Índice

Psicoauditación - Adriana

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Página anterior

Sesión del 25/10/2018

Sesión del 09/01/2019

 


Sesión 25/10/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Era dama de compañía y vivía resignada a la soledad por tener voto de castidad. Se ilusionó con un guerrero que también tenía el poder del rayo, pero ella estaba prisionera de aquella ley. Quedó con engramas.

Sesión en MP3 (3.745 KB)

 

Entidad: Tenía como una doble percepción, por un lado la satisfacción que logramos de alguna manera frenar todo este caos, pero por el otro me sentía muy triste, cientos y cientos de muertos por una persona que se encaprichó en conquistar una región no entendiendo que el mismo poder te limita, porque no se trata de abarcar, se trata justamente de lo opuesto, de abarcase uno mismo, que es el verdadero amor.

 

Me quedé como maravillada de ver a Émeris con ese... ese tremendo don. Me sentía muy a gusto con ella conversando. Cuando terminó la batalla nos abrazamos, estábamos como tan nerviosas que nos pusimos a hablar de nuestros dones. Le expliqué que yo de pequeña tenía el don del rayo. Me contó que tenían una especie de escuela para niños con dones mentales así como este joven Ezeven y la niñita Ciruela, que tenía otro tipo de don y lo tiene que educar, ¿no?

Y vi que a lo lejos llegaban dos personas. Vi que a Émeris le brillaban los ojos, me di cuenta que era su esposo del que tanto habían hablado, Fondalar. Se acercó a Émeris, la abrazó y la besó. Se abrazó con Ligor también, muchos lo conocían. Hasta que me miró.

-¿Te acuerdas de mí?

-Sí, cómo olvidar. Tú, junto con Ligor y con Jonus ayudaron a rescatar a mi princesa, que después fue reina Samia, que ahora está con aquel que está más allá de las estrellas.

-Nos ayudó Borius.

-¡El que raptó a mi princesa!

-Tuve el impulso de causarle daño pero entré en razón, había mucho por hacer. Aranet y Ligor les dieron orden a los soldados que entierren a los muertos. En un principio se negaron a enterrar a los enemigos pero no iban a desobedecer a Aranet y a Ligor y los enterraron a todos.

 

Nosotros nos sentamos todos a comer algo. Aranet se dirigió a Donk, que estaba con Fondalar:

-¿Qué ha pasado? -Nos contó que una joven que había sido prometida -en realidad esposa- de Aranet había estado en peligro por unos seres muy difíciles de vencer, que incluso mi propio esposo no pudo. Tuvo que utilizar el rayo para vencerlo.

Aranet se dirigió a Fondalar:

-Mina fue al palacio de sus padres.

 

Le contó que estaba cuidando a un joven muy mal herido pero que mediante un polvo cicatrizante Fondalar lo había mejorado bastante. Miré disimuladamente la cara de Aranet y entiendo que por dentro algo le molestaba, él seguía amando a la que había sido su paraje pero aparentemente ella se estaba fijando en ese joven.

Me gustó cuando se pusieron a hablar Fondalar y Émeris, qué mejor que ayudar a jóvenes, niños, niñas con distintos dones para que los sepan utilizar sin sobrepasarse para bien, con amor, defendiendo al débil. En los últimos tiempos se anotó tanta gente con dones que el lugar les quedaba pequeño.

Ligor le dijo:

-Tienes la fortaleza de Villa Real.

Fondalar y Émeris miraron:

-¿Y los soldados?

-Les vamos a dar la opción -dijo Aranet-, de que se unan a nosotros. No vamos a tomar medidas contra los otros reinos. Que estén en paz.

Émeris y Fondalar se miraron:

-Sería muy bueno poder utilizar Villa Real como una enorme escuela para que los que tienen poderes mentales o similares, se críen en el amor, crezcan en armonía entendiendo de que no siempre la justicia es buena porque a veces para ser justo tienes que terminar con un mal. O sea, hipotéticamente estás cometiendo un acto hostil pero es para evitar males mayores.

Ezeven se dirigió a Fondalar, le pidió que le explique lo de la Escuela Fondalar. Le dice:

-¿Tú qué dones tienes?

-Soy un mento. Mis padres eran mentos pero aparte, por alguna alteración interna, tengo más poderes: puedo levitar, puedo lanzar rocas, al igual que esta niña Ciruela puede intencionar con su mente y hacer que una persona se prenda fuego.

-Les voy a enseñar algo -dijo Fondalar-. Mi amor... -Ciruela lo miró:

-Sí.

-¿Te animas a lanzarme llamas?

-Yo no lanzo llamas, yo cuando me molesto es como que sale instintivamente de mí.

-Bueno, te voy a enseñar a que lo puedas hacer sin molestarte, que lo puedas manejar con tu mente, con tu corazón.

 

Hablaron bastante tiempo mientras nosotros terminábamos de comer. Finalmente Fondalar le dice a la niña:

-Prueba de lanzarme ese fuego o de que yo me consuma por dentro.

-No, no quiero hacer daño.

-No me vas a hacer daño.

-¿Vas a hacer como Ezeven?

-¿Qué hizo Ezeven?

-Se puso como una especie de protección invisible para que el fuego mío no le llegue.

-Algo así pero distinto.

-¿De verdad puedo hacerlo? -La miró a Émeris y Émeris asintió con la cabeza.

La niña entonces intencionó, se vio como un resplandor que rodeaba a Fondalar, pero no le llegaba-. ¿Cómo has hecho? ¿Te has blindado, como Ezeven?

-No, directamente neutralicé eso instintivo que tienes. Te puedo enseñar un montón de cosas. ¡Tú!

-Qué.

-Extiende tu mano. -Extendí las manos.

-Toma la mía, cualquiera de las dos. -Le tomé su derecha con mi derecha. Lánzame un rayo.

-¡No!

-Lánzame un rayo. -Intencioné.

-¿Qué pasó?: No, no salió nada.

-Porque mentalmente te lo corté.

Ezeven estaba asombrado:

-¿Se puede hacer eso?

-Lo has visto. Trata de levitar. -A Ezeven.

-¡No puedo!

-Trata de lanzar una pequeña roca.

-¡No puedo! ¡Qué has hecho!

-Te corté mentalmente. Te voy a enseñar cómo contrarrestar eso por si el día de mañana te topas con un mento muy negativo, para que no te derrote. Puedes contra restar esa fuerza practicando mentalmente.

Ezeven le dijo a Aranet y a Ligor:

-Mi camino, como un raro personaje de teatro, ha terminado. ¿Puedo ir a vuestra escuela?

-Claro que puedes.

-¿Cuántos metales se cobran?

-¿Metales? No, no se cobra nada. De todas maneras hay que trabajar, hay que cosechar, hay que construir. Por ejemplo, si nos quedamos en esa fortaleza hay mucho que modificar. Yo en treinta amaneceres volveré con todos los alumnos y alumnas.

 

Y miré a la niña, que se abrazó a Émeris:

-Yo quiero también estar con ustedes en la escuela.

 -Aranet dijo:

-Pero niña, te esperan en el castillo de Anán, tú estabas con la joven Marya.

-Yo quiero ir a la escuela, quiero que me enseñen a usar las cosas mejor y a no enojarme tanto, porque voy a crecer y no quiero ser un peligro. -Fondalar la levantó y la abrazó y la cubrió de besos.

-¡Ay, Ligor! -exclamé-, la tropa tiene mucho por hacer pero nuestro trabajo ha terminado. ¿Podemos volver a hacer una vida normal?

-Vuelve tú, yo no he terminado aquí.

-¿Cómo no has terminado?

-No, hay dos alimañas que se han escapado, Andahazi y Randora, y esto no va a terminar hasta que no acabemos con ellos. ¿Tú qué dices Aranet?

Aranet se encogió de hombros y dijo:

-Estoy cansado. No físicamente, estoy cansado de tanta muerte. Quiero volver, quiero volver a mi isla con los bárbaros. No, no quiero más lucha. Quedaron dos, ¿qué pueden hacer? No, me vuelvo, me vuelvo a la isla Baglis.

-¿Ves?, Aranet se vuelve. ¡Vamos a casa! Émeris y Fondalar ya encontraron un nuevo hogar que lo van a utilizar como escuela. Vamos a casa nosotros. Éramos felices estábamos bien.

-No, no, mujer.

-¡Mujer! Me decías mi amor, ahora me dices mujer. ¿A dónde los vas a encontrar? Qué sabes para adonde fueron. Vamos.

-Los buscaré con los dracons, todavía están conmigo los hombres alados.

-¿Y yo qué hago?

-¿Y tú qué haces? Sólo piensas en ti: "¡Y yo qué hago y qué hago yo!". ¿A quién vencimos?: El principal se escapó con su cómplice. ¿A quién derrotamos?: A nadie.

-Estás muy nervioso, estás muy reactivo. No eres así. ¿Qué pasó?

-Aranet, dile.

-Él es grande, yo no puedo decidir por él. Yo ya dije que me vuelvo.

-Y tú, Donk, ¿qué vas a hacer?

-No sé. Primero volveré para el castillo de Anán y después veré. No sé cuál es mi horizonte todavía. -Ezeven y Ciruela se quedaban con Fondalar y Émeris.

-No puedes hacerme esto, Ligor.

-¿Hacerte? Sólo piensas en ti.

-¿Yo pienso en mí, yo pienso en mí? Estás desvariando, no te conozco. ¿A dónde vas a buscar? Te consume esa sed de venganza, por dentro te quema, te quema más de lo que te quemaría Ciruela. Vamos a casa.

-No, mujer.

-¡Ah! Está bien -suspiré-. Supongamos que yo me voy para casa, ¿cuándo calculas que vendrías?

-No sé, hasta que los encuentre. Siete amaneceres, diez amaneceres... Pueden ser mil amaneceres, mujer.

-¿Me estás condenando a que me quede sola? ¿Cómo sé si vas a estar bien? Y yo en casa encerrada.

-Mujer, ¿ves que piensas en ti?

-¡No pienso en mí! A ver, pienso en mí; cuando Samia vivía yo le hice una promesa siendo su doncella, nunca estaría con ningún hombre. Tuve que esperar a que ella muriera para estar contigo, y ahora...

-¿Y ahora qué? ¿Quieres romper esa promesa?, rómpela.

-¿Por qué me insultas? Por qué me insultas... ¿Por quién me tomas?

 

Por un momento me sentí mal porque estaban todos: Aranet, Ezeven, Donk, Fondalar, Émeris. No es que nos miraran, no es que estuvieran pendientes de nuestra conversación pero escuchaban, escuchaban...

 

-¿Por quién me tomas? ¿Qué significa "Si quieres rompe la promesa", que no te esperaré?, ¿qué voy a encontrar otro hombre? ¿Sabes cuántos miles de amaneceres estuve en una alcoba por una promesa y ahora me condenas a eso?

-Mujer, estás haciendo rol de víctima. -Estuve unos segundos callada porque si no guardaba silencio hubiera dicho algo inconveniente.

-No estoy haciendo rol de víctima, simplemente estoy exponiendo los hechos.

-Mujer, ¿quieres decir que te equivocaste al elegirme?

-No, no, no me equivoqué, sé que tú tuviste tus historias pero no me equivoqué. Me amabas, yo te amo, pero estoy dudando en este momento de tu amor, tu sed de venganza puede más.

-No, no sería justo que los deje ir.

-Los derrotamos, quedaron dos.

-Dos que causaron todas estas muertes -dijo Ligor.

Lo miré a Ezeven. Ezeven habló:

-Yo me quedo con Fondalar. Ya se lo dije, yo no quiero más violencia. -Donk lo mismo. Aranet volvía para Baglis.

-¿Entonces te vas?

-Me voy mujer. Voy a estar bien cuando los vea muertos a los dos.

Recurrí al que me parecía el más sabio:

-Fondalar, ¿qué dices al respecto?

-Mira Núria, es muy difícil. Cuando la mente está alborotada es muy difícil razonar. -Me sorprendió que Ligor se enojara con Fondalar.

-¿Estás diciendo, hombre, que yo no razono?

-Ligor, Ligor, tranquilo, estás muy excitado. Es verdad, en este caso pienso que Núria tiene razón.

-¡Ja, ja, ja! Así que todos se complotan contra mí. De ti no lo esperaba, Fondalar. -No sé qué pasaría por la mente de Ligor en ese momento, si tenía el impulso de atacar a Fondalar, Fondalar lo vencería enseguida con su poder mental. Le hizo una seña a sus hombres alados y remontó vuelo con los dracons, ni siquiera se despidió de mí.

 

Me sentía rara. Estaba como enfermo Ligor, algo le había hecho mal en su mente: las muertes, la batalla. Pero él era un hombre que había llegado al otro continente, nadie lo había logrado. Llegó hasta los apartados, en el sur... ¿Cómo esto le afectó tanto?

 

Émeris le dijo a Ezeven:

-Tú tienes una fuerza interior tremenda, quedarás a cargo de Villa Real hasta que volvamos. Mi esposo Fondalar va a ir a buscar a los chicos y los jóvenes para traerlos aquí, y yo acompañaré hasta su casa a Núria.

-No, no hace falta.

-Necesitas una compañía un tiempo. -Lo miré a Fondalar y Fondalar asintió. Era increíble lo bien que se llevaban ellos.

 

Y yo me sentí tan mal porque yo con Ligor me llevaba muy bien. No era el Ligor que yo conocía.

Me despedí de todos y me abracé con la niña:

-Espero volver a verte.

La niña me respondió de una forma muy inteligente:

-Lo harás, cuando vengas aquí.

La miré a Émeris.

-¿Qué quiso decir la niña?

-Bueno, tú tienes el poder del rayo, puedes venir aquí a trabajarlo. Y no estarás sola.

-No lo había pensado, de todas maneras tengo un montón de recuerdo y cosas en mi hogar, ropa...

-Bueno, si quieres te acompaño y volvemos juntas. Y te quedas aquí. Aquí eres no sólo bienvenida sino bien amada por todos nosotros.

-Es recíproco. Yo los amo a ustedes.

 

Pero me caían lágrimas porque no esperaba lo de Ligor. Honestamente, no lo esperaba.

 

Gracias por escuchar.

 


Sesión 09/01/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Por una promesa, por un voto que hizo se le pasó media vida sin poder estar con su amado. Cuando fue liberada los tiempos ya eran otros y las personas habían cambiado. Albergaba un gran rencor a todo.

Sesión en MP3 (1.705 KB)