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Psicoauditación - David G.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión 12/09/2020

Sesión 16/09/2020

Sesión 21/09/2020

Sesión 20/10/2020


Sesión 12/09/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de David G. (Racorel)

La entidad relata una vida en Gaela, donde en aquel tiempo, o uno aceptaba al dios de los libros o se lo ejecutaba. Pero escuchó a Axxón hablar del Dios verdadero y no coincidía con el dios que adoraban en el templo. Aunque sus padres eran súperreligiosos tendría que averiguarlo. Y quedó para ir a sus sermones.

 

 

Sesión en MP3 (2.049 KB)

 

Entidad: Mi nombre, como thetán, es Racorel, del plano 3 subnivel 9. Tengo engramas muy antiguos, tan antiguos que sorprenden, pero voy a comentar el porqué son tan antiguos.

 

Del otro lado de nuestra galaxia, la Vía Láctea, a cien mil años luz de distancia hay una estrella muy muy similar a nuestro Sol, y su tercer planeta se llama Gaela. Es un planeta gemelo a la Tierra, a la que denominamos Sol III por ser el tercer planeta después de Mercurio y Venus. Pero así como Gaela está a cien mil años luz, del otro lado de la Galaxia, los hechos que voy relatar ocurrieron hace cien mil años, esto significa que si tuviéramos un telescopio tan potente como para poder ver los hechos que ocurren en ese mundo serían los hechos que ocurrieron justamente cien mil años, porque es el tiempo que tarda en llegar la luz de Gaela a Sol III.

Pero el relato ocurrió un poco más atrás de cien mil años, dos mil años atrás. Sería cuando comienza a contarse la época, el año cero sería, o un poquito más atrás.

 

Mi nombre era Eliseo, nací en Nebrón, al este del mar interno, en Gaela.

Nebrón ya no era independiente porque Lizia, gobernada por el emperador Marcelus se había apoderado de casi todo el continente, y Nebrón pasó a ser una provincia.

Algares, el rey de Nebrón, tenía autonomía pero obviamente pagaba impuestos a Lizia.

Marcelus, su emperador, había dejado como prefecto a Tulio y a muchos miles de soldados lizianos, porque Nebrón le convenía, porque era una provincia rica, porque trabajaba con telas, porque era uno de los mejores lugares para pescar.

Había muchísima gente rica que tenía varios barcos de pesca, comenzando por mi familia.

 

Mi padre, Bernabé, tenía varios barcos de pesca. Mi madre Elisa no tenía ni voz ni voto, como todas las mujeres de Nebrón. Las costumbres de Nebrón eran unas costumbres donde el hombre era el jefe del hogar y la mujer era la acompañante, no más que eso. Eso sí, todos los fines de semanas iban al templo. ¡Aaah!, fanáticos del templo.

 

Yo respetaba la figura de Dios pero no me terminaba de cerrar del todo, un dios vengativo. Había libros de la ley, escritos donde hablaban de la venganza, del castigo, de muertes. Yo pensaba "¿Pero qué es eso, qué es eso, cómo puede ser?". No me imaginaba a Hashem, el vengativo Hashem, como un dios de amor.

 

Tenía varios amigos: Joaquín, Josías, Naúm y el joven Josué. Josué era jovencito, un mozuelo, y sin embargo tenía mi mismo pensamiento.

Él me decía:

-Mira, mira, Eliseo, yo pienso que Hashem es un dios tribal, pero creo que hay  "alguien" más alto que abarca todo.

Lo miraba, me sorprendía el joven. Y le preguntaba:

-¿Y tú cómo sabes tanto?

-Porque escuché a un hombre.

-¿A un hombre?

-Sí, un tal Axxón.

-¿Axxón? No conozco nada de Axxón. ¿Quién es?

-Fui a alguno de sus sermones y luego nos juntamos.

-Pero en qué momento, si trabajas para mi padre...

-Los fines de semana.

 

Porque padre Bernabé sabía que a mí no me gustaba la pesca y me despreciaba: "Aprende de mí, he comprado dos nuevas barcazas y tengo varios empleados. Por supuesto que pago impuestos pero me queda bastante dinero. Eso sí, colaboro en el templo y los escribas me quieren".

Yo pensaba, padre está enceguecido, no quieren a su persona, quieren a su dinero, a su aporte. Y él, como todos los que iban al templo, se rasgaban las vestiduras mostrando como sufrían si Hashem los despreciaba porque no lo adoraban como era debido.

No tenía otra solución que trabajar con padre, pero quizá era torpe con las manos, quizá me incomodaba pescar.

Padre me decía:

-¡Ja, ja! Ni para eso sirves, ni para pescar. En invierno sientes frío, en verano te agotas de calor. ¿Qué vas a hacer de tu vida?

-Estudio con los escribas... -Ahí padre me miró de otra manera.

-Bueno, acomódate con ellos, que te den un puesto, por lo menos vas a ser respetado, porque yo en este momento no te respeto.

-¿Y madre? -Me miró.

-Elisa no opina. Y era cierto, madre no abría la boca, la palabra de padre era sagrada en casa.

 

Finalmente padre prácticamente no trabajaba tenía bastantes empleados, él manejaba el dinero, él llevaba las cuentas y le rendía al templo; y obviamente al prefecto Tulio. Tulio contento con padre. Que alguien de Nebrón no sólo no cause problemas sino que coopere para llenar las arcas de Marcelus, el emperador de Lizia...

 

Me sentía despreciado, disminuido, con baja estima. Lo conversaba con mis amigos Naúm, Joaquín y Josías. Ellos reían.

-¿Por qué te complicas la vida?, porque eres tú tan complicado, Eliseo. ¿Porqué no te dejas fluir, porqué no estudias los libros de la ley? Claro, te gusta sufrir, quieres que Hashem te castigue. Pero Hashem  no te va a castigar a ti, Hashem  va a mandar la peste a todo Nebrón por culpa tuya.

Los miraba a Joaquín, a Josías y a Naúm.

-¿Estáis hablando en serio?

-¡Por supuesto. Déjate de blasfemar!

 

Y entonces tuve que planificar otra estrategia, no hablar mal de ese supuesto dios tribal, no decir nada. Tratar de portarme bien, ir al templo los fines de semana, aparentar sufrimiento... ¡Ah! ¿Pero eso no era ser hipócrita?, ¿eso no era peor?, ¿eso no era ser igual que todos?

A veces lo envidiaba a Josué. Siendo tan joven, tendría quince, dieciséis años, y tenía una facilidad para pescar con las redes... Y encima, como era menor, padre le pagaba menos, pero a él no le importaba.

Un día hablé con Josué, y le dije:

-¿Tú no tienes familia?, ¿por qué trabajas para papá Bernabé?

Josué me decía:

-Mis padres son muy religiosos. Tú hablas de los tuyos..., no quisieras conocer a los míos. Viven hablando de Hashem, de la prosperidad que les da, de que Nebrón es el centro del mundo y de que si bien el poder lo tiene Lizia con su emperador Marcelus... ¿Que van a conseguir, el poder terrenal? Hay algo más allá.

-¿De qué hablas, dónde has escuchado eso?

-Te lo dije. Hay un hombre que se llama Axxón, y a veces nos quedamos conversando varios con él. Y participo mucho de la conversación y pregunto. Es un hombre serio pero más de una vez lo he hecho reír. Y a veces, cuando no voy, al día siguiente me dice: "Te esperaba y no has venido". Y le respondía: "Tuve que trabajar para ganar dinero extra, así mis padres están tranquilos si ven que yo trabajo. Y me obligan también a ir al templo"

Y le preguntaba a Josué:

-Y Axxón, ¿qué te responde?

-Que no los contradiga. Que pueden dominarme como ser humano, pero lo que no pueden dominar es mi pensamiento y mi ser interno.

-¿Cómo, tu ser interno? -le pregunté.

-Claro, la esencia interna mía.

Le dije:

-Me gustaría que...

-Dilo, dilo, Eliseo.

-Me gustaría, Josué, que pudiera acompañarte a conocer a ese tal Axxón.

-¡Pero por supuesto! Las reuniones en el templo son de mañana y los sermones que da Axxón en las afueras son por la tarde.

-Bien. Este fin de semana entonces iré contigo. ¿Le comento a Joaquín, a Josías y a Naúm?

-No -dijo el joven-. Yo sutilmente he hablado con ellos y son muy religiosos. Y uno de ellos, Josías, habla con los lizianos. Los lizianos, si bien no creen en Hashem, lo que no quieren es que haya disturbios en Nebrón, quieren que obedezcan, que paguen los tributos, que vayan al templo, que trabajen, que estén con su familias, pero que no alboroten. El propio Tulio, el prefecto, dice "Si ven alborotos los arrestan, y si el alboroto es demasiado los ejecutan".

 

Se me hizo la piel con los vellos parados. Quizá de la impresión de imaginarme cuando cogían un madero los soldados y a los muy rebeldes los clavaban y se desangraban hasta morir.

-¿Pero entonces, Josué, no es riesgoso acercarnos a escuchar a Axxón?

-No. No. Te enriquecerás. Confírmame entonces, que iremos juntos. -Lo miré al joven y pensé "Si es tan chico y sabe tanto, evidentemente Axxón debe enseñar bien". Y quería conocer lo nuevo, porque Axxón hablaba de otro Dios, de un Dios supremo, de amor, dejaba fuera la venganza, los sacrificios; solamente la Luz. Bueno, esa era mi forma de pensar.

 

Estaba impaciente que pasaran los días para que llegara el fin de semana. Mientras tanto, obediente, trataba de no incomodar a papá Bernabé y a seguir la rutina, una rutina que no me llenaba por dentro.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 16/09/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de David G. (Racorel)

Y asistió a los sermones de Axxón. Era todo nuevo, distinto a lo que le habían inculcado. Ahora podía distinguir un dios falso del verdadero Dios. Pero quería seguir, tenía mucho que aprender.

 

Sesión en MP3 (3.319 KB)

 

Entidad: Mi nombre es Racorel, plano 3 subnivel 9. Recordando una vivencia de cien mil de vuestros años atrás, una vivencia en Nebrón, donde tuve amigos, donde mi propio padre Bernabé me despreciaba porque tenía otro tipo de ambiciones y no quería de alguna manera cooperar con su empresa de pesca.

Cuando me hablaron de Axxón, hijo de Ruth, me sentí como que me podía aferrar a una luz. Y averigüé todo lo que podía.

 

Uno de los más cercanos a él era un joven, Josué, que trabajaba con mi padre. Josué buscaba ser más independiente, y entonces al trabajar con mi padre lo alejaba del control religioso de su familia. Al igual que yo, no creía que el vengativo Hashem era el verdadero Dios.

Recuerdo que el joven me dijo:

-Mira, ven conmigo, Eliseo. -Yo ya estaba mentalizado de ir a la reunión donde daba sermones Axxón, pero me dijo-: Antes de ello te presentaré a Tadeo.

-¿Quién es Tadeo? -pregunté.

Me dijo:

-Es el discípulo amado del Maestro, tiene mi edad. -Primero estaba como reticente.

-Tiene tu edad, es muy joven. ¿Qué podría contarme?

Josué me miró sonriendo, y me dijo:

-Eliseo, puede contarte la historia de Axxón, en las conversaciones que tuvo con él.

-Pero -objeté-, ¿no son temas personales?

-No, Axxón no tiene nada que ocultar, él lo que hace es transmitir la Palabra de su Padre, del verdadero Dios.

 

Y lo conocí. Era un joven que tenía una tremenda admiración por su Maestro, abnegado, sufrido, a veces pidiéndole prudencia a su Maestro para no agitar a los soldados de Lizia que obedecían a Marcelus, el emperador.

Eran épocas donde Tulio, el prefecto que obedecía a Marcelus, estaba bastante molesto porque había muchos disturbios en Nebrón, y eso que era la provincia más rica del medio oriente. La hubieran barrido del mapa si no fuera por los grandes impuestos que obtenía Lizia de los comerciantes,. Y lo que menos hacía falta era un agitador, ya habían clavado a varios en maderos con sufrimientos espantosos. Pero Axxón, por el momento, se mantenía en perfil bajo.

Recuerdo que nos sentamos con los dos jóvenes, con Josué y con Tadeo.

-Cuéntame de tu Maestro.

Tadeo me dijo:

-Qué puedo decirte, es un ser especial. Su mamá se llama Ruth.

-¿Y su padre?

-Nunca se supo, nunca se supo. La misma madre dice: "Entiendo que no tengo la memoria...".

Cometí una irreverencia, una torpeza. Hablé con los muchachos, tanto con Tadeo como con Josué, y le digo:

-Pero qué, ¿la señora Ruth tuvo muchas..., como decirlo, muchas experiencias que no sabe quién es?

-No, no sigas, no sigas por ese lado, Eliseo. -Cortó firmemente el joven Tadeo-.  Ruth es una mujer maravillosa, respetuosa de todo, de la ley. Y estamos muy agradecidos a Jeremías.

-¿Jeremías?

-Jeremías ya no está más con nosotros, la esposó a Ruth para evitar ser expulsada de Nebrón, porque imaginaos una mujer religiosa soltera, embarazada, podía ser hasta lapidada.

-Entiendo. Disculpad mi pregunta, entonces.

 

Y llegó el día, y estuvimos en una especie de recinto grande en las afueras de Nebrón. La ciudad era pequeña, se llamaba Néxer.

Axxón comentó:

-Escuchadme, he venido a dar Luz, a dar conocimiento. He venido a traer paz, a sofocar todo tipo de rebeliones. Existe algo más allá de lo visible, que es donde habita mi Padre.

Uno de los presentes le preguntó:

-¿Y quién es Hashem, ese dios tribal, vengativo que adoran en el templo?

-Es una esencia de Luz creada por mi Padre para cumplir con el trabajo de crear vuestra esencia que os anima.

-¿Nuestra alma?

-Vuestra alma, sí.

-Al igual que la tuya.

-No -negó Axxón-, mi esencia fue creada por mi Padre. Soy una especie de prolongación de mi padre para poder transmitir en todo Nebrón su Palabra. Muchos de vosotros seguirán vuestra vida, seguramente entenderán e interpretarán mi mensaje pero se dispersarán, no lo llevarán a cabo. Incluso muchos de los que hoy festejan lo que os digo, el día de mañana me darán la espalda para no quedar mal ante los lizianos, que son los que verdaderamente mandan en todo Nebrón. ¿Qué os puedo decir?, aun sabiendo todo eso mi misión es transmitir la Palabra de mi Padre y explicaros que hay otra vida más allá de la vida.

Uno dijo:

-Eso no lo entiendo. En los libros de la ley dice que si no amamos, si no adoramos a Hashem seremos castigados con el fuego.

Axxón lo miró al hombre y le dijo:

-¿Y a ti te parece amor eso? ¿A ti te parece que un dios de amor puede exigir que lo amen? ¿Acaso el amor no es espontáneo? ¿Acaso la gratitud no es espontánea? ¿Acaso la misericordia no es espontánea? ¿Acaso la compasión no es espontánea?... ¿Desde cuándo todo eso se ordena? ¿Si tú amas a tu hijo, te tienen que empujar para que lo ames o te nace de adentro de tu corazón o te nace de adentro de tu alma? Si tú amas a tu madre o a tu padre, ¿quien te empuja para ello, o sale de ti? No. No hay dioses vengadores, hay dioses de Luz. Hashem no es el único dios menor creado por mi Padre, hay otras tribus a lo largo de este mundo que también profesan religiones de premios y recompensas, religiones de castigos, religiones de miedo. ¿Desde cuándo el amor es miedo? ¿Desde cuándo la misericordia es miedo? ¿Desde cuándo el tender una mano al otro es obligatorio? ¿Desde cuándo el abrazarte con un hermano tiene que ser un acto que lo haces para que te miren? "¡Oh! Qué maravilla, qué maravilla, Salomón, mira cómo quiere a sus hermanos, cómo quiere a sus hijos".

Uno preguntó:

-¿Y qué pasa con las mujeres?

Axxón a su vez repreguntó:

-¿Cómo qué pasa con las mujeres? Nos anima la misma esencia que a las mujeres. Lo puedo decir de mi madre, Ruth. Entiendo a donde vais, porque comen aparte de los varones. ¿Por qué esa costumbre tan absurda? ¿Por qué el padre tiene que pagar una dote para sacarse a su hija de encima porque ya le molesta, porque la trata como un ser inferior? Esas son las enseñanzas de Hashem, despreciar a un ser igual a vosotros, a un ser abnegado como es la mujer, a un ser sacrificado y no reconocido. ¿De verdad queréis eso?, ¿no es mejor la igualdad, la fraternidad?

Levanté la mano y Axxón me miró con dulzura:

-Pregunta.

-Mi nombre es Eliseo. ¿Qué significa fraternidad?

-Hermandad.

-Pero no somos hermanos, nacimos de distinta madre.

-No se trata de lazos de sangre. He visto hermanos que se alejan, que se pelean por la herencia cuando muere el padre, a ver quién se queda con ese terreno, con los animales, con el dinero. No. Estoy hablando de otro tipo de fraternidad, esa fraternidad que va de corazón a corazón, esa fraternidad que va de interior a interior, de una persona a la otra. Esa fraternidad que enseña mi Padre. No se trata de tender una mano para que todos miren y digan "¡Qué bien!". No. No necesitas mostrarte, no necesitas darte a conocer de que haces buenas obras, porque eso es conveniencia, eso es apariencia y puede a llegar a ser hipocresía.

-Lo entiendo, lo entiendo, querido Maestro -exclamé-, me presentaron a vuestro discípulo, a Tadeo, y él me explicó algunas cosas.

Axxón lo miró al discípulo, sonriendo. Le acarició la cabeza y le dijo:

-Todavía es joven, todavía tiene mucho por aprender, pero me ha dado la satisfacción de que no encarné aquí de forma estéril. Incluso vosotros, los que estáis aquí escuchándome, me hacen sentir bien. A muchos les quedará plantada esa semilla en vuestro corazón, y eso para mí es suficiente. Otros seguirán con sus vidas, con sus rutinas. Pero quiero sembrar esa semilla, que es amor.

El otro joven, Josué, dijo:

-Amado Maestro, pero sabemos lo que es el amor, te venimos escuchando hace tiempo.

-Sí, Josué, lo sé, lo sé. Pero sabemos cómo pesa este entorno. Tú mismo, Josué, no te has distanciado de tu familia pero buscas otro trabajo para que no te presione. Y tú... -Me miró a mí-. Cuéntame de ti.

-Qué puedo decirte... Mi padre me desprecia. Yo tengo otras inquietudes, no... no quiero trabajar en su empresa de barcos de pesca.

-Entonces ven conmigo, te enseñare lo mismo que le enseñé a Josué y a mi discípulo Tadeo, a pescar.

-Pero Maestro, te he dicho que no...

-Espera, espera, te enseñaré a ser pescador de almas, a que con el tiempo tú puedas conversar, no digo hacer reuniones como hago yo, pero de boca a oído transmitir la Palabra de mi Padre explicándoles que el amor deja frutos. El amor contagia pero no para mal; ¡la peste contagia para mal!, el amor te ilumina por dentro, el amor te saca adelante.

-Lo que pasa, querido Maestro, que a veces me siento con muy baja estima, como que no estoy preparado; incluso en el amor personal es como que soy un poco timorato.

-No, no, Eliseo, cada uno tiene su tiempo para todo. Muchos pensarán "Mirad Eliseo, hablando de amor personal, hablando de trascendencia física cuando el Maestro está hablando de la Luz". No os confundáis, las dos cosas son compatibles. ¿Acaso no somos aquí de carne y hueso? ¿Acaso aquí no tenemos apetencias? ¿Acaso no os gusta saborear un fruto? ¿O cuando pescáis y luego coméis un pescado con legumbres, no os gusta? ¿Y eso va a disminuir vuestra Luz? Por supuesto que no.

Volví a preguntar:

-¿Y qué pasa con los sacrificios de animales que ofrecen en el templo?

-¡Ah! Has puesto el dedo en la llaga, Eliseo. Lo he hablado mil veces con mi discípulo amado Tadeo y con el querido Josué, que son los dos más jóvenes: Mi Padre no exige sacrificios.

-¿Y qué pide?

-No pide nada. Por eso os transmito la Palabra. Pero depende de vosotros.

-¿Y él qué querría?

-Servicio. Brindarte. Hacer favores. Tender una mano. Ayudar sin esperar recompensa a cambio. Esa es vuestra tarea. Pero no es una tarea agobiante, pesada, no, es una tarea que os aliviana.

-No entiendo -exclamé-, ¿cómo aliviana?

-Claro, te vuelve más sutil.

-Sigo sin entender.

-Cuando tú tienes una carga emocional, cuando tú sientes que eres demasiado poco para pretender algo más, eso es una carga, eso es un lastre sobre tus hombros. Y a medida que te brindas, a medida que no esperas nada de los favores que hagas, sentirás que ese peso de los hombros desaparece y te sientes más liviano, como si flotaras. Todo esto lo digo metafóricamente. Por favor, quiero que se entienda.

 

Estaba pleno, pleno de las palabras del Maestro. Cuando terminó la reunión se acercó a mí y me dio un abrazo. Sentí como un escalofrío pero hermoso, como una estática, como si el Maestro estuviera cargado de esa electricidad de los rayos que caen del cielo, pero... pero que no te fulminan sino que te encienden por dentro.

 

Me despedí de Tadeo, y le dije:

-Nos veremos pronto.

 

Y me alejé con Josué.

-Quiero más, quiero beber más de la fuente.

-Y lo harás -dijo el joven.

 

Y me fui tranquilo, esperanzado. Pero tenía mucho camino por recorrer, mucho camino por recorrer.

 

Gracias.

 

 


Sesión 21/09/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de David G. (Racorel)

Conoció a Raquel, se entendían, pero era hija de un escriba. Esto le cambiaría la vida, debía elegir en qué lado estaba, aunque él ya estaba a un lado. Sus amigos le ayudarían en lo sucesivo.

 

Sesión en MP3 (3.508 KB)

 

Entidad: Me sentía extasiado por las palabras que había escuchado del maestro Axxón, era distinto a todo lo aprendido. El libro de la ley me parecía algo prefabricado y en el templo es como que lo tenías que estudiar de memoria con palabras elaboradas. Y cuando escuché el discurso del maestro Axxón, por primera vez escuché un lenguaje natural salido del corazón, era todo lo opuesto a lo que me habían enseñado mis padres con la religión cretona, una religión donde se amaba o se temía al dios Hashem.

 

Mi vida dio un vuelco. En menos de una semana. conocí a una joven, Raquel, con la que empezamos a conversar, hasta que finalmente comenzamos a salir oficialmente.

Le comenté a papá Bernabé, y me dijo:

-Cuéntame un poco de esa joven. -Frunciendo el ceño, como oponiéndose, sin saber quién era la joven.

Le comenté:

-Hablamos muy poco de su familia, es hija de Samuel y Esther. -Padre se me quedó mirando.

-¿Samuel? ¿Samuel Estein?

-Sí, ¿por qué, padre?

-¡Es un escriba del templo! ¡Es uno de los principales representantes de la religión cretona! ¡Hijo! -Me abrazó pero muy muy fuerte. Me quedé sorprendido.

-No entiendo.

-Hijo, imagínate que te comprometes y luego contraes enlace con Raquel, no me importa la dote que pida, sería pariente de Samuel, el escriba, estaríamos acomodados para toda la vida.

-Padre, pero a mí me interesa la persona.

-Sí, sí, sí, está bien. Que te interese. Mejor. Hagamos una cosa, invítala a almorzar con sus padres, vamos a preparar un buen almuerzo, bien religioso. -Se me erizaba la piel cuando escuchaba la palabra religioso, pero evitaba contradecirlo.

 

Me sorprendió cuando padre me dijo que Samuel era un escriba del templo porque su hija Raquel rara vez me hablaba de religión o de ir los fines de semana al templo. Ella hablaba de lo lindo que es el paisaje, el respirar el aire fresco, disfrutar el vernos a orillos del río o del pequeño mar que había más al norte, pero me sentía cómodo con ella porque no hablaba de religión.

 

Pero le hice caso a padre, y le comenté que mi familia quiere invitar a la suya. Raquel lo tomó como algo natural.

-Le comentaré a papá.

 

Cuatro días después vinieron. Samuel era obeso, alto, imponente. Su mujer, Esther, delgadita, atrás de él pasando desapercibida. ¡Je, je, je! Me hacía acordar a mamá Elisa, siempre atrás de padre Bernabé.

Eso no era lo que predicaba el maestro Axxón, ¿pero quién podía ir contra las costumbres de la religión cretona?

Prácticamente fue un agasajo, no un almuerzo. Me daba vergüenza cómo padre se desvivía sirviendo a Samuel, como rebajándose, como si fuera un lacayo.

 

Y Samuel habló:

-¿Iréis este fin de semana al templo?

-Pero querido Samuel, somos fervientes creyentes, ¡las veces que me desesperé por agradar a Hashem rasgándome la ropa!

-Bien, bien, Bernabé, así es como debe ser un creyente. Os esperaremos en el templo, parece que los jóvenes se llevan bien.

-Apreciado Samuel -dijo mi padre-, quizá no sólo se lleven bien, quizá podamos nosotros como padres proyectar una unión.

Samuel se envaró y lo miró a padre.

-¿Qué haces?

-No entiendo.

-Claro. ¿A qué te dedicas?

-Bueno, tengo varios barcos de pesca, me va muy bien y brindo parte de mis ganancias al templo, como debe ser.

-¡Ah! Me caes bien, me caes bien. Podríamos programar un compromiso y hacer una fiesta, que obviamente tú te encargarás de armarla. Y esperemos para más adelante una boda. Obviamente Raquel es hija única, espero que tengamos una buena dote.

-Pero querido Samuel -exclamó mi padre-, por supuesto que sí. Déjame pensarlo.

-No, tú no pensarás nada -interrumpió Samuel-, yo diré qué dote querremos para nuestra familia. Acordaros que somos escribas, mi padre también lo fue, mi abuelo también. Somos los representantes principales, los representantes cretones más importantes de Nebrón.

-Claro, es un honor teneros aquí en casa.

-Bueno -se limpió la boca con una servilleta. Se paró con una falta total de cortesía y le dijo a su mujer, Esther-: A ver, prepara a tu hija y vámonos. -Saludó a padre, a madre ni la miró. A mí me tocó la cabeza-: Bien, bien, bien, Eliseo. -Lo miró de vuelta a padre e hizo un gesto con la cabeza y se marcharon.

 

Me pareció totalmente vanidoso, creyéndose omnipotente, pero me daba más repulsión padre, que se frotaba las manos como si hubiera encontrado diamantes en bruto.

Se marcharon y padre estaba excitado:

-Y pensar que yo te despreciaba... ¡Ahhh! ¡Ay, ay! Qué sorpresa me has dado, Eliseo, qué buena sorpresa, vamos a ser parientes de escribas, en todo Nebrón nos van a mirar.

-Pero padre...

-Basta, basta. Hoy tómate descanso. Si quieres ve a ver a tu amiga, novia o como la quieras llamar. Déjame pensar, déjame pensar.

 

Salí de casa. Me sentía tan incómodo, tan incómodo... Raquel me gustaba mucho, pero su padre... Su padre era la representación de Hashem en el mundo terrenal, figurativamente hablando; egoico, vanidoso, pedante, creído... Y me extrañaba que Raquel fuera tan modesta.

Me encontré con los dos jóvenes, con Josué.

Le digo:

-Qué raro que no estás trabajando.

-Tu padre me dio permiso. Está raro. -Le conté lo que pasó.

Me miró Josué y me dijo:

-¿Yerno de un escriba?... Lo lamento por ti.

-No me llenes más la cabeza, por favor, por favor. ¡Ahhh!

 

Nos encontramos con Tadeo. Tadeo, cuando se enteró, me dijo:

-No te precipites.

-¿Tú no te molestas?

-Por qué me habría de molestar, creo en el libre albedrío del verdadero Dios, el Dios del que nos habla mi Maestro. Hoy a la tarde nos encontramos con el maestro Axxón, vienes?

-Sí, padre está distraído, no le importa la hora que regrese.

 

Y fuimos. Estábamos adelante, con Tadeo su discípulo amado, con el joven Josué. También estaban mis amigos Naúm, Josías, Joaquín.

Y Axxón habló:

-Cuando comento de mi Padre hablo del amor, pero también de que debemos ser justos. Justos primero con nosotros mismos, justos con nuestra conciencia, justos con nuestro prójimo. Es necesario que entendáis que la justicia no es calculadora, la justicia no es oportunista, ser justos es medirnos primero a nosotros mismos, medir nuestro corazón, medir nuestra conciencia. Y la justicia no está reñida con el amor porque mi Padre es cien por ciento amor en su naturaleza, en su esencia, en su hacer, y nosotros debemos imitarlo: amar, brindar, consolar. El abrazo nunca debe ser reprimido, el abrazo debe salir de nosotros mismos. Abrazad a vuestro prójimo, socorred al caído, consolad a aquel que lo necesita. Pero cuidado, cuidado, cuidado con los hipócritas, esos hipócritas que hacen tanto daño y luego para agradar a su supuesto dios fingen que lloran, fingen que se arrepienten. No hermanos míos, la hipocresía es un veneno.

Levanté la mano y dije:

-¿Y si cometen un hecho negativo, tu Padre no lo perdona?

-Mi padre es amor, mi padre es amor para todos, pero sabe como separar al hipócrita del sincero.

-¿Es que no somos todos iguales para el Padre -le pregunté al maestro Axxón-, pobres, ricos, seamos cretones o no creamos en Hashem?

-Claro -respondió Axxón-, claro que somos todos iguales. La condición económica no te hace mejor persona, tu corazón, tu interior te hace mejor persona. Pero cuidado, cuidado, el hipócrita te puede clavar un puñal por la espalda.

-¿Te puede clavar un puñal? -Me asusté.

-No necesariamente un puñal de verdad, pero la lengua, el hablar a tus espaldas, el traicionarte, eso también es clavar un puñal, y quizá por delante te abrace y quizá por delante te mire a los ojos con lágrimas diciéndote que su afecto es tan grande como el sol que nos ilumina, y cuando te vas sus ojos te miran pérfidos. Cuidado con el hipócrita. Padre sabe separar el uno del otro, y en ese caso prevalece la justicia por sobre la bondad. Me sentí pleno. Habló muchísimo más.

 

No fui directamente a casa, nos quedamos conversando en el camino con Tadeo, con Josué, con Joaquín, Naúm, Josías. Llegué bastante tarde y me sorprendió que estaban las velas encendidas y padre levantado, madre atemorizada detrás de él.

-¡Has venido!

-¿Qué pasa, padre?

-Vino un tal Felipe.

-Sí, lo ubico. -Y después empalidecí. Felipe era un joven delgado que había estado en la reunión. Seguramente era un espía de los escribas. Me callé y lo miré a padre.

Padre repitió:

-Vino un tal Felipe y dijo que estuviste en una reunión pagana, en una reunión demoníaca. Mañana, cuando vayamos al templo vas a hablar, te rasgarás las vestiduras delante de todos pidiendo perdón por haberte juntado con esa gente.

-No, padre.

-¿Me estás desafiando?

-No te desafío padre, pero no pienso hacer eso, no tengo que pedir disculpas a nadie por escuchar palabras de luz y no de omnipotencia, como las que escucho en el templo. Ni siquiera pienso ir.

-Entonces coge algunas prendas que tengas y márchate de esta casa. Dejas de ser mi hijo en este instante. -Madre se puso a lagrimear. Padre se dio vuelta y le dijo-: Cállate. Ve a tu pieza, lárgate de aquí. No lo miré con odio, lo miré con compasión.

Le digo:

-Eres muy rico con tus barcas de pesca, pero eres tan pobre de corazón... -¡Plaf!

En ese momento me dio una tremenda bofetada, y me dijo:

-¡Eres un bastardo. Vete de aquí!

 

Y me marché. Me encontré con mis amigos, de vuelta, que todavía no habían entrado en la casa. Y me puse a llorar.

Como nada es casualidad, como todo es causalidad, me encontré con Tadeo, el discípulo amado.

-Ven, ven con nosotros, tenemos una casa donde nos albergan y hablarás con nuestro Maestro. -Hablamos horas y horas, casi no dormí.

 

Y al día siguiente me crucé con Raquel, pasaba de largo y me atreví a tomarla del brazo.

-Raquel... -Me miró con un desprecio tremendo.

-¡Falso!

-Perdón.

-Falso. Ibas al templo fingiendo que querías a dios. Tú no te quieres a ti mismo. No quieres a tu padre, no quieres a tu madre, no quieres a nadie.

Me molesté y le dije:

-Es todo lo opuesto, yo justamente amo a la gente. ¿Pero tú vienes a sermonearme a mí teniendo un padre como el que tienes que se cree omnipotente?. Vanidoso, pedante, creído... -Me quiso dar una bofetada-. No. -Le tomé el brazo-. No. Al fin y al cabo eres una mujer, y en tu religión cretona la mujer no es nada. Así que si tú crees en Hashem, para lo único que servirías es para darme de comer, para darme hijos y para nada más.

Me contestó:

-Por suerte abrimos los ojos, igual habéis tenido suerte -dijo vanidosa, Raquel, que ahora mostraba su verdadera manera de ser, su verdadero interior. Se había sacado esa máscara, era igual a su padre.

-¿Por qué hemos tenido suerte?

-Porque papá Samuel lo perdonó a tu padre, lo perdonó porque te echó. O sea, que no fue tu cómplice.

-Y tú te alegras que me haya echado.

-Me alegra de que merezcas el castigo que te han dado. Y falta. Te van a caer rayos por la venganza de Hashem, que vendrá para ti, por no creer  en él. -Pobre mujer, pobre infeliz. Me di vuelta y me marché. Pobre gente.

 

Qué ironía, me había quedado sin casa, sin familia, sin novia, sin nada. Llevaba lo puesto y una bolsa con ropa, y sin embargo a ella que era la hija de un escriba tan rico, mucho más rico que padre, le decía pobre mujer. Y lo decía de verdad, era lo que sentía dentro de mi corazón.

 

Gracias.

 

 


Sesión 20/10/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de David G. (Racorel)

Era difícil aceptar una vida de carencias comparada con la que podía tener con la religión cretona. Aunque estaba de acuerdo con lo que predicaba Axxón prefirió el confort de Hashem. El confort que proporciona lo conocido.

 

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Entidad: Dentro mío el pecho me quemaba, y a su vez me molestaba que eso me sucediera. Obviamente que no creía en el vengativo Hashem, ¿pero por qué me pasaba todo esto?

 

Raquel me despreciaba, ¡je, je, je!, desde que padre Bernabé me dijo que me fuera, "Por seguir a esos que hacen tumulto, rebeldes que los van a terminar matando. Y me privas a mí, a tu padre, de ser pariente del escriba Samuel. ¿Pero quién te crees que eres?".

-Soy Eliseo -le respondí a padre-, una persona con decisiones.

-¡Ja, ja, ja! ¿Decisiones? ¡Yo decido! ¡Yo decido con quien te casas, con quién no! ¿Y qué ganas? Mi desprecio, el desprecio de tu madre Esther.

-Madre no me desprecia, madre hace todo lo que tú le ordenas. No estoy de acuerdo con vuestras costumbres. -Levantó la mano para darme una bofetada-. No, no; no te lo permito.

-Aquí ya no tienes más nada que hacer. No te reconozco como hijo.

 

Y me marché con lo poco que tenía. Pero por un lado no me sabía descifrar a mí mismo; me sentía pleno, gozaba de la libertad... Pero mi inconsciente me traicionaba: no tenía temor, ¡tenía pánico! ¿Qué había hecho?

Josué me preguntó:

-¿Qué pasó, Eliseo?

-Pasó lo que yo temía.

-¿Pero tu padre no te comprendió?, ¿no respeta tus ideas?

-Estamos hablando de padre, estamos hablando de una persona cerrada, como todos los que siguen a Hashem.

 

-¿Has comido algo?

-No. Aparte, no tengo hambre.

-Pero ven, toma algo caliente.

-Vamos a alguna posada.

-No, no, no hay que llamar la atención.

Empecé a objetar:

-¿Por qué siempre afuera, por qué en el monte, por qué entre las rocas? Al fin y al cabo estáis haciendo una vida de vagabundos.

-Eliseo, te veía pleno, disfrutabas con las conversaciones de Axxón, ¿qué pasó?

-¿Qué pasó? Que me quedé sin familia, pasó.

-Ésta es tu familia.

-¿Ah, sí? ¿Y me mantendréis?

-¿Tu padre te mantenía? Tienes edad de trabajar.

-Lo sé. He estudiado, y he estudiado mucho, pero ahora ya saben que soy Eliseo, el expulsado, y el escriba Samuel en todo Nebrón va a decir lo que pasó: "Mirad a Eliseo, iba a esposar a mi hija y se juntó con unos vagabundos".

Se acercó Tadeo, el discípulo de Axxón.

-¿Por qué vagabundos? Tenemos un fin.

-¿Qué fin? El fin de que los terminen matando a todos por revoltosos. -Tadeo me miró.

-Ayer pensabas distinto, disfrutabas. Entendías que la verdad no es una religión, la verdad está dentro nuestro. ¿Qué pasó?

-Pasó que no se puede vivir de parábolas. Pasó que tenemos que tener un oficio, una familia de verdad, una casa. Pasó que por seguiros a vosotros me quedé sin nada.

Tadeo dijo:

-Estabas contento que te sentías libre por fin.

-Sí. ¿A costa de qué, a costa de estar despojado de todo lo que tenía?

-¿Qué tenías? Un padre dictador -dicho por ti, ¿eh?-, una madre que no tenía ni voz ni voto. ¿Qué tenías?, un techo para guarecerte de la lluvia, del frío del invierno. ¿Qué más?

-¿Y qué tenéis vosotros, una persona que dice ser representante del Padre? ¿Y qué, el Padre le da un techo para guarecerse, el Padre le da alimentos? ¿Qué le da?

-Mucha gente nos provee de alimento, mucha gente nos provee de ropa.

-Vivís de limosnas.

-Como muchos. ¿Y qué hay de malo?

-No trabajáis.

 

Seguimos caminando y vi la figura de Axxón.

Tadeo le dijo:

-Maestro, quiero comentarte que...

Axxón levantó la mano.

-No me comentes, entiendo todo lo que pasa. -Y me miró-. Querido Eliseo, la vida es una serie de circunstancias que pueden ser catalogadas como buenas, malas, favorables, desfavorables. La elección está en uno. Pero tienes la ventaja de que eres joven, de que puedes elegir.

-Sí, he elegido, y luego me he arrepentido.

-O sea, que estás teniendo miedo, miedo al desamparo. Mi Padre nos ampara.

-¿Nos ampara cómo, dónde, cuándo? ¿Qué tenéis? Transmites tu Palabra, ¿y qué más, qué otra cosa haces? A veces miro de reojo a los soldados que nos observan con desconfianza. Los soldados no creen en la religión cretona pero les importa el que se pueda pagar los impuestos. ¿Qué impuestos pagáis vosotros, qué impuestos?

Axxón me miró sonriendo y me dijo:

-Eliseo, mi Padre no pide impuestos, tampoco sacrificios, solamente que puedas servir.

-¿Y cómo voy a servir si no tengo nada que dar?

-¿Cómo que no tienes nada que dar?, tienes todo por dar, tienes una vida por delante.

-¿De qué vida me hablas, de qué vida?, ¿una vida estando harapiento, pidiendo limosna, escondiéndome de los soldados? No me parece justo. Y todo porque me convencieron de ir a las reuniones. O sea, que ahora estoy despojado de todos mis bienes, sin familia porque me habéis convencido de participar de algo que no me termina de llenar.

El joven Tadeo, el discípulo, dijo:

-Tú te quejabas, decías que Hashem era un dios vengativo que no te representaba. Despreciabas esa religión, despreciabas la costumbre de tu padre, te molestaba que pongan a la mujer en un plano menor... ¿Qué pasó?

-Sigo pensando igual, pero necesito tener un futuro.

Tadeo dijo:

-Tú comentabas que te sentías esclavo, acá eres libre.

-¿Libre para qué, libre para hacer qué? ¿Qué futuro tengo asegurado? Sí, el Padre me va a proveer...

-Sí, como provee a los pájaros.

-Somos seres humanos, no vivimos comiendo insectos, necesitamos comida de verdad. No me interesa la religión cretona pero soy capaz de aceptarla con tal de tener un techo y seguridad, y un futuro. Quizá si me arrepienta mi padre me perdone.

Josué, molesto, me dijo:

-Ellos son los equivocados, y encima tú quieres que te perdonen de algo que no has hecho.

-¿No?, los he traicionado.

Tadeo dijo:

-Los has traicionado, y para compensar vuelves a traicionarte a ti mismo, a tus ideas, a tus creencias, a tu manera con tal de estar bien con gente con la que no congenias.

-Pero es mi familia.

-Aquí nadie te detiene -agregó Josué.

Lo miré a Axxón:

-¿Y tú qué dices?

-Querido Eliseo, mi misión es mostrar el Camino, mi misión es explicar que hay semillas que tardan en dar frutos. Se trata de ser perseverante. ¿Qué más quieres que te diga?

-¡Je, je! Perseverante. ¿Y mientras tanto de qué cómo, y mientras tanto vivo de limosnas? Perseverante. Perseverante..., si no tengo para comer ni para comprarme abrigos en invierno ni un techo que me cobije ni una cama donde dormir. Perseverante. Creo que estáis equivocados. Es más, he escuchado murmullos entre los soldados, estáis todos señalados, si no sois más prudentes os van a matar a todos por revoltosos, por estar en contra de los escribas. Porque hay que proveer a Lizia. Lizia soporta a Nebrón porque Nebrón aporta dinero gracias a la religión cretona. A Lizia no le conviene gente como vosotros.

Tadeo me miró con una sonrisa carismática y me dijo:

-Ayer decías nosotros, ahora dices vosotros. ¿Has dado un paso hacia atrás?

-No, simplemente soy práctico. Las palabras no me dan de comer, las palabras no me abrigan, las palabras no me dan un techo. Y si tengo que fingir y rasgarme las vestiduras en el templo, lo haré. Raquel, la hija de Samuel, me desprecia, pero yo soy muy astuto, soy más astuto que vosotros. Lo lamento si os he defraudado.

-No -dijo Axxón con dulzura-, tú no puedes defraudarme, lo que puede pasar es que te defraudes a ti mismo y luego sea tarde.

-No. Yo creo que uno tiene que ser práctico. Mi padre una vez me dijo: "Eliseo, no sirve ser idealista". Y me dijo un refrán de mi abuelo: "De esta vida llevarás panza llena y nada más". Y ahora disculpadme. -Me di media vuelta y me marché.

 

Tenía temor, pero cogí coraje y golpeé la puerta de casa.

Abrió padre Bernabé:

-Qué te has olvidado.

-Necesito que me escuches cinco minutos.

-Es todo lo que te daré. Habla.

-Tenías toda la razón. Acabo de decirles de todo a esa gente que vive de limosna, que son unos atrevidos, que los soldados van a acabar con ellos, que las palabras que dicen son subversivas. Y me arrepiento de todo.

Padre me tomó el rostro.

-¿Lo dices de corazón o lo dices porque te sientes desamparado?

-No, lo digo de corazón. Y estoy tan arrepentido por ti.

-¿Por mí?

-Sí, porque por culpa mía, y la asumo y me desgarro las vestiduras y que Hashem me perdone, te he hecho distanciarte de Samuel, el escriba.

-No, tú te has distanciado.

-¡Padre, padre, cómo lo puedo remediar!

-Ven, pasa, tienes agua caliente. ¡Aséate, mira cómo estás!, esa ropa la quemaremos, tengo ropa nueva. Iremos a la casa de Samuel y tú, tú te arrodillarás ante él y ante su hija Raquel, y pedirás perdón por todo.

-Lo haré padre, lo haré. -Me aseé. Madre... madre Esther me perfumó. Y ya bien arreglado fui con padre a lo del escriba Samuel.

Nos recibió un sirviente.

-Pasad.

Se acercó Samuel y su esposa, atrás su hija.

-Bernabé, veo que traes a tu hijo.

-Sí, tiene mucho que hablar. -Adelantó todo lo que yo le había dicho.

Samuel le dijo a mi padre:

-¡Calla! Quiero que el propio Eliseo lo diga.

-Sí, sí. Quería arrancarme la carne de mi cuerpo, de haber estado tan errado. Quería flagelarme con un látigo la espalda por haber traicionado a Hashem y haber escuchado a esos revoltosos. -Samuel me miró con una mirada durísima, luego sonrió, pero con una sonrisa ficticia.

-¿Y te piensas que con eso vas a solucionar todo? Tendrás que ir al templo -Levántate, no hace falta que te arrodilles, te arrodillarás ante Hashem en el templo-, y harás una nueva promesa.

-Lo haré, lo haré, señor.

Samuel se dio vuelta.

-Mi querida Raquel, ¿qué opinas? -Me miró con desprecio.

-Es un arrepentido, tendrá que demostrar que verdaderamente es un gran cretón y que lleva la religión en el corazón y que ha aprendido las escrituras. -Raquel me miró y me dijo-: Dime algo que me convenza.

-¡Venganza, Hashem!, venganza a los descreídos, que le salga pústulas a todo aquel que no crea en Hashem. ¡Venganza, Hashem, venganza!

-Bien, bien. ¿Y qué ha pasado con esa gentuza?

-¡Ah! Les he dicho de todo, que tienen palabras falsas.

 

Esa noche comimos un puerco bien adobado con especies. ¡Aaah!

Mi madre vino a mi habitación y me arropó.

-Ahora estás alimentado y calentito, pero continúa así. No lo pongas furioso a padre, mañana ve a trabajar con él, cumple con todos los mandatos. ¡Ay!, Hashem mío, Hashem mío, que el escriba Samuel y su hija te disculpen.

-Lo harán, madre, lo harán.

 

Y esa noche dormí tranquilo. Por fin dormí tranquilo, abrigado, protegido del frío y de la lluvia, como buen practicante de la religión cretona.

 

Gracias por escucharme.