Índice

Psicoauditación - Francisca

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Página anterior

Sesión del 26/02/2020 Aldebarán IV, Ervina

Sesión del 14/01/2021 Aldebarán IV, Ervina

Sesión del 15/02/2021 Gaela, Betty

Sesión del 05/04/2021 Aldebarán IV, Ervina

 


Sesión 26/02/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

Llevaba tiempo sin salir de la academia y se decidió a encontrar a su hijo. Viajó al castillo del rey Anán, donde se preparaba la resistencia para un ataque del reino vecino, pero se preparaba también algo que nadie sabía.

Sesión en MP3 (2.082 KB)

 

Entidad: Me había quedado en la academia que habían fundado Émeris y su pareja, Fondalar. Me llevó tanto tiempo encontrar a mi hijo Ezeven y ahora él se había ido para el castillo del rey Anán. Me dijeron "Aquí estarás protegida", quedaban varios estudiantes. Pero, honestamente, me sentía sola. Sin desmerecer a los jóvenes, me atendían, me preguntaban si quería tal o cual comida. Yo trataba de incomodar lo menos posible "Lo que comáis vosotros como yo. Lo que toméis vosotros tomo yo". Pero me atendían bien.

 

Eso no me terminaba de completar mi ser. Y les dije:

-Disculpadme, pero voy a ir al castillo donde fue mi hijo Ezeven.

Se acercó uno de los jóvenes más avanzados, César, y me dijo:

-Te acompañaré.

-¿Sabes usar una espada? -pregunté.

El joven sonrió simpáticamente y dijo:

-Soy mento. O sea, puedo de alguna manera dominar en el caso de que hubiera un ataque pequeño. -Y marchamos. Un hoyuman cada uno, alforjas... Llevábamos bastante bastante agua en las cantimploras para atravesar el caluroso desierto.

El joven César me dijo:

-Ervina, cuando lleguemos al bosque ya saldremos de este calor insoportable.

 

El viaje no se me hizo largo, pensaba en todo lo que iba a conversar con Ezeven. Y pensaba en mi persona, en las cosas que no me atrevía a hacer antes, en las cosas en las que fui permisiva con mis relaciones, en no haber entendido a mi hijo en sus comienzos cuando estaba creciendo, el no encontrar una relación estable de pareja. Las dos relaciones que tuve no..., no me maltrataron pero no me comprendieron, terminaron demostrando su egoísmo, sus dudas, sus... egocentrismos, ¿no? Y por otro lado el hecho de encontrarme sola me hubiera gustado el ser útil, no tener que depender.

Por las noches dormíamos -con el joven César- escondidos entre la maleza del bosque, y el joven siempre atento, al menor ruido estaba alerta.

Recuerdo que de día le preguntaba:

-¿Pero tú duermes?

-Sí, señora Ervina, duermo, simplemente que al menor chasquido o que una rama se corte o que hubiera un animal cerca o un ave ya me despierto.

 

Pero estuvimos bien, no hubo ningún incidente en el camino y finalmente avistamos el castillo. Veíamos vigías en las torres. César levantó la mano saludando. Abrieron el portón grande y se asomaron varios de los estudiantes mentos, que reconocieron a César. Los soldados nos dejaron pasar.

Pregunté a uno de los soldados:

-¿Por qué sois tan pocos?

-Ya os informará el rey. -Estaba intrigada, el palacio estaba semidesierto. Miré para el costado, al patio de armas, había varios soldados, pero me sorprendió que  también había muchos bárbaros. Finalmente nos encontramos en el palacio principal con el rey Anán.

Me abrazó y me dijo:

-Te felicito por el hijo que tienes. Gracias, estimado César, por acompañarla. -Me volvió a mirar el rey Anán y me dijo-: Pensé que ibas a venir tiempo atrás con todos, con tu hijo, con Émeris, con Fondalar. -Me encogí de hombros.

-Dijeron que en la academia, que antes había sido una fortaleza iba a descansar. Pero de verdad que extraño a Ezeven, ¿dónde se encuentra?

 

Me puso al tanto de lo que sucedía. Un mento muy poderoso llamado Zizer se había aliado con una mujer muy negativa llamada Randora y ya habían atacado el castillo y luego se habían replegado. Y ahora la mitad de los soldados, los más entrenados, habían salido con mi hijo, con Fondalar, con Aranet, con Ligor a tender una trampa si volvían los malvivientes a atacar.

Le pregunté y quién eran los bárbaros.

Me dijo:

-Responden a Aranet. La mitad de ellos quedó en el territorio de Aranet, en la isla Baglis, y la otra mitad aquí para fortalecer el castillo ya que muchos de los soldados se han ido a tender una trampa para cuando vengan de nuevo los atacantes.

 

Me prepararon comida caliente. César se juntó con sus compañeros, previo saludarme. Me abracé con Núria, me abracé con Émeris. Me sentí más tranquila.

Me enteré que el rey había tenido un hijo con su actual pareja Marya. De verdad que lo felicité y me puse muy contenta y deseándole que experimente toda la felicidad que yo no pude experimentar cuando Ezeven era pequeñito.

Y luego pude andar sola por los pasillos, me gustaba caminar, recorrer el lugar, y si bien las paredes del castillo eran muy gruesas, no eran esas paredes finas de las casas de los granjeros. Sin embargo el castillo tenía como ecos y escuché una conversación de un tal Orlok, que hablaba con otros bárbaros.

-¿Sabes? -le dijo a otro compañero-, mira el lujo que hay acá, falta que veas monedas de oro tiradas por las escaleras, y nosotros allá en la isla Baglis apenas tenemos para comer. Aranet es igual a nosotros, lo que pasa que él quiere aparentar lo que no es. Podríamos perfectamente saquear otras aldeas y llenarnos de metales plateados y dorados, pero no, quiere que nos comportemos. ¿Qué hacemos acá?, ¿qué estamos cuidando? Cuidando el dinero de otros.

El otro le comentó:

-¿Y qué quieres que hagamos, Orlok? Tenemos que obedecer las órdenes de Aranet de ayudar al rey Anán.

Orlok dijo:

-¿Por qué?, ¿para qué?, ¿qué ganamos en todo esto y cómo sabemos que ese tal Zizer no los va a vencer?, qué sabemos si van a caer en la celada, por qué arriesgar la vida. No nos pagan, los soldados cobran aunque sean unas migajas. Nosotros, ¿qué?, porque tenemos buena comida y buena bebida, no me siento libre. ¿Tú te sientes libre?, ¿vosotros os sentís libres?

-No -dijeron la mayoría-, pensamos como tú.

-Y entonces, ¿por qué no tomamos el castillo y nos apoderamos de todo el dinero?

Varios de ellos dijeron:

-¡Pero qué dices, Orlok, estamos hablando de matar!

-Estamos hablando de inmovilizar a los soldados; si alguno se resiste, sí, matarlo, el resto dejarlos atados indefensos. Los nobles no se resistirán, son afeminados, ni saben pelear. Una vez que venzamos a los soldados...

Otro le dijo a Orlok:

-Está bien. Supongamos que tenemos suerte y nos hacemos de un enorme botín, ¿qué pasará cuando vuelva Aranet en el caso de que ganen?

Orlok se encogió de hombros:

-¿Tú piensas esperarlo? Si tenemos ese botín nos vamos, nos vamos para el sur, para donde sea. La gente estará inmovilizada, los nobles no dirán nada. Si el rey se opone no hablo de matarlo, pero lo atamos.

 

Me quedé helada. Me quedé helada pensando en lo que estaba por hacer esta gente, esta gente que según tengo entendido eran leales a Aranet, pero su codicia podía más. Le tendría que contar..., le tendría que contar a Émeris y a Núria. En ese momento se escuchó un ruido detrás mío y una mano me tapó la boca.

-¡Orlok, una espía!

 

Se acercó Orlok. Era impresionantemente alta su figura, un rostro muy fiero, atemorizante. Me dejaron con una mordaza en la boca en una habitación, por lo menos no me mataron. No era la única que estaba en la habitación; atada y amordazada había una de las cocineras que seguramente también había escuchado. Cerraron la puerta y pusieron una traba, apenas había una débil luz de un ventiluz, miraba la cara de pánico de la cocinera. No me imagino los bárbaros conteniéndose, pensaba que si los soldados se resistían los bárbaros acabarían con ellos.

Pensar que vine al castillo del rey Anán a ver a mi hijo... No sólo no estaba si no que me encontré en medio de un complot para tomar el castillo y robar el oro.

 

Esa era mi vida. Pero no me interesa hacer papel de víctima, simplemente quiero decir que mi camino siempre estuvo lleno de altibajos.

 

Gracias por escucharme.

 

 


 

Sesión 14/01/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

La entidad se pregunta el porqué de ser cómo somos y de actuar cómo actuamos en el plano físico. Elucubra que todos somos distintos y abordamos las cosas de diferente manera. Pero no podía estar tranquila, estaba preocupada por la batalla que se cernía sobre ellos.

Sesión en MP3 (3.555 KB)

 

Entidad: Como thetán muchísimas veces me he preguntado a mí mismo por qué encarno en tal o en cuál lugar, o qué familia elegimos.

En realidad no es tan así, a veces depende del plano físico. Si bien nuestras decisiones para encarnar se deciden en microsegundos no significa que nos equivoquemos, generalmente lo hacemos para aprender, para tener determinadas experiencias, siempre para el bien. Lo que no sabemos qué nos tocará en suerte.

Puedo encarnar en una vida con un hermano gemelo. ¿Esto significa que en el plano suprafísico había otra entidad espiritual con la que combinamos encarnar juntos en una misma gestación? No necesariamente; puede haber otra entidad espiritual a años luz de distancia suprafísica y por una causalidad conceptuamos encarnar al mismo tiempo en el mismo lugar.

Hay una frase de una alta entidad angélica que dice: "Todo es por algo". Quizá sí o tal vez no. Hay cosas que se dan por causalidad, pero muchas también se dan por azar. Pensaréis "¿No es que todo está dentro de Eón y dentro de Eón no existe el azar? Pero tampoco olvidéis que Eón nos brinda el libre albedrío divino, y ahí cabe el azar, no es que haya una vida preparada no, no lo hay.

 

Cuando encarné como Ervina no me imaginaría que iba a tener un hijo tan noble, tan bueno y tan infeliz en su infancia, de la cual yo misma me hago responsable en el rol de Ervina. Pero dicen que el buen metal cuando se templa no se quiebra sino que justamente se transforma en un excelente metal, y eso es lo que pasó con Ezeven.

 

Recuerdo que como Ervina había vuelto a lo que llamaban la academia de seres especiales, ya sean mentos o con otras habilidades, pero había algo dentro mío como un instinto que me decía "Quiero volver al castillo del rey Anán nuevamente, algo se debe estar gestando".

 

César, el joven mento que me había acompañado la primera vez me dijo:

-Señora Ervina, no podemos aportar nada allí y podemos aportar mucho aquí, en el instituto.

-No creo que pueda aportar nada aquí mientras esté pendiente de lo que podría suceder allí. Como que aquel que está más allá de las estrellas me dijera mentalmente "Ve, puedes ayudar".

-Obviamente no la dejaré ir sola -dijo César, el joven mento, que ya me había acompañado la vez anterior.

 

Y tras larga travesía nuevamente regresamos al castillo del rey Anán.

Tanto César como yo percibimos, cuando llegábamos por el camino principal, que había seres tanto en el lado izquierdo que da al espeso bosque como al lado derecho que da a las rocas, gente agazapada. Pero percibíamos amistad, por lo tanto estaban emboscados esperando a otro enemigo.

Y le susurré a Cesar:

-Me imaginaba que algo estaría pasando.

 

De las torres nos reconocieron y abrieron la puerta pequeña.

El propio rey Anán, su esposa, Émeris y Núria me dijeron:

-Ervina, no has llegado en buen momento.

Le dije:

-Yo creo que sí si puedo aportar algo de mi parte. De alguna manera tengo dotes de mento, igual que el querido Cesar que me acompañó.

 

Me abracé con mi hijo.

Me dijo:

-Madre, repito lo que dicen las señoras, no es buen momento.

-Siempre es momento. -Comimos, tomamos un zumo de frutas, hablé con Émeris y con Núria, el joven Cesar se quedó conversando con Fondalar.

Les pregunté:

-¿Ese personaje que está allí bebiendo jugo de parra es un gnomo?

-Sí -sonrieron-, se llama Olafo.

-¡Qué interesante, nunca había visto un personaje así!

 

Me explicaron lo que pasaba, de que había un regente que se había apoderado del reino que antiguamente había pertenecido a la reina Samia, donde Núria había servido tantos tantos tantos tantos ciclos de su vida.

-Por algo vine, aquel que está más allá de las estrellas es como que me conceptuó en mi mente que algo pasaba. Sé que es poco lo que puedo aportar, mi mente es pequeña comparada con la de mi hijo, comparada con la tuya Émeris o la del maestro Fondalar, pero quería estar aquí. Pensaréis que soy inconsciente, que tomo decisiones apresuradas, pero estoy más tranquila aquí ante la inminente batalla que estando tan lejos, en la academia, ignorando qué podía pasar.

-Cálmate, cálmate, todas vamos a ayudar -dijo Émeris.

 

Me comentaron que el guerrero Ligor estuvo al borde de la muerte porque cayó en una trampa y lo acuchillaron, y sus órganos estaban a punto de colapsar cuando el gnomo, ese personaje estrafalario, con unos conocimientos alquímicos le dio un par de bebidas y lo repuso casi por completo. Pero ahora no estaba con el resto, se había encerrado en una habitación a pensar.

 

Aranet se acercó y dijo:

-Ligor estuvo a punto de morir. Ahora está meditando y optamos por dejarlo tranquilo. -Me interesó hablar con el pequeño gnomo que supuestamente era un alquimista.

Me acerqué a él y lo saludé, era bajito. Y me miró.

-Sé quién eres.

-¿Cómo sabes?

-Eres la madre de ese joven de mirada misteriosa. Lo sé. Vi como lo abrazabas.

-Me dijeron que salvaste a Ligor.

-Así es -dijo Olafo. Así se llamaba el gnomo.

-¿De dónde eres?

-¡Oh! Estuve andando toda mi vida, mi vida es mucho más larga que la vuestra. Conocí a una señora hace muchísimos ciclos, pero muchísimos, llamada Areca.

-¡Areca! Areca es el mismo nombre que una anciana que trabaja con determinadas cosas.

-Puedes decirlo -dijo el gnomo-, ¡je, je!, trabaja con plantas sanadoras, la conozco desde hace muchísimo, de cuando era joven.

-¿Pero qué edad tienes? -pregunté.

El gnomo dijo:

-No lo sé. Sé que a lo largo de mi vida muchos humanos han nacido y han muerto, quizá sea un don de mi raza tener una vida larga, como tenéis vosotros, los mentos.

-Claro, pero no tan larga.

Me comentó:

-Areca se crió en un valle, tenía una maestra que se llamaba Felipa.

-¡Vaya!

-Evidentemente todos tenemos maestros. Pero claro, Areca tenía un corazón.

-Todos tenemos un corazón -le dije al gnomo.

Me respondió:

-Lo digo en otro sentido. Se enamoró de Fidel, un labrador, y se marchó con él despidiéndose de su maestra Felipa. El hombre poco tiempo después falleció.

-¿Y ella no volvió luego al valle?

-No -me dijo el gnomo-, pero supe que la maestra Felipa murió y su hija, Casimira, fue la nueva líder. Areca llevó semillas de las plantas sanadoras y puso detrás un pequeño huerto. Cuando la conocí tenía un guilmo que la protegía, entiendo que luego cuando el guilmo se fue más allá de las estrellas tuvo un feroz lobo. Entiendo que ahora es una anciana, pero sé que todavía tiene vida por delante.

-Coméntame eso de la alquimia, por favor.

-Hay leyendas sobre los ancianos que saben de alquimia, incluso los que me han enseñado a mí, que jamás voy a dar su paradero porque hay gente que busca poder a través de la alquimia cuando la alquimia es sanación, es aprender a hacer preparados con plantas e incluso con algunos minerales en la porción justa, en la porción exacta. Sé que tú conoces al gran maestro Fondalar, él mismo tenía pequeños polvos sanadores pero no en la poción exacta como para mejorar los órganos del guerrero mal herido.

Lo miré y le dije:

-Con todo lo que has vivido, pueden pasar dos cosas: Que seas un tonto que no has aprendido nada o que seas un sabio y que sepas muchísimo.

Desde su pequeña estatura Olafo se rió y me dijo:

-Mira, Ervina, ¡je, je, je!, ¿sabes lo que he aprendido de esta vida? A disfrutarla.

Un poco me molestó su respuesta. Le digo:

-He pasado por muchísimas cosas, me he alejado de mi hijo por malas elecciones y por suerte lo he recuperado, y he recuperado su afecto. En realidad su afecto no lo había perdido nunca pero yo pensaba que sí. No era una buena madre, pero luego es como que hubiera pagado mi deuda con mis actitudes. Pero no considero que uno deba venir al mundo a divertirse.

El pequeño gnomo me dijo:

-¿Por qué no?, ¿por qué todo tiene que ser drama?

-Porque hay una batalla inminente y veo que tú te sientas y bebes jugo de parra y comes puerco, y no te preocupas por otra cosa.

-¿Ah, no? El hecho de que yo llegara permitió que el guerrero Ligor viviera, he salvado una vida. ¿Qué han hecho otros más que impacientarse y subir veinte veces por día a la torre a ver si se aproximan los enemigos? ¿Qué gano con hacer eso?

-Por eso te diviertes bebiendo.

-No me hace nada, no soy como los humanos que beben y se caen dormidos. ¿Por qué todo tiene que ser de una manera, apreciada Ervina? ¿Por qué todo tiene que ser así o no? ¿Por qué no podemos divertirnos y por qué no podemos a la vez comprometernos con la vida? ¿Por qué tenemos que tener una manera de ser?

-Es muy sencillo -le respondí-, porque no podemos tener varias personalidades, no nos funcionaría bien la cabeza.

-No hablo de varias personalidades, hablo de adoptar distintas actitudes. En este momento, ¿qué gano con preocuparme, aturdir mi mente? No. ¿Piensas que el jugo de parra la aturde? Para nada. Preocúpate por el ahora, preocúpate por el momento. -Me quedé pensando, y entendía que a veces me preocupaba demasiado.

 

Recuerdo que una vez, Émeris, a quién verdaderamente admiro tanto, me dijo:

-No, Ervina, no hay que preocuparse, hay que ocuparse. Preocuparse es ocuparse antes de tiempo sin saber lo que va a pasar. Cuando llegue el momento de actuar actúa, si no te desgastas física y mentalmente y no sirves para nada, ni siquiera con tus dones.

 

Me acordaba de esas sabias palabras: Ocuparse, no preocuparse. Y muchas veces en la vida como Ervina y en otras vidas, me he preocupado en vez de ocuparme. No comparto lo de un Maestro de Luz que dijo: "Bástale a cada día su afán", es mucho más complejo que eso, muchísimo más complejo. Pero mi carácter, mi personalidad, mi manera de ser no me permitiría estar en un sillón tomando zumo de frutas, obviamente sin alcohol, dejándome estar, esperando que los acontecimientos lleguen a mí.

Envidiaba la manera de ser del gnomo, tranquilo como si nada pasara. Una sola vez lo vi inquieto preguntándole a uno de los soldados si su cabra había comido alimento balanceado. Y por dentro me reí, dentro de la tensa situación esperando una inminente batalla, se preocupaba por su cabra.

 

¿Por qué encarnamos dónde encarnamos? ¿Por qué encarnamos cómo encarnamos?: Por libre albedrío. ¿Por qué encarnamos con determinadas personas? Por libre albedrío. Y a veces lo que planificamos no sale, porque como dice un excelso Maestro "A veces depende de nuestros mayores, los que encarnaron antes que nosotros, y que cuando somos pequeños nos dicen lo que tenemos que hacer, que no es lo que nosotros planificamos desde lo suprafísico.

Si somos estables, thetán y parte física, a la larga vamos a lograr nuestro cometido. Pero la mayoría zozobra en el plano físico no logrando cumplir con lo que vino a hacer".

No estoy de acuerdo con la gente que encarna únicamente para pasarla bien y divertirse, porque por otro lado la vida no es así, veo mucho sufrimiento en muchos lados, mucha inestabilidad psicofísica en muchos lados. Yo no tendría el temperamento del gnomo de dejarme estar a ver qué pasa y actuar en su momento, pero estar permanentemente pendiente te desgasta, te degasta tu físico, te desgasta tu mente, te carcome por dentro y entonces eres una inútil porque no le sirves a nadie. ¿Y por qué? Porque primero tampoco te sabes servir a ti misma.

No es fácil vivir, pero viviendo, el que presta atención aprende.

 

Gracias por escucharme.

 

 


 

Sesión 15/02/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

La entidad relata vivencias de una vida en Gaela. Por un intercambio de estudiantes se le iba, se quedaba sin novio, tendría que adaptarse. Tenía amigos que la ayudarían.

Sesión en MP3 (3.535 KB)

 

Entidad: He encarnado en muchos mundos, he pasado por distintas situaciones adversas otras no tanto, pero cada una de ellas me ha dejado huellas en mi interior, lo que llamáis engramas. Pero me voy a remontar a una vida de hace cien mil de vuestros años, en un mundo gemelo a Sol III llamado Gaela.

 

Mi nombre era Beatrice Ronet, me decían Betty, era hija de Moris y Silvy. Mis abuelos eran de fortuna, pero mis padres, ¡je, je!, podría decir que eran ricos venidos a menos.

Éramos de Amarís, intolerable vivir allí porque imperaba la Orden del Rombo y toda aquella persona que no compartía esa religión era discriminada. Entonces mis padres vinieron a Plena, al sur del nuevo continente, cuando yo tenía cuatro años.

La fortuna que les quedó, tanto papá Moris como mamá Silvy la invertían en la bolsa de valores. Eran buenos invirtiendo, sabían qué empresas podían subir las acciones, y cuando percibían que alguna empresa se iba a pique en seguida se desprendía de esas acciones. Y ganaban dinero, ganaban bastante dinero.

 

Me dieron una buena educación, en una escuela privada primaria y en una escuela privada secundaria. En la escuela secundaria siempre me saqué muy buenas notas y allí fue donde conocía a Mario, Mario Abregú, porque por causalidad, porque nada es casualidad todo es causalidad, era primo de Jorge. Y ahora voy a explicar qué es la causalidad.

 

Como dije antes, mis padres eran muy ricos pero venidos a menos, habían perdido bastante fortuna en Amarís. Incluso donando a la Orden de Amarís para ser bien vistos, ¡je, je! nunca les reconocieron nada. Y en Plena pudieron invertir y recuperar parte del dinero, pudieron comprar una buena casa con varias habitaciones, con dos baños. Cerca del centro de la ciudad, pero más en la parte norte, que era la parte rica de la ciudad, Ciudad del Plata, la capital de Plena.

Y a papá Moris le interesaba mezclarse con la gente de fortuna, más que nada para aparentar. ¿Si tenían modales? No, pero eran buenos en cuanto a mímica, sabían imitar. Entonces aprendieron modales por la fuerza, empezaron a ir al club hípico y se hicieron amigos de uno de los matrimonios de mayor fortuna, los Clayton.

 

Y aquí viene la causalidad: Jorge, primo de Mario Abregú, que fue mi compañero de la escuela secundaria, era Clayton, hijo del matrimonio que mis padres se hicieron amigos.

Pero Jorge era una persona distinta, era independiente de sus padres, de joven, ya de adolescente le dejaron manejar fortuna. Incluso sus abuelos le habían dejado fortuna, y a diferencia de sus padres, Jorge la hizo crecer. Hasta podría decir que Jorge Clayton tenía más fortuna que sus propios padres.

 

Pero no era como ellos, no iba al club hípico para aparentar, para mostrarse sino más bien una persona dadivosa que donaba en fundaciones, en hospitales, en centros comunitarios. Y aún así, con todo lo que donaba, su fortuna no decrecía porque sabía hacer buenos negocios, invertía con una tremenda intuición en negocios que le rendían el ciento por ciento.

 

Mario era más humilde. A pesar de ser primo de Jorge la familia era de mucha menor fortuna. La mamá de de Mario era hermana de la mamá de Jorge, por eso el distinto apellido. Porque en Plena tenían un sólo apellido, el apellido paterno.

Pero Mario era muy buena persona, le encantaba estudiar, le encantaba crecer, le encantaba ser alguien en la vida.

 

Y empezamos a salir como novios y verdaderamente me gustaba: Moreno, quizá no tan alto como Jorge, pero de buen físico.

Su papá no se llevaba bien con su madre. Cuando Mario Abregú cumplió los quince el papá se alejó, nunca más se supo más de él, y la madre de Mario al poco tiempo empezó a salir con un hombre más joven que ella llamado Juan.

Mario no lo consideraba un segundo papá, lo consideraba un amigo, no era mala persona, pero Mario pensaba que la situación no iba a durar mucho. Sin embargo la relación duró, por lo menos en el tiempo en el que yo estoy contando este relato. Dos veces se alejó Mario de mí, una vez porque en una de las provincias había un estudio de grado, de vacaciones.

Y yo le comentaba:

-Mario, pero aprovecha las vacaciones, vamos a la playa, vamos a la costa.

-No, están haciendo un estudio de grado que me interesa muchísimo, porque es mi materia y me van a dar un diploma. -O sea, que casi todo el verano, los tres meses, se la pasó en el interior de Plena estudiando. Nos llamábamos muy poco, yo no sabía nada de él, incluso me trabajaba la cabeza pensando que en la provincia salía con otra joven.

 

Finalmente volvió, pero volvió distinto, como más ocupado en el estudio. Había colgado en su habitación el diploma enmarcado.

Orgulloso me decía:

-¿Te das cuenta, Betty, te das cuenta lo que rinde el estudio?

Le respondía:

-Me encanta, pero creo que en la vida tenemos que tener tiempo para todo, tiempo para estudiar, tiempo para comer, tiempo para dormir, tiempo para disfrutar, y me da la impresión como que no has disfrutado el verano.

Mario se molestaba, me decía:

-¿Pero Betty, a qué le llamas disfrutar, a hacer de tonto en una playa?, ¿a estar en el agua en el océano? Yo disfruté estudiando.

-¿Y de noche qué hacías? -le pregunté.

-Me hice de amigos y amigas.

-¡Ah! ¿Y qué pasó con esas amigas? -Y Mario se molestaba.

-¿Acaso piensas que salí con alguien? Yo respeto la relación. Y tú, ¿qué has hecho en Ciudad del Plata, has conocido muchachos?

-Obviamente que no. Es decir, sí, en el club hípico he conocido gente, pero nos reuníamos en un grupo. Y antes de que te fueras a la provincia a estudiar, cuando salíamos del colegio, ¿por qué no venías al club hípico con nosotros?, estaba Paula, Cuca, Pocho... Nunca te has juntado con nosotros, incluso las veces que Jorge Clayton, tu primo, ha ido al club hípico tú no querías ir.

-No me interesa, me interesa estudiar.

-Quiero que me entiendas, Mario, yo te felicito, yo misma tengo buenas notas, y tú lo sabes, pero trato de tener equilibrio en mi vida.

-¡Je, je, je! A ver, Betty, ¿qué es equilibrio para ti?

-Equilibrio es eso, no estar quemándome los sesos las veinticuatro horas del día estudiando y estudiando y estudiando.

-Bueno, yo tengo un diploma que tú no tienes.

-¿Y me lo echas en cara? En la secundaria nos vamos a recibir el mismo día.

-¿Y? ¿Y eso que tiene, te crees mejor que yo? Lo que está hablando es tu complejo de inferioridad -dijo Mario.

-Discúlpame, discúlpame, pero yo no tengo ningún complejo -le expliqué-, ningún complejo. Para nada, para nada en absoluto. Yo no me siento ni menos ni más que nadie. Antes de conocerte a ti salí con un joven, Roberto, yo estaba en primer año, yo era una niñita prácticamente. La relación duró unos meses, no pasó de unos besos. Pero él se jactaba de que tenía varias novias. Yo me reía porque digo: "Es un chiquilín, es un tonto". Y resulta que lo vi después por la calle besándose con una chica, y a los tres días besándose con otra chica. Y no me gusta callarme las cosas, y se lo dije.

 

Le digo:

-Roberto, yo no soy juguete de nadie.

-Tienes dos opciones -me dijo Roberto-, o me aceptas como soy o te marchas.

Le digo:

-Hagamos una cosa: ¿En lugar de marcharme yo porque no te vas a pasear tú? -Se lo dije de una manera grosera. Pero me miro con una mirada llena de sarcasmo y se marchó.

 

Mario me preguntó:

-¿Y has sufrido?

-Era una niña, ni siquiera una adolescente. Me molestó su soberbia. Todavía está, Roberto Sanders, ¿lo ubicas?

-¡Ah, sí! -dijo Mario-, pero me parece una persona muy infantil. O sea, las jóvenes lo tienen catalogado como un niño algo crecido. ¿Y ese es el que salía con varias niñas?, porque lo que es ahora ninguna joven le presta atención.

-Bueno -exclamé yo-, se cosecha lo que se siembra.

-No, no creo en eso -dijo Mario-, no creo en eso. Creo que directamente él ya tenía esa manera de ser. Y cuando eran jóvenes, a los trece años, las chicas no se daban cuenta de que él era un infantil, pero cuando tienes dieciocho años ahí te das cuenta de si la persona verdaderamente es una persona madura, crecida o es una persona que vive en una infancia, en una infancia tonta.

-No entiendo la palabra infancia tonta -le comenté a Mario-, pienso que cuando somos infantes somos felices.

-Betty, ¿qué te pasa hoy, tienes pocas luces? Infancia tonta le llamo a que las personas que no han crecido....

-Tampoco tienes por qué insultarme con lo de pocas luces -le dije-. Tú y tu diplomita colgado en tu dormitorio me parece que te han llenado de humo la cabeza.

-Esa frase no la entiendo coloquial.

-Quiero decir que tu ego te está manejando.

 

Así y todo seguimos saliendo un tiempo, hasta que finalmente se le dio una propuesta de hacer un intercambio estudiantil:

-El mes que viene me voy.

-¿Un mes?, ¿más?, ¿menos? ¿No te irás tres meses otra vez como el verano?

-Me voy un año.

-¿Y nosotros?

-¿Y nosotros, qué?, me voy a estudiar, no voy a tontear.

-¿A dónde?

-A Mágar.

-¡A Mágar, al viejo continente! -La verdad que me quedé sorprendida-. Pensé que teníamos una relación.

Mario me dijo:

-Mira, Betty, yo tengo interés por ti. Si tú tienes interés por mí, un año pasa rápido. Así que si lo deseas me esperas, y si no haz tu vida.

-¡Je, je, qué simple qué haces las cosas! -le dije.

-Ahora eres tú la irónica.

-¿Y qué quieres, cómo quieres que te responda? A todo esto, ¿qué dice Jorge, tu primo?

-Él no se mete en mi vida. De todos modos está de acuerdo, al fin y al cabo él fue el que hizo los arreglos. -Me quedé paralizada.

-Así que un intercambio estudiantil. O sea, ¿que un joven de Mágar viene para aquí?

-Sí, un tal Nándor.

-Bueno. Pero me dijiste que falta un mes para que te vayas.

-Sí, pero me voy a dedicar a estudiar bien las costumbres de Mágar. O sea, que en este mes nos vamos a ver menos.

Sentí como un impulso y le dije:

-Mira, si quieres este mes te dejo tranquilo y estudias bien las costumbres de Mágar. Yo, total, tengo amigas y amigos en el club hípico.

-Como quieras. Y ahora se me hace tarde porque tengo que ir a estudiar.

-Estudia, estudia, estudia.

-Lo dices irónicamente. ¿Acaso tú no estudias, Betty?

-Sí, yo estudio. Y el estudio es bueno en la medida justa, todo es bueno en la medida justa. En casa tengo una biblioteca pero no estoy las veinticuatro horas del día leyendo. -Mario Abregú se encogió de hombros, me dio un beso en la mejilla y se marchó. Me toqué la mejilla y dije: "Seguramente vendrá otro desengaño". Porque él acostumbraba a besarme en la boca. Pero bueno, es cuestión de resignarse.

 

Me fui para el club hípico y me encontré justamente con Jorge Clayton.

Le digo:

-Jorge... -Le conté lo de Mario.

Me dijo:

-Mira, Betty, es una oportunidad que se le presenta.

-Jorge -exclamé-, no lo digo por eso, lo veo como distante, como alejado, creo que debo resignarme.

-Mira, Betty, no digas nunca esa palabra, resignarse es como bajar los brazos.

-¿Y por qué voy a luchar?

-No no no no, Betty, yo no te hablo de luchar, te digo que no te resignes, te digo que te adaptes.

-A ver, ¿me explicas la diferencia?

-Claro. Resignarse es como si fueras una barca sin timón que estuviera a merced de las olas. Adaptarse es sobrevivir, es adaptarse a la situación: estás en una barca, tienes timón y lo manejas tú. ¿Lo entiendes o no?, porque te has quedado callada.

-Sí, lo entiendo. O sea que debo adaptarme a estar sola.

-No. La forma que te expresas, Betty, es como derrotista. Vive la vida, como hago yo: Vamos al club hípico, nos juntamos con amigos...

-Eres raro, Jorge.

-¿En qué sentido, Betty?

-A veces te veo con cara de desprecio por los amigos del club hípico.

-Son compañeros, no son amigos. Amiga puedes ser tú, Pocho. Lo que no me gusta de Pocho que sea tan lisonjero, es como que él trata de quedar bien con todos.

-Lo que pasa, Jorge, que tú tienes tu carácter, es como que nadie se impone a tus ideas.

-No, Betty, no es así, nadie se impone a mis ideas simplemente porque mis ideas son claras y concisas. Pero yo tampoco impongo ideas a nadie, yo simplemente tengo un punto de vista y me aferro a ese punto de vista. Pero no soy un tipo caprichoso, si alguien me plantea un punto de vista más lógico, más coherente lo acepto, sino sería un necio. ¿Tú me ves necio?

Me dice:

-Eres una buena niña, ¡je, je!

 

Jorge me apreciaba mucho pero yo sabía que no despertaba en él ningún otro sentimiento. En realidad él tampoco despertaba en mí un sentimiento, le tenía un enorme afecto como amigo. Pero verdaderamente es como que yo siempre pensaba en Mario.

Pero me tuve que adaptar, como dijo Jorge Clayton. Al mes, Mario se fue a Mágar y vendría otro joven en el intercambio.

 

Adaptarse... No es fácil adaptarse a las circunstancias. De palabra todo el mundo lo dice, en los hechos creo que ni un diez por ciento lo lleva a cabo. Y todavía estoy siendo generosa al decir un diez por ciento.

 

Gracias por escucharme.

 

 


 

Sesión 05/04/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisca

La entidad estaba presente cuando la regente de la fortaleza Sigmur declaró sus intenciones al rey Anán y a sus guerreros amigos. El mensaje estaba dado. Mientras tanto festejarían el nacimiento de un nuevo príncipe en el reino.

Sesión en MP3 (3.215 KB)

 

Entidad: ¡Qué extraña que es la mente humana! Extraña al punto tal de no entendernos a nosotras mismas.

 

Por un lado estoy más que contenta desde que mi pequeño, que ya no es pequeño, ya es un hombre, se había ido de casa. Ahora, por fin, en el castillo del rey Anán puedo dialogar con él. Me contó un montón de cosas, cómo sobrevivió haciendo actos que la gente no entendía en los circos ecuatoriales, en los distintos teatros.

 

Pero por otro lado me siento sola, pero no en el sentido de afectos, sé que todos los que me rodean sienten afecto, y es recíproco yo lo siento por ellos, pero me refiero a nivel de pareja. Mis dos parejas es como que me defraudaron y yo sigo a la espera de encontrar el verdadero amor, ¿no? el amor que te enseña amar, porque amar va mucho más allá de unos besos, de caricias, de intimidad, es una comunión interna que es muy difícil lograrla. Y obviamente me daría pudor hablarlo con mi hijo Ezeven. Lo podría hablar con Émeris, ya no con Núria porque está en su fortaleza y es como que se alejó, o es como yo lo siento.

 

Pero vino una nueva alegría, se había organizado una enorme fiesta, había nacido Baltar, el segundo hijo del rey Anán con su esposa Marya, absolutamente sano, bien, y Marya perfecta.

Ezeven me dice:

-¿Lloras, madre?

-Hijo, hijo, tú que tienes tantos dones, ¿cómo no entiendes que se puede llorar de alegría? -Me abrazó, me estrechó en sus brazos.

-Madre, me alegra de que estemos juntos.

-Hijo... ¿Qué puedo decir de mí? Tengo alegría de estar contigo, con seres por los que siento un enorme afecto y veo que en todo el reino hay una enorme felicidad, ya quedó todo atrás el tema de la batalla con el regente Sigmur. ¿Sabes cuánto hace que no descanso espiritualmente?, ¿sabes cuánto hace que no estoy en tensión nerviosa?

 

Abrieron las puertas de la parte sur y llegó Aranet con sus bárbaros, con su leal segundo, Aksel. Los bárbaros, bien entrenados, saludaron y marcharon directamente con sus hoyumans al patio de armas a juntarse con los soldados. Era como una comunidad, bárbaros y soldados mezclados conversando como grandes compañeros. ¡Qué hermoso, qué hermoso todo!

 

Subí a la habitación de la ahora reina Marya y lo vi al bebé. Le digo:

-Hermosa dama, si tuviera que decir quién es más bello, si Baltar, si Benjamín, yo diría que los dos.

-Ervina, gracias por estar.

-Gracias por permitirme estar.

-Eres bienvenida siempre. Es más, no preciso decírtelo. Haz de cuenta, pero de verdad, no lo digo de una manera formal, lo digo informalmente, haz de cuenta que estás en tu casa, no tienes que pedir permiso para nada, puedes ir a la cocina servirte lo que desees, la jefa de cocina y sus ayudantes ya saben. Y te felicito por tu hijo, fue un héroe. -Me sentí halagada pero a su vez con pudor. Marya, como adivinándome el pensamiento, me dijo-: Ervina, no tengas pudor, es un héroe, ha dado vuelta a la batalla. Sé que también participó Ligor pero la iniciativa fue de tu hijo, exclusivamente de tu hijo. -Me acerqué y respetuosamente le di un beso en la mejilla y me marché otra vez hacia abajo.

 

Los vigías alertaron, del otro lado venía una tropa de cien soldados. Le pregunté a Aranet:

-¿Quién es?

-Apreciada Ervina, aparentemente es Núria.

-¿Viene a la fiesta?

-Obviamente está enterada, tiene espías por todos lados, pero no me gusta.

-No entiendo, Aranet.

-No me gusta que venga acompañada de cien soldados, no tiene porqué, aquí no corre ningún peligro. -Me quedé a un costado y vi que mi hijo Ezeven, Aranet y el maestro Fondalar salieron por la puerta norte, por el portón pequeño y recibieron a Núria.

 

El que habló fue Aranet:

-Tú eres bienvenida.

Núria dijo:

-Obviamente. Formé parte de este castillo, que prácticamente es como si fuera mi segunda casa.

Aranet respondió:

-Y si es así, ¿por qué vienes con cien soldados acompañándote?

-Es mi guardia. ¿Acaso tú no has venido con tus bárbaros?

-Es distinto. Mis bárbaros conocen al rey Anán prácticamente desde siempre, tus soldados la mayoría son mercenarios contratados. Honestamente, no los conozco.

-¿Entonces?

-Entonces tú puedes entrar, ellos pueden acampar afuera o volver a tu fortaleza.

-Aranet -exclamó Núria-, primero tú no eres quien decide aquí, que yo sepa el rey es Anán. -Atrás nuestro se escucharon unos pasos y Anán se puso al lado de Aranet, de mi hijo y del maestro Fondalar.

-Apoyo las palabras de mi gran amigo: No conozco a tus soldados.

-¿Qué pueden hacer cien soldados, piensas que los vamos a invadir?

-Para nada -dijo Anán-, pero esto es una fiesta íntima.

-¡Je, je, je! -sonrió Núria-, ¿íntima con los bárbaros?, ¿qué tienen ellos mejor que mis soldados?

El rey dijo:

-Como comentó Aranet, los conozco, a tus soldados no los conozco. Y no tiene sentido que estén compartiendo comida con mi gente. Tal vez con el tiempo, si entablamos relaciones. -Núria frunció el ceño todavía montada sobre su hoyuman.

-¿Si entablamos relaciones?, pensé que yo era parte de ustedes.

-Lo eras -dijo el rey-, hasta que decidiste apartarte y te guareciste en tu fortaleza.

-Entiendo, no soy bienvenida.

-No, estás tergiversando a propósito mis palabras -dijo Anán-. No es así, simplemente tú eres bienvenida. Ellos pueden acampar afuera.

-Esto es un desprecio -espetó Núria-, un enorme desprecio. No va a quedar así.

Por primera vez habló Fondalar:

-Cálmate, Núria. Me resulta incómoda la palabra, las palabras "No va a quedar así". Si puedes completarlas...

-Las ofensas se pagan.

-Explícate -continuó Fondalar-, ¿cómo piensas cobrarlas?

-Si no nos dejan pasar dejarán de ser amigos y pasarán a ser enemigos.

Fondalar dijo:

-Creo que estás un poquito fuera de lugar. Nadie te está atacando, simplemente estamos diciendo de que no conocemos a esta gente. Puedes venir tú, tu consejera Soledad, y el resto puede esperar. No hay problema, les daremos provisiones, pero al castillo no pasan.

-¿Lo dices tú o lo dice el rey?

Anán dijo:

-Lo decido yo. Respaldo lo que dijo primero Aranet, respaldo lo que dice ahora el maestro Fondalar.

Habló Ezeven, mi hijo. Y le dijo:

-Estimada Núria, tú tienes lo que tienes gracias a mí.

Núria respondió:

-También estáis todos vivos gracias a ti. ¿Y? Pero ya está, pensé que éramos una unidad.

Ezeven dijo:

-¿Una unidad?, eres tú la que se ha marchado. Comparto lo que dice Aranet, mi maestro Fondalar y el rey Anán.

-A partir de ahora -dijo Núria-, seremos enemigos. Si el día de mañana precisamos algo no lo pediremos, lo tomaremos.

 

Por primera vez lo vi al maestro Fondalar molesto, como que su paciencia había llegado al límite. Y le dijo:

-Mira, Núria, esto me suena a amenaza. En este momento estoy en el pleno control de mis dones, soy un mento como Ezeven y como su mamá; por más tropa que tengas no puedes hacer nada. Entonces caen mal tus amenazas.

Núria dijo:

-¿Y acaso no cae mal que nos rechacen?

Habló Aranet:

-Vuelves a tergiversar las palabras, nadie te está rechazando. Tú misma te has apartado, vienes con gente que no conocemos. Eres bienvenida a quedarte el tiempo que sea, pero los demás que te cuiden la fortaleza.

-No. Me doy cuenta que han mostrado su verdadero rostro, ese rostro amigable que nunca fue tal. Se sacaron la máscara, están mostrando que son todos unos hipócritas.

 

Habló Fondalar:

-Te disculpo tus palabras porque no estás bien.

-¡Je, je, je! ¿Yo no estoy bien? ¿Acaso habéis sufrido lo que sufrí yo?, la mitad de mi vida. Tú mismo, Fondalar, sabías que había dado la palabra, una palabra de nuestros ancestros y que Samia me la hizo cumplir al pie de la letra. El mismo Ligor en lugar de esperar tanto, ya que Samia lo nombró caballero, ¿por qué no habló con ella y le dijo "Libérala de la promesa?

Fondalar dijo:

-No es un tema mío ese, es un tema de Ligor.

-Pero tú no hiciste nada, fuiste pasivo, fuiste permisivo con el error.

-Tú tampoco te has quejado. A veces has salido del castillo a hacer compras, nunca te comunicaste con nadie diciendo cómo te sentías, cómo estabas. Ni con Ligor, ni conmigo, ni con otros. Soy un mento pero no soy adivino. Después que pasó todo vinieron tus quejas. Es más, todos nos enteramos cuando tuviste la disputa y luego la separación con Ligor, antes lo tomábamos como algo normal. Entonces, ¿cómo podemos ayudarte si tú nunca pediste auxilio?

-Era evidente.

-No, era evidente para ti, no para nosotros. No podemos estar en todo.

-Está bien. -Tomó las riendas, dio media vuelta y le dijo a los soldados-: Vámonos, aquí no nos quieren y dejan de ser nuestros amigos. -Se dio vuelta y le dijo a Fondalar-: Tú tendrás dones, pero nosotros tenemos catapultas que pueden lanzar piedras ardientes a cientos de líneas de distancia.

 

 Habló Aranet:

-¿Te das cuenta?, cada vez son más grandes tus amenazas. Pero no te olvides -continuó Aranet-, que toda acción tiene una reacción. Espero que la cosa no pase a mayores. Y si te vas, vete, porque verdaderamente no me siento bien, mis nervios me afectan al estómago.

-A mí también -dijo Fondalar-. Me siento mal y no quiero estar con un mal semblante en la fiesta de un nacimiento, así que vuelve por dónde has venido. -Núria se marchó con sus soldados.

 

Yo estaba pálida. Le dije a mi hijo:

-Ezeven, ¿qué va a pasar ahora?

-Madre, tranquila, tranquila, festejemos, es un nacimiento. Este angelito, Baltar, va a traer dicha, ya la trae.

El rey Anán lo abrazó a mi hijo.

-Gracias por tus palabras. Y lamento todo esto. No... Me siento como descolocado, no entiendo qué le pasa a Núria. Honestamente, no lo entiendo.

Aranet lo tomó por el hombro a Anán y le dijo:

-A ver Gualterio -Hacía rato que no le decía Gualterio, su nombre original, por eso le puso Gualterio a su hijo más grande-, a ver si empiezas a servir bebidas y despejamos un poco la mente. ¿Qué os parece a todos?

-Nos parece bien.

 

Vino la niña Ciruela.

-¿Me serviréis algo?

La miró Aranet:

-Sí, un zumo de frutas.

-¡Ah! Ya soy grande.

-¡Je, je, je! No, no eres grande todavía. Zumo de frutas para la niña.

-Puedo hacer arder cuerpos.

-Lo que sea, pero el licor te va a hacer arder por dentro. No. Insisto, zumo de frutas.

-¡Ja, ja, ja! -La niña se abrazó a Aranet.

 

Pero yo todavía estaba con una tensión nerviosa tremenda. Le dije a mi hijo:

-Me voy a preparar una tina con agua caliente y me voy a cambiar de ropa, me quiero distender un poco.

-Ve, madre -me dijo mi hijo.

 

Hablé con una de las damas de compañía y me iba a preparar la tina con agua caliente y de vuelta me había puesto a pensar en mis parejas que me habían defraudado.

Pero bueno, mi vida continuaba. Sé que necesitar no es el verdadero amor, alguna vez me lo explicó el maestro Fondalar, pero bueno, yo necesitaba a alguien que verdaderamente me ame y me acepte como soy.

 

Gracias por escucharme.