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Psicoauditación - Walter - Saga de Gualterio

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 08/02/2020

Sesión 09/02/2020

Sesión 10/02/2020


 

Sesión 08/02/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

 

Sesión en MP3 (2.591 KB)

 

 

Entidad: Es muy difícil vivir con odios, con deseos de venganza, a veces es como que te sientes vulnerable porque te desprecian.

 

¡Ah! Recuerdo que estaba con varios compañeros cruzando el brazo. Le llamábamos el brazo a la unión entre Krakoa, al que le llamábamos el continente pequeño sur que en realidad era una isla y el continente grande donde íbamos. El brazo se formaba en épocas templadas, en la época invernal austral cuando subía la marea Krakoa era una gran isla o directamente el brazo quedaba interrumpido en partes.

 

¡Ah! Krakoa me trae recuerdos que vulneran mi interior; los reyes de la región media habían invadido la zona noreste de Krakoa saqueando una aldea para llevarse nada, teniendo yo diez años habían matados a mis padres.

A los dieciocho conocí a Isabil. Ella era una joven que también había quedado huérfana. Me daba pena porque en el poblado se burlaban de ella ya que mendigaba comida, no tenía a nadie. La acogí en mi casa, no sé si por amor o por piedad, los dos sentimientos son nobles. Al cabo de un año Isabil era otra persona, había dado un vuelco, reclamaba, exigía: -Gualterio, como labrador no ganas nada.

 

Tenía un tío, Tomic, que decían que su cabeza no estaba bien, él escuchaba voces en su cerebro, voces que le transmitían cosas. Los aldeanos decían que su problema mental era irrecuperable. Mis padres lo querían, cuando vivían, pero no lo tenían en cuenta.

Recuerdo que el tío Tomic, de chico me decía:

-Gualterio, tú no eres hijo de tus padres.

-¿Cómo?

-Tú no eres hijo de tus padres, Gualterio.

-¡Cómo no! -repliqué-, yo nací un año antes de Hedor. -Hedor murió a los seis años tras una larga enfermedad.

Y el tío decía:

-Tú no eres hijo de ellos, no eres hijo de tus padres, a ti te han dejado abandonado. Tú tenías un anillo con una piedra azul entre tus mantas. Allá, al norte, hay un puente natural, angosto, de piedra que atraviesa el mar y llegas hasta otro continente, pero cuidado, no hay que cruzarlo en época de tormenta porque hay olas de muchísima altura y te ahogas. Allá en el otro continente viven esos reyes.

-No hay otro continente tío. Aparte, ¿qué me dices?, mírame, yo me parezco a padre.

-¿Y cómo sabes?, ¿te has mirado en algún arroyo?, ¿has visto tu reflejo en el lago?

-No, pero me toco el rostro y veo como soy.

 

Un día lo encontramos al tío, sentado, respaldado en un árbol, pero ese aliento que le daba vida ya no estaba, se había ido con aquel que está más allá de las estrellas.

Y tiempo después, sin utilizar el brazo, unos barcos de forma rara llegaron a nuestras orillas y arrasaron la aldea. Yo quedé vivo y juré vengarme cuando sea más grande. Mi casa quedó hecha ruinas.

 

El tío me había dicho una vez: "Cuando tu padre no esté, busca, busca en ese pequeño sótano". Abrí una trampilla y entré al sótano, no había nada, ni botellas de bebida espumante ni nada, pero vi una especie de canasta donde cabía el cuerpo un bebé y una manta azul con una corona amarilla igual, igual al adorno que llevaban los caballos de los invasores. Nunca encontré ningún anillo azul.

 

Mi mente volvió al presente. Iba caminando con mis compañeros por el brazo, saliendo de Krakoa donde ya no quedaba nada.

 

Me recordaba a los últimos días con la compañera que vivía conmigo, que me imploraba un té, echó una comida. Yo la tuve en casa, la acogí más por piedad que por amor.

Me molestó cuando me dijo:

-Toma de mí lo que quieras.

-No, no, cuando sea el momento estaremos juntos.

 

Pasaron varios amaneceres hasta que se dio la unión íntima. No sé por qué razón ella no quedaba embarazada y me reclamaba acusándome de que yo era estéril, me reclamaba que la labranza no me dejaba beneficios de metales, que era un fracasado, que no crecía.

A veces me enojaba mucho:

-Acuérdate cómo te encontré, mendigando en las posadas. Que sé yo si alguna vez por un plato de guisado caliente no le hacías favores a alguien. -Y ella perdía el control y arrojaba todas las cosas de la mesa. La cogía de los brazos y la trataba de calmar. Jamás, jamás la golpeé, jamás.

Había mañanas que me levantaba y ella me decía:

-¿Quién eres, qué quieres de mí?

-¿Qué?, ¡soy Gualterio! -Y me miraba. Me reconocía y decía:

-¡Ah! ¿Ya has preparado un poco de pan con una infusión caliente?

 

Me daba la impresión de cómo que ella vivía para reclamar, pero estaba fuera de la realidad, muchísimas veces no me reconocía. De verdad, me molestaba, me molestaban sus reclamos porque si no fuera por mí no sé cómo ni dónde estaría ella, pero me reclamaba y me seguía reclamando, y me molestaba. Y muchos amaneceres no me reconocía.

Un día se fue a caminar y recién por la tarde la encontré cerca de un valle, iba a pie, tenía los pies sangrantes, se había cortado con una roca. Yo iba con mi hoyuman y llevaba un hoyuman de repuesto cogido de las riendas.

Cuando la quise traer de vuelta dijo:

-No, a ese animal no subo, son malos, esos animales echan fuego por la boca, son dracons.

-Los dracons no existen, son leyendas, son habladuría populares de las tribus del sur.

-Sí, existen, yo vi dracons.

-¿Dónde le ves las alas? -Y a duras penas montó. Y más de una vez se perdía de la realidad.

 

Hasta que un día, un amanecer la encontré ahogada a orillas de un arroyo. Llamé para que me auxiliaran varios compañeros y dijeron que no, que no había sido mancillada, se habría desmayado y ahogado. No había nada oculto detrás.

 

Muchos se fueron del lugar a otros poblados de Krakoa. Yo quería ir para el norte, a través de brazo al continente grande, tenía siempre la ilusión de vengarme de esos reyes que habían matado a mis padres y habían acabado con la aldea.

Yo sé que mi tío no estaba mal de la cabeza, no por lo menos del todo, o tal vez, o tal vez él se contactaba con aquel que está más allá de las estrellas. ¿Pero yo que tenía que ver con los reyes?, yo los odiaba.

 

Mis compañeros de viaje no hablaban, cada uno estaba envuelto en sus pensamientos. Y yo con lo que vosotros llamáis engramas, engramas en los que no había un lugar de pertenencia, engramas en los que había fracasado, engramas donde mi pasado había sido sepultado, engramas donde mis padres o los que se suponía eran mis padres habían muerto, engramas que me había transmitido la que había sido mi pareja despreciándome, demandándome. Demandándome cuando ella, cuando la conocí estaba en una situación que no podía exigir nada.

Obviamente era mi ego el que hablaba. Siempre traté de ser un hombre de buen corazón, pero el rencor era parte del ego que tenía.

 

Comenté ese tema con uno de mis compañeros, y uno de ellos me dijo:

-Quien te exige no te apoya, quien demanda te retrasa en el camino de la vida. Una relación así es un lastre. Por lo menos las alforjas que llevas a la espalda, adentro tienes algo para comer y algo para beber, las alforjas serán un lastre pero son supervivencia. En cuanto lo que te dijo tu tío... Mira:

-Dime.

-Mírate, mírate. ¿Por qué si fueses hijo de esos reyes estarías en Krakoa?, ¿por qué razón? No tiene ningún sentido.

 

Cuando terminamos de pasar el largo, larguísimo brazo les dije a mis compañeros:

-Tengo como una memoria abstracta donde recuerdo haber pasado con un carruaje en sentido contrario.

-No, no, Gualterio, porque si es verdad que te hubieran traído de bebé, un bebé no recuerda detalles, olvídate. Seguiremos juntos o separados, pero seguramente aquí habrá un futuro en este nuevo continente, nuevo para nosotros, por lo menos habrá un lugar donde podamos tener trabajo, donde nos acepten.

 

Me sorprendí porque allá a lo lejos, camino al noreste, había un desierto con unos animales extraños con un pelo lanudo. Había un nativo pero no quería acercarse, nos tenía miedo. Le mostramos las manos en señal de paz. Le preguntamos qué animales eran. No nos entendía, pero dijo:

-Drómedans, drómedans. -Señalando a los animales lanudos.

 

Y seguimos camino para el norte. Uno de mis compañeros me comentó:

-Gualterio, ¿por qué no llevas una espada o un palo contigo?

-Padres murieron cuando yo era pequeño, nadie me enseñó nunca a luchar.

 

Uno de los compañeros tenía arco y flechas y esa tarde cazó dos animales pequeños, como roedores, los cocinamos. Cargamos nuestras cantimploras de agua en un arroyo.

Todos los amaneceres, ese compañero que me preguntó, me enseñaba a combatir con la espada, y no era como cuando de pequeños combatíamos con espadas de madera, no, no, eran espadas de verdad. Él trataba de cuidarse de no lastimarme.

Y me decía:

-Tú avanza con todo, como quieras. -Era tan torpe que se me caía la espada de la mano, una vez hasta me corté parte del pié.

-Esto no es para mí.

Mi compañero me miró a los ojos y me dijo:

-Si tú dices que no es para ti jamás será para ti. Jamás será una espada para ti, jamás será aquella mujer para ti, jamás será aquel reino para ti, jamás será nada para ti. No te pongas metas absurdas pero tampoco te prives de soñar, tampoco te prives de creer en tu persona. -Me asombraba su sabiduría, su razonamiento, su manera. Era enorme, tosco pero era inteligente, su nombre era Aranet.

 

Amaneceres, amaneceres y amaneceres andando y andando hacia el norte, una tierra inmensa que no tenía final. Y cada mañana practicando y practicando.

 

Una tarde estábamos acampando, era un camino angosto, de un lado se veía el mar y del lado oeste había altas rocas.

Mi compañero tenía un oído finísimo y me decía:

-Alguien está detrás de las rocas. -Todavía no había anochecido, era al atardecer.

 

De repente seis asaltantes armados con palos, puñales, espadas nos atacaron.

Nosotros también éramos seis pero no tenía con que defenderme yo. Mi compañero le cortó directamente el cuello a uno y cayó a mis pies. Inmediatamente cogí su espada y combatí contra otro de los asaltantes, me cortó en el brazo izquierdo en medio de la lucha.

Mi compañero me dijo:

-No pierdas la cabeza, no te enojes, no te ofusques porque pierdes los sentidos. -Todo eso mientras él peleaba.

 

Le hice caso y frenaba cada ataque ocasional del rival hasta que en un momento le ensarté la espada en el pecho y lo maté. Finalmente todos los asaltantes estaban muertos. Mis compañeros con caras largas menos yo, yo estaba exultante, contento.

-¡Lo logré, vencí a un asaltante!

Aranet se acercó y me cogió la cara, diciéndome:

-Gualterio, ya está. Eran torpes, no eran rivales. Tienes que seguir practicando. -Iba a tirar la espada-. ¡No!, esta espada es tuya ahora, guárdala, ya tienes un arma. Pero no has vencido a nadie importante, apenas has salvado tu vida.

 

En un momento Aranet se retrasa porque ve una mujer con un crío, y la ayuda.

Nosotros seguimos caminando, seguimos al norte con dos mochilas: las que llevaban las bebidas y los alimentos, y la otra mochila más pesada, la de mi pasado, donde una relación de pareja me reclamaba diciendo que yo era un inútil, unos padres ausentes, un origen que desconocía, un tío que decía comunicarse con aquel que está más allá de las estrellas... ¡Je, je! Mi mente era un torbellino.

Pero otro de mis compañeros me dijo:

-Tienes alguien por quien vivir. -Lo miré.

-¿Cómo?

-Claro que sí.

-Entiendo; por vosotros.

-No, alguien más importante para ti. Dentro de poco te lo mostraré.

-¿Pero por quién, por venganza?, ¿por vengarme de esos reyes?

-No, no, por alguien, no por una venganza, por alguien.

 

Caminamos y caminamos. Acampamos, dormimos. Amaneció.

-Aquí. -Llegamos a un pequeño valle que había un lago. Me cogió de la mano y me dijo:

-Ven.

-¿Aquí está esa persona importante?, ¿en este valle?

-Ven, ven, Gualterio, deja de preguntar tanto. -Nos acercamos a las aguas del arroyo, de ese remanso de agua, de ese espejo de agua. Mi compañero me hizo asomar a ese espejo de agua-. Ahí tienes. Ahí está la persona por la que tienes que vivir, ese alguien importante. -Y en las aguas, reflejado, miré mi rostro.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión 09/02/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

 

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Entidad: Un compañero de trayecto me decía que no podemos ver las cosas subjetivamente porque nos autoengañamos, las tenemos que ver objetivamente, como si saliéramos de nosotros mismos y viéramos todo el panorama, toda la escena, como que fuera ajena a nosotros. Una cosa es decirlo y otra cosa es llevarlo a la práctica, porque tenemos un pasado que nos encadena, tenemos impulsos, tenemos situaciones. Y por lo menos dos de mis compañeros de travesía son como hermanos de aventura; uno busca enseñarme el arte de la espada, el otro busca que profundice en mis pensamientos.

Además, el que practica la espada tiene su dosis de sabiduría: "Tienes alguien importante por quien vivir". Yo pensaba en personas de mi pasado o en alguien que todavía no conocí. O en saber mi verdadero origen. ¿Quién será esa persona?

 

Y cuando de repente me veo reflejado en las aguas...

-¡Ah, soy yo! ¿Cómo que tengo que vivir por mí?

-Sí, Gualterio, todos vivimos por otros para favorecerlos o para quitarles la vida, porque es lo que percibo, atrás nuestro en Krakoa, adelante en este nuevo continente que no conocemos.

-¿Qué es vivir por uno?

 

Y entendí que vivir por uno era intentar lograr objetivos, no digo metas porque eso también lo aprendí, que las metas son como el horizonte, nunca llegas porque el horizonte es una cosa figurada que no existe en realidad, porque lo vemos en la redondez del planeta, y más si estamos en lo alto de una montaña;  vemos pero nunca llegamos, es como que camináramos sobre una enorme esfera. Y es obvio que el horizonte es algo mental. La meta también es algo mental pero no los objetivos, porque los objetivos son precisos. Entiendo eso, vivir por mí, vivir para mí. Ahora, ¿que yo sea la persona más importante por la cual vivir?... A veces me siento como que no es así.

 

Tenía entre las ropas una pequeña bolsita de género y un anillo con una piedra, una piedra roja, era lo único que guardaba de mi pasado.

Llegamos a un poblado y veo a una joven rubia corriendo hacia nosotros. No podía existir una mujer tan bella; cabello largo, ojos verde celestes, con la claridad no podía ver bien, no escuchaba bien, pero parece como que estuviera pidiendo ayuda. No se dirige a mí, se dirige a mi compañero:

-Mi padre me quería violar. -Tenía las ropas desgarradas.

 

Mi compañero va a desenfundar su espada, que no la llevaba como todo guerrero al costado, la llevaba sobre la espalda. Y en eso se acercan como treinta personas a nosotros, había incluso dos sacerdotes, había un animal raro que no conocía, un animal que por las ubres daba leche, y un hombre que le faltaba un ojo allá a lo lejos.

Se acerca un anciano y la toma, la jala de los cabellos a la joven:

-Ven para aquí.

-Él me quiso violar, él me quiso violar.

 

¡Un padre violar a su hija! Y yo pensaba que las aldeas de Krakoa eran salvajes, pero se ve que en el pueblo tenía buena consideración con la gente, veía las miradas y todos apoyaban al hombre. ¿Pero quién era ese otro sujeto con una cara tan sospechosa y ese ojo que le faltaba, y llevaba ese animal?

-¡Escuchad todos! -decía el padre de la joven-, he cambiado a mi hija por este animal. -Y le dio la cuerda a ese hombre, un hombre al que le salía saliva de la boca relamiéndose pensando en lo que le haría a la joven. La joven había caído de rodillas.

-Yo no soy un animal para que hagáis una transacción -gritaba la joven.

Uno de los sacerdotes, el mayor, dijo:

-Es su hija, puede hacer lo que quiera. La puede comerciar salvo que salga una oferta mejor. -Saqué de mis ropas la bolsita y le mostré mi anillo al padre de la chica. Lo cogió con avidez, miró la piedra.

-¡Una piedra roja no se consigue, y el metal es dorado! Te doy mi hija y mi casa, si quieres. -¿Tanto valía el anillo para los nativos de ahí?

 

Me tendió la cuerda de la niña. Instintivamente la niña se abrazó a mí y sentí su calor. La abracé contra mí y noté su cuerpo desarrollado y vi que no era una niña, era una mujer. Lo que pasa que su rostro era tan noble, ingenuo... no sé como catalogarlo.

El hombre que le faltaba un ojo masculló y se llevó el animal.

-Quédate, hombre, con tu vivienda. -Le pregunto al sacerdote-: ¿Me daréis algún papel o algo? -Se encogió de hombros y dijo:

-Es tuya. -Inmediatamente le saqué la cuerda del cuello y la tiré.

-Eres libre. -Me cogió del brazo y dijo:

-No, si me quedo aquí me prenderán de nuevo.

 

Me miraron dos de mis compañeros, se encogieron de hombros y hicieron señal de que siguiéramos adelante. Paramos en una posada y comimos un guisado caliente, la joven también, y lo devoró como si hubiera estado sin comer hace varios días. Obviamente que se lo pregunté, dijo que el día anterior había tomado un caldo por toda comida. Le pregunté su nombre y me dijo Sheena, se pronunciaría 'S', 'H', doble 'E', 'N', 'A'. Me quedaban unos metales y le compré unas sandalias con tiras para atar, le quedaban tan bien...

Esa noche acampamos fuera del poblado y Sheena se quedó acurrucada al lado mío y...

-Eres mi dueño, puedes tomarme.

-¿Has estado con hombre?

-No -negó. Veía que su cuerpo tiritaba de nervios.

-Duerme, quédate tranquila.

-Por favor, no me eches de tu lado.

-No, no te echaré, quédate tranquila. -Seguimos andando y al amanecer llegamos a otro poblado, era un poblado más grande que el anterior. Me tira del brazo Sheena y me dice:

-Esto es Agador, no es un buen lugar para que os quedéis.

-Estamos de paso, comeremos algunos frutos y seguiremos camino.

 

En eso vimos que una joven que vendía frutos le sonría a un joven noble, se notaba por su ropaje que viviría en algún palacio o castillo. La joven me dijo:

-No os metáis con esa gente que pertenece al protectorado, es el protectorado de toda la región, cobra impuestos en diez aldeas. -El hombre desmontó de su cabalgadura y se acercó a la joven que le sonreía, la besó y con su mano derecha le manoteó el final de la espalda.

Un joven que vendía verduras se acercó:

-¿Qué haces? -El hombre lo empujó, el de las verduras cerró el puño y lo golpeó hasta tirarlo, aparentemente sería el novio de la joven, que mucho no le respetaba al momento que le sonrió al noble. Cuatro soldados aprendieron al joven. Había un tronco.

-¿Qué hacemos? -le pregunté a uno de mis compañeros.

-Nada, fíjate cuantos son, ¿qué podemos hacer?

-¿Y nos vamos a quedar así?

-¿Qué quieres hacer?

-Tienes razón -dijo Sheena.

 

Le pusieron el brazo derecho con que había golpeado al noble en un tronco y con un hacha le cortaron la mano. El alarido que pegó lo sentí en mi estómago.

¿Adónde habíamos venido?, ¿adónde habíamos venido? Es cierto que en Krakoa había hordas de asaltantes, a veces asolaban aldeas pero había como cierta igualdad. Aquí estaba el poblado, el común denominador que no tenía derecho para nada y la gente del protectorado a los que no se les podía tocar.

Nos miraron a nosotros pero no nos prestaron atención, enfilaron con sus cabalgaduras, nos corrimos para darles paso y lo primero que miré es a la joven que vendía frutas, ni le prestaba atención al pobre hombre, que fue atendido por otros.

 

Nos marchamos. Ignoro si le habrán parado la hemorragia. Y seguimos. Compramos unos frutos que cargamos en nuestras mochilas. ¡Qué región tan hostil! Mujeres que las venden como mercancía o las cambian por animales, nobles que hacen con gente del pueblo lo que quieren. Me imagino que de la misma manera que le cortan la mano a un joven pueden violar a cualquier mujer del poblado y nadie, nadie les va a decir nada porque ellos son los que mandan. Y la gente ya estaba acostumbrada así.

 

Y eso... eso me pone a pensar que tanto en Umbro como en otros mundos los seres humanos tenemos eso, nacemos en determinado lugar -no importa ahora, dejemos de lado que lo elegimos, que optamos por eso, olvidémonos-, si nacimos en una choza la choza va a ser para nosotros lo normal, lo corriente, es así. Beberemos agua contaminada, comeremos cuando podamos. Si nacemos en un palacio va a ser normal tomar una bebida espumante en copas de bronce y que si el criado te trae la comida un poco fría lo puedes azotar, y si se le cae algo al piso hasta darle cien latigazos.

Pero es normal, no eres bueno ni malo, es lo que te han enseñado, es lo que has mamado desde que naciste, no mamas solamente la leche de tu progenitora, mamas la historia, el momento, la situación, el lugar, cómo está; y no sé si te acostumbras o te adaptas, quizá esa no sea la palabra porque el concepto es mucho más complejo que el idioma, es lo que es. Claro que hay situaciones donde cambias, como ese famoso cuento donde el mendigo es rey y el rey es mendigo, pero eso no es lo natural, la gente del poblado ya está sometida, ya está entregada, y al día siguiente se olvidaron del episodio del joven al que le cortaron la mano porque al día siguiente quizás a otro le cortan la cabeza o le quiebran los pies a palos.

 

-Agador es peligroso, vais a pasar por Ostele. -Ostele también era un poblado que estaba bajo las alas del protectorado, pero había dos nobles que servían al protector y uno de ellos venía de cabalgar varios amaneceres y llega con un papel escrito:

-Tengo órdenes del protector. -Y con un número de soldados atrapa al otro noble, que era incluso más antiguo que él. Nosotros como testigos a un costado sin intervenir. Siempre con sacerdote mediante, como en todos los poblados, le lee a todo el pueblo-: Usted es un traidor, se quedó con metales del protector.

-Jamás -argumentó el otro. Pero el primero tenia un papel firmado por el protector. Una vida de lujos, de desprecios por el pobre, con varias esclavas en su cama; y el otro noble más astuto que él, en la plaza del pueblo lo hizo ahorcar.

Tiempo después conocí otras zonas de Umbro donde había guerras, donde estaban las tribus del norte, los turanios, los orientales, los dracons, unos bichos que volaban. Quizás era una zona más salvaje que esta, pero esta era una zona tétrica, una zona donde no ganaba el que tenía más armas, ganaba el que ideaba mejor sus maldades.

Comimos en otra posada y seguimos viaje. Por un lado entendí que la vida era un premio porque aquel que está más allá de las estrellas me permite vivir, ¿pero qué pasó con el joven del otro poblado o con este noble al que ahorcaron?, para ellos la vida era un castigo. Los que vendían frutos, verduras, aves, algunos apenas podían masticar su pan porque llegaban a determinada edad y se le caían todos los dientes, estaban muertos en vida, ¿premio o castigo?

Mi compañero, el que yo le decía 'el pensante', me dice:

-La vida no es premio o castigo, es... lo que uno tiene mientras está transitando, tenemos un comienzo y un final.

-¿Y mientras tanto, qué? -y me respondió:

-Gualterio, mientras tanto tratas de hacer las cosas bien, evitar conflictos.

-¿Cómo?, a veces vienen solos, sin querer te pones en el camino de un noble y te manda azotar.

 

Estaba Sheena, la deseaba, la deseaba enormemente. Ella ya había perdido su desconfianza hacia mí, pero aparte me sentía incómodo porque no la iba a poseer estando los demás. No sé tal vez el día de mañana nos alojaríamos en una posada y... pero aún no era el momento.

-¿Tú conoces bien la región, Sheena?

-Sí, señor.

-No me digas señor: Gualterio.

-Como tú digas, señor.

 

Me costaría muchos amaneceres lograr esa comunión con Sheena. ¿Cómo la iba a poseer si me decía señor?, no se iba a entregar por amor, se iba a entregar porque me consideraba su amo, su dueño. No era un animal, ella se consideraba así porque como dije antes, es lo que es, no te acostumbras ni te adaptas, naces así y te crees que eres lo que lo que te han dicho los demás que eres. Tienes dos brazos, dos piernas, caminas verticalmente, no importa, te diferencias de un dromedans porque puedes hablar, pero eres una mercancía hasta que alguien diga lo contrario, y ese alguien era yo y se lo quería hacer entender. Lo que todavía mi mente no coordinaba era cómo hacer un giro de ciento ochenta grados a las cosas, cómo darle vuelta a las cosas.

 

Yo todavía tenía que investigar, muchas veces cruzó por mi cabeza ¿Y si yo era un hijo abandonado de aquel monarca? ¿Y si el monarca no era el monarca? ¿Y si era el protector? Pero ese protector invadió Krakoa y mató a los míos, porque familia no tiene que ver con lo sanguíneo, tiene que ver con lo que uno ama.

-¿Qué hay adelante, Sheena?

-Dos poblados más y después la gran fortificación del protectorado. Obviamente no puedes entrar.

-Sí, a ellos les conviene que tú gastes metales, hay infinidad de puestos venden animales, frutos, cereales.

A donde te equivocas en una, señor, no sales.

-No soy señor, soy Gualterio. No sé mis compañeros pero yo voy a seguir adelante, quiero satisfacer mi curiosidad.

 

La vida no es para siempre; perderla antes o perderla después...

Y seguimos adelante.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión 10/02/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

 

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Entidad: Estoy comunicado con el plano físico. Anteriormente había dicho que todos los seres en las distintas regiones se adaptan, se acostumbran a una manera de ser. Para aquel que nace esclavo es natural recibir latigazos sin quejarse, para aquel que nació amo es natural tener gente a su servicio hasta que le den la fruta en una bandeja de plata.

 

Pero hay una diferencia entre adaptarse y acostumbrarse. Acostumbrarse es resignación: "Me resigno a ser esclavo, me resigno a estar sometido". Adaptarse es supervivencia. Una raza nómada que se adapta a un nuevo territorio para sobrevivir. "Me adapto momentáneamente a estas circunstancias hasta que pueda salir de ellas". Adaptarse es estar alerta, esperar el momento adecuado para dar ese cambio, ese salto. Acostumbrarse es resignarse porque te acostumbras a una situación, la haces carne a esa situación, eres parte de esa situación. ¿Y para qué la vas a modificar?, no es que te sientas bien, es lo que conoces, te has criado en una choza donde cuando llueve se llueve tanto adentro como afuera, y no está bien ni está mal, es, porque no conoces otra cosa, y tienes tu servicio donde hacer tus necesidades a varias líneas de la vivienda. Imagínate en invierno con granizo yendo a hacer tus necesidades a veinte líneas de tu casa.

 

Y daría la impresión como que a veces te sintieras cómodo en ese rol, eso interno que llevamos dentro, que sería nuestra parte que siente porque nuestra parte que piensa entiendo que está en la cabeza y nuestra parte que siente entiendo que está en algún lugar dentro nuestro, dentro del pecho, es algo que no se puede tocar, es algo que forma parte de aquel que está más allá de las estrellas, y a veces la parte que siente te traiciona porque también te adecuas a una situación. Pero adecuarse tampoco es adaptarse, es como que encajan las piezas, y está bien.

 

Sheena me decía "Amo Gualterio". Yo le decía "No soy tu amo". Pero la veía... la veía distinta, no puede existir una criatura así, no es de verdad, en toda mi corta vida como Gualterio no había visto una criatura así. Habrá princesas o reinas en todo Umbro, no creo que ninguna se aproxime a la belleza de ella.

 

Recuerdo que paramos en una posada, y mis compañeros, discretos, fueron cada uno a su habitación y quedaba sólo una habitación en el primer piso y allí me acosté con... con ella. Hacía frío, se acurrucó contra mí, se apretó contra mí y yo temblaba de excitación pero también de una emoción que no podría describir. Me daba temor. ¿Y si la poseo y se rompe el encanto?. Pero me engañaba. ¿Y si la poseo y la decepciono?, era lo que en realidad pensaba. Era lo que en realidad sentía, no pensaba, porque no pensaba en ese momento:  sentía. ¿Y si la decepciono? Pero para ella todo lo que yo hacía o decía estaba bien. Y a mí no me interesaba ese tipo de aprobación y lo analizaba, quería que si la besaba me devolviera los besos no por sometimiento, no por esclavitud, quería que si la abrazaba me devolviera el abrazo. Quería, quería, quería pero no me animaba. Y me dormí y soñé con ella que estábamos en un césped cerca de un arroyo en un mundo donde había todo paz, armonía, aves, era siempre mediodía, siempre mediodía con el sol rojo iluminándonos.

 

Me desperté ya era de madrugada. Sheena se desperezó, en ese momento se saca la ropa -tenía puesto un vestido- y me sobresalto y digo "¿Qué... qué busca?" Había una especie de tacho con agua y se enjuaga el rostro, se enjuaga parte del cuerpo y había un paño con el que se seca. No se sacó la parte de abajo de la ropa, es como que tenía cierto pudor. Pero verla así esa espalda, ese cabello... La imité, hice lo mismo; me lavé con esa agua y me enjuagué.

Bajamos a la posada y pedimos una infusión caliente y algo para comer. No había baño para varones, baño para mujeres, fue primero ella, después fui yo. El olor en el baño era nauseabundo, más que nauseabundo, pero como dije al comienzo tú te acostumbras porque era el olor de las posadas, era el olor de la gente.

Nuestros compañeros no habían bajado todavía de sus habitaciones. Ella toma el brebaje caliente, me mira a los ojos y me dice -pero con una mirada como si me preguntara el día está caluroso, una mirada infantil, no sé, ingenua, inocente, no sé-, me pregunta:

-¿Y por qué no me has poseído? -le respondí:

-Porque es un acuerdo de a dos. -Me miraba frunciendo el ceño como no entendiendo.

-Pero tú tienes derecho sobre mí.

-¡No!, no tengo ningún derecho sobre ti, olvídate de eso, somos iguales.

-No somos iguales -me responde-, tú me proteges. -Sentía mi interior molesto y dolorido, porque yo no quería su obediencia.

 

Vosotros en vuestro mundo actual tenéis un mito de una figura que te lanza una flecha en el corazón y te enamoras. Bueno, yo sentía algo así. Y me debilitaba, era un sentimiento que me debilitaba porque en realidad no era un sentimiento, era una emoción. Y le dije con mucho pudor, ¡pudor!, ¡es el colmo!, pero sí, la tomé de la mano y le digo:

-Yo siento algo por ti.

-Yo también, amo.

-No soy tu amo. No quiero que me obedezcas, te ordeno que no me obedezcas. -Era una frase sin sentido, ¡je!: "Te ordeno que no me obedezcas". Es cómico.- Quiero que estemos de acuerdo que si yo te poseo... Aparte que la palabra poseerte no me gusta, suena mal, porque tú me posees yo yazgo y tú me posees. ¿En que nos diferenciaría de un dromedan o de un hoyuman?

-No entiendo -me dijo.

-Claro. No quiero poseerte.

-No te atraigo.

-Te acabo de decir que siento algo por ti aparte de atracción. Eres muy bella y en pocos amaneceres algo cambió dentro mío. Pero a ver, no sé cómo explicarlo con palabras: ¿Qué pasaría si yo te dijera que tú me poseas a mí?

-¡Pero es imposible eso!, es el varón el que posee a la mujer.

-¿Por qué, quién lo dice, aquel que está más allá de las estrellas lo dice?

-¿Y cómo sería poseerte yo a ti? ¿Que tú yaces tirado en el lecho y yo te poseo a ti?

-Sí -le respondí-. Supón que sí. Y no tendría problemas si tú me lo dices.

 

Bajaron mis compañeros y no pude seguir hablando. Y estuve muy molesto.

Dejamos unas monedas cobreadas y salimos del poblado. Yo me retrasé con Sheena y le seguí hablando, íbamos menos que al trote, íbamos al paso. Uno de mis compañeros me hace una señal, y le dije:

-Adelántese, ya vamos.

-No se trata de que yo te diga que tú me poseas o que yo te posea, ninguno posee a nadie.

-Pero tú me has dicho que yo te posea a ti. -No sabía cómo hacerme explicar, de verdad, no sabía cómo hacerme explicar.

-A mí me gustaría, querida Sheena, que tú tuvieras deseos de poseerme no porque yo te lo ordenase, que saliera de ti.

-Eres atractivo.

-Está bien, tú también eres atractiva. No sé si soy atractivo pero si soy atractivo para ti, para mí está bien, con eso me conformo. Aunque el resto de Umbro diga que soy un engendro, no importa. Ahora bien; tú, aparte de ser atractiva, yo tengo un sentimiento por ti como puedo tener por un hermano, por una madre. Tengo un sentimiento.

-¿Eso es sentir?

-Sí eso es sentir. ¿Tú tienes un sentimiento por mí? -Me volvía loco esta joven-, ¿tienes un sentimiento?

-Yo siento que tú eres muy bueno.

-Cuando estaba en Krakoa había un joven guerrero, yo era pequeño en ese momento, que estaba enamorado de una joven, y la joven lo acariciaba y le decía "Tú eres muy bueno, tú eres muy bueno". Todos los días le decía lo mismo, todos los amaneceres, pero terminó estando con otro que no era bueno pero le atraía. A veces tengo ese sentimiento dentro mío o esa emoción o como queramos llamarlo, que cuando la mujer le dice al varón "Eres muy bueno", es como si hablara con un hermano, con un primo, con un amigo. ¿Te atraigo?

-Sí, Gualterio.

-¿Te gustaría yacer conmigo?, y no me digas "Sí, si tú me lo dices". ¿Te gustaría?

-Entiendo que sí.

 

Sentimos un silbido, y uno de los compañeros que apresuremos la cabalgadura.

Hincamos y avanzamos ya al trote. Quedó la conversación inconclusa. Ella me miraba y me miraba de una manera rara, estuvo todo el día rara.

Guardamos un poco de comida en nuestras alforjas y comimos algo por el camino. Había un arroyo y bebimos agua. Ella estaba como huraña y distanciada.

Me acerco y...

-¿Qué te sucede?

-Creo que te molesto.

-Perdón, ¿cómo?

-Creo que te molesto, tú me exiges cosas.

-O sea, que todo lo que yo te estoy diciendo en la posada o en el camino era una exigencia.

-No, no, no hablo de yacer contigo, me exiges que sea de una manera.

Y le dije:

-No, todos los seres somos así. No, no te estoy exigiendo nada, simplemente te explicaba que yo tenía un sentimiento, que me gustaría que tú también lo tuvieras, que no te obligaba a yacer conmigo, que quería que tú lo sintieras, que no me consideres tu amo, que tú eres mi igual, que sí te voy a proteger, porque... ¿Qué eres? ¿Sabes qué me gustaría? Que fueras mi mujer. -Bajó la vista-. ¿Qué te has quedado pensando? -le dije. Y no me respondía, y vi que le cayeron las lágrimas-. ¿Te he ofendido, te he molestado? -negó con la cabeza.

-Es un honor para mí -me dijo.

 

Tendría que haber estado contento; es un honor que yo le pida que sea mi mujer.

Pero yo no estaba contento, porque es un honor me suena a que yo le estoy dando un título. No soy noble, no le doy un título. Creo que no soy noble, estoy en búsqueda de mi identidad todavía. Pero eso pasó a segundo plano, estoy en busca de entender.

Y le dije:

-Un honor sería si yo fuera alguien encumbrado en un palacio y te diera un titulo y tú fueras mi dama. Soy un simple viajante que está en búsqueda de ver su origen.

-¿Y qué respuesta esperabas? -me dijo.

-Me siento contenta, no Me siento honrada.

Y me dijo:

-Sí, me siento contenta. -Y se acercó y me dio un beso en la boca. Y yo estaba como tonto, porque estaban ahí a pocas líneas mis compañeros, y eran tan discretos que se sonreían pero estaban con la vista baja o..., En ese momento quería apretarla entre mis brazos hasta... hasta fundirla con mi cuerpo. Le acaricié la mejilla,  fue lo único que hice en devolución.

Y sí, le dije al oído:

-Este ha sido el regalo más hermoso, este beso, pero quiero que sea uno de miles.

-Sí, si así tú lo dispones.

-Claro -le dije.

 

Pasamos noches y noches en distintas posadas y no la poseía porque me daba la impresión de que no me entendía.

Había días que estaba triste, absolutamente triste y cada día la amaba más, pero la amaba de una manera que me dolía el cuerpo, me dolía el cuerpo.

Nos besamos varias veces, nunca en la posada, hasta que la última noche de este relato me... Se da vuelta para mi lado por primera vez se sube encima mío y me empieza a besar en boca, en la mejilla, en el cuello, me acaricia pero me besa de una manera distinta, de una manera como que me devoraba con sus labios. Obviamente que le respondí y perdimos la noción del tiempo. Y como pudimos nos sacamos la vestimenta, no la poseí ni me poseyó, hicimos el amor. Pero eso no fue lo mejor, lo mejor que antes de dormirme cansado, exhausto pero satisfecho.

Me dijo:

-No puedo vivir sin ti.

 

Y ahí sí, ahí me quedé tranquilo, y eso que llevo adentro se apaciguó. Pero cuidado, estaba más vivo que nunca eso que llevaba adentro, lo que vosotros llamáis alma. Pero ya no estaba..., ya no estaba con mi mente en mil cosas, al contrario, ahora estaba sereno, era mía y yo de ella. Pero no era mía desde un punto de vista esclavo-amo, no. Y lo entendió, porque incluso opinaba más en las cosas, había cosas en las que podía objetar "Esto me parece que podría ser así". Ganaba en confianza pero siempre con respeto entendiendo su lugar de mujer en ese mundo tan hostil en una época tan salvaje.

Y mis compañeros, que eran como hermanos, no de sangre pero hermanos en lo interno, nunca una mirada fuera de lugar para la que era mi mujer. Y tanto hablar y tanto hablar y tanto tratar de explicar y finalmente, ¡cómo es la vida!, que se dio sólo, el momento, la situación, el amor.

 

Gracias por escucharme.