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Psicoauditación - Walter

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 02/11/2021 Aldebarán IV, Gualterio (Rey Anán)

Sesión 10/12/2021 Aldebarán IV, Gualterio (Rey Anán)

Sesión 16/12/2021 Aldebarán IV, Gualterio (Rey Anán)

Sesión 09/03/2022 Aldebarán IV, Gualterio (Rey Anán)

Sesión 30/03/2022 Aldebarán IV, Gualterio (Rey Anán)

 


Sesión 02/11/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

La reina tuvo que soportar el interrogatorio de quienes desconfiaban de su palabra, de cómo sucedieron los hechos. Prácticamente deseaban escuchar otra cosa que la que decía.

 

Sesión en MP3 (2.523 KB)

 

Entidad: -Te veo contrariado. -Me di vuelta y lo miré a Fondalar.

-Mi amigo, mi amigo Aranet se puso en contra mía.

-No, Anán, no se puso en contra tuya.

-¡Je, je! Albano es leal a mí, Albano lo primero que me dijo es "Mi rey, en las alforjas se llevó toda su dote, tiene todo el dinero".

-Pero Anán, tú lo retaste.

-Me tenía que haber avisado a mí primero. Me tenía que haber avisado a mí, pero me dice "Mi rey, es el príncipe, yo no estoy enterado de lo que pasaba".

-¿Y entonces?

Le dije a Aranet:

-Se fue con Aksel, que ya estaba bien. Captúrenlo. Sáquenle las alforjas, que se muera de hambre, y que se vaya donde quiera.

-¿Y si se resiste?

-Me traicionó. Si se resiste ustedes están armados, ya saben qué hacer.

-¿Y qué me contestó Aranet?

-No vamos a hacer eso, simplemente lo queremos hacer entrar en razón. Y obviamente no le vamos a decir que vuelva porque tú lo has expulsado y le has quitado títulos de nobleza, todo. Pero sabemos que está muy impulsivo.

 

Fondalar me dijo:

-Pero fíjate que no fue con Aksel, fue con Edmundo.

-¡Ay, Fondalar! Me da la impresión como que estuvieras lento. No importa si fue con Edmundo, aunque fuera solo. Es Aranet, él lo puede poner en su lugar a mi exhijo. ¡Je!

Fondalar me dijo:

-Puede ser expríncipe, exnoble pero nunca va a ser exhijo.

-Claro, te pones en lugar de él.

-Anán, yo no me pongo en lugar de nadie. Aranet sabe lo que hace.

-Fondalar, dijo que él no le va a quitar la dote.

-Es la dote de él, y estaría siendo un ladrón.

-Lo que Aranet no entendió es que el ladrón fue mi hijo, porque la dote era para cuando yo no estuviera y él fuera rey. Si le quito los títulos de nobleza ya no es más príncipe, ¿por qué se va a llevar la dote? Él es el ladrón.

-Anán, Aranet tiene sus principios.

-Claro. ¿Émeris subió con Núria? Voy a subir.

-Déjalas, que deben estar hablando con la reina.

-¡Pobre mi amor!, ¡pobre mi amor! Menos mal que no la golpeó cuando ella lo rechazó, menos mal. La deben estar consolando.

-Déjalas, Anán, déjalas que hablen.

-Soy el rey, todo el palacio es mío.

-¿Quién te lo discute?

-Me estás dando órdenes, me dices "Déjalas". -Fondalar se encogió de hombros.

 

Subí a los aposentos. La puerta estaba entreabierta, me quedé afuera. Se escuchaban las voces de las mujeres:

(Núria) -Yo no vi que tú lo hayas empujado.

 (Marya) -Lo rechacé, me tomó de sorpresa. No es lo mismo estar al lado que estar lejos. No viste bien. -Me sentía confundido, Núria tenía buena vista, dice que mi amada no lo había rechazado.

-Vi que lo abrazaste -dijo Núria.

-Eso fue antes, eso fue para consolarlo porque él se quejaba del secuestro.

-Marya, yo vi que te besó y vi que tú le rozaste los hombros. Y luego con los brazos lo abrazaste.

-No, nunca pasó eso, me cogió de sorpresa.

 

Escuché la voz de Émeris:

-Querida Marya, yo soy amante de la verdad, sabes que en mi sangre llevo la parte menta que predominó sobre la parte norna, o sea, que casi tengo la misma capacidad mental de mi esposo pero tengo también la misma intuición. Mírame, Marya.

 

Yo me sentía intrigado pero no quería asomarme, ni siquiera respirar, principalmente por Émeris porque tenía un oído muy fino. Me sentía agitado pero trataba de no respirar fuerte.

Seguía hablando Émeris:

-Mírame a los ojos, pero mírame bien a los ojos: ¿El príncipe te forzó?

-Claro.

-No bajes la vista, quiero que me mires a los ojos. -Escuché la voz de Marya como con rencor.

-Yo soy la víctima y me da la impresión de le crees a Núria lo que ella supuestamente vio, Émeris.

-No, no es que yo crea una versión o crea otra versión, yo quiero la versión. Pero mírame a los ojos, mírame fijamente a los ojos: ¿Gualterio te forzó?

-Gualterio me vio sin ropa, que yo salía de agua, y esperó que yo me pusiera una túnica que como estaba mojada era trasparente. Y sin querer incentivé su líbido y entonces es como que me agarró, me cogió en sus brazos.

-Ajá, lo que me dices es cierto porque no has bajado la vista. ¿Tú cómo estabas? Estás bajando la vista. ¿Tú cómo estabas, no le correspondiste? -Me envaré porque sentí que Marya estaba sollozando, me quería asomar pero no, no podía asomarme, tenía que escuchar pegado a la pared al lado de la puerta entreabierta, fuera de la vista de las mujeres.

-¿Por qué sollozas? -La voz era de Émeris.

Marya le respondió:

-Estaba vulnerable. El rey es como que está con sus problemas despistado con mil cosas y se olvida de mí. -Sentí en ese momento como un dolor en la garganta, un dolor como de angustia, un dolor como de angustia... ¿Cómo me voy a olvidar de la persona que amo? En ese momento escucho a Émeris.

-Cuéntalo, te vas a sentir mejor.

-Sí, le correspondí, le correspondí. Le correspondí porque me sentía sola. Le correspondí porque me sentía desvalida. Le correspondí porque me sentía dejada de lado. -Ese llanto que sentí se me bajó al estómago, como que sentí unos retortijones, ira, furia.

 

Abrí la puerta con los ojos inyectados en rojo, llorando.

-No lo disculpo a mi hijo porque le traiciones tú, pero no fuiste víctima, fue una traición de a dos. Yo soy el rey y tomo las decisiones, no preciso pactar un divorcio. Cuando baje voy a escribir un decreto real y se lo voy a dar a conocer a todos. Quedas excluida de palacio, dejas de ser mi esposa, dejas de ser la reina y te expulso. Y no me importa lo que pase contigo.

 

Bajé. Bajé los escalones temblando. Fondalar estaba abajo, serio. Me miró el rostro, estaba con un rostro demasiado serio.

-¿Tú sabías lo qué pasó?

-No, no soy adivino, pero ato los cabos y veo cómo bajas. -Me aferré a Fondalar.

-Eres un Maestro, ¿cómo resuelvo esto?

-Ahora no puedes resolver nada, no estás bien.

-Claro que no estoy bien. Te anticipo que Marya se va de palacio sin título, sin nada.

 

Marya bajaba cargando la criatura. Quise ir para allá y me frenó Fondalar:

-No, ahora no, ahora no.

Émeris se acercó a mí:

-Anán, -Levanté la vista, todavía tenía lágrimas-, se va a quedar con Núria.

-¿Por qué?

-Se va a quedar con Núria. Tu poder llega hasta aquí. Núria decidió darle cobijo. Lo miré a Fondalar, la miré a Émeris:

-Vosotros sois dos de los mentos más poderosos, debo parecerles un tonto.

-No -dijo Émeris-, todos somos débiles en algún momento.

-No, no, no, Émeris, no, Fondalar, ¿os olvidáis que Marga me quiso matar? ¿Os olvidáis acaso cómo era Marya cuando la conocí? No era nadie, no era nada, yo la hice reina. Pero claro, tengo tareas, la paga de los soldados, el tributo de la feria feudal... ¿Ella qué hace? Nada. Y yo soy el que la descuido.

-Anán, la cosa no pasó a mayores.

-No, no, pero si Núria no lo hubiera visto, si tú, Émeris no hubieras presionado para que cuente, ¿cómo sabemos que la próxima vez no intimaban? Comentadme. -No me comentaron.

 

No podía tragar de la angustia, me sentía débil. Me fui al sillón del trono.

-Por favor, después voy a escribir un edicto, ahora quiero estar solo.

 

 


Sesión 10/12/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

 

Le llegó la noticia de que su hijo estaba preso en otro reino y lo habían mandado ejecutar. Aún no entendía cómo había podido ocurrir eso, no sabía qué hacer.

 

Sesión en MP3 (3.687 KB)

 

Entidad:

 

-¿Cómo estás? -Miré para la puerta y vi a Aranet prácticamente sin verlo.

-Estoy sumido en mis pensamientos.

-Baja a comer algo.

-Por un lado tengo ganas de bajar pero sé que ya están todos bien, incluso Aksel, Dexel, y cuentan historias, se ríen.

-¿Quieres que los mande con la tropa?

-No, no dije eso, está bien que estén en el salón principal, hoy hay muchos nobles reunidos.

Aranet me dijo:

-Nunca se acostumbran a nosotros, nos miran como si fuéramos salvajes.

-Tú eres noble -le dije.

-Sí, pero no voy a cambiar mis modos.

-Te he visto comer civilizadamente cortando con el cuchillo una porción de carne, te he visto secarte la boca con el mantel, te he visto comer el guisado con una cuchara de madera. Recuerdo que en otra época comías directamente con la mano del plato.

-Y lo sigo haciendo, no voy a cambiar mis costumbres. Pero no hablábamos de eso. Baja.

-Quizá me hagan mal las bromas.

-No, vamos a hablar de temas cotidianos.

 

Y bajé. Me miraban todos con cara seria.

-No me miréis así, estoy bien, no murió nadie. Albano...

-Majestad...

-Que vayan sirviendo primero las bebidas, no quiero risotadas pero tampoco caras de luto. Vamos.

 

-Majestad...

-¿No te han escuchado en la cocina?

-No, no es por eso. Vienen dos emisarios, portan una bandera.

Lo miré a Fondalar:

-¿Qué dices?

-Yo digo que hay que recibirlos. Pero aparte, no hace falta que te indique...

-No, quise decir qué piensas.

-Los mentos no tenemos el don de la adivinación.

-¿Qué supones?

-¿Y por qué mejor no recibirlos? A ver qué dicen.

 

Yo me entendía a mí mismo, a veces preguntaba como para molestar. Émeris me miraba pero con una mirada distinta, de simpatía, no de compasión, no, no; no hubiera soportado una mirada de compasión. Ervina en cambio bajaba la vista, no se atrevía a mirarme. La niña Ciruela comiendo una hogaza de pan despreocupada de todo.

La miré y sonreí.

-Mirad, mirad a Ciruela, tranquila, desentendiéndose. Así hay que estar, basta de problemas.

La niña me miró:

-Yo sé todo.

-¿Todo? ¿Qué sabes?

-Todo. No soy aún adulta pero no soy tonta. -No podía decirle nada porque fui yo el que la busqué. La hubiera dejado comerse la hogaza de pan tranquila.

 

-Y ahora, Albano, ¿qué?

-Están aquí.

-Que pasen, que pasen. Todavía estoy esperando las bebidas.

 

-Majestad...

-No, no, no, poneos de pie, poneos de pie, nada de arrodillaros. ¿De dónde sois?

-Del reino de Octavio.

-Vaya. Escuché hablar de vuestro rey, no sé si no quedó viudo un par de veces y mandó cortar la cabeza de sus esposas.

-No, no lo podemos corregir, majestad, pero creo que... creo que pasó una sola vez eso.

-Escuché de buena fuente que fue más veces, pero estamos en paz con vuestro reino. ¿Qué sucede?

-Ehhh...

-Hablad, hablad. -Los nobles estaban todos sentados-. Vamos.

-Un joven...

-¿Un joven? ¿Un joven, qué?

-...en nuestro reino dice ser hijo vuestro.

-¿Ah, sí? ¿Y cómo se llama?

-Gualterio.

-Describidlo.

-Cabello oscuro, alto, delgado.

-Tuve un hijo, un hijo que me traicionó. Y aquí está proscripto, ya no tiene títulos, no tiene nada, es un simple plebeyo. Así que si está en vuestro reino para sacar ventaja de algo, decidle a vuestro rey Octavio que es un traidor, ha tratado de abusar de la reina. Pero el viaje es largo. ¡Sírvanles! Quedaos.

-No, mi rey, debemos volver.

-Allá vosotros. Partid entonces y decid puntualmente esto a vuestro rey: "No hay príncipe, no por lo menos adulto. Esa persona que está allí es un plebeyo, no tiene ningún título. Y que el rey haga lo que quiera con él". -Se marcharon.

 

Albano ordenó que sirvieran la bebida y la comida. Aranet al lado mío y enfrente Fondalar, eran los únicos que me hablaban.

-Come.

-Ya voy a comer. No te voy a esperar, no voy a hacer el ceremonial.

-Nadie te dijo que lo hagas. ¿Tú me vas a esperar?

Fondalar me dijo:

-¡Je! Honestamente, no. Tengo apetito. Sé que el rey tiene que comer primero pero estamos en confianza.

 

Los miré a los nobles que estaba en las otras mesas diseminados:

-Comed. -Ninguno movió un dedo hasta que yo no me llevé una presa de ave, una enorme presa de ave a la boca. No quisieron comer, hasta tal punto me respetaban. Pero bueno, Émeris me esperó, le hice un gesto con la cabeza, me lo devolvió, como diciéndole gracias por esperarme. Fondalar y Aranet no me esperaron. Aksel, Dexel recién empezaron a comer. Ciruela ni hablar, ¡je!, fue la primera en comer-. Y tú, Ervina, come.

-Sí, majestad.

-Ezeven, ¿qué te pasa que estás tan serio?

-Estoy preocupado por Gualterio.

-Ajá. ¿Y tú, Edmundo?

-Supongo que uno se tiene que hacer cargo de sus decisiones.

-Bien, una salida elegante. Vuelvo a ti, Ezeven, ¿te preocupa un granuja?

-Me preocupa un amigo.

-¿No temes que yo me moleste si le llamas amigo a un traidor?

-No, no tengo por qué tener miedo.

-¿No temes que me moleste contigo? ¿No temes que le diga a la guardia que... que te lleve prisionero?

-Sé que podrías hacerlo, pero no estarías utilizando el sentido común.

-Seguramente no, ¿pero te resistirías?

-Sí.

-Bueno -Lo miré a Fondalar-, el joven es franco, por lo menos no es un hipócrita que trata de agradar a nadie. ¿Qué dices?

-Me encanta Ezeven, lo felicito.

-¡Je, je! ¡Ay, Fondalar, Fondalar! Supongamos que Ezeven se resiste y yo te pido a ti, Fondalar, que mentalmente tú lo sometas, que tienes más poder que él.

-Déjate de tonterías. No te haría caso, obviamente.

-Vaya. Aranet, ¿qué dices?, esto es una conspiración.

-Déjame comer y come. Déjalos tranquilos a todos.

-¡Aranet, me estás retando a mí, a tu rey!

-No eres mi rey, yo no vivo aquí. Yo estoy aquí ahora de paso. Eres mi amigo.

 

Pero no podía enojarme con ninguno de ellos porque en realidad yo los apreciaba a todos. Lo que pasa que era tan tonto que no sabía cómo sacar mi dolor, no sabía cómo, entonces buscaba discutir. Pero no es que se me acumulaba un dolor en el pecho ni nada, era la forma de tratarme de ellos, como... como si yo fuera un simple amigo de... de taberna.

 

Miraba más allá, a las otras mesas. Claro, el salón retumbaba y las voces se escuchaban hasta de la esquina más lejana. Los nobles horrorizados, todos mirando para su plato, ninguno levantaba la vista. Claro, porque generalmente cuando los nobles venían al salón del trono no venían estos amigos, muy rara vez se juntaban. Y verlos a los bárbaros... bueno. No Fondalar ni tampoco las mujeres, pero los demás viéndolos el modo, la forma de hablarme... Pero no había ningún temor de que me faltaran al respeto.

Con los demás no tenía esa tolerancia, pero para nada. El mismo Albano, que lo vi crecer, me tenía un tremendo respeto, y obviamente un afecto como si fuera su segundo padre, pero nunca se pasaba de la raya, nunca un pero. Y Ciruelita comiendo, agarrando fruta, manchándose la ropa. Ella estaba en otra cosa, qué le importaba todo, qué le importaba nada.

-¿No, Ciruelita?

-¿No, qué?

-No te importa nada.

-Sí que me importa. ¿Y si lo matan a Gualterio?, pareces un rey torpe.

 

Yo la busqué, yo, yo. Yo soy el que le agito el pañuelo para que el vacuno venga a envestirme. Y no puedo decir nada.

Intenté debatirle:

-¿A ti te parece que está mal lo que les dije a los mensajeros?, ¿mentí en algo?

-No.

-¿Fui necio?

-No pasa por ahí.

-Explícate, Ciruela, entonces.

-No hacía falta que digas que le has sacado títulos, honores.

-¿Por qué no?, si es la verdad.

-¿Para qué te piensas que el rey Octavio mandó a esta gente?

-Para averiguar. Y les di la respuesta.

-Está bien. ¿Y si lo matan?, porque te vas a enterar.

-Como dijo Edmundo, él tomó una decisión.

-La decisión no era que lo maten.

-Está todo encadenado. Pero eres muy chica para entender la serie de circunstancias que llevan a un fin.

-Esa serie de circunstancias se podía haber modificado.

-Así que, Ciruelita, tu idea era que yo mienta. Y no, no, no voy a mentir.

-¿Te han contado la segunda parte? ¿Te han contado de la reina? -Levanté la vista.

-Vosotros, que tienen miedo de mancharse los dedos, todos los nobles que estáis aquí, ¿habéis terminado de comer? -asintieron con la cabeza-. Marchaos, marchaos, pero a toda prisa. Albano, cierra la puerta.

 

-A ver, Ciruelita, ¿te han contado de Marya?

-Sí.

-Entonces hay dos traidores.

-Es un ser humano.

-Sí, por supuesto.

-Conozco seres humanos que se redimen. El guerrero que fingió el rapto de la princesa Samia hoy luchó hombro con hombro con nosotros en más de una batalla.

-Pero hay traiciones, eres tan pequeña que quizá no entiendas, hay traiciones que te dejan otro tipo de heridas, y eso todavía no eres adulta para entenderlo.

-¿Ah, no? ¿Sabes que en aquel puerto pensaban que podían abusarse de mí, literalmente, y dijeron que se ponían calientes de verme? ¿Sabes que yo les dije "Acércate más, yo te voy a dar más calor" y los quemé por dentro? Entonces, querido rey, no me hables de inmadurez porque sé perfectamente bien lo que es el sexo, no por experimentarlo pero sí por verlo. Y en este caso que estás planteando, mi querido rey, no hubo tal cosa.

 

Me tomé un trago de bebida y pensé: "Yo la busco, yo. Y no puedo decir nada, agito el pañuelo y me enviste". Terminamos, me fui a mis aposentos. Fue una cena rara.

 

Tiempo después vinieron dos mensajeros, estaba solamente acompañado de Aranet, de Fondalar y de Aksel.

Dijeron:

-Lamentamos darle la triste noticia de que el rey Octavio mandó a ejecutar a su hijo.

-Está bien, dile que me doy por enterado. Y que la paz sigue entre ambos reinos, ¿Algo más?

-No.

-Si queréis comer algo id al patio de armas.

-No, majestad, nos marchamos, como la vez pasada.

-Tenéis camino libre. Decidle eso: La paz sigue entre ambos reinos.

 

Pero cuando me quedé solo, cuando quedé solo no lo podía creer, no fue tanto, no fue tanto para que lo mataran. Pero claro, conociendo la fama de Octavio... El que le haya mentido que era príncipe todavía lo tomó como una ofensa. ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Qué voy a hacer?

 

 


Sesión 16/12/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

 

Seguía tocado, seguía pensando en lo que no debió suceder. La situación no la había causado él, él sólo había administrado su poder como rey, pero empezaba a entender que con su decisión sufrían todos, y él también. Decidió escribir sus pensamientos.

 

Sesión en MP3 (2.963 KB)

 

Entidad: Estuve toda la tarde reunido con Fondalar, comentábamos sobre la vida, sobre el amor, sobre las distintas circunstancias que nos acontecen a diario.

Y le preguntaba:

-¿Por qué pasan las cosas que pasan?

Me respondió:

-Si te refieres a la naturaleza, no podemos predecir cuando llueve, cuando nieva, cuando hace calor o si algún volcán entra en erupción. Si te refieres a los actos humanos, querido Anán, son más impredecibles todavía.

Lo importante es saber que no todos los actos impredecibles, son hechos para lastimar, si bien es cierto que muchas veces las personas piensan en sí mismas, en lo que les pasa, en lo que les duele, en lo que les molesta, en lo que les incomoda y no en lo que le duele a otra persona, en lo que le molesta a otra persona.

A veces piensas que conoces a la persona y conoces solamente su superficie, lo que muestra, no lo que es.

Y eso lleva tiempo. Y aún, querido Anán, aún llevando tiempo, siempre hay espinas dentro del ser que pinchan desde adentro, que producen heridas desde adentro, y en ese momento la persona está tan dolorida por esas espinas que no es capaz de dominar que no se da cuenta que con sus actos puede lastimar al otro. ¿Me entiendes?

-Sí -asentí-. Te entiendo, te entiendo perfectamente. ¿Esas espinas pueden ser impulsos?

-Así es, Anán. Se trata de deshacerlas.

-¿Y una vez que las deshaces, ya está?

-No, no. Es como que tu mente fuera un jardín donde crecen rosas, pero esa misma mente es la que también hace las espinas de esas rosas.

-¿Y por qué -pregunté-, si una vez que te sacas las espinas te queda el dolor?

-Eso pasa con las espinas físicas. No con las espinas mentales, porque depende de tu voluntad el que no vuelvan a crecer. Lo que sucede es que el ser humano es tan complicado que cuanto más dolor tiene más espinas crecen. Más dolor causan, más espinas vuelven a crecer.

Le pregunté:

-Pero no puede ser tan así, Fondalar.

-Y lo es.

-Pero entonces qué, ¿nos gusta sufrir?

-No, a nadie le gusta sufrir. Es una especie de sufrimiento reactivo que consciente o inconscientemente, y creo más en lo segundo, vuelven a surgir esas espinas que pinchan desde adentro, hieren desde adentro.

-Claro -le dije-. Pero por qué, ¿porque primero te hirieron de afuera?

-Sí. Pero no cometas el error también de pensar sólo en ti, las demás personas también tienen esas espinas.

-O sea, que tenemos que disculpar a todo el mundo porque si te causan un dolor es porque ellos tienen un dolor.

-No, no, se evalúa cada caso, Anán.

-Pensé que... pensé que conversando contigo iba a tener la solución.

-No, no, no, Anán, yo te puedo indicar el camino. Tu compasión va haciendo que esas espinas no crezcan más, pero no es sencillo tener compasión habiendo rencor.

-¿Son opuestos? -pregunté.

-No, no son opuestos, el opuesto a la compasión puede ser la indiferencia. El rencor es muy reactivo y hace que pienses sólo en ti, en tu dolor, y no te deja ver más allá.

-¡Uf! Vaya contigo, Fondalar, pensé que me iba a calmar, estoy más intranquilo.

-No, no, no, no. Te he dado un montón de claves, tienes un montón de puertas internas para abrir y sacar a relucir esa compasión.

-Hablando metafóricamente, Fondalar, ¿si con tus palabras me has dado un montón de llaves, cómo sé qué llave encaja en cada puerta?

-¡Ja, ja! Ese es tu trabajo, ahí yo no puedo interceder.

-Bórrame la memoria.

-No. Eso es lo fácil, y lo fácil no sirve. Tienes que trabajar con tu persona.

-No me parece justo. Dejo salir la compasión, perdono todo... ¿acaso Marya no es responsable de que yo haya enviado a mi hijo al exilio y acabaran con su vida?

-¿Lo dices en serio?

-Estoy hablando en serio.

-Obvio que no es responsable, obvio que tú tampoco eres responsable.

-¿Entonces quién es responsable, mi propio hijo?

-No. Fue por un camino, se encontró con determinada gente y pasó lo que tuvo que pasar.

-No me consuela.

-En este caso mis palabras no son un consuelo, simplemente digo que trabajes con tu persona. Haz una cosa, ¿te gusta escribir?

-Muy poco.

-Ese dolor que tienes, ¿por qué no lo vuelcas a la pluma? Coge una pluma, coge un papel. Di que no te molesten, hazlo esta misma noche, enciende un candelabro con tres velas y que no te molesten, y vuélcate al papel.

-Lo haré, lo haré.

 

Comí frugalmente y bebí un néctar, un néctar de una planta que me calmaba los nervios pero que no me adormecía. Quería escribir, me había entrado avidez de coger la pluma. El gnomo Olafo me había preparado una tinta especial y me obsequió un papel especial más grueso, más resistente. Le agradecí y empecé a escribir.

«No supe cual era mi origen y de alguna manera, por un hecho fortuito, me di cuenta que era hijo de reyes.

Conocí a una mujer de la que pensaba que estaba enamorado, porque si no puedes hacer comparaciones, ¿cómo sabes que lo que sientes es amor y no quizás un afecto, un cariño? Pero cuando te conocí a ti, cuando te conocí a ti es como que vi tu imagen y mi cuerpo se sacudió, mi mente fue como un torbellino. Y te veía tan sencilla, tan humilde, tan devota que me preguntaba "Marya, tú no puedes ser de verdad, eres una aparición". Y recuerdo el primer beso, y dije estoy soñando, esto no es cierto, esto no es verdad».

 

Me sorprendía a mí mismo de cómo escribía, de la soltura que tenía en mi mano usando la pluma, ¿quizá habría una influencia de Fondalar, que mentalmente me empujó y me clarificó mi mente para volcar ese sentimiento al papel?

«¡Ay, querida! Siempre busqué darte lo mejor pero antes que rey soy un ser humano, tengo mil cosas en la mente, mil cosas de que ocuparme. No te estoy reprochando nada, siempre me has apoyado. El temor que pasé cuando estabas a punto de perder el embarazo y también la vida. Ese pequeño hombre, ese pequeño gnomo, le debo tanto, le debo tanto…

¿Qué pasó por tu mente, qué pasó por tu ser? Te descuidé. Cuando te llegue esta carta serán las palabras de un rey muerto. No, no, no te sobresaltes, no me mataré ni haré que nadie me mate, estaré muerto en vida porque mi sentimiento va más allá de esa piel que besé, de esos ojos que se posaron los míos, de esos labios que eran como néctar, de ese cuerpo que recorrí. Pero no, va mucho más allá, sería muy simple amar solamente tu persona física. Hay algo que te mueve, algo que te impulsa a sonreír, algo que hace que tus ojos brillen, algo dentro tuyo. Eso es lo que amo.

Y quizá tú no has hecho que surjan espinas dentro mío, quizás es una espada lo que se clavó dentro de mi corazón. ¿Cómo seguir si estoy muerto en vida, cómo seguir? ¿Y si nos vemos, qué diremos? ¿Habrá reproches de mi parte, pedirás clemencia, dirás que me amas, dirás que estabas confundida? Yo, si bien Fondalar dice que uno no debe personificar, pero sí, yo noto como me siento yo, yo sé mis sentimientos, jamás mis sentimientos hubieran tenido duda, jamás me hubieran hecho posar mis ojos en alguien más.

Y cuando mi hijo mayor fue secuestrado es cierto que me encerré en mí mismo y tú estabas sola, lejos de mi atención, pero estamos hablando de un caso extremo. Y mírame ahora, honestamente no sé qué decir, ante ti me siento débil. Si te apareces ante mí soy capaz de abrazarte y llorar en tu hombro pidiéndote yo disculpas siendo yo el agraviado.

Dame luz, tú, aquel que está más allá de las estrellas, entra en mí, ilumíname. Fondalar que seguramente está más cerca de ti que yo dice que debo trabajar con mi ser y sacar a relucir mi compasión, pero están luchando en este momento dentro mío mis sentimientos y mi rencor y el dolor de mi pérdida, mi querido príncipe, circunstancias. Nadie puede trabajar solo.

Le diré a Fondalar que tengamos más conversaciones. Es cierto que, como dice Émeris, la esposa de Fondalar, nosotros somos barro y alfarero. Muchas veces se lo escuché decir a Émeris. ¿Pero cómo puedo ser alfarero de mi propio barro si dentro del barro hay rosales con espinas? ¡Ah! Me van a sangrar las manos tratando de hacer una forma con ese barro. ¿O la compasión también tiene espinas? No, no, imposible».

 

El hecho de haber escrito esto estoy en dudas de enviárselo pero necesito hacerlo. Mañana le daré órdenes a Albano. No, que la entregue él directamente. No importa si Núria la lee también, yo no voy a ocultar mis sentimientos. No los voy a ocultar, pero si en este momento estoy muerto en vida, ¿cómo sigo teniendo sentimientos?

Tú, Ser Superior, tú que estás más allá, explícamelo. Si estoy muerto no puedo sentir y sin embargo estoy sintiendo. Y mucho. Y mucho.

 

Se me cierran los ojos, voy a reposar. A reposar.

 

 


Sesión 09/03/2022
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

 

Seguía tocado, seguía pensando en lo que no debió suceder. La situación no la había causado él, él sólo había administrado su poder como rey, pero empezaba a entender que con su decisión sufrían todos, y él también. Decidió escribir sus pensamientos.

 

Sesión en MP3 (3.058 KB)

 

Entidad: Esto que voy a relatar me lo relataron a mí, en persona.

 

Cuando conocí a Bastián me pareció un joven con una tremenda, enorme empatía, y me contó en primera persona qué sucedió con él.

Me dijo que llevó muchos años errante por distintos poblados, por distintas aldeas porque tenía un don. En realidad, dos.

 

Recuerdo que le pregunté:

-¿Se desarrollaron en tu persona?, ¿eran innatos?

-No. Sucede que al nacer casi muero porque el parto fue muy traumático, estuve como casi un minuto sin llorar, o sea, sin respirar, hasta que me golpearon varias veces en la nalga y lloré, pero se notaba que no estaba bien.

La pareja de mi madre me llevó junto con mi madre, que tampoco estaba bien, en una carreta. Y ¡jé!, tomó por un camino desconocido hasta llegar a un valle perdido entre las montañas, había varias señoras mayores según contaba la pareja de mi madre. Y nos atendieron a los dos, a ella y a mí.

Mi madre estaba inconsciente, había perdido mucha sangre, y mi problema principal era mi cerebro. Entonces me prepararon una especie de biberón y me dieron a tomar una leche, una savia de plantas sanadoras que había en ese valle. Y me fui recuperando, me fui recuperando.

 

La pareja de mi madre me contó que la anciana le había comentado que era una savia especial la de esas plantas, que prácticamente sanaba todo mi cuerpo por dentro y hasta se mezclaba con mi sangre. Eso yo no lo entendía, porque una cosa es digerir un líquido, pero que vaya a tus venas no lo entendía. Pero ya de pequeño era un adelantado, en el sentido de cómo entendía.

 

Recuerdo que la pareja de mi madre se había torcido el tobillo, que apenas podía caminar. Le toqué el tobillo mandando amor y me dijo:

-¿Pero qué has hecho, Bastián?, se me fue el dolor. -Ahí fue cuando descubrimos que tenía el don de la sanación.

 

La pareja de mi madre les dijo a las ancianas:

-No tenemos cómo pagarle.

-Sí, olvidándose de este lugar, para que no lo saqueen. -Y cumplió su palabra.

 

Madre era una excelente persona pero no se terminó de recuperar. Las ancianas se dieron cuenta, se dieron cuenta, tenía como dentro suyo algo degenerativo que la iba comiendo por dentro.

-Bastián, Bastián, ponle la mano en el vientre, sánala, sánala. -Pero no pude, no pude. De más grande supe que tenía un enorme tumor y que fue un milagro de aquel que está más allá de las estrellas el que haya nacido.

 

Y nunca supe de mi padre, mi padre se había ido antes de que yo naciera. Y después de que murió mi madre por ese tumor, el que sería mi padrastro siempre bebía. Pero ahora bebía más de la cuenta y más de una vez le sané la parte del hígado, que le cogían enormes puntadas. Yo decía que era por la bebida, "No, no...", y bebía y bebía. Y tampoco lo pude salvar, se le hizo como piedra el hígado. Si bien yo tenía el don de la sanación, ¡je!, no pude, no pude.

 

Aprendí de pequeño muchos oficios. Aprendí a manejar el arado, aprendí herrería, me gustaba mucho la carpintería. Trabajé muchos años con un carpintero, me enseñó muy bien el oficio.

Y no tenía familia, entonces era como un hijo yo para él, porque como dije antes, no conocí a mi padre. Y muchas veces tenía problemas de pecho, le ponía la mano y lo sanaba. Pero hay algo contra lo que no puedo: contra la muerte, contra la vejez.

Sabía que se moría. Cogió un pergamino y escribió con una pluma que me dejaba la carpintería. Yo ya era más grande y la vendí. Me pude comprar buenas botas, buenas alforjas y en un haras me compré un excelente hoyuman. Y guardaba mis metales dorados y plateados. Y cobreados también, por qué no. Y me fui de ese poblado.

 

Hasta que encontré otro poblado. Había mucha gente molesta porque habían saqueado ese poblado hace tiempo atrás y la gente no es que estuviera temerosa, estaba con odio. Y yo era un forastero y me miraban mal. Hasta que yo les enviaba amor.

Y cuál sería mi sorpresa que ellos respondían de la misma manera, con afecto, con sonrisa:

-¿Cómo te llamas?

-Bastián, señor.

-Ven, te invitamos a comer y a tomar algo. -Y descubrí mi segundo don, tenía el don de la empatía.

 

 Un anciano que me veía permanentemente en esa aldea me dice:

-¿Pero tú no serás un mento?

 

Le conté lo que me contó mi padrastro, que me habían dado a beber algo. Y no dije dónde ni cuándo. Y que lo mío no era innato sino que fue producido por eso que bebí. Y luego estudié la raza de los mentos y no, nada que ver, mi don era el de la sanación y el de la empatía.

 

 Dos hermanos que se envidiaban entre ellos por el cariño de los padres, cuando eran tan cerrados por su ira que no se daban cuenta que sus padres sufrían al verlos pelear, los invité a tomar algo y los abracé con ambas manos a cada uno de su hombro, y me abrazaron a mí, y luego se abrazaron ellos:

-Hermano, ¿qué nos pasó?, te amo tanto como a mi vida, más que a mi vida, eres parte de mí y yo soy parte de ti. -Y me fui contento de ver como transmitía a los demás ese don de la empatía, gracias a esa savia que entró en mi sangre y en mi mente.

 

Trabajé con un señor que era sanador en un poblado. Había una joven que me miraba mal, que me decía que yo era un aprovechador porque me empleé como ayudante y la gente se multiplicó. Y claro, Bastián cogía los metales y al viejo no le dejaba nada, cuando era al revés, tenía un plato de barro y casi todo lo que yo cobraba se lo dejaba a él, y podía tener cien vidas de lo que yo le había hecho ganar. Yo me llevaba lo justo, solamente lo justo.

 

Y luego me marché de ese poblado dejando bienestar en todos los lugares que iba.

Y en camino había una señora que rengueaba con una jovencita que era la sobrina:

-¿Tienes para darnos algo?

-Sí... -Le di metales-. Pero -le digo-, no puedes caminar. -Les dejé mi hoyuman.

 

Y yo caminaba y caminaba y caminaba, hasta que un día llego a un enorme lugar amurallado, y los soldados en la puerta apostados mirando al extraño que se acercaba.  Y radié esa empatía, porque la empatía nace de uno, uno no tiene que esperar que nazca del otro, nace de uno.

-Bienvenido -me dijeron los soldados. Abrieron el portón y entré.

 

De todo: Feria, animales sueltos, cabras, porcinos... Chicos, infinidad de chicos. Hasta incluso una pequeña placeta con un pequeño lugar para títeres y marionetas para los niños. No solamente vendían comida, cereales, también vendían ropa usada.

Había soldados pero no se metían con los feriantes, los dejaban trabajar. Claro, y pasando ese lugar ya estaba otro patio donde los feriantes no entraban. Los feriantes por supuesto estaban bien porque tenían viviendas y todo.

 

Y un noble me preguntó:

-¿Quién eres?

-Señor, me llamo Bastián.

-¡Qué placer! ¿Quieres pasar?

-¡Cómo no!

 

Pero entiéndeme, yo no me aprovechaba de ese empatía para manipular, no me gusta la palabra manipular, yo contagiaba la empatía, no manipulaba a las personas. Al contagiar esa empatía el noble me dejó pasar, y yo que estaba en ropas que no eran de campesino pero tampoco eran de noble.

Y conocí muchísima gente.

 

Y encontré un personaje querido, un gnomo.

-¡Bastián, Bastián! -Me abracé-. Todo lo que yo tengo -me dijo el gnomo-, los frascos, los ungüentos, los preparados no son nada comparado con lo que tú tienes en tus manos, esa riqueza de sanar. Ven, ven, te voy a presentar al rey.

-No, no, está bien.

-No, no hay problema, le tengo confianza. He logrado cosas, me quieren aquí.

-Bueno. -Y lo seguí a Olafo, ¡je, je!

 

Y así fue cuando llegué al salón del trono y te conocí.

 

El joven dejó de relatar y yo lo miraba en el rostro, debe tener más de veinticinco años.

-Pero no sé a quién me recuerdas ¿Estás usando empatía conmigo?

-No, mi rey, para nada. No, no.

-Entonces por qué siento esa empatía. ¿De verdad?

-De verdad, majestad. No, no, no.

-Eres mayor que mi hijo.

-¿Tienes un hijo?

-Sí, pero lo... lo... lo mataron.

-No, mi rey, no llores. -Y me tocó, sentí como una luz.

 

En ese momento vino una gran amiga, Núria.

-Anán, vengo de parte de Marya, quiere hablar contigo. -El joven me tenía de la mano y...

-Que venga, que venga, quiero darle un abrazo. -Y Núria se marchó a buscar a Marya-. Dime que ahora has intercedido -le dije a Bastián.

-Sí, porque intuyo como que adentro tuyo hay como un malestar contra esa persona que nombró la señora, y entonces te envié calma de mi empatía, para que te pongas bien y que afloren tus verdaderos sentimientos. Intuyo que debe ser algo muy cercano a ti.

-Mi esposa, y la extraño horrores. ¿Cómo se llamaba tu madre?

-Mi madre era una persona que tenía un padre que era malvado y la vendía al mejor postor, y el que fue mi padre pagó por ella, pero no para tenerla como esclava sino porque la empezó a amar.

-¡Ajá! Sigue, sigue.

-Pero mi madre estaba como apabullada, es como que sentía ese amor como requerimiento, como que él la amaba tanto que no la dejaba respirar. Y entonces es como que ella se recluyó. Hicieron el amor, ella prácticamente lo hizo el amor con él, pero luego se encerró en sí misma porque no quería apabullarlo. Y él malentendió todo, se sintió no querido, no amado. Mi padrastro me contó que estaba destrozado porque sentía que él la amaba más que a su vida y ella no le correspondía. Y se marchó. Y nunca más se supo de él.

-¿Cómo se llamaba tu madre?, ¡por favor!

-Sheena. Y se sintió tan sola que con el tiempo empezó a salir con el amigo de mi padre, Demetrio.

-¿Te contó ese Demetrio de dónde venían?

-Sí, majestad, de Krakoa.

-¿Cómo se llamaba tu padre? No digas que era Gualterio.

-Sí, majestad.

 

No puedo seguir...

 

 


Sesión 30/03/2022
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

 

Había encontrado a su hijo perdido de pequeño. Ahora ambos eran mayores y no se habían tratado nunca, tenían que conocerse. Era su primer hijo, sería el heredero. Le presentó a su madre y a todos los del palacio.

 

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Entidad: -Todavía no puedo recuperarme, todavía me cuesta asumir, entender, interpretar, interpretar todo esto que después de tanto tiempo es como que... es como que ha vuelto el tiempo, el tiempo donde venía de Krakoa, donde no conocía nada.

 

Tu madre... Tu madre era una persona tan tan hermosa, y la querían vender como... como a un cabrío, y di lo único que podía dar. Y el hombre, esa persona tan despreciable, la dejó como si fuera una mercadería. Y como ella estuvo toda la vida de esa manera, toda su corta vida, me trataba como si yo fuese su amo, y día tras día, noche tras noche, amanecer tras amanecer le explicaba que no.

Y no te voy a mentir, no sólo tenía sentimientos sino también tenía deseos, y más de una vez se lo confesé. Y ella me respondía: "Lo que tú quieras".

Pero tú, Bastián, que ya eres grande, no digo que te pongas en mi lugar porque nadie se puede poner en lugar del otro, nadie, pero yo quería, yo anhelaba que ese anhelo de acercamiento, ese anhelo de pasión naciera de ella. Hasta que una noche, que seguramente fue la noche que te engendramos, ella, y discúlpame que lo diga de la manera más sutil posible, ella me poseyó a mí.

 

Luego tuvimos un percance con una persona provocadora y yo apenas sabía manejar la espada y apareció un tipo paladín de la justicia y es como que ella se encandiló. Sé que no era amor porque enamorarse es ir conociendo a alguien, lo otro es, el enamoramiento es una ilusión, cuidado. A veces el enamoramiento es más fuerte que el propio amor pero dura nada. Pero en ese momento es como que dejó de verme, de admirarme, y cuando este paladín que nos salvó de un provocador se alejó, ella quedó quizá con su mente en él y no me prestaba atención. Mi compañero Demetrio me decía: "Tu valor, tu importancia no es por vencer a un matón, es por lo que hiciste tiempo atrás, que la salvaste a Sheena de... de esa gente despreciable. Eso vale más". Y claro que lo entendí. Demetrio era una persona sencilla pero dio en el punto justo.

 

Y hoy pienso igual de lo que me decía Demetrio. Pienso que los valores de una persona no están en la habilidad con la espada. Hay personas que nacen con habilidades, hay personas que nacen con dones y quizá sean personas despreciables. Pero me sentí tan dejado de lado, tan excluido, tan solo... ¿Quién no se estuvo solo en compañía, quién no estuvo solo rodeado de personas, quién, quién? Y sin decir nada cargué mis alforjas a mi montura y me alejé.

 

-Tú eres un regalo de aquel que está más allá de las estrellas, y... y eres el príncipe heredero.

Bastián me abrazó, me dijo:

-No te voy a llamar mi rey, ¡je, je!, te voy a decir Anán. Puedo decirte padre. Me cuesta. Pero puedo también tocarte, acariciarte el hombro con afecto y aliviarte esas emociones que te perforan el cuerpo, y verás que te vas a sentir mejor.

-Sí, ya me siento mejor. Quisiera amarte con toda mi alma, en realidad es como que eres parte de mí, pero ¡je, je, je!, recién nos conocimos. Quisiera que conversemos, quisiera..., no sé qué te gusta comer, qué te gusta beber, qué costumbres tienes. Sé que eres un sanador... ¿Sabes que conozco un tipo de plantas que son sanadoras, y este... este gnomo que te conoce nos ha salvado más de una vez? Pero dice que tú no precisas esas hierbas, esas especies. Tú lo haces naturalmente porque es como que dentro de tu propia sangre al haberte alimentado con ese zumo o ese zumo lechoso de plantas es como que en tu torrente sanguíneo tuvieras el don de las plantas sanadoras. Te voy a... te voy a presentar a todos.

-¡Je, je, je!

-¿Te ríes?

-No lo conoces bien a Olafo.

-Sí, sí que lo conozco, Bastián.

-No, no lo conoces. Todo el palacio, todos están enterados.

-Pero lo que tú me has contado ahora, él no sabe que... Ven. Aranet, Fondalar, Émeris, Ervina, Albano, Núria... Marya, ven aquí, ven aquí mi amor, ven aquí. Hoy no sé qué me pasa, ven aquí. -Me abracé a Marya-. No quiero perderte, no quiero perderte. Hemos sido tontos los dos.

-No, mi amor, yo he sido la tonta, tenías infinidad de preocupaciones y yo pensé que me dejabas de lado.

-¿Cómo te voy a dejar de lado?

 

Mi hijo mayor, Bastián, se abrazó con Marya de una manera impersonal. Le tocó la frente y le dijo:

-Quítate toda culpa.

Marya respiró hondo y...:

-Gracias. -Cogió un pañuelo de seda y me secó las lágrimas.

-Quédate aquí, quédate aquí conmigo.

 

Los miré a todos: Es mi hijo mayor. ¿Te acuerdas, Aranet, había una señora que tú la socorriste y te abriste del camino y te fuiste por otro camino? Bueno, en ese otro camino me pasaron cosas. ¿Te cuento una cosa, Bastián? Ese famoso paladín, llamado Novo, que tu madre tanto se deslumbró, antes de ser Novo tenía tantos problemas de identidad, tanta baja estima... Lo conocí, estuvo aquí. Combatimos en distintas batallas y luego se marchó. Su nombre verdadero es Donk, es una historia que ya te contaré.

 

Bastián los miró a todos. No se abrazó con todos, estrechó la mano suavemente con las mujeres y más fuerte con los varones. Hasta que le tocó Fondalar.

Lo miró:

-¡Vaya! -dijo Bastián-, ¿tú sabes lo que tienes dentro de tu mente, de tu cuerpo? ¿Tú sabes que en muy pocas ocasiones aquel que está más allá de las estrellas brinda el don que te ha brindado a ti?

-Lo sé, Bastián -respondió Fondalar-, lo sé. Y trato de hacer el bien.

-Sí. Lo siento, lo siento, están todos bien menos tú. -Me miró a mí.

-¿Qué tengo?

-Recuéstate. -Me recosté.

-¿Qué tengo? -Me puso la mano en el pecho.

-Respira tranquilo, tranquilo.

-No quiero que me adormezcas.

-No voy a adormecerte, te estoy sanando, has tomado mucho frío.

-Sí, a veces por la noche no me ponía las botas. Y tengo aparte un abrigo de piel para pasear de noche por la habitación, tampoco me lo ponía, bajaba despacio por las escaleras al salón del trono descalzo.

-Has tomado frío y te ha afectado la parte de los pulmones.

-¿Qué tengo?

-Nada ahora, te he sanado.

-O sea, que no sólo te ha enviado aquel que está más allá de las estrellas para que nos encontremos sino que me has sanado.

-No era algo grave por ahora, pero con el tiempo podías empezar a escupir sangre. No va a pasar eso.

-Bueno, bueno. ¿Cómo Olafo no lo vio?

-Anán -dijo Bastián-, Olafo trata de sanar lo que está a la vista, incluso heridas o partos que vienen mal, envenenamientos, pero no puede saber lo que hay dentro de cada organismo.

-¿Y tú sí?, porque eso va más allá del don de sanar.

-Quizá dentro de ese don mis manos puedan percibir lo que está mal. Me ha pasado hace un tiempo que había un señor grande, había vivido su vida pero tenía hijos, nietos, gente que lo quería y vivía con un tremendo dolor de cabeza, a veces no podía ni dormir y le daban todo tipo de hierbas pero nada, hasta que le toqué la frente y sentí dentro como una masa oscura que le iba comiendo el cerebro.

-¿Le has curado esa masa oscura? Algo que llamamos cancro.

-No, no, era demasiado. No, no. Al poco tiempo falleció. Los familiares y los vecinos de la aldea sabían que mi fama de sanador me precedía y me ha pasado como en otras aldeas, como en otros poblados, me han despreciado o me han dicho que era falso, que era hipócrita, que me hacía la fama de sanador para ganar metales cuando nunca lo he hecho. El hombre murió porque eso que crecía en su cerebro era imposible de erradicarlo, no había manera, se había expandido. Quizá si nos hubiéramos conocido mil amaneceres después tampoco hubiera podido hacer nada por tus pulmones. No soy aquel que está más allá de las estrellas, soy un instrumento, como lo es este maestro Fondalar, no podemos hacer todo. Y eso es lo que mucha gente no entiende porque sanamos a uno y se desesperan haciendo fila y es injusto para mí porque voy viendo aquel no se salva, aquel otro tampoco, aquel directamente le quedan un par de días de vida. ¿Y cómo se lo digo, qué hago? No es grato. No es grato, para nada.

 

Interrumpió Aranet:

-Bastián...

-¡Vaya que eres grande, guerrero, je, je! ¿Qué?

-¿Qué te parece si bajamos a comer?

-Buena idea, tengo hambre. -Me miró, la miró a Marya-. Quiero que bajen cogidos de la mano, padre, si quieres que te diga padre. Esta joven te ama más que a ella misma.

-Es verdad, daría la vida por él.

Lo miré a Bastián y le dije:

-Yo daría la vida por ella.

-Bajen. Hablemos de mil cosas, no me cuentes nada de lo de Krakoa, yo no te contaré las peripecias que he pasado, quiero escucharlos a vosotros. Seguramente, tú, Aranet, tendrás historias. Y tú, ¿cómo te llamas?

-Edmundo.

-Tendrás historias...

-No tan buenas.

-Cuenta lo que desees y si no llámate a silencio.

Aranet dijo:

-Hay otros guerreros en el patio de armas.

-No depende de mí, lo que diga mi padre. Pero quiero escuchar historias, comer.

-Aranet dijo:

-¿Tomas bebida espumante?

Bastián dijo:

-No, sólo zumo de frutos.

-¿De verdad?

-¡Je, je! No, de verdad no, tomo bebida espumante. Sí que tomo, seguramente no como tú, pero sí que tomo.

 

Sonreí. Sonreí, estaba con mi nuevo hijo, o viejo hijo, y con mi amor. La miré a Núria y con los labios le dije:

-Gracias, gracias. -Núria me hizo un gesto de asentimiento.

 

Y fuimos a comer y a escuchar historias con Bastián, el príncipe heredero.