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Psicoauditación - Dylan S.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 16/11/2018

Sesión 01/04/2019

 


Sesión 16/11/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Dylan S.

Crecía sin padre. Su madre le contaba cómo era su vida cuando lo tuvo y anhelaba encontrar su anterior pareja. Él le propuso buscarla, necesitaba una figura paterna.

 

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Entidad: Soy nuevito en esta encarnación. Recuerdo, como thetán, una vivencia extraña. Tenía seis de vuestros años cuando recordaba lo que mi madre me contaba.

Estábamos en una pequeña casa de madera y mi madre me decía:

-Vas a ser una persona de bien, te voy a enseñar. A tu corta edad ya has aprendido a leer y escribir, pero te voy a enseñar a trabajar la tierra, a poder domar un hoyuman, a tener miedo pero a su vez a enfrentarte a él porque no se trata de que seas inconsciente sino que seas consciente de las cosas y las sepas confrontar. He aprendido mucho con tu padre.

-Cuéntame de él.

-¡Uf! Hace mucho tiempo, muchos ciclos atrás tenía una pareja llamada Donk y teníamos desavenencias, quizá la responsabilidad era mía por ser tan tan impulsiva.

-¿Y qué te cambió, madre, qué fue lo que hizo que no seas tan impulsiva en el presente?

-¡Que maduro que eres, hijo, siendo tan pequeño! -Me encogí de hombros y dejé que mamá Shila me siguiera contando-. Supe que mi pareja había participada de una feroz batalla contra un hombre poderoso pero muy muy malo llamado Andahazi a quien le llamaban el señor de Villa Real. Tenía tanto poder que había juntado más de veinte reinos para someter a toda la región.

-¿Y cómo lo vencieron, madre?

-Los que lo vencieron eran muchos menos pero aquel que está más allá de las estrellas los ayudó. La pareja que tenía Donk, participó de esa batalla, era amigo de los líderes, sé que sobrevivió pero después le perdí el rastro.

-¿Y por qué lo buscabas, madre, si tú me habías contado que ya te habías separado y te habías alejado de él?

-Porque en el fondo lo extrañaba, lo extrañaba mucho.

-¿Y cómo conociste a padre?

-Bueno, me encontraba sola en un camino y cuatro maleantes quisieron robarme y obviamente ultrajarme. Afortunadamente apareció el que luego fue tu padre, se llamaba Wink, era un oriental. Sacó su sable y con una velocidad que ni mis ojos podían ver el movimiento del metal, acabó con todos. Nos hicimos amigos, me trató con mucha cortesía, con mucha educación; me sentí como deslumbrada.

-¿Cómo deslumbrada, madre?

-Claro hijo, no puedo decir que lo quería pero es como que lo admiraba por su manera de ser: era cortés, era valiente y había estado en un poblado de protector cobrando metales por ello.

-Pero eso no está bien madre, ¿él era el amo del pueblo?...

-No, no, no me mal entiendas hijo, lo eligieron como protector; votó la gente, votaron los vecinos de la aldea. Pero estuvo un tiempo, tuvo la fortuna de ahorrar muchos metales y le gustaba ir de región en región. Me contó muchas cosas de su vida, de su crianza en un pueblo de la región oriental, cómo aprendió el arte de la espada. Había tenido una pareja y ella estaba embarazada y en un asalto los mataron a ambos. Finalmente Wink los vengó pero lo que se perdió, se perdió. Es como que me adapté a su forma de ser y bueno, ya te seguiré contando hijo, ya te seguiré contando.

 

-¿Madre, por qué lloras?

-Hijo, por... Me he vuelto emotiva, yo no sé si para bien o para mal, antes era impulsiva pero es como que adentro de mí salía un veneno que me hacía enojar con todo y con todos, ahora es como que hubo una transmutación dentro mío y soy más serena pero por otro lado soy más vulnerable.

-¿Cómo vulnerable? Madre, no entiendo.

-Claro, soy más sensible, es como que todo me llega más, me lastima más.

-Madre, pero entonces estabas mejor antes.

-No hijo, no, no, no; supongo que todavía me falta crecer, buscar el término medio.

-¿Pero porque te acordabas de papá llorabas?

-Por todo, por todo. Estuvimos un tiempo hasta que una noche en una posada te concebimos a ti.

-¡Madre, soy un niño pero entiendo! O sea, que estuvieron juntos como pareja.

-Sí, hijo, y quedé, quedé embarazada.

-¿Qué pasó con papá? No lo conocí.

-Tu padre había hecho muchos enemigos en la zona oriental, porque él defendía las aldeas débiles protegiendo mujeres y niños, niños como tú.

-¿Y cómo fue que lo mataron?

-Nunca de frente, no se atrevieron. Padre Wink era muy muy bueno con la espada, pero le dispararon, le dispararon flechas de cincuenta pasos de distancia, cobardemente escondidos tras unos árboles.

-¿Te quedaste pensando madre?

-Antes de que te concibiéramos yo estuve bastante tiempo con él. Me compró, en un herrero muy conocido llamado Raúl, una espada curvada como la que usaba él, con un metal que vino del cielo.

-¿Cómo que vino del cielo?

-Sí, cayó una piedra del cielo y el herrero ese la utilizó para hacer espadas y Wink me enseñó.

¿Y llegaste a ser buena como él?

-No, hijo no, no podría, imposible en tan poco tiempo, pero aún estando embarazada los busqué en el pueblo porque no me olvidé de la cara de los cobardes y los desafié uno por uno a los tres.

-¿Y los venciste a uno por uno?

-Los cobardes aún siendo mujer no me enfrentaron de a uno, me enfrentaron los tres, pero imité la técnica de tu padre y acabé con ellos, de la misma manera que él acabó con quien había matado a su pareja. Pero por más que venguemos una muerte el muerto no revive. Y quedé sola, embarazada, pero no triste porque tú eras parte de él también y te puse de nombre Sayorán.

-Me habías dicho, madre, que Sayorán significa pequeño lobo, ¿por qué ese nombre?

-Porque tu padre cuando era niño iba al bosque y no le temía a los lobos ni a los guilmos y yo supe que tú serías un pequeño lobo.

-¿Extrañas a padre?

-No puedo decir que lo extraño, lo recuerdo con mucho cariño. Tampoco podría decir que lo amé profundamente. Yo no te oculto nada Sayorán, creo que al único que amé fue a mi vieja pareja Donk.

-¿Y por qué no tratamos de buscarlo?

-Quizá ya tenga nueva pareja.

Me encogí de hombros:

-¿Qué importa, madre, qué importa? Busquémoslo, tiene que haber lugares donde frecuente.

 

Y madre me contó de Donk, que por salvar gente de un incendio se quemó el rostro, que después en un valle lo curaron, que después adoptó una identidad de justiciero y que cuando reveló su identidad, que era Donk, la gente equivocadamente pensó que se había burlado y eso le causó algo dentro suyo, negativo, que le hizo perder confianza, y como madre era tan impulsiva en esa época se separó de él.

Y bueno, me quedé con la esperanza de que madre se reencuentre con él. Nunca me crié con una figura paterna y quizá sea egoísta de mi parte pero quizá necesite una figura paterna. A pesar de que tengo nada más seis ciclos madre me ayuda a practicar con espadas de madera, pero sé que puedo ser bueno en eso pero no se lo digo a madre porque cuando yo me entusiasmo mucho ella me reta y no lo entiendo. Me dice:

-Quiero que seas buena persona antes que buen guerrero, quiero que sepas cultivar la tierra antes de andar exhibiendo tu espada. -Pero por qué no se puede hacer las dos cosas a la vez, es como que no la termino de entender a madre.

 

Recuerdo que una tarde me dijo:

-Sayorán, ¿de verdad quieres que busquemos a Donk?

-Sí, madre, quiero conocerlo, ver qué es lo que te gustó de él.

 

En pocos amaneceres habló con gente del poblado, vendió los pocos animales que teníamos, dejó solamente dos hoyumans. Le pagaron bastantes metales por la casa de madera y nos marchamos.

-Esto que hago me parece una locura hijo. Ahora no tenemos casa, pararemos de posada en posada. Le pediré a aquel que está más allá de las estrellas que no tengamos ningún accidente en el camino.

-¿Te refieres madre a que no nos ataquen? Por qué nos van a atacar, somos una mujer y un niño.

-¡Je! justamente hijo -dijo mamá Shila-, justamente. Para los demás somos vulnerables, y si bien yo aprendí de tu papá Wink a manejar la espada no soy ni la mitad de buena que él.

 

Y avanzamos, avanzamos para el oeste. La historia continuaría.

 

 


Sesión 01/04/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Dylan S.

En Umbro había que saber pelear y defenderse. Él quería también, pero aún era niño. Llegó al pueblo quien dijo ser el mejor espadachín de Umbro. Mientras le entrenaba le contó una historia que no sabía.

 

Sesión en MP3 (3.259 KB)

 

 

Entidad: En la pequeña aldea donde me encontraba con mi madre muchos niños me miraban con temor, con respeto. Tenía diez de vuestros años y un físico que me hacía parecer mucho más grande. Quizá había salido a mi padre Wink. Mi madre Shila me lo describió de mil maneras: alto, por momentos decía que era del norte, por momentos era oriental, que lo habían matado en una emboscada, otra vez que en una batalla. Nunca me decía la verdad. Me contaba cuentos, madre me contaba siempre cuentos, me decía que mi nombre, Sayoran, en la región de donde era mi padre, significa pequeño lobo.

 

Recuerdo que una vez había combatido -jugando obviamente-, con un niño más grande, un niño que le gustaba lucirse con los más chicos golpeándolos. Yo era muy bueno con las espadas de madera, pero era un niño bastante más grande y me llegó a golpear bastante fuerte, cuando me encontraba en el piso incluso me pateó, riéndose y haciendo que los demás niños también se rieran. Me levanté y le salté a la garganta mordiéndole, no a la garganta porque lo hubiera matado, parte del hombro, lo que llamáis trapecio, arrancándole incluso un pedazo de carne. Perdió bastante sangre y si no hubiera sido por los ancianos, que le pusieron unas hierbas y le cosieron la herida hubiera, muerto desangrado. Nunca más se metió conmigo. Los grandes no intervinieron dijeron que eran cosas de chicos y las cosas de chicos se arreglan entre chicos. Madre no me reprendió por esa acción, lo único que me dijo:

-No llames tanto la atención, estamos de prestado aquí en esa aldea, rara vez aceptan a una madre soltera con un niño.

 

Me contaba de un hombre llamado Donk, que por salvar gente había sido quemado en parte del cuerpo y el rostro y que en un valle con unas hierbas supuestamente milagrosas lo curaron y adoptó una identidad de un justiciero llamado Novo, y me contaba las hazañas de Novo todas las noches diciendo que era el hombre más valiente que había conocido.

Yo era un niño, pero no me preguntéis de quien heredé la inteligencia si de mamá Shila o de papá Wink, pero le dije:

-Ese tal Novo o Donk fue tu primera pareja, ¿no? -asintió con la cabeza-. ¿Y por qué te dejó? -Mamá Shila sonrió con una mueca triste.

-Tú eres un niño, pero al igual que todos piensas que él me dejó porque yo soy mujer y que el varón es un aventurero que va a recorrer todas las regiones... Esta vez fue al revés, lo dejé yo.

-¿Por qué?

-Porque se dio a conocer y los aldeanos se sintieron traicionados de que el justiciero Novo sea el tímido Donk, el de la máscara ocultando sus quemaduras.

-¿Y por qué, madre, se sintieron estafados si por todas las cosas que me has contado Novo era un héroe?

-Yo misma, Sayoran, yo misma lo prejuzgué y le causé dolor porque se sintió como despreciado habiendo dado tanto por todos.

-¿Y si es así por qué no lo volviste a buscar?

-Por orgullo. Y luego conocí a tu padre.

-¡Vaya!, si te gustaba tanto Donk, qué rápido lo olvidaste, estando con padre.

-Eres muy pequeño para juzgarme. Yo me encontraba sola.

-Madre, no te estoy juzgando, no digo eres esto o aquello, o no eres esto o no eres aquello, simplemente digo lo que observo de lo que tú me cuentas.

-Te veo por la mañana.

-No entiendo madre...

-Te veo por la mañana. Veo que practicas solo, subes al pequeño monte y practicas con una espada de metal. ¿De dónde la has sacado?

-La he tomado prestada de los almacenes.

-¿La has robado?

-No, la devolveré.

-Y si descubren que falta, ¿qué? -Me encogí de hombros.

-Tú me cubrirás, dirás que es la travesura de un niño. -Madre me miró a los ojos.

-Yo no miento ni siquiera por ti, por nadie. ¡Devuélvela!

-¿Y con qué practico?

-Cuando tenga metales te comparé una.

-¿Metales? ¿De dónde sacas metales? Eres prácticamente una sirvienta; lavas las ropas de todas las familias del poblado por unas monedas de cobre. -"¡Pam!". La cachetada que me dio me aturdió, me zumbaban los oídos, me dolía la cabeza.

-No permito que me menosprecies, Sayoran.

 

Me caían las lágrimas, pero no de dolor, de furia, de impotencia, pero era mi madre y tenía razón. Si ese abusador al que mordí u otro me hubiera dado una cachetada así le hubiera atravesado el pecho con un cuchillo. Pero era mi madre, antes prefería morir que lastimarla, daría la vida por ella. Y tenía razón por la bofetada aunque hubiera sido muy fuerte. Todo trabajo era digno, pero me parecía que ella se merecía algo mejor y no estar lavando ropa por unos metales cobreados. Dejé la espada en los grandes almacenes y hablé con el dueño diciendo si me podía dar un pequeño trabajo llevando alguna mercadería.

-Eres muy pequeño.

-Soy fuerte, puedo llevar.

-Ni siquiera puedes montar un hoyuman.

-¿Cómo no? Acompáñeme a la calle. -Estaba el hoyuman del dueño, me alejé cinco líneas y corrí, pegué un salto y monté sobre el hoyuman-. Puedo, a pesar de mi corta edad.

-Ven cuando seas un poco más grande, esto no me demuestra nada -dijo el hombre.

 

Me sentía como ansioso, me sentía como molesto, me dolía hasta la cabeza y de noche no podía dormir de la ansiedad de no poder ayudar a madre a que haga algo más, a que...

-¡Vámonos a otra aldea, madre!

-¿Para qué? -dijo mamá Shila-, ¿cuál es la diferencia?, aquí por lo menos me conocen, saben que soy hacendosa, que no me quedo con la ropa de nadie, que soy honesta, decente y que no le doy cabida a ninguno de los hombres, algunos de ellos incluso casados, y que me miran de una manera indecorosa.

-¿Quieres que los mate?

-¡Sayoran, eres un crío! Un adulto te pega una bofetada diez veces más fuerte que la mía y te desmayas, y tú hablas de matarlos. ¡Ah! A veces me falta un adulto para hablar de temas importantes.

-Puedes hablar conmigo.

 

Madre me miraba y no entendía su mirada. Claro, con diez de vuestros años no entendía a madre tanto como yo creía entenderla. Pero ya crecería.

Y todas las mañanas iba al monte, ahora con la espada de madera, a seguir practicando. Los niños no querían volver a practicar conmigo, tenían miedo que los lastime.

Recuerdo que vino un viajero, un muchacho joven, llevaba una espada bastante brillante y de un material oscuro, se ve que era un metal muy muy bueno. Se alojó en una posada.

Se cruzó con madre y le dijo, pero muy respetuosamente:

-Te he visto lavando ropa en el arroyo. -Madre es como que se atajó mentalmente pensando que era algún atrevido, pero el joven era educado.

Madre le dijo:

-Así es. ¿Por qué?

-Tengo alguna ropa sucia en las alforjas, te puedo dar algunas monedas plateadas.

-No hace falta que me des monedas plateadas, la gente en el poblado me paga metales cobreados.

-Entonces no hay problema que te deje la alforja con mi ropa, si desconfías te pago por adelantado.

-No, está bien -me miró.

-¿Es tu hijo?

-Sí -dijo mamá Shila, pero siempre como atajándose porque no sabía las intenciones del joven-, ¿por qué preguntas?

-Porque lo he visto en el monte practicando con una espada de madera.

Me metí en la conversación.

-Porque pienso ser el mejor. -El joven sonrió y me dijo:

-Niño, si quieres ser el mejor tienes que tener una mejor postura; te paras con los pies muy juntos, no sabes caminar bien, no sabes deslizarte... -Lo miré como con ira. Y sonrió-. Tienes ira, niño.

-Sí. ¿Y qué?

-Eso no es bueno, la ira te enceguece. Un buen guerrero no tiene ira, un buen guerrero es frío de acá -Y se tocó la frente-, y de acá -Y se tocó el corazón-. Debes ser desapasionado; el ofenderse, el montar en cólera ya te hace perder, porque pierdes el estar atento. Me quedaré en el poblado algunos días, ¿quieres que te enseñe? -La miré a madre, madre se encogió de hombros.

-Bueno, está bien, pero yo no tengo metales.

-¡Ja, ja, ja! No niño, no te cobro por eso, ¡je, je! No. Es más, tengo en la otra alforja una espada más pequeña, para tu tamaño.

-¿Metálica?

-Por supuesto.

 

Al día siguiente fui ansioso al monte, el joven ya estaba.

-¿Qué es eso que llevas?

-Unas sandalias.

-¡Mmmm! Está bien, eres pequeño, tu pie va a crecer, pero si quieres ser un buen guerrero tienes que usar botas, te afirmas mejor. Ahora muéstrame tu pose con la espada. -Sacó la suya, que era hermosa, tocó la mía y me hizo trastabillar-. ¿Ves?, sólo toqué la punta de tu espada y ya trastabillas -me dijo el hombre-, no estás firme. Atácame.

-Pero lo puedo lastimar...

-Niño, atácame o no quieres que te enseñe. -Ataqué con toda la furia. No sé qué movimiento hizo y me desarmó, pero sin tocarme-. ¿Qué has hecho?

-Lo ataqué, como me dijo.

-Y por qué la furia, ¿acaso no es un entrenamiento?, ¿acaso no te dije ayer que la ira te nubla la visión, el entendimiento?

-Es que tengo conmigo esa ansiedad, tal vez porque madre guarda en secreto, no sé por qué murió padre ni cómo murió, siempre me da una versión distinta. Y ella antes salía con un tal Donk... -Por primera vez vi el rostro del joven, como con confusión.

-¿Donk, has dicho?

-¿Por qué?, ¿lo conoce? -el joven afirmó.

-Sí lo he visto, lo he visto.

-¡Ah! Bueno, dejemos de practicar, cuénteme lo de Donk, ¿salió con mamá?

-¡Claro, tu mamá es Shila! Donk me habló de tu madre, pero no sabía que tenía un hijo.

-No, no soy el hijo de Donk, soy hijo de alguien llamado Wink. Cuando mamá dejó a Donk se sentía sola y conoció al que fue mi padre. ¡Vaya que ha pasado tiempo! ¿Y cómo es Donk?

-Una excelente persona, se cuestiona muchas cosas de su pasado.

-Mamá tiene la culpa

-¿Por qué dices eso, criatura?

-Porque ella me dijo que ella lo menospreció y que el poblado donde él estaba lo rechazó cuando él dio a conocer su identidad y entonces es como que se le formó algo en su mente.

-¡Vaya que hablas bien para ser tan niño!

-Pero -le hablé de tú-, cuéntame más de Donk. -Y me estuvo toda la mañana contando de las batallas, de luchas en que han participado juntos-. ¿Es tan bueno como dicen?, porque él era Novo y era invencible ¿Tú eres tan bueno como él? -le pregunté.

-No me gusta presumir -dijo el joven-, pero soy el mejor espadachín de todo Umbro.

-¡Vaya que eres presumido, y dices que no te gusta presumir!

-Nadie me ha derrotado nunca. En realidad una vez, pero no fue en realidad una derrota, combatí contra una bestia y a pesar de que la lastimé a esa bestia varias veces con mi espada alcanzó a abrirme el estómago.

-¡Vaya, pero aquí estás! -Se levantó la ropa y me mostró la cicatriz que tenía.

-Este es el recuerdo de la bestia.

-¿Y qué pasó con esa bestia?

-La mató Donk. -Me puse pálido.

-El que fue pareja de mamá venció a la bestia que te hirió a ti.

-Sí.

-Entonces Donk es mejor que tú.

-Ehhh... Fue en otras circunstancias, ahora no voy a entrar en detalles.

 

La cuestión es que el joven se quedó unas semanas y la ansiedad que yo tenía se me fue yendo porque todas las mañanas practicábamos y practicábamos y me enseñaba posturas. Le conté que un chico más grande me venció y me explicó cómo tenía que hacer para contrarrestar si peleaba con alguien más grande. Me enseñó posturas, como atacar, como empuñar bien la espada. A la semana se marchó con la ropa limpia y le dio a madre tres metales plateados, una fortuna. Y a mí me regaló un metal plateado también.

-¿Y esto por qué?

-Por hacerme compañía. -Salté sobre él y lo abracé.

-¡Ja, ja, ja! -Se rio el joven-. Eres un buen niño. Cuida a tu madre. Me dijiste que te llamabas Sayoran, ¿no?

-Así es. -El joven me miró y dijo:

-Eso significa, en un dialecto, pequeño lobo.

-Así es. ¿Y tú cómo te llamas?, porque nunca me has dicho el nombre. -El joven me dijo:

-Mi nombre es Rebel, el mejor espadachín de Umbro. -Montó en su hoyuman y se marchó. Sentí una mano en mi hombro y vi que era madre.

-¿Sabes que conoció a Donk?

-Sí -dijo madre.

-Pero contigo no habló...

-No, a diferencia de otros hombres es muy respetuoso, me trató de señora y me pagó más de lo que me tenía que pagar sin insinuarme nada. Es un auténtico caballero. Ven, vamos, tengo preparado el guisado.

 

Fui atrás de mamá, de verdad que ya tenía hambre. Gracias por escucharme.