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Psicoauditación - Brenda D.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 24/03/2018

Sesión 30/04/2018

Sesión 04/09/2018

Sesión 24/09/2018


Sesión del 24/03/2018

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda D.

De pequeña mataron a su familia y quedó con los asaltantes, como esclava. Al poco tiempo intentó escapar pero la mataron.

Sesión en MP3 (2.622 KB)

 

Entidad: La vida es azar, no es cierto que está todo calculado porque dependemos de factores externos que de alguna manera nos condicionan amanecer tras amanecer.

 

De pequeña me crié con padre y madre. Éramos nosotros tres, vivíamos en un altiplano a tres mil líneas de altura. Era feliz, jugaba con los animales...

Madre me decía:

-Ciruela ya es hora que vengas a comer. -Hacía distintos preparados con vegetales.

 

Y sí, fui bastante feliz. Y era como bastante despierta de pequeña. Recuerdo que le pregunté a padre:

-¿Y mis abuelos, tus padres y los padres de mamá? -Y no me respondían.

Tenía cinco de vuestros años. Ya cuando cumplí ocho insistí con el tema y me dijeron:

-Prácticamente nos escapamos aquí al altiplano porque mataron a toda nuestra gente.

-¿Cómo? ¿Por qué? -pregunté.

-Porque nos veían distintos, porque nos tendrían miedo.

-Pero miedo ¿de qué?, ¡somos normales! -La conversación quedaba ahí.

 

Papá trabajaba en el campo, a pesar de estar a tanta altura del nivel del mar había bastante vegetación y animales. No tenía amigas, mis amigos eran los animales de la comarca. Hasta que una mañana relinchaban los hoyumans en el corral. Recuerdo que padre la miró a madre.

-Quédate aquí Ciruela -me pidieron. Me fijé y venían subiendo una docena de jinetes fuertemente armados con espadas, con lanzas. Y al costado los arqueros.

 

Recuerdo que cargaron sus flechas en el arco, las flechas salieron disparadas atravesando el cuello de padre y de madre. ¿Cómo puedo describir mi sentir, mi pensar? Me quedé como paralizada, no me abalancé a los cuerpos de padre y madre, me quedé petrificada pero no, no, no de miedo sino de estupor porque no entendía nada. Escuchaba que uno de ellos decía:

-¿Qué hacemos con la niña?

-Llevémosla. -Uno de ellos tenía una onda y me disparó una pequeña piedra que me golpeó en la frente y me desvaneció. Cuando recobré el reconocimiento me toqué y vi que estaba vendada.

-¡Se despertó! -Vi que me tomaron de la manos -con mi percepción, obviamente porque tenía una venda-, y me las ataron a la espalda. También tenía las piernas atadas. Uno de ellos me tocó el hombro dos veces.

-¿Te vas a quedar tranquila? -Asentí dos veces con la cabeza-. ¿Te podemos desatar? -Asentí dos veces de nuevo. Me desataron. Iba a sacarme la venda y me tomaron de la mano- ¿Qué hacemos, que se saque la venda? Dijo que se iba a portar bien, que se iba a quedar tranquila.

Me sacaron la venda. Miré el lugar, una enorme carpa. Estaban los hombres, los doce, comiendo con sus manos una especie de guisado.

-¿Tienes hambre? -negué dos veces con la cabeza-. Tienes que comer algo.

-¿Por qué mataron a mis padres? -pregunté.

-Porque eran peligrosos, ellos eran los sobrevivientes que habían quedado del valle.

-¿Ustedes fueron los que mataron a mi familia y al resto?

-No -dijo el hombre que aparentemente mandaba-, pero fue nuestra gente, el grupo era peligroso.

-¡Pero si padre y madre eran normales! ¡Por qué, si yo no hice nada, sólo soy una niña!

 

Lloré largamente. Me ofrecieron un vaso con un líquido, lo probé, era como amargo pero a su vez dulce, algún zumo de alguna planta, y me di cuenta de que tenía sed y que tenía hambre. Probé un poco del guisado, me parecía repugnante, acostumbrada a los vegetales que me preparaba madre.

Los miré fijo, con odio.

El que mandaba habló con el otro:

-¡Véndala inmediatamente! -Me volvieron a vendar.

-¿Por qué me vendan otra vez, por qué?, no estoy haciendo nada, no hago nada. -El segundo le dijo al que mandaba.

-¿Para qué la trajimos?

-Nos va a ser útil, va a ayudar con las tareas.

-¡Es una niña!

-Ya crecerá.

-Piensas que el día de mañana puede formar pareja con...

-No -dijo el que mandaba, terminantemente-, para nada, la niña no puede tener descendencia, es peligrosa.

 

Yo era normal, no sé porque me decían que era peligrosa, era normal, era normal.

Y pasaron los amaneceres. Llegamos a un poblado, había perdido el sentido de la orientación porque estuvimos dos amaneceres viajando. En el poblado había niños pero tenían prohibido acercarse a mí. Aprendí a hacer tareas, a recolectar hojas, a ordeñar, a plantar árboles pero rara vez me dejaban ir sola, siempre iba con un guerrero armado. Yo miraba a los niños y los niños bajaban la vista.

 

Y pasó el tiempo, cumplí catorce de vuestros años. Y nunca me acostumbré a vivir con esta gente, nunca les perdoné lo que pasó. Pero urdí una estrategia, no de hacerme la simpática pero sí de hacerme la obediente, la sumisa, la que ni recordaba cómo eran mis padres, como que ellos fueran mi familia, entonces es como que aflojaran la tensión, la tensión que había en el ambiente.

Algunos jóvenes que cuando llegué eran niños se acercaban y me conversaban pero después veía que sus padres, su familia los retaban, o sea que no salía de mi entorno.

 

Me fijé que seis de los doce guerreros originales que mataron a mis padres tenían familia, pero yo estaba en una especie de fortificación cerrada y de noche me ponían como una especie de tranca para que no pudiera salir. ¡Ah!

Me había ganado su confianza a medias pero nunca tenían la confianza del todo y no sabía por qué. No sabía porque habían matado a mi gente, mis originales del valle, no sabía por qué habían matado a mis padres. Yo no me veía distinta, no me veía distinta para nada, para nada.

 

Hasta que una tarde dos de los que eran niños cuando yo fui secuestrada allí, a ese poblado, ya eran muchachos grandes, que tendrían diecisiete o dieciocho de vuestros años -yo casi quince-, se empezaron a burlar de mí.

Primero, primero mi intención era romper en llanto y dije "¿Por qué, por qué son tan injustos?". Y sentí como una especie de calor en mi cuerpo, un calor que nunca había sentido, algo que me quemaba mis entrañas. Sentía las manos que me ardían, me ardían y mis ojos me molestaban, como que me quemaban, y mi mente era un torbellino de bronca, de furia, de ira por la burla. Y miré al mayor y pegó un alarido, un grito que se escuchó en todo el poblado y vi que parte de su piel se ampollaba.

Y el antiguo jefe gritó de atrás mío:

-Les dije que no la dejen sola. -Sentí un golpe en la nuca, seguramente me lanzaron una piedra con una onda y otra vez estuve inconsciente. Me desperté al poco tiempo y escuché que discutían.

-Les dije que era peligrosa.

-La culpa es tuya, que las has traído. La hubieras matado junto a sus padres. Por algo los exterminamos a todos.

 

Estaba confusa pero estaba impresionada. Había visto al joven que tenía todo el brazo ampollado como de quemaduras. Esa noche no me dieron de comer ni al día siguiente tampoco ni al tercer día. Estaba demacrada, débil. Había hecho mis necesidades en mi propia ropa.

Entraron los guerreros, me sacaron la venda, me desataron. Les dije:

-Por favor, hay un arroyo, déjenme que vaya a higienizarme, por favor.

 

No me tomaron de la mano, me hicieron andar y cuatro de los guerreros atrás mío armados, listos, prestos. ¿Prestos para qué?

Me sumergí en el arroyo con ropa, me higienicé con la ropa puesta y bebí toda el agua que podía, mis labios estaban resecos de la sed. ¡Ah, qué armonía, que lindo el agua, que maravilla!

Uno de ellos me tomó de los cabellos.

-Ya basta.

 

¿Cómo es que de repente tuve tanta ira? La ira que había sentido con aquel joven, ahora me venía más rápidamente. Le lancé una mirada al guerrero: se tomó la cara llena de ampollas y sus ojos es como que se derretían. Los otros tres me golpearon, uno de ellos me clavó la espada. ¡Ahhh!

Me golpearon, me golpearon, me golpearon. Estaba casi sin sentido y sentía punta pies, golpes en la cabeza, golpes en el cuerpo, seguramente alguna costilla fracturada.

 

Me desperté, estaba rodeada de unas aves carroñeras de más de media línea de altura y tenía en los brazos como carne arrancada por los picos de esas aves. Presumí que me habían dado por muerta y me dejaron tirada a merced de las aves carroñeras.

Escuché unos pasos, afiné el oído: hoyumans, ruedas de una carreta. Y perdí el conocimiento. Cuando volví a despertarme apenas podía moverme, tendría heridas internas, golpes. Me costaba hablar.

No sé quién de ellos me preguntó:

-¿Cómo te llamas?

-Ciruela -le dije. Y perdí el conocimiento de vuelta.

 

Y me sirvió para descansar, para descansar.

 

 


Sesión del 30/04/2018

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda D.

Tenía visiones que no podía controlar. Eran acerca de peleas internas en castillos. Pero ahora estaba entre amigos.

Sesión en MP3 (1.586 KB)

 

Entidad: Abrí los ojos y había una... una pequeña luz, una vela casi gastada. Sentía como miedo.

Se abrió la puerta y...

-¡Ah! Marya.

-¿Cómo estás pequeña? -me dijo.

-Bien, con hambre ¿Quién es?

-El príncipe Gualterio.

-Hola. -Me saludó con una inclinación de cabeza, no estaba acostumbrada que fueran todos tan correctos.

-¿Quieres comer algo?

-Sí, pero me levanto. Bajo con ustedes.

-María, ¿y el Rey?

-En sus aposentos -me dijo–. Ven, Ciruela, baja. -Me puse las sandalias y bajé.

-¿Quieres comer en el salón?

-No, no, no, en la cocina. -Nos sentamos en una mesa el príncipe Gualterio, la dama Marya y yo.

-Bueno, tienes dos comidas: ésta que es especial, pescado cortado en trozos, frío, con algunos vegetales...

-No, Marya, ¿qué comen los demás?

-No, los demás comen de ahí. -Me levanté y me miré, una olla gigantesca con guisado-. ¿Está caliente?

-Sí, quema.

-Yo quiero eso, me como dos platos... Esto no, esto no...

-¿No te gusta, Ciruela?

-Sí, pero no, yo quiero eso, quiero guisado. Bebida espumante no. No, bebida espumante no.

-Tenemos una especie de zumo de frutas.

-Eso sí, de frutas de lo que sea.

 

Comí con una voracidad tremenda, comí con tanta voracidad dos platos. Me agarró como una especie de sueño. Digo: -¡No puede ser, pero si me levanté hace un rato! -Me pasaban visiones, tenía como visiones.

-Cuéntanos, ¿qué te pasa?

-¡No me van a creer!

-¡Sí te vamos a creer! -me dijo el príncipe.

-Bueno, corran las sillas, pónganse enfrente mío. Veo... veo pelea...

-¿Batallas?

-No, no veo batallas, veo pelea. Hay mucha gente, veo como un patio grande, veo gente grande que toma a los niños del cabello y los tira, y se están peleando por frutos que hay en el piso, como que están pasando hambre, están pasando mucho hambre.

-¿Ciruela?

-¿Qué, Marya?

-¿Puedes ubicar adonde ocurre eso? ¿Es algo que pasó? ¿Es algo que está pasando? ¿Es algo que va a pasar?

-No, no, no, es algo que está pasando ahora, y no en un solo lugar, en dos, en tres, en cuatro lugares...

-¿Son como patios feudales, Ciruela?

-Sí, pero no se ve feria, se ven cosas rotas y gente que anda por las calles buscando de comer.

-¿Ciruela?

-Sí, Marya.

-Puede ser alguno de los castillos que estén en guerra y que al estar en guerra... ¿Sabes que la gente de aquí, la mitad se ha ido porque hay un tal Andahazi que dicen que quiere apoderarse de todo? ¿Puede ser que estén en guerra y por eso no tengan para comer?

-Sí, pero no...

-Explícate mejor, Ciruela.

-No veo batalla, no veo que estén peleando contra otra gente, es algo de adentro de los distintos lugares, de los distintos castillos. No, no veo batalla, veo pelea, pero es entre la gente pobre.

-¿Algún soldado que los esté reprimiendo?

-No, no veo soldados, Marya. Me hace mal ver eso, me hace mucho mal ver eso.

-¿Siempre has tenido esa videncia?

-No, no, yo sabía que si me molestaban podía hacer daño con la mirada, pero así, de poder ver algo que no puedo ver con mis ojos sino con la mente no, es la primera vez.

-¿Puede ser que porque ahora estés tranquila y no tengas temor de tu entorno, de la gente que te rodea y por eso has desarrollado eso?

-Puede ser, Marya. ¿Está bien que le diga Marya y no señora Marya?

-Ya te lo he dicho, Ciruela. Dime sólo Marya, y a él no le digas Príncipe, dile Gualterio directamente, estás entre amigos.

-No estoy acostumbrada, siempre es como que tuve temor de... siempre cuando me hacían un favor me pedían algo a cambio o buscaban una palabra que no me sale.

-¿Manipularte?

-Eso, manipularme, pero ustedes no, no buscan nada de mí.

-Buscamos que estés bien, igual no hace falta protegerte mucho porque sabemos que si alguien te molesta mucho, lo que sabes hacer.

-Pero tampoco quiero hacer eso, yo no quiero lastimar a nadie, aquel que está más allá de las estrellas me ha llevado hasta aquí.

El príncipe me dijo:

-En realidad hay una relación, yo estuve al bordo de la muerte, me han salvado y en el trayecto de regreso te han encontrado.

-Bueno, bueno, Príncipe...

Bueno Gualterio.

-Ese ser tan luminoso que está más allá de las estrellas hizo que todo se combinara. Pero no me gustan las visiones, no me gustan para nada. Pensé incluso en beber, pero no bebida espumante, esa más fuerte ese licor, pero ¿y si después no puedo controlar las visiones? ¿Y si después no puedo controlar mi vista? ¡No, solamente zumo de frutas! No. Ahora quedo mal porque esto, de verdad que está ocurriendo ahora. Pero no hace falta que me pregunten, sé lo que van a pensar, lo que están pensando y lo que me pueden decir, que trate de visualizar dónde. Pero no, a tanto no llega ese don o poder o lo que fuera, o videncia... Sé que son castillos que están relacionados con esa batalla que me mencionan.

-¿Puedes ver algo más, Ciruela?

-No...

 

¡Ay!, me agarró un fuerte dolor de cabeza y se lo estoy pasando al receptáculo que me alberga. Me retiro.

 


Sesión del 04/09/2018

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda D.

Las visiones que tenía eran reales. Fue hacia donde había las batallas por si podía ayudar. Allí moría gente.

Sesión en MP3 (1.267 KB)

 

Entidad: Me cuesta mucho llegar y yo sé que no son visiones porque sí, no quiero cansar tanto a mi equino porque va a caer reventado en el camino, pero no puedo parar. Por suerte ya terminó de llover, ya no llueve tanto. Pero no siento frío, es como que hay un calor dentro de mi cuerpo. Me pongo mal, como que me emociono demasiado miro mis manos y se ponen rojas, rojo fuego. Esto no me pasaba cuando... cuando esa gente se portaba mal conmigo y se prendían fuego por dentro.

 

Allí están. No me gusta mucho, ¡tanta arena! El desierto.

Algo le pasó a Ezeven. Allí están todos. A mi derecha hay una batalla.

 

-¿Qué haces aquí?

-Aranet, ¿dónde está Ezeven?

-Ezeven se fue tras los muros.

-¡Está en peligro!

-¿Has venido sola hasta aquí?

-He venido sola hasta aquí porque van a perder, yo tengo que ayudar para que no pierdan.

-No vamos a perder.

-Sí, van a perder. Atrás hay dos de esos dracons que ya cayeron, a uno le reventaron el ojo con una flecha, otro cayó.

En ese momento se acercó otro dracon.

-¡Aranet!

-Sí, ¿qué pasa, Alucar?

-Estamos mal, siguen avanzando, siguen avanzando.

-¿Ve?, ni con los dracons los pueden frenar.

-¿Quién es la niña?

-Me llamo Ciruela, y tú eres Alucar. Qué bonita eres, ¿cómo te llamas?

-Me llamo Xía, niña.

-¡Ah! Mira tú, eres una oriental. Estamos en peligro tengo que socorrer a Ezeven.

-No puedes ir, niña, no hay cómo trepar esos muros.

-Dejadme a mí -dijo Aranet-, iré yo.

-No, no, no. -En este momento un dracon tomaba vuelo-. Ven, ven para aquí, ven para aquí, ven para aquí, ven. -El dracon bajó.

El hombre se acercó enojado a mí.

-¿Qué haces?

-Tú eres Ligor.

-¿Cómo has atraído a mi dracon?

-No tienes que ir porque yo sé lo que quieres hacer y está mal. Déjame a mí, iré yo.

-No hay más dracons.

-Sí que hay. -Miré en ese momento al dracon del hombre alado Alucar. El dracon pegó como un brinco, hizo una cabriola y el hombre alado cayó a la arena. Corrí y me monté.

-¿Qué haces, niña? -dijo Ligor.

-Estos seres son hermosos, me entienden.

-¿Has montado alguna vez?

-No, pero me entienden. Vamos. -Y en ese momento volamos-. Ven, animalito, vamos para allá a donde está la fortaleza.

 

Miré para abajo, uno, dos, tres, cuatro, cinco proyectiles con hondas daban sobre la cabeza de Ezeven, estaba como atontado, nulo, no podía emplear sus poderes. Lo van a matar, lo van a matar. Vamos a descender, animalito, y luego vuela muy alto, muy alto que no te lleguen las catapultas, ni las flechas, ni nada, a uno por allá lo dejaron ciego. Déjame, déjame.

Se acercaron varios soldados.

-No vengan, los voy a lastimar. -Abrí mis manos, se pusieron rojas, inmediatamente los soldados ardieron. Se armó una desbandada, todos corrían aterrorizados pero había como diez o doce soldados que estaban golpeando a Ezeven que estaba casi sin sentido, no podía usar sus poderes.

-¡Tú!

-Ezeven.

-Tú, niña, he visto lo que haces. Lanza eso que tienes para aquí...

-¡No! -Venían más soldados, no se acercaban a mí, iban a volver a Ezeven, algunos con la espada, otros con hacha, lo iban a terminar de matar.

-¡Lanza eso!

-Yo no lanzo fuego, directamente es como una onda que hace que ardan por dentro.

-¡Lánzalo!

-Pero tú estás en el medio vas a arder también.

-¡Hazlo, por favor, hazlo! ¡Termina con todos, no me importa, no te preocupes por mí!

 

Ya eran más de veinticinco soldados, ¡Aaay! Puse mis manos, hubo como una especie de llamarada, ardieron todos los soldados y en el medio Ezeven, en el medio Ezeven. ¿Qué hice? ¿Qué hice, señor que está más allá de las estrellas, qué hice? Quise hacer las cosas bien y me salió mal.

 


Sesión del 24/09/2018

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda D.

La niña resultó gravemente herida en la batalla contra Villa Real y repasaba los últimos sucesos y sus últimos momentos.

Sesión en MP3 (1.904 KB)

 

Entidad: Muy pocos saben cuál es el dolor que más te afecta. Estoy en un estado de inconsciencia y escucho como a lo lejos las voces: "Me quedo con Ciruela". "Fíjate cómo está Nuria". Siento mi cuerpo y sé que he perdido bastante sangre, pero qué, ¿qué te lastima más el dolor físico o el dolor emocional?

Yo me crié como alguien no querido pero no, no, no por mis padres si no por el resto.

Alguna vez le dije a mamá:

-Nosotros no somos de aquí, yo siento que somos distintos. ¿Puede ser que tus padres hayan venido del lado del mar y nos hemos, nos hayamos asentado aquí y nos hemos adaptado a este lugar?

 

Presumo que mis padres siempre han tenido un perfil bajo pero no terminaban de ser aceptados. Y ese es el dolor emocional, el sentirme distinta. Aunque eso no sería lo malo, lo malo es sentirte distinta y no querida.

Y he cambiado mucho, en este último ciclo he cambiado mucho, mucho, mucho. Desde cuando me recogieron herida, que yo estaba casi entregada a aquel que está más allá de las estrellas, pero no, todavía tenía un capítulo más para hacer.

 

Yo tengo un oído muy fino. Lo escuchaba balbucear a Aranet: "La pequeña está creciendo de golpe, ella tendría que estar jugando, divirtiéndose con otras niñas y está en medio de una guerra". Pero voy a decir la verdad, estaba más afectado él que yo porque era lo que tenía que hacer, porque aparte aquel que está más allá de las estrellas me hizo varios regalos, eso que la gente llama dones o poderes, yo le llamo regalos. ¡Ay! ¿Son buenos? No sé si son buenos, no me gustan las visiones, porque no tengo visiones lindas, siempre tengo visiones feas, aterradoras. Cuando percibía que en algunas ferias feudales, en los patios feudales de esos castillos que estaban aliados con Villa Real maltrataban a los feriantes, se quejaban porque tenían hambruna y les daban con latigazos y si no los mataban. Y no es cierto eso de que los soldados tenían que obedecer no, no es cierto, estaban poseídos por esa misma maldad que tenían sus amos.

 

¿Es bueno o es malo que ya no sienta dolor? Tengo dos heridas y ya no siento dolor. Es como que ahora sí me voy con aquel que está más allá de las estrellas. Siento que me acarician el rostro y me dicen "Ciruela, Ciruela abre los ojos". Capaz que tengo una mueca de sonrisa y dejaré de sufrir.

Tengo visiones raras como cuando veía a Ezeven que estaba en peligro. Yo no sabía que Ezeven tenía tantos dones porque me dijo "Haz eso que tú sabes hacer". A ver, yo no envío cosas con mi mente, es como que me pongo muy mal, como que me pongo furiosa y enfoco mi vista y es como que la persona se va como quemando por dentro. Pero son gente mala. Y después aprendí a ayudarme con las manos para enfocar mejor.

Y Ezeven me dice:

-Haz lo que tengas que hacer.

-¡Pero te quemaré a ti también!

 

Y lo hice. Y mi tristeza, mi dolor se transformó en alegría cuando vi que Ezeven se protegía con su propia mente y es como que mi fuego interno no le afectaba.

Antes de cerrar los ojos había dicho "Vamos a ganar". Veía muchos draco raptors caídos, muchos cuerpos de lumarios inertes, pero me dolían más los animales porque se quejaban, un poco más grandes que los hoyumans pero se quejaban con voz finita, se quejaban como... como si fueran cachorritos "Hiiji, hiiji, hiiji, hiiji". ¡Ay! Me dolía todo adentro de sentir ese quejido. Apiádense y mátenlos directamente, apiádense, apiádense... ¡Por favor!

 

Me acordaba del castillo donde estaba la señora Marya, qué dulce. Este joven, Gualterio, muy voluntarioso pero muy caprichoso, aunque decían que yo era la caprichosa. Pero bueno, aún siendo la pequeña me pude defender hasta donde llegué, pero no sabía que era tan terrible. Ya no escucho tantos choques de hierro de espadas, ya no escucho tanto griterío, es como que la batalla se está terminando, se está terminando junto con mi vida.

 

Pero que contradictorio, ¿no? Por un lado siento la paz, voy a estar con aquel que está más allá de las estrellas en un lugar dorado, envuelta en Luz, sin enfermedades, sin dolor, y por otro lado no quiero, por otro lado no quiero. Quiero estar acá, quiero hacer cosas normales, tomar un zumo de frutas, comer unas hortalizas, quiero hacer cosas normales y no puedo porque no puedo más con mi físico.

 

Hice un esfuerzo, me impresioné porque había dos jinetes con draco raptors que habían esquivado a la resistencia y seguían disparando flechas hacia abajo. Uno me apuntaba a mí.

Yo no sentí dolor, yo sentí que todo se oscureció. Y yo quiero seguir estando, tengo más cosas por hacer, tengo muchas más cosas por hacer. Y se me puso todo oscuro, ya no sentía dolor, ya no sentía nada. ¿Y no sería hora de dejarme llevar? ¿No sería momento de dejarme estar? ¿No sería momento?