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Psicoauditación - Beymar

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 08/03/2016

Sesión 21/03/2016


Sesión 08/03/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Beymar

La entidad relata una vida en Umbro en que perdió a todos los suyos en un ataque de unas hordas. Quedó solo. Deseando encontrarse marchó y por el camino encontró a alguien que le ayudaría en su búsqueda.

Sesión en MP3 (2.475 KB)

 

Entidad: Llevaba dentro mío una tremenda carga en el pecho, en mi mente, en todo mi ser. Mi nombre era Grimán. Muchas veces me miraba en las aguas del arroyo para tratar de percibir qué pasaba dentro mío. Veía un hombre rubio de ojos acerados, cara afilada, barba recortada y me sentía impotente porque salvo mis ojos acerados, un gris impenetrable, no lograba ver nada dentro mío. Eso que me consumía a fuego lento, ¿era odio?, era deseos de venganza. Sé que en cada época, en cada mundo, en cada rol en el que encarnamos vivimos distintas situaciones acordes al momento, al lugar, y a veces se dice que nos acostumbramos, que nos adaptamos a la región, al mundo, a la época. No. ¿Quién se puede adaptar a las desgracias?

 

Cuando era adolescente, que no hace tanto tiempo atrás, salía con una joven de mi aldea, hija de Jarbuz, un vecino amable, atento. Ella se llamaba Lalia. Paseamos con nuestros hoyumans, fuimos hasta un pequeño valle, nos recostamos en la hierba, nos besamos.

En un momento mi olfato desarrollado se apartó de Lalia, olía humo. Me puse de pie y miré a lo lejos, en dirección a la aldea se veían columnas de humo. Corrimos rápido a nuestros hoyumans y galopamos hacia la aldea. A lo lejos vimos una horda de guerreros turanios que se alejaba aullando, gritando como bestias salvajes. Las casas de madera completamente quemadas, cuerpos calcinados o muertos a flechazos. Llego a nuestra casa, mis padres sin vida. Escuché el grito de Lalia, su padre, ese buen hombre yacía sin vida en la puerta, su mamá adentro calcinada por el fuego. Lalia se quebró, algo le pasó por dentro, me miraba, balbuceaba, trataba de hablar y no podía, decía frases incoherentes, señala al padre, la mano le temblaba. Cayó de rodillas, la levanté. Me miró a los ojos, me apartó, frunció el ceño.

-Soy yo, Grimán.

 

El pánico le invadió el rostro, no me reconocía, su mente se había quebrado.

Me doy vuelta rápidamente y había una docena de sobrevivientes, las mayoría mujeres mayores, dos o tres ancianos, un par de niños.

Me quedé en la aldea algunos amaneceres ayudando a enterrar los cuerpos, ayudando a los dos hombres medianamente fuertes que quedaban a reconstruir algunas casas.

Lalia se había quedado en lo de Inta, una señora mayor. Se abrazaba a ella, no quería salir de la vivienda de Inta. Las pocas veces que la fui a ver se escondía.

Me sentía mal, sentimientos encontrados, es como que hubiera perdido a Lalia. Por otro lado me sentía molesto porque me confundía quizás con un turanio, no había nada que hacer.

 

Algunos amaneceres más me alejé de la aldea. Anduve con mi hoyuman, con la alforja llena. Por suerte tenía bastantes metales plateados y cobreados, mi espada al costado y un puñal escondido en mi bota. Y marché. Estuve en distintos poblados siempre preguntándome cómo los turanios que están al norte podían haber llegado tan al sur, cómo no los detuvieron en otras regiones. Inta me había dicho que no eran más de treinta. Seguramente eran renegados pero mi mente reactiva, para la cual todo es igual a todo tenía odio contra todos los turanios y si alguno se cruzaba en mi camino le atravesaría el pecho con mi espada.

Sentía como que no tenía un lugar de pertenencia, como que la vida era ingrata, como que las situaciones se te hacen cuesta arriba, como que es fácil bajar cuando caes a un precipicio pero cuando trepas hacia la felicidad es como un camino pedregoso donde hay rocas sueltas y te caes, y no llegas nunca a esa cima anhelada.

 

Estuve en varias posadas. Mi padre me había enseñado de herrería, en uno de los poblados estuve muchos amaneceres, cerca de treinta, ayudando a un herrero. El hombre estaba entusiasmado, me decía:

-Grimán, quédate, te pagaré bastantes metales.

 

Pero algo dentro mío me quemaba, yo mismo no quería encontrar un lugar de pertenencia. ¿Qué era un lugar de pertenencia?: Donde tienes la familia, el amor, los amigos. Había perdido a Lalia, estaba su cuerpo pero no su mente. ¿Amigos?, desconfiaba de todos, no podía hacer amigos.

El hombre me pagó bien y me dijo:

-Grimán, la herrería estará abierta para ti si vuelves.

Nos estrechamos la mano fuertemente.

 

Retiré del corral a mi hoyuman, le di bastantes metales al encargado. Le dije gracias, mi hoyuman era como mi hermano. Monté y seguí viaje al paso.

De la misma manera que mi olfato era agudo, mi oído lo era más, escuchaba como choque de metales más adelante. Apresuré mi cabalgadura y a lo lejos, abajo, en una hondonada, veo a un joven, tres asaltantes lo estaban rodeando. Era bueno con la espada pero no tanto como para vencer a tres. Me acerqué, saqué mi espada, ataqué a uno sin decir nada, le corté la cabeza. Cuando el otro se dio vuelta ya tenía mi acero clavado en su pecho. El joven dio cuenta del tercer bandido. Le miré el rostro, era muy joven, de mirada noble, agradable.

-Gracias -me dijo-. Mi nombre es Icono. -Nos estrechamos la mano.

-Soy Grimán, vengo del sur.

-Yo vengo del norte, de bastante lejos del norte -me dijo Icono.

-¿Le escapas a algo?

-Icono me dijo:

-A la vida, supongo. He pasado por situaciones bastante, bastante difíciles. ¿Y tú?

-Algo parecido. Una horda quemó mi aldea, murió mi gente. No tengo más nada para contar.

-Agradezco el haberme salvado la vida -dijo Icono.

 

Me invitó a tomar unas bebidas espumantes. Fuimos al paso hasta el próximo poblado, llegamos casi al anochecer, comimos en la posada, dejamos nuestras cabalgaduras en el corral. Hablamos con Icono de mil cosas; de la vida, de las injusticias, de las traiciones. Yo no entraba en detalles con mi vida, él tampoco en la suya pero por lo que relataba había pasado por situaciones difíciles. No puedo decir que las mías eran peores porque a cada uno le aprieta más la bota que al otro, porque es uno el que la siente, entonces sería prejuzgar decir "lo mío fue peor que lo tuyo". Cada uno sabe de su historia, de su vida, sus situaciones, sus angustias, sus pesares... ¿por qué no sus alegrías?

Hacía tan poco que conocía a Icono y me caía bien. No es que fuera transparente, se guardaba cosas, no contaba todo pero yo sabía visualizar rostros. Miraba a los ojos... no, no sabía mentir. Al contrario, era quizá demasiado transparente.

 

Nos quedamos en el poblado seis, siete amaneceres, cada uno pagó un cuarto en la posada. Por la mañana galopábamos, llegábamos hasta un arroyo. Yo no perdía la costumbre de mirarme, Icono se sorprendía.

-Por qué te miras tanto en las aguas.

-¿Qué te puedo decir? -le respondí con una pregunta-, trato de encontrarme a mí mismo.

-No entiendo.

-Yo tampoco me entiendo, es cómo que guardo dentro mío un fuego y tontamente trato de ver si en las aguas se refleja algo.

Icono me dijo sabiamente:

-Entiendo lo que quieres decir, pero ese tipo de ardor, de llama, es invisible. Supongo que es mental y te afecta a la parte física y te daña.

 

Y me puse a pensar. Esa horda de turanios me dañó matando a los míos. El fuego que me consumía me seguía dañando. ¿Pero cómo lo controlaba? ¿Cómo se puede controlar lo inconsciente? ¿Cómo se puede controlar algo que llevas adentro como grabado a fuego, cómo? Todavía no tenía la respuesta pero la encontraría, estoy seguro que la encontraría.

 

Gracias. Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 21/03/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Beymar

Dos conocidos comparten sus ideas, sus pensamientos, sus penas y descubren que son antagónicos. Tras una breve pelea descubren que son muy parecidos.  Llegan a entenderse. Lo relata la entidad en una vida en Aldebarán IV.

Sesión en MP3 (2.563 KB)

 

Entidad: A veces sientes como que el rencor por ser permisivo ante situaciones que uno no se atreve a decir "No" te va consumiendo por dentro y nuestros roles del ego, que se transmutan permanentemente segundo a segundo, buscan un culpable, uno mismo. Lo irónico es que esos roles del ego son quienes nos empujan, ante nuestra vulnerabilidad, a ser permisivos ante necesidades, ante temores, ante temores de perder cosas o el afecto de personas o la amistad de seres que les tenemos afecto, y eso nos vuelve vulnerables.

 

Recuerdo la vida como Grimán, los deseos de venganza recordando la orden turania que había saqueado nuestra aldea matando a mis padres, el odio me consumía por dentro. Fue como un bálsamo, como el respirar aire fresco el haber conocido al joven Ícono. Él me comentó que al haber ido con su hermano mellizo a un poblado, al volver había encontrados muertos a sus padres.

Le pregunté:

-¿Nunca los vengaron?

-No, y no creo que lo hagamos.

-¿Y qué sucedió con tu hermano? -Ícono sonrió con un gesto que en realidad era mitad era sonrisa y mitad pena.

-Mi hermano murió, y estando contigo me acuerdo permanentemente de él.

-Me asombré y le pregunté:

-¿Era parecido a mí?

-No, no en el aspecto físico, se llamaba como tú.

Volví a asombrarme y le dije:

-Grimán no es un nombre muy común, y menos en esta región.

-Lo sé, éramos... -De repente rompió en llanto.

Le digo:

-Termina, por favor, lo que me estabas diciendo.

Ícono continuó:

-Éramos tan iguales y a la vez tan distintos... Practicábamos siempre con la espada. Él me veía como frágil, débil, demasiado estructurado, quizás. Me criticaban porque me gustaba mucho la lectura, era pacífico en una tierra donde lo hostil va delante, pero me quería como yo a él. Cuando nuestros padres murieron salimos a buscar justica a tontas y a locas.

-Explícate.

-Claro, ¿a quién íbamos a buscar? Teníamos sospechas pero nunca dimos con los verdaderos culpables. Grimán cambió, se volvió más hosco, más reactivo, más difícil de razonar, llegó a buscar pleitos. Era muy bueno combatiendo pero un día fue al poblado solo y había cuatro hombres bebiendo y él ya estaba un poco alcoholizado y los desafió diciendo: "Ustedes saquearon mi casa". Los hombres evitaron la pelea hasta que él volcó la mesa, golpeó a uno y dentro mismo del recinto acabaron con él. Me enteré al amanecer siguiente. Supe quién eran los cuatro.

Vinieron a hablarme, me dijeron:

-Disculpe joven, tenemos un montón de testigos de que no había manera de frenarlo.

-No los culpo -les dije.

Pero fue peor, porque matan a tu hermano, tú quieres acabar con quien lo hizo o morir en el intento, pero en este caso los hombres eran inocentes, él los había provocado y si no se hubieran defendido los hubiera herido o matado. Y el hecho de que tú te llames como él me hace sentir mal.

Le dije:

-Quizá sea el momento de que nuestros caminos se separen.

-Se quedó pensativo. De repente me dijo:

-Tus padres también murieron. ¿Cómo fue?

-Te lo he contado -le dije-, te lo he contado. Una horda saqueó mi aldea, una horda turania.

Ícono se puso pálido.

-¿Qué sucede?, -inquirí.

-Los padres de mi abuelo paterno eran turanios, o sea, mi descendencia es turania. -Aunque yo nunca conocí esa región mi mente se nubló, tenía enfrente mío un joven de descendencia turania, odiaba a todos los turanios. Es como que Ícono hubiera leído mi mente. -Si quieres matarme, mátame, me defenderé, pero matarme, en el caso que lo logres, no te dará consuelo.

-¿Tú qué sabes?

-Sólo sé que eres un tonto.

 

Ícono a propósito me provocaba quizá para sacar lo peor de mí. Desenfundé mi espada, el sacó la suya, intercambiamos golpes. En un momento dado le pegué con el codo en su mentón y cayó sentado al piso y le apoyé mi espada en su hombro. Soltó su espada, tomó el metal de la mía con sus manos y la corrió hacia el centro del pecho.

-Ahora empuja, empuja Grimán, sácate el gusto, mátame, venga a tus padres ya que yo no pude vengar a los míos.

 

En ese momento mi mente analítica triunfó sobre mi mente reactiva: guardé mi espada, tendí la mano para que se levante, cogió mi mano derecha y con la izquierda tomó su espada. Luego la guardó.

Luego me dijo:

-Sé que en los turanios hubo problemas, llamémosle políticos, donde hubo enfrentamientos entre distintos factores y hubo rebeldes que estaban en contra

del gobierno turanio y con la excusa de esa rebelión muchas hordas salían a saquear pero no fue nunca el gobierno turanio, no los culpes a todos por veinte o treinta asesinos, y no me culpes a mí, soy descendiente pero no me identifico con ellos.

Lo miré, vi su mirada limpia, su rostro trasparente y le dije:

-¿Y por qué me has provocado?

-Para que saques eso reactivo y momentáneamente lo elimines.

-Pero te podía haber matado.

-Confié que no, confié que iba a triunfar tu sentido común.

-Nunca seas tan confiado, Ícono.

-Será porque te llamas Grimán, como mi hermano. Obviamente eres mayor que él, apenas mil amaneceres más, pero en el poco tiempo que te conozco siento afecto, y lo que te ha pasado a ti, me ha pasado a mí. Tú has perdido a tus padres, yo perdí a mis padres, y a mi hermano indirectamente, porque él nunca hubiera sido un provocador en tabernas si nuestros padres hubieran vivido. Quizá por mi manera de ser, mi temperamento, ser más estructurado me permitió seguir analítico mientras que él perdió la cordura haciéndose matar.

 

Mis ojos acerados miraron al horizonte, las palabras de Ícono me hacían bien, era inteligente. Le dije:

-Quizá me pase como a ti y nunca encuentre a quienes mataron a mis padres. Quizá haya más hordas turanias, quizá combata contra algunos pero seguramente no serán aquellos que fueron responsables de la muerte de mis seres queridos. Tengo que buscarle otro sentido a mi vida porque si alimento con odio mi interior es como aquellos que alimentan su interior con  miedo, con dudas, con temores, con incertidumbres y vuelven su vida vacía, porque una vida llena de incertidumbres, de inseguridades, de rencores, de dudas, de celos no es vida, como tampoco es vida ceder ante demandas, como tampoco es vida vivir inseguro de si te aceptan, de si te aman, de si vale el esfuerzo luchar por algo. Y me doy cuenta de que sí, que vale el esfuerzo aunque la recompensa sea pequeña porque luego te seguirás esforzando en otras cosas y en otras, en afectos, en tareas, en amistades pero no alimentado tu interior con basura.

 

Ícono me miraba callado hasta que finalmente dijo:

-Pienso como tú.

 

De la misma manera que yo me alimentaba sanamente con las palabras de las palabras del joven, Ícono se alimentada sanamente de mi razonamiento. Por el momento seguíamos cabalgando juntos poblado tras poblado, luego aquel que está más allá de la estrellas nos macaría el rumbo.

Sé que uno elige pero sé que a veces las circunstancias nos hacen torcer del camino elegido y ni siquiera nos hacen optar por otro camino, las circunstancias nos empujan. A veces somos como esas barcazas en el rio que están a la merced de la corriente de agua, parece una comparación tonta pero es lo que pienso y es mi opinión y es tan válida como cualquier otra.

 

Gracias por escucharme.