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Psicoauditación - Brenda

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 19/02/2014

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Sesión 25/10/2016

Sesión 09/11/2016

Sesión 19/04/2017

Sesión 03/05/2017


Sesión 19/02/2014
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda

 

Su amigo preparó una excursión para acabar con ella por el supuesto de que mató a su padre, un renombrado arqueólogo. Un acompañante resolvería el asunto de una vez y para siempre. Para toda la vida.

 

Sesión en MP3 (2.034 KB)

 

 

Entidad: Siempre pensaba que era una joven cuya intuición estaba por delante de todo. Me refiero a que puedo ver una persona y enseguida detecto cómo es, rápidamente detecto cómo es.

 

Me recuerdo cuando conocí a Oleg Bez, que se había dado a conocer con otro nombre. Lo veía como agradable, simpático, dado... Por momentos enfocaba mi vista en sus ojos y, ¡ay!, los veía como esquivos. Pero, ¿por qué digo que apoyaba todas mis virtudes en mi intuición más que en mis reflejos, más que en mi conocimiento, más que en mi inteligencia? Justamente por poder conocer a la gente, lo cual no pude hacer con Jato.

 

Jato acompañaba a este amigo y lo vi tímido pero cuando miraba su semblante digo:

-No puede ser tímido.

 

Él bajaba la vista y no era por timidez, era para que no detecten su interior pero sabía que dentro de esa timidez había algo.

 

Yo sabía que tenía muchos enemigos, sabía que había gente que buscaba mi mal pero también tengo una virtud que, quien me cae bien, me cae bien y sé que esa persona es así... y apuesto todas las fichas por esa persona y lo hice con Jato pero ¡ay!, ¡ay!... ¿Qué escondía?

 

Mi amigo me invitó a una pequeña isla. Llevamos bebidas, alimentos y obviamente estaba Jato con nosotros. Jato comía únicamente verduras, abundantes verduras.

Fuimos con ropa liviana. Era verano y Jato podía disfrazar su timidez pero no su físico. Tenía un físico de luchador.

 

Mi amigo había traído unas bebidas "espirituosas" con alcohol. Habré tomado un poco porque no quería estar fuera de mí, de mi sentido de alerta.

Por la tarde este amigo me dice:

-Te contaré una anécdota.

-Dime -le pedí-.

-Mira, Trova, mi padre era el mejor padre del mundo y lo traicionaron, lo abandonaron. Lamento no haberlo acompañado, lo dejaron morir.

-Pero, ¿por qué me cuentas eso?

-Mi nombre es Oleg Bez, mi verdadero nombre… ¡Tú eres una de las personas que has dejado morir a mi padre! ¡Por eso te traje a esta isla! ¡Soy tutor de combate y no precisaré armas para deshacerme de ti!

Me puse en guardia y miré hacia mi izquierda y vi que Jato seguía sentado como meditando. Oleg me atacó, me defendí, contragolpeé. Estuvimos cerca de cinco minutos luchando.

 

Oleg, descolocado, desconcertado, sorprendido de ver cómo una mujer lo podía.

En determinado momento lo golpeo con la palma de la mano en la frente y cae aturdido… En ese momento saca un cuchillo:

- ¡Aquí está mi ventaja!

 

Ya me sentía agotada, me sentía algo cansada.

Justo en ese momento Jato se para y dice:

-¡Ya está bien!

Oleg le mira y le dice:

-Tú no te metas, te he dejado venir pero también a ti te mataré.

Jato se interpuso entre nosotros y repitió:

-Ya está, ya está bien.

 

Oleg le lanzó una estocada con su cuchillo y no sé cómo fue tal la velocidad que el cuchillo pasó a manos de Jato, que en un segundo más tarde lo lanzó, clavándolo en una palmera.

 

Oleg le lanzó un golpe de puño en el estómago, Jato no lo esquivó y el puño rebotó en el estómago de Jato. Era aún mayor el desconcierto de Oleg. Lanzó uno, dos, tres, cuatro, cinco golpes... Tres golpes con el pie, ocho en total. Todos parados, esquivados. Ni uno solo, ni una sola vez había respondido y repitió:

-Ya está bien.

 

¿Y qué hizo Oleg? Instructor de combate, manejaba todo tipo de armas... Perdió el control.

 

Un solo golpe de Jato, mano abierta en el cuello... No fue un golpe fuerte. No lo mató pero lo dejó sin conocimiento... un solo golpe.

 

Jato se volvió hacia mí y me dijo:

-Trova, siempre supe quién era él, supe que quería vengarse y me hice amigo fingiendo timidez. Tampoco quería darme a conocer para que tus ojos no se delaten.

 

Y le hice una pregunta:

-Y si tú sabías eso, ¿por qué me dejaste en los primeros cinco minutos combatir? ¿Cómo sabías que no me iba a lastimar?

 

Sonrió con una sonrisa que me resulto odiosa, irónica, ¡sarcástica!

-Bueno, quería ver cómo te defendías. ¡Aún tienes mucho por aprender, niña!

-¡No me digas niña! ¡No sé si puedes vencerme!

Después me arrepentí de lo que dije porque verdaderamente mi respuesta fue de una niña consentida, no de una mujer madura.

 

Volvimos a la ciudad. Entregamos a Oleg Bez a las autoridades. Nos enteramos tiempo después que en una reyerta había sido muerto por otros presos.

 

¿Y qué puedo decir? Empezamos una amistad con Jato que luego se transformó en amor.

 

Sigo teniendo aventuras, sigo haciendo exploraciones buscando tesoros perdidos pero ahora no sola, ahora con Jato.

 

Lo más importante es que encontré una persona afín, una persona confiable, una persona que es mi opuesto complementario.

 

Recuerdo que casi un año después le pedí a Jato si me podía acompañar a Lingenia, a un remoto pueblo donde había un pequeño templo escondido donde estaban aquellos monjes que me habían enseñado a disparar con la ballesta, a combatir con la espada, a practicar artes marciales. Y aquí mi sorpresa cuando varios de los monjes se inclinaron con respeto a Jato. Lo miré sorprendida y le pregunté:

-¿Has estado aquí?

-Sí, Trova, fui monje y luego me retiré al mundo profano.

 

La vida te enseña tantas sorpresas… La vida en sí misma es una aventura... y ahora tengo con quien compartirla. Con Jato, cuyo thetán es Raeldan.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 11/09/2015
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda

 

En su rol se debatía entre dos amigos, amaba a uno cariñoso y odiaba a otro antipático, pero necesitaba a los dos. En Umbro había también moral y respeto para quien se amaba.

 

Sesión en MP3 (2.063 KB)

 

 

Entidad: Pues vaya si somos complicados en el plano físico. A veces pensamos que queremos algo, al rato cambiamos, buscamos otra cosa, al rato cambiamos nuevamente... Se podría decir que somos inconformistas, se podría decir que quizá, inconscientemente, entendemos que la vida física es tan corta que queremos hacer todo. Nos embarullamos, nos atoramos y no hacemos nada, no hacemos nada de nada.

 

En el rol de Kena había llegado a intimar con Jonus. Jonus era un ser especial, quizás lo mejor que he visto en todo Umbro en el manejo de todas las espadas porque no sólo manejaba una, manejaba dos, una con cada mano. Su rapidez era tanta que era impredecible por dónde iba a venir la estocada o el corte, no había guerrero más diestro ni más rápido. Sin embargo conmigo era tierno suave, respetuoso, dulce, me hacía el amor de una manera, hoy diríais sutil, me encantaba y a la vez, ¡Ay! ¡qué difícil! Y a la vez no. Yo la gran guerrera, la apartada, la amazona inconscientemente es como que quería ser sometida. Me acordaba de Ligor, me acordaba de su risa, de su desdén, de su desprecio, del ignorarme, de su mueca burlona, de que hacía el amor de una manera "avasalladora" y terminaba odiándolo.

 

Con Jonus tenía seguridad, mi vida era distinta, vivía pendiente, me protegía. Así era solamente conmigo, con los demás era seco, ponía distancia. En los caminos era imposible percibirlo y más de una vez me ha pasado que estando intimando con Jonus pensaba en Ligor pero a veces es como que "Aquel que está más allá de las estrellas" te maneja como si tú fueras un hoyuman, y que me disculpe si soy irrespetuosa.

 

Jonus me preguntó si podía estar sola unos amaneceres, tenía que ocuparse de algo que tenía hacerlo él solo. Me imaginé mil cosas, todo relacionado con duelos, combates, algo que había dejado pendiente. Yo no era de preguntar, no me gustaba estar encima del varón, ni asfixiarlo. Casualmente -porque todo es casualidad para el que no entiende, para el que sí entiende, todo es causal- me crucé cerca de la zona oscura -donde están los que la leyenda dice que beben sangre-, con Ligor:

-¿Tú por aquí? -Pero me habló como si me hubiera visto el amanecer anterior.

-¡Hola! ¿Cómo estás tú? -le digo.

-¡Aquí me ves! -Siguió bebiendo agua del arroyo como si yo no estuviera.

-Pues no nos hemos visto ayer.

-No -Siguió bebiendo agua.

-Tampoco antes de ayer.

-Tampoco.

 

No sé qué pasó por mi interior, algo reactivo. Me acerqué, lo empujé y lo lancé al arroyo. Me molestó que en lugar de enojarse largara una carcajada.

-Mujer, ¡vaya carácter!

 

Se acercó a mí, vi que no tenía ninguna intención de atacarme y me quedé tranquila. En ese momento me abraza, me levanta y me tira dos líneas y caigo en el medio del arroyo. Ahí sí, cogí una furia tan grande que me lancé contra él, rodamos en el barro, trataba de golpearlo, de morderlo, de atacarlo, de lastimarlo. Me dominaba y en ese momento me besó, me arrancó la ropa e intimamos con una furia tan grande, ¡tan grande! Y allí me sentí relajada y con culpa.

-Estoy con Jonus -le dije.

-¡Ah! Pues bien, te felicito.

-No dices nada.

-Me imaginaba. La última vez te vi con él.

-Pero hemos intimado.

-Buenísimo. -Me quedé callada-. Tienes un cuerpo maravilloso -me dijo.

-Tú tienes la costumbre de sacar lo peor de mí -le dije.

-Pues no se ha notado, para mí has sacado lo mejor, me has dejado exhausto, niña.

-No soy ninguna niña.

 

Sentí como que mi pasión oscura, densa, hacía que Ligor me quitara energía porque terminaba exhausta, como si hubiera combatido con diez amazonas. En cambio con Jonus es como que luego de intimar con él quedaba desvelada como que me faltaba algo, no era mal amante pero tal vez la energía que Ligor me quitaba yo se la quitaba a Jonus y no sabía cómo descargar esa energía. Y más de una vez estando con Jonus, pensé en Ligor y ahora estaba pensando en Jonus.

 

Veía que Ligor preparaba su alforja, llenaba de agua su cantimplora y se iba a marchar.

-¿Te vas?

-Pues mujer, voy a seguir mi recorrido y entiendo que tú tienes que volver a donde tu pareja. -¡Era extraordinario para ofuscarme!

-Tú no sabes lo que yo voy a hacer. ¿Puedo seguir contigo?

-¿Para qué? ¿Para retrasarme en el camino? Querrás hacer el amor en el amanecer, en el atardecer, en el anochecer y eso me retrasaría muchísimo.

-¡Yo no necesito de ti!

-¡Pues no lo demostraste!

 

Amagué con sacar mi espada, me miró con un gesto como diciendo "Es inútil lo que vas a hacer", como que él supiera que me podría vencer. Querría cortarle la cabeza y después poseerlo pero es ilógico mi pensamiento; poseerlo y luego cortarle la cabeza, poseerlo y estrangularlo, poseerlo y sacarle los ojos. Y vi que se marchó, no se dio vuelta ni una vez. Me quedé parada en el camino. Marchó bordeando el arroyo y yo tomé mi sendero. Debería contarle a Jonus lo sucedido porque no soy de ocultar nada.

 

Cuatro amaneceres después me encuentro con Jonus. Le pregunté:

-¿Cómo te ha ido?

-Bien, he saldado una deuda. -Fruncí el ceño-. Nada del otro mundo, unos granjeros que me habían ayudado cuando yo era pequeño. Había una horda de salvajes que los atosigaban. Acabé con los once -lo contó como si hubiera tomado una bebida espumante- Acabé con los once. ¿Y tú, Kena?

-Estuve con Ligor.

-Estuviste con Ligor.

-Estuve con Ligor, intimé con Ligor. -Se quedó callado.

-¿Por qué?

-¡Porque me sacó de quicio!

-A ver si entiendo Kena, a ti te sacan de quicio, a ti te sacan de las casillas y te acuestas con la persona que te saca de las casillas.

-No, no sé cómo explicarlo. Si tú deseas que no seamos más pareja lo comprenderé.

Su cara era indescifrable y me dijo:

-Lo hablaremos en otro momento. Vamos a la posada, quiero comer algo caliente. -Y no le dio más importancia al tema, cosa que me descolocó también.

 

Ligor, Jonus... Por Jonus tenía un sentimiento, no sé si era amor o aprecio... por Ligor, honestamente no tenía amor, sentía una atracción física, pero sé que no era compatible conmigo, aparte sé que él tenía su corazón blindado porque amaba a otra persona. Es muy difícil todo esto.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 25/10/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda

 

En su rol se debatía entre dos amigos, amaba a uno cariñoso y odiaba a otro antipático, pero necesitaba a los dos. En Umbro había también moral y respeto para quien se amaba.

 

Sesión en MP3 (2.172 KB)

 

 

Entidad: No voy a relatar mis vivencias como las escribió la historia, mi trabajo como thetán es descargar engramas y si dentro de ese concepto hay una historia que puede ilustrar, bienvenida sea.

 

Comentan que nací alrededor del año 1157, hija de una prestigiosa familia de samuráis. Era raro que una mujer se dedicara a la guerra o que fuera instruida en el arte marcial, pero en mi caso fue así, me especialicé en la naginata, en la katana, en el uso del arco y sabía montar muy bien a caballo. Desde que yo era pequeña, muy pequeña, había un maestro samurái de edad indefinida, se llamaba Masaru Renshô. Masaru Renshô, yo lo veía como invencible, entrenaba a la tropa, prácticamente sus movimientos eran imperceptibles. Mientras sus entrenados terminaban jadeando con la boca abierta, Masaru Renshô respiraba como si estuviera reposando. A medida que fui creciendo me interesó tanto el arte samurái que mi padre le pidió a Masaru Renshô que me entrenara. El Maestro, con un movimiento de cabeza, aceptando, comenzó a entrenarme día tras día, día tras día. Su técnica era alentarme, cuando me equivocaba nunca me retaba ni me censuraba. Sólo me decía:

-Tomoe, hazlo de nuevo.

 

Lo único que me pidió que le dijera Masaru, no Maestro. Y fui aprendiendo.

Practicaba contra varones hasta llegar a igualarlos, y con el tiempo, vencerlos, ya sea con la naginata, con la katana o incluso luchando montando a caballo, pero siempre quería más, siempre buscaba más.

Masaru me decía:

-Acostúmbrate a mantener el equilibrio, la naginata tiene que ser parte de ti.

 

Era una lanza de madera que llevaba acoplada una hoja metálica, Masaru me hacía girar en círculos. Cuentan que Tomoe significaba "círculo perfecto", eso es lo que yo hacía con mi arma y cada día tenía más dominio de mi cuerpo, no tanto de mi carácter. Entendía muy bien lo que era el honor para defender la familia y las casas.

Masaru me llevaba lentamente:

-Eres una de las pocas mujeres Bushi pero aún no te considero como tal, no se trata de tener una herencia familiar, tú vales por ti misma. No te veo como una bugeisha, una mujer samurái todavía.

Finalmente ya me decía el nombre completo, Tomoe Gozen, la historia decía que era el sufijo que se usaba para referirse a las mujeres samuráis.

 

Por la tarde tenía largas conversaciones con Masaru Renshô:

-¿Quién te ha enseñado?

-La vida.

-¿Pero quién ha sido tu Maestro?

-Las circunstancias.

-¿De dónde has adquirido tal habilidad?

-De los peligros.

 

Las respuestas del Maestro eran esquivas, o quizá no, quizá las circunstancias, los riesgos, el peligro fueron sus instructores. Pero nadie podía vencerlo, se comenta que siete guerreros de una familia rival lo atacaron en pleno descampado; dejó los siete cadáveres y trajo a la familia las siete cabezas. Era respetado, no temido, porque era la lealtad hecha persona. Disculpaba los errores pero no perdonaba las traiciones. No solamente teníamos conversaciones sobre guerra, sobre historia sino que también conversaciones filosóficas sobre la vida, sobre las mujeres que no eran samurái, como vivían durante la larga ausencia de los guerreros, sobre la guerra entre clanes. Y me fue templando.

-Aquí no se trata -me decía Masaru- de ser mujer o varón, guerrera o guerrero, es exactamente lo mismo, no hay ventaja ni desventaja, pero de la misma manera también es lo mismo para el trato, en el entrenamiento no hay piedad.

 

No es como cuenta la historia. A veces tenía heridas por entrenar, la naginata era peligrosa, al menor descuido podías herirte gravemente, mis mayores cortes fueron en los muslos y en los brazos. En varias ocasiones Masaru Renshô me cosía las heridas. Los días que no practicaba, conversábamos, los días que no conversábamos, él me enseñaba a meditar para que mi mente estuviera clara, absolutamente clara y vacía de pensamientos, me enseñaba a estar alerta.

 

Siendo más grande conocí a un gran guerrero, Minamoto Yoshinaka. Me impactó, me atrajo. Sé que yo le atraje a él. Le pregunté a mi Maestro Masaru por Yoshinaka y me dijo:

-Es un gran guerrero, un buen samurái. El clan Minamoto es un clan fuerte y por sobre todo las cosas honesto. El día de mañana seguramente va a ser un gran general.

 

Me quedé sorprendida por sus palabras, fue la primera vez que lo vi sonreír a Renshô, éste Maestro de edad indefinida.

Renshô habló con el joven Minamoto y le dijo:

-Entrena a esta joven, tiene mucho futuro.

 

Me quedé sorprendida porque Yoshinaka, que era respetado en varias comarcas, tenía un gran respeto por Masaru Renshô. Accedió a entrenarme, Masaru me dijo:

-Me dedicaré a entrenar otros jóvenes.

Objeté: -Pero, Maestro... ¿Minamoto sabe tanto como tú?

-Fue mi discípulo antes que tú. Confía en él cómo has confiado en mí. No significa que dejaré de verte.

 

Y pasé a entrenar con Minamoto. Al comienzo era torpe porque no lo veía como un instructor, me atraía como persona, como hombre y no avanzaba.

 

Una vez más me habló Masaru y me dijo:

-Vacía tu mente de contenido, hay un tiempo para cada cosa. Cuando entrenas, entrenas. El día de mañana estarás en batalla y tu mente estará clara, no pensarás en tu familia, en tu amado, ni siquiera en tu propia vida, tu mente estará alerta, absolutamente alerta, porque una décima de segundo decidirá si vives o mueres.

 

Asentí con la cabeza y empecé a entrenar con Minamoto. Y lo que pasó después... es otra historia.

 


Sesión 09/11/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda

 

La entidad relata sucesos históricos basados en su persona y en sus gestas no para corregirlos sino para hallar la paz al repasarlos y descargar engramas que pueden estar afectando a su parte encarnada.

 

Sesión en MP3 (1.819 KB)

 

 

Entidad: Debo dejar bien en claro que mi relato no es para modificar la historia escrita o reescribirla, honestamente no me interesa en absoluto.

 

Sé que como Tomoe Gozen he tenido muchos engramas, no por las batallas, por infinidad de factores pero insisto, y esto lo dejo bien claro, mi intención es descargar esos engramas, no modificar lo que muchos, supuestos, investigadores han escrito sobre mi vida. No prescindo de ego pero los roles no me empujan hasta el punto de querer dibujar otro tipo de historia, me ocupo de mi ser, de mi ser espiritual, de los engramas que puedo arrastrar y como le pueden estar afectando a su parte actual. De alguna manera mi parte actual se siente identificada con ese rol en el cual estoy repasando la vivencia, del cual se han escrito muchas irregularidades como que yo había sido concubina de Minamoto. Luego de que el gran Maestro me derivara a que Minamoto siguiera entrenándome, llegué a ser tan buena como él en el arte de la katana, el arco, la naginata y quizá mejor, quizá mejor aunque Yoshinaka no lo iba a reconocer.

 

Terminamos enamorándonos. Cuando llegó nuestra boda el clan de los Minamoto hizo una enorme fiesta. Como era mi futuro esposo un respetado guerrero vinieron jefes de otros clanes, miles de guerreros del clan custodiaban de que nada ni nadie perturbe la paz, la armonía y la alegría de esa boda. Minamoto me trataba con respeto, no con condescendencia, con respeto porque a diferencia de otras mujeres yo era una guerrera y sobresalía. Sí es cierto que participamos en las conocidas guerras en Pey, que no duró cinco años como dice la historia, entre 1180 y 1185; comenzó a fines 1179 y ya en 1184 la victoria estaba cantada.

 

La historia cuenta que en un solo combate maté a muchos adversarios. Todos los guerreros hemos matado enemigos y muchos de los nuestros han caído en batalla con la cabeza cortada, con el pecho traspasado y no, no había piedad ni siquiera entre los nuestros, no había posibilidad de recoger a los heridos. Es cierto también que me enfrenté con el líder del clan Genke, Oshida, Shioyotzi, luchamos, me llegó a lastimar en un brazo, mi brazo izquierdo quedó prácticamente inútil en ese momento, hice un giro de 180º y mi katana cortó por completo la cabeza de Oshida. La historia dice que al regresar al clan, le ofrecí la cabeza de Oshida a mi esposo como trofeo. ¿Cómo podría ser eso si él estaba luchando a mi lado?

 

Luego de esa batalla, la juventud, la tremenda juventud de Minamoto no impidió que fuera nombrado general y me dejó a cargo de parte de su ejército. Algo para destacar es la batalla de Kurikawa, con parte del ejército llegamos a Kyoto. Fue algo encarnizado, tuvimos muchísimas bajas, muchísimas. Me sentía molesta porque habíamos planificado bien la estrategia, aparte mi dignidad o quizá mi orgullo egoico impedía que regresara con un fracaso, era la primera vez que mi esposo me dejaba a cargo de un ejército. Cambiamos la táctica, dividimos el frente en dos partes, volvimos a atacar a Kyoto desde dos extremos y esta vez sí, con casi nada de bajas vencimos al enemigo. Mi segundo quería matar sin piedad a los que quedaban, que eran muchos.

-No. -le respondí.

 

Hablé con quien quedaba a cargo.

-Les perdono la vida si me juran lealtad.

El guerrero bajó de su caballo, hincó su rodilla derecha en tierra. Agachando la cabeza ofreció su katana exclamando:

-Puedes cortarme la cabeza o abrirme el estómago en ceremonia, o tomarme como vuestro leal servidor.

Dije en voz alta:

-¿Y todo lo que queda del ejército?

-Serán tuyos, Gozen.

-Que así sea -dije.

 

Kyoto era nuestro y ahí sí pude volver al clan Minamoto con una victoria. Pero no le mentí a mi esposo, le conté detalle por detalle.

Me respondió:

-Tomoe, eres un ser humano. Ganar o perder, no es mérito lo primero y desprecio lo segundo. Tu mérito es que en el primer embate perdiste mucha gente y no te has retirado, entiendo que no querías volver con la cabeza gacha pero de diez, nueve lo hubieran hecho porque desprecian la vida de palabra, no en los hechos y tú te arriesgaste, porque aparte de valentía tienes honor y el honor es lo más sagrado en mi clan. Eres digna de ser mi esposa. Tomoe, una digna Gozen.

 

Me abracé con mi amado en este capítulo y reitero, no me interesa reescribir la historia sino descargar esos conflictos internos.

 

Gracias por escucharme.


Sesión 19/04/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda

 

La entidad relató una vida pasada donde repetidamente vivía unos sueños violentos. Un gran genetista, Raúl Iruti, encontró que en una vida anterior había sufrido unos ataques físicos que le seguían afectando en aquel presente. Le ayudó a descubrir lo que finalmente ocurrió. Asombroso.

 

Sesión en MP3 (4.661 KB)

 

 

Entidad: Mi nombre era Violena, Violena Di Mauro. Tenía sesenta y nueve años, que es el equivalente a veintitrés años de Sol 3, puesto a que el mundo que había encarnado, Ran II orbitaba su estrella cada ciento veinte y dos días, cada año de Sol 3 equivalía a tres de nuestros años.

Desde muy pequeña había sido gimnasta. En Ran no había juegos olímpicos como en Sol 3, pero sí había equivalentes, y había ganado en mi categoría de cuarenta y dos años, el equivalente a catorce años de Sol 3, pero antes había obtenido premios en mi región, pero haber ganado de pequeña a nivel planetario era lo máximo. Y gracias a mi hermano mayor que yo, Atero, me dediqué a las Artes Marciales Mixtas desde los cincuenta y un años, equivalente a diecisiete años de Sol 3, y había avanzado muchísimo porque tenía velocidad, destreza y por sobre todas las cosas lucidez y una mente atenta. No me dejaba llevar por las pasiones, por el contrario.

 

Pero me pasaba otra cosa, en realidad dos. A mis sesenta años, veinte de Sol 3, había conocido a un joven, atento, amable, me había entregado plenamente hasta que descubrí que él me quería pero también quería a otras y era tan básico finalmente que no lo disimulaba, y no es que no quisiera, quería intentaba, pero la torpeza no es solamente manual o verbal, existe la torpeza en actitudes, y nos dimos un tiempo, que sigue hasta el presente. Pero empecé a tener sueños recurrentes haciendo que ese fracaso afectivo pasara a un segundo plano. Soñaba con una violación.

 

Lo conversé con mi hermano Atero:

-Tú has estado siempre conmigo, alguien me ha violado de pequeña y yo no lo recuerdo.

¡Violena! ¡Jamás, por favor! Aparte, por ser mujer has visto a tu doctora, te has hecho todo tipo de estudios, no has sido forzada en ningún momento.

 

Mis sueños eran cada vez más profundos. Soñaba que en un lugar desconocido, era una especie de facultad, yo hacía la limpieza y varios jóvenes me atacaban y me violaban reiteradamente, me había cogido un ataque de histeria, me empezaban a golpear para callarme y uno de ellos me apretó mi cuello con sus manos hasta que todo se oscureció. Me sobresaltaba, me despertaba con mi ropa mojada de transpiración, cogía los grifos de la ducha y dejaba caer el agua sobre mi cuerpo, el agua templada, me tocaba con mis dedos pulgar e índice la garganta y mi corazón latía más fuerte que cuando iba al gimnasio, hasta que mi pulso se acomodaba.

-Tendría que ir a alguien que me vea.

-Hay una persona que te analiza.

-Ya fui a una persona, Rodavalle, instruida, distante, fría. No me da la devolución que yo quiero.

-Hay un tal Iruti -mencionó Atero.

-¿Adónde, hermano, adónde?

-Fíjate por la red.

 

Entré a mi holoordenador y pedí una cita. Me asombró la celeridad, estaba citada para el día siguiente en la tarde.

Era un hombre grande de rostro afable. Me enteré de que era un gran genetista.

Y no soy de callarme, le pregunté:

-¿Cómo es que además es asesor analista?

-Porque me interesa ser útil, apreciada Violena. Cuéntame... ¿Quieres tomar algo caliente? -Asentí. Me dio un té con unas hierbas aromáticas.

-Esto no te relaja, ni te calma, tampoco te excita, es simplemente un té de sabor agradable. Yo compartiré el mismo.

 

Y mientras bebía un sorbo de ese tan sabroso líquido le conté que noche tras noche tenía sueños.

¿Te animas a permitirme que profundice en tu interior?

Lo miré, me daba plena confianza. Asentí. Me llevó con sus palabras a un estado de semidormida y me llevó a ese lugar, a esa facultad.

 

No eres Violena. Dime quien eres.

Susurré:

-Carmina, Carmina Urieta.

-¿Eres soltera?

-Sí.

-¿Qué edad tienes?

-Ciento ocho años. -Era el equivalente a treinta y seis años de Sol 3.

-¿Qué haces?

-Maestranza, en la facultad de ciencias. Mis padres eran muy pobres, no pude estudiar.

-¿Entonces?

-Hago la limpieza.

-¿Hay claridad afuera?

-No, se fueron todos, está oscuro, trabajo con tranquilidad hasta ahora.

-¿Y ves a alguien?

-Escucho voces. Se acercan cuatro jóvenes riendo, cierran las puertas de salida. Me dan cierta aprehensión sus miradas.

-¿Qué edad tienen esos jóvenes, Carmina?

-Deben estar por los cincuenta y un a cincuenta y cuatro años. -El equivalente a diecisiete, a dieciocho años de Sol 3.

-¿Y cómo están vestidos?

-Son estudiantes, los conozco, el que está en la cabeza se llama Constantini, es un alumno muy aplicado pero tiene otro rostro, otra mirada, se muestra como es. Me empiezan a manosear, no soporto más, no soporto más...

-Relájate, vuelve al presente. Eres Violena.

En ese momento abrí los ojos. Estaba recostada, cómoda en un sillón. Me sirvió otro poco de té caliente, que lo tomé, ese sabor agradable. Tenía los ojos llorosos.

-¿Te acuerdas lo que me has contado? -preguntó el asesor Iruti.

-Me acuerdo algo ilógico, me llamaba Carmina Urieta, soltera, ciento ocho años, trabajaba en maestranza... ¿Qué es, un recuerdo de otro universo?

-No, es el recuerdo de una vida pasada.

-Pensé que eso no existía.

-Estimada Violena, sí que existe ¿Tienes problemas en vernos mañana?

-No, puedo volver.

 

Al día siguiente continuamos.

-¿Tiene otro tipo de té más relajante?

-Te daré otro, con otro tipo de hierbas, y luego iniciamos la regresión.

 

Volvió el relato de Carmina Urieta:

-Los jóvenes pasaron del manoseo a arrancarme las ropas, el joven, Constantini, me dio una cachetada que me aturdió, me tiraron al piso y los cuatro me violaron reiteradamente. Sentí como una impotencia y miedo y en ese momento me puse a gritar, a gritar, a gritar. Constantini puso sus manos sobre mi garganta apretando, apretando, apretando, apretando, apretando hasta que mi vida quedó en sus manos y desencarné.

-Recuérdame la edad de Constantini.

-Cincuenta y cuatro años. -El equivalente a dieciocho años de Sol 3-. Los cuatro me violaron pero él fue quien me quitó mi vida. Salieron todos indemnes. Se denunció que intrusos entraron a la facultad. No había huellas, ni siquiera con los mejores detectores. Usaron protección, tenían un látex especial en las manos también. Y yo, por mi trabajo, tenía unos guantes gruesos de látex. No había muestras de cabellos ni nada. El ultraje y el crimen quedó impune.

 

El asesor Iruti me volvió al presente como Violena di Mauro. Me sentía aliviada.

No tuve más sueños recurrentes pero de todas maneras el asesor me dijo: -No dejes de venir. No por ahora.

Le conté también mis problemas afectivos.

Iruti me dijo:

-El amor es respeto, el amor es lealtad...

-Pero esa persona con la que estaba me quería...

-A su manera pero no era amor, no por lo menos lo que yo llamo amor; el amor con hijos, con padres, con amigos se comparte, el amor con la pareja, no. Pasa por respetarte a ti misma. Si tú consientes ese tipo de relación eres cómplice de la falta de respeto que él tenga hacia ti.

-¿Y qué hago?

-Madura, no seas infantil. Ser infantil no es sólo reclamar, ser infantil es también ser permisiva por temor a perder lo que nunca has tenido. Sé de ti, sé que has ganado la medalla planetaria en gimnasia, sé que eres la hermana del último campeón planetario de artes marciales mixtas, Atero di Mauro, sé que eres buena en lo que haces y sé que además estudias historia y que te gusta, y que también te gusta la geografía, y que también te gusta el fotografiar paisajes... Y eres buena en todo lo que haces. Entonces, ¿por qué consientes que no te respeten?

 

Asentí, sin emitir palabra, entendiendo que el asesor Iruti tenía toda la razón, porque todo pasaba por mí, el temor a decir no, el temor a perder... ¿A perder qué? Porque en realidad, ¿qué tenía? El agua que se me escapaba de los dedos.

Y entendí que el amor era otra cosa y entendí que tenía que resetear mi vida afectiva y empezar de cero sin olvidar, obviamente, lo vivido porque todo sirve de experiencia.

 

Pensaréis que ahí terminó mi vivencia, no. En un torneo que acompañé a mi hermano fuimos a otra región, una región cercana detrás de una cordillera, y el torneo se hizo en el patio de gimnasia de una facultad. Cuando entré a esa facultad sentí... -apenas puedo hablar...-, sentí que mi corazón palpitaba más y más porque la conocía, era la facultad donde en mi vida pasada había trabajado como Carmina Urieta. Le conté a mi hermano una vez terminada la velada, porque no quería distraerlo, había ganado por sumisión a los cuarenta segundos, era el primer combate que mi hermano ganaba por sumisión, sus catorce combates todos los había ganado por nocaut, el número trece había vencido a un ex-campeón también por nocaut.

 

Le conté.

-¿Te ha sido útil, entonces -me dijo-, ir a lo del asesor Iruti?

-¡Absolutamente! ¡Absolutamente, Atero! Me resulta raro eso de las vidas pasadas, pero acá está la prueba, esta es la facultad.

 

El director, el hecho de que seamos figuras conocidas mundialmente, nos recibió con agrado, y le dije:

-Quizás le parezca raro, pero quería saber si aquí trabajó en algún momento una tal Urieta, Carmina Urieta.

-No hace falta que me fije en los registros, fue un tema muy lamentable.

-¿Y había en aquel entonces un tal alumno Constantini? No sé el nombre...

-Fue nuestro mejor alumno.

-¿Y qué sucedió con él?

-Gracias a la fortuna lo tenemos aquí, es nuestro profesor de ciencias. Ya es un hombre mayor, ciento noventa y cinco años. -El equivalente a sesenta y cinco años terrestres.

 

O sea, que el joven que me había matado en esa vida anterior, actualmente era el profesor. ¿Pero qué pruebas tenía? Hablé con él, con el profesor.

-¿Profesor Constantini?

-Sí, joven, no te reconozco de mi clase. Aparte, ¿qué edad tienes?

-Sesenta y nueve.

-Ya eres grande. ¿Estuviste en alguno de mis cursos?

-No. ¿Usted conoció a mi abuela?

-Posiblemente, pero hablemos en otro momento.

Cerré la puerta del curso.

-¡No, hablaremos ahora! Mi abuela se llamaba Carmina Urieta.

-No la ubico.

-Trabajaba de maestranza. Usted, en aquel entonces tenía -dieciocho- cincuenta y cuatro años. -De Ran II, obviamente.

-¡No sé a qué viene todo esto! -Se defendió el profesor.

-No sé qué será de esos tres compañeros, pero mi abuela me dio su nombre, me dijo que usted, Constantini, y tres de sus amigos la violaron, y usted personalmente la estranguló y la mató, y no dejó ninguna huella, y las autoridades piensan que fueron asaltantes que quisieron robar y de mala suerte la encontraron a ella y la ultrajaron.

-¡Lo que dices es un disparate!

-No es ningún disparate y no lo voy a dejar salir hasta que no lo admita.

-¡Córrete!

 

Trató de empujarme con un brazo, le disparé un golpe de puño al mentón y se sentó contra un sillón, quedó mareado.

-Seré mujer pero puedo vencerlo y torturarlo hasta que confiese. Usted es un asesino, un violador. Por más que desde esa fecha haya hecho más nada tiene un crimen en su consciencia y sus tres compañeros son cómplices, no importa si en este momento sus alumnos lo quieren, si es respetado en la facultad; es un asesino.

-¡Lo que dices es una tontería, te denunciaré por agredirme!

-¡Ja, ja! Es un hipócrita, mi abuela antes de morir me dijo su nombre.

-¡Eso es imposible, porque nos aseguramos que estuviera bien muerta!

 

Di un respiro porque su ego, su odio le había hecho hincapié diciendo lo que no tenía que decir.

-¡Confesó!

-¿Y qué? ¡Es mi palabra contra la tuya!

-¡No!

 

Hice un chasquido de dedos. En ese momento se abrieron las puertas, estaba el rector de la facultad, mi hermano Atero Di Mauro pálido y dos testigos más, dos profesoras. Llamaron a las autoridades, lo presionaron y lo confesó todo, incluso le hicieron decir el nombre de los tres compañeros, uno de ellos ya había muerto.

El rector me dijo:

-Si es cierto que Urieta es tu abuela, aquí en los registros no me figura, ella era soltera, ella no tuvo hijos.

-Señor -le dije al rector-, Constantini confesó.

-¡Así es!

-O sea, era cierto que él y sus compañeros habían matado a Urieta.

-Correcto. Pero niña, ¿cómo lo sabías? -Le conté lo de la vida pasada.

Lo negó. Dice:

-Eso no existe.

-Está bien, rector, usted no cree en eso. Sin embargo Constantini en este momento está detenido y en lo que le resta de vida va a estar preso, y los dos compañeros que están vivos. Tarde, pero se hizo justicia para Carmina Urieta, aunque usted no crea en otras vidas.

Se quedó rascando la nuca y nos marchamos.

 

Esa misma noche hablé por el holovisor con Raúl Iruti.

-Son muy pocas cosas las que me sorprenden -dijo el asesor Iruti-, pero esto que has hecho es maravilloso, te has acordado de una vida anterior donde te han ultrajado, has vuelto a encarnar y has encontrado al asesino. ¡Vaya! Gracias por no hacerme perder, querida Violena, mi capacidad de asombro -dijo Iruti.

 

Y no tuve más sueños. Y mi vida cambió porque me respeté. Y seguí estudiando historia y fotografía y practicando Artes Marciales Mixtas y colaborando con mi hermano. Había encarnado como Carmina Urieta, luego como Violena Di Mauro.

Y había vuelto a renacer como Violena Di Mauro, lo que no es poco.

¡Vaya! Lo que no es poco.


Sesión 03/05/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Brenda

 

Interiormente estaba tranquila, serena, equilibrada. Esto ayudaba en positivo a su actividad como luchadora. Ella y su hermano entrenaban juntos para conseguir, cada uno en su modalidad, el título planetario. El esfuerzo hacía que la vida les sonriera.

 

Sesión en MP3 (2.810 KB)

 

Entidad: Velocidad, velocidad, más velocidad. Yo era la casi principiante, mi hermano, Atero, era el campeón. Sin embargo lo presionaba una y otra y otra vez: Más velocidad, más velocidad.

 

Atero se encontraba sorprendido. Me decía:

-Violena, tú eres mujer y sin embargo me esquivas la mayoría de los golpes. Y eso no es todo, busco de alguna manera una sumisión y es como que te escurres como si tuvieras aceite en el cuerpo, no me permites amarrarte, sujetarte.

 -Velocidad, velocidad. Sigue insistiendo.

A la noche, en casa, me preguntaba:

-¿Cómo te encuentras?

-Bien -le respondí-, bien. El hecho de comprobar que existen las vidas pasadas, que yo había sido Carmina Urieta, que me habían ultrajado en esa vida y me habían dado muerte y que el autor principal lo pude ubicar y pude cerrar ese ciclo, para mí fue hermoso, fue algo que no se puede narrar con el lenguaje, que solamente se puede rememorar y verdaderamente sentirse bien.

-O sea, de alguna manera lo disfrutas.

-No, hermano, no, no, no. Simplemente se hizo justicia pero, no, no ,no, disfrutar no. Disfruto otras cosas; disfruto el presente, disfruto el poder sentirme bien conmigo misma, el entender que, como me dijo el asesor Raúl Iruti, mi aprobación depende de mí y es independiente de éxitos o de fracasos.

Atero me dijo:

-No seas tan extremista, hermana, uno disfruta del éxito y a uno le molesta el fracaso. No, no, no, no; no estamos exentos de pasiones, de emociones, y no hemos de mentirnos nosotros mismos.

-No, eso lo sé. A ver, hermano, muchas cosas me han molestado, los engaños, las traiciones, el estar con personas que fingen ser una cosa y después son otra. Pero hoy, a ver, no puedo decir que lo superé, no se puede superar una traición, pero uno se puede fortalecer interiormente y entender que hay personas que son así y dar gracias de que uno no es así.

 

Al día siguiente, por la tarde, otra vez el gimnasio, otra vez la práctica: Velocidad, velocidad, velocidad. Había vencido por nocaut a tres de las más importantes contrincantes y sí, sí, por fin iba a pelear por el titulo planetario con Hidden Fazer. Sí, sí, sí.

 

¡Je, je! Atero no estaba contento. Atero decía:

-Debes cuidarte, no quiero que te lesionen, no quiero que te lastimen. Eres buena, eres muy buena luchadora, golpeas bien, golpeas fuerte, eres rápida, pero Hidden es otro nivel, es...

-Sé que ha ganado, lo sabe todo el mundo, ha ganado peleas clandestinas a varones. Tiene un golpe extraño -Me quedé meditando-, tiene un golpe extraño. El tema es que yo le dé un blanco fijo, -Me miró-, y no se lo voy a dar, Atero, no le voy a dar ese blanco fijo.

-Son seis rounds, es mucho. Es demasiado para Hidden Fazer, para estar en frente de ella -me dijo Atero.

 

La noche del combate me sentía rara, como calmada, no estaba sobre excitada o ansiosa, no, para nada. Subí al cuadrilátero y allá venía ella, precedida por una música, una música rápida, la misma música que usaría en su entrenamiento, la mirada fija, en nada, en nadie. Subí al cuadrilátero, el árbitro nos dio las instrucciones. Yo la miraba, ella no me miraba, como que yo no existía.

Y comenzó el combate. ¡Uff! Muy difícil, yo era la bailarina, me buscaba permanentemente, mi estilo había cambiado, por lo menos en este combate, porque normalmente yo no vivía esquivando o bailando tanto, trataba de zafar de sus llaves, trataba de esquivar sus golpes, iba lanzando jabs, golpes de izquierda en su cara. Al final de ese round, una sola vez me tocó en el hombro izquierdo, nadie se dio cuenta.

Llegué al rincón, le dije a mi segundo:

-Tengo el brazo izquierdo paralizado. -Subió Atero.

-¿Qué pasa, hermana?

-No puedo mover mi brazo, no sé con que me golpeó, cómo me golpeó, no puedo mover mi brazo.

 

Atero, disimuladamente, me golpeó entre el omoplato izquierdo y el hombro, del lado de la espalda, y volví a sentir la circulación de la sangre. Y ahora sí estaba preocupada, solamente me había tocado el hombro y había dejado de sentir el brazo. Cambiaría mi estilo este round, sería yo.

Avancé, golpes de pies al rostro. Trataba de devolver, Hidden Fazer no me llegaba. Sí había una cosa muy importante, era el doble de rápida que ella, el doble de rápida. Y notaba, porque sí, lo notaba, que ella empezaba a perder la paciencia. En un momento dado me abraza, como para estrujarme. No permito que se aferre en mi cuerpo, pongo junto mis dos codos sobre mi pecho, afirmo mis dos manos sobre su mentón y empujo hacia fuera. Logro abrir -cuando se separa- nada más treinta centímetros: un golpe corto a su nariz. Me asombra, empieza a perder sangre por la nariz. Retrocedo, avanzo de nuevo, salto y otro golpe a la nariz desde lo alto. Retrocedo, un barrido y cae. Me lanzo encima en el piso y golpeo, una, dos, tres, cuatro, cinco, diez, veinte veces: termina el round.

Hidden Fazer estaba sorprendida, había dado vuelta el combate. El tercer round fue distinto, cualquier otro se hubiera ido al ataque inmediatamente, que era lo que Hidden Fazer esperaba. No, volví a bailar, a esquivar, a desconcertarla. En determinado momento, envuelvo con mis pies su cuello, su garganta, la tomo de uno de los brazos, con toda mi fuerza, no permito que se mueva, no permito que se mueva, no permito que se mueva, no permito que se mueva y golpea tres veces la lona. Suelto -estaba mareada del esfuerzo-, me levanto. Me levantan la mano, escucho voces por los parlantes: Violena Di Mauro, nueva campeona planetaria. Le había quitado el invicto por sumisión, por abandono a Hidden Fazer.

Había apuestas, yo pagaba cinco a uno, era tremendo, mi propio hermano no lo podía creer. Antes de bajar del cuadrilátero una mano me toca el hombro. Me doy vuelta: Hidden. Me mira a los ojos, una mirada impávida, pero exenta de ira, exenta de rencor, exenta de emociones. Asienta con la cabeza y me dice:

-Eres buena, eres muy buena y eres veloz. Y gracias.

Frunzo el ceño y con mi rostro hago un gesto de pregunta:

-¿Gracias?

-Sí, he aprendido, me has enseñado algo nuevo. Y mira que donde yo vivía me habían enseñado todo tipo de lucha pero he aprendido algo y me servirá para perfeccionarme.

Le dije en tono de broma:

-Espero que no lo uses contra mí.

Pero Hidden Fazer es como que no entendía la picardía, la broma. Y me dijo:

-Por supuesto que sí, lo usare contra ti, recuperaré el titulo.

 

Me dio su mano -genuinamente, ¿eh?, genuinamente-, y bajó del cuadrilátero. Una persona rara. Estaba acompañada de Bruno Doyer, a quien mi hermano había vencido. Se enfrentarían en pocos días.

 

Estuvimos todos los siguientes días conversando del combate, y Atero fue sincero.

-No lo esperaba Violena, no me imaginaba que tú le ganaras, no me imaginaba. Pensaba que Hidden Fazer era sobrehumana. Y sí, lo sigo pensando. -Asentí.

-Sobrehumana y lenta. Y ahora tú te vas a enfrentar a Bruno. -Atero me miró.

-Lo sé, ¿pero qué me quieres decir?

-Lo he visto combatir a Bruno, te he visto combatir a ti; eres más rápido, eres bastante más rápido. Y todos estos días, todo este tiempo que hemos practicado velocidad eres más rápido aún que cuando le ganaste. Y tienes una ventaja: has potenciado tu golpe.

 

Y esta vez me tocó a mí ser espectadora. Bruno estaba mucho más lento que en el primer combate con Atero, mucho más lento. Tan, tan lento que para Atero era fácil golpearlo: el rostro, el estómago, barridos de piernas... Hasta que en el tercer round llegó el nocaut y Bruno Doyer cayó nuevamente derrotado por mí hermano. A diferencia de Hidden, cuando perdió conmigo, Bruno estaba absolutamente molesto, absolutamente molesto. La propia Hidden lo asistió en su rincón y él no quería hablar con ella, le recriminaba. No quise ser indiscreta, así que evité escuchar.

Fuimos a festejar. Los hermanos Di Mauro, Violena y Atero, campeones. Y sí, tenía razón mi hermano, ¿por qué no disfrutar si al fin y al cabo la vida son momentos? Eso no impide que podamos ayudar a otros, pero que tampoco nos impida ser felices. Al fin y al cabo, la vida tiene matices. Podemos ser felices a través del servicio y podemos ser felices a través de las vivencias. Y eso es lo que muchos no entienden, ser felices, estar en un estado de euforia no nos impide estar alerta, no nos impide ser permisivos con la bondad y no ser permisivos con el error, una cosa no quita a la otra. Es una lección que aprendí.

 

Gracias por escucharme.