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Psicoauditación - Francisco S.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 11/12/2019

Sesión 10/02/2020

Sesión 30/03/2020

 


Sesión 11/12/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisco S.

La entidad relata una vida de las que más le han afectado. Durante tiempo estuvo pendiente de la aprobación de otros, hasta que un compañero de escuela le fortaleció su autoestima.

 

 

Sesión en MP3 (3.144 KB)

 

Entidad: Es un gusto estar aquí comunicado. Me atreveré a rememorar una vivencia que me ha dejado muchos engramas, una vivencia que ocurrió muchísimo tiempo. Por supuesto que he tenido vidas posteriores a la misma, pero hasta el presente es una de las que más me ha dejado huellas, huellas engrámicas.

 

Mi nombre era Nandor Ferenc, de Cáposta, la capital de Magar. Mi padre se llamaba Jensi, era sastre, mi madre, Zari, costurera. Tenían un pequeño negocio. Yo iba a la escuela pública, era bastante tímido de niño.

Uno de mis amigos era Bela Sador, es como que lo envidiaba, sus padres eran joyeros. Una vez me invitaron a la casa, tenía una habitación llena de juguetes, tenía un aparato para ver películas en una pared.

Recuerdo que le pregunté a Bela.

-Se ve casi tan bien como en los cines del centro de Cáposta.

Bela me dijo:

-Ya estoy acostumbrado a ello.

 

Recuerdo que mi infancia fue bastante buena porque no tomaba consciencia de lo pobres que éramos. Padre Jensi trabajaba todo el día acompañado con mamá Zari, y así y todo el dinero alcanzaba muy justo. Veía a los papás de Bela en un coche convertible cuya capota se levantaba, y pensaba "Algún día yo también voy a tener un coche". Era un coche modelo 59, una maravilla.

Cuando cumplí ocho años los papás de Bela se expandieron, dejaron la joyería a mano de encargados y se fueron a Séntez -'S' 'z' Séntez-, una ciudad más grade que Cáposta, cerca de la capital de Magar.

Durante tanto tiempo envidié a Bela, su cuarto lleno de juguetes, una proyectora de cine... Pero era pequeño, era entendible, no me daba cuenta que había cosas más importantes que llenaban el espíritu, no lo entendía. Es más; a veces reprochaba a mis padres por no darme más cosas, por no entenderme como niño que precisaba más cosas.

 

Un par de veces acompañé a Bela, cuando vivía en Cáposta, a su club. Me hizo entrar como su invitado. Había una pileta como de cincuenta metros de largo, me parecía impresionante y para Bela era algo normal.

Se lo conté a mamá Zari.

-¿Algún día tendremos la posibilidad de ir a un club donde haya una pileta?

-Hijo, hijo... Primero que tú tienes problemas en el pecho, vives tosiendo.

-Es cierto, pero el agua está templada, no me va a hacer mal. -(Tose).

-¿Ves hijo?, ¿ves lo que te digo? Toma, toma este jarabe. -Y tomaba jarabe.

-Pero madre, la pileta tiene el agua templada aún en invierno; aún en invierno podemos ir.

-Espera hasta el verano, Nandor, espera hasta el verano, iremos a la playa.

-Es que no es lo mismo.

 

Y así crecí, crecí con inseguridades. Madre quizá me sobreprotegía, como que potenciaba mi timidez en lugar de sacármela. Y me crié con distintos engramas. Recuerdo que ya siendo adolescente conocí a Eva, una joven tan linda, tan linda...

Recuerdo que se acercó a mí y me dijo:

-¿Tú vas al mismo colegio que yo?

-Sí, pero voy turno mañana, voy a primer año.

-¡Ah qué bien! Entonces puedes ayudarme con las tareas... ¿Quieres venir a casa y tomas la merienda conmigo? -Me palpitaba el corazón, me sentía como...

-Sí, está bien. -Me pasó la dirección.

Le dije a madre. Me planchó una camisa y un pantalón, y me cambió.

-Pórtate bien, hijo.

-¡Madre, ya tengo trece años! -Y fui a la casa de Eva.

 

Eva me hablaba con naturalidad, incluso me tomaba de la mano, y cuando me tomaba de la mano yo me sentía paralizado, pero estaba dispuesto a hablarle.

Le dije:

-Mira, Eva, te voy a confesar algo. -(Tose).

-¿Qué te pasa Nandor, estás mal?, ¿te afectó el frío?

-No, Eva, estoy tosiendo mucho este mes, quizá me afectó un frío que tomé hace tiempo atrás.

 

Recuerdo que la madre Eva la llamó. Lo que tenía yo era buen oído. Escuché algunas palabras sueltas a pesar de que hablaban detrás de la puerta: "Que el resfrío, que mira si te contagias, que no hay apuro con la tarea, que está todo bien".

Volvió Eva y carraspeando me dice:

-Mi mamá dice que tenemos que salir. Cualquier cosa me ayudas con otra tarea, ésta la trataré de terminar yo.

-Está bien, no hay problema. -Me quise acercar para darle un beso en la mejilla y me puso la mano en el pecho disimuladamente.

-Gracias, Nandor, gracias por ayudarme, pero lamentablemente nos tenemos que ir de una tía. -Obviamente no le creí nada. La madre vio que yo tosía y ya era un potencial agente infeccioso para contagiarla.

 

Era tímido, no tonto, son dos cosas distintas. Pero me quedó como grabado un engrama, un engrama como que siempre las cosas para mí se postergaban: La pileta a los seis, a los siete y a los ocho años, a la que me había llevado Bela, la pulcra casa de Eva a los trece años.

 

La tos se me pasó pero cuando nos cruzábamos en el colegio me saludaba, ella estaba en otro curso. Dos veces me quise detener a hablarle y me hacía un gesto con la cabeza, de cortesía, y seguía de largo.

¿Qué pasaba conmigo? Ya no tenía tos, ya no apestaba, según la madre de Eva. Y entonces, ¿por qué?, ¿se había arrepentido?, ¿notó algo raro en mí?

Me hacía mil preguntas en el poquito tiempo que estuve aquella tarde: Si había dicho algo de más, si me había sentado mal, si cuando me convidaron con el té con masas lo tomé bien...

Recuerdo que madre me dijo "Si te invitan con alguna bebida no absorbas tipo animal, ¡shhhuuup!, así, bebe tranquilo". Y es lo que hice. Qué les pareció mal de mí, ¿mi ropa, mi ropa humilde?

Y me empecé a perseguir, me empecé a perseguir mucho. Sentía como que... como que no tenía aceptación del entorno, como que algo iba mal de mi persona.

 

Recuerdo que me crucé con un joven de otro curso cuando estábamos en el bufet comprando unos alfajores y ¡causalidad!, tanto en su curso como en el mío faltaron ambos profesores y nos permitieron quedarnos en el bufet. Era un joven muy atento y por alguna razón me escuchaba. Le conté de mí, de mi padre Jensi, de mi madre Zari, de Bela, de Eva... Y después me dio como vergüenza porque digo "Es un desconocido, ¿cómo le voy a contar mis cosas?".

Recuerdo que él me dijo:

-Nandor te llamas, ¿no?

-Sí.

-Mira, Nandor, tú, cuando te levantas te lavas la cara, te miras al espejo.

-¡Claro, como todos!

-Bien. ¿Qué ves en el espejo?

-Mi rostro.

-¿Qué más ves en el espejo?

-Las paredes de azulejos de atrás de mí.

-¡Je je! No, no, en tu persona, en tu ser.

-Mis ojos, mi cabello.

-¿Pero no ves nada más?, ¿no ves tu interior?

-No entiendo, no tengo visión de rayos X.

-No, hablo de tu ser interno, tu alma.

-Disculpa -le dije-, entiendo que estás bromeando conmigo, el alma no se ve en el espejo. Te burlas, ¿no?

-No, no, para nada, ¿cómo voy a burlarme? Pero te lo voy a explicar yo. Todos tenemos un interior, valioso porque es único, y somos importantes para nosotros mismos. Tú hablabas de ese joven Bela que iba a un club donde había una pileta de cincuenta metros, ¿y piensas que eso lo hacía más importante?

-Bueno, pero sus padres son joyeros, tienen fortuna -argumenté.

-¿Piensas que eso también lo hace importante?

-Bueno, si vieras el coche que tienen... Ahora están viviendo en Séntez, pero estuvieron en Cáposta mucho tiempo.

-O sea, que tú piensas que la importancia de una persona la da un coche o un cuarto lleno de juguetes o ir a un club importante.

-Bueno, quizá no, pero vaya si es importante todo eso, sería mucho más feliz.

-¿Tú lo conoces bien a Bela?, ¿sabes cómo se lleva con su familia?

-No, no por supuesto que no.

-Y a Eva, del otro curso, ¿sabes cómo se lleva con la madre?

-No, tampoco.

-¿Y cómo sabes que son felices?

-¡Pero he visto sus casas! La de Eva no es tan fastuosa como la de Bela, pero es una casa pulcra, limpia, ordenada.

-¿Y? Pero eso no dice, eso no explica cómo se lleva con sus padres, si es feliz, si es infeliz, no dice nada. ¿Tus padres te aman?

-¡Pero claro! Pienso que mamá Zari me ama demasiado porque me vive controlando.

-Sí, eso es un defecto de algunas madres. Pero te aman. Entonces eres afortunado.

-Pero eso no me llena.

-¿No? Se ve que hay muchos en tu curso que o no tienen papá o no tienen mamá y sin embargo son felices.

-Bueno, vaya a saber, yo hablo por mí, por lo que me pasa a mí.

-Tienes amor, estás sano...

-Bueno, ahora, porque estuve algún tiempo con problemas de las vías respiratorias altas.

-Bueno, es algo pasajero. Has estado enfermo, pero no eres enfermo, ¿entiendes la diferencia?

-Sí -asentí.

-¿Te ha preocupado que Eva no te hable más?

-Me ha molestado, no me ha preocupado.

-Pero hay otras Evas.

-Ya lo sé, pero dentro mío siento como una rabia.

-¿De qué?

-De que no me dirija más la palabra.

-¡Pero me has dicho que te saluda!

-Sí, me saluda pero me esquiva. Amablemente, pero me esquiva.

-Eso es ego. Ego es buscar la aprobación de los demás.

-Yo no busco la aprobación de los demás -respondí-, simplemente que me preocupa que..., me da bronca que de repente todo estaba bien, que la ayude con las materias y de repente me esquiva. La madre le llenó la cabeza y no me conoce.

-Pero todo eso lo supones tú. ¿Qué sabes por lo que está pasando? Tal vez en algún momento tengas oportunidad de preguntarle. Siendo franco con ella, dile por ejemplo "Eva, ¿puedo hablar contigo cinco minutos?", y le dices "¿Algo te incomodó de mí, que me evitas?".

-No, no me animo.

-¿Por qué?

-¿Y si se lo toma a mal?

-Está bien. Supón que se lo tome a mal, ¿qué pasaría?

-Que no me hablaría más.

-¿Acaso ahora te habla?

-¿A dónde quieres llegar? -pregunté.

-Quiero decir, el no ya lo tienes, si preguntas puede haber un cincuenta por ciento de aceptación y un cincuenta por ciento de negación, pero es un cincuenta por ciento más de que si no le hablaras.

-Tengo que vencer mi timidez.

-Nandor, la timidez es irracional. ¿Timidez por qué, timidez por qué?, ¿porque no te acepte?

-No, por el momento; hay que estar en ese momento.

-Es un momento como otro cualquiera. Háblale, sin apuros, sin presiones. -Me rasqué la cabeza y le dije:

-Te agradezco infinitamente. Primero que me he tomado el atrevimiento de contarte cosas de mi sin conocerte y tú te has tomado el tiempo para responderme y aconsejarme. Gracias. -Me tendió la mano y le di la mano: me la apretó firmemente.

-No te dejes estar, Nandor, y cuando te mires al espejo a la mañana, cuando te laves la cara, piensa lo importante que eres. La importancia no tiene nada que ver con que tu padre sea sastre y el padre de Bela joyero, hay muchísimos factores que son más importantes que el dinero. Con esto no quiero decir que el dinero no sirva, el dinero es un medio, no un fin, pero como medio es útil. Pero no tomes el medio como un fin por ir a un club con pileta, por comprar un coche modelo 59 descapotable; no, no, no, no, pasa por otro lado, pasa por otro lado.

 

Y se marchó. Me quedé viéndolo y digo "¿Pero será posible?, hablamos tanto y me olvidé de preguntarle el nombre". No sé a qué curso irá, era más grande que yo, así que debe ir a tercer año supongo, debe andar por los quince. Y me quedé pensando en eso. Entonces yo buscaba la aprobación de Eva y no es que quizá me gustara tanto, la misma búsqueda de aprobación me hacía ser obsesionado, en tener obsesión porque me hablara.

 

Y sí, esa noche dormí tranquilo. Y al día siguiente cuando me levanté, me lavé las manos, el rostro y cuando me estaba peinando me miré y mentalmente me dije "Nandor, tienes toda la vida por delante, la puedes ir edificando".

Pero otra voz, otra voz que me jalaba hacia abajo me decía "¡Je, je! ¿Te atreves?, ¿te atreves a hacerlo?". Una voz que me desalentaba, ¿sería la voz del ego?

Era una voz que no debía escuchar, una voz mental que tenía que erradicar de mi mente, valga la redundancia.

 

Gracias por escucharme.

 

 


 

Sesión 10/02/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisco S.

La entidad recuerda de adolescente las preciosas psicointegraciones de una joven a quien quería pero no se atrevía a decírselo. No era habitual en la adolescencia tener las cosas tan claras. Y él debía aprender rápido si quería algo más.

Sesión en MP3 (3.140 KB)

 

Entidad: A veces nos sentimos con baja estima porque vemos otros compañeros, y aunque somos queridos anhelamos lo que tienen otros y no nos damos cuenta de que hay algo más importante que las posesiones que es el amor, el cariño, el respeto, el afecto que nos pueda dar nuestro entorno. Lo que pasa es que claro... ¡Je, je!

 

De pequeño conocí a Bela Sador y tenía una habitación llena de juguetes eléctricos, una pantalla grande como se podía ver en los cines, y yo en casa no tenía nada.

Mamá Zari me decía:

-¿Qué pasa Nandor? No te falta nada, anhelas lo que tienen otros. Pero qué sabes cómo se llevan con su familia, si son felices...

Le conté a madre y también a papá Jensi el cuarto lleno de juguetes que tenía Bela.

Y me dijo:

-Hijo, Nandor, supón que tuvieras un cuarto más grande que toda nuestra habitación llena de juguetes, en algún momento te cansarías, te aburrirías. -Claro, yo era niño, tenía ocho años, y pensaba "¿Cómo me voy a aburrir, cómo? Me cansaría de un juego, tomaría otro. Me cansaría de ese, cogería otro. ¿Pero cómo me voy a cansar?". Pero claro, no me daba cuenta de que en realidad, en Cáposta, Magar, era un privilegiado en cuanto a los afectos.

 

Y a los trece años conocí a Eva. Eva era una niña indescifrable en el sentido de que era muy preparada, muy educada, pero muchas veces le comenté que había conocido a un tal Bela que vivía en el lujo, en plenitud.

Y me dijo algo razonable:

-A ver, Nandor, tú me hablas de cinco años atrás, ahora tienes trece, ¿te atraen tanto los juegos como te atraían en aquel entonces?

Lo pensé y le dije:

-No. -Pero agregué-: Pero él también creció, y sus padres son joyeros, se mudaron a Sentes y allí deben haber prosperado más, ya tienen como dos o tres sucursales de joyería y Bela debe estar mejor que nunca, seguramente habrá reemplazado los juguetes por cosas más de adultos.

Eva me miró y me dijo:

-Nandor, me da la impresión como que te conformas con poseer cosas. ¿Y qué pasa con las personas? -Me sorprendía la manera de hablar de Eva porque se expresaba como si fuera una adulta.

Le digo:

-No entiendo... ¿qué tiene que ver las cosas con las personas?

-Todo -me respondió-. O sea, mírame a mí -Me daba como pudor mirarla a los ojos, era tan bonita, tan bonita-, ¿a mí me poseerías como a un objeto? -Mi cerebro no registró la palabra objeto, registró la palabra poseer y mi cara se puso roja de vergüenza y ella lo entendió. Me miró y me dijo-: Eres tímido, pero en el fondo tienes pensamientos bastante bastante fuertes. -Me puse más rojo.

-¿En qué sentido?

-Tú sabes a qué me refiero.

 

Seguí estudiando. Me esforzaba en estudiar y no era malo, era bueno en los estudios. Me relacionaba con otros jóvenes pero es como que el curso se dividía en dos: los que ellos se creían los listos y nosotros, los que no éramos tan listos.

Ahora -¡qué paradoja!-, los que no éramos tan listos, nuestro grupo, era el que mejores notas sacaba. Y me daba cuenta de que las niñas admiraban a aquellos que se creían los listos porque contaban chistes quizá con demasiada vulgaridad, con demasiada picardía.

Y entonces es como que salió un ego de rencor, llamémosle; porque empecé a despreciar no solamente a esos que se creían listos en el curso sino a las niñas que admiraban a esos listos. Aclaro: Eva no era una de ellas. Eva no se juntaba con ninguno de los grupos, ella era individual, se sacaba buenas notas, incluso mejores que las mías. Y tenía carácter. Cuando algún listo -valga la redundancia- se pasaba de listo con ella, Eva lo frenaba. Era niña, pero tenía carácter como para frenar a un joven que quizá le llevaba media cabeza de estatura, porque no se trataba de fuerza física, se trataba de carácter, y la admiraba cada día más por su forma de ser.

 

En ese sentido yo no tenía complejos porque los listos a mí me parecían unos estúpidos, por no decir otra palabra más grosera. Nosotros éramos los comunes, los ordinarios, pero no ordinarios en el sentido de malos modales, ordinarios en el sentido de simples.

Una vez le comenté a Eva:

-¿Nuestro grupo es simple?

Y me dijo:

-No, Nandor, vuestro grupo es sencillo. -Me encogí de hombros.

-Entonces admites que somos simples.

-Admito que sois sencillos.

-En el diccionario es lo mismo, son sinónimos.

-No, no es lo mismo. Una persona simple, a mi entender es una persona básica. Una persona sencilla puede ser una persona con mucho conocimiento, humilde, pero no básica. No hace falta coger el diccionario para entender la diferencia. Vuestro grupo es sencillo, no se mete con nadie, no provoca, no dice sandeces, no busca pasarse de listo. Y sé a dónde quieres llegar, Nandor, vosotros veis a los otros, a los listos como unos genios porque hay otras niñas que los admiran. Ellos son los simples, esas niñas son las simples, los básicos, los que hacen bromas de mal gusto creyendo que así van a sobresalir. -Y no lo podía creer, no lo podía creer de la sabiduría que tenía Eva.

 

Y seguimos estudiando año tras año tras año hasta que llegamos a los diecisiete años. Mi admiración había crecido enormemente.

A los dieciséis mi corazón se partió en dos cuando Eva conoció a un joven y se veían muy seguido, en el curso se comentaba que eran novios, pero ella me seguía tratando y mi timidez me impedía comentarle sobre su "acompañante".

Nunca los vi besarse pero sí a veces se tomaban de la mano, era obvio.

Hasta que cumplimos diecisiete dejaron de verse. Aparentemente el joven se había cambiado de ciudad, se había ido con sus padres a Sentes, nosotros nos quedábamos en Cáposta.

Y finalmente se lo dije:

-Ese joven que siempre te acompañaba, ¿qué pasó? -Eva me miró a los ojos.

-Se mudó con sus padres a Sentes, parece que hay una buena universidad para cuando se reciba.

-¡Pero aquí en Cáposta también hay buenas universidades!

-Sí, pero hay una especialidad que solamente está en Sentes. -Le quería preguntar mil cosas; si se seguirían viéndose, si lo extrañaba.

Me miró y me dijo:

-¿Y tú, qué es lo que anhelas, qué es lo que quieres? -Mi mente pensaba "Te anhelo a ti, te quiero a ti", pero me encogí de hombros y le dije:

-Quiero recibirme, quiero poder ser alguien el día de mañana.

Como si leyera mi mente me dijo:

-¿Por qué?, ¿ser sastre es mal oficio?, ¿ser costurera es mal oficio? -Ella sabía que mi padre, Jensi, era sastre y mi madre, Zari, costurera.

-No, por supuesto que no -le dije-, pero mis padres son pobres, apenas pueden pagarme los gastos del colegio. Quisiera el día de mañana poder triunfar.

-Eso me parece bien, yo pienso lo mismo como mujer. Ya pronto cumpliremos dieciocho años, tú me llevas seis meses de diferencia.

-Seis meses no es prácticamente nada en casi dos décadas.

-Pero Nandor, ¿a qué aspiras?

-A tener un buen empleo o a ser un buen profesional.

-¿Y en lo personal? -Si ella era madura a los trece, imaginaos ahora que cumplía dieciocho lo madura que era, siempre hablaba de una manera tan acertada, tan acertada...

-Aspiro a... aspiro a ser feliz.

-Bien, bien. Este tiempo te he notado alejado -me comentó-. ¿Qué pasó? -¡Ah! Me daba impotencia no poder frenar mi rostro colorado como de vergüenza, como de pudor. Hasta que le dije:

-Estabas acompañada, no quería entorpecer vuestra relación.

-¿Qué relación? -Y ahí me animé.

-Vuestra relación, eráis novios, iban de la mano con este joven que se mudó a Sentes.

-¿Y? -Me descolocó.

-No entiendo.

-Claro, ¿y qué tiene que ver? Somos amigos desde chicos, desde los trece años, el que haya tenido un novio no impide que sigamos siendo amigos.

-Pensé que no tenías ojos para nadie más.

-Perdón, Nandor, no entiendo -exclamó Eva.

-Si uno tiene novio no tiene ojos para nadie más, en ese sentido.

-Pero un novio a mí no me va a impedir tener amigos, ¿o tú me mirabas de otra manera? -Bajé la vista.

-Nandor, mírame.

-Te miro.

-¿Por qué me miras como enojado?

-No estoy enojado.

-Estás enojado, estás como molesto. ¿Tú me mirabas de otra manera?

-Sí -casi grité-, te miraba de otra manera, desde los trece años que te miro de otra manera, y estaba muy muy celoso de que hayas elegido a otro.

-Perdón, ¿alguna vez tú me hiciste alguna insinuación o me dijiste algo de que querías salir conmigo?

-No...

-¿Entonces, tienes algo que reclamarme?

-No. Pero tampoco te importé.

-¿Estás haciendo de víctima?, ¿quieres un pañuelo para secarte las lágrimas?

-Primero, no estoy llorando. Segundo, no te burles de mí, no soy un tonto.

-No me estoy burlando, quiero que reacciones. ¿Si tanto te interesaba por qué nunca me dijiste nada?

-Porque no me animaba, porque tenía miedo al rechazo.

-¿Y si te hubiera aceptado?

-¿Y si me hubieras rechazado?

-Si te hubiera rechazado te hubiera rechazado, pero si tú no te animaste no lo sabías ni lo vas a saber.

-Está bien, ya que estamos en el tema dímelo ahora: ¿me hubieras rechazado?

-Ya pasó, yo misma no lo sé.

Y me animé:

-¿Y si te digo ahora de salir, me rechazarías?

-No lo sé.

-Entonces no estás segura.

-No, no, Nandor, tú no estás seguro; ¿acaso me lo has preguntado?

-Sí.

-No, no me lo has preguntado, has dicho "¿Y si tal cosa?".

-Está bien, me gustaría salir contigo. ¿Querrías salir conmigo, Eva?

-Sí. Claro.

-¿Has dicho sí?

-He dicho sí.

-¿Y tan rápido te olvidarás de tu ex?

-Primero que no es mi ex, aún somos adolescentes, solamente fue un noviecito de la adolescencia. Decir ex me suena muy a tonto.

-¿Pero te habrá besado?

-Eso es cosa mía.

-Pero si vamos a ser novios tengo que saber.

-No, estás equivocado, Nandor, tienes que saber de ahora en más, no de lo que pasó.

-Espero que cuando te bese mis besos te gusten más que los que te haya dado él.

-Eres un niño, creo que no estás preparado para salir con alguien. -Me dio temor de que me rechazara y le dije:

-¿Por qué?

-Porque te pones a competir y con el único que tienes que competir es contigo, contigo mismo. Cuando dejes de pensar en los demás y pienses en ti, crecerás.

-¿Pero no es al revés?, ¿no es que uno tiene que pensar en el otro?

-No, no, no, Nandor, tú sabes a que me refiero. Deja de buscar la aprobación de los demás, deja de competir con los demás, compite contigo mismo, esfuérzate. Y lo que has dicho es una chiquilinada que me lo podías haber dicho a los trece no a punto de cumplir dieciocho: "Quién besa mejor", eso es muy infantil. Es muy infantil porque todos somos distintos, a todos nos gustan cosas distintas. -Me tomó de la mano y me dijo-: La hora ha terminado. Salgamos, vamos a tomar una bebida. -Asentí con la cabeza.

 

Y fuimos de la mano. Los listos del curso nos miraban con envidia. Saqué pecho, me sentí orgulloso.

Eva me miró y me dijo:

-Crece, deja de ser un niño, nada ha cambiado, sigues siendo la misma persona. No seas presa de un éxito, porque para ti el tener una novia es un éxito. -Agaché la cabeza, como humillado.

-¿Y para ti no lo es?

-Nada más no hagas de víctima conmigo. Quiero admirarte, todavía no te estoy admirando, el papel que representas no es para admirar. Tienes que cambiar, tienes que aprender.

 

Yo sí la admiraba a ella por lo adulta, por su manera de ver las cosas, por la suficiencia que tenía, la madurez que tenía, la seguridad en sí misma. Pero bueno, antes la miraba de lejos, ahora íbamos tomados de la mano, era un paso.

 

Gracias por escucharme. Gracias.

 

 


 

Sesión 30/03/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisco S.

Las inseguridades que tenía le afectaban interiormente y se reflejaban al exterior, se le percibía la falta de autoestima. Por suerte, quién más conocía sus interioridades le ayudaba como podía, pero no debía abusar demasiado más de ella.

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Entidad: Mi madre Zari me decía:

-Te noto más adulto, más cambiado, quizá más seguro.

Yo le respondía:

-Obvio, ya tengo veinte años, es importarte y lógico y coherente que madure.

 

Pero quizá respondí de una manera, cómo diría..., reactiva, como que me había quedado un engrama de que madre Zari me estuviera siempre encima. No digo que me haya malcriado sino que me ha sobreprotegido, y como que de alguna manera en lugar de fortalecerme el carácter me lo dejó vulnerable, me costó de alguna manera perder como una timidez interior que quizá no la reflejaba.

 

Cuando conocí a Eva me sentí como transportado a un mundo distinto, un mundo de colores, pero pasaron cinco años para que dejáramos de ser amigos para ser novios. Cómo puedo explicarlo... Nos besábamos, estábamos solos y llegamos a tener, según mi punto de vista, una intimidad única. Pero cada día me miraba al espejo y me preguntaba ¿hasta cuándo?, como pensando en mi interior muy muy profundamente, ¿cuándo se hartará, cuándo se cansará de mí?.

¿Cómo se mostraba conmigo? Totalmente cariñosa, afectiva. Hablaba mucho más que yo, tenía muchísima seguridad, nunca me demostró indiferencia. El problema era yo, que no tenía esa seguridad.

Profundizaba en los estudios, quería tener más conocimiento, quería impresionarla, y a veces la cosa no me salía bien.

 

Una noche estábamos cenando y me puse a hablar, quizá complicado, sobre la sociedad, sobre el ser humano, y no sólo me respondía sino que Eva tenía un conocimiento tremendo, su cultura era general y a veces me sentía opacado. Pero no sólo eso sino que aparte ella era muy observadora.

Y me decía:

-¿Por qué, Nandor, no hablas de cosas comunes? -decía-. ¿Has visto tal espectáculo o cuál es la música de moda que te está gustando? ¿Qué pretendes?

Le respondía:

-No entiendo, no, no entiendo... Qué tiene que hable de esos temas, me interesan.

-No digo que no te interesen, Nandor -Me explicaba Eva-, pero da la impresión como que estás aparentando ser otra persona, pero estás hablando conmigo, soy tu pareja, no tienes que conquistarme aparentando.

Le dije:

-Una vez un sabio dijo que el amor hay que sembrarlo todos los días, como una planta.

-Sí, Nandor, el amor se siembra todos los días con afecto, con cariño, con lealtad, con responsabilidad, entendiendo las necesidades del otro, no siendo esclavo de las necesidades, entendiéndolas, ser empático, pero no se riega el amor aparentando. ¿Estás tratando de buscar mi aprobación?

Quizá reactivo le dije:

-Sí.

Me preguntó:

-¿Por qué?

-Siempre me sentí como menos, me sentí distinto. Recuerdo que de chico tenía un amigo, Vela, que tenía una habitación llena de juegos y yo no tenía nada.

Eva me dijo:

-Lo hablamos muchísimas veces ese tema, el tener algo no te da el status de mejor persona.

-¿Y qué lo da, la apariencia?

-No, la apariencia es impostar, mejor persona es ser natural, ser empático, carecer de egoísmo, pensar en los demás.

-¿Y quién piensa en uno? -Me defendí.

-Nandor, no te entiendo, Nandor... Tú tienes que pensar en ti, no esperes de los demás. -Mi propia mente reactiva me estaba llevando la conversación muy al borde.

-¿O sea, que tampoco tengo que pensar que no espero nada de ti? -Por primera vez en la conversación la vi molesta, pero molesta de verdad.

-Estás mezclando las cosas, de verdad que pareciera que no me entiendes.

-No -le digo-, explícate.

-No esperar nada de los demás es que no busques la aprobación del otro, busca la aprobación de ti mismo. De mí tienes que esperar respeto, amor como yo también tengo que esperar de ti respeto y amor.

-Entonces exiges -le dije.

-Nandor, me parece que hoy no es tu día. El amor no se exige, el amor se brinda.

-Claro, pero me has dicho que yo debo esperar de ti amor y respeto, y tú de mí.

-Nandor, eso es algo natural, eso es algo normal, no es algo que uno le deba exigir al otro. ¿Qué te pasa hoy? Te levantaste con tremenda baja estima.

-No sé, la sociedad, la sociedad es exigente.

-¿Y? ¿Te esfuerzas, te esfuerzas? El resto depende de ti. No todos rinden lo mismo en todo, tú vas a ser bueno en lo que estudies y quizá no tan bueno en otras cosas. Y otros al revés, serán buenos en lo que ellos hagan y no en lo que tú sepas. ¿Dónde está el problema?, no entiendo.

-Tuve una infancia pobre.

-Sí. ¿Y qué tiene? Has podido estudiar. ¿Cuál es tu queja? ¿Qué sabes cómo está Vela, ese amigo de la infancia.

-¡Qué problema puede tener!, sus padres eran joyeros.

-Nandor, ¿por qué tienes que competir?, la vida no es una competencia con el otro. ¿Quieres competir con alguien? Compite contigo.

-¿En qué sentido?

-Exígete.

-¡Ah! Entonces tengo razón, tengo que exigirme para triunfar.

-Nandor, el exigirte lo estás viendo como un sacrificio, ¿y acaso no es un sacrificio exigirse todos los días, mostrarse ante los demás que eres bueno? Primero, Nandor, espera... Primero, el exigirte no es un sacrificio, uno debe amar lo que hace, uno debe disfrutar del estudio, debe disfrutar del trabajo, y a los demás no tienes que demostrarle nada de nada de nada. Y me anticipo a tus palabras: si yo estoy contigo es porque siento algo por ti, no soy ni mejor ni peor.

-O sea, somos iguales -le dije.

-No, no somos iguales. Tú eres un varón yo una mujer, no tenemos la misma forma de pensar, por suerte, porque podemos debatir... -Miré hacia abajo, como apesadumbrado.

-¿Y ahora qué? Pensé que las personas que se querían o se amaban eran iguales en su forma de ser, de pensar.

-No, no -negó Eva-, no; eso déjalo para los gemelos. Y en realidad tampoco piensan igual. ¡Qué aburrido sería! Me voy a marchar, tengo muchas cosas que hacer.

-Te has cansado de mí, de mis quejas.

-Hagamos una cosa, Nandor, tomémonos un tiempo. Cuando estés bien de ánimo me llamas y hablamos.

-¡Qué bueno, buenísimo! O sea, me estoy hundiendo y tú abandonas el barco.

-Nandor, detesto el rol de víctima, detesto el rol de víctima. No estoy abandonando nada, simplemente esto es un círculo vicioso esta conversación, no sirve, no va a ningún lado, me agota, me quita energías.

-¿Y a mí no?

-Deja de hablar de ti, Nandor, piensa en mí también.

-Tú estás bien.

-Tú qué sabes. Qué sabes que pasa en mi mente, en mi interior. Qué sabes si estoy bien.

-Nunca te quejas.

-Porque no lo muestro, porque no me gusta hacer rol de víctima. ¿Te piensas que tuve una vida perfecta? Seguramente conozco más de ti, Nandor, porque te vives quejando.

-Está bien. Evidentemente no te sirvo, te jalo para abajo.

-Y sí, en este momento sí. Llámame cuando estés mejor.

-Está bien te llamaré, pero gracias por tenderme una mano. -Eva hizo un gesto como diciendo "Es imposible de razonar". Y se marchó. Esperaba escuchar un 'pum' de la puerta cerrándose, pero la cerró suavemente.

 

¿Qué hice mal? Argumenté mi manera de ser, las cosas que me pasan. No me entendió o era cierto que yo hacía el rol de víctima. Acaso no era cierto que papá Jensi para él estaba todo bien y para mi madre Zari "¡Ay! Nandor, Nandor, cuídate de esto, cuídate de aquello", ¿no es cierto que me sobreprotegió?

Y no debo quejarme, debo guardármelo. Que toda mi angustia, mi rencor se pudra en mi interior, se pudra en mi interior, eso es lo que quieren, eso es lo que quieren. Hasta Eva, tremendamente egoísta. Y después dicen que era yo quien no entiende a los demás, ¡por favor!. Me dijo muchas veces "Trabaja en tu interior, trabaja en tu interior". ¿En qué tengo que trabajar, qué es lo que tengo que hacer?

Una vez me dijo "Por qué no visitas un psicólogo" ¡Hum! ¿Y qué le contaría? ¡Qué sé yo! ¿No lo aburriría? Bueno, él tendría la obligación de escucharme porque le pagaría la consulta, ¿pero qué me diría, qué me aconsejaría, que levante mi autoestima, que primero tengo que aprobarme yo, que los demás no me pueden querer sino me quiero primero yo? Me sé todo de memoria. Me imagino a Eva sentada frente a mí diciendo: "¿Y qué esperas entonces para aplicarlo si sabes todo de memoria?". ¡Je, je! Los demás ven todo fácil, todo fácil porque no les toca a ellos. ¡Je, je!

 

Gracias, por ahora, por escucharme.