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Psicoauditación - Valentina G.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión 29/09/2020 Aldebarán IV, Camila

Sesión 08/10/2020 Aldebarán IV, Camila

Sesión 21/11/2020 Aldebarán IV, Camila

Sesión 21/02/2022 Seeing I, Lemaris

Sesión 16/08/2022 Aldebarán IV, Camila

Sesión 17/02/2023 Gaela, Caltana

Sesión 30/01/2024 Sistema Gea, Sophía

Sesión 20/02/2024 Sistema Gea, Sophía

Sesión 16/05/2024 Sistema Gea, Sophía


Sesión 29/09/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina G. (Crearel)

En Umbro era joven y noble. Soldados del rey arrasaron su hacienda y mataron a sus padres. Se escondió y salvó la vida. Acompañada de un anciano marchó, y después encontró gente amiga que podría hacer justicia. Pero ella no quería violencia.

 

 

Sesión en MP3 (2.930 KB)

 

Entidad: Es una fortuna estar comunicada con vosotros. Mi nombre es Crearel,  en el plano de Luz 5 subnivel 1, un plano donde no se sufre por uno, se sufre por los demás.

 

En vuestro mundo las religiones que tenéis os muestran un paraíso como premio a la buena conducta, un paraíso donde disfrutáis, donde gozáis de todo.

Y nada más equivocado, porque justamente cuando estás en la verdadera Luz, si bien eres feliz por todo lo que has logrado y por todo lo que puedes seguir logrando, no puedes tener una alegría plena viendo como en el plano físico de este o de otros mundos se sufre. Hay desentendidos, hay violencia, y eso es algo que te lastima en tu núcleo conceptual. Y cuando encarnamos, lamentablemente si bien estamos mentalmente preparadas para poder tender una mano a los demás, hay muchos factores que inciden a favor o en contra de que lo logres.  Lo importante es procesarlo y llevarlo a cabo.

 

Recuerdo que encarné en un mundo hostil, tratando de lograr una diferencia, tratando de poder ayudar a otros. Pero claro, cuando tú encarnas hay como un velo que te borra la memoria, no tienes memoria reencarnativa.

 

Mi nombre era Camila, era hija de nobles. Habían derrocado a un rey, que parecía bueno, y luego hubo una rebelión y repusieron al rey anterior, al bueno, que se llamaba Bryce. Pero por alguna razón mental ese rey cambió y empezó a extender su territorio, los mismos nobles que lo apoyaban perdieron parte de sus tierras. Y yo, siendo ya una adolescente de dieciséis años, vi como los soldados arrasaban las tierras de mis padres, que eran aliados del rey.

 

Me escondí en la caballeriza, bajo una parva de heno, tuve la fortuna de que no la incendiaron porque hubiera muerto incinerada.

Cuando escuché que ya no había más griterío salí del escondite y... y mis padres yacían ahí, sin vida.

Me sobresalté que escuché movimiento detrás mío y era el anciano que ayudaba en la finca como podía, le decíamos el anciano sin nombre porque era tan grande que ni se acordaba cómo se llamaba. Mis padres le dieron un lugar donde vivir, tenía casa y comida, y él quería ayudar pero su cuerpo no le daba.

Me dijo:

-Camila, hay un escondite donde... donde tú tienes unos metales.

-¿Cómo sabes?

-Soy viejo pero observo todo.

Lo miré al anciano y le dije:

-Sí, los ahorraba por si algún día venían malhechores a saquear nuestra finca.

-Vayamos al pueblo cercano.

-¿Para qué?

-Hay cuatro o cinco casas. ¿Qué vamos hacer nosotros aquí? -Quemaron todo, se llevaron los animales que teníamos. Por suerte el granero y la caballeriza la dejaron. Ni siquiera un hoyuman había para poder montar.

 

Fuimos caminando despacio hasta el poblado, que más era una posta, y cada mediodía pasaba una carreta ligera.

El anciano me corrigió y me dijo:

-No, se llaman diligencias, porque van rápidamente de un poblado para el otro, con dos monedas cobreadas pagas el viaje. Pero alejémonos de las tierras del rey Bryce, si se enteran de que una noble quedó viva te buscarán.

 

En ese momento sentía dolor, desamparo, me aferraba afectivamente al anciano. Siempre lo había tratado bien porque era como alguien más de la familia, por lo menos así lo sentía yo. Pero me pasaba algo raro, no lloraba, como que todavía no había procesado mentalmente la pérdida.

 

Subimos con el anciano a la diligencia, era un carromato y en él también subieron dos mujeres. Prácticamente llegamos a otro poblado bastante más grande, al atardecer. Y bajamos.

El anciano dice:

-Te recomiendo que comamos algo.

 

Llegamos a una posada y nos sentamos con el anciano a una mesa y pedimos algo de comer. Y cuál... cuál es mi sorpresa cuando veo a... a mi prima... a mi prima Diana. Ella me vio, estaba con otras personas, y se paró con gesto de asombro y me abrazó.

-Camila, mi amor, ¿qué haces? -Le presenté al anciano-. ¿Tú la has cuidado? Quedas bajo nuestra protección -le dijo al anciano.

El anciano sin nombre le dijo a mi prima:

-¿Y tú quién eres?

-La prima mayor... ¿Qué pasó? -Le conté, le conté todo.

Y mi prima se puso a llorar.

-Si te cuento me vas a odiar.

-¿Por qué? -pregunté.

-Yo fui una de las que formé parte de la rebelión para reponer al desterrado rey Bryce y luego me alejé porque vi que estaba actuando mal. Pero no pensé que llegaría a tanto, no pensé que mandaría soldados para asesinar a mis tíos. Y tú te has arriesgado al esconderte en la caballeriza al lado del granero, podían haber encendido antorchas e incendiado toda esa parte y...

 

Nos abrazamos. Nos invitaron a la mesa, me presentó a todos. Miré a una joven que tenía orejas largas, como puntiagudas.

Ella se paró sonriendo, muy empática. Me besó en la mejilla.

-¿Nunca has visto a una elfa?

-No, negué.

-Me llamo Elefa.

 

Un joven simpático se presentó como Rebel, una joven que tenía aspecto mitad de guerrera mitad de amazona se presentó como Kena, y un hombre con una niña, Sturgion, y la niña Reda.

Me enteré de que Sturgion había salvado a la niña Reda de un incendio y después de que un canino llamado guilmo la atacara.

Luego me separé del grupo, con Diana. El anciano sin nombre se quedó con el resto del grupo comiendo y conversando.

Le digo:

-Aún soy una niña, aún soy una niña, tengo dieciséis años, ¿qué puedo hacer?

Mi prima Diana me dijo:

-A mí se me cruzaron mil cosas en la cabeza, hacer otra rebelión y derrocar a Bryce. Pero que ilógico todo esto, nosotros ayudamos a reponerlo. ¡Aaah! ¡Qué duro es todo esto, que injusto que es el mundo!

La miré a mi prima, y:

-¿Y tus padres y mis tíos?

-Están bien, están bien. Están en otra zona que está un poco más lejos de donde vivían tus padres. No creo que el rey se meta con ellos, pero de todas maneras voy a cambiar mis planes y iré a verlos para advertirles. -Los demás nos miraban intrigados porque el anciano les contó parte de la historia.

 

-Y hablé con todos, me dijo Diana.

-¿Qué es lo que has hablado? -le pregunté.

-Primita querida, Camila, hablé con todos; hablé con Elefa, con Rebel, con Kena, con Sturgion, les conté que yo fui la que ayudé a reponer este rey, que resulta ser un... un asesino. Y quieren ayudarnos.

-Diana -exclamé-, yo sé que tú quizá te sientas mal por haber participado en sacar a un tirano y poner a otro que parecía bueno pero...

-Es que lo era, Camilita, lo era. Pero evidentemente algo se rompió en su mente y enloqueció y le invadió el apetito de poder, y ve traidores por todos lados.

-Con todo respeto, prima -le dije-, ¿pero cuántos hay en la mesa?, uno, dos, tres, cuatro, contigo cinco. Ha crecido el ejército del rey Bryce, y casi toda la resistencia, por ambición, porque el rey les paga bien, se han unido. La resistencia se vende al mejor postor. -Me sentí tan mal...

 

Le dije a Diana:

-¿Qué se puede hacer? Tenía un amigo en la resistencia que cuando le comenté lo que hacía el rey Bryce se puso en contra mía.

-¿Tú piensas, Camilita, que es por lealtad? No, la única lealtad es al dinero, a la paga, a estar bien, a tener comodidades. El rey estará mal de la cabeza pero no perdió su inteligencia, sabe que la mayoría de los rebeldes son incultos; entonces consigue jóvenes de otros poblados, los soldados mismos saquean aldeas al igual que hacen los bárbaros del norte y se llevan a las mujeres para satisfacción de los hombres de la resistencia, para tenerlos contentos. -No podía creer lo que me contaba Diana-. Camilita, eres una niña todavía, hay cosas que no debería contarte...

-No, no; no quiero ignorar lo que pasa.

 

Y me sentía mal, primero porque aún no había llorado la pérdida de mis padres, y encima mi pecho me dolía tanto tanto... porque tenía sentimientos..., no sentimientos, emociones de venganza. Diana me abrazaba.

Por fin, abrazada a mi prima pude romper el llanto, que lo necesitaba tanto para desahogarme.

-Cálmate, cálmate, Camilita. Cálmate, Camilita, no estás sola, no está sola. -Me miró-. ¿Qué pasó con... discúlpame la pregunta...

Le dije:

-Sé lo que me vas a preguntar. Antes de ir a una posta, que está a poca distancia de aquí, antes de tomar la diligencia el anciano sin nombre me ayudó a enterrarlos. -Seguía abrazada a Diana. En la mesa nos miraban.

 

Se acercó la elfa. Me dijo:

-Camila, yo tengo muchos contactos.

-O sea, tienes una tribu.

-No era una tribu, es un poblado, y si bien no soy amiga de los de mi región, pero sí tengo muchos contactos entre los guerreros elfos. Si hay un rey que perdió la razón, hay que sacarlo. -La miré a Diana, la miré a la elfa Elefa.

-Detesto la violencia.

Elefa me dijo:

-¿Y qué opinas de la justicia?

-Amo la justicia.

-Entonces haz un ejercicio mental. -Diana nos miraba a ambas.

-A ver, cuéntame.

-Haz de cuenta que tienes una balanza con dos platillos: en un platillo está esa violencia que tanto odias, en el otro platillo está el sentido de justicia. ¿Cuál pesa más en tu mente?

La miré a mi amada prima Diana y luego a la elfa, y asintiendo con la cabeza dije:

-Para mí pesa más el platillo que tiene el sentido de justicia. Y que aquel que está más allá de las estrellas me disculpe, pero elijo la justicia.

 

Gracias por escucharme. Con vosotros, Crearel plano 5, plano de Luz, subnivel 1.

 


 

Sesión del 08/10/2020

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina G. (Crearel)

Coincidieron guerreros amigos que planeaban una batalla contra el rey tirano. Se presentaron y ella los conoció a todos. Sintió una simpatía especial por un joven, era el príncipe.

Sesión en MP3 (3.970 KB)

 

Entidad: Gracias, porque pude encontrar a Diana.

Mi prima me contenía, igual no paraba de sollozar, por momentos estaba bien, por momentos me acordaba que el rey Bryce había matado a mis padres.

Diana me decía:

-No podemos devolverles la vida, mi amor, pero vamos a hacer justicia.

-Sí. -Yo apretaba los puños-. Sí, nos vamos a vengar.

-No, Camila, vamos a hacer justicia, que es distinto. No nos dejemos llevar por nuestras emociones.

 

Me sentí con más ánimos cuando a los pocos días regresó esa joven de orejas puntiagudas, Elefa, y traía por lo menos como doscientos elfos.

Se acercó Diana y le dijo:

-Vaya, tú habías dicho que estabas alejada de tus congéneres.

-Sí -respondió Elefa-, pero tengo muchos que están a favor mío. Saben que soy solamente mitad elfa, pero conocen mis habilidades con la espada.

Le dije a Diana:

-¿Elefa es una buena jefa?

La elfa me miró y me dijo:

-No, Camila, soy una buena líder, predico con el ejemplo. No les ordeno, me imitan. No los trato como subordinados, les doy el aliciente que necesitan.

-¿Y qué planes haremos?

Diana me miró y me dijo:

-Ten paciencia.

-Rebel dijo que tenía unos amigos y se marchó incluso antes que Elefa, no sé si vendrá, quizá se perdió por el camino. Habéis visto que era un poco bromista y quizá no se tomó en serio esto del rey Bryce.

Diana me dijo:

-No, mi amor, conozco a la gente, él cumplirá con su palabra. -Ese día conversamos, planificamos. A la mañana siguiente, a lo lejos se ve una fila de guerreros. Primero me asusté-. Quédate tranquila -me dijo Diana-, no son soldados. -Adelante venía Rebel, pegué un grito de alegría.

-Tenías razón, prima. -Pero miramos, la mayoría eran bárbaros. Al lado de Rebel había un hombre distinto, vestía todo de marrón, no portaba armas y tenía una mirada intensa pero carismática.

 

Los bárbaros desmontaron, un guerrero alto, rubio les dio indicaciones, y se fueron a la posada principal. El guerrero rubio se presentó como Aranet. Presentó a Aksel y a Dexel, dos guerreros del norte. Con ellos Rebel, y el hombre de mirada indescifrable, era Fondalar.

Primero hablamos. Aranet dijo:

-Dexel es mi segundo, los bárbaros están conmigo. Soy amigo del rey Anán, pero no quería dejar a los soldados venir conmigo para no dejar el castillo desguarnecido. Traje a los bárbaros, que son excelentes luchadores.

 

Mi prima se acercó al hombre. Me tomó de la mano para que vaya con ella.

-¿Y tú?

-Mi nombre es Fondalar, soy un mento. -Lo miré con los ojos superabiertos.

-¿Cómo un mento?

-Aquel que está más allá de las estrellas me dio un don, el don de poder hacer cosas con mi mente.

-¿Cosas buenas? -El hombre me miró, acariciándome la cabeza, y me dijo:

-Depende, niña, depende de quien tenga ese don. Yo puedo tener un puñal y con ese puñal extraer una punta de flecha que quedó dentro de la herida o puedo degollar a una persona. Depende de quien tenga ese arma. Con el don es lo mismo. Hace poco combatimos contra un mento que tenía problemas de autoestima y dominaba a la gente para someterla. Finalmente fue vencido. Se llamaba Zizer.

Me adelanté a mi prima y le hablé:

-¿Y tú nos vas a ayudar? ¿Cómo?

-Mi don mental será muy útil.

Se acercó Elefa, habló con Fondalar:

-Eres muy conocido en el mundo de los elfos.

Fondalar le respondió:

-He ayudado a muchos y me han gratificado con su amistad.

 

Se acercó Rebel, Elefa lo miró.

-Vaya, te veo agotado, tienes moretones... ¿Qué ha pasado?

-Te contaré después.

 

Se acercó Aranet, el guerrero rubio, y se abrazó con Elefa.

-¿Os conocéis?

-Sí -dijo la elfa-. Aranet es un buen hombre, un buen esposo, casi pierde a su mujer, y estaba tan reactivo que casi pierde la vida.

Mi prima preguntó:

-¿Cómo?

-Él conoció a una guerrera del norte y esa guerrera del norte tenía problemas de identidad, y si bien no le interesaba Aranet -explicó la elfa-, sólo por el hecho de verlo con su esposa, la cual se llama Mina, atacó a la fortaleza para acabar con todos y matar a su esposa. No lo consiguió pero estuvo a punto de morir la dama. Aranet, que es un guerrero frío, pensante, dejó su análisis de lado y fue poseído por la mente reactiva desafiando a la guerrera que había lastimado a su esposa, una de las mejores guerreras del norte, invencible hasta ese momento.

Mi prima dijo:

-¿Y Aranet la mató?

-No, ella lo atravesó con su espada. Aranet estuvo al borde de la muerte.

-¿Y sigue viva esa guerrera?

-No, yo fui quien le quitó la vida -confesó Elefa-. No me gusta quitar vidas pero fue en pos de un bien mayor. Bueno. Y y aquí tienes a Aranet con cicatrices en la piel, y en su interior.

Aranet sonrió y dijo:

-La vida nos enseña a los que quieren aprender. Conozco muchos que repiten y repiten las enseñanzas porque no las asimilan, quizás enceguecidos por su vanidad. En mi caso estuve tres veces a punto de morir -confesó el guerrero rubio-, y aquí estoy, en esta cruzada. ¿Cuántos elfos te han acompañado? -le preguntó a Elefa.

-Doscientos.

-Bien. Yo traje cuatrocientos bárbaros, somos seiscientos hombres, seguramente serán cinco veces más los que estén en el castillo del rey Bryce. Pero vamos a idear una estrategia.

Mi prima dijo:

-Lo veo difícil. Yo, lamentablemente, creía en Bryce, y con unos rebeldes lo ayudamos a recuperar el trono; sitiamos el castillo porque tenía la feria feudal afuera y se quedaron sin alimentos. Lo que hizo Bryce fue construir una muralla pasando la feria feudal agrandando la fortaleza, por más que los sitiemos tienen comida para cientos y cientos de amaneceres. Así que no encuentro la manera.

Aranet le dijo a Diana:

-Tenemos a Fondalar y sus dones, quizá ni siquiera haya que matar a nadie. No está de más que estén los doscientos elfos y los cuatrocientos bárbaros, pero trataremos de que corra la menor cantidad de sangre posible. -Mi prima se abrazó con Aranet y le dijo:

-Eres un buen ser humano. -El gigante rubio se encogió de hombros.

-Yo trato de hacer las cosas lo mejor que puedo. De la misma manera te aseguro que me he equivocado muchísimas veces.

-Como todos -dijo mi prima.

 

Yo estaba impaciente, hablé con Rebel.

-De verdad que me has sorprendido gratamente, de verdad no tenía confianza de que vinieras. -Rebel sonrió.

-No dudes, pequeña, di mi palabra de que iba a volver. No fue fácil convencerlos. Hace muy poco tiempo tuvimos una enorme batalla, distintos reinos se unieron a favor de un tirano llamado Andahazi y costó muchísimo. Un amigo nuestro, Ligor, vino con dracons. -Abrí los ojos, sorprendida.

-¿Existen los dracons?

-Existen. En la zona montañosa cerca del océano, en la parte oeste casi lindando con el norte.

-¿Y es cierto que lanzan fuego?

-No, esas son leyendas. Respiran y lanzan por la nariz o por la boca un vapor muy caliente. Pueden intencionar de calentarlo aún más y pueden abrasar a una persona, quemarla. Pero no son tan feroces como cuenta la leyenda; puedes montarlos, puedes acariciarlos. Ellos tienen un excelente olfato y olfatean tu propia traspiración.

-No entiendo.

-En tu traspiración, pequeña, pueden oler tu intención.

-¿Mi miedo?

-No. Hay otros animales depredadores que sí pueden oler, olfatear tu miedo y te persiguen como una presa, como si fueras tú una presa. Ellos no olfatean el miedo, ellos olfatean la intención a través de tu sudoración. -Las cosas que aprendí con guerreros que a simple vista parecen incultos, brutos.

Aranet me adivinó el pensamiento y me dijo:

-Así como me ves, el rey Anán que está bastante bastante al sur me dio un título de nobleza, pero sigo siendo yo, sigo comiendo con las manos porque me resulta más cómodo, sigo usando ropa de guerrero porque es más práctica para la batalla.

 

Me aparté de la conversación y fui donde Elefa, estaba conversando con Rebel. Y había un joven mejor vestido.

-¿Y tú quién eres?

Me miró y me dijo:

-Me llaman Gualterio. ¿Y tú?

-Camila. El rey Bryce mató a mis padres, o sea, que no me queda nada de nobleza.

Gualterio me dijo:

-La nobleza está en tu interior. Yo soy el hijo del rey Anán. -Me sorprendió.

-¿Eres príncipe y vienes a la batalla? -Se encogió de hombros.

-Te dije recién que la nobleza está en tu interior, lo demás es un accidente. Si conocieras la historia de mi padre..., prácticamente se crió en una isla apartada del continente; comía sobras, se crió en la pobreza. De grande descubrió que era hijo de reyes, cuando mis abuelos murieron él heredó el reinado.

-Debes estar contento con tus padres.

El príncipe Gualterio me dijo:

-No Camila, mi madre...

-¿Qué pasó?

-Mi madre tuvo problemas en su mente y empezó a alejarse de padre, a reprocharle por todo; porque si hacía frío porque no había leños en la estufa, porque si hacía calor porque no quería salir a galopar. Pero te lo cuento con muy pocos detalles para no recordar eso. Y terminaron separándose. Mi padre conoció a una joven, una dama que lo amaba de verdad. Pero jamás traicionó a mi madre, ya estaban separados. ¿Y qué hizo mi madre? Puso hongos venenosos en la comida, que le afectó a mi padre y a mí. A mí me hizo perder la memoria. Y luego la atacó a la que era pareja de mi padre, hiriéndola casi de muerte estando ella embarazada. Por suerte pudo salvarse ella y el bebé, que ya nació. -Me sentía anonadada de lo que me contaba el príncipe Gualterio.

-Y qué pasó con tu madre, ¿la ajusticiaron, la colgaron?

-No, ella misma se suicidó.

-Lo habrás sentido mucho.

-Mi pequeña Camila... No. No sentí la muerte de mi madre, lo que sentí fue el extrañar a esa madre que era cuando yo era chico. Siempre fue demandante pero por lo menos lo atendía a padre, lo amaba. Se ve que hay personas en las que algo se les rompe en su mente y cambian para mal. Entonces mi pena no fue porque mi madre se haya suicidado sino porque extrañé a esa madre del pasado, la que era y que dejó de ser. Pero el rey hoy es feliz, su esposa se llama Marya, es noble de adentro, leal, empática, amorosa.

-¿Y tú no has encontrado tu princesa? Disculpa -dije después-, disculpa mi atrevimiento.

-No, Camila, está bien. Sí, conocí a una joven en la época que había perdido la memoria por los hongos venenosos. Cuando ella se entero que era rey, que era hijos de rey, mejor dicho, y heredero al reinado, es como que no terminó de aceptarlo. Le dije que teníamos un segundo castillo, que podía venir con su familia y se negó, dijo que no se iba a adaptar a la vida de nobleza.

-¿Y es tan así?

-Tú lo debes saber igual que yo, eras hija de noble. Pero bueno; a mi me gusta galopar por el campo, me gusta cazar, pero no cazar para matar por matar sino llevar alimento a la cocina de palacio. Me gusta practicar con la espada. Soy una persona sencilla que me adapto; de la misma manera que me baño en una tina con agua tibia también puedo bañarme en un río. Por eso digo, los títulos son relativos.

-Me gustas -le dije. Gualterio se sintió desconcertado-. Perdón, no me malinterpretes, me gustas como persona. -Y luego lo abracé y le di un beso en la mejilla-. Y también me gustas como joven que eres.

-¿Qué edad tienes?

-Ya diecisiete.

-Eres una niña todavía... -Me molestó me que dijera eso.

-He pasado por muchas cosas, soy más adulta que muchos.

-No te enojes -me dijo el príncipe.

-No, pero no me digas niña. Una cosa es que me lo diga Aranet o el señor mento Fondalar, que son grandes, pero no tú, al fin y al cabo no eres tan grande, ¿no?

-No, tienes razón. Los bárbaros fueron a la posada grande. Ven, vamos a la posada pequeña. Comamos algo y seguiremos conversando.

 

Diana se unió a nosotros junto con Aranet, Fondalar y la elfa Elefa. Atrás estaban Rebel y los dos guerreros del norte, Aksel y Dexel.

 

Gracias por escucharme.

 


 

Sesión del 21/11/2020

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina G. (Crearel)

Con su juventud no entendía la actitud de la gente, la maldad que corría en ese mundo. Su prima le adentraba en el carácter de las personas, de las buenas y de las malas personas.

Sesión en MP3 (3.952 KB)

 

Entidad: Me sentía depresiva y me inundaba un tremendo temor.

Me abrazaba a mi prima Diana y le decía:

-No... no vamos a poder llevar a cabo tus planes.

Se acercó el señor que me trajo, al que yo le decía el anciano sin nombre, y nos preguntó:

-Este señor que aún no se recupera y ya está amaneciendo, ¿quién es?

Mi prima Diana le explicó:

-Se llama Fondalar. Es un mento, alguien que tiene poderes. O mejor dicho, dones y habilidades mentales. Pero desde palacio del rey Bryce han sido astutos, han pagado a mercenarios que escondidos entre los árboles del bosque lanzaron dardos con cerbatanas, y uno le llegó a Fondalar en el cuello, y ahora un veneno le corre por sus venas.

El anciano sin nombre dijo:

-¿Y ese otro hombre raro?

-Es un elfo que también tiene poderes mentales, y parece que se apoderó de la mente del rey Bryce y de todos los demás haciendo que hicieran todo lo mal que hicieron. -A Diana le caían las lágrimas. Yo seguía abrazada a ella, me costaba soltarla, tenía mucho miedo, tenía mucho miedo. Todos estaban con el rostro pálido porque el único que podía enfrentar a ese elfo con poderes de mento era Fondalar, y no se sabía si iba a sobrevivir.

El anciano sin nombre siguió preguntando:

-Pero allá hay una elfa que comanda otro grupo de elfos.

-Bienaventurada sea -dijo Diana-, porque le aplicó con un aparato que se llama jeringa una especie de líquido de fungi en las venas, que puede resultar como antídoto o no, no lo sabemos. -El anciano cogió una hogaza de pan y se fue a sentar a un tronco, cerca de nosotros.

La miré a la prima y le digo:

-Diana, yo culpaba al rey de haber matado a mis padres, pero entonces significa que actuó bajo los influjos de ese elfo maligno.

-Así es, mi amor. Así es, Camilita. Pero no podemos hacer nada.

Le dije a mi prima:

-Esa niña más chica que yo, llamada Ciruela, tiene como un poder en las manos que hace que el cuerpo de otra persona entre en combustión. ¿Cómo lo logró vencer al elfo, a ese elfo con poderes mentales?

-Es sencillo, Camilita -dijo Diana-, el elfo se dio cuenta a tiempo y huyó hacia adentro, cerrando las puertas.

-Y ese otro joven, Ezeven, que también tiene dones mentales, ¿no puede vencerlo?

-Aparentemente no es tan fuerte como el elfo. Y ya lo dijo el joven Rebel, cuando el elfo se dé cuenta que se puede blindar, que puede poner una especie de capa de energía para que esa fuerza de calor de la pequeña Ciruela no le llegue va a contraatacar, y puede llegar a que nos matemos entre nosotros.

-¡Prima, qué dices!

-¿Has visto lo que pasó antes?, ese señor del norte, Aksel, es amigo de aquel otro, Dexel. No son de la misma tribu pero se hicieron amigos. Y sin embargo Dexel, dominado por los influjos mentales del elfo quería matarlo. Y ese guerrero rubio, alto que comanda a los bárbaros, uno de los bárbaros se le puso en contra, pero también bajo los influjos del elfo.

 

Yo escuchaba las explicaciones de mi prima y me preguntaba "¿Qué es la vida? Una continua sucesión de problemas, de contradicciones".

Apenas tenía dieciséis años y había pasado por tantas cosas, había quedado huérfana... Le agradezco a aquel que está más allá de las estrellas el haber encontrado a mi prima.

¿Pero por qué las luchas? Yo soy enemiga de la guerra, no me gusta el poder por el poder en sí. Criarme en un mundo donde no existe la libertad de expresión, donde saquean una aldea y violan mujeres y niñas... Sí, me lo han contado. Guerreros insensibles, batallas donde muere mucha gente.

Ayer había escuchado la conversación entre ese señor, Figaret, con vestimenta rara que parece un arlequín, con el otro joven, Edmundo, donde le contaba que había presenciado una batalla. Y no, no voy a describir los horrores que escuché de la misma, no, porque no me hace bien, porque no me hace bien, para nada. Me siento como desvalida, como que... como que esto no tiene sentido.

 

-¡Diana!

-¿Qué?, mi amor, ¿Qué?, Camilita.

-Vámonos. Tú lo que querías era justicia, no venganza. Yo sí quería venganza. Y después razoné que no tenía sentido. Pero si ahora sabemos que el rey Bryce no es culpable sino que actuó bajo los influjos de ese elfo, ¿qué sentido tiene que sigamos acá arriesgando vidas? Ese guerrero rubio, Aranet, con sus bárbaros, y esa elfa, Elefa, con su gente, arriesgarlos a que mueran, a que se peleen entre ellos, ¿qué sentido tiene?

-Camilita, por ahora no nos podemos ir hasta que no sepamos cómo va a reaccionar Fondalar.

-Prima, apenas respira. -Me volví a abrazar a ella. Y me sentía tan desvalida, tan mal...

 

Y pensaba aún en las aldeas más pacíficas, donde no existen las batallas ni los saqueos pero sí existen las críticas, las murmuraciones, los malos pensamientos, donde tú si eres mujer de repente mejoras, progresas y murmuran detrás tuyo cómo lo logró, quién le ayudó, qué le dio a cambio.

Sí, soy chica pero escucho, soy chica pero aprendo, soy chica pero asimilo las enseñanzas, las buenas y las malas. Pero no alcanzo a entender, no alcanzo a entender el por qué la gente se comporta de esa manera. ¡Cuántos buenos he conocido!, pero que se entreguen de corazón, que no tengan dudas en ayudarte sin pedirte nada a cambio... Tengo cinco dedos en cada mano y no sé si alcanzo a contar cinco personas que tengan esa limpieza de corazón.

Disculpadme mi expresión básica pero es la manera que tengo. ¿Qué tiene la gente adentro, está poseída por algún mal y aquel que está más allá de las estrellas no nos protege?

 

-¡Prima!

-Sí, Camilita.

-Me preguntaba a mí misma, ese ser supremo que está más arriba de las estrellas ¿por qué no nos protege, por qué permite el mal?

-Mi amor, mi primita... El ser humano, sea humano, elfo, yo pienso que no es como tú piensas, yo pienso que la mayoría son buenos. Hay de todo.

-Cuando vivía padre, tu tío, me contaba que había reyes que estaban enfermos al borde de la muerte y mandaban a sus soldados a guerrear contra el reinado vecino porque decían que lo iban a invadir y que le iban a quitar su reinado. Y al hombre le quedaban días de vida. Explícame, prima, tú que eres más grande, ¿cómo piensa esa gente? Una vez un señor, un labrador, que trabajaba en las tierras de padre me dijo que en los días franco iba a un juego de cartas, inofensivo, y un señor había ganado bastantes metales y lo asaltaron por el camino y lo acuchillaron. En ese momento venían representantes de la ley y los maleantes huyeron, y el hombre acuchillado, sangrando, se le habían caído los metales en el barro, en el fango y los iba juntando y poniéndolos en su alforja, y le faltaban instantes para morir. Pero prima, es lo mismo que con ese rey, que al borde de la muerte piensa que conspiran contra él hijos y hermanos. Y este labrador que jugaba a las cartas contó la anécdota esa, el hombre acuchillado siguiendo contando los metales que se le habían caído en lugar de ocuparse de su herida, que en realidad era mortal. Explícame prima esa incoherencia, esa falta de razonamiento porque no lo entiendo. Porque creo que ni los animales del bosque actúan así.

-No tengo respuestas, Camilita, no tengo respuestas para eso. Hay gente que es tóxica, hay gente que te quita energía.

-Eso explícamelo, porque no lo entiendo. Gente que tiene poderes mentales, como ese elfo o como este señor Fondalar, que esperemos que viva.

-No, no te hablo de personas con poderes mentales, te hablo de personas que buscan sacar ventaja, manipularte. Personas que son serviles, falsos, te muestran una sonrisa fingida, experta y luego te traicionan.

-Diana, pero a eso me refiero. Por qué la gente actúa así, ¿es una enfermedad de la mente?, ¿es una enfermedad del alma?

-Generalmente es una enfermedad del alma. Generalmente pasa por ahí. Yo te aseguro, Camilita, que vamos a salir de esta y vas a vivir conmigo y te voy a enseñar muchas cosas. Te voy a enseñar lo que es el verdadero respeto basado en el amor, porque no puede haber respeto si no hay amor.

-Entonces, prima, esa gente que saquea aldeas, ¿qué amor tiene?

-Son gente que fue criada de esa manera por sus padres. Capaz que ama a su familia, capaz que tienen hijos y sin embargo queman casas y dejan cadáveres asolando aldeas, pero luego llegan a su tribu y acarician a sus niños.

-Pero, Diana, eso no es lógico, no se puede querer a unos y ser indiferente a otros.

-No, no debería ser. No debería ser.

-¿Por qué es tan salvaje este mundo?

-No pasa por ahí, Camilita. Sé de historias en la zona ecuatorial donde prácticamente no hay guerras, donde hay teatros, y también hay murmuraciones, críticas, traiciones, deslealtades. Es como que aquel que está más allá de las estrellas hubiera hecho en el ser humano una falla de fabricación.

-No entiendo la palabra.

-Claro Camilita. A ver cómo lo explico mejor, como que al ser humano lo hubiera hecho con una falla en el alma.

-¿Pero es así?, porque tú has dicho que también hay gente buena. Y yo misma pienso que la hay, pero como dije en un momento en mis pensamientos apenas las cuento con los dedos de una mano.

-No, no. Acá nos rodean cientos de personas. Esos bárbaros mal entrazados con cara sospechosa que acompañan al gigante rubio y esos elfos con mirada huidiza que acompañan a Elefa vienen a pelear por nosotros sacrificando sus vidas.

-Sí, tienes razón. Entonces hay mucha gente buena.

-Hay de las dos clases, mi amor, las que te critican, las que si sales adelante o tienes un título o eres noble te miran como diciendo ¡ja!...

-Sigue.

-No, eres muy pequeña todavía para que te cuente tantas cosas de la vida.

-¿Y tú sabes mucho?

-No. Gracias a aquel que está más allá de las estrellas sé poco, apenas un poco más que tú, pero sí he escuchado muchas historias que no tiene sentido contártelas porque sería para peor, te haría más mal que bien. Sólo roguemos a aquel que está más allá de las estrellas que ese fungi que le inyectó Elefa a Fondalar haga de antídoto y el veneno que absorbió con el dardo se vaya y pueda reanimarse.

-¿Para qué nos ayude?

-Sí. Pero aunque no estuviéramos en una situación así, es porque es un ser humano valioso como pocos. Sé por distintas fuentes que Fondalar ha ayudado a muchísima gente, a muchísima gente. Y ahí está lo valioso. El ser humano servicial, aquel que ayuda a los demás es el que vale la dicha de conocerlo, por eso anhelo con todo mi corazón que se salve. No por la batalla, eso en este momento pasa a segundo plano.

La volví a abrazar a la prima Diana y...

-Entonces rogaré contigo en silencio.

 

Nos sentamos en un tronco. Nos quedamos abrazadas mirando a Fondalar, recostado en una manta, y una manta enrollada haciéndole de almohada. Respiraba acompasadamente, por lo menos se mantenía con vida.

 

Pero ya había amanecido y comentaron que ya tendría que haber hecho efecto el líquido del fungi que le había inyectado en las venas Elefa con un aparato llamado jeringa y una aguja hueca, pero evidentemente no, no estaba haciendo efecto.

 

Las lágrimas me caían por la mejilla. De verdad que tenía miedo. ¿Es egoísta tener miedo?, ¿es instinto? Me apreté más contra la prima y vi que ella también... sus lágrimas caían por sus mejillas. "Señor, tú que estás ordenando este cielo, escúchame".

 

De pequeña, mamá me leía muchos cuentos con finales felices, ¿por qué en la vida real no es así? ¿por qué no debería ser así? Entonces cuando somos niños nos engañan contándonos finales felices, ¿no sería mejor que nos cuenten la verdad, de que rara vez hay finales felices?

 

Se lo comenté a Diana y me dijo:

-Camilita, no es momento de ser pesimista. Si eres pesimista es como que emanas como una energía invisible que nos envuelve de pesimismo.

-¿Entonces soy mala, prima?

-No, no, mi amor no, no, no; te digo de que nos envolvamos en optimismo y que emanemos optimismo.

-¿Cómo lo logro?

-Confiando en mí. Confiando en mí, mi amorcito. -Me volví a abrazar a Diana y me relajé un poco.

 

Gracias por escucharme.

 


 

Sesión del 21/02/2022

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina G. (Crearel)

La entidad relata que amaba la historia de Seeing I y su biología, no dormía por estudiar. Científicos contactaron con un ser de otra raza que permitió que lo estudiaran, y que tuvo la oportunidad de conversar con él. Y formó parte del grupo científico.

Sesión en MP3 (3.345 KB)

 

Entidad: De pequeña siempre me gustó la historia, pero la historia relacionada con la biología.

 

Y pensé, ya de adolescente "¿Por qué no?, ¿por qué no estudiar ambas materias?". La historia me apasionaba, treinta mil años de civilización en Seeing. Y la biología, especies que habían desaparecido, especies nuevas...

Estudiaba incluso los microorganismos, era algo apasionante, me desvelaba estudiando.

 

Mis padres me decían:

-Lemaris, duerme, por favor.

-Sí, sí, padre. -Y seguía estudiando, a veces hasta la madrugada. Por supuesto, los fines de semana en lugar de salir con mis amigas dormía todo el día.

 

Madre me decía:

-Lemaris, no tienes un sueño equilibrado. No tiene sentido dormir un fin de semana, no vas a reparar la falta de sueño entre semana.

 

Y fue ganando mi sentido común. Comencé durmiendo seis horas, luego ocho. Y me di cuenta de que rendía más, mis notas eran impecables. Es más, a mis profesores les pedía que me recomendaran hololibros.

 

-Lemaris -Mi profesor de biología-, los has leído todos.

-Es que tengo nuevas hipótesis.

-Plantéalas, plantéalas.

 

Y logré que reconocieran por lo menos cuatro teorías de microorganismos y de por qué había especies que no sabían adaptarse y sucumbían.

Ya siendo una mujer adulta me encontré con la enorme sorpresa de que habían encontrado una raza alienígena, un ser descendiente de reptiles.

Le pregunté al decano de mi facultad:

-Por favor, sé que va a dar una entrevista.

-En este momento no, Lemaris, en este momento está con los militares.

-Decano, usted tiene contacto con general principal, Dalex, por favor...

-Déjame intentarlo, dame unos días. Tienes mi holoteléfono, el personal, no el de la facultad. -Y no hizo falta que lo llamara, tres días después llamó él-. Estás citada para mañana, a media mañana.

 

Me sentía ansiosa, con una incertidumbre tremenda conocer a un ser reptiliano. Las horas pasaban tan lentas... En mi mente, obviamente.

 

Y al día siguiente fui. Me hicieron esperar en un salón.

Un hombre alto, de traje marrón, un traje con estrellas en su hombro, enseguida me di cuenta de que era el general principal Dalex.

-¿Bióloga Lemaris?

-Sí, señor. -Me puse de pie.

-Venga. -Entramos a una sala. Pensé que íbamos a estar solos: una mesa larga con diez personas. Sonreí. La reconocí a la astronauta Audora, ella fue la que hizo el primer contacto. Y al fondo, en el asiento de la punta, el... el alien, el reptiliano, que me observaba.

 

Y habló:

-¿Tienes preguntas para mí? -Me sorprendí que hablara mi idioma pero ya me habían dicho que tenía un microprocesador que con un algoritmo tan veloz, procesaba, decodificaba y codificaba mi idioma al suyo y viceversa. Me paré, obviando toda ceremonia, me puse a su lado. Uno de los físicos que estaba allí me cedió el lugar y él fue al otro lugar de la larga y gran mesa.

-Cuéntame de ti.

-Me llamo Rumper -dijo el alíen-, soy reptiliano.

-He estudiado muy bien a los reptiles de mi mundo, de Seeing, su metabolismo. ¿Eres de sangre fría?

-Así es.

-Nacéis a partir de huevos.

-Correcto.

-¿Tenéis un hijo por vez?

-No necesariamente, a veces dos.

-Soy una apasionada de la historia. ¿Qué antigüedad tenéis?

-Mi mundo, en civilización, es tan antiguo como el tuyo, pero hemos desarrollado técnicas espaciales muchísimo antes que vosotros, hace siglos que conocemos los viajes interestelares.

-Está bien, entiendo que te han preguntado sobre el tema. Yo soy historiadora y bióloga, desconozco todo lo que es astrofísica y el concepto del universo en sí; esto no significa que sea ignorante del tema, pero lo que conozco es muy poco comparado con los aquí presentes. Me interesa más bien cómo habéis evolucionado.

-¿Tú te llamas?...

-Lemaris.

-Mira, Lemaris, te voy a responder con una pregunta.

-Dime.

-¿Cómo habéis evolucionado vosotros?

-De antropoides primitivos. Nos ha llevado miles y miles de años llegar a nuestra civilización actual y ya tenemos treinta mil años de civilización donde tenemos un conocimiento conceptual.

-Bueno, seguramente a nosotros nos llevó mucho más, puesto que como tú sabrás los reptiles primarios de tu mundo o de mi mundo tienen un cerebro más básico, llamémoslo, que vuestros mamíferos. Así y todo hemos logrado en su momento, como raza, conquistar cientos de mundos.

Lo miré y le dije:

-Sé que no es mi tarea preguntar eso, ¿pero por qué la conquista? -Me miró y me dijo:

-Estoy de acuerdo contigo.

-Explícate -pedí.

-Yo también me he preguntado muchas veces por qué la conquista, por qué no conformarnos con lo que tenemos, por qué querer más si con lo que tenemos es más que suficiente. Pero lamentablemente y lo hemos visto en razas humanas, no se conforman con lo que tienen. Tú, Lemaris, debes pensar que nosotros como raza reptiliana somos guerreros y los humanos no.

-¡No! -negué-, no pienso eso. Comenté que soy historiadora y en mi propio mundo hubo muchas guerras entre nosotros de un mismo mundo, y por lo menos dos o tres veces hemos estado a punto de exterminarnos. Entonces, ¿cómo voy a prejuzgar a otros mundos? Pero sí he leído, gracias a mi decano que es amigo del general principal, sé que nuestra gente quiere aprovechar vuestro conocimiento y hacer viajes interestelares.

El reptiliano Rumper me dijo:

-Te repito lo que dije como mínimo dos docenas de veces, tanto a los militares, como a los astronautas, como a los científicos: vais a pagar un alto precio.

-¿Alto precio -pregunté-, por conocer otros sistemas estelares?

-No, porque otros sistemas os conozcan a vosotros.

Le dije algo que los demás no le hubieran dicho:

-En algún momento dado iba a ser. ¿Por qué no ahora?

-Con todo respeto, y se lo dije al general principal, he escaneado con mi microprocesador vuestras armas. Comparadas con las de otros mundos de otros sistemas estelares no hacen nada. Tenemos un sistema de blindaje tan poderoso que el mayor de vuestros misiles no podría hacerle ni siquiera una pequeña mella, amén de que es una capa energética que directamente no deja mellas ningún impacto.

-Vaya. Pero me han comentado que os han vencido una federación humana.

Rumper me miró y me dijo:

-Dije que vuestros misiles no pueden hacer mella en nuestros campos energéticos colocados en las naves, pero hay otros armamentos que si bien no perforan los campos energéticos los pueden debilitar al punto tal de hacerlos desaparecer, y la nave queda a nuestra merced. Tenemos armas desconocidas para vosotros como raza: arma de fotones.

-¿Te refieres a luz sólida?

-Sí, pero condensada a un nivel inimaginable para vosotros.

-¿Por qué toses, algo te incomoda de nuestra atmósfera?

Rumper me miró:

-Por suerte tengo elementos y también medicación en mi nave. Vuestra atmósfera no es que sea dañina, no es del todo compatible.

-¿Pueden afectarte nuestros gérmenes?

-No, no. He conocido mundos humanos y directamente estamos inoculados contra cualquier tipo de germen humano, aún los desconocidos. De todos modos vuestra composición atmosférica no es exactamente igual, incluso la de otros mundos humanos. Por ahora me afecta un poco a los pulmones, hasta que me acostumbre. No te preocupes, no me pasará nada, pero el hecho de saber que tú eres bióloga desde ya no quiero que nadie experimente conmigo.

-No, pero te habrán sacado sangre.

-No solamente sangre, me han sacado parte de piel con micro escamas, para estudiarla.

 

Me di vuelta y lo miré al general principal. Me dijo:

-Sí, hemos dado muestras en tu universidad. Si puedes aportar algo, bienvenido sea.

Rumper hizo un gesto que lo tomé como una risa irónica o sarcástica:

-Seguramente queréis ver nuestras debilidades a nivel físico, pero como os dije, sé que podéis crear distintos gérmenes y sembrarlos en un mundo reptiliano: no serviría de nada. Tenemos muchos más adelantos que vosotros y podemos estudiar en instantes con nuestros microprocesadores cada virus, cada bacteria, y en menos de un amanecer saber cómo defendernos contra ese posible, supuesto ataque. Pero no está mal que os enriquezcáis gracias a vuestro estudio, no hay nada nuevo comparado con vuestros reptiles. Pero os pido, por favor, suspender esta entrevista, voy a conectarme con un aparato de mi atmósfera para regular mi parte pulmonar, y a su vez me voy a exponer al calor exacto que tiene mi mundo en verano para templar un poco mi piel y mi organismo, tened en cuenta que soy un ser de sangre fría. Y luego os pediría, si os parece bien, una buena comida. -Mis congéneres asistieron a esta hermosa, llamémosle, a este hermoso intercambio de conocimiento.

 

A su vez el general asintió con la cabeza:

-Te llevarán a tus aposentos. Como le prometimos a Audora, estás en calidad de invitado, no de prisionero. Cuando desees pasear por nuestra ciudad puedes hacerlo. Obviamente serás acompañado por dos militares, no como custodios tuyos sino como protección, porque en los holoperiódicos se ha divulgado la noticia, pero algunos te verán como un enemigo, no todos confían. Ten en cuenta treinta mil años de civilización y por primera vez vemos un ser que no es de este mundo.

-Agradezco vuestra hospitalidad. -Me tendió la mano, dudé un microsegundo y se la estreché.

-Gracias por permitirme conversar contigo. Es un honor.

-El gusto es mío -me dijo Rumper. Y se marchó tosiendo de la sala de conferencias.

 

Me dirigí a Audora:

-¿Tú eres la que lo has contactado?

-Así es.

-Permíteme trabajar contigo, puedo como bióloga aportar mucho.

Audora me dijo:

-Soy experta en metales e informática virtual, no tenemos materias similares pero podemos intercambiar opiniones.

 

Ambas miramos al general y asintió. Nos dimos la mano.

 

 Trabajaría junto con Audora, estudiaríamos la biología de este ser de otro mundo, de una raza desconocida. Los científicos y los militares tenían en su poder la nueva tecnología para poder hacer viajes interestelares. Es como que fue un regalo de esa esencia que mora en el universo la que permitió que se diera este contacto. Adelantamos tanto en casi nada de tiempo...

 

Y ahora ya no me sentía ansiosa, ahora me sentía eufórica por saber más de Rumper y por trabajar con Audora, la astronauta que hizo el primer contacto.

 


 

Sesión del 16/08/2022

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina G. (Crearel)

No conocía el mal que la gente puede tener adentro, pero sabía que se mataba por doquier. Estaba preocupada porque el mal, la gente mala arrasaba pueblos y dañaba a quien encontrara. Y ni fiarse de quien parecía bueno.

Sesión en MP3 (2.950 KB)

 

Entidad: Hablaba con mi prima Diana, al lado había un anciano que nos contaba anécdotas. Mi prima me decía:

-Camilita, escucha, escucha, porque el señor dice cosas sabías.

 

Por dentro pensé: ¿Sabias, sabias de verdad?, está contando crueldades.

Así como este maestro, Fondalar, estaba perdiendo la vida por un veneno, ¿cuánta gente avara, mezquina se apuñalaban entre sí por unos metales dorados? En un cuarto oscuro, con hedor, un cuarto sucio donde había cadáveres de animales y ellos luchando por esos metales. Y ambos se clavaron en su cuerpo sus respectivos puñales cayendo ambos de rodillas sin fuerzas, sin entender que su vida los estaba dejando. En los bolsillos de sus chaquetas, con las pocas fuerzas que les quedaban en el piso sucio, con sus uñas largas, descuidadas cogían esas... esas monedas doradas y se las iban guardando en sus bolsillos.

¡Cómo!, ¿no era que el ser humano es el ser más racional?

No alcanzaron a juntar los metales dorados, sus cuerpos quedaron sin vida.

 

Le pregunté al anciano:

-Pero señor, si había metales para que ambos vivan más de una vida y no los iban a gastar, ¿por qué pelearse?, ¿por qué matarse?

-Niña -exclamó el anciano-, hay seres humanos que no son lógicos, hay seres humanos que no viven en armonía, por lo tanto su razonamiento es nulo.

-Tenía razón yo -exclamé-, lo que pensaba la vez pasada de que hombres de buen corazón los puedo contar con los dedos de una mano, incluso me da la impresión estos seres que tienen esos dones tan extraños, la niñita Ciruela es una niña amorosa, pero también he visto en ella ese gesto de impotencia con ese mento que domina al rey Bryce y por momentos su rostro se desfiguraba de impotencia y de furia. ¿Qué sucedería si un día cae en esa... en esa inconsciencia y no llega a separar el bien del mal y ardemos todos por dentro?

Mi prima Diana trató de tranquilizarme:

-Camilita, no es así, la gente de buen corazón sabe separar el bien del mal.

-No, no, no, Diana; no sabe, no sabe. Yo vi gestos de gente buena con mirada de odio hacia esa otra gente mala, cruel.

-Sí, Camilita, seguramente van a tener odio por esa gente que somete a los inocentes, pero justamente por ello nunca van a hacer daño a los inocentes.

-¿Y cómo lo sabes?

-Camilita, estás temblando, ¿quieres un abrigo?

-No, no tengo frio.

El anciano dijo:

-Está temblando de miedo. Tiene terror a esos dones, no sabe separar. El mismo Fondalar, que no sabemos si va a sobrevivir, puede el día de mañana tener un arranque de ira y someter a otros.

-No, anciano -negó Diana-, no. Como dicen en la zona ecuatorial, separemos los tantos. Significa: El que es bueno es bueno.

El anciano le debatía:

-Señorita, usted es joven, pero he visto gente buena que ha pasado por muchas cosas negativas, por sometimientos, por secuestros, y se volvió peor que sus captores, degollándolos, hundiéndolos en el fango, sometiendo a sus mujeres. Y eran labradores, hombres de bien. Hay circunstancias que transforman al ser humano en un ser despreciable.

-Entonces, ¿entonces yo tengo razón? Vámonos, Diana, vamos para la zona ecuatorial. Vamos, no quiero estar aquí.

-Sabes qué pasa Camilita, hay muchos soldados del rey Brice que fueron esclavizados mentalmente, y no todos están en la fortaleza, pueden estar acechando en los caminos.

-¿Pero no dices acaso que..., que Ezeven y que la niña Ciruela están en el bien, no nos pueden defender?

-Hay que terminar este capítulo.

-Prima, ¿de qué capítulo me hablas? Esto no es un capítulo, esto no es un libro que estamos escribiendo, esto es la vida, esto es la vida misma. Yo no resisto más, yo no aguanto más así. Yo no sé, ese elfo lo consume tanta esa maldad, ¿y luego qué, seremos todos esclavos, seremos todos objetos para que este señor? ¿Señor?, no es un señor, es alguien despreciable que nos va a someter a todos. Y yo no quiero.

-Yo te protegeré, yo te protegeré, Camilita.

-Te burlas. ¿Cómo me vas a proteger?, no te puedes proteger a ti misma... -Me sentía hasta enojada con mi prima a la que amaba. ¿Quién protegió a mis padres, quién me protegió a mí? Este mundo es un mundo muy..., muy cruel, como la gente. Y como dijo este hombre, a lo largo de su vida ha visto gente buena que se ha vuelto peor que sus captores. Y sé que no miente. ¿En qué zona de este mundo habrá gente buena? Me estoy ahogando de los nervios y del pánico que tengo.

-Descansa un poco en mi regazo.

-No.

 

Me encogía sobre mi misma en posición fetal, sentía como que así estaba como más protegida, estaba como más... ¡Ah! Me mareó el cansancio, tenía ganas de dormir, muchas ganas de dormir.

Me recosté sobre el regazo de mi prima. Me acariciaba el cabello, me adormilaba. ¡Ah! Una sensación de paz. ¡Ah, qué lindo que se siente así, qué lindo!

Me desperté con una sacudida. Se escuchaban gritos del lado de la fortaleza, habían soldados que salían huyendo y de repente caían con los ojos en sangre y también manando sangre de la nariz.

-¿Qué es eso, prima?

-No mires.

-No me trates como una niña, tengo dieciséis años.

-No mires.

-Sí, voy a mirar. ¿Qué pasó?

-Evidentemente ese mento les ha destruido el cerebro.

-¿Ves?, y tú te quieres quedar. ¿Para qué? Ellos no pueden hacer nada, me has dicho que no tienen el poder de ese engendro, y el único que podría no sabemos si va a vivir.

 

Reconozco que estaba siendo egoísta, lo reconozco. Pensaba en mí, pero me consumía el miedo, me consumía el pánico, temblaba como si fuera un invierno en el norte con nieve, pero ahí no había nieve. Y en ese momento me agarraron convulsiones, temblaba pero de más, de más

Se acercó Ezeven, me tocó la cabeza. Me adormecí, me adormecí.

 

-Diana.

-Sí, Camilita.

-¿Qué hizo Ezeven?

-Te ha enviado amor.

-¿Amor? El amor no duerme.

-Es una manera de amor que te ha enviado para calmarte.

-¡Ah! El amor no duerme. Me siento como mareada, me siento como que me caigo.

-No, mi amor, no Camilita, no te puedes caer, estás sobre mi regazo.

-Es que todo me da vueltas, como si estuviera en un árbol gigantesco y lanzándome a tierra, siento que caigo a tierra, siento que me voy a lastimar... -Otra vez la mano de Ezeven, y esa visión se me fue. Y otra vez calmada-. Pero..., pero Diana...

-Mi amor, cálmate.

-Y cuando no esté la mano de Ezeven, ¿quién me va a calmar?, ¿quién va a calmar esos temores?, ¿quién me va a calmar esos temores? No me siento bien, la gente te daña. Aparte, es como que escucho cosas. ¿Puede ser que haya almas de seres que ya no están y que también sean manejadas por ese engendro?, ¿ese elfo engendro?

-¡Qué dices, mi amor?

-Tú me entiendes, prima, esas voces no vienen de mi mente. -Se acercaba Ezeven-. No, no, no, tú no me calmas, tú me atontas. Yo no quiero estar así, yo quiero estar atenta.

 

Pero estar atenta era ser esclava del miedo, y tampoco quería ser esclava.

Y me di cuenta que hay distintos tipos de libertad; el miedo no te pone cadenas, el miedo no te ata las manos, el miedo no te pone mordazas en la boca, el miedo entra en tu mente, te manipula; y ves y escuchas lo que no debes ver, lo que no debes escuchar.

 

-Camilita, ¿estás murmurando? -exclamó Diana-, ¿no te basta con mi amor?

La miré con los ojos entrecerrados:

-Me bastaría, si yo supiera que con tu amor calma mis temores.

-Déjame que te abrace, yo te protegeré.

-¿Quién te protegerá a ti? Si tú me lo dices yo me quedo tranquila.

 

Pero Diana no me lo dijo. Me miró con piedad, yo no quiero piedad. Me miró con compasión, yo no quiero compasión.

Yo quería comprensión, y en ese momento y en varios momentos y en muchos momentos carecía de ella.

 


 

Sesión del 17/02/2023

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina G. (Crearel)

Era niña en Gaela y no entendía las luchas entre la resistencia y la Orden del Rombo, veía muchos que caían y hacía tiempo había desaparecido su madre. Con su padre viajaba cambiando frecuentemente de lugar para parar desapercibidos, tanto para una como para la otra.

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Sesión para Crearel, cuyo rol actual es Valentina.

 

Entidad: Vamos a retroceder cien mil años, una sesión en Gaela donde su nombre era Caltana, hija de Stéfano y Simonetta.

 

Me sentía muy confundida. Si bien era una niña me sentía confundida con mamá, porque la resistencia para mí era algo..., algo feo, algo que podía causar daño, pero papá me decía que esa resistencia era a favor de la gente, porque la gente estaba mal por una creencia llamada Orden del Rombo, que a la gente la tenía como esclava y las personas que no estaban de acuerdo eran llevadas presas o desaparecían.

Pero si mamá estaba con la resistencia, ¿por qué había desaparecido? Le preguntaba a papá y no sabía.

Yo tenía algunas amigas en Bicano, es donde nací. Y papá decía:

-No, es un pueblo pequeño de la isla de Corano, ahora vamos a viajar porque aquí es peligroso.

-¿Pero por qué, papá?, es la resistencia la peligrosa. -Y él me explicaba que no, pero papá estaba equivocado.

 

Yo me sentía con miedo porque escuchaba disparos de fusiles y veía gente lastimada, muy lastimada. Pero también en la Orden del Rombo había gente que también tenía fusiles. Entonces cómo, ¿los dos eran malos?

Papá me explicaba, pero yo no entendía. Le decía:

-Si hacen daño a la gente, los dos son malos.

-No, Caltana, no, lo que pasa que la resistencia está buscando la libertad. -De noche me sobresaltaba porque escuchaba disparos y me sentía mal, estábamos un tiempo en un lugar y volvíamos a viajar para el norte.

 

 Llegamos a un poblado llamado Birano.

-Papá, nos estamos alejando de Bicano, nos estamos alejando de la isla de Corano. Nunca vamos a encontrar a mamá.

Papá me respondía:

-Sí, a veces cuando te dejo dormida en la cama voy a un lugar y hablo con algunas personas y me dicen que ella fue para el norte.

-¿Pero por qué no fuimos todos juntos?

-Caltana, ¿sabes por qué nosotros tenemos esos pequeños escuditos de la Orden del Rombo?

-Sí, pa, me lo dijiste, es para que la Orden del Rombo sepa que nosotros somos creyentes. ¿Pero somos creyentes?

-Mi amor, Caltana, nosotros somos creyentes de Dios, no somos creyentes de una orden violenta.

-¿Y entonces? Tú me enseñaste que no hay que mentir.

-Sí, Caltana, pero a veces tenemos que mentir para no correr peligro. Cuando la Orden del Rombo, las autoridades religiosas nos ven con estos escuditos saben que somos leales a ellos.

-¿Pero no puede pasar al revés, papá?

-¿Cómo?

-Claro, que la resistencia nos vea con estos escuditos y nos dispare.

-Mi amor, estos escuditos los llevamos debajo de la ropa de abrigo, nadie se mete con nosotros, quédate tranquila.

 

Pero seguíamos viajando y viajando, y era algo interminable, algo interminable, algo interminable, algo que seguíamos y seguíamos, y no se terminaba más.

-¿Nunca vamos a parar en un lugar definitivamente?

-Sí, mi amor, sí, nada más tienes que tener paciencia.

-No entiendo. Paciencia, ¿cómo?

-Cuando estemos en la mitad de Liziana, que es Lizia, ahí ya no hay tanto fanatismo.

-Pero pa, tú me has dicho muchas veces que justamente en Lizia es donde están las autoridades principales de la Orden del Rombo.

-Claro, mi amor -me dijo pa-, pero es que no hay tanta gente de la resistencia, entonces es como que es el lugar más tranquilo. -Y como me dijo eso, me calmó.

 

Pero me sentía triste, me sentía triste porque yo lo que quería era de alguna manera encontrar a mamá. Esa era mi idea, y yo sé que costaba.

 

Conocimos un montón de pueblos, Cebaro, Fínica, Lirona, Atino... Muy pocas veces nos quedamos mucho tiempo en un lugar, la mayoría de las veces más de tres o cuatro días no estábamos. Y sentía como que no podía tener amigas porque íbamos de un lado al otro.

Hasta que un día, cuando llegamos a Chesi, me dice papá:

-Ahora vamos a cruzar el país para el oeste.

-¿Y qué hay allí?

-Lizia, la capital. -Me encogí de hombros.

-¿Y cuándo voy a tener amigos, cuándo vamos a estar en un lugar definitivamente?

-Pronto, mi amor. Pronto, Caltana.

 

Me acordaba que mamá, Simonetta, por la noche me cantaba, me cantaba suave y me dormía, y a la mañana me preparaba el desayuno.

Yo era bastante más chica y un día me levanté y estaba papá.

-¿Mamá?

-Mamá salió.

Otro día mamá estaba, pero golpearon la puerta. Abrió despacio, había un señor y una señora, y habló con ellos. Y le dijo a papá:

-Stéfano, estaré afuera un par de días.

-¿A dónde va mamá?

-Con unos señores, se van a reunir.

-¿Por qué?

-Porque van a hablar de cosas de grandes. -Y con el tiempo supe que se juntaba con la resistencia.

 

Hasta que finalmente venía una vez por semana a verme y me decía:

-Caltana, te amo más que a mi vida, esto lo estoy haciendo por ti y por papá, y además por toda la gente. -Golpearon la puerta, muy fuerte golpearon la puerta. Me asusté porque mamá llevaba un arma escondida.

-Jefa, ya es hora. -Me abrazó, me besó, lo besó a papá y salió. Fue la última vez que la vi.

 

Y después supe que mamá era la líder de la resistencia de la zona sur. En el viaje papá me contó que hablaba con personas de la resistencia y le decían que mamá había ido para el norte.

Yo era curiosa, quizá curiosa por miedo y le preguntaba a papá:

-¿Pero piensas que mamá va para Lizia, a donde vamos nosotros?

-Seguramente, mi amor -me respondía pa.

-Pero no entiendo, ¿si ella es la que manda en la resistencia, cómo va ir a Lizia que es donde están los jefes de la Orden del Rombo? ¿Y si le hicieron daño?

-No, no, no pienses eso, mamá está bien. -Había noches que me caían las lágrimas, había noches que no podía dormir.

-Pa, soñé que mamá...

-¡Shhh! No, mamá está bien.

-¿Pa, acaso adivinas lo que sueño?

-Sé lo que sueñas, son tus miedos. Pero no es así, mamá está bien.

 

Cuando llegamos a Lizia me impresionó lo enorme de las calles, los carros, la gente, y me sentí como intimidada.

-Quédate tranquila, iremos a una pensión económica. Ten en cuenta que durante el viaje trabajé en muchos lados y me pagaron bien.

-Yo tengo hambre.

-¡Je, je! -Papá rió.

 

Fuimos a comer algo. Entraron cuatro hombres vestidos de rojo.

-¿Y esos hombres?

-No los mires, son de la Orden del Rombo. -Se acercaron a nuestra mesa.

-Ustedes. -Papá los miró-. Usted y la niña vengan con nosotros. -Papá le mostró nuestros escudos.

-Somos leales a la Orden del Rombo -explicó.

-Vengan con nosotros. -Miró a papá el que mandaba y me miró a mí.

Lo miró de vuelta a papá:

-Usted es Stéfano.

-Sí -dijo papá-, ¿pero cómo sabe mi nombre?

-Tenemos informantes.

-Pero no estamos con la resistencia.

-Vengan con nosotros.

-Tenemos que pagar lo...

-No, no, vengan con nosotros. -Los seguimos. Llegamos a una especie de palacio y entramos, nos hicieron sentar en una sala.

Antes de que se fueran papá dijo:

-¿Estamos detenidos?

-Quédense ahí. -Y cerraron la puerta. Yo estaba con miedo.

-¿Qué nos van a hacer, papá?

-No sé, pero el hombre sabía cómo me llamaba, se ve que alguien nos traicionó.

-O sea que... ¿Entonces nos van a hacer daño?

-No, mi amor, si alguien nos traicionó es su palabra contra la nuestra.

-No entiendo.

-Claro. Vamos a decir que mintieron, que nosotros somos de la Orden del Rombo. Tenemos los escuditos. -Me abracé a papá.

Y en ese momento entró una señora, que les dijo a los hombres:

-Déjennos solos. Ahora. -Cerraron la puerta. La señora se sacó la capucha. Abrí los ojos desmesuradamente:

-¡Mamá, mamá! -Fui corriendo y la abracé.

-Mi amor, por fin. -Me levantó en sus brazos y me cubrió de besos. Lo miró a papá.

Papá dijo:

-No entiendo.

-No es fácil de entender -dijo mamá.

 

Nos sentamos y mamá explicó: Lo que hice fue un trabajo de inteligencia ayudada por la misma resistencia.

Había un señor mayor, Salvatore, Salvatore Creano, uno de los líderes de la Orden del Rombo del cual me hice muy amiga.

Fingimos un ataque y supuestamente yo le salvé la vida disparándole al agresor. Obviamente fue una muerte fingida la del agresor, pero Salvatore pensó que yo le había salvado.

 

Hace meses que estuve planificando esto y fui su segunda, pero un día fatalmente alguien envenenó a Salvatore y yo quedé como la primera líder de Lizia de la Orden del Rombo.

Papá le preguntó:

-¿Pero cómo?, ¿cómo líder de la Orden del Rombo?

-Mi amor, Stéfano, es sencillo, en este momento soy la líder de la Orden del Rombo, y si bien ya no soy la líder de la resistencia, porque no puedo dividirme en dos, tengo infinidad de contactos.

-No entiendo -exclamó papá.

Mamá Simonetta le explicó.

-El tema es así, estoy abogando por la paz. El hecho de que la resistencia sepa que yo estoy a cargo, están frenando los ataques y yo estoy conteniendo a la Orden del Rombo. Muy buena la estrategia de que llevarais los escudos.

-¿Pero oficialmente...?

-Oficialmente, ¡je, je!, eres mi esposo, y Caltana es mi hija. O sea, que van a vivir aquí en armonía. -La miré a mamá, lo miré a papá, me sentía feliz.

 

Con el tiempo aprendía una palabra, hipocresía. Y le dije a mamá:

-Esto que haces, ¿no es hipocresía? -Me acarició la cabeza y me dio un beso en la frente. Y me dijo:

-Mi hermosa Caltanita, cuando seas más grande vas a entender que la hipocresía tiene muchas facetas y que muchas son necesarias para lograr lo más sagrado, que es la libertad.

Y le pregunté:

-¿Y vas a lograr esa libertad?

-¡Ah! -Mamá suspiró-. No, seguramente no la que anhelo, pero sí una libertad transitoria. Lo que he logrado planificando esto, que haya una tregua.

 

Fui creciendo, las autoridades de la resistencia cambiaron, los conocidos de mamá ya no estaban.

Con el tiempo en distintas provincias volvieron los ataques de la resistencia, mamá ya no podía contener a la Orden del Rombo. Porque, ¿con qué excusa?, había que responder al fuego con fuego.

Pero esos años que mamá logró esa paz transitoria, logró que miles de vidas se salvaran.

Pero faltaría mucho, mucho. No lo veríamos en esta vida para que las cosas llegaran a una libertad definitiva, ni siquiera en el próximo siglo, pero lo que logró mamá era invalorable.

 


 

Sesión del 30/01/2024

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina G. (Crearel)

La entidad relata que siendo joven, del sistema Gea, en un viaje colisionaron con un crucero de la Federación Sargón pero fueron teletransportados a tiempo sin peligro. Comenta los deseos que tenía de conocer nuevas tecnologías, nuevos mundos y nuevas razas.

Sesión en MP3 (6.413 KB)

 

Sesión para Crearel plano 5 subnivel 1, thetán de Valentina.

 

Entidad: De pequeña siempre me gustó la astronomía, a mis ocho años leía infinidad de libros y también buscaba en mi ordenador, me impresionaba las distancias estelares, más las distancias galácticas. No cabía, figurativamente hablando, en mi entendimiento tales distancias porque cuando iba con mis padres a la campiña, lejos de las luces de la gran ciudad, se veían las estrellas como puñados de arena en la playa, y a mis ocho años las veía tan juntitas y pensaba, ¿cómo pueden estar a un promedia de cinco años luz una de la otra? Salvo los sistemas binarios o trinarios que están a poquísima distancia en comparación con los demás sistemas.

 

Y por la noche me encantaba ver las dos lunas, una enorme, prácticamente la quinta parte de lo que era nuestro planeta, Gea. La otra, la mitad.

Pero en ambas lunas teníamos colonias, obviamente fue una tarea enorme. Hace dos siglos se pensaba que era imposible tener colonias, hoy había miles de personas en cada una de las colonias de nuestras lunas.

Y habíamos ido más allá, teníamos en este momento ocho colonias más en los satélites de dos gigantes gaseosos del sistema estelar de Gea, que era el tercer planeta a partir de la estrella.

 

Los físicos trabajaban junto con los informáticos, junto con los físicos cuánticos porque todavía no había un medio que impulse a las naves a tal velocidad para poder llegar a otro sistema. El sistema más cercano al que los científicos -como diría una niña, rompiéndose la cabeza-, le habían puesto de nombre Próximo, ¡je, je, je! y estaba a cinco años luz. Con nuestras naves actuales que podían llegar hasta el octavo y último planeta del sistema era imposible llegar al sistema de otra estrella, no alcanzarían cien vidas para llegar a otro sistema.

 

Cuántas veces pensaba, desde que tenía tres años, ¿si hay tantas estrellas en esta galaxia, por qué no nos visitan?

Había infinidad de hipótesis, que en algunos países habían encontrado naves en desuso como que en la antigüedad nos habían visitado. Pero o bien esas visitas eran un fraude o bien era un secreto de estado de aquellos países. Obviamente los escritores se despachaban a gusto con historias interestelares.

 

Recuerdo que mamá me decía:

-Mira, Sophía, tenemos un regalo para tu cumpleaños número nueve.

 

Mi nombre se escribía con 'ph', Sophía. Mamá se llamaba Atasia y papá Oneto, ambos eran astronautas, yo los veía por televisión.

Me cuidaba mi tía, rejovencita, de veinte y dos años, la hermana de mamá. Ella estudiaba todo el día en el ordenador, así que no tenía problemas en estar conmigo en casa. Yo no era una niña que molestaba, cogía mi ordenador portátil y en mi habitación vivía estudiando. A su vez el hecho de que mis padres eran astronautas me permitían estudiar en casa, no tenía que acudir a la escuela salvo una vez por mes para rendir exámenes escritos u orales.

Cuando volvieron del último viaje le pregunté a mamá:

-¿Cuál es mi regalo?

Papá Oneto me dijo:

-Sophia, mamá Atasia te lo va a decir.

 

La miré con expectativa pero tranquila, no era de esas niñas que hacían "¡Uf!, no quiero esperar, dímelo ya". No, cuando era más chica sí, pero ya cumpliendo nueve sabía que la gente grande tenía sus momentos y les gustaba crear expectativa, algo que yo no soportaba. Pero había aprendido a entenderlos, porque no eran mis padres únicamente quienes creaban expectativas, la mayoría de la gente grande cuando te iban a decir algo lindo esperaban como si tuvieran que develar algún enorme secreto. Y aprendí a cerrar la boca y a esperar. Refunfuñando o haciendo ¡uf! iba a retrasar más la cosa.

Finalmente madre dijo:

-Tu regalo va a ser algo que aprobó el consejo espacial, al fin y al cabo en las colonias hay miles de personas: Podrás venir con nosotros a la colonia del Sexto planeta, el gigante gaseoso más grande de nuestro sistema.

 

Su luna era casi el doble de nuestra luna más grande. Obviamente el frío era algo que no podía soportar ningún humano, pero estaban las cúpulas, cúpulas resistentes a los más grandes meteoritos. Por eso digo que estuvieron dos siglos armando cúpulas en distintos satélites. La sorpresa fue más que agradable porque con los telescopios que teníamos podía ver perfectamente las ciudades debajo de las cúpulas de nuestros satélites. Pero ir a la luna de un gigante gaseoso era algo para mí maravilloso.

 

Me abracé con madre, padre sonreía y me acariciaba la cabeza:

-Estaremos bastante tiempo, diez días, más no porque tienes que seguir estudiando. Sí, en nuestra nave llevaremos un telescopio por si en la superficie del satélite quieres mirar al planeta gaseoso o a los otros satélites más pequeños. -Me frotaba las manos.

 

Pero tenía una especie de confrontación en mi mente: el anhelo y el miedo. Anhelo de conocer otras especies alienígenas. Y el miedo.., el miedo fue seguramente debido a los dibujantes de historietas. Excelentes dibujantes pésimos guionistas: todos los habitantes de otros mundos eran monstruos que devoraban gente. Pero mi mente pensante me decía: "Eso lo hacen para vender". Ese tipo de historietas no las termino de leer, van al tacho de residuos. Eso conscientemente, pero inconscientemente decía: "¿Y si son así?, ¿y si la mayoría son depredadores?, ¿y si directamente no nos entienden?, ¿y si nos consideran inferiores?, ¿y si nos esclavizan?". Pero lo guardaba para mí misma.

 

Alguna vez le comenté a papá, y me dijo:

-Sophia, no pienses eso, ¿te puedes imaginar a una raza de monstruos que sea tan inteligente como para armar una nave interestelar? Fíjate en esas historietas, Sophia, bichos con tentáculos, con seis ojos, ¿te los imaginas trabajando con ordenadores en una nave interestelar?

-No padre. -Y eso me tranquilizaba, pero siempre estaba esa eterna lucha entre el anhelo de mi parte consciente y el miedo de mi parte inconsciente.

 

Hasta que llegó mi cumple y fuimos al espaciopuerto de nuestra ciudad.

Padre era condecorado, había logrado encontrar nuevos materiales desconocidos en nuestro mundo en los satélites de los gigantes gaseosos. Ahora directamente lo habían ascendido tres veces de grado y mandaba gente. Pero era un astronauta condescendiente con sus, llamémosles, subordinados, era una persona muy querida. Madre igual.

Yo no era de ir a los espaciopuertos, la mayoría no me conocía.

Le preguntaban a padre:

-¿Esta es tu niña? ¡Qué bonita! -Era de cabello rubio color trigo y ojos celestes, delgada, de frente amplia, nariz fina, boca fina. Y tenía dos tipos de mirada: cuando estaba muy contenta mis ojos sonreían junto con mi boca, si se entiende la expresión, pero cuando estaba seria se notaba más en mis ojos que en todo mi rostro.

Un amigo le dijo a papá:

-Tu hija cuando se más grande, los pretendientes que tenga no la querrán ver enojada. -Padre se reía.

 

Finalmente subimos a la nave.

-¿Tú vas a conducir papá? -le pregunté.

-No, no, tenemos personal astronáutico que lo va a hacer, nos quedaremos en una sala.

 

La nave era bastante grande, bastante bastante grande. En vuestras medidas tendría cerca de trescientos metros por cuarenta metros de ancho, y si bien en los comienzos de la astronáutica iba acoplada a cohetes, con los adelantos la nave podía despegar perfectamente, tal como un avión de pasajeros, horizontalmente hasta ir ascendiendo.

El material de la nave era un material súperresistente para la fricción de la atmósfera y adentro obviamente se mantenía la temperatura, no había ningún riesgo de accidente. Y si en el espacio hubiera algún pequeño meteorito los sensores lo detectaban. Y aparte la nave tenía un blindaje tan resistente que ningún meteorito le hacía mella.

 

Y marchamos. Obviamente yo no me quedaba quieta en mi asiento, me iba al gran ventanal que tenía un cristal hecho con una material especial que podía resistir el mayor de los impactos, el mismo material que se usaba en las cúpulas que contenían adentro la atmósfera en las distintas lunas.

 

Cuando estábamos a mitad de viaje recibimos una señal.

-Señor, señor... -Mi padre Oneto se levantó.

-¿Qué sucede?

-Recibimos una señal, una señal roja, como si hubiese un riesgo de colisión.

-Mirad por los visores, ¡ya!

-No se ve nada, señor.

 

Y de repente tuvimos un enorme sacudón, y a pesar del blindaje una de las paredes de la nave tuvo una enorme fisura. No sabíamos contra qué habíamos chocado porque no se veía nada, pero el aire empezaba a escaparse y no teníamos tiempo de ponernos los trajes. El aire, la presión interna..., yo había estudiado, sabía que en menos de un minuto moriríamos.

 

Pero de repente hubo como una luz que nos envolvió y nos encontramos en una especie de cubierta, como si hubiéramos llegado a un espaciopuerto. Pero miré a un costado y había ventanas, se veían las estrellas. Miré a un costado, ¡ah!, estaban mis padres.

Y me abracé a ellos:

-¿Qué pasó?

 

Se acercaron dos señores amables, simpáticos, tenían a un costado de la oreja incrustado en el oído como una especie de audífono, y un micrófono pequeño puesto al lado de la boca:

-Os avisamos, pero vuestras naves son tan antiguas que no han visto a la distancia. Tratamos de esquivarlos pero no lo hicimos a tiempo -dijo el hombre-. Y como vimos que vuestro sistema de vida ya estaba fuera de servicio, lo único que pudimos hacer fue teletransportarlos a nuestro crucero.

Habló padre:

-Vosotros, obviamente no sois de Gea.

-No, estamos explorando otros sistemas estelares. Sabíamos que este sistema tenía vida, pero no sabíamos que ya hacían viajes interplanetarios. Tenemos orden de nuestra Federación de no darnos a conocer todavía a otros mundos.

Padre le preguntó:

-¿Nos teletransportaron?, no tenemos esa tecnología...

 

Madre dijo:

-¿Y qué va a pasar con nosotros?

-Por el momento nuestras órdenes son llevarlos con nosotros.

-¿Y mi tripulación? -preguntó padre.

-Está bien. Uno de mis subalternos les está explicando.

 

Me adelanté:

-Señor, obviamente usted es de otro mundo.

-Sí, niña. ¿Cómo te llamas?

-Sophía, pero puedes decirme Sophi. Veo que eres humano, ¿o es un camuflaje?

-No, no, somos humanos.

-Me quedo más tranquila. Obviamente viajan a una velocidad mucho mayor a la de la luz.

-Tenemos otro sistema..., pero tú eres una pequeña, no lo entenderías.

-Señor, he estudiado mucho.

-Has estudiado, pequeña, los adelantos de tu mundo. Mira. -Lo acompañé al señor. En el centro había un ordenador enorme con números, con cifras, números que yo no entendía, cifras que tampoco entendía, y se veían mapas estelares-. Permíteme tu mano. -Mis padres estaban al lado mío. El hombre me tomó de la muñeca-. Extiende tus dedos, vamos a tocar el ordenador.

-¿De qué material es?

-Espera, tócalo. -El hombre me llevó la mano, y con mi mano traspasé el ordenador.

-¡Ah!, esto es una proyección, es una proyección holográfica. ¿De dónde viene? -Miré hacia los costados.

-No, no es exactamente una proyección holográfica, niña, es un holoordenador.

-O sea, que es un holograma.

-Sí, niña. Pero no exactamente, porque si sólo fuera un holograma no lo podrías usar. Mira. -El hombre suavemente tocó el holoordenador en la parte del mapa estelar y el mapa estelar fue cambiando, podía agrandarlo o achicarlo-. ¿Ves aquel punto? -Lo acercó con sus manos y lo agrandó, y se vio un planeta rocoso que en la parte nocturna se veían ciudades iluminadas. Me quedé totalmente sorprendida.

-O sea, que es un ordenador holográfico interactivo. -El hombre me miró sorprendido.

-Sí, pequeña, así es, le llamamos por eso holoordenador. También tenemos holomóviles, tenemos otros aparatos que no entenderíais su funcionamiento.

Padre le dijo al señor:

-¿Cuál es su nombre?

-Capitán Delmesio.

-Capitán, yo estaría encantado de conocer vuestro mundo, vuestros adelantos. Pero nadie más que yo para conocer a mi mundo, ni estamos preparados para conocer otra civilización. Consúltelo por favor con sus superiores. De lo contrario iríamos con vosotros, lo cual no está mal, pero mi esposa tiene una hermana más pequeña. Yo no tengo otra familia, mi hija Sophia tiene amigas...

Yo hablé:

-No digas por mí, padre, yo sí quiero conocer el otro mundo, el de los señores. A propósito, ¿vivís en un sólo mundo?

-No -dijo el capitán-, tenemos cientos de mundos donde vivimos en paz y prosperidad. Pero no todos son humanos. -Ahí, mi mente, esa mente inconsciente con que tanto luchaba entró en pánico.

-¿A qué se refiere, hay monstruos?

-No, hay distintas especies no humanas pacíficas, amables, atentas, queribles, pero obviamente vosotros que nunca habéis tenido contacto con otros mundos, os parecerá extraño.

-¿Qué forma tienen, tentáculos, diez ojos?

-¡Je, je! No, pequeña, no, tienen manos como nosotros, los humanos. Tienen pies, dos ojos, oídos, nariz, boca pero son distintos, pero no te imagines nada raro. Es más, tenemos muchos niños humanos, como tú, que estudian juntos con los niños de esas otras razas y se llevan más que bien. -Me quedé más tranquila-. Les prepararemos algo de comer y voy a hablar con mis superiores -dijo el capitán-. ¿Cómo se llama vuestro mundo?

-Gea -dijo mi padre.

-Bueno, entonces sería el sistema Gea. Vemos que hay ocho mundos, cuatro rocosos y cuatro gaseosos. Bien. Por lo que veo el vuestro es el tercero.

-Así es.

-Bueno, lo llamaremos Gea III. Voy a consultar con mis superiores.

 

Mis padres estaban más expectantes que yo, mi único temor era saber cómo sería esa raza o esas razas no humanas. De pequeña tenía tantos sueños de que algún día me iba a encontrar con monstruos de otro mundo... Las veces que mamá me calmaba y me decía: "Sophia, no hay monstruos".

 

Y ya siendo más grande padre me convenció:

-No puede haber seres raros que puedan manipular ordenadores como los manipulamos nosotros los humanos.

Yo ya con ocho años le decía:

-¿Y por qué no? Entiendo que cada ordenador va a estar armado de acuerdo a cada raza. -Mi padre se encogía de hombros.

Me decía:

-No Sophia.

 

Y ahora estrené mis nueve años conociendo una raza de otro mundo, humana, pero en otro mundo donde había razas no humanas.

 

El capitán volvió, diciendo:

-Tengo buenas noticias, estáis preparados para conocer que existen otros mundos habitados.

Mi padre dijo:

-Lo sabíamos, no puede haber tal puñado de estrellas y que fuéramos los únicos en la galaxia.

 

Lo tomé de la mano al capitán.

-¿Nos podrías hacer un favor? -El hombre sonrió.

-Dime, pequeña.

-Llámame Sophi.

-Está bien, Sophi.

-¿Podría conocer tu mundo?

-Sí, pero primero volveréis en vuestra nave a Gea.

-¡Nuestra nave está destruida!, chocó con vosotros y... ¿Si nuestra nave está tan blindada cómo puede haberse destruido en una de las esquinas?

-Porque tenemos un blindaje energético que es mucho más potente que cualquier material de vuestro mundo. Pero la nave ya fue reparada. -Mi padre frunció el ceño.

-¿Cómo?

-Mientras estabais aquí fueron obreros con naves biplaza y la repararon.

-¿Pudieron soldar en el vacío espacial?

-No, no, usamos otro tipo de técnica, pero vuestra nave está impecable. Es más, le hicimos algunas mejoras. La idea es que volveréis a vuestro mundo, tú te comunicarás con tus jefes, comentarás lo que pasó. No nos alejaremos del sistema y si nos dan permiso para teletransportarnos a la superficie, nos teletransportaremos solamente con diez de mis colaboradores.

Mi padre preguntó:

-¿Llevaréis armas?

-No, no, para evitar malas interpretaciones.

 

Lo miré al señor y le digo:

-Capitán, ¿cómo habláis nuestro idioma?

-No lo hablamos. Fíjate en mi oído, tengo un auricular digital con un muy pequeño ordenador que puede decodificar tu idioma y lo codifica al nuestro. Nosotros a su vez hablamos en nuestro idioma, y con nuestro parlante, el pequeño parlante que tenemos al costado de la boca...

-¿Eso es un micrófono?

-Sí, Sophi, pero transmite en tu idioma.

Wow! -Lo miré al capitán y le dije-: Me va a tener que explicar cómo.

-Sophi, si te pones a estudiar ahora todo lo que tenemos, quizá cuando tengas dieciocho o veinte de tus años recién ahí comprenderás.

-¿Tanto hay que estudiar?

-Tanto o más. Los teletransportaremos a vuestra pequeña nave.

Mi padre dijo:

-¿Cuánto mide vuestro crucero?

-En medidas vuestras, tres kilómetros. -Luego nos teletransportaron y volvimos a Gea.

 

Los superiores de mi padre aceptaron reunirse con esta gente tan amable de ese otro mundo. Que no le pregunté a qué distancia estaba, pero seguramente a muchísimos años luz.

Obviamente, el capitán me había prometido conocer su mundo, y yo no me quedaría con las ganas. ¡Como que me llamo Sophía!

 


 

Sesión del 20/02/2024

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina G. (Crearel)

Por orden del primer ministro de Sargón su entrenamiento y su aprendizaje corrían a cargo del más emblemático capitán de la flota. Una vez presenció una discusión entre este y una capitana, que lo llenó de reproches al mal entender aquel entrenamiento. La entidad comenta que la capitana se marchó airada.

Sesión en MP3 (4.409 KB)

 

Entidad: Muchos me miraban, me decían: "¡Qué segura que se siente!". Otros pensaban: "No le dirige la palabra a nadie". Solamente yo sabía lo que había pasado, en realidad mi amigo Alexis.

 

Íbamos caminando cogidos de la mano y yo le decía:

-Cuánto tiempo que ha pasado, no tienes idea como te quiero. -Alexis me miró y me dijo:

-Yo también te quiero.

-¿Te acuerdas cómo empezó todo? -le pregunté.

Alexis me miró:

-Eras una niña irónica.

Le respondí:

-Claro, y tú eras tan grande... -¡Ja, ja, ja! Me encantaba ver reír al capitán Alexis-. No eras grande, eras un cadete.

 

Pero por alguna razón, quien en ese momento era el primer ministro Will dijo:

            -Te harás cargo de ella.

            Tú le respondiste:

            -Mi primer ministro, ¿y sus padres?

            -Sus padres van a trabajar en las oficinas centrales, están más que entusiasmados.

Y tú prácticamente te encargaste de mi preparación. Me enseñaste las costumbres de Sargón, me enseñaste todo lo que yo desconocía, los holoordenadores, los ultracomunicadores, las naves. Era para mí algo casi increíble de creer, pero mis sentidos no me engañaban, me sentía de alguna manera contenida por tu persona, y eso que eras, ¡je, je!, un joven. Pero mientras yo con los microordenadores, por la noche, iba aprendiendo el idioma y otros idiomas de otros sistemas estelares, tú ibas avanzado en tu carrera, me recuerdo perfectamente.

Alexis me miró y me dijo:

-Vaya, yo me jactaba de que tenía memoria, pero tú de pequeña no te perdías detalle en nada.

-Por supuesto que no. Y a medida que fui creciendo me enseñaste combate cuerpo a cuerpo. Recuerdo que nos juntamos los cuatro, con mis padres, ellos te invitaron cuando cumplí los quince. Y tú les dijiste a mis padres: "Eso hará que se anote". Recuerdo que mi madre con cara de dolor dijo:

            -¡Es muy pequeña!

            -No -respondiste tú-, no es pequeña, está en la edad justa.

A todo esto había desarrollado musculatura, agilidad. Me enseñaste a tener la mente vacía, carente de emociones en combate, me probaste una y mil veces y veía tu cara de orgullo cuando entré como cadete. Bueno, supongo que ahora tendré alguna teniente entrenadora.

-No, seguirás conmigo.

-Vaya, mira que eres acaparador. Recuerdo que subimos al doble simulador y me decías:

            -Sophía, ésta pantalla representa el espacio exterior, nos van a disparar con carga de protones. Una carga que nos toque y estamos muertos.

            -Bueno, es una simulación.

            -No, no lo tienes que tomar como simulación, tómalo como si fuera cierto, es la manera de aprender. -Obviamente me costó meses y meses el que ningún misil protónico nos diera en la simulación.

 

Recuerdo cuando a mis dieciocho años te nombraron capitán, me invitaste a la reunión y yo te pedí por favor perfil bajo. Te sentiste como incómodo, me dijiste:

            -Sophía, basta.

            -No, hay muchas cadetas y muchas tenientes que me miran de reojo, disimuladamente diciendo: "Esta joven tiene preferencias".

Por alguna razón el ministro Will le enternecí el alma y es como si yo fuera una nieta para él, por eso te encargó a ti que me asesores en todo y me entrenes, pero no quiero ante mis compañeras ni ante mis superiores sentirme la protegida del primer ministro, no quiero. Mis propios padres le pidieron por favor al primer ministro que no los trate con deferencia, en su trabajo son dos personas más. Por suerte han aprendido bien a trabajar con holoordenadores y se sienten cómodos.

Alexis me preguntó:

-¿Por qué no vives más con ellos?

-Cumplí dieciocho, soy independiente. Quienes me ordenan son mis superiores. En mi trabajo me considero muy buena, y no lo digo por creída. Incluso te pedí soltarte un poquito la mano y con otras capitanas hice misiones, las cuales se llevaron a cabo con éxito, dos capitanas me felicitaron. Ya era la nueva teniente, pero tenía mucho todavía por delante. Pero sé reconocer, te debo mucho, Alexis, me has enseñado muchísimo.

Sonrió y me dijo:

-¿Te has dado cuenta de que tú nunca sonríes? Por qué quieres parecer dura, ¿porque eres mujer y tienes miedo que te falten al respeto? -Fruncí el ceño, hice una sonrisa irónica.

-¿Lo dices de verdad? Tú eres una persona, Alexis, que vives sonriendo y nadie se atrevería a faltarte al respeto.

Me respondió:

-Quizá porque sea muy conocido por las misiones que he tenido.

 

Había aprendido mucho con Alexis, él era el mejor en lucha con bó, los palos cilíndricos de madera, me llevó años estar a su altura. Es más, me enojaba cuando él se medía: "¡No te midas!". Y no, no se medía. A veces había días que no podía caminar del dolor en las piernas de los golpes del bó. Pero no dejaba de hacer ejercicios, practicaba mucha natación en la pileta climatizada del espacio-puerto y luego otra vez misiones. Y luego conocer otras razas. Pero sí, siempre en Sargón.

 

Seguí perfeccionándome, seguí creciendo hasta cumplir veinte y dos años. En Sargón era una teniente absolutamente respetada, pero trataba de no salir a los planetas periféricos. Hasta que me tocó una misión donde tuve que ir a Ferro. También enviaron al capitán Morkan. Allí me encontré con el teniente Furt y su padre, el comandante Jon. Había una nave desconocida que estaba a las afueras del sistema de Ferro, una nave que no había pedido permiso para explorar los asteroides del límite del sistema, y la capturamos.

Cuando volví de la misión Alexis me preguntó:

-¿Qué tal te fue? -No le respondí, lo abracé.

-Te extrañé.

-¿Me extrañaste?, no ha pasado tanto. -Nos tomamos de la mano y fuimos al bar de la tropa.

-En lugar de tomarme de la mano, ¿por qué no me coges del hombro y yo te tomo de la cintura? -Alexis me miró e hizo una mueca.

-¿Por qué juegas?

-Porque me encanta, me encanta lucirme contigo.

-Eso es ego. -Me encogí de hombros.

-¡Qué me importa!

-Eres una niña. -Me toreaba para ver si yo me enojaba, yo me reía.

-Mira quién habla, vives riendo y haciendo chistes tontos.

-¡Ah! Bueno, habló la ilustre.

-¡Basta! -Me paré frente a él y lo tomé del cuello, le di un beso en la mejilla.

 

En ese momento vi que se acercaba una persona, me cuadré hice el saludo militar:

-Mi capitana...

-Descanse, teniente. -Lo miró a Alexis.

-Vaya, te has conseguido una novia joven. -Yo no dije ni una palabra.

Alexis respondió:

-¿Cómo estás, Kirana?

-Bien, pero no me has respondido.

-No es mi novia, es mi amiga, una amiga a la que quiero mucho, la teniente Sophía.

La capitana me miró, no sabía quién estaba más seria de las dos. Me dijo:

-He leído mucho de ti en tu foja de servicios, tienes tan sólo veinte y dos años y has hecho más misiones que algunas capitanas.

-Mi capitana, eso se lo debo al capitán Alexis que me ha entrenado mucho.

 

La capitana Kirana dejó de mirarme y dirigió su vista a Alexis:

-Así que son amigos. Bueno, deben ser los primero amigos que se abrazan. -Nunca me había acostumbrado a ver a Alexis comportarse como un crío.

Él le dijo:

-¿Tienes algo que decir? ¿Hay algo dentro tuyo que te moviliza a preguntarnos?, ¿es curiosidad?, ¿es algo más?

La capitana Kirana hizo una mueca.

-Nunca vas a crecer, por dentro eres un niño.

Alexis le respondió:

-En cambio tú tan madura, tan madura.

-Sabes que me enervas, cuando quieres ser insoportable lo eres.

-¿Insoportable, Kirana? Yo estoy de buen humor, me estoy riendo.

-Te estás burlando.

-¿Burlando? Eres tú la que nos ha, parado y nos has preguntado, y yo te respondí que no. Es muy chica para mí para ser mi novia.

Hablé yo.

-¿Ahora soy chica? ¿Te acuerdas de los momentos que estábamos a solas?

La capitana frunció el ceño y me miró:

-No tengo problema en escuchar...

-No, no, mi capitana, es algo de Alexis y yo.

-Así que sales con ella. -Sentí como que Kirana le reprochaba. Alexis sonreía como un crío.

-¿Te molesta?

-Para nada.

-¿Y entonces por qué estás exaltada?

-No estoy exaltada, me molesta tu sonrisa de burla. No sé lo que harán a solas, y no lo estoy inventando, lo dijo la teniente.

-Bueno, ella sabrá.

-¿Y tú no?

-¿Acaso estás celosa? -La capitana dio un paso, se puso a diez centímetros del rostro de Alexis.

-¿Celosa de quién, de un crío como tú? Yo puedo estar celosa de un hombre, no de un crío. Eres tan niño que calzas perfectamente para una teniente de veintidós años. -Alexis adelantó cinco centímetros y puso la cara casi pegada a la de Kirana.

-O sea, ¿que contigo no tengo posibilidades?

-¡Perdón! ¿Posibilidades de qué?

-Bueno, alguna vez me diste un beso.

-¡Perdón, tú me forzaste un beso a mí porque eres una persona absolutamente creída! Eres un niño eterno, creído. Jamás me fijaría en ti, jamás. Y ahora déjame pasar.

-Tienes todo el costado para pasar.

-No, córrete.

-No pienso moverme.

Kirana lo tomó del hombro y lo empujó y pasó. Se dio vuelta:

-No sé cómo te soportas a ti mismo. -Me miró a mí-: No tienes futuro con él, es un niño. Tú vas a seguir creciendo, él no.

-Mi capitana, yo lo quiero mucho, con sus defectos y virtudes. -No me respondió y se fue. Lo tomé de la cintura-: Vamos a tomar algo.

Alexis me dijo:

-¿Por qué le dijiste eso?

-A propósito.

-Pero ahora ella cree que pasó algo entre nosotros. Para mí eres como..., no sé, una hermana menor.

-Eres tan bueno en entrenamiento, eres tan bueno en las batallas y eres tan tonto con las mujeres.

-¿Por qué lo dices?

-Yo pienso que la capitana siente algo muy profundo por ti.

-¿Por mí? ¡Me desprecia!

-Es una manera de mostrarse, porque tú cuando estás con ella de verdad que te comportas como un niño, te burlas, la sacas de control, la puedes. Pero te aconsejo que no lo hagas más, te va a terminar odiando. ¿Qué? -Alexis me miraba asombrado.

-¿Cómo sabes tanto con veinte y dos años?

-Cuando era una cría, una niña y tú un adolescente, cuándo Will te puso a cargo de mi persona lo primero que me dijiste: "Tienes que ser una excelente observadora de la gente". Hoy no solamente soy la mejor observadora sino que tengo una elevadísima intuición. A ti también te gusta Kirana y sé por lo que has pasado, sé que te han traicionado y sé que tienes miedo al compromiso.

-No tengo miedo a nada, Sophía.

-No, por supuesto, te puedes enfrentar a un lacerta, a un fungo, pero es como que le escapas al compromiso. Y de verdad, yo miro, yo observo, hay infinidad de alféreces, tenientes y capitanas que darían cualquier cosa por salir contigo. A mí me odian cuando te tomo de la cintura o te llevo de la mano.

-¿Y no te importa Sophía?

-¿A mí? A mí me resbala la opinión de los demás.

-¿Y lo qué piensan?

-Lo que piensan no lo sé y en la cara no se atreven a decírmelo.

-Lo que pasa, Sophía, es que pones cara de pocos amigos.

-Lo sé, lo sé. Por ejemplo, en Ferro, el teniente Furt no se animaba a hablarme. Intuí que pensaba que yo era una creída porque ya se corrió el rumor de que después que la primer ministro Nubia reemplazó a Will, soy su preferida, y muchos no soportan eso, piensan que yo me aprovecho para sacar ventaja. Y lo primero que le dije a la primer ministro Nubia: "No quiero preferencias, si hay que hacer misiones peligrosas soy la primera en anotarme. Pase lo que pase no quiero que me cuiden, no quiero que me tengan entre algodones". Y desde que llegué a Sargón nunca me han tenido entre algodones. ¡Va!, quizá tú.

-No es así, te he tratado duramente en entrenamiento.

-Yo sí saldría contigo.

-Basta, Sophía, no bromees.

-¿Por qué no? Eres un capitán apuesto, musculoso, cualquier mujer sería feliz.

-Tienes mucho por hacer todavía. Además, mi afecto..., de verdad, es como si fueras familia. -Lo abracé y le di otro beso en la mejilla.

-Quédate tranquilo, eres como un tío.

-Para para para, ¿un tío? Te llevo seis años nada más.

-Siete.

-¿De qué hablas?

-¿Ves?, asomó tu ego, tu ego de viejo.

-¿Viejo? Viejos son los trapos, viejas son las naves que hay que refaccionar.

-Ahora te has puesto serio. Ahí vienen varias tenientes, tómame del hombro ¡ya!

-Eres una chiquilina.

-¡Tómame del hombro! -Y lo tomé de la cintura. Nos miraban disimuladamente, yo sonreía por dentro-. Se mueren de envidia.

-¿Lo dices por mí? -exclamó Alexis.

-No, por mí. Los tenientes te miran con odio a ti.

-Vaya, vaya que eres creída.

-Yo no soy creída, es quien soy, tengo personalidad.

Seguimos caminando y fuimos a tomar algo.

 

Alexis era todo para mí, pero algún día encontraría a mi verdadero amor. Nadie, nadie en mi vida, en mis cortos veinte y dos años, me había respetado tanto como el capitán Alexis, nadie.

 


 

Sesión del 16/05/2024

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina G. (Crearel)

Estaban a punto de entrar en guerra con el imperio Mordon, pero tuvieron tiempo, ella y la primer capitana, de clarear posiciones y sentimientos. Fue una conversación muy productiva.

Sesión en MP3 (3.149 KB)

 

Entidad: Aparentemente la situación era complicada. La capitana Kirana se había comunicado con el capitán Alexis y por fin lo que fuera una hipótesis del capitán se había comprobado los cientos de naves enemigas que habían pulverizado un mundo fungo eran los Mordon.

 

Lo primero que hice de pequeña, cuando llegué a Sargón, fue estudiar su historia. Muchos siglos antes de la victoria de Askardín sobre la rebelión de Airan había habido una tremenda guerra contra el imperio Mordon, un imperio reptiliano.

 

La capitana me dijo:

-Sophía, ahora que estamos a solas dejemos la formalidad. ¿Cómo te has adaptado ten rápido?

-¿Lo dices porque me uní a la flota y fui ascendiendo? Tiene que ver con tomarse las cosas en serio.

-Explícate, Sophía -me pidió Kirana-, porque todos nos tomamos las cosas en serio.

-Tal vez para mí tomarme las cosas en serio es poner la máxima voluntad, la máxima perseverancia en todo lo que hago. Tuve un maestro que me tendió la mano siendo yo pequeña y él adolescente, hablo del capitán Alexis. Él me entrenó como si fuera una hermana menor, me enseñó qué tratados buscar, qué cosas me podían ser más útiles, ejercitar la pronunciación de Sargón para no diferenciarme y lo he logrado. Incluso también he logrado la pronunciación de otros sistemas adheridos a Sargón central, como Ferro por ejemplo. Pero Kirana, soy una persona concentrada en todo lo que hago y muchos lo interpretan como que soy una persona creída. Y no, no lo soy. En reuniones suelo ser simpática, dada, no soy una persona que vive conversando pero puedo dialogar de cualquier tema. Recuerdo que Alexis me decía: "Tienes que aprender a luchar, a defenderte, pero también tienes que aprender a ser culta, cómo comportarte en cada región que vayas". Me enseñó a trabajar en mi propio ser templándome y me hizo una excelente luchadora no solamente con armas de rayos sino con los palos cilíndricos, los bó. -Kirana rió.

-Me acuerdo perfectamente cuando te conocí. Alexis tenía una misión y tú querías entrenar y justo yo estaba con mi clase con tenientes y alféreces y tú mirabas. Y te dije: "Adelante teniente". "Permiso mi capitana -me respondiste-, ¿puedo entrenar?". "Adelante". Y eras la mejor, venciste a todas mis tenientes. Y yo me preguntaba, ¿quién eres?

 Sonreí: -Tuve al mejor maestro.

Kirana siguió:

-Soy una persona que muchos pueden confundir curiosidad con ego. Recuerdo que terminó la clase y le dije a todo mi gente que vayan a asearse y cambiarse, y a ti te hice quedar.

-¡Ja, ja!, me recuerdo -exclamé.

Continuó Kirana, "Y combatimos. Y vi que tú te medías: "Suéltate". Me dijiste: "Mi capitana, ¿la puedo vencer?" Y Kirana me dijo en ese momento: "Veremos".

-¿Te recuerdas?

-Sí -me dijo Kirana. Y continuó ella el relato-: No me medí, quería ver qué tan buena era la teniente y me di cuenta que era mejor que yo, y por momentos me descontrolé y no solamente recibí golpes, medidos, por supuesto, sino también tres veces he caído al piso.

-¡Qué memoria que tienes! -le dije-. Te comenté en ese momento mi capitana: "Con todo respeto me pareció que se dejó llevar por la ira".

-Lo recuerdo, lo recuerdo, Sophía. Entonces no era curiosidad, era ego. Y después me causó cierta indignación.

La miré, intrigada, y le dije:

-¿Por qué, Kirana?

-Porque eras la mejor y no eras mi alumna, eras la alumna de Alexis.

-No, Kirana, Alexis era mi maestro pero yo no era su alumna.

-Ahora no te entiendo, explícate.

-Yo soy libre, obviamente en la flota obedezco órdenes de mis superiores, trato de igual a igual a mis iguales, y a mis subordinados, los alféreces, los trato con todo el respeto que se merecen, y si comente alguna infracción también les daré la sanción que se merecen. Pero soy justa y cuando digo que soy libre significa que no pertenezco a nadie. Por eso digo Alexis es mi maestro, yo puedo ser su alumna o no.

-Pero tenéis una confianza tremenda.

-Sí, por supuesto. Yo me sentía intrigada cuando llegué de pequeña, pero también hubo veces que me invadió el pánico y fue Alexis el que me dio seguridad: "Nunca te soltaré de la mano", y me tendió la mano y se la apreté como una persona que se sujeta de algo cuando está a punto de caer al abismo. A medida que fui creciendo, que me fui templando lo tomaba de la mano, pero no ya pare sentirme segura sino por el afecto que le tenía. Recuerdo que cuando conocí al primer ministro Will, "Ojalá tuviera una nieta como tú", me decía. Después asumió la primer ministro Nubia y "me adoptó" como si fuera una sobrina. Le pedí por favor que no lo divulgue porque hay muchas tenientes mal pensadas, "Tiene las mejores misiones porque es la favorita de la primer ministro". No, no. Nunca esquivé una misión, al contrario las pedía. He llegado a tener ocho misiones peligrosas siendo alférez, siendo teniente, algunas incluso con el capitán Alexis. Pienso que es la persona que más amo en Sargón, con todo respeto por ti Kirana.

-Qué sientes por él -me preguntó Kirana.

-Es como un..., no sé, hermano mayor.

-Muchos lo interpretan como que ustedes están saliendo -me dijo Kirana.

-¡Ja, ja! ¡Aaah!, porque bromeamos, bromeamos, ¡je, je! Recuerdo que antes de subir a este navío bromeamos en el espacio-puerto también. Él es de muy bromear.

-Claro. Pero decirse 'mi amor' y todo eso, creo que todos los integrantes de la flota piensan que son pareja. -La miré sonriendo.

-¿Y tú qué piensas, Kirana?

-Yo creo en lo que tú me dices.

-¿Y si fuéramos pareja?

-Bueno, me pondría contenta por tu felicidad. Y la de él.

-¿Segura?

-Perdón, ¿me estás interrogando?

-No, estamos hablando, Kirana, me has dicho que estando a solas no hay formalidad. A ver, se directa, ¿qué sientes por él?

-También siento afecto.

-Pues no lo parece, Kirana, él tiene una forma de ser cuando está contigo que se comporta como un chico y tú pierdes el control. ¿Por qué pierdes el control?

-Me saca de quicio.

-¿Por qué te saca de quicio?

-Por su manera de ser.

-¿Por qué a mí no me saca de quicio?

-Porque de ti no se burla.

-¿Y de ti sí, o dejas que se burle?, ¿por qué no le sigues el juego?

-Porque es un creído.

-No, no es creído, para nada, sólo lo hace contigo. Y te ha besado, y más de una vez.

-Vaya, estás atenta.

-Lo vio medio espacio-puerto y te seguí en la chanza.

-¡Es insoportable!

-No, no, no, el tema eres tú. Dime algo. -Kirana me miró.

-Lo que pasa que si le sigo el juego él va a seguir avanzando.

-¿Y?, ¿dónde estaría el problema?

-Alexis es un muchacho que si no le pones límites te avasalla.

-¿Por qué a mí no me avasalla?

-Porque..., porque tienen afectos, como si fuera de primos.

-¡Ah! ¿Entonces qué piensas, Kirana, qué afecto tiene contigo, le gustas? -Kirana se encogió de hombros.

-Sí. Obviamente. Obviamente.

-¿Y tú?

-¿Y yo qué?

-Kirana, conmigo no... ¿Y tú?

-Me gusta.

-¿Te gusta?, ¿Sólo te gusta?

-Sophía, ya está esta conversación, tenemos que ir al puente de mando.

-¿Lo quieres?, ¿lo quieres? -Kirana iba a abrir la puerta y de repente se dio vuelta.

-Y si es así, y si él siente algo por mí, ¿por qué no me lo dice en lugar de bromear?, o es cobarde.

-Kirana -le dije-, lo escuché decenas de veces con otros capitanes y tenientes orientándolos en distintos temas, enseñándoles cómo atreverse, cómo tener arrojo, cómo tenerse respeto a sí mismo. Él no tiene miedo a nada.

-¿Y entonces, Sophía, si siente algo por qué no me lo dice?, ¿tiene miedo al rechazo? -Me encogí de hombros-. No, no, no, dímelo. Una persona que arriesgó la vida cien veces en diversas misiones, en batalla, ¿y tiene miedo del rechazo a una mujer?

-¿Por qué no lo vemos al revés, Kirana?, ¿tú a qué le tienes miedo?

-Yo no le tengo miedo a nada.

-¿Entonces por qué pones una barrera?, ¿por qué en lugar de jugar con él pones una barrera?

-Ya lo hablamos, sino le pongo límites me avasalla.

-¿Está mal dejarse avasallar?

-Eres muy chica y hablas con doble sentido.

-Soy chica, pero conozco mucho a la gente y he tenido largas conversaciones con Alexis.

-Perdón, ¿sobre temas de amor también?

-Sí.

-¿Has tenido parejas?

-No, no, por ahora no, me interesa pulirme más con las misiones.

-Si salimos de esta.

-¿Tú?, ¿tú, Kirana, dudas? Estamos en el navío insignia y tenemos el mismo armamento que la nave número dos, la de Alexis. Además, lo que él está tramando es algo que nos puede dar la victoria. Es más; se comunicó con el imperio Fungo diciendo que la única manera que tienen de sobrevivir es que se unan a nosotros y al sistema Prima.

-Ven -me dijo Kirana, y me abrazó-, me siento contenta y orgullosa de que seas mi primer teniente. Es más; eres la mejor teniente de la flota, no veo el momento que te asciendan a capitana.

-¡Ah! Bueno, ahí perderás el puesto de primera capitana.

-¡Basta, te estás comportando como Alexis, ja, ja, ja!

 

Nos abrazamos, abrimos la puerta, fuimos a la sala de mando y el rostro de ambas había cambiado, ya no éramos las amigas, ahora éramos la capitana Kirana y la teniente Sophía.