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Psicoauditación - Adriana

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión del 07/03/2020

 


Sesión 07/03/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Adriana

Los bárbaros se habían llevado al rey, dama Marya y al bebé. ¿Pero qué podían hacer ellas dos? Decidieron ir tras ellos, ya se les ocurriría qué hacer.

 

Sesión en MP3 (3.105 KB)

 

Entidad: Me sentía bastante molesta, por un lado insegura también. Me parece que lo que estábamos haciendo era una odisea que no nos iba a llevar a ningún lado.

 

Émeris me daba ánimos, me decía:

-Núria, no es así, no se trata de enfrentarlos abiertamente.

Le respondía:

-Entiendo, pero pasa por... pasa por otro lado mi inquietud. Primero, obvio que no podemos enfrentarlos; quizá tú no tengas el don que tiene Zizer tan extremadamente alto pero eres también una menta, podrías de alguna manera doblegarlos. Mi temor -con todo cariño, Émeris, por el rey Anán y por la dama Marya-, mi temor es el bebé, que no le pase nada. Son bárbaros, son salvajes. Y si le llegara a pasar algo al bebé aunque sea por accidente... Yo creo que Aranet... yo creo que directamente los mata a todos. Por lo menos todos los que conspiraron con Orlok.

 

Descansamos en medio de un bosque. Al amanecer le dije a Émeris:

-Estamos yendo para el sur, tendríamos que ir para el este. Ya prácticamente pasamos la latitud de la isla Baglis.

Émeris me respondió:

-Aún estás como aturdida, es como que no estás pensando bien.

-No entiendo.

-Claro, tú piensas que todos los bárbaros son iguales, como que los puedes comprar con metales. Y hay dos cosas por las que no: una, ¿te piensas que Orlok va a ir a la isla?, los bárbaros que están ahí son totalmente leales a Aranet y seguramente los van a combatir, no se van a aliar con ellos. Ahora, Núria, supongamos que la codicia de los que están en la isla es mayor que su lealtad y Orlok los comprara. Y aquí viene la segunda parte: la codicia de Orlok es mayor; pudiendo quedarse ellos con el botín, ¿por qué lo van a compartir con los otros, con los otros bárbaros? No, van para el sur. Ellos saben que para el norte hay una batalla. Ellos se van lejos del conflicto.

Yo pensaba. Y le dije a Émeris:

-Cuanto más tardemos en encontrarlos y ellos se sientan bastante seguros ha pasado casi un amanecer. Yo no sé buscar huellas, ¿tú?

-Tampoco.

-Estamos yendo por intuición, por instinto pero yo sé, porque conozco... conozco por dentro como es un bárbaro, un bárbaro de estos retorcidos que por dentro tienen una suciedad del alma. Cuando se sientan seguros que ya crean que nadie los va a alcanzar se van a deshacer del rey, de la dama y del bebé. También puede pasar que a la dama la ultrajen entre todos y la maten después o que muera durante el ultraje y al bebé quizá no lo maten quizá lo críen como un bárbaro. Pero me da... me da como una sensación de dolor interno, me vuelve a doler el cuerpo como me dolía en el castillo. Me parece que es injusta la vida, me parece que es injusto todo esto. ¿Por qué la gente reacciona así, por que quiere más y más y más?

Émeris me miró y me dijo:

-Me voy a tomar el atrevimiento de usar mi don para contigo.

-No ¿Para hacer qué?

-Núria, ¿piensas que te voy a manipular? No. Te voy a mandar mentalmente armonía para que te clames.

-Es que quiero estar alerta, tal vez eso me haga como una especie de soporífero, no quiero.

-No, Núria, no, la armonía te va a dar calma pero vas a seguir estando alerta.

-¿Y cuándo lo vas a hacer, sentiré algo por dentro, sentiré... no sé, alguna sensación?

-Ya lo hice.

-¿Cómo? No sentí nada, tengo como una angustia en la garganta todavía. ¿Hace efecto eso?

-¿Cómo te sientes?

-Me duele la garganta, me duele al tragar, me duele un poquito el pecho pero... Pero no..., es como que me cuesta un poquito respirar. Pero de a poco..., me cuesta hablar...

-Espera. -Émeris me hizo hacer silencio. Respiraba por la nariz estando más calmada.

 

Frenamos los equinos. Le hago señas con la mano a Émeris como preguntándole qué pasa. Émeris se toca los oídos y señala para adelante y me hace un gesto con la boca, como que hay gente que está hablando, y me hace gestos de desmontar.

Atamos los hoyumans a un par de árboles. Se agacha y me señala una rama, le hago un gesto como que no entiendo, se toca el pie como tratando de pisar la rama y que al quebrarla va a hacer ruido, todo eso por señas. Entendí. Entonces vamos a avanzar muy despacio por dentro del bosque saliendo del camino, tratando de no pisar ramas, evitando todo tipo de ruido.

Los equinos quedaron atrás, ya estaba atardeciendo y a lo lejos se ve una fogata, me impresioné, me empezó a coger taquicardia. Le hago señas a Émeris me toco el pecho y abro y cierro la mano como mostrándole que mi corazón latía más fuerte. Me hace un gesto de tranquilidad, de tranquilidad de avanzar un poco más.

Divisaba muchos bárbaros armados, pero con una ventaja a favor nuestro, en sus cantimploras llevaban bebida alcohólica y tomaban y tomaban y cantaban. Eran básicos, totalmente básicos. No había vigías, no había nadie apostado, porque lo correcto era que hubiera por lo menos alguno de los bárbaros fuera del cántico del alcohol, vigilando. No, eran tan básicos que todos cantaban y tomaban.

 

Y ahí sí, a un costado estaba la dama Marya con el bebé arropado, y al lado Anán. Anán atado con las manos en la espalda no podía hacer nada. Aparte, él solo, aunque se hubiera liberado y hubiera estado con una espada, ¿qué podía matar uno, dos, tres bárbaros? Lo mataban al instante o directamente hubieran cogido a Marya, le ponían un puñal a la garganta y Anán hubiera tenido que soltar su espada y después lo hubieran ejecutado igual.

La miro a Émeris y le hago con las manos el lenguaje de señas: "¿Qué hacemos?". Me dijo que espere.

Estábamos más o menos a cincuenta líneas. A cuarenta líneas no nos podíamos acercar más porque estábamos ya en el límite de los árboles. Si salíamos del bosque nos veían. Le hice de vuelta el lenguaje de señas, tocándole la frente con dos de mis dedos, que la distancia era muy grande para que ella llegue con su influjo mental. Me hizo de vuelta con sus dos manos calma. Se cruzó de brazos Émeris, se concentró.

 

Veía que seguían cantando. No pasaba nada, seguían tomando. Algunos tomaban tanto, les hacía tanto efecto el alcohol que se apoyaban en el hombro del compañero y quedaban como dormidos. Yo le hacía señas con mi mano como diciendo "Están tomando mucho". Me decía "No". Y me hacía un gesto con las dos manos pegadas, como de almohada, tocándose su mente.

 

Primero no le entendí. Claro, no les estaba infundiendo terror como hubiera hecho Fondalar, les estaba influenciando sueño, mucho sueño. ¡Ah! Me quedé tranquila. Además, los demás bárbaros miraban a los que se dormían, pegaban una carcajada y seguían tomando. Seguramente a los que se dormían los veían como débiles, como flojos, como que no servían para nada. Ellos eran los machos, los que tomaban más, los que asolaban aldeas y vejaban mujeres, los ganadores, los mejores. Una escoria, eso es lo que eran.

 

Pero mi temor era que cuando la mitad de toda la tropa de bárbaros estuviera dormida empezara el resto a sospechar que había algo más que la bebida que los hacía dormir, porque si bien eran brutos -bruto no significa tonto-, en algunas cosas eran listos.

No lo reconocí a Orlok, de treinta y cinco, cuarenta líneas no lo podía reconocer, pero cuando más de la mitad se quedó dormida uno de ellos levantó la mano y dijo -porque intuí eso-, "No tomen más", porque todos dejaron de beber. Y había un par que sin beber se durmió también, pero no sospecharon que hubiera nadie.

Uno de ellos, que llevaba la voz cantante, que parecía Orlok, olfateó su cantimplora, bebió otro poco y escupió el líquido. Y hablaba con los otros con gentos ampulosos, como diciendo "La bebida tiene algo". Los otros hicieron un gesto como diciendo "No, no puede ser". Es como que estábamos interpretando el lenguaje de señas.

La miré a Émeris y seguía enviando influjos de sueño, de cansancio, de sueño.

 

Émeris era casi tan fuerte como Fondalar, pero el influjo de sueño mental no es algo que uno pueda dirigir. Vi que la dama Marya se recostó contra Anán y cayó dormida. Y eso fue un problema porque quedaban pocos despiertos, cerca de dos docenas, por lo menos veinte y algo de hombres quedaban despiertos. Y señalaron a Marya. Hablaron con Anán. Anán se encogió de hombros y le dieron una bofetada que lo hicieron caer de espaldas. Sabían que Marya no había bebido y sin embargo estaba dormida. Estuve a punto de levantarme correr hacia los que quedaban y lanzarles descargas con mis manos.

Me tomó de la mano, me cogió del hombro Émeris, me dijo que espere. Su rostro era como que estuviera haciendo una fuerza tremenda, como levantando peso. Era tanto el influjo mental que estaba casi agotada.

Quedarían quince despiertos. Me miró y me dijo: "Un dedo, dos dedos, tres dedos y vamos". Me dijo que espere y me dijo: "Ahora". Levantó un dedo, levantó el segundo, levantó el tercero y salimos a la carrera. Estaban tan ocupados en saber qué estaba pasando que recién nos vieron cuando estábamos a diez pasos, y ahí la mente de Émeris era mucho más potente a ocho líneas de distancia, y a cuatro líneas ya alcanzaba con las descargas. No les dimos tiempo a nada, los que no se durmieron cayeron bajo mis descargas eléctricas. Me sentía tan aliviada pero a su vez... ¿Habéis visto cuando uno se siente como... como que lo logramos.

-Gracias. Émeris, gracias.

 

Pero me desahogué. Me puse a llorar, a llorar con toda la fuerza. Y estaba irracional porque empecé a golpear los rostros de los bárbaros que estaban dormidos. -Émeris me abrazó.

-Ahora podré hablar.

-No, no, Anán está despierto. Yo me ocuparé de Marya y del bebé. Desata al rey. -Fui, lo desaté al rey.

-¿Estás bien?

-Estoy algo maltrecho ¿Qué pasó?

-Émeris. Estábamos detrás de los árboles, los fue durmiendo a casi todos.

-No me hubiera imaginado que nos hubieran alcanzado. ¿Nos siguieron el rastro?

-No, honestamente, no. No sé si fue intuición o qué. Voy a coger una espada y los voy a degollar uno por uno. -Anán me cogió la mano.

-No, no, no, no, no.

-No hay lianas para atarlos a todos, ¿qué vamos a hacer? -Se habían recobrado bien, Marya y el bebé, llorando. Lo miré al bebé, estaba bien, una belleza de niño.

-Émeris, ¿qué hacemos con los bárbaros? En cualquier momento se despiertan.

-No son inocentes -me dijo Émeris-, pero matarlos estando dormidos no; no es un acto loable.

Yo seguí irracional porque le dije:

-El mundo no va a perder nada. -Me tomó del mentón:

-Núria no, Núria no. Espantemos los hoyumans, cogemos un par de hoyumans más y volvemos para el castillo.

Anán dijo:

-Émeris tiene razón.

-¿Y los vamos a dejar así más bien? ¿Y si nos siguen?

-Van a tardar en despertarse.

 

No cogí ningún arma, pero lo vi a Orlok y algunos de los que estaban dormidos y les lancé rayos aún estando dormidos, su cuerpo se estremeció.

Ya está, ya está -me dijo Émeris. Montamos.

-¿Puedes ir bien en el equino? -le preguntó Émeris a Marya-, ¿la rienda con una mano y el bebé?

-Así nos llevaron también. Puedo perfectamente -dijo Marya.

 

Y volvimos para el castillo. Yo miraba hacia atrás, que aquel que está más allá de las estrellas me disculpe, pero yo o voy a ser hipócrita, yo los hubiera degollado a todos.

 

Gracias por escucharme.