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Psicoauditación - DSG

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión 27/10/2016

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Sesión 28/02/2017

Sesión 22/03/2017

Sesión 29/03/2017

Sesión 15/04/2017

 


Sesión 27/10/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

En una vida en Términus era lógico, técnico, matemático y no tenía tiempo para pensar en temas espirituales, pero ocurrían cosas inexplicables, como que unos seres imperceptibles se colaban en la mente de sus habitantes. Encontró un analista humano que formó un grupo para estudiar cómo combatir a los etéreos.

 

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Entidad: Hay vidas que son problemáticas, hay vidas que son difíciles. En mi vida actual, en Sol 3, tengo muchos altibajos, cambios de regiones, temas laborables que no terminan de llenarme. En la parte afectiva más disonancias que acordes. Pero viene de distintas vidas, es como que las repeticiones alimentaran más los diversos engramas. Si uno lo conceptúa analíticamente sabe que no es así porque a medida que recordamos esas vivencias vamos descargando ese peso, me atrevería a decir ese peso genético que nos afecta en cada vida a cada unidad biológica.

 

Recuerdo la vida como Irdino. En la escuela siempre formaba entre los primeros porque era bajito. Y bueno, era glotón, me gustaban los dulces, los pasteles. Ya con diez años tenía un peso por encima del común denominador y no cambió.

Fui adolescente y me refugiaba en mí mismo, mitad por timidez y mitad porque me interesaba profundizar en mi persona. Me refugié en las matemáticas al punto tal de ser uno de los mejores matemáticos del planeta. Pero aparte de matemática había estudiado todo lo que es "micro". Armaba procesadores milimétricos, me interesaba la física cuántica. Vosotros tenéis un refrán con el que no coincido pero que en este caso me fue útil: "No hay mal que por bien no venga". El mal en este caso era el refugiarme en mi propio ser, el ser tímido, el tener mi mente ocupada en las cosas pequeñas. Los últimos cinco años me empapé a fondo de nanotecnología al punto tal de que equiparé la nanotecnología con las matemáticas y en eso también era uno de los mejores del planeta. ¿Y por qué no hay mal que por bien no venga? Porque de esa manera evitaba que mis pensamientos fueran invadidos por los etéreos. Pero voy a pasar a explicar de qué estoy hablando.

 

Mis amigos se burlaban: "Irdino, Irdino, siempre estás con la mirada perdida, no se sabe si en la luna pequeña o en la luna grande". Pero eso me protegía.

Nuestro mundo, Términus, desde miles y miles de años era un caos, un tremendo caos. No era amante de la historia pero tenía amigos y amigas historiadores, arqueólogos que me relataban... Me da cosa el contarlo. Los tremendos suicidios, las muertes sin explicación. Yo era muy lógico. No, no le daba mucha importancia al mundo espiritual, es más, creía en lo que tocaba, en lo que palpaba, en lo que sentía, en lo que veía, en lo que escuchaba, en lo que olfateaba. No es que fuera escéptico pero estaba en el límite. Sé que doy muchas vueltas para relatar esto.

 

Había unos seres imperceptibles que invadían la mente de la raza desde la antigüedad. La gente creía escuchar cosas o visualizar personas, seres queridos que habían muerto se les aparecían. Se volvían locos. Eso les llevaba al suicidio o a perder la razón.

Había un gran analista, llamado Máximo, que dio una explicación concreta del por qué pasaba eso. Tú mirabas el cielo nocturno y veías en esa inmensidad millones de estrellas pero hacia el otro lado la nada, oscuridad, un vacio absoluto dentro del vacío, porque Términus, nuestro mundo, estaba en un sistema solar al borde de la galaxia, de una galaxia que estaba en el borde del Universo. Y este hombre analista, Máximo, tenía la hipótesis de que esos etéreos que invadían la mente de toda la raza de Términus moraban allí, en esa oscuridad, en esa nada y que se alimentaban de nuestro miedos, de nuestros temores, de nuestras angustias, de nuestras necesidades ocultas. Pero como era poco las provocaban, y siempre pasa en todas las razas -porque esto lo sé por las distintas vidas que he vivido- que en la noche es donde ese colectivo inconsciente despierta y ya tienes miedo ilógico, porque sí. Son muy pocos los que están preparados para no sentirlo.

 

Desde la más remota antigüedad esos etéreos fueron invadiendo la mente y provocando guerras, calamidades, catástrofes, además de los suicidios. La medicina había avanzado de tal manera que operaba cerebros trabajando la amígdala, el núcleo de las emociones, haciendo que la persona evitara sentir ese terror. Pero, ¿a costa de qué?, a costa de que fueran autómatas. Esa no era la solución.

Las circunstancias, las causalidades me llevaron a conocer a Máximo, este analista humano que tenía el don de poder conceptuar a lo que llamamos las almas, que somos nosotros cuando dejamos esta existencia, pero a su vez también conceptuaba a los etéreos. Conocí a Justo, este gran informático, hermano de Máximo. A Sotela, una enorme maestra de historia, conocía el detalle de cada civilización, qué había sucedido durante miles de años en cada región. Y por último a Rómulo, un excelente arqueólogo.

 

Siempre había... Siempre había tenido ese trauma, ese complejo de sentirme rechazado, quizá porque era de menor estatura que el común denominador y quizá por ser algo obeso, no me gustaba mi figura.

Recuerdo que Máximo me decía:

-Irdino, tu ser interno, ese que guarda la sabiduría, el conocimiento matemático, el conocimiento de física cuántica, el conocimiento de micro ordenadores, el conocimiento de nano tecnología que nos va a ser tan útil ahora, ese ser es invalorable, y tú cometes el error de fijarte en esa capa externa. Quien no te aprecia es porque no te conoce, es porque no sabe, es porque no merece el esfuerzo de que tú te fijes.

 

Máximo me hizo sentir seguro, firme, aprender a decir que no cuando es no, aprender a decir sí, ser arrojadizo, -no impulsivo, no confundir-. Habían planificado entre todos el usar una especie de casco. Yo cooperé con mi nanotecnología. Lo probamos, la nanotecnología que yo usaba, los pequeños microchips milimétricos emitían una cierta frecuencia, que seguramente no impedían pero filtraban la mayoría de los pensamientos conceptuales de los etéreos para que no manejen, alimenten, engorden nuestras emociones y luego las digieran como festín, porque nosotros éramos un bocadillo para los etéreos.

 

Y sí, tenía un amigo, Albino, tenía dieciséis años, estudiábamos en el mismo curso. Había perdido un hermano gemelo en un accidente de carro. Al día siguiente vino blanco al curso, no quería entrar, había vomitado.

Me dijo:

-Irdino ayer vi a mi hermano, a mi hermano muerto, le toqué el rostro, lloraba.

Decía "¿Por qué me has olvidado?".

Perdí el sentido, cuando me desperté no había nada.

Le comenté:

-Has tenido una visión provocada por esos seres incorpóreos llamados etéreos.

 

Fue el primer testimonio que tuve. Y tenía la ventaja de que si bien no era inmune a ellos, mi mente tan meticulosa no les prestaba atención. Quizás uno de los pocos que era directamente 100% inmune a ellos era este analista humano, Máximo, pero el 99,99% de la población era víctima de esos seres.

 

Teníamos que probar el caso. Armamos una pequeña empresa. Los cascos no eran del todo seguros, los hicimos de plata y del lado de adentro unos chips absolutamente miniaturizados con conexiones de nanotecnología. Se ofrecieron cien voluntarios para llevarlos siete días, tenerlos en todo momento. Hubo una pequeña mejoría.

A la semana volvieron noventa voluntarios de los cien primeros que se habían presentado diciendo que habían bajado un poco sus visiones, esos seres incorpóreos no se metían tanto en sus pensamientos, pero las veces que se metían, ¡cuidado!, se metían de una manera cruel como entendiendo que se estaba luchando contra ellos. Nos enteramos de que los diez que no se presentaron se habían suicidado, el casco no les había sido útil.

-Fracasamos -dije.

-No, no fracasamos -respondió Máximo.

Justo me cogió del brazo y me dijo:

-Irdino, es una prueba, no pienses que perdimos diez personas piensa que rescatamos noventa, que no se sabe que hubiera pasado con ellos. Hay que mejorar el casco, todos aportamos una parte.

-¿Qué puede aportar -dije-, la maestra Sotela? ¿Qué puede aportar Rómulo?

-No desmerezcas -exclamó Justo-, todo aporte es importante, ningún aporte es insignificante. Aunque no tengan conocimiento de nanotecnología, el hecho de que puedan relatar la experiencia de la antigua humanidad, cómo reaccionaban ante el ataque de estos seres, qué parte debemos mejorar...

 

En ese momento se acercó Máximo y dijo:

-Nuestro cerebro vibra, emite vibraciones, la parte del cortex emite vibraciones, la parte de la amígdala emite otro tipo de vibraciones. Sabemos que la amígdala es el núcleo emocional, la que genera nuestros impulsos, todo lo que tenemos de reactivo. Busquemos sintonía fina en el casco, no una sintonía generalizada en toda nuestra mente, hagamos una lectura de la vibración de nuestra amígdala y sintonicemos el casco en consecuencia.

-Sí, sí -dije entusiasmado-. Lo podemos hacer, lo podemos hacer.

 

Me acordaba de mi compañero de escuela al que los etéreos le hicieron ver una visión de su hermano muerto. ¿Y cuántos millones de personas se han suicidado por ver aparecidos en sus casas a seres que habían muerto hace decenas de años? Porque una cosa es relatarlo y otra cosa es vivirlo, porque vosotros que me escucháis lo tomáis como algo anecdótico pero poneos en mi lugar, sentaos en un sillón, pensad en un pariente que hace años que no esté con vosotros y que de repente una tarde o una noche llegáis a vuestra casa y veis a la persona sentada que os saluda y llorando dice "¿Por qué me has olvidado?". Y lo ves, hasta lo puedes tocar porque manejan de tal manera tu mente, los etéreos, que hasta crees que tocas algo que no existe y que oyes algo que no está, y que ves algo que hace años dejó el plano físico. ¡Poneos en mi lugar, el terror que provoca eso o voces que por las noches invaden tu mente!

 

Bueno, esa es nuestra tarea. Y sí, Sotela, Rómulo pueden aportar, desde su maestría ella, desde su parte de historiador y arqueólogo, Rómulo. Yo me complementaba con Justo porque era un enorme informático y Máximo, el que había llegado a quid de la cuestión, calibrar la vibración hacia la amígdala, a ver si de esa manera el casco era más impenetrable a esos oscuros pensamientos de esos seres.

 

Por fin me sentía útil, ahora era uno más. Ahora me sentía alguien, un grupo que podíamos, lo digo con sano orgullo, salvar a la humanidad después de miles y miles y miles y miles de años de zozobras. Manos a la obra.

 

 


Sesión 15/11/2016
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

Colaboró con el equipo que salvaría la humanidad de Términus por medio de un casco que impedía que los etéreos se introdujeran en el cerebro de la gente. Pero parte de la población se resistió a ser ayudada y eso creó problemas a los diseñadores.

 

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Entidad: Al comienzo estaba satisfecho, incluso me había invadido, como decís vosotros, un ego de vanidad. Sí, quizá me había invadido la vanidad por haber cooperado para hacer los famosos cascos. Pero si no sabéis de qué estoy hablando, les comento que mi nombre es Irdino, me considero un gran matemático.

 

Me mudé a la región de Dovarco, en Términus, un mundo que está al borde de la galaxia que está al borde de nuestro Universo. Desde la más remota antigüedad nuestra raza ha sido sometida mentalmente por los llamados etéreos, unos seres que habitan más allá de la Creación causando las emociones más perversas y nutriéndose de ellas. Debido a ese sometimiento de esos seres, que vosotros llamaríais suprafísicos, hubo a lo largo de la historia miles de muertes, miles de suicidios, desintegración de la familia, locura, hasta que logramos, a través de ese casco producido por nanotecnología mezclado con informática avanzada, aislar los conceptos mentales de esos seres para que la raza humana de Términus estuviera lo más normal posible.

 

Fui uno de los que recibió premios, condecoraciones y volví a trabajar en lo que me interesaba, la matemática. Me contrataron en una empresa de prestigio por un sueldo muy elevado, estaba incluso de jefe de una sección. Me consultaban por infinidad de temas y la vanidad me había nublado la razón. Hasta que la sociedad, esa sociedad torpe, necia por una supuesta mal entendida libertad pretendió salir de ese protegido aburrimiento, buscando sacarse los cascos. Los etéreos, obviamente alerta, se metían conceptualmente en la mente de esos desgraciados e inmediatamente les hacían escuchar voces -voces mentales obviamente-, les proyectaban imágenes y en segundos, no en minutos, en segundos esa gente que supuestamente estaba preparada para resistir, volvían a caer. Pero el problema no era la gente, el problema era su entorno; padres de familia, esposos que se sentían seguros en su protección se sacaban los cascos y a sus esposas, a sus hijos los veían como enemigos o como desconocidos o como monstruos, como alimañas y causaban una masacre matando a toda su familia. Ahí es donde los etéreos se retiraban permitiéndoles cruelmente ver la escena que ellos mismos habían dejado, y se suicidaban.

 

Me considero, aparte de matemático, una persona bastante ilustrada. Y conversé con el mayor analista humano, Máximo, que fue el precursor para que logremos entre todos el tema de la protección a través del casco mental. Y Máximo me decía:

-El problema no pasa por quienes buscan esa falsa libertad, pasa por la gente que los rodea, que son víctimas de estos necios inconscientes.

 

Y como han relatado otros thetanes, para quienes quieran prejuzgar o deseen prejuzgar la conducta de los humanos de Términus, pensad en Sol 3, de donde es mi 10% actual, a cuántos les gustan los deportes extremos. Sé que no hay comparación con Términus pero muchísimos han muerto por practicar esos deportes extremos. Daría la impresión que el ser humano, en su necedad, le gusta arriesgar su vida, y mi argumento es irrebatible porque está a la vista.

 

Este líder, analista humano, Máximo, comentó que la única solución era un casco más avanzado que se aferre al cráneo de las personas para que no se lo puedan sacar para probar esa supuesta emoción. Y allí vino lo que se llama la resistencia. Nos acusaron de totalitarios, de cortar la libertad de la población, de meternos con su libre albedrío, porque ahora la humanidad se sentía presa de esos cascos que desde que el bebé nacía quedaba puesto en su cráneo, y como la nanotecnología avanzada fabricaba cascos elásticos, aunque ese bebé fuera creciendo, su cráneo iba aumentando de tamaño, el casco se iba adaptando. Hasta llegaron a llamarnos tiranos.

 

Máximo estaba consternado.

-Estamos salvando a la humanidad, a una humanidad que se pone en contra nuestra.

 

Pero quizá mi vanidad me hizo egoísta: "Bueno, ahora estoy trabajando en una empresa, soy jefe de sección, estoy independiente". Pero la gente no olvida. Compañeros empezaron a tratarme mal: -"Tú, Irdino, formaste parte de esa tiranía que nos esclaviza con sus cascos". Y me di cuenta que mis compañeros eran la necedad vestida de un cuerpo, no era un cuerpo animado por un alma, era un cuerpo animado por la necedad hecha conciencia, si se permite el descalabro de pensamiento. Algunos no me saludaban, otros me despreciaban.

Logré rehacer mi vida. Una compañera con la que comencé a salir, Maicé, me decía:

-Pareces buena persona pero tu vanidad te ciega, en el sentido de que buscas ser cómplice.

 

Sentía mi rostro colorado de vergüenza, más que de ira, de pensar que Maicé tenía esa opinión. Traté de argumentar, de razonar, de hacer entender pero me di cuenta que Maicé era tan necia como el resto de mis compañeros.

-No os dais cuenta de que el casco libra a la raza de Términus de una esclavitud mental de miles y miles de años.

 

Ya lo dijo nuestro compañero Rómulo, a quien hacía semanas que no veía. Él era arqueólogo, él había investigado desde que los albores de la humanidad los etéreos les hacían ver ocelontes, rinocéfalos, agoterios, que estos seres prehistóricos intentaban matar a lanzazos y cuando despertaban de esa ilusión habían matado a su propia familia, a sus amigos. Pero no, el ser humano era necio y eso me implantó nuevos engramas, engramas de desprecio, engramas de rechazo de parte de los que eran mis compañeros. Mi propia amiga o pareja me despreciaba diciendo que yo formaba parte de esa conspiración. ¿Conspiración? Me salió el ego de adentro y le dije:

-Pero somos sus salvadores, tenéis que arrodillaros delante nuestro -muy reactivo y casi necio, o necio del todo yo también.

Me miró con una mirada de sarcasmo diciendo:

-¿Arrodillarme ante ti? ¿Pero quién eres tú?

 

Y me cogió, lo que diríais vosotros, ese complejo de inferioridad. Y toda esa vanidad por haber sido condecorado cayó al retrete, o como se diría en informática, una vanidad deleteada, reemplazada por ese complejo de inferioridad. O sea, la continuidad del ego seguía, el ego vanidoso había sido reemplazado por el ego infantil de quien necesita la aprobación, y no tenía la aprobación. Contaba con muchísimos ahorros y me vi obligado a renunciar al trabajo, y no vi más a Maicé.

 

Pero no es que no me preocupara de la humanidad pero seguía pensado en mi problema. Me aislé en casa, conversaba con poca gente, en parte era una figura pública porque mi rostro era conocido mundialmente por haber estado con el grupo selecto de Justo, Máximo, Sotela, Rómulo, Séptimo. Todos, de alguna manera cooperaron y todos quedamos marcados. Para concluir recuerdo las palabras de Máximo, unas palabras sabias:

-Irdino, me has comentado tu problema. Tienes la ventaja de que cuentas con ahorros, puedes incluso sobrevivir sin trabajar el resto de tu vida. Pero no eras más importante cuando nos condecoraron y no eres menos importante ahora que te rechazan, eres el mismo.

-No soy el mismo, me siento destruido.

-No, no es así, no, Irdino, piensa en esto. Sé que tú y muchos otros han caído en esa vanidad de sentiros los salvadores de la humanidad, hay fotos, filmaciones, entrevistas, y te sientes por encima del resto. Gran error porque sigues siendo mortal en el plano físico. Y luego cambias; la sociedad se rebela, muestra su necedad y tú te sientes menos porque esa gente que te abrazaba, que te palmeaba, que te aplaudía te da la espalda, te da vuelta a la cara. Pero tú, tu esencia, tu interior sigues siendo el mismo. ¿Sabes dónde está tu vulnerabilidad, Irdino? En que vives pendiente de los aplausos o de los rechazos. El aplauso no te hace mejor persona, el rechazo no te hace peor persona. Tienes que aprender a vivir independientemente de eso, ser tú, tú.

 

Y entendí, analíticamente lo entendí. Agradecí las palabras de Máximo, este querido analista, pero una cosa es entenderlo y otra cosa es llevarlo a la práctica. Y esa es mi lucha, llevar a la práctica lo aprendido. Esa es mi lucha.

Pero lo tengo que lograr, lo tengo que lograr.

 

 


Sesión 11/01/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

Era astrónomo y disfrutaba con su trabajo pero en lo privado estaba solo, no encontró nadie compatible con él. Podía descubrir nuevos mundos pero no podía encontrar el por qué de su soledad.

 

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Sesión 01/02/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

La red mundial de datos de Ran II estaba siendo interferida al punto que podría desembocar en un caos global. La entidad relata que sospechó que era causado por unas señales externas al planeta. Lo comentó hacia más arriba y le ordenaron que callara. Empezó a trabajar el tema con otros investigadores.

 

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Sesión 28/02/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

La relata que en Ran II, sabía lo que estaba sucediendo pero no podía contárselo a nadie, le podría costar la vida. Su asesor espiritual no podía ayudarle tampoco pero su autoestima estaba fuerte.

 

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Sesión 22/03/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

Su esencia como entidad suprafísica es conocer, investigar pero como rol encarnado en Ran II no era entendido, ni él ni su trabajo, los demás no lo temaban en serio. A pesar de la soledad con que se encontraba supo adaptarse a aquel entorno.

 

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Sesión 29/03/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

La entidad relata anécdotas de la vida anterior a esta en Ran II, donde pese a ser distinguido y apreciado profesionalmente le faltaba alguien a quien volcarse afectivamente. Comenta que las vivencias pueden repetirse. Como Nambo Flagan pareció faltarle también las relaciones personales, siempre es difícil conjugar la vida profesional con la familiar. Con un amigo con circunstancias parecidas se volcaron en la astronomía.

 

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Sesión 15/04/2017
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de DSG

A raiz de salvar a un joven de unos maleantes conoció al rey Anán. Hablaron como iguales para descubrir que no eran tan distintos, no encontraban la felicidad pero que podían decidir sobre su vida.

 

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