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Psicoauditación - Brenda

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 19/02/2014

Sesión 11/09/2015

Sesión 25/10/2016

Sesión 09/11/2016


Sesión 19/02/2014
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda

 

Su amigo preparó una excursión para acabar con ella por el supuesto de que mató a su padre, un renombrado arqueólogo. Un acompañante resolvería el asunto de una vez y para siempre. Para toda la vida.

 

Sesión en MP3 (2.034 KB)

 

 

Entidad: Siempre pensaba que era una joven cuya intuición estaba por delante de todo. Me refiero a que puedo ver una persona y enseguida detecto cómo es, rápidamente detecto cómo es.

 

Me recuerdo cuando conocí a Oleg Bez, que se había dado a conocer con otro nombre. Lo veía como agradable, simpático, dado... Por momentos enfocaba mi vista en sus ojos y, ¡ay!, los veía como esquivos. Pero, ¿por qué digo que apoyaba todas mis virtudes en mi intuición más que en mis reflejos, más que en mi conocimiento, más que en mi inteligencia? Justamente por poder conocer a la gente, lo cual no pude hacer con Jato.

 

Jato acompañaba a este amigo y lo vi tímido pero cuando miraba su semblante digo:

-No puede ser tímido.

 

Él bajaba la vista y no era por timidez, era para que no detecten su interior pero sabía que dentro de esa timidez había algo.

 

Yo sabía que tenía muchos enemigos, sabía que había gente que buscaba mi mal pero también tengo una virtud que, quien me cae bien, me cae bien y sé que esa persona es así... y apuesto todas las fichas por esa persona y lo hice con Jato pero ¡ay!, ¡ay!... ¿Qué escondía?

 

Mi amigo me invitó a una pequeña isla. Llevamos bebidas, alimentos y obviamente estaba Jato con nosotros. Jato comía únicamente verduras, abundantes verduras.

Fuimos con ropa liviana. Era verano y Jato podía disfrazar su timidez pero no su físico. Tenía un físico de luchador.

 

Mi amigo había traído unas bebidas "espirituosas" con alcohol. Habré tomado un poco porque no quería estar fuera de mí, de mi sentido de alerta.

Por la tarde este amigo me dice:

-Te contaré una anécdota.

-Dime -le pedí-.

-Mira, Trova, mi padre era el mejor padre del mundo y lo traicionaron, lo abandonaron. Lamento no haberlo acompañado, lo dejaron morir.

-Pero, ¿por qué me cuentas eso?

-Mi nombre es Oleg Bez, mi verdadero nombre… ¡Tú eres una de las personas que has dejado morir a mi padre! ¡Por eso te traje a esta isla! ¡Soy tutor de combate y no precisaré armas para deshacerme de ti!

Me puse en guardia y miré hacia mi izquierda y vi que Jato seguía sentado como meditando. Oleg me atacó, me defendí, contragolpeé. Estuvimos cerca de cinco minutos luchando.

 

Oleg, descolocado, desconcertado, sorprendido de ver cómo una mujer lo podía.

En determinado momento lo golpeo con la palma de la mano en la frente y cae aturdido… En ese momento saca un cuchillo:

- ¡Aquí está mi ventaja!

 

Ya me sentía agotada, me sentía algo cansada.

Justo en ese momento Jato se para y dice:

-¡Ya está bien!

Oleg le mira y le dice:

-Tú no te metas, te he dejado venir pero también a ti te mataré.

Jato se interpuso entre nosotros y repitió:

-Ya está, ya está bien.

 

Oleg le lanzó una estocada con su cuchillo y no sé cómo fue tal la velocidad que el cuchillo pasó a manos de Jato, que en un segundo más tarde lo lanzó, clavándolo en una palmera.

 

Oleg le lanzó un golpe de puño en el estómago, Jato no lo esquivó y el puño rebotó en el estómago de Jato. Era aún mayor el desconcierto de Oleg. Lanzó uno, dos, tres, cuatro, cinco golpes... Tres golpes con el pie, ocho en total. Todos parados, esquivados. Ni uno solo, ni una sola vez había respondido y repitió:

-Ya está bien.

 

¿Y qué hizo Oleg? Instructor de combate, manejaba todo tipo de armas... Perdió el control.

 

Un solo golpe de Jato, mano abierta en el cuello... No fue un golpe fuerte. No lo mató pero lo dejó sin conocimiento... un solo golpe.

 

Jato se volvió hacia mí y me dijo:

-Trova, siempre supe quién era él, supe que quería vengarse y me hice amigo fingiendo timidez. Tampoco quería darme a conocer para que tus ojos no se delaten.

 

Y le hice una pregunta:

-Y si tú sabías eso, ¿por qué me dejaste en los primeros cinco minutos combatir? ¿Cómo sabías que no me iba a lastimar?

 

Sonrió con una sonrisa que me resulto odiosa, irónica, ¡sarcástica!

-Bueno, quería ver cómo te defendías. ¡Aún tienes mucho por aprender, niña!

-¡No me digas niña! ¡No sé si puedes vencerme!

Después me arrepentí de lo que dije porque verdaderamente mi respuesta fue de una niña consentida, no de una mujer madura.

 

Volvimos a la ciudad. Entregamos a Oleg Bez a las autoridades. Nos enteramos tiempo después que en una reyerta había sido muerto por otros presos.

 

¿Y qué puedo decir? Empezamos una amistad con Jato que luego se transformó en amor.

 

Sigo teniendo aventuras, sigo haciendo exploraciones buscando tesoros perdidos pero ahora no sola, ahora con Jato.

 

Lo más importante es que encontré una persona afín, una persona confiable, una persona que es mi opuesto complementario.

 

Recuerdo que casi un año después le pedí a Jato si me podía acompañar a Lingenia, a un remoto pueblo donde había un pequeño templo escondido donde estaban aquellos monjes que me habían enseñado a disparar con la ballesta, a combatir con la espada, a practicar artes marciales. Y aquí mi sorpresa cuando varios de los monjes se inclinaron con respeto a Jato. Lo miré sorprendida y le pregunté:

-¿Has estado aquí?

-Sí, Trova, fui monje y luego me retiré al mundo profano.

 

La vida te enseña tantas sorpresas… La vida en sí misma es una aventura... y ahora tengo con quien compartirla. Con Jato, cuyo thetán es Raeldan.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 11/09/2015
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda

 

En su rol se debatía entre dos amigos, amaba a uno cariñoso y odiaba a otro antipático, pero necesitaba a los dos. En Umbro había también moral y respeto para quien se amaba.

 

Sesión en MP3 (2.063 KB)

 

 

Entidad: Pues vaya si somos complicados en el plano físico. A veces pensamos que queremos algo, al rato cambiamos, buscamos otra cosa, al rato cambiamos nuevamente... Se podría decir que somos inconformistas, se podría decir que quizá, inconscientemente, entendemos que la vida física es tan corta que queremos hacer todo. Nos embarullamos, nos atoramos y no hacemos nada, no hacemos nada de nada.

 

En el rol de Kena había llegado a intimar con Jonus. Jonus era un ser especial, quizás lo mejor que he visto en todo Umbro en el manejo de todas las espadas porque no sólo manejaba una, manejaba dos, una con cada mano. Su rapidez era tanta que era impredecible por dónde iba a venir la estocada o el corte, no había guerrero más diestro ni más rápido. Sin embargo conmigo era tierno suave, respetuoso, dulce, me hacía el amor de una manera, hoy diríais sutil, me encantaba y a la vez, ¡Ay! ¡qué difícil! Y a la vez no. Yo la gran guerrera, la apartada, la amazona inconscientemente es como que quería ser sometida. Me acordaba de Ligor, me acordaba de su risa, de su desdén, de su desprecio, del ignorarme, de su mueca burlona, de que hacía el amor de una manera "avasalladora" y terminaba odiándolo.

 

Con Jonus tenía seguridad, mi vida era distinta, vivía pendiente, me protegía. Así era solamente conmigo, con los demás era seco, ponía distancia. En los caminos era imposible percibirlo y más de una vez me ha pasado que estando intimando con Jonus pensaba en Ligor pero a veces es como que "Aquel que está más allá de las estrellas" te maneja como si tú fueras un hoyuman, y que me disculpe si soy irrespetuosa.

 

Jonus me preguntó si podía estar sola unos amaneceres, tenía que ocuparse de algo que tenía hacerlo él solo. Me imaginé mil cosas, todo relacionado con duelos, combates, algo que había dejado pendiente. Yo no era de preguntar, no me gustaba estar encima del varón, ni asfixiarlo. Casualmente -porque todo es casualidad para el que no entiende, para el que sí entiende, todo es causal- me crucé cerca de la zona oscura -donde están los que la leyenda dice que beben sangre-, con Ligor:

-¿Tú por aquí? -Pero me habló como si me hubiera visto el amanecer anterior.

-¡Hola! ¿Cómo estás tú? -le digo.

-¡Aquí me ves! -Siguió bebiendo agua del arroyo como si yo no estuviera.

-Pues no nos hemos visto ayer.

-No -Siguió bebiendo agua.

-Tampoco antes de ayer.

-Tampoco.

 

No sé qué pasó por mi interior, algo reactivo. Me acerqué, lo empujé y lo lancé al arroyo. Me molestó que en lugar de enojarse largara una carcajada.

-Mujer, ¡vaya carácter!

 

Se acercó a mí, vi que no tenía ninguna intención de atacarme y me quedé tranquila. En ese momento me abraza, me levanta y me tira dos líneas y caigo en el medio del arroyo. Ahí sí, cogí una furia tan grande que me lancé contra él, rodamos en el barro, trataba de golpearlo, de morderlo, de atacarlo, de lastimarlo. Me dominaba y en ese momento me besó, me arrancó la ropa e intimamos con una furia tan grande, ¡tan grande! Y allí me sentí relajada y con culpa.

-Estoy con Jonus -le dije.

-¡Ah! Pues bien, te felicito.

-No dices nada.

-Me imaginaba. La última vez te vi con él.

-Pero hemos intimado.

-Buenísimo. -Me quedé callada-. Tienes un cuerpo maravilloso -me dijo.

-Tú tienes la costumbre de sacar lo peor de mí -le dije.

-Pues no se ha notado, para mí has sacado lo mejor, me has dejado exhausto, niña.

-No soy ninguna niña.

 

Sentí como que mi pasión oscura, densa, hacía que Ligor me quitara energía porque terminaba exhausta, como si hubiera combatido con diez amazonas. En cambio con Jonus es como que luego de intimar con él quedaba desvelada como que me faltaba algo, no era mal amante pero tal vez la energía que Ligor me quitaba yo se la quitaba a Jonus y no sabía cómo descargar esa energía. Y más de una vez estando con Jonus, pensé en Ligor y ahora estaba pensando en Jonus.

 

Veía que Ligor preparaba su alforja, llenaba de agua su cantimplora y se iba a marchar.

-¿Te vas?

-Pues mujer, voy a seguir mi recorrido y entiendo que tú tienes que volver a donde tu pareja. -¡Era extraordinario para ofuscarme!

-Tú no sabes lo que yo voy a hacer. ¿Puedo seguir contigo?

-¿Para qué? ¿Para retrasarme en el camino? Querrás hacer el amor en el amanecer, en el atardecer, en el anochecer y eso me retrasaría muchísimo.

-¡Yo no necesito de ti!

-¡Pues no lo demostraste!

 

Amagué con sacar mi espada, me miró con un gesto como diciendo "Es inútil lo que vas a hacer", como que él supiera que me podría vencer. Querría cortarle la cabeza y después poseerlo pero es ilógico mi pensamiento; poseerlo y luego cortarle la cabeza, poseerlo y estrangularlo, poseerlo y sacarle los ojos. Y vi que se marchó, no se dio vuelta ni una vez. Me quedé parada en el camino. Marchó bordeando el arroyo y yo tomé mi sendero. Debería contarle a Jonus lo sucedido porque no soy de ocultar nada.

 

Cuatro amaneceres después me encuentro con Jonus. Le pregunté:

-¿Cómo te ha ido?

-Bien, he saldado una deuda. -Fruncí el ceño-. Nada del otro mundo, unos granjeros que me habían ayudado cuando yo era pequeño. Había una horda de salvajes que los atosigaban. Acabé con los once -lo contó como si hubiera tomado una bebida espumante- Acabé con los once. ¿Y tú, Kena?

-Estuve con Ligor.

-Estuviste con Ligor.

-Estuve con Ligor, intimé con Ligor. -Se quedó callado.

-¿Por qué?

-¡Porque me sacó de quicio!

-A ver si entiendo Kena, a ti te sacan de quicio, a ti te sacan de las casillas y te acuestas con la persona que te saca de las casillas.

-No, no sé cómo explicarlo. Si tú deseas que no seamos más pareja lo comprenderé.

Su cara era indescifrable y me dijo:

-Lo hablaremos en otro momento. Vamos a la posada, quiero comer algo caliente. -Y no le dio más importancia al tema, cosa que me descolocó también.

 

Ligor, Jonus... Por Jonus tenía un sentimiento, no sé si era amor o aprecio... por Ligor, honestamente no tenía amor, sentía una atracción física, pero sé que no era compatible conmigo, aparte sé que él tenía su corazón blindado porque amaba a otra persona. Es muy difícil todo esto.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 25/10/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda

 

En su rol se debatía entre dos amigos, amaba a uno cariñoso y odiaba a otro antipático, pero necesitaba a los dos. En Umbro había también moral y respeto para quien se amaba.

 

Sesión en MP3 (2.172 KB)

 

 

Entidad: No voy a relatar mis vivencias como las escribió la historia, mi trabajo como thetán es descargar engramas y si dentro de ese concepto hay una historia que puede ilustrar, bienvenida sea.

 

Comentan que nací alrededor del año 1157, hija de una prestigiosa familia de samuráis. Era raro que una mujer se dedicara a la guerra o que fuera instruida en el arte marcial, pero en mi caso fue así, me especialicé en la naginata, en la katana, en el uso del arco y sabía montar muy bien a caballo. Desde que yo era pequeña, muy pequeña, había un maestro samurái de edad indefinida, se llamaba Masaru Renshô. Masaru Renshô, yo lo veía como invencible, entrenaba a la tropa, prácticamente sus movimientos eran imperceptibles. Mientras sus entrenados terminaban jadeando con la boca abierta, Masaru Renshô respiraba como si estuviera reposando. A medida que fui creciendo me interesó tanto el arte samurái que mi padre le pidió a Masaru Renshô que me entrenara. El Maestro, con un movimiento de cabeza, aceptando, comenzó a entrenarme día tras día, día tras día. Su técnica era alentarme, cuando me equivocaba nunca me retaba ni me censuraba. Sólo me decía:

-Tomoe, hazlo de nuevo.

 

Lo único que me pidió que le dijera Masaru, no Maestro. Y fui aprendiendo.

Practicaba contra varones hasta llegar a igualarlos, y con el tiempo, vencerlos, ya sea con la naginata, con la katana o incluso luchando montando a caballo, pero siempre quería más, siempre buscaba más.

Masaru me decía:

-Acostúmbrate a mantener el equilibrio, la naginata tiene que ser parte de ti.

 

Era una lanza de madera que llevaba acoplada una hoja metálica, Masaru me hacía girar en círculos. Cuentan que Tomoe significaba "círculo perfecto", eso es lo que yo hacía con mi arma y cada día tenía más dominio de mi cuerpo, no tanto de mi carácter. Entendía muy bien lo que era el honor para defender la familia y las casas.

Masaru me llevaba lentamente:

-Eres una de las pocas mujeres Bushi pero aún no te considero como tal, no se trata de tener una herencia familiar, tú vales por ti misma. No te veo como una bugeisha, una mujer samurái todavía.

Finalmente ya me decía el nombre completo, Tomoe Gozen, la historia decía que era el sufijo que se usaba para referirse a las mujeres samuráis.

 

Por la tarde tenía largas conversaciones con Masaru Renshô:

-¿Quién te ha enseñado?

-La vida.

-¿Pero quién ha sido tu Maestro?

-Las circunstancias.

-¿De dónde has adquirido tal habilidad?

-De los peligros.

 

Las respuestas del Maestro eran esquivas, o quizá no, quizá las circunstancias, los riesgos, el peligro fueron sus instructores. Pero nadie podía vencerlo, se comenta que siete guerreros de una familia rival lo atacaron en pleno descampado; dejó los siete cadáveres y trajo a la familia las siete cabezas. Era respetado, no temido, porque era la lealtad hecha persona. Disculpaba los errores pero no perdonaba las traiciones. No solamente teníamos conversaciones sobre guerra, sobre historia sino que también conversaciones filosóficas sobre la vida, sobre las mujeres que no eran samurái, como vivían durante la larga ausencia de los guerreros, sobre la guerra entre clanes. Y me fue templando.

-Aquí no se trata -me decía Masaru- de ser mujer o varón, guerrera o guerrero, es exactamente lo mismo, no hay ventaja ni desventaja, pero de la misma manera también es lo mismo para el trato, en el entrenamiento no hay piedad.

 

No es como cuenta la historia. A veces tenía heridas por entrenar, la naginata era peligrosa, al menor descuido podías herirte gravemente, mis mayores cortes fueron en los muslos y en los brazos. En varias ocasiones Masaru Renshô me cosía las heridas. Los días que no practicaba, conversábamos, los días que no conversábamos, él me enseñaba a meditar para que mi mente estuviera clara, absolutamente clara y vacía de pensamientos, me enseñaba a estar alerta.

 

Siendo más grande conocí a un gran guerrero, Minamoto Yoshinaka. Me impactó, me atrajo. Sé que yo le atraje a él. Le pregunté a mi Maestro Masaru por Yoshinaka y me dijo:

-Es un gran guerrero, un buen samurái. El clan Minamoto es un clan fuerte y por sobre todo las cosas honesto. El día de mañana seguramente va a ser un gran general.

 

Me quedé sorprendida por sus palabras, fue la primera vez que lo vi sonreír a Renshô, éste Maestro de edad indefinida.

Renshô habló con el joven Minamoto y le dijo:

-Entrena a esta joven, tiene mucho futuro.

 

Me quedé sorprendida porque Yoshinaka, que era respetado en varias comarcas, tenía un gran respeto por Masaru Renshô. Accedió a entrenarme, Masaru me dijo:

-Me dedicaré a entrenar otros jóvenes.

Objeté: -Pero, Maestro... ¿Minamoto sabe tanto como tú?

-Fue mi discípulo antes que tú. Confía en él cómo has confiado en mí. No significa que dejaré de verte.

 

Y pasé a entrenar con Minamoto. Al comienzo era torpe porque no lo veía como un instructor, me atraía como persona, como hombre y no avanzaba.

 

Una vez más me habló Masaru y me dijo:

-Vacía tu mente de contenido, hay un tiempo para cada cosa. Cuando entrenas, entrenas. El día de mañana estarás en batalla y tu mente estará clara, no pensarás en tu familia, en tu amado, ni siquiera en tu propia vida, tu mente estará alerta, absolutamente alerta, porque una décima de segundo decidirá si vives o mueres.

 

Asentí con la cabeza y empecé a entrenar con Minamoto. Y lo que pasó después... es otra historia.

 


Sesión 09/11/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda

 

La entidad relata sucesos históricos basados en su persona y en sus gestas no para corregirlos sino para hallar la paz al repasarlos y descargar engramas que pueden estar afectando a su parte encarnada.

 

Sesión en MP3 (1.819 KB)