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Psicoauditación - Miguel Ángel

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 23/10/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Entidad que fue Miguel Ángel

La entidad relata cómo las circunstancias pueden darle vuelta a la vida. Cómo uno también puede fallar delante los retos que se le presentan. Al final todo pasa por uno mismo.

Sesión en MP3 (3.050 KB)

 

Entidad: Aprendí en las distintas vidas que hacer rol de víctima tiene que ver con la mente reactiva, el ego y todo eso. O sea, me incomoda que me lo vuelvan a explicar porque lo entiendo perfectamente. Ahora bien, no es lo mismo aquel o aquella que desde pequeños han remado contra la corriente todo el tiempo que aquellos que han tenido todo servido en bandeja, entonces es como que te incomoda.

Claro, diréis, es envidia, y la envidia es ego. Pero basta de etiquetas, me molestan las etiquetas: Si te comportas así es por ego, si te comportas de la otra manera es por engramas... Pero nadie se pone en lugar de uno. No. Es fácil verlo de afuera, es fácil opinar porque por opinar nadie paga impuestos.

 

Recuerdo una vida en una región muy salvaje diríamos, una época tipo medieval, y me había ganado bien mi puesto desde muy joven porque era experto con el arte de la espada y porque tenía decisión, por lo menos eso creía yo. Y había sido el segundo jefe de guardia del rey, que era una persona de muy mal humor; maltrataba a sus súbditos y nos hacía sentir mal a todos.

Yo no era noble, me consideraba un buen soldado y me sentía orgulloso de mi persona. Y no empecéis a decir "¡Ah!, pero el orgullo también es ego". ¡Basta, basta!

Muy joven fui segundo jefe de guardia hasta que por un problema de salud el jefe murió y fui el primer jefe de guardia del rey. Quería congraciarme con él, con el príncipe Esper, que era un joven accesible, pero si bien saludaba cortésmente a todos, no sólo a mí, a toda la tropa, él tenía un amigo que tampoco era noble, se llamaba Lerner. Y a ver, no es que tuviera celos, pero a Lerner lo veía como una persona apocada, tímido, a veces hasta parecía como... como lento en su manera de pensar y me molestaba que el rey tuviera -el rey, ahora explico por qué digo el rey-, que tuviera preferencias por Lerner. Y dije rey porque el rey obeso, con problemas de salud murió y el joven príncipe fue rey tempranamente. Y ¿qué hizo?, nombrar a su amigo Lerner de consejero.

Obviamente yo quedé como jefe de la guardia, pero sentía como... como una antipatía por Lerner porque como dije al comienzo a mi me costó llegar a este puesto y Lerner tenía todo servido en bandeja. Reconozco que a veces lo molestaba, me burlaba diciéndole palabras graciosas. No me quiero justificar pero no es lo mismo aquel que busca no cometer errores para ascender en su puesto mientras otros viven tocando un instrumento de cuerdas y los premian igual aunque no hagan nada.

 

Me sentí como... como que la vida me premiaba cuando conocía a Elzira, no era noble pero era una joven de cabello oscuro, de tez clara.

Y empezamos a salir. Ella tenía su familia y es como que no quería que la relación se blanqueara. Lo traduzco: Nos veíamos en secreto.

Yo me molestaba. Le decía:

-Pero soy el jefe de la guardia, ¿por qué tenemos que ocultar la relación? ¿O tienes otra persona?

Para qué. Elzira me decía de todo: -Ahora eres celoso, no confías en ti mismo, no me haces regalos, me pides regalos y después te ocultas de que nos vean los demás.

A veces me quería ver por la mañana. Le digo:

-Por la mañana tengo instrucción con la tropa.

-Claro, a ti qué te importa de mí, soy una pobre plebeya que no sirvo para nada.

 

A veces dejaba el segundo a cargo buscando una excusa de que tenía que ir al taller de armamento y me encontraba a solas con Elzira.

Y le recriminaba:

-Vas a lograr que pierda el puesto.

-¡Ay! ¡Brunei, Brunei, Brunei! ¡Siempre poniendo excusas para no verme!

-¿Acaso no te estoy viendo?

-¡Pero me recriminas! -decía ella.

 

Y salimos bastante tiempo. Era muy manipuladora, muy demandante. De por demás, prácticamente me hacia la vida un infierno. Pero a ver, el hecho de estar con ella me hacía sentir bien, pero a la vez me hacía sentir mal.

-Prueba este licor -me decía-. Mi padre destila. ¡Pruébalo!

 

No sé si me gustaba. A veces tomaba a solas el licor, pero no porque me gustara, no sé si me van a entender, es porque el licor me hacia acordar a ella.

Hasta que me dejó. La veía por las calles feudales y me daba vuelta la cara.

Un día la paré en un rincón, le digo:

-¿Qué te pasó?

-Me cansé.

-¿De mi?

-De todo esto, de vernos a escondidas.

-¿Pero tú te estás burlando de mí? -argumenté-, yo quería blanquear la situación, ¡eras tú la que no querías que la gente nos viera!

-No es cierto.

-¿Me estás desmintiendo en la cara? -levanté la mano.

Me miró:

-¡Lo único que falta, qué me des una bofetada! ¡Mira que poco hombre que eres! -Bajé la mano.

-¡Tienes esa maldita virtud que acomodas todo a tu favor!

-¡Piensa lo que quieras! -Y se marchó. Me quedé pero más que molesto, más que molesto. Ella me reprochaba que no nos veíamos adelante de todos cuando era ella la que había impuesto esa condición.

 

Llegué a mi vivienda, en el cuartel y me quedaba media botella de licor que al final descubrí que no era cierto que la preparaban los padres o el padre o que destilaba, se conseguía en la feria feudal en cualquiera de los puestos. Estaba tan mal que me tomé la media botella de licor en minutos.

Me vino a buscar uno de los soldados que precisaban instrucción. Me enjugué la boca y traté de estar derecho.

-Dile al segundo que me reemplace, tengo un ataque de hígado tremendo. -El soldado me miró entrecerrando los ojos-, ¡Vamos, vamos! ¡Ve, ve y avísale que estoy descompuesto! -Y le cerré la puerta, mi temor era que se diera cuenta que estaba alcoholizado.

 

Y es como que tomé una dependencia porque ese licor me hacía acordar a Elzira. Pero mi mente analítica me decía "Brunei, no puedes ser tan tonto, es un licor, Elzira ya no está, te usó".

"Está bien", pensé yo, hablando conmigo mismo, al fin y al cabo el tiempo que estuve con ella la disfruté. Y después pensaba "Sí, pero fueron más los momentos donde me sentí manipulado y demandado". Y ahora estaba otra vez solo. Y veía pasar al rey con su consejero Lerner.

 

Recuerdo que una tarde pasó una joven noble y se dirigió directo a mí. Su belleza encandilaba.

-¿Tú eres Brunei?

-Sí, mi señora.

-No hace falta que me digas mi señora, dime directamente Dara.

-Sí, noble Dara. -Me miró a los ojos y yo baje la vista, me sentía como intimidado con una persona noble de tal porte y de tanta belleza.

-Dicen que eres bueno con las armas, enséñame a lanzar puñales.

-Pero mi, mi señora, mi noble... noble Dara, yo adiestro a la tropa.

-Nadie va a decir nada, ¡enséñame!

 

Y así estuvimos varios amaneceres donde le enseñaba a lanzar puñales. Y verdaderamente aprendía. Yo la miraba con un respeto tremendo pero ella se tomaba la confianza; cuando acertaba en el blanco con el puñal me abrazaba, hasta me dio un beso en la mejilla. Yo temblaba de los nervios y ¡ah!, me sentía de verdad como menos que ella, no sólo era noble sino que era un diamante de belleza. Hasta que un día me fue a buscar a mi habitación, en el cuartel. Cuando abrí la puerta me empujó suavemente y entró y cerró la puerta, y sin avisarme, sin decir nada, me abrazó y me dio un beso largo, largo, largo, en la boca. Me sentía como la grasa derretida en la sartén puesta a fuego lento, mi cuerpo no me respondía. Me lanzó contra el catre y se puso encima mío y me empezó a besar a besar a besar hasta que finalmente ese sueño inconsciente que yo tenía se hizo realidad.

Estuvimos juntos varias veces. Es cierto que yo por Elzira sentía afecto, pero por esta noble, Dara, daría hasta mi vida, estaba más que enamorado. Pero en el fondo no era tonto, no era estúpido, sabía que era imposible un futuro con ella, era de la nobleza, yo era un simple jefe de guardia.

Y el colmo fue cuando un día me entero de que empezó a salir con el rey, y por otro lado me dio miedo de que el rey se enterara de que ella había sido mi... no sé como decirlo, mi pareja, mi amante, no sé.

No la busqué más y ella tampoco me buscó más. Es más, pasaba por al lado mío y no me miraba, yo inclinaba la cabeza saludándola cortésmente, pero nada más.

Hasta que muchos meses después me empezó a buscar de vuelta, ya estaba casada con el rey. Yo le decía:

-Mi reina, por favor, por favor, nos van a colgar.

-Pensé que... pensé que eras un buen jefe de guardia.

-Y lo soy, mi reina, pero ¿qué tiene que ver?

-Los jefes de guardia no son cobardes.

-Mi reina, lo que siento por ti es más de lo que siento por mi propio ser, pero no podemos hacer esto.

-¡Soy tu reina, debes obedecerme! -E íbamos a mi habitación en el cuartel.

 

Pero yo me sentía intimidado. Aclaro que nunca fui un santo, disfrutaba los momentos, sabía a qué me arriesgaba, pero si le decía que no a la reina, no sabía qué represalias podía tomar contra mí, o inventar como que yo la estaba atosigando.

Y cuando uno dice "Si las cosas están mal, esto no significa que no puedan estar peor"... Y estuvieron peor: el joven al que siempre envidié, Lerner, el consejero del rey, nos vio y me enfrentó.

Por supuesto que yo tenía toda la bronca y el odio conmigo y saqué mi espada y le dije:

-¿Quién más lo sabe?

-Nadie más que yo.

-¡Pues tu secreto morirá contigo!

 

Pero Lerner, el tímido, el quedado demostró ser mejor que yo con la espada al punto tal de herirme y dejarme inhabilitado para seguir combatiendo.

Se enteró el rey, se enteró la tropa, me miraban como si yo fuera un demonio.

Miré a la reina, con la cabeza gacha haciendo rol de víctima.

No voy a excusarme, podía haberme negado, podía haber ido al rey a decirle "La reina me provocó". Pero ¿cómo justificaba que yo antes había estado con ella? El rey me iba a decir "Has permitido que contraiga enlace y no me has avisado de que era tu amante". Tenía todo en mi contra.

No, no nos ahorcaron, simplemente nos condenaron al exilio. Y pensé "Bueno, iniciaré una vida con Dara, con la noble, en cualquier otro poblado empezando desde cero". Pero cuando nos expulsaron del castillo ella tomó otro camino y yo quedé de vuelta solo, sin trabajo, proscrito y tenía que empezar otra vez de cero.

 

A ver si entienden ahora, por fin, lo que es remar cuesta arriba. Por eso digo que ninguna encarnación es fácil. Yo quedé ante todo el castillo como el malo, como el traidor. Insisto, no fui un santo, pero a veces la vida se complota en contra de uno.

Y tenía que volver a empezar. ¿Tenía las fuerzas necesarias? Tendría que sacarlas de algún lado porque yo, Brunei, podía hacerlo, porque lo que vale es la fuerza interior, la fuerza del espíritu.

No sirve de nada hacer rol de víctima: Sí, yo tomaba alcohol para olvidarme de Elzira. Sí, yo caí bajo las redes de Dara. Sí, yo odiaba a Lerner porque era el consejero del rey. Sí, yo esto, yo el otro.

 

No. En el fondo eran todas excusas. En el fondo, yo que aparentaba una fuerza tremenda, era mucho más débil interiormente que Lerner, el supuestamente tonto.

Y al único enemigo que tenía que vencer era a mí mismo, a mi debilidad, a mi falta de voluntad, a mi pereza para volver a organizarme, a mi dependencia por el licor. Pero todo estaba dentro mío, yo era mi propio enemigo, no podía señalar a nadie, no debía señalar a nadie. ¿Que Elzira me dejó? ¿Que era manipuladora y demandante? ¿Y quién se lo permitió? Yo, yo se lo permití. Entonces no tenía excusas. ¿Qué Dara también me utilizó? La disfruté y también yo consentí. Entonces yo también soy responsable de mi vida y de mis actos. Tengo que hacerme cargo y dejar de lloriquear pensando "Me hicieron esto, me hicieron aquello, me pusieron una trampa". No, no, no, no, no, no, porque pensando así no voy a ningún lado, pensando así a ningún lado voy. Tengo que hacerme cargo de mi propia persona.

Pero ¿cuándo empiezo? ¿Cuándo? Ya. Ahora. En este momento.

 

Gracias por escucharme.