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Psicoauditación - Adriana

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 25/10/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Era dama de compañía y vivía resignada a la soledad por tener voto de castidad. Se ilusionó con un guerrero que también tenía el poder del rayo, pero ella estaba prisionera de aquella ley. Quedó con engramas.

Sesión en MP3 (3.745 KB)

 

Entidad: Tenía como una doble percepción, por un lado la satisfacción que logramos de alguna manera frenar todo este caos, pero por el otro me sentía muy triste, cientos y cientos de muertos por una persona que se encaprichó en conquistar una región no entendiendo que el mismo poder te limita, porque no se trata de abarcar, se trata justamente de lo opuesto, de abarcase uno mismo, que es el verdadero amor.

 

Me quedé como maravillada de ver a Émeris con ese... ese tremendo don. Me sentía muy a gusto con ella conversando. Cuando terminó la batalla nos abrazamos, estábamos como tan nerviosas que nos pusimos a hablar de nuestros dones. Le expliqué que yo de pequeña tenía el don del rayo. Me contó que tenían una especie de escuela para niños con dones mentales así como este joven Ezeven y la niñita Ciruela, que tenía otro tipo de don y lo tiene que educar, ¿no?

Y vi que a lo lejos llegaban dos personas. Vi que a Émeris le brillaban los ojos, me di cuenta que era su esposo del que tanto habían hablado, Fondalar. Se acercó a Émeris, la abrazó y la besó. Se abrazó con Ligor también, muchos lo conocían. Hasta que me miró.

-¿Te acuerdas de mí?

-Sí, cómo olvidar. Tú, junto con Ligor y con Jonus ayudaron a rescatar a mi princesa, que después fue reina Samia, que ahora está con aquel que está más allá de las estrellas.

-Nos ayudó Borius.

-¡El que raptó a mi princesa!

-Tuve el impulso de causarle daño pero entré en razón, había mucho por hacer. Aranet y Ligor les dieron orden a los soldados que entierren a los muertos. En un principio se negaron a enterrar a los enemigos pero no iban a desobedecer a Aranet y a Ligor y los enterraron a todos.

 

Nosotros nos sentamos todos a comer algo. Aranet se dirigió a Donk, que estaba con Fondalar:

-¿Qué ha pasado? -Nos contó que una joven que había sido prometida -en realidad esposa- de Aranet había estado en peligro por unos seres muy difíciles de vencer, que incluso mi propio esposo no pudo. Tuvo que utilizar el rayo para vencerlo.

Aranet se dirigió a Fondalar:

-Mina fue al palacio de sus padres.

 

Le contó que estaba cuidando a un joven muy mal herido pero que mediante un polvo cicatrizante Fondalar lo había mejorado bastante. Miré disimuladamente la cara de Aranet y entiendo que por dentro algo le molestaba, él seguía amando a la que había sido su paraje pero aparentemente ella se estaba fijando en ese joven.

Me gustó cuando se pusieron a hablar Fondalar y Émeris, qué mejor que ayudar a jóvenes, niños, niñas con distintos dones para que los sepan utilizar sin sobrepasarse para bien, con amor, defendiendo al débil. En los últimos tiempos se anotó tanta gente con dones que el lugar les quedaba pequeño.

Ligor le dijo:

-Tienes la fortaleza de Villarreal.

Fondalar y Émeris miraron:

-¿Y los soldados?

-Les vamos a dar la opción -dijo Aranet-, de que se unan a nosotros. No vamos a tomar medidas contra los otros reinos. Que estén en paz.

Émeris y Fondalar se miraron:

-Sería muy bueno poder utilizar Villarreal como una enorme escuela para que los que tienen poderes mentales o similares, se críen en el amor, crezcan en armonía entendiendo de que no siempre la justicia es buena porque a veces para ser justo tienes que terminar con un mal. O sea, hipotéticamente estás cometiendo un acto hostil pero es para evitar males mayores.

Ezeven se dirigió a Fondalar, le pidió que le explique lo de la Escuela Fondalar. Le dice:

-¿Tú qué dones tienes?

-Soy un mento. Mis padres eran mentos pero aparte, por alguna alteración interna, tengo más poderes: puedo levitar, puedo lanzar rocas, al igual que esta niña Ciruela puede intencionar con su mente y hacer que una persona se prenda fuego.

-Les voy a enseñar algo -dijo Fondalar-. Mi amor... -Ciruela lo miró:

-Sí.

-¿Te animas a lanzarme llamas?

-Yo no lanzo llamas, yo cuando me molesto es como que sale instintivamente de mí.

-Bueno, te voy a enseñar a que lo puedas hacer sin molestarte, que lo puedas manejar con tu mente, con tu corazón.

 

Hablaron bastante tiempo mientras nosotros terminábamos de comer. Finalmente Fondalar le dice a la niña:

-Prueba de lanzarme ese fuego o de que yo me consuma por dentro.

-No, no quiero hacer daño.

-No me vas a hacer daño.

-¿Vas a hacer como Ezeven?

-¿Qué hizo Ezeven?

-Se puso como una especie de protección invisible para que el fuego mío no le llegue.

-Algo así pero distinto.

-¿De verdad puedo hacerlo? -La miró a Émeris y Émeris asintió con la cabeza.

La niña entonces intencionó, se vio como un resplandor que rodeaba a Fondalar, pero no le llegaba-. ¿Cómo has hecho? ¿Te has blindado, como Ezeven?

-No, directamente neutralicé eso instintivo que tienes. Te puedo enseñar un montón de cosas. ¡Tú!

-Qué.

-Extiende tu mano. -Extendí las manos.

-Toma la mía, cualquiera de las dos. -Le tomé su derecha con mi derecha. Lánzame un rayo.

-¡No!

-Lánzame un rayo. -Intencioné.

-¿Qué pasó?: No, no salió nada.

-Porque mentalmente te lo corté.

Ezeven estaba asombrado:

-¿Se puede hacer eso?

-Lo has visto. Trata de levitar. -A Ezeven.

-¡No puedo!

-Trata de lanzar una pequeña roca.

-¡No puedo! ¡Qué has hecho!

-Te corté mentalmente. Te voy a enseñar cómo contrarrestar eso por si el día de mañana te topas con un mento muy negativo, para que no te derrote. Puedes contra restar esa fuerza practicando mentalmente.

Ezeven le dijo a Aranet y a Ligor:

-Mi camino, como un raro personaje de teatro, ha terminado. ¿Puedo ir a vuestra escuela?

-Claro que puedes.

-¿Cuántos metales se cobran?

-¿Metales? No, no se cobra nada. De todas maneras hay que trabajar, hay que cosechar, hay que construir. Por ejemplo, si nos quedamos en esa fortaleza hay mucho que modificar. Yo en treinta amaneceres volveré con todos los alumnos y alumnas.

 

Y miré a la niña, que se abrazó a Émeris:

-Yo quiero también estar con ustedes en la escuela.

 -Aranet dijo:

-Pero niña, te esperan en el castillo de Anán, tú estabas con la joven Marya.

-Yo quiero ir a la escuela, quiero que me enseñen a usar las cosas mejor y a no enojarme tanto, porque voy a crecer y no quiero ser un peligro. -Fondalar la levantó y la abrazó y la cubrió de besos.

-¡Ay, Ligor! -exclamé-, la tropa tiene mucho por hacer pero nuestro trabajo ha terminado. ¿Podemos volver a hacer una vida normal?

-Vuelve tú, yo no he terminado aquí.

-¿Cómo no has terminado?

-No, hay dos alimañas que se han escapado, Andahazi y Randora, y esto no va a terminar hasta que no acabemos con ellos. ¿Tú qué dices Aranet?

Aranet se encogió de hombros y dijo:

-Estoy cansado. No físicamente, estoy cansado de tanta muerte. Quiero volver, quiero volver a mi isla con los bárbaros. No, no quiero más lucha. Quedaron dos, ¿qué pueden hacer? No, me vuelvo, me vuelvo a la isla Baglis.

-¿Ves?, Aranet se vuelve. ¡Vamos a casa! Émeris y Fondalar ya encontraron un nuevo hogar que lo van a utilizar como escuela. Vamos a casa nosotros. Éramos felices estábamos bien.

-No, no, mujer.

-¡Mujer! Me decías mi amor, ahora me dices mujer. ¿A dónde los vas a encontrar? Qué sabes para adonde fueron. Vamos.

-Los buscaré con los dracons, todavía están conmigo los hombres alados.

-¿Y yo qué hago?

-¿Y tú qué haces? Sólo piensas en ti: "¡Y yo qué hago y qué hago yo!". ¿A quién vencimos?: El principal se escapó con su cómplice. ¿A quién derrotamos?: A nadie.

-Estás muy nervioso, estás muy reactivo. No eres así. ¿Qué pasó?

-Aranet, dile.

-Él es grande, yo no puedo decidir por él. Yo ya dije que me vuelvo.

-Y tú, Donk, ¿qué vas a hacer?

-No sé. Primero volveré para el castillo de Anán y después veré. No sé cuál es mi horizonte todavía. -Ezeven y Ciruela se quedaban con Fondalar y Émeris.

-No puedes hacerme esto, Ligor.

-¿Hacerte? Sólo piensas en ti.

-¿Yo pienso en mí, yo pienso en mí? Estás desvariando, no te conozco. ¿A dónde vas a buscar? Te consume esa sed de venganza, por dentro te quema, te quema más de lo que te quemaría Ciruela. Vamos a casa.

-No, mujer.

-¡Ah! Está bien -suspiré-. Supongamos que yo me voy para casa, ¿cuándo calculas que vendrías?

-No sé, hasta que los encuentre. Siete amaneceres, diez amaneceres... Pueden ser mil amaneceres, mujer.

-¿Me estás condenando a que me quede sola? ¿Cómo sé si vas a estar bien? Y yo en casa encerrada.

-Mujer, ¿ves que piensas en ti?

-¡No pienso en mí! A ver, pienso en mí; cuando Samia vivía yo le hice una promesa siendo su doncella, nunca estaría con ningún hombre. Tuve que esperar a que ella muriera para estar contigo, y ahora...

-¿Y ahora qué? ¿Quieres romper esa promesa?, rómpela.

-¿Por qué me insultas? Por qué me insultas... ¿Por quién me tomas?

 

Por un momento me sentí mal porque estaban todos: Aranet, Ezeven, Donk, Fondalar, Émeris. No es que nos miraran, no es que estuvieran pendientes de nuestra conversación pero escuchaban, escuchaban...

 

-¿Por quién me tomas? ¿Qué significa "Si quieres rompe la promesa", que no te esperaré?, ¿qué voy a encontrar otro hombre? ¿Sabes cuántos miles de amaneceres estuve en una alcoba por una promesa y ahora me condenas a eso?

-Mujer, estás haciendo rol de víctima. -Estuve unos segundos callada porque si no guardaba silencio hubiera dicho algo inconveniente.

-No estoy haciendo rol de víctima, simplemente estoy exponiendo los hechos.

-Mujer, ¿quieres decir que te equivocaste al elegirme?

-No, no, no me equivoqué, sé que tú tuviste tus historias pero no me equivoqué. Me amabas, yo te amo, pero estoy dudando en este momento de tu amor, tu sed de venganza puede más.

-No, no sería justo que los deje ir.

-Los derrotamos, quedaron dos.

-Dos que causaron todas estas muertes -dijo Ligor.

Lo miré a Ezeven. Ezeven habló:

-Yo me quedo con Fondalar. Ya se lo dije, yo no quiero más violencia. -Donk lo mismo. Aranet volvía para Baglis.

-¿Entonces te vas?

-Me voy mujer. Voy a estar bien cuando los vea muertos a los dos.

Recurrí al que me parecía el más sabio:

-Fondalar, ¿qué dices al respecto?

-Mira Núria, es muy difícil. Cuando la mente está alborotada es muy difícil razonar. -Me sorprendió que Ligor se enojara con Fondalar.

-¿Estás diciendo, hombre, que yo no razono?

-Ligor, Ligor, tranquilo, estás muy excitado. Es verdad, en este caso pienso que Núria tiene razón.

-¡Ja, ja, ja! Así que todos se complotan contra mí. De ti no lo esperaba, Fondalar. -No sé qué pasaría por la mente de Ligor en ese momento, si tenía el impulso de atacar a Fondalar, Fondalar lo vencería enseguida con su poder mental. Le hizo una seña a sus hombres alados y remontó vuelo con los dracons, ni siquiera se despidió de mí.

 

Me sentía rara. Estaba como enfermo Ligor, algo le había hecho mal en su mente: las muertes, la batalla. Pero él era un hombre que había llegado al otro continente, nadie lo había logrado. Llegó hasta los apartados, en el sur... ¿Cómo esto le afectó tanto?

 

Émeris le dijo a Ezeven:

-Tú tienes una fuerza interior tremenda, quedarás a cargo de Villarreal hasta que volvamos. Mi esposo Fondalar va a ir a buscar a los chicos y los jóvenes para traerlos aquí, y yo acompañaré hasta su casa a Núria.

-No, no hace falta.

-Necesitas una compañía un tiempo. -Lo miré a Fondalar y Fondalar asintió. Era increíble lo bien que se llevaban ellos.

 

Y yo me sentí tan mal porque yo con Ligor me llevaba muy bien. No era el Ligor que yo conocía.

Me despedí de todos y me abracé con la niña:

-Espero volver a verte.

La niña me respondió de una forma muy inteligente:

-Lo harás, cuando vengas aquí.

La miré a Émeris.

-¿Qué quiso decir la niña?

-Bueno, tú tienes el poder del rayo, puedes venir aquí a trabajarlo. Y no estarás sola.

-No lo había pensado, de todas maneras tengo un montón de recuerdo y cosas en mi hogar, ropa...

-Bueno, si quieres te acompaño y volvemos juntas. Y te quedas aquí. Aquí eres no sólo bienvenida sino bien amada por todos nosotros.

-Es recíproco. Yo los amo a ustedes.

 

Pero me caían lágrimas porque no esperaba lo de Ligor. Honestamente, no lo esperaba.

 

Gracias por escuchar.

 


Sesión 09/01/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Por una promesa, por un voto que hizo se le pasó media vida sin poder estar con su amado. Cuando fue liberada los tiempos ya eran otros y las personas habían cambiado. Albergaba un gran rencor a todo.

Sesión en MP3 (1.705 KB)

 

Entidad: -Me siento totalmente descolocada.

-Quédate tranquila. Quédate tranquila, Núria.

-Quisiera tener tu fuerza, Émeris, quizá ya no soy esa jovencita. Es como que no me arrepiento de mi vida, hice una promesa para quien fuera mi princesa y luego reina, Samia, y a medida que fui siendo más grande me di cuenta de que consciente o inconscientemente ella actuaba de manera egoísta. De un primer momento cuando... cuando conocí a Ligor supo que había un enlace, una conexión; nunca una palabra de liberarme de la promesa. Vio, vivió mis momentos de soledad. No era como una dama de compañía o su doncella, era como una hermana menor. Sí, la trataba con respeto, con deferencia, con obediencia. Nunca me exigía, jamás un mal trato. No puedo decir nada con respecto a eso. Pero Émeris, yo tengo que ser honesta no contigo, conmigo. Me quedó en la garganta como una angustia, me quedó en el pecho como un rencor, y es la primera vez que lo digo, un rencor que me carcome porque perdí casi la mitad de mi vida por una promesa, por una palabra.

-Son usos y costumbres, Núria. No... no podemos juzgar a quien fuera tu princesa, tu reina, porque es la manera.

-Sí, lo entiendo, Émeris, lo entiendo. Lo entiendo, pero no lo acepto. Ahora, ¿a qué viene todo esto?, ¿por qué digo "perdí casi la mitad de mi vida"?, ¿por qué si era feliz?, estaba bien atendida, vivía en un castillo, me bañaba con agua tibia, perfumada con flores. Es como si fuera una dama real, no la doncella de. Pero estaba encerrada, literalmente encerrada, hablo y me duele todo el cuerpo de pensarlo. Ahora, repito, para que mi mente no se vaya a otro lado, ¿a qué viene todo esto? Quedo librada de la promesa no porque ella me lo haya permitido si no porque murió. Quedo libre para estar con Ligor y ahora pasa esto, Ligor es como que entró en un estado de, cómo lo llamaría, inconsciencia, locura, una venganza inútil. ¿Qué alimenta su alma para tener tal rencor? Supongamos que los encuentra y los mata: ¿qué?, ¿cuál es la ventaja de decir "Me desquité"?

-Pero tú estás con nosotros ahora.

-Sí, me enseñaréis a dominar más el rayo, me enseñaréis otras cosas, ayudaré en lo que pueda.

-Eres parte de nuestra familia, Núria.

-Sí, ¿pero tú me entiendes, Émeris?, ¡je!, me siento fracasada. Y no voy a ser hipócrita, ya te lo dije antes, quizá lo tenía guardado adentro bajo siete llaves y ahora con lo de Ligor salió todo ese rencor que siento por Samia, que debe estar allá con aquel que está más allá de las estrellas, pero el rencor está acá, acá, acá conmigo y me carcome. No me liberó de mi palabra nunca sabiendo que yo esperaba a mi amor. Lo encontré, lo disfruté, muy bien. ¿Y después qué? Después vino la guerra, una guerra sangrienta. Y Ligor no es mí Ligor, no lo digo en el sentido de propiedad, lo digo en el sentido de ese Ligor que yo conocía. ¡Je, je! ¿Qué hago, me lo saco de la cabeza? ¿Los mentos tienen poder para hacer olvidar?

-No, no lo tienen.

-¿Por qué me duele el cuerpo?

-Eso no es fácil Núria -me explicó Émeris-. Las emociones, principalmente las emociones fuertes afectan nuestro físico, a nuestro organismo, a nuestro interior; nos hace vulnerables, nos debilita, podemos hasta enfermarnos.

-Me duele la cervical, me duele muchísimo, no puedo en este momento moverme.

-Espera.

-¿Qué haces?

-Te paso mi mano por la nuca, por la espalda.

-¿Qué has hecho?

-Te he pasado una especie de vibración, una vibración que se podría definir como color, una vibración calmante.

-¿Y con eso ya está?

-No, no, Núria, no está, te quejabas de que te dolía demasiado pero tienes que sacarte todo ese veneno.

-¿Pero no tengo razón?

-A ver, Nuria, no se trata de si tienes razón, que sí, la tienes, se trata de que esa emoción te hacer mal, te hace mal a ti. Samia ya no está, el rencor quedó, y para qué.

-Supongo que lo tenía escondido y salió con la indiferencia de Ligor. Me dijo "Mujer", como si fuera una desconocida. Ahí viene la niña.

Émeris dijo:

-¿Qué sucede, Ciruela?

-Llegaron las invitaciones.

-¡Uf! Émeris, no tengo ganas de ir.

-Te hará bien.

-Por ahí es como que me comporto egoísta de ver a otros felices y yo... ¿Se entiende por qué no quiero ir?

-Vamos a ir todos. Va a ir Fondalar, Ezeven, la niña, ¡vamos! Yo estaré a tu lado permanentemente.

-Eres como una hermana, eres como una hermana Émeris. Voy a descansar un poco. Me pasó un poco lo... esa vibración que me has puesto, pero me siento cansada, no sé si física o mentalmente.

-Descansa, luego tomaremos algo y conversaremos de nuevo.

-Bien. Gracias Émeris, gracias por tus palabras, por tu compañía. Gracias.

 


Sesión 26/03/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Llegaba al castillo acompañada de amigos. Sólo deseaba descansar. Mucho.

Sesión en MP3 (2.240 KB)

 

Entidad: Era hora de marchar. Me sentía muy contenida con Émeris, me sentía muy contenida con Fondalar, la pequeña niña Ciruela, Ezeven. Preparamos los hoyumans, una carreta grande con víveres y marchamos para el castillo de Anán donde se iba a festejar la boda.

                              

Paradójicamente las pocas tropas reales que quedaron estaban en la fortaleza con el resto de los estudiantes, nosotros no precisábamos ningún respaldo de seguridad, nos bastábamos; éramos Fondalar, Émeris, Ezeven, la niña Ciruela y yo. El paseo por el desierto fue una agonía, el calor quemaba. Deseaba llegar al bosque, sumergir la cabeza en un arroyo, es como que los rayos de este sol rojizo me traspasaban la ropa, me traspasaban la piel, me sentía como agotada, como sin fuerzas.

-¿Estás bien, Núria? -me preguntó la niña.

-Con calor, mi amor, como todos. Toma bastante agua de la cantimplora, por favor.

-Tomo a cada rato -respondió la niña.

 

Tenía ganas de desparramar sobre mi cabeza el agua de la cantimplora, pero racionábamos el agua. Al amanecer siguiente ya estábamos en el bosque.

-Ahora vayamos -dijo Fondalar-, para la derecha.

 

Y fuimos, pegué un respingo porque en el camino, a cien líneas de distancia había cerca de quince urgos enormes, bestiales, similares a los que mucho, pero mucho tiempo atrás como el que había peleado con Ligor. Fondalar se adelantó, los urgos nos dieron paso. Me adelanté y le pregunté a Fondalar:

-¿Les has hecho algo mentalmente?

-No, pero entiendo que se corrió la voz y me conocen, saben que puedo proyectar en sus mentes imágenes y escenas terribles.

 

Escuché el ruido de agua: un arroyo. Mi boca estaba seca, mi cuello me dolía. No podía más.

-¿Qué te sucede, Núria?

-Émeris, cuando lleguemos al agua descansemos un poco, no sé porque me encuentro tan débil, nunca me había pasado.

-Pienso que has comido algo que te cayó mal. Estuvimos hablando con Fondalar y había muchos soldados que se comportaban de manera extraña en la fortaleza, incluso buscaban pleitos unos con otros y algunos hasta tenían la mirada perdida.

-¿Y tú piensas que habré ingerido algo de eso?

-No, tu conducta es normal, pero hay muchas maneras de afectar al cuerpo.

-Ya no puedo más, me tiraría acá mismo a descansar.

-Aguanta, ya llegamos al arroyo.

-¿Tú piensas, Émeris, que Ligor ha ingerido algo de eso que le afectó a los soldados y por eso su comportamiento?

-Lo hablamos con Fondalar y estamos convencidos de que sí.

-Pero se fue con un dracon, estaba como poseído. Siempre me llama por mi nombre o me dice mi amor, pero me dijo mujer, como tomando distancia, como si fuera una desconocida.

-No lo tomes en cuenta, Núria, si verdaderamente fue afectado no era él.

-Yo tengo otra hipótesis, que cuando algo nos saca de nuestro interior es como que somos más auténticos, y mostró su verdadero ser, impaciente, vengativo.

-No, no es este el caso, entiendo lo que dices -comentó Émeris-, pero no, no, entiendo que no es este el caso.

-¿Y cómo llegó ese comestible o bebida o lo que fuera?

Émeris se encogió de hombros:

-Imagínate.

-¡Randora! ¿Pero en qué momento si terminó huyendo con Andahazi?, ¿en qué momento?

-Tal vez cuando percibió que la cosa iba mal y estaban perdiendo. Habrá envenenado las bodegas y los alimentos.

-Pero no les afectó a todos, a vosotros no, ni a Ezeven, ni a la niña, tampoco a la mayoría de los estudiantes, sólo algunos soldados.

-Se ve que los soldados cogieron determinadas provisiones y Ligor habrá probado.

 

Finalmente llegamos al arroyo.

¿Te vas a mojar la cabeza?

-No, quiero descansar. -Puse la cabeza en el césped-. No puedo más, me vence el sueño, me vence enormemente el sueño, estoy... ¡Ah! -En ese momento un chorro de agua me salpicó. Me levanté sobresaltada y era la niña que sonreía.

-Despierta.

-Gracias, Ciruela -Y ahí sí, sumergí la cabeza en el agua, bebí el agua cristalina, llenamos las cantimploras.

-Todavía sigo cansada.

-Bebe bastante agua, limpia tu cuerpo.

 

Pasaron más amaneceres. Salimos del bosque atravesamos un valle, una zona montañosa, vimos grupos de ocho o diez guerreros que acechaban a los viajeros pero no se metieron con nosotros, afortunadamente para ellos. Y allá a lo lejos se divisaba el castillo. Nos vieron venir, una tropa vino a nuestro encuentro y adelante de todos Aranet.

-Bienllegados.

-Gracias por recibirnos -dijo Fondalar-. ¿Cómo está todo?

-Ahora bien. Está Donk con nosotros, pero atacaron a la prometida del rey.

-¡Cómo! -pregunté yo.

-Es una historia larga, dejemos descansar a los hoyumans. Podéis cambiaros en los distintos cuartos de huéspedes, tenéis tinas con agua tibia. Y luego en el salón principal comeremos todos y os contaremos lo que pasó. -Nos saludamos todos.

 

Lo vi al rey Anán, estaba como pálido. Le dije:

-Lamento lo que le sucedió a tu prometida.

-Gracias. Ya está mejor, por suerte.

-Entiendo que está embarazada.

-Sí, así es. Por suerte la criatura también está bien.

 

Fondalar se abrazó con Donk. Donk le comentó que utilizó parte de los polvos de las plantas sanadoras.

-Has hecho bien, has hecho lo justo y necesario -le dijo Fondalar a Donk-. ¿Y el príncipe?

-No está.

Fondalar dijo:

-¿Dónde está?

Aranet le respondió:

-Aquí pasó algo, también.

 

Y contó lo que había sucedido con Marga, con los hongos venenosos que había puesto. De la misma manera que al rey le había afectado, también al príncipe le había afectado, de otra manera, perdiendo la memoria. Y había conocido a una joven guerrera y ahora había ido en su búsqueda. Un par de jóvenes, que me hicieron acordar a mí cuando era joven.

 

Me prepararon la tina con agua tibia con flores.

-No se molesten, está bien.

 

Me quedé con las dos jóvenes en la habitación, me saqué la ropa y me metí en la tina, y en ese momento el dolor de cabeza que tenía, el dolor de cervical que tenía no fueron suficientes para mantenerme despierta, me dormí. Tenía como un cansancio que no me parecía negativo, ¿si fue producido por algo que ingerí?

Sé que está mal, pero en este momento en el agua tibia, perfumada me dormí pensando en Ligor, en los peligros que correría si no era él. Y ¡oh! paradoja, en el mismo sueño sentía pinchazos, ¡ay!, tremendos pinchados en el cuello, en la cervical, en los dorsales y me desperté.

No sé cuánto tiempo había pasado, el agua ya estaba fría, apenas podía moverme. Las jóvenes me ayudaron a salir de la tina y me ayudaron a secarme. Me cambié de ropa, no me puse las botas, me puse unas sandalias cómodas.

Honestamente, no tenía ganas de bajar al salón principal, me hubiera quedado durmiendo hasta el día siguiente, pero a su vez quería compartir con los demás, aunque sea me quedaría un rato.

 

El esfuerzo que tenía que hacer por bajar no lo vais a poder entender, el deseo que tenía de quedarme en el lecho durmiendo, ¡ah!, pero pudo más mi voluntad y bajé como pude, pero bajé.

 

Gracias por escuchar.

 


Sesión 03/07/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Eran hermanas pero distintas, había una difícil comunicación. Pero la cuidaba a hacerse mayor, a falta de padres.

Sesión en MP3 (3.718 KB)

 

Entidad: Me sacaba de quicio mi hermana menor, Wolva.

-Siempre estás buscando pleitos. -Se encogía de hombros, me miraba como no viéndome, me hacía sentir ridícula.

 

En la tribu que estábamos éramos las hermanas que más se fijaban todos, completamente distintas. Yo, Wildora, era alta, de cabello rubio. Desde pequeña me gustaba aprender el arte de la espada, la arquería, usar la lanza. Y los animales. Me encantaban los caballos y me encantaban los lobos.

 

La gente me decía:

-¿A dónde vas, otra vez vas al bosque? Te van a despedazar los lobos. -Los miraba con desprecio y les decía:

-¡Je, je! No es la primera vez, y nunca me hicieron nada. Soy la única que puede estar con los lobos, con los lobos adultos. Me olfatean y es como que fuera uno de ellos.

 

Mi hermana Wolva era distinta. Era un poquito más baja que yo, la piel oscura, el cabello negro, los ojos algo alargados. Porque cuando papá murió, mamá al muy poco tiempo tuvo otra pareja, un hombre muy moreno, el papá de Wolva.

Y mamá tuvo mala suerte porque al poco tiempo murió su segunda pareja y ya no quiso saber nada.

Wolva me sacaba de quicio, me enervaba. Era rebelde, totalmente rebelde. Era tan diestra como yo con las armas; con la espada, con el arco y flechas, con la lanza. Encima montaba tan bien a caballo... pero no me hacía caso.

Me decía:

-No eres mi madre.

 

Y cuando fuimos adolescentes mamá murió. Pero nadie se metía con nosotras, nadie se metía con nosotras. Peleábamos con la espada, con puñal, con lanza mejor que cualquier varón.

Una tarde voy al bosque, me sentía orgullosa, los lobos son mis amigos, no me molestan tanto como la gente. La gente me molesta, me molesta mucho: "¿A dónde vas?, ¿De dónde vienes?", pero no iba a responderles como Wolva, de mala manera, trataba de ser más condescendiente.

Y allá a lo lejos estaban mis amigos, los lobos. Hice un silbido, me miraron, pero se quedaron ahí. Yo digo "¿Pero qué están comiendo, una presa? No los voy a molestar, me voy a acercar pero sin molestarlos, tampoco es para molestarlos cuando comen". Pero no, no estaban comiendo, había alguien, alguien jugando con los cachorros. Y las lobas grandes, nada. Era Wolva.

-¿Qué haces aquí?

-¿Qué haces tú? -me responde.

-Yo vengo siempre.

-Yo también.

-No te he visto nunca, salvo hoy.

-Porque a veces vengo de mañana.

-No sabía que tú también eras amiga de los lobos.

-Yo tampoco sabía que tú eras amiga.

-Cien veces te lo dije. Tú vienes acá para acaparar lo que era mío.

-Los lobos no son tuyos -me dijo Wolva-, los lobos son libres y yo también soy libre. El bosque tampoco es tuyo. Nada es tuyo. -Tenía razón. Pero me sacaba de las casillas, me enervaba de tal manera que me contracturaba toda.

 

Me tenía que cortar o limar las uñas con una piedra afilada. Una tarde me sacó tanto de las casillas que me rasgué la cara con las uñas. En la tribu me dijeron:

-¿Te han atacado?

-Sí, un animal, alguno de estos bichos con uñas largas en los árboles que se me lanzó a lo mejor asustado y me rasguñó. -¡Que iba a decir!, ¿qué me lo hice yo? Primero que no tenía porque dar explicaciones...

Wolva se acercó y me dijo:

-Wildora, estás enferma.

-¿Por qué? ¿Porque hago las cosas mejor que tú?

-No, porque te lastimas.

-Es culpa tuya, porque me has sacado de las casillas. -Me molestaba que me daba la espalda y se iba, no me contestaba. Un día le dije-: Por lo menos me pides disculpas. -Ahí sí se dio vuelta.

-¿Y tú cuándo me las vas a pedir a mí? -Es que no era una cría, nos llevamos dos años nada más. Yo ya tenía dieciocho de vuestros años y ella dieciséis.

 

Un día íbamos a caballo, nos cruzamos con un viajero, un hombre de ropa de cuero muy bien puesto.

-¿De dónde sois?

-De una tribu de acá, cercana.

-¿Por qué vestís así? -Vestíamos con ropa liviana.

-Porque el clima es templado.

-Parecéis salvajes -dijo el hombre.

Le dije:

-Son nuestras costumbres. Se aceptan, se respetan o directamente no hay porque tratarnos, no hay ninguna obligación.

Pero Wolva no era diplomática, se acercó al hombre y le dijo:

-Tú dices que somos salvajes.

-No, que parecéis salvajes.

-¿Y tú de dónde eres?, Qué sabemos cómo es tu vida, con quien vives, con quién no vives, si tienes familia, si no tienes familia, si en el pueblo dónde tú vives matan gente, ¿qué sabemos de ti? Vas armado, ¿cómo sabemos que no eres un asaltante? -Lo apabullaba con palabras, Wolva. El hombre retrocedió con su cabalgadura.

-¡Parad, parad! Soy una persona que viaja, obviamente voy con la espada porque me protejo.

-¿Y la sabes usar? -dijo Wolva.

-¡Ya está Wolva, ya está!

-No, dice que somos salvajes la...

El hombre dice:

-No, yo dije que por su ropa parecen salvajes, no dije que lo sean.

-Es lo mismo -dijo Wolva-. ¿Sabes usar la espada? A ver, muéstrame.

-Wolva, ya está -le dije yo-. Buen hombre, ¿cómo se llama?

-Fermín.

-Mi hermana es muy... ¿cómo diríamos...?, impulsiva.

-¿Sois hermanas?, no os parecéis en nada.

Wolva:

-¿Por qué, porque soy morena? ¿Qué tienes con las morenas?

-Wolva, no tiene nada con las morenas.

-Que me conteste él.

-Señorita, no tengo nada con las morenas, digo que vosotras no parecéis hermanas porque ella es más blanca que tú y tiene el cabello rubio, pero no tengo nada ni con las morenas ni con las blancas, con ninguna.

-O tienes miedo de usar la espada.

El hombre desmontó y dijo:

-Si quieres intercambiar espadas conmigo lo acepto, pero no nos lastimemos. -Y Wolva desciende de su cabalgadura.

-¿Y entonces qué vamos a hacer, a jugar?

-Wolva, basta, basta.

El hombre dice:

-Bueno, le voy a dar el gusto a tu hermana.

 

Empezaron a intercambiar golpes con la espada, pero Wolva arremetió con todo y el hombre cayó, le puso la espada en el pecho.

Desmonté y saqué la mía y aparté con mi espada la de Wolva.

-Ya está.

-¿Te quieres tú enfrentar conmigo?

-Creo que ya era hora que te dé una lección.

 

El hombre retrocedió y se apoyó contra unas rocas, corrió a su cabalgadura.

Wolva me peleaba en serio y yo tenía que responderle en serio, pero me agotaba. Yo era muy buena en lo que hacía, pero veía que ella también. Y honestamente me sorprendía, tuve que poner lo mejor de mí para frenar los golpes. Pero era muy buena.

En determinado momento le dije:

-Basta, basta, ya está. -Guardé mi espada, Wolva enfundó la suya.

-Nadie puede conmigo -dijo.

-Wolva, una pregunta: ¿Por qué te enojaste con el señor?, ¿qué hizo el señor Fermín?

-Nada, estoy molesta yo.

-Y el señor, ¿qué culpa tiene de todo esto?

El hombre habló:

-Si no les molesta voy a seguir mi camino.

-Siga, siga tranquilo, por favor, siga tranquilo.

Cuando el hombre se fue le digo:

-No montemos.

Wolva me dice:

-¿Por qué?

-Llevemos de las riendas a nuestros caballos, vamos hasta el arroyo. -Nos refrescamos un poco, conversamos.

-¿Qué es lo que te tiene tan mal?

-Nada, es mi carácter. No soy dócil.

-Está bien. Si por dócil dices que no te dejas dominar por nadie, bueno, yo tampoco soy dócil, pero es como que hubiera algo infantil de tu parte, como que... como que todo te molestara, como que alguien te dice algo y tú lo tomas como que sea una ofensa para ti.

-¿Y no has visto cómo nos miró? -dijo Wolva-, ¿Sois hermanas? ¡Oooh! Porque mírate tú, presumes porque eres blanca, rubia, sin embargo los jóvenes de la aldea todos me miran desde la cabeza hasta la punta de los pies porque mi cuerpo es mejor que el tuyo.

-Esto no es una competencia, a las dos nos miran, pero no tenemos porque competir. ¿Qué tipo de hombres te gustan, Wolva?

-Ninguno.

-Está bien, ahora no te gusta ninguno, pero si conocieras a alguien, ¿cómo te gustaría que fuera físicamente?

-Depende, hay de todo. Por supuesto que sea musculoso y alegre, pero no burlón.

-¿Y tú que tienes para darle? Porque ese hombre, ese futuro hombre también va a querer una chica alegre, no burlona, pero alegre. ¿Dónde está tu alegría?

Y Wolva me dice:

-¡Y dónde está la tuya, cuándo te ríes!

-Bueno, reírse todo el día es de tonta. Pero... déjame descansar un poco, parece que si hubieras estado cinco minutos más...

Dijo Wolva:

-Te ganaba.

-No, no, no se trata del cambio de espadas, no se trata de ese pequeño combate que hicimos, mi cansancio es un cansancio interno, me duele muchísimo la espalda. Mal desde la mitad de la columna, un poco más arriba hasta la nuca, pero mal, mal, mal.

-Dentro de poco -me dice Wolva-, hay un torneo de lanza. Así como estás directamente ni te presentes.

-¡Ay! Está bien, si veo que no estoy bien no me presento, así te dejo ganar. -¡Para qué dije eso!

-Ahora presumes que eres la mejor.

-Bueno, años anteriores he ganado desde los quince. Hace tres años que gano.

-Porque no he participado yo. Pero tú me has visto, a cincuenta pasos ensarto un árbol con mi lanza. Creo que soy mejor que tú y soy mejor jinete. Y con la espada también.

-Somos hermanas, yo te quiero, Wolva, de verdad te quiero, no quiero competir, no me interesa competir, me alegro si ganas. ¿Tú te alegras si yo gano?

-No, yo me alegro si gano yo.

-Entonces eres egoísta.

-No, no soy egoísta, no soy hipócrita, ¿por qué me voy a alegrar si gana otro?

-Está bien, voy a hacer la pregunta de otra manera: Supón que tú no compitas y yo gane, ¿te alegrarías?

-No, porque me hubiera gustado competir.

-Claro. Pero supón que tuviste un problema y el brazo te duele    y no vas a competir, ¿te gustaría que ganara yo si tú no jugaras? -Se encogió de hombros.

-En ese caso sí.

-Porque me quieres.

-Y bueno, somos familia.

-Claro, lo dices de una manera como con resignación. Wolva, ¿me quieres?

-Sí, somos hermanas.

-Y no importa que tengamos distinto color de piel, las costumbres son parecidas -Se encogió de hombros-.Reconoce que a veces te comportas como una cría. Ese pobre hombre, Fermín, para que lo desafiaras con las espada me parece que fue demasiado. Ahora, supón que yo no te sacara la espada con mi espada y tú la ponías en el pecho del hombre, ¿que lo pensabas matar?

-No, por supuesto que no, me parecía inofensivo.

-¿Y no fue demasiado que caiga al piso y tú le ponías encima la espada en el pecho?

-Para demostrarle que las mujeres no somos menos que los varones.

-Pero no todo es lucha, no todo es combate, hay otras cosas, es como que te falta crecer.

-Es cierto -dijo Wolva-, me falta crecer en musculatura.

-No, no, está bien, me alegra que hayas hecho ejercicios todos los días, me alegra que estés con tus amigos los lobos, que también son mis amigos, me alegra todo eso.

-Y soy buena cazadora -dijo.

-Me alegra eso también, gracias a eso comemos muy bien. Ahora, ¿cuándo vas a madurar, a crecer, pero no a nivel físico, a nivel mental -Me toqué la frente-, conducirte como más adulta?, tienes dieciséis años, ya eres grande.

-Es que no quiero ser una amargada.

-Es que yo te estoy viendo que eres una amargada ahora con dieciséis años, todo te cae mal, todo te molesta. ¿Qué pasó?

-Pasó Rino.

-¿Qué tiene que ver Rino en todo esto? Rino es un amigo nuestro. Yo tengo dieciocho, Rino diecisiete, tú dieciséis. ¿Has tenido algo con Rino, con el labriego?

-¡Ah! Lo dices como con desprecio.

-No, no, quiero decir, ¿te ha dicho algo de que le gustas?

-Me ha mirado muchas veces. Y una vez se acercó y me dijo: -Me gustaría estar contigo.

-Vaya. ¿Y tú que has hecho?

-Le pegué un puñetazo en el mentón y lo senté en el barro.

-¿Se molestó?

-¿Molestarse?, ¡salió corriendo! O se iba a enfrentar a mí. ¿Tú piensas que tiene las agallas para enfrentarse a mí?

-Wolva... ¡Ay! No puedo más. ¡Ay! Me duele demasiado la espalda. ¿Era necesario que lo golpearas porque te dijo "Quiero estar contigo", o algo así?

-Pero no me respetó.

-Pero tampoco te manoseó. ¿O te manoseó?

-Si me hubiera manoseado le hubiera cortado el cuello con la espada.

-No sé.

-A ver, ponte en mi lugar. Un hombre de la aldea te dice "Quiero estar contigo", Wildora. ¿Y tú, qué haces?

-No sé, pero no creo que le dé un puñetazo en el mentón, a lo sumo le tomo del cuello le pongo un puñal en la garganta y le digo: "No me hables de ese modo".

-Y sí, tienes razón, tienes razón -Ahí la vi sonreír-, ¡ves que somos iguales!

-No, Wolva, no somos iguales. Pero está bien, entre el puñetazo en el mentón y yo que lo cogía del cuello y le ponía el puñal en la garganta, no sé que era peor. No discutamos entre nosotras.

-Espera. Yo estaba con la manada. Tú dijiste "¿Qué haces en mi bosque con mi manada, con mis árboles, con mi césped, con mis ramas, con mis animalitos?".

-¡Siempre eres tan exagerada! No fue tan así. Pero sí, es cierto, nada es de nadie, es cierto. Prometo ser más abierta. Pero Wolva, el día de mañana quizá tengamos enemigos en común. No discutamos entre nosotras, me hace mal. De noche no duermo, me doy vuelta en el catre, a veces agarro una pequeña rama me la pongo detrás de la nuca y la dejo correr sobre mi cuello y parte de mi espalda.

-Y ahora me echas la culpa.

-No, Wolva, nada más estoy diciendo lo que me pasa, nada más digo lo que me pasa. Ahora bien, si vamos a competir en el torneo de lanza, que no es un juego, ¿vamos a ser leales la una con la otra?, ¿la que gane va a felicitar a la otra? Por ahí ni figuramos, por ahí los varones nos ganan.

-No, no lo creo, somos mejores que ellos.

-En eso estoy de acuerdo -dijo Wolva.

-Volvamos, entonces.

-Tenemos que cazar algo. Fíjate en mi alforja.

-¡Un olor nauseabundo! ¿Qué has cazado?

-Un par de conejos, pero hace horas que los tengo.

-Bueno, hay que despellejarlos, sacarles la piel, limpiarlos y luego los cocinamos.

 

Montamos y volvimos para nuestra tribu. El día de mañana nos alejaríamos de la tribu porque tanto Wolva como yo queríamos vestir de otra manera, como en los poblados que visitamos, que nos miraban de una manera extraña. Este hombre, pobre Fermín, tenía razón, dijo "Parecéis salvajes". Y sí, y sí, era cierto, era la verdad, pero tanto Wolva como yo soñábamos con vestir con ropa de cuero, botas de cuero largas hasta la rodilla. ¿Por qué no?, ¿por qué no podríamos hacerlo?

-Wolva, tú tienes manos fuertes.

-¿A qué viene eso?, ¿a quién hay que pegarle ahora?

-Pegarle a nadie. ¿Te gusta cocinar?

-Me cansa.

-¿Puedo cocinar yo?

-Sí. ¿Qué me pides a cambio?

-¡Ja, ja! ¿Me harías unos minutos de masajes en la espalda y en el cuello?

-¿Me permites que te torture?

-Tortúrame todo lo que quieras, Wolva, todo lo que quieras.

-Mira que si te aprieto no vas a poder levantarte al día siguiente.

-Lo que sea. Tortúrame. Ahí me dejo torturar.

Wolva largó la carcajada: -¡Ja, ja, ja! -Y marchamos para casa.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 26/09/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

La entidad relata un diálogo con Donk donde se sincera con ella mostrando su baja estima y sus debilidades. Ella lo escuchaba para distraerse de su gran soledad. Su amado había desaparecido.

Sesión en MP3 (2.172 KB)

 

Entidad: Estaba comiendo una presa de ave untada en una pasta amarilla con un fruto agrio pero con un gusto tan rico..., y me sentía como más relajada.

Me hacía muy bien la compañía de Émeris. Pero Émeris a veces iba a pasear con Fondalar, me quedaba sola y me pesaba mi soledad, me pesaba mucho mi soledad, me sentía como abandonada, esa era la palabra. Y tenía, ¿resulta cómico, no?, porque tenía dos sentimientos encontrados: por un lado como una quemazón interior, ira... angustia no, ira, porque no entendía lo de Ligor; aspiró un polvo, comió hongos... No se justifica, no se justifica para nada ese abandono, tanto tiempo... el efecto no dura tanto.

 

-¿Y tú que cuentas?

Donk me miró.

-Ahí estamos.

-Pero dime algo.

-Bueno, por lo menos tuve el gusto de ayudar a la señora Mina. Pude matar a una bestia gigante, así nadie piensa que soy un inútil.

Lo miré, extrañada.

-¿Pero por qué dices eso?

-No, no quiero cargarte con mis cosas.

 

Yo no me sentía bien como para escuchar las penas de nadie pero entre escuchar a alguien que cuenta sus desgracias a que me invada el ruido de la soledad, ese ruido tan terrible, elegí escuchar.

Y me relató su vida. Que fue un héroe, que salvó gente, que se quemó, que en un valle oculto unas plantas mágicas, como él les decía, le curaron el rostro, que cambió de identidad, que se transformó en un héroe hasta que luego se dio a conocer y todos en lugar de aplaudirlo le dijeron que se había burlado de ellos, que no lo querían en el pueblo y él había salvado la vida de mujeres, de hombres, de niños y ancianos, hasta la propia pareja le dio la espalda.

-Todos tenemos problemas -exclamé.

-No como los míos, yo no me siento bien.

-Piensa un poco en cómo nos va a los demás. Tú sabes lo que me pasó.

-Lo siento mucho -exclamó Donk-, siento lo de Ligor, tú eres una mujer extraordinaria y no te mereces eso. Conozco tu historia.

-¡Je!, la conoces. Yo misma a veces siento como..., no debo pero siento como un odio porque la que era mi princesa y después mi reina me podía haber liberado de la promesa de estar con ella hasta su muerte. Yo soy mayor que tú, Donk, he estado muchísimo tiempo sola y de repente... Lo esperé tanto tiempo, tanto tiempo a Ligor, y éramos felices en un lugar pequeño apartados de todo viviendo una vida normal hasta que vinieron a traernos la noticia del señor Andahazi de Villarreal. Y aquí estoy, sola otra vez, pero no por una promesa a una princesa luego reina, ahora muerta, si no porque mi pareja se encaprichó.

-No se encaprichó, seguramente eso que aspiró o comió le afectó su mente.

-Donk, el tema es así; tú no tomas mucho alcohol.

-No.

-Yo tampoco, pero he visto gente que sí toma alcohol y es como que su mente, sus instintos se liberan y se muestran como son; algunos tímidos, otros ordinarios, otros salvajes, otros quieren combatir con espada bajo los efectos del alcohol cuando sin el alcohol son santos.

-No entiendo -dijo Donk.

-Claro. ¿Y si los hongos sacaron al verdadero Ligor, un Ligor despectivo, vengativo? Ese no es el hombre con el que yo estaba o con el que creía estar. Dicen que cuando uno se enamora, se enamora hasta el último día, pero ¿qué amo, a quién amo, a quién amo?, no estoy amando a nadie, no estoy amando a nadie... ¡Estás llorando!

-Me conmovió tu historia.

-¡Ay! Me haces muy bien. Estoy llorando y de repente largo una carcajada porque te veo a llorar a ti. Me haces muy bien.

-Te estás burlando de mí.

-No, no, Donk, no me estoy burlando, me haces muy bien, me haces muy bien.

-Te causo gracia.

-Sí, me causas gracia pero no lo digo burlándome, me hace bien tu compañía.

-Sí, a muchos les hace bien mi compañía, yo soy un buen amigo de todos.

-¿Sabes cuál es tu principal problema?

-No, ¿cuál es? -preguntó Donk.

-Tu propia persona, buscas aceptación. Me haces bien, eres muy buena compañía.

-Pero no serviría para una pareja. -Hice un gesto como diciendo "¿De qué hablas?"

-Seguramente encontrarás alguien que te quiera.

-Pero no mujeres tan lindas como tú.

-¡Je, je! Espera, espera, ¿es un halago o me estás cortejando? Contéstame, no puedes ser tan tímido, ¿no eras el justiciero que cuando se quemó el rostro se puso una máscara y ahora no te atreves a hablar con una mujer? ¿Qué pasa?

-Respeto a Ligor.

-No entiendo, ¿lo respetas por hablar conmigo? Porque que yo sepa no está pasando otra cosa.

-Capaz que entendí mal.

-Capaz que entendiste mal, seguramente entendiste mal. ¿Pero me estabas cortejando?

-Sí, me gustas -Me puse mal de vuelta, me caían las lágrimas de nuevo.

-¿Te molestó que te dijera eso?

-No, Donk, no me molestó, eres... eres una buena persona, me hace bien.

-Qué bien que te hago -dijo Donk irónico-, que te hago llorar.

-¡Ay! No tienes nada de conocimiento de las mujeres, no estoy llorando por lo que me has dicho... Sí, estoy llorando por lo que me has dicho, porque me hubiera gustado que Ligor me dijera cosas.

-Yo soy una sombra.

-¡Basta, basta! Me haces bien porque me enojo contigo y dejo de pensar tonterías. Basta.

-No, no quiero callarme -dijo Donk.

Lo tomé de los hombros y lo sacudí.

-¡Basta! Basta de hacer de víctima.

-No hago de víctima, soy una víctima de las circunstancias.

-¡Aaay! Basta. -Lo tomé de la cara, acerqué mi cara y le di un beso largo, largo, largo. Me abrazó y me correspondió al beso largo, largo, largo. Me separé suavemente. Donk me miraba sorprendido con los ojos abiertos, como no entendiendo qué había pasado-. Perdón, perdón -le dije-, perdón, perdón,  perdón, perdón, no quise molestarte.

-¡Molestarme! -dijo Donk-, es la cosa más hermosa que me ha pasado en mi vida.

-No, no, no, lo mío fue desesperación, lo mío fue desesperación, hice mal porque ahora te hago ilusionar... ¡Ay! Qué torpe que soy, qué torpe que soy, qué torpe que soy, ¡ay, ay, ay! -En ese momento lo agarré y lo besé de vuelta con toda mi fuerza. Me correspondió al beso largo, mis lágrimas mojaban su mejilla. Lo separé-: Me voy a recostar Donk. No, no lo tomes como que, como que..., no sé cómo explicarlo.

-Entiendo lo que dices, no fue un beso de amor, fue un beso de lástima.

-¡Ay, Donk! Tengo que cultivar mi paciencia contigo. No, no fue un beso de lástima, no, fue un beso de impulso; no fue de amor, no fue de lástima, fue de impulso.

-No existe un beso de impulso.

-Está bien Donk.

-¿Entonces estamos saliendo?

-¡Ay, Donk, Donk! No, pero te tengo un afecto tremendo, no lo arruines, no lo arruines, por favor.

-Entiendo.

-No sé si entiendes, no lo arruines, no hables de sentimientos. Mañana nos veremos, pasearemos por el jardín, no se te ocurra tomarme de la mano porque te doy un golpe. No, golpe no, te tomo de la garganta y te lanzo un... una descarga eléctrica. -Y se rio Donk-. Así me gusta verte, sonriente. Estaba comiendo una presa de ave y me sentía vacía.

-¿Y ahora te sientes plena? -preguntó Donk.

-No, pero me siento mejor gracias a ti.

-Y a los dos besos.

-Basta, basta, no te comportes como niño.

-¿Niño?, ¡dos veces me has besado y me dices niño!

-Fue un impulso.

-Dos impulsos.

-Mañana hablamos.

 


Sesión 12/10/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Había perdido media vida como dama de compañía y su amor Ligor había desaparecido. Por otra parte Donk había tenido un sueño con ella y tenía hablar con él y quitarle importancia. Se preguntaba qué debía hacer.

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Entidad: A pesar de que nunca me sentí un personaje principal, con Samia me trataba como una persona de la familia, pero yo me sentía un rol decorativo. En realidad nunca supe qué función cumplía, qué es una dama de compañía. Ella me "utilizaba" para contarme sus lamentos, sus problemas, yo era su hombro donde apoyarse, su pañuelo para secarse las lágrimas.

¿Pero quién tenía piedad de mí? Lo dije varias veces, ella sabía que yo tenía un hombre que me esperaba. Y pasaron años y años y años.

 

Me considero una persona de carácter pero me parecía una falta de cortesía el decirle que me libere de una promesa intangible, y no, tenía que salir de ella, pero nunca, nunca lo hizo. ¿Si lamenté su muerte? Sí. Sentía un sincero aprecio, una cosa no va en desmedro de la otra, pero honestamente esperaba, esperaba que me liberara de la promesa. Por otro lado sentía alivio porque fue una carga durante muchos años el estar como prisionera. ¿Si podía haber huido?, nunca me hubiera encontrado, aparte lo hubiera hablado con Ligor y hubiera buscado la manera de defenderme en el caso de que me hubiera ido a buscar.

 

Y Ligor fue mi génesis, es como que renací. Acostumbrada de alguna manera a las lamentaciones de Samia y encontrar a Ligor divertido, de carácter afable... Nunca me ocultó su pasado, Ligor es como esas aves que van de flor en flor... Pero una vez que me conoció, una vez que me conoció por dentro, una vez que conoció mi persona, cambió.

Recuerdo que cuando éramos jóvenes que le dije:

-Pon mi mano al lado de la mía. -Y lancé una pequeña descarga y quedó como sorprendido.

-¿Tú también manejas el rayo?

-Creo que es una herencia, pero nunca indagué sobre el tema, nunca indagué.

 

Y en ese momento pensé que mi vida ya era de dicha, de felicidad hasta que vino el mensajero, hasta que pasó lo de Villarreal, hasta que Ligor cambió.

Estudié la forma de ser de las personas, algunas que son muy vulgares con un poco de alcohol sacan a relucir como son en realidad, ¿y quién dice que con los hongos alucinógenos no pasó lo mismo y Ligor se mostró despectivo, vengativo porque era su manera verdadera?, lo que aún no admito, me niego.

 

Y después... Y después Donk. Es un personaje, es una persona querible, es bueno sin ninguna duda, incapaz de traicionarte, servicial, no servil, el no busca quedar bien para sacar ventaja, no, no. Me incomoda, sí, que -y me hace recordar a Samia, ¿no?-, que viva lamentándose de cosas que pudo haber hecho y no hizo. No hemos tenido una conversación, hemos tenido decenas de conversaciones explicándole que lo que pasó no se puede modificar, sí se puede construir un futuro a través de lo actual.

 

Me sentía incómoda porque él me miraba de una manera distinta como... como de complicidad y de culpa, y en realidad la responsabilidad fue mía porque en un doble impulso lo besé y después me preocupé cuando tuvo ese sueño, Aranet se reía. Pero por la noche hablé con él, le daba como pudor contarme su sueño. Intuí que estaba relacionado con un inconsciente que tenía dentro, como que tenía necesidad de afecto y en ese momento, en ese sueño se sintió como agredido. Ahí hay un miedo inconsciente, un miedo que no tiene sentido.

La noche que hablamos en profundidad le pregunté:

-¿Qué esperas de tu vida, tienes resentimiento de algo?

-No, Núria.

-¿Te sientes resentido con Shila?

-No, me incomoda el que no me haya comprendido, me incomoda el que me hayan prejuzgado cuando revelé que era Novo.

-Está bien -lo corté-, está bien, me la has contado varias veces esa historia, está bien. Es un problema de la gente, no es un problema tuyo.

-En realidad es un problema mío porque buscaba de alguna manera aceptación.

-No, no, no es así. ¿Tú te aceptas? -se encogió de hombros-. Esa no es una respuesta ¿Te aceptas, te respetas, te quieres a ti mismo?

Y me respondió de una forma graciosa:

-Soy todo lo que tengo.

-¡Je, je! Está bien, te puedo dar mi ejemplo. Estuve muchos años enclaustrada por una promesa absurda pero que se tiene por costumbre en las regiones, de estar hasta la muerte con la princesa o luego reina de la que eres dama de compañía. Si hubiera muerto yo primero se hubiera buscado una dama de compañía más joven, la reina, Murió ella y no era muy grande de edad, pero es como que yo perdí mi juventud. ¿Tú ves que yo me lamento?

Donk quizá no es una persona sutil y me dijo directamente:

-Sí, veo que te lamentas.

-¡Je! A ver, estoy relatando algo pero no digo "¡Ay! Porque me pasó esto, porque me pasó aquello. Qué daría por esto, qué daría por aquello". Está.

-¿Y lo de Ligor? -me preguntó Donk.

-¿Me estás preguntando si lo he superado?

-No, interpreto como que... como que algo no me cierra, no entiendo -exclamó.

-Claro, mi hipótesis es que cualquier persona que tome demasiado alcohol o coma un alucinógeno, dejando de lado que pueda perder la memoria o modificar su manera, en general es como que sacan a relucir lo que son realmente.

-¿Me estás diciendo como que Ligor es una persona despectiva?

-No, no, nunca lo fue, por eso me extraña esto que haya ingerido que le haya afectado la mente de otra manera. Fíjate el rey Anán, fíjate el joven Gualterio que hasta perdió la memoria. Tú has ingerido pero apenas un pequeño bocado de pan y te ha hecho soñar cosas que estaban en tu inconsciente -y Donk me preguntó:

-Supongamos que yo bebiera mucho y sacara a relucir mi interior, ¿cómo me verías?

-No, no creo que cambiaras -exclamé-, no, no creo que cambiaras, creo que eres así con alcohol o sin alcohol. No me imagino con otro tipo de carácter.

-¿Pero cómo me ves?

-Como una buena persona -le respondí.

-¿Y como hombre no me ves?

-Sí, te veo, es más si no estuviera casada capaz que me fijaría en ti.

-Pero no tienes idea si Ligor va a volver.

-No, no tengo idea, ni siquiera sé si está vivo, ni siquiera sé si está vivo. ¿Ahora qué te pasa que estás  apesadumbrado? ¡Habla!

-Es que en realidad jamás me hubiera fijado en ti como mujer, por respeto, pero fuiste tú la que me has besado.

-Lo lamento, lo lamento, no va a volver a pasar.

-Es que yo no quería esa respuesta y no lo lamento para nada, me tomó de sorpresa, pero después lo disfruté y me hice una idea en la cabeza.

-Y ahí está tú error -lo interrumpí-, por eso te pido disculpas, porque te he generado ilusiones, te he generado expectativas. A veces tengo el impulso de abrazarte pero me contengo porque tú tienes una manera de ser, quizás algo ingenua, y es como que todo lo ves de otra manera. Si te abrazo con cariño tú lo tomarías como un arrebato de pasión.

-¿Los besos no fueron un arrebato? -me preguntó.

-Sí.

-¿Hubieras besado a otro?

-No.

-Entonces ¿por qué no te fijas tú, inconsciente?

Me sorprendió.

-¡Vaya! En eso tienes razón, en eso tienes razón; despiertas en mí como un afecto, pero no... no veo otra cosa.

Donk se paró(levantó) y me dijo:

-Voy a tomar un par de copas de licor.

-Quise hacer una broma para que se despierte tu instinto, ya te dije que no creo que modifique tu manera de ser.

-No te burles -me dijo-. Voy a ir al balcón, al balcón que da al patio de armas y me quedaré sentado tomando un par de copas.

-¿Te sientes molesto?

-No, me siento como abatido.

-Donk, no sirven las lamentaciones, no puede ser que cada conversación que tengamos tenga que recordarte eso. -Pero no me respondió y se marchó.

 

Yo me quedé en el salón pensando. No se trata de competir quién sufrió por esto, quién sufrió por aquello, sé del caso de Aranet, tres veces lo dieron por muerto y siempre está con carácter jovial cuando tiene que estarlo, serio cuando tiene que estarlo, pero nunca lo voy a ver abatido, se trata de eso. Tal vez sirva como ejemplo para mi propia conducta porque en el fondo yo también me estoy lamentando de muchas cosas.

Y creo que me voy a copiar de Donk; yo me pongo en su mente y sé que él se llevó una copa y la botella, así que voy a coger una copa de la cocina y voy a ir al balcón a compartir un poco de licor.

 

Muchos dicen que el alcohol hace olvidar. Yo creo que son ignorantes porque si tomas algo tu cabeza va a estar permanentemente puesta en el dolor, el sufrimiento, el abandono, los problemas. ¿Qué el alcohol hace olvidar? Eso es una fábula, eso es mentira. ¿Entonces qué soy yo, una masoquista?, porque si tomo un par de copas de licor mi cabeza va a trabajar en todo lo que estoy perdiendo. ¿No será que es momento que diga basta y sea feliz? ¿No será que es momento que haga borrón y cuenta nueva? ¿No será que es momento de empezar a vivir de una vez por todas?

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 07/11/2019 -1-
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

En el encuentro con el ejército de Randora quedaron muchos heridos por flechas envenenadas. La entidad relata cómo se sentía con Donk.

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Entidad: Abrí los ojos, estaba un poco mareada, en este momento me duele la cabeza pero no mucho. A ver, no sabría cómo explicarlo, siento como una especie de aturdimiento, cansancio, mucho cansancio, como si no hubiera dormido, se me cierran los ojos y me duele mucho la cabeza.

 

Me tocan la cara.

-Donk, Donk... -Lo abracé fue un impulso y lo abracé-. ¿Qué haría sin ti, Donk qué haría sin ti? ¿Por qué me miras así?

-Te noto... te noto rara.

-Ésta soy yo, ésta que ves aquí, y tú eres todo mi horizonte, eres mi salvador, mi héroe.

-Está bien, pero hice lo que había que hacer.

-No, no, no, nadie tiene tu arrojo, tu valentía. -Le tomé la mano, la puse sobre mis mejillas-. Tócame, esa piel tan hermosa que tienes.

-Pero Núria, no... no entiendo tu manera de hablar.

-Si no me entiendes tú, ¿quién me va a entender?, ¿quién me va a entender? Has enfrentado a un ejército.

-No, Núria... te vi, te vi herida y en ese momento se me nubló la mente. Y mira qué paradoja, mi mente estaba tan reactiva que vaya a saber por qué razón no me afectaron los efluvios de ese mento y me escurrí entre la tropa y llegué a clavarlo, pero no lo maté, lamento no haberlo matado.

-Pero mi amor -exclamé-, has recibido una herida, te han disparado con una flecha.

-No, no era una flecha, no sé si era una lanza o recibí una cuchillada de alguien... no, no era una flecha.

-Pero has manado mucha sangre, yo me partía al medio al ver esa sangre tuya tan valiosa.

-Pero Núria no... no entiendo, me siento como incómodo.

-¿Incómodo por qué?, ¿porque te digo la verdad?, ¿que eres mi sol? Acércate. -Le tomé las dos mejillas y le di un beso largo largo largo-. Esto es lo que deseaba, deja que te desabotone la camisa, te saco los hilos de la camisa.

-No, Núria, no. -En ese momento se escuchó la puerta.

-Aranet, ¿qué buscas?

-Estamos en un problema, Donk.

-Pero háblame a mí. -No me hablaba a mí, le hablaba a Donk.

-¿Qué problema? -dijo Donk.

-Fondalar está delirando, también Émeris.

-No entiendo.

-Parece que la zorra de Randora le puso algún veneno o algo a las flechas. ¿Cómo tú estás bien?

Y Donk dijo:

-Pero aparentemente a mí no me hirieron con una flecha, no sé si fue una lanza o con un puñal.

-Entiendo.

-Pero tú también tienes raspones.

-Sí... Pero no, estoy bien, los más graves son Fondalar y Émeris.

-Yo estoy bien -aclaré-, a mí también me hirieron.

-Así que estás bien -exclamó Aranet.

-Se ve que a mí no me afectó el veneno de las flechas, estoy aquí con mi sol, con Donk, mi salvador, una persona tan noble, pero mira, mira lo valiente que es... ¿Por qué ese gesto?

-Núria -exclamó Aranet-, a ti también te ha afectado el veneno, quizá no deliras como delira Fondalar, porque su herida fue en el estómago y aparentemente se mezcló con su sangre, pero no estás bien.

-Yo me veo bien.

 

Me quedé pasiva con los brazos cruzados. Se me había pasado un poco el dolor de cabeza y el cansancio, aunque todavía quería tener los ojos cerrados la luz me molestaba, me molestaba mucho la luz. Escuchaba que hablaban entre ellos.

Aranet decía:

-No podemos hacer nada. Ezeven, únicamente creo que está bien, pero si llega a volver ese hombre con Randora...

Donk dijo:

-Pero ahora están los estudiantes, ya no hay rehenes. Ezeven puede contener a los estudiantes y enviarlos contra los que vengan.

-No -dijo Aranet-, no, son estudiantes, no saben pelear.

Y Donk dijo:

-¡Pero, Aranet, están libres! Quizá no tengan dones tan fuertes pero tienen dones, sin armas pueden vencer un ejército comandados por alguien. Si Fondalar está delirando que los comande Ezeven. Ciruela no porque tiene otro tipo de don, ella no... no tiene el don de apoderarse de la mente de otro.

Aranet dijo:

-Ezeven tampoco.

-Sí, pero es más fuerte mucho más fuerte, es mucho más fuerte. Seguramente porque no lo intenta, pero puede. Fíjate como paraba las flechas. De la misma manera que puede levitar y levantar rocas frenó las flechas, ayudado por Fondalar. Lamentablemente algunas llegaron. Mientras tanto preparémonos.

-Mientras tanto vamos a tener que esperar como mínimo diez días, diez amaneceres, tienen que estar todos repuestos.

-¿Y el rey Anán qué dice?

-Lo mismo que yo, hay que estar alerta. Todos los vigías en la torre y rotándose tres guardias por día, pero no creo que por ahora vengan. El mento también estaba herido gracias a ti. Te has arriesgado demasiado, Donk.

-No, le estaba diciendo a Núria que me enfurecí, me enceguecí y al estar tan enceguecido es como que aparentemente no me afectaron los efluvios de ese mento y me metí entre la tropa y fue un impulso de treparme de atrás y apuñalarlo, pero le infringí dolor y ese dolor hizo que todos los estudiantes quedaran liberados.

-Furia, reactivo... Como sea -dijo Aranet-, pero te debemos una muy grande.

-Está bien, a la noche haré que me preparen algo especial para mí.

-Cállate. Cállate o te pegaré con mi puño en la cara.

-¡Ja, ja, ja, ja, ja! -Levanté la vista y vi que se abrazaban.

-Donk, ¿no te irás con Aranet...?

-No, Núria, me quedaré aquí, me quedaré a cuidarte. Pediré abajo un tacho con agua tibia, te mojaré la frente...

-¡Tengo sed, tengo mucha sed! Estoy como torpe, me siento como torpe, pero quédate a mi lado, no me faltes porque eres todo para mí. -Vi que Aranet no entendía y lo miraba a Donk. Hablaron entre ellos y yo paré el oído.

Donk dijo:

-¿Se comporta así, entonces, por los efectos de la flecha?

-En parte sí, pero en parte es como que está sacando lo que tiene adentro, en ese estado no miente.

Donk se desconcertó más y dijo:

-¡Pero Aranet, me dice su sol, su todo! ¡No es así!

-No, no es así, Donk. Saca lo que por ética, por prudencia, por educación no diría estando bien.

-Entonces es como algunas personas alcoholizadas que de repente beben y sueltan todo lo que tienen adentro.

-Algo así -dijo Aranet.

 

Me dio vergüenza escuchar eso, me sentí como expuesta.

-Si quieres irte vete, vete. Vete con Aranet, déjame aquí. Ahora es como que me dio un poco de frio.

-¡Pero Núria, hace calor!

-Yo tengo frio.

-Te traeré una manta.

-No, no te molestes porque todo lo que yo digo es por la flecha, ¿no? Entonces déjenme aquí.

-Te traeré algo de comer.

-No tengo hambre, tengo frío, dije. Vete, vete. ¿Te dije que eres mi sol? Te mentí. ¿Te dije que eras todo? Te mentí. -Se fue con Aranet y cerró la puerta.

 

No quería que se vaya, no quería que se vaya. Este orgullo tonto, este orgullo tonto... Pero volvió al rato, volvió al rato con una manta y un pequeño tacho con agua y un paño.

-¡Has vuelto!

-Te dije que me quedaría a cuidarte.

-Acuéstate conmigo, te deseo.

-No, Núria, no, no. Cuando estés bien dímelo de vuelta si lo sientes.

-Lo siento ahora, después no me busques, después no me busques. ¿Te haces desear porque eres el héroe de la jornada? No eres el héroe.

-Estaba furioso, estaba furioso por ti.

-No te creo. Si fuera cierto me abrazarías. -Y me abrazó-. Eso. Déjame que te saque los cordones de la camisa.

-No.

-¿Te apartas?

-No, mujer, no quiero que después te arrepientas.

-¡Ah! ¿Pero quién te crees que eres, quién te piensas que eres? No te compares con Ligor, para nada, él es un guerrero. -Pensaba que Donk se iba a molestar.

Y me dijo:

-Tienes razón, Núria, nadie se compara con Ligor, es el domador de dragones, es el mejor. -Y eso me molestó más.

-No es el mejor para nada, para nada, es egoísta, piensa sólo en él. Tú eres el mejor.

-Núria, ponte de acuerdo.

-No me hagas caso. No me hagas caso, estoy como aletargada, me voy a recostar. Ponme la manta pero no te alejes.

-No me alejaré. Encargué abajo comida para los dos, me quedaré contigo.

-¿Y los demás?

-Émeris está con Fondalar, pero a su vez están siendo cuidados, por orden del rey.

-¡Ajá! O sea, ¿los dos están mal?

-Está peor Fondalar, delira, tiene mucha fiebre.

-¿Y no sería conveniente que alguien vaya en hoyuman a ver a esta anciana Areca que tiene plantas de todo tipo para todo tipo de situación?

-Ya fue.

-¿Quién?

-El príncipe Gualterio fue con su novia.

-¿Su novia?

-Sí, una joven muy bella.

-¿Cómo yo?

-A ti los años te han dado un rostro tan sereno, tan hermoso...

-¿Entonces me ves bella?, ¿no soy vieja?

-¿Vieja tú? ¡Pero luces... luces como una niña!, tienes un rostro terso.

-Ahora eres galante... Voy a dormir un rato. Cuando traigan la comida despiértame. Y gracias por estar conmigo. Gracias.

 


Sesión 07/11/2019 -2-
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Ya recuperada se sincera con quien la ha estado cuidando mientras los alucinógenos hacían efecto. Pasa revista a su reciente vida pero no puede vislumbrar un futuro, hay demasiadas incertidumbres.

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Entidad: Abrí los ojos, me sentí bastante más calmada.

-¿Cómo te llamas?

-Jacinta, señora.

-Jacinta, ¿dónde están todos?

-En el salón principal.

-Bien.

-¿Precisa que le alcance algo, señora?

-No, no, no, te agradezco mucho. Bajaré. -Me terminé de calzar las botas y bajé.

Donk:

-¿Cómo estás, Núria?

-Bien, de verdad, bien. Gracias por estos días, de la compañía.

 

Había pasado todo, estaban todos bien. El mismo Fondalar, a diferencia nuestra no sólo bebió un brebaje de estas plantas tan sanadoras, de la querida Areca, sino también le pusieron en la herida de su estómago, y estaba bien, lúcido, estable. También Émeris.

Atrás mío, Aranet.

-¿Cómo a ti no te afectó?, a ti también te han herido.

-Seguramente sería alguna flecha que no tuvieron tiempo de envenenarla.

-Bueno, me alegro. -Nos sentamos todos.

Llegó Anán.

-Primero de todo darles la buena noticia: María está muy bien y en breve vamos a ser padres.

-Bien, es la mejor noticia. -Lo miré al príncipe Gualterio-. ¿Estás contento?

-Sí -dijo Gualterio-, el hecho de ver a mi padre bien, de ver a vosotros bien me pone contento.

-De verdad que has hecho una buena tarea. Y a ti -la miré a la joven, tan bella-, por acompañarlo.

La joven me dijo:

-Me sentí muy a gusto y me sigo sintiendo muy a gusto, sois una gran familia.

-¡Oh! Mira, tenemos nuestras cosas, no siempre estamos de acuerdo en todo, pero prestamos atención a Anán.

Habló el rey:

-La idea mía es tener más tropa, vigilar toda la zona, porque en cualquier momento pueden volver.

Lo interrumpí y le pregunté:

-Pero cómo..., en este momento no tienen a los estudiantes de rehenes y Fondalar perfectamente puede, de alguna manera, instruirlos, no para que ataquen porque sería arriesgar la vida de ellos sino como para que con la mente de todos, que es una mente colectiva de todos los estudiantes, frenen a quienes ataquen.

Anán muy lúcido me respondió:

-Claro. Pero hagamos una hipótesis; supongamos que en este lapso de estos días que habéis tenido para reponeros, este mento con Randora fueron sumando granjeros y los manipulan; quizá sean granjeros inocentes y los van a poner al frente para que nos abstengamos de disparar nuestras flechas.

-¿Y va a ser siempre así?

Habló Fondalar:

-No, no va a ser siempre así. No va a ser siempre así porque estoy en el uso pleno de mis facultades y en este momento puedo perfectamente dominar a los granjeros que vengan y contrarrestar el poder de este mento.

-¿Estás seguro? -preguntó el rey.

-Totalmente seguro. Totalmente seguro. No quiero que se exponga nadie más, pero sí tenemos que estar muy atentos. No se trata de salir del castillo e irlos a buscar porque no sabemos a dónde fueron, si están escondidos en algún valle, entre las montañas, en un poblado cercano, en otro castillo que han tomado mentalmente, no lo sabemos.

Anán dijo:

-Pero tampoco tenemos por qué estar escondidos, tenemos que volver a nuestras vidas y no podemos hacerlo mientras esta gente esté ahí.

-Lo sé -exclamó Fondalar-, pero no pensemos que estamos encerrados, este es un lugar enorme, hay patio de armas, hay jardines, está la feria feudal..., disfrutemos mientras los soldados estén expectantes vigilando y van rotando para que vayan descansando, pero nada nos va a impedir hacer la vida normal. -Me miró a mí-: ¿Cómo estás tú?

-Bien, bien. -Lo miré a Aranet- ¿Cómo estoy, Aranet?

Aranet lanzó una carcajada, una carcajada muy bruta, pero dijo:

-Te veo bien, Núria, ya no deliras.

-¿Deliraba tanto?

-Mucho.

-Está bien, no digas más nada. No te voy a preguntar más.

Lo cogí a Donk del brazo.

-Ven, acompáñame. -Lo miré a Aranet y sonreí. Y me fui con Donk-. Sentémonos aquí, afuera ¿Te acuerdas todo lo que te dije?

-Sí, Núria, y estoy como con cierto pudor.

-Yo también tengo pudor porque me acuerdo de casi todo.

-Aranet dijo que tú sentías lo que decías.

-Sí, sí. Al contrario, ahora que estoy bien recuperada me cuesta más hablar. Nunca fui corta de palabras, nunca, pero bueno, el tema es así: Lo que dije era cierto. Tengo un enorme afecto por tu persona, me hace sentir bien tu compañía. ¿Me preguntas si estoy preparada para dar un paso más? Capaz que sí.

-¿Pero...? -preguntó Donk.

-Pero me parecería una falta de respeto para Ligor.

-Lo que pasa que él...

-Espera, espera, Donk, sé lo que vas a decir, él no se preocupó, se marchó y se fue a buscar a Randora no sé por dónde y ella apareció aquí. Lo digo por otra cosa. Si supiera que estuviera muerto podría hacer un duelo y nunca reharía mi vida sino fuera que te conocí a ti. Sí, como lo oyes, y no estoy bajo los efectos de ningún veneno, podría rehacer mi vida contigo. Pero no hice ningún duelo porque por lo que yo sé, Ligor está vivo, y me sentiría mal conmigo misma si comienzo una relación con otra persona. Sé que estuve muy impulsiva cuando intenté que estuvieras conmigo. ¿Y sabes en qué te admiro? Quizás otra persona hubiera cedido y me hubiera poseído, y tú te negaste, porque sabías que estaba bajo los efectos de ese veneno alucinógeno. Te quise sacar la camisa y te negaste, eso habla de que eres un señor, porque un señor no pasa por títulos de nobleza, pasa por una conducta. He conocido nobles que verdaderamente eran unas ratas, he conocido gente que de señores no tenían nada, he conocido gente que eran miserables, y te hablo yo que fui doncella. He conocido gente que no vale la pena esforzarse. Tú no eres perfecto, en realidad serías muy soso con sabor a nada si fueras perfecto; tienes tus errores, tus quejas, pero eso te hace humano y eres digno de que te amen, pero yo no puedo dar el paso hasta que no sepa de Ligor, y si durante toda mi vida no sé más de él, me quedaré en la espera hasta el último día, pero es por respeto a mí propia persona, ¿lo entiendes?

-Sí, Núria, lo entiendo, lo entiendo. Y yo también, de alguna manera, también te admiro.

-No tanto como te admiro yo. Hablemos de ti y no tengas vergüenza: ¿Qué sientes por mí?

-Pienso que tengo amor.

-Es que no me conoces, no puedes sentir amor si no me conoces.

-Entonces un cariño muy grande o enamoramiento, y aparte te deseo.

-¿Ves?, ahí está la clave, has tenido más coraje en frenarte a esos impulsos cuando yo te quise sacar la camisa para que estés conmigo que cuando enfrentaste a esa gente.

-Pero son dos cosas distintas -dijo Donk.

-Sí, son dos cosas distintas, pero la voluntad que has tenido vale mucho y te explico por qué. Cuando tú fuiste a apuñalar a ese sujeto estabas obnubilado de rabia porque me viste herida, no razonaste, fuiste impulso puro, podías haber muerto. En cambio cuando estaba bajo los efectos de esa flecha te resististe y no estabas reactivo, estabas totalmente lúcido. Para mí eso vale muchísimo más, muchísimo más que cualquier otra cosa porque si bien estuve tanto tiempo en mi vida como doncella al palacio de la princesa Samia venía mucha gente, venían nobles, nobles importantes que me miraban de arriba para abajo y se me insinuaban y me decían cosas, y como yo sólo era una doncella de la princesa, no podía responderles mal pero buscaba la manera de esquivar esos apremios. Pero eran ratas, nobles pero ratas. Hoy, si me cruzaría con alguno hasta lo cogería del cuello. Pensarás "Pero eso es impulso". Mira, he pasado por muchas humillaciones. Obviamente nadie me tocó. Primero porque lo hubiera apuñalado y la princesa Samia hubiera estado a favor mío aunque se hubiera tenido que pelear con el reino vecino. Pero sí me han humillado, y es lo opuesto a lo que has hecho tú. Es más; si hubieras cedido a mis encantos tampoco te hubiera culpado porque tú me deseas y eres humano, pero has tenido la voluntad, la tremenda voluntad de decir no, porque en el fondo yo estaba indefensa. A ver, sabía lo que hacía a medias porque estaba confundida, me dolía la cabeza, quizá no deliraba de la manera que deliraba Fondalar, pero estaba fuera de la realidad y tú te mantuviste sereno y me cuidaste muchas noches, y eso para mí no te tiene precio. Te respeto de aquí por el resto de mi vida. Quiero que lo entiendas porque para mí no todo el mundo merece mi respeto; hay gente mala, hay gente egoísta, hay gente perversa, hay gente que solamente se fija en sí mismo, hay gente que es basura, hay gente que se aprovecha del otro..., entonces lo tuyo es más valioso que cualquier otra cosa. Es un valor distinto al de las plantas de la querida Areca, que tampoco tienen precio, pero lo tuyo es interior.

-Pero, Núria, a Aranet lo ves salvaje, pero él también se hubiera comportado como un caballero.

-Sí lo sé, lo sé. De aquí todos nosotros. Que sí es verdad que somos como una gran familia, nadie se aprovecha de nadie. Pero he vivido muchísimo tiempo como doncella y sé lo que es la humillación, cuándo te miran despectivamente, no importa si eres atractiva, si eres joven o mayor y no se dan cuenta las estúpidas y los estúpidos, los dos, que un título no es nada. Viene el rey Anán, te arrodilla, te pone su espada en los hombros "Ya eres un caballero". ¿Y tu comportamiento cambia si eres una mala persona? Vas a ser una mala persona con título. No me importa eso, no cambies.

-No, no voy a cambiar, Núria.

-Antes de que nos conociéramos bien, muchas veces te he escuchado quejarte de las circunstancias de tu expareja, que no te comprendía. No es tu problema, no es para nada tu problema, es un problema de la otra persona que no te supo entender, es un problema del pueblo cuando supieron que tú eras Novo. No es tu problema, tú has hecho las cosas bien. No busques la aprobación de nadie, eres más valioso que la mayoría de la gente que yo conozco, y lo que siento por ti es muy elevado, pero no hubo un duelo. ¡Je! Así que no sé lo que va a pasar. Espera, no hables. Y si volviera Ligor tú te preguntarás si lo que siento por ti se esfumará? No. Tendría mucho que hablar con Ligor, pero sé que hay algo que se rompió, y hay cosas que se rompen y no se pueden volver a pegar, es imposible. Si hachas un árbol, después pones el tronco arriba de lo que está hachado, el árbol vuelve a caer porque ya el hacha lo derribó, ¿me entiendes?

-Te entiendo, Núria.

-Eso quería aclararte. Ahora acompáñame, vamos a comer algo. Quería sacarme todo esto de encima. Esto es nuevo para mí, nunca lo comenté de la humillación que sentí. Alguna vez lo comenté con Ligor, pero él me cambiaba de tema, decía que era para que yo no me haga problemas, para que me distienda. Por un lado tenía razón, pero por el otro a veces es bueno ser escuchada, porque ser escuchada no tiene nada que ver con vivir con la aprobación de los demás, son dos cosas distintas, yo no necesito tu aprobación tengo mi aprobación, pero el hecho de que me escuches tampoco tiene precio, y nunca nadie me ha escuchado tanto como me has escuchado tú. ¿Samia? Samia hacía su vida, Samia hacía su vida. Y ya lo dije muchas veces, siento como una angustia dentro mío de que nunca me quiso liberar de la promesa y me hizo perder tantos años de mi vida..., pero también entiendo que si me sigo lamentando del pasado no voy a ni a disfrutar del presente ni construir el futuro. Pero por otro lado hay algo que no me deja edificar ese futuro y eso también me causa impotencia, el no saber de Ligor, porque no sé qué rumbo tomar a nivel afectivo, a nivel personal, a nivel nada. Vamos a comer algo.

 


Sesión 04/01/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Se sentía sola. Dos seres a los que había tenido afecto la habían abandonado. No la habían comprendido y se habían apartado de ella.

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Entidad: Estaba todo convulsionado con el nacimiento del bebé, me sentía un poco avergonzada por haber participado poco. Me quedé a un costado, a veces iba al balcón, a veces entraba, pero estaba siempre a un costado.

Se me acercó Émeris.

-¿Cómo estás? -Me encogí de hombros.

-Un poco... un poco arrepentida. -Émeris me tomó de la mano y fuimos al balcón.

-Arrepentida, ¿en qué sentido?

-Discutí con... discutí con Donk y él se marchó.

-No se marchó porque haya discutido contigo.

-Sí, Émeris sí. Es como que... reconozco que los dos hicimos de víctima y sentí como que él me llevaba a su terreno y yo de alguna manera como me enganché discutiendo, y era como una especie de juego a ver quien la había pasado peor, y por momentos me mortifiqué porque Donk es como que tomó distancia.

-¿En qué sentido? -preguntó Émeris.

-En un momento dado le dije que él había sido la gota que desbordó el vaso, y que por eso me distancié de Ligor y rompimos los lazos que nos unían.

-¿Y él qué te dijo?

-Claro, hablamos de que si el vaso tuviera mil gotas Donk no se sentía responsable de las otras novecientas noventa y nueve gotas.

-¿Y tú qué piensas?

-De alguna manera es cierto, pero tampoco es tan así.

-¿Tú piensas que las novecientas noventa y nueve gotas fueron la conducta de lo que pasó en Villarreal?, ¿que fue tras de Randora?

-Me dolió mucho, me desconcertó mucho esa conducta.

-¿Y de verdad piensas que allí hubo novecientas noventa y nueve gotas?

-No, no, no.

-¿Entonces piensas que Donk te empujó a una separación?

-No, no, tampoco, pero tampoco creo que haya sido una gota, pienso que Donk fue más que una gota, pero me pongo en su lugar y pienso como que él se asustó.

-A ver explícate; ¿en qué sentido?

-Claro, Émeris, se asustó de sentirse responsable cuando en realidad no es así. Yo estaba muy vulnerable y nos besamos algunas veces, pero el impulso fue mío, no de él.

-Tú dices que podía ser él como cualquier otra persona.

-No, Émeris, no, no, tampoco, porque Ezeven es muy joven y los demás tienen una relación, jamás vería a alguien en pareja ni me atrevería a acercarme de la manera que me acerqué con Donk, pero estaba ahí, yo estaba ahí..., bueno fue el momento, pero es como que él se asustó de sentirse responsable y entonces es como que de alguna manera me discutió y me hizo sentir culpable a mí deslindándose él de culpabilidad.

Émeris me preguntó:

-¿Por qué habas de culpa?

-Porque entiendo de que si bien no fuimos más allá de unos besos yo todavía tenía el compromiso con Ligor, y por más que yo piense que lo que pasó con la princesa Samia, que no me liberó nunca de mi promesa y estuve casi la mitad de mi vida, una cosa no justifica la otra, el que yo haya pasado por tantos tantos tantos miles de amaneceres encerrada en un palacio como dama de compañía, ¿cómo lo podemos llamar de otra manera?, no se justifica que culpe a otras personas.

-¿Y tú piensas que has culpado a Ligor por algo? -preguntó Émeris.

-Estaba muy reactiva y claro, yo decía "estuve tantos miles de amaneceres encerrada mientras él iba de placer en placer, libre"...

-¿Y qué esperabas que hiciera?

-No sé, no sé.

Émeris continuó:

-¿Esperabas que estuviera en un monasterio hasta que tú estés libre?

-No te imaginaba en ese rol de irónica.

-No, no, no, Núria, no estoy siendo irónica. O sea, consciente o inconscientemente te molesta que mientras tú estabas encerrada, digámoslo así, con la princesa Samia por una promesa de castidad, él iba de mujer en mujer, de aventura en aventura, hasta conociendo otro continente, pero ponte en lugar de él, ¿qué iba a hacer?

-Yo sólo sé que Samia lo nombró caballero; nunca se comportó como tal. El mismo Aranet es más serio, es un guerrero disculpa mi expresión, pero como a veces bruto, sin modales, demasiado confianzudo pero respetuoso, no va de flor en flor, incluso antes de conocer a su esposa no era como Ligor.

-Eso no tiene nada que ver -explicó Émeris-, cada persona es distinta. Ligor, ¿a quién le debía fidelidad si no estaba en pareja con nadie?, mi pregunta es ¿estando contigo, viviendo en ese pequeño palacete alguna vez te ha faltado?

-No.

-¿Alguna vez ha mirado a otra mujer?

-No.

-¿Nunca te ha engañado?

-No.

-Eso es lo que cuenta.

-Me haces sentir mal.

-No, te estoy aclarando las ideas, Núria.

-Me hace sentir mal, Émeris... ¿Entonces yo soy la responsable de todo?

-No. Es cierto que tú tuviste un acercamiento con Donk, pero Ligor vino reactivo, con malos modales. Sé que él mató a su dracon preferido pero estaba bajo los efectos de un hongo, como le pasó a Anán.

-Pero cuando vino aquí ya no tenía ese efecto y seguía reactivo, y en lugar de saludarme, disculparse porque se fue de buenas a primeras en busca de esa zorra...

-Núria, ¿cómo se iba a disculpar si cuando lo hizo estaba bajo los efectos de un alucinógeno?

-Está bien, pero él volvió y ya estaba acusando, no oía pero no escuchaba, le hablaba y no razonaba. Yo ya venía acumulando ira porque desconocía porqué se había marchado, y esa ira estaba, y esperaba una conversación, no de disculpa de parte de él una vez sabido de que le había afectado un hongo, pero no hubo conversación, no hubo diálogo, no hubo nada.

-¿No piensas Núria -preguntó Émeris-, que de alguna manera lo que sucedió es por alguna razón?

-No, porque antes de la batalla de Villarreal teníamos una vida apacible, tranquila, disfrutábamos. Si Villarreal no hubiera existido todavía estaríamos juntos viviendo tranquilos, disfrutando de nuestra vida. Me siento de alguna manera castigada por la vida.

-Núria -La miré a Émeris.

-¿Qué?

-La vida no castiga, la vida es una sucesión de vivencias, una sucesión de etapas. Has pasado por etapas.

-¿Y por qué a mí me tocó la peor parte en las etapas?

-Hay niños en batallas que mueren de pequeñitos, ¿y qué le decimos a aquel que está más allá de las estrellas, "Por qué te has llevado a ese niño tan pequeño"?, ¿por qué Núria estuvo tanto tiempo sin que Samia la dejara libre de su promesa? Por qué tal cosa, por qué tal otra. La madre del joven Gualterio era una noble y es como que de repente perdió la cabeza y casi muere Gualterio, casi muere Marya, casi muere el rey. ¿Por qué? ¿Por qué pasan esas cosas? ¿Qué pasó por la mente de Marga? Nos preguntamos un montón de cosas. Cuando el joven príncipe perdió la memoria podía haber muerto en cualquier recodo del camino. ¿Por qué en la batalla de Villarreal murió tanta gente buena? ¿Por qué Borius, el que raptó a la que fue tu princesa, nos ayudo? Por conveniencia, lo que fuera, pero fue al lado nuestro. Hay cosas que son.

-No, Émeris, todo está trazado.

-No, no, Núria, no está todo trazado, no está todo trazado, nosotros tomamos las decisiones.

-Tampoco estoy de acuerdo, Émeris, ¿qué decisión pude tomar con Samia? Hice una promesa y me quedé tanto tiempo, casi la mitad de mi vida. ¿Ves?, ahí no hubo libre albedrío.

-Tampoco el niño de cinco años que murió en batalla del ejemplo que di antes, o de las mujeres violadas en las aldeas por las hordas del norte. Las cosas pasan.

-Entonces el problema es el ser humano -exclamé-. ¿Y cómo resuelvo mi vida?, ¿qué hago?

-Piensa antes de actuar, líbrate de culpa. ¿Has hecho algo a propósito, por maldad?

-No, lo de Donk estaba aturdida, molesta al sentirme sola porque Ligor no estaba. Rememoré toda mi vida y sentí como que la vida era injusta y traté de remediarla cometiendo un error quizá.

-Entonces no eres culpable, sí responsable.

-Muy bien, Émeris, soy responsable, me tengo que hacer cargo.

-Hacer cargo significa reconocer que a veces has tomado decisiones apresuradas, pero nada más, no has cometido un crimen.

-Entonces, ¿qué hago ahora?

-Colabora, ayuda. Tendrás oportunidad de volver a conversar con Ligor.

-Es como una copa que se ha roto ya... aunque se vuelva a pegar ya no es lo mismo. Nos dijimos cosas y tengo memoria.

-Pero tampoco es para que lo odies ni que él te odie a ti.

-Él es rencoroso. Él es rencoroso, Émeris, porque no fue bien criado.

-Explícate -pidió Émeris.

-Claro, él siempre quiere ganar, y de repente que yo haya sido la que tomó la iniciativa de cortar la relación, para él es una pérdida: "¿Quién eres tú para cortar la relación conmigo si yo soy amado por todas las mujeres?".

-Estás exagerando -dijo Émeris.

-No, lo conozco.

-¿Él tiene mucha autoestima?

-No, ojalá tuviera autoestima; tiene mucho amor propio, y son dos cosas distintas. Lo hablé una vez con tu esposo, con Fondalar. Fondalar me dijo que la autoestima y el amor propio son dos cosas distintas, la autoestima es cuando te quieres, cuando te aceptas, el amor propio es cuando todo gira alrededor tuyo por ego y no aceptas que otro diga otra cosa. Ese es Ligor. Quizá tenga autoestima, porque no es que se sienta con baja estima pero en la punta de la pirámide está el amor propio, y en este momento tiene rencor porque siente que yo lo aparté, y también debe tener rencor por Donk. Entonces si yo viviera de nuevo con él me reprocharía a cada momento, y eso que no intimé con nadie, fueron algunos besos nada más, pero me lo reprocharía y sería un infierno la vida con él.

-¿Lo odias?

-No, le tengo afecto, de verdad, pero algo dentro mío dice que no puedo seguir con él, y debido a estos episodios últimos lo conozco más que antes. Yo no lo conocía con tanto amor propio, con tanto desdén, con tanto rencor, como que todo el mundo está equivocado. Le reprochó a Fondalar "¡Por qué no me has detenido!". Fondalar le dijo "No me imaginé en ese momento que estuvieras bajo los efectos de hongos alucinógenos". Estas conversaciones me hacen bien, Émeris pero no sé cómo seguir, quizá vuelva al palacete.

-¡Qué dices! No, te recomiendo que sigamos aquí, todavía no terminó lo de Zizer y Randora.

-Supongamos que eso se resuelva a favor nuestro y los venzamos y ganemos, ¿qué hago luego?

-Te vienes a la academia con nosotros, al fin y al cabo tú también eres especial, engendras electricidad con las manos, y no estarás sola.

-Recién ahora me siento más tranquila por saber qué puedo hacer de mi futuro. Te agradezco, Émeris, te agradezco infinitamente.

 


Sesión 29/02/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Estaba el castillo medio vacío, todos fueron a la batalla esperada. Pero otra batalla se libraría dentro, cuando no había casi soldados.

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Entidad: A veces pasa que uno lo siente en la piel cuando las cosas no están bien, no sabemos qué sucede, en qué nos puede afectar pero sentimos que algo está perturbando el ambiente, todo.

Lo comenté con Émeris y me respondió:

-Confío en tu intuición, Núria, ¿pero puedes ser más específica, qué sientes, qué te pasa?

-¡Je, je! Por un lado la edad, es como que cuando me pongo tensa me duelen las articulaciones.

-Claro, pero...

-Espera, espera, Émeris, eso quizá sea normal, normal en el sentido que afuera están peleando, no sabemos qué está pasando con ellos, es una tensión lógica. A pesar de que a lo largo de mi vida es como que siempre he tenido como un endurecimiento del cuerpo, incluso cuando estaba en soledad con esta mujer que nunca llegué a conocer, llamada Samia, pero ahora es como que el aire tiene un filo que hasta te corta, no... no sé si lo puedo explicar con palabras.

Émeris me miró y respondió:

-Es como que hay demasiado silencio. Pero es normal, quedamos pocos, la mayoría de los soldados están afuera.

-Claro, a eso me refiero. Los bárbaros de Aranet, los que quedaron, aquí porque más de la mitad están en la isla, en Baglis, no se les escucha tampoco y son mucho más ruidosos, no son disciplinados como los soldados. Por otro lado no la veo a Ervina, de repente desapareció de nuestra vista. -Miré para el costado y estaba la niña Ciruela.

Me dice:

-La voy a buscar.

-Ten cuidado, ten mucho cuidado. Yo iré por otro lado porque no puede desaparecer. Aparte, sola no va a ir a la feria ni al patio de armas y menos en un momento como este, donde no sabemos de dónde viene el enemigo.

 

Le dije a Émeris que volvía enseguida y fui por uno de los pasillos laterales. Me crucé con dos de los bárbaros que me miraron de un modo extraño, incliné la cabeza para saludarlos y seguí. Me di vuelta y uno se había parado a mirarme, no... no me gustó su modo, no me gustó su mirada. Cuando llego al final del pasillo me encuentro con el que mandaba, con Orlok.

-¡La señora Núria!

-¿Tú eres Orlok?

-Sí, la estábamos buscando.

-Bien. ¿Qué sucede que hay tanto silencio?

 

En ese momento sentí unos pasos detrás mío y antes de darme vuelta un golpe en la cabeza me atontó, me caí de rodillas. Intenté levantar mis manos para lanzar una descarga y sentí otro golpe y quedé inconsciente. Me desperté con un tremendo dolor de cabeza, de cuello, contracturas centuplicadas y tenía las manos atadas a la espalda. Me levantaron y me sentaron a un banco con respaldo. No tenía la boca amordazada así que pregunté:

-¿Qué es esto, Orlok?

-¡Ah, ja, ja! Señora Núria, hemos escuchado hablar de usted, por eso le atamos las manos. Sabemos lo que puede hacer con sus manos, sabemos. No somos tontos, somos bárbaros, pero no somos tontos.

-¿Pero por qué hacen esto?

-¡Ah, ja, ja, ja! Hacemos esto porque estamos combatiendo la injusticia.

 

Sentí que la cabeza se me partía del dolor, un dolor tremendo constante, me asusté porque sentí como que el corazón me latía dentro de la cabeza tac, tac, tac, dentro de la cabeza, y lo extraño es que cada latido era un dolor, dolor, dolor, dolor. El dolor no era constante, iba y venía con cada latido, como que la cabeza se iba inflamando con cada latido, pero obviamente era una percepción no era algo real.

Cerré los ojos, tenía infinidad de preguntas pero no podía hablar, era tanto el malestar...

-No somos bestias. Le alcanzo un vaso de agua.

-No, no quiero agua. Contadme qué está pasando, ¿qué es eso de la injusticia?

-Claro. Mirad, mármol, oro.. ¿Y nosotros qué tenemos?

-Vosotros estáis con Aranet en la isla y tenéis de todo.

-¿De todo?, apenas tenemos para comer. Aranet será un buen hombre pero no es un buen líder. Mirad acá, hay nobles con buenas ropas, abrigados en invierno, he visto tinas con agua tibia... Nosotros en invierno tenemos un pequeño arroyo o el mar. ¿Qué tenemos, el lago que rodea la isla? Es lo mismo que el mar, en invierno está prácticamente todo congelado. Vosotros no tenéis problema con el invierno. Entonces se trata de hacer justicia, no intentamos matar a nadie solamente quedarnos con lo que nos pertenece.

-Estáis hablando de robar -exclamé.

-No, estamos hablando de tomar lo que es nuestro. Lo llamaréis saqueo, no importa.

-Pero los soldados...

-Los soldados no están al tanto. Y somos más que ellos, quedaron un pequeño grupo nada más. Si se resisten acabamos con ellos.

-¿Y qué pasará con nosotros?

-Nada, nos iremos. Los que no se resistan quedarán con vida. Obviamente tenemos un reaseguro. -Palidecí.

-¿Cómo un reaseguro?

-Claro, para que no nos persigan nos llevaremos al rey, a su esposa y al bebé.

-¡Pero no podéis!, su esposa no está del todo repuesta y el bebé es muy vulnerable todavía.

-¡Je! Y bueno, lo lamento, es nuestro reaseguro. Saben que si nos siguen mataremos a los tres. Lo lamento por el bebé, lo lamento por el bebé porque no va a conocer la vida. Pero los malos no seremos nosotros sino quienes nos persigan porque será responsabilidad de ellos el que el rey, su dama y su hijo vivan o no vivan. Uno de los míos te vigilará, señora, no intentes ningún truco, aunque estás bien atada. Al menor grito te amordazaremos.

 

Me dejaron en una habitación pequeña, apenas podía moverme y eso es como que afectaba más mi dolor en la nuca. La cabeza me seguía latiendo pac, pac, pac, pac, era insoportable. Traté de serenarme, traté de pensar. ¿Pero cómo voy a idear una estrategia, atada? Encima, no sabía cómo estaban afuera los que peleaban contra Zizer. ¡Ay!

Y pasaba esto. ¡Cómo no lo hemos previsto, cómo no lo hemos previsto! ¡Cómo Aranet se confió tanto, cómo Aranet se confió tanto! No me acuerdo del nombre del líder de los bárbaros pero sé que Orlok no era, el otro debe estar en la isla, en la isla Baglis. ¡Ah!

En ese momento sentí un ruido, el guardia se dio vuelta. Miré, era la niña Ciruela.

-Oh, pequeña, sé que eres muy pequeña pero quizá, quizá puedas darme una pequeña satisfacción también. -Esta vez no tuve ningún temor por la niña, sabía quién era Ciruela.

 

El soldado se acercó a la niña. Le decía soldado porque había robado un uniforme de un soldado de verdad -pero no disimulaba su rostro de bárbaro y su pensamiento de bárbaro-, pero no sabía que la niña no era una niña común y corriente.

Solamente lo miró Ciruela y él empezó a tener como espasmos, espasmos, su cara se puso roja, su cuerpo se puso rojo, se retorció, fue contra un rincón de la habitación y empezó como a quemarse, como a arder por dentro, se fue retorciendo en agonía, en agonía, en agonía hasta que quedó sin vida.

La niña se acercó y me abrazó.

-¿Estás bien? -asentí con la cabeza.

-Desátame, por favor, le tenemos que avisar a Émeris ya. -Me desató, vi lo que quedaba del soldado y sentí como una impresión, una tremenda impresión. La miré a la niña y es como que mi piel se erizó, no llegaba a digerir lo peligrosa que era Ciruela. De todos modos la abracé, la besé y le dije:

-Gracias, pienso que me has salvado la vida.

 

Se escuchaba griterío, golpes de espada, aparentemente los soldados se estaban resistiendo y los bárbaros atacaban.

Salimos corriendo por el pasillo. Se acercaron tres, cuatro bárbaros. Ciruela por un lado con su mirada incendiaria -por así llamarlo-, y yo por el otro, con mis descargas eléctricas, dimos cuenta de los bárbaros disfrazados de soldados. Pero no podían disimular su rostro barbudo, sucio, desaliñado, los soldados cabello corto, bien afeitados. Por más que se vistieran con uniforme era fácil reconocer a los bárbaros.

En ese momento me caí de rodillas.

-¿Qué te pasa? -me preguntó la niña.

-Un dolor tremendo en todas las articulaciones, hasta en las rodillas, pero tenemos que seguir. -Me incorporé como pude. No podía más.

 

Llegamos hasta el salón principal buscando a Émeris, no estaba. Fuimos para la cocina, la puerta estaba cerrada, lancé unas descargas eléctricas pero no había caso.

Nos dimos vuelta y había un uniformado.

Le hice un gesto de alto a Ciruela:

-Es un soldado, un soldado de los nuestros. Abre, por favor, aquí. -No sabía cómo saltar las cadenas y pegó un puntapié a la puerta. Otro puntapié: el marco era débil y cedió la puerta, terminó abriéndose y adentro estaba aterrorizada Ervina, y había otra mujer que sería una cocinera.

-Querida Núria, no sabes lo que he escuchado.

-Sí, hay un motín, una rebelión. Hay que buscar a Émeris, somos los únicos que podemos parar esto.

 

Vimos una fila de bárbaros caídos o sin vida o desmayados, y del otro lado Émeris. Intercambiamos información; Émeris comentó que había dejado por lo menos a veinte bárbaros desmayados o muertos. Fuimos corriendo hasta el patio de armas, había muchos soldados heridos, otros muertos. Fuimos corriendo al salón principal.

-Vamos a los aposentos -le dije a Émeris. Subimos corriendo las escaleras, el aposento de la dama Marya vacío, ni ella ni el bebé. Tampoco el rey.

Le pregunte a Émeris:

-¿El príncipe Gualterio fue con los que hacían la emboscada o quedó aquí?

-Creo que quedó aquí, pero tampoco lo veo por ningún lado. Ni a él ni a su novia. -Le comenté lo que había dicho Orlok, que se iban a llevar de rehén al rey, a la dama y al bebé. -Émeris palideció. Agregué-: -Y si los seguían los iban a matar.

Émeris me miró. La miró a Ciruela y le dijo:

-Sé el poder que tienes, creo que se han ido todos los bárbaros, se han llevado metales dorados en distintas alforjas, saquearon todo, hasta las arcas. Por suerte no se han metido con los feriantes feudales, pero han dejado prácticamente el castillo indefenso. Sería oportuno que te quedes aquí, pequeña  -le dijo a Ciruela-, y si ves algo que no te gusta ya sabes que hacer, en estos casos se trata de sobrevivir. -Asentí con la cabeza, estaba de acuerdo. En ese momento me tuve que sentar en un banco. Émeris me tomó de la cara-: ¿Qué te sucede, Núria?

-Me golpearon dos veces en la cabeza, se acrecentaron mis dolores físicos. Honestamente, no me encuentro bien, pero mi idea es coger un par de equinos y seguir el rastro de los bárbaros.

 

Los soldados se habían defendido bien. Había varios bárbaros muertos en el patio de armas, no muchos, veinte, veinticinco, el resto se había marchado. Más los que habíamos dejado fuera de combate nosotros.

Hablamos con los soldados sobrevivientes y les dijimos:

-Revisad los cuerpos de los bárbaros, los que estén con vida atadlos, serán juzgados. No los matéis, atadlos y encerradlos. -Obedecieron, sabían que yo era la exmujer de Ligor y que Émeris era la esposa de Fondalar. Nos hicieron caso.

Émeris me dijo:

-Pensábamos que la dama Mina iba a un tremendo riesgo por seguir a Burden, a Fondalar, pero no sé lo que hubiera pasado si hubiera estado aquí, porque fue todo tan de improviso. -Me incorporé como pude-. Vamos a la cuadra, busquemos un par de hoyumans. -La miré a Ciruela-: Confiamos en ti. No podemos hacer otra cosa. Tenemos que buscar al rey, a la dama y al bebé. Tampoco sabemos del príncipe.

 

Monté como pude, me ayudó Émeris. Y marchamos por la puerta principal hacia el sur.

 

Gracias por escucharme.