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Psicoauditación - Ortael

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión del 08/01/2013

Sesión del 13/11/2020

Sesión del 16/11/2020


Sesión 08/01/2013
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: OrTa-El, thetán de Dave

Ha estado en distintos mundos Umbro, Albor, Aní, Fulgor, Rigel, también en Sargón donde estuvo en la resistencia. En Gaela, hace 100.000 años, se relacionó con quien fue Axxón 2.000 años antes. Hoy desea que quien fue Axxón pueda expresarse y transmitir los mensajes sin impedimentos. Exhorta a su 10% a aprovechar todo su potencial y a no perder oportunidades pero viviendo y disfrutando la vida.

Sesión en MP3 (5.329 KB)

 

Entidad: Mi nombre es OrTa-El. He encarnado en distintos mundos pasando por distintas vivencias, sufriendo distintas penalidades, creyendo que la buena fortuna estaba conmigo, eligiendo el camino que creía mejor para mi ser en cada encarnación, pasando por muchas penurias, no solo en Sol III sino en Umbro, en Gaela, en Albor, en Aní, en Fulgor, en Rigel, no siempre encarnando como homo sapiens. Al fin y al cabo, lo que dice el Maestro Morgan-El, lo importante es que el espíritu tenga una unidad biológica compatible en cuanto a su decodificador.

 

Qué gran decepción me llevé en Albor, un mundo donde no había hambre ni apetencias, todo era felicidad. Un mundo donde no nos mezclábamos con seres de otros sistemas, nos autoabastecíamos en felicidad, en todo. Pero, a diferencia de muchos, yo tenía aspiraciones y quería recorrer otros mundos. No estábamos adelantados como otras razas pero tampoco tan atrasados. Muy esporádicamente teníamos contacto con otros seres y mi aspiración era conocer otros mundos y de la misma manera que vuestro antiguo, respetado y querido Siddhartha salió de palacio ignorando lo que era la muerte, el dolor, la enfermedad y se encontró con el mundo real pasando por una crisis de la que logró con esfuerzo salir adelante, salvando las distancias, me pasó algo similar.

 

Conocí mundos donde había guerras, hambre, apetencias, deseos, donde países se apropiaban de otros países para expropiar sus materiales, vecinos que se apoderaban de territorios de otros vecinos e irónicamente se llamaban conquistadores llevando sus costumbres non sanctas. Y conocí otros mundos, mundos terribles, mundos donde sistemas estelares enteros se rebelaban contra gobiernos centrales aun teniendo todo, como pasó con Ferro, sus rebeldes contra Sargón, el planeta central. Sí, yo estuve allí. Yo era un soldado de la resistencia porque, como dice Johnakan, otro excelso Maestro, nos acostumbramos a adquirir el método de vida que nos enseñan nuestros mayores, nuestra familia, nuestro mundo, nuestra región. Pero cuando tienes el espíritu fuerte y justo te das cuenta de que todo eso no es nada porque no es nada la gloria tampoco.

 

Mi 10% actual, Dave, lo sabe todo eso. La gloria, el poder, la riqueza en el plano físico son efímeros. Te mueres y, ¿qué te llevas? Te llevas la pena de bajar de nivel de vibración si has cometidos actos hostiles o  la buena consecuencia si has cometido actos altruistas. Y, así como sufres por los demás si estás en un plano elevado, también gozas por los demás si salen adelante. Es raro que te fijes en ti.

 

Yo encarné hace cien mil años en Gaela y conocí a un excelso Maestro que luego me enteré que dos mil años atrás había encarnado como Axxón. Siempre traté de ser lúcido en mis razonamientos, siempre traté de entender la elección de los espíritus cuando encarnan en cada mundo, por qué, para qué, el objetivo -si es que lo tienen-, y ese Maestro que buscaba transmitir su palabra tenía como algo que objetarle. ¡Qué atrevido de mi parte!

 

En ese mundo yo me llamaba Hernán. Era un joven que vivía en Beta. Era el siglo XX de aquel mundo. Habían pasado dos mil años desde que habían puesto a Axxón en un rombo y le habían quitado la vida. Y Amarís, del viejo continente, había hecho una religión fundamentalista con la Orden del Rombo al punto tal que pasó a llamarse la Orden de Amarís.

 

Yo me sentía como disgustado porque ese actual Maestro buscaba abarcar más de lo que podía y cometió errores, y si yo no era objetivo que Eón me disculpe, pero cometió errores, porque si tú buscas salvar a cien mil y por salvar a diez te retrasas en tu misión y no terminas salvando ni a los diez ni a los mil ni a los diez mil ni a los cien mil es que te has equivocado.

 

No lo llegué a conocer personalmente aunque Beta y Plena no estaban lejos pero sí existían ordenadores similares a los actuales de Sol III y le hice llegar un escrito mío -como diréis vosotros, no tenía pelos en la lengua- preguntándole, como aquellos caballos de tiro que le ponen las anteojeras al costado para que no se espanten pero a su vez pierde la amplitud de visión, es como que tú tuvieras algo que no te dejara experimentar esa amplitud de criterio.

Me respondió que a veces la misión excede a las fuerzas de uno. Me respondió que no siempre se puede lograr todo. Al fin y al cabo uno es un ser humano que trata de lograr cosas.

Le respondí severamente: -Tú te vas por la tangente. Tú transmites mensajes pero a veces es como que te sientes atado de pies y manos.

No me respondió. Tal vez no sabía qué responderme y no quería ser irreverente.

 

Él tenía un amigo, un hermano espiritual en Saeta, pero no podía cometer la irreverencia de escribirle a ese ser explicándole mi punto de vista; hubiera sido demasiado, hubiera parecido comedido. Pero sentía, percibía que a este ser lo ataban de pies y manos, no lo dejaban ser del todo. Un ser que es del mundo no puede estar bajo llave y candado, figurativamente hablando. ¡Qué irreverencia de mi parte! ¡Era 30 años menor que él y quería darle consejos!

 

Pasaron cien mil años. Hoy encarné como Dave y mi 10% se contactó con este ser que hoy es este receptáculo que me alberga con el anhelo de que en esta encarnación no esté atado de pies y manos para que no se marchite, para que se le permita expresarse. Ya sé, ya sé que vivimos otras vidas. Ya sé que hay otras manzanas pero, ¿por ello no voy a saborear la que tengo en la mano? ¿Porque haya otras vidas no voy a saborear la que tengo? Y para un Maestro de Luz, ¿qué es saborear la vida?: Trasmitir, transmitir. Porque el propio Johnakan lo dijo: "No importan los milagros, los milagros son ilusión. La palabra no es ilusión y menos si se transforma en Obra pero para construir un edificio se precisan materiales y aun habiendo materiales se precisa voluntad". Y a veces no tienes la voluntad cuando hay conflictos.

 

¿Quién soy yo? OrTa-El, un sencillo ser espiritual que tiene el gran don de la claridad, tengo claridad conceptual. No me considero un Maestro pero puedo ver, puedo percibir, puedo entender que no puedes nadar libremente si tienes un hierro en los tobillos.

 

Y tú, Dave, mi querido 10%, eres joven de acuerdo a la vida física de este mundo Sol III y tienes mucho para dar, no te dejes vencer. Tienes un campo amplio por delante, lo que otros no. Y quizá no le das importancia porque uno se acostumbra a la edad que tiene pero no quisiera que dentro de veinte de vuestros años digas "podía haber hecho esto o aquello" porque no puedes volver el tiempo atrás; haz ahora lo que tengas que hacer. Y trata siempre de rodearte de personas que te permitan nadar sin ponerte hierros en los pies, te permitan volar sin atarte las alas, si no, tendrías una vida perdida y sabemos que, aunque hay otras vidas, esa manzana que tienes en la mano la tienes que comer aunque haya otras.

 

Espero que me hayas entendido, querido 10%.

 


Sesión 13/11/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Dave (Orta-El)

Sabía que el héroe y el granjero eran el mismo hombre y por despecho, por sentirse engañada quiso poseerlo. Pero por causa de sus desequilibrios no quedó conforme.

Sesión en MP3 (4.069 KB)

 

Entidad: Mi nombre, como thetán, es Orta-El. Voy a relatar una vida que me ha dejado mucha experiencia, conocimiento, inquietudes también. Y entiendo que todo enriquece, las buenas experiencias, las malas experiencias, situaciones inesperadas, cambios. Estoy convencido, como ser suprafísico, de que en el plano material todos los cambios producen estrés, ya sean cambios de trabajo, mudanzas o directamente un cambio de región. Pero estoy generalizando porque no a todos les pasa lo mismo, hay personas a les que les agrada viajar permanentemente. En mi caso, estando encarnado, interpreto que mi rol físico, como Dave, o mi rol en Beta, como Hernán, el estar viajando permanentemente le quitaría su lugar de pertenencia hasta que se acostumbre a su nuevo lugar. No es sencillo, no es fácil.

 

Tiempo atrás he relatado sobre mi rol, Hernán, en Beta, sin profundizar, solamente explicando, al pasar, que a veces no entendía determinados mensajes. Hoy mismo quizá no estoy de acuerdo con todos los mensajes de Luz porque entiendo de que es más fácil explicarlos que llevar a cabo determinada misión. Por otro lado, la palabra misión, ya hablando de lenguaje hablado, ¿no?, me resulta incómoda porque me parece un sinónimo de obligación, y entiendo que si estás en el bien, no digo en la Luz, no se trata de ser pretencioso, en el bien, uno elije dar, uno elije brindar, y la palabra misión suena como que uno tiene que hacer tal o cual cosa. Pero insisto, es mi punto de vista objetivo, evito ser subjetivo. Por eso digo: es mi punto de vista, puedo equivocarme o no.

 

En Beta me sentía cómodo. Estaban armando grandes computadores, no existían en esa época las pantallas que vosotros llamáis monitores, había botoneras y la máquina respondía con pequeñas tarjetas, lo que hoy llamáis tickets. Pero había estudiado mucho porque me gustaba la informática, era muy buen técnico, pero la empresa quería expandirse y puso una enorme sucursal en Plena, en el país más al sur del nuevo continente.

Y claro, me dijeron:

-Hernán, va a ser uno de los supervisores de la nueva sucursal.

Le dije a mi jefe:

-Tengo muchísimas ideas.

-Plantéelas allá.

-Se las quiero plantear a usted, señor, porque de alguna manera usted tiene ascendencia sobre la gente de allí para que me presten atención.

-A ver coménteme rápido, Hernán.

-Claro. Mi idea es poder desarrollar ordenadores personales, de esa manera la empresa crecería.

-Profundice más.

-Claro. Que la empresa pueda vender pequeños ordenadores a la gente que tenga la posibilidad de comprarlos, con el tiempo se van a ir abaratando los costos a medida de que haya más consumo.

-Pero la gente no entiende de programación.

-Bueno, la idea es agregar una pantalla y en lugar de trabajar con códigos, que directamente se traduzca a un lenguaje entendible. Tengo aquí un montón de carpetas...

-No, no, está bien, Hernán. Parte mañana a Plena, le diré a la secretaria que le prepare un informe para que lleve -y una autorización firmada por mí y sellada-, para que pueda llevar su proyecto a cabo allí.

-Señor, si no es una inconveniencia de mi parte el opinar...

-No, no, prefiero que sea directo.

-¿Cómo no lo hicimos aquí en Plena, el país más industrializado del continente?

-Es muy sencillo, Hernán -dijo mi jefe-, vamos a utilizar a Plena como un experimento. -Me marché desolado porque no todo el mundo interpreta lo que quiso decir mi jefe. La palabra experimento significa: Si sale bien, todo bien para la empresa. Si sale mal, bueno, perdimos unos créditos, y encima corro el riesgo de que me despidan o me degraden de categoría.

 

Me despedí de mi familia, de mis amistades y al día siguiente en el aeropuerto tomé un avión para Ciudad del Plata, la capital de Plena. Cuando llegué obviamente no conocía a nadie.

Pedí la dirección del lugar. Me dijeron:

-Tiene que ir a la calle Maipú, a determinada altura. Busque por el número de chapa. -La calle Maipú daba justo a una avenida y había un edificio muy muy grande, de cerca de treinta pisos. Subí a un elevador. Una oficina enorme con infinidad de personas con máquinas viejas. Me presenté en mesa de entradas.

Le dije:

-¿Quién está a cargo?

-El señor Franco. -Hablé con el señor Franco, le dije que venía de Beta y tenía instrucciones y una orden para comenzar con mi proyecto de poder desarrollar ordenadores personales.

El hombre me miró y me dijo:

-Es algo nuevo. Nos está yendo bien y cuando a uno le va bien no conviene innovar.

Le digo:

-Entiendo su punto de vista y lo comparto, cuando una empresa va bien, ¿por qué innovar? Pero entiendo que puede ir mejor. De todos modos aquí tengo la orden del jefe principal de la empresa en Beta.

A regañadientes me dijo:

-Está bien. No va a estar con los demás, le voy a dar un despacho. -Pedí lo que necesitaba: un regla en forma de 'T', láminas grandes, lápices, reglas pequeñas, compases, reglas de cálculo y muchísimos elementos más. Y me puse a trabajar.

 

Ya tenía crédito en mi cuenta. El señor Franco me preguntó:

-¿Necesita créditos, Hernán?

-No, no, está bien. ¿Cómo acostumbran aquí?

-Depositamos mensualmente.

-Está bien, está bien.

 

Me alojé en un apartamento que directamente me pagaba la empresa, pero no conocía a nadie. Entonces al primer lugar que fui es al club hípico de Ciudad del Plata. Me cambié de ropa, tomé un taxi y fui al club hípico. En la entrada me paró un portero con ropa una elegante y moño. Le presenté mi tarjeta.

Le digo:

-Soy socio del club hípico en la capital de Beta y esta es una tarjeta internacional que me sirve para todo el continente. -Se fijó en las siglas VIP (Persona muy importante) y me hicieron pasar.

 

Quizá me incomodó lo suntuoso del lugar, siendo Plena un país más pequeño y económicamente menor a Beta su club hípico estaba lleno de lujo, como queriendo demostrar vaya a saber qué. Las mujeres vestidas de gala, los varones de esmoquin. Yo estaba con traje informal, sin corbata, me quería sentir cómodo, al fin y al cabo no me interesaban las galas.

Fui a la barra y me pedí un combinado y me senté a una mesa, miré la gente.

Se acercó un joven.

-¿Eres nuevo?

Le digo:

-Sí, vine de Beta.

-¡Vaya, de Beta! ¡Wow! Y qué has venido a hacer aquí, ¿de vacaciones?

-No, estoy trabajando en una empresa de computación.

-¡Vaya, es algo nuevo eso!

-Si no te incomoda siéntate conmigo, quería conversar con alguien. -Pocho me parecía un joven sencillo pero enseguida se puso a hablar y a contarme vida y obra de cada uno de los que había allí. En ese momento entró un joven muy muy elegante, vestido informalmente como yo, pero con un aire de suficiencia. No confundir con vanidad, no, no, no, suficiencia en el sentido de que como que estuviera hastiado de las cosas. Miró a nuestra mesa y se acercó.

Lo saludó a Pocho:

-¿Cómo estás?

-Bien. Te presento a...

-Perdón, no di mi nombre. Hernán. -Me paré con cortesía y le estreché la mano al joven-. Mi nombre es Hernán.

-El mío, Jorge Clayton. Soy el duque de Wynot.

Le digo:

-¿Puedo ser indiscreto? Toma asiento por favor. Entiendo que en Plena no hay ducados.

-No -dijo Jorge Clayton-, es porque viene de herencia de parte de mis abuelos. Pero bueno, como digo siempre, un título no hace a la persona, tampoco la apariencia externa. Es cuestión de conocernos.

 

Y conversamos de manera muy agradable. En un momento dado, Pocho, de tanto hablar, ya era casi indiscreto.

-¿Le contamos a Hernán?

Jorge Clayton lo miró a Pocho con una mirada como de censura.

-Ya has hablado.

-Así... qué...

-Te permito. Coméntale. -Yo estaba como extrañado.

-¿Hay algún secreto? Qué es lo que sucede...

Pocho dijo:

-Lo que pasa que Jorge, así como lo ves, tiene de sus padres una enorme fortuna, vive en una mansión tan lujosa como este club hípico.

-Bueno, bien, no tienes que trabajar, pasas una buena vida.

-No, no es así -dijo Jorge-, no es así, Hernán. Tengo una empresa, mi padre me puso a cargo y trabajo. Tengo muchísimos empleados bien pagos, y como verás aquí hay muchas jóvenes.

Dije:

-Alguna la vi con cara impertinente, disculpa mi franqueza.

-Al contrario -exclamó Jorge-, me encanta que seas franco. ¿En qué sentido impertinente?

-Su mirada, su manera de ser.

Jorge exclamó:

-Te diré una cosa, Hernán, y esto pasa en todas las órdenes, en el club hípico, en un trabajo, en grupos. La persona que ves más altiva y que ves menospreciando al de abajo, esa misma persona es la más servil con la persona que está arriba de ella.

Entendí el concepto y dije:

-No estamos hablando de servicial.

-No -dijo Jorge-. Creo que servicial es una persona que vale la dicha conocerla, la persona que se brinda, la persona que tiende una mano al otro. Servil es la persona que busca quedar bien aún traicionando a sus compañeros, busca quedar bien con el de arriba pero a su vez maltrata al de abajo. No, ese tipo de personas no me gusta. Y veo que tú tienes percepción, Hernán.

-¿Por qué?

-Porque entiendo que has percibido eso aquí, por eso hablabas de personas impertinentes.

-Sí, así es. ¿Pero qué es lo que quería contar Pocho?

-Habla -dijo Jorge.

-Lo que pasa, Hernán, que Jorge Clayton está cansado de la adulación, de amigos de club hípico y de chicas que buscan salir con él pero por su dinero. Hay una tal Paula que es muy odiosa con todos, de mal carácter, de mal genio y sin embargo con Jorge Clayton se porta amorosamente.

-Hasta ahí todo bien -dije-. Me imagino cómo debe ser esa persona, una persona de doble cara, de doble faz. ¿Y tú estás saliendo con ella?

-No -negó Jorge-, busco evitarla. Pero quiero desaparecer por un tiempo.

-Ahí me perdí -comenté-, no lo entiendo.

-Claro. Quiero alejarme de este mundo, no sé, por un mes, dos meses, por el tiempo que sea y conocer una joven que me quiera por mí. Incluso buscaré un trabajo en alguna oficina; me desempeño bien en distintas cosas, tengo conocimientos de contaduría, todo lo que sea economía. Puedo llevar tranquilamente adelante la oficina yo solo. -Me quedé extrañado y sonreí.

Le digo:

-No tomes mi sonrisa como una burla, Jorge, estoy pensando la cantidad de gente que quisiera estar en tu lugar teniendo millones de créditos.

-¡Je, je, je! ¡Ah! ¿Y tú qué haces?

-Como le explicaba a Pocho, soy técnico en computadores. Viajé de Beta a Ciudad del Plata, en Plena, a formar un proyecto.

-Te escucho.

-Quiero armar ordenadores individuales.

-¿Cómo sería eso?

-Ordenadores pequeños, que cada uno pueda tener en su casa y agregarle una pantalla.

Jorge dijo:

-O sea, que podríamos tener en nuestra casa un ordenador con monitor. Conozco de computación. Obviamente no como tú, Hernán, pero conozco -exclamó Jorge-. Las máquinas responden en códigos.

-Justamente traduzco esos códigos a idioma, que saldrían en el que tú dices monitor. Se pondría un teclado.

-¿Cómo sería eso?

-Entiendo que todos vosotros sabéis de dactilografía.

-Sí, por supuesto. En casa tengo las máquinas de escribir más modernas.

-Bueno. Los teclados que tengo como proyecto son como la máquina de escribir pero más chatos, pero con el mismo código, con el mismo reparto de letras, así como están.

-¡Vaya, que interesante!, muy muy interesante. -Tomamos un segundo trago y le dije a Pocho y a Jorge:

-Me marcho porque mañana entro temprano a trabajar en la empresa.

Jorge dijo:

-La que conozco, la grande, es la que está en la calle Maipú.

-Sí, Maipú y avenida Córdoba.

-¡Ah, bien! ¡Qué bueno!

-Además, tengo buen sueldo.

-¿Y cómo has logrado entrar? -le expliqué a Jorge.

-Tengo tarjeta de club hípico internacional.

-Buenísimo, buenísimo. De todas maneras si quieres conocer Ciudad del Plata olvídate del club hípico, te dejo mi tarjeta con mi número de teléfono y Pocho te dejará el suyo. ¿Dónde vives?

-La empresa me puso un departamento, ya tengo el número de teléfono. -Le dejé la tarjeta a Pocho y a Jorge con ambos números, el de la empresa y el de mi apartamento privado. Me levanté para marcharme.

Y Jorge dijo:

-Quizá en una semana ya no esté más aquí, me juntaré con otra gente. Con el único que me veré es con Pocho y seguramente con una joven muy simpática, llamada Betty, que también conoce el cambio que yo voy a hacer.

-O sea, como en esas novelas que yo leo te harás pasar por pobre.

-No sé si por pobre -dijo Jorge-, pero me haré pasar por un trabajador sencillo con una remuneración mensual humilde, sin coche.

-¿Qué coche tienes ahora?

-Un Alfa Romeo Carabo.

-¡Vaya, vaya! Sale carísimo.

-Pero no lo usaré, andaré en colectivo.

-¿Qué es un colectivo? -pregunté.

-Lo que vosotros en Beta llamáis buses aquí le decimos colectivos, y a lo que llamáis metros aquí le decimos subte o subterráneos.

 

Nos estrechamos la mano.

-Estaremos en contacto, de verdad, quiero conocer Ciudad del Plata, pero lo normal, lo común.

-Tendrás para divertirte. El club hípico es muy artificial, no es la verdadera ciudad. -Me marché esperanzado, había hecho dos amigos.

 

Mañana sería otro día.

 


Sesión 16/11/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Dave (Orta-El)

Estaba en otro entorno con distintas costumbres y distinta gente. Aprendía de ellos en relación a su clase, a sus conductas y sus maneras de pensar. Eran otra clase social, muy distinta del común denominador.

Sesión en MP3 (3.160 KB)

 

Entidad: Me estaba adaptando bastante bien en Ciudad del Plata la capital de Plena. Trabajaba bastante. Me sentía cómodo, aparte, con el señor Franco. Y por la tarde me encontraba con Pocho y con Jorge.

Conocí a otro joven muy muy agradable, Nándor Ferenc, que había venido de Mágar por un intercambio estudiantil. Nándor también estaba al tanto del secreto de Jorge Clayton, de hacerse pasar por una persona de medianos recursos para que si conociera a alguien no lo quieran por su dinero.

Se lo dije más de una vez a Jorge:

-La situación me parece muy infantil de tu parte, hay muchas maneras de saber si nos quieren o no sin necesidad de hacerse pasar por alguien distinto a lo que es uno. Pero entiendo que es tu manera de pensar, y la respeto.

 

Luego apareció una joven muy muy simpática, Betty, que aparentemente salía con Nándor. Me agradaba la pareja, muy muy muy simpáticos ambos a pesar de que no se entendían del todo, en el sentido de que ella era más parlanchina, más habladora. Nándor era más cerrado, seguramente tenía complejos por lo que había vivido en Mágar, y lo comentaba, la persecución de la Orden del Rombo... Y prácticamente dio a entender que él vino a Plena más que nada para escapar de esa Orden inquisidora, que en Plena casi no había, como tampoco había en Beta.

Le dije:

-No digo que te olvides de la Orden, pero vive el momento, vive el momento.

 

A veces iba sin ellos al club hípico, a tomar unos tragos. Y ratifiqué lo que pensé la primera vez que estuve en el club: Lo ficticio de la vida de muchos.

Había conocido a Rolo. Rolo era un joven que vivía de las apariencias. Tenía dinero, no como Jorge Clayton, pero tenía dinero, pero no tenía personalidad. Él lo envidiaba, loe envidiaba bastante a Jorge y buscaba de alguna manera de sobresalir, pero estando Jorge de por medio siempre quedaba como una figura de reparto, como se dice en el teatro.

A todo esto, a mí me servía, me servía mucho, me servía porque aprendía de mis compañeros y de los que no eran mis compañeros.

Recuerdo que una tarde justo estaba por entrar al club hípico y Rolo acercó su Ferrari hasta la puerta del club, bajó del deportivo, era un coche veloz, último modelo. Rolo caminaba presuroso hacia dentro. Yo veía que su cara tenía gesto feliz, es como que gozaba de satisfacción, me daba la impresión leyendo su pensamiento como que le iba a brindar una noticia a sus amistades.

Miré al costado y vi a muchas de las personas que conocía de vista: A Paula, la creída. A Pocho lo saludé con la mirada, pero es como que él me esquivó la mirada, como que no quería dar a entender como que me conocía. Yo digo pobre Pocho, qué poco carácter.

Estaba un tal Rodolfo, Cuca y Nancy. Me senté en la mesa de al lado prestando atención.

Rolo se dirigió al grupo y saludando indiferente exclamó:

-¿A qué no sabéis a quien acabo de ver?

-Si no lo dices...

-Vi a alguien a quien yo imaginaba del otro lado del océano.

Pocho pegó un respingo.

-¿A quién?

-Al duque de Wynot, a Jorge Clayton.

Ahora fue Paula la que efectuó un movimiento de sorpresa.

-¡Dónde lo viste, dime! -ordenó.

Rolo la miró, siguió hablando para todos.

-Paseaba con una chica muy hermosa, tenía cara de enamorado.

-¿Te saludó? -preguntó Pocho.

-¡Oh! No, yo no me acerqué, no quise que me viera.

-¿Cuándo habrá vuelto? Porque estoy seguro que viajó al viejo continente.

-¡Je, je! No creo que sea verdad que haya ido a Europa.

Paula le clavó una mirada cargada de veneno.

-Dime entonces dónde estuvo los últimos tres meses, genio.

-No lo sé, pero no lejos de aquí. -Vi que Rolo gozaba al ver fuera de sí a Paula, sabía que ella pretendía atrapar al duque y trataba de hacerla rabiar de cualquier manera.

 

¿Pero por qué pasaba eso? Yo lo estudiaba, porque Rolo odiaba el desprecio con que la millonaria trataba a todo el mundo, incluido a él, y admiraba a Jorge por haberla sabido someter a su voluntad. El duque siempre la había tratado de una manera especial, y Paula, en lugar de contrariarse se enderezaba más y más en él. Se unieron al grupo dos chicas más y el tema fue tratado por todos.

 

Habían pasado doce semanas desde la última vez que el aristocrático muchacho había hecho acto de presencia en el club hípico.

Me quedé pensando, me quedé pensando: Cuanto más artificial se porta la gente (y no tiene que ver tanto con el dinero, tiene que ver con una manera de ser), menos confiables son porque viven interpretando distintos roles. Pero en el club hípico era peor porque aparte de interpretar roles había celos, mal humor, malos tratos; los que estaban más arriban trataban de pisar la cabeza de los que estaban más abajo y los que estaban más abajo eran peor todavía, se dejaban someter, se dejaban someter para ver si podían conseguir una miguitas de pan. Y eso vi que pasaba seguido con Pocho.

 

Me tomé el atrevimiento de ir hasta la mansión de Jorge Clayton.

Me hicieron pasar. El mayordomo Jaime me dijo:

-No creo que... que venga. ¿Quiere esperarlo un rato?, pero hace rato que no viene por aquí.

-Lo esperaré, lo esperaré media hora leyendo un libro. Si no viene me marcho.

 

Y me quedé solo en el salón. Miré por la ventana de la mansión, el elegante joven bajó lentamente del automóvil, vestía un traje blanco muy bien cortado, llevaba un pañuelo rojo al cuello en lugar de la clásica corbata. Se notaba su distinción varonil, su fuerte personalidad. Avanzó hacia el suntuoso palacio y el criado abrió la puerta. Observó asombrado al recién llegado y exclamó:

-¡Señorito, por fin ha vuelto usted!

-Hola, Jaime, ¿todos bien?

-Sí, señorito, pero el señor duque está muy disgustado con usted.

-¡Je, je! Me lo suponía. Avísales que he llegado.

-Enseguida. -El criado se retiró presuroso y Jorge Clayton se dirigió hacia el bar.

Me miró.

-¡Qué alegría verte, Hernán!

-Pensé que no me habías visto.

-Miro todo. -Tomó una botella de whisky y se sirvió una medida. Bebió un sorbo-. ¿Quieres tomar ahora?

-No, para mí es temprano, Jorge.

-¡Ahhh! Esto es un buen whisky -aprobó satisfactorio-. ¡Ohhh! -Paladeando gustoso. Se acomodó en un sillón. Luego sacó de uno de de los cajones una cigarrera de oro-. ¿Fumas?

-No -le dije-, no, no, estoy tratando de dejarlo. -Jorge se encogió de hombros. Se colocó un cigarrillo en los labios parsimoniosamente y apretó el gatillo de una pistola plateada que allí había, una llama azul brotó de su punto y encendió el blanco cilindro aspirando el humo. Estaba como adormecido cuando una voz tronó en la sala.

-Hijo, ¿de dónde apareces? -Jorge abrió los ojos y se puso de pié, dejando el vaso de cristal en una mesita.

-Vengo de Europa. Esperaba un recibimiento más alegre.

-¡No mientas! -dijo su padre-, te han visto en la ciudad. -Se volvió hacia la duquesa y comentó-. Te das cuenta, Elena, nos escribe diciendo que se va de viaje y se queda aquí en Ciudad del Plata, quién sabe para qué.

La mujer se acercó a su hijo y lo miró con cariño. Luego lo besó.

-Hola, Jorge.

-¿Cómo estás, mamá?

-Preséntame al joven.

-Hernán. Él viene de Beta, es un excelente técnico de computadores. -La señora le tendí la mano y directamente me abrazó. El hombre me saludó pero ya más distante.

La madre miró a Jorge.

-Te extrañaba. ¿Dónde has estado?

-En la capital, trabajando. -Enrique Clayton abrió muy grandes los ojos y exclamó.

-¡Dios mío, se ha vuelto loco!

-No, papá, es otra la razón por la que estoy trabajando.

-¿Estás? ¿Es que continúas haciéndolo?

-Lógico.

-Explícate -pidió su madre.

-Muy sencillo, fueron dos las razones: No quería acostumbrarme a ser un parásito social. Esa es la primera.

-¡Hijo, pero no lo eres! Donas dinero a fundaciones, a hospitales, a clínicas, ayudas. Te he visto trabajar mano a mano con otros trabajadores. ¿Cómo hablas de parásito?

-Déjenme continuar -pidió Jorge-. La segunda razón fue mi hastío. Me encontraba vacío interiormente, estaba harto de tratar con gente falsa e interesada que piensan que si uno es pobre le pisan la cabeza y que si uno es rico le limpian los zapatos. ¡Harto! -La madre lo miró, le acarició la cabeza.

-Harto, ¿por qué?

-Harto de que las niñas de sociedad me busquen por mi dinero, harto de adulaciones, de palabras engañosas, de esta vida ficticia. -Se interrumpió y bebió otro sorbo de whisky. -Me preguntó-: ¿De verdad no quieres, Hernán?

-No.

Se dirigió de vuelta a los padres.

-Es por eso que dejé de ir al club hípico y me busqué empleo en una oficina.

-¡Te ordeno que no trabajes más! -farfulló su padre, Enrique-, es una vergüenza si se enteran nuestras amistades -agregó.

-Es inútil papá, descubrí que esa vida me gusta más que la que llevaba antes. Aparte...

-¿Qué? -Le apuró su madre.

-Encontré una chica de la cual estoy enamorado.

-Deberás olvidarte -dijo el duque-. Tú tienes que casarte con Paula Irazábal.

-Es que no la amo.

-Eso no interesa. Paula es la joven que te conviene, es de tu posición. ¿La otra lo es?

-No, es de clase media, pero eso no me interesa.

-¡Quiere atraparte para vivir con lujos, no te engañes!

-Ella y sus amigos ignoran que poseo título y dinero -contestó Jorge, siempre sereno, no así su padre, que perdía la paciencia.

-Muy bien, pero lo que debe interesarte es tu conveniencia -exclamó-. Paula es la chica que hemos elegido para ti, con ella no pasarás papelones en las reuniones sociales.

-¡Je, je, je! Las reuniones sociales me son indiferentes. Aparte, no me gusta que me elijan esposa, no estamos en la edad media. -Miró a su madre, preguntando-. ¿Tú qué dices?

-No objeto que te hayas enamorado -titubeó-, pero tu padre tiene razón al decir que la conveniencia está primero que el amor. Comprende.

-Comprendo. -Puso gesto de asco al decir "Comprendo que ambos son iguales". Se marchó hacia la puerta-. Vamos, Hernán.

La duquesa lo detuvo sujetándolo del brazo.

-Hijo, por lo menos quédate a vivir de nuevo con nosotros.

-No os preocupéis, vendré a veros seguido. -Besó a su madre en la mejilla, me tomó del hombro y nos marchamos. En la calle me dijo-: Lamento que hayas tenido que escuchar esto. -Lo miré.

-Vaya que son difíciles tus padres, vaya que son difíciles. No sabía que en Ciudad del Plata había una alta sociedad que discriminaba a otras clases.

-No, no es así, no te lleves una mala impresión de Ciudad del Plata, no te lleves una mala impresión, Hernán, no te la lleves. Mis padres son, ¿cómo te diría?, atípicos, no creen en el amor, todavía no entiendo cómo están juntos. Quizá mamá está sometida a la autoridad de padre. Y bueno, de todas maneras yo no me hago problemas, no me causa complejo eso, porque al fin y al cabo son mis padres, no mi pareja. Es su vida, no la mía.

Lo miré. Le digo:

-Jorge, ¿cómo no te va a afectar?

-No, no, Hernán, de verdad no. Y te explico por qué. Así como yo no me meto en la vida de ellos, no permito que ellos se metan en la mía.

-¿Y no tienes temor de que te deshereden o algo?

-En Plena no existe ese tipo de sistema de que te deshereden. Además, tengo dinero propio, no preciso de ellos. Es más, lo supe invertir bien en bolsa de valores, en otras inversiones. Y a pesar de haber donado a fundaciones estoy convencido que tengo más que ellos. Pero no voy a ser hipócrita contigo, me gusta el buen whisky, me gusta fumar un buen cigarro, pero ayudo a la gente, no soy falso en ese sentido. Y Paula es una persona tan... despreciativa con todos y tan... servil con la gente que le gusta...

 

Le conté que vi al grupo y que Rolo contó que te vio.

-Con razón, con razón la noticia corrió como reguero de pólvora. ¿Cómo se enteró mi padre? Alguno de la barra le habrá contado.

-Sí, estoy convencido. Estaba Pocho con ellos.

-¿Lo saludaste?

-No -exclamé-. Pocho hizo un gesto como que no quería que el grupo se enterara que me conocía.

-Pocho es así. Pocho es raro, es distinto, tiene muy muy poco carácter, pero lo aprecio porque tiene bondad.

 

Nos encontramos con Nándor Ferenc y con Betty. Fuimos a tomar algo a una confitería y conversamos del tema.

Betty dice:

-La vi a Paula, estaba desencajada. Más porque se enteró que tú estabas saliendo con alguien.

-Este Rolo... -Jorge estaba contrariado también-. Yo no quiero que se enteren de mi otra vida.

Nándor dijo:

-Pero aquí, Ciudad del Plata, es mucho más grande, es tres veces más grande que la capital de Mágar. No hace falta que vayas por los mismo lugares, hay otros barrios, hay otras zonas.

-Sí, es cierto. -Seguimos conversando.

 

Y seguí aprendiendo más, no por las cosas que vivía yo sino por las cosas que vivían los demás.

Aprendí de Jorge, de su doble vida, de cómo trataba de ser un muchacho normal para que lo quieran por él.

De Nándor, que prácticamente con la excusa del intercambio estudiantil había huido de Mágar y de la Orden del Rombo.

Y de mí, ¿qué puedo decir? Yo me sentía conforme. Al contrario, me sentía mucho más conforme trabajando aquí en Plena para poder desarrollar los ordenadores personales con pantalla que trabajando en Beta, en mi país de origen. Y me había hecho de amigos, de muchos más amigos que había tenido en Plena, no podía quejarme. Y aprendía de cada uno de sus caracteres, de su personalidad, de su manera de ser. Y eso me enseñaba a cómo ser y cómo no ser.

 

Alguna vez, en alguna época de mi vida fui como Pocho, tímido, timorato, con temor a expresarme en una reunión, y lo fui superando, lo fui superando. Reconozco que no me siento tan seguro como Jorge Clayton, pero el tratar con todos ellos me hace sentir bien, me hace sentir muy muy bien.

A veces te rodeas de un entorno que te tira para abajo, en este caso el entorno que me rodeaba me levantaba. ¡Y vaya si eso no era bueno, era más que bueno!

 

Gracias por escucharme.