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Psicoauditación - Francisco S.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión 11/12/2019

 

 


Sesión 11/12/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisco S.

La entidad relata una vida de las que más le han afectado. Durante tiempo estuvo pendiente de la aprobación de otros, hasta que un compañero de escuela le fortaleció su autoestima.

 

 

Sesión en MP3 (3.144 KB)

 

Entidad: Es un gusto estar aquí comunicado. Me atreveré a rememorar una vivencia que me ha dejado muchos engramas, una vivencia que ocurrió muchísimo tiempo. Por supuesto que he tenido vidas posteriores a la misma, pero hasta el presente es una de las que más me ha dejado huellas, huellas engrámicas.

 

Mi nombre era Nandor Ferenc, de Cáposta, la capital de Magar. Mi padre se llamaba Jensi, era sastre, mi madre, Zari, costurera. Tenían un pequeño negocio. Yo iba a la escuela pública, era bastante tímido de niño.

Uno de mis amigos era Bela Sador, es como que lo envidiaba, sus padres eran joyeros. Una vez me invitaron a la casa, tenía una habitación llena de juguetes, tenía un aparato para ver películas en una pared.

Recuerdo que le pregunté a Bela.

-Se ve casi tan bien como en los cines del centro de Cáposta.

Bela me dijo:

-Ya estoy acostumbrado a ello.

 

Recuerdo que mi infancia fue bastante buena porque no tomaba consciencia de lo pobres que éramos. Padre Jensi trabajaba todo el día acompañado con mamá Zari, y así y todo el dinero alcanzaba muy justo. Veía a los papás de Bela en un coche convertible cuya capota se levantaba, y pensaba "Algún día yo también voy a tener un coche". Era un coche modelo 59, una maravilla.

Cuando cumplí ocho años los papás de Bela se expandieron, dejaron la joyería a mano de encargados y se fueron a Séntez -'S' 'z' Séntez-, una ciudad más grade que Cáposta, cerca de la capital de Magar.

Durante tanto tiempo envidié a Bela, su cuarto lleno de juguetes, una proyectora de cine... Pero era pequeño, era entendible, no me daba cuenta que había cosas más importantes que llenaban el espíritu, no lo entendía. Es más; a veces reprochaba a mis padres por no darme más cosas, por no entenderme como niño que precisaba más cosas.

 

Un par de veces acompañé a Bela, cuando vivía en Cáposta, a su club. Me hizo entrar como su invitado. Había una pileta como de cincuenta metros de largo, me parecía impresionante y para Bela era algo normal.

Se lo conté a mamá Zari.

-¿Algún día tendremos la posibilidad de ir a un club donde haya una pileta?

-Hijo, hijo... Primero que tú tienes problemas en el pecho, vives tosiendo.

-Es cierto, pero el agua está templada, no me va a hacer mal. -(Tose).

-¿Ves hijo?, ¿ves lo que te digo? Toma, toma este jarabe. -Y tomaba jarabe.

-Pero madre, la pileta tiene el agua templada aún en invierno; aún en invierno podemos ir.

-Espera hasta el verano, Nandor, espera hasta el verano, iremos a la playa.

-Es que no es lo mismo.

 

Y así crecí, crecí con inseguridades. Madre quizá me sobreprotegía, como que potenciaba mi timidez en lugar de sacármela. Y me crié con distintos engramas. Recuerdo que ya siendo adolescente conocí a Eva, una joven tan linda, tan linda...

Recuerdo que se acercó a mí y me dijo:

-¿Tú vas al mismo colegio que yo?

-Sí, pero voy turno mañana, voy a primer año.

-¡Ah qué bien! Entonces puedes ayudarme con las tareas... ¿Quieres venir a casa y tomas la merienda conmigo? -Me palpitaba el corazón, me sentía como...

-Sí, está bien. -Me pasó la dirección.

Le dije a madre. Me planchó una camisa y un pantalón, y me cambió.

-Pórtate bien, hijo.

-¡Madre, ya tengo trece años! -Y fui a la casa de Eva.

 

Eva me hablaba con naturalidad, incluso me tomaba de la mano, y cuando me tomaba de la mano yo me sentía paralizado, pero estaba dispuesto a hablarle.

Le dije:

-Mira, Eva, te voy a confesar algo. -(Tose).

-¿Qué te pasa Nandor, estás mal?, ¿te afectó el frío?

-No, Eva, estoy tosiendo mucho este mes, quizá me afectó un frío que tomé hace tiempo atrás.

 

Recuerdo que la madre Eva la llamó. Lo que tenía yo era buen oído. Escuché algunas palabras sueltas a pesar de que hablaban detrás de la puerta: "Que el resfrío, que mira si te contagias, que no hay apuro con la tarea, que está todo bien".

Volvió Eva y carraspeando me dice:

-Mi mamá dice que tenemos que salir. Cualquier cosa me ayudas con otra tarea, ésta la trataré de terminar yo.

-Está bien, no hay problema. -Me quise acercar para darle un beso en la mejilla y me puso la mano en el pecho disimuladamente.

-Gracias, Nandor, gracias por ayudarme, pero lamentablemente nos tenemos que ir de una tía. -Obviamente no le creí nada. La madre vio que yo tosía y ya era un potencial agente infeccioso para contagiarla.

 

Era tímido, no tonto, son dos cosas distintas. Pero me quedó como grabado un engrama, un engrama como que siempre las cosas para mí se postergaban: La pileta a los seis, a los siete y a los ocho años, a la que me había llevado Bela, la pulcra casa de Eva a los trece años.

 

La tos se me pasó pero cuando nos cruzábamos en el colegio me saludaba, ella estaba en otro curso. Dos veces me quise detener a hablarle y me hacía un gesto con la cabeza, de cortesía, y seguía de largo.

¿Qué pasaba conmigo? Ya no tenía tos, ya no apestaba, según la madre de Eva. Y entonces, ¿por qué?, ¿se había arrepentido?, ¿notó algo raro en mí?

Me hacía mil preguntas en el poquito tiempo que estuve aquella tarde: Si había dicho algo de más, si me había sentado mal, si cuando me convidaron con el té con masas lo tomé bien...

Recuerdo que madre me dijo "Si te invitan con alguna bebida no absorbas tipo animal, ¡shhhuuup!, así, bebe tranquilo". Y es lo que hice. Qué les pareció mal de mí, ¿mi ropa, mi ropa humilde?

Y me empecé a perseguir, me empecé a perseguir mucho. Sentía como que... como que no tenía aceptación del entorno, como que algo iba mal de mi persona.

 

Recuerdo que me crucé con un joven de otro curso cuando estábamos en el bufet comprando unos alfajores y ¡causalidad!, tanto en su curso como en el mío faltaron ambos profesores y nos permitieron quedarnos en el bufet. Era un joven muy atento y por alguna razón me escuchaba. Le conté de mí, de mi padre Jensi, de mi madre Zari, de Bela, de Eva... Y después me dio como vergüenza porque digo "Es un desconocido, ¿cómo le voy a contar mis cosas?".

Recuerdo que él me dijo:

-Nandor te llamas, ¿no?

-Sí.

-Mira, Nandor, tú, cuando te levantas te lavas la cara, te miras al espejo.

-¡Claro, como todos!

-Bien. ¿Qué ves en el espejo?

-Mi rostro.

-¿Qué más ves en el espejo?

-Las paredes de azulejos de atrás de mí.

-¡Je je! No, no, en tu persona, en tu ser.

-Mis ojos, mi cabello.

-¿Pero no ves nada más?, ¿no ves tu interior?

-No entiendo, no tengo visión de rayos X.

-No, hablo de tu ser interno, tu alma.

-Disculpa -le dije-, entiendo que estás bromeando conmigo, el alma no se ve en el espejo. Te burlas, ¿no?

-No, no, para nada, ¿cómo voy a burlarme? Pero te lo voy a explicar yo. Todos tenemos un interior, valioso porque es único, y somos importantes para nosotros mismos. Tú hablabas de ese joven Bela que iba a un club donde había una pileta de cincuenta metros, ¿y piensas que eso lo hacía más importante?

-Bueno, pero sus padres son joyeros, tienen fortuna -argumenté.

-¿Piensas que eso también lo hace importante?

-Bueno, si vieras el coche que tienen... Ahora están viviendo en Séntez, pero estuvieron en Cáposta mucho tiempo.

-O sea, que tú piensas que la importancia de una persona la da un coche o un cuarto lleno de juguetes o ir a un club importante.

-Bueno, quizá no, pero vaya si es importante todo eso, sería mucho más feliz.

-¿Tú lo conoces bien a Bela?, ¿sabes cómo se lleva con su familia?

-No, no por supuesto que no.

-Y a Eva, del otro curso, ¿sabes cómo se lleva con la madre?

-No, tampoco.

-¿Y cómo sabes que son felices?

-¡Pero he visto sus casas! La de Eva no es tan fastuosa como la de Bela, pero es una casa pulcra, limpia, ordenada.

-¿Y? Pero eso no dice, eso no explica cómo se lleva con sus padres, si es feliz, si es infeliz, no dice nada. ¿Tus padres te aman?

-¡Pero claro! Pienso que mamá Zari me ama demasiado porque me vive controlando.

-Sí, eso es un defecto de algunas madres. Pero te aman. Entonces eres afortunado.

-Pero eso no me llena.

-¿No? Se ve que hay muchos en tu curso que o no tienen papá o no tienen mamá y sin embargo son felices.

-Bueno, vaya a saber, yo hablo por mí, por lo que me pasa a mí.

-Tienes amor, estás sano...

-Bueno, ahora, porque estuve algún tiempo con problemas de las vías respiratorias altas.

-Bueno, es algo pasajero. Has estado enfermo, pero no eres enfermo, ¿entiendes la diferencia?

-Sí -asentí.

-¿Te ha preocupado que Eva no te hable más?

-Me ha molestado, no me ha preocupado.

-Pero hay otras Evas.

-Ya lo sé, pero dentro mío siento como una rabia.

-¿De qué?

-De que no me dirija más la palabra.

-¡Pero me has dicho que te saluda!

-Sí, me saluda pero me esquiva. Amablemente, pero me esquiva.

-Eso es ego. Ego es buscar la aprobación de los demás.

-Yo no busco la aprobación de los demás -respondí-, simplemente que me preocupa que..., me da bronca que de repente todo estaba bien, que la ayude con las materias y de repente me esquiva. La madre le llenó la cabeza y no me conoce.

-Pero todo eso lo supones tú. ¿Qué sabes por lo que está pasando? Tal vez en algún momento tengas oportunidad de preguntarle. Siendo franco con ella, dile por ejemplo "Eva, ¿puedo hablar contigo cinco minutos?", y le dices "¿Algo te incomodó de mí, que me evitas?".

-No, no me animo.

-¿Por qué?

-¿Y si se lo toma a mal?

-Está bien. Supón que se lo tome a mal, ¿qué pasaría?

-Que no me hablaría más.

-¿Acaso ahora te habla?

-¿A dónde quieres llegar? -pregunté.

-Quiero decir, el no ya lo tienes, si preguntas puede haber un cincuenta por ciento de aceptación y un cincuenta por ciento de negación, pero es un cincuenta por ciento más de que si no le hablaras.

-Tengo que vencer mi timidez.

-Nandor, la timidez es irracional. ¿Timidez por qué, timidez por qué?, ¿porque no te acepte?

-No, por el momento; hay que estar en ese momento.

-Es un momento como otro cualquiera. Háblale, sin apuros, sin presiones. -Me rasqué la cabeza y le dije:

-Te agradezco infinitamente. Primero que me he tomado el atrevimiento de contarte cosas de mi sin conocerte y tú te has tomado el tiempo para responderme y aconsejarme. Gracias. -Me tendió la mano y le di la mano: me la apretó firmemente.

-No te dejes estar, Nandor, y cuando te mires al espejo a la mañana, cuando te laves la cara, piensa lo importante que eres. La importancia no tiene nada que ver con que tu padre sea sastre y el padre de Bela joyero, hay muchísimos factores que son más importantes que el dinero. Con esto no quiero decir que el dinero no sirva, el dinero es un medio, no un fin, pero como medio es útil. Pero no tomes el medio como un fin por ir a un club con pileta, por comprar un coche modelo 59 descapotable; no, no, no, no, pasa por otro lado, pasa por otro lado.

 

Y se marchó. Me quedé viéndolo y digo "¿Pero será posible?, hablamos tanto y me olvidé de preguntarle el nombre". No sé a qué curso irá, era más grande que yo, así que debe ir a tercer año supongo, debe andar por los quince. Y me quedé pensando en eso. Entonces yo buscaba la aprobación de Eva y no es que quizá me gustara tanto, la misma búsqueda de aprobación me hacía ser obsesionado, en tener obsesión porque me hablara.

 

Y sí, esa noche dormí tranquilo. Y al día siguiente cuando me levanté, me lavé las manos, el rostro y cuando me estaba peinando me miré y mentalmente me dije "Nandor, tienes toda la vida por delante, la puedes ir edificando".

Pero otra voz, otra voz que me jalaba hacia abajo me decía "¡Je, je! ¿Te atreves?, ¿te atreves a hacerlo?". Una voz que me desalentaba, ¿sería la voz del ego?

Era una voz que no debía escuchar, una voz mental que tenía que erradicar de mi mente, valga la redundancia.

 

Gracias por escucharme.