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Psicoauditación - Álvaro O.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 28/11/2018


Sesión 28/11/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Álvaro O.

Por su convencimiento, tenía facilidad para pensar y atisbar más allá de lo físico pero no era entendido cuando contaba que podía viajar sin su cuerpo. Encontró a alguien que podía hacerlo ir más allá.

 

Sesión en MP3 (2.673 KB)

 

Entidad: -Aldone, Aldone... -Me daba vuelta: padre. Materialista-. Aldone, siempre estás en el fondo, mirando para el cielo, mirando las nubes, distraído... ¡Oh, qué soñador! Pero ojalá fueras sólo soñador, eres un inútil.

 

Padre me decía inútil. Con madre atendían -desde que yo era pequeño o desde antes de nacer-, un comercio bastante grande en el poblado, les iba bien. Era un pueblo ecuatorial, muchísimos habitantes. Raro que vengas hordas a asaltar, no, no, por lo menos aquí. Todo el pueblo lo quería a padre, hacía descuentos. Obviamente yo trabajaba también, despachaba a la gente. Alguna vez me equivoqué cuando tenía que cobrar y padre se molestaba mucho.

-Aldone, Aldone no me molesta que vayas al fondo a soñar, me incomoda cuando sueñas aquí despierto porque en realidad no estás despierto estás dormido. ¿Qué buscas? ¿Qué quieres?

 

Le pedía disculpas a padre. En realidad lo que quería era encontrarme a mí mismo. Vosotros diríais que yo era un rara avis. ¿Dones? No, no tenía ningún don, solamente el don de pensar. Mi idea era contactarme con aquel que está más allá de las estrellas pero también entendía que no podía ser posible que ese ser tan inmenso estuviera solamente más allá de las estrellas porque eso significaría que está fuera de nosotros cuando en realidad mi idea era que formamos parte de Él y que nuestro interior forma parte de Él. Y había noches que yo soñaba como que ese interior mío invisible se desplazaba por las estrellas y recorría todo y podía visualizar cosas que nadie entendería, ese inmenso sol rojo que salía por la mañana yo lo veía de lejos como una estrella más.

Alguna vez se lo dije a un amigo, Iriarte.

-¡Cómo Aldone! Nuestro sol no es una estrella, las estrellas son pequeñas.

-No Iriarte -le respondía-, las estrellas son otros soles pero están tan lejos que las vemos tan pequeñas.

-Has tenido fiebre y desvarías. Te aprecio tanto Aldone que por eso no burlo pero no le cuentes eso a la gente. -Me daba una palmada a la espalda y se marchaba.

¿Y qué pasaba si le hubiera contado que podía desprenderme de mi cuerpo cuando soñaba y viajaba en esencia, en mi interior y recorría lugares, hasta lugares de este mismo mundo?, podía llegar al norte a las cumbres nevadas, al mar, al otro continente que estaba al oeste, a la zona del desierto y más allá. Pero me mirarían como una persona que perdió su cordura, no me entenderían no, no me entenderían.

 

Pasaron más de mil amaneceres y traté de forzarme a estar en lo que la gente llamaba realidad y trabajé con esmero y con empeño en el comercio de padre.

Madre atendía la parte de ropa y de cuero, padre atendía la parte de herramientas y también de armas, y yo ayudaba a padre, me gustaba más el tema de herramientas, el tema de armas. Incluso había un sector de instrumentos musicales, instrumentos similares a vuestras mandolinas, a vuestras flautas, instrumentos de viento, instrumentos de cuerda como los que se tocaban en las zonas teatrales ecuatoriales. Pero eso sí, de noche, cuando soñaba, nadie, nada me impedía viajar. Tenía los ojos cerrados, sentía todo mi cuerpo, sentía un cosquilleo en mi cuerpo y de repente salía de él y emprendía el viaje. ¡Ahhh! Eso era libertad, poder viajar. Y era raro, era extraño porque mi cuerpo no viajaba, viajaba lo que era mi interior, lo que llamáis alma. Sin embargo sentía la brisa en la cara, si veía las cumbres nevadas sentía el frío en mi cuerpo, como que mi cuerpo captaba con sus sentidos lo que yo visualizaba con mi alma, ¿cómo podía ser?

Y un día no pude más y se lo conté a Iriarte.

-Conozco a una persona que sabe mucho, se llama Figaret.

-¿Y qué hace? -le pregunté.

-Hace como adivinación.

-¿Con qué, con su mente?

-No, con unas barajas. Está en el pueblo vecino ahora.

 

Justo era el fin de semana que teníamos cada siete amaneceres, monté un hoyuman y viajé al pueblo vecino. Le pregunté a un señor por Figaret.

-¡Dónde va estar, allí! -Me señaló.

 

Era una cantina, una especie de posada pero más grande. Había como diversiones, habías muchas mesas redondas, muchos jugadores y de repente veo a un hombre vestido de manera estrafalaria, rara, con un especie de sobrero raro y una mandolina colgada al hombro, estaba con las barajas pero apostando y había terminado la mano y recogió un montón de monedas plateadas, una fortuna. Se llevó a un bolso lo que padre ganaba en una semana o más en su comercio. Uno grandote se enojó:

-Espero que no hayas hecho trampa. -No sé cómo, con qué rapidez ese tal Figaret sacó un puñal y se lo apoyó en la garganta al gigante.

-¿Acaso me llamas mentiroso?

-¡No, no, no! -Guardó el puñal, se tocó los bigotes, se puso en punta de a pie y le dio al hombre un beso en la mejilla, un beso sonoro-. ¡Qué asco! -dijo el hombre, y se limpió la mejilla. Figaret salió del local, me miró de arriba a abajo primero.

-¡Señor! -No me escuchaba. ¡Señor! -No me escuchaba. Le toqué el hombro. -Se dio vuelta y apoyó el puñal en mi garganta.

-¿Te debo algo?

-No, lo busco por otra cosa. ¿No me escuchaba?

-Escucho a quien me llama Figaret, no señor. -Guardó el puñal.

-Venga, le invito a tomar algo.

-¡Ah!, si me invitas voy. -Se pidió un licor, yo un zumo de frutas-. ¡Cómo tomas eso, te hace mal!

-Al contrario Figaret, esto es sano, lo que toma usted...

-Si me dices usted otra vez te clavo el puñal en la garganta, dime de tú o dime Figaret.

 

Le conté lo que me pasaba, su rostro se puso pálido.

¡Tienes ese don! -Sus ojos estaban asombrados-. ¿Y tú quieres que te lo saque?

-¡No, al contrario! Quiero contactarme con aquel que está más allá de las estrellas. -Entrecerró los ojos Figaret.

-¡Ah!, entiendo. No eres el primero.

-¿Cómo no soy el primero? -le pregunté.

-Claro, claro. Yo puedo hacer que lo visualices, incluso puedes conversar con Él.

-¡Conversar!

-Sí, yo puedo hacer eso, desde pequeño logro que la gente lo haga, ni siquiera los mentos pueden contactarse con ese ser supremo, pero yo lo logro. Mira, no nos mira nadie ¿no? -Yo miré para los costados.

-No. -Sacó una carta de su bolsillo y la tiró a la mesa.

-¿Qué ves?

-Una estrella.

-¿Ves, te das cuenta, eres un elegido? ¿Cómo te llamas?

-Aldone.

-Aldone, tu nombre es el de una persona elegida. -Sacó un grafito y un papel y anotó mi nombre-, esto va a llevar tiempo ¿eh?, no pienses que de un día para el otro. Si fuera otro le cobraría cinco monedas de plata, con dos solas me bastan por ti.

-Dos monedas de plata. ¡Ah! Serían diez cobreadas, ¿no?

-¡Aldone, con ese don y no sabes hacer cuentas! Bueno, quieres o no, porque no puedo perder tiempo. -Le di dos monedas plateadas, las guardó en su bolsillo. Puso el papel sobre la mesa-. Tócalo tres veces. -Lo toqué tres veces-. Ahora cierra los ojos. -Abrí los ojos y Figaret ya no estaba. Me fui contento para mi poblado, él pediría por mí.

 

Llegué, ya era tarde, cené un poco de guisado y me acosté. Al día siguiente trabajé contento, padre satisfecho al ver mi velocidad para atender.

Por la tarde lo fui a ver a Iriarte, le conté.

-Ese tal Figaret me va a ayudar, me cobró sólo dos monedas plateadas.

-¿Ayudar a qué?

-A conversar con aquel que está más allá de las estrellas.

-¡Ja, ja, ja, ja!

-¿De qué te ríes? -pregunté.

-Te estafó, te mintió. Es un tramposo, hace trampa con las barajas y gana. Un día lo van a matar. Encima toca la mandolina y conquista mujeres y luego se escapa. Las engaña, las miente. Es un timador.

-¿Con las mujeres también? -pregunté.

-En realidad ellas se encandilan con él, nadie lo puede acusar de nada, no es que está con ellas por la fuerza ni nada pero les habla y ellas creen en todo lo que dice y luego se marcha y las deja con el corazón roto. Y ahora te ha timado.

-¿Y quién es el responsable? -pregunté.

-¡Tú! -me dijo Iriarte.

-No, tú que me has mandado.

-Sí, yo te he mandado, yo no sabía que le ibas a pagar por nada.

-¡Pero anotó mi nombre!

-Sí, y habrá roto el papel donde lo anotó.

-O sea, que me timó. O sea, que no me voy a contactar con aquel que está más allá de las estrellas.

-¡Ah! Yo no entiendo de esas cosas Aldone, no me digas a mí.

-Lo buscaré.

-Tiene fama de ser muy buen espadachín, más vale que no lo provoques. Dicen que puede lanzar a veinte pasos un puñal y dar en el blanco, no lo provoques.

-O sea, que perdí dos monedas plateadas.

-No, las has invertido en experiencia.

-¡Ja! Qué consuelo.

 

Esa noche me acosté, cerré los ojos nuevamente y volé mentalmente pero sentía el viento en mi rostro y llovía y sentía el agua en mi cuerpo. Me desperté bruscamente y me toqué, estaba seco pero afuera llovía de verdad. Y me di cuenta que sí tenía un don, muchos lo llamaban "viajar astralmente", pero podía sentir con mi cuerpo lo que visualizaba mi alma. Y eso no tiene precio, eso vale mucho más que dos monedas plateadas, mucho más.

 

Gracias por escucharme.