Índice

Psicoauditación - Borius

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 18/03/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Entidad que fue Borius

En su poblado secuestraban mujeres y pedían rescate por ellas, es lo que conocía. El jefe mató a sus padres; aprendió a odiar y luego acabó con él. Eran las costumbres. La entidad reflexiona acerca de lo fácil que es juzgar las costumbres de otros.

Sesión en MP3 (2.338 KB)

 

Entidad: Mi nombre es Blau-El, plano 3 subnivel 1. No quiero justificar muchas de mis vidas, pero sí debo decir que en algunas de ellas me han empujado a hacer quien fui. Y no, no me arrepiento de lo que hice. Os preguntaréis por qué estoy en un plano de superación y no en un plano 2. No soy quien dicta las leyes, simplemente soy, me expreso, conceptúo como Blau-El.

 

Encarné en Umbro, el cuarto planeta del sistema de Aldebarán. Mi nombre era Borius, hijo de Pardez y Agreda.

De pequeño me acostumbré a las costumbres de la tribu del norte. No saqueaban aldeas, el jefe tribal Ontor evitaba perder hombres, iba con un pequeño grupo y asaltaban castillos pequeños, medianamente indefensos o casas de nobles donde la guardia era escasa y raptaban a las mujeres nobles o a las princesas para pedir rescate. Mandaban a varios esbirros a buscar el rescate explicándoles que si herían o mataban a algunos de los enviados acabarían con la vida de las secuestradas, y al jefe Ontor le daba más rédito eso que asolar aldeas donde el botín era incluso menor y podían perder hombres. Es cierto que de esa manera al no asolar aldeas no se llevaban mujeres esclavas, pero en la tribu había bastantes mujeres y Ontor era inteligente, tenía varias mujeres para él, pero es como esos niños que les das dulces y quieren más, y él gustaba de Agreda, mi madre.

 

No es que respetara a padre, a Pardez, pero le era útil, le era bastante útil, era como su segundo al mando. Pero a mí me maltrataba de pequeño, me maltrataba mucho, me golpeaba sin motivo, me pateaba. A veces estaba con otros jóvenes practicando con espadas de madera y de repente se me caía la espada y el jefe me decía "Eres un inútil", y me daba puntapiés en el estómago, o me golpeaba la cabeza. Padre lo sabía, pero era prudente, no quería enfrentarse a Ontor.

De pequeño quizás empecé a sentir odio más por padre que por Ontor, por su indiferencia a mi castigo. De adolescente incluso Ontor llegó a -ellos fumaban un tabaco especial que los adormecía, los hacía ver cosas-, y con la colilla del cigarro a veces me quemaba en los brazos. Cuántas veces quise rebelarme, pero sabía que mis fuerzas eran escasas para enfrentarme a Ontor.

 

Hasta que un día padre murió misteriosamente, lo encontraron muerto con una flecha atravesada al cuello, pensé en Ontor. Pero Ontor manejaba bien la espada, no el arco y flecha, pero sí muchos de sus esbirros. Y estaba convencido, absolutamente convencido que lo había mandado a matar. Y qué causalidad, empezó a cortejar a madre. Pero Agreda lo rechazaba una y otra vez, una y otra vez.

Recuerdo que una mañana en medio de todos la abrazó y la besó por la fuerza. Yo cerraba los puños. Pero aún era un adolescente, sabía que si me enfrentaba a Ontor me mataría. Y recuerdo que esa mañana madre le rechazó y le rasguñó el rostro dejándole la marca de sus uñas en la mejilla sangrante. Ontor sacó la espada y la atravesó a madre. Grité como loco, varios guerreros me sujetaron. Ontor dio la orden que me suelten. Me abalancé contra él, me golpeó con el costado de la espada en la sien y me desmayé.

 

Mi instinto de supervivencia hizo que me sometiera, en el sentido de agachar la cabeza, de no protestar. Cuando pasaba Ontor evitaba mirarlo a los ojos; me inclinaba. Él sacaba pecho pensando "El mocito está dominado, atemorizado". Pero una noche, todos bebiendo, bebiendo mucho porque habían cobrado el rescate de una noble, Ontor se fue, tambaleando, a su tienda donde le esperaban dos de sus mujeres. No llegó a la tienda. Llevaba un puñal entre mis ropas y en el camino le corté la garganta, tiré el puñal y me fui a acostar, nadie supo quien fue. Al día siguiente encontraron el cadáver, las mujeres no se dieron cuenta porque fumaban de esos cigarros alucinógenos y no sabían ni quien eran ellas.

El que quedó como segundo al mando, Urdo, preguntó si alguno lo desafiaba a tomar el mando. Nadie dijo nada excepto yo. Mi ego, mi estúpido ego por haber matado a Ontor me hizo desafiarlo. Urdo lanzó una carcajada.

-El mozuelo se atreve. Vamos Borius, saca tu espada.

 

Muy pocas veces había empuñado una espada metálica, pero tenía buenos reflejos y lo herí en el brazo izquierdo. Urdo se enfureció, me hirió en la pierna, en un costado, en el estómago y caí desangrándome. Me dejaron tirado y fueron a beber bebida espumante alabando a Urdo, el nuevo jefe tribal.

Me arrastré como pude, llegué hasta el almacén y me vendé, semiinconsciente, y salí casi mitad caminando mitad arrastrándome de la aldea refugiándome en el bosque. Se largó a llover, en ese momento perdí el conocimiento.

Cuando abrí los ojos había un sol que quemaba, estaba apenas guarecido por los árboles del bosque. Me sobresalté que había un hombre. Al sobresaltarme moví y sentí como una punzada de dolor en el costado izquierdo y en el estómago. Era un hombre grande, casi un anciano y una mujer también grande. Tenían una pequeña carreta, me subieron a ella, volví a desvanecerme.

Cuando abrí los ojos me dijeron:

-¡Vaya que has dormido! Te hemos cambiado las vendas tres veces y mi mujer, que es experta, te ha cosido las heridas. Nosotros vivimos en la montaña, criamos cabras monteses.

-¿Cuánto ha pasado?

-Tres amaneceres, con este. ¿Te han asaltado? -Dije la verdad:

-No, no, el jefe donde yo estaba mató a mis padres y luego, de impulsivo, desafié al que iba a ser el nuevo jefe. Y así me encontrasteis.

-Hubieras muerto -dijo el hombre-, si no hubiéramos pasado por ahí.

-Les agradezco, les agradezco enormemente.

-Puedes quedarte con nosotros hasta que te repongas del todo. -Me dieron un jugo de hierbas y me pusieron una bebida muy blanca, muy fuerte en la herida que me hizo retorcer del ardor que sentía-. No es la primera vez que te pasamos esto, pero estabas inconsciente y no te dabas cuenta de nada.

 

Recién a los siete amaneceres me sentí como un poco mejor, pero me costaba levantarme, tenía ganas de comerme un guisado pero me alimentaban a verduras y apenas algo de carne, argumentaban que estaba muy débil para comer otro tipo de comida.

 

Mi mente estaba en ebullición. Sentía odio por Ontor, pero por otro lado me sentía orgulloso de haberlo matado. De Urdo no puedo decir nada, él era la autoridad, yo lo desafié sin saber. Era muy joven, mi cuerpo todavía no se había fortalecido del todo y no era tan experto con la espada como yo creía, pero ya aprendería. ¿Volver para vengarme de Urdo? No, Urdo no hizo nada en contra mía, simplemente peleamos por la autoridad tribal y me venció. Pero sé que volvería, sé que el día de mañana volvería.

Tenía muy arraigada las costumbres de secuestras mujeres nobles y cobrar recompensas. ¿Me juzgáis de que era un acto hostil?, era una costumbre para nosotros, era algo normal. ¿Me catalogáis de algo malo, de cruel? En ese caso es porque no entendéis nada, cada uno se adapta a lo que conoce, a cómo fue criado. Mi propio padre, Pardez, hacía lo mismo y sin embargo ante mis ojos era un hombre bueno, aunque cobarde para enfrentar a Ontor cuando me castigaba.

Y de la pobre madre, Agreda, ¿qué puedo decir? Murió con honor, podía haberse entregado a Ontor y ser la esposa del jefe, pero amaba mucho a padre y lo respetaba aun habiendo muerto. Seguramente, en el fondo al igual que yo, sabía que el propio Ontor lo había mandado matar.

 

Llevé mi mente hacia aquel que está más allá de las estrellas y le agradecí el que esta gente buena me haya encontrado. No sabía cómo retribuirles, estaba en deuda con ellos, ya vería cómo; ¡tenía tantos asuntos pendientes! Por ahora, ¿de qué iba a retribuirles?

Les dije:

-Cuando me reponga los ayudaré con las cabras monteses.

 

Y luego veré de conocer a alguien que me enseñe bien el arte de la espada. Tenía que tener mi propio clan o volver fortalecido a desafiar de nuevo a Urdo por el liderazgo de la tribu. Pero había tiempo, todavía era joven.

Volví a dormirme, aún estaba un poco débil.

 

Gracias, de verdad, por escucharme.

 

Les habló Bau-El, plano 3 subnivel 1, que en el cuarto planeta de Aldebarán encarnó como Borius.