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Psicoauditación - Cristopher

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 19/11/2015
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Cristopher

Relata una vida que quedó con engramas de no sentirse querido, traicionado, prejuzgado. Su esposa le proporcionó la autoestima necesaria para ser feliz.

Sesión en MP3 (3.053 KB)

 

 

Entidad: Hace muchísimos años nací en la península Ibérica, en la zona de Castilla. Me llamaba Cristóbal López. Mis padres eran campesinos. Tenía un hermano mayor que ayudaba a papá con el ganado, ordeñando las vacas, con la cosecha. Yo era dos años menor pero había salido a mamá, con el cuerpo más menudo. Papá, a hermano Esteban lo tenía como el favorito, estaba todo el día con él. Yo me quedaba con madre ayudando en las tareas de la casa. Me sentía inferior.

 

Una vez madre me encontró en la habitación llorando y me preguntó qué me pasaba. Recién tenía doce años.

-No sé, madre, siento que padre me ignora, no me tiene en cuenta. Mi hermano es su preferido.

 

Cuando fuimos creciendo se acentuó la diferencia, Esteban era corpulento como padre, yo era más menudo. Tendría los genes de mamá y eso me volvió tímido.

Había dos bellas damas que me gustaban pero ni pensar el hablar con ellas. ¿Para qué? ¿Para que me den vuelta el rostro? ¿Para que me ignoren?

 

Mi hermano no tenía novia pero era lo que vosotros hoy llamáis un "Don Juan", varias jóvenes en el pueblo iban detrás de él. Alguna vez íbamos a la plaza central, todas lo miraban a él, yo pasaba desapercibido como si fuera invisible.

 

Recuerdo que una tarde se lo dije a madre. Ella me dijo:

-Cristóbal, eso está en tu cabeza. Tú eres delgado pero no eres famélico. También eres musculoso, haces cosas, ayudas en las tareas de la casa, quizá no sea tan pesado como lo que hace Esteban con padre en el campo pero ayudas mucho. Creo que incluso eres muy atractivo de rostro.

-Claro madre, tú lo dices para conformarme.

A veces llegaba hasta el arroyo y miraba mi rostro y no me agradaba lo que veía.

 

Recuerdo que se mudó una nueva familia cuando yo cumplí diecisiete. Tenía dos hijos, un hijo de veintiuno y una hija de dieciséis. Ella se llamaba Eliana.

Mi pensamiento era muy sucio, pensaba "Presa fácil para mi hermano". Pero cada vez que iba a hacer un mandado, Eliana se me acercaba.

-Cuéntame de ti -me decía.

 

¿Qué le podría contar?, que era un fracasado, que era tímido, que me costaba hablar, dialogar, conversar... Pero no se despegaba de mí.

 

Recuerdo que una tarde caminábamos por el bosque, se acercó y me dio un beso en la mejilla. Me quedé paralizado, completamente paralizado. No atiné a hablar.

Ella retrocedió y puso cara compungida.

-¿Te molesté? ¿Te incomodé? ¿No te gustó?

 

Negué con la cabeza, no me interpretó.

-¿No te gustó? -Insistió.

Cobré valor y dije:

-Sí, sí me gustó. Me sorprendí.

-Eres un joven muy bueno, nosotros venimos de otra ciudad más al norte y conocí jóvenes pedantes, demasiado orgullosos de sí mismos. Tú eres humilde.

 

Ella confundía timidez con humildad pero qué le iba a decir. Es raro pero cuando conoció a Esteban lo miró como si mirara un árbol o el horizonte.

-Es mi hermano.

-Sí, está bien.

 

Con el tiempo fui ganando confianza, empecé a soltarme más, a hablar más... Ya no me sentía con esa timidez, no me sentía poco atractivo, tampoco me sentía un fracasado. Sin dejar de ayudar a madre empecé a colaborar en las tareas del campo, no me costó aprender no sólo a ordeñar vacas sino a ayudar a parir los terneros, a alimentar los cerdos, hasta trabajar en la siembra y en la cosecha.

Mi cuerpo fue ganando músculos, siempre fui delgado. No iba a competir con el cuerpo de Esteban o de padre pero empecé a tener autoestima, a aceptarme, a quererme y fue gracias a Eliana. Me sentía tranquilo porque Esteban la ignoraba de la misma manera que ella lo ignoraba a él.

 

Recuerdo que una tarde fuimos a pasear al bosque y se había hecho un poco tarde, no era oscuro pero no había tanta claridad, sentí un ruido atrás mío y un golpe en la cabeza y me desmayé. Al despertarme estaba al lado mío Eliana desmayada con la ropa desgarrada. Me puse a llorar pensando que estaba muerta pero no, respiraba y quería buscar un paño para ir al arroyo y mojarle la cara. En ese momento pasó una carreta con varios vecinos del poblado y nos vieron, me vieron a mi sentado y a ella con sus ropas desgarradas. Me cogieron entre cuatro y me dijeron:

-¿Qué has hecho?

 

Me golpearon el estómago, el rostro. Nos subieron a la carreta y nos llevaron al pueblo, a mí atado de pies y manos. El pueblo me miraba horrorizado, los padres de Eliana me miraban y no entendían nada pues sabían lo respetuoso que yo era. El hermano me cogió del cuello y me dio un bofetón.

-Esto no va a terminar así, esto va a terminar en la horca.

 

Me sentí impotente, prejuzgado. Toda mi autoestima cayó de golpe a un precipicio. Me sentí una basura, me sentí acusado sin motivo. A Eliana la llevaron al médico, estuvo veinticuatro horas inconsciente. El médico trajo tranquilidad a la familia. No, no había sido ultrajada, seguramente manoseada pero no más de ello, no más que eso.

 

Ella recuperó el conocimiento. Lo primero que hizo fue preguntar por mí.

-Está en la cárcel.

-¿Por qué?

-Por lo que te ha hecho.

 

Ella confesó ante las autoridades, ante sus padres y ante la junta de Sinal que yo no tenía nada que ver, me habían atacado de atrás. Mi hermano mayor fue quien quiso ultrajarla, las pruebas están que ella con sus uñas le rajó la mejilla derecha y él después huyó.

Fueron a buscarlo y comprobaron que era cierto, tenía todo de huellas de sangre seca en su mejilla. Inmediatamente me soltaron y pidieron disculpas, el hermano de Eliana fue el que más se disculpó, aquellos que me golpearon, que me ataron. Bueno, me vieron al costado del camino, a ella con la ropa desgarrada... Cualquiera hubiera pensado lo mismo.

 

A mitad de año, en pleno verano nos casamos. Mi hermano se mató en la cárcel, llevaría algún hierro escondido y se abrió la garganta. Sentí pena pero más que nada por mis padres. Mi padre lloró mucho y que Dios me perdone pero sentí hasta rencor por él, todavía seguía siendo su ídolo a pesar de lo que hizo con la que ahora era su nuera.

 

Los padres de ella tenían una tienda importante de ropa, me emplearon. Como vieron que yo trabajaba a la par o más aún que su propio hijo, y el hecho de ser su yerno, me hicieron socio de la tienda.

Siempre fui honrado, aprendí de joven a leer, a escribir, a sumar, a restar, a dividir, a multiplicar, era quien llevaba las cuentas.

 

Fui feliz, tuve dos hijos un varón y una nena. A la niña le pusimos Isabel, al varón Juan Manuel.

 

Ya no pasaba por tener una autoestima, no me importaba si me aceptaban o no porque pasa siempre en el mundo que hay gente que te acepta y hay que no, todo pasa por tu mente, porque lo importante es que tú te aceptes, que tú te quieras, porque si tú titubeas y tienes miedo de hablar es porque en el fondo buscas la aprobación del otro y tienes miedo de que el otro te rechace ya sea en la búsqueda de un trabajo, de una amistad, de una relación de pareja. Siempre vas a encontrar un pero en tu propia persona.

 

He cogido muchísimos engramas de esa vida, engramas de falta de lugar de pertenencia, no me sentía querido, humillado, falta de autoestima, traicionado. El hecho de ser amado de la que luego fue mi esposa no eliminó los engramas pero me permitió ser feliz el resto de mi vida.

 

El descargar ahora toda esa vida pasada en Castilla hace que yo, como thetán, descargue y ayude a descargar a mi 10%. Por supuesto que con eso no basta, mi parte encarnada actual, Cristopher, que prácticamente es el mismo nombre que yo tenía allí en la Península Ibérica, Cristóbal, tiene que entender que también hay roles de ego que son tan o más graves que los propios engramas, porque los engramas nos condicionan tanto a mi 10% como a mí, como thetán, pero los roles del ego se camuflan, se disfrazan pero se los puede vencer integrándolos, entendiendo que la importancia pasa por nosotros, cómo nos sentimos con nosotros mismos sin depender de lo que digan los demás porque los demás opinan gratis pero no mueven un dedo por nosotros.

 

Hay dos cosas en las que el ego es vulnerable: Ante la crítica se defiende con un escudo. O ante el halago, más peligroso todavía porque se abre, el halago conquista. Ambos son perniciosos, crítica y halago.

Cada ser humano es importante, cada ser humano es único. Como dicen los grandes Maestros de Luz, cuando somos espíritus no somos ni obesos, ni delgados, ni altos, ni bajos, no tenemos color de piel, tampoco cuenta bancaria. Lo que nos hace valiosos es cómo somos con nosotros mismos y cómo somos con los demás.

Un gran Maestro de Luz dice que el universo es un espejo. Quizá no sea siempre así porque das amor y te devuelven odio... Pero lo importante es lo que tú das. Lo que el otro te devuelve lo puedes aceptar o no, deja de ser tu problema. La importancia pasa por uno, si no, seríamos exitistas, viviríamos pendientes de cada triunfo y de cada derrota. Y ese es el verdadero infierno, no el que nos pinta la Iglesia. Todo depende de nosotros. Y en esa difícil vida en la Península Ibérica logré ser feliz.

Padre mismo, a lo último, antes de morir me dijo:

-Le estoy tan agradecido a Dios por haber tenido un hijo como tú...

 

No fue una disculpa. En realidad no tenía de qué disculparse pero me hizo bien que me lo dijera. Un incentivo, una palabra de aliento bien dada no alimenta el ego. A veces precisamos una palmada en la espalda o que alguien te abrace y te diga "Eres importante", pero tampoco nos pasemos al otro extremo de que vivamos pendientes de eso porque sabemos que hay mucha indiferencia.

Entonces, como dije antes, aceptémonos primero nosotros, lo demás vendrá solo, os lo puedo asegurar. Os los puedo asegurar, Cris.

 

Gracias.