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Psicoauditación - Walter

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 27/07/2026 Penumbria, Miguelina Aguilar

 


Sesión 27/07/2026
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Walter.

Vivía rodeada de primordiales, aquellos seres del Caos que disfrutaban produciendo visiones de terror a la gente, pero no se metían con ella. Hasta que una vez su madre, que ya había muerto se le apareció.

 

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Entidad: Penumbria, un mundo en el límite de la Creación, donde los primordiales modelados por el Demiurgo entran a la Creación, habitantes de Caos, de la Nada, e infunden terror mentalmente a los habitantes de Penumbria, alimentándose de ese mismo terror.

 

En el último siglo hubo infinidad de suicidios, de muertes por infarto cardíaco, por muertes de accidentes cerebro-vascular. A los primordiales no les interesaba nada, sólo poder alimentarse del terror de todos los seres humanos de Penumbria.

 

Mi nombre era Miguelina Aguilar, mis miedos eran otros. Era morena, de pequeña mi madre me peinaba con trenzas.

Mi padre me despreciaba, hubiera preferido un hijo varón, "Mujeres para qué, solamente sirven para ser sirvientas". Mi madre era cómplice con su silencio.

 

Vivía ayudando en la casa, en pleno invierno saliendo al arroyo a buscar agua, a veces con lluvia empapada.

Invierno que cogido enfermedades pulmonares. A mi familia no le interesaba. Si moría, bueno, no se perdía gran cosa.

 

Por supuesto que sabía quiénes eran los primordiales, pero por alguna razón nunca me molestaron. Había gente que se tiraba por la ventana de un sexto piso, porque veía a sus padres muertos hace años, y claro, los primordiales se daban un festín.

 

Conocí a un hombre, teniendo 18 años, y me sentí afortunada cuándo me pidió en matrimonio, parecía un ser de luz y terminó siendo una sombra maltratadora, cualquier cosa que le respondiera que él no estaba de acuerdo, una bofetada.

Aprendía a ser sumisa, a callarme la boca.

 

Por alguna razón no podía quedar embarazada, y mi pareja me echó a la calle. "Ni para eso sirves".

 

No estaba dolida, ya estaba acostumbrada a los malos tratos de mis padres ya fallecidos, y ahora de esta pareja.

Tuve una segunda pareja que fue igual, maltratadora, me despreciaba: "Solamente estoy contigo para saciar mis distintos materiales. Pero no va a ser gratis para ti, la casa va a estar impecable". Era una vivienda pequeña, de dos ambientes, una sala comedor y un dormitorio, aparte del toilet y la cocina pero mi segundo esposo se pensaba que era una gran mansión.

No lo odiaba, ya estaba desgastada de sufrir, de sufrir, de sentir.

 

Y una tarde, una vecina mayor me dice:

-Señora Miguelina, no sé cómo decirle, pero hubo un accidente de coche. Evidentemente los primordiales, asustaron al conductor y este perdió el control de su automóvil y atropelló a su esposo, que murió instantáneamente. -No lloré, no lo extrañé, sólo sentí compasión.

Por supuesto, heredé la vivienda porque no teníamos familiares, y me quede allí.

 

Hasta que una noche de lluvia golpearon la puerta. Nadie habría de noche, a veces los primordiales te invadían la mente, y tú los veías como si fueran humanos.

Pero ya estaba gastada de sufrir, abrí la puerta y vi a un hombre empapado, tiritando de frío.

-¿Tienes una estufa?

-Sí...

-¿No te incomoda que pueda entrar a calentarme un poco?

-Para nada.

El hombre entró y lo vi en la luz de la sala. Era alto, rubio, con una sonrisa, con dientes blancos, ojos celestes, una mirada dulce.

Le dije:

-Tengo ropa, señor, si quiere cambiarse para no coger un refriado...

-No no no no, no quiero molestarla, señora o señorita. Supongo que viuda pero señora...

-Miguelina Aguilar.

El se presentó teniéndome la mano, una mano cálida a pesar de estar empapado: -Mi nombre es Rogelio Funes. -Hermoso nombre, Rogelio, pensé.

-Mi casa es humilde, tengo una ducha con agua caliente. Le recomiendo que se cambia de ropa. Tengo ropa de mi difunto esposo, tal vez le quede un poco chica, porque es alto usted.

-Por favor, trátame de tú... -A la noche se quedó dormir en la sala. Educado, cortés.

Nunca me insinuó dormir conmigo. Yo me sentía sola y él era tan atento...

 

Hasta que un día nos quedamos sin mercadería y le dije:

-Tenemos que ir a comprar.

Me dijo:

-Yo tengo mucho dinero, pero tengo una debilidad...

-¿Cuál?

-Tengo miedo de salir.

-Es de día.

De todos modos me sorprendió, no me imaginaba un hombre tan afable, tan atento, como Rogelio, elegante hermoso, y con temor a los primordiales.

Le dije:

-Es de día, generalmente los primordiales utilizan su terror de noche, es un tema psicológico. Todos los seres humanos en Penumbria tenemos más terror a la noche que al día.

-Y ese es el error -me dijo Rogelio-, porque es de día donde más acechan esos monstruos. Y como de chico -y le empezaron a caer lágrimas-, he sufrido tanto con mi familia por los primordiales que cualquier mención sobre ellos me coge un terror profundo, y no quiero, porque se alimentan de ese miedo. ¿Si te doy dinero puedes salir tú?

 

No me decepcionó, si tenía tantos traumas de pequeño no podría decir que Rogelio era un cobarde, simplemente estaba poseído por esos traumas.

 

Y salí a comprar. Pero esas dos calles para ir hasta el almacén, fueron horribles, me cruzaba con niños, con adultos, con abuelas que habían muerto años atrás, y me miraban:

-Hola Miguelina, te extraño Miguelina... -Yo cerraba los ojos y me infundía un tremendo terror el ver a seres que no existían.

Sentí enojo, los primordiales no me iban a ganar.

 

Volví con la cesta llena de alimentos y bebidas.

-¿Y has sentido terror?

-No, le dije, es como mi alimento -dijo de mal humor, Rogelio.

-Pero aquí tengo la cesta llena, y tienes bebidas, puedo preparar te caliente.

Fruncí el ceño:

-Pero tengo hambre...

-Pero aquí tienes comida. -Se encogió de hombros, me miró, y me pareció ver sus ojos, negros, en profundidad. Cerré mis ojos, parpadeé, los abrí: Lo miré a Rogelio, ya tenía la sonrisa a flor de labios, sus ojos celestes.

-¿Porque me has dicho antes "Y cómo me alimento?".

Se encogió de hombros:

-No no, no sé lo que quise decir... Pero me siento muy solo.

-Yo también -le dije.

-Si no te lo tomas a mal...

-Rogelio, esta noche duerme conmigo.

 

E hicimos el amor. No podría decir que era un maestro del amor, pero todo lo que yo pensaba que quería que me hiciera él me lo hacía sin preguntar. Y me sentí dichosa.

 

Tipo las tres de la mañana me levanté, no podía dormir. Si bien estaba exhausta de haber hecho el amor con él me levanté a la cocina y me preparé un té caliente.

Y en ese momento sentada en una silla vi a mi madre:

-Qué rápido que has conseguido pareja, y encima no es tu esposo, es un amante.

Yo no sentía terror, sentía desprecio, porque en el fondo sabía que no era mi madre, era algún primordial que leyendo mi mente sabía mis recuerdos y los usaba en mi contra.

Pero evidentemente calculó mal, porque me cogió indignación, sabía que no era mi madre pero el rol del primordial, al imitarla tan bien, me dio furia.

 

Al rato se levantó Rogelio:

-¿Con quién hablabas?

-Con nadie, me pareció oir a mi madre.

-Pero me has dicho que tu madre ha muerto, ¿te ha dado miedo?

-No.

-¿Por qué no?

-Porque no tengo miedo, tengo furia.

-Pero no puede ser, ¿cómo no vas a tener miedo?

-¿Y por qué no te pones contento de que no tenga miedo?

-No, tienes razón, Miguelina ¡Qué bueno, tienes razón!

-Porque no es la primera vez que me lo reprochas, parece como que quisieras que el terror me venciera.

-No, no, a mí me vence el terror, me siento protegido por por ti, Miguelina.

-¿Protegido?, eres un hombre fuerte, puedes con todo.

-No, acuérdate de mi trauma.

-Yo también tuve traumas, lo manejaste distinto Miguelina. En cambio yo, con esta apariencia de persona atractiva, muchacho joven, tal vez un poco más joven que tú me estás echando en cara que soy más grande.

-No, al contrario, estoy sintiendo amor por ti.

 

Me sorprendí, no era bonita, morena, ojos oscuros, peinada con trenzas, un vestido viejo... Me sentía, fea, y él tan atractivo. Pero lo le reprochaba que tuviera miedo a los primordiales, sé lo que es un trauma, he tenido amigas que han muerto de terror porque le falló el corazón. No lee tenía miedo a los primordiales, lo odiaba.

 

-Y me agracé con Rogelio, sentía su cuerpo caliente, su corazón latiendo.

-¿Te preparo un té?

-Tengo hambre -me respondió.

-¿Quieres un poco de pastel?

-No, me voy a costar otra vez. ¿No te incomoda si mañana salgo hasta el parque?

-¿Quieres que te acompañe?

-No, voy a caminar un poco.

-¿Y tu trauma?

-Tengo que enfrentarlo.

 

Al día siguiente, bajo el débil sol de Penumbria, Rogelio se fue hasta el parque.

A la tarde me ente por los vecinos que hubo seis personas en esa foresta que murieron de terror.

 

Cuando volvió Rogelio, me abracé:

-¿Qué pasa?, ¿por qué me abrazas?

-Hubo ataque de primordiales en el parque, y tuve un tremendo miedo de que fueras tú.

-¿Primordiales en el parque? -Empezó a temblar-. Yo no vi nada.

 

-¿Quieres comer algo? -le pregunté

-No, estoy satisfecho. Más que satisfecho.

-¿Has comido en el parque?

-¡Uf, mucho!

-¿En qué parte?

-Hay una tienda de comidas de hechas. Y me atreví a sentarme a una mesa y comí.

-Bueno, conversemos entonces.

-Me siento pesado, ¿no te incomoda, Miguelina, que me acueste? -No, no hay problema, me quedaré un ratito y después me acuesto. -Y me quedé pensando en él, la última vez que fui al parque no vi ninguna tienda que vendía comida hecha, debe ser una tienda nueva.

 

Y después me recosté con Rogelio. Pobre muchacho, tan bueno, con estos traumas por los perversos primordiales, y él, un primor de persona.