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Psicoauditación - Sergio

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión del 14/03/2021

Sesión del 15/03/2021

 


Sesión del 14/03/2021

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sergio

De viaje coincidió con un amigo y se acercaron al castillo-fortaleza de la regente Núria. Ésta les comentó que podía sufrir ataques, por eso tanto armamento. Y que había enviado informantes a los pueblos.

Sesión en MP3 (2.673 KB)

 

Entidad: Venía prácticamente al paso, no quería agotar a mi hoyuman. Estos días me vinieron bien, pues había despejado mi mente, en ningún momento estuve de ocio.

 

Conocí a un joven llamado Pilgrim en el poblado Lateca, un joven del que se burlaban, que su propio padre le había maltratado, que el pueblo mismo lo maltrata, le decían burlonamente Pigüí, como si fuera un niñito, y le enseñé el arte de la espada. Obviamente que en tan poco tiempo no se pueden hacer milagros pero aprendió bastante bien.

Antes de irme le advertí que no se le suban los humos, esto es, el hecho de que sepa espadear no significa que pueda atreverse a cualquiera, tiene que ser cauto y seguir practicando a solas. Le expliqué cómo.

Le expliqué también el arte de la lucha, el arte de los puños dentro del poco tiempo que estuve, pero aprendió bastante y me sentía satisfecho.

Por eso digo, no estuve de ocio. Pero me sentía renovado y volvía con más energías.

 

Otro camino se unía al camino que yo iba y otro jinete se acercaba. A lo lejos no lo reconocí, ya estando más cerca sonreí: su vestimenta, su gorro con una pluma.

-¡Je, je, je, Figaret, pero esto es una causalidad que tú también vuelvas! Cuéntame en qué has estado, yo te contaré en qué he estado yo.

-Cuéntame tú -me dijo Figaret.

 

Le conté de Pilgrim, del poblado Lateca. Él me contó que una mujer casada se quería enredar con él.

-¡Pero es increíble! -le digo-, a todos lados que vas...

-No no no no, esta vez me negué.

Me acerqué mi hoyuman al suyo y le toqué la frente. Digo:

-Puede ser que tengas fiebre, que te haya agarrado algún mal. ¿Te has negado?

-No. Pero no sabes, Aksel, no sabes. Era una persona manipuladora, hacía rol de víctima. Es cierto que tenía un esposo que jugaba y bebía, pero supe que se enredó con varios varones y que los ponía en problemas porque algunos eran casados. Era ella la que sembraba discordia. Hubo gente en el poblado que se separó por culpa de ella. Y cuando la despreciaban hacía rol de inquisidora, se enojaba, despreciaba. Decía: "Me han usado". Y esta vez no, no quise meterme en problemas.

-Bueno, ¡je, je!, has usado el sentido común.

-Siempre lo uso, Aksel. Pareciera que no porque a veces es como que imposto un rol, pero soy más pillo de lo que parece. Pero pillo en otro sentido, no pillo de engatusar a la gente sino pillo de que la gente no me engatuse a mí.

-Se entiende.

-O sea, ¿vuelves al igual que yo al poblado central y nos vamos para el castillo del rey Anán?

-Sí, a ver cómo están las cosas. Espero que ya hayan enterrado los cadáveres en el campo de batalla, fue algo muy duro, muy muy duro.

 

En ese momento pasamos por la fortificación que había pertenecido a la princesa y luego reina Samia, de la que se había apoderado el regente Sigmur. Ambos nos asombramos, había cientos de soldados en las murallas, murallas más altas, muy fortificadas. Se acercó una tropa hacia nosotros, nos detuvieron en el camino.

Hablé yo. Le digo:

-Estamos de paso, vamos al castillo del rey Anán. ¿Quién está al mando aquí?

-La regente Núria.

-Disculpa -El soldado me miró-, ¿estamos hablando de la dama Núria, la que había sido esposa del guerrero Ligor?

-La misma.

-¿Podrá recibirnos -Lo miré a Figaret y asintió con la cabeza-, a los dos?

-Seguidme.

 

Nos asombramos, porque había fortalecido las paredes, la empalizada por llamarla de alguna manera, en realidad era una tremenda muralla de ladrillo pero gruesísima, con torres que protegían de cualquier tipo flecha, y adentro una enorme enorme feria feudal con mucho movimiento, muy próspera.

Le dije a Figaret:

-¡Pero es una maravilla esto, un progreso tremendo!

 

-Atravesamos la feria feudal, pasamos otra muralla interna y llegamos al patio de armas, había cientos de soldados practicando con espada, con lanza, otros más atrás con flechas, disparando a diversos blancos.

Yo le decía a Figaret:

-¿Pero se está preparando para alguna batalla o qué? -Pasamos una tercera muralla y llegamos a la parte central del castillo.

La propia Núria nos recibió:

-Aksel, Figaret, ¿qué hacéis por acá?

-Apreciada Núria, ¿podemos desmontar?

-Por supuesto. -Le ordenó a los soldados-: Llevad a la caballeriza a los hoyuman, cepíllenlos, aliméntelos y denles de beber. -Los soldados le hicieron una especie de venia y se marcharon con los hoyumans-. Venid, imagino que tendréis hambre. ¿Habéis estado en algún otro poblado?

-Sí, pero no juntos, cada uno se tomó un descanso luego de la batalla. Disculpa que sea entrometido -dije-, ¿pero qué haces tú aquí?

-Soy la regente.

-¿Pero quién te ha nombrado?, ¿como... -me interrumpió con la mano:

-Te digo lo mismo que le digo a muchos, Aksel, estuve mucho tiempo como dama de compañía de la princesa Samia. Nunca tuvo piedad de mí. Debo reconocer que jamás me trató mal y que si bien era una costumbre que yo debía respetar mi juramento de seguir siendo una doncella virgen, tuve que esperar hasta que ella se muriera para unirme con Ligor, el tiempo que disfruté de matrimonio fue poco. Teníamos un castillo pequeñito, hasta que llegó un comisionista con una pancarta diciendo de que ese tal Andahazi iba a organizar una reunión con distintos reyes; quería apoderarse de la región. Y bueno, pasó lo que pasó. Luego mi exmarido se empecinó con cazar a Randora y hubo una sucesión de acontecimientos y terminamos divorciándonos. Ligor le echó la culpa a Donk, Donk no tuvo nada que ver en todo esto.

-Claro -dije-, pero no me has explicado de por qué eres regente de este castillo transformado en fortaleza. Sé que Sigmur la fortaleció pero ahora está el doble de fortalecida, y encima los soldados.

-Ten en cuenta todo el tiempo que viví aquí con la princesa Samia y luego reina, y sabía todos los escondites entre las paredes, sótanos, corredores, que se entra por lugares inesperados, y había como cien escondites con bolsas de metales dorados, cobreados, plateados y todavía los sigue habiendo. Y soy la única que los conoce y por eso puedo pagar a los soldados. Pero ahora no preciso gastar más porque la feria feudal me produce mucho, es una feria feudal de las más grandes que conozco y el impuesto que cobro es tan pequeño tan pequeño que todos prosperan y con ese impuesto le puedo pagar a los soldados. O sea, que todos viven bien. -Miré para un costado y vi catapultas, pero después vi unas catapultas extrañas, con unas flechas de varias líneas de altura que apuntaban hacia arriba.

-Perdón, pero estas flechas son para derribar dracons. -Se encogió de hombros.

-Una nunca sabe, uno nunca sabe lo que podría venir.

-¿Por qué habría de atacarte?

-Ya sabes cómo es la gente, Aksel.

-Sí, pero insisto: ¿Por qué habría de atacarte? ¿Algo nuevo? -pregunté.

-Sí. Envié a mi dama de compañía, Soledad, a la que obviamente no trato como Samia me trató a mí, no le hice prestar ningún juramento, le pago bien, y prácticamente más que una dama de compañía es una amiga. Y ahora se fue con la elfo Elefa a distintos poblados.

-¿Para?

-A ver si alguno desea organizar una sedición o una invasión a mi territorio.

-Con todo respeto, ¿me permites hablar?

-Habla.

-Mira, te tengo un enorme afecto, el mismo afecto que le tengo al guerrero Ligor, el mismo afecto que le tengo a todos, pero me parece que lo tuyo ya entra en el terreno de la imaginación.

-¿Estás queriendo decir como que estoy perdiendo la razón?

-No no no, pero tampoco es cuestión de imaginarse enemigos por todas partes. Que envíes a gente a investigar y aparte, solamente, a dos mujeres está bien, Elefa se sabe defender, ¿pero esta dama de compañía tuya sabe manejar la espada?

-Sí. Le dije a Edmundo también si quería ir, pero tuvo una especie de intercambio de palabras con Soledad y se volvió al castillo de Anán. -Figaret preguntó:

-¿Qué pasó?

-Aparentemente no se llevan bien tu protegido Edmundo con...

-No es mi protegido, es un gran amigo -aclaró Figaret.

-Bueno, lo que fuera, pero se ofende por cualquier cosa. Y mi dama de compañía no tiene paciencia con la gente que es así. -Figaret iba a seguir hablando para defender a Edmundo y le hice una seña, que se calle.

-Buen, pero me alegro que esté todo bien. ¿Tú estás bien?

-Estoy bien -dijo Núria-, estoy bien. Pero estoy convencida de que pronto va haber ataques a mi persona. Por eso los soldados entrenan todo el tiempo, por turnos y estamos construyendo más catapultas.

-¡Pero es demasiado! Al fin y al cabo va... Veo que en la parte de atrás estáis agrandando la fortaleza, va a ser más grande que la fortaleza de Andahazi, donde ahora están entrenando los jóvenes mentos que la transformaron en academia. Reitero, y tengo que ser cuidadoso para no incomodarte, apreciada Núria, me parece demasiado.

-Nada es demasiado.

 

Un vigía en la torre alertó.

-Subid conmigo. -Subimos a una de las torres. Nunca había visto una torre tan alta, el doble prácticamente de alto que cualquiera de las torres del castillo de Anán. Y se veían dos jinetes, los dos vestidos con ropa de cuero. A uno lo reconocí, con ese cabello rubio. ¡Pero no estaban montando hoyumans, los dos estaban montando dos coreones!

-¡Es Aranet! -le dije a Núria.

Sonrió y bajamos.

-Abran los portones.

 

Me sorprendí enormemente. El otro bagueón era más pequeño, aparentemente era un cachorro, y lo montaba nada menos que la dama Mina Valey.

Desmontaron y me abracé con Aranet.

-¿Cómo has hecho para que tu esposa monte un bagueón?

-¿Has visto? -Se abrazó con Figaret-, esa es mi esposa, no tiene miedo a nada.

-¿Y ese cachorro?

-Es hijo de mi bagueón.

-¿Cómo se llama?

-Coreón junior.

-¡Ja, ja, ja! ¡Qué original que eres, Aranet, eres tremendo! ¡Qué original que eres! ¡Je, je, je!

 

La saludé cortésmente a la dama Marya, lo mismo Figaret. Y la dama Marya se abrazó con Núria.

Le dije a Marya:

-La felicito. Nunca me lo hubiera imaginado, siempre la vi de vestido elegante y ahora de ropa de cuero, botas, montando un bagueón. ¡Je, je, je!

 


Sesión del 15/03/2021

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sergio

Tuvo la triste oportunidad de ver un enfrentamiento entre dos grandes guerreros amigos. Todos intentamos evitarlo pero la regente nos frenó, permitiendo que se midieran.

Sesión en MP3 (2.666 KB)

 

Entidad: Estábamos sorprendidos con Figaret de ver la enorme fortaleza que había edificado la dama Núria pagando a los soldados.

Le preguntamos:

-¿De dónde has sacado tantos hombres, si muchísimos que estaban con el regente Sigmur han muerto en batalla?

 

Me dijo que habían contratado soldados de los alrededores y muchos que eran directamente mercenarios y fueron entrenados como soldados. Se les dio uniformes, se les dio un lugar donde vivir porque el patio de armas era inmenso, había infinidad de habitaciones. Es más, podían tener pareja, casarse, no había ningún tipo de prohibición, entonces los soldados estaban felices.

 

Y cuál fue la sorpresa cuando vimos llegar en un bageón a Aranet y en otro bageón más pequeño a su esposa, a la dama Mina. Conversamos todos en el comedor.

Aranet no era tan respetuoso como yo, directamente hablaba sin frenos en la boca:

-Núria, me parece que es muy exagerado lo tuyo, de verdad que pareces una mujer paranoica. -Núria se puso seria.

-Te tengo mucha confianza, pero no cualquiera me habla como tú me hablas.

-¡Oh! Déjate de tonterías Núria, me parece como que te trabaja demasiado la cabeza pensando que todo el mundo te va a invadir. Vive tranquila, vive feliz, no es ninguna molestia que mantengas ahora a los soldados con el producto del impuesto de la feria feudal. Yo presentía que la reina Samia había guardado metales escondidos y yo sabía que tú los ibas a encontrar, pero construir tanto armamento y esas flechas antidracons, me parece demasiado. Los dracons están lejos de aquí y no cualquiera los maneja, no cualquiera los puede montar.

-Es que justamente quien los puede montar, en este momento es mi enemigo. -Aranet la miró.

-Núria, ¡no es tú enemigo! Han tenido un intercambio de opiniones, pero gracias a Ezeven y gracias a Ligor es que tú puedes estar aquí. Sigmur nos hubiera vencido.

-Está bien, pero no nos venció. Y no es gracias a Ligor es gracias a Ezeven.

 

Y como quien dice, hablando de una persona, esa persona termina apareciendo.

Varios vigías en las torres gritaron, subimos los escalones de dos en dos, de tres en tres y a lo lejos se veía un dracon montado por un jinete.

-¡Es Ligor! ¡Preparad las flechas!

-¡Espera, espera, espera! -dijo Aranet-, nadie te va a atacar, no le vayas a matar tu dracon, no te va a atacar. -Y era cierto, el jinete dio una vuelta e hizo bajar al dracon fuera de la fortaleza, cerca del bosque. Se acercó caminando. Nosotros nos acercamos.

-¿Habrá alguna cabra que no estéis usando para darle de comida a mi dracon?

-Aranet le dijo:

-¿Qué haces por aquí?

-Venía para el castillo de Anán a despedirme del todo, me voy a quedar en la zona de los dracons y voy a recorrer un poco de la zona de Umbro que no conozco. Me voy a ir más allá de la zona oriental, pero en hoyuman.

Se acercó Núria:

-¿Qué haces tú aquí?

-¡Qué haces tú, aquí!

-Soy la regente.

-¡Je, je, je! ¿Regente de qué?

-Regente de esta fortaleza.

-Disculpa -le dijo Ligor-, Ezeven y yo fuimos prácticamente los que vencimos a Sigmur, o sea, ésta fortaleza hipotéticamente pertenece al reino de Anán, y él sabrá como disponerla. -Núria lo miró desafiante.

-Parece que estás atrasado de noticias: El rey Anán no dijo nada y yo me lo merezco por haber estado aquí tanto tiempo prácticamente prisionera de Samia. Y ahora este es mi castillo, es mi fortaleza, y tengo más hombres de los que tenía Sigmur.

-¿Quién te ha dado la autoridad? -dijo Aranet despectivamente-. ¿Quién eres tú?, ni siquiera eres guerrera.

-No, pero justamente soy más inteligente que tú y la mayoría, y le pago a los guerreros para que peleen por mí. -Ligor la miró despectivamente.

-¡Vaya como te has agrandado!

-Sí que me he agrandado, fíjate en todo lo que me rodea.

-No, me refiero a tu ego agrandado, eras una pobre mujer humilde que mendigabas amor. Y escogiste al mejor, a mí, y encima te diste el gusto de cambiarme por Donk, por un fracasado. Y ahora para compensar esa baja estima que tienes, porque es lo que tienes, una tremenda baja estima, te rodeas de todo esto. Sigues siendo una pobre infeliz.

-¡Epa!, espera, espera -salté yo-, espera, no le hables así, no le faltes al respeto.

-Tú no te metas, tú no te metas.

-Me estoy metiendo porque le estás faltando el respeto a una dama.

-Aksel, eres muy bueno con la espada, pero yo soy Ligor, en cinco minutos puedo acabar contigo. Así que más vale que cierres la boca.

-¿Por qué no llevas a la acción lo que dices? -Y saqué mi espada. Ligor sacó la suya.

En el medio se metió Aranet:

-No -Me empujó hacia atrás-, eso no es un tema tuyo -me dijo-. Yo sostengo lo mismo, pídele disculpas a Núria -dijo Aranet.

Mina se metió y le dijo:

-Querido, no es para pelear, ya está.

-No, Mina. ¿Te acuerdas cuando casi pierdo la vida porque te habían secuestrado?, no soporto ver que traten mal a una mujer. Y yo creo que Ligor se ha ido de la lengua. Y yo creo que tú, Ligor, ya van varias veces que indirectamente me has desafiado, es hora que veamos quien de los dos es mejor. -Aranet sacó su espada brillante pero negra, hecha con la piedra del cielo por el herrero Raúl-. ¿Quieres intercambiar espadas conmigo?

-No, y no me interesa a primera sangre, voy a acabar contigo.

Se metió Núria por un lado y se metió Mina por el otro:

-No seáis tontos, parecéis chiquilines. -Pero Ligor hizo un gesto y ese gesto fue lo que decidió el combate. La empujó a Núria y Núria cayó sentada. Los soldados se quisieron meter con sus lanzas para atravesar a Ligor.

Núria dijo:

-No, no, dejad que pelen.

La sujeté a Mina. -Disculpa que te sujete, pero Aranet de todas maneras no te va a hacer caso.

 

Armaron un círculo y comenzó el combate entre Ligor y Aranet, un combate que presentía que alguna vez tenía que suceder.

La rapidez de ambos era inverosímil, y debo ser honesto, yo me considero muy bueno, me considero excelente con la espada, pero estos dos hombres tenían una velocidad, un reflejo pero tan grande tan grande... No tenía dudas de que - con todo respeto por el veterano Geralt-, pero tanto Ligor como Aranet lo podían vencer.

Estuvieron un tiempo intercambiando, Ligor alcanzó a tocar a Aranet en un hombro, Aranet a su vez lo tocó en un costado del dorso, al costado del pecho. Tuvieron dos, tres heridas hasta que finalmente Aranet le hundió un décimo de línea en el costado derecho: Ligor cayó de rodillas. En ese momento apareció una figura, Ezeven.

Ligor estaba desencajado:

-¿Te piensas que me has vencido? Puedo seguir. -Se levantó, hizo un par de movimientos y Aranet lo volvió a herir a un costado.

-No eres rival para mí, si hasta Elefa te venció.

 

En ese momento soltó el arma y lanzó una descarga de rayos que no llegó al cuerpo de Aranet porque Ezeven se puso en el medio, se blindó en los rayos, no le llegaron.

En ese momento Núria tocó la cabeza de Ligor, que estaba arrodillado, y le lanzó una descarga desmayándolo. Pero independiente de eso Aranet lo había vencido a Ligor.

Enfundó su espada, se abrazó con Mina y le dijo:

-Discúlpame, no soy de perder el control pero no quiero que insulten a una mujer.

Mina se acercó y nos dijo a los dos:

-Gracias. Porque tú también, Aksel, te hubieras jugado la vida por mí.

Suspiré y le dije:

-De todas maneras le agradezco a Aranet. A mí seguramente me hubiera vencido Ligor, y sin utilizar su descarga eléctrica.

Lo miré a Ezeven.

-¿Cómo es que estás por aquí?

-Iba a salir junto con la dama Marya y con..., con la dama Mina, perdón, y con Aranet. Y salí quince minutos después y veo que llegué justo porque lo que estaba haciendo Ligor era malas artes, como no podía vencerlo con la espada quiso darle una descarga eléctrica. Y yo sé blindarme. Si pude resistir el fuego de la niña Ciruela no tengo ningún problema en resistir una descarga eléctrica que a su vez yo también sé dar. Gracias a eso le pude salvar la vida al joven príncipe Gualterio junior.

 

Ligor se recuperó, nos miró a todos. Vio que estaba vendado. La miró con rencor a Núria, me miró a mí y lo miró a Aranet:

-No los veré más, olvidaros de mí. Yo me olvidaré de vosotros, buscaré nuevas aventuras. Os agradezco que le habéis dado de comer a mi dracon. Y no tengas temor, mujer, que no volveré por aquí.

Núria le respondió:

-No tengo temor si te fijas todas las espadas que tenemos, e incluso fíjate las enormes flechas por si nos atacan con dracons. No tengo miedo de ti, no tengo miedo de nadie.

Ligor se encogió de hombros, lo miró a Aranet.

-Has tenido suerte, he peleado enfurecido no con la mente clarificada, y eso fue un punto en contra mía -Aranet no respondió, sólo se encogió de hombros.

 

Le permitieron cargar su cantimplora, le permitieron llevarse comida en una alforja.

Abrieron los portones, lo vieron montar su dracon y levantar vuelo. No miró para atrás. De parte nuestra seguramente no lo veríamos más.

 

La miré a Núria y le dije:

-Deseo que le vaya bien. ¿Y tú?

Núria me dijo:

-A mí me da lo mismo.

 

Mina se abrazó a Aranet:

-Volvamos.

-No, vamos a comer algo. ¿Hay problema, Núria, que puedan comer los bagueones?

-Sí, tenemos corderos asados. ¿O solamente comen carne cruda?

-No, estos bichos comen de todo. -Los pusieron en un patio trasero para que nadie los moleste y los alimentaron. Y había un enorme recipiente de dos líneas de largo con agua-. Después de comer volveremos al castillo de Anán. -Aranet nos miró a nosotros, a mí y a Figaret.

Yo le dije:

-Nosotros iremos también para allí. -La miré a Nuria.

-¿No tienes problema que vengamos a verte seguido?

-Al contrario, sois buena compañía.

-Gracias.

 

Aranet se despidió. Y le dijo:

-Sigo pensando que estás paranoica. Pero no lo tomes como un insulto, por favor.

-No, de ti no, porque sé que eres un caballero, de ti no.

 

Núria se abrazó con Aranet, con la dama Mina Valey y con nosotros.

 

Y nos marchamos hacia el castillo de Anán.