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Psicoauditación - Valentina G.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión 29/09/2020

Sesión 08/10/2020


Sesión 29/09/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina G.

En Umbro era joven y noble. Soldados del rey arrasaron su hacienda y mataron a sus padres. Se escondió y salvó la vida. Acompañada de un anciano marchó, y después encontró gente amiga que podría hacer justicia. Pero ella no quería violencia.

 

 

Sesión en MP3 (2.930 KB)

 

Entidad: Es una fortuna estar comunicada con vosotros. Mi nombre es Crearel,  en el plano de Luz 5 subnivel 1, un plano donde no se sufre por uno, se sufre por los demás.

 

En vuestro mundo las religiones que tenéis os muestran un paraíso como premio a la buena conducta, un paraíso donde disfrutáis, donde gozáis de todo.

Y nada más equivocado, porque justamente cuando estás en la verdadera Luz, si bien eres feliz por todo lo que has logrado y por todo lo que puedes seguir logrando, no puedes tener una alegría plena viendo como en el plano físico de este o de otros mundos se sufre. Hay desentendidos, hay violencia, y eso es algo que te lastima en tu núcleo conceptual. Y cuando encarnamos, lamentablemente si bien estamos mentalmente preparadas para poder tender una mano a los demás, hay muchos factores que inciden a favor o en contra de que lo logres.  Lo importante es procesarlo y llevarlo a cabo.

 

Recuerdo que encarné en un mundo hostil, tratando de lograr una diferencia, tratando de poder ayudar a otros. Pero claro, cuando tú encarnas hay como un velo que te borra la memoria, no tienes memoria reencarnativa.

 

Mi nombre era Camila, era hija de nobles. Habían derrocado a un rey, que parecía bueno, y luego hubo una rebelión y repusieron al rey anterior, al bueno, que se llamaba Bryce. Pero por alguna razón mental ese rey cambió y empezó a extender su territorio, los mismos nobles que lo apoyaban perdieron parte de sus tierras. Y yo, siendo ya una adolescente de dieciséis años, vi como los soldados arrasaban las tierras de mis padres, que eran aliados del rey.

 

Me escondí en la caballeriza, bajo una parva de heno, tuve la fortuna de que no la incendiaron porque hubiera muerto incinerada.

Cuando escuché que ya no había más griterío salí del escondite y... y mis padres yacían ahí, sin vida.

Me sobresalté que escuché movimiento detrás mío y era el anciano que ayudaba en la finca como podía, le decíamos el anciano sin nombre porque era tan grande que ni se acordaba cómo se llamaba. Mis padres le dieron un lugar donde vivir, tenía casa y comida, y él quería ayudar pero su cuerpo no le daba.

Me dijo:

-Camila, hay un escondite donde... donde tú tienes unos metales.

-¿Cómo sabes?

-Soy viejo pero observo todo.

Lo miré al anciano y le dije:

-Sí, los ahorraba por si algún día venían malhechores a saquear nuestra finca.

-Vayamos al pueblo cercano.

-¿Para qué?

-Hay cuatro o cinco casas. ¿Qué vamos hacer nosotros aquí? -Quemaron todo, se llevaron los animales que teníamos. Por suerte el granero y la caballeriza la dejaron. Ni siquiera un hoyuman había para poder montar.

 

Fuimos caminando despacio hasta el poblado, que más era una posta, y cada mediodía pasaba una carreta ligera.

El anciano me corrigió y me dijo:

-No, se llaman diligencias, porque van rápidamente de un poblado para el otro, con dos monedas cobreadas pagas el viaje. Pero alejémonos de las tierras del rey Bryce, si se enteran de que una noble quedó viva te buscarán.

 

En ese momento sentía dolor, desamparo, me aferraba afectivamente al anciano. Siempre lo había tratado bien porque era como alguien más de la familia, por lo menos así lo sentía yo. Pero me pasaba algo raro, no lloraba, como que todavía no había procesado mentalmente la pérdida.

 

Subimos con el anciano a la diligencia, era un carromato y en él también subieron dos mujeres. Prácticamente llegamos a otro poblado bastante más grande, al atardecer. Y bajamos.

El anciano dice:

-Te recomiendo que comamos algo.

 

Llegamos a una posada y nos sentamos con el anciano a una mesa y pedimos algo de comer. Y cuál... cuál es mi sorpresa cuando veo a... a mi prima... a mi prima Diana. Ella me vio, estaba con otras personas, y se paró con gesto de asombro y me abrazó.

-Camila, mi amor, ¿qué haces? -Le presenté al anciano-. ¿Tú la has cuidado? Quedas bajo nuestra protección -le dijo al anciano.

El anciano sin nombre le dijo a mi prima:

-¿Y tú quién eres?

-La prima mayor... ¿Qué pasó? -Le conté, le conté todo.

Y mi prima se puso a llorar.

-Si te cuento me vas a odiar.

-¿Por qué? -pregunté.

-Yo fui una de las que formé parte de la rebelión para reponer al desterrado rey Bryce y luego me alejé porque vi que estaba actuando mal. Pero no pensé que llegaría a tanto, no pensé que mandaría soldados para asesinar a mis tíos. Y tú te has arriesgado al esconderte en la caballeriza al lado del granero, podían haber encendido antorchas e incendiado toda esa parte y...

 

Nos abrazamos. Nos invitaron a la mesa, me presentó a todos. Miré a una joven que tenía orejas largas, como puntiagudas.

Ella se paró sonriendo, muy empática. Me besó en la mejilla.

-¿Nunca has visto a una elfa?

-No, negué.

-Me llamo Elefa.

 

Un joven simpático se presentó como Rebel, una joven que tenía aspecto mitad de guerrera mitad de amazona se presentó como Kena, y un hombre con una niña, Sturgion, y la niña Reda.

Me enteré de que Sturgion había salvado a la niña Reda de un incendio y después de que un canino llamado guilmo la atacara.

Luego me separé del grupo, con Diana. El anciano sin nombre se quedó con el resto del grupo comiendo y conversando.

Le digo:

-Aún soy una niña, aún soy una niña, tengo dieciséis años, ¿qué puedo hacer?

Mi prima Diana me dijo:

-A mí se me cruzaron mil cosas en la cabeza, hacer otra rebelión y derrocar a Bryce. Pero que ilógico todo esto, nosotros ayudamos a reponerlo. ¡Aaah! ¡Qué duro es todo esto, que injusto que es el mundo!

La miré a mi prima, y:

-¿Y tus padres y mis tíos?

-Están bien, están bien. Están en otra zona que está un poco más lejos de donde vivían tus padres. No creo que el rey se meta con ellos, pero de todas maneras voy a cambiar mis planes y iré a verlos para advertirles. -Los demás nos miraban intrigados porque el anciano les contó parte de la historia.

 

-Y hablé con todos, me dijo Diana.

-¿Qué es lo que has hablado? -le pregunté.

-Primita querida, Camila, hablé con todos; hablé con Elefa, con Rebel, con Kena, con Sturgion, les conté que yo fui la que ayudé a reponer este rey, que resulta ser un... un asesino. Y quieren ayudarnos.

-Diana -exclamé-, yo sé que tú quizá te sientas mal por haber participado en sacar a un tirano y poner a otro que parecía bueno pero...

-Es que lo era, Camilita, lo era. Pero evidentemente algo se rompió en su mente y enloqueció y le invadió el apetito de poder, y ve traidores por todos lados.

-Con todo respeto, prima -le dije-, ¿pero cuántos hay en la mesa?, uno, dos, tres, cuatro, contigo cinco. Ha crecido el ejército del rey Bryce, y casi toda la resistencia, por ambición, porque el rey les paga bien, se han unido. La resistencia se vende al mejor postor. -Me sentí tan mal...

 

Le dije a Diana:

-¿Qué se puede hacer? Tenía un amigo en la resistencia que cuando le comenté lo que hacía el rey Bryce se puso en contra mía.

-¿Tú piensas, Camilita, que es por lealtad? No, la única lealtad es al dinero, a la paga, a estar bien, a tener comodidades. El rey estará mal de la cabeza pero no perdió su inteligencia, sabe que la mayoría de los rebeldes son incultos; entonces consigue jóvenes de otros poblados, los soldados mismos saquean aldeas al igual que hacen los bárbaros del norte y se llevan a las mujeres para satisfacción de los hombres de la resistencia, para tenerlos contentos. -No podía creer lo que me contaba Diana-. Camilita, eres una niña todavía, hay cosas que no debería contarte...

-No, no; no quiero ignorar lo que pasa.

 

Y me sentía mal, primero porque aún no había llorado la pérdida de mis padres, y encima mi pecho me dolía tanto tanto... porque tenía sentimientos..., no sentimientos, emociones de venganza. Diana me abrazaba.

Por fin, abrazada a mi prima pude romper el llanto, que lo necesitaba tanto para desahogarme.

-Cálmate, cálmate, Camilita. Cálmate, Camilita, no estás sola, no está sola. -Me miró-. ¿Qué pasó con... discúlpame la pregunta...

Le dije:

-Sé lo que me vas a preguntar. Antes de ir a una posta, que está a poca distancia de aquí, antes de tomar la diligencia el anciano sin nombre me ayudó a enterrarlos. -Seguía abrazada a Diana. En la mesa nos miraban.

 

Se acercó la elfa. Me dijo:

-Camila, yo tengo muchos contactos.

-O sea, tienes una tribu.

-No era una tribu, es un poblado, y si bien no soy amiga de los de mi región, pero sí tengo muchos contactos entre los guerreros elfos. Si hay un rey que perdió la razón, hay que sacarlo. -La miré a Diana, la miré a la elfa Elefa.

-Detesto la violencia.

Elefa me dijo:

-¿Y qué opinas de la justicia?

-Amo la justicia.

-Entonces haz un ejercicio mental. -Diana nos miraba a ambas.

-A ver, cuéntame.

-Haz de cuenta que tienes una balanza con dos platillos: en un platillo está esa violencia que tanto odias, en el otro platillo está el sentido de justicia. ¿Cuál pesa más en tu mente?

La miré a mi amada prima Diana y luego a la elfa, y asintiendo con la cabeza dije:

-Para mí pesa más el platillo que tiene el sentido de justicia. Y que aquel que está más allá de las estrellas me disculpe, pero elijo la justicia.

 

Gracias por escucharme. Con vosotros, Crearel plano 5, plano de Luz, subnivel 1.

 


 

Sesión del 08/10/2020

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Valentina G.

Coincidieron guerreros amigos que planeaban una batalla contra el rey tirano. Se presentaron y ella los conoció a todos. Sintió una simpatía especial por un joven, era el príncipe.

Sesión en MP3 (3.970 KB)

 

Entidad: Gracias, porque pude encontrar a Diana.

Mi prima me contenía, igual no paraba de sollozar, por momentos estaba bien, por momentos me acordaba que el rey Bryce había matado a mis padres.

Diana me decía:

-No podemos devolverles la vida, mi amor, pero vamos a hacer justicia.

-Sí. -Yo apretaba los puños-. Sí, nos vamos a vengar.

-No, Camila, vamos a hacer justicia, que es distinto. No nos dejemos llevar por nuestras emociones.

 

Me sentí con más ánimos cuando a los pocos días regresó esa joven de orejas puntiagudas, Elefa, y traía por lo menos como doscientos elfos.

Se acercó Diana y le dijo:

-Vaya, tú habías dicho que estabas alejada de tus congéneres.

-Sí -respondió Elefa-, pero tengo muchos que están a favor mío. Saben que soy solamente mitad elfa, pero conocen mis habilidades con la espada.

Le dije a Diana:

-¿Elefa es una buena jefa?

La elfa me miró y me dijo:

-No, Camila, soy una buena líder, predico con el ejemplo. No les ordeno, me imitan. No los trato como subordinados, les doy el aliciente que necesitan.

-¿Y qué planes haremos?

Diana me miró y me dijo:

-Ten paciencia.

-Rebel dijo que tenía unos amigos y se marchó incluso antes que Elefa, no sé si vendrá, quizá se perdió por el camino. Habéis visto que era un poco bromista y quizá no se tomó en serio esto del rey Bryce.

Diana me dijo:

-No, mi amor, conozco a la gente, él cumplirá con su palabra. -Ese día conversamos, planificamos. A la mañana siguiente, a lo lejos se ve una fila de guerreros. Primero me asusté-. Quédate tranquila -me dijo Diana-, no son soldados. -Adelante venía Rebel, pegué un grito de alegría.

-Tenías razón, prima. -Pero miramos, la mayoría eran bárbaros. Al lado de Rebel había un hombre distinto, vestía todo de marrón, no portaba armas y tenía una mirada intensa pero carismática.

 

Los bárbaros desmontaron, un guerrero alto, rubio les dio indicaciones, y se fueron a la posada principal. El guerrero rubio se presentó como Aranet. Presentó a Aksel y a Dexel, dos guerreros del norte. Con ellos Rebel, y el hombre de mirada indescifrable, era Fondalar.

Primero hablamos. Aranet dijo:

-Dexel es mi segundo, los bárbaros están conmigo. Soy amigo del rey Anán, pero no quería dejar a los soldados venir conmigo para no dejar el castillo desguarnecido. Traje a los bárbaros, que son excelentes luchadores.

 

Mi prima se acercó al hombre. Me tomó de la mano para que vaya con ella.

-¿Y tú?

-Mi nombre es Fondalar, soy un mento. -Lo miré con los ojos superabiertos.

-¿Cómo un mento?

-Aquel que está más allá de las estrellas me dio un don, el don de poder hacer cosas con mi mente.

-¿Cosas buenas? -El hombre me miró, acariciándome la cabeza, y me dijo:

-Depende, niña, depende de quien tenga ese don. Yo puedo tener un puñal y con ese puñal extraer una punta de flecha que quedó dentro de la herida o puedo degollar a una persona. Depende de quien tenga ese arma. Con el don es lo mismo. Hace poco combatimos contra un mento que tenía problemas de autoestima y dominaba a la gente para someterla. Finalmente fue vencido. Se llamaba Zizer.

Me adelanté a mi prima y le hablé:

-¿Y tú nos vas a ayudar? ¿Cómo?

-Mi don mental será muy útil.

Se acercó Elefa, habló con Fondalar:

-Eres muy conocido en el mundo de los elfos.

Fondalar le respondió:

-He ayudado a muchos y me han gratificado con su amistad.

 

Se acercó Rebel, Elefa lo miró.

-Vaya, te veo agotado, tienes moretones... ¿Qué ha pasado?

-Te contaré después.

 

Se acercó Aranet, el guerrero rubio, y se abrazó con Elefa.

-¿Os conocéis?

-Sí -dijo la elfa-. Aranet es un buen hombre, un buen esposo, casi pierde a su mujer, y estaba tan reactivo que casi pierde la vida.

Mi prima preguntó:

-¿Cómo?

-Él conoció a una guerrera del norte y esa guerrera del norte tenía problemas de identidad, y si bien no le interesaba Aranet -explicó la elfa-, sólo por el hecho de verlo con su esposa, la cual se llama Mina, atacó a la fortaleza para acabar con todos y matar a su esposa. No lo consiguió pero estuvo a punto de morir la dama. Aranet, que es un guerrero frío, pensante, dejó su análisis de lado y fue poseído por la mente reactiva desafiando a la guerrera que había lastimado a su esposa, una de las mejores guerreras del norte, invencible hasta ese momento.

Mi prima dijo:

-¿Y Aranet la mató?

-No, ella lo atravesó con su espada. Aranet estuvo al borde de la muerte.

-¿Y sigue viva esa guerrera?

-No, yo fui quien le quitó la vida -confesó Elefa-. No me gusta quitar vidas pero fue en pos de un bien mayor. Bueno. Y y aquí tienes a Aranet con cicatrices en la piel, y en su interior.

Aranet sonrió y dijo:

-La vida nos enseña a los que quieren aprender. Conozco muchos que repiten y repiten las enseñanzas porque no las asimilan, quizás enceguecidos por su vanidad. En mi caso estuve tres veces a punto de morir -confesó el guerrero rubio-, y aquí estoy, en esta cruzada. ¿Cuántos elfos te han acompañado? -le preguntó a Elefa.

-Doscientos.

-Bien. Yo traje cuatrocientos bárbaros, somos seiscientos hombres, seguramente serán cinco veces más los que estén en el castillo del rey Bryce. Pero vamos a idear una estrategia.

Mi prima dijo:

-Lo veo difícil. Yo, lamentablemente, creía en Bryce, y con unos rebeldes lo ayudamos a recuperar el trono; sitiamos el castillo porque tenía la feria feudal afuera y se quedaron sin alimentos. Lo que hizo Bryce fue construir una muralla pasando la feria feudal agrandando la fortaleza, por más que los sitiemos tienen comida para cientos y cientos de amaneceres. Así que no encuentro la manera.

Aranet le dijo a Diana:

-Tenemos a Fondalar y sus dones, quizá ni siquiera haya que matar a nadie. No está de más que estén los doscientos elfos y los cuatrocientos bárbaros, pero trataremos de que corra la menor cantidad de sangre posible. -Mi prima se abrazó con Aranet y le dijo:

-Eres un buen ser humano. -El gigante rubio se encogió de hombros.

-Yo trato de hacer las cosas lo mejor que puedo. De la misma manera te aseguro que me he equivocado muchísimas veces.

-Como todos -dijo mi prima.

 

Yo estaba impaciente, hablé con Rebel.

-De verdad que me has sorprendido gratamente, de verdad no tenía confianza de que vinieras. -Rebel sonrió.

-No dudes, pequeña, di mi palabra de que iba a volver. No fue fácil convencerlos. Hace muy poco tiempo tuvimos una enorme batalla, distintos reinos se unieron a favor de un tirano llamado Andahazi y costó muchísimo. Un amigo nuestro, Ligor, vino con dracons. -Abrí los ojos, sorprendida.

-¿Existen los dracons?

-Existen. En la zona montañosa cerca del océano, en la parte oeste casi lindando con el norte.

-¿Y es cierto que lanzan fuego?

-No, esas son leyendas. Respiran y lanzan por la nariz o por la boca un vapor muy caliente. Pueden intencionar de calentarlo aún más y pueden abrasar a una persona, quemarla. Pero no son tan feroces como cuenta la leyenda; puedes montarlos, puedes acariciarlos. Ellos tienen un excelente olfato y olfatean tu propia traspiración.

-No entiendo.

-En tu traspiración, pequeña, pueden oler tu intención.

-¿Mi miedo?

-No. Hay otros animales depredadores que sí pueden oler, olfatear tu miedo y te persiguen como una presa, como si fueras tú una presa. Ellos no olfatean el miedo, ellos olfatean la intención a través de tu sudoración. -Las cosas que aprendí con guerreros que a simple vista parecen incultos, brutos.

Aranet me adivinó el pensamiento y me dijo:

-Así como me ves, el rey Anán que está bastante bastante al sur me dio un título de nobleza, pero sigo siendo yo, sigo comiendo con las manos porque me resulta más cómodo, sigo usando ropa de guerrero porque es más práctica para la batalla.

 

Me aparté de la conversación y fui donde Elefa, estaba conversando con Rebel. Y había un joven mejor vestido.

-¿Y tú quién eres?

Me miró y me dijo:

-Me llaman Gualterio. ¿Y tú?

-Camila. El rey Bryce mató a mis padres, o sea, que no me queda nada de nobleza.

Gualterio me dijo:

-La nobleza está en tu interior. Yo soy el hijo del rey Anán. -Me sorprendió.

-¿Eres príncipe y vienes a la batalla? -Se encogió de hombros.

-Te dije recién que la nobleza está en tu interior, lo demás es un accidente. Si conocieras la historia de mi padre..., prácticamente se crió en una isla apartada del continente; comía sobras, se crió en la pobreza. De grande descubrió que era hijo de reyes, cuando mis abuelos murieron él heredó el reinado.

-Debes estar contento con tus padres.

El príncipe Gualterio me dijo:

-No Camila, mi madre...

-¿Qué pasó?

-Mi madre tuvo problemas en su mente y empezó a alejarse de padre, a reprocharle por todo; porque si hacía frío porque no había leños en la estufa, porque si hacía calor porque no quería salir a galopar. Pero te lo cuento con muy pocos detalles para no recordar eso. Y terminaron separándose. Mi padre conoció a una joven, una dama que lo amaba de verdad. Pero jamás traicionó a mi madre, ya estaban separados. ¿Y qué hizo mi madre? Puso hongos venenosos en la comida, que le afectó a mi padre y a mí. A mí me hizo perder la memoria. Y luego la atacó a la que era pareja de mi padre, hiriéndola casi de muerte estando ella embarazada. Por suerte pudo salvarse ella y el bebé, que ya nació. -Me sentía anonadada de lo que me contaba el príncipe Gualterio.

-Y qué pasó con tu madre, ¿la ajusticiaron, la colgaron?

-No, ella misma se suicidó.

-Lo habrás sentido mucho.

-Mi pequeña Camila... No. No sentí la muerte de mi madre, lo que sentí fue el extrañar a esa madre que era cuando yo era chico. Siempre fue demandante pero por lo menos lo atendía a padre, lo amaba. Se ve que hay personas en las que algo se les rompe en su mente y cambian para mal. Entonces mi pena no fue porque mi madre se haya suicidado sino porque extrañé a esa madre del pasado, la que era y que dejó de ser. Pero el rey hoy es feliz, su esposa se llama Marya, es noble de adentro, leal, empática, amorosa.

-¿Y tú no has encontrado tu princesa? Disculpa -dije después-, disculpa mi atrevimiento.

-No, Camila, está bien. Sí, conocí a una joven en la época que había perdido la memoria por los hongos venenosos. Cuando ella se entero que era rey, que era hijos de rey, mejor dicho, y heredero al reinado, es como que no terminó de aceptarlo. Le dije que teníamos un segundo castillo, que podía venir con su familia y se negó, dijo que no se iba a adaptar a la vida de nobleza.

-¿Y es tan así?

-Tú lo debes saber igual que yo, eras hija de noble. Pero bueno; a mi me gusta galopar por el campo, me gusta cazar, pero no cazar para matar por matar sino llevar alimento a la cocina de palacio. Me gusta practicar con la espada. Soy una persona sencilla que me adapto; de la misma manera que me baño en una tina con agua tibia también puedo bañarme en un río. Por eso digo, los títulos son relativos.

-Me gustas -le dije. Gualterio se sintió desconcertado-. Perdón, no me malinterpretes, me gustas como persona. -Y luego lo abracé y le di un beso en la mejilla-. Y también me gustas como joven que eres.

-¿Qué edad tienes?

-Ya diecisiete.

-Eres una niña todavía... -Me molestó me que dijera eso.

-He pasado por muchas cosas, soy más adulta que muchos.

-No te enojes -me dijo el príncipe.

-No, pero no me digas niña. Una cosa es que me lo diga Aranet o el señor mento Fondalar, que son grandes, pero no tú, al fin y al cabo no eres tan grande, ¿no?

-No, tienes razón. Los bárbaros fueron a la posada grande. Ven, vamos a la posada pequeña. Comamos algo y seguiremos conversando.

 

Diana se unió a nosotros junto con Aranet, Fondalar y la elfa Elefa. Atrás estaban Rebel y los dos guerreros del norte, Aksel y Dexel.

 

Gracias por escucharme.