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Psicoauditación - Michel S.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión del 14/07/2021


Sesión 14/07/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Michel S.

En Términus, un mundo al borde del Universo, unas energías, unos seres afectaban a la gente en su decodificador, infundiéndoles temores y visiones. La entidad relata que durante años escuchó voces que lo trastornaban.

 

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Entidad: Mi nombre es Viver, las dos veces con la 'v', o 'b corta'. Soy estudiante de informática, tengo veintinueve años.

Pensaréis "¿Cómo no se ha recibido?". Me ha costado muchísimo conseguir trabajos y la matrícula es bastante cara.

Pero no es eso lo que más me ha dañado, además de las personas que me rodeaban, como por ejemplo, en la juventud. Hablo como si fuera una persona grande pero me pesan los veintinueve años. Muchos a mi edad hace años que están recibidos, trabajando, prosperando y en pareja.

 

Mi noviecita me dejó por un informático que ya venía de familia rica, y la terminé despreciando porque no le interesaba el amor, le interesaba el dinero, la prosperidad, pasarla bien. Y me di cuenta que salí ganando porque era hueca, totalmente hueca.

Mamá Analía me cuidaba. Me decía:

-¿Fuiste a Rubin?, ¿fuiste a Rubin Den?

-No madre, hoy no fui.

-Tienes que ir, es el mejor analista.

-Madre, ya soy grande, tengo veintinueve años, sé lo que hago.

 

Había pedido dinero a un prestamista, que más que prestamista parecía un maleante. Se llamaba Ganino. Alto, delgado, la cara chupada, cabello claro. Pero sus ojos también eran como grises claros, entonces es como que impedía verle la mirada. Se corría la voz de que muchos se endeudaron con él y desaparecieron.

Mamá Analía me decía:

-Viver, por favor, no te pongas en gastos, tienes deudas. No me cae bien ese Ganino.

 

Recordaba mi niñez. Siempre me gustó mirar el cielo, cuando podía ver la noche llena de estrellas sabía que eran soles lejanos y es como que con mis pequeños brazos quisiera abarcar todos esos soles. Pero del otro lado, del otro lado se veía negrura, una oscuridad que te tragaba.

Siempre me gustó la informática, pero debido a esa negrura que había del otro lado empecé a estudiar, como aficionado, astronomía.

Le comentaba a mamá Analía:

-Madre, ¿a ti no te gusta ver el cielo a la noche?

-Sí, obvio que sí, mi amor.

-La parte estrellada, ¿no? ¿Y por qué del otro lado no se ven estrellas? -Mamá se encogía de hombros.

-No sé, la mitad del cielo está estrellada y la otra mitad oscura.

-¿Pero qué pasó, mamá, por qué no hay estrellas del otro lado? -Qué me iba a explicar mamá, su conocimiento era limitado en ese aspecto.

 

Y ya siendo más grande hablaba con profesores, que si bien eran de informática, tenían la cultura suficiente como para explicarme.

-Mira, Viver, nosotros estamos en una galaxia, ¿sabes lo qué es una galaxia?

Me encogí de hombros:

-Sí, es un racimo de estrellas. Es más que un racimo, hay miles de millones de estrellas.

-Pero nuestra galaxia está en el borde del Universo y nuestro sistema solar está en el borde de nuestra galaxia.

-O sea, profesor, que estamos en el borde del Universo. ¿Por eso a nuestro mundo le pusieron Términus?

-Interpreto que sí. Bueno, pero pasa la hora, tienes que hacer unos cálculos.

-Sí, profesor. -Abrí mi carpeta y me puse a trabajar con cálculos informáticos, pero mi mente pensaba en esa tremenda negrura.

 

Recuerdo que cuando tenía cinco años le dije a mamá:

-Madre, en esa negrura hay cosas.

-¡Hijo, hijo, hijo! Por favor, deja de decir eso, pareces desquiciado.

-Escucho, escucho que me dicen cosas. Me dicen que tú no eres mi mamá y que yo soy especial, y que yo puedo hacer muchas cosas.

-Hijo, por favor, claro que eres especial para mí, eres lo que más quiero, te quiero con toda el alma.

-Y por qué no somos iguales... ¿Tú eres mi madre, de verdad?

-¿Pero quién te ha llenado la cabeza?

-Esas cosas que están en la negrura, me hablan.

 

Mamá me llevó con un médico. El médico me preguntaba:

-Cuéntame lo que le has dicho a tu madre.

-No.

-Tú mamá me ha dicho que tú hablas con seres que están ahí, en la parte esa, oscura. -Me encogí de hombros.

-Yo no dije nada, son inventos de mamá.

-Te voy a dar unas pastillas, unos comprimidos, para que tomes.

 

Yo era niño y empecé a tomar unos comprimidos, y es como que ya no escuchaba esas voces.

Pero después me molesté con mamá:

-Me están dando... me están dando algo que me impide escuchar a esa gente. Esa gente de la negrura me dice la verdad. Esto es un complot contra mí, me da la impresión que debajo de vuestros rostros, del profesor, de mis compañeros de informática es como que hay otros rostros y como que son todos mis enemigos. -Mamá habló con el médico y me dieron otros comprimidos, pero me adormecían.

 

Recuerdo que perdí un año de estudio, y ya de más grande sentí como que fracasaba en todo lo que emprendía. Hasta que conocí a esta chica que gustaba de mí. Y decía:

-No eres el único, Viver, yo a veces también escucho voces en mi cabeza, pero es como que viene de esa negrura.

-Claro. Tú me entiendes.

 

Pero esa chica que tanto me comprendía conoció a un joven informático que venía de familia poderosa, y de un día para el otro se alejó de mí. Y me di cuenta que era falsa, como la mayoría de las personas que me rodeaban. Falsas, totalmente falsas.

Y entré en depresión. Tenía una tremenda depresión, seguía escuchando las voces en mi cabeza que me decían: "No tienes por qué estar en depresión, tienes que tener ira, odio porque muchos te envidian". Eso me decían las voces. Pero a su vez era como que esas voces me dañaban la mente, y tenía una tremenda ansiedad al punto tal que a veces me faltaba la respiración y tenía una tremenda inestabilidad emocional. A veces es como que me inundaba el amor, a veces es como que tenía un odio tremendo.

 

Y me enfrentaba con mamá Analía:

-Cuando era chico me dijeron que tú no eras mamá, que mi mamá está en la oscuridad. Y me dicen: ¿Por qué no vienes hacia la oscuridad?". -Ahí fue cuando me llevó al analista, al analista Rubin Den.

 

Rubin Den me hablaba, pero escuchaba más lo que yo le contaba. Y anotaba.

-Muéstreme lo que anota.

-Es confidencial.

-¡Qué confidencial, yo soy el paciente! ¿Qué anota?

-Apunto lo que me cuentas, nada más.

-Muéstreme, a ver si dice que yo estoy loco, que las voces son invento mío. Si las voces fueran invento mío, ¿por qué a veces veo en las noticias que hay tanta gente que se ha suicidado? -Porque era cierto, en Términus mucha gente entraba en pánico. Y me quedé satisfecho al ver que no era el único que escuchaba las voces.

 

Hasta que por medio de un conocido, mamá Analía me dice:

-Mira, tienes veintinueve años y es muy difícil de que logres dinero para la matrícula. Déjame presentarte a Justo, un informático.

-Espera, ¿Justo, un informático, o Justo el informático, el más importante de la región? ¿Cómo lo conoces?

-No lo conozco, un conocido lo conoce y me dijo que te puede contactar.

-¿Y en qué me puede ayudar? Yo lo que necesito es dinero para recibirme.

-Te voy a contar algo, pero por favor, no te pongas ansioso, Viver.

-¿Qué pasa? Me pongo ansioso porque me haces esperar. ¿Qué pasa?

-Ese Justo, informático, dice que sabe el secreto de las voces.

-¡Ah! -Me puse a pensar "Así que ese Justo debe ser amigo de esos seres de la oscuridad"-. ¿Cuándo lo podría ir a ver, madre?

-Mañana mismo.

 

Era un hombre que tendría como mínimo diez años más que yo, seguro de sí mismo, atento. Me dice:

-Tú eres Viver.

-Sí, profesor.

-Mira, este es mi hermano mayor, Máximo. -Apareció otro señor de mirada firme pero a su vez empática, que se presentó como analista. Y ahí sentí como una especie de rechazo porque me acordaba del analista Rubin Den.

-¿Usted también es uno de los que anotan cuando uno cuenta cosas, pensando que uno está loco?

Máximo me dijo:

-Para nada, Viver, para nada.

-Madre dijo que el profesor Justo sabía de esos seres de la oscuridad. ¿Sois amigos de ellos?

-No, para nada. Pero sabemos quiénes son, se llaman etéreos. Son seres inmateriales pero que buscan manipular la mente de los habitantes de Términus. -En ese momento me cogió como un ataque de ansiedad porque escuchaba voces en mi cabeza que me decían "No les hagas caso, el profesor Justo y el analista Máximo no son de Términus, son invasores".

-No quiero saber nada con ustedes -les dije-, ustedes me quieren convencer pero ustedes ya deben llevar una máscara.

-Mira -me dijo Máximo, el analista-, ¿qué ves en mi cabeza?

-Un casco ¿Para qué es ese casco?

-Para comunicarte mejor con esos seres que aparentemente son amigos tuyos. -¡Ah! Ahí ya me sentí más tranquilo.

-¿Tienen un casco? Me quiero poner...

-Ponte. -Me pusieron un casco extraño y en ese momento dejé de escuchar las voces.

-¿Qué hicieron? Ya me lo estoy sacando.

-Déjatelo, déjatelo. Dime cómo te sientes.

-No escucho esas voces...

El informático, Justo, me dijo:

-Para eso son los cascos, para que no nos asusten. Habrás leído en las noticias la cantidad de suicidios.

-Sí.

-Es por eso. Esos seres etéreos que están fuera del universo se alimentan de nuestros miedos, de nuestros temores, del terror. Muchos pierden la razón, otros entran en un pánico tan grande que se quitan la vida. Pero con este casco se produce una interferencia mental que evita que te digan cosas. Déjatelo un par de días. Puedes incluso dormir con el casco.

-Pero cuando me tengo que higienizar, lavarme la cabeza, ¿qué va a pasar?

-En ese momento no pienses en nada: Te lavas, te secas rápido y te vuelves a poner el casco, verás que estarás bien. -Dejé de escuchar esas voces gracias al casco que me dieron el informático Justo y el analista Máximo, que era su hermano.

 

Pero recuerdo que le dije a Justo:

-En la vida no me fue bien, a mis veintinueve años tengo compañeros que se han recibido hace tiempo atrás y están trabajando.

Justo me dijo:

-Si trabajas conmigo un tiempo puedo ayudarte con tu matrícula.

-¿Y por qué siento esa depresión, esa ansiedad, esa inestabilidad emocional?

-Porque te han afectado tanto esos etéreos que de alguna manera es como que te han dejado vulnerable tu decodificador.

-¿Cómo, decodificador?

-Así le llama mi hermano Máximo a nuestra mente, porque podemos decodificar el concepto de esos etéreos.

-¿Y qué son?

-Son seres de la oscuridad, de la negrura, están fuera del Universo, fuera de nuestra Creación. ¿Tú eres una persona de fe? -Me encogí de hombros.

-Sí, creo que hay un Creador.

-Bueno, estos seres están fuera de la Creación, fuera de esta Esencia de Luz de Amor del Creador del Universo. -Me parecía muy raro, muy extraño lo que me contaban.

-¿Y cómo hago para vencer esa depresión, esa inestabilidad emocional? Y aparte, estoy con deudas...

Justo me dijo:

-Viver, nada se logra de golpe, nada se consigue de un momento para el otro. Primero tienes que estabilizarte tú, y luego, trabajando vas a poder ir cancelando tus deudas.

-¿Y ahora que no escucho esas voces, mi mente sanará?  

-Es un trabajo que llevará su tiempo, depende de cuán dañado esté tu decodificador. Seguramente que tengas que seguir con medicación un tiempo más. Yo no soy médico -dijo el profesor Justo-, pero si te han recomendado tal y cual medicación hazle caso a ellos, a los médicos que te atienden, y tómalas. Y no mortifiques más a tu madre Analía, ella te ama.

-Pero hay un montón de gente que me desprecia, que no me acepta. Porque yo lo presiento.

Intercedió Máximo, el analista. Y me dijo:

-Lo que te tiene que importar es tu propia aprobación, tu propia aceptación, no la aceptación de los demás.

-¿Y lo lograré?

-Si no lo intentas, no. Si lo intentas tienes muchas posibilidades.

-¿Podrán ayudarme?

-Claro que sí. Pero depende de ti. -Me fui un poco más aliviado a casa.

 

Le conté a mamá Analía lo que había hablado.

-Te dije, hijo, te dije que Justo era una persona que podía ayudarte.

-Hasta ahora no me han ayudado, -Me encogí de hombros-, pero me han dado esperanzas. Han dicho que depende de mí. Pero sé que hay personas que me ponen palos, piedras, obstáculos en el camino. Me va a costar mucho más que a otros, pero me dijeron que me esfuerce. Y Justo me dijo que me puede ayudar con un trabajo, y que voy a poder conseguir la matrícula para recibirme.

 

Gracias por escucharme.