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Psicoauditación - Brenda

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 25/09/2018

Sesión 26/09/2018

Sesión 08/10/2018

Sesión 09/11/2018

 


Sesión 25/09/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda

 

La entidad comparte sus pensamientos de cuando estuvo en Umbro. Jugaron mucho el sentido de pertenencia y el apego por las personas.

 

Sesión en MP3 (1.316 KB)

 

Entidad: Me ha pasado muchísimas veces que no terminaba de encontrar mi lugar de pertenencia. O quizá no sé explicarme bien. Para la gran mayoría un lugar de pertenencia es un hogar, una familia, seres queridos. Para otros un lugar de pertenencia es una querencia o la costumbre de estar en determinado lugar y acostumbrarse a él. No dije adaptarse, dije acostumbrarse.

 

Para mí era sentirme cómoda. Lo cual era un contrasentido porque he tenido muchos lugares donde he vivido, muchísima gente que he conocido. Como Kena he nacido en la región de los Apartados, pero mi crianza, mi formación por así llamarla fue en la región de las Amazonas con una líder muy cruel. Digamos que mi infancia y parte de mi juventud fue ingrata. Y no me acostumbré, es decir, nunca lo tomé como lo normal, eso sería acostumbrarme, sino que me adapté. Para sobrevivir, un cervatillo del bosque se pude acostumbrar, se domestica. Un guilmo, un lobo de las montañas no se acostumbran, se adaptan y yo era como un guilmo, como un lobo de las montañas, me adaptaba para sobrevivir. Pero tampoco podría decir que con las Amazonas tuve un lugar de pertenencia.

 

Creía en la igualdad de la mujer y del varón. En un mundo como Umbro, un mundo salvaje, generalmente la mayoría de las mujeres eran tratadas como personas de segunda categoría, y no me da vergüenza decirlo puesto que con las Amazonas el hombre era un ser de segunda categoría.

Vosotros tenéis un refrán "No hay mal que por bien no venga". No sé hasta qué punto estoy de acuerdo con ese refrán. La líder que me maltrataba me enseñó el arte de la espada, cómo lanzar flechas montada en hoyuman, pero ¿a costa de qué?, de sufrimiento, de desamor... Hasta que hubo una nueva líder, Azara, mucho más accesible. Pero yo quería conocer mundo y pactamos que me fuera.

 

He conocido gente, el presuntuoso Ligor... Pero no tenía apego por las personas. con Ligor tuve un dejo de pasión y luego me marché, no éramos compatibles de carácter.

Y con Jonus inicié una relación. Jonus estaba considerado el mejor de todo el mundo en el arte de la espada y aprendí muchísimo con él. Yo me creía muy buena pero Jonus me demostró que no lo era. ¿Qué puedo decir de Jonus?, las comparaciones son odiosas, si lo comparo con Ligor, más callado, escueto en su manera de hablar, de demostrar, no frío pero si medido. ¿Si intimé con él? Por supuesto, claro; ¿por qué habría de negarlo? ¿Si era apasionado? No, era tan medido íntimamente como en su manera de hablar. ¿Por qué seguía con él? Primero porque era leal; me molestaba estar con un hombre que mirara otra mujer mientras estaba conmigo. Jonus no lo hacía y de alguna manera le sacaba provecho a la relación porque así todos los amaneceres practicábamos, al punto tal de que luego de mil amaneceres estaba casi a su altura en el arte de la espada. Alguna vez lo he llegado a tocar de plano en las costillas, que si lo hubiera tocado de filo lo hubiera herido. ¿Si se sorprendió? No.

Le pregunté:

-¿Por qué no te has sorprendido?

-Porque te he enseñado yo.

 

Pero no me molestó su respuesta porque no lo dijo de una manera pedante, como si lo hubiera dicho Ligor, lo dijo como si yo le hubiera preguntado "-¿Por qué la bebida está caliente? -Sí, porque tu taza metálica estuvo expuesta al sol". O sea que la respuesta fue de una forma natural espontánea, no hubo atisbo de ego ni nada por el estilo.

Y una vez que aprendí es como que decidí separarme.

¿Si le molestó? No, no le molestó. Me dijo incluso:

-Kena, me imaginé que algún día te ibas a apartar de mí.

-¿Te sentirás bien? -le pregunté.

-Sí -me dijo-, pero reconozco que tengo por ti un aprecio muy grande.

Lo abracé y le dije:

-Yo también por ti, de verdad que te aprecio enormemente.

 

¿Entendéis que ninguno de los dos habló de amor a pesar de haber estado mil amaneceres juntos? Y me di cuenta que en realidad no había tenido apego amoroso por ninguna persona. Afecto, cariño por Jonus, un rapto de pasión por Ligor que a veces me sacaba de las casillas, tenía el poder de hacerme enojar...

Y eso es otra de las cosas que aprendí con Jonus, a templarme, a modificar mi carácter, a no ser tan impulsiva, a medirme.

 

 


Sesión 26/09/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda

 

Por el camino, tratando de encontrarse a sí misma, coincidió con quienes se encontraría bien, disfrutaría su manera de ser. Pero también había maleantes.

 

Sesión en MP3 (3.447 KB)

 

Entidad: ¡Je, je! A veces pienso que en cada encarnación tenemos determinado rol, determinada manera de ser. Es verdad, pero es como que en mi rol de Kena, en Umbro, juntaba varios roles: rol de luchadora, rol pasiva cuando debería serlo, rol activa cuando se precisaba, y eso para mí era importante.

 

Honestamente, le agradecía a Jonus el haberme enseñado a modificar el arte de la espada, tener mayores reflejos, la mente en un estadío superior al de alerta todavía. Si antes de conocer a Jonus yo pensaba que podía vencer a la mejor de las amazonas, a Azara, ahora estaba convencida de que me resultaría mucho más fácil derrotarla al punto tal de que había podido tocar con mi espada, traspasando la defensa de Jonus, el mejor espadachín de todo Umbro.

 

Reitero lo que dije antes. Después de mil amaneceres decidimos apartarnos uno del otro. Él sentía por mi afecto, yo sentía por el cariño, ninguno de los dos habló de amor. De alguna manera eso me hizo sentir bien porque si él hubiera estado enamorado de mí me hubiera creado como un complejo de culpa, pero él era así, no era demostrativo y era escueto, escueto tanto en sus palabras como en su intimidad. ¿Si había obtenido satisfacción con su cercanía? Sí, pero no me movilizaba por dentro, no me movilizaba. Era lo opuesto a Ligor, Ligor era una persona con la que en su momento sentí una tremenda pasión, pero vosotros tenéis un refrán "Muerto el perro se acabo la rabia", y eso es lo que pasaba con Ligor, una vez satisfecha mi pasión no había algo interno que me hubiera unido a él. Además, él siempre pensaba en un amor que no sabía si iba a poder consumar en algún momento, una tal Nuria.

 

Reconozco que me costó seguir sola. Por un lado me sentía cómoda, aclaro que con Jonus tomábamos juntos las decisiones, pero es distinto; gozar de mi libertad, ir a donde yo quisiera... Me sentía muy segura, a mi costado derecho la espada, a mi costado izquierdo un puñal, al hombro arco, atrás las flechas, estaba bien equipada. ¿Que podía tener alguna sorpresa? ¿Que asaltantes me dispararan desde lo alto de algún acantilado? Todo era posible, al fin y al cabo era un mundo salvaje.

 

Cuál era mi lugar de pertenencia, ¿donde nací?, ¿con los Apartados? No. ¿Con las amazonas? No. Si tuviera que decir si me encariñé con alguien, si, con Luomor, el lomante, un ser tan, tan bueno... Si tuviera que hablar de a quien respetaba..., a Fondalar el Mento. Lo respetaba sobremanera, su mirada era correcta, noble, transparente.

 

Y pasé por distintos poblados, ya no era una niña, ya era una mujer. Cuando paso bordeando un arroyo me encuentro con una niña gritando, una niña jovencita. Me acerco muy despacio y veo a un hombre, un hombre que está con ella en el arroyo y la toma de los brazos y la hunde en el agua. Mi reflejo fue desmontar rápidamente, sacar mi espada e ir hacia el hombre.

-¿Qué está pasando aquí?

-¡Hey, hey, hey, hey! -El hombre levantó sus dos manos mostrando que estaba desarmado, el torso desnudo. Miré a la niña, estaba sonriendo hasta que me vio y se puso pálida.

-¿Por qué gritabas niña?

-Estábamos jugando. -¡Ufff!... Enfundé mi espada.

El hombre sonrió y me dijo:

-¿Pensabas que la estaba agrediendo?

-Ponte en mi lugar -le digo-, escucho de repente una niña gritando, tu tomándola del cuerpo y hundiéndola en el agua.

-Jugábamos.

 

Salieron del agua el hombre tenía el cabello desprolijo, la barba bastante bien recortada, un torso muy atractivo, una mirada risueña pero no burlona como la de Ligor, risueño, simpático, una risa franca. Y la niña una belleza.

-¿Cómo te llamas, pequeña?

-Me llamo Reda. ¿Y tú?

-Mi nombre es Kena. -El hombre se acerco y me tendió la mano.

-Me llamo Sturgion. -Le tendí la mano y me la apretó fuerte, firme. Se puso su camisa, una campera de cuero, se ató el cinto con la espada. Vi que llevaba una muy buena espada. Él se fijó en la mía, en mi puñal, en mi arco y flechas.

-Eres una guerrera.

-Y veo que tú eres un guerrero -Me llevaba media cabeza de altura, parecía bastante, bastante fuerte.

-¿Es tu hija?

-No, no es mi hija.

-¿Y qué haces con ella?

-Hace muchos amaneceres que estamos juntos. Cuando la conocí la estaba por despedazar un guilmo salvaje al que le lancé una lanza y lo atravesé. Desde ese momento la niña está conmigo.

-¿Y su familia? -pregunté.

-Quemaron su aldea, ella se salvó porque quedó entre unos maderos.

-¿Y tú?

-Mi historia es más complicada -dijo Sturgion-. Estaba casado y tenía una niña de la misma edad que tiene ahora Reda, y las perdí a ambas.

-Vaya, lamento escuchar eso.

-Cuéntame de ti -exclamó Sturgion.

-Mi historia es larguísima.

-Siéntate, tenemos algunas provisiones. -Invitó Sturgion.

 

Nos sentamos en unos troncos, comí con ellos y a grandes rasgos le conté parte de mi historia omitiendo lo que no interesaba contar. Quedó interesado con la parte de las amazonas:

-Así que te has criado con ellas.

-Sí.

-Entonces eres buena con la espada.

-Sí, ¿por qué iba a mentir?

-Vaya eso es importante, más para una mujer que anda sola.

-He tenido otros instructores, muy buenos.

-¡Ah, pero qué bien! ¿O sea, que has tenido un maestro? -Me encogí de hombros.

-No, un compañero de viaje que me enseñó bastante.

-¿Puedo saber su nombre?

-No viene al caso pero tampoco tengo por qué ocultarlo, Jonus.

-¡Aah!, mira tú.

-¿Lo conoces?

-No -dijo Sturgion- pero en varias regiones he escuchado hablar de él. Dicen que es muy bueno.

-Yo no diría muy bueno -lo corregí-, yo diría que es el mejor.

-Siempre hay alguien mejor que otro -exclamó Sturgion.

 

Por alguna razón no me fui, me quedé varios días. Sturgion era la contracara de Jonus; hablaba, hablaba, simpático, bromeaba con la niña, hacia chistes...

Y estuve cuatro amaneceres con ellos. Nunca me dijo nada de acercarse a mí, yo tampoco dije nada. Reconozco que me atraía muchísimo, era agradable, simpático pero por sobre todas las cosas muy lindo, un joven muy, muy, muy atractivo y no tenia pareja, pero esperaba que él diera el primer paso. O tal vez se medía porque estaba la niña.

 

El cuarto amanecer escuchamos unos cascos. Me paré (levanté), Sturgion me hizo una seña, que me quede tranquila. Se acercaron tres jinetes, apenas los vi me di cuenta que eran indeseables por sus rostros, por sus miradas. Hablaban entre ellos, me miraban a mí y señalaban a la niña. Discutían entre ellos, señalaron a la niña y se encogieron de hombros. No hacía falta escucharlos, sabía lo que estaban hablando.

De nuevo Sturgion me dijo:

-Espera. -Esta vez no con la mano, sino hablando.

Se acercó a ellos. Los tres desmontaron. -Aquí no hay nada para vosotros.

-No estamos de acuerdo, vemos dos mujeres.

-¿Ah sí? -dijo Sturgion-, yo veo una mujer y una niña.

-Para nosotros es una mujer.

-¿Estáis expresando lo que yo quiero entender?

-Sí.

 

Lentamente Sturgion sacó la espada.

Me erguí.

Como si tuviera ojos en la nuca, con la mano izquierda me hizo alto.

Me quedé esperando a ver qué pasaba.

Los tres hombres sacaron su espada y sin aviso arremetieron contra Sturgion, que frenó un golpe, otro golpe, otro golpe. Una estocada, una barrida de costado: automáticamente uno de los hombres cayó con el pecho manando sangre y el otro con el estomago abierto. Murieron en segundos.

El tercero, el más fornido, arremetió contra él.

Lo esquivó fácilmente, le dio una pequeña estocada de atrás.

El hombre gritó y Sturgion le dijo: -No me interesa matarte por la espalda.

El hombre alzó su espada arremetiendo y Sturgion le desagarró con su espada la garganta.

Cayeron los tres sin vida.

 

La niña Reda se abrazó a mí.

-¿Es la primera vez que ves esto? -le pregunté a la niña.

-No, ya nos habían asaltado por el camino y Sturgion dio cuenta de ellos.

-¿Qué haremos con los cuerpos? -le pregunté.

-Nada, buscaré en sus ropas y en las alforjas si tienen metales, a ellos no les van a servir. Me preocupan los hoyumans, no los quiero dejar aquí. Si no te incomoda, Kena, los llevaré al pueblo vecino y allí los venderé. -Me encogí de hombros.

-Está bien. -Me caía cada vez más simpático, se preocupaba por los animales, porque las verdaderas bestias eran esos tres hombres que supuestamente querían violarme a mí y ultrajar la niña, y si no hubiera sido a nosotros hubiera sido a otras. Tres alimañas menos.

Le dije: -Sturgion, eres muy bueno con la espada.

-Tengo un don, antes de que hagan el movimiento yo sé que movimiento van hacer. -Fruncí el ceño.

-¿Acaso eres un mento que conceptúas lo que va hacer el otro?

-No, no, no -negó Sturgion-, no, no, no; no tengo dones mentales, tengo como una elevada intuición, sé lo que va a hacer el otro.

-¿Cómo? -pregunté.

-No lo sé, Kena, sólo sé que tengo esa percepción de pequeño.

-¿Y cómo murió tu esposa y tu niña? -Había estado tres amaneceres sin querer tocar el tema.

Finalmente me dijo:

-Tuve una discusión con mi esposa, la quería mucho pero era muy caprichosa. Yo tenía conocimientos de distintas labores, sabía sembrar y cosechar el campo, conocía el arte de poder templar una espada como el mejor de los herreros, he trabajado en almacenes como vendedor y siempre por la mañana practicaba el arte de la espada a solas. Cuando la conocí a mi esposa era una joven pobre que había perdido a sus padres y le di un hogar. Tuvimos una niña, pero ella cambió, quería más:

   -La señora de Aramis tiene ropa de cuero, yo quiero una igual.

   -Pero mi amor, en este poblado no hay.

   -Pues ve a al poblado siguiente. ¿Para qué trabajas si no es para darme los gustos?

 

Y en realidad es como que vivía fuera de la realidad. Obviamente eso no me impedía amarla pero no éramos compatibles, incluso estuve a punto de cortar la relación pero quedó embarazada, tuvimos una niña a la que amé muchísimo.

Y un día se le antojó una tela que no había en ese poblado ni en el siguiente. Fui tras las montañas, tardé dos amaneceres en volver con líneas y líneas de tela. Y tuve una historia muy parecida a lo que le pasó a la niña Reda, habían asolado nuestro pueblo, había sobrevivientes pero no mi esposa y mi niña. Le pregunté a los que quedaron vivos que describan a los asaltantes. Dijeron que eran gente como cualquiera, no eran ni guerreros del norte, ni turanios, ni ardenios, ni gente del sur... incluso se llevaron mujeres. Estuve amaneceres y amaneceres y amaneceres buscando en distintos poblados, nunca los encontré.

Bueno esa es la historia. Muchos amaneceres después encontré a la niña, desolada, a punto de ser devorada por un guilmo y bueno aquí estoy.

-¿Y no te has vuelto a enamorar? -inquirí. Se encogió de hombros.

-Yo no sé si sentía amor por mi esposa, yo sí que la quería mucho pero como dije antes, no éramos compatibles, no éramos compatibles para nada.

Se me quedó mirando, bajé la vista porque me atraía muchísimo, me parecía un ser tan excepcional, pero tan hermoso por dentro y por fuera...

Sonrió y me dijo: Eres muy bonita.

-Vaya, te has atrevido a decirme algo.

-No quiero que te lo tomes como una falta de respeto, soy muy respetuoso con las mujeres.

-Me acerque a él, lo tomé de la mejilla y le di un beso largo, largo... y lo solté cuando sentí las carcajadas de la niña.

-¡Son novios, son novios! -me reí también.

Sturgion me miró y me dijo:

-¿Te parece que vayamos al poblado a vender los hoyumans de esas tres alimañas? -asentí con la cabeza.

 

Sturgion era distinto, no era el burlón tipo Ligor, ni el osco como Jonus, era de mirada franca. Me hubiera gustado intercambiar espadas con él pero me parecía muy infantil preguntarle.

 

Montamos los tres. La niña me caía bien y se ve que yo le caía bien a ella e iniciamos la marcha para el próximo poblado, la niña Reda, Sturgion y yo, Kena.

 

 


Sesión 08/10/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda

 

Llegaron a un pueblo al que un hombre con poder tenía amedrentados a todos sus moradores. Su acompañante, a pesar de ser pacífico tuvo que enfrentársele.

 

Sesión en MP3 (3.237 KB)

 

Entidad: Me sentía desconcertada pero a su vez cómoda, había visto niñas en la época que estaba con Azara, en el bosque de las amazonas, pero esta niña era distinta, dulce, inteligente y fuerte por dentro, que eso era lo verdaderamente importante.

 

En todas las edades duele cuando pierdes un familiar, más si es un familiar directo, pero en un niño o una niña es como que se te abre la tierra y te traga. Cuando somos más grandes es como que nuestros apegos son distintos, estamos más curtidas, más duras por las situaciones de la vida y tenemos más resistencia al dolor, aunque no por ello no nos va a llegar. Nos va a llegar y vamos a sufrir igual, pero una niña tan tierna, tan dulce habiendo perdido a sus padres y estar tan serena... Quizá estaba muy apegada a Sturgion, lo había tomado como a un segundo padre, y Sturgion tenía un afecto recíproco por ella porque había perdido mujer, había perdido una hija.

Es como que... quizás está mal dicha la palabra necesitar porque el amor no necesita, el amor brinda. Pero no seamos hipócritas, no seamos hipócritas, somos seres humanos, necesitamos, punto. Fin del debate.

Se necesitaban el uno al otro. Yo misma me sentía cómoda con ellos.

 

Había conocido gente de toda calaña: bandoleros, abusadores, traidores... Mujeres también, mujeres también.

Me acuerdo de Sena, una cruel y despótica amazona, pero también he conocido gente buena. Y gente indescifrable.

 

Pasó un episodio curioso. Estábamos a mitad de camino entre dos poblados y se largó una tremenda tormenta con truenos, relámpagos y rayos que caían a tierra. Miré la cara de Sturgion y lo vi como, no atemorizado, pero receloso mirando hacia todos lados. En cambio la niña Reda no, la niña Reda estaba tranquila, como acostumbrada a la tormenta, pero Sturgion...

Obviamente me acerqué, y en medio de la fuerte lluvia, con voz bastante alta para que me escuche, le pregunté:

-¿Por qué estás así? Estás como atemorizado. -Negó con la cabeza. Me acerqué más-: ¿No estás atemorizado? Porque estás negando.

-No, no, no estoy atemorizado -respondió Sturgion-, es como algo adentro es más fuerte que yo y me hace dar como... como cierto temor.

-¿Pero por qué?

-Porque pasé por un episodio, de pequeño, muy muy traumático.

-Si no te incomoda contarlo...

 

En ese momento se escuchó un tremendo trueno que sacudía toda la tierra. Reda se abrazó a Sturgion, yo me quedé del otro lado de Reda también protegiéndola con mi cuerpo. Estábamos debajo de una roca como una especie de hondonada que no llegaba a ser una caverna apenas nos protegía del agua, pero la niña se durmió nosotros no, nos quedamos atentos, los hoyumans atados.

Amaneció casi despejado, el sol rojo asomó en el horizonte y pudimos marchar para el siguiente poblado. Quise tocar de vuelta el tema de la tormenta y Sturgion es como que se sumió en un denso silencio, como esquivando el tema. Respeté su silencio.

Íbamos un poco más fuerte que al paso, casi al trote hasta que tiempo después llegamos al poblado, todavía no era mediodía.

 

Un poblado extraño. Había carretas cargando leña, otras cargando parva de heno, pero la gente casi no hablaba, nos miraban a nosotros y apuraban el paso como esquivándonos.

Llevamos los hoyumans a la cuadra. Sturgion le dio unos metales al hombre. Le dijo:

-Cepíllalos y dales de comer. -El hombre asintió temeroso con la cabeza y cogió los metales y los guardó en su ropa.

Yo pregunté:

-¿Dónde está la posada? -El hombre me miró y no me prestó más atención.

Habló Sturgion:

-La joven te preguntó dónde está la posada. -El hombre no habló, señaló con el dedo índice, miramos al final de la calle. Marchamos hacia allí caminando con la niña. Entramos a la posada.

-Queremos pan caliente y zumo de frutas.

-¿De dónde sois?

-No somos de aquí -respondí yo de mala manera. Estaba como molesta por ese silencio, ese esquivar miradas de la gente.

-Tomen asiento. -Había otros dos hombres mayores en otra mesa y se levantaron y se marcharon.

-¿Qué sucede? -le pregunté al posadero-, ¿de qué tienen miedo? Nos quedamos y por la tarde nos marchamos.

-No es por vosotros.

-¿Entonces?

-No, nada, nada. -Siguió limpiando las jarras metálicas.

 

En la calle se escuchó un grito muy fuerte. Nos paramos (levantamos) los tres a la vez. Con Reda nos asomamos a la puerta. Vimos un hombre de negro con una capucha y un hombre grande cargando unas bolsas.

-¿Por qué has tardado tanto?

-Porque no encontraba leña, mi señor.

-¡Hoy no cobrarás el día!

-¡Pero señor!

-¡Cállate! ¡Sabes lo que te espera si me respondes impertinentemente!

-Sí, señor.

-Ahora ve. Rápido. -Y nos miró a nosotros. Iba a venir hacia la posada y algo le llamó la atención y se marchó para otro lado.

Sturgion le preguntó al posadero:

-¿Quién es?

-Es el dueño del pueblo, se llama Rageno. -Nos fuimos a sentar.

Le dije a Sturgion:

-Conozco un tal Rageno, tiene poderes, como un conocido mío.

-¿Qué tipo de poderes? -me preguntó Sturgion.

-El poder del rayo. El conocido del que te hablo lo usaba para bien, pero este... Este hombre veo que no, por lo que veo tiene al pueblo sometido. -Me paré (levanté) y le pregunté al posadero-: ¿Por qué es el dueño del pueblo?

-Te he escuchado joven. Es cierto, tiene el poder del rayo, es invencible. La vez pasada vino una banda de salteadores, esos que asolan poblados, le disparó rayos a todos y los mató. Prácticamente vivimos para pagar los impuestos, apenas nos queda para comer. De la posada le doy casi todo, apenas me deja para que pueda reponer la comida. -Estábamos de mal humor todos.

Yo le dije al posadero:

-No sé cómo será vuestro pueblo pero yo a cien líneas de distancia puedo acertar con una flecha a un frijol.

-¿Y si la erras?

-Si la erras, mueres.

 

En ese momento entró esa figura que atemorizaba a todos, ese tal Rageno.

-¿Quienes sois vosotros?

-Estamos de paso -dijo Sturgion.

-No sé si le dijo el posadero que sobre lo que tienen que pagar por la comida y la bebida tienen que poner un cincuenta por ciento más para mí, lo mismo en la cuadra donde están sus hoyumans. Si no, me quedo como prenda los hoyumans. ¿Están de acuerdo?         

-En realidad no -dijo Sturgion.

Lo tomé del brazo:

-Estamos de acuerdo.

-¿Ves? -dijo Rageno-, la joven es más inteligente que tú.

-La joven no quiere causar problemas, nada más. Pero vuelvo a insistir, yo no estoy de acuerdo.

-Aquí hay muy poco espacio, ¿por qué no sales a la calle y me lo dices en voz alta? -Sin esperar respuesta de Sturgion, Rageno salió a la calle y gritó en voz alta- ¡A ver, todos! ¡Hay un forastero que me desafía! -La gente asomó la cabeza pero no quiso salir-. ¡Si no salís de inmediato iré casa por casa y verán lo que les ocurre! -Todos salieron a la calle. Evidentemente a Rageno le gustaba el espectáculo.

-¿Qué piensas hacer? -le dije.

-Darle una lección.

-¿Has visto los poderes que tiene?

-No he visto nada, tú me has dicho que tiene el poder del rayo, y de eso conozco mucho desde que era niño, por lo de la tormenta.

-Le tienes temor a la tormenta y te vas a enfrentar a Rageno.

-No le tengo temor a la tormenta -negó Sturgion-, simplemente me incomoda la tormenta, me incomodan los rayos.

-¿Entonces?

-Es hora de enfrentarlos. -Sturgion salió, la niña quería ir tras él y la tomé de los hombros y la apreté contra mí. Miramos desde la puerta de la posada, estaban los dos en mitad de la calle.

-¡Mirad, gente! -dijo Rageno-, este forastero me desafía, no quiere pagar impuestos por lo que está comiendo y lo que está bebiendo.

-Quiero pagar lo justo -dijo Sturgion-. Aparte, me he enterado de que tú explotas a la gente, tienes al pueblo sometido y no me parece correcto.

-¿Qué piensas hacer al respecto?

-Lo ideal sería detenerte.

-¿Y cómo lo harías?

-Que te entregues. -Rageno lanzó una carcajada.

-¡Qué me entregue! ¿A quién a ti? ¡Aquí yo soy la ley, aquí yo soy el juez, aquí yo soy el amo! Soy Rageno, nadie puede vencerme. -Sturgion se encogió de hombros.

-No me gusta quitar vidas, no quisiera matarte, estoy cansado de ver morir gente. -Rageno lanzó otra carcajada.

 

Yo lo miraba a Sturgion desconcertada, hablaba con una gran seguridad. Se fue acercando a Rageno, quien en ese momento levantó las dos manos y lanzó una tremenda descarga sobre Sturgion. Cerré los ojos, tapé los ojos de la niña. Al rato levanté la mirada y vi que Sturgion seguía avanzando, con el tremendo, el enorme asombro de Rageno.

-No me lances más descargas, no quiero matarte.

-¡Vaya, eres resistente! -Lanzó otra descarga más. No alcanzó a lanzar otra descarga cuando Sturgion le hundió la espada en el pecho, quitándole la vida: el cuerpo de Rageno fue al piso.

Sturgion tenía la cara compungida, casi con lágrimas, no estaba bien. Y murmuraba en voz alta: -No me gusta quitar vidas, no me gusta matar gente, pero no tenía otra.

 

El pueblo reaccionó distinto, todos se abrazaban, gritaban de alegría. Se abalanzaron contra Sturgion para abrazarlo, para felicitarlo por haberlos librado del yugo, pero Sturgion los rechazó.

-No, no, no me felicitéis, no era mi intención matarlo, pero no quería que siguiera haciendo eso.

El posadero tenía los ojos abiertos como un búho: ¡Lo ha logrado, ha matado a Rageno, soy libre!

Lo miré, Reda se escapó de mis brazos y lo abrazó a Sturgion. Sturgion la levantó, la cubrió de besos y volvió para la posada. Me dijo:

-Terminemos de comer y luego nos marchamos. -El posadero no nos quiso cobrar. Sturgion dejó igual una moneda plateada y otra al que atendía a los hoyumans-. Sigamos viaje, no quiero estar más aquí. Tú -le dijo al sepulturero-, toma. -Le lanzó otra moneda plateada que el sepulturero cogió en el aire.

-Nunca he estado feliz de enterrar a nadie hasta hoy -dijo el sepulturero-. Gracias, forastero.

-No me des las gracias, no estoy contento de haber hecho eso, amo la vida, amo la paz, amo el amor, pero a veces es necesario hacer lo que hice. -Y nos marchamos.

 

Finalmente en el camino me contó que a los cinco de sus años le cayó un rayo y se desvaneció. Cuando despertó estaba totalmente sano, sus padres no lo podían creer que había sobrevivido a una descarga tan grande de la naturaleza. Luego, por accidento o por alguna razón, sufrió tiempo después una nueva descarga, la cual no le hizo mella. Y se dio cuenta que era inmune a las descargas eléctricas de todo tipo. Incluso en la zona ecuatorial había una especie de anguilas en un río que descargaban electricidad, Sturgion las podía tomar con la mano sin que le causara ningún daño, por eso Rageno no le pudo hacer nada como tampoco le podría hacer nada ningún otro ser que maneje el rayo.

 

Había vuelto a sumirse en silencio, apenado por lo que había pasado.

Me acerqué y le dije:

-Sturgion, creo que en el fondo las personas buenas somos amantes de la paz y enemigos de la violencia, pero a veces el mal es como un tumor que tienes en el cuerpo y si no te lo arrancas acaba con tu cuerpo, y ese tipo de gente es como tumores que si no acabas con ellos depredan toda la región.

-Lo entiendo, lo entiendo Kena, pero eso no me quita la tristeza. No me gusta matar, me gusta ver crecer las flores, que salga el sol rojo a la mañana, que se ponga de tarde, la armonía. Soy bueno con la espada, soy bueno en el combate cuerpo a cuerpo porque amo el deporte, pero no me gusta lastimar a nadie. -Asentí con la cabeza.

 

Me di cuenta de que Sturgion era un hombre extraordinario y humilde, que eso se ve en muy muy muy pocos hombres.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 09/11/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda

 

Participando en otro torneo descubrió quien era aquel apuesto viajero con quien coincidió tiempo antes. La decepción la dejó muy muy tocada.

 

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