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Psicoauditación - Sergio

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión del 02/06/2017

Sesión del 16/11/2020

Sesión del 25/11/2020

Sesión del 08/12/2020

Sesión del 11/12/2020


Sesión del 02/06/2017

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sergio

Relata que tuvo una vida en Umbro, como guerrero del norte, y que uno de la tribu mató a sus padres. A sus dieciséis se enteró de que fue un gran guerrero sanguinario. Se enfrentó a él, vengándolos. Más tarde, descontento, se iría del poblado.

Sesión en MP3 (2.616 KB)

 

Entidad: ¡Je, je! siempre pensamos que nuestra apariencia, nuestra manera de ser, cómo nos ven los demás, lo que mostramos o lo que tratamos de mostrar es lo que nos da la identidad, que hace que otros nos respeten, nos desprecien, nos ignoren o nos tengan temor. Seguramente tengo mucho ego porque hay una de las cosas que nunca soporté. A veces me han tenido miedo, a veces me han despreciado, a veces me han traicionado, ¡je, je!, más de una vez, pero nunca me han ignorado. Cuando te ignoran es como si no existieras, como si fueras transparente o invisible, y eso me ha molestado en varias vidas, no cabe duda de que es ego. No, no, no; no es buscar la aprobación de los demás, no quiero lecciones, quiero volcar lo que siento, lo que pienso. No, no, no, lecciones no, no por ahora.

 

Y tengo como ejemplo la vida en Umbro. Mi nombre era Aksel, con "k" y "s", Aksel. Era un guerrero nórdico, manejaba bien la espada, yo diría muy bien, pero me gustaba usar un hacha en cada lado del cinto, entonces cuando luchaba tenía las dos manos ocupadas con ambas hachas.

Pero mi historia no es fácil, ni gratis, ni sencilla. Sí, nací en el norte, uno de los lugares más salvajes del planeta, las tribus nórdicas asolaban todas las aldeas.

Reconozco que mataban ancianos, hombres, a veces hasta accidentalmente hasta mujeres y niños aunque generalmente, por conveniencia, los niños eran tomados como esclavos y las mujeres... bueno, para pasatiempo de los guerreros, pero era tonto matarlas. ¿Que éramos bárbaros? Sí. ¿Que éramos salvajes? Absolutamente. Éramos así, y no soy el único que lo digo que cuando naces en un lugar o vives en un lugar o en una región, te adaptas, si no te adaptas, mueres. Y como dice un Excelso Maestro, y no soy el único que lo digo, "Adaptarse es sobrevivir, acostumbrarse es sucumbir". El borrego se acostumbra, el lobo se adapta y sobrevive y vence.

 

El hecho de que seamos nórdicos no significa que seamos todos legales.

Yo era pequeño, era muy chico, padre murió en una batalla, no era el jefe de la tribu ni mucho menos, pero era un buen guerrero. Pero bueno, una flecha le atravesó el cuello. ¿Casualidad, causalidad? No sé. Era único hijo, madre quedó sola. Había dos guerreros que la pretendían, pero claro, viuda con un hijo... Los guerreros la pretendían, pero no para ningún compromiso serio. Varios amaneceres después la encontraron muerta cerca de un arroyo con sus vestiduras desgarradas.

 

Bastante más tarde, pero mucho más tarde, mucho, ya tendría dieciséis de vuestros años, el anciano, el más anciano -era tan anciano que nunca sabíamos su nombre, le decíamos directamente el anciano-, me dijo:

-Luber.

Luber era un guerrero bueno, pero no me gustaba, no era leal a nadie sino a sí mismo. Cuando iba a aldeas mataba gente a diestra y siniestra y buscaba botines, ni siquiera mujeres; botines, metales dorados, plateados, cobreados. Podía yacer con una mujer y después la mataba.

Y el anciano me dijo:

-Es hora de que lo sepas, casi todos lo saben, acá, en la tribu, Luber fue el que injurió a tu padre muchas veces diciendo que era cobarde y ultrajó a tu madre y luego la mató. -Me quedé pálido.

 

Desde muy pequeño practicaba, ¡je, je!, de pequeño, con espadas de madera o con pequeñas hachas. Todavía no era tan fuerte a mis dieciséis años pero ya pesaba casi ochenta kilos, medía un metro... un metro ochenta. A veces había desafíos por ofensas, era normal en nuestra tribu -pero no de un crío, porque dieciséis años en nuestra tribu era considerado un crío-, desafiar a un hombre grande. Y yo lo desafié. Le dije:

-Me enteré de lo que has hecho con mi madre.

¡Já! ¿Os pensáis que se arrepintió o que negó? Dijo:

-Al fin y al cabo no hubiera sobrevivido, le hice un favor. -En segundos tenía mis dos hachas en ambas manos.

-Puedes defenderte o morir.

Habló en voz alta:

-Gente, el crío me desafía, no soy responsable si le rebano el cuello.

 

Sacó una enorme espada y lo ataqué. Recibí un tremendo desgarrón en el estómago, prácticamente me dejó casi fuera de combate, pero mi instinto hizo que ambas manos, como aspas de molino volaran, y la derecha -de revés, ¿eh?, de revés-, le cortó el cuello y cayó sin vida.

Una mujer que sabía mucho de hierbas me dio a tomar una infusión caliente de hierbas y me dijo:

-Con esto te vas a dormir un poco. -Tenía un hilo vegetal y una aguja-. Te voy a coser el estómago.

-No necesito dormirme, soporto cualquier tipo de dolor.

 

Pero no, no lo soporté, me desmayé. Me dijeron que estuve por lo menos cuatro amaneceres, cuatro amaneceres con una altísima fiebre, no sabían si vivía o me iba con aquel que está más allá de las estrellas, pero viví, viví. De todas maneras, cuidado, ¿eh?, me costó un montón andar bien, caminar.

 

Los guerreros me miraban de otra manera, había vencido a un hombre grande y ducho en las armas. Sí, quizá revoleé los brazos al azar y el hacha le rebanó el cuello, no sé, pero lo hice, punto. No tengo porqué dar más explicaciones.

Estuve más de treinta amaneceres hasta que me sentí bien para volver a hacer ejercicios y el anciano me dijo:

-¿Te sientes orgulloso?

-Orgulloso, ¿por qué?

-Por haber matado a quien ultrajó a tu madre.

-Me siento tranquilo, por qué me voy a sentir orgulloso. ¿Pero acaso es un reproche? ¿Lo tenía que haberlo dejado pasar?

-No, pero hay muchos luego se la creen, creen que son grandes expertos guerreros.

-Yo no me considero nada.

-Mejor así, porque has luchado mal.

-¡Ja, ja, ja! ¿Mal? Lo vencí en segundos.

-Has tenido suerte, mucha suerte, mucha suerte. Primero porque él se confió porque eres un crío.

-Yo no soy ningún crío -le respondí.

-Has atacado ciegamente con las manos en alto, con las dos hachas, dejando todo el cuerpo expuesto. Si su metal hubiera entrado un poco más te sacaba todas las tripas afuera.

Me quedé pensando, seguramente el viejo tenía razón. Le argumenté:

-Pero de chico que vengo practicando.

-¿Con quién?

Con otros chicos.

¿Qué saben?, menos que tú. Practica con hombres.

-Los hombres no quieren practicar -negué, negué la situación-, los hombres quieren pelear directamente y me ven presa fácil seguramente.

-Te pueden entrenar, si tú se lo pides.

-No me gusta pedir, es como que después les debo un favor.

-¿Por qué eres tan crío? ¿Por qué eres tan tonto? -dijo el anciano-. A ellos les encanta enseñar porque se lucen, se sienten después maestros de la guerra.

 

Lo pensé, este viejo tiene razón. Y así fui pidiendo a uno y a otro, haciéndome el humilde, ¿eh?, porque en realidad no era humilde, yo en el fondo me la creía. Yo, no sé..., a ver cómo lo puedo explicar que se entienda, no me creía el gran guerrero, y sabía que era joven, pero me sentía fuerte, firme, había sido de suerte que había vencido a ese desgraciado, no sé, pero bueno, ya tenía una reputación. Y me fueron enseñando posturas, ejercicios, también practicar con espada. Con arco y flechas no me gustaba tanto. ¡Ah!, con las dos hachas me sentía..., no sé, el dios del norte -que me disculpe aquel que está más allá de las estrellas, que es el Invisible, el Eterno, el Creador-, pero bueno, aquí en el norte había leyendas de otros dioses en una cima de una altísima montaña que vivían y se mezclaban con los mortales, pero yo sabía que eso era un mito, un cuento, pero bueno, era una costumbre y la respetaba. Qué sé yo, qué quieren que les diga...

 

Y fui creciendo y fui aprendiendo y fui defendiéndome. No me quiero hacer el bueno, el magnánimo, el piadoso, ni, muchos menos. A medida que fui creciendo participé con los guerreros de varios asaltos, a distintas villas, a distintas aldeas, a distintos poblados. Y a los dieciocho de vuestros años quizá he matado gente inocente, lo reconozco y he secuestrado mujeres. Me llevé una aldeana a la tribu y era dócil, y era la primera vez que poseía a una mujer. Y me sentí mal, molesto, incómodo porque ella no reaccionaba, estaba como muerta en el catre, ahí. No sé, me hubiera gustado que me abrace, que me acaricie, que me bese pero era un cuerpo. La tomé de los pelos y la tiré afuera de mi vivienda.

-Vete, búscate comida por ahí.

 

Pero nadie la quería. Al poco tiempo me pidió disculpas y volvió, pero yo era distinto, o sea, le di un lugar pero no quería estar con ella, no quería, en realidad no me..., como decís vosotros, sentimentalmente no me atraía. En realidad no me atraía ninguna. Mi idea era satisfacer mis instintos, punto. No tengo que dar explicaciones.

Y estuve así hasta veinticuatro de vuestros años.

 

Y estaba cansado de batallas, de guerras. Hasta tenía una pequeña cicatriz en la cara, cabello claro, apenas rojizo.

Y cogí mi hoyuman, mi cabalgadura. Puse el botín que había escondido en mis alforjas y avisé que iba a explorar los alrededores. Pero se dieron cuenta, vieron que tenía dos alforjas, el caballo bien puesto... Y marché, me marché para el sur. Pasaba por distintos poblados, tenía bastantes metales dorados, plateados, cobreados. Mi hoyuman lo dejaba en la cuadra, le daba una moneda cobreada al que cuidaba y le digo:

-Aliméntemelo.

 

Y comía en la posada un guisado, tomaba una bebida espumante, pero veía que la gente no se me acercaba, como que me temía. Pero yo era..., si bien era de pocas palabras también era una persona que preguntaba, y punto.

Le dije al posadero:

-Vi un par de lugareños que se fueron, que dejaron sus mesas y se fueron cuando entré, y otros me miran y hablan en susurros. ¿Qué pasa?

-Es por su ropa, señor.

-¿Qué tienen mis ropas, están sucias?

-Bueno, los lugareños también tienen sus ropas desaseadas. No, es por sus ropas norteñas, se nota que usted es un guerrero del norte y son conocidos por saquear aldeas.

-Yo estoy solo -le dije.

-Claro, pero muchas veces vienen guerreros solos para ver el lugar y luego en las montañas está el resto de la gente escondida y vienen a saquear.

-No, no, no; yo estoy solo, yo me fui de mi tribu y no tengo nada que ver con nadie.

 

Pero el hombre no quedó tranquilo y me di cuenta de que mis ropas me vendían. Capaz que no se entienda la expresión, quiero decir mi ropaje les mostraba a los demás que yo podía ser un peligro. Un poco me molestaba porque si bien por un lado el hecho de que me tuvieran miedo hacía que estuviera seguro, que nadie me incomodara, hay mucha gente que es traicionera o que es cobarde directamente, puede haber algún aldeano experto en arco y de cien líneas de distancia, a escondidas, me dispara una flecha y me atraviesa el cuello, como pasó con mi padre. Entonces tenía que tener cuidado, mirar con cuatro ojos, no con dos.

 

Bueno traté de contar un poco como era mi vida, pero si pensáis que eso todo, ¡ja, ja, ja, ja!, os quedáis cortos. He pasado muchísimas cosas más pero quiero dejar descansar a este receptáculo que me alberga, no lo quiero agotar tanto.

 

Hasta todo momento.

 


Sesión del 16/11/2020

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sergio

Iba a empezar la batalla contra el rey Derian. Estaban todos atentos a su consejero, un mento-elfo poderoso, qué podría hacer. Preparando la estrategia una flecha cae en Fondalar. Aparte, influjos mentales del mento-elfo les trastornaba la mente. Reconsideraron el plan.

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Entidad: Verdaderamente estaba confundido, tranquilo. Principalmente porque estaba Fondalar, y también sabía lo que hacía Ezeven y hasta la pequeña Ciruela.

Me acerqué a la noble Diana:

-Disculpa, soy Aksel, entiendo que Aiken se había puesto en contra tuya por un influjo mental, pero nunca escuché hablar de un mento elfo.

Aiken interrumpió la conversación y dijo:

-Aparentemente Ábalor es de padre mento y de madre elfa, pero vaya a saber porqué razón tiene unos poderes extraordinarios, tiene a todos subordinados, a todos. -Fruncí el ceño.

-¿De qué estamos hablando? ¿De que el rey Bryce es inocente, de que todo lo que hizo lo hizo porque estaba manipulado por el mento Ábalor y mataron a la familia de la niña? O sea, todo es por una persona. De todas maneras, ¿cómo entramos al castillo?

Elefa dijo:

-Podemos enviar flechas incendiarias.

-Pero no es posible hacerlo. Adelante de todo, en la primera muralla y antes de la segunda, que protege el castillo en sí, está la feria feudal, morirían los inocentes, los que no tienen que morir.

Fondalar me dijo:

-Aksel, en la puerta principal hay soldados. El que haya una puerta gruesa de por medio, incluso una pared de una línea, no impide que me apodere de la mente de los soldados y abran la puerta. Podemos entrar pacíficamente y luego dominaría a los soldados con ayuda de Ezeven. Tú, pequeña Ciruela, te quedarás atrás, no quiero arriesgarte.

La pequeña dijo:

-Sabes que puedo defenderme.

-Sí, pero puede caerte una flecha de improviso.

 

En ese momento Fondalar pegó un grito: ¡Aaah! -Y le vi el cuello, tenía una especie de pluma con punta. Con mucho cuidado se la arranqué.

-¡Espera, espera, Aksel! -La miré a Elefa-. Déjamela ver. -La olió-. Tiene veneno. -Me puse pálido.

-¿Veneno que lo puede dejar desvanecido?

-No, veneno que lo puede matar. -Émeris se arrodilló al lado del desvanecido Fondalar.

 

Elefa dio orden a su gente:

-¡Mirad entre los árboles! Qué astutos, estamos rodeados.

Aranet dijo:

-Envío a los bárbaros...

-No, esperad irán mis elfos, que están acostumbrados al bosque y acabarán con todos los que están ahí adentro.

-Pregunto: ¿Los van a matar porque están influenciados?

-No, no están influenciados, están lejos del castillo. Deben ser mercenarios pagos. -Le hizo una seña con la cabeza a los elfos y se internaron en el bosque.

 

Se escucharon gritos, choque de espadas, pero en ese momento mi mente estaba en Fondalar.

-¿Qué hacemos?

-Antes que nada, un cuchillo, un puñal bien fuerte.

-Tengo el mío -dije. Tomó mi puñal y le abrió, en cruz, donde estaba el punto que se estaba enrojeciendo. Apretó fuerte.

-No hay ninguna arteria allí, pero hay que dejar que mane sangre. De todas maneras, el veneno ya se mezcló con su sangre. ¿Sabes que veneno es?

-Sí, anare. Es una hierba mortal el anare.

-Dejadme buscar. -Se acercó a las orillas del bosque-. Aquí hay unos fungi.

-¿Qué son fungi? -pregunté.

-Unos hongos, estos hongos blancos.

-¿Lo tiene que comer, le tienes que preparar un brebaje?

-No, no.

-Yo tengo una aguja hueca.

-¿Para qué?

-La usaba cuando se infectaban mis animales, mi pantero. -Cogió la aguja hueca, la incrustó en una especie de tubo y adentro sacó el jugo del fungi. Adentro puso algo más pequeño.

-¿Qué es esto? -pregunté.

-Un émbolo. -Elefa le tocó el cuello a Fondalar-. Aquí, aquí... -Y le pinchó.

-¿Qué haces? -Apretó el émbolo, todo el líquido que había largado el fungi entró en la sangre de Fondalar-. ¿Qué es eso? Nunca he visto hacer algo así, siempre he visto que le ponen plantas sanadoras en las heridas y luego le queman con un hierro candente. ¿Pero puede ser que le hayas aplicado con esa aguja una especie de antídoto en la propia sangre?

-Es exactamente lo que hice.

-¡Vaya! Y hay gente que tiene a los elfos por ignorantes.

Habló Figaret:

-También tenían a los lomantes por ignorantes y saben de matemáticas, y saben de geografía más que nosotros.

En ese momento se abrió el portón. Elefa le dijo a Émeris:

-Cuida a Fondalar, nosotros nos ocuparemos. Aranet, tienes a tus bárbaros.

 

Nos adelantamos con Aranet y Dexel a la cabeza. Salió un elfo oscuro, encapuchado. En ese momento Dexel se dio vuelta y me miró.

-Eres mi enemigo -Sacó su espada-, tengo que matarte.

-Te han manejado la mente, no me obligues a matarte, Dexel, por favor.

-Eres mi enemigo. Todos son mis enemigos.

 

Otro de los bárbaros sacó su espada y la apuntó hacia Aranet:

-Debo matarte.

Aranet me miró.

-Si domina a todos también nos puede dominar a nosotros dos, nos vamos a terminar matando entre nosotros. -Dexel seguía avanzando, yo retrocedía. Tenía mi espada en la mano, en la otra mano mi hacha. Le podía incrustar en el cráneo, pero mataría a mi amigo por nada.

 

-Apartaos. -Ezeven hizo que Dexel y el otro bárbaro cayeran de rodillas. Había cortado momentáneamente el influjo del elfo Ábalor, pero otros también se habían puesto en contra nuestra. Ábalor era muy potente, Ezeven hacía lo que podía, pero evidentemente Ábalor era más fuerte.

 

Una pequeña figura pasó por al lado mío, abrió sus manos, su vista se puso roja y vio como el cuerpo del elfo Ábalor se estaba poniendo incandescente. Inmediatamente el mento Ábalor corrió hacia atrás, los soldados cerraron el portón.

-¡Ah! Ciruela, no tienes idea las vidas que has salvado, nos hubiéramos matado entre todos. -Y lo abracé a Ezeven-. Y gracias a ti, también. Gracias a ti también. Lo que has logrado es que no matara a mi amigo, ni Aranet a uno de sus bárbaros. Estando Fondalar sin poder hacer nada, entre la vida y la muerte, en este momento el más fuerte es el elfo Ábalor, aún más que Ezeven.

-Podemos vencerlo -dijo la niña.

-No -negó Ezeven-. ¿Te acuerdas la batalla en Andahazi?

-Me acuerdo.

-¿Te acuerdas que estaba rodeado de gente que estaban por matarme?

-Así es -dijo la niña.

-¿Qué te dije? Que me lances llamas y tú titubeaste porque tenías miedo de quemarme y quemar a todos los que me estaban rodeando para matarme. ¿Qué pasó finalmente?

La niña le dijo:

-Te has protegido, has puesto una capa mental protectora para que mi fuego no te llegue. Y quemé a los otros, a los sicarios de Andahazi.

-Bien. Quiero que me entiendas. Mírame bien a los ojos, pequeña: Lo has tomado de sorpresa. Lo has cogido de sorpresa al elfo Ábalor. Adentro va a razonar, la próxima vez va a estar protegido. Y si es tan o más potente que yo, mentalmente, tu fuego mental no le va a llegar, no vas a incinerar su cuerpo. Si yo pude protegerme él también va a poder protegerse. Debe ser fuerte como Fondalar, y Fondalar es más fuerte que yo.

-¿Y entonces qué hacemos? -pregunté.

-Nos retiramos hasta que Fondalar esté mejor.

 

Volvieron los elfos y le dijeron a Elefa:

-Están todos muertos, eran como cuarenta mercenarios. No tenían flechas, tenían cerbatanas. Está mal dicho "por suerte", pero en este caso se diría por suerte le dieron solamente a uno -exclamó el elfo-. Lástima que haya sido este mento tan querido por vosotros.

-Se recuperará, se recuperará. El jugo del fungi, del fungi blanco, está en la sangre.

 

Pero no mejoraba, esa noche estuvo con una fiebre altísima. Émeris le daba a beber agua y la vomitaba, hablaba incoherencias, a cada rato le poníamos paños fríos en la frente. Temblaba, se movía, por momentos quería pararse y Émeris lo sujetaba.

 

Elefa dijo una frase brutal, pero que era la verdad:

-Si pasa de esta noche, va a vivir. -Y yo pensé "Por favor, a ti, a aquel que está más allá de las estrellas, haz que Fondalar pase la noche".

 

Nos habíamos retirado a más de mil líneas del castillo del rey Bryce. Diana, la noble, Camila con lágrimas en los ojos y yo el fuerte, el norteño, el de la cicatriz, el de el hacha invencible, también con lágrimas, con los ojos enrojecidos, porque todo esto era injusto y la noche era larga, larga.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión del 25/11/2020

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sergio

Todos pendientes de si el elfo-mento les generaría influjos mentales y acabaría con ellos. Aparte, Fondalar no volvía al mundo real. No había ideas que desbloquearan la situación.

Sesión en MP3 (4.092 KB)

 

Entidad: Si comento que me sentía bien estoy mintiendo. Si comento que me sentía expectante, a medias es cierto a medias no.

Miraba a la gente que estaba a mi alrededor. A Elefa obviamente la conocía, ella fue la que vengó en su momento a Aranet cuando la rubia norteña se aprovechó de su debilidad egoica de venganza y fue atravesado por una espada. Me asombra el pensar que cómo mínimo tres veces Aranet estuvo al borde de la muerte. Y no es que uno dice "Bueno, estuvo mal...". No, no, estuvo literalmente al borde de la muerte. Es más, murió uno de sus bagueones, pero pudo sobrevivir.

-¿En qué piensas, Aksel? -me preguntó Elefa.

-En todos vosotros, en las circunstancias que nos conocimos y los que estoy conociendo ahora. Me agradan el príncipe Gualterio, el otro joven, Rebel.

-¿En qué sentido? -Me encogí de hombros.

-Antes de venir para aquí (no en el caso de Gualterio, en el caso de Rebel, que nunca perdió un torneo a primera sangre), supe enseguida que se dejó vencer por Geralt, y luego me enteré que había sido su maestro cuando él recién era un adolescente. Pero ganar torneos a primera sangre no es un combate. Me enteré de que se enfrentó con uno de esos orcos gigantes y lo atravesó con su espada una o más veces y el orco seguía con toda su energía, y no sólo eso sino que lo atravesó con la espada a Rebel. No lo mató porque lo pudieron sanar con plantas medicinales, le cosieron la herida.

-¿A qué viene todo esto? -preguntó Elefa.

-A que una batalla de verdad no es lo mismo que un torneíto. Cuando estaba en el norte no tenía familia y me trataban mal, he tenido infinidad de heridas de las cuales me han quedado cicatrices, pero esas cicatrices quedan como recuerdos. Peor si te quedan en el rostro, pero en el cuerpo ni te das cuenta.

-También tienes una en el rostro.

-¡Aaah! Algún día te contaré mi vida si hay posibilidad de que sigamos vivos. En este momento me preocupa Fondalar.

-Hice lo más que pude.

-No te tienes que justificar, Elefa, para nada. Esto que has hecho con ese tubo todavía no entiendo cómo le has puesto en su propia vena un preparado de fungi como antídoto. No no no, es mucho más que...

-Sé que hay un valle de plantas sanadoras, pero no sé si las plantas sanadoras podían curar el anare.

-Por eso digo, lo que has hecho es extraordinario, independientemente del resultado. Me preocupo, sí, porque ya amaneció y lo veo como más rígido, como que su respiración se está debilitando. Y me duele el pecho de dolor, pero de dolor emocional, un dolor emocional tan grande de ver a Émeris, a su esposa, como tildada, como petrificada al lado de él poniéndole paños. No sé qué pasará por su mente porque me da la impresión que lo está haciendo de manera automática.

-Todos estamos mal, Aksel. Míralo a Aranet.

 

El gran guerrero seguía sentado en una roca con la espada en la mano clavada en tierra, parecía una estatua petrificada. Los jóvenes Gualterio y Rebel, la niña Ciruela abrazada con la adolescente Camila y la noble Diana. La amazona Kena, que tenía entendido que había sido muy amiga de Ligor, pero...

Y ese elfo-mento en cualquier momento puede salir y poner a todas nuestras tropas uno en contra del otro, con sus influjos mentales.

 

De repente Elefa se puso rígida.

-No está respirando. -Me quedé como parado en el aire, no entendiendo.

-¿De qué hablas? -Miré la dirección de su vista: Fondalar. Le puse el dedo índice y el pulgar en su garganta-. No late. -Émeris le acariciaba el rostro. Era la primera vez que la veía irresoluta, sin saber qué decisión tomar.

En ese momento me apartó Elefa.

-Déjame un lugar -le dijo a Émeris. Puso las manos en el pecho de Fondalar apretando una y otra vez-. Vamos, vamos con ese corazón, vamos con ese corazón, vamos con ese corazón, ¿qué pasa que no chupas aire?, ¿qué pasa que no chupas aire? Discúlpame -le dijo a Émeris. Lo tomó de la nariz, apretándolo la nariz a Fondalar. Abrió su boca (pensó que lo estaba besando). No, le estaba echando su aire, su propio aire para inflar los pulmones. Y otra vez la reanimación, apretándole el pecho acompasadamente. Estuvo así como cinco minutos. Y se sentó en la tierra, me miró a mí e hizo que no.

La miré a Elefa.

-¿Qué es no?, ¡no me digas que está muerto! -Elefa bajó la vista-. No me digas que está muerto, no me digas que el maestro está muerto. No quiero saber nada. Ya mismo desenfundo mi espada. No sé... Cerraré los ojos, no miraré al mento y le voy a atravesar mi espada en el corazón.

Elefa me dijo:

-Te estás cegando, Aksel, el influjo no llega por los ojos, llega por la mente. Va a hacer que cojas un puñal y te cortes el cuello. -Pero estábamos todos reactivos.

Émeris se quedó con el cuerpo de Fondalar.

Al lado Ciruela, llorando.

-Le voy a dar un poco de calor. No tengáis miedo, no lo voy a quemar. -Puso sus manos en el cuerpo de Fondalar, subiéndole un poco la temperatura, pero nada.

 

Nos acercamos con Aranet, los bárbaros, Elefa, los elfos, Dexel, Rebel, Gualterio y yo, atrás Kena, hacia el castillo. En ese momento salieron veinte arqueros y atrás el elfo-mento.

Sentí como un escalofrío en la espalda y me corrí. Detrás mío estaba Ezeven con los ojos en lágrimas pero con una mueca de odio mirando a los arqueros que apuntaban hacia nosotros. Tenía los puños cerrados, el pecho le temblaba. Cuál es mi sorpresa cuando veo titubear a los veinte arqueros que manipulaba el mento y se dan vuelta, estaba a diez y quince pasos del mento y lo atravesaron todos, algunas flechas se perdieron por el aire, pero por lo menos una docena de flechas se clavaron en el cuerpo del mento.

 

Lo miré con un tremendo asombro a Ezeven:

-¿Cómo has hecho, si él es más fuerte que tú? -Y el mento había caído muerto. Los arqueros desconcertados habían quedado libres, libre de toda manipulación mental, ni sabían qué hacían con los arcos en las manos en ese momento. Sí vieron al elfo caído, muerto-. ¿Cómo has hecho?

Ezeven me dijo:

-No sé. El odio, la impotencia, todo junto potenció mis dones, y pude hacer un giro de ciento ochenta grados.

-Libraste a los arqueros del poder de ese mento para ponerlos bajo tu manejo. -Se encogió de hombros.

-Quedé exhausto, quedé cansado pero lo pude lograr, lo pude lograr. -Me abracé con él y lo apreté con una fuerza tremenda, con un cariño tremendo. Ezeven tosió.

-Está bien, Aksel, está bien, no es necesario que me quiebres las costillas.

-¡Ja, ja, ja! -lancé una carcajada tremenda-. Ezeven, te adoro. Ezeven, eres una maravilla, has vencido al mento.

La miré a la noble Diana. Diana:

-Dime.

-Esto significa que ahora el rey Bryce y todos los demás están libres, no hay más influjos.

-Aparentemente no.

 

Nos acercamos al portal, los soldados nos miraban como no sabiendo quiénes éramos nosotros. Se acercó Diana, a ella la conocían.

-¿Qué pasó?

Diana les dijo:

-Han estados influenciados por un mento. ¿Y el rey?

Se encogieron de hombros: -En su cámara, supongo.

 

Entramos todos al castillo-fortaleza, atravesamos la feria feudal los bárbaros, los elfos. Y en la cámara principal, en la cámara real había un hombre semidesvanecido.

Diana se acercó.

-Mi rey... -El hombre abrió los ojos.

-Diana, ¿qué pasa?, estoy con un tremendo dolor de cabeza. ¿Qué pasa, por qué está todo desordenado...? ¿Dónde están los soldados? Estoy con otras ropas, ¿qué pasó?

Diana le dijo:

-Había un elfo.

-Sí, se ofreció de voluntario para ayudar... Y después no me acuerdo más nada.

 

-Diana le contó todo, le dijo que era un mento poderosísimo. El rey levantó la mirada y la vio a la joven Camila-: Camila, cómo has crecido. -Ella lo miró con odio.

-Tu ejército mató a mis padres.

-¿Cómo? ¿En qué momento? Me acuerdo que Diana me ayudó a recuperar el trono, luego me acuerdo que le di trabajo al elfo, y no me acuerdo de más nada. ¿Qué pasó en todo este tiempo?

Ezeven se acercó.

-Déjeme revisarlo, majestad. -El rey asintió. Le posó los dedos pulgares en cada una de las sienes-. ¿Cómo te llamas?

-Bryce.

-¿Qué intenciones tienes?

-Ahora nada, he recuperado mi reinado gracias a Diana y su gente. Y no hizo falta derramar sangre.

-¿Te acuerdas que tus soldados han atacado gente?

-No, mis soldados no han atacado a nadie.

-Mírame -dijo Ezeven-, ¿te acuerdas del elfo?

-Sí, me acuerdo.

-¿Te acuerdas qué quería?

-Sí, ayudar donde sea, no le importaba cobrar metales sino ser útil a mi reinado.

-¿Y qué más te acuerdas?

-No sé, tengo la mente en blanco.

-Te pido que me digas qué más te acuerdas -ordenó Ezeven.

-No sé, tengo la mente en blanco y me duele mucho la cabeza.

-Ahora ya no te duele. ¿Te está doliendo?

-Un poco.

-Ahora ya no te duele. Ahora estás bien. Ahora tienes la mente lúcida. ¿Te duele la cabeza?

-No.

-¿Te acuerdas qué pasó con el elfo?

-No.

-Está bien. Siéntate y respira hondo. -Nos miró a nosotros-. Lo influencié mentalmente para que diga la verdad. Y es cierto, es absolutamente inocente, al igual que sus tropas. Todo lo que han hecho fue por el mento. -Ezeven la miró a Camila-: Lo lamento por tu familia pero el rey es inocente. Directa o indirectamente he podido matar al culpable, los arqueros ni saben lo que ha pasado. Una vez que el elfo-mento murió ni sabían por qué tenían los arcos y las flechas en sus manos.

 

Aranet miró a sus bárbaros.

-Es hora de retirarnos, entonces.

Elefa le dijo lo mismo a sus elfos. La miró a Diana: -¿Qué harás?

-Me quedaré con Camila, acompañando al rey a rehacer todo, a ayudarlo a armar todo de nuevo. Es inocente.

 

Nos fuimos retirando. Obviamente nos llevamos un montón de comida en las alforjas y varias cantimploras con agua para el camino.

Y cuál es la sorpresa que la vemos a Émeris llorando. Nos acercamos donde estaba Fondalar.

-Mirad, mirad, está respirando.

La miré a Elefa.

-¿Cómo? -Elefa se encogió de hombros.

-¡No sé!

Ezeven dijo:

-Me imagino qué pasó, pero va ser mejor que lo explique Fondalar.

 

Fondalar abrió los ojos.

-¿Qué ha pasado en este tiempo? -Aranet le contó desde que recibió el dardo con anare en el cuello, lo que le aplicó en la vena Elefa. Le explicó que yo le tomé el pulso y no tenía pulso.

Aranet se sentó y le dijo:

-Te escuchamos.

Fondalar comentó:

-Nosotros, los mentos, tenemos otro don: ralentizamos nuestro estado corporal como si hibernáramos. No es que el corazón deje de latir ni que dejemos de respirar, pero es como que viviéramos en cámara lenta, como los peludos del norte que hibernan y están meses sin comer ni tomar agua, es una especie de defensa para que el cuerpo se recupere.

-Entonces no estabas muerto y resucitaste.

-No, no creo que eso exista, estaba en un estado de hibernación.

 

Émeris nos miró y dijo:

-Nunca habíamos hablado del tema, yo soy mitad menta y mitad norna y recién me entero de esto. Pero entiendo que Ezeven lo sabía.

-Sí. Alguna vez he ralentizado mi cuerpo a propósito, sin estar con ningún veneno, pero mi mente seguía lúcida. He bajado mis pulsaciones de sesenta y ocho por minuto a menos de seis por minuto.

-Claro -agregué yo-, pero en este caso directamente no latía.

-Seguramente sí -dijo Ezeven-, latiría una vez cada cinco minutos, y cómo lo iban a controlar.

-Permíteme. -Le toqué el cuello a Fondalar, su corazón latía normalmente. Entonces le contamos todo lo que pasó.

 

Primero le agradeció a Elefa:

-Te debo mi vida. Y a ti, Ezeven, que nos has salvado a todos. Te he enseñado muchas cosas desde que nos conocimos, ya prácticamente tus dones están casi a mi nivel, y encima puedes levitar.

Ezeven sonrió.

-Antes de conoceros a vosotros me ganaba la vida en un circo y en un teatro ecuatorial. La gente venía a verme porque era el último en actuar y levitaba hasta una línea del suelo. El maestro de ceremonias del teatro tenía una varita y la pasaba por encima mío para mostrar a la gente que no había hilos ni cables que me levantaran. Todos buscaban dónde estaba el truco y el dueño del teatro decía:

   -No lo vamos a decir porque entonces la gente no vendría más.

   Y a solas me preguntaba: A mí sí me lo puedes contar.

   -No, a ti tampoco.

   -Entonces puedo molestarme y despedirte.

   -Tampoco puedes hacer eso porque yo soy el que genero la mitad de toda la recaudación.

-Y así me ganaba la vida, hasta que conocí a vosotros. Y ahora tengo tan buenos amigos...

Lo abracé y le dije:

-Ahora no eres más un espectáculo de teatro, ahora eres un héroe. Fondalar estuvo fuera de servicio, y que me disculpe mi expresión. -El maestro se reía-. Y tú has tomado la posta y nos has salvado a todos. Lo único que espero, sé que tú, Aranet, y sé que tú, Elefa, no sé si sois amigos pero sí sois conocidos (Tú, Elefa, has llegado a tocar y a acariciar al bagueón de Aranet y Aranet, a su vez, acarició a tu pantero), tienen mucho en común, no perdamos contacto entre vosotros, los bárbaros, y vosotros, los elfos. Próximamente puede haber más batallas y más peligro.

Elefa dijo:

-Nunca perderemos el contacto, nunca.

 

No había posadas grandes para alojarnos a todos. Si bien habíamos traído en alforjas comida y bebida del castillo, mandamos a varios bárbaros y a varios elfos a buscar más comida. Nos sentamos en distintos troncos y comimos. Le dimos de pastar a los hoyumans, a las mulenas.

 

Y después Elefa se despidió y se fue con su gente, y nosotros regresamos para el castillo de Anán. Había tanto para contar, tanto para contar...

Pero lo más importante, por lo menos para mí, tíldenme de egoísta si quieren, no fue que el rey Bryce fuera inocente y que toda su tropa no tuviera culpa de nada, para mí lo más importante es que Fondalar estaba vivo, gracias a Elefa.

 

Hasta todo momento.

 


Sesión del 08/12/2020

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sergio

Tiempo de descanso tras los últimos acontecimientos. Pero un tipo peculiar con quien volvía tenía fama de buscarse problemas con su conducta, que ya muchos conocían. Por la noche se le coló en su habitación y tuvo que elegir si usar el puñal con él. Aunque su fama le precedía había gente que lo perseguía.

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Entidad: Volvíamos bastante fatigados regresando al castillo de Anán tras lo que se podía llamar la aventura con el rey Bryce, que finalmente resultó ser una víctima más del elfo mento.

 

Me fijé que otro joven venía con nosotros, lo acompañaba a Figaret.

-¿Tú quién eres?

-Mi nombre es Edmundo.

-¡Ah, ja, ja, ja! Te felicito. Con Figaret y el grupo de la etnia blanca han ayudado a los lomantes. Bien. Pero estabas radicado en un pueblo, ¿qué pasó?

-Tuve una mala experiencia con una joven llamada Greta -explicó Edmundo-, y las jóvenes del poblado son muy... cómo diría, no se toman las cosas en serio. Y eso es lo que yo busco.

Le expliqué:

-Eres joven, Edmundo.

 

Llegamos a un poblado bastante grande.

Hablé con Dexel y le dije:

-Vamos a alojarnos en la posada.

Edmundo dijo:

-Yo también. -Obviamente Émeris con Fondalar, que aún no estaba repuesto, también se alojarían.

-¿Y tú, Aranet?

-Hay un pequeño bosque a poca distancia del poblado, nos quedaremos con los bárbaros.

-Bien. ¿Ezeven, Ciruela?

-También en la posada.

 

De verdad que comí con un hambre tremenda; cogía el guisado con la mano y bueno, era un norteño, comía así y me satisfacía. Cogía la jarra con la bebida espumante y tragaba un poco y el resto caía por mi pecho. Figaret se reía.

Lo miraba al figurín, le digo:

-Claro, tú seguramente comes delicado.

El figurín levantó las manos diciendo:

-¿Yo?

-No dije nada, cada uno come como quiera. -Veía que Edmundo le reprochaba.

-¿Qué pasó ahora?

Edmundo dice:

-Figaret llega al poblado y ya se está fijando en mujeres. -Me encogí de hombros.

-No veo el problema.

-Claro, porque no lo conoces. Figaret ha ayudado a mucha gente pero tiene dos manías: Una, juega a las barajas y gana.

-¿Hace trampas?

-No. No sé si es suerte o intuición, pero gana siempre.

-Entonces está bien -expliqué-. ¿Y la otra manía?

-Las mujeres.

-Esa me parece una buena manía.

-Todas las que elije son casadas.

-Vaya, así que engaña a los maridos.

Intercedió Figaret:

-No, Axel, ellas engañan a los maridos, ellas, porque están desconformes.

-Algo escuché de ti -expliqué-, eres el que te metes por los balcones. -Hizo un gesto como diciendo "Qué voy hacer, es más fuerte que yo"-. ¿Nunca te han pescado?

-¡Ja, ja, ja! Si supieras, Axel, las veces que tuve que huir, porque algunos maridos tienen amigos y me persiguen de a cinco o seis.

Lo miré y le digo:

-Claro, y tú con ese espadín qué puedes hacer.

Edmundo se metió y dijo:

-No es así, con ese espadín ha vencido a gente con espadas más grandes.

Lo miré, y de forma escéptica:

-¡No lo creo, no lo creo!

 

Por la tarde vimos que hablaba con una tal Donata, una mujer bastante rellenita, muy bonita de cara, y ella le hablaba a Figaret.

Edmundo se tomaba la cabeza.

¿Y ahora qué pasa? -le pregunté.

-Donata es casada. Casada con un hombre llamado Mauricio que tiene muchos amigos que apuestan mucho dinero, y tienen poder porque el dinero da poder. Espero que no meta la pata.

-Es un problema de él. Si lo lastiman, él se lo buscó. Si lo matan, él se lo buscó. ¿Quién lo acompaña?

-No, ese es inofensivo, es un tal Bardol, que se le unió hace poco. Figaret toca instrumentos.

-¿Instrumentos, qué instrumentos?

-Toca una guitarra pequeña llamada mandolina, toca la flauta. A veces hace espectáculos en bares y le dan propina.

-O sea, que es un personaje de circo, por la forma que está vestido parece un arlequín.

-Sí, mucha gente le dice así.

 

Me había agarrado sueño pero no quería dormir, quería disfrutar un poquito el descanso, caminar por el poblado.

Pero ya llegando la noche cené algo liviano, elegí una habitación para mí solo. Cerré con una llave vieja que me había dado el posadero y la colgué de un perchero. Me saqué las botas, ¡por fin! Descansé los pies y me tiré en un camastro ¡Ah, qué alivio, por Dios! Por supuesto colgué el cinto con la espada pero debajo de la almohada tenía un puñal.

Mi sueño no era liviano, honestamente, era pesado. Me dormía, como decís vosotros, como un tronco, pero al menor ruido, aunque sea el vuelo de una mosca, ya me despertaba.

Y a media noche escucho un sonido de la cerradura. Me quedo tranquilo, cojo el puñal, me paro en la oscuridad. Entra una figura, era un hombre: ¿Algún asesino? Cojo el puñal, lo tomo al asesino por la espalda y le pongo el puñal en el cuello.

-Dame una excusa para que no te degüelle, una excusa para que no te degüelle. ¿Quién eres?

-¡Psss! Soy Figaret.

-Figaret. -No saqué la mano del cuello-. No sé qué buscas aquí pero me parece que te equivocaste de habitación. Soy Axel.

-¡Psss!, habla bajo.

-¿Por qué voy a habar bajo? ¿Qué intenciones tienes, a qué viniste a mi habitación?, eres un degenerado. ¿Qué pasa contigo? -Apreté más el puñal en el cuello.

-No aprietes tanto, me vas a lastimar.

-Entonces explícate.

-Me están persiguiendo. Suéltame, me están persiguiendo.

-¿Quién te está persiguiendo?

-Mauricio.

-¿Quién es Mauricio?

-El esposo de Donata.

-La que comentaba a la tarde Edmundo.

-Esa.

-¿Qué pasó?

-Me citó y me colé en el balcón. Se quejaba, dice que Mauricio no la atendía. ¿Y cómo me voy a negar?

-Claro. Pobre Figaret, cómo se va a negar.

-Estoy hablando en serio. Obviamente le tuve que hacer el amor, la mujer estaba desconsolada y yo la consolé. Lo que no supo ella que su marido había perdido una fortuna, le fue muy mal y volvió temprano y abrió la habitación y nos pescó en la cama. Apenas pude vestirme y escapar por el balcón, y vine corriendo para la posada.

-¿Cómo entraste?, está la puerta con llave.

-¡Ah! Yo tengo alambres que abren todas las puertas.

 

Se escuchó un golpe en una habitación, era la habitación de al lado, de Dexel.

-¡Estoy buscando un gusano!

-Aquí no hay nadie más. Vale que te vayas porque te voy a clavar un cuchillo.

Golpeó mi habitación.

-¡Abre, a ver si escondes al villano! -Abrí, la claridad del pasillo apenas iluminó la habitación.

El hombre miró para adentro: -¿No vino aquí un tal Figaret?

-Estaba durmiendo y me has despertado. Qué impide que te clave el cuchillo en el pecho.

-No quise molestarte. Han mancillado a mi mujer, una mujer a la que respeto y que me respeta. Y es un compañero de ustedes.

-No sé, yo no conozco a todos. En el bosque están los bárbaros, esa persona que dice no la conozco, habrá ido con los bárbaros a dormir por allí. Busca por ahí. -El hombre se marchó.

 

Cerré la puerta, encendí la lámpara de aceite. Figaret estaba en un rincón, que había un hueco donde se guardaban baldes y trapos.

¿Te das cuenta que Edmundo tenía razón, te das cuenta?

-Pero no te creo.

Figaret dijo:

-Axel, te digo la verdad.

-Yo creo que la forzaste a la mujer. Espera aquí.

Le golpeé la puerta a Dexel.

-¿Qué?

-Ven. -Se calzó las botas y vino-. Coge tu espada. Voy a buscar a Edmundo. No dejes que este figurín se escape.

-¿Qué hizo?

-Parece que violó a una mujer casada.

-¡Ah! -dijo Dexel-, ese tipo de gente hay que colgarla.

Figaret dijo:

-¿Colgarme a mí, a mí? ¡Los ayudé!

-No has hecho nada, el que salvó los papeles fue Ezeven.

-Pero yo ayudé a los lomantes.

-Nosotros no estábamos, no vimos nada. Cuídalo, Dexel.

 

Me calcé las botas. No sabía cuál era la habitación de Ezeven. Bajé y le pregunté al posadero.

Me dijo:

-La número once.

Golpeé. Lo busqué a Ezeven.

-¿Edmundo está contigo?

-Sí.

-Llámalo. -Salió Edmundo-. Tenemos un problema. -Le conté que Figaret se había colado en la habitación, que lo vino a buscar el hombre, Mauricio, y que había mancillado a Donata.

-No, no, Axel, por suerte tengo buen oído. ¿Qué te contó?

-Figaret me dijo que ella estaba desconsolada, que el marido no la atendía.

-Es lo que yo escuché. No te mintió Figaret, así que es inocente.

-¿Inocente? Yo no podría decir que es inocente, yo digo que es un pillo.

-Pero es un pillo bueno. ¿Dónde está?

-En mi habitación, lo dejé con Dexel.

-¡No!

-¿Tienes miedo de que Dexel le haga algo?

-No, al revés. -Fruncí el ceño y lo miré a Edmundo.

-¿Al revés?

 

Entramos en mi habitación, Edmundo detrás mío. Dexel estaba atado con las manos en la espalda y los pies atados-. ¿Me puedes decir qué pasó?

-¡Qué va a pasar! El figurín es rapidísimo con su espadín, apenas te fuiste me desarmó, me puso su espadín en la garganta, buscó unas sogas y me ató. Y se fue. -No quise largar una carcajada porque era de noche.

-Pero vaya con este figurín. ¿Y ahora qué hacemos?

-Nada. Vete a dormir, yo voy a seguir descansando. Tú, Edmundo, vete a dormir con Ezeven. ¡Ah! ¡Qué noche, por Dios, qué noche, qué noche! Figaret disfruta y a nosotros nos cortó el sueño a todos, a mí, a ti, a Dexel, a Ezeven. Y el pobre Fondalar todavía reponiéndose, todavía débil. No sé si mañana seguiremos camino, si no nos quedaremos un día más. Pero si nos quedamos en la posada un día más... Iba a decir que tú te quedes con Figaret, pero se te va a escapar de las manos; se quedará conmigo. Eso sí, si llega a acercarse a menos de medio metro de mi persona lo degüello. -Ahí largó la carcajada Edmundo.

-Quédate tranquilo, Figaret es muy mujeriego pero nada más que eso, no pienses mal de él, no tiene otra iniciativa.

-Mejor para él, mejor para él. -De verdad que dormí de corrido.

 

No era mediodía, obviamente, pero me levanté bastante tarde, la mayoría estaba desayunando.

-¿Figaret, dónde anda? -le pregunté a Edmundo.

-Ya desayunó, desayunó bien. ¡Je, je! Seguro que para reponer energías. -Y ahí estaba rodeado de cinco o seis aldeanas tocando la mandolina y cantando, todas lo miraban extasiadas.

-¿Siempre es así?

-¡Siempre! A veces es peor, a veces en las posadas o en los bares grandes atrae y junta un montón de metales dorados, y encima después juega a las barajas y gana.

-Es un personaje. Es de verdad un personaje. Ahora, ¿esas aldeanas son casadas?

-No.

-¿Y por qué no sale con una soltera? -Edmundo se encogió de hombros.

-Saldrá, pero nadie lo sabe, es muy discreto.

-Eso es bueno, eso es muy bueno.

Lo miré y le dije:

¿Y tú?

-Yo soy lo opuesto, yo no tengo suerte con las mujeres.

-Edmundo, no existe la suerte, tienes que tener intuición, saber quién es buena, quién no es buena, quién es pícara, quién no es pícara. ¿Por qué te fuiste del otro pueblo y viniste con nosotros?

-Había una tal Chelsea...

-¿Tuviste algo con ella?

-Sí, pero al día siguiente me miraba con indiferencia.

-Se ve que no la conformaste.

-Axel, no seas tan directo, yo pienso que sí pero, y disculpa lo que voy a decir, Chelsea no es una mujer de un solo hombre.

-Nunca digas eso. Nunca ofendas a una mujer aunque sea cierto, ten en cuenta eso. Chelsea tendrá sus razones.

-¿La conoces?

-No, no la conozco, conozco lo que tú me estás diciendo. Pero no opines nunca de una mujer ni para bien ni para mal, más vale... cierra la boca. Tuviste una mala experiencia con esa otra, Greta, y bueno está en su naturaleza ser mala. ¿Chelsea te traicionó?

-Nunca me prometió nada.

-Entonces no te traicionó, no puedes decir que es de cualquier hombre.

 

Dejé de hablar con Edmundo y miraba al figurín tocando la mandolina. Bardol atrás, con una flauta. Bardol era redondo, petizo y sin embargo tenía una dosis de simpatía, era como un complemento del figurín.

El figurín me miró y me saludó, le hice un gesto con mi cara como diciendo que no tenía cura.

 

Terminó la canción y las mujeres se le acercaron y lo abrazaron, lo besaban en la mejilla, en la boca. Ninguna tenía novio. Ya me veía al figurín corriendo para el bosque escondiéndose entre los bárbaros.

¡Ah! Y yo pensé que lo conocía todo. Pero entre nosotros, este hijo de buena madre me resultaba simpático, me resultaba simpático. Esta noche dormiría en mi habitación, y por más que me resulte simpático al menor gesto raro lo iba a degollar. ¡Ja, ja, ja!

 

Gracias por escucharme. ¡Ja, ja, ja, ja!

 


Sesión del 11/12/2020

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sergio

Afortunadamente no había habido batalla, todo se resolvió gracias al poder de un mento. Pero no había descanso: Otra gran batalla estaba se estaba preparando mientras Ligor era apuñalado.

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Entidad: Regresábamos cansados tras la supuesta aventura de reponer al rey Bryce, que había estado bajo los influjos de ese elfo mento, y nos terminó salvando Ezeven.

 

Al lado mío íbamos al paso con hoyuman con Figaret. Figaret iba pensativo y yo lo miraba. Y digo:

-Al fin y al cabo él tuvo más historias para contar que nosotros porque con Edmundo fueron con la etnia de los blancos a salvar a los lomantes. Y luego todos pasamos por una tremenda agonía cuando pensábamos que Fondalar no se recuperaba. Hubiera sido una enorme pérdida por ser humano, por amigo y por un montón de factores.

 

La noble Diana y su gente se quedaron con Bryce. Todos estábamos cansados, Aranet, los bárbaros, y eso que no habíamos luchado.

 

Dexel, del otro lado me decía:

-No deja de haber sido una experiencia.

 

Lo miré a Edmundo:

-¿Así que finalmente te vienes con nosotros?

-Sí, quiero conocer por fin ese famoso castillo.

¿Y tú familia?

-A mí familia ya le dije que andaré por el mundo, que recorreré lugares.

 

Y finalmente llegamos, nos estaban esperando, los soldados nos abrieron el portón grande. Pero estaban todos con cara seria.

Fuimos directamente al salón del trono real y hablamos con el rey.

-¿Todo bien?

-No. -Nos miramos con Aranet.

Aranet, que tenía mucha más confianza que yo con el rey, le dijo:

-Cuéntame qué pasa.

-Ligor no se sabe si va a sobrevivir.

-¿Sobrevivir? -inquirió Aranet-, ¿en qué sentido?

-Está al borde de la muerte. Lo está cuidando Núria en una de las habitaciones. -En ese momento justo bajó Núria. Los bárbaros de Aranet se fueron al patio de armas, ya los soldados habían preparado víveres, comida, bebida. Nosotros también nos desfallecíamos de hambre pero preferimos esperar a que Núria cuente qué había pasado.

 

Núria se acercó con los ojos llorosos y nos contó la historia:

-Había venido Ligor, habían discutido, pero acordamos en que me acompañaba al castillo donde yo había estado tanto tiempo como "prisionera", como dama de compañía de la princesa Samia que luego fue reina. Me liberó ya en la mitad de mi vida, vida que había dejado en el camino entre cuatro paredes, con libertad para moverme adentro. Y verdaderamente le quería reclamar a su heredero, al rey.

 

Pero no alcanzamos a llegar al castillo con Ligor. En el camino había una aldea masacrada por completo: ancianos, niños, mujeres con cuellos cortados, con flechas en sus cuerpos, solamente había una joven vestida de marrón con la cara lastimada, morada.

Nos acercamos, desmontamos de los hoyumans, saqué mi cantimplora y le di de beber agua. Me agradeció.

-Gracias, gracias de corazón.

Ligor preguntó:

-¿Qué ha pasado?

-Nos atacaron. Y no es la primera vez que lo hacen, todas las aldeas de la región están saqueadas porque no pueden pagar impuestos, porque son pobres. Se llevan a los animales, queman las cosechas. Eso lo hacen de maldad. Y como no tenemos para pagar impuestos, ni siquiera un metal cobreado, yo digo por lo menos que nos lleven como esclavos. Pero no, los matan a todos. A mí me ultrajaron como cinco soldados, me dieron por muerta y logré salvar la vida.

-Núria dijo, sorprendida:

-¡Pero el castillo cercano es el del hijo de Samia!

-No. ¿Cuánto hace, señora, que no viene por aquí?

-¡Uf! No podría contarlo en tiempo, muchísimo.

-¿Y tu acompañante quién es?

-Ligor. -La esclava lo miró con sorpresa y con un poco de recelo.

-¿Tú eres Ligor?

-Sí, ¿me conoces de algún lado?

-No, escuché hablar de ti.

-Pero comenta qué pasó con el hijo de Samia.

-Tenía un regente, Sigmur, lo mató a él, a su hermana, se apoderó del catillo, se apoderó del reino. Un hombre de carácter, pero tirano, cruel. No sólo los soldados se pusieron a su disposición sino que encima alquiló también, alquiló es una manera de decir, pagó mercenarios y les dio ropa de soldados, no les importaba que estuvieran bien entrenados o no, basta que pudieran matar a todo el que se opusiera. Y empezó a reinar con terror, nadie se atrevía a desobedecerlo. Mandó emisarios a dos reinos cercanos, uno de ellos está cerca del rey Anán, que mucho tiempo atrás tuvieron una guerra y que la perdieron con Anán. ¿Lo ubicáis?

-De allí venimos -dijo Núria-. Contadme más de ese regente Sigmur.

-Bueno, esos dos emisarios fueron con la orden de decir "O se anexan al reino del regente Sigmur, prefiere decir regente y no rey, o directamente los invadirán y los atacarán a todos hasta matarlos. Y los reinos se anexaros y varios de los mercenarios se quedaron en los dos reinos anexos para vigilar. Es más, los dos reyes que anexaron los reinos vecinos le pagan impuestos, también al regente Sigmur. O sea, que ahora es poderoso. Hay tres castillos en la región y los tres prácticamente son del regente Sigmur, y quiere seguir extendiéndose.

Ligor dijo:

-Me hace parecer a Andahazi. ¿Cómo te llamas?

La esclava dijo:

-Me llamo Selena. Me llamo Selena y estuve prácticamente prisionera días de estos soldados que me ultrajaron a mansalva. Se reían, se burlaban, no les importaba. -Se subió parte del vestido.

-¡No, no hace falta! -dijo Ligor.

-Es para mostrarte. -Todas las piernas marcadas con moretones, heridas. La cara con hematomas.

 

 Núria relató que lo miró a Ligor y le dijo:

-Todo lo que iba a hacer no tiene sentido. Tenemos que volver.

Ligor le dijo a Selena:

-¿Quieres montar en mi hoyuman detrás mío?

-Por favor, por favor.

-Y allí te curaremos y tendrás una nueva vida tranquila.

-¡Ja, ja! -La joven rió-. ¿Tranquila? Tendréis que fortificaros, seguramente el castillo de vuestro rey será atacado también por el regente Sigmur.

 

Y volvimos. Volvimos al paso, si galopábamos el movimiento del hoyuman le hacía doler todo el cuerpo a Selena.

Pero yo era intuitiva, muy intuitiva, quizá demasiado intuitiva. Vi que por momentos la cara de Selena se transformaba, no la veía como a una víctima, como a alguien sufrida, doliente, la veía con una mueca como de... como de odio, como de desprecio. Ella estaba a las espaldas de Ligor, Ligor no la podía ver, yo trotaba a su lado y veía el gesto, se sujetaba de Ligor y en determinado momento, no me dio tempo a nada, sacó un puñal y se lo clavó a Ligor en la espalda, en la parte de los riñones, en la parte del pecho, otra vez en la parte del pecho.

-¿Qué haces? -Inmediatamente acerqué mi equino al de ella. Cuando le iba a clavar por cuarta vez el puñal en el cuello le lancé una descarga eléctrica y cayó del equino a tierra. Estaba semidesvanecida, le saqué el puñal. Ligor cayó de su equino casi inconsciente, sangrando-. ¿Por qué has hecho eso? -Su tono de voz era otro.

-Porque yo trabajo para el regente Sigmur, y haberme encontrado con Ligor es una enorme recompensa. Yo sé que él maneja dracons, sé que es un tremendo enemigo. Podréis matarme, pero el regente Sigmur me recordará como una heroína porque yo serví para la causa, para la gran causa.

-Estás loca -le dijo Núria-, estás loca. ¿Qué causa, la causa de un tirano?

-Es mi amo, lo respeto. Los débiles mueren, los poderosos vivimos.

 

Núria dijo:

-La miré. ¿Y tú te piensas que vivirás?

-No importa, pero por lo menos maté a uno de los... los llamados héroes. No va a sobrevivir con una puñalada en los riñones y dos en los pulmones. Y espero por aquel que está más allá de las estrellas haberle hincado el corazón.

 

-No la dejé hablar más -dijo Núria-, con el mismo puñal la degollé.

Lo subí como pude a Ligor, con su cuerpo de costado sobre el hoyuman y le até las manos y los pies. Subí a mi hoyuman, cogí las riendas del hoyuman de él. El cadáver de Selena lo dejamos para los buitres o los carroñeros, había hienas carroñeras.

 

Y así fue como llegamos a palacio, lo atendieron como pudieron, pero las heridas son muy graves.

 

Terminó de contar y Fondalar inmediatamente, ya repuesto del veneno arare subió con su mochila, él todavía tenía extracto de polvo de las plantas sanadoras. Sacó las vendas, le echó en las tres heridas, en la parte baja de la espalda donde estaban los riñones y en la parte alta donde estaban los pulmones.

-Respira débil. -Le tomó el pulso y el corazón latía muy débil. Fondalar dijo-: Pero no parece que le haya tocado el corazón, si no no estaría respirando.

 

Me atreví a subir, nunca había subido a esos aposentos. Y le pregunté a Fondalar:

-¿Lo curarás con esto?

-El problema no es las heridas, el problema son las heridas de los órganos internos. Le prepararé un caldo con este polvo que no es mágico, simplemente es de unas plantas sanadoras.

Aranet estaba a nuestro lado, pálido.

-No lo puedo creer, ha pasado por cien batallas y una esclava aparentemente inocente, inofensiva alcanza a darle tres puñaladas. -Me encogí de hombros, con impotencia, diciéndole a Aranet:

-Nos podía haber pasado a cualquiera. Mira a Fondalar, de repente un dardo en los bosques, con arare, estuvo a punto de matarlo. Fondalar, tú que sabes tanto...

-No, no sé nada, soy solamente un mento, pero no tengo poderes curativos. Puedo intencionarle ese amor de aquel que está más allá de las estrellas, esa energía de Luz de aquel que está más allá de las estrellas, pero más de eso no puedo hacer.

Aranet dijo:

-Y eso es mucho.

 

Entró otra vez Núria.

-Dame por favor, Fondalar, un poco de polvo, prepararé un caldo o algo que tome como pueda, porque apenas puede respirar.

Émeris dijo:

-Te acompaño, nos encargaremos las dos. -Ligor quedó al cuidado de Émeris, quedó al cuidado de Núria.

 

Aranet se abrazó con Mina, Mina se encontró con Figaret y le dijo:

-Nunca me voy a olvidar que me has salvado la vida.

 

Figaret se quedó conversando con el rey Anán, contando sus ocurrencias. Pero yo me sentía muy triste, no es que lo conocía tanto a Ligor pero sí había escuchado de sus aventuras.

Quería convencerme y le volví a preguntar por enésima vez a Fondalar:

-¿Podrá salir de esta? -y me respondió por enésima vez:

-No lo sé. Con mis manos le puse energía de aquel que está más allá de las estrellas, pero depende de él, no de mí. Y depende de nosotros. El polvo le puede cicatrizar las heridas externas pero si tiene órganos comprometidos puede colapsar. -Fondalar estaba molesto y tenía autoridad. Subió otra vez a la habitación de Ligor, yo me quedé un poquito atrás.

Y escuché que le dijo a Núria:

-¿Era necesario?

Núria le respondió:

-¿Acaso soy adivina de lo que iba a pasar? ¿Acaso soy adivina que un regente llamado Sigmur, en este momento tiene tres reinos y lo peor es que quiere venir a invadir este reino? Hay que hablar ya con Anán.

-Me encargaré yo -dije.

 

Bajamos con Aranet, hablamos con el rey.

-Si son tres reinos está bien, tenemos los soldados.

Aranet dijo:

-Y tengo los bárbaros. Pero son tres reinos.

Figaret dijo:

-Puedo hacer una cosa, puedo ir con Edmundo y buscar a Elefa, que venga con sus elfos. Te aseguro que ahí sí emparejaremos la cosa.

Anán dijo:

-Primero comed bien, llevad bastante agua y provisiones y caballos de repuesto.

-No -dijo Figaret-, no. Es perder tiempo. Tampoco iremos al galope todo el camino, pero llegaremos a tiempo.

 

Me quedé pensando. Un regente tirano quizá tan o más peligroso que Andahazi con tres reinos y fanatizaba a la gente como esa Selena que dio la vida con tal de matar a Ligor.

Me puse en lugar de Núria, no le tembló el pulso cuando la degolló. ¿Sentiría todavía algo por Ligor? Era un tema que a mí no me... a mí no me tenía que interesar, era un tema privado de ellos.

 

Hablé con Figaret y con Edmundo:

-Ustedes vinieron de una guerra.

-No -dijo Edmundo-, no fue guerra, evitamos una guerra, y gracias a Ezeven se evitó otra guerra. Y eso es lo importante, evitamos dos guerras. Esta es imposible. Comeremos rápido con Figaret y nos marcharemos.

Anán le preguntó:

-¿Por qué no cambias de vestimenta?

-Porque me encanta, querido rey, esta vestimenta. Me encanta, me hace distinto a los demás, no quiero ser igual a otros.

-Tengo que agradecerte porque has salvado muchas vidas. -Figaret se encogió de hombros.

-Soy lo que soy. Soy el tramposo que juega a las cartas, pero que nunca hago trampas, gano porque soy bueno. Soy el que se cuela por los balcones y soy el que no me tiembla el pulso para ir en batalla.

El rey lo miró y le dijo:

-¿Con ese espadín?

-Este espadín ha vencido a espadas más grandes.

 

Por la tarde se marcharon. Les dije:

-No les deseo suerte, simplemente que tengan precaución, que me parece que es más importante que la suerte. -Edmundo se dio vuelta.

-Mira, lo que he aprendido en este tiempo no lo he aprendido en todo el resto de mi vida.

Lo miré y le dije:

-Y eres joven. No tienes ni idea lo que te falta por aprender. Y si no, pregúntale a Rebel, que se creía la mejor espada.

Se marcharon en busca de Elefa

 

Comí en silencio con Dexel pensando en lo qué pasaría si moría Ligor. Aranet, que era siempre de bromear estaba comiendo con ese enorme perro, ese enorme guilmo echado a sus pies. Y como si presintiera la tristeza de todos no levantaba la cabeza, sacaba pedazos de carne de su plato y el guilmo le comía de la mano. Aranet le acariciaba la cabeza, era la única vez que le vi una pequeña sonrisa. Pero estaba triste.

Todos estábamos tristes, casi perdemos a Fondalar y ahora estábamos a punto de perder a Ligor, y encima una batalla que podía venir en cualquier momento. Sólo esperábamos que primero llegara la elfa Elefa, con sus elfos.

 

En tan poco tiempo ocurrieron tantas cosas...

Es cierto lo que dijo Edmundo, se ha evitado una batalla con los lomantes, gente tan buena, una etnia tan respetable. Se ha evitado una batalla contra el rey Bryce, que estaba dominado por un psicópata...

Y estábamos extenuados, pero ¿qué íbamos a descansar?, estábamos todos atentos a ver qué pasaba con Ligor.

 

No puedo evitar que me duela el pecho, es demasiado fuerte todo esto. Es demasiado fuerte lo que contó Núria. No puedo evitar que me duela el pecho.