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Psicoauditación - Víctor T.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 17/10/2020 Aerandor, Robert

Sesión 23/12/2020 Aerandor, Robert


Sesión del 17/10/2020

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Víctor T.

Eran momentos de relajamiento, de compañía, una tregua en la búsqueda de que hubiera alguna hija del rey, al que por otra parte también trataban de encontrar.

Sesión en MP3 (3.263 KB)

 

Entidad: Me sentía muy cómodo en el poblado Almera, y había encontrado más que un compañero, un amigo, como era Bruno. En Almera éramos iguales, él no era un subordinado ni yo un capitán, ya no estábamos en Esperia bajo las órdenes de Morden. Y nos sentíamos bien.

 

La última noche que habían estado Trement, Horacio y Dorian la pasamos muy bien, yo sé que Dorian no se había olvidado de Romina, la hija del noble Mosquet, y yo seguía pensando en Daria, ¿pero de qué me servía, de qué me servía? Bruno por fin había conseguido que Michelle la corteje...

 

Y bueno, yo comencé a salir con Delicia me sentía pleno, una buena chica. Y le era, ¡ah! ¿cómo explicarlo?, le era fiel. De hecho ni siquiera miraba a otras chicas de Almera porque no me interesaban. ¿Pero por qué digo fiel de hecho?, porque no lo era de pensamiento. De pensamiento me recordaba las pequeñas conversaciones con la noble Daria, la hermanastra de Dorian.

Y me sentía mal, sentía como que la estaba engañando. Y digo "¿Pero cómo puedo ser tan tonto?". Pero claro, Delicia no era una chica que no se daba cuenta de las cosas.

-Robert, a veces te veo pensativo, a veces te veo como en tu mente en otro lado -Y le dije:

-Mira, el tema es así. Creo que soy una persona afortunada por haberte conocido, porque me permitas salir contigo.

-Mírame a los ojos -me dijo. La miré-. ¿Amas a otra? -¡Ah, qué difícil!

Le dije la verdad:

-No, no; para amar tienes que conocer a la persona. A ti te estoy conociendo y te estoy comenzando a amar. Pero en el castillo Esperia había una noble, que es la hermanastra de Dorian, se llama Daria, y tenía como un afecto por ella, se estaba engendrando en mí un sentimiento.

Delicia me dijo:

-¿Pero se trataron mucho?

-No, honestamente no; por eso te digo no... no estoy diciendo que la amaba, no, había como un afecto, y a veces es como que pienso en ella y me pongo muy mal.

-¿Porque la extrañas, Robert?

-No, no, me pongo mal por ti, porque yo tengo una manera de ser que me gusta tratar a la persona como quisiera que la persona me trate a mí. Evito mentir, evito ocultar cosas y me molesta cuando lo hacen conmigo, que me mienten o que me ocultan cosas. Entonces mi malestar es por ti, porque no quiero engañarte.

La joven me miró y me dijo:

-No me estás engañando.

-Sí, el hecho de pensar... A mí no me gustaría que... Supongamos que dentro de un tiempo has salido con alguien que te ha gustado y estás conmigo y me besas y estás pensando en la otra persona.

-¿Cuándo tú me besas piensas en ella?

-No, no, honestamente no. Son momentos, son flashes, pero es como que quiero ser perfecto para ti.

-Supón que... supón que te la cruzaras y ella te diera la oportunidad, ¿me engañarías?

-No, no, jamás haría eso. Quiero que sean fieles conmigo tanto mis amistades como tú, que eres mi pareja. No, no lo haría. No, no lo haría.

-Pero supongamos que te dieras cuenta de que de verdad te gusta más que yo.

-¡Ah! Eso no va a pasar Delicia. Pero si hipotéticamente se diera ese caso lo hablaría de frente contigo y cortaría contigo. Como dicen en el campo, yo no juego a dos puntas. No saldría, supongamos, en Esperia con ella y aquí contigo, no, jamás haría una cosa así. Pero de todas maneras, en el poco tiempo que nos conocemos, me acuerdo todavía la primera noche, me acuerdo cuando... cuando Bruno se abrazó con Michelle, él me contó la historia, que estuvo tanto tiempo atrás y ella le decía: "Tú eres un soldado, ¿cómo te vas a fijar en una campesina?", y no había manera de convencerla. Pero ella tenía razón porque Bruno en ese momento le dijo: "Yo no me hubiera atrevido a hablar así con una noble". Es como que lo engañó su inconsciente porque en ese momento Michelle le dijo: "Claro, y a mí sí me hablas porque no soy noble". Pero le tengo un aprecio tremendo a Bruno, pero reconozco que se equivocó al decirle así.

-¿Y tú qué piensas de que esa chica con la que piensas a veces es noble y yo no?

-Delicia, a mí me da lo mismo, a mí me da lo mismo. ¿Qué es ser noble? Que de repente tus ancestros heredaron o un rey de hace miles y miles y miles de días les dio un título y que sus hijos, nietos, biznietos lo heredaron... ¿Y? Creo que es una tontería. Un rey, un campesino tienen las mismas apetencias. Para mí las personas no las separo porque sean, por ejemplo, como Horacio, oscuro, o como Trement, más blanco, o Morden, un rey y yo un exsoldado; yo separo a las personas por su bondad interior o su maldad interior. Hay personas crueles. Donde yo estaba había un tal Adolas que era tremendamente cruel y le servía a Morden. Morden no desconfiaba de él porque la apetencia de Adolas no era adueñarse del trono, él quería ser el mejor en lo suyo, el mejor como sacerdote. -Iba a seguir hablando y me puso sus dedos en la boca y me besó, y seguí disfrutando.

 

A veces hablaba con Corita y me preguntaba:

-Ya pasaron siete días, los habrán atrapado.

-No, no creo. -Me asombraba la agilidad que tenía Corita para montar y para disparar a un blanco desde arriba de su caballo con la flecha dando bien en la diana.

Y le preguntaba:

-Pero Michelle y tú se han criado juntas, ¿cómo ella no adquirió esa destreza?

-Ella tiene otra manera de pensar distinta, por eso la amo, porque no somos iguales. La amo porque para mí es una hermana, pero hermana de verdad...

 

Se escuchó un griterío a lo lejos, Bruno se acercó.

-Estén todos alertas, vienen unos jinetes. -Tomé el catalejo y miré.

-¡Es Trement, Horacio, Dorian! Y hay otra persona más, una mujer. -Estábamos todos expectantes.

Y se acercaron, todos a la vez, preguntando:

-¿Qué pasó, pudieron matar a Morden? -Todos preguntando a la vez.

Trement dijo:

-¡Parad, parad, parad!

Y habló Dorian:

-No. Entramos por los túneles y salimos a los sótanos del palacio Esperia, y había una joven que es la que trajimos con nosotros -La reconocí en seguida, era Josela, que trabajaba en la feria. Dorian siguió hablando-, la perseguían dos soldados. Inmediatamente acabé con ellos. Y había una cámara con infinidad de joyas y Adolas, que la había visto a Josela, y la iba a matar.

-¿Y qué pasó? -pregunté.

-Acabamos con él. -Bruno y yo nos pusimos pálidos.

-¡Mataron a Adolas!

-Sí.

-¡Vaya! ¿Y después a Morden?

-No, no, no; iban a notar la falta de los soldados, iban a bajar más soldados. No teníamos tiempo de buscar la cámara real. Entonces lo que hicimos fue cargar la mayor cantidad de joyas en las alforjas y las trajimos. Por suerte teníamos una mula, y aquí estamos. No van a descubrir los túneles porque Trement, con su tremenda fuerza, tapó desde los sótanos el túnel de entrada y luego con una piedra enorme tapó también la salida al campo. O sea, salvo nosotros es imposible que otros encuentren la entrada al túnel. Ya habrá otra oportunidad.

 

Josela estaba agotadísima. Me miró a mí y me dijo:

-Tú eres el capitán.

-No, no soy más capitán, ahora soy un exiliado, como todos vosotros. Y estoy con mi compañero Bruno, que también era soldado del rey a cargo de la vigilancia de todo el poblado de Almera. Hasta aquí no van a llegar los soldados del rey.

 

Nos quedamos tranquilos, nos quedamos ya sin la expectativa de saber qué había pasado. Lamento toda muerte pero no puedo ser hipócrita, no me alegré pero tampoco tuve pena de la muerte de Adolas. Creo que era más cruel todavía que el propio rey Morden, bastante más cruel que el propio rey Morden.

 

Me puse contento cuando Trement se acercó a Corita, Corita se le colgó del cuello y le dio un beso interminable. Me sentía contento por Trement porque conocí parte de su vida, todo lo que sufrió cuando mataron a su maestro, el que le enseñó todo.

-¿Y ahora qué?

Dorian me dijo:

-Y ahora nada, Robert. Olvidémonos de Morden, iniciemos una nueva vida aquí. Somos muchos, la mayoría de los granjeros de todas estas regiones saben quién es Morden, no podemos invadirlos porque los granjeros cercanos están comprados con un subsidio y piensan que el rey es un mecenas, una maravilla, es quien les da todo. Los ingenuos no se dan cuenta de que está comprando su lealtad. -Me encogí de hombros.

-Disfrutemos de lo que tenemos.

Me miró.

-Ya te has olvidado de mi hermanastra.

-No, Dorian, pero no me gusta ocultar las cosas. Lo hablé con Delicia y le dije la verdad, a Delicia la estoy empezando a amar genuinamente de corazón. Daria, tenía un sentimiento, pero en realidad la conocía tan poco... -Pero Dorian me dejó pensando.

-Has hablado tantas veces con mi hermanastra, yo apenas he hablado con la hija del noble Mosquet, a quien el rey me mandó matar y no lo hice, hablo de Romina, la vi un par de veces y sin embargo llena mi mente. Y es como tú dices,

 ¿cómo la voy a amar si apenas la conozco?, y sin embargo estoy como obsesionado.

Le respondí:

-La obsesión tiene que ver con apegos, no con un amor verdadero. Espero que la vida nos dé la oportunidad de conocer, de la misma manera que yo estoy conociendo a Delicia, que tú puedas conocer a Romina, así como Bruno está conociendo a Michelle y como Trement está conociendo a Corita.

 

Y pasaron los días y Trement salía a galopar con Corita. Corita se reía porque cuando volvían me decían:

-He vencido a vuestro guerrero, ha llevado arco y flechas y disparo mejor que él. -Y a veces, donde practicaban los soldados, Corita practicaba con la espada con Trement, era digno verlos. Por supuesto Trement trataba de golpear despacio, Corita era fuerte pero frágil a su vez. Y veía sus miradas, unas miradas de amor.

 

Y dejé de pensar en Daria, no tenía sentido. Y aparte no debía porque quizás era demasiado meticuloso conmigo mismo. Si estás con alguien, sólo con pensar en otra persona ya la estás engañando, con la mente. Pero no deja de ser un engaño. Así que mis pensamientos con Daria se desvanecieron y me dediqué de pleno a complacer a Delicia. ¿Qué es complacerla?: Salir con ella, reírme, disfrutar los días, disfrutar el sol, correr en la lluvia, besarnos, amarnos. Aún no hablamos de compromiso, pero como se dice vulgarmente, éramos el uno para el otro. Y me sentía bien sabiendo que mañana sería otro día.

 

Pero mañana no sería otro día más porque había novedades que traían dos personas: una conocida por Trement y otra conocida por Bruno, novedades que darían un vuelco tremendo a toda esta vivencia que estoy relatando.

 

Y ahora sí, gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión del 23/12/2020

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Víctor T.

En un pueblo había encontrado estabilidad emocional, amorosa. Pero escapando de una revuelta interna de un castillo llegó una noble por la cual había tenido sentimientos muy fuertes. Tenía que decidir, pero no quería quedarse sin nada. Tres amigos le dijeron lo que debía hacer.

Sesión en MP3 (4.043 KB)

 

Entidad: A veces parece que la vida te fuera negando todo, te cerrara puertas, te cortara caminos, te hiciera conocer a gente que no corresponde tus afectos o que directamente se sume en la indiferencia, y de repente es como que esa misma vida da giro de ciento ochenta grados, y no es que de la sequía pases a la abundancia, porque eso lo dejo para los cuentos de niños, pero es como que las cosas empiezan a darse. Y no siempre depende de la voluntad de uno, se dan.

 

Me sentía cómodo habiendo conocido una joven que era simpática, de alguna manera me correspondía. Y estaba a punto de decir que casi era feliz si no fuera por todos los problemas que había todavía con el tema del rey Morden. Pero había logrado en este pequeño poblado, Almera, como una especie de armonía, había logrado eso.

 

Por momentos me sumía en una intranquilidad porque habían salido hace bastante tiempo, incluso hablábamos en el poblado: "Qué raro que Horacio tarde tanto". Había salido con Manela, que era amiga de Delicia, y tardaban en volver.

¿Pero qué sucedió?, casi al anochecer divisamos un pequeño ejército. Nos tranquilizamos cuando vimos a Horacio y a Manela. Nos contaron todo lo que había pasado.

Manela se había encontrado con sus primos, quienes secuestran a Horacio para pedir rescate, cuando un hombre todo vestido de oscuro comandando una orden vestidos con ropaje claro, casi blanco, los rescatan. La sorpresa más grande fue que luego se cruzaron y tuvieron una tremenda batalla contra soldados de Morden, a los cuales obviamente vencieron.

 

Los recibimos, les agradecimos. Se preparó una gran comida. Me dirigí al que comandaba, se presentó como Tago, una persona indescifrable, inescrutable.

Trement dijo:

-Hay que agasajarlos. -Tago saludó a Trement y le dijo:

-Estoy enterado del problema que tienen, pero tenemos la manera de derrocar a ese rey.

 

Prácticamente esa noche la orden que acompañaba a Tago, llamada Orden Blanca, se relajaron, comieron, bebieron. Se lo merecían después de haber tenido una tremenda batalla. Horacio estuvo más de una hora relatándome todo lo que había pasado.

Le dije:

-Verdaderamente hay que agradecerle a Dios que estés vivo,

Me respondió:

-Sí, Robert, a Dios y a esta gente.

Manela se sentía mortificada.

-Eran mis primos, y su conducta era intachable hasta ese momento, pero me daba pudor de que hayan sido familiares míos los que querían secuestrar a Horacio.

El mismo Horacio le dijo:

-Tú eres responsable de ti misma, de tus actos, no de lo que hagan los demás.

 

Comieron y bebieron, dormimos todos un poco, y al amanecer vimos a un jinete que se acercaba. Dorian se puso a mi lado.

-No puedo creer lo que veo. Tienes mejor vista que yo, Robert, fíjate bien.

-Sí, es una mujer. -Cuando se fue acercando me quedé helado, era la noble Daria, la hermanastra de Dorian. -Desmontó, la recibimos.

Trement nos miró y le preguntó:

-¿Qué ha pasado?

-Hubo una revuelta en el castillo, era insostenible estar allí.

Pregunté:

-¿Pero no es que Morden tiene a su gente comprada con subsidios?

-Sí, pero parece que jugara a dos puntas.

-Explícate, por favor -pedí.

-Mandó a soldados a reprimir a las aldeas más lejanas y no ha regresado uno: los han exterminado. Y se volvió como loco. Empezó a sospechar de todo el mundo, hasta de nosotros los nobles. Yo tengo amigos entre los soldados de rango y uno de ellos me ayudó a escapar porque estaba ejecutando gente.

-O sea -exclamé-, volvía a mostrar su verdadero rostro.

-Aparentemente sí. Suspendió los subsidios, empezó otra vez a explotar ancianos en las minas. Robert, me alegro que estés aquí. -Y me abrazó. Me quedé duro, todavía tenía un sentimiento tremendo hacia Daria. Lo miré a Dorian, se encogió de hombros como diciendo "Es tu decisión".

Hablé con Daria y le dije:

-Tendrás una tienda, o un cuarto mejor, en una posada, serás bien atendida. Aquí estás segura. Esta gente que ves vestida de blanco son los soldados que acabaron con los soldados de Morden. -Me dio las gracias. Una de las jóvenes del poblado Almera la acompañó para prepararle una tina de agua tibia para que se higienice y se cambie de ropa.

 

Me tocaron el hombro, era Delicia.

-¿Quién es ésta joven que te abrazó?

-Es una larga historia.

-No tengo apuro, puedes contármela.

-Pero tienes que hacer tus tareas.

-No, no te preocupes. Cuéntame.

-Tú sabes... Tú sabes, Delicia, que yo era el jefe de la guardia, el capitán, y serví bajo las órdenes de Morden y pretendía el amor de esta joven recién llegada.

-Y ahora estás confundido.

-No, no, no, es una historia pasada.

-¡Ajá! Sin embargo por tu semblante veo que te sientes confundido. Mírame. -La miré-. Haz lo que te dicte tu corazón, conmigo no tienes ningún compromiso.

-Pero no es así -expliqué-, no es así.

-Ahora me voy a trabajar, te dejo con tus pensamientos.

-¿Estás molesta?

-No no no, simplemente deseo que aclares tus pensamientos para saber en qué lugar estoy en tu corazón.

 

La llegada de Daria en lugar de hacerme bien me hizo mal. Yo tenía que ser honesto conmigo mismo, como debe ser, porque si uno no es honesto consigo mismo no puede ser honesto con los demás. Entonces tenía que ser franco con mi propio ser y lo que yo había sentido o sentía, (¿hablo en pasado o hablo en presente?), lo que sentía o siento por Daria era algo tan elevado que no... no estaba convencido si lo sentía por la posadera Delicia. Pero Daria siempre me puso excusas, en cambio Delicia me aceptó sin titubear. ¿Entonces qué?, ¿qué hago con mi corazón? Si tengo que ser honesto conmigo mismo y no mentirme mis sentimientos por Daria eran mayores que mis sentimientos por Delicia, pero por otro lado nunca vi en Daria ese entusiasmo.

Me quedé pensando y me tomé una bebida, no en la posada, en una mesa que estaba en el costado de la calle.

Se acercó Dorian en la compañía de este misterioso personaje, Tago, y también Trement.

Trement me dijo:

-Qué pasa, ¿es algo personal?

-¡Je! Es algo personal pero no tengo problemas en contarlo. Los que me conocen saben que estuve como jefe de la guardia y escapamos con Dorian porque sabíamos que el rey nos había mandado matar, y debo agradecer a Trement el estar vivo.

-Lo mismo digo -agregó Dorian.

Trement siguió:

-Pero entiendo que el tema no va por ahí, ¿no?

-No. Esta joven noble que vino era un amor supuestamente no correspondido, hermanastra de Dorian, y sentía tanto por ella que había noches que me costaba respirar, es como que el amor me ahogaba, ese amor no correspondido. Hasta que aquí en el pueblo Almera conocí a esta bella joven, Delicia, que sí me correspondió y entendió mi manera de ser y mi forma de pensar. Y ahora que huyó de palacio Daria, otra vez se remueven mis sentimientos.

Tago no me conocía pero me miró a los ojos, con esos ojos insondables y misteriosos y me preguntó:

-¿Y qué dice tu interior?

-Quisiera saberlo yo.

-Lo sabes.

-Mis sentimientos están con la noble Daria.

-¿Ves?, lo sabías -exclamó Tago-. ¿Pero no sabes lo que piensa Daria?

-No.

Trement me miró y me dijo:

-A ver, vamos a hacer una hipótesis: Hablas con Daria, insistes en tus sentimientos, ya no estamos en el castillo, y te acepta: Dejas de lado a Delicia. -Me encogí de hombros.

-Sí, entiendo que sí.

Ahora habló Tago:

-Hagamos la hipótesis contraria: Te dice que tiene un gran afecto por ti pero que sus sentimientos no son los mismos: Entonces sigues con Delicia.

-Sí, supongo que sí.

Siguió hablando Tago:

-¿Y eso te paree justo?

-No entiendo.

-Claro. O sea, que si estás o no estás con Delicia no es por tú decisión, es por lo que decida Daria.

-Sí.

-¿Y Delicia se merece eso?

-Pero a Delicia le voy a ser franco.

-No, no -dijo Tago-, no me refiero a eso, me refiero a que Delicia sería tu consuelo si Daria no te acepta. Vamos a hacer al revés: Supón que Daria estuviera enamorada de un noble y tú le confiesas tu amor, y ella te dijera "Yo amo al noble tal y tal. Si me acepta no cuentes conmigo, si no me acepta..., y bueno, como consuelo te tendré a ti, Robert". ¿Cómo te sentirías?

-¡Je! Usado, como que viene conmigo porque no tiene otra. Y que en cualquier momento ese noble cambia de idea y ella me deja por él.

-¿Lo entiendes ahora? Eso es lo que pensaría. Y eso es lo que piensa Delicia si se entera de esta conversación. -Lo miré a Dorian.

-Y entonces qué hago.

-¡Je! Justo yo para dar consejos. No soy un experto en artes amatorias, soy un rufián que me han comprado por dinero, aunque nunca he matado gente inocente.

Lo miré a Trement.

-¿Y tú qué dices?

-¡Je! Yo, si amo a una persona, estoy seguro de a quien amo, y no juego a dos puntas. -Lo miré a Tago.

-Coméntame algo tú.

-Yo amo a una mujer incondicionalmente. En este momento está segura en un poblado con parte de la Orden Blanca. La amo con toda mi alma, y eso que sus padres fueron los responsables de la muerte de mis padres. -Me quedé pálido.

-¿Y así y todo la amas?

Tago, con esos ojos insondables me dijo:

-¿Por qué no? Los padres son una cosa, ella es otra, no tiene ninguna responsabilidad en lo que pasó con mis padres.

-No sé, pareces ser el más experto.

-No. Al igual que tus amigos yo soy experto con la espada. Solamente sé que mi corazón ama a una mujer y sólo a una mujer. No me atrevo a darte consejos.

Lo miré a Tago y le dije:

-No, está bien, consejos no, sólo te pido que te pongas en mi lugar.

-Si me pongo en tu lugar sería muy crudo. Sin esperar a que la noble Daria me diga sí o no, iría ya a hablar con Delicia y decirle: "No estoy seguro de mis sentimientos hacia ti". Te va a preguntar: "¿Te aceptó Daria?" y tú le dirás: "No, ni siquiera sé lo que piensa de mí, soy yo el que no estoy seguro de mis sentimientos". Y la dejaría, pidiéndole todas las disculpas del mundo.

-Pero Tago -argumenté-, si Daria no me acepta me quedaría sin ninguna.

-Y es lo correcto. O no entendiste lo que se planteó antes. ¿A ti te gustaría ser consuelo de una dama que otro caballero la rechazó y va contigo porque no tiene alguien más?

-No, mi ego se volvería loco.

-Olvídate de tu ego: ¿Tu dignidad lo aceptaría?

-No.

-¿Y entonces piensas que Delicia no es digna?

-No, todo lo contrario, es la persona más digna que conozco.

-Entonces no la tengas como plato de segunda mano. Sincérate y dile que no te sientes seguro de tu amor por ella. Y si Daria tampoco te acepta, tampoco es tú problema.

 

Me costaba entender el concepto, pero tanto Tago, como Dorian, como Trement estaban de acuerdo con lo que había planteado el primero.

 

A mí no me gustaría ser plato de segunda mano, ¿o ser el peor es nada de alguien?

 

Pero antes de que apareciera Daria yo me sentía seguro con Delicia.

Y se lo dije a Tago. Me miró y me dijo:

-Robert, te estás engañando a ti mismo. Yo me siento seguro por mi amor, y puede aparecer la mujer más bella del mundo que para mí va a ser indiferente. Si Daria te hizo titubear es porque nunca estuviste seguro. -Se levantó, me palmeó el hombro y me dijo-: Piénsalo. Eres un buen tipo, conozco a la gente con sólo verla, eres un buen tipo. Si lastimas a Delicia mintiéndole dejarás de ser ese buen tipo.

-No, no le mentiré. Y gracias, de verdad, por el consejo, orientación o como queráis llamarlo.

 

Gracias.