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Psicoauditación - Sebastián H.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión del 31/08/2020 (1)

Sesión del 31/08/2020 (2)

Sesión del 30/09/2020

Sesión del 06/10/2020

Sesión del 10/06/2021

Sesión del 07/07/2021

 


Sesión 31/08/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sebastián H.

Para ayudar al pueblo preparaban un torneo con los mejores sesenta y cuatro guerreros de la región. Él iba a participar, pero debería vencer a todos.

Sesión en MP3 (3.197 KB)

 

Entidad: Era la segunda vez que discutíamos.

-No entiendo tu punto de vista, Samanta.

-Mi punto de vista es simple, mi punto de vista es que no voy a dejar a mi familia.

-Creo que no nos estamos entendiendo -argumenté-, no te hablo de dejar a tu familia, te estoy proponiendo matrimonio.

-¿Y dónde vamos a vivir? Tú estás cómodo aquí en palacio.

-No, tenemos una fortaleza aquí cerca, una fortaleza que me trae malos recuerdos de mi madre, pero no tengo problema que mi padre me la dé, se la he reclamado y no puso peros.

-¿Y mi familia? -preguntó Samanta.

-Es una fortaleza enorme, pueden venir.

-No, están acostumbrados al poblado, me conociste en una herrería. Y te dije que tendrías que haberte buscado una noble. -La miré.

-No te entiendo. Cuando te conocí había perdido la memoria, recuperé la memoria. Te fui a buscar. No te mentí, no me interesa estar con una noble, la nobleza es un título, no te hace ni mejor ni peor.

-Somos jóvenes.

-Sí, Samanta, somos jóvenes pero podemos perfectamente vivir juntos.

 

Habíamos estado varias veces en mi alcoba, habíamos estado juntos dándonos besos profundos, uniendo nuestras almas, nuestros cuerpos, pero no me bastaba. Aparte, recordaba sus palabras cuando la volví a ver: "No quiero que me usen". Y se lo dije. No lo entendió o no lo quiso entender.

-O sea, que me estás proponiendo matrimonio no porque me amas sino porque piensas que me has usado.

-No, Samanta. -Me sentía agotado, me quitaba fuerzas discutir. Por la mañana me iba al patio de armas y practicaba con mi espada contra los mejores soldados y no me agotaba tanto como esta discusión.

Finalmente me dijo:

-Hagamos una cosa, yo no me siento preparada todavía para un matrimonio.

-¿No? -le dije irónicamente-, recuerdo que me dijiste "De chica soñaba con un príncipe". Aquí estoy.  ¿Y?

-Y nada. Necesito tiempo.

-¡Ohhh!

-¿De qué te ríes?

-Esa palabra, "necesito tiempo", se la escuchaba a los mayores cuando yo era chico. Necesito tiempo es inseguridad. Pensé que me amabas.

-No me gustan las presiones.

-¿Presiones? Es la segunda vez que tocamos el tema en sesenta amaneceres. Presiones...

-¿Me acompañas hasta mi poblado?

-No. No. Irás con una escolta de diez soldados.

-¿Me vendrás a ver?

-No. Cuando te decidas vendrás tú.

-¿Y si no me decido?

-No me vengas con adivinanzas, Samanta. Si no te decides es que yo no te alcanzo, aspiras a algo más o algo menos. Quizá te abruma todo esto, los pisos de mármol, la tina con agua tibia.

-No me ofendas, no me ofendas.

-Disculpa, pero estoy mortificado.

-No lo tomes como un rechazo -dijo ella.

-No, lo tomo como una postergación indefinida. Dependerá de ti, no de mí. -Se despidió de todos y con una escolta de diez soldados marchó para su poblado.

 

De verdad que estaba abrumado, sorprendido. Y sentía un vacío. Padre no era tonto, padre sabía que de su alcoba al lado de la mía me visitaba ella por las noches y uníamos nuestros corazones.

 

Aranet se había marchado, había hablado con Núria y con Émeris y dijo que iba a buscar a Orlok, iba a matar a los traidores uno por uno. Émeris lo quiso acompañar, Aranet se negó.

Dijo:

-No, no, no los voy a atacar, no soy un suicida. De noche los buscaré y degollaré a uno por uno. -Mi piel se había erizado de la impresión, de ver la frialdad con la que se expresaba Aranet, pero por otro lado justificaba su ira. Tanto padre como su esposa y el bebé estuvieron en peligro de muerte.

Antes de irse le dije:

-Émeris y Núria, con los nervios que pasaron no trajeron botín, el botín que se habían llevado.

-Veré cómo hago. Obviamente no iré con una carreta.

-¿Irás en un hoyuman?

-No, iré con mi bagueón. -Y se marchó.

 

Padre estaba mucho más repuesto. Había pasado unos días infernales, días que no podía ni dormir pensando que su amada y el bebé iban a morir a manos de los bárbaros. Encima, para colmo de males, en toda la región había sequía.

Esa mañana, padre bajó al salón principal del trono contento y me dijo:

-Voy a organizar un torneo. -Fruncí el ceño.

-¿De qué hablas?

-Un torneo de espadas. Y se cobrará, habrá un pequeño premio para el ganador.

-¿Y el resto de la recaudación? -le pregunté.

-Será para las aldeas cercanas que están sufriendo una espantosa sequía, pierden las cosechas. Hay que ayudarlos.

-Tenemos los medios. ¿Pero porqué no recaudar más?, el patio de armas se ha modificado el doble de tamaño y estaba rodeado por edificios con grandes miradores.

 

Difundió la noticia. Y podían venir gratuitamente de las aldeas, incluso se permitían apuestas.

Los primeros días no vino nadie, hasta que empezaron a caer guerreros conocidos: Azlud, norteño. Argón, otro norteño pero del noreste. Arraquis, que portaba una cimitarra. Artázar, un elfo. Vino un hombre fornido, quizá un poco más bajo que Aranet pero más corpulento, era campeón de espada del norte, Axel. Otro elfo llamado Rubio. Éveret, otro guerrero con cimitarra... Y fueron viniendo muchos más.

 

Padre quería hacer un torneo con sesenta y cuatro participantes en eliminatoria directa.

 

Faltaban todavía seis hasta que apareció un joven descarado, rostro alegre. Con la primera que se abrazó es con la esposa de Aranet, la joven Mina, luego con Fondalar. Averigüé sobre Rebel, decían que era uno de los más importantes espadachines de todo Umbro y ganaba su dinero participando en torneos. Jamás lo habían vencido, jamás.

 

Esa noche en el salón principal se armó una mesa larga, una mesa enorme y todos bebían y festejaban. Me sentí contento al ver a padre feliz, a la dama Marya sonriendo y el bebé en la habitación cuidado por una criada y en la puerta un soldado. Sólo faltaba Samanta para completar mi felicidad.

Me acerqué a Rebel y le dije:

-Yo también participaré. -Se encogió de hombros.

-¿Y qué tal eres, príncipe?

-Muy bueno. Quizá sea yo quien te gane. -Rebel lanzó una carcajada.

-No te ofendas, Gualterio, es mi carácter. -Me caía bien.

 

Fondalar estaba en un rincón hablando con Émeris, todavía arrastraba esa tristeza de haber perdido a su hijo, pero tenía la fuerza interna suficiente para reponerse.

 

El más alegre de todos era Rebel, contando anécdotas. Todos se reían.

Argón, del noreste, le decía:

-Te cerraremos la boca.

Mi padre dijo:

-Acordaros que es a primera sangre. Acá no se mata a nadie, el que sangra queda eliminado. Aunque sea solamente un pinchazo con la punta de la espada, un corte en el muslo, en el estómago, en el brazo. Queda eliminado.

 

Rebel sonreía, era invicto. El mismo Fondalar decía:

-No veo otro con su habilidad.

 

Al día siguiente llegaron los restantes. El último era un hombre medianamente grande, de edad indefinida. Portaba una espada grande a su espalda. Con barba algo canosa. Muchos de los guerreros lo miraron con mucho respeto.

Le pregunté a padre:

-¿Quién es?

-No sé. -Nos acercamos a Fondalar-: ¿Por qué lo miran con tanto respeto?

-Es Geralt. Geralt es un mito. Mira que yo tengo edad -agregó Fondalar-, y desde que era joven ya conocía a Geralt. Tengo entendido que se crió más allá del país de oriente, más allá del desierto. Luego vino para el oeste y estuvo viviendo con los turanios. Es un caza recompensas. Pero no es mala persona, caza asesinos y violadores y cobra por ello. Muchos le temen.

Mi padre dijo:

-Espero que los que se anotaron no se arrepientan, porque veo las miradas de respeto que le tienen.

 

Lo primero que hice fue mirar a un costado y ver a Rebel. Y me sorprendió, había perdido su sonrisa, pero no miraba a Geralt con respeto, lo miraba con seriedad.

Geralt comió algo, tomó una enorme taza de bebida espumante y desvió su mirada hacia Rebel. Se acercó, estuvieron conversando. ¿Se conocían? Aparentemente sí.

 

Volví a preguntarle a Fondalar:

-Tú que estás enterado de todo, ¿Geralt conocía al joven Rebel?

-No te sé decir... Y no es cierto que lo sepa todo.

Padre se acercó a mí:

-¿Tú vas a participar?

-¿Por qué no? ¿Piensas que porque está Geralt voy a perder?, ninguno de los soldados me gana. Ni siquiera Albano, que es bueno. El propio Donk no me pudo vencer. -Lo miré a padre y a Fondalar-. Es una pena que no estén dos de los mejores; Aranet que fue tras Orlok y Ligor obsesionado con Randora. No sé qué hubiera pasado con Aranet y Ligor en el combate.

 

Ya estaban los sesenta y cuatro participantes. En dos amaneceres comenzaría, sería por sorteo. Pobre al que le toque primero Geralt, quedaría eliminado en primera ronda. ¿Había favoritos? Sí, los dos favoritos eran Geralt y Rebel. Lo que no sabían es que yo podía dar la gran sorpresa.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión del 31/08/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sebastián H.

Empezó el torneo. Cada uno tenía una historia distinta, unas posibilidades de ganar. Pero la habilidad y la fuerza se decantaron hacia una situación nunca esperada.

Sesión en MP3 (3.667 KB)

 

Entidad: Estaban todos entusiasmados con el torneo de espadas. Hasta mi padre. Parecían niños con un juguete nuevo. Pero a mi padre qué le podía reprochar, estuvo con su esposa y mi hermanito en peligro de muerte.

Está bien. Fue organizado, más que nada, con parte de la recaudación solventar la sequía de la región y que las aldeas puedan sobrevivir habiendo perdido su cosecha. Y si lo tomaban como un juego, como una diversión, ¿qué?, ¿a quién molestaban?

 

Yo tendría que estar con ánimo pero estaba desgastado, es como que la partida de Samanta me dejó un hueco en mi corazón. Una mano se apoyó en mi hombro y me sobresaltó.

-Tranquilo. -Fondalar, atento a todo. Lo miré y me dijo-: Ahora pon atención a lo que está por venir. Te he observado estos últimos tiempos y has mejorado muchísimo en el arte de la espada, pero fíjate con atención los últimos que han llegado.

 

Había llegado Irsing, un salvaje, una bestia, un hombre que hablaba con sonidos guturales. Obviamente sabía hablar pero quizá para intimidar se expresaba con gruñidos.

Impiro, expulsado de la raza de los blancos, enorme, más de dos líneas de altura, fuerte, pero de rostro cadavérico. La impresión que causaba era como que era un destructor, un tremendo destructor.

 

De causalidad me tocó el primer combate contra un ecuatoriano, en instantes le saqué sangre del hombro. Saludé al público, limpié y luego enfundé mi espada.

Padre me palmeó en el hombro.

-Te felicito. -Era un rival que era fácil. De los sesenta y cuatro quedaron treinta y dos.

 

En la siguiente ronda me tocó contra un norteño que respiraba agitado. Me miraba con sus ojos pequeños, su boca con furia, su gesto de desprecio. Me miraba de arriba abajo, "¿Este joven presumido me vencerá a mí?". Levantó su espada y atacó con todo. Lo único que hice fue dar un paso al costado, dejar extendida mi espada sólo. Su estómago dio contra mi espada y cortó. Manó bastante sangre y lo tuvieron que sacar. Prácticamente no hice ningún esfuerzo.

Pasó la segunda ronda, quedábamos dieciséis.

 

Le tocó a Argón contra Asdaél. Fuertes, potentes, un combate bastante bastante complejo. Terminó ganando Argón con su fuerza, su musculatura.

 

Luego vino Arraquis. Estaba permitido usar cimitarra, el único arma aparte de la espada. Al fin y al cabo era una espada curva.

Venció Artázar. Por poco no son heridos ambos pero ganó Arraquis.

 

Luego vino Axel, tremendo guerrero del norte, fuerte, acostumbrado a usar dos hachas. Aclaro que manejaba muy bien la espada.

Fondalar me comentó al oído: -Es conocido de Aranet. Lo conoció en su peor momento, cuando Aranet fue herido.

Le tocó contra Kambal, un guerrero muy difícil de vencer. Finalmente Axel lo lastimó en su brazo.

 

Rubio. Delgado, fuerte, rápido casi tan rápido como Rebel. Le tocó contra el legendario Geralt.

Geralt más lento pero paraba cada golpe. Rubio se cansó enseguida y Geralt lo marcó en un brazo, hiriéndolo.

 

Me tocó a mí nada menos contra Éveret. Rápido, fuerte, guerrero muy experto.

Esta vez no fue fácil, dos veces estuve a punto de caer distraído y paré los golpes como pude. Di una media vuelta y le herí en un muslo.

Salí del cuadrilátero y padre me dijo:

-Si sigues pensando en tu novia vas a perder. -Asentí con la cabeza.

 

Entró al cuadrilátero el legendario elfo, Olsen, conocido por ser uno de los mejores entre los elfos, y del otro lado Rebel, con su eterna sonrisa.

Elfo, con su tremenda velocidad, parecía que combatía en cámara lenta comparado con la velocidad de Rebel y sus reflejos. En un instante lo marcó dos veces, en el muslo y en el brazo. Bajó Rebel triunfante con su eterna sonrisa.

 

El salvaje Irsing subió resoplando al cuadrilátero. En instantes venció a Nadirín y gruñó triunfante.

 

En el último combate de esta tanda subió Crak, un salvaje del norte de dos líneas de altura, espesa barba, ojos de fuego. Y del otro lado, mirando a todos con desprecio, su cuerpo blanco, su rostro cadavérico, Impiro, aparentemente el más fuerte de todos.

Fue una lucha de fuerza, cruce de metales. Ganó Impiro. Prácticamente casi le arrancó el brazo de un golpe de espada. A Crak lo llevaron para coserlo y ponerle unos polvos para que cicatrice la herida.

 

Hubo un tremendo descanso. Sólo quedábamos ocho. Comimos algo y descansamos.

Esa noche apenas podía dormir. Padre me dijo:

-Tengo unos polvos que te pueden hacer dormir un poco.

-No, no, no, quiero estar lúcido para mañana.

-No vas a estar lúcido, no vas a tener fuerzas. -Me dormí casi a la madrugada y al poco tiempo me despertaron.

-Arriba, Gualterio, es hora. -Me lavé, me puse mis ropas, mi cinturón, mi espada.

 

Al cuadrilátero subió Argón, el que había vencido a Asdaél. Le tocó con Axel, el tremendo guerrero del norte, ágil, fuerte. Lo venció.

 

La siguiente me tocó contra Arraquis, el que había vencido a Artázar. Esta vez presté más atención. Paraba los golpes, contraatacaba, se defendía bien. Finalmente lo herí en un muslo.

Bajé del cuadrilátero y padre me abrazó.

-Vamos, Gualterio, vamos.

 

La siguiente, un combate muy muy bravo, el salvaje Irsing, el que había vencido a Nadirín contra Rebel, un combate raro. Irsing arremetiendo una y otra vez. Rebel esquivando, parecía que huía el combate pero era una táctica. En un momento Irsing resopló agotado y Rebel lo marcó en los dos muslos. Y bajó sonriendo, como siempre.

 

La siguiente, Geralt. Su leyenda, su prestigio. Y del otro lado la bestia, la bestia blanca, Impiro. Geralt era alto, casi dos líneas de altura, pero Impiro le llevaba media cabeza y era mucho más fuerte. Le costó parar las estocadas a Geralt. Un combate agotador, quizás el más largo de todo el torneo. Hasta que finalmente en un avance de Impiro clavó la hoja en el estómago levemente, para no herirlo demasiado: Impiro cayó de rodillas. Se levantó gruñendo, lo miró a Geralt y asintió con la cabeza, admitiendo su derrota. Lo quisieron ayudar y se negó. Sí, por supuesto, luego permitió que lo cosieran.

 

Quedábamos cuatro, solamente cuatro. Un descanso. Almorzamos al mediodía, no quise comer.

Se sentó al lado mío Fondalar:

-Te recomiendo que comas algo liviano, no quiero que estés débil. No te vi desayunar.

Le dije:

-No, no desayuné. -Comí un poco de ave, tomé un poco de zumo de frutas.

 

Y a la tarde subí al cuadrilátero. Frente mío el rostro sonriente de Rebel.

Quedábamos cuatro, semifinales. Era a suerte y verdad. Utilicé lo mejor de mí.

Ataqué, contraataqué, retrocedí, avancé... Estaba desconcertado porque es como que Rebel adivinaba un segundo antes cada golpe que vaya a dar, incluso usaba la espada de manera distinta de cómo la usaba siempre para desconcertar a Rebel, pero era imposible. Me hizo un leve tajo en el brazo e hizo un gesto como disculpándose. No me enojé, sonreí, trató de lastimarme lo menos posible.

Le di la mano.

-Te felicito.

-Te felicito a ti -me dijo-, eres mejor de lo que pensaba.

-En breve te alcanzaré.

-¿A qué le llamas 'breve', a cuando tengas hijos? -Y lanzó una carcajada y bajó del cuadrilátero. Era Rebel, era su forma de ser. Pero me simpatizaba, a pesar de que me haya ganado.

 

El siguiente combate, Axel. El guerrero del norte con su fuerza, con su furia contra Geralt, la leyenda, el invencible Geralt al que todos respetaban, el que había vencido a Impiro.

Fue un combate muy muy parejo, incluso más parejo que el de Geralt con Impiro. Axel sabía combatir, sabía lo que hacía. Por momentos lo vi a Geralt desconcertado de la resistencia que le ofrecía Axel. En un momento, un movimiento de espada de Geralt y tocó con su filo el hombro de Axel: había ganado Geralt. Se miraron y se dieron un fuerte abrazo. Axel reconoció la derrota contra alguien que aparentemente era lo mejor que había en Umbro. Solamente me daba pena que no estuvieran Ligor ni Aranet.

 

A última hora llegó la final: La leyenda, el respeto, el hombre contra el insolente Rebel invicto, supuestamente la mejor espada de todo Umbro. Se hablaron y comenzó el combate.

Ninguno de los dos atacaba, se estudiaban. De repente avanzaba Rebel, paraba los golpes Geralt, atacaba Geralt, paraba los golpes Rebel. A Rebel lo veía distinto, como con menos reflejos, a Geralt lo veía cansado, cansado del combate que había tenido contra Impiro. Pero me sorprendía Rebel, tan lento.

En determinado momento un avance, una estocada a fondo de Rebel, parece que da en el cuerpo de Geralt; este se corre y lo toca en el brazo sacándole sangre. Todo el mundo aclama, aclamaba a Geralt, el ganador, y Rebel por primera vez en su historia había perdido. Bajó del cuadrilátero, no sonreía.

Geralt habló:

-Hipotéticamente, parte de la recaudación era para mí y el resto para los aldeanos, para compensar la pérdida de su cosecha. No; sumen lo mío, sumen lo mío. Solamente quería practicar un poco y estar entre gente amiga. Espero tomar ahora un buen vino y comer un buen trozo de carne. -Todos aplaudieron.

Mi padre me dijo:

-¿Has visto?, la leyenda le ganó al intrépido.

-Sí, sí -asentí. Lo miré a Fondalar. Fondalar hizo una mueca que semejaba una sonrisa. Bajó la cabeza como llamándome. Me tomó del hombro y me empujó muy despacio, como invitándome a caminar.

 

Llegamos a una esquina y a un costado estaban hablando Geralt con el sonriente Rebel:

-¿De verdad no te acuerdas de mí? -le decía Rebel.

-Escuché hablar de ti -le dijo la leyenda-. Sé que eres muy bueno, estuviste a punto de vencerme.

-Tu nombre es Geralt.

-Todos me conocen como tal.

-Pero tú has estado en Ardeña y en Turania, allí tenías otro nombre.

-Mi primer nombre.

-Dímelo.

-Nadie me conoce por mi primer nombre...

-Omar.

 

En ese momento discretamente me asomé y vi que Rebel se abrazaba a Geralt, que le llevaba media cabeza de alto. Fondalar me tomó del brazo y me tiró un poquito para atrás para no quedar en evidencia de que me vieran.

-Nunca me he olvidado de ti -le dijo Rebel.

Geralt frunció el ceño.

-No me digas que tú eres el joven..., el joven paria sin padres al que le enseñé todos los secretos de la espada cuando eras apenas un crío.

-Por fin te acuerdas. Por fin te acuerdas, querido maestro. Eres como un padre para mí, eres como un padre. Cómo podía..., cómo podía atreverme a vencerte.

-Gracias -dijo Geralt-. Me di cuenta de que estuviste tres o cuatro veces a punto de tocarme y te frenaste. Evidentemente estoy lento.

-No, eres la leyenda, eres el mejor. En un combate de verdad seguramente me vencerías porque un corte lo hace cualquiera, pero hay que ver después en un combate verdadero quién es el que aguanta de verdad. -Se abrazaron.

Geralt le dijo nuevamente:

-Gracias.

-Gracias a ti. Hoy, soy lo que soy por ti. No podía vencerte, no debía vencerte.

-Sé que para ti, tu "Invicto" era como un título.

-No -dijo Rebel-, no. Hay algo más importante, que es el honor, y mi honor fue el respetarte. Tú eres mi maestro. Qué más puedo decir.

 

Esa noche Geralt y Rebel se sentaron juntos compartieron carne, pollo y vino. Rebel otra vez con su sonrisa como si hubiera vencido en el combate y yo al lado de Fondalar.

Habiendo ambos escuchado la conversación privada, le pregunté a Fondalar:

-¿Cuándo me tomaste del hombro y me llevaste, querías que escuchara eso?

-Sí.

-¿Por qué?

-Para que veas que Rebel también es un personaje, pero que dentro de su personaje tiene una enorme humanidad, una enorme bondad. Aún es joven y por muchos años nadie le va a ganar, es la mejor espada. Le ganó tiempo atrás al que era el mejor -y que obviamente conocí-, a Jonus.

 

Esa noche comimos, tomé vino, y por primera vez dormí tranquilo sin pensar siquiera en Samanta. Mañana sería otro día.

 


Sesión del 30/09/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sebastián H.

El grupo de guerreros, amigos todos ellos, comentaron cómo fue el torneo. Hubo discrepancias. Luego se tomaron unos días de entrenamiento, para mejorar la supervivencia frente a combates armados. No faltaron las enseñanzas que cada uno brindaba al grupo.

Sesión en MP3 (4.714 KB)

 

Entidad: Me sentía como ahogado, como encerrado. El ver llegar a Aranet fue para mí como un alivio, fui el primero en recibirlo.

Se abrazó conmigo y me dijo:

-¿Cómo estás?

-Cuéntame tú, por favor.

-Hice lo que tenía que hacer, acabé con todos ellos. -Siguió andando y se dirigió a mi padre, tiró en el medio del salón dos bolsas que había cargado con la mulena-. Este es el botín que se llevaron. -Salí al patio y miré que los soldados estaban desatando un pequeño venado.

-¿Y esto?

-Esto es un venado.

-¡Ja, ja! Aranet, ¿qué pasó? -Me contó que un dingo, un perro de las estepas había matado a la madre, a la cérvida, y rescataron a la cría.

-Algún médico que sepa arreglarle la pata.

-Sí, habrá que entablillarlo. Y después, seguramente, nos haremos un festín.

-No -negó Aranet-, ténganlo. Tienen un fondo grande atrás de palacio donde puede... -Me rasqué la nuca pensando en las facetas de Aranet. Acabó el solo con todos los malhechores y de repente se apiada de un venado como si fuera una mascota más, como el guilmo, como el bagueón.

 

Nos sentamos a comer y comía a lo salvaje, como cuando yo era chico, cogía el guisado con las manos y se manchaba toda la ropa. Me miró y pegó un tremendo eructo, lancé una carcajada.

Frunció el ceño y me dijo:

-¿Qué te causa gracia?

-Tus modales.

-Estamos nosotros, los varones.

-¡Aaah! -le dije irónicamente-, adelante de tu esposa te comportas y coges la cuchara.

-Hoy voy a descansar. Mañana a la mañana vamos a salir.

-Sí, lo estaba deseando desde hace tiempo. -Le conté del torneo, se encogió de hombros.

-No me interesan esos torneos a primera sangre, no es mi manera de ser, me parece una práctica para lucirse, no para otra cosa.

-Será -le dije-, pero estuvo una leyenda.

Paró de comer y me dijo:

-¿Quién?

-Geralt, el caza recompensas. -Frunció el ceño.

-¿Geralt participando de un torneo de esos? La vida te da sorpresas. ¿Y quién ganó?

-Geralt, obviamente. -Le conté con detalles como fue el torneo.

Me respondió:

-Bien. ¿Y se fueron todos?

-No, quedó Rebel, debe estar descansando en una de las habitaciones. Y está Aksel, practicando en el patio de armas.

-Aksel. -Lanzó otro eructo y después dijo-: Lo voy a ir a saludar más tarde.

 

Ya estaba disfrutando de antemano el día siguiente. Me levanté y ya estaban conversando en una mesa larga, en la cocina Aksel, Rebel y Aranet.

-Únete a nosotros, Gualterio.

-No, voy a preparar mi hoyuman, las alforjas, ya tengo lista mi espada. ¿Qué vamos a ir, a cazar?

-No, vamos a practicar supervivencia. -Fruncí el ceño pero no dije nada. Fondalar dijo:

-¿Por qué camino van?

-Por el camino estrecho.

-Tened cuidado por ahí. Más tarde me uniré a vosotros. -Y partimos.

Aksel me miró y me dijo:

-¡Ja, ja, ja!, el príncipe viene con nosotros.

-No, nada de príncipe. Gualterio. Gualterio y punto.

-Les quiero comentar algo -dijo Rebel.

Aranet lo miró y dijo:

-Has hecho un buen gesto.

Rebel le dijo:

-No entiendo.

-Llegaste a la final con Geralt.

-Sí. ¿Pero cuál es el buen gesto?

-Hay dos tipos de combate -dijo Aranet-, un combate real y un combate ficticio a primera sangre. Y eres el más rápido de todos nosotros. No me imagino que hayas perdido. Lo habrás hecho por respeto. -Sonreí. Aranet era muy observador y bastante inteligente.

Rebel dijo:

-Ahora que estamos tranquilos por el camino les quiero comentar algo de hace treinta días atrás. Ahora que terminó el torneo, ahora que terminó todo esto les quiero comentar que hace treinta días atrás había participado de otro torneo.

Le dije:

-Y seguramente lo ganaste.

-Sí, lo gané. Había alguien que no participó y que si nunca nos enfrentamos no voy a saber si es mejor que yo o no.

-¿Quién?

-Elefa, la elfa.

-Vaya. Y quién más estaba.

-Estaba la joven guerrera, Kena, un amigo de ella, Sturgion, y una joven noble, Diana, que tenía una facilidad, una intuición tremenda con la espada. Pero ese no es el problema...

-¡Explícanos! -Seguíamos al trote en nuestros hoyumans.

Rebel siguió hablando.

-Resulta que Diana es una noble y derrocaron al rey de la región de ellos, el rey Bryce.

-¡Ajá! -dijo Aranet-, escuché hablar de él.

-Y ella logró reunir unos rebeldes y derrocaron al rey tirano, repusieron en su puesto al rey Bryce.

-¡Eso es bueno!

-No -dijo Rebel-, la noble Diana comentó que el rey cambió, empezó a disfrutar del poder. Su mente se trastornó, empezó a ser despótico incluso con los suyos. Es más, sumó a sus fuerzas las fuerzas vencidas del rey que lo había derrocado a él. Empezó a cobrar altos impuestos. Los rebeldes se unieron y les dio una buena paga a costa de los altos intereses que les cobraba a los campesinos de la zona. Es más; y a los nobles de la zona.

-Continúa -dijo Aranet.

-Bueno. Y Diana comentó que ella no estaba de acuerdo con la política del rey. Y uno de los rebeldes que era un gran amigo de ella, le dijo que ella era una traidora. Finalmente se marchó. La conocí justo en medio del torneo. Terminado el mismo fuimos a una posada a tomar algo y comentó que estaba muy desanimada. En ese momento vino una diligencia y bajó una jovencita, una niña casi, dieciséis años tendría, y resultó ser prima de la noble Diana. Y contó que el rey Bryce había mandado matar a sus padres porque no pagaban la cuota y los consideró rebeldes.

-Continúa -pidió Aranet.

-Bueno. Y le dije que conseguiría ayuda. Elefa, la elfa, por su parte iba a buscar en su región aliados elfos, de los buenos. -Aranet frenó su hoyuman.

-¿Estás diciendo que el padre de Gualterio preste sus soldados para derrocar al rey Bryce? -Rebel se encogió de hombros.

-Sí.

-¿Y en el tiempo que estuviste aquí no le contaste nada?

-No, lo quería hablar primero con vosotros.

Aranet dijo:

-Es meternos en otra guerra. Todavía no terminó lo de Andahazi, Randora está suelta, vaya a saber por dónde anda Ligor.

Rebel dijo:

-Yo no volveré al castillo, me marcharé y me juntaré con ellos.

 

En ese momento de un costado de las montañas vino un jinete de piel muy blanca, rostro cadavérico, con un gigantesco mangual: era Impiro, que había quedado eliminado en semifinales por Geralt. Se acercó a nosotros.

Aranet lo miró y dijo:

-¿Qué buscas?

-A él. -Lo señaló a Rebel.

Rebel guió su hoyuman hacia Impiro.

-Estoy a tu disposición. ¿Qué pasa?

-Te desafío a pelear ahora, pero no con esa tontería de a primera sangre, un combate de verdad. Y no con espadas, yo no sé manejar muy bien la espada, con el mangual, y tú con lo que quieras. -Rebel se bajó del caballo, Impiro hizo lo mismo-. A ver cuánto me duras -le dijo Impiro-, soy una cabeza más alto que tú, mucho más pesado. ¿Te crees que con tus malabarismos de espada podrás vencerme en un combate de verdad?

Intervino Aranet:

-Basta, Rebel no te hizo nada.

-Lo estoy retando, eso es legal.

Rebel le dijo a Aranet:

-No te metas, le enseñaré que soy la mejor espada de Umbro.

-No, déjamelo a mí.

-Contigo no tengo nada, no te conozco.

-Perfecto. Soy de tu estatura, de tu peso y tengo una buena espada. Vénceme a mí y luego te encargarás del joven. -Yo miraba la escena, no decía nada.

-Está bien.

Rebel objetó:

-¿Por qué sacas la cara por mí?, soy incluso más rápido que tú.

-Lo reconozco -dijo Aranet-, pero quiero que veas algo. -Rebel accedió y retrocedió.

 

Aranet sacó su espada larga.

-Fíjate -le dijo a Impiro-, es una espada a dos manos, con eso tengo una fuerza tremenda.

-¿De qué te servirá?, con un golpe con mi mangual te la partiré en dos.

-Perfecto. Veamos entonces. -Hicimos un hueco con nuestros hoyumans, y ellos en el medio dando vueltas.

Aksel dijo:

-Me hubiera gustado acabar con él, yo.

Aranet sin mirar, no perdiendo de vista a Impiro, dijo:

-Mira tú también. -Asestó el primer golpe Impiro. Aranet lo paró con su espada firme. Impiro se desconcertó-. ¿Ves?, ¿ves que no la has partido? -Ahora el que dio un golpe fue Aranet, y le partió el mangual en dos-. Ahora estás desarmado. ¿Y?

Nunca vi la cara de Impiro tan desconcertada.

-¿Cómo has hecho eso?

-El material de mi espada está hecho de una piedra del cielo. Pero con eso te quiero demostrar, Impiro, de que no depende tanto del arma, depende también del espíritu interno de cada uno. Supón que el joven Rebel te hubiera clavado; tú soportabas esas heridas y le hubieras partido la cabeza con tu mangual. Y en este momento estarías muerto.

-No entiendo -dijo Impiro.

-Sí, porque yo me hubiera encargado de matarte. Como lo puedo hacer ahora, ¿porque esto es un duelo, no? ¿Por qué tengo que tener piedad de una persona desarmada que me retó a duelo?

-Es que yo no te reté a ti.

-No importa, yo tomé el lugar de Rebel. -Y le puso la espada en la garganta-. Antes de morir di que quieres. -Impiro levantó el rostro, ofreciendo su garganta.

-No quiero nada, jamás pedí piedad. -Aranet guardó su espada.

-Bien, eso habla bien de ti dentro de lo bestia que eres. ¿Por qué no estás con tu gente, con los blancos? -Impiro se encogió de hombros.

-Me gusta ser independiente. Ahora tengo que conseguir un buen herrero para reponer mi mangual.

-Aksel... -Aranet lo miró al guerrero del norte.

-Dime.

-Sé que en tu alforja tienes dos hachas.

-Sí.

-La que tienes de repuesto lánzamela.

Aksel sonrió.

-¡Ja, ja! Sí. -Sacó el hacha y se la lanzó a cinco líneas de distancia. Aranet levantó la mano y la tomó como si fuera una pequeña herramienta. Se la ofreció a Impiro-. Toma, para defenderte hasta que consigas tu mangual.

-Les agradezco el gesto. -Luego lo miró al joven Rebel-. Tu amigo te ha salvado. -Rebel dijo:

-Yo no lo creo así; no soy débil, no soy un niño, mi espada es más corta que la de Aranet pero te hubiera atravesado el pecho antes de que tú puedas mover tu mangual. Pero nunca lo sabremos, ¿no? -Impiro se encogió de hombros. Dio gracias por la segunda hacha de Aksel, dio media vuelta al equino y se marcho. Rebel quedó ofuscado.

 

Avanzamos un poco más. Escuchamos un galope detrás nuestro, era Fondalar.

-Has venido.

-Estaba a pocas líneas, en aquella colina. Mirad. -Miré hacia atrás, había una colina con árboles-. Estaba ahí aguardando.

Aranet lo miró.

-¿Hubieras intervenido mentalmente si algo raro pasaba?

-Seguramente. Me uniré a ustedes.

-Desmontemos todos -dijo Aranet. Y me miró a mí-. A ver, Gualterio, ven. Has crecido mucho, eres bueno, eres bastante bastante bueno.

-Todavía me falta -dije-, Rebel me venció.

-Yo estoy seguro de que todos los que estamos aquí somos buenos con la espada, pero no se trata solamente de eso, no se trata de ver qué tan bueno eres sino qué dolor resistes, qué soportas.

 

Aranet trajo una alforja, un alforja extraña, larga. Había varias espadas pero no eran filosas, eran más bien como redondas, parecían más bien palos metálicos, obviamente con empuñadura-.

-Bien. ¿Aksel? -Aksel lo miró-. ¿Quieres practicar con el príncipe?

-No, Aranet, no.

-¿Por qué no?, estábamos hablando del dolor.

-Yo puedo con Aksel -exclamé. Me dio las espadas sin filo.

-Esto golpea -dijo Aranet-, esto no clava, esto te puede partir un hueso. Y esto no es a primera sangre, no quiero que se lastimen, nada más que practiquen.

 

Me puse frente a Aksel. Sentía como que era más ágil, pero me paró el golpe y me golpeó al costado del cuerpo y caí de rodillas. En ese momento Aksel me pateó la cara y caí al piso, y me puso la imitación de espada en el cuello.

-Muerto. -Me tendió la mano y me ayudó a levantarme.

-Ahora yo -dijo Aranet.

-No, no, no; estoy dolorido.

-No, no contigo, con Rebel. -Fondalar seguía montado en su hoyuman y sonreía.

Rebel dijo:

-¡Umm! Hace rato que quería cruzar armas con Aranet.

 

Movió el palo en forma de espada haciendo malabarismos-. No me verás llegar. ¡Ja, ja, ja! -Se acercó a Aranet. Aranet tenía su palo en forma de espada apoyado en su hombro. Cuando Rebel se acercó le pegó un puntapié tremendo en los testículos, cayó de dolorido y lo pateo en las costillas, y le puso la espada en el cuello.

-Muerto.

 

No sé quien estaba más dolorido, si Rebel o yo. Estábamos tan doloridos que ni podíamos ni montar.

Rebel dijo:

-¡Qué es esto!, me has atacado a traición.

-¿Traición? ¡Qué hicimos! -Aranet miró a Aksel-, explícaselo tú.

-Hicimos un simulacro de combate real, en batalla. En batalla no existen los caballeros, en batalla es supervivencia. En batalla, la menor distracción y mueres. El último torneo sé que Rebel se dejó vencer a primera sangre por Geralt, pero en un combate real hubiera pasado esto.

Rebel dijo:

-¡Pero un puntapié en los testículos...!

-Sí, o un golpe en el mentón, o una zancadilla, o un golpe con la espada en las piernas para desestabilizarte y luego te atraviesan el pecho en el barro.

-¡Pero eso no es leal!

-¿Leal?

Habló Fondalar:

-Lo que están diciendo Aranet y Aksel es la realidad. -Lo miramos los dos, Rebel y yo, a Fondalar.

-O sea, que tú estás de acuerdo con Aksel y Aranet.

-Estoy de acuerdo.

-Bien. ¿Qué sigue?

-Lo que sigue va a llevar bastante tiempo, por lo menos treinta días.

Rebel se quejó:

-Me está esperando Diana.

-No hay apuro. Si tú le has dicho que volverás, te esperará.

 

El resto de los días Aranet y Aksel, a Rebel y a mí, nos hicieron cargar troncos y caminar con esos troncos en el cuello y en los hombros, líneas y líneas y líneas.

-¿Esto para qué es?

-Para fortalecer brazos, piernas, el cuerpo. -Volvimos a practicar con las espadas tipo palo, pero más largas, a dos manos. Me costaba incluso sostenerla-. Tienen que fortalecer el físico. -Rebel se quejaba.

 

-Tengo buena memoria -dijo Fondalar-. ¿Te acuerdas cuando te enfrentaste a esa bestia que era el doble de tamaño?

-Sí, y le clavé varias veces mi espada.

-¿Y cómo terminó?

-No caía. Me desconcentré y me abrió el vientre. Y te agradezco, porque me habéis salvado la vida. -Fondalar me miró.

-Lo que le pasó a Rebel te puede pasar a ti, también.

-¿Y entonces cómo vencemos una bestia así?

-Rebel, tranquilamente le podía haber ganado. Y también podía haber ganado a Impiro.

-¿Pero qué fue lo que pasó con la bestia?

-El mismo Ligor no pudo con esa bestia porque también se desconcertó.

-¿Ligor?

-Esto pasó hace muchísimo tiempo, quizás antes de que tú nacieras, Gualterio. Y tuvo que utilizar su electricidad para vencerlo. Pero Rebel lo hubiera podido vencer, no lo venció porque se desconcertó; lo clavó varias veces, vio que no caía y se quedó como tildado, como frenado, y de casualidad no murió porque lo atendimos. Entonces se trata de nunca desmerecer al enemigo, nunca desconcertarse. Y si el enemigo no cae porque es muy grande, no bajar la guardia. La habilidad, la agilidad también tiene que ver.

-¿Y entonces porque nos hacen practicar con troncos?

-Porque también tiene que ver la resistencia. ¿Cuántos días hace que hacéis esto?

-Vamos por el tercero, y a la noche no podemos ni dormir del dolor.

-Bueno. Faltan veintisiete amaneceres, yo pienso que dentro de cinco o seis amaneceres el cuerpo va a dejar de doler, las piernas van a dejar de doler, el hombro va a dejar de doler. Porque tiene razón Aranet, y seguro que Aksel piensa lo mismo, estos torneítos a primera sangre sirven para mostrarse, pero no para una batalla.

Lo miré a Fondalar, a Aranet, a Aksel, y le dije a Rebel:

-Tenemos mucho que aprender. -Rebel estaba molesto, es como que su ego estaba herido. Me daba la impresión que su ego le dolía más que su cuerpo. Y ni hablar de mí, ni hablar de mí.

 


Sesión del 06/10/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sebastián H.

Estaban preparando el encuentro con el ejército del rey que cambió a tirano. Pero había que practicar, esforzarse. Y tenían poco tiempo.

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Entidad: Ya no me dolía el cuerpo y además es como que había ganado en peso, en musculatura. Pero no habían pasado treinta amaneceres, habían pasado más de sesenta amaneceres, al mismo Rebel lo veía más fornido, más musculoso. Y practicábamos entre nosotros.

Le dije a Rebel:

-Te noto más lento. -Me mira y sonríe.

Y me dice:

-Casi tan lento como tú. Te sigo ganando.

En ese momento se acercó Aranet.

-Y chicos, ¿cómo vais?

-Lentos -le dije-. ¿Estás seguro que esto es para mejor?

-Esto es la primera parte -exclamó Aranet-. Fortalecieron vuestros músculos de todo el cuerpo, las piernas y los brazos principalmente. Tenéis espadas más grandes y las podéis manejar con total facilidad; podéis parar el golpe de un mangual, podéis parar el golpe de un hacha con vuestra espada sin que se os escape de las manos. ¿Que habéis perdido velocidad? Seguramente, pero la recuperaréis, por esto digo que esta es la primera parte. Pero no hay tiempo para la segunda parte, que es volver a que tengáis la velocidad de antes, para batalla. De todas maneras hay algo que no habéis perdido, que es la velocidad mental. No hay tiempo.

-¿Por qué no hay tiempo?

-Porque nos habéis convencido. Lo hablé con tu padre.

-¿Qué dijo padre?

-El no quiere dejar desprotegido el castillo después de lo que pasó con ese bárbaro traidor, que supuestamente estaba bajo mi mando y al que tuve que eliminar.

-¿Entonces?

-Entonces mandé a buscar a los bárbaros de isla Baglis ya hace tres amaneceres, y ya están llegando.

-Me enteré de que hubo una peste hace tiempo atrás.

-Sí -dijo Aranet-. Murió el que tenía de encargado, y mi segundo también.

-Y entonces, ¿quién los comanda allí cuando tú no estás?

-Alguien que... alguien que presenció mi caída. -Lo miramos con Rebel.

-¿Tu caída?

-Había una norteña, Snowza, que en un momento dado nos enredamos, no afectivamente sino apasionadamente, pero era muy posesiva y estuvo a punto de matar a mi esposa. Quise vengarme y estuve poseído por el ego, poseído por el afán de venganza. No comía, bebía, me debilitada. Y me crucé con alguien que me ayudó bastante, un tal Dexel. Fue en el mismo momento que conocí a una elfa maravillosa, mitad elfa mitad humana, Elefa.

Rebel dijo:

-¿La has conocido a Elefa?

-En mi peor momento. Estaba en mal estado y quise vengarme de Snowza y estuve a punto de morir. La norteña me atravesó con una espada.

Rebel dijo:

-¡Te han vencido!

-No me venció Snowza, me venció mi estúpido ego, mi estúpido capricho. Estaba debilitado, mareado, me cogían vértigos, las piernas se me doblaban, era imposible luchar así.

Rebel dijo:

-¿Y qué pasó luego con Snowza?

-Supuestamente se comentaba que era la mejor guerrera. No lo era, la venció Elefa. Y acá no estamos hablando de torneos a primera sangre, Elefa la venció bien, de alguna manera me vengó. Mi ego se molestó. Le reproché, le dije: "Hubiera esperado a que me repusiera y hubiera combatido de vuelta". La Elfa me dijo: "Sí, en tanto y en cuanto la hubieras encontrado".

-Está bien. ¿Y qué pasa con Dexel?

-A Dexel lo nombré el jefe de mi gente mientras yo no estuviera. Ninguno dijo nada de los bárbaros, se ve que tenían referencias de él. Y es una excelente espada.

 

Ese atardecer vimos desde las torres del castillo una fila de bárbaros comandados por Dexel, que llegó al castillo y se abrazó conmigo:

-Un gusto verte, Aranet. A tus órdenes, como siempre. -Me llevé una tremenda sorpresa cuando se vio con Aksel y se abrazaron.

-¿Os conocéis? -Me miró Aksel.

-Sí, príncipe, nos conocemos. Ambos hemos pasado por circunstancias nefastas en nuestras tribus del norte. Tuvimos vidas separadas pero comienzos similares; traiciones, malos tratos, y ambos somos buenas espadas. No nos vimos mucho -dijo Aksel-, pero nos tenemos un gran afecto y un gran respeto.

Aranet dijo:

-Bueno. Como tu padre, Gualterio, y con toda la razón del mundo, quiere guardar la seguridad del castillo, vamos a ir con los bárbaros a ver a tu conocida Diana.

Rebel dijo:

-Y ahí está Elefa, así que la volverás a ver. Y está Kena, que entiendo que era una amiga de Ligor. -Preparamos todo, hoyumans, mulenas.

Le dije a Aranet:

-¿Irás con tu bagueón?

-No, no, no; cogeré un hoyuman bueno, el bagueón se quedará.

 

Así que salimos con Aranet, con Aksel, con Rebel, con Dexel y los bárbaros de isla Baglis hacia el norte. Por supuesto que no nos precipitaríamos, hablaríamos con la noble Diana, averiguar bien todo sobre el rey Bryce y por qué había cambiado tanto, volviéndose un tirano.

Recuerdo que en el camino le dije a Aranet:

-Qué ha cambiado, tú estabas cansado de batallas y batallas, más con lo de Andahazi y sabiendo que Randora aún no ha sido atrapada. -Se encogió de hombros.

-Mi idea era salir.

-¿Y qué dice tu esposa Mina a todo esto?

-Ya me conoce. En el castillo está segura, se queda con Émeris, se queda con Núria... -Atrás nuestro se escuchó un galope, me llevé una tremenda sorpresa cuando lo vi a Fondalar. Se puso a la par de Aranet.

-Iré con vosotros. -Aranet asintió.

-Siempre eres bienvenido. -Los bárbaros de la isla Baglis ya lo conocían a Fondalar y le tenían un tremendo respeto por su poder mental.

 

En el camino hablamos de tácticas de combate. Aprovechamos Rebel y yo para hablar con Aranet, con Aksel y decirles cómo recuperar la velocidad que teníamos.

-Estamos más fuertes pero más lentos.

Aksel dijo lo mismo que Aranet:

-Pero no de acá -y se tocó la frente-. Se trata de tener agilidad. Habéis practicado con troncos sobre los hombros. Todavía os falta bastante: subir pequeñas montañas con carga en sus alforjas sobre las espaldas llevando casi el mismo peso que tiene vuestro cuerpo. Los primeros días no llegarán a la cima pero pasado un tiempo será una carga tan liviana para vosotros, y eso con el tiempo os dará la misma velocidad que teníais antes. -Miró a Rebel-. Y tú no solamente serás muy bueno en esos torneos a primera sangre sino en combate real. Todo es para bien. Yo soy más grande que vosotros -dijo Aksel-, y sigo practicando.

 

Por la tarde acampamos y vimos una exhibición con espadas, tipo tubos, entre Aksel y Dexel, los dos bárbaros del norte. No se sacaban ventaja el uno al otro, obviamente tomaban precaución de no lastimarse ni golpearse el cuerpo, pero había una sincronización tan grande... Luego probó Aranet con Aksel y con Dexel. Se notaba la... la presteza, se notaba la lucidez que tenía Aranet. Aranet dos veces apoyó la espada tubo sobre el cuello de Aksel y cuatro veces sobre el cuello y el pecho de Dexel. Aksel reconoció que Aranet era superior.

Y le dijo:

-Me hubiera gustado que estuvieras en el torneo.

-No -negó Aranet-, no tiene sentido. No tiene sentido un torneo a primera sangre, el mismo Rebel seguramente me hubiera vencido. Pero no demuestra nada eso en combate real. Y ya lo hablamos cien veces. -Yo lo miraba a Aranet y pensaba que en combate real, no estando, obviamente, reactivo como aquella vez con la norteña Snowza, no había quien lo venciera, ni siquiera Geralt, la vieja leyenda.

 

En un par de amaneceres llegaríamos al poblado donde estaba Diana con Elefa, con Kena, y planificaríamos cómo poder destronar al rey Bryce, que tan bien prometía y tanto cambió después. Eso demuestra que la mente, cuando tienes un objetivo favorable hace que la persona sea noble, pero cuando es presa de bajas pasiones, de tentaciones oscuras, esa mente puede volverse sucia, torcida. Pero también se trata de nuestro interior.

Jamás sería así, jamás. Y creo que ninguno de nosotros.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión del 10/06/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sebastián H.

Habían sido secuestrados, estaban prisioneros y estaban en terreno desconocido. No tenían esperanza de ser rescatados, iban a ser vendidos.

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Entidad: Nunca me encontré tan agotado. Al final mi padre tenía razón, lo que menos que hicimos fue cazar aves o pequeños mamíferos; practicamos con la espada. A mí me tocó Dexel, es como que yo era más rápido y quizá, quizá, no lo sé, en un combate real le podía ganar.

Pero teníamos, aparte de las espadas verdaderas, espadas de madera para practicar. Y claro, yo lo tocaba con una espada de madera y Dexel me daba con su espada en la cabeza. Caí varias veces de rodillas.

Dexel me decía:

-Te toca una espada de verdad, te cortan el cuello. -Y me levantaba, y me volvía a caer, y me volvía a levantar.

En un momento dado me senté sobre una roca y le digo:

-Paramos un momento.

 

Entonces puse la vista en la práctica de Rebel, el supuestamente invencible, con Figaret. Me tapé la boca para no reírme, porque Figaret con su espadín..., con Rebel. Podría decir que Rebel era más rápido. Y miraba la espada de madera que tenía Figaret, y era una espada de las más pequeñas, parecida a su espadín verdadero. Y Rebel avanzaba y de repente Figaret le pegaba un puntapié en la entrepierna: Rebel revolcado por el piso. Figaret sin piedad, con su espadín de madera, ¡pa!, ¡pa!, ¡pa!, cuatro, cinco golpes en la cabeza. Despacio, obviamente.

Rebel se molestaba.

-¡Eso es trampa!

Figaret se reía:

-¿Te piensas que en una batalla de verdad...?

-¡Estuve en una batalla de verdad!

-¿Y? ¿Son todos caballeros? Si te pueden clavar un cuchillo en la espalda te lo clavan. O sea, ¿qué estamos practicando? -le decía Figaret. y Rebel se levantaba.

 

Siento una mano en el hombro: Dexel.

-¡Vamos Gualterio, arriba!

-Te digo que no puedo más, no puedo más. -Aparte tenía hambre, quería comer algo, quería tomar algo, aunque sea agua del lago, lo que fuera.

 

Podría decir como que Rebel y yo éramos más jóvenes, inexpertos en cuanto a estar alerta. ¿De Figaret qué puedo decir? Nunca fue guerrero. Era un juerguista, le gustaba la juerga. Se defendía con su espadín pero no era un guerrero nato. Pero Dexel sí, y encima del norte. Pero él también estaba abstraído en lo que estábamos haciendo. Hasta que nos vimos rodeados de dos docenas de personas, todas armadas.

 

Y nos atacaron. Los cuatro sacamos las espadas verdaderas, las metálicas. Pero la diferencia era abrumadora aún para Rebel con su velocidad.

No nos lastimaron en el sentido de herirnos, nos golpearon con palos grandes. Antes de perder el conocimiento alcancé a ver que lo hirieron en un costado a Dexel, pero al menos tres hombres lo clavaban a Figaret.

 

Cuando desperté estábamos en una habitación, no estaba acostado, estaba sentado en una silla con las manos atadas detrás del respaldo.

Y de repente pregunté:

-¿Dónde estoy? -Y vi que estaba Rebel. Había más hombres pero era un salón largo.

¿Cuánto hace que estás despierto?

-Un buen rato.

-¿Has visto lo que le pasó a Figaret?, parece que directamente lo mataron. Y no sé si a Dexel. El que se salvó es Edmundo, mientras practicábamos fue a recorrer los alrededores.

-No, Gualterio.

-No, ¿qué?

-Mira. -Levanté la vista. Atado a otra silla, Edmundo.

-Lo encontraron.

-Obviamente.

 

Se acercó un hombre.

-¿Qué quieren de nosotros?

-¡Je, je, je!

 

Nunca vi caras tan torcidas, tan atemorizantes. De alguna manera, ¿no? No eran grandes guerreros: sucios.

Rebel me dijo:

-Son piratas.

-¿Piratas?

-Sí. Tienen barcos y asaltan y roban. Joyas, metales. Están dudando si nos van a llevar a su barco, a que limpiemos la cubierta o trabajemos en la cocina o directamente nos venden como esclavos.

 

Apareció un negro, gigante, de más de dos líneas.

Rebel me dijo:

-Ni lo mires. Es Lotar, es el que manda.

-¿Es el jefe de todos?

-No, es el segundo. Malacara no está.

-¿Cómo sabes el nombre del jefe?

-Gualterio los escuchó hablar.

 

Vimos que desató a Edmundo y lo llevó a una habitación. Edmundo se quejó y le dio una bofetada con una mano tan grande que casi le hacía girar la cabeza, como esas aves nocturnas que giran la cabeza, como si tuvieran un torniquete. Y se me desvanecieron, lo llevó a una habitación.

Lo miro a Rebel:

-¿Es lo que yo pienso?

-Creo que sí.

-Pero en todos los pueblos hay posaderas o mujeres que se venden por un par de metales. No entiendo al gigante ese. -Rebel se encogió de hombros.

-Debo decir que conozco un poco más de mundo que tú.

-Sin embargo aquí estás.

-Gualterio, no se trata de competir. Me dices "Sin embargo aquí estás". Prefiero estar aquí y no estar como Dexel o como Figaret, cadáveres.

-Pero no entiendo la costumbre de esta gente.

-Gualterio... -Me quedé pensando.

 

En ese momento vinieron dos hombres y nos desataron, nos trajeron un guisado. Tenía el estómago revuelto de los nervios pero comí, porque verdaderamente tenía hambre. Me trajeron una jarra con agua y bebí desesperadamente.

-¡Espera, espera! -me dijo Rebel-, te vuelca más de lo que bebes.

 

Me acordaba de mi padre, que me decía "Aún no estás maduro para...".

Pero esto no era la isla Baglis, nos habían secuestrado. Cuando recuperé el conocimiento pensé que Edmundo se salvaba porque en lugar de practicar había ido por los alrededores, pero se ve que esta gente barrió toda la zona.

 

-¡Mira!

-¿Qué?

-Mira más allá, al fondo del salón. -Había tres o cuatro jóvenes más-, los deben haber secuestrado en otro poblado.

 

Nos volvieron a atar con las manos en la espalda y nos ataron los tobillos. Iban todos en hoyuman y nos metieron en una especie de carro y nos tiraron como si fuéramos bolsas de fardo. Nos quisimos resistir y nos golpearon la cara a puñetazos, me sangraban los labios, sentía la sangre salada en mi boca.

-No te resistas más.

-¡Mira tú quien habla! Mira tu ojo cómo lo tienes, tienes todo morado y tienes inflamado el pómulo -le dije a Rebel.

 

Al rato vino el gigante moreno con Edmundo. Edmundo caminando impecable, la ropa no la tenía desgarrada ni nada, no tenía ni una marca y no estaba atado. Lo subieron a un hoyuman, el gigante le dijo algo, Edmundo asintió con la cabeza y nos fuimos de ese poblado.

Recién al día siguiente acamparon en un campo y nos dejaron los pies y las manos libres. ¿A dónde íbamos a huir?, no teníamos armas, no teníamos nada, ni siquiera una cantimplora para beber por el camino. Aparte estábamos ahí, ¡qué íbamos a salir corriendo! Me dolía todo el cuerpo no iba a correr más de doscientas líneas que me alcanzaban.

Se acercó Edmundo:

-¿Cómo están?

-Como tú no, no te vemos ni un solo moretón ni una sola marca. Parece que te tratan bien. -Edmundo cerró los puños.

-¿Te gusta que te golpee, príncipe?

-¡Epa, epa! ¿Por qué no te explicas primero en vez de buscar pelea? Nos peleamos entre nosotros, la gente esta nos va a agarrar a garrotazos. -Y es cierto porque había como ocho o diez jóvenes más. Y se habían sumado más piratas que estaban en el camino y a cuatro o cinco les dieron una golpiza tremenda porque discutían.

 

Había un tercero que tenía la cara un poco cortada, el que mandaba después del negro, que decía:

-Pueden hablar en voz baja. Si discuten la van a pasar mucho peor. -Asentimos con la cabeza.

Le dije a Rebel:

-Nadie sabe dónde estamos. Mi padre no sabe nada, Aranet tampoco. Seguramente van a ver los cadáveres cerca de la orilla del lago y van a saber que nos secuestraron. -Levanté la vista y lo miré a Edmundo-. Toma asiento. ¿Cómo es que no te golpearon, que te trataron tan bien? ¿Y por qué te molestas cuando digo "La pasaste mejor que nosotros"?

-Porque no la pasé mejor.

-¿Era lo que nosotros pensábamos?

-¿Qué pensabais? -preguntó Edmundo.

-Que el moreno te llevó a una habitación, a una cama. -Edmundo se encogió de hombros-. ¿No estás molesto?

-¿Y qué gano con estar molesto?

-¿Pero te sientes bien?

-No, ¿pero qué gano con estar molesto? Por un lado hay una ventaja de que nadie me va a golpear porque soy el ayudante, por así decirlo, del que manda.

-Así que ahora le llamas ayudante. -Edmundo me tomó del cuello y me golpeó y me tiró. Para qué, vinieron cuatro o cinco piratas y me dieron una tunda en las costillas, en el pecho, en los brazos. A Edmundo no le tocaron.

Les digo:

-¿Y él?, fue el que me tiró. -En ese momento me sentí molesto.

 

El gigante moreno lo llamó a Edmundo y le sirvió un plato abundante de comida.

Le dije a Rebel:

-¿Has visto eso?

-Pero yo eso ya lo veía a venir.

-Mi padre me decía que era inmaduro.

 -Y seguramente que sí. Te estaba diciendo que nadie lo iba a tocar a él porque está de ayudante.

-Bueno, esa palabra me molestó: Ayudante. Ayudante en la cama. -No sé cómo iba hacer para caminar. Le dije a Rebel-: ¿Esto es madurar? ¿Que te secuestren, que te golpeen? Tengo una de las piernas tan dolorida que no sé si puedo caminar cien líneas.

Vino uno de los secuaces, mal entrazado.

-Toma este aceite, póntelo por el cuerpo.

-¿Cómo?

-Te tienes que sacar la camisa, te tienes que sacar el pantalón y te frotas.

-¿Acá, adelante de todos? -El hombre me miró serio y largó la carcajada.

Rebel me dijo:

-Más vale que te desvistas y te pases ese ungüento aceitoso. -Me saqué la ropa, me pasé en las piernas, que era donde más me dolía, en las costillas, en el cuello. Luego me puse la ropa de vuelta. Me trajeron de comer algo liviano-. Esta noche acamparemos aquí.

 

Y dormí. Al día siguiente no sé si ese ungüento era mágico o qué, pero apenas me dolían las piernas, apenas me dolían. Y de las rocas venían caminando el gigante moreno con Edmundo. Edmundo impecable, hasta incluso tenía puesta otra ropa.

-¿Has visto eso, Rebel?. Mira lo que es mi ropa, me huelo, tengo el olor de un cerdo.

-Gualterio...

-¿Qué?

-No te imaginé quejoso.

-Está bien, no abro más la boca. Simplemente digo lo que veo, lo que siento, lo que pienso.

 

Y seguimos viaje. Nos ataron de vuelta los tobillos, las manos a la espalda y nos tiraron otra vez como fardos en una especie de carreta.

Apenas podía hablar y Rebel me dijo:

-¿Ves la parte buena?, estamos acostados.

-Sí. Hay como metales, no sé qué es lo que llevan, se me incrustan en el cuerpo.

-Pero por lo menos descansas.

-Sí, ¡je, je!, el movimiento de la carreta hace que los metales, todo lo que hay acá abajo, se me incruste en el cuerpo.

-Reitero que eres quejoso.

-[Tose] Hay polvo en el camino, ¡por Dios! No digas nada, ya sé soy quejoso. ¿No tienes incertidumbre?, ¿no tienes interrogantes, Rebel, de saber qué va a pasar?

-Nos van a vender como mercancía, nos van a llevar a un barco.

-¿A dónde? ¿Cómo nos van a encontrar, cómo salimos de esta?

-Adaptándonos.

-Yo no quiero adaptarme, yo quiero que nos vengan a rescatar. Mi padre va a mandar un ejército.

-¿A dónde?

-¿Sabes tú dónde estamos?

-No tengo la menor idea. Bueno, tu padre menos. ¿A dónde va a mandar un ejército? -Me encogí de hombros.

-Supongo que Aranet verá huellas.

-¿Tienes idea, Gualterio, las vueltas que hemos dado? Hemos pasado por lo menos por tres poblados, estuvimos en un campo, después fuimos por un camino rocoso...

-Sí, pero siempre en la misma línea. Yo me guio por el Sol, vamos hacia el noroeste. Llegaremos al mar.

 

El moreno habló con Edmundo y nos señaló. Trajo un plato de comida para mí, otro para Rebel y otro para él.

-Voy a comer con vosotros.

-Está bien.

-¿No dices nada? -Lo miré a Edmundo.

-¿A qué te refieres, a que te pida disculpas porque me reí cuando dijiste "Soy ayudante"? A mí me dieron palos, a ti no te hicieron nada. Pero ya está, no nos peleemos entre nosotros. Pero no veo manera que nos podamos escapar. A menos que tú no te quieras escapar.

Edmundo cerró el puño:

-No tengo ningún problema en golpearte y tirarte de vuelta.

-No, porque a ti no te van a hacer nada, me van a dar palos a mí.

-Entonces no seas tan irónico.

-Por ahí estoy bromista de los nervios que tengo, por ahí no soy yo.

Rebel le dijo a Edmundo:

-Ayer estaba recontraquejoso. -Edmundo hizo una mueca como de sonrisa, pero no sonrió.

Lo miré y le dije:

-Discúlpame, me imagino que no estás a gusto con esa persona. -Edmundo se encogió de hombros.

-Está bien. No me dan palos, no me pegan, pero soy más esclavo que vosotros. Extraño..., pienso en Soledad.

-¡Eh!, ¿quién es?

-La segunda de la señora Núria. Y pienso en un poblado que estaba más al norte, en una chica llamada Chelsea. Eso es algo que me hace evadir de todo esto.

-¡Je! -Sonreí. Y le dije-: Yo no pienso en nada. Pienso cuando era más chico y practicaba con Aranet en el bosque, cuando se reía de mí, pero yo no me enojaba con él. Cuando mi padre conoció a Marya...

-¿No hay ninguna chica en la que pienses?

-Había una pero no... no prosperó. Yo creo que se sentía poca cosa, porque cuando me conoció pensó que yo era una persona común y se encontró con un príncipe. Pero al fin y al cabo, ¿qué?, ¿cuál es la diferencia? Me duele el estómago como al granjero, al carpintero. Fue ella la que no entendió eso. Porque nos llevábamos bien y yo estaba sintiendo algo por ella. Y ya no la veré más. Pero bueno, no sé qué destino nos espera, no sé qué destino nos espera.

 


Sesión del 07/07/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Sebastián H.

Estaban destrozados de golpes, eran esclavos. De repente aprovecharon un ataque armado externo para escabullirse de los piratas secuestradores. Ahora tenían que desaparecer, si los encontraban no habría segunda suerte.

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Entidad:

-¡Gualterio, Gualterio!

Lo miré a Rebel: -¿Qué pasa?

-Me pareció escuchar ruidos. -Teníamos la ventaja de que éramos los únicos en esa carpa-. Vamos a ver, asomémonos. Tengo todo el cuerpo dolido, hoy me han golpeado muchísimo.

-¡Ah! Rebel, Rebel, tienes que aprender a dominar tu carácter, les contestas y te golpean.

-Claro, me tengo que dejar someter.

-Ya aprendí la lección, yo. Las veces que me han golpeado, de casualidad no me han roto una costilla.

 

En ese momento se escuchó un griterío más fuerte. Sabíamos que por la zona había bandidos dispersos en la parte montañosa o en la parte boscosa y pensaron que era una oportunidad atacar a esta caravana, supuestamente, para ellos. Se escucharon gritos, ruidos de espadas chocando unas contra las otras.

Salimos. Sí, estaban atacando la guarnición.

 

En ese momento nos sorprendimos, lo vimos a Edmundo todo cubierto de sangre: -¡Me han herido, me han herido! -Los mismos captores que nos habían secuestrado se impresionaron al ver la cara, las manos, la ropa toda cubierta de sangre-. ¡Estoy herido, estoy lastimado!

Le grité a nuestro captores: -¡Denos armas, vamos a luchar con ustedes, contra nuestros atacantes!

-No, armas a ustedes no.

En ese momento Edmundo nos tomó a cada uno de los dos del brazo y nos apartó: -¡Vengan!

-¿Pero qué pasó?

-Nos están atacando.

El último vigía dice: -¿Qué están haciendo?

-Nos están atacando. Mire cómo estoy, lo hirieron a Lotar, yo tengo dos heridas, mire mi cuerpo lleno de sangre.

 

El hombre no le prestó importancia a Edmundo, un muerto más un muerto menos entre los secuestrados no hacía importancia. Pero Lotar era el que mandaba, si lo habían herido, los bandidos que atacaban iban a ser exterminados. No quedó ningún guardia a la retaguardia.

-¡Vamos!

Lo miré. Le digo: -¡Pero estás herido!

-¡¡Vamos!! -Fuimos al corral-. Este, este y este, desaten esos tres hoyumans.

-¿Qué hacemos? -pregunté.

-¡¡Desaten esos tres hoyumans!! -gritó Edmundo. Subimos-. Despacio, alejémonos al paso. Fíjense que ya tienen las alforjas y todo. -Nos alejamos como quinientas líneas-. Ahora sí, vayamos al trote, todavía no galopemos. Aparte, galopar en la noche el hoyuman puede tropezar y podemos caer desnucados. ¡Vamos, vamos! -Nos fuimos alejando hacia atrás.

 

Estaba, por un lado, ¿cómo decirlo?, excitado de poder escapar de nuestros captores, pero por otro lado preocupado por Edmundo.

-¿Quiénes eran?

-Aparentemente salteadores de caminos. Veinte, veinticinco serán. Pero no saben con quién se metieron. Estos piratas los van a acabar enseguida y después se van a dar cuenta que no estamos. Y después se van a dar cuenta de Lotar.

-¿Qué pasó, entraron a vuestra carpa, lo mataron a Lotar y casi te matan a ti?

-Para nada.

-Explícate -le pedí.

-Aproveché el griterío, la confusión. Lotar estaba con la mente en mí, no estaba con la mente en que venían bandidos de la zona. Cogí un puñal y lo degollé.

-¡Cómo! ¿Y la sangre que tienes en el rostro y en la ropa?

-Es muy sencillo. Toda esa sangre, abracé a Lotar mientras estaba agonizando. Y la sangre le chorreaba por la garganta e hice que empapara mi ropa, con las manos me empapé el rostro, el resto de los brazos.

-O sea...

-O sea, Gualterio, que no tengo ninguna herida. Yo degollé a Lotar. ¡Ah! Me saqué el gusto.

Rebel dijo: -Se van a dar cuenta que a Lotar no lo mataron los bandidos estos.

-Vamos a estar lejos. Este pequeño asalto de estos maleantes del bosque nos vino bien para escaparnos. Pero salgamos del camino. Hay un camino lateral angosto, tomemos ese camino para el suroeste.

Lo miré: -Ese camino va rumbo al palacio de padre, pero hay por lo menos tres amaneceres de viaje o más.

-Los que sea, pero alejémonos. Sé que estamos todos cansados pero aprovechemos la noche para andar, andar, andar y andar.

 

Había algunos caminos demasiado pedregosos y llevábamos los equinos al paso, se escuchaban ruidos de bestias en el bosque pero ninguna se acercaba.

-El problema es que no tenemos armas -dijo Rebel.

-Tenemos armas. Cuando estaban desatando los hoyumans yo ya había traído tres espadas de tres cadáveres. -Me asombré de Edmundo, de la lucidez que tuvo en ese momento. No sólo degolló a su principal captor, que lo tuvo de esclavo, sino que en medio del fragor, de tres cadáveres logró sacar tres armas.

-¡Vaya, vaya, que eres digno de respeto!

-No pensemos en eso ahora -dijo Edmundo-, sigamos.

 

Anduvimos toda la noche. Llegamos al día siguiente a un poblado, por suerte encontramos en las alforjas unos metales. Comimos rápidamente. Fuimos a los grandes almacenes, compramos ropa, compramos botas. En el abrevadero de los hoyumans nos enjuagamos un poco.

Edmundo se sacó la sangre del rostro, de las manos y tiró la ropa vieja, ahora parecíamos gente normal. Compramos cintos con las vainas de las espadas, ya estábamos bien armados.

-No tenemos tiempo de quedarnos más -dijo Edmundo-, sigamos viaje.

 

Había uno que representaba la ley en el poblado. Le dijimos:

-Fuimos raptados por una banda que obedecen al pirata Malacara, pudimos escaparnos. Le recomiendo que si aquí tienen gente de seguridad estén preparados por si esta gente aparece, porque seguramente nos van a perseguir. -El hombre agradeció y seguimos viaje.

 

Yo estaba sumido en mis pensamientos. Recuerdo que esa misma noche viendo a Rebel tan lastimado no daba dos metales por nuestra vida, y ahora otra vez se nos había abierto la esperanza.

Le dije a Edmundo: -Al tomar este camino lateral los despistamos porque van a pensar que volvimos por el camino.

-No -dijo Edmundo-, no son tontos, no son tontos. Aparte, saben seguir huellas. No iremos tampoco por este camino, nos desviaremos un poquito al norte.

-¡Pero Edmundo, eso nos alejará del castillo de mi padre!

-Luego tomaremos de vuelta camino al sur. Pero vayamos por lugares rocosos donde no se puedan ver huellas. Evitemos dejar señales, es más fácil en un bosque, ellos encuentran ramas rotas, marcas en los árboles. En las rocas es más difícil. Obviamente, con los hoyumans tendremos que andar más despacio, que no se quiebren una pata o algo. -Rebel callado, con su cuerpo dolorido.

 

Edmundo era el que había tomado el mando. Yo no decía nada, lo veía con tal poder de decisión que dejaba que él dirigiera nuestra marcha. Y seguimos andando el día entero.

En un momento dado Rebel dijo:

-Necesitamos descansar. No puedo más, tengo todo el cuerpo molido de los golpes.

Edmundo lo miró: -Te entiendo perfectamente, te entiendo perfectamente. Podemos tirarnos entre las rocas un rato, pero si dormimos los tres no sé si vamos a despertar. Nos encuentran y nos matan. No nos van a llevar de vuelta, nos matan directamente. Me quedaré yo despierto. -Asentí con la cabeza, había dormido un buen rato. Edmundo estaba cabeceando.

-Duerme un rato, me quedo yo despierto.

-Un rato nada más. Y luego partimos. -Rebel apenas se podía mover.

 

Tiempo después partimos. Pasamos por un arroyo, cargamos las cantimploras, los hoyumans abrevaron del arroyo y seguimos viaje. Viaje a la esperanza, viaje a la supervivencia.