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Charla del 7/12/11 sobre el ego

Grupo Elron
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Charla del 7/12/11 sobre el ego, entre Jorge Olguín y Luis K. Se expusieron diversos efectos del ego en situaciones habituales, profundizando temas como la manipulación, el acostumbramiento, el sufrimiento, el desequilibrio que genera en el decodificador… También cómo tratar dentro de lo posible las situaciones donde se dan estas problemáticas.

 

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Jorge Olguín: Espero que estén bien.

 

Invitado: Sí, hasta ahora sí.

 

Luis Koffler: Por ahora bien.

 

Jorge Olguín: Vamos a hablar del tema del ego y cómo afecta en el ser humano: su comportamiento, su carácter, su personalidad, su manera de conducirse en la vida, su manera de desenvolverse en las tareas cotidianas, con la pareja, con las amistades, en lo laboral, en todo. Hay un ego exacerbado que llega a afectar incluso a nuestro decodificador, como yo le llamo al cerebro. Hay personas que hasta deforman -entre comillas- su conducta teniendo reacciones irracionales, reacciones inesperadas por los distintos roles del ego. Se ofenden de manera sutil, no demostrativa. Quizá sea un rol del ego sutil pero hay gente que se adapta a esos roles del ego y hace de esa conducta -anormal, diríamos- su costumbre de vida.

 

Luis Koffler: ¿Existe el modo condicionado? Será por si algo que a usted le molesta y a él no le molesta y los dos reaccionan con las mismas cosas de forma distinta, a la misma frase pero de forma distinta. Él está condicionado a no decirme nada porque podría responderme mal o reaccionar de otra forma.

 

Jorge Olguín: Sí, sí, tiene que ver también con roles del ego, o no necesariamente. Tiene que ver también con gustos, con manera de ser. De todas maneras yo creo en ser frontal con diplomacia. Siempre dije que a mí me pringa confianza la persona frontal porque sé con quien estoy. Una persona frontal te dice las cosas de frente: "Esto está bien, esto no". No va a hablar a espaldas tuyas. Pero depende de la intensidad de la frontalidad, o sea: "Me molestas", "No te soporto" esto ya es un acto hostil, ya pasa de ser frontal. Entonces, uno tiene que ser frontal con diplomacia. Pero puede haber algo que a mí me incomode y a él no y no necesariamente puede ser por roles de ego; puede ser por gustos, por costumbres. De repente si yo estoy acostumbrado a escuchar con auriculares música de metal pesado -de Heavy Metal- y a él le gusta la música clásica, obviamente que si yo le pongo Quiet Riot a todo volumen va a huir. Y si a mí no me gusta la música de ópera me voy a dormir. Estoy diciendo un caso muy extremo.

 

Luis Koffler: A ver, te lo planteo de otra manera. Supongamos que él le dice: "Le quedan mal los anteojos". "Ah, bueno, sí, me los regaló mi esposa." Yo le digo: "Le quedan mal los anteojos". Y se me enoja porque le digo que sus anteojos son... Interpreta que sus anteojos son feos… Me empieza a agredir: "Los anteojos que yo tengo, ¿por qué no te gustan?" Como que...

 

Jorge Olguín: Como que me cae -no digo bien- pero me cae neutro el comentario de él y no el tuyo.

 

Invitado: Todo también depende de cómo se diga.

 

Luis Koffler: Supongamos que el mismo tono y la misma forma de decirlo.

 

Invitado: Y del contexto y quién lo diga. No es así. Hay muchas situaciones que hay que ver en cada momento. Puede ser medio en broma medio en serio; hay que ver el contexto, o sea. Así, en frío, no sé si puede haber una respuesta porque muchas variantes.

 

Jorge Olguín: Pero supongamos, como dice Luis, que ambos lo dicen en el mismo tono, de la misma manera.

 

Invitado: Pero no es lo mismo, no es lo mismo por más que se digan las mismas palabras porque hay que ver el tono, quién lo dice, por qué lo dice...

 

Luis Koffler: ¿Pero su rol de ego no está condicionado de forma distinta cuando yo le pregunto a cuando le pregunta usted? En el ejemplo que le estoy dando yo.

 

Invitado: Eso tendría que responderlo Jorge.

 

Jorge Olguín: En este caso tiene que ver con el antagonismo o no que pueda tener con la persona. Si yo tengo un prejuicio -que el prejuicio es un rol del ego- hacia tu persona, aunque me lo digas afectivamente incluso con un tono conciliador y dulce: "Mira, esos lentes no son para tu rostro", si yo ya tengo un antagonismo, un prejuicio que va haciendo erupción dentro de mí: "¡Qué te tienes que meter, qué tienes que opinar! ¡Esto es un regalo que me han hecho! ¡Con qué derecho me lo dices!"

 

Invitado: Hay que ver también las situaciones que se encontraría Jorge en el momento el que uno se lo dice porque...

 

Jorge Olguín: Pero entiendo lo que dice Luis. Aun en la situación misma me lo dices tú y por ahí me rio: "¡Ah!, bueno, los cambio por los tuyos". Y te contesto bien. Y me lo dice él y, aunque no tenga un mal día, pero si yo ya tengo un preconcepto de la persona, que sé que la persona me antagoniza en el trabajo o me antagoniza cuando salimos en un grupo de amigos, yo ya voy a estar con el escudo.

 

Invitado: La pregunta sería de otra manera, para hablar así, o sea, si se lo graba en forma neutra -de alguien lo grabe- y lo escucha en dos grabadores distintos. Ahí la reacción de Jorge en cualquiera de los dos casos va a ser igual, supuestamente. Pero no puede ser igual cuando las personas son distintas, por más que digan la misma palabra porque...

 

Luis Koffler: Por las voces; el disparador va a ser las voces.

 

Invitado: Claro.

 

Luis Koffler: Cuando él escuche voces distintas, que tengan la misma carga emotiva y las dos voces no sean neutras...

 

Invitado: No, no, yo hablé de la misma voz, que inclusive puede ser una voz mecánica en distintos grabadores.

 

Luis Koffler: No, porque tiene el disparador, que es la predisposición hacia la persona.

 

Invitado: Claro. Entonces, a partir de allí después viene la variación.

 

Jorge Olguín: Pero, como dice Luis, el disparador es la predisposición. La predisposición es el disparador y eso tiene que ver con roles de ego. El prejuzgar es juzgar antes de tiempo. Entonces, yo tengo prejuicios con determinada persona que me hace una observación...

 

Invitado: Juzgar antes de tiempo en el sentido 'antes de saber'.

 

Luis Koffler: Después sí se puede juzgar.

 

Jorge Olguín: Claro, eso se llama prejuicio. La persona prejuiciosa es la persona que se ataja, que está alerta antes de que el otro emita una opinión o directamente juzga al otro porque hay muchas maneras de juzgar. Juzgar no significa ir a un juzgado. Vamos a una reunión y de repente tenemos antagonismo con determinada persona por un ego irracional -porque el ego es irracional- y esta persona no nos cae bien y muy pocas veces tuvimos trato con esa persona y por un rol del ego prejuicioso vamos a tener como cierto antagonismo sin saber por qué hasta tratarla. Si nuestro ego es exacerbado la tratamos y todo lo que diga a favor, como nosotros vamos a estar aberrados, nos va a parecer todo igual negativo: 'A' negativo, 'B' negativo, 'C' negativo...

 

Invitado: A todo esto hay que agregar también -pienso, no sé, tú dirás- los engramas que puede tener la persona. Puede tener ego, supongamos, un rol de víctima, pero además de ese rol de víctima están los engramas que pueda tener esa persona, o sea, se junta todo. Y perdón: engramas reestimulados en ese momento.

 

Jorge Olguín: Sí.

 

Invitado: O sea, que si tiene engramas y no están reestimulados se puede armar una confusión...

 

Luis Koffler: Este sería el principio, y atrás viene un montón de cosas...

 

Invitado: Sí, es tremendo.

 

Jorge Olguín: Hay algo muy importante que comento muchas veces: El famoso sellito. Por ejemplo, cuando vas a emitir una receta le pones el sellito. Muchas veces tenemos el sellito en la frente. El sellito en la frente significa una mini estructura que tenemos en el decodificador y es muy difícil que nos saquen de esa estructura. Lo he comprobado en las redes sociales donde busco, de alguna manera, enseñar que tal o cual tema está fuera de contexto o fue malinterpretado o mal enseñado o que directamente el terapeuta se repite en un tema. Hace poco, en Facebook, hice un comentario sobre el 11-11-11, once de noviembre de dos mil once. De Estados Unidos de América, los distintos terapeutas, pasando por toda América a la parte de Europa, hablan de cambios energéticos, portales que se abren, cinturones fotónicos, que la Tierra va a pasar por un portal dimensional, que va a haber cambios de conciencia en el 11-11-11. Hice un artículo y les expliqué que el cambio de conciencia es interno porque si el cambio de conciencia se produjera por un factor externo, ¿dónde estaría nuestro trabajo?, trabajo espiritual. ¿Dónde estaría nuestro trabajo? Sería similar a aquellas escuelas iniciáticas que dicen "Vengan a mí, que con determinado trabajo les transmuto el karma". Si el karma es una lección a aprender y me lo transmutan no aprendo la lección. Entonces aquel que promete -obviamente que no lo hace porque es una falacia pero supongamos que fuera cierto- estaría cometiendo un acto hostil ese terapeuta, transmutando mi lección a aprender porque dejaría una asignatura pendiente en esta vida.

Bueno, con lo del 11-11-11 pasa exactamente lo mismo porque el 11-11-11, el grueso de la gente que está en el -supuestamente- camino espiritual tiene un sellito en la frente, que le enseñaron algo, lo aprendió como los niños de la primaria, de memoria -figurativamente hablando, de memoria- y ya lo tienen incorporado. Incluso conozco gente que me ha escrito que ha viajado a lugares supuestamente energéticos a expandir su conciencia porque se abría determinado portal. Yo me tomaba la cabeza, no digo me jalaba de los cabellos porque no tengo... ¿De qué estamos hablando? Todo cambio es interno, no tiene que ver con una fecha. Aparte, la fecha es en el planeta Tierra y hay miles de millones de mundos. ¿Qué significa? ¿Que simultáneamente en miles de millones de mundos va a haber cambios?

 

Invitado: No tiene sentido.

 

Jorge Olguín: No. Aparte, que la Tierra pase por un cinturón fotónico, ¡pero si ni siquiera tienen la menor idea de lo que es un cinturón fotónico! ¡Nadie sabe qué es un cinturón fotónico! Lo hablamos con un físico o con un cosmólogo y disimuladamente se van a reír porque van a decir "qué disparates están diciendo". O portales dimensionales, no tienen la menor idea de lo que es portales dimensionales. O sea, si alguno recoge el guante y se ofende le aclaro que el que se ofende es el ego de la persona, no la persona, aclaro eso. Entonces tendrá que hacer un trabajo con su ego.

Los cambios de conciencia son individuales. Pero también es cierto que a veces interactúa con nosotros nuestro entorno. Tiene que ver también nuestra crianza, tiene que ver cómo fuimos educados, cómo fue nuestro aprendizaje de vida... pero eso tampoco es excusa en el caso negativo porque tiene que ver también con la fortaleza de espíritu de cada uno. Como lo dije por enésima vez: conozco gente que se ha criado de niño en situaciones extremas de pobreza y hoy son excelentes personas, excelentes padres, madres, tíos, abuelos. Digamos que no les ha afectado en nada esas condiciones de extrema pobreza y de maltrato porque su espíritu supo sobreponerse a esa situación. O sea, que eso tampoco es excusa. Cuando la persona naufraga ante el mar embravecido de las circunstancias es porque -obviamente- su espíritu es débil y tiene que trabajar con los roles del ego. Y, obviamente, si hay engramas de vidas pasadas que condicionan a la persona, eso también es un trabajo pendiente que la persona debe hacer para su propio beneficio.

 

Luis Koffler: ¿Puedo hacer un comentario?

 

Jorge Olguín: Por favor.

 

Luis Koffler: Esa persona que está en este momento sumida en este gran pozo gravitatorio sola no puede salir porque no ve la luz al final del pasillo.

 

Jorge Olguín: No, obviamente. Hablamos de una persona que su espíritu no es fuerte y que a veces los roles del ego son tan adictivos -porque los roles del ego son adictivos- que muchas veces -y esto no es un prejuicio de mi parte, es simplemente que lo he constatado en infinidad de consultantes- le toma el gusto a esos roles de víctima y la persona se siente cómoda con ese papel que está interpretando. Aclaro: no estoy diciendo que no sufra, no estoy diciendo que nada le importe...

 

Invitado: Pero hay sufrimientos que producen placer también, valga la paradoja.

 

Jorge Olguín: Claro. Pero no; hablemos de sufrimiento real propiamente dicho. Hay personas que sufren pero como el ego les ha afectado su decodificador -porque como dije al comienzo de la charla, el ego afecta el decodificador- al punto tal de causar en la persona con ese disturbio irracional un desajuste en el decodificador, un desajuste tal que la persona puede estar perturbada y necesita tratamiento médico. La pregunta es: ¿Si psicointegración integra los roles del ego, esos roles del ego que perturbaron el decodificador de la persona, al ser integrados, por supuesto sentido común esa persona recupera -entre comillas- la cordura? Y no, no es así, no es así porque pasa lo mismo con los engramas: un engrama de una vida pasada o de esta misma vida se aloja en el locus, en nuestro ADN, modifica -de alguna manera- nuestro ADN y puede llegar a causar hasta enfermedades físicas reales. No significa que erradicando ese engrama la persona recupere su normalidad, entre comillas.

 

Luis Koffler: ¿La enfermedad permanece pero la carga emocional se va? Tal vez no se reactive...

 

Jorge Olguín: La carga emocional se va si la persona lo permite porque, aun con psicointegración, el ego se abraza a la persona -aclaramos que el ego, como sujeto, no existe; somos nosotros mismos el ego, nosotros como seres somos el ego pero para ser entendidos tomémoslo como un sujeto aparte, el ego, que forma parte de nosotros y se subdivide en infinidad de roles-, se abrazan a nosotros esos roles y no quieren ser integrados porque tienen necesidad de vivir y convencen -entre comillas- a la persona de que no los integre. Y la persona quizás en este rol que ejerce se siente cómoda manipulando. Para esa persona que está pasando por determinado problema mi charla puede sonar hasta cruel porque preguntará: ¿Quién quiere sufrir?

Cuando la persona está en una escala tonal elevada y cien por ciento analítica nadie quiere sufrir pero, ¿acaso no conocemos personas que hasta se cortan para llamar la atención del otro? ¿Y eso no es estar aberrado?

Entonces, en muchos casos, esa persona que no puede salir sola porque no ve la luz tampoco quiere que le tiendan la mano, porque inconscientemente y muy en el fondo del baúl, del arcón, no diría que goza porque sonaría demasiado cruel de mi parte decir que goza, pero sí es como que se aferra a ese dolor para -indirectamente, inconscientemente, muy inconscientemente, ¿eh?, muy inconscientemente que ni la propia persona lo saca a flor de piel- manipular.

 

Invitado: Es interesante. Una cuestión que quizás es más conocido que el rol de víctima -quizá sean sinónimos- es lo que se llama 'pasar la factura'. O sea, ¿a qué me refiero? Vamos a suponer un matrimonio donde la mujer no le pide al marido que le ayude, por ejemplo, a limpiar el piso. La mujer se mata limpiando el piso y no permite que la ayude.

-¿Quieres que te ayude?

-No, no, no.

Y después se la pasa pasando la factura de que ella trabaja, limpia el piso y el otro no hace nada. Eso es un rol del ego.

 

Jorge Olguín: Sí, eso es un rol del ego.

 

Invitado: ¿Sería un sinónimo de rol del ego?

 

Jorge Olguín: No, no. Es un rol del ego.

 

Invitado: Cuando uno ve cómo funciona eso por dentro se ríe porque se da cuenta, diríamos, de ese manejo que está sufriendo, sabiendo que después viene ese pase de factura. No solamente digo limpiar el piso, ir a la feria, limpiar el baño o cualquier otra cosa. Aunque el marido esté dispuesto a ayudarla no permite que la ayude para después tener la oportunidad de pasar la factura.

 

Jorge Olguín: Y el pase de factura no es frontal. Muchos dirán: ¿Cómo no es frontal si te está espetando en la cara?: "No me has ayudado". No es frontal en el sentido de que yo llamo frontal a cuando antes de empezar mi tarea te digo:

-¿Me puedes ayudar?

-En realidad no, porque tendría que hacer tal cosa...

-Bueno pero yo, esto, sola no lo puedo hacer.

Si te niegas, la otra persona puede ser frontal y decirte: -Eres bueno para nada...

No deja de ser un reclamo, no deja de ser una dependencia pero no es un pase de factura. El pase de factura es cuando te tira sedal -como al pez- y después recoge el sedal y te dice: "No has hecho esto, no has hecho lo otro, te has hecho el distraído, te has hecho el tonto...".

 

Invitado: O sea, lo que se llama 'hacer pisar el palito'.

 

Jorge Olguín: De alguna manera, sí.

 

Invitado: O sea, que los roles del ego y más el rol de víctima tienen variaciones.

 

Jorge Olguín: Muchísimas variaciones, infinidad de variaciones. De todas maneras, no es sencillo el tema porque si bien yo digo que uno estando en función de Servicio tiene que estar pendiente de los demás, no significa buscar la aprobación de los demás, son dos cosas distintas, el ego busca la aprobación del otro. Estar pendiente es ver qué necesita alguien. Pero cuando convivimos con una persona que tiene un exacerbado rol de víctima no podemos estar pendientes las veinticuatro horas del día porque generalmente la persona con rol de víctima es absolutamente demandante, absolutamente demandante porque el rol del ego es demandante, porque el rol del ego necesita. Si el rol del ego necesita, vive demandando. El rol del ego demanda en esto, demanda en aquello, demanda en lo otro al punto tal de que te asfixia la persona. La persona te asfixia y no te permite, de alguna manera, hacer tu vida.

Supongamos que nosotros alquilamos o rentamos un apartamento -o departamento, de acuerdo como se diga en cada país- y yo vivo demandándote hasta tal punto que no te permito trabajar con el ordenador -o computadora-. Llega un momento que estás con una asfixia tal que quieres huir de ahí porque vivir con Jorgito se te hace imposible, porque vivo demandándote.

 

Luis Koffler: Más claro no le ves.

 

Jorge Olguín: He tenido consultantes que de repente, por una situación de vida viven con una abuela y la abuela, no por imposibilidad física o psíquica -porque en este caso uno estaría pendiente por Servicio- uno tiene que evaluar cuando es una demanda real o cuando es una demanda egoica. Si yo, jugando al fútbol, me quebré la pierna, te voy a decir: -Toma, ¿me puedes ir a comprar el diario?

No me considero demandante egoico porque verdaderamente no puedo caminar pero conozco casos donde una persona vive con la abuela y la abuela puede caminar perfectamente porque es una abuela joven y, sin embargo, le demanda en todo.

Y las peores demandas es la demanda del oído. La demanda del oído significa estar permanentemente escuchando a la otra persona. Hace catorce años atrás tuvimos una charla sobre una base de Dianética, explicando que si uno acusa recibo y la otra persona descarga hace una descarga tal que es favorable para la persona que estaba con esa carga. A lo que yo dije que no en todos los casos es así -puesto que lo he vivido en persona-, que a veces le prestas el oído a alguien, ese alguien durante una hora entera está descargando sus problemas reales o creados y al cabo de una hora dices "Bueno, me tengo que retirar" y la persona no solamente te sigue demandando sino que incluso busca pasarte factura, pasarte factura por algo que sin embargo has cumplido: "Te vas, no te importo nada, yo no sirvo, vete, haz lo que quieras, verdaderamente no sé para qué estoy viva, podría estar muerta y es mejor para todos". Esa es una de las manipulaciones más atroces porque te crean un tremendo complejo de culpa.

 

Invitado: Es una manipulación para dominar.

 

Jorge Olguín: Todas las manipulaciones son para dominar, absolutamente todas las manipulaciones son para dominar. Pero para la persona, en el aspecto legal -que lo conozco por situaciones personales- eso es una amenaza. Porque la gente, el común denominador, piensa que amenaza es: Si tú haces tal cosa, yo voy a hacer tal cosa contigo. Esto es la amenaza que todo el mundo conoce.

La amenaza velada es: Si tú haces tal cosa, yo haré tal cosa conmigo y tú tendrás la culpa.

Legalmente, eso, también es una amenaza. Entonces, hay manipulaciones que no son veladas, son manipulaciones reales que son manipulaciones de amenazas.

 

Invitado: Pero hay otras, creo yo. La manipulación para hacerlo menos al otro, para minimizarlo y llevarlo a una situación de inferioridad...

 

Jorge Olguín: Y someterlo.

 

Invitado: ...y someterlo.

 

Luis Koffler: Y ahí no hay ninguna descarga porque como se repite el mismo encuentro puede hacer la misma pesadumbre, el mismo relato y, antes de irse, de nuevo el mismo reclamo. No creo que haya ninguna descarga en este caso. Si no hay un cambio de actitud de la persona no hay cobramiento...

 

Jorge Olguín: Sí, sí que hay descarga. En todos los casos donde la persona reclama, amenaza, manipula, siempre la persona tiene descarga pero se retroalimenta. Se retroalimenta porque si fuera una descarga donde no se retroalimentara -lo digo de una manera muy básica- el ego se desinflaría y sería fácil integrarlo, pero sí la misma persona retroalimenta a su propio ego, porque se siente cómoda en esa situación. Uno dice: "¿Pero cómo se a sentir cómoda con el dolor? Conozco muchas, no digo infinidad, pero conozco muchas personas que lamentablemente se acostumbraron a esa manipulación y toman esa manipulación como un 'sustento de vida'.

 

Invitado: Ahora, sería interesante aclarar: La víctima, no la que actúa como rol de víctima...

 

Jorge Olguín: El analítico.

 

Invitado: ...el analítico, ¿cómo se defiende de una situación así?, porque no es fácil. Y después, ¿cómo ayudaría a esta persona que tiene rol de víctima? Primero, pienso yo, comprender esa situación, que esa persona tiene un rol de víctima acendrado. Ya esa comprensión, ya eso le da poder -entre comillas- como para manejar esa situación o, por lo menos, confrontar.

 

Jorge Olguín: Confrontar, no enfrentar.

 

Invitado: Claro.

 

Jorge Olguín: Confrontar.

 

Invitado: No enfrentar. Y por la otra, no antagonizar.

 

Jorge Olguín: Claro, no enfrentar.

 

Invitado: No enfrentar. Yo creo que eso sería...

 

Jorge Olguín: Confrontar, llamémosle -para que se entienda- acusar recibo, decir palabras neutras... Porque, muchas veces, hasta las palabras a favor pueden ser tomadas por la parte egoica como burla.

 

Invitado: Sí, sí. Todo para hacerla sentir culpable a la persona, digamos, analítica.

 

Jorge Olguín: O sea, la confrontación tiene que ser con palabras lo más neutras posibles.

 

Invitado: Ahora, lo otro que hay que comprender es que una persona que tiene un rol de víctima tan acendrado no hay forma de hacerle entender que tiene ese rol de víctima.

 

Jorge Olguín: No, por supuesto.

 

Luis Koffler: No, porque va a estar cómodo con ese rol de víctima.

 

Invitado: No. Es decir, no hay forma. Lo único que se puede hacer es manejar la situación lo mejor posible. Y provoca tristeza. Yo lo sé por experiencia, y provoca tristeza porque uno ve algo que podría fácilmente ayudar a sacar a esa persona...

 

Jorge Olguín: Yo también lo he vivido, al igual que tú, en mi propia persona ese rol de víctima acendrado y, a diferencia de lo que dijiste en el año 1997 -que eran palabras de Ron en vida- que el acusar recibo permite que la otra persona vaya descargando, sé de casos de personas -y aquí utilizo una palabra muy común del plano físico- que son barril sin fondo, viven retroalimentándose, nocivamente pero viven retroalimentándose. Y, por momentos, el rol del ego es absolutamente reactivo; digamos que es cero analítico en algunos casos.

Hay roles del ego -y esto lo he dicho en muchas psicointegraciones- que absorben de la mente analítica para planificar, porque le rol del ego muchas veces planifica pero un rol del ego exacerbado es imposible que razone. Y al no razonar, aun confrontando, la persona va a seguir retroalimentándose.

Entonces, como planteaste, Luis, antes, la persona sola que está en una obscuridad y no ve la Luz y por si misma no puede salir muchas veces -y no digo siempre porque gracias a Dios hay excepciones-, muchas veces ni siquiera permite que le tiendan la mano.

 

Invitado: Porque si le tienden la mano y la acepta se le acaba el rol de víctima.

 

Jorge Olguín: Claro.

 

Invitado: Porque si acepta la ayuda después no puede pasar la factura.

 

Jorge Olguín: Lo que pasa es que no se da cuenta...

 

Invitado: Está en un círculo vicioso.

 

Jorge Olguín: Claro... no se da cuenta de que saliendo de este círculo vicioso estaría en estado óptimo.

 

Luis Koffler: Durante este diálogo que se produce con esta persona que está re estimulada y el analítico haciendo acuse de recibo, ¿hay forma de mentalizarse envueltos en burbuja de Energía Violeta las dos personas para...?

 

Jorge Olguín: ¿El analítico o el reactivo? ¿O ambos?

 

Luis Koffler: No, el analítico primero y después el analítico envolviendo a la persona que está reactiva. Con un procedimiento que sea útil...

 

Jorge Olguín: Generalmente, el envolvernos mentalmente en Luz Dorada de alguna manera nos protege de focos energéticos suprafísicos -para la gente que no entiende lo que quiero decir es que hay vibraciones sutiles de entidades suprafísicas que pueden afectarnos y si nos envolvemos mentalmente en una campana de Luz Dorada eso nos protege- pero en este caso no, en este caso no porque nuestra escala tonal también baja. Por más analíticos que estemos, si tenemos un niño enfermo, obviamente que vamos a estar con la escala tonal baja.

En una charla que tuvimos en 1997 hablamos de que en el mejor de los estados clear, estando limpios de engramas, si venimos de vacaciones y no tenemos nuestra casa asegurada -porque nos olvidamos de pagar la cuota- y vemos que se incendió todo, están los bomberos con la manguera y adentro teníamos todo, no vamos a decir "No importa, estoy libre de engramas", porque eso sería como que nuestro decodificador está fuera de servicio, lo que se llamaría en el plano físico 'locura'. Esto significa que estar analíticos es estar coherentes y dentro de la coherencia significa que nuestro decodificador es normal y nos afecta el entorno, por más que estemos libres de engramas, claro que nos afecta.

 

Invitado: Forma parte del ser humano. Es inútil...

 

Jorge Olguín: Obviamente, cuanto más libres de engramas estemos y cuanto más integrados tengamos los roles del ego menos nos va a afectar pero no significa que no bajemos la escala tonal. Tal vez, quizá, tengamos la fuerza como para confrontar pero no significa que no tengamos taquicardia, no significa que no tengamos hipertensión.

 

Invitado: Yo siempre recuerdo al Maestro Jesús en el huerto de Getsemaní cuando sudó sangre, y él era quien era. Es un caso extremo porque el tuvo la visión de lo que le iba a suceder. Pero da la dimensión humana que todos tenemos.

 

Jorge Olguín: Y también tiene que ver con el desgaste y también tiene que ver con el carácter. Sin hablar en desmedro del Maestro Jesús que camino al Gólgota pasó por infinidad de torturas y llegó casi a pensar "¿Qué estoy haciendo aquí?", vamos al caso de Sócrates, que desafió a sus jueces en ese juicio, porque si él hubiera estado más analítico -porque estaba reactivo en el juicio Sócrates- digamos como que él mismo se condenó y cuando bebió la cicuta no le tembló el pulso. Entonces uno dice: -¿Pero qué? ¿Sócrates era más valiente que Jesús? No, son dos casos distintos y sería una torpeza, una enorme torpeza comparar ambos casos. Sócrates no sufrió torturas, su misma irracionalidad reactiva no le permitió en ese momento comprender el alcance de lo que iba a pasar después y quizá, tal vez, su misma mente reactiva no le permitió darse cuenta de que iba a dar fin a su vida física. O sea, a veces, en un estado reactivo hasta podemos lastimarnos nosotros mismos y no necesariamente porque estemos locos -una palabra que no me gusta-.

Entonces, la mente reactiva, en muchos casos hace que la persona sea irracional en extremo y no necesariamente es una persona que tiene que estar internada en un nosocomio atendida por psiquiatras; es una persona que al día siguiente está conversando contigo de la manera más normal habida y por haber, pero en ese momento, en un arranque reactivo, esa persona puede lastimarte o lastimarse.

En un debate que tuvimos hace muchísimos años cuando descubrí la mente reactiva impulsiva dije que la mente reactiva impulsiva dice la verdad porque la mente reactiva impulsiva no tiene tiempo de urdir mentiras; la que urde mentiras es la mente analítica.

La mente reactiva depresiva tampoco puede urdir mentiras porque en su misma depresión no tiene capacidad para mentir. Entonces, lo que va a decir esa mente reactiva depresiva va a ser cierto. Si una persona depresiva dice "no tengo ganas de vivir" está diciendo la verdad, pues en este momento no tiene ganas de vivir. Entonces, hay que tener un extremo tacto sobre lo que se le responde, porque la persona que está reactiva, aun sin estar dormida, aun sin estar desmayada, aun sin estar con anestesia, va a recepcionar engramas. No necesariamente tiene que estar en un quirófano o desmayada. La persona reactiva, si escucha una palabra fuera de lugar, lo va a recepcionar como un engrama.

Entonces, una persona que te dice "La verdad, no tengo ganas de vivir..." es válido decirle "Tienes por quien vivir, tienes familia..." pero es muy válido también decirle "Tú eres muy importante no sólo para mí sino para ti". Es muy importante eso. Siempre las respuestas a sus palabras negativas para consigo misma tienen que ser respuestas positivas. Que se siembren y después se logre la cosecha es un punto aparte.

 

Invitado: La clave es elevarle el tono a la persona.

 

Jorge Olguín: Elevarle el tono.

 

Invitado: Claro. Hay una escala tonal que uno la puede elevar. Hay una técnica que se estudia en Cienciología, ¿no?

 

Jorge Olguín: Sí, pero que se consiga o no también depende del receptor. He dicho en muchas conferencias -y lo voy a tocar muy cortito- que tuve un amigo que fumaba sesenta cigarrillos al día y no se le ha podido sacar de esa dependencia porque, por más técnica que uno trate a la persona, también depende de la voluntad de la persona de hacer caso a la técnica.

 

Luis Koffler: ¿Puedo hacer una consulta? En esa situación que está reactiva la persona y no dice cosas positivas, ¿existe un engrama positivo?

 

Jorge Olguín: No es un engrama...

 

Luis Koffler: Si está grabando y no responde cosas negativas, ¿está acumulando información de ese engrama?

 

Invitado: Quiero aclarar que el engrama siempre es negativo porque el engrama es una imposición, aun si el engrama dice "Serás honesto toda tu vida". Aun así es un engrama que está imponiendo una honestidad sobre un libre albedrío.

 

Luis Koffler: Esa es cosa buena porque cuando la persona que está...

 

Jorge Olguín: Claro, pero no se le dice como imposición, o sea, se le dice de una manera sutil sin que la persona lo interprete como una imposición porque toda imposición es engrámica. Se le dice de forma afectiva, real, que uno lo sienta que se lo dice de manera real porque aun hasta la mente más aberrada tiene la inteligencia -y uno dice: "Pero eso es un contrasentido porque al haber mente reactiva no hay mente analítica."- como para captar el tono del otro.

 

Luis Koffler: O sea, ¿deja de grabar en ese momento la mente reactiva?

 

Jorge Olguín: No, no. Aun grabando la mente reactiva tiene la inteligencia como para captar el tono del otro. Si la otra persona está dramatizando y te burlas obvio que la otra persona se va a dar cuenta, por más aberrada que esté porque siempre va a haber lo analítico en esa mente reactiva, algo que Dianética no lo sabe interpretar. Siempre y en toda mente analítica, aun en un 100% de analítico, está lo reactivo latente. Por eso siempre digo que debemos estar siempre alerta.

Y con respecto a estar alerta, y con esto terminamos, un joven una vez me dijo: -Pero es un infierno estar alerta las veinticuatro horas; es como estar vigilándonos las veinticuatro horas.

Y mi respuesta fue: -Uno se acostumbra a estar alerta y se hace en forma automática, como respirar, el ser gentil, el ceder el paso, el estar sonriente... y uno se acostumbra. Nos acostumbramos a estar alerta. Nos acostumbramos a transmitir buena onda.

 

Invitado: Incluso quiero aclarar que eso es posible aunque la persona se sienta mal. Puede transmitir, hacer bromas, o sea, es como que divide lo analítico de lo reactivo. Inclusive estando reactivo puede simular el ser analítico...

 

Jorge Olguín: Y eso no es hipocresía. Eso no es hipocresía porque le estamos transmitiendo al otro buena vibración. Hipocresía es falsedad. Es otra cosa.

 

Invitado: Claro. Lo que yo quiero aclarar es que la mayoría de las personas actúan o tienen una conducta de acuerdo a cómo se sienten. Si les duele el callo agreden, por ejemplo; es una forma de decir. Entonces, la idea es que uno no agreda, actuar como si no le doliera el callo a pesar de que le duela el callo. A eso es a lo que yo me quiero referir. Entonces, lo que quiero ratificar es que si uno se acostumbra a no estar de acuerdo, su ánimo no es correcto, generalmente, con respecto a los demás. Uno, por cierto, puede sufrir, pero no tiene por qué hacer sufrir a otro. Entonces, uno, a pesar de que le duela el callo actúa como si no le doliera el callo. Y a eso puede acostumbrarse.

 

Jorge Olguín: Aclaro -para que la gente entienda- que no se trata de fingir, se trata de que salga del corazón, se trata de que salga genuinamente esa buena onda aun teniendo problemas personales, que los tenemos todos. Se trata de transmitir esa buena onda y liberamos endorfinas, creamos euforia y no es que nuestros problemas van a desaparecer pero los vamos a saber sobrellevar mejor.

 

Invitado: Pero aparte hay otra cosa también, hay una cosa muy importante: Es que hay que ponerse en el lugar del otro, que se supone que el otro tiene que vernos siempre lo más equilibrados posible porque si no desconcertamos. De repente nos duele el callo y tratamos mal a todo el mundo. De pronto no nos duele el callo y somos amables con todo el mundo. Entonces, el entorno no sabe cómo somos nosotros, si somos cuerdos o somos dementes.

 

Jorge Olguín: Esta persona es bipolar, van a decir.

 

Invitado: Esa persona vuelve loco a todo el mundo porque se levanta bien, a los diez minutos está mal y trata a todo el mundo mal. A los minutos siguientes se siente bien porque tomó un mate o qué sé yo, y trata a todo el mundo bien. Vuelve loco a todo el mundo porque no sabe qué es lo que le pasa.

 

Jorge Olguín: Aclaremos que los estados de ánimo de contagian. Tanto la buena vibración como la mala vibración se contagian. Si hay una reunión donde la gente está apática y viene alguien con buena onda: -¡Vamos, muchachos, vamos! ¿Dónde está la música? ¡A ver, una copa! ¿Qué, no están tomando nada? ¡Vamos, vamos, brindemos! Y la gente levanta la escala tonal. Eso se contagia como también se contagia la mala vibración. Se trata de contagiar buena vibración.

No siempre se logra -lamentablemente- levantar a todos, es muy difícil. Pero intentarlo. Intentarlo vale. Es eso.

 

Luis Koffler: Las buenas intenciones siempre atraen buenas intenciones.

 

Jorge Olguín: Las buenas intenciones siempre atraen buenas intenciones, Luis. Sí.

 

Luis Koffler: Y entonces se trata de estar analítico todo el tiempo. Tengo una persona que me observa y me dice "Eres un bloque de hielo". Que no es así, es el esfuerzo diario que uno trata de hacer, que yo trato de hacer para estar bien.

 

Jorge Olguín: Eso también es manipulación. Estar analítico y tratar de sobrellevar una situación hay gente que lo interpreta como que eres insensible. Y yo le diría a muchas personas que creen eso también, si tienen que operar a un ser querido, ¿qué médico elegirían: el médico pasional, sensiblero, aquel que es un mal de lágrimas o ese médico que verdaderamente está analítico todo el tiempo y pareciera insensible? ¿A quién elegirían?

 

Invitado: Algo más: El manipulador, si algo odia, es la persona equilibrada porque no reacciona a la manipulación. Entonces la acusa injustamente de insensible.

 

Jorge Olguín: Para que la persona baje la escala tonal y sea fácil de manipular. Así es.

Bueno, ¿damos por concluida, entonces, esta pequeña charla?

 

Invitado: ¿Pequeña charla? ¡Una hora! Jorge dice veinte minutos y después no lo para nadie. Lo que pasa es que después se pone interesante y entonces uno no quiere suspender la charla. Bueno.

 

Jorge Olguín: Bien.

 

 

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