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Psicoauditación - Julia E.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión del 05/02/2019

Sesión del 07/03/2019

Sesión del 30/05/2019

 


Sesión 05/02/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Julia E.

La entidad comenta una vida en Ran II. Era brillante en su profesión y en otros temas, pero en lo personal no encontraba compañía con quien sentirse bien. Acudió a un asesor espiritual que le indicó unas pautas de conducta en lo personal y en lo social.

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Entidad: Tengo bastantes años, no he formado familia porque me dediqué a la física cuántica, que era mi tarea, mi pasión, todo. Por supuesto tengo muchos amigos y amigas que me decían "Erin, qué raro que no has formado pareja".

 

Mi era Erin Cobalto una de las mejores en física cuántica de Ran II. Tenía muchos contactos de primer nivel: Raúl Iruti, Alexis Anasio, genetistas. Rendo Javier, Nambo Flagan el mayor astrónomo, podríamos decir, de Ran II.

Ran II no era un mundo religioso, es cierto que la sociedad escribía sobre mitos, creencias, leyendas pero vivíamos en una sociedad pragmática; a diferencia de Sol III, Ran II no sufrió ese atraso científico por la religión. Y es cierto que vivíamos bien, carecíamos de una superpoblación porque las leyes no permitían tener más de dos hijos por pareja salvo que se los brinde la genética, que en un primer momento tenga trillizos o en un segundo intento tenga mellizos.

 

No estaba satisfecha con lo que aprendí, estaba estudiando a mi edad, ya bastante grande, física atemporal y física de los vórtex. Ya me habían comentado que habían logrado más de una vez formar vórtex a universos alternos, y yo quería ser parte, con mi conocimiento podía enriquecer a todos.

Recuerdo que una tarde hablé con Nambo Flagan, el astrónomo, y me contaba que estudiaba una estrella cercana a diez años luz. Otro de los que conversé fue Julius Delfor, informático cuántico, también me interesaba la informática cuántica, quizá no manejaba los ordenadores tan bien como Delfor pero aprendía rápido, tenía pasión por todas las materias. ¿Genética? No, no me atraía tanto, pero estaba creando fórmulas matemáticas para hacer los vórtex más estables.

Pero recuerdo que por momentos me sentía vacía. Nambo Flagan me dijo:

-¿Por qué no lo consultas a Raúl Iruti?

-Nambo, ¿un genetista en qué me puede ayudar?

-No, es un asesor espiritual, aparte.

-¿Existe eso? Este no es un mundo religioso.

-No Erin, no estamos hablando de religión, estamos hablando de asesorarte en tu parte interna.

 

Pedí un turno con el holovisor y dos días después me presenté en el despacho de Raúl Iruti. Le conté cómo me sentía, como vacía.

Me preguntó:

-¿A qué le atribuyes esa nada dentro tuyo?    -Me encogí de hombros y le dije:

-Mis amigas y amigos luego van a sus casas, se reúnen con sus familias.

-Pero tengo entendido -dijo Iruti- que a ti te llena tu trabajo, la física cuántica, la informática cuántica, la física de vórtex, la matemática de vórtex.

-Sí, es mi pasión, tengo seis tomos muy difundidos. Pero en lo personal, yo como Erin, es como que tengo muchos compañeros y compañeras, evito decir amigos porque no tengo amigos, me reúno con gente para conversar de las nuevas músicas computarizadas, los nuevos motores para viajes espaciales. Me reúno con vosotros y hablo de mi trabajo, me reúno con mis compañeros y compañeras y hablo de cosas banales. Es como que llego a mi apartamento y me encuentro sola, veo holopelículas pero me distraigo. Y si son películas que me gustan, ¿por qué me distraigo?

Iruti me dijo:

-Porque estás aburrida.

-Me parece muy... muy poco afortunado el llenar mi soledad con una relación de pareja, es como que sin esa relación de pareja estaría mal y no debe ser así. Yo leía algunos libros suyos, Iruti. Cuando Nambo que dijo que hacía asesoramiento espiritual busqué en el alto internet y vi varios tratados sobre el tema, y usted mismo dice que uno no debe buscar la aprobación de los demás para sentirse bien. ¿Estoy errada?

-No -me dijo Iruti-, yo no hablo de buscar la aprobación del otro o de los otros porque entiendo que tú eres autosuficiente y no tienes baja estima, no vas a caer presa de una crítica o presa de un halago, no; estoy hablando de alguien con quien conversar, no necesariamente tiene que ser una relación de pareja, no necesariamente. Pienso que... pienso que uno a veces necesita salir con otra persona que tampoco tenga compromisos que no mire la hora y diga "Bueno, me esperan en mi casa" y tú te quedes en medio de la nada.

-Es verdad -asentí-. La otra noche salí con siete amigas, la última se fue antes de medianoche y me quedé un rato más tomando una copa porque no quería regresar a casa. Me miro al espejo y a pesar de mi edad aún soy atractiva.

Iruti frunció el ceño y me dijo:

-¿Cómo, Erin, "A pesar de tu edad"? Eres una persona joven, la expectativa de vida es el doble de la que tienes actualmente, tienes mucho por hacer, mucho por dar. Depende de ti.

-Lo que pasa es que mi círculo es muy cerrado, Iruti. Estoy con vosotros, con Nambo, con Tadeo Armani, con Rendo Javier, con Anasio... y si no, salgo con las compañeras. Y no voy a lugares de reflexión donde haya personas solas no, no, no me agrada; es como que tengo un punto de mira, un blanco en mi cuerpo, que dicen "Esta mujer está buscando una relación", no me gusta.

Iruti me dijo:

-No necesariamente tienes que ir a un lugar donde haya personas solas, puedes ir a museos a ver obras de arte, a conciertos, somos un mundo muy moderno pero nos sigue gustando la opera y hay muchos que luego se reúnen a hablar de música. -Asentí.

-Es cierto. Además tengo determinada cultura general, no es que sepa de ópera o pintura como un tenor o como un pintor, pero puedo hablar de cuadros, puedo hablar de determinada música a pesar de que no toco ningún instrumento.

-Bueno, entonces no hace falta que vayas a un grupo de reflexión.

-De todos modos no me siento satisfecha conmigo misma.

-¿En qué sentido? -preguntó Iruti.

-Claro, como que necesito el afecto de los demás.

-Pero lo tienes, el grupo de científicos con los que te rodeas te apreciamos muchísimo.

-Claro, me aprecian. Yo busco algo más.

-¡Je, je! Entonces ahí buscas una relación de pareja o una gran amistad, no importa si es varón o mujer.

-No hablo de una intimidad, me da pudor hablarlo, pero no, no hablo de eso, hablo de con quién conversar de distintos temas sin que la persona me diga "Me tengo que ir". Tampoco pido que estén pendientes de mí, entiendo que cada uno tiene sus compromisos, incluso las personas que no tienen pareja tienen un horario de trabajo y tampoco se van a quedar has determinada hora, pero bueno.

-Erin -dijo Raúl Iruti-, tranquilamente pueden verse de tarde, no necesariamente tiene que ser de noche. ¿Quién pone las reglas?

-Si salgo tiene que ser de noche.

-¿Por qué?, hay paseos de compras.

-No, eso me parece muy banal.

-¿Por qué?, es darte satisfacciones.

-No me gusta atesorar. En uno de sus libros lo dice.

-En tres de mis libros lo digo, pero comprar algo que nos guste no es atesorar, no es algo que vamos a colgar de la pared para rendirle pleitesía; una prenda, un adorno algo que nos dé satisfacción aunque a los tres días ya no nos interese más. Eso no es atesorar, atesorar pasa por otro lado. Conozco gente que junta créditos y créditos que tiene en el banco digital y de repente no tiene hijos y esos créditos van al estado luego, porque no se los va a llevar. Entonces no se trata de atesorar tampoco de despilfarrar, se trata de vivir, se trata de disfrutar.

-¿Pero eso no es ser banal?

-No, la banalidad pasa por otro lado, todo pasa por nuestra armonía.

-Por nuestro equilibrio.

-No, Erin, nuestra armonía. Tú que has estudiado física sabes que el equilibrio es estático y la vida no es estática. Tienes mucho por hacer, mucho por dar.

-A mí me da la impresión que arrastro como ciertos traumas, como que hay cosas que ya he vivido y no quiero volver a repetirlas.

-Erin, cada vida es distinta a la otra. A veces podemos repetir situaciones, a veces no.

-A veces se me da por ayudar a otros y no sé cómo.

-Mi ser interno me dicta una frase.

-¿Cómo su ser interno?

-Claro, nosotros tenemos un alma, un ser interno que nos dicta.

-¿Y qué le dice?

-No podemos tender una mano a nadie si no estamos nosotros de pie primero.

-Tradúzcamelo...

-Claro, primero ayúdate tú, ponte bien tú en todos los aspectos. Tú dices que a veces te sientes sola, algunas compañeras te quieren consultar sobre la soledad y ¿qué les vas a decir más que contarles tu historia?, eso no les va a servir a ellas ni tampoco a ti.

-¿Pero ocuparme de mí no es egoísmo?

-Para nada, Erin, para nada. Ocuparte de ti es sabio porque vas a estar fuerte luego para ayudar a otros, así como estás no puedes.

-Pero me hace parecer como que fuera alguien que desperdició su vida.

-No, no, no, para nada. Erin, eres maravillosa, eres importante, lo que has escrito ha despertado la mente de muchos y sigues estudiando; no, no hablamos de eso, en lo profesional eres excelente, eres diez puntos, hablamos de lo personal.

-Justamente estaba viendo por la alta internet que el fin de semana hay una ópera muy cerca de mi departamento.

-Bueno, ve, siempre va haber gente afín.

 

Me dio la mano, me la apretó muy cálidamente.

Le dije:

-Luego le enviaré por la alta web a su banco digital los créditos de la consulta.

-Está bien, ve con tranquilidad. Y estate alerta.

-¿Alerta?

-Alerta, porque las ocasiones se presentan en cada esquina.

-¡Ah!, eso es un dicho, Iruti, en la vida real no pasa eso. -Iruti hizo un gesto como diciendo "No sabemos".

 

Y salí, salí de la consulta muy muy esperanzada. Era una de las mejores en mi profesión, pero buscaba una gran amistad o un amor que me entienda.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión 07/03/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Julia E.

Era física cuántica. Conocía al más grande astrónomo del planeta y se encontró en medio de grandes científicos que se reunían periódicamente para debatir temas del momento. Coincidió con un gran genetista que le puso al día de recientes descubrimientos. Tantos científicos, tanta ciencia pero seguía sintiéndose sola.

Sesión en MP3 (3.474 KB)

 

Entidad: A veces estamos tan enfrascados en lo que nos sucede a nosotros que no percibimos que a otros le pueden suceder cosas similares, no importa el grado, no importa la categoría, no importa el estudio que pueda tener la persona o la fama, los temas internos generalmente están ocultos, no se muestran por timidez, por pudor o directamente porque los desconocemos o no nos damos cuenta de que la única manera de "vencerlos" es sacarlos a relucir.

 

Me consideraba una física cuántica muy buena al punto tal de que en los últimos tiempos había hecho varios escritos. Era la tercera vez que me invitaban a una conferencia de Nambo Flagan, si bien él tenía otra especialidad -era uno de los más grandes, no, era el más grande astrónomo de Ran II- sostenía la hipótesis de que en un sistema que quedaba a diez de vuestros años luz había un sistema estelar con por lo menos dos planetas habitables. Cuando terminó la conferencia me acerqué a Nambo y le dije:

-Verdaderamente es la tercera vez que lo escucho y quedo extasiada de su conocimiento.

El doctor Flagan me preguntó:

-¿Usted es astrónoma?

-No, no, soy física cuántica, tenemos un conocido en común, me habló mucho de usted, Raúl Iruti, el genetista.

-¡Ah!, sí.

Vi que estaba ocupado porque vi otra gente que requería su presencia y le dije:

-Doctor Flagan, no, no lo entretengo más. -Me hizo un gesto de simpatía y fue a hablar con otra persona. De repente se paró en seco y volvió.

-Erin Cobalto, ¿no?

-Sí.

-He leído cosas suyas. Nos reunimos luego en un restaurant con astrónomos, físicos cuánticos, matemáticos, ingenieros genéticos y expertos en ordenadores, en los nuevos ordenadores holográficos.

-¿Me dice si puedo ir con vosotros?

-Sí.

-Pero desde ya, encantada.

-Le iba a pasar la dirección, pero si me aguarda tenemos una limusina y vamos con algunas personas más, el resto ya directamente debe estar allí esperándonos.

-Pensé que habían todos a su conferencia.

-No, no, algunos todavía no terminaron su tarea laboral.

 

Y fui. Había varios físicos cuánticos importantes. Me enteré de que estaban hablando de la posibilidad de -increíble, ¿no?-, de pasar a universos alternos.

Algunos me miraban y se cohibían. El doctor Flagan no estaba al lado mío, estaba a varias butacas más allá, mi asiento del lado estaba desocupado y el siguiente también. En ese momento mis ojos brillaron, se acercó Raúl Iruti acompañado de Alexis Anasio, dos genetistas de primerísima línea. Iruti se sentó al lado mío.

-Erin, ¿cómo estás?

-¡Sorprendida, no esperaba verlo!

-Yo tampoco a ti. Disculpa mi indiscreción, ¿quién te invitó?

-Nambo Flagan.

-Muy bien, bravo por Nambo, puedes aportar mucho.

-No quiero ser indiscreta, pero estoy estuve escuchando de la posibilidad de llegar a universos alternos y dos de ellos hicieron un comentario y me miraron y dejaron de hablar. ¿Qué es lo que sucede, qué hay de nuevo? -Iruti me miró con esa sonrisa empática.

-¡Ah! Ya pronto va a ser vox populi. Primero, por accidente, cuando me refiero a accidente, por alguna razón, donde una vibración se formó abriendo un vórtex y pasó una joven. -Me quedé como petrificada.

-Iruti, ¿pasó una joven?

-Pasó una joven.

-Sí, sí, disculpe que me trabe, pasó una joven ¿de dónde?

-De un universo alterno, un universo que es un calco de este, pero en ese Ran II están en guerra en una tiranía. Y logramos medir la vibración de esta joven: no tiene la misma vibración que la nuestra.

-Hablamos de vibración cuántica -prácticamente afirmé.

-Correcto, Erin. Y bueno, programamos en nuestros super ordenadores las distintas vibraciones con la ayuda de dos amigos matemáticos muy importantes y muy queridos y logramos abrir un vórtex ya directamente provocado. -No me atrevía a dar crédito a las palabras de Iruti.

-¿Me está diciendo que  en este momento hay un vórtex a un universo alterno?

-Sí, y a esta altura ya no lo hemos podido controlar.

-¿En qué sentido?

-Se abría y se desvanecía, se abría y se desvanecía. Entonces le pusimos como una estructura energética; aprovechando la misma vibración de ambos universos hicimos una especie de estructura, no circular, más alta que ancha pero redondeada. Obviamente de nuestro lado pudimos hacer dentro de esta misma vibración una barrera energética.

-¡Lograron con cuantos hacer una barrera energética!

-Correcto. ¿Cómo lo logramos? Tú sabes, Erin, que los quark están catalogados por colores y sabores, son como distintos espín de movimiento.

Sí, correcto, no entremos en detalles, eso lo entiendo.

-Por supuesto, Erin, lo entiendes más que yo, yo sólo soy genetista.

-¿Sólo? ¡Es el más grande genetista!

Siguió Iruti:

-Pero bueno, en mis ratos libres estoy profundizando todo lo que es la física cuántica. Bueno, con esos espines logramos de alguna manera captar parte de esa energía cinética.

-¿Pero cómo lograron eso? No hay aparato que lo pueda lograr.

-Habla en pasado, Erin, no había aparato que lo podía lograr. Sí, ya sí. Gracias a los ordenadores que nos han dado determinada clave para captar esos espín de sabor y de color de los quark, los mismos fotones por momentos son partícula, por momentos son energía. En ese lapso de cambio, que es imposible hasta de pensar con la mente humana, pero sí con los ordenadores, hay una energía que se desprende.

-Entonces pierden masa.

-Pero la recuperan, porque al mismo instante -cuando digo mismo instante haz un paréntesis-, es casi el mismo instante, la recuperan. En ese lapso que pierden energía y la recuperan nuestras máquinas están alertas y quitan parte de esa energía.

-Entonces les están quitando masa -argumenté.

-No, porque de alguna manera toman energía de otro quark.

-Pierde energía el otro quark.

-No; inmediatamente se forma una cadena, para hacerlo corto y simple, y se van dando energía uno al otro. Esto no es física tradicional, tú lo sabes mejor que yo, eres una muy excelente física cuántica, Erin. -Suspiré porque esto me sobrepasaba.

-¿Y todos los que estáis aquí reunidos conocéis ese tema?

-Así es.

-¿Y tú tenías autoridad para contármelo? -Iruti se encogió de hombros.

-A ver, no se trata de tener autoridad o no tener autoridad, entiendo que para algunas cosas acordamos, pero esto es elástico; aparte sé a quién le estoy confiando esto, antes de que sea dado a conocer en general.

-Bueno, gracias por... gracias por esa confianza, no lo defraudaré. Sí me gustaría participar... ¿O pequé de atrevida?

-No, no, no, está bien. Al contrario, me has ahorrado de pedírtelo, estoy seguro que todos los físicos cuánticos aquí reunidos se alegrarán de que cooperes.

 

Me quedé pensando; mantener un vórtex estable aprovechando la energía de espín de los quark... ¡Vaya, vaya, vaya!

-Y gracias a los ordenadores habéis podido medir la energía de la persona que pasó del otro universo.

-Ya no es una, hay más.

-¡Vaya!

-Es más; hubo una joven que pasó al universo alterno y no sabemos qué fue de ella.

-Pero bueno, tendría ganas de hacer mil preguntas, Iruti.

-Empieza con una -me dijo él.

-Entiendo que mantenéis esa barrera energética para que... bueno, no sé cómo decirlo sin pecar de prejuiciosa, ¿no?, pero que algún indeseable del otro universo pase o directamente como usted mismo dijo, hay otro Ran en guerra y que traten de entrar por ese hueco de vórtice y intenten trasladar la guerra a este universo.

-No pensamos tan en grande, pero preferimos tener la barrera cuántica. La misma energía, de alguna manera provocada por otro tipo de espín que interactúa entre los distintos quarks, es una energía que a su vez repele y atrae, repele y atrae. Bueno, con esa energía mantenemos la estructura del vórtex. Agregando una parte más que repele mantenemos la estructura de la barrera cuántica.

-Está entendido, lo entiendo perfectamente.

-Esto es un tema que no lo entendería cualquiera.

-Una pregunta... Capaz que pueda ser indiscreta, pero la última vez que me atendió vi que, a la distancia, porque me dio vergüenza hasta mirarlo, entraba Nambo Flagan. No sabía que eran tan amigos.

-Somos muy amigos.

-No me rete por favor si... porque voy a parecer inquisidora, ¿pero él también acude a su conducción espiritual? -Iruti se encogió de hombros.

-Cualquiera puede venir a mis consultas y no necesariamente porque tengan un problema grave, a veces puede ser un tema laboral que para la persona puede ser irresoluto, a veces puede ser un tema de soledad, a veces puede ser un tema afectivo.

Comenté:

-Lo pregunto porque veo los gestos del doctor Flagan y lo veo tan seguro en sus conferencias, pero antes de que usted llegara, a pesar de que estaba a varias filas de distancia, cuando tocaba algún tema personal es como que se cohibía. -Iruti volvió a encogerse de hombros.

-Nos pasa a muchos eso de que nos sentimos seguros en lo que sabemos hacer y en la vida personal no tanto.

-¡Je, je, je! No creo que a usted le pase.

-¿Por qué no? -preguntó Iruti-, ¿por qué no?, soy un ser humano como tú, como Nambo o como cualquier otro.

-De verdad, me siento muy agradecida por conocerlo, porque me haya revelado lo del vórtex a otro universo, el hecho de que a su vez sepa dialogar conmigo sobre temas cuánticos.

-Bueno, saber dialogar es relativo, me defiendo.

-Vaya, estaba hablando casi a mi nivel y usted no es cuántico.

-¡Bueno, por eso dije que estudio! -exclamó Iruti.

-Vaya, hoy ha sido una noche de sorpresas, de verdad que ha sido una noche de sorpresas, me siento como una niña con un juguete nuevo el hecho de poder interactuar con vosotros.

-Cuando terminemos la comida- que vi pasar al camarero y vi que está muy apetitosa, una vez que terminemos los postres tomaremos alguna bebida caliente y te presentaré a uno por uno y ya te sentirás como una más, cómoda. Cómoda significa: lo que desees preguntar te será respondido en tanto y en cuanto la persona que le preguntes sepa la respuesta, ¡je, je!

-Tu compañero, Alexis, ¡uy!, te he tuteado.

-Por favor, acá es obligación que todos nos tratemos de tú.

-Bien. ¿Tu compañero Alexis sabe tanto como tú?

-Es un iluminado. Y para mí es un hermano, un hermano de Luz. Creo que a veces... -por primera vez lo veía titubear a Iruti, estaba buscando las palabras. Continuó-, a veces he conocido familias con hermanos de sangre y no se llevan tan bien como yo me llevo con Anasio. ¿Intercambiamos ideas? Absolutamente. ¿Estamos de acuerdo en todo? No necesariamente. Y eso es bueno.

-¿Bueno en qué sentido? -argumenté.

-En el sentido de que podemos iniciar un debate. Si todos los que estamos aquí reunidos en la mesa estuviéramos de acuerdo en todas las cosas, ¿qué debate habría, qué aprenderíamos uno del otro, cómo argumentaríamos? -Me quedé pensando. Iruti, como siempre, tenía razón. Y se lo dije.

Y ahí me dijo:

No, no siempre tengo razón, creo que el único que tiene razón siempre es Dios, nosotros somos solamente parte de Él e intentamos cada día acercarnos más a Él. Y es una paradoja porque Dios está dentro nuestro. Entonces cuando hablo de acercarnos me refiero a comprenderlo, a digerirlo, a captarlo, a respirarlo. Qué difícil que es explicar a Dios con palabras.

Pero entiendo el concepto -agregué yo. Iruti me dio un abrazo y señaló mi plato.

-Ya te han servido, comamos y disfrutemos de esta cena.

-Gracias -le dije.

 

Y gracias a vosotros por permitirme a través de este receptáculo relatar esa vida como Erin Cobalto, una vida donde me había unido a un grupo más que interesante, pero todavía tenía la batalla interna de la soledad, soledad a pesar de haber conocido un grupo.

Tenía que descubrir por qué no encajaba las cosas, por un lado estaba más que satisfecha, como dije antes, como una niña con juguete nuevo, pero por otro lado una congoja muy, muy, muy oculta, muy oculta llamada soledad. Y me molestaba conmigo porque debía ser agradecida, principalmente a Iruti por relatarme lo del vórtex, por agregarme a este enorme grupo, y sin embargo tenía como una angustia que me hacía doler la garganta... pero disimulaba comiendo y sabía que Iruti me miraba de reojo pero sonreía afectuosamente, él entendía que las cosas se van solucionando de a poco.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión 30/05/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Julia E.

Casualmente se encontró con el astrónomo y aprovechó para platicar con él. Pero parecía que no era él, estaba como desconocido. Un conocido genetista sugirió una hipótesis.

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Entidad: Uno piensa que suceden cosas a veces incompresibles o no sabemos que sendero tomar, qué proyectos ejecutar y a veces en lugar de avanzar retrocedemos. Y a veces nos sentimos como hundidos por engramas, que son como implantes hipnóticos de distintas vidas tan camuflados, tan escondidos en nosotros mismos que ni nos damos cuenta que esos engramas nos manejan, nos confunden, nos hacen cometer errores, nos crean inseguridades. Como ejemplo, la vida de Erin Cobalto.

 

Recuerdo que había consultado a este genetista, pero también gran gran conocedor del interior de mi persona, Raúl Iruti, una persona muy muy cálida.

 

Recuerdo que me presentó a su grupo, un grupo donde había profesionales como yo, que soy física cuántica. Había astrónomos, había expertos en holografía, expertos en la última expresión en informática, en holovisión, y me sentí plena en ese momento. Más que conocí a esta persona tan famosa en todo Ran II, como es Nambo Flagan, quizá es el mayor astrónomo de todos los tiempos. Pero todo el mundo le pedía conversación y esa noche no tuve oportunidad de hablar con él. Lo admiraba como si yo fuera una niña que le fuera a solicitar un autógrafo. Es ridículo lo que estoy contando, es ridículo pero no me voy a mentir a mí misma, ¡je, je!, no me voy a mentir a mí misma.

 

Pasaron los días y yo estaba muy metida en mi trabajo, pero una tarde estaba como ahogada -y eso que mi lugar de trabajo tiene ventanales, entra toda la luz, no, no, no puedo decir que hay sensación de encierro, en mi departamento tampoco, tengo una luz blanca como fluorescente, es como que las paredes se encendieran en colores, me siento cómoda también-, pero quería salir, quería salir.

 

Recuerdo que fui al parque respirando ese aire tan lindo y veo que enfrente caminando despacio estaba Nambo Flagan. Primero no lo había reconocido porque estaba con una ropa muy apagada, Nambo Flagan no se viste con ropa llamativa pero sí con ropa elegante, no llamativa pero sí elegante, pero lo veía con una ropa de un color marrón oscuro, daba la impresión que era ropa gastada, no sé cómo explicarlo mejor. Y camino detrás de él y no me animé a tocarle el hombro, pero lo llamé:

-Doctor Flagan. -Dio un respingo y se dio vuelta.

-Sí.

-Doctor Flagan, soy Erin. -Me miraba.

-Sí.

-Erin Cobalto, la física cuántica, nos reunimos la otra noche con Raúl Iruti y su gente, estaba Alexis Anasio, habían muchísimos más.

-¡Ah!, bien. Bueno, nos estaremos viendo.

-Pero espere, espere, aprovecho que puedo conversar un momento con usted si no está apurado. -Me extrañaba que sus ojos estaban como huidizos y la sensación era de que quería irse pero también es como que tenía temor de... de alejarse y que yo sintiera un rechazo ¿no? Y se quedó parado. Le digo-: ¿Nos podemos sentar? -Había un banco en el parque y sentó con las rodillas juntas y las manos con los dedos entrecruzados sobre sus rodillas, los hombros encogidos y me miraba, estaba en una posición como si tuviera frío pero hacía calor, hacía calor. Estaba distinto, como con barba de tres o cuatro días, pero me parecía descortés de mi parte hacérselo notar porque en todas las fotos de las revistas y de las holografías salía con la cara bien bien afeitada. Le dije-: ¿Algo nuevo?

-¿Cómo algo nuevo?

-Claro, estaba estudiando un sistema solar que está a pocos años luz, una estrella amarilla.

-¡Ah! Sí.

-Bueno, por eso; ¿algo nuevo?

-No, no nada nuevo. Se respira muy buen aire acá, muy lindo.

-Lo dice como si nunca viniera. ¿Nunca viene a este parque?

-Eeeh, no, es la primera vez.

-Pero su lugar de trabajo está a pocas calles de aquí.

-¡Ah! Sí, sí, pero no suelo pasar por aquí.

-Y qué raro que ande a pie, ¿no? Que no tenga... que no tenga un auto... que no tenga un auto eléctrico para manejar.

-Bueno, quería estirar un poco las piernas.

-Sí, yo también -le respondí-, estaba como ahogada en mi oficina y quise salir un poco. Además, hoy no tenía ninguna colaboradora, ningún ayudante y aproveché y salí. ¿Y usted, Nambo Flagan, tiene ayudantes, tiene bastantes, no?

-Eeeh, sí, sí claro, claro, tengo bastantes.

-¿Qué nombre le puso a esta estrella?

-¿De nombre?, eeeh, Estrella amarilla.

-Sí, pero no recuerdo el nombre que le había puesto.

-No, todavía no lo tengo definido.

-Creo que había salido en una holorevista el nombre.

-Sí, pero se apresuraron.

-¡Ah! Entiendo, entiendo.

-Erin, me dijo, ¿no?

-Sí, el otro día no tuve oportunidad de conversar cuando nos reunimos todos con el grupo de Raúl Iruti, pero para mí es un honor hablar personalmente.

-Bueno, muchas gracias... ¿No se molesta si me retiro? Porque todavía tengo muchísimas cosas que hacer.

-No, cómo me va a molestar, por favor. -Le miré los zapatos y estaban gastados. Yo no soy... cómo diríamos, metida en las cosas de otros pero se lo hice notar. Le digo-: Hoy se vino muy cómodo, se vino con unos zapatos viejos.

Se miró y dijo:

-¡Ah! Sí, los otros me apretaban. -Se levantó y amagó con darme la mano y... guardó la mano. No, no, no... evitó el contacto, sonrió con una mueca y saludó con la cabeza y se marchó caminando rápidamente.

 

Me quedé pensando. Debe tener algún problema, el propio Raúl Iruti me dijo en algún momento como que Nambo era introvertido, pero lo veía hasta nervioso, me pareció rarísimo.

Y al día siguiente me tocaba la consulta con el doctor Iruti. Lo saludé, me hizo pasar.

-¿Cómo estás, querida Erin?

-Bien, bien. Bien. El tema es que me encanta la física cuántica pero tengo, ¿cómo podría decir?, como que no me termina de satisfacer en algunas cosas. El que yo sea física cuántica no significa que deje de lado la física tradicional, es más, para el estudio del universo la física tradicional es el método ideal, pero me quedé pensando cuando me habló de que habían descubierto un vórtex.

-En realidad más de uno; algunos se forman por alguna energía magnética, nosotros lo provocamos, pero sabemos de casos donde hubo personas de un universo alterno visitando este universo. -Me quedé pensando.

-¿Y qué diferencia tienen con nosotros esas personas? -Iruti se encogió de hombros diciendo:

-Puede ser ninguna diferencia o pueden ser completamente distintos o directamente en un universo alterno pudimos no haber estado.

-¿Se refiere a que en ese universo pudimos no haber nacido?

-Hay muchas alternativas. Mi hipótesis es que los universos alternos se forman con nuestras propias decisiones.

-No, no lo entiendo.

-Claro, es el famoso, "Y si".

-Por favor, sea más explicito.

-Claro. De repente voy a tomar un heliocoche o de repente voy a tomar un bus o voy a tomar un ultrametro, y de acuerdo a decisión que tome creo un universo alterno.

-Sí, pero no, no... no me termino de convencer porque de repente si yo tomo esa decisión es mí decisión, podía haber tomado otra, pero no la tomé. Entonces, ¿por qué se formaría un universo alterno?

-Porque la posibilidad está abierta -dijo Iruti-; me voy al ultrametro y me encuentro a una persona que hace años no veía y revivo una vieja amistad, me voy en heliocoche y no me encuentro con esa persona y nunca más aparece en mi vida. De acuerdo a la decisión es un universo u otro universo.

-Pero sigo insistiendo -le comenté-, que siempre va a ser un universo porque es una decisión que tomo, no son dos o tres, no es que yo lleve tres o cuatro decisiones a cabo, que tome el heliocoche, el ultrametro, el bus, o vaya caminando.

-Tiene que ver también con las intenciones -aclaró Iruti-, tiene que ver con las intenciones, no es sencillo de explicar. Y todo esto era una hipótesis hasta que se abrió el primer vórtex, por lo menos conocido por nosotros, donde vino una joven de un universo alterno, de un universo que estaba en guerra.

-Entiendo.

 

Estuvimos un tiempo conversando sobre mi tema de no tener una certeza, de no tener una seguridad sobre lo que quería hacer con mi trabajo. Pero me ayudó mucho la conversación con Raúl Iruti, él me dijo que el trabajo es importante, el ganar créditos es importante -como le llamamos al dinero-, y que también es importante sentirse bien y cómodo en lo que uno hace. Pero es cierto que a veces no podemos tener todo a la vez.

Cuando terminamos la sesión justo sonó el llamador, un sonido grave. Era Nambo Flagan, estaba de un traje azul muy oscuro muy elegante. Me saludó muy cortésmente. Lo saludó a Iruti con un abrazo. Le dije a Nambo Flagan:

-¡Qué distinto que está, doctor, a cómo estaba en el parque! -Me miró como si no entendiera.

-¿En el parque?

-Sí, estaba con un traje marrón, con unos zapatos gastados.

-No. ¿Cuándo? -Y le conté todo.

 

Nambo Flagan:

-Estaba reunido con mi gente, éramos catorce astrónomos estudiando una supernova. -Lo miré a Iruti, Iruti me miró y lo miró a Nambo Flagan.

-A ver esperad, esperad. Erin, cuéntame. -Le dije que lo había visto, que estaba con barba de tres o cuatros días, que estaba con un traje marrón gastado, unos zapatos más gastados todavía, le pregunté por qué estaba así y me dijo que porque los otros zapatos le apretaba y quería caminar. Y aparte su manera de expresarse; se encerraba en sí mismo, ponía las manos en las rodillas casi casi como en una posición fetal le faltaba poner las manos en el pecho.

-Reconozco -dijo Nambo-, que soy a veces introvertido en el trato, fuera de mi labor, pero no, no, no soy así, además no era yo.

-Doctor Iruti, le aseguro que estoy en mis cabales, ¡je!

-No, no precisas aclarar nada, Erin, te creo ¿Y tú, Nambo?

-Sí, totalmente.

-¿Tienes la misma conclusión que yo, Nambo?

-Sí,

-¿Se la dices tú?

-Dísela tú, Raúl. -Y Raúl Iruti me dio la conclusión.

-Tómatelo bien, no te asustes, no hay ningún problema, pero te has encontrado con un Nambo Flagan de un universo alterno. -Pegué un respingo.

-¿Qué?, ¿no era el doctor Nambo?

-Era mi doble de un universo alterno que quizá estaba con esas ropas porque no logró trascender en la parte de astronomía. Y vaya a saber cómo será su vida. -Agregó Raúl Iruti:

-Lo que no sabemos es cómo accedió a este universo. Evidentemente hay mucho magnetismo en la atmósfera y se están abriendo vórtex.

-¡Me evitaba la mirada! -exclamé-, es como que se quería ir pero tenía temor de que yo pensara mal y por eso se quedaba, pero estaba muy muy incómodo. Pero claro, ¿qué iba a pensar yo, un Nambo Flagan alterno? ¿Puede haber una Erin alterna? -Raúl Iruti me miró y me dijo:

-Querida Erin, pueden estar todas las posibilidades, todas. Pero vamos a tener una clave, ¿puedes venir esta noche?, nos reunimos de nuevo.

-Sí, por supuesto -dije-, acepto.

-Bueno, entre todos los conocidos hoy van a venir todos, todos, todos. No es que usemos una contraseña como cuando entramos al holointernet pero voy a idear de expresarnos de determinada manera para que sepamos que somos nosotros.

-Está bien, de esa manera me quedaré más tranquila porque uno no sabe si alguien que es de un universo alterno tiene otro carácter, otra manera de ser o es peligroso, no sé. Además hay un universo alterno en guerra... Qué sabemos quién se mete por ese vórtex, o quiere causar desmanes en este universo, qué sabemos.

-Está bien Erin -me dijo Raúl Iruti-, pero no te intranquilices. ¿Tú tienes heliocoche?

-Sí, por supuesto, pero...

-Bueno, sabes que en todas las plantas tenemos estacionamiento de heliocoches. Sales de tu casa, sales de tu despacho. En la misma reunión de esta noche hay un multiestacionamiento de helicoches, y de esa manera no te expones, los heliocoches no se pueden hackear, es imposible, tienen doce grados de seguridad.

 

Lo abracé a Raúl Iruti, lo abracé a Nambo Flagan y le dije:

-Doctor Flagan, le repito lo que le dije a su doble, es un honor estar en su presencia. -Se quedó como... como duro. Le digo-: ¿Qué pasó? -Dice:

-No... me pone incómodo el halago.

-¡Ah! En eso es parecido a su doble.

-¡Je, je, je!

 

Lo hice reír. Me dio una palmada en el hombro y salí del despacho de Iruti. Esta noche nos juntaríamos todos otra vez.

 

Gracias por escucharme.