| Índice |
Psicoauditación - Walter |
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección |
|
Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
|
|
Sesión 12/08/2025 Gaela, Constantino Olazábal Sesión 15/10/2025 Gaela, Constantino Olazábal Sesión 22/12/2025 Gaela, Constantino Olazábal Sesión 23/12/2025 Gaela, Constantino Olazábal Sesión 24/12/2025 Gaela, Constantino Olazábal
Sesión 12/08/2025 Sorpresivamente fue visitado al despacho una joven con intención de plantearle unir estrategias para las líneas de especialidades que la empresa de cada uno fabricaba. En un momento dado se encontraron elaborando algo más específico.
Entidad: Como muchas otras veces Clayton me había dejado su despacho en el Náutico. Golpearon la puerta: -Adelante. -Entró un joven. -Mi nombre es Raimundo, Raimundo Peñaloza, me contacté con su hijo Andrés y me dijo que lo encontraría aquí. -Está bien -le dije-. En qué te puedo ayudar. -No es para mí, señor Olazábal, quería presentarle formalmente a la empresaria Karina Milano. -Se asomó la joven, bellísima, verdaderamente bellísima, ya la había visto con su familia. Me dirigí al joven: -Gracias, Raimundo. ¿Por ti puedo hacer algo? -No, no, solamente quería presentarle formalmente a la señorita Milano. El joven se retiró y Milano se acercó a mí: -¿Cómo está, Constantino? -Me sorprendió su confianza, su seguridad.
Sonreí: -Bien. ¿Cómo estás tú, Karina? -Perfectamente. -¿En qué te puedo ayudar? -En hacer negocios. -Tengo entendido que tu padre, que ya volvió con la delegación a Liziana, han hecho contactos con gerentes de mi empresa. -Sí, pero no es lo mismo. -Explícate, por favor -le pedí.
La joven, que me impactaba con sus ojos, su rostro, me dijo tuteándome: -¿Y sabes por qué? -No, dímelo tú. -Porque he montado una empresa aquí, en Plena, en Ciudad del Plata, no es independiente de la empresa familiar pero ésta la manejo yo. Y como tú, Constantino, tienes una gran empresa aquí podríamos de alguna manera ver cómo podemos complementarnos. -Explícate -le pedí. -Claro. Nuestras empresas se dedican a especialidades, por así llamarlo, pero en mi caso estoy trabajando en proyectos nuevos y sé que tú estás trabajando en proyectos nuevos distintos a los míos, ¿pero por qué no fortalecer los lazos de las empresas asociando ambos proyectos? -¿Y tú que ganas? -Lo mismo que vas a ganar tú, dinero. -Bien -le respondí-, tendríamos que hablar con nuestros técnicos, que se contacten entre ellos. De mi parte doy permiso a que mis técnicos develen lo que pueden develar. Y bueno, tú harías lo mismo, que den la información que puedan dar. Y si esos técnicos están de acuerdo, entonces mediante escribanos firmaríamos un contrato únicamente por estos nuevos proyectos. -No tengo problemas -me dijo la joven. -Bien. Pásame por favor todos tus datos yo te pasaré los míos. -Bien. Entiendo que tienes varios teléfonos en tu empresa y también tienes un teléfono personal, ¿podrías dármelo? -Sonreí. -¿Y el personal para qué, señorita Milano? -El personal para poder contactarme contigo, señor Olazábal.
Se acercó más a mí y me sorprendió enormemente, mi sillón por supuesto tenía ruedas, lo apartó un poco del escritorio y se sentó sobre mis rodillas, prácticamente se sentó sobre mis piernas. Acercó su rostro al mío y dijo: -Además, si vamos a ser socios en los nuevos proyectos, ¿por qué no podemos tener un mayor acercamiento?
En ese momento tenía unos deseos enormes de acariciarla, besarla, pero con toda mi fuerza de voluntad le dije: -Qué edad tienes, la edad de mi hijo mayor Andy. ¿Sabes qué edad tengo yo? Puedes tranquilamente ser mi hija. -O sea, no te gusto. -No te hagas la lista conmigo, me gustas muchísimo pero para ti soy una persona mayor, no me digas que yo te gusto más que cualquier chico del Náutico. -Son imberbes. Me gustan los hombres mayores que tienen más experiencia. -Me acarició el cabello, acercó su boca a mi oído y me dijo: -Y honestamente, lo que yo busco es experiencia en la parte laboral y también en la parte íntima.
Cogió con una mano mi rostro y me besó muy suavemente los labios, no apasionadamente, suavemente. Y me produjo, ¿cómo decirlo?, como que una electricidad recorriera mi cuerpo. Y obviamente, mi voluntad la deleteé y en ese momento le di un beso apasionado, muy apasionado.
Se separó de mí y se paró. Me sorprendí: -¿Te vas? -No. -Tomó el pestillo de la puerta y lo aseguró. -Aquí no va a entrar nadie. -Veo que el sillón tiene una palanca, ¿para qué? -Sabes para qué, tiene tres posiciones: sentado, reclinado y casi reclinado del todo. -Muy bien. -Ella misma tomó la palanca, con la otra mano presionó mi pecho y me hizo inclinar casi acostado y se puso encima mío-. ¿Entonces cómo seguimos? -¿Te das cuenta, Karina Milano, que esto es solamente un momento? -¿Por qué? -me preguntó ella. -Por la edad. -¿Qué es lo que te preocupa, que nos miren, que digan 'Mira este señor con la niña'?, no soy una niña. -Como dije antes, tienes la edad de mi hijo mayor. -¿Acaso él dirá algo? -Ellos se preocupan por mí en ese sentido, se preocupan sí, de que estén bien, pero no de lo que haga. El tema es... -¿Por qué no dejas de hablar? -Y dejé de hablar-. ¿Hay una luz más tenue? -Sí, aquella lámpara del costado. -Se iba a levantar-. No, no, la manejo del escritorio.
Presioné un botón, encendí la lámpara que apenas iluminaba el recinto y apagué la luz grande del techo, y en penumbras continuó la acción. En ese momento me vi completamente transportado y por momentos me paralicé. -¿Qué pasa, te sientes intimado o eres demasiado mayor para responderme? -¡Je, je! No, no es por eso, es porque no lo puedo creer, que estemos por hacer el amor. -Bueno, ¿qué pasa si dejas de pensar, Constantino, y te dedicas a la acción? Y fue lo que hice. Sesión 15/10/2025
Se encontraba bien con un amigo y se explayó con él conversando de temas muy particulares, muy personales, acerca del comportamiento que se puede tener con personas del sexo opuesto.
Entidad: Lo pasé a buscar a Rogelio Moreno a su casa, se sorprendió. Le digo: -Mira, tardarías desde aquí una hora y media por lo menos en bus, vamos en mi coche. -La verdad, Constantino, no te esperaba, me imaginaba que nos veríamos allí. -Quédate tranquilo, en el viaje conversaremos. -Tardó más o menos media hora en asearse y cambiarse. Y le dije-: ¿Te das cuenta? Ese traje te queda a medida. Te lo envié ayer. ¡Qué ojo que tengo! -Rogelio se reía. Me dice: -Por un lado me da pudor... Le digo: -Pudor es otra cosa. Aquí simplemente es un favor de amigo a amigo, aunque nos hayamos visto una sola vez aparte de hoy.
Y viajamos para el club Náutico en el norte. Me dijo Rogelio: -Había una tal Yáñez... -Sí, en realidad había dos. Una de ellas, como te había comentado, seguía no sé si queriendo o sometida, al exmarido. ¿Y para qué? Para que la siga sometiendo. Después me comentó que no se sentía segura conmigo, que había diferencia de clases. En fin, no... no congeniamos. -Y había otra señora. -Sí, más joven. Pero no quería. Eso me lo dijo a lo último, porque es como que dan vueltas y vueltas. -No entiendo, Constantino, vueltas y vueltas. -Claro, como que dicen una cosa, después te dicen otra y otra, hasta que al final dijo la verdad: "No estoy preparada para un compromiso serio". Y yo pienso que la espanté. -No entiendo. -Claro, Rogelio, soy uno de los tres empresarios más grandes de Plena y ella habrá pensado, "¿Por qué se va a fijar en mí?, a los pocos meses se cansará". -Entiendo -dijo Rogelio-, como si tuvieras a todas las mujeres a tu disposición. -Te lo había comentado, no... no soy una persona que... o sea, me gusta alguien y bueno trato de tener una relación seria. No, no soy como este Jean Lebreté que conoce a todas las mujeres. Bueno, a todas no, ¡je, je!, a casi todas las mujeres del Náutico. Lo que me pegó muy fuerte fue lo de Karina Milano. -¿Por lo que me has contado? -Por lo que te he contado de que me sorprendió que viniera al despacho que yo ocupaba cuando no estaba Clayton y prácticamente, si hubiera sido yo y ella hubiera sido la que estaba en el despacho, ¡je, je, je!, la sociedad lo hubiera tomado como acoso. En este caso obviamente la sociedad tiene otra manera de ver las cosas. De todas maneras me agradó "que me acosara", ¡je, je, je! Y bueno, llegamos a intimar y luego se fue. Y dijo: "Bueno, estamos en contacto, hasta podemos hacer negocios entre ambas empresas". Luís Alberto Démez y luego mi hijo Andrés me alertaron de que la habían visto con Lebreté y luego con otra persona fuera del Náutico. Y primero me resistía a creerlo, digo "No puede ser, no, no puede ser, no, no me imagino"-: Andy me dijo, mi hijo, ¿no?: "¿Por qué no le preguntas?". Me pasó algo muy raro... Rogelio me miró intrigado: -¿Raro, en qué sentido? -Puede ser una estupidez, pero es como que ella cometió, no digo adulterio, ¡je, je, je!, ni siquiera éramos pareja, tuvimos una relación ocasional, pero me dio como pudor preguntarle, como que yo hubiera sido pescado en evidencia y no ella, ¡je, je, je! Me dio como... como temor de escuchar su respuesta, me respondió de una manera muy calmada, como si estuviéramos hablando de comer afuera, de ver una película. -Exactamente qué te dijo. -Exactamente, Rogelio no me lo recuerdo, solo sé que dijo algo como que "¿Firmamos algún papel, nos prometimos amor eterno?". -¿Y qué le respondiste? -No, no le respondí, me la quedé mirando. "¡Ay, Constantino, Constantino!, con la edad que tienes y no has crecido". -¿Qué quiso decir? Lo miré a Rogelio, sin descuidar la vista de la calle: -Me quiso decir que reaccioné como un niño. -Bueno, pero si a mí me hubiera pasado lo mismo, Constantico, me hubiera molestado mucho. -No, no soy de molestarme, si supieras cuántos años aguanté con un matrimonio donde vivía torturado, donde la otra persona se hacía la víctima... Esto fue más que nada para mi ego. -¿Cómo? -Claro, imagínate, mi edad más cerca de los cincuenta que de los cuarenta y cinco y de repente una chica de poco más de veinte está contigo. Y bueno, tú te preguntas, "¿Pero vaya yo he logrado esto?". En realidad no he logrado nada, nada, es como que yo fui una persona más en su vida o a lo mejor quería probar, como dice ella, con un viejo. Rogelio me preguntó: -¿Acaso tú te consideras viejo? -Para nada, tengo un estado atlético envidiable, me siento bien. Pero la otra tarde en el club hablando es como que mi mente se descalibró, creo que eso se entiende. En un momento dado a Karina le dije Notari, que era la chiquitita esta de ojos verdes. -Pero eso le pasa a cualquiera -dijo Rogelio. -No, no, no le pasa a cualquiera, yo soy una persona muy cerebral. Pero evidentemente, no digo celos, porque celos se puede tener de una pareja de mucho tiempo, ¿pero de una relación ocasional? Pero sin embargo es como que pegó al hígado. -No entiendo. -Claro, como que me dio fuerte. -¿Pero acaso estabas enamorado? -No, nadie se enamora de un día para el otro, a la persona hay que conocerla. Sí, me había deslumbrado, tengamos en cuenta que es bellísima. Hay chicas lindas. Hay una chiquitita que es repeligrosa, que se llama Serena, es jovencita, bonitísima, jovencita como esta nueva Adriana Notari, la que tiene el hermano este que piensa que al Náutico va gente vulgar. -¿Por qué es peligrosa? -Porque Serena vendría a ser Jean Lebreté como mujer, y capaz que lo que voy a decir es una especie de machismo, pero no de Constantino Olazábal, de mi persona, de la sociedad, y la sociedad en general es machista, y honestamente uno se cría machista por la familia, por los amigos. -Explícate. -Te lo explico. Jean Lebreté muchos le envidian, es un ganador, es un winner a pesar de que muchas dicen: "Estuve con él y es un maestro en las relaciones, pero lo hace todo en forma automática". -¿Pero las deja conformes? -Sí, Rogelio, pero es como que estuviera actuando, no disfrutando, más de uno lo comentó. -¿Y él qué dice? -A él no le importa, a él no le importa. -Bueno, ¿pero por qué el caso de Serena es distinto? -Porque a ella no la aplauden como a Jean Lebreté, comentan por lo bajo otras chicas y varones también: "Mira, Serena se arrastra con uno, se arrastra con otro". -¿Qué es arrastrar?, ¿a qué le llamas arrastrar en el coloquial vuestro? -A que, no sé cómo explicarlo, a que se rebaja de categoría al estar con varios, como que dices, "Qué pena tan linda y va con uno y con otro". En cambio a Lebreté no le dicen: "¡Uy! Que apuesto, que pena que esté con una chica y después con otra". No, él es un ganador, en cambio a Serena la ven como algo que nadie se comprometería, algunos ni siquiera para una vez. Y eso es la sociedad machista en la que vivimos. Te voy a contar una confidencia; un amigo que hace mucho tiempo que no veía, más grande que yo, debe tener ahora como sesenta y cinco casi setenta años, ya tiene un varón y una mujer, dos hijos ya que le dieron nietos, pero cuando estos chicos eran chicos, llegaba el hijo a la casa: -¿Dónde estuviste? -Estuve con Isabelita, en el departamento de ella. -¿Y? -Bueno, tú sabes. -¡Ah, ese es mi hijo, un ganador! A la media hora llegaba la hermana, la hija de este señor: -¿Dónde estuviste? -En lo de Mecha, estudiando, mañana tenemos que rendir examen. -Seguro, ¿no? ¿Seguro que estuviste en lo de Mecha? ¿No habrás estado por ahí, no? Y él mismo me lo contaba. -¿Y qué le respondiste? -Nada, no, no, no le respondí nada, pero en el fondo pensé, ¿por qué esa diferencia?, el hijo estaba con una chica y "¡Oh! Te felicito". La hija, pobre, estaba estudiando con una amiga y el padre dudaba si era cierto: "No sea cosa que te vayas por ahí con alguien". Bueno, eso es machismo puro, eso es machismo puro. Hace rato que no lo trato a ese hombre. Además, no..., no comparto su manera de ser, no no comparto, yo me siento cómodo con gente que piensa como yo. Pero no me mal interpretes, no me mal interpretes, Rogelio, yo puedo compartir mil cosas con gente que piensa distinto, soy amplio de criterio pero cuando son tan exacerbados en el tema del machismo, aclaro, lo mismo pasa con las mujeres ultra feministas; una vez el bus venía lleno, yo tendría la edad del más chico de mis hijos y viajé en bus, y había un pobre hombre todo con la cara sucia, un mameluco, se ve que sería algún electricista, algún plomero y llevaba una bolsa muy pesada y se sentó y vino una señora de compras, de estas que tienen dinero y compran cualquier tontería, y sube al bus y lo mira al obrero y dice: "¡Ay!, que poco galantes que son los hombres que no dan lugar a una dama". Y en ese momento pensé, y disculpa mi lenguaje grosero, esta tipa viene de hacer compras porque en la casa está aburrida con los dos perritos tontos que tiene y el obrero viene de trabajar ocho o diez horas molido, extenuado, ¿y por qué le va a dar el asiento, porque es mujer? Bueno ese tipo de feminismo no lo soporto, como tampoco soporto que si yo le abro la puerta para que una dama pase, lo menos que espero es un gracias y no que te ignoren como si fuera una princesa y tú su edecán, los dos extremos no me gustan. Y en mi caso no me gustó mi persona, en cuanto me enteré lo que hizo esta Milano de salir con otras personas. Yo digo "me transformé yo también en alguien que no me gusta, en un machista". Y eso es lo que me molestó, no el que yo me haya enterado. Después se lo aclaré a mi hijo mayor, que es el que más me debatía. -¿Y qué te respondió? -¡Je, je! ¡Ay! Andrés me respondió que gracias a él yo entré en razón. ¡Je, je! -¿Y fue así? -No no no, yo mismo me di máquina. -¿Cómo te diste máquina? No entiendo. -Claro, en el coloquial significa: empecé a trabajar la cabeza, la cabeza, una vez y otra vez hasta que superé la cosa. Pero el día que nos conocimos, que Clayton hacía de camarero, ¡je, je, je!, es como que me volvió todo el recuerdo y ¡uf!, y mi mente quedó un torbellino al punto tal de confundirme los apellidos, que a la Milano le dije Notari. Y entonces me di cuenta, "¿pero será posible?, todavía no se me pasó". O no es machismo o es pudor de que en el club se enteren de que esta chica me usó. Y después el machismo me jugó a favor mío, lo que también está mal. -¿Por qué? -Porque pensé, ¿de qué puedo quejarme?, fui yo el que la usé. -¿Y eso está bien? -No, Rogelio, eso está mal porque ninguno tiene que usar al otro, ninguno tiene que usar al otro. Ya estamos llegando así que disfrutemos, hay chicas nuevas, está Gema Torrent... -Constantino -me dijo Rogelio-, creo que tiene veintitrés, o sea, no sea cosa de que te vuelvas a encandilar. Lo miré, hice una mueca que parecía una sonrisa. -Yo no voy a decir de esta agua no he de beber, veremos cómo se presentan las cosas. Y si no se presenta nada por lo menos escuchamos buena música, tomamos unos tragos, medidos por supuesto. Te juró que jamás, jamás tomé de más como para que me tuvieran que llevar en otro coche, nunca. Ahora, si yo a la noche tomo un par de bebidas blancas ya no manejaría, me pediría un coche y mi coche lo dejo en el estacionamiento. En este caso son muy prudente, muy prudente. Ni siquiera con una medida chica de whisky manejaría. Y eso se lo digo a todos mis conocidos. -Eso está bien -me dijo Rogelio. -Bueno, estamos llegando. Prepárate, igual primero vamos a tomar algo. Tranqui, al mediodía casi no almorcé. Rogelio me dijo: -Yo tampoco, estaba nervioso por lo de la noche. -Bueno, comamos unos sándwiches tostados y disfrutemos.Sesión 22/12/2025
Todo fue urdido por una competidora empresarial que deseaba ser la primera fortuna en Saeta, supo que fue ella quien preparó todo. Quedó arruinado, perdió su patrimonio empresarial. Ahora se encontró con ella, quería saber cómo se podía ser tan malvada.
Entidad: Busqué la dirección, causalmente era un edificio enorme casi tan grande como el mío y quedaba solamente a diez calles de mi empresa. Entré me hice anunciar en recepción. Les dije: -Soy Constantino Olazábal, tengo tratados de comercio con la señorita Milano. -Un segundo. -No habló adelante mío, fue a otro mostrador, cogió el teléfono, asintió. Y me dijo-: Lo espera en el piso treinta.
Mientras iba en el ascensor pensaba: "No pensé que tendría el coraje de recibirme". La puerta del despacho estaba abierta, no golpeé, directamente entré y la vi. -¿Cómo estás Constantino? -No le respondí. De verdad era hermosa, pero era más venenosa que una víbora. Me senté frente a ella en el escritorio. -¿No tienes miedo que coja tu cuello con mis manos y apriete? -No, no te creo capaz, además tengo un botón y tengo cuatros guardias de seguridad en el piso, que no podría ni siquiera con uno de ellos y te harían pedazos, y yo alegaría que fue defensa propia. Además, te busca la policía de Costa Norte y también la de capital. Además, se contactó conmigo una jueza, se contactó también con Clayton y se contactó también contigo. -Conmigo no se contactó nadie. -¡Ja ja ja! ¡Ay, Constantino!, ¿de verdad te piensas que cuando estuve contigo y tú debajo de mí teniendo intimidad lo hice porque me interesas? -Eso ya pasó. Lo que no entiendo es..., yo no estaba en el club Náutico, Clayton tampoco estaba en el club Náutico. -¡Ja ja ja! ¡Ay los varones, los varones! Piensan que son superiores a nosotras, todos piensan que la inteligencia es hacer fórmulas matemáticas. Hay otras maneras de ejercer la inteligencia. -Sí, con maldad, como la tuya. -El tema es así: tú eras un estorbo para mí. -¿Por qué? -De verdad que no tenía ningún problema en hacer tratados contigo, no. En este momento estoy en cuarto lugar, sé que no voy a llegar el primero, y sé que Lebreté tiene más dinero que tú. Y mi idea era pasarte y lo hice, hay unos terrenos en el Delta, pasando Costa Norte, que me interesan muchísimo, e indagando por aquí, indagando por allá supe que hablaste con varios dueños, porque tu idea era poner un centro gastronómico enorme, no para competir con el club Náutico para nada, pero también pondrías piletas, también pondrías un gim con los nuevos aparatos... ¿Y qué cosa?, yo también había ofrecido una cifra pero que era inferior a la tuya. Y me puse a pensar, ¿cómo lo saco de encima a este tipo? Le pregunté: -¿Intimando conmigo?, ¿haciendo que me enganchara contigo? -No no no no, no me interesa eso. Al día siguiente estaba saliendo con Lebreté, que si bien es un autómata haciendo el amor es diez veces mejor que tú, tal vez por eso tu mujer se quiso divorciar. -No me ofendes, yo sé quién soy. -Además, me di el gusto de estar contigo, ¡bah!, por el tiempo que has durado... -Insisto, no me ofendes. La policía me vino a buscar a la empresa, tengo orden de captura por una jueza, el propio Clayton declaró en contra mía. Yo sé que él no estaba, él estaba cruzando el río en nuestro país hermano, en la república del Monte, una república pequeña prácticamente a trescientos kilómetros de Ciudad del Plata.
-Sin embargo todos, hasta su actual novia, Casandra, asegura que estaba Clayton. -¿Cómo es eso?, no puede estar en dos lados. -Está bien, podría ser que no hubiera ido al país vecino. -Yo no puedo hablar por Jorge Clayton, pero sí puedo hablar por mí, yo no estuve. -¿Tienes algún testigo, querido Constantino? -No, yo vivo solo, mis hijos están en la empresa y Pocho anda en otra cosa. -Yo ya sé en qué anda Pocho. -¿Ahora tienes sarcasmo? A Pocho déjalo tranquilo. -Mi amorcito Constantino... -No me afecta tu ironía. -Tosió. -¡Epa! Te has atragantado, se ve que la edad ya te pesa. -¿Edad? Tengo cuarenta y seis y honestamente físicamente estoy mucho mejor que alguno de los chicos de veinte que van al Náutico. -Te engañas a ti mismo. Y te voy a contar lo que hice, hay una zona en la parte vieja del centro que hay varios teatros incluso en subsuelos, son actores que trabajan por monedas, ¡je!, que no los conoce ni la madre, visité cuatro teatros me quedé viendo las obras, que honestamente eran una basura, hasta que fui al quinto teatro y ahí había dos personas, una que tendría tu edad y otra que rondaría los veintiocho años más o menos, esperé que terminara la obra y a uno de los acomodadores le dije, haciéndome la sensual: -Mi nombre es Karina, puedo visitar a los actores que me han deslumbrado y como yo soy una chica de fortuna, puedo contratarlos. -El acomodador viendo que podía tener parte de la mordida, como dicen en lenguaje coloquial de Plena me llevó.
El hombre era de tu estatura, cabello obviamente más oscuro, menos barba, y el joven era bastante apuesto pero con un cabello demasiado abultado, mal peinado con raya al medio, parecía un idiota. Y les dije: -¿Quieren ganar plata? -Los dos me miraron, pero no intrigados por la plata sino porque se deslumbraron por mi físico y mi rostro, reconozco que soy bonita. -Deja de alabarte. Sigue contándome. -Bueno, bueno, tranquilo, tranquilo, no te preocupes ya voy a llegar al tema. -¿Tienes alguna obra para darnos? -No, no en teatro, pero hay una pequeña fiesta sorpresa en el club Náutico. -Vaya, ¿Tú eres socia del Náutico? -Soy empresaria, mi nombre es Karina Milano. -¿La Karina Milano? -Sí, esa, la que vino de Liziana, y que es una de las mayores fortunas de Plena. Mi padre vino, pero como mi padre tiene pocas luces volvió a Liziana. Yo le dije: "Si quieres ir, yo mi dinero lo voy a traer para Plena porque estoy olfateando que hay problemas con la Orden del Rombo, ya han intervenido en Mágar, parece que también en Saeta y no quiero que en Liziana pase lo mismo", y traje mi platita para aquí. Y mi platita son miles de millones. -¿Qué tendríamos que hacer? -dijo el mayor. -Actuar, pero se van a tener que caracterizar. Tú -le dije al más joven-, ese peinado te hace más bobo de lo que eres. -Frunció el ceño. -No tienes porque insultarme. Abrí la cartera y saqué un fajo de billetes. -Mira, ¿te has quedado sorprendido? Bien. A partir de ahora sólo vas a abrir la boca para decir 'Sí' o 'No'. -Sí, señorita. -Muy bien. -Y lo miré al mayor-. Y tú lo mismo, salvo que la platita no les interese. -No no no, señorita Milano, nos interesa y mucho. ¿Qué hay que hacer? -Es una fiesta, y no es que sea de disfraces, va mucha gente de sociedad, pero muchísima, ¿eh? -¿Y nos va a contactar con ellos? -Parece que no han entendido, solamente digan 'Si' o 'No'. Y no, no los voy a contactar con nadie, solamente van a estar en contacto conmigo. -¿Y qué tenemos que hacer? -Bueno, hay un señor... -Y le di tu nombre al más grande y le mostré una foto tuya-. ¿Puedes imitarlo? -Sí. -Bien, tienes que... Yo te voy a recomendar un buen peluquero que te tiña más canas. Tienes una semana. No te toques la barba, el mismo peluquero después te la va a recortar como la imagen de la foto. -Y miré al menor-: Y tú, bueno, en estoy días evita comer, solamente verduritas porque estás pasado de kilos. El otro a quien tienes que imitar se llama Jorge Clayton y debe estar en los setenta y ocho kilos, tú debes estar arriba de los ochenta y cinco y se te nota la pancita, así que, querido, sólo verduritas. Ahora, si en cuatro días veo que no has bajado un kilo se pudrió todo, no van a ver ni un centavo. -No no no, perdón por hablar, pero yo me voy a ocupar de mi compañero, comemos juntos, vivimos en un cuartito chiquito juntos. -Espero que no sean pareja, ¿no? -No, no no no, nos gustan las chicas, y si son como tú mejor. -Bueno, soñad, soñad, quizá tengo alguna mucama atractiva que pueda también ofrecerles, porque el dinero mueve al mundo. -Le mostré al menor la foto de Clayton-. ¿Puedes imitar a Clayton? -¿Clayton es el señor Clayton?, lo vi un par de veces. Pero no, tiene la cara más delgada y es más atlético y además tiene un poco de entradas en la frente y su peinado es más achatado. -Bueno, irás a una sauna todos los días, yo te lo pagaré, te haré bajar de peso sí o sí, y de verdad que comerás solamente verduras. Y nada de bebidas edulcorantes, agua, menos alcohol. No, sé que les gusta, no sé por qué la gente más humilde toma más alcohol. -Señorita, nos estás prejuzgando. -Solamente digan 'Si' o 'No'. ¿Irás a la Sauna? -Sí, señorita. -¿Beberás alcohol? -No, señorita. -¿Sólo agua, niño? -Sí, señorita. Lo miré al mayor: -¿Y tú? -Igual, señorita. -¿Igual? Habla, habla. -No no, que yo también me cuidaré, no beberé ni una gota de alcohol. ¿Hay algún libreto? -Sí, tengo un libreto. Además tengo un joven que es ayudante mío que es vocalista, les va a enseñar a hablar mejor y a cada uno de ambos que pronuncien correctamente, y tú -al más joven-, hablarás como Clayton. De todas maneras hablarás lo justo. Y tú hablarás como Constantino, que como tiene pocas luces no te va a dar trabajo.
Constantino. La miré y le dije: -Entonces no me buscan a mí, los buscan a estos dos actores. -¿Qué actores? No hay ningún actor. -Me has dicho que has contratado. -Yo no dije nada. -Pero me enteré de que han atacado a Luís Alberto Démez. -Bueno, siempre hay alguna víctima en una telenovela. -¿Y Pocho cómo se prestó a eso? -¡Ah, ja ja ja! ¡Aaah, ja ja ja! Yo tengo mucha gente que investiga a mis conocidos, Pocho se hizo amigo de un joven que vino del país detrás de la cordillera, de Arrebedo, se llama Diego Ventura, y aparentemente es un joven que le gustan los jóvenes. Y tu hijo, Paulinito, que se hace llamar Pocho, siempre estuvo metido con Cuca o bajo las polleras de tu exesposa, y lo criaron débil, flojo, con baja estima y con ese carácter. Como vio que no tenía suerte con las chicas empezó a ver de otra manera a Diego Ventura, hasta que un detective amigo mío le sacó como quince o veinte fotos yendo al departamento de Pocho tomados de la mano y besándose en la calle. Obviamente lo amenacé a Pocho, le dije, "Si no haces lo que te digo no solamente se va a enterar de tu condición el Náutico sino también el Hípico, toda Costa Norte, y voy a mandar gente que en la empresa de tu padre sepan que tienes novio. -Eso es una crueldad extrema... Además, Pocho no tiene una inclinación homosexual. -Yo no digo de que la tenga, entiendo que él es una persona activa, pero hay un refrán que dice: "A falta de pan buena está la torta frita, que es más dura pero se puede comer igual". -¿Y eras capaz de hacer eso? -Por supuesto, por supuesto. Y le prometí a Pocho que una vez que cumpla su papel no sólo rompía las fotos sino que le daba la cámara del detective para que él mismo rompa el rollo o lo queme, y no habría habido más pruebas. Tu otro hijo Andrés no sabía nada. -¿Pero Andy cómo puede confundirme con un actor de segunda? -¡Ay, ay, Constantino! Estaba todo iluminado, era de noche. ¿Pero qué luces tenían las lámparas? Luces azules, luces rojas. ¿Qué iluminan si los rostros están casi en penumbra? Incluso como hacía calor todos en el jardín tranquilos cerca del embarcadero, es fácil confundirse. Y estos actores, no de segundas, de cuarta, hicieron su papel y les pagué, y les di bastante dinero. Y les dije: "Me firman antes de darles la plata, porque una vez tienen la plata se van". Me hicieron una declaración jurada con un escribano amigo mío. Obviamente la interrumpí: -También corrupta y también corrupto el escribano. -Sí, todo sea por ganar. En esa declaración jurada reconocían haber hecho ambos roles, el tuyo y el de Clayton, y ese papel no lo tengo aquí porque lo primero que van a buscar en el caso de que tú quieras denunciarme es una caja fuerte. Y no, el papel lo tiene el escribano, a quien le pago muy bien. Y a propósito, Constantino querido, no es de mi empresa porque es el primer lugar donde irían a buscarlo, no lo tengo ni siquiera en mis contactos, pueden ver mi agenda, los únicos dos escribanos que figuran son los que están en mi empresa. El otro, chi lo sa. Entonces, los tontos firmaron, se llevaron, como se dice en Saeta, su buena pasta y les dije que desaparezcan, que se vayan a algún lugar remoto de la provincia o que se vayan a Arrebedo o algún país del centro del continente. -Sí... ¿Y los pasaportes? -¿Cómo puedes tener cuarenta y seis años y ser tan tonto? Tengo contactos de todo tipo, gente que falsifica documentos de identidad y pasaportes con nuevos nombres y fotos actuales; pueden viajar donde sea que no los va a encontrar nadie. -¿Pero tú sí sabes cómo se llaman? -Sí, por supuesto. -Y me dio los nombres-. Pero esto lo sabes tú. -¿Pero el verdadero Clayton está enterado de todo esto? -Ahora sí. -¿Y no te vino a ver? -¿Y a mí por qué? -¿Y cómo no me llamó a mí? -¡Ah!, eso no lo sé. -No me dejes con la intriga. -Mira, tesoro, tengo mucho trabajo. -Se levantó, estaba con una minifalda. La miré-. No, Constantino, no pienses cosas raras, además en este momento me odias, no puedes desearme porque me odias. Además, si yo cediera a alguna tentación podrías ahorcarme y no tendría tiempo de apretar el botón de seguridad. -Pero la cosa siguió, cuéntame. -No, hoy no, hoy de verdad que tengo mucho que hacer y no aquí, en otro lado el cual no tengo por qué decirte. Pruebas no hay ninguna. Así que, queridito, ve a esconderte en algún hotel barato hasta que te encuentre la policía y te lleven al juzgado, seguramente la jueza ya habrá hablado con Clayton. -Pero además comentan que yo le debo mucho dinero a Clayton, lo cual no es cierto. -Bueno, eso es lo que dijo Clayton. -¿Qué Clayton?, el actor de cuarta. -No sé de qué estás hablando. Lo que yo sé es que tú querías matar gente. Además de que eres un fraude, además de que tu empresa van a entrar en quiebra. ¿Y quién va a salir ganando?, yo, la señorita Milano. Y ahora, por favor... -Apretó el botón, vinieron dos señores morenos de casi dos metros de estatura y ciento treinta kilos de peso cruzados de brazos-. Nos estamos viendo mañana, si te parece, o pasado. Tienes el teléfono de aquí, puedes llamarme de un teléfono público; porque evidentemente a tu empresa no puedes entrar, al Náutico menos y Andrés seguramente no querrá ni verte. Y Pocho avergonzado lamentablemente queda como cómplice tuyo. -Eso no es justo; ¿estás diciendo que Pocho también puede ir preso? -Pero mi amorcito, él fue tú cómplice. -Cerré los puños, vi los dos gigantes que estaban detrás mío, me levanté del sillón y me marché-. Espera -Me di vuelta-, ¿tienes mi número o quieres una tarjeta? -Tengo tu número.
Y me fui frustradísimo, era una diablesa. Y me ponía a pensar, ¿cómo puede ser que alguna vez tuve la idea de que podía llegar a algo con ella?, fría como un témpano, no sé si corre sangre por sus venas. Bajé, llegué a la calle y me mezclé entre la gente. Sesión 23/12/2025
Consiguió saber cómo había sido preparado y ejecutado el plan de quedarse con su patrimonio empresarial gracias a que también él había tomado precauciones temiendo que algo pasaría. El caso pasó a tribunales y la competidora detenida. Tanto él como Clayton como otros necesariamente usados por aquella persona en aquel caso quedaron exonerados.
Entidad: Pasaron tres días, Karina Milano se pensaba que era muy lista pero a veces, en estas tramas oscuras, siniestras hay detalles que se escapan y que son tan fáciles de descubrir que la propia persona que trama tantas cosas negativas está tan envuelta en su ego que los pequeños detalles pasan inadvertidos en su mente que no le permite ver más allá de ella misma.
Tres días pasaron hasta que fui a verla a Karina Milano por segunda vez. La puerta de su despacho estaba entre abierta, ni siquiera golpeé, entré. -Constantino, te esperaba. ¿Cómo sabes que esto no es una trampa y que te está esperando la policía? A propósito, tengo una duda, ¿cómo has logrado fugarte? -Sonreí. -¿Cómo sabes que soy culpable si tú misma has dicho que has contractado actores que se hagan pasar por mí y por Clayton? -¿Cómo sabes, querido Constantino -me dijo ella-, que no gozo con tu caída? Ya te he dicho que esos actores cambiaron su nombre, tienen pasaportes falsificados que no se les nota una mácula de error. No tienes cómo defenderte, para nada, y además me acuerdo perfectamente la cena cargada de tantas indirectas sobre las deudas que tienes con Jorge Clayton. Recuerdo que luego fuimos al extremo del muelle, lejos de las luces, habían pasado las veintitrés horas cuando hubo una especie de niebla y yo actuando, haciéndome la sorprendida pregunté: "Luís Alberto, ¿dónde está Luís Alberto?". -Todo eso lo sé, todo eso lo sé. Hipotéticamente Luís Alberto había ido a buscar una chaqueta al auto de Jorge diez minutos antes. -Él, supuestamente, me había entregado la llave frente a todos, te conté ya, ¿no?, de que cuando Jorge y Andy fueron a buscarte encontraron el auto abierto, las llaves estaban puestas pero no había rastro de Luís Alberto. Sí, un pequeño franco de sedante veterinario y al lado una mancha de sangre. -Lo tengo perfectamente claro, no hace falta que me cuentes. -Jorge automáticamente cerró todas las salidas hasta aclarar la supuesta desaparición del veterinario, ¡ja, ja, ja!, pero yo soy una gran actriz, yo fui la que engendré el misterio, Luís no se fue por su cuenta, le inyectaron un sedante, están las pruebas. -Lo tengo en claro también. -¿Por qué no pones cara de preocupado? -Porque quizá, querida Karina -le respondí-, el que está disfrutando de esta conversación soy yo. -Por un momento los ojos destilaron incertidumbre, pero al rato volvió a sonreír. -No no, conmigo no, mi plan es perfecto, estaba todo preparado. -¿Jean Lebreté también? -No no, él no. Él escuchó un golpe que venía del hangar número cuatro donde Clayton guardaba las motos de agua. Él no..., no tuve que hacer nada, fue un mero espectador de las circunstancias. Casi todos corrimos al hangar, al abrir la pesada puerta la linterna de tu hijo Andy iluminó el suelo, eras tú, estabas desmayado y atado con cabos náuticos, aparentemente tenías un golpe en la nuca. Tu hijo Pocho gritó, Jean Lebreté miró tu mano, tenías un trozo de tela de mi vestido. Obvio que todos me miraron. -¿Y qué has hecho? -¡Je, je, je! Me reí, los traté de tontos, les dije que tú habías intentado matarme porque descubrí que estabas vaciando una cuenta en común que tenías con Clayton, y como Luís Alberto Démez te vio trató de intervenir; obviamente lo golpeaste, lo subiste a un bote, pero no contabas con que yo sabía defenderme. -Sabes perfectamente que yo no estaba ahí. -Yo no sé nada. -Me contaste de los actores. -¿Yo? No te conté nada, eso es un invento tuyo. -Querida Karina, cuando vine la vez pasada tenía en mi bolsillo un grabador encendido, así que has perdido la partida. -La Milano, valga la redundancia, no se amilanó, sonrió. -¿Cómo sabe la justicia que era mi voz?, ¿cómo sabe que no era una imitadora que tú has contratado imitando mi voz? -Posiblemente la justicia pueda pensar eso. -Yo lo que recuerdo que Jorge Clayton te agarró de las solapas mientras fingías que recuperabas la consciencia, y dijiste "Ya es tarde, queríamos tu seguro de vida". Le dijiste a Clayton que firmaste a favor mío y en ese momento tu hijo desapareció, le cogió pánico y se metió en el río de la costa intentando arrancar un motor fuera borda y al lado llevaba un bulto envuelto en lona. Pero claro, yo ya había preparado eso, sabía que Pocho le iba a coger el pánico y obviamente desconecté el motor. ¿Quién estaba envuelto en la lona? Luís Alberto. No estaba muerto, estaba sedado. Pero tu hijo, tan tonto, tan débil, tan insuficiente trastabilló y cayó al agua del río de Costa Norte, Clayton y Andy saltaron para rescatarlos porque al inclinarse la embarcación Luís Alberto Démez también había caído. Luís Alberto jadeando, mareado, y tu hijo que para mí es una persona insignificante, sollozando. ¡Ja, ja, ja! ¡Qué hijo que tienes! -Eres una tramposa. -Y hay muchas cosas que no sabes, no te puedo decir lo que sé. Al amanecer estaba la policía de Costa Norte rodeando al club, tú y tu hijo fueron escoltados fuera del previo, todavía no sé cómo escaparon de la policía. Pero bueno, es lo que puedo decirte. Tienes que entregarte, contrata a un buen abogado, acepta tu culpabilidad y te rebajaran años de prisión.
-Me enteré después de que Jorge no confiaba en ti -le dije-. Obviamente que él no sabía en ese momento todo lo que planeabas pero sí sabías que si yo perdía mis activos de la empresa no podría hacerte competencia y tus terrenos de la costa se revalorizaban mientras los míos perdían activos, y claro te ibas a aprovechar de comprar desde Costa Norte hasta el Delta todos los terrenos. La verdad que era un juego tremendo. Y es cierto que para vos, Karinita, la reunión no fue social, todos disfrutaban del estatus, algunos tomaban alcohol, pero vos operabas con precisión quirúrgica. Yo lo sé. Ese supuesto fraude mío no fue casualidad, tu tesis, tu hipótesis mejor dicho, era que habías hecho un seguimiento meticuloso meses atrás en todas las notarías de zona Norte, incluso en el Náutico intentaste a acercarte afectivamente a mí. Si querías aprovecharte de mi dinero y apartarme como rival empresario, ¿por qué intimaste conmigo? -La Milano se encogió de hombros. -¿Y por qué no?, me daba igual. -Yo sé muy bien que aparte de tener empresa heredada de tu padre, que tenía en Liziana, aquí también has adquirido varias inmobiliarias de las más importantes, tenías registros de suelos en la zona del Delta y inventaste que estaban siendo utilizados todos los terrenos costeros hasta los de Clayton como garantía para préstamos privados de alto riesgo. No todo es mentira, existe la sociedad offshore que lava dinero: Brisa del Sur, pero sí inventaste lo de la cuenta espejo controlada por mí. Es más, los testigos dicen que abriste mi maletín y había borradores de una cesión de derechos donde la firma de Clayton falsificada me dejaba una gran fortuna. Todo eso es falso, no has encontrado nada, tú has implantado falsas pruebas. -¿Ah sí? -preguntó Milano-, ¿y cómo lo compruebas ante la justicia? Todo te acusa, todo todo todo. -Además, no hay más nada para decir.
Durante treinta segundos nos estuvimos mirando a los ojos, yo sonreía tanto como ella, pero ella no se daba cuenta de nada. -Tu actor que hizo de Jorge hablaba de planes de inversión a largo plazo y el falso Constantino sabía que el fraude saltaría a la vista, pero claro, los demás no sabían lo que pasaba, ni Jean Lebreté, ni Luís Alberto, Pocho temblando y tú llenándole la cabeza a Luís Alberto, porque Luís Alberto me aprecia, y tú le decías: "¿Te piensas que Constantino está quebrado? No es mucho peor, mucho peor, le estás robando el alma a Clayton mientras vos todavía crees que lo adora". -Y ahí apareciste tú con una llave cruz en la mano. -¡Ja, ja, ja! ¿Cuál 'yo', tu actor? ¡Je, je, je! ¿Y qué hice? -Intentaste atacarme en el hangar. Pero yo había activado la grabadora de voz y cada palabra tuya, tu odio por la suerte de Jorge, tu desprecio por Pocho, tu hijo menor, el plan para eliminar a Luís Alberto por haber visto demasiado, todo eso está grabado con tu voz. -Dirás con la voz del actor. -¿Qué actor? Eras tú, esos audios grabados no sólo eran una confesión, eran el retrato de la mente confusa, reactiva, que no sabía para donde ir. -¿Así me imaginas a mí? ¡Ja, ja, ja, ja! Capaz que se sobrepasó el actor, el rol que le diste fue demasiado para ese hombre. -Además de la misma manera que tú dices que si yo te grabé no eras tú, podía ser una chica cualquiera, también yo puedo argumentar ante la ley que tú contrataste a alguien. ¡Ay Constantino, Constantino! A veces estoy tan excitada, pero de placer, ¿eh?, que tengo ganas de poner trabas en la puerta y someterte a mis vicios, y tú los disfrutarías. -Pero si pones trabas, ¿cómo entran tus guardaespaldas si yo quiero ahorcarte? -Es cierto, a veces me dejo llevar por la pasión, es cierto. Yo pensaba que eras una persona mayor tonta, creída, con fortuna y ese supuesto actor que tú dices que contraté, lo cual niego, dijo que tu hijo mayor es un idiota y que no le interesa la empresa. -Bueno, ahí te equivocas, a Andrés le interesa la empresa más que a mí, yo quiero tomarme un descanso. -¡Ja, ja, ja! Me haces reís Constantino, un largo descanso te vas a tomar un largo descanso. ¿sabes que llamé a la policía? No, no lo sabes, en cualquier momento viene para aquí. -Me has ensuciado, le has hecho decir al actor que como Luís Alberto vio las transferencias yo lo quería matar para que no hable. Un accidente en el rio de la Costa y adiós Luís Alberto Démez. ¿Y quién era el culpable?, el otro yo. -Supongo que ahora me estás grabando de vuelta, no tengo problemas que me grabes no hay otro yo, no hay actores contratados, no hay nada de nada de nada. -¿Eso dices?, ¿eso dices? Le has hecho bien el libreto de malvado al contratado, pero te has olvidado de una cosa; Casandra, la novia de Clayton, si bien lo conoce hace poco, ¿cómo no se va a dar cuenta que el actor que lo imita no es él? Es como si alguien reemplazara a Andy, ¿cómo no me voy a dar cuenta por más parecido que sea?, los gestos, aunque tenga la voz parecida... -¿Y qué hizo Casandra? -Llamó del Náutico a la empresa, en la empresa le dieron el teléfono de República del Monte, donde había ido Clayton, el verdadero Clayton, y lo atendió Clayton. Casandra le contó todo todo. Hay pequeños buques que cruzan el río de la costa pero Clayton vino en avioneta, la avioneta privada y en menos de una hora llegó a Ciudad del Plata y me llamó a mí, al verdadero, y no se sorprendió que yo atienda el teléfono y fuimos ambos a ver a la amiga de Clayton, a la doctora Vallejas, es una doctora joven pero ya es jueza en lo penal, una doctora morena muy atractiva pero mucho más inteligente que atractiva, y le contamos detalladamente todo lo que Casandra nos comentó- Es más; disimuladamente le dijimos a Casandra que llame a Luís Alberto Démez, que todavía estaba un poco sedado, le dijimos que se haga el descompuesto -le dijo Casandra-, los demás ni se dieron cuenta, él iba a ir supuestamente al toilette pero cogió el teléfono y habló con la doctora. A todo esto Clayton tiene amigos en la policía federal, en la policía de la ciudad y en la policía de Costa Norte. Hay una policía privada que siguió a estos dos actores. Y te puedo dar los nombres; el que hacía de 'mí' se llama Rolando Montanés y no era tan parecido, tenía otra mirada, el cabello y la barba más oscuros... Está bien, pueden argumentar que me los teñí, pero la cuestión que fueron localizados, permitieron que les hagas los pasaportes. Y el joven parecido a Clayton se llama Jorge Gendler. Obviamente cuando se estaban yendo del país, la policía los llevó en un patrullero hasta el juzgado en lo penal y ahí nos encontramos todos. -Karina Milano estaba pálida. -Eso no es cierto. -Sí, Karina, es cierto, es cierto. El que le hayan quitado la membrecía a mis dos hijos y a mí, eso lo dijo el actor Jorge Gendler, no Clayton. Es cierto que Jean Lebreté tiene una gran empresa pero había hecho algunos negocios turbios. No había pruebas la policía no se metió, no era una persona de interés, pero se tomó un tiempo y se fue a Amarís. Pero no tiene los caminos cerrados para volver al club. ¿Quieres saber qué pasó con tus actores contratados, que ahora no puedes negarlo porque declararon ante le jueza Vallejos?, están en libertad. ¿Y sabes por qué?, porque ambos lo juraron por lo más sagrado, que ellos no sabían que la chica que los contrató, o sea tú, ibas a hacer una jugada criminal, ellos fueron contratados pensando que era una fiesta donde se iba a interpretar una obra de misterio, bastante bien actuada, pero si bien Rolando Montanes se parece a mí, cualquiera nota la diferencia aún en la niebla de medianoche. Lo mismo con Jorge Gendler, otro peinado, un poco más gordo. Él incluso le declaró a la jueza que tú le pediste por favor que en cuatro o cinco días baje de peso porque se iban a dar cuenta de que no era Clayton. Están golpeando a la puerta, es la policía..., y no viene por mí, viene por ti. Dos intentos de asesinato y casi una muerte accidental de Pocho. Que eso sí debo reconocerlo, le falta calle, muy mal criado por la madre, muy débil, muy poco carácter, y el hecho que puedas difundir que él tuvo una historia con el joven de Arrebedo, con Diego Ventura... Estamos en mitad de los años setenta, no estamos en la edad de piedra, ya hay más apertura en lo social.
Entró la policía federal: -Señorita Karina Milano...
Le leyeron las acusaciones, le dijeron que tenía derecho a guardar silencio, que todo lo que dijera podía en el juicio ser usado en su contra y la llevaron detenida. También llevaron detenidos a los cuatro guardaespaldas que estaban al tanto de toda la maniobra sucia. ¿Qué pasaría con la empresa? Yo no soy tan ambicioso como sí lo podía ser Lebreté o la propia Milano, pero le propuse después a Clayton que podíamos comprar la empresa a medias porque sin Karina Milano, cómplice de intento de asesinato, de robo, de lavado de dinero con la empresa Brisas del Sur que opera en la mitad del nuevo continente, la empresa quebraba. Y Clayton piensa como yo. Los empleados de la empresa, obviamente que fueron interrogados, pero ninguno sabía nada. ¿Y por qué dejarlos sin trabajo? Así que conversaría con Clayton y de acuerdo a los montos que cada uno tenga, compraríamos un cincuenta y un cincuenta, o Clayton un sesenta y yo un cuarenta. Lebreté no estaba en este momento, pero con un cuarenta por ciento de la empresa de Milano ya pasaría a ser la segunda fortuna de Plena.
Mi amistad real con Jorge Clayton, con Luís Alberto Démez y con todos los demás chicos del club, estaba más férrea que nunca. Con respecto a Pocho hablé con él, que haga su vida, lo que le haga feliz. Y con respecto a Andy, por momentos dudó si era yo o no era yo el actor Rolando Montanes.
Pasó una semana, la justicia absolvió de toda culpa a los dos actores, los interrogaron con polígrafo no hubo ninguna mentira, ellos estaban convencidos de que era una fiesta social donde iban a actuar. Con respecto a los accidentes de la motonáutica, de Démez anestesiado pensaron que eran otros actores contratados también por esta Milano.
Lo cómico fue cuando Jorge Clayton citó a su doble a Jorge Gendler. Le dije: -Espero que no lo hagas pasar por ti cuando viajes porque no sé si sabe leer y escribir siquiera, te va a hacer catástrofes en la empresa. -No, no, por lo menos para que tenga algo de dinero. En la empresa no pero que trabaje de jardinero en el Náutico. Le pregunté: -¿Y con el más grande, con mi doble? -No, el directamente tenía dinero de Karina, obviamente la justicia le ordenó a los dos que devolvieran ese dinero porque era dinero ilícito. Le pregunté: -¿Y entonces, Jorge? -Entonces yo mismo le di de mi dinero a Rolando Montanes, a tu doble, porque quería irse de Plena. Y a Jorge Gendler, a mi doble que en realidad tiene dos años menos que yo y no tiene mi carácter, es muy risueño, muy bromista, pero conmigo no se juega.
Le dije: -Aquí vas a ganar mucho mejor que en un teatro del centro donde te dan monedas. -Don Clayton, es una pena que perdí el dinero de la señorita Karina. -No era dinero bueno, pero aquí ganarás dinero bueno.
Le pasé una cifra, querido Constantino, y me dijo: -Esto es diez veces más de lo que gano en el teatro. -¿Entonces te quedas de jardinero? -Sí. -Acuérdate: educado, con buenos modos, si la gente te pregunta si está abierta la pileta y tú no sabes, le dices: "Permiso señora" o "Permiso señorita, voy a averiguar". Hasta que le vayas tomando la mano, hasta que vayas tomando experiencia.
Así que volví al Náutico. La Milano presa. Hablamos con la fiscalía, luego con el juzgado, la jueza en lo penal, doctora Vallejos, nos pasó con una jueza amiga en lo civil y comercial y nos dio carta blanca para que antes de que la empresa quebrara, la de Milano, la pudiéramos adquirir. Yo adquirí un cuarenta y Clayton un sesenta. ¿Cómo le pusimos de nombre a pesar de estar en el centro?: "Costa Norte", como recuerdo.
Y no veía la hora de volver al club Náutico, a lo cotidiano, a lo normal, libre de culpa y cargo. La pesadilla había terminado.
Sesión 24/12/2025
En Gaela ya existían ordenadores para grandes empresas pero quería darles un empujón y disminuir su volumen. Pondría a su hijo mayor a desarrollarlos.
Sesión para Walter, grabada el 24 del 12 del 2025 Gaela, las nuevas computadoras personales.
Entidad: Volví a respirar el aire en la cafetería del Club Náutico de Costa Norte, inspiraba profundamente, olía a salitre, a café recién molido y al barniz de los yates, era una mañana dorada de comienzos de 1974 y ahora conversaba con mi hijo Andrés, que era muy maduro para sus 25 años.
Todavía era temprano y la poca gente que había en el lugar me miraba con disimulo, seguro estarían pensando "que malos ratos que habrá pasado el señor Olazábal con la falsa acusación de Karina Milano". No les prestaba atención. Yo era el hombre que estaba intentando convencer a Plena de que el futuro podía caber en una caja de metal con circuitos.
Miré el río de la Costa por el ventanal, frente a mí mi hijo mayor, Andrés, removía el azúcar de su taza con una parsimonia que me ponía impaciente. -Andrés, esto no es sólo un juguete para ingenieros -comenté, golpeando suavemente la mesa con el dedo índice-. El Altair 880 acaba de salir en las revistas de Beta, en la propia Beta, y nosotros aquí en Plena con nuestra propia investigación estamos a un paso de poner una computadora personal en el despacho de cada abogado, de cada médico, de cualquier persona. Andrés levantó la vista: -Papá, sabes que la idea y el diseño original son de Jorge Clayton, que fue quien instruyó a sus técnicos informáticos. -Claro que lo sé, Andrés, pero Jorge necesitaba un socio para que trabajen más técnicos en el tema. -¿Y entonces? -Y entonces, Andy, me propuso unirme a su proyecto. Ahora ambas empresas trabajan en conjunto. ¿Te imaginas, Andy, que cada persona pueda usar un teclado basándolo en una máquina de escribir?, a ello le sumas un monitor... -¿Monitor? -Andrés, un monitor es un dispositivos de salida fundamental, que muestra datos o información de una computadora en forma gráfica permitiendo la interacción visual con el usuario. -Papa, me estás hablando de una pantalla. -Lo miré irónicamente. -Exacto. -Papa, la gente -con todo respeto-, apenas sabe usar una calculadora de bolsillo. -¿Me dices en serio? -Te lo digo en serio -me respondió Andrés con suavidad-. Me estás pidiendo que deje mi puesto en la parte de administración general de nuestra empresa principal para vender sueños de silicio. ¿Y si el mercado no está listo y si somos sólo un pie de página en la historia tecnológica de este país? -Suspiré. A veces me jodía que fuera tan maduro.
Saqué de mi maletín de cuero una placa de circuito impreso todavía con el aroma del estaño fresco, la puse sobre el mantel de lino blanco de la cafetería. -Observa esto -susurré-, no mires el cobre ni las soldaduras, mira la libertad. -¿La libertad? -pregunto Andrés-, ¿a qué te refieres? -¡Ah!, Andy, Andy... Hasta ahora, el cálculo pertenecía a las grandes instituciones que poseen enormes computadores -le expliqué-. Esta idea de Clayton, a la que me sumé, va a permitir que toda persona puede tener un pequeño ordenador. Quiero que me ayudes a democratizar la independencia, a democratizar la misma inteligencia humana. -¡Ja, ja, ja! -Rio Andrés-. ¿Democratizar la inteligencia? Parece que el tema de Karina Milano, y de verdad te lo digo, pa, de verdad, parece que el tema te afectó el cerebro. Estás conversando conmigo, papá, háblame normal, no me hables de democratizar la inteligencia, háblame normal, por favor... -Está bien -Concedí-, no te pido que te ocupes de todo, Andrés, sólo que seas el que entienda el lenguaje del mañana antes de que los demás aprendan siquiera a leerlo. -Y sigues, y sigues, ¿eh? ¿Me estás dando una cátedra?, háblame normal, no hagas que te consiga ansiolítico. Ahora fui yo el que reí: -Está bien -exclamé-, quizás estoy un poco acelerado. -¿Un poco?, vas a 100 por hora. A ver, déjame ver esos circuitos.
Nos quedamos sin silencio mientras el sol del medio día iluminaba más el interior de la cafetería, ya había pasado todo el problema de Karina Milano, esta tranquilidad me valía casi tanto como los computadores personales.
Miré los mástiles de los veleros mientras Andrés observaba la placa. Luego levantó la vista y me miró fijamente a los ojos, no dijo nada pero yo me daba cuenta que Andy reparaba en mi energía, que no la había visto en años. Y comentó: -Entiendo que no se trata sólo de dinero, sino de un legado de innovación. -Por fin me entiendes, a eso me refiero -dije.
Andrés extendió la mano y cubrió la placa de circuito atrayéndola hacia su lado de la mesa: -Está bien, la parte de administración me resulta aburrida, papá, pero si voy a entrar en este proyecto quiero que la interfaz sea más sencilla. Mi primera tarea será simplificar lo complicado. -Explícate -le pedí. -Claro, que cualquiera adolescente pueda entender esta máquina. -Sonreí de verdad por primera vez en meses.
Y llamé al camarero con un gesto decidido: -¡Ernesto! -exclamé-, trae por favor otra ronda de cafés y apunta bien la fecha, que hoy mi hijo y yo hemos decidido cambiar el mundo desde esta mesa. Ernesto me miró: -Si usted lo dice, señor Olazábal, lo apunto en serio -comentó el joven camarero, sonriendo.
Andrés también sonrió contagiado por la chispa que destilaba de mis poros. El futuro era incierto, sí, pero en aquel rincón del Club Náutico bajo el cielo de 1974, nos sentíamos con mi hijo más emocionados y cercanos que nunca.
|