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Psicoauditación - Rosemarie

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión del 24/05/2022


Sesión 24/05/2022
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Entidad que fue Rosemarie

La entidad recuerda una vida en Gaela, en la que por una sobreprotección por parte de su madre no desarrolló la autoestima. Y esto, de adolescente, le causaba dificultad para relacionarse con los demás.

Sesión en MP3 (3.935 KB)

 

Entidad: Mi nombre era Rosemarie, igual que en la vida actual.

Mi mundo se llamaba Albor. Un mundo que en el pasado, siglo atrás, era un mundo de felicidad, de abundancia, donde todos eran felices.

 

Pero qué sucedía, eran tan felices que se volvieron ineficientes. Había abundancia de comida, prosperidad, nadie peleaba, nadie discutía. ¿Para qué si todos tenían de todo?

¿Pero hasta qué punto ello no los hacía egoístas? Pero para ser egoísta tienes que tener una causa y allí no la había, era una eterna abundancia. ¿Por qué habría de surgir el egoísmo?

 

Pero el egoísmo tiene muchas facetas, como algunos cristales, y estar en un lugar de confort y no preocuparse por nada fomentaba un tipo de egoísmo desconocido, la indiferencia por ejemplo. El disfrutar hasta el máximo delirio hace que cada persona sólo piense en sí misma.

 

Y con los siglos, ese mundo tan fantástico de la eterna abundancia, donde todos tenían de todo cayó en decadencia. ¿Por qué? Porque un mundo tiene sus límites, y si los seres que allí lo habitan no producen porque sólo se dedican a vivir, a estar en una eterna placidez llega un momento, y esto no se da de un día para el otro sino a través de los siglos, en que comienza la escasez.

 

Y el mundo se dividió porque muchos se dieron cuenta a tiempo. Al comienzo empezaron a acaparar para decir "Cuidado, que a mí no me falte nada", y otros siguieron disfrutando y gastando.

Primero se fueron dividiendo en facciones, luego dividieron el mundo en dos: La parte norte era la parte rica, egoísta, indiferente. Pero producía, ya no acaparaba porque no había que acaparar, pero producía. Y el hemisferio sur, ese hemisferio tan sumido en un confort artificial se dio cuenta tarde de que ya no era el mundo de un milenio atrás o dos milenios atrás, Albor ya no era el paraíso, Albor ya no era el mejor planeta de la galaxia. Entonces mucha gente del sur quiso emigrar al norte.

 

¿Pero qué hizo el norte?: -¿Vienen a producir o vienen a comer lo que nosotros producimos?

Entonces levantaron murallas. Y por primera vez en la historia de Albor se formaron milicias armadas para proteger su hemisferio, y en un siglo, un siglo, crearon armamento como nunca habían creado en milenios. Porque los del norte tenían elementos, herramientas, posibilidades diez veces más que los habitantes del sur, que si no podían pasar al norte por tierra pasaban por mar en pequeñas barcazas, que eran hundidas por submarinos que tenía el norte.

 

¿Qué hizo el sur? Odió, envidió. Dijeron que el norte estaba formado por una tiranía.

 

El norte se defendió, diciendo:

-No es así, ustedes se dedicaron a disfrutar. Nosotros nos dimos cuenta a tiempo de que ya no era la panacea, ya no había la abundancia de siglos atrás. Primero acaparamos, luego nos dimos cuenta que ya ni siquiera había qué acaparar porque lo que se acapara se gasta. Y nos dedicamos a producir. Primero a sobrevivir y luego pudimos vivir bien. Vosotros en el sur eráis un coro de quejas pero no levantabais un dedo para producir. "Nos lo merecemos", decíais.

 

Y el sur se hundió en una extrema pobreza. Y la resistencia del sur en lugar de pensar sabiamente y decir "Labremos la tierra. Hagamos", se dedicaron a hacer una guerra inútil, imposible de ganar. Y se perdieron muchas vidas. Del sur, obviamente, nunca del norte.

 

Y allí fue donde nací yo. Mis padres eran personas con un elevadísimo ego, rencor, envidia, diciendo que los seres del norte no eran humanos, que eran terroríficos, malvados, crueles, excesivamente indiferentes para con nosotros, los pobres.

Y así crecí, odiando, porque es lo que me enseñaron. Me enseñaron a vivir en rol de víctima, en rol de inquisidor, en ser una eterna sufriente.

Tenía amigas, competíamos a ver quien se quejaba de lo inhumano que era el norte.

 

Pero un día, un día, siendo adolescente, les dije a mis padres:

-Tenemos inmensos bosques, tenemos inmensos campos, ¿no sería oportuno explotarlos, en el buen sentido, aprovechar esos bosques, sembrar esos campos?, porque no están yermos.

-Estás enferma, Rosemarie. Mira, mira como viven en el norte con sus riquezas, con sus lujos, ¿y nosotros nos vamos a arruinar las manos sembrando? Estás enferma mentalmente.

-Pero padre -me oponía-, sé poco de historia porque ni siquiera hay libros aquí en el sur, pero entiendo que en el norte para tener esa prosperidad primero tuvieron que embarrarse las manos para cultivar la tierra. -Mi padre me pegó una bofetada.

-¡Eres una blasfema!, ¿cómo dices esas cosas? El norte nunca ha movido un dedo. El norte es rico y siempre fue rico, y nos ha tratado de miserables levantando esas vallas altísimas. Ellos tienen aparatos que vuelan por el aire, tienen aparatos que van bajo el mar. Nosotros no tenemos nada. -Mi mejilla me ardía del dolor de la bofetada.

 

Tenía muchas cosas en que pensar. Pero sí entendía que el sur de Albor era inoperante, porque elegía ser inoperante.

Lo conversaba con mis amigas adolescentes, con mis jóvenes amigas y me decían:

-Pero tu pensamiento es de una traidora. ¿Acaso no tienes rencor con el norte? ¿Acaso no tienes odio por el norte? Ellos fueron los que nos han hundido en la pobreza. Ellos se creen superiores y no permiten que nosotros nos mezclemos, por eso levantaron esas murallas enormes. Nos merecemos tener tanto como ellos.

-¿Cómo -les pregunté a mis amigas-, si no hacemos nada por nosotras? ¡Nada!

-¿Sabes lo que pasa contigo, Rosemarie? -me decían mis amigas-, en lugar de tener rencor, rabia, ira, montar en cólera, eres una pobre joven depresiva, quejosa que no sirves para nada.

 

Y me alejé de mis amigas porque para mí, para mi forma de pensar, las indiferentes, las inútiles no eran las personas del norte, éramos nosotras, las personas del sur.

 

Y más de una vez les dije:

-Tened memoria, tened memoria. Este era un mundo donde la misma abundancia creó una eterna indiferencia. Ellos, los que vosotros llamáis inhumanos, despertaron a tiempo.

Me respondían:

-No podemos hablar contigo, tu mente está alterada.

 

Y eso me hundía más en la depresión porque no tenía con quien hablar.

Padre me abofeteaba.

Madre me consolaba diciendo "Pobre Rosemarie, no sabe lo que dice".

Mis amigas me despreciaban.

 

Alguien tenía que dar el primer paso para que esto cambie. ¿Pero cómo? ¿Cómo lo iba a hacer, cómo? ¡Decidme cómo, ahora!, porque yo sola no puedo, no puedo.