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Psicoauditación - Adriana

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión del 02/11/2012

Sesión del 29/07/2015

Sesión del 11/11/2015

Sesión del 17/03/2016

Sesión del 20/07/2016

Sesión del 02/12/2016


Sesión 02/11/2012
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

La entidad se siente incomprendida en un entorno que se le manifiesta hostil. Familia, sociedad le atenazan su libertad de escapar del yugo impuesto y no encuentra soluciones ni ayuda.

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Jorge Olguín: Voy a intentar canalizar al thetán de Adriana para que relate las emociones dolorosas que pueden estar afectando a su parte encarnada, y el hecho de que pueda descargar va a aliviar ese peso emocional que tiene sobre los hombros Adriana.

 

 

Entidad: No creo que me solucionéis nada porque mi parte encarnada no tiene nada que ver. Mi parte encarnada es víctima de las circunstancias. Todo es víctima de las circunstancias: el trabajo, el entorno, mis hijos que no cooperan. El colegio, que son unos hipócritas, unos necios, nos acusan a nosotros de que no cumplimos con los requerimientos. Cretinos. Los curas, desde el siglo II que son perversos, pervertidos todos ellos, siempre son la fruta podrida de este mundo, nunca fueron tolerantes, siempre han hostigado, siempre han hostigado.

 

Y mi pareja es tranquilo, como que no se preocupa por nada, como que tengo que estar empujándolo para que se mueva. Él, con su idea de que trata de estar clarificado… ¿A qué le llama clarificado, a que se derrumba un techo y él no se mueve? No mueve un pelo. ¿A eso le llama estar clarificado? ¿Está clarificado o está hipnotizado?

 

Y no quieren que yo me preocupe. Si llego de trabajar y es todo un desastre; me tengo que ocupar de todo, todo dado vuelta. ¿Qué hicieron durante el día, qué hicieron? Y no es solamente Christian, Deberinda... son todos, todos. Y ni hablar de mi familia y ni hablar de mi entorno: les brindas algo y te traicionan o te miran con sorna o te ponen miradas de burla o hablan a espaldas tuyas. Y todo, ¿para qué? Porque todo lo que les brindaría es todo mío. Todo lo que yo logré es mío, es mi merito, es mi merito. Y, ¿para qué? ¿Cuál es mi recompensa? ¿Qué tengo a cambio? Mala sangre, mala salud.

 

A veces me perturbo mentalmente. Y todo, ¿para qué? ¿Para qué? ¿Dónde está la felicidad en todo esto? Dejo de trabajar fuera y tengo que trabajar en mi casa, tengo que trabajar con mi familia. ¿Soy hija o soy madre de mis propios padres? Llega un momento en que quieres desconectarte de todo, en que no quieres saber más nada de nadie, en que quieres estar tranquila.

 

Bla, bla, bla. Mi pareja también habla y si no, se queda callado porque dice que no quiere contradecirme. ¿Y en qué va a contradecirme? De afuera es fácil ver todo, el problema es de adentro. Me da la impresión como que no se compromete, como que no se toma las cosas en serio. ¿Inconvenientes de conducta? ¡La escuela tiene inconvenientes de conducta! Se lava las manos tipo Poncio Pilatos. Reverendos hipócritas, mala gente, perversos, pervertidos... habría que sacar los trapitos al sol a cada uno y veríamos qué pasa. Pero las leyes, las leyes, las leyes...

 

Las leyes no son justas, es todo mentira. Pagas un buen abogado y ahí tienes buenas leyes, porque la justicia se compra y los curas tienen dinero de nuestros impuestos, ¡de nuestros impuestos! Encima tienen el tupé de sacarse de encima lo que les molesta, el tupé. ¡Je!, coraje tendrían. Mala gente. ¿Para qué encarnaron? Para entorpecer. Los Maestros dicen que cuando te pasan cosas así en la vida es para que te fortalezcas, para que te temples. ¿Adónde te templas? ¿En una úlcera te templas? ¿En que tengas problemas en la presión te templas? ¿Adónde te templas? ¿Qué te templas? ¿Adónde? Los Maestros no saben nada. ¿Qué te templas? ¿Te templas el hacerte mala sangre? ¿Te templas en que tu entorno nunca te acompañe? ¿Qué te templas? Es mentira que te templas; tienes que pasar por eso y punto. Se acabó. Y es uno el que tiene que solucionar las cosas. ¿Y cómo no te vas a hacer mala sangre?; problemas por aquí, problemas por allí, problemas por allá, problemas en el trabajo, problemas en casa, problemas con la familia, problemas con la escuela, problemas, problemas, problemas. Basta, basta. No quiero saber más nada de problemas.

 

¡Uy! Le estoy haciendo subir la presión a mi receptáculo pero, bueno, ¿para qué se ofrece? Parece que molestara, parece que les molestara a todos. A mí me molestan también los demás y yo no digo nada, yo me callo la boca. Hablan de roles de víctima. ¿Quiénes hacen roles? ¡Ellos hacen roles de víctima! ¿Por qué no me dejan de molestar de una vez por todas?

 

No quiero seguir hablando y a mí no me retiene nadie si yo no quiero.

Rol de víctima... ¿Por qué no se van a tomar aire fresco? Rol de víctima... ¿Por qué no me dan soluciones en vez de darme problemas? Todo el mundo dice "Pasa esto, pasa aquello". ¿Y? ¿Y la solución?

Porque es fácil decir:

-Pasa esto, pasa aquello, pasa lo otro, pasa lo otro, pasa lo otro.

-Bueno, ¿cómo lo arreglamos?

-¡Ah!, no sé, Adri. Eso vedlo vos.

-¡Ah! No sé...

 

Iba a decir algo pero no, no, dejémoslo así. Mejor dejémoslo así.

 


Sesión 29/07/2015
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Prejuzgar es un rol del ego. Prejuzgar es habitual en el ser encarnado. Prejuzgar es juzgar antes de conocer y nunca tendremos el conocimiento suficiente para juzgar puesto que no conocemos todo. No podemos ver todas las facetas de la realidad y debemos ser conscientes de ello, pues nuestras opiniones y acciones pueden perjudicar profundamente a otros.

La entidad relata una vida en la que quedó con engramas de culpa por prejuzgar.

Sesión en MP3 (2.063 KB)

 

Entidad: Muchas veces me tildan de impulsiva, o de intolerante, o de no querer entender las cosas.

 

Tuve una encarnación en Guanajuato, no era lo que es hoy, en carreta la distancia a Méjico la podemos hacer en un día, en aquella época. Me acuerdo que mis padres trabajaban en el campo, mamá ayudaba también con la cosecha. Tenía un hermanito que había fallecido, lo había pescado una tormenta helada a fines de enero. Mamá se hundió más en sí misma, nunca pudo superar la muerte del niño y a mí prácticamente no me hablaba, yo me sentía como relegada. Papá... Papá mientras tuviera su mezcal a la noche... Era una persona delgada, no sé cómo hacía para comer tantos tacos y tomar tanto mezcal y al día siguiente se le notaba fresco como si nada.

 

Pero yo no tenía con quien hablar. De adolescente conocí a dos varones. Juan era prácticamente un señor, un señor. Y Gregorio, Gregorio era el villano, era apuesto, agradable como la mayoría de los varones falsos. Los rumores en Guanajuato corren como reguero de pólvora. Salía con la hija de Joaquino, con la de los Rodríguez, con la de los Morales, con la de los Duarte, con la de los Peralta. Juan se juntaba con nosotras; conmigo, con Elvira. A propósito, mi nombre era Teresa. Juan nos decía:

-Yo soy católico, yo creo mucho en el Señor. Leo los salmos, voy a lo del padre José, vivo confesándome.

Una mis amigas le preguntaba:

-¿Qué puedes confesar?, eres el más noble de todos nosotros.

Trabajaba en la tienda del papá. Cortés, sensible, caballero.

Una vez se le murió una perrita y se le caían las lágrimas. Y él decía:

-A veces me da vergüenza llorar porque aquí en este pueblo me tomarían por un blando, por no decir otra palabra peor.

-No hagas caso -le decíamos.

Juan tenía su atractivo, era el novio ideal pero nos respetaba tanto... Y que Dios me perdone pero entre mí pensaba "¡No me respetes tanto! ¡Dime algo!".

 

Vino una niña nueva con el tío, Manuela, Manuela González. Menudita, dieciocho años. Se hizo amiga nuestra pero era tan tímida... Y pasaron los meses.

Hacía tres días que no la veíamos a la niña, Manuela. Hasta que un día lo paramos, al tío, un señor obeso, comerciante, le caían las lágrimas. Y dice:

-Está en casa, se está reponiendo. La encontró don Jacinto y don Rogelio allá en el campo en los maizales. Había sido ultrajada y golpeada.

Le preguntamos quién había sido y dijo:

-Todavía no recobró el conocimiento.

Le habían encontrado una moneda de plata en el pasto al lado de ella. Todas nos miramos y dijimos:

-El que ostenta con dinero, con monedas es Gregorio.

Y por supuesto que no nos callamos, se lo dijimos al tío:

-Hay un muchacho, un tal Gregorio.

-Sí, he escuchado lo que dicen de él, ya fue interrogado. Tenía una coartada, había estado en el club allá con la gente rica y tenía varios testigos que salieron a su favor.

Hablé con Elvira y Enriqueta y les dije:

-Claro, a los testigos se los compra.

 

A la tarde siguiente nos reunimos con Juan, le contamos el hecho. Le caían las lágrimas.

-La verdad que no entiendo -decía-, es como que ciertas conductas te producen impotencia, como que tú ves cuando una persona tiene doble cara, cuando una persona finge lo que no es, cuando una persona sabe disimular. Esas son las que condena Dios, ese tipo de personas.

 

Con Elvira nos mirábamos, las dos pensábamos lo mismo. La doble cara, la desfachatez de Gregorio, una persona con una sonrisa tan falsa, tan cínica, tan innoble y salía indemne de todo. ¿Por qué la violación?, tenía tantas novias... Pero claro, su instinto, su deseo de destruir y era tan falso, porque ayudaba a bajar a las damas del carro, acariciaba los caballos, quería a los animales. Falso, cínico.

-Sigue hablando Juan.

-¿Qué quieren que diga?, yo no soy quien para condenar. Pero esas personas que fingen que son una cosa y son otra, que se comportan de una manera y se muestran de otra no las tolero, no las tolero para nada. A esas personas Dios las tendría que caer con un rayo. Perdóname por decir eso pero es lo que pienso, creo en ese tipo de castigos de las personas que fingen. No puedo seguir hablando -dijo Juan-. Y se marchó.

 

Nos sentíamos acongojadas. Con mamá no podía hablar porque mamá seguía pensando en su hijo muerto, era prácticamente un ser que trabajaba en el campo, que preparaba la comida. Papá... Papá trabajaba, hacía todo el esfuerzo. Le miraba sus manos, manos con callos, manos de trabajador. Les comenté a los dos lo que pasó con esta Manuelita y...

-Son cosas del señor -me contestaron.

-No, son cosas del ser humano.

 

Había un montón de gente, a la mañana siguiente, en lo de Manuela. Habían roto con un madero la ventana porque el dormitorio de la niña daba a la calle, la habían querido atacar. Se despertó el tío y salió con un arma y la persona se fue corriendo. Claro, tenían miedo de que hable, atentaron contra su vida. El tío habló con el herrero, hizo poner barrotes.

 

Dos días después recuperó el conocimiento, fuimos a verla. Habló con el médico, con las autoridades, con el tío, luego pasamos Elvira y yo.

-Quise ser amable. Lo saludé, le sonreí, nos pusimos a conversar. Era tan atento conmigo, con esa sonrisa, que le di un beso en la mejilla, un impulso. Entonces me quiso besar. "No, no, no", me entendió mal. Me dio una bofetada que me tiró al piso. Me empezó a arrancar la ropa, me puse a gritar y me golpeó una dos, tres veces hasta que perdí el conocimiento y me ultrajó estando desvanecida pensando que yo había querido seducirlo.

-No nos sorprende, nos imaginábamos que Gregorio era así.

-¿Cómo Teresa, nombras a Gregorio? ¿Qué tiene que ver Gregorio?

-¿Y quién era? -le dice Elvira.

-Juan. Juan me violó, Juan me golpeó.

 

Casi se nos para el corazón. ¡Juan! A todo eso ya lo habían aprehendido y lo tenían en una celda. No sé cómo me dejaron pasar y a través de los barrotes hablé con él y le pregunté:

-¿Qué has hecho?

-¿Acaso no se lo decía? Persona con doble faz que fingen ser ángeles y merecen el castigo de Dios. Me besó, me provocó, luego me rechazó. Se burló de mí, que soy una persona noble y buena. Y se burló. Y cuando se resistió la golpeé porque es lo que se hace con los infieles, porque me provocó. Aparte no la ultrajé, ella quería, porque yo sentí que ella quería porque tiene dos caras, yo sé que tiene dos caras. Merece el castigo y yo soy la herramienta de Dios.

 

No entendía nada y me marché. En la plaza estaban las chicas sentadas en un banco y al lado Gregorio, pálido con los ojos llorosos.

-Me acusaron a mí, me interrogaron a mí. Estuve en el club toda la noche. Yo puedo mostrarme de una manera pero sería incapaz de hacer algo así.

 

Y en ese momento entendí que es muy difícil prejuzgar un ser humano. Nos equivocamos de cabo a rabo. Me quedó un engrama de culpa que hoy puede afectarme de mil maneras, con mil condicionamientos.

No, no formé pareja con Gregorio, Gregorio se fue a la ciudad de Méjico, yo me casé con un señor de San Luis Potosí, Jacinto Ramos, Jacinto Ramos Quesada.

Fui feliz, dos hijos varones, pero nunca pude olvidar. Dos inviernos más tarde Manuelita murió de un problema pulmonar, nunca se repuso mentalmente de ese ataque. El tío se marchó a otro pueblo.

 

Nunca terminamos de conocer a las personas. Gracias por escucharme.

 


Sesión 11/11/2015
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Al regresar bajó de plano con multitud de engramas debidos a engaños y traiciones de otros y engramas también generados por sí mismo al no aceptar que todos los que le habían perjudicado en el plano físico eran roles.

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Entidad: A veces pensamos que cada mundo, cada sistema, cada galaxia va a tener una manera física distinta o por lo menos un sistema de vida distinto en tanto y en cuanto sean similares a los de este mundo actual donde está mi parte encarnada, Adriana. Lo que la gran mayoría no tiene en cuenta es que los espíritus somos errantes. Todavía no han entendido que quiero decir; hoy encarnamos aquí, mañana allí, pasado allá y es el espíritu el que le da el carácter a ese 10%, sea humanoide o no.

 

Nací en un mundo a cuatrocientos cincuenta años luz, en una estrella que no tiene designación para vosotros, una enana amarilla similar a este Sol. Mi nombre era Renara y estudiaba distintas materias. Me atraía mucho la física y me atraía mucho la biología.

Seguramente en otro continente por algún experimento no controlado mutaron un virus. Hubo una epidemia que acabo con miles de personas, se suspendieron viajes, se impidió el contacto con otros países, se reforzaron las fronteras y se disparaba a matar a toda aquella persona que quisiera cruzar a otro país, esté sana o no, porque podía ser portadora. ¿El resto del planeta estaba horrorizado? Para nada. Cuanto más aislados estén en ese país donde está el foco viral, mejor para los demás. Hasta se llegó a pensar en tirar unas bombas incendiarias de vacío donde acabarían con todo. Pero claro, era un país pequeño pero contaba con aproximadamente tres millones de personas, los infectados no llegarían a trescientos mil y ¿por qué el resto tenía que pagar las consecuencias?

 

Tenía un compañero bastante mayor, presumido, pedante, lector de infinidad de enciclopedias, Laslow, que me decía:

-Vamos a crear un antiviral.

 

Estuve infinidad de noches sin dormir. Cuando Laslow llegaba al laboratorio y los otros ayudantes, yo seguía con mis fórmulas en mi ordenador. Finalmente infectamos un pequeño roedor -obviamente no con ese virus, con un virus similar pero más inofensivo-, le apliqué mi antiviral, sobrevivió. Probamos con otro y con otro.

 

Al mes siguiente había una cumbre. Había quedado embarazada de quien en ese momento era mi esposo, Rigor, y no llevaba muy bien el embarazo, tenía arcadas, vomitaba. No fui a la cumbre. A Laslow le dieron el gran premio mundial por haber sido el descubridor del antiviral.

Lo nombraron embajador, salió en todas las portadas de revistas. Fueron fuerzas especiales con trajes especiales aislantes, con miles de vacunas virales y sí, lograron revertir la epidemia. Aún los casos más peligrosos que estaban a riesgo de muerte, en días fueron sanando.

 

Tuve la desgracia a los tres meses de embarazo de perderlo. Tuve la desgracia de que a las veinticuatro horas de perder el embarazo me entero de que mi esposo tenía una aventura con su secretaria, dieciséis años más joven que él. No habíamos hecho ningún precontrato, se quedó con la mitad de todo, se quedó con mi felicidad, con una joven mucho más joven que él.

Me quedé con mi soledad, con un desánimo tremendo pero con una fuerza tremenda marché hacia la cumbre que después de días y días y días seguían de festejo.

No estaba vestida de etiqueta, me metí por una puerta del costado donde la seguridad no vigilaba. Hice una escena tremenda, le grité al presidente:

-¡Me robaron! Laslow no descubrió nada, eran todos mis apuntes que los cogió de mi ordenador y las pruebas de mi vacuna.

Obviamente nadie me creyó, él era el principal en el laboratorio, yo no.

-Tengo testigos.

 

Citaron a los sietes testigos que trabajaban con nosotros. Nunca me vieron trabajando en ese antiviral pero cada uno tenía una nueva mansión, un nuevo vehículo. Habían sido comprados.

No solamente no volví a mi lugar sino que me echaron con una indemnización mínima por haber intentado desacreditar a Laslow. Me quedé sin trabajo, sin esposo, sin el hijo que esperaba y con una angustia, un rencor. Y no me vengan a decir que el ego se domina, se maneja, se integra o como le quieran llamar porque honestamente, en distintas vidas fui cualquier cosa menos hipócrita. Honestamente, no tenía ganas de integrar el ego, me alimentaba del ego, el ego me daba fuerzas. El rencor me lastimaba pero lo disfrutaba, es como esa bebida alcohólica tan fuerte que tú la tomas y te quema el esófago como si tuvieras un fuego pero la disfrutas. Así, así era mi rencor.

 

Planifiqué. Tenía muchos conocidos que me debían favores porque les había salvado madres, hijos, hermanos, amigos químicos, amigos especialistas en explosivos. No me prejuzguéis, hay que estar en el lugar. No voy a dar detalles. Con mis cómplices hice que se volara el laboratorio, una hectárea completa. El laboratorio, adyacentes, todo. Por supuesto que lo hice de noche. Sí, se perdieron dos vidas, eran dos vigilancias, una en cada esquina, pero si lo hubiera hecho de día hubieran muerto cientos. Nunca se encontró una huella de nada, los mayores investigadores descubrieron qué tipo de explosivo era, dónde se podía fabricar. Las señales indicaban a un país del continente este.

 

La gente a las que yo había hecho favores me dijeron:

-No queremos saber más nada contigo por dos razones: primero, el favor te lo hemos devuelto con creces. Segundo, no sabíamos que iba a ser tan grave la cosa, ahora cargan sobre nuestra conciencia dos vidas.

Les grité:

-Yo salvé cien mil vidas, trescientas mil vidas, tres millones de vidas de aquel país. Y seguramente alguno hubiera escapado por la frontera y hubiera viajado por otros países. No me reprochen por dos vidas.

 

Me quedaron engramas de injusticia por Laslow, por mis amigos que testificaron a favor de él, de abandono por mi esposo, de dolor por la pérdida del hijo que esperaba.

Me abandoné. Comencé a tomar un ansiolítico muy fuerte que todavía estaba en etapa de prueba. Me afectó la parte nerviosa, la parte muscular. Fue sacado de circulación pero ya había causado efecto en mí. No llegaba a los cuarenta años de edad y apenas podía moverme del dolor de mis articulaciones. Una de las personas a la que le había salvado la madre me dijo:

-Tú has salvado vidas pero has matado a dos y eso para el Creador pesa, y ese es el castigo.

Le dije a la persona que era una cretina, que mi problema era porque había probado algo que no había sido certificado. ¿Pero qué ganaba con debatir a alguien que no estaba en nuestro tema?

 

Los dos últimos meses era un sufrimiento, me quedaba dinero para pagarle a una enfermera que apenas podía ayudarme a levantarme de la cama y en un barrio de los suburbios conocí a gente de mal haber a la que también había ayudado y les escribí una receta, un calmante. Se lo di a la enfermera para que lo vaya a buscar de parte mía y obviamente dinero para que le pague, de más. A las pocas horas volvió.

-¿Has tenido algún problema?

-No, para nada, al contrario, tomó la plata enseguida y me dio el inyectable.

-Aplícamelo. Intramuscular no, es endovenoso, pero me va a calmar.

 

Había dejado una carta de que yo era la única responsable de mi muerte. La había lacrado en un sobre con un cierre de seguridad y no por correo electrónico, por correo común se la mandé a mi notario -lo que llamáis escribano-, porque lo que me inyectó esta enfermera, a la que a su vez le dejé un sobre con bastante dinero, era una inyección par matarme porque no tenía sentido vivir con tal dolor.

 

No desencarné en el plano 2, evidentemente algún equilibrio habrá en los planos suprafísicos que el mismo equilibrio universal tuvo en cuenta la gente que yo salvé, no Laslow, yo. Y si bien es cierto que fui responsable de dos muertes fue miles de veces más la gente que salvé. Por supuesto que no fui al plano 4, el ego me pesaba una tonelada. Así y todo no bajé al plano 2, me mantuve en el plano 3.

Como espíritu visualicé conceptualmente el plano físico. La enfermera, con todo ese dinero que le dejé puso una sala médica, ella por supuesto siguió como enfermera pero ayudó a muchísima gente -ella como enfermera era la jefa de todos los médicos- y siguió salvando vidas hasta que desencarnó treinta años después. Por eso digo que no es que haya hecho mal pero el ego me pesaba una tonelada, una enorme tonelada.

 

Desencarné con rencor. Cuando como 10% me uní con el 90% me costaba aceptar que Laslow era un rol, de que quien fuera mi esposo era un rol, de que la enfermera era un rol, de que toda la gente de la cumbre era un rol... me costaba aceptarlo. Quien iba a encarnar como mi hijo se contactó conmigo -porque de los planos altos se puede contactar a los más bajos-, estaba en el plano 5 subnivel 1, era un espíritu de Luz, y me dijo:

-Tienes mucho para dar, deja de pensar tanto en ti en cada encarnación. En esa encarnación puedes sentirte orgullosa de todo lo que has hecho. Otro se llevó la gloria pero tú sabes que has sido tú la bienhechora.

 

Sé que buscar gloria es ego pero como dije antes, fui muchas cosas en muchas vidas, hasta esclava, pero nunca hipócrita. Por supuesto que me hubiera sentido bien con un premio y con un reconocimiento. ¿Es ego? Sí. ¿Y qué? Salir en tapas de revistas, ser reconocida... por supuesto que sí. Un Maestro de Luz que encarnó en este planeta, a los hipócritas les decía "raza de víboras". Bueno, nunca pertenecí a esa raza y he descargado bastantes engramas, engramas que me pueden afectar la parte psicofísica enormemente porque fue mucho dolor, porque mis mentes analítica y reactiva están en conflicto.

Qué importa el honor, qué importa lo que has hecho... No, importa todo. Que otro se lleve lo que tú has hecho, lo que tú has descubierto, que la pareja por quien das la vida se va con una niña.

Le pregunté conceptualmente a ese ser de Luz del plano 5.1 por qué perdí el embarazo si tú misión era hacer cosas. Me respondió conceptualmente: -Porque tú no estabas bien.

 

¿Qué tiene que ver lo psíquico con lo físico? Mucho. En el plano físico nos enfermamos a veces por temas psíquicos, no por temas físicos, porque lo emocional no es físico y hay gente que desencarna por lo emocional.

 

¿Qué más puedo decir?, creo que con eso es suficiente.

 

Agradezco el permitirme expresarme. Y toda la Luz a mi parte encarnada Adriana.

 


Sesión 17/03/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

En un mundo vivió terror ante una invasión, donde no podía hacer nada más que aceptar un futuro desconocido. Actualmente aún tiene presente aquella vivencia.

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Entidad: Quiero comentar algo que puede hacer mucho daño a la parte psíquica, a la parte física, afectando todo.

 

Hace poco menos de dos milenios encarné en un mundo similar a la Tierra, orbitando alrededor de una estrella amarilla. Vivía en un país absolutamente democrático, los adelantos de esa época eran muy, muy similares a los de este presente de este planeta Tierra.

 

Yo trabajaba de maestra en colegio de niños pero me sentía muy orgullosa porque mi esposo trabajaba en el gobierno. Él prácticamente ganaba tanto dinero para mantenernos a nosotros y a nuestros dos hijos, un hijo de quince y una niña de diez. Mi nombre era Amara, como vosotros pronunciáis amar agregando una a, Amara. Mi esposo era Bermejo, le decían Ber directamente. Era prácticamente indispensable en el gobierno, no solamente trabaja en un ala secreta sino que aparte estaba contactado con todo lo que era astronomía, radio astronomía. Y sí, éramos el país más poderoso en armamento y a su vez el más democrático.

 

Un atardecer vi fuerzas armadas en las calles, hubo lo que se conoce como "Cadena nacional" declarando estado de sitio. Nadie podía salir de sus casas después de las veinte horas hasta las siete horas del día siguiente. Pero ya no era lo mismo, todos eran censados, supervisados y la vigilancia era extrema.

Había mucha gente que en las afueras de cada poblado armaban muros. En nuestra pequeña ciudad armaron un muro de más de diez metros de altura, solamente había dos salidas totalmente vigiladas.

-Le pregunto a mi esposo:

-Ber, tú eres uno de los pocos que tienes permiso para poder entrar y salir. ¿Qué está sucediendo?

-Es grave, han intentado un golpe de estado.

 

El hecho de tener a mi esposo en el gobierno era un alivio en el sentido de que no me sentía tan vigilada, llevaba un plástico con mi foto y un código similar a vuestro código de barras. Los soldados tenían lectores, no importa que yo tuviera el plástico, lo escaneaban y me permitían seguir. Lo mismo a los niños.

 

Mi esposo estaba igual que siempre pero lo notaba como ido, como alejado, a veces respondía con monosílabos. Me sentía molesta, insultada en mi inteligencia.

Está bien, supongamos que fuera cierto lo de un golpe de estado y el gobierno decretó estado de sitio, toque de queda después de determinado horario, pero ¿por qué los muros?, ¿por qué no se podía salir del poblado?

Le pregunté qué pasaba en otras ciudades.

-No sé -me respondió.

-Pero ¿cómo no sabes?

-No lo sé, Amara, supongo que lo mismo.

-Pero ¿qué te dicen?

-Que tenemos que seguir trabajando y reforzándonos en todos los aspectos.

-Pero ¿por qué la televisión no transmite programas internacionales?, transmite solamente películas antiguas, no hay más noticiosos. ¿Qué pasó con los diarios?, se acabaron los periódicos, solamente hay revistas.

 

Días después ya no se precisaba el dinero, en nuestro código que nos pusieron en la muñeca teníamos determinado crédito, en los almacenes, en las tiendas habían lectores de código, scanners. Me resultaba todo muy extraño. Me sentía distanciada de mi esposo y mi tremenda ansiedad, mi tremenda incertidumbre me llegó a provocar vértigos, sí. Un día bajaba de la habitación de los niños y rodé por la escalera; me golpee la nuca, la cervical, la columna. No perdí el sentido pero prácticamente estuve una hora sin poder moverme. Así me encontró mi esposo.

Tenía un celular extraño era como un acrílico donde marcabas signos. En diez minutos vino un médico que me escaneó el cuerpo con un aparato que desconocía. Me inyectó algo que me calmó casi de inmediato, sí casi de inmediato. Pude moverme perfectamente pero mis interrogantes traté de evacuarlo en la cena.

-¿Qué es ese celular?

-Es secreto, es del gobierno. No es para toda la gente.

-¿Qué es ese aparato que me escanearon?

-También del gobierno.

-¿Por qué no lo dan a la gente? ¿Qué es eso que me inyectaron que me calmó tan rápido? Conozco distintas medicaciones, no hay nada que calme tan rápido.

-Es un experimento nuevo.

-¿Y lo usan conmigo?

-Ya fue probado.

 

De repente salían cosas. Si uno pensara coherentemente diría "Eso que parece un celular no saldría ni dentro de veinte años". "Eso que me escaneó el cuerpo no hay posibilidad que el hombre lo creara antes de un siglo". ¿Tan adelantados estábamos? Pero todo fue para peor porque había gente que no quería estar presa y armaron un pequeño motín. Digo "Claro, con los soldados los van a reprimir o les tiraran gas lacrimógeno". No, les dispararon. Les dispararon con armas que yo no conocía, no hacían la explosión de un disparo, era como una explosión neumática "pfff, pfff". Los mataron a todos. Eran como cincuenta personas, había mujeres. Quedé aterrorizada.

Cuando vino mi esposo le conté.

-Fueron todos escaneados, eran gente que formaba parte de aquellos que querían causar el golpe de estado.

-¿Cómo lo pueden saber? Si la manifestación fue algo no orquestado; se juntaron algunos, se juntaron otros y marcharon. No fue algo programado, fue algo instantáneo, espontáneo. ¿Esos cincuenta eran todos que estaban en contra del país? No me lo creo.

-No puedo decirte más.

 

Obviamente se me había pasado el efecto de eso que me habían puesto, los dolores que tenía eran tremendo, insoportables, en toda la columna. El golpe en la escalera me había afectado. Se lo comenté a mi esposo.

-¿Podemos llamar de vuelta el médico?

-No.

-¿Por qué?

-No llamemos más la tención, no quiero que me sancionen.

-Perdón, ¿que te sancionen por llamar al médico? ¿No estás trabajando para el gobierno?

-Sí, pero haz perfil bajo.

-¿Por qué no hay noticiosos? ¿Por qué no sabemos lo que hay en otros países?

-Porque no se debe alborotar a nadie.

-¿Alborotar? Yo quiero saber.

 

Una noche me manda un mensaje, mi esposo, y me dice "Hoy no vengo, quédate tranquila, estoy reunido con el gabinete".

 

Antes de esto mi esposo ganaba bien, diez veces lo que ganaba yo. Podíamos comprar cosas que a lo mejor no hacían falta, como el mejor televisor, los mejores juegos para los niños y la gran afición del nene, que con quince años le interesaba la astronomía. En su habitación, que tenía un enorme balcón terraza, le compramos un telescopio de los mejores. Prácticamente no era un telescopio de aficionado, era un telescopio profesional.

Me llama:

-Mamá -Después de cenar, tenía enfocado el telescopio.

-Miro.

¿Qué ves?

-Algo ovalado. ¿Qué es?

Mi hijo me dice:

-Eso es una nave.

-¿Y desde cuándo el gobierno tiene una nave así tan grande?

-No madre, este telescopio es especial, calcula distancias, calcula tamaños. ¿A qué altura te piensas que está?

-Cinco mil metros, o sea, cinco kilómetros.

-No mamá, un avión puede llegar hasta doce kilómetros de altura. Está arriba de cien kilómetros.

-Pero entonces, ¿qué tamaño tiene? Cien kilómetros con ese tamaño... ¡Pero es grande como una ciudad!

-Más.

 

El coeficiente intelectual del niño era mayor que el mío, mayor que el de su padre, con quince años.

-Madre, se han apoderado del planeta.

-Entonces, ¿papá no trabaja para el gobierno?

-Seguramente que sí, mamá. El gobierno pactó.

-O sea que el gobierno es servicial.

-No mamá, el gobierno es servil.

Lo miro al niño y le digo:

-¿Me estás diciendo que esa nave es alienígena y que todo Ámbar está invadido y que ya no hay países sino lugares aislados por muros?

-Eso pienso, madre.

-Mañana le comento a padre.

-¡No!

-O sea, ¿tú piensas que padre está con ellos?

-Yo pienso que padre está haciendo lo mejor que puede, yo pienso que padre está al tanto de lo que pasa y pienso que no nos quiere decir.

-Pero si esos soldados que mataron a esa gente, ¿eran humanos?

-Sí madre, pienso que eran humanos con órdenes.

-Me estás asustando.

-Tú me has preguntado. Si no mataban a esa gente, los mataban a ellos.

-O sea que esto es un campo de prisioneros donde podemos comprar cosas porque tenemos crédito en nuestro código de barras. Pueden estudiar, yo puedo seguir enseñando. Somos libres dentro de una jaula.

-Madre, eso es obvio. Yo, desde pequeño, desde que tenía siete años, experimento con aparatos electrónicos. Fíjate ahí. -Vi un conglomerado de plásticos y metal.

-¿Qué es eso?

-Eso es una antena y la acoplé al televisor. Pude llegar a otros países, a otros continentes y pasan exactamente lo mismo: programas antiguos, películas. No hay más películas nuevas. Vivimos para esto madre, no tengo ganas de estudiar. ¿Para qué? ¿Para servirle a quién? No creo que tengamos gobierno.

 

Por un lado me sentía orgullosa porque mi hijo hablaba como si fuera un adulto del doble de edad, pero por el otro lado estaba aterrada. Pero a su vez estaba como sometida, intelectualmente, a mi hijo. Por eso le pregunté:

-¿Qué quieren de nosotros?

-Ellos son los dueños de Ámbar pero no les interesa exterminar a la raza que está, en algo les seremos útiles. ¿Seremos un experimento? Me hace daño especular, madre.

 

Rompí en llanto y me daba vergüenza. Yo la adulta rompí en llanto ante mi hijo de quince y mi hijo consolándome. No dormimos en toda la noche conversando. Cuando llegó mi esposo nos vio la cara chupada, con ojeras. Inmediatamente subió al balcón terraza. Miró el telescopio.

-Rafe.

-Sí, papá.

-¿Lo sabes?

-Lo único que sé, papá, es que hay una nave a un poco más de cien kilómetros de altura y presumo que deben haber en distintos lugares del planeta. ¿Qué quieren de nosotros, padre?

-No lo sé.

-¿Sigue habiendo un gobierno?

-Sí, sigue habiendo un gobierno. El gobierno mantiene el orden, los soldados son mandados por el gobierno y el gobierno a su vez obedece órdenes. No tengo tan alto rango para saber más.

 

Me agarró una puntada tan grande en la cervical, de pánico, seguramente un ataque de pánico que me desvanecí. Mi hijo me contó que vino el médico y me inyectaron con algo. Estaba como sedada, algún tranquilizante. No me calmó los dolores pero la excitación. No tenía deseos de acercarme a mi esposo, vivíamos juntos pero no estábamos juntos. Me aferraba a mi hijo y a mi hija, la niña también era inteligente pero tenía diez, con diez años todavía era chiquitita, estaba aterrada.

 

Hoy mi thetán conceptualmente tiene muescas, tiene huellas de ese terror. Es lo que puedo decir por ahora.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 20/07/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

La entidad relata que su parte física pasa situaciones en que tiene problemas con el entorno. Siente presión en el contacto con las personas y a la vez, las personas se sienten presionadas por ella. A través de esta psicoauditación ha logrado descargar mucho de lo que le está afectando. El receptáculo ha absorbido las tensiones que el rol le iba transmitiendo.

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Entidad: Hay algo que me ha pasado muchas veces, hay algo que me carcome por dentro, la incertidumbre. Porque cuando tú sientes que no tienes un horizonte claro, cuando tú sientes que otros manejan tu vida en forma bien evidente, es más; cuando de alguna manera no tienes aliciente, porque todos los seres precisamos alicientes -no voy a descubrir nada nuevo, alicientes pueden ser afectivos, laborales, familiares, de amistades, de proyectos, de viajes-, a veces te sientes atrapada, te sientes atrapada que no sabes cómo salir del problema, no puedes salir del problema, cuando no sales del problema es como que todo te pesa, como que todo te molesta, como que no te llevas bien con nadie, es como que te molesta hasta tu propia familia, tu cuerpo, tu físico, te duele la cara, te duele el alma... No sabes cómo salir.

 

Y me creo fuerte. Y no os burléis, me creo fuerte, me creo muy fuerte. A veces es como que quiero absorber a los demás, a veces es como que quiero tomar el control de todo, porque si derivo, si dejo que las cosas las maneje otro ¡las va a hacer mal, las va a hacer mal, mal! Y estoy cansada de dejar todo en manos de los demás porque después tengo que hacer todo de nuevo en el trabajo, en la casa, todo de nuevo. Entonces, ¿para qué derivo en los demás?

 

Diréis que soy bipolar porque de repente paso del llanto, de la angustia a la furia, a la impotencia, a la ira, al querer dominar. No quiero dominar a nadie, yo quiero estar tranquila sin presiones, sin dolores, sin malestares... Calma, yo quiero la calma. ¿Hay calma? No. ¿Hay paz? No. ¿Tengo estabilidad? No. ¿Puedo estar veinticuatro horas aunque sea, tranquila? No, no puedo. Me voy de vacaciones, ¿disfruto? No, porque estoy pensando en lo que voy a hacer cuando vuelva. No disfruto el momento, no disfruto el instante, no disfruto.

 

Pobre, pobre receptáculo, es como que le clavara mil estiletes en el pecho del dolor que le dejo pero que me permita descargar, que me permita descargar, es su trabajo.

 

Tengo compañeras que me cuentan sus problemas: que sus maridos, que sus hijos... Me usan de saco de contención, me cargan, me sobrecargan, me saturan. Es como si un aparato de doscientos veinte lo enchufaras a trescientos ochenta. No puedo, no puedo lidiar con todo, no puedo lidiar con todo, mi físico se deteriora, mi físico parece que tuviera diez años más de edad biológica que la que tengo, no puedo más.

-Tranquilízate, no te tomes las cosas tan a la tremenda.

O sea, ¿que me las tengo que tomar a la ligera? Se viene el mundo abajo, ¡Ahhh!, lo dejo. Hay un terremoto: me enseñaron que me tengo que poner debajo el dintel y me quedo ahí debajo del dintel esperando a que todo se caiga a pedazos. ¡Me están jodiendo, me están tomando el pelo!... ¿Cómo no me voy a tomar las cosas a la tremenda?

Lo estoy destruyendo pobre, pobre receptáculo, se va a caer a pedazos. No me estoy burlando, ¡eh!, no me estoy burlando. Porque siempre me van a acusar, siempre en algo me voy a equivocar pero cuando yo derivo en los demás y se equivocan yo me tengo que callar la boca. Que soy malhumorada... que chistas por cualquier cosa... que todo te molesta... que vuela una mosca y ya está mal... ¡Ah, no! Tengo que dejar pasar todo: que si la música está alta... que comen a deshora... que este se levanta... que el otro justo en este momento tiene que ir al baño...

 

No soy estructurada, ¿por qué prejuzgan?, no soy estructurada. Me gusta el orden, a ver, lo normal, lo que le gusta a todo el mundo, eso creo. Quiero un futuro económico, quisiera estar en un sillón y descansar, ponerme unos tapones en los oídos, ¡ahhh!, así y quedarme horas y horas pero no puedo porque no sé lo que están haciendo los demás; aquel ya está haciendo el (...), aquella está con problemas... No puedo, no-me-de-jan, no-me-de-jan, no sé si está claro, lo repito de vuelta, no-me-de-jan.

-Te tienes que tomar unas vacaciones.

-Sí, claro, ¿por qué no me las pagas vos?

-Bueno, tampoco es para tanto.

 

¡Ay! ¡Mi compañera se ofende! ¿Por qué no se va a lavar la cabeza? O sea, cuando dices algo se ofenden y soy yo la que tengo ego después, porque cambio el carácter... ¿Por qué no le paso mi dolor, mis problemas, mis jaquecas, mi cervical? ¿Por qué no les paso todo esto? A ver, después que me digan.

-¡Ah, no, no! No me vengas con esas cosas. -A ver si les gusta.

 

Pero yo sí, yo soy la que absorbo todo, todo el mundo se viene a quejar a mí: -No sabéis lo que me pasó... Que esto... Que lo otro... Que no que cobré aquello... Que no pude hacer lo otro... Todos, mi pareja también. Pero después están todos con cara larga: Que no los entiendo... Que soy implacable... Que no puedo hacer esto... Que me meto en donde no debo meterme... ¿Cómo dónde no debo meterme? Agarro una bolsa de mis enseres y me voy a andar por los caminos.

-Mamá, mamá, no te vayas, no te vayas...

Entonces, no, pongamos las cosas en claro: ¿Estoy o no estoy? Si quieren que esté es como yo soy, a mí no me van a cambiar. Una vez me contaron que había una pareja que se enamoró por cómo era la otra persona, al cabo de un tiempo dice:

-Lo voy hacer a mi manera porque si me quiere, va a cambiar

 

No entiendo, ¿no se había enamorado de cómo era y ahora quiere cambiarlo? ¿De mí no se enamoraron cómo era? Ahora quieren que sea más moderada, más mojigata.

-No, lo que pasa es que con el tiempo cambiaste.

¿Cómo que con el tiempo cambiaste? ¡Cómo cambiaste! Yo cambié, yo cambié. ¿Acaso no maduramos?, ¿no maduramos?, ¿la vida misma no nos va haciendo más fuertes ante las heridas, ante los fracasos? Tenemos desavenencias, las toleramos más, o no, ¿o por qué? Quizá somos más francos. ¿Somos más maduros? Somos más francos, pero a los demás les molesta que uno sea franco, ¿no? ¡Jejeje!

 

Yo creo que cada uno sabe su historia. Yo creo que cada uno sabe su historia, yo sé la mía, porque yo la mía la he contado.

Me dijeron: -Te comprendo.

¡Es mentira, es mentira! Porque contar y vivir son dos cosas distintas. El otro puede atisbar un poquito de lo que uno fue viviendo, pasando. No siempre fui como soy ahora, era más... permisiva, sería la palabra, más... ingenua. ¿Que la pasé muy mal? No, no, no, no; yo no hago víctima, ¡eh! no, no, no, no, yo no hago de víctima, no. No digo que fui la dueña de una infancia normal pero la fui manejando dentro de lo -0,0 que sabía, o sea nada. Pero no es fácil, no es fácil. A veces me enrosco conmigo misma, a solas me miro y no puedo vivir así y después me pregunto qué es lo que quiero, qué es lo que quiero. A veces es como que no tengo la respuesta, me desespero al no tener la respuesta, me desespera.

 

Descargué una tonelada. Este ser humano que me... no sé lo que hace, que está a punto de un colapso, es su trabajo. Soy dura, me hicieron dura o es una excusa para transferir culpas. Yo no preciso, yo doy la cara, yo-doy-la-cara, no preciso transferir culpas. Lo que yo hago lo hago bien, lo que hacen los demás tengo que verlo pero a mí que no me supervise nadie, ¿eh?, que vayan a meter las narices en otro lado, que metan las narices en la cloaca, que no vengan a meterse en mis cosas: -A ver, ¿cómo hiciste esto? ¿Qué te pasa?

 

¿Soy absorbente? No, no soy absorbente. A veces sí, a veces quiero estar a mil kilómetros de distancia de todos. ¿Me toman o me dejan?

Nada.

 


Sesión 02/12/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Todos los mundos donde hemos vivido y viviremos son distintos. La entidad recuerda una vida en uno donde sus habitantes estaban poco menos que programados, carecían de libertad. Aquel sistema de vida podría haberle acortado la suya.

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