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Psicoauditación - Ernesto

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 21/01/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Ernesto

La entidad narra una vida en Ran II. Se encontraba en un momento difícil de su vida en que lo social, lo laboral, lo familiar y lo económico acababan de derrumbarse. En este momento estaba en la calle. Solo.

Sesión en MP3 (2.924 KB)

 

Entidad: Había salido de trabajar y me sentía eufórico, había terminado un programa nuevo de informática, creo era uno de los programas más importantes del año. Esperaba que me tuvieran en cuenta porque siempre me relegaban, me decían:

-Joaquín, Joaquín Tecna, usted es una persona valiosa, siga esforzándose, ya va a ver los resultados en confort, en lo económico. Siga esforzándose.

 

Por un lado sentía que eran palabras de aliento, por el otro lado me parecía más un premio consuelo, porque había otros informáticos, incluso más jóvenes, solteros, que ya les habían aumentado el sueldo, ganaban bastantes más créditos, y no es por desmerecer a otros, pero me parece que su trabajo era inferior al mío.

Pero esa tarde cuando salí de trabajar estaba eufórico, de verdad. Entonces antes de ir a casa me fui al bar, me serví un licor.

Le dije al barman:

-Deme otro, hoy estoy exultante, contento, contento. -A la tercera copa me marché, me tomé el bus y llegué a casa.

Mi esposa, Amelia, me miró, me dio un beso en la mejilla y me dijo:

-Ya estuviste bebiendo.

 

Amelia Dante era una mujer tan difícil de conformar, ella era independiente, tenía un trabajo de abogada y ganaba más créditos que yo. Pero nunca me lo echaba en cara, me decía lo mismo que mis jefes "Esfuérzate, esfuérzate". Pero se ve que ese día la he cogido con mal humor, porque me repitió:

-¿Por qué no vienes directamente del trabajo a casa, Joaquín, por qué te vas a beber?

-¿Por qué? Porque estaba exultante, terminé un proyecto que es lo mejor del año.

-Entonces, ¿por qué piensas, Joaquín, que a otros compañeros tuyos más jóvenes, algunos incluso han entrado a trabajar este año y ganan más que tú?

-¡Je! Conocerán a jefes, serán parientes. Y obviamente que no es justo.

-A que no te acuerdas de la otra noche, Joaquín. -La miré.

-¿De qué hablas, Amelia?

-Habías venido del bar, te habías tomado como cinco copas y en casa seguiste tomando.

-¡Qué raro que no me has dicho nada y hoy sí!

-Porque te noté que estabas muy mal, casi agresivo.

-¡Yo agresivo! ¿Alguna vez, siquiera de palabra te he insultado o algo?

-No, no, obviamente que no lo hubiera permitido, pero se notaba que si decía algo te notaba predispuesto a discutir. Recuerdo que por la noche te levantaste dos veces, seguro a tomar un par de copas más, y a la madrugada cuando te levantaste todavía se notaba el aliento a alcohol y te fuiste sin desayunar. Ahora dime, ¿te piensas que tus jefes no se dan cuenta? ¿Ese día qué has hecho?

-No me acuerdo -le dije.

-Te acuerdas. Recuerdo que me lo comentaste lamentándote. Tu jefe te vio dormitando en el escritorio y te dijo: "Tecna, así no sirve, que venga bebido".

-Así no me dijo.

-Así es como tú me lo contaste. Y hoy se te nota también el aliento a alcohol.

-¡Nadie hizo un proyecto como el mío!

 

Recuerdo que esa mañana fui a trabajar y estaban los dos jefes. Me miraron.

Uno me dijo:

-Joaquín Tecna, por lo menos venga con la corbata ajustada y el cabello bien peinado, esto es una empresa.

-¿Vieron mi proyecto de ayer?

-No importa el proyecto, importa su presencia, su aspecto. Estuvimos conversando con la junta, vamos a prescindir de su persona.

-¡Je, je! ¿Perdón? Que yo sepa soy el mejor de todos los empleados.

-Tecna, le vamos a dar un resarcimiento, le vamos a abonar varios meses y prescindimos de su persona.

-¿Con que esas tenemos? La que va a perder va a ser la empresa.

-¿Nos piensa hacer juicio? ¿Por qué se piensa que cada semana a todos los empleados les hacemos análisis? El único que todas las semanas salió con alcohol fue usted. Nos hace un juicio, va a perder.

-No he hablado de juicio, no haría eso, me considero un empleado modelo. Si me despiden me llevaré mi proyecto.

El jefe más viejo me dijo:

-Joaquín Tecna, ¿se acuerda de la firma del contrato?

-¿Qué tiene que ver eso ahora?

-En el contrato dice: "Todo proyecto hecho por cualquiera de los empleados, es a nombre de la empresa". El empleado ni siquiera tiene un uno por ciento de comisión, trabaja para la empresa, el proyecto es de la empresa.

-Está bien. ¿Hasta cuando tengo? -Me extendieron un papel para que lo firme. Lo leí, estaba despedido y me dieron una suma bastante importante. Lo firmé.

-¿Es todo?

-No, no es todo. -Tomaron un holoordenador. Firme en el holoordenador, esto queda digitalmente. -Firmé también.

-¿Puedo recoger las cosas de mi escritorio?

-Sí, le damos media hora.

-Bueno, gracias. -Miré que en el salón, todos me observaban. Los miré con rostro de odio, seguramente estarían frotándose las manos porque se iba el mejor.

 

Tenía un pequeño dispositivo holográfico y lo conecté a mi holoordenador, el proyecto todavía no lo había subido a la red digital de la empresa. Lo guardé en mi dispositivo y formateé mi holo ordenador. No iban a tener mi proyecto y no podían hacer nada legalmente porque no sabían que el proyecto sólo existió en mi palabra.

No me llevé el dispositivo conmigo, lo guardé en una nube digital privada, lo vacié y lo guardé en mi bolsillo. A la salida me registraron, lo primero que me pidieron fue el dispositivo, lo revisaron con un holoordenador, vieron que estaba vacío, me había anticipado a guardarlo a la nube digital. Y me marché.

 

Llegué temprano. Estaba muy molesto, no pasé por el bar, directamente fui a casa. Cuando vino mi esposa, Amelia Dante, ya me había bajado media botella de coñac.

-Estás ebrio. ¿Qué pasó?

-¡Je! Me despidieron.

-Por beber.

-No, no es por beber, querida esposa, es por envidia, es porque yo tengo los mejores proyectos. Y me hicieron una trampa, querían quedarse con todo lo mío.

-¿Y se quedaron con todo lo tuyo?

-Para nada. Lo pude guardar en una nube personal digital, y formateé mi holoordenador.

-¿Eso no es un crimen? Te pueden hacer un apercibimiento por formatear la máquina, pueden acusarte de borrar información.

-¿Podrán? ¿Pero qué información si no saben lo qué había?, día tras día yo entregaba todo a la red digital menos mi nuevo proyecto.

-Joaquín, no podemos seguir así.

-¿Así, cómo?

-Bebes, te duermes, ¿cuánto hace que no tenemos vida marital?

-¿Perdón? De qué hablas.

-Por un lado me alegro porque, disculpa mi crudeza, pero ya no me atraes.

-¡Je, quién habla! ¡Eres miss Ran, sales en todas las tapas de las mejores revistas de Ran II! Por Dios, ¿quién te piensas que eres, miss belleza internacional?

-Tu forma de hablar es de un niño.

-No te atraigo, pero tú exigías vida marital.

-En su momento sí, pero podía más el coñac y el licor, y te tendías en la cama y te dormías. Hace meses que no estamos juntos, y honestamente hoy ya no me interesas. Hablé con mis jefes en el despacho y redactamos un papel de divorcio.

-Así que sobre llovido, mojado. El barco se hunde y las ratas abandonan el barco.

-¿Te das cuenta que me estás insultando?

-No, no, es un dicho, es un dicho, Amelia, no te digo rata a ti.

-No, no me lo dices directamente, pero dices que el barco se hunde y las primeras que abandonan el barco son las ratas, ¿no? O sea, que te despiden y por eso me divorcio. Para que sepas, este papel hace una semana que lo tenía preparado, no sabía si la decisión era la correcta o no, pero te han despedido por beber, no por el proyecto.

-¿Y tú por qué te alejas?

-Porque, honestamente, ni siquiera tenemos afinidad, no tenemos conversación, no tenemos ningún tipo de diálogo, no salimos a ningún lado, y si salimos en lugar de disfrutar o tomar un zumo de frutas, te pones a beber, y en lugar de disfrutar vengo de mal humor porque ya vienes beodo. Hace más de un año que no tenemos una salida donde yo pueda disfrutar.

-Claro -le dije-, la señora sólo piensa en ella.

-Eres un necio -me dijo Amelia-. "La señora sólo piensa en ella". Yo no soy la que bebo, yo soy la que quiero salir, que quiero disfrutar, la que quiero tener intimidad con una persona que me sea empática, y tú no lo eres, tu aliento a alcohol apesta. A veces a la mañana vas al trabajo, te pones la ropa encima sin bañarte, vas desaseado, no te has cortado el cabello.

-¿Y qué hacemos con los bienes, cómo los repartimos?

-No tenemos bienes, tenemos dos vehículos, cada uno se queda con el suyo y el apartamento lo vendemos. Es más, en el despacho ya me consiguieron comprador.

-Es un departamento pequeño, ¿qué voy a comprar con mi parte?

-¡Ah! El señor no ha ahorrado, se lo ha gastado todo en bebida. Yo si he ahorrado.

-Entonces son bienes gananciales.

-No, he ahorrado por comisiones de trabajo, donde hay una clausula que dice que las comisiones de trabajo no son bienes gananciales. ¿Tú tienes comisiones de trabajo?

-No, a mí no me han dado nada.

-Es tu problema, es el contrato que has firmado.

-Entonces me han timado.

-No te han timado, eres adulto, sabes lo que firmas. En cuarenta y ocho horas tienes que dejar el departamento, te adjudicaran los créditos a tu banco y el otro cincuenta por ciento a mi banco. Después verás lo que haces. -Me sentí desnudo de alma, despojado de todo.

 

Me sentí molesto, el mismo día que me despiden, el mismo día que mi esposa, Amelia Dante, se divorcia de mí. Pero esto no lo iba a dejar así, tenía que idear algo. Tenía que haber un nuevo comienzo para mí.

 

Me había agarrado un absceso tremendo de tos.

-¿Sabes por qué tienes eso, Joaquín?

-A ver, ¿tú, aparte de abogada eres doctora?

-No. Ayer lloviznó, has bebido, no has tomado el bus, te has venido infinidad de calles caminando mojado, y obviamente te afectó a los pulmones. Pero estabas tan bebido que ni te diste cuenta, de ahí la tos.

-¡Qué bárbaro! Sabes de mí más que yo mismo.

-Tu ironía no me... no me mueve un pelo. Y disculpa mi expresión, Joaquín, pero para mí ya eres pasado. Cuarenta y ocho horas y dejas el departamento. -Me fijé que en el placar ella ya se había llevado toda la ropa. Cogió las llaves, una cartera y se marchó.

 

No sabía qué hacer. Tenía un par de amigos, obviamente fuera del trabajo, buscaría a ver quién me pudiera ayudar, porque dos cosas a la vez, un despido y un divorcio, era mucho. Me sentía desolado.

 

¿Pero la amaba a Amelia o era mi ego o machismo que no aceptaban el despido ni el divorcio? Interrogante a resolver.

 

Gracias por escucharme.