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Psicoauditación - Álvaro O.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 28/11/2018

Sesión 20/03/2019

Sesión 21/08/2020


Sesión 28/11/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Álvaro O.

Por su convencimiento tenía facilidad para pensar y atisbar más allá de lo físico, pero no era entendido cuando contaba que podía viajar sin su cuerpo. Encontró a alguien que podía hacerlo ir más allá.

 

Sesión en MP3 (2.673 KB)

 

 

Entidad: -Aldone, Aldone... -Me daba vuelta: padre. Materialista-. Aldone, siempre estás en el fondo, mirando para el cielo, mirando las nubes, distraído... ¡Oh, qué soñador! Pero ojalá fueras sólo soñador, eres un inútil.

 

Padre me decía inútil. Con madre atendían -desde que yo era pequeño o desde antes de nacer-, un comercio bastante grande en el poblado, les iba bien. Era un pueblo ecuatorial, muchísimos habitantes. Raro que vengas hordas a asaltar, no, no, por lo menos aquí. Todo el pueblo lo quería a padre, hacía descuentos. Obviamente yo trabajaba también, despachaba a la gente. Alguna vez me equivoqué cuando tenía que cobrar y padre se molestaba mucho.

-Aldone, Aldone no me molesta que vayas al fondo a soñar, me incomoda cuando sueñas aquí despierto porque en realidad no estás despierto estás dormido. ¿Qué buscas? ¿Qué quieres?

 

Le pedía disculpas a padre. En realidad lo que quería era encontrarme a mí mismo. Vosotros diríais que yo era un rara avis. ¿Dones? No, no tenía ningún don, solamente el don de pensar. Mi idea era contactarme con aquel que está más allá de las estrellas pero también entendía que no podía ser posible que ese ser tan inmenso estuviera solamente más allá de las estrellas porque eso significaría que está fuera de nosotros cuando en realidad mi idea era que formamos parte de Él y que nuestro interior forma parte de Él. Y había noches que yo soñaba como que ese interior mío invisible se desplazaba por las estrellas y recorría todo y podía visualizar cosas que nadie entendería, ese inmenso sol rojo que salía por la mañana yo lo veía de lejos como una estrella más.

Alguna vez se lo dije a un amigo, Iriarte.

-¡Cómo Aldone! Nuestro sol no es una estrella, las estrellas son pequeñas.

-No Iriarte -le respondía-, las estrellas son otros soles pero están tan lejos que las vemos tan pequeñas.

-Has tenido fiebre y desvarías. Te aprecio tanto Aldone que por eso no burlo pero no le cuentes eso a la gente. -Me daba una palmada a la espalda y se marchaba.

¿Y qué pasaba si le hubiera contado que podía desprenderme de mi cuerpo cuando soñaba y viajaba en esencia, en mi interior y recorría lugares, hasta lugares de este mismo mundo?, podía llegar al norte a las cumbres nevadas, al mar, al otro continente que estaba al oeste, a la zona del desierto y más allá. Pero me mirarían como una persona que perdió su cordura, no me entenderían no, no me entenderían.

 

Pasaron más de mil amaneceres y traté de forzarme a estar en lo que la gente llamaba realidad y trabajé con esmero y con empeño en el comercio de padre.

Madre atendía la parte de ropa y de cuero, padre atendía la parte de herramientas y también de armas, y yo ayudaba a padre, me gustaba más el tema de herramientas, el tema de armas. Incluso había un sector de instrumentos musicales, instrumentos similares a vuestras mandolinas, a vuestras flautas, instrumentos de viento, instrumentos de cuerda como los que se tocaban en las zonas teatrales ecuatoriales. Pero eso sí, de noche, cuando soñaba, nadie, nada me impedía viajar. Tenía los ojos cerrados, sentía todo mi cuerpo, sentía un cosquilleo en mi cuerpo y de repente salía de él y emprendía el viaje. ¡Ahhh! Eso era libertad, poder viajar. Y era raro, era extraño porque mi cuerpo no viajaba, viajaba lo que era mi interior, lo que llamáis alma. Sin embargo sentía la brisa en la cara, si veía las cumbres nevadas sentía el frío en mi cuerpo, como que mi cuerpo captaba con sus sentidos lo que yo visualizaba con mi alma, ¿cómo podía ser?

Y un día no pude más y se lo conté a Iriarte.

-Conozco a una persona que sabe mucho, se llama Figaret.

-¿Y qué hace? -le pregunté.

-Hace como adivinación.

-¿Con qué, con su mente?

-No, con unas barajas. Está en el pueblo vecino ahora.

 

Justo era el fin de semana que teníamos cada siete amaneceres, monté un hoyuman y viajé al pueblo vecino. Le pregunté a un señor por Figaret.

-¡Dónde va estar, allí! -Me señaló.

 

Era una cantina, una especie de posada pero más grande. Había como diversiones, habías muchas mesas redondas, muchos jugadores y de repente veo a un hombre vestido de manera estrafalaria, rara, con un especie de sobrero raro y una mandolina colgada al hombro, estaba con las barajas pero apostando y había terminado la mano y recogió un montón de monedas plateadas, una fortuna. Se llevó a un bolso lo que padre ganaba en una semana o más en su comercio. Uno grandote se enojó:

-Espero que no hayas hecho trampa. -No sé cómo, con qué rapidez ese tal Figaret sacó un puñal y se lo apoyó en la garganta al gigante.

-¿Acaso me llamas mentiroso?

-¡No, no, no! -Guardó el puñal, se tocó los bigotes, se puso en punta de a pie y le dio al hombre un beso en la mejilla, un beso sonoro-. ¡Qué asco! -dijo el hombre, y se limpió la mejilla. Figaret salió del local, me miró de arriba a abajo primero.

-¡Señor! -No me escuchaba. ¡Señor! -No me escuchaba. Le toqué el hombro. -Se dio vuelta y apoyó el puñal en mi garganta.

-¿Te debo algo?

-No, lo busco por otra cosa. ¿No me escuchaba?

-Escucho a quien me llama Figaret, no señor. -Guardó el puñal.

-Venga, le invito a tomar algo.

-¡Ah!, si me invitas voy. -Se pidió un licor, yo un zumo de frutas-. ¡Cómo tomas eso, te hace mal!

-Al contrario Figaret, esto es sano, lo que toma usted...

-Si me dices usted otra vez te clavo el puñal en la garganta, dime de tú o dime Figaret.

 

Le conté lo que me pasaba, su rostro se puso pálido.

¡Tienes ese don! -Sus ojos estaban asombrados-. ¿Y tú quieres que te lo saque?

-¡No, al contrario! Quiero contactarme con aquel que está más allá de las estrellas. -Entrecerró los ojos Figaret.

-¡Ah!, entiendo. No eres el primero.

-¿Cómo no soy el primero? -le pregunté.

-Claro, claro. Yo puedo hacer que lo visualices, incluso puedes conversar con Él.

-¡Conversar!

-Sí, yo puedo hacer eso, desde pequeño logro que la gente lo haga, ni siquiera los mentos pueden contactarse con ese ser supremo, pero yo lo logro. Mira, no nos mira nadie ¿no? -Yo miré para los costados.

-No. -Sacó una carta de su bolsillo y la tiró a la mesa.

-¿Qué ves?

-Una estrella.

-¿Ves, te das cuenta, eres un elegido? ¿Cómo te llamas?

-Aldone.

-Aldone, tu nombre es el de una persona elegida. -Sacó un grafito y un papel y anotó mi nombre-, esto va a llevar tiempo ¿eh?, no pienses que de un día para el otro. Si fuera otro le cobraría cinco monedas de plata, con dos solas me bastan por ti.

-Dos monedas de plata. ¡Ah! Serían diez cobreadas, ¿no?

-¡Aldone, con ese don y no sabes hacer cuentas! Bueno, quieres o no, porque no puedo perder tiempo. -Le di dos monedas plateadas, las guardó en su bolsillo. Puso el papel sobre la mesa-. Tócalo tres veces. -Lo toqué tres veces-. Ahora cierra los ojos. -Abrí los ojos y Figaret ya no estaba. Me fui contento para mi poblado, él pediría por mí.

 

Llegué, ya era tarde, cené un poco de guisado y me acosté. Al día siguiente trabajé contento, padre satisfecho al ver mi velocidad para atender.

Por la tarde lo fui a ver a Iriarte, le conté.

-Ese tal Figaret me va a ayudar, me cobró sólo dos monedas plateadas.

-¿Ayudar a qué?

-A conversar con aquel que está más allá de las estrellas.

-¡Ja, ja, ja, ja!

-¿De qué te ríes? -pregunté.

-Te estafó, te mintió. Es un tramposo, hace trampa con las barajas y gana. Un día lo van a matar. Encima toca la mandolina y conquista mujeres y luego se escapa. Las engaña, las miente. Es un timador.

-¿Con las mujeres también? -pregunté.

-En realidad ellas se encandilan con él, nadie lo puede acusar de nada, no es que está con ellas por la fuerza ni nada pero les habla y ellas creen en todo lo que dice y luego se marcha y las deja con el corazón roto. Y ahora te ha timado.

-¿Y quién es el responsable? -pregunté.

-¡Tú! -me dijo Iriarte.

-No, tú que me has mandado.

-Sí, yo te he mandado, yo no sabía que le ibas a pagar por nada.

-¡Pero anotó mi nombre!

-Sí, y habrá roto el papel donde lo anotó.

-O sea, que me timó. O sea, que no me voy a contactar con aquel que está más allá de las estrellas.

-¡Ah! Yo no entiendo de esas cosas Aldone, no me digas a mí.

-Lo buscaré.

-Tiene fama de ser muy buen espadachín, más vale que no lo provoques. Dicen que puede lanzar a veinte pasos un puñal y dar en el blanco, no lo provoques.

-O sea, que perdí dos monedas plateadas.

-No, las has invertido en experiencia.

-¡Ja! Qué consuelo.

 

Esa noche me acosté, cerré los ojos nuevamente y volé mentalmente pero sentía el viento en mi rostro y llovía y sentía el agua en mi cuerpo. Me desperté bruscamente y me toqué, estaba seco pero afuera llovía de verdad. Y me di cuenta que sí tenía un don, muchos lo llamaban "viajar astralmente", pero podía sentir con mi cuerpo lo que visualizaba mi alma. Y eso no tiene precio, eso vale mucho más que dos monedas plateadas, mucho más.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 20/03/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Álvaro O.

La entidad relata que en Ran II tenía un don que le permitía viajar donde otros no llegaban, pero necesitaba saber si no era autosugestión. Un asesor espiritual le aconsejó al respecto.

 

Sesión en MP3 (2.590 KB)

 

 

Entidad: No debo ser el primero que comenta que en las distintas vidas tenemos anhelos parecidos, quizá porque nuestro thetán, de alguna manera nos transmite ese anhelo que quizá fue interrumpido o procesado a medias.

 

Encarné en Ran II y tuve el gusto de conocer a los más grandes genetistas, astrónomos, físicos cuánticos, ingenieros informáticos, historiadores, expertos en nanotecnología. A mí me gustaba mucho todo lo que era la parte espiritual, pero a su vez era un gran historiador, entendía que existía una esencia imperceptible a nuestros sentidos físicos, y por las noches cerraba los ojos y buscaba trasladarme mentalmente a esos mundos invisibles, a esos mundos que no se podían visualizar con los ojos. Entonces hacía viajes mentales, no los llamaba viajes astrales porque no me gustaba la palabra, me parecía una palabra inconexa, una palabra burda, pero claro, me diréis: "Un viaje mental es un viaje imaginario, no se traslada tu esencia que es parte de la gran esencia". De todas maneras me sentía más cómodo con esa denominación.

 

Y tuve la suerte de participar de algunas reuniones con estas grandes figuras de Ran II, incluso me mostraron algo que obviamente me sorprendió, de que había una puerta -yo no le llamo vórtices, no me gusta hablar con idioma técnico-, había puertas a otros universos que ellos llamaban alternos. Entonces yo pensé, ¿y qué sucede si en vez de hacer un viaje mental a ese mundo más allá de lo físico, hago un viaje mental a un universo alterno?

 

No voy a extenderme en las conversaciones; dbería, porque de alguna manera es una forma de descargar los engramas de esa y otras y otras y otras vidas. Pero mi parte encarnada actual anhela detalles.

Me empapé, digerí a fondo los comentarios y el conocimiento que tenía esta hermosa gente y un día en mi habitación, cierro los ojos y me imagino esa puerta plagada de energía sostenida por lo cuántico y mentalmente la traspaso y llego a un mundo distinto, un mundo donde hay mucha paz, armonía, belleza, donde veo rostros felices, gente que se traslada a su labor con una sonrisa, parejas tomadas de la mano, niños saltando de una cuerda en los parques, una atmósfera pura, diáfana... Pero vosotros tenéis un refrán, ¿no?, milenario: "El árbol no te permite ver el bosque". Y a medida que recorría ese mundo me di cuenta que en las aceras había gente pobre, desvalida. Y de repente se me cambió el panorama, ya no era un día diáfano, soleado sino que veía un invierno gélido con nieve, y un pobre hombre sentado en un rincón con apenas un abrigo. Y la gente pasaba indiferente tomada de la mano, sonriendo, los niños abrigados, saltando, contentos, pero indiferentes ante la pobreza, indiferentes ante la persona desvalida, se tomaban de la mano a propósito para no tenderla a aquel que estaba caído.

 

En esa vida tenía un nombre similar al de Sol III, Álvaro Osvaldo. Me sentí molesto, sorprendido, depresivo. ¿Qué mundo es ese, un mundo feliz, un mundo de máscaras donde todos fingían, dónde los pobres seguían siendo pobres? Entonces aquellos que eran felices, ¿eran felices o estaban encerrados en un mundo de fantasía? Abrí los ojos agitados, el sudor me corría por el rostro, por el cuerpo. Puse un programa en el ordenador para que la ducha salga tibia. Me desvestí, me puse debajo de la ducha. Luego salió de los costados un aire tibio que fue secando mi cuerpo, acariciando mi piel, y luego pude vestirme. No volví a dormirme, me quedé en el ordenador holográfico escribiendo notas.

 

Le mandé un mensaje holográfico a Raúl Iruti, que aparte de genetista era asesor espiritual. Causalmente me dio un turno a primara hora. Le conté mi experiencia y le pregunté:

-¿Era mi inconsciente? Porque entiendo que la lógica me dicta que yo no puedo viajar a un universo alterno mentalmente, que no pasa de ser una imaginación mía.

Iruti me respondió:

-Hay tantas cosas que no sabemos, Álvaro... Pero veamos. Primero has visto una felicidad exuberante y luego un invierno gélido. ¿Y por qué no serían las dos caras de una misma moneda?

-No entiendo -exclamé-, ¿todos somos buenos y malos a la vez?

Iruti me respondió:

-Todos tenemos facetas, todos tenemos porcentajes, y lo que es negativo lo podemos integrar, pero está dentro nuestro ese grupo de facetas, ese grupo de roles. Pero has viajado mentalmente, provocado consciente o inconscientemente por haber conocido los del vórtex a otros universos.

-Sí, porque mi anhelo real es hacer un viaje mental a ese mundo intangible.

-Pero lo puedes hacer -dijo Iruti.

-¿Y cómo? -pregunté.

-No teniendo aprensión, intentar disfrutar ese viaje.

-¿Y cómo sé que no es mi imaginación el viajar como la gente conoce como astral pero que yo lo llamo mental?

-No ocupes tu tiempo en entender si es cierto o no que viajas, disfruta ese viaje.

-Pero me sentiría autoestafado, si se entiende la palabra, como que yo mismo me estoy autoengañando si de verdad no viajo, si de verdad lo imagino.

-¿Y si fuera así -exclamó Iruti-, eso te impediría disfrutarlo?

-No, no pasa por ahí, pasa que mi anhelo es hacerlo de verdad, quiero entender el universo ya sea el alterno, ya sea el que está más allá de lo físico.

-Mi recomendación, Álvaro -exclamó Iruti-, es que no trates de entenderlo todavía. Conócelo, disfrútalo, vívelo.

-¿Y si es una imaginación mía, también puedo vivirla?

-Sí, por supuesto.

-¿Y no es un autoengaño?, ¿no me estoy estafando a mi mismo?

-No, porque no lo estás haciendo para engañar a nadie.

-¡No! -dije irónicamente-, ¡para engañarme a mí!

Iruti movió la cabeza y dijo:

-Ese es tu problema, no confías en ti y te frenas. Es como si fueras a correr siendo un deportista y de entrada dices "¿De qué me sirve correr si mi rival me va a ganar?". ¿Y si en vez de competir contigo mismo disfrutas de ese recorrido y te haces experto en ese recorrido?

Pensé. Y me atreví a preguntar:

-¿Y tú lo has hecho?

Iruti me miró y sonriendo dijo:

-Muchísimas veces.

-¿Y es tu imaginación?

-No. Sé que no, pues tengo pruebas.

-¿Cuáles?

-Muchas, sería largo enumerarlas ahora.

-Necesitaría una pista para saber qué prueba necesitaría coger de ese mundo, para muchos inaccesible.

-No podría decirte, porque lo que es una prueba para mí -exclamó Iruti-, quizá no lo sea para ti. Cada uno experimenta algo distinto. Pero no frenes tus anhelos.

-Y antes de irme, qué hay de ese mundo en el que viajé, que no era un mundo más allá de lo físico sino un mundo alterno. ¿Sería cierto?

-¿Por qué no? -dijo Iruti-, ¿por qué no?, es un mundo como muchos otros, donde reina el bien, donde se oculta el mal, pero el mal está ahí.

-¡Ah! -Suspiré-. ¡Qué difícil se hace todo!

-No, no, no, no; no proclames dificultades porque inconscientemente quedan dentro tuyo y luego no puedes expandirte a ese otro universo. No. Al contrario; di que todo te será fácil, sencillo y que podrás, y que lo lograrás. Ynos veremos de nuevo aquí mismo y me contarás tu experiencia. Suéltate, en este momento tienes un ancla, un ancla que te dice "Me cuesta, no puedo, es difícil, es complicado". No; saca de tu mente esas palabras.

Le dije agobiado a Iruti:

-Sí, todo eso lo entiendo: "No esto, no lo otro". Todo bien, el tema es llevarlo a cabo.

Iruti insistió:

-Suéltate, hazte liviano, sin peso sobre los hombros.

-Pero tengo problemas cotidianos -argumenté-, soy bueno en lo que hago como historiador, pero...

-Todos tenemos problemas, por supuesto, así es la vida. El tema es confrontar esos problemas y solucionarlos, o dejar que nos aplasten. ¿Tú qué quieres?

-No, confrontarlos y solucionarlos, y estar más liviano para poder hacer ese viaje.

-Bien, tú mismo te has respondido.

 

Nos estrechamos la mano y me fui, de verdad, más liviano, para hacer ese viaje que llamáis astral y que yo lo llamo mental, y poder recorrer ese universo de maravillas y ver de encontrar esa prueba o detectar algo que me diga, que me dicte que el viaje lo hice realmente y que no fue mi imaginación.

 

Gracias por escucharme. Gracias.

 


Sesión 21/08/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Álvaro O.

Su amigo era una biblioteca, sabía de todo y podía enseñarle de todo. Se lo demostró. Pero le había prometido llevarlo a cumplir un sueño, para ello necesitaba a un hombre sabio, un hombre de edad indefinida pero de mirada noble. Fueron a encontrarlo.

 

Sesión en MP3 (3.541 KB)

 

 

Entidad: Nunca perdí las esperanzas de contactarme con aquel que está más allá de las estrellas, a mis padres evito comentarles porque me dicen soñador o inútil. Me he esforzado trabajando y logro solamente fracasos, reproches, dudas, y entiendo que la mejor manera de contactarme con esa presencia infinita es que eso que me llena todo mi ser se desprenda de mí y pueda viajar mientras mi cuerpo queda dormido en mi catre. Y no quiero que me timen, como ese Figaret. Me siento humillado.

 

¿Y quién veo en el poblado?, a Figaret, sonriendo, despidiéndose de una dama. Y se choca conmigo.

-Aldone, te estaba extrañando.

Lo miré con rencor y le dije:

-Te he dado dos metales plateados para nada.

-¡Ay! Aldone, Aldone, Aldone, no aprendes más, tu problema es el dinero.

-Mi problema es que yo quiero contactar...

-Basta -cortó Figaret-, de eso hablaremos después. Ven conmigo a la taberna, vamos a jugar a las barajas. ¿Sabes fingir?, vamos a jugar al juego de fingir.

-Lo conozco, pero no soy un experto.

-¿Cuánto llevas contigo?

-¡No!

-¿Cuánto llevas contigo, Aldone?

-Cinco monedas de plata.

-Mira, hagamos una cosa, yo te hago ganar cincuenta monedas de plata y me conformo que me des diez.

-¿Y si pierdo lo poco que tengo?

-No vas a perder, yo voy a estar sentado frente a ti. Vamos a ser seis jugadores. Cuando yo sonrío tú pasas.

-¿Qué significa pasar?

-Que no redoblas la apuesta o que directamente no apuestas. Cuando yo estoy serio apuestas, si sonrío te abstienes, si sigo serio redoblas la apuesta en el caso de que los demás redoblen la apuesta. Es fácil ¿Lo has entendido?

-Sí, Figaret. ¿Esto no será otro timo?

-¡Ay! Aldone, Aldone, Aldone, ¿qué puedo hacer contigo para que te des cuenta de las cosas?

-¿De dónde venías? Has engañado a otra dama.

-¿Yo? Esa dama que has visto me ha seducido y me ha roto el corazón, por eso ahora vamos a jugar al finge, para olvidarme de ella. -Meneé la cabeza porque no le creía nada.

 

Dentro de la taberna había un ambiente tan bajo, de maleantes, de rufianes... Y nos sentamos a una mesa redonda, donde completamos seis.

-¿Con cuánto se empieza? -dijo Figaret.

-Una moneda plateada -dijo uno.

Me hizo señas.

-Pon. -Cogí una moneda de mi bolsillo y la puse-. Y la que me debes a mí -dijo Figaret-. Pon por mí también. -Y puse por él, ya veía que perdía.

 

Se dio la mano. Uno apostó dos monedas más. Figaret, serio, apostó también y me miró y frunció el ceño. Es cierto que me dijo que si estaba serio tenía que apostar. Aposté dos monedas más. Vi que seguía serio y subí la apuesta, otra moneda más. Dos la cubrieron, Figaret no. Mostramos los tantos y me sorprendí enormemente al ver que había ganado. Retiré.

La tirada siguiente, apostamos. Figaret serio. Aposté. El otro redobló la apuesta. Figaret serio. Se la cubrí. Del otro extremo otro redobló. Figaret sonrió: sonreír era que me abstuviera.

-Paso -dije. Y ganó el que había redoblado la apuesta. Tenía de todas maneras metales a mí favor. Algunas tiradas las ganó Figaret, otras dos de las personas, pero la mayoría las gané yo y me quedé por lo menos con cuarenta metales plateados.

Uno que tenía un tajo en el rostro se levantó y sacó su espada.

-¿Cómo sé que no has hecho trampas? -En ese momento Figaret sacó un pequeño espadín y se lo apoyó en la garganta al hombre.

-¿Estás dudando de mi amigo?

-No, pero...

-¿Estás dudando de mi amigo?, te degüello aquí mismo. Guarda tu arma.

-No, pero... -Le cortó un poco y salió sangre de su garganta apenas, apenas. El hombre guardó el arma y salió corriendo.

-¿Vosotros tenéis algo que decir?

-No, no, Figaret. -Figaret guardó su espadín y salimos a la calle.

-Hay algo raro -dije-, tú tienes fama de ganar siempre, ¿cómo es que he ganado yo?

-Te he dejado ganar. Había muchas manos que tenía mejores cartas, pero me abstuve, quería mostrarte que es fácil.

-¿Puedo hacerte una pregunta? ¿Cómo sabías cuándo estar serio, cuándo sonreír, cuándo yo tenía que apostar, cuándo yo tenía que abstenerme?

-Es fácil -dijo Figaret-. A medida que van repartiendo las cartas y los números que van saliendo me doy cuenta de lo que va quedando en el mazo, me doy cuenta de lo que tiene cada uno.

-¿Eres adivino?

-No, soy intuitivo y aparte calculo. Por eso gano.

-Tienes fama de tramposo.

-Jamás hice trampas. Ahora tú has ganado, ¿has hecho trampas?

-No, solamente te obedecí cuando tenía que abstenerme, apostar, redoblar apuesta.

-Eso es lo que hago yo. Te podía haber ganado tranquilamente pero me abstuve para mostrarte el placer. Así que has ganado cuarenta, me debes diez. -Se los di-. Te has quedado con treinta. Treinta metales plateados cubren perfectamente los dos que me has dado. ¿Estamos bien?

-Estamos bien. Pero no he resuelto lo otro.

-Ven, ven conmigo.

-No quiero andar con tantos metales encima.

-Estando conmigo no te va a pasar nada.

-Acompáñame hasta mi casa, le quiero demostrar a mis padres que no soy un inútil.

-¿Y les vas a decir que estuviste jugando?

-Por supuesto que no, les diré que estuve trabajando y me pagaron.

-¿Y te pagaron tantos metales?

-Les daré diez, pero quiero tener el orgullo de refregarles en el rostro de que yo puedo ganar dinero.

-No te entusiasmes, no te voy a llevar siempre conmigo -dijo Figaret.

 

Llegué a casa y le dije a mi padre:

-He trabajado. Tomad.

Miró los diez metales plateados y dijo:

-¿Qué trabajo has hecho tan importante?

-En unos almacenes. Ayudé bastante a vender mercadería cara. Mi amigo lo puede atestiguar. -Padre lo miró a Figaret.

-Tu amigo parece un disfrazado con esa ropa. ¿Trabajas en un teatro? -Figaret hizo una reverencia.

-Sí, señor, trabajo en un teatro ecuatorial y me pagan bien. -Hizo un gesto de aprobación.

Y le dije:

-Ahora tengo que ir a otro poblado. -Prácticamente padre no me prestó atención contando las monedas plateadas.

 

Y marchamos con Figaret.

-No vayamos al galope con los hoyumans, vayamos al paso, tranquilos, no cansemos a los equinos.

Llegamos a otro poblado. Había una reunión y nos encontramos con un hombre de edad indefinida pero de mirada noble.

-¿Quién es? -le pregunté a Figaret.

-Se llama Fondalar.

-¿Lo conoces?

-Lo he visto varias veces y él a mí también, pero no hemos conversado.

-Hablas con respeto.

-Es un mento.

-¿Qué es un mento?

-Alguien que tiene un don en su mente y puede hasta controlar la mente de los demás.

-Eso no existe.

-Te aseguro que sí, te aseguro que existe. A él no podría ganarle a las barajas porque hasta puede leer mi intención. Afortunadamente a él no le interesa eso.

-¿Y qué está haciendo en este poblado?

-Dando un pequeño sermón a la gente de este poblado que durante mucho tiempo fue víctima de saqueos y ahora por suerte están armados y ya nadie se mete con ellos. Pero han perdido familiares, amigos, y de alguna manera les está dando palabras de consuelo.

 

Cuando terminó, el hombre lo miró a Figaret y luego me miró a mí.

-¿Cómo estáis?

Figaret dijo:

-Yo bien, como siempre. -El hombre rió.

-¡Je, je! La gente piensa que eres un pillo, pero yo sé que has salvado vidas. -Figaret frunció el ceño-. Tengo muchos amigos que te conocen y has hecho muchas obras buenas. Pero seguro no vienes por ti.

-No -dijo Figaret. Me señaló a mí-. Él es Aldone, dice que busca contactarse con aquel que está más allá de las estrellas. Yo cumplí con mi cometido -dijo Figaret-, así que os dejo. -Se estrechó la mano con Fondalar, el mento, y se marchó.

Me dijo a mí:

-Búscame en el poblado cuando quieras volver a jugar.

Fondalar le dijo:

-Espero que no sigas corrompiendo gente.

-¿Yo?... Has dicho que soy una buena persona. Nos veremos. -Me quedé con Fondalar.

-No sé por dónde empezar, no sé qué decir.

-Ven, acá hay una pequeña posada tranquila, pequeña, nadie nos molestará. ¿Cuál es tu idea?

-Mi idea es, no tanto contactarme con esa esencia divina sino que lo que me motiva por dentro, que eso que me llena salga de mi cuerpo y a nivel espiritual pueda viajar.

-Entiendo. Te refieres a un viaje astral.

-Sí, algo así.

-Está bien. Comamos algo. -Comimos algo-. Nos alojaremos aquí en la posada. Tú te quedarás hasta mañana, yo estaré un rato contigo y luego me marcharé.

-¿Es verdad que usted es un mento?

-Es cierto, pero no se trata de que yo utilice mis dones sobre tu persona para lograr que hagas ese viaje, lo harás tú, no yo. -Subimos a la habitación que alquilé hasta el día siguiente. Me dijo-: Recuéstate y cierra los ojos. -Por un momento me sentía intranquilo.

-¿No me pasará nada?

-No te pasará nada, Aldone.

-Cierra los ojos. Imagínate que en la coronilla, en el centro de la cabeza entra mentalmente una luz dorada que invade todo tu cuerpo, tus manos, tus pies y mentalmente sientes tus dedos, sientes tu rostro, visualízalo. Sientes que la sangre corre por tus brazos, por tus piernas y que esa sangre se inunda de esa luz dorada y te sientes más liviano, ya no precisas abrir los ojos pues en este momento dejas de sentir tu cuerpo, y fíjate que puedes verte a ti mismo recostado en el catre.

 

Me vi fuera de mi cuerpo, fuera del cuarto de la posada, me vi en las alturas pero ya no era de tarde, veía como un cielo estrellado y viajaba a la velocidad que mi mente quería.

Intencioné llegar a la casa de mis padres y los vi cenando. Y me dirigí hacia el norte y en instantes llegué a las cumbres nevadas, veía las tribus de los guerreros.

Y quise ir más allá, a lo alto, y vi algo que me impresionó, vi todo Umbro, y se veía como una esfera oscura, muy oscura rodeada de estrellas y di una vuelta a través de ese mundo que era mi hogar y vi a ese sol a lo lejos, un sol rojizo, pero no sentía el calor en mi rostro, tampoco veía mi cuerpo, es como que fuera todo ojos.

No sentí vértigo, sentí éxtasis, placer de poder haber salido de mi cuerpo. Y fue fácil, fue hacer entrar una luz dorada por mi coronilla, que esa luz dorada inunde mi cuerpo, sentir mis extremidades hasta dejar de sentirlas y que mi cuerpo se vuelva tan liviano en mi mente hasta salir del mismo.

Y me di cuenta que lo liviano no era mi cuerpo, que seguía acostado en la cama, era la esencia interna la que viajaba.

 

Por un momento sentí como pánico porque, ¿cómo encontraba otra vez mi poblado? Pero fue sencillo, fue intencionar y ya me veía otra vez en mi cuarto y estaba otra vez en mi cuerpo. Y abrí los ojos, en una mesita al lado de mi catre había una lámpara de aceite encendida. Fondalar no estaba, estaba solo, me sentía cansado con sueño. Miré por la ventana y todavía no había anochecido, y sin embargo en ese viaje astral vi a mis padres cenando. ¿O también viajé en el tiempo?

Me dio un sueño tremendo y quedé dormido. En ese sueño viajé una, dos, tres, varias veces recorriendo regiones hasta que finalmente me desperté con un apetito tremendo, era de mañana.

Bajé. El posadero me preguntó:

-¿Todo bien?

-Sí.

-Ayer por la tarde su compañero me dejó un metal y me dejó pago su desayuno.  ¿Se lo sirvo?

-Sí.

 

Devoré un par de hogazas de pan con un vaso de leche. Lo saludé al posadero, fui a la cuadra, le dejé unas monedas al que cuidaba mi equino, monté y me marché del poblado satisfecho. Me fijé que tenía el resto de las monedas encima y me fui para casa habiendo logrado hacer ese viaje astral tan anhelado.

No me contacté con aquel que está más allá de las estrellas o quizá sí, o quizás aquel que está más allá de las estrellas sea todo, sea el mundo, la posada, los campos, las cumbres nevadas, yo mismo, mi interior, esa esencia que me anima.

Y estaba contento, por fin estaba contento.

 

Gracias por escucharme.