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Psicoauditación - Víctor T.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 17/10/2020 Aerandor, Robert


Sesión del 17/10/2020

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Víctor T.

Eran momentos de relajamiento, de compañía, una tregua en la búsqueda de que hubiera alguna hija del rey, al que por otra parte también trataban de encontrar.

Sesión en MP3 (3.263 KB)

 

Entidad: Me sentía muy cómodo en el poblado Almera, y había encontrado más que un compañero, un amigo, como era Bruno. En Almera éramos iguales, él no era un subordinado ni yo un capitán, ya no estábamos en Esperia bajo las órdenes de Morden. Y nos sentíamos bien.

 

La última noche que habían estado Trement, Horacio y Dorian la pasamos muy bien, yo sé que Dorian no se había olvidado de Romina, la hija del noble Mosquet, y yo seguía pensando en Daria, ¿pero de qué me servía, de qué me servía? Bruno por fin había conseguido que Michelle la corteje...

 

Y bueno, yo comencé a salir con Delicia me sentía pleno, una buena chica. Y le era, ¡ah! ¿cómo explicarlo?, le era fiel. De hecho ni siquiera miraba a otras chicas de Almera porque no me interesaban. ¿Pero por qué digo fiel de hecho?, porque no lo era de pensamiento. De pensamiento me recordaba las pequeñas conversaciones con la noble Daria, la hermanastra de Dorian.

Y me sentía mal, sentía como que la estaba engañando. Y digo "¿Pero cómo puedo ser tan tonto?". Pero claro, Delicia no era una chica que no se daba cuenta de las cosas.

-Robert, a veces te veo pensativo, a veces te veo como en tu mente en otro lado -Y le dije:

-Mira, el tema es así. Creo que soy una persona afortunada por haberte conocido, porque me permitas salir contigo.

-Mírame a los ojos -me dijo. La miré-. ¿Amas a otra? -¡Ah, qué difícil!

Le dije la verdad:

-No, no; para amar tienes que conocer a la persona. A ti te estoy conociendo y te estoy comenzando a amar. Pero en el castillo Esperia había una noble, que es la hermanastra de Dorian, se llama Daria, y tenía como un afecto por ella, se estaba engendrando en mí un sentimiento.

Delicia me dijo:

-¿Pero se trataron mucho?

-No, honestamente no; por eso te digo no... no estoy diciendo que la amaba, no, había como un afecto, y a veces es como que pienso en ella y me pongo muy mal.

-¿Porque la extrañas, Robert?

-No, no, me pongo mal por ti, porque yo tengo una manera de ser que me gusta tratar a la persona como quisiera que la persona me trate a mí. Evito mentir, evito ocultar cosas y me molesta cuando lo hacen conmigo, que me mienten o que me ocultan cosas. Entonces mi malestar es por ti, porque no quiero engañarte.

La joven me miró y me dijo:

-No me estás engañando.

-Sí, el hecho de pensar... A mí no me gustaría que... Supongamos que dentro de un tiempo has salido con alguien que te ha gustado y estás conmigo y me besas y estás pensando en la otra persona.

-¿Cuándo tú me besas piensas en ella?

-No, no, honestamente no. Son momentos, son flashes, pero es como que quiero ser perfecto para ti.

-Supón que... supón que te la cruzaras y ella te diera la oportunidad, ¿me engañarías?

-No, no, jamás haría eso. Quiero que sean fieles conmigo tanto mis amistades como tú, que eres mi pareja. No, no lo haría. No, no lo haría.

-Pero supongamos que te dieras cuenta de que de verdad te gusta más que yo.

-¡Ah! Eso no va a pasar Delicia. Pero si hipotéticamente se diera ese caso lo hablaría de frente contigo y cortaría contigo. Como dicen en el campo, yo no juego a dos puntas. No saldría, supongamos, en Esperia con ella y aquí contigo, no, jamás haría una cosa así. Pero de todas maneras, en el poco tiempo que nos conocemos, me acuerdo todavía la primera noche, me acuerdo cuando... cuando Bruno se abrazó con Michelle, él me contó la historia, que estuvo tanto tiempo atrás y ella le decía: "Tú eres un soldado, ¿cómo te vas a fijar en una campesina?", y no había manera de convencerla. Pero ella tenía razón porque Bruno en ese momento le dijo: "Yo no me hubiera atrevido a hablar así con una noble". Es como que lo engañó su inconsciente porque en ese momento Michelle le dijo: "Claro, y a mí sí me hablas porque no soy noble". Pero le tengo un aprecio tremendo a Bruno, pero reconozco que se equivocó al decirle así.

-¿Y tú qué piensas de que esa chica con la que piensas a veces es noble y yo no?

-Delicia, a mí me da lo mismo, a mí me da lo mismo. ¿Qué es ser noble? Que de repente tus ancestros heredaron o un rey de hace miles y miles y miles de días les dio un título y que sus hijos, nietos, biznietos lo heredaron... ¿Y? Creo que es una tontería. Un rey, un campesino tienen las mismas apetencias. Para mí las personas no las separo porque sean, por ejemplo, como Horacio, oscuro, o como Trement, más blanco, o Morden, un rey y yo un exsoldado; yo separo a las personas por su bondad interior o su maldad interior. Hay personas crueles. Donde yo estaba había un tal Adolas que era tremendamente cruel y le servía a Morden. Morden no desconfiaba de él porque la apetencia de Adolas no era adueñarse del trono, él quería ser el mejor en lo suyo, el mejor como sacerdote. -Iba a seguir hablando y me puso sus dedos en la boca y me besó, y seguí disfrutando.

 

A veces hablaba con Corita y me preguntaba:

-Ya pasaron siete días, los habrán atrapado.

-No, no creo. -Me asombraba la agilidad que tenía Corita para montar y para disparar a un blanco desde arriba de su caballo con la flecha dando bien en la diana.

Y le preguntaba:

-Pero Michelle y tú se han criado juntas, ¿cómo ella no adquirió esa destreza?

-Ella tiene otra manera de pensar distinta, por eso la amo, porque no somos iguales. La amo porque para mí es una hermana, pero hermana de verdad...

 

Se escuchó un griterío a lo lejos, Bruno se acercó.

-Estén todos alertas, vienen unos jinetes. -Tomé el catalejo y miré.

-¡Es Trement, Horacio, Dorian! Y hay otra persona más, una mujer. -Estábamos todos expectantes.

Y se acercaron, todos a la vez, preguntando:

-¿Qué pasó, pudieron matar a Morden? -Todos preguntando a la vez.

Trement dijo:

-¡Parad, parad, parad!

Y habló Dorian:

-No. Entramos por los túneles y salimos a los sótanos del palacio Esperia, y había una joven que es la que trajimos con nosotros -La reconocí en seguida, era Josela, que trabajaba en la feria. Dorian siguió hablando-, la perseguían dos soldados. Inmediatamente acabé con ellos. Y había una cámara con infinidad de joyas y Adolas, que la había visto a Josela, y la iba a matar.

-¿Y qué pasó? -pregunté.

-Acabamos con él. -Bruno y yo nos pusimos pálidos.

-¡Mataron a Adolas!

-Sí.

-¡Vaya! ¿Y después a Morden?

-No, no, no; iban a notar la falta de los soldados, iban a bajar más soldados. No teníamos tiempo de buscar la cámara real. Entonces lo que hicimos fue cargar la mayor cantidad de joyas en las alforjas y las trajimos. Por suerte teníamos una mula, y aquí estamos. No van a descubrir los túneles porque Trement, con su tremenda fuerza, tapó desde los sótanos el túnel de entrada y luego con una piedra enorme tapó también la salida al campo. O sea, salvo nosotros es imposible que otros encuentren la entrada al túnel. Ya habrá otra oportunidad.

 

Josela estaba agotadísima. Me miró a mí y me dijo:

-Tú eres el capitán.

-No, no soy más capitán, ahora soy un exiliado, como todos vosotros. Y estoy con mi compañero Bruno, que también era soldado del rey a cargo de la vigilancia de todo el poblado de Almera. Hasta aquí no van a llegar los soldados del rey.

 

Nos quedamos tranquilos, nos quedamos ya sin la expectativa de saber qué había pasado. Lamento toda muerte pero no puedo ser hipócrita, no me alegré pero tampoco tuve pena de la muerte de Adolas. Creo que era más cruel todavía que el propio rey Morden, bastante más cruel que el propio rey Morden.

 

Me puse contento cuando Trement se acercó a Corita, Corita se le colgó del cuello y le dio un beso interminable. Me sentía contento por Trement porque conocí parte de su vida, todo lo que sufrió cuando mataron a su maestro, el que le enseñó todo.

-¿Y ahora qué?

Dorian me dijo:

-Y ahora nada, Robert. Olvidémonos de Morden, iniciemos una nueva vida aquí. Somos muchos, la mayoría de los granjeros de todas estas regiones saben quién es Morden, no podemos invadirlos porque los granjeros cercanos están comprados con un subsidio y piensan que el rey es un mecenas, una maravilla, es quien les da todo. Los ingenuos no se dan cuenta de que está comprando su lealtad. -Me encogí de hombros.

-Disfrutemos de lo que tenemos.

Me miró.

-Ya te has olvidado de mi hermanastra.

-No, Dorian, pero no me gusta ocultar las cosas. Lo hablé con Delicia y le dije la verdad, a Delicia la estoy empezando a amar genuinamente de corazón. Daria, tenía un sentimiento, pero en realidad la conocía tan poco... -Pero Dorian me dejó pensando.

-Has hablado tantas veces con mi hermanastra, yo apenas he hablado con la hija del noble Mosquet, a quien el rey me mandó matar y no lo hice, hablo de Romina, la vi un par de veces y sin embargo llena mi mente. Y es como tú dices,

 ¿cómo la voy a amar si apenas la conozco?, y sin embargo estoy como obsesionado.

Le respondí:

-La obsesión tiene que ver con apegos, no con un amor verdadero. Espero que la vida nos dé la oportunidad de conocer, de la misma manera que yo estoy conociendo a Delicia, que tú puedas conocer a Romina, así como Bruno está conociendo a Michelle y como Trement está conociendo a Corita.

 

Y pasaron los días y Trement salía a galopar con Corita. Corita se reía porque cuando volvían me decían:

-He vencido a vuestro guerrero, ha llevado arco y flechas y disparo mejor que él. -Y a veces, donde practicaban los soldados, Corita practicaba con la espada con Trement, era digno verlos. Por supuesto Trement trataba de golpear despacio, Corita era fuerte pero frágil a su vez. Y veía sus miradas, unas miradas de amor.

 

Y dejé de pensar en Daria, no tenía sentido. Y aparte no debía porque quizás era demasiado meticuloso conmigo mismo. Si estás con alguien, sólo con pensar en otra persona ya la estás engañando, con la mente. Pero no deja de ser un engaño. Así que mis pensamientos con Daria se desvanecieron y me dediqué de pleno a complacer a Delicia. ¿Qué es complacerla?: Salir con ella, reírme, disfrutar los días, disfrutar el sol, correr en la lluvia, besarnos, amarnos. Aún no hablamos de compromiso, pero como se dice vulgarmente, éramos el uno para el otro. Y me sentía bien sabiendo que mañana sería otro día.

 

Pero mañana no sería otro día más porque había novedades que traían dos personas: una conocida por Trement y otra conocida por Bruno, novedades que darían un vuelco tremendo a toda esta vivencia que estoy relatando.

 

Y ahora sí, gracias por escucharme.