de doce metros de largo con piso de mármol, con desniveles, una chimenea tipo hogar. Y la cocina. La cocina tenía como una especie de columna central y embutida una cocina tipo horno. Y el baño. El baño prácticamente tenía una bañera con hidromasaje, prácticamente en lugar de porcelana era como de cristal. Y el piso del baño era transparente con un vidrio pero muy muy espeso. Y debajo peces. Obviamente había una válvula que echaba aire para oxigenar el agua. Entonces cuando tú te acostabas en la bañera, al lado tuyo detrás del cristal nadaban los peces.

Tasé el departamento en un precio que me pareció altísimo.

La mujer ni pestañeó:

-Está bien, con ese precio lo puedo vender.

Mi curiosidad me hizo preguntar:

-Disculpe, señora, pero este apartamento es una maravilla, ¿se quiere mudar porque se traslada a otra ciudad?

-No, quiero ir aún más al norte, cerca del rio, a compararme un tipo chalet.

-¿Chalet?

-Sí una casa directamente, una casa de diez habitaciones. Seguramente no me va a alcanzar con lo que cobre por la venta, pero tengo más dinero, obviamente, muchísimo más. Y la haré a mi gusto. Tengo un arquitecto contratado.

 

En menos de una semana vendí la propiedad, me quedé una comisión impresionante. La volvía ver a Fabiola y le agradecí.

-Veo que has hecho un buen negocio.

-Mira, te agradezco. Si quieres te lo compenso con una cena.

 

Pensé que se iba a negar pero no se negó, para nada. Fuimos a comer en la Quinta avenida, un lugar carísimo. Pero yo no tenía problemas con el dinero.

Y las cenas se repitieron, hasta que una vez me invitó a su nueva casa cerca del rio. Si el apartamento que le había vendido era apabullante, ni hablar de la casa. El arquitecto verdaderamente era un arquitecto de categoría. Obviamente había gastado bastante en las refacciones.

 

Pero voy a pasar por alto la cena, el comedor, el fumar un habano en la sala, el tomar una copa de coñac. Pasamos directamente al dormitorio y allí directamente me apabulló con sus caricias y sus besos, me sentí como transportado a otro nivel, no sé cómo explicarlo mejor. Y eso sucedió varias veces hasta que empecé a sentir algo más que... que un afecto. Y en el momento que empecé a sentir eso que me sacudía por dentro y me movía toda mi alma, fue cuando me dijo Fabiola:

-Mira, Carlos, me gusta la independencia. Lo hemos pasado muy bien, pero ahora necesito un poco de aire.

-¡Pero mira el ventanal que tienes!, un ventanal con vistas al rio, tienes todo el aire del mundo.

-No, Carlos, me refiero a poder respirar sin presiones.

-¿Lo dices por mí, porque yo te presiono? Yo vengo cuando tú me llamas, yo no te presiono.

-Carlos, Carlos, Carlos, te veo venir. Tu forma de ser, como me miras..., y no quiero causarte daño.

-Pero Fabiola, no me causas daño -le expliqué.

-No ahora, pero presiento tus sentimientos, y cuento más crezcan más daño te causaré al alejarme de ti.

-Pero si no te estoy presionando... ¿Por qué hablas de alejarte?

-Porque soy así.

-Así, ¿cómo?

-No me gusta esclavizarme con una persona, me gusta conocer gente.

-Y sí conoces gente.

-Carlos, Carlos, tienes treinta años pero pareces inmaduro. Conocer gente en distintos aspectos.

-Ahora caigo, ahora entiendo. No te atas a nadie, te atas al amor, por llamarlo de alguna manera.

-Carlos, ahora no te hagas el ofendido.

-No estoy ofendido, para nada. Es tú manera de ser, no coincide con la mía. Yo cuando quiero, quiero de verdad.

-De eso se trata, Carlos, yo no te quiero. Te deseo, la paso bien contigo y punto. No mezclo mis sentimientos con mis pasiones.

-Entiendo.

-Lo entiendes pero pones cara de afligido, como que te sientes una víctima.

La miré.

-Quizá sí.

-¿Y por qué? -preguntó Fabiola-, ¿alguna vez te dije "Te quiero, te amo, no puedo estar sin ti"?

-No.

-¿Alguna vez te dije "Podemos ser pareja o novios o lo que sea"?

-No.

-Entonces no tienes nada que reprocharme.

-No te he reprochado nada.

-No, no directamente, pero sí indirectamente. Eres muy niño, muy ingenuo.

-Tal vez sea ingenuo o tal vez tú no seas el tipo de mujer con la cual yo sería feliz.

-¿Pero la has pasado bien?

-Sí, eso no te lo voy a negar. En realidad quiero ser franco contigo: La pasé más que bien. Pero no soy de implorar "Dame otra oportunidad, conóceme mejor, verás que no te defraudaré", no, no, no. No porque sé de tu manera de ser. Al fin y al cabo, ¿dónde te conocí?, en el club hípico, vi el grupo de chicas todas creídas.

-Espera, espera, Carlos, tampoco me prejuzgues, no somos todas iguales, yo puedo amar..., pero bueno, a ti te tengo afecto. Pero esta conversación me sirvió para darme cuenta de que con el tiempo ibas a ser insoportable.

-¡Ja, ja, ja! ¡Ay!, me haces reír, Fabiola, me haces reír, verdaderamente puedes adivinar el futuro.

-No.

-Ahora no te creas suficiente.

-Tampoco te la creas tú, Carlos. Yo no adivino el futuro pero es fácil conocerte, es fácil ver tu interior, eres trasparente, eres fácil de notar.

-O sea, según tú yo me tendría que poner una coraza.

-¿Por qué?, ¿yo tengo coraza? Yo no tengo coraza -dijo Fabiola-, simplemente soy como soy. Me aceptan, me dejan, me da lo mismo.

-Ese es tu problema. Y algún día te va a pasar que vas a conocer a alguien del que te vas a enamorar y te va a tratar como una más.

Me miró con una mueca que parecía una sonrisa, que parecía sarcasmo. Y me dijo:

-¿Sabes quién dice eso?, los resentidos: "Lo que tú haces conmigo te va a pasar a ti".

-No, no lo digo por eso.

-Sí lo dices por eso, ni tú sabes que lo dices por eso.

-Así que eres psicóloga.

-Para nada, simplemente soy una persona que usa el sentido común. Disfruto, vivo la vida, la paso bien y el día de mañana veré. Y si es como dices tú, Carlos, de que el día de mañana alguien me gusta mucho y a mí no me da importancia, bueno, me la bancaré.

-¿Qué significa Me la bancaré?, no conozco muy bien tu idioma coloquial.

-Significa como que lo aguantaré, lo soportaré. Y buscaré otra persona. Al fin y al cabo hay infinidad de hombres.

-Así es -le dije-, al fin y al cabo hay infinidad de mujeres.

-Pero espera antes de irte, eso no quita de que alguna, de aquí un mes, te invite y nos podamos ver y tener otra buena noche.

-No, no, no, no. Porque es como tú dices, Fabiola, si empiezo a tener sentimientos prefiero tomar distancia. Nos veremos en el club, no tengo problema en compartir un combinado contigo o acompañarte a ver un equipo de polo, no tengo ese tipo de problemas. ¿Pero vernos, íntimamente? No, no, no. Me siento vulnerable. No tengo problema en decirlo. -Me quiso dar un beso en la mejilla y le tendí la mano. Sonrió y me dijo:

-No te hagas el exquisito, ahora.

-Para nada. Cogeré un taxi y me marcharé para mi apartamento, mañana tengo mucho que hacer. Y de corazón te agradezco el que me hayas recomendado esa señora. -Me marché.

 

Donde vivía Fabiola no le tenía nada que envidiar al chalet que había comprado la señora, era exactamente igual con ventanas al río, con piso con distintos desniveles, con un altillo que era prácticamente un superambiente más. Pero yo no gastaría plata en eso, yo estoy tranquilo en mi apartamento de dos ambientes y en mi local de inmobiliaria.

Todavía había mucho por aprender de lo que era el verdadero amor. Por un lado mi ego, porque reconozco que lo tenía, me había implantado infinidad de engramas, engramas de inseguridad en la parte afectiva, dudas sobre si me involucraba con alguien ese alguien me quería o simplemente -y voy a ser muy crudo, disculpadme-, o simplemente la persona me usaba. Y lo que más ira me provocaba era que tú escuchabas a las mujeres decir "Los hombres nos usan", ¡ja, ja, ja!

Yo creo que ambos géneros se usan unos a los otros, carentes de amor, carentes de sentimientos. ¿Y qué era el sentimiento, sufrir? No me parecía- Pero hasta ahora, el sentir no me había dado resultado. Pero la historia continuaba.

 

Gracias por escuchar.