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Psicoauditación - Karina |
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección |
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Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
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Sesión del 08/12/2025 Gaela, Casandra Quiroga Sesión del 09/12/2025 Gaela, Casandra Quiroga Sesión 08/12/2025 La entidad comenta haber estado en Gaela y haber emigrado a Plena por temas religiosos de la Orden del Rombo. Experta en filosofía coincidió con Jorge Clayton, de manera que inmediatamente encontraron tema para seguir viéndose..
Entidad: Encarné en Plena, el país más al sur de nuevo continente. El nombre de mi rol en esa vida en Gaela era Casandra.
Mi historia familiar es vasta, inmensa pero corta, apenas conocí a mis abuelos. Siendo muy muy pequeña vivíamos en el sur de Plena, me acostumbré a las bajas temperaturas.
Tenía cuatro o cinco años cuando mis abuelos fallecieron, con un año de diferencia. Mi padre y mi madre no se llevaban muy bien, él había heredado de su padre, de mi abuelo paterno que a su vez había heredado de mi bisabuelo, una inmensa fortuna, mi abuelo tuvo la rapidez mental de poder vender las hectáreas de campo que le quedaran. Y digo así porque la Orden del Rombo, en convivencia con el gobernador de esa provincia del sur se apoderaba de tierras. Mi bisabuelo tenía más de mil hectáreas con siembra, con ganado y ganaba mucho dinero con exportación, pero era un campesino práctico pero no muy ilustrado.
Su hijo, mi abuelo, se fue dando cuenta de que cuando él era chico mi bisabuelo tenía menos de la mitad de las hectáreas de las que tenía originalmente. Pero claro, un gobernador dictatorial religioso, era imposible probar que eso que le habían usurpado era suyo. Mi abuelo directamente fue desprendiéndose de algunas tierras y abrió una cuenta corriente en capital, en Ciudad del Plata, lo recuerdo únicamente por fotos.
Mi madre no lo quería a su suegro, a mi abuelo paterno, porque decía que él, mi padre, era un iluso, que mi madre se había casado por su fortuna. Y a medida que yo fui creciendo me di cuenta de que era cierto, porque mi abuelo, antes de que yo naciera, la hizo firmar un documento de que no habría bienes gananciales en el casamiento. ¿Qué hizo mi madre siendo yo adolescente?, se fue con un extranjero. Y mi padre quedó solo conmigo, vendió el poco campo que tenía y nos fuimos a vivir a capital, a Ciudad del Plata.
Pero mi padre ya no era el mismo, no hablaba, a veces no dormía. Recuerdo que de chica era un hombre fuerte, de un metro setenta y ocho, ochenta kilos, lo veía demacrado, no sé si llegaría a los sesenta y siete kilos. Sin embargo cambió su cuenta corriente y la puso a nombre de ambos, emancipándome a los dieciséis años.
Y ahí fue cuando comencé a estudiar, me gustaba mucho la psicología social, saqué notas muy muy brillantes. Y me gustaba también todo lo que era la psicología espiritual, y por supuesto, los simbolismos, el estudio del ser humano. Y por sobre todas las cosas la filosofía, pero no la filosofía antigua de los grandes hombres iluminados de Porísido, que era la cuna prácticamente de la filosofía sino una filosofía moderna, trasgresora, polémica que se mezclaba con lo nuevo. Lo nuevo era el estudio interno del ser humano, su sombra, que otros llamaban "Roles del ego".
Y tuve la suerte de conocer a una chica más joven que yo que le gustaba el arte antiguo, y conversábamos seguido sobre el tema. Me hice de otras amigas en el Club Náutico, pero más conversaba con ella. También con algunos jóvenes.
Me considero una persona dada, simpática, pero cuando percibo un joven que viene con cierto tono irónico, rozando el sarcasmo mi rostro se transforma en algo impenetrable, absolutamente impenetrable. No doy cabida a las charlas intrascendentes, me gustan las conversaciones profundas. Muchos dirán: Casandra es una chica aburrida.
Otros jóvenes decían: "Qué me importa que se aburrida si es una belleza".
Debo ser honesta, prestaba atención a mi aspecto exterior, pero no era de esas chicas que se creen divas, estrellas de cine, no no no no no no. Además, no hacía alarde de que tenía una enorme fortuna que venía de los tiempos de mi bisabuelo o de mi tatarabuelo.
Por suerte Plena fue creciendo, la Orden del Rombo no tuvo tanto poder como en países del viejo continente y el sur, que no regresé nunca más. No regresé nunca más porque no tenía ningún sentido, se libró del yugo religioso de dicha orden. Pero ya nada pertenecía a mi familia paterna.
De mi madre no supe más nada, sólo que se fue con una nueva pareja al viejo continente dejando a mi padre mal, porque él sí estaba enamorado. Pero como no tenía mucho carácter hizo caso de mi abuelo de no permitir compartir bienes, cada uno tenía sus bienes. Y, obviamente, mi madre tenía muy poco. Le hacía la vida imposible: -Egoísta, cobarde, esclavo de tu padre. Pero él nunca le mezquinó nada: -Lo que quieras comprar me dices. Pero ella, con ese orgullo egoico: -No pasa por ahí, no quiero pedirte. ¿Para qué seguir? Desgastando mi memoria en recuerdos yermos.
Recuerdo que vi un joven elegante. Lo primero es que tenía mi parte olfativa desarrollada, el joven olía a tabaco rubio y a un intenso perfume de Amarís, que muy pocas veces lo sentí con ese aroma tan perturbador de varón. -Mira -me dijo mi amiga-, este es Jorge, el que te hablaba de que sabe mucho sobre roles del ego.
Y una mañana estando sola el joven me saluda: -Hola... -Hola -le dije. -¿Te incomodo si te pregunto qué estás leyendo? -No, para nada, estoy leyendo 'El viaje del héroe'. -¡Ah!, buenísimo, buenísimo. Tengo montón de notas y escritos sobre el tema del héroe. Y también de su contraparte, de 'El otro'. -¿Quieres sentarte a conversar? -Lo invité. -¡Pero con todo gusto! Veo que tienes la mesa vacía, ¿has tomado algo? -No no no no, hace un rato llegué. -Le hice una seña al camarero. -¡Ernesto! -¿Qué vas a tomar? -Capuchino y dos croissants -Igual yo. -Enseguida les traigo -dijo el camarero.
-A propósito -Me tendió la mano-, Jorge. -Casandra. -Hermoso nombre. No te había visto por aquí. -Hace más o menos 3 meses que vengo, yo sí te he visto, te he visto pasar, hablar con un montón de conocidos y conocidas, y luego has desaparecido de alguno de los recovecos den Náutico. -Sí, sí, sí. No es porque sea inquieto, es que siempre estoy haciendo algo. Pero me interesa el tema, adelántame algo.
Le dije: -No, del libro no, me interesa debatir filosóficamente sobre ese héroe que viaja. Y en contraparte está 'el otro', que explora la identidad del héroe, su conocimiento, la alteridad, y basándose en el héroe puede de alguna manera ver los límites humanos. Me respondió: -Bueno, el héroe representa al hombre moderno, el viajero incansable por la experiencia y el saber, enfrentándose a lo desconocido. Ese desconocido, para mí es 'el otro'. -¿Puede ser -le dije yo-, que el otro sea lo que al héroe le falta por conocer? -¿Por qué no? Por qué no, Casandra. -El otro, entonces, es ese desconocido. Pero cuidado, porque el héroe es prudente, tiene una prudencia estoica, evita transgredir las tentaciones. Y se le presentan muchas muchísimas. Pero él es un héroe que representaría un símbolo de la resistencia ante las adversidades. Le dije: -¿Y no podría ser, Jorge, que ese héroe lo que busca, esa búsqueda, no es solamente el conocimiento? ¿No será que a veces el héroe está cansado de búsquedas y lo que trata de encontrar es el hogar? -De alguna manera, sí, de alguna manera, sí. Lo que hay que develar es cuál es la verdadera naturaleza del héroe, porque siempre decimos 'Está en la naturaleza de tal persona ser así'. ¿Cómo es el héroe, el eterno buscador, o el que añora regresar al hogar? Le dije: -¿No será que se cuestiona los límites divinos? -Tú dices, Casandra, que para él no hay límites divinos. Eso es una transgresión, ¿porque no será que de esa manera generas reflexiones al buscar? ¿Y que busca, Casandra? -Ver como el ser humano desarrolla el progreso a través de la sociedad. -Entonces, Casandra, ¿interpretas como que no hay un destino marcado en el héroe? -¿Y por qué no puede haber un destino? ¿Pero no somos nosotros como seres humanos, Jorge, lo que trazamos ese destino? -¿Y no será, Casandra, que el viaje del héroe es un viaje hacia sí mismo? -Explícate -le pedí. -Claro, un proceso de autodescubrimiento para encontrar su alma, digamos, su lugar en el mundo. -¡Ah! ¿Y no será ese su hogar? ¿Ese lugar en el mundo? -Claro, pero lo está buscando desde el interior. ¿Y entonces no será que es esa búsqueda un enfrentamiento a peligros que lo definen a sí mismo como tal? Le respondí: -Jorge, cada uno vive su propio viaje, una búsqueda de un hogar personal en las pruebas cotidianas. ¿O no es así? En tu viaje, Jorge, puedes explorar la tragedia, puedes explorar el conflicto existencial. Jorge me respondió: -Estamos hablando de dos viajes, un lugar de encuentro. ¿Pero cómo puede haber un lugar de encuentro si cada uno hace su propio viaje interior? ¿Los viajes no son individuales, puede haber un encuentro? Le dije: -Puede haber similitudes. -¡Ah! Tú eres lo que yo buscaba -me dijo.
Sonreí, y le dije, en tono de pregunta: -¿Lo tomo como un halago o no? -Jorge frunció el ceño: -Ahora explícate, porque me descolocas; y no es fácil que me descoloquen. -Claro. Eres la primera persona, y además lo veo en tu mirada franca, sincera, no desvías la vista... Cuando dices 'Eres lo que yo esperaba', hablas en una, ¿por qué no?, igualdad de conocimientos, pero no me estás viendo como mujer. -No te apresures, Casandra, te veo como mujer, por supuesto que te veo como mujer. ¡Y vaya si te veo como mujer!, podría decir la mujer más bonita que he visto en mi vida. Pero lo podrías tomar como una galantería superflua, y no quiero que me catalogues de esa manera. Eres completa en todos los aspectos. Pero además, Casandra, de deleitarme con tu hermosa presencia, me deleitas con tu conversación. -Bueno, es reciproco. -Hablo de la conversación. -Jorge río en tono de broma. -¡Ah!, estás excluyendo lo de la 'hermosa presencia'. -Y sí, los varones tienen por costumbre agrandar su ego cuando se les brinda un halago. -No no no no no, no es mi caso, no es mi caso. ¡Ah, gracias, Ernesto! -Los croissants, Jorge. Están calentitos, no recién sacado del horno, que quemen, pero calentitos. Un buen bocado, provecho para ambos. Cualquier cosa me llaman. -El camarero se fue.
Sonreímos y nos dispusimos a desayunar, ya tendíamos oportunidad de nuevas charlas, así de profundas, con esta nueva psicología del siglo XX mezclada con arquetipos. Ya hablaríamos de otros arquetipos.
Sesión 09/12/2025 En un encuentro en el Náutico dialogaron acerca de los arquetipos, que los dos dominaban, tenían un profundo conocimiento de ello. Quedaron para seguir la conversación la próxima vez.
Entidad: Mi nombre es Casandra. Recuerdo que la noche anterior habíamos ido a cenar, con Jorge. Le pregunte: -¿Qué haces? -Trabajo en una empresa -me respondió. Fruncí el ceño pero sonriendo: -¿Qué trabajos? ¿Qué tarea desempeñas en dicha empresa? -Soy el presidente. -Me imaginaba. Por la mañana no llegué a tejer los hilos, si se entiende el lenguaje coloquial. O sea, eres Clayton, el dueño del Náutico, antes del Hípico y tienes empresas en distintas partes del mundo. -Ahora no tanto -me respondió-, desde el problema con la Orden del Rombo, en Mágar, que se extiende también en la parte de Saeta, ya no es tan seguro. Pero hablemos de nosotros -me pidió.
Le conté mi historia. Me dijo: -¿Y tu padre? -Bueno, mi padre fue decayendo física e intelectualmente. No sé si era amor lo que sentía por mi madre, que nos abandonó a ambos o dependencia emocional. -Tiene que ser debilidad emocional -exclamó Jorge. -Seguramente sí. Pero le afectó la parte cognitiva, finalmente falleció. Admiraba mi fortaleza espiritual. Seguí estudiando, seguí haciendo mi vida. Tuve que hacer trámites con escribanos, yo era la única familia que él tenía. Digamos que todo quedó a mi nombre. Él tenía una pequeña empresa, que nombré un par de directivos jóvenes y dos auditores, además de varios empleados. Y yo sigo haciendo mi vida normal. Pero sí soy bastante reservada. ¿Y tú? Jorge me miró y me dijo: -Cuando murió mi padre sentí como un vacío, En ese momento salía con una chica, la cual tenía desconfianza por la gente de dinero y tuve que fingir que no era de dinero, que era un simple empleado. Le dije: -Eso es infantil. -Lo sé. -Me respondió-. Lo sé. -¿Y tu madre? -Mi madre de a poco, sin hacer comparaciones con tu padre, pero se sumergió en una irrealidad... -¿Por dependencia efectiva con tu padre? -No, por ella misma, Digamos como que la realidad le pesaba, entonces escondía en una irrealidad, en un edén imaginario. Y no se recuperó. Todos mis amigos, mis conocidos saben lo de papá. Es más, cuando murió me acompañaba me amigo, el veterinario Luis Alberto Démez, pero de mamá no le conté a nadie. Eres la primera a la que le cuento, Casandra. Me tomó de sorpresa porque no estaba tan mal, pero de un día para el otro falleció. Hice algo privado, sin invitados. Sus restos físicos están en el mismo panteón que los de mi padre. Yo creo en el alma, o sea, a veces uno va a visitar a los mal llamados muertos por tradición. No soy muy amante de ello. -Gracias por comentar algo tan tremendo como lo de tu madre, y no se lo has contado a nadie. -No, no, además, no tenía sentido.
Cambiamos de tema. Seguimos comiendo. Me acompañó hasta casa, nos dimos un beso pequeño y se despidió: -Nos vemos mañana en el Náutico y continuamos la conversación. -¡Ah! me encantará, es una filosofía arquetípica.
Y al día siguiente no lo esperé, le pedí al camarero Ernesto desayuno. Ya había casi terminado cuando él llegó. Nos dimos un beso y se sentó, había muy poca gente todavía. Pidió de desayunar, y hablaba mientras comía bocado tras bocado. Le comenté: -¿Te acuerdas lo que hablábamos ayer en el debate filosófico sobre el 'héroe'? -Sí, me recuerdo perfectamente -respondió Jorge. Continué: -El 'héroe', que es quien viaja, y el 'otro', quien explora la identidad, el conocimiento y los límites humanos. Ahora te pregunto, Jorge, ¿es el 'otro' un ente aparte? - Casandra, el 'héroe' es el arquetipo del deseo de saber lo desconocido... -Explícate -le pedí. -Claro, ver lo invisible, tocar lo intocable impulsado por una sed insaciable de conocimiento. Le dije: -Analicemos, Jorge, si ese afán de conocimiento lo lleva a la sabiduría, entre paréntesis, una prudencia estoica o a la transgresión, el error necesario, el límite de lo divino. Jorge pensó y respondió: -Sí, sí. Bien. ¿Qué es para ti, Casandra, el error necesario? Le dije: -La indecisión. Pero no por temor sino por las distintas posibilidades que se abren en esa búsqueda. Jorge me dijo: -El 'otro' puede ser lo desconocido. -¿Por ejemplo? -le pregunté. -Las tierras, la gente, lo divino. O incluso el yo diferente que emerge del viaje. -O sea -le dije-, ¿el 'héroe' se transforma en el 'otro'? -No, no llega a ese punto, Casandra, porque el 'héroe' debe observar neutralmente, comprender y criticar al 'otro' para crecer, lidiando con la maravilla y el estupor ante lo ajeno. Exclamé: -¡Eso lo estudié! El 'héroe' debe criticar, o mejor dicho confrontar y aprender de la crítica al 'otro', que el 'otro' sería el antagonista, ¿o por qué no?, su propio reflejo. -¿Para qué? -Para crecer, porque el conflicto con ese 'otro' expone sus propias debilidades, lo obliga a salir de su zona de confort, le enseña nuevas perspectivas y lo impulsa a desarrollar habilidades y autoconsciencia que no poseía transformándolo de un ser limitado a uno más complejo. -¿Te refieres a alguien más completo en su ser? -Sí, Jorge, completo y consciente de que es completo, descubriendo su verdadero potencial y humanidad al superar obstáculos impuestos por ese 'otro'. -Entonces -comentó Jorge-, el 'otro' como espejo de defectos representa las sombras del 'héroe', sus defectos, su arrogancia, que son los que el 'héroe' debe superar. -Te comento, Jorge, quienes hemos estudiado el mito del 'héroe' lo vemos como un símbolo de la resistencia pero a su vez de la prudencia, pero a su vez de la tenacidad y la adaptabilidad frente a las dificultades y la adversidad. Te podría decir que el 'héroe' representa el ideal del sabio estoico que persevera, que busca la sabiduría serena diferenciándose de la ira y la impulsividad. -Correcto. Es una virtud saber separar la serenidad de la ira y la impulsividad, pero igual, Casandra, sabemos que el 'héroe' puede volverse trágico al sobrepasar los límites humanos y divinos buscando conocerlo todo, lo que lo condena por -entre comillas- 'extralimitación', una figura cercana a la tentación por el poder. -¿Puede llegar a eso? -Sí, -le respondí-. Pero también podemos ver la figura del 'héroe' condenado por su excesiva curiosidad. En esencia, el mito del 'héroe' es un espejo de la condición humana, un constante equilibrio entre el deseo de exploración, el 'otro', y la necesidad de pertenencia, el 'hogar', entre la prudencia y la transgresión, entre el ser; y el devenir.
Jorge me comentó: -Es cierto lo que dices, porque además si tuviera que agregar algo más preguntaría, ¿el 'héroe' es consciente de su riesgoso viaje externo o a su propio interior o es inconsciente y camina a ciegas? Le respondí: -Y si el otro es quien le avisa, 'Cuidado, por allí no vayas'. -¿Sabes, Casandra, que muchos creadores de arquetipos confunden al 'otro' como a la sombra? Para mí la 'sombra' es otra cosa, para mí la sombra tiene que ver con los roles del ego, esos roles infantiles. El 'otro' lo tomo como una parte de nosotros mismos. Sin embargo le damos identidad. ¿Por qué?, porque nosotros al hablar del mito también nos evadimos del razonamiento de la lógica. Le dije: -Es sencillamente lenguaje, Jorge. El lenguaje está para debatir, para dialogar, para enriquecernos en una profunda conversación, nunca para ahogarnos, nunca para confundirnos. No importa cómo lo veamos.
Me miró con esos ojos que a veces eran dulces y que a veces desnudaban tu alma. Y me dijo finalmente: -Tal vez debamos aprender a jugar con las palabras. De todos modos, Casandra, me siento cómodo como nunca porque me entiendes. -Bueno, es recíproco. Este tipo de temas, a veces lo converso con estudiantes y me dicen: "¿Adónde quieres llegar, Casandra"? -¿Qué les respondes? -Que no trato de llegar, trato de descifrar el viaje. -¿Y lo descifras? -Bueno, por eso este tipo de conversaciones, por eso justamente, ese tipo de conversaciones.
-Ahora, Casandra, hace calor, ¿te parece que vayamos a la pileta? -Me encantaría. -¿Qué tema tocaríamos en la próxima? -Mira, no..., no quiero excluir al héroe, pero me gustaría profundizar sobre 'el otro'. -Lo haremos. Desde ya lo haremos. -Nos tomamos de la mano.
Jorge le hizo una seña al camarero Ernesto. Levantó el índice dándole el OK. Y fuimos cada uno a su vestuario.
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