Índice

Psicoauditación - Francisco S.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Página anterior

Sesión 11/11/2020

Sesión 12/11/2020

Sesión 15/12/2020

Sesión 11/01/2021

Sesión 12/02/2021

 


Sesión 11/11/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisco S.

En Plena seguía conociendo gente de nivel. Encontró alguien que le simpatizó. Era una atracción mutua.

 

 

Sesión en MP3 (2.048 KB)

 

Entidad: Habían pasado tantas cosas... Plena, para mí, era deslumbrante, me costaba acostumbrarme. Y el hecho de alojarme en la mansión de Jorge de Wynot, si bien me hacía sentir cómodo, es como que me apabullaba tanta grandeza, tanto lujo, que a su vez contrastaba con la personalidad de Jorge, se lo veía sencillo sin altanería ni nada de ello.

 

En esos días conocí a Betty, una chica de la barra que evidentemente yo le atraía mucho. Era una hermosa joven, me gustaba, pero ella para quedar bien conmigo era como una confidente, de la misma manera que lo era Pocho, uno de los mejores amigos de Jorge. Pasó el día.

 

Un nuevo día amaneció, el sol iluminaba la tranquila calle, soplaba una leve brisa que no alcanzaba a apaciguar el reinante calor de la avanzada tarde. ¡Cómo pasó la mañana, cómo pasó la mañana!

Descendimos con Jorge del colectivo y nos encaminamos hacia la casa de Roberto, donde nos habíamos citado el día anterior. Yo observaba todo. Jorge llevaba un saco azul muy bien cortado y una camisa blanca de cuello alto como contraste. Vestía con abandono, como no dando importancia a su elegancia, y eso lo hacía más interesante. Y estaba recién rasurado y olía a loción. Quiero dejar en claro que lo admiraba como persona, pero yo tenía bien en claro mi importancia también.

 

No tuvimos necesidad de llamar pues el grupo se hallaba en la puerta. Roberto hizo las presentaciones.

-Él es Jorge, Sergio, y Beatriz, su novia.

-Encantado.

-Hola.

-Ella es Lili, mi novia. Y ella es Ana María.

-Hola Jorge, Roberto nos habló mucho de ti.

-También a mí me habló de ustedes -dijo Jorge-, me habló bastante de ustedes.

-¿Y qué habló?

-Bueno, me describió vuestra belleza, pero veo que para ello siempre faltan palabras.

-Gracias, eres muy galante.

-No, soy sincero.

 

Al lado estaba Betty, que me saluda con un beso.

-¿Cómo estás, Nándor?

-Excelentemente bien, Betty.

-Vamos caminando -propuso Sergio. Los ocho emprendimos la marcha. En el colectivo, Jorge se ubicó en un asiento doble, con Ana María.

-Por lo visto hoy es mi día de suerte.

-¿Por qué lo dices?

-Bueno, te he conocido a ti, ello ya es más que suficiente. -Yo escuchaba atentamente, estábamos sentados detrás.

-Noto que te gusta halagar a todo el que conoces.

-No, no, no es un halago, Ana María, simplemente soy muy espontáneo, expreso enseguida lo que pienso.

-Bueno, eso es una virtud. Lamentablemente a veces la espontaneidad acarrea problemas.

-¿En qué sentido? -inquirió Jorge para que ella se explique.

-Si opinamos mal de alguien y se lo decimos podemos llegar a un pleito.

-Llegado el caso yo no me callaría. ¿Y tú?

-Tampoco -dijo ella.

-¿Qué edad tienes? -preguntó él mirándola a los ojos.

-Dieciocho.

-Muy bien llevados. -Acotó, hablando despacito.

-No te callas nada, ¿eh? -dijo Ana María, sonriendo. Él juntó las manos como suplicando y le preguntó con gento dramático.

-Supongo que no me vas a hacer pleito por tus palabras ni tampoco por las que te dije recién.

-¡Oh no!, lo dejaré pasar -dijo ella en broma. Ambos rieron. Continuaron hablando y hablando y hablando.

Mientras tanto Betty me decía:

-Así que eres de Mágar.

-Sí.

-¿Qué tal es allí?

-Mira, hay temas muy delicados para tocar.

-Ya sé, no hace falta que me lo digas: la Orden del Rombo.

-Pues sí -admití.

-Quédate tranquilo, aquí también está y ninguno de nosotros somos admiradores de ella.

-Bueno, eso me hace sentir bien. Te puedo asegurar que yo no la admiro en absoluto.

Roberto nos interrumpió.

-Ya tenemos que bajar, veo que no se han dado cuenta conversando, ¡je, je, je, je! Ni Jorge con Ana María ni Nándor con Betty.

-¡Hemos llegado! -Se extrañó Jorge-, los minutos se me han hecho segundos en tan grata compañía.

-No le hagas caso -aconsejó Ana María-, siempre habla en broma. -Era impresionante la desenvoltura que tenía Jorge, ya sea con Ana María o cualquier otra chica que conociese. Jorge la ayudó a descender tomándola de la mano, y luego no se la soltó. Betty hizo al revés, se colgó de mi brazo y no me soltaba. ¡Je, je!

Ana María lo miró a Jorge y le dijo:

-No te preocupes por mí, que no me van a raptar -insinuó.

Jorge, que en ningún momento perdía su aplomo, exclamó:

-¿Estás segura?, el raptor puede estar donde menos lo imaginas. -Todos festejaron el chiste y se dirigieron por la avenida Sarmiento hacia el Rosedal. Yo no conocía lo que era el Rosedal.

-Podríamos ir a bailar -sugirió Sergio.

-Sí, vamos. -Aprobó Beatriz.

-¿A dónde? -inquirió Roberto-, por aquí no hay sala de música.

-¿Cómo no hay? Está la confitera del Rosedal y tienen una discoteca fabulosa.

-Es cierto, qué esperamos entonces.

La tomé a Betty del hombre y le dije:

-¿Tú te llamas igual que Beatriz?

-En realidad no; me llamo Beatrice, no es un nombre de Plena, pero como no se acostumbra a decir Beatrice y que no me confundan con Beatriz, directamente Betty.

 

En medio del Rosedal un parque enorme, gigantesco. En la zona de Palermo había una discoteca, la sala se hallaba en semipenumbra, se habían puesto las mesas de tal manera que estaban prácticamente poco iluminadas. Nos ubicamos en una doble mesa en la parte de adelante, separados de la pista principal de baile y del mostrador por una pequeña pared. El camarero se acercó para anotar el pedido.

-Cuba libre para las mujeres y whisky para los varones -pidió Jorge consultando al grupo.

La música invadía el ambiente e invitaba a bailar.

-¿Tú prefieres esperar las bebidas, Ana María? -preguntó Jorge.

-Apuesto que tú quieres que vayamos a deslizarnos a la pista.

Jorge la miró y le dijo:

-¡Oye, eres maravillosa!, hasta me lees el pensamiento. -La tomó de la mano y se levantaron-. Con el permiso de ustedes...

-Concedido -bromeó Roberto.

Betty me cogió del brazo y me dijo:

-Nándor, no podemos ser menos que ellos. -Y salimos a bailar. Ya frente a los parlantes comenzamos a movernos al compás de la ruidosa música. Siempre yo parando la oreja escuchaba las palabras de Jorge:

-Tienes una figura preciosa.

-Y tú eres muy apuesto -respondió Ana María-. Las chicas deben enloquecerse por una mirada tuya.

-¡Oh! Te hablo en serio. -Puso cara de bueno-. Sólo me interesas tú.

-¿De verdad?

 

La canción terminó y se dejó oír una suave melodía. Betty me tomó del cuello y acercó su cabeza contra mi hombro. Jorge enlazó a Ana María y rodeó la esbelta cintura con su potente brazo.

-Esta música invita a soñar -comentó. Y la estrechó contra sí. Ana María no opuso resistencia, sentía la boca masculina en sus cabellos y una especie de cosquilleo le recorría el cuerpo, se notaba, se notaba-. Qué suave tienes el cabello -le susurró él al oído-, y que terso el rostro. -Le rozó la cara con los labios.

-Sí -respondió ella con nerviosismo-, me lo cuido mucho. -Echó la cabeza un poco hacia atrás y lo miró a los ojos.

 

Yo ya es como que leía el pensamiento de Ana María "No es guapo, pensaba, pero tiene ese mentón cuadrado y esos rasgos firmes, unos rasgos tan firmes que lo hacen interesante".

 

Jorge, como si estuviera conectado conmigo mentalmente, le dijo a Ana María.

-Me gustaría descifrar esa mirada.

-Observaba tus facciones.

-Interesante. ¿Estoy aprobado?

-No estás mal, no eres Apolo pero puedes pasar.

-Gracias por tu sinceridad -dijo él. Y la volvió a oprimir contra su pecho.

-¿No sabes bailar más separado?

-Es que así te llevo mejor y no pierdes el ritmo -le observó. Y vio que ponía gesto de inocencia. Entonces largó la carcajada-: ¿De qué te ríes? -observó Jorge.

-De tu cinismo.

-¡Oh! No digas eso. -Terminó la pieza y se fueron a sentar.

 

Betty me dijo:

-¿Nos sentamos?, ahora tengo sed.

 

Hacía una hora que había anochecido. Cuando salimos todos de la confitería fuimos hasta la casa de Roberto y luego Jorge acompañó a Ana María hasta su casa, vivía en Núñez. Betty vivía también allí. Fuimos los cuatro.

-Es un chalet precioso -ponderó él-. Y qué lindo jardín.

-Estoy muy contenta, muy contenta por la tarde que hemos pasado, debo darte las gracias.

-Al contrario -dijo Jorge-, quien debe agradecerte soy yo. -Ana María le tendió la mano, que él estrecho diciendo-: Gracias a ti pasé un bello momento. Ha sido un placer de verdad. Ahora debo irme.

-Buenas noches.

-Espera. -Jorge le retenía la mano.

-Qué. -Me imaginé lo que pensaba Jorge, si no era precipitado besarla. Y se decidió por hacerlo. La tomó en sus brazos y rozó sus labios suavemente con los de ella. Luego se apartó un poco-. No debiste hacerlo -susurritó ella.

-Eres un ángel. Déjame que te bese y me traslade al paraíso.

Ella se serenó un tanto y dijo con firmeza:

-Hasta mañana, Jorge, debes irte ahora. -Dio media vuelta y marchó hacia la casa. Él observó su andar hasta que la frágil figura desapareció tras de la puerta, luego se alejó como hipnotizado.

-Es deliciosa -murmuró-. ¿Qué haréis vosotros?

Yo dije:

-La casa de Betty estás a dos cuadras.

-Los acompaño, pero me quedaré a prudente distancia por si queréis despediros.

 

Betty llegó a la casa y me dijo:

-Nándor, hoy fue una tarde hermosísima. -Me tomó de las mejillas, me dio un beso en la boca y se marchó. -Me sentí como extasiado.

Jorge sonrió y dijo:

-¡Vaya! Tú la tienes más fácil que yo. -Me encogí de hombros.

-¿Y?

-Los que somos atractivos somos atractivos. -Largamos ambos la carcajada.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 12/11/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisco S.

Estaba en una ciudad nueva, aprendía las costumbres de la gente de allí, de sus nuevas amistades. Había nuevos sentimientos que manejar en aquel entorno.

 

 

Sesión en MP3 (3.314 KB)

 

Entidad: Muchas veces no aprendemos de nuestros errores, tampoco de nuestros aciertos. A veces aprendemos estudiando las conductas de los seres que nos rodean.

Tenemos dos tipos de maestros: Los grandes maestros, tratando de imitar su manera de ser, y los pésimos maestros, que generalmente son una gran mayoría, rodeados de ego, de manipulaciones, que nos indican cómo no tenemos que ser.

Y después hay un tercer tipo de personas, como en el caso de Jorge, que buscaba de alguna manera tratar de conquistar un amor por él, por sí mismo, no por su fortuna.

 

Estando en Mágar siempre pensé "¡Ay! Nándor, Nándor, quién tuviera fortuna como para poder conquistar el mundo", y viendo a Jorge de Wynot me quedé pensando "¿Estoy conquistando el amor o estoy comprando el amor?", porque sabemos que el amor no se compra. Se puede comprar la pasión, se puede comprar un momento, pero no se puede comprar una vida.

 

Jorge era una persona segura, aprendía cosas de él, pero también me cuestionaba otras porque pensaba "¿Es necesario probarse? ¿Es necesario -no necesario, importante- saber si te quieren por ti o por tu fortuna?". Y claro, me puse en el lugar de él y seguramente yo haría lo mismo. Seguramente yo haría lo mismo.

 

La noche anterior había estado deliciosa. Al día siguiente vi que llamó por teléfono a su amiga:

-Hola, Ana María, me gustaría verte luego, Nándor y Betty van a salir.

Ella le respondió:

-Lo siento -denegó-, vine muy cansada del trabajo.

-Haz un esfuerzo, sal un rato, no trates de esquivarme.

-¿Yo, esquivarte a ti? -interrogó ella-, no tengo porque hacerlo.

-Quizá no te gustó que te besara anoche en el jardín.

-Ya me había olvidado del hecho, Jorge, no es conveniente que me lo recuerdes.

-Está bien, pero espero que no estés enfadada conmigo.

-No sé porqué se te ocurren esas cosas -contestó Ana María con indiferencia. Yo escuchaba la conversación atentamente pero no como... como metido, si se entiende la palabra, sino tratando de... de aprender las costumbres de Plena, tan directas, tan... a veces tan impulsivas, ¿no? Y sí, es verdad que Ana María se mostraba indiferente.

Jorge le dijo:

-Pues voy a pensarlo si tú no sales ahora.

-¡Oh! Tú ganas, dame tiempo a que me cambie.

-Bien. En media hora te pasamos a buscar.

-Conforme -dijo ella. Y colgó. Una mueca de contento se notaba en los labios de Jorge. Subió a su cuarto para cambiarse de ropa.

-Nándor, ¿te cambias?

-Ya me he vestido, yo hace más de media hora que he arreglado con Betty. -Habíamos desayunado. Un desayuno exquisito que nos había preparado la madre de Jorge,

-¿Salen? -preguntó la señora.

-Sí, mamá. -La señora se acercó. Tendría unos cuarenta años y se hallaba muy bien conservada, se adivinaba bondad en su rostro-. ¿Con alguna amiga o con tu prima Beatriz?

-Con alguna amiga -respondió él.

 

Betty, que estaba en la casa de Ana María, luego me comentó que la madre de ella también era una persona agradable, bondadosa. Y le preguntó dónde iba.

Le dijo:

-Me viene a buscar el muchacho que conocí ayer, se llama Jorge. Parece que tiene interés.

-No digas eso, todos los hombres tiene interés en las chicas -y luego agregó-, pero él parece buena persona. -Madre e hija rieron.

 

Veinte minutos después se dejaba oír el agudo sonido del timbre.

Betty le dijo a Ana María:

-Son ellos.

La mamá de Ana dijo:

-Debe ser él. Abro yo. -Fue presurosa hasta la puerta y tiró del picaporte-. Hola. Pasa, por favor. ¿Y tú?

Le dije:

-Mi nombre en Nándor, soy el amigo de Betty. -Pasamos.

-Estás muy bonita, Ana María -exclamó Jorge.

-Gracias. Ven, que te presento a mamá.

-Será un placer -exclamó Jorge. Vestía un traje gris claro y una camisa crema. Yo vestía un traje negro. Estábamos impecables.

-Mamá, quiero que conozcas a Jorge, trabaja en la oficina con Roberto. Y él es su amigo, Nándor.

-¿Nándor?, nombre raro.

Le respondí a la señora:

-Es que vine de Mágar.

-Bienvenido entonces a Plena. -La señora se acercó observándonos. Le tendió la mano a Jorge, que le estrechó-. Encantada, joven. Mi hija me dijo que es usted muy simpático. -Me miró a mí-: Y tú igual. ¿Te acostumbras a Plena?

-De a poco señora, de a poco -le respondí-. Y es un gusto conocerla.

Jorge se dirigió a Ana María.

-Te dije que eras bonita, pero has de saber que tu madre es más bella que tú.

-No le escuches mamá, lo dice para ganarse tu simpatía.

-¡Ja, ja, ja! Tú sabes que es verdad lo que dije, Ana María. -La mamá, Etel, sonrió complacida. En verdad era de rasgos más perfectos que su hija, y la madurez en vez de restarle belleza la hacía más interesante.

-Es usted muy galante, Jorge. Siéntense, les voy a alcanzar una copa de coñac.

-Ya nos vamos mamá -dijo Ana María-, si empiezan a conversar se va a hacer muy tarde.

-¡Oh! Está bien, de todos modos la invitación queda en pié.

-Con todo gusto señora, ha sido un placer conocerla.

 

Luego de despedirnos salimos a la calle.

-¿Vamos a bailar? -inquirió Jorge.

-Prefiero caminar, dicen que es un buen ejercicio -exclamó Ana María.

-¿Qué dices, Betty?

-Sí, me encanta caminar. ¿Y a ti?

Respondí:

-Más que a vosotros, conocer Plena es algo maravilloso.

-Entonces vamos a la ciudad deportiva.

-¡Fabuloso! Vamos.

 

Tanto Betty como Pocho eran como una especie de confidentes, ambos iban al club hípico y luego me relataban las cosas que pasan allí.

 

A pesar de ser día lunes la sala de fiesta del club hípico se hallaba bastante concurrida. Paula Aguirre Irazábal departía amablemente con sus amistades luciendo orgullosa su modelo exclusivo de nombre, en color beige, y su ostentoso collar de brillantes.

-¿Quién opinas qué ganará el campeonato abierto de polo, Cuca? -inquirió, por decir algo.

-Pienso que Santa Ana, es un gran equipo.

-No -objetó Quique, anhelando lucirse ante Paula-, es mejor Coronel Suárez.

-Estoy contigo, chico.

-Gracias, Paula, pero no me llames chico.

-¡Ja, ja! ¿Y qué eres? -preguntó despectiva.

-Te llevo dos años, ¿no? -aclaró Quique con orgullo-, soy mayor que tú.

-No lo había notado -dijo ella, con indiferencia.

-No discutáis -intervino Rolo-. Deseo pedirte que bailes conmigo, Paula.

-Lo siento, estoy cansada. -Ni se dignó a mirarlo.

-Por favor, sólo una pieza -insistió suplicante Rolo.

-¡Uf! Me cansas. Saca a bailar a Cuca.

Rolo quedó indeciso, deseaba tener a Paula en sus brazos y a la vez quería ser indiferente. Al fin dijo:

-Pues bien. ¿Bailas, Cuca?

-Pide por favor -exclamó ésta al notar que no le pidió de primera intención.

-Por favor -pidió, acostumbrado a que lo pisoteen. Cuca se levantó y marcharon hacia la pista. En ese momento apareció Pocho en la sala, y Paula apenas lo vio se levantó como impulsada por un resorte.

-¡Qué sorpresa! -Más que sonrisa era una mueca-, no esperaba verte hoy en el club. -Pocho se hallaba extrañado de la amabilidad de Paula. Pero poco a poco, acostumbrado a no usar la cabeza tampoco la usó ésta vez y no pensó en el por qué.

-Hola. -Saludó nervioso.

-Hola, querido. ¿Me invitas a bailar, Pocho?

-Sí, sí, cómo no. -Se deslizaron a través de la pista lentamente.

 

Paula se apretó contra él sonriendo, durante cinco minutos le habló de diversos temas y luego le preguntó, como al descuido:

-¿Has visto a Jorge Clayton?

-¿Te refieres al duque de Wynot? -inquirió a su vez, Pocho.

Ella puso un rostro indiferente.

-Sí, simple curiosidad, como hace más de un mes que no aparece...

-¿Por qué le dices Clayton?

-Bueno es el primer nombre. Jorge Clayton Wynot, ¿no?

Pocho respondió:

-No tengo noticias de él, no sé donde se encuentra.

-¿Es cierto que se marchó a Europa?

-Creo que sí -titubeó Pocho.

-Tú sabes algo más -le intimidó Paula-. ¡Dímelo! -En verdad Pocho se acobardaba ante ella, pero había prometido al duque que callaría. Y a él le tenía más miedo.

-No sé nada -dijo-, no sé nada.

-No quieres decirme. -Lo miró despectiva-. Vamos a sentarnos -ordenó-. ¡Y encárgame ya un whisky!

-Sí, sí, enseguida.

 

Betty, por el camino terminó de relatarme todo lo que había pasado en el club hípico. Le pregunté:

-¿Por qué Pocho se deja tratar así por Paula?

-Tú no sabes lo qué sucede, ¿no?

-Si no me lo explicas.

-Paula está recontrametida con Jorge.

-¿Qué significa metida?

-Metida, entusiasmada.

-¿Enamorada?

-¡Uf! Enamorada es mucho decir, más bien diría encaprichada.

-Qué pena la gente así. Y tú, ¿cómo es que vas al club hípico?

Betty lo miró.

-¿Qué sabes tú de Jorge?

La miré.

-O sea, que tú sabes el secreto.

-Por supuesto. Si voy al club hípico...

-Pocho también sabe el secreto y prometió no contarlo.

 

Estaba anocheciendo cuando los cuatro llegamos a la ciudad deportiva.

-¡Oye, esto es bastante lindo! -comentó Jorge.

-¿No lo conocías? -preguntó Ana, con asombro.

-Pues no -respondió-, jamás había venido por aquí.

-Cuando terminen las obras de construcción -exclamó ella-, todo esto va a ser una maravilla. Bravo por el club Boca Juniors.

-¿Tú eres de Boca?

-No, de San Lorenzo de Almagro -dijo ella-. ¿Y tú?

-¿Yo? No, no simpatizo por ningún club de fútbol en especial.

-Es extraño -dijo ella-, eres el primer muchacho que conozco que no tiene un club favorito. ¿No te gusta el fútbol?

-Sí, pero no le presto mucha atención, me llaman más otros deportes, como el tenis, el polo, etcétera.

-Yo juego a tenis en el club -aclaró Ana María-, y lo hago bastante bien.

-Pues espero que en breve me concedas el honor de jugar conmigo.

-Te advierto que debes practicar mucho antes de medirte conmigo -bromeó ella.

-No te preocupes, lo haré.

Betty me miró.

-¿Y tú, qué te gusta?

-El fútbol, el tenis, el polo... Yo creo que hay que tener mucho dinero para eso. No... no me llaman la atención.

 

Seguimos caminando. Atravesamos un puente, pudimos apreciar por debajo varias parejas andando, en bote en el lago artificial. Cruzamos un anfiteatro y luego otro puente.

-Es grande la ciudad. -Jorge observaba todo con atención-. Aquí reina la tranquilidad.

-Es cierto -exclamó Ana-, sólo se escucha el 'plaf' de los remos en el agua.

 

Seguimos por un camino casi paralelo al lago. Al final llegamos a una especie de muelle, allí nos detuvimos.

Betty me cogió del cuello y me besó largamente. Luego distanciamos nuestros rostros y le dije:

-Me gustas, me gustas mucho.

-¿Y entonces por qué pones esa cara?

-No soy una persona de mundo como lo puede ser Jorge, no es que no tenga experiencia pero no me gustaría ser usado. -Betty se molestó.

-¿Por qué me prejuzgas, Nándor? Yo soy auténtica, no soy como esa Paula del club hípico, que busca aparentar con collares de brillantes y todo eso.

-Discúlpame entonces. -Quedó molesta pero seguimos conversando.

 

Jorge tomó a Ana María de los hombros y la acercó contra él.

-Quiero besarte -susurró.

-No, no lo hagas. -Juntó sus labios con los de ella libándolos cual abeja hace con la miel. Ana le colocó las manos sobre el pecho y lo separó un poco, respiraba agitada-. Te advierto una cosa, a mí no me besa todo el que conozco.

-Yo no pienso eso -contestó Jorge-, sólo sé que es más fuerte que mi voluntad el deseo de besarte.

-No creas que me besarás cuando tú quieras. ¡Y no me abraces!

-No te abrazo -dijo Jorge, ciñéndola con firmeza.

-¿Y qué es lo que haces, si no?

-No hables. -La besaba.

-No me beses.

-No lo hago.

-Cínico, eso es lo que eres.

-Tú tienes la culpa, pues me gustas muchísimo.

-No te creo.

-Debes hacerlo.

-¿No puedes hablar sin besarme?

-No. -Me di cuenta que Ana María se sentía empequeñecida entre los brazos de Jorge, él la dominaba con su altura-. Suéltame -pidió.

-Con una condición.

-¿Cuál?

-Prométeme que seremos novios. -Alzó la cabeza sorprendida-. Promételo -repitió él.

-No, no lo haré. Y no me beses -dijo. A pesar de pensar todo lo contrario no la obedeció y la estrechó contra sí besándola sabiamente. Ana estaba doblegada y sólo atinó a decir-: Está bien, te lo prometo.

-¿Seremos novios?

-Sí -susurró.

-No sabes lo feliz que me hace esa palabra -exclamó Jorge.

Ella lo interrumpió con un ademán:

-Debo advertirte algo.

-Dilo.

-Jamás, pero jamás te perdonaré si me engañas. Tómalo como quieras ahora, pero piénsalo bien en el futuro, sería ridículo observarte ahora, pues recién nos conocemos y no sé hasta dónde llegará tu interés.

-Escúchame bien -dijo él-, debo confesarte que mis intenciones hacia ti son las mejores y que aparte me gustas muchísimo. Ten fe en mí.

-Tú también me gustas -dijo ella-, sólo que no pensaba que todo fuese tan rápido. Estoy contenta, me agrada como eres, me agrada todo en ti. -Jorge la tomó de la mano y siguieron caminando.

 

Nosotros íbamos detrás. Betty me decía:

-Quizá veas un contraste, la resistencia que pone Ana María y cómo yo soy, espontánea, besándote.

-No te estoy prejuzgándote -dije.

-No, no lo digo por eso, Nándor, quizá piensas "Qué difícil que es Ana María y que fácil que es Betty".

-No es eso.

-De la misma manera que tú me has dicho "Espero que no me uses", yo te digo "Espero que no me decepciones". No es que yo sea más espontánea que Ana María, seguramente en algún momento a Ana María la han engañado y entonces es como que tiene heridas internas.

Le dije:

-Pero Jorge no tiene la culpa de ello.

-Obvio que no -dijo Betty-, obvio que no, pero hay un refrán que dice que paga justo por pecador. Jorge va a tener que tener buena conducta.

-Mira, Betty, yo lo conozco hace poco. Aparte, tú y yo sabemos su secreto, él busca hacerse querer por él mismo. Jamás, jamás engañaría a Ana María.

 

Nos abrazamos y seguimos caminando detrás de ellos.

 


Sesión 15/12/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisco S.

Llevaba rencores incorporados, no se sentía bien recordando sucesos dolorosos. Una conversación con un amigo le ayudaría a ponderar si era mejor continuar sufriendo por el pasado o para no dañarse más olvidarlo y centrarse en un nuevo futuro.

 

 

Sesión en MP3 (4.576 KB)

 

Entidad: Me encontraba hablando con Jorge Clayton en un bar de la Avenida Central, me contó su vida. Me contó sus anhelos y le conté los míos, obviamente. Me preguntó cómo fue mi juventud.

Le digo:

-No tiene que ver la parte económica, tiene que ver donde uno se cría, con quién se cría.

-¿En qué sentido? -me preguntó Jorge.

Le digo:

-Claro. Yo prácticamente viví toda mi niñez en Cáposta, la capital de Mágar. Papá era sastre, mamá costurera, tenían un pequeño negocio. Y reconozco que cambié bastante, era muy muy tímido, muy muy tímido.

Jorge me preguntó:

-¿Qué contrastes has tenido en tu vida?

-Bueno, viendo tu fortuna los que yo conocía me parecían algo impresionante.

-No entiendo. Explícate bien, Nándor.

-Claro. Uno de los chicos amigos era Bela, sus padres eran joyeros. El niño tenía una habitación llena de juguetes, pero viéndote a ti ahora con la fortuna que tienes, tienes cien veces el dinero que tienen los padres de Bela, si es que aún viven. ¿Pero sabes lo que tengo a favor?

-Explícate -me pidió Jorge.

-Mi niñez fue buena, yo me crié así. Entonces para mí era lo normal tener lo justo. De repente había un chico que tenía una pantalla de cine en la casa y ya digo "¡Qué es esto!", me parecía algo extraordinario. Pero ¡je!, no, nunca lo pude tener. Los papás de Bela tenían un coche modelo 59 y yo pensé de grande "Algún día lo voy a tener", y veo tu coche y aquel modelo 59 me parece una antigüedad.

Jorge Clayton me dijo:

-A ver, el tema es no medir a las personas por lo que tienen, el tema es medir a las personas por lo que son, cómo se comportan con los demás, cómo se expresan, su cortesía, su educación, si son carismáticos.

-Bueno, tampoco es tan así. No es tan así, no es tan así. no es tan así. No tienes idea las veces que les reprochaba a mis padres por no darme más cosas. Pero era yo el que no entendía, era yo el que no entendía. Un sastre, una costurera. ¿qué me van a dar? Pero por otro lado, no me quejaba, era muy imaginativo, era muy imaginativo. Aparte, es como que no sé si por la humedad del apartamento donde vivíamos, siempre tenía problemas en el pecho, vivía tosiendo. Yo quería ir a un club donde haya una pileta, y madre me decía "No, vives tosiendo", y tomaba jarabe, jarabe, jarabe. Y ¡Uf! De adolescente también me sentía inseguro con... con las chicas. No era, a ver cómo te puedo explicar, no era una persona como Pocho, como tu amigo Pocho, que está siempre tratando de halagar, siempre tratando de quedar bien no, no no no no no. No puedo decir nada porque no es que me caiga mal Pocho pero es una persona que vive tratando de agradar. Yo no trataba de agradar, yo directamente era tímido. De adolescente conocí a una chica llamada Eva y empezamos a vernos, tenía trece años, era un crío todavía.

-¿Y qué pasó?

-No... Me abrazaba, me tomaba de la mano pero yo no sabía si lo hacía por afecto o ella tenía un concepto distinto de la amistad. Y trataba de decirle algo y tosía, todavía a los trece años llegaba con ese problema de pecho. Me sentí segregado.

-No entiendo.

-Claro, Jorge, no es que ellos fueran de clase social alta pero la madre le dijo a Eva "A ver si tiene alguna enfermedad y te contagia, no trates con él, mira cómo vive tosiendo". Y bueno, como que de alguna manera me apartó de su lado, ¡je, je! No era tonto, la gente se confunde al tímido con el tonto no, no era tonto. Ya teniendo quince años superé lo de la tos, empecé a hacer un poco de ejercicio, me sentía como más... Esto que te cuento a ti no se lo he contado a nadie en Plena.

-Está bien, no va a salir de mí -me dijo Jorge.

-Me seguí cruzando con Eva pero ya es como que no me prestaba atención, ya no estaba la excusa de la tos. Madre misma me trataba como si fuera un niño diferente.

-Disculpa que sea directo, ¿cómo retrasado?

-¡No no no, para nada, no no!, como falta de educación. Si al fin y al cabo... Hay una frase que tú Jorge me has enseñado muchas veces: "En la escuela se aprende, en la casa se educa". Si yo no tenía educación era un problema de casa, no de la escuela. Porque me decía "Si te invita con un bebida no tomes ¡Uggg!, así de golpe, bebe con tranquilidad". ¡Para, yo tampoco era un bruto! Aparte, supongamos que no supiera modales, copiaba modales. Pero me perseguía, me perseguía, me perseguía bastante.

-Sigue contando.

-No... Una vez me crucé con un joven y me dijo algo parecido a lo que me dirías tú hoy:

-Mírate al espejo, ¿qué ves? -Yo digo este me está tomando por tonto.

-¿Qué veo?, mi cara, veo.

-No, ¿pero qué más?

-¡Je, je, je! Mis ojos, mi nariz. ¡Qué voy a ver!

Y me dice:

-¿Pero no ves nada más?, ¿no ves dentro tuyo? -Yo digo este debe estar leyendo muchas revistas de cómic.

-No tengo visión de rayos X, no soy un superhéroe.

Y me dijo:

-No, hablo de tu ser interno, de tu alma. -Y sí, sentí como que se estaba burlando de mí. El alma no se puede ver en el espejo.

De verdad que era muy parecido a tu manera de ser, Jorge.

-Continua.

-Claro. Me explicaba que todos tenemos un interior, que es único. Yo le había comentado del joven Bela, que iba a un club donde había una pileta enorme.

Y él me dice:

-¿Y piensas que el que haya una pileta lo hace más importante?, ¿te piensas que la fortuna lo hace más importante?

Le pregunté:

-¿Y qué es lo que te hace importante si no es la fortuna? ¿Te piensas que todos tienen un padre sastre, una madre costurera? Cómo hubiera querido de chico tener un cuarto lleno de juguetes como Bela.

Me dijo:

-¿Tus padres te quieren?

Le digo:

-Por supuesto.

-¿Tú sabes si los padres lo quieren a Bela o están tan ocupados con su trabajo que no le prestan atención? ¿Tú sabes si la madre la quiere a esa Eva?

-No tengo la menor idea. Pero aparte, no me interesa meterme en la vida de otros.

-Continúa -me pidió Jorge-, por favor, continúa.

-Bueno, la cuestión que le digo:

-Está bien, no los conozco. -Yo ya estaba perdiendo la paciencia porque no entendía a dónde quería ir.

Pero el joven me dijo:

-Pero si no los conoces, si no sabes cómo lo tratan a Bela o a Eva, ¿cómo sabes que son felices?

Le digo:

-Pero es obvio, basta con fijarse con las casas que tienen.

Me miró y me dijo:

-¿Sabes cuánta gente conozco que tienen diez habitaciones y el chico lo dejan con una ama de llaves y están solos todo el tiempo?, algunos directamente no van a la escuela, les ponen una profesora particular, una de las que llamaríamos esas brujas que te viven gritando. ¿De verdad que la riqueza da felicidad?

-En parte tenía razón a dónde quería llegar. Yo sé lo que quería hacer, de alguna manera consolarme. Pero sí, yo creo que el dinero sí da felicidad. Tú, por ejemplo, Jorge, puedes ayudar con fundaciones, ayudas a gente. Tengo entendido que ahora a Hernán lo vas a ayudar también. Digamos como que... No sé cómo explicarlo... Con el dinero no puedes comprar amor.

Jorge Clayton me dijo:

-Yo ya lo sé, lo sé por Ana María. Gracias que terminó creyéndome, pensaba que como yo me hacía pasar por pobre, como que quería aprovecharme de ella y después dejarla.

-¿Pero acaso no es cierto, no es lo que hacen muchos? No tú, no tú, ¿pero no es lo que hacen muchos? Cuántas veces me has dicho, Jorge, que en el club hípico todos son como artificiales, todos aparentan.

Jorge me dijo:

-Pero tú, Nándor, has cambiado, ya no eres ese tímido.

-No, ya no soy ese tímido.

-¿Y qué opinas de Betty?

-Me parece una excelente chica.

-¿Te ve como tímido?

-¡Ja, ja, ja! No, para nada.

-Entonces por qué remueves tu infancia. Ya pasó, ya pasó, es historia pasada.

-He pasado por mucho. Nos ha perseguido la Orden el Rombo, estuvimos a punto de perder la vida. Pero no lo digo en chiste, lo digo en serio, no lo digo en chiste. Soy joven, he pasado por mucho, quizás eso me ha templado.

-Entonces siéntete orgulloso, Nándor. Vos te templaste, hay otros que se quebraron. ¿Se entiende la diferencia?

-Sí, por supuesto, hoy la entiendo perfectamente, hoy la entiendo perfectamente. A ver cómo puedo explicarlo. Hoy me siento bien, Betty me parece una chica maravillosa. Pero me acuerdo de Eva y me acuerdo como con... con cierto rencor.

-¿Por qué, te acuerdas aunque sea el rostro de ella?

-Me acuerdo como era hace años atrás, qué se yo, después no la vi nunca más.

-¿Y por qué ese rencor?

-No sé. Tú siempre aconsejas a todos, explícamelo tú.

Jorge me dijo:

-¿Sabes lo que es una emoción?

-Sí, o sea, te vuelves emotivo, algo te conmueve.

-Está bien. Esa puede ser una emoción positiva, pero el hecho de que te conmueva también te hace daño. Pero el rencor, la ira son emociones negativas, y necesitas sanarlas.

-¿Cómo?

-¿Por qué te sigues acordando de Eva?

-No es que me siga acordando, no es que no me deje dormir, ya pasó, yo era chico, pero no me voy a olvidar de ese desprecio.

-Está bien. Por ahí la Eva de hoy es otra y ni se acuerda de todo eso.

-¡Y a mí qué mí importa! ¡Yo me acuerdo!

-Nándor, Nándor...

-Sí.

-En este momento te duele el pecho.

-No tengas duda.

-¿A Eva le afecta?

-No, ni está enterada, seguro que ni se acuerda de mí.

-¿Y entonces a quién le hace mal ese rencor, ese recuerdo, esa bronca? A vos te hace mal. Para qué recordarte, por qué no disfrutas el presente. -Me encogí de hombros.

-Porque no es fácil. Hay gente que te ha dañado, hay gente que te ha cerrado la puerta a la cara y tú... A ver cómo te lo explico, supón que existiera una máquina del tiempo, no sabes con que ganas volvería a la época de Eva y le diría tantas cosas en la cara, tantas cosas despreciables...

Jorge me dijo:

-¿Y no te pondrías a la altura de ella?

-¿En qué sentido?

-Claro. Tú piensas que ella era altiva y que te rechazaba porque "¡Ay mira el apestoso!, el que tosía". Le dices cosas desagradables en la cara si pudieras retroceder en el tiempo, ¿y en qué te diferenciarías de ella?

-¡Pero Jorge, hubo gente que me ha cerrado la puerta a la cara! He querido tener un profesor particular: "¿Cuánto puede pagar? Tanto. -Tenía una puerta de vidrio y me dice-: No, eso no alcanza ni para dos días de mí trabajo. ¡Paf!". Me cerró la puerta en la cara. Yo era niño y cerré el puño y quería golpear el vidrio de la bronca, romperle la puerta.

-¿Y por qué no lo hiciste?

-Porque después hubiera salido el hombre y me hubiera golpeado y hubiera llamado a la policía. Me hubiera cortado la mano, mis padres hubieran llorado, me hubieran dicho de todo. ¿Pero sabes cuántas veces pensé en volver en el tiempo y desquitarme de la gente que me trató mal?

-Nándor, no sé qué te pasa hoy, pero no te puede afectare tanto el pasado, no te puede afectar tanto. Hay mucha gente que te ha tratado mal que ya está muerta. Ese profesor seguramente ya murió, esa chica que le dijo a la madre "Míralo" y la madre inventó una excusa para sacarte de encima, por ahí hoy son infelices. ¿Y te vas a alegrar por eso? Es su vida. Porque si no, Nándor, te pondrías en lugar de ellos. Supón que te enteraras de casualidad que la familia de Eva tuvo una mala racha y en este momento son pobres, harapientos, perseguidos por la Orden del Rombo, ¿te haría feliz, de verdad te haría feliz?, porque si te haría feliz me decepcionarías mucho.

-No -respondí-, no me haría feliz.

-¿Te haría feliz que los padres de Bela hayan hecho un mal negocio y hayan perdido la joyería?

-No.

-Entonces déjalos que vivan su vida. Tú has estudiado.

-He estudiado muchas cosas, he estudiado filosofía también. Mis padres no saben cómo me he roto el alma, si me permites una expresión vulgar.

-Lo entiendo. Aquí, en Plena, se dice mucho esa frase, "Romperse el alma" significa sacrificarse, trabajar más horas, estudiar más horas, quemarse las pestañas hasta lograr la recompensa, y si no la logras sigues y sigues y sigues.

-Sí, sé lo que es eso. Pero es tu vida, Nándor, es tu vida. El pasado... el pasado sólo sirve para molestarte. Aparte, no te deja disfrutar el ahora, no te deja disfrutar, no te deja vivir, no te deja hacer nada. ¿A dónde vas con el rencor? Ni a la esquina vas con el rencor. -Antes no hubiera entendido la frase de Jorge. Ahora la entiendo, como diciendo que el rencor no te lleva a ningún lado. Y sonreí.

Le digo:

-De verdad que me haces acordar a ese chico de la escuela, el que me decía: "Mírate al espejo, ¿qué ves?", y yo pensaba que se estaba burlando.

Y Jorge me dijo:

-¿Y hoy ves tu interior? ¿Hoy lo puedes ver, con espejo o sin espejo?

-Sí.

-¿Y te gusta lo que ves?

-No.

-¿No? ¿Por qué?

-Porque no tendría que tener ese rencor. No tendría que tener ese rencor, no tendría que tener ese... esa bronca interna.

-Sácatela.

-¿Qué hago, la barro debajo de la alfombra?

-No, eso es trampa, porque barrer por debajo de la alfombra es como que la estás disimulando. El rencor no se disimula, el rencor se disuelve.

-¿Cómo?

-Entendiendo que te daña, entendiendo que es tu amo. -Me molesté.

-¡Mi amo nada! ¿Qué amo? ¡Yo no tengo amo! Vivimos en libertad.

-¿Sí? ¿Así que te sientes libre?

-¿Por qué, en Plena no hay democracia?

-No, hablo de ti, ¿te sientes libre?

-Sí.

-¿Acaso no te sientes prisionero del rencor? ¿Acaso no te sientes prisionero de la bronca de cuando eras chico? Ahora tienes todo para disfrutar. Me has dicho que has estudiado como tres materias, ¿qué te gusta?

-Me gusta mucho lo legal, me gusta mucho defender a la gente pobre.

-Bueno, ese es el interior que sirve, el interior que ayuda.

-No, para para para, Jorge, de que me guste a que lo haga hay un trecho gigantesco. Tendría que tener un bufet o empezar a trabajar en un despacho.

-¿Y cuánto sabes de leyes?

-Poco, pero te aseguro que leo y leo y leo, y estudio y estudio y estudio y estudio. No era lo que me gustaba, pero de repente dije: ¿Por qué no? ¿Por qué no defender a otros o por qué no condenar a aquellos que de verdad son culpables? Un abogado también puede ser fiscal, ¿o no?

-Sí.

-Bien. Pero estamos en lo mismo, del dicho al hecho hay mucho trecho, ¿no?

-No necesariamente -dijo Jorge-. De la misma manera que lo voy a ayudar a Hernán a ponerle un buen taller donde pueda trabajar con los ordenadores personales, también te puedo ayudar a ti a ponerte un despacho.

-¡No, para! Yo no me animo a atender gente todavía.

-No, pero conozco a abogados grandes que podrían trabajar contigo.

-¿Y yo estaría bajo las órdenes de ellos?

-¿Por qué?, tú serías el que mandara en el bufet.

-Ahora te estás burlando tú, Jorge. Un joven mandando a un señor abogado que ha tenido varios éxitos...

-No, yo no te hablo de mandarlo, tú figuras en la firma como el principal, y cada caso que el abogado te ayude a resolver van cincuenta y cincuenta con las ganancias.

-¿Y el abogado no se sentiría mal que un joven sea el dueño de la firma?

-No, Nándor, el abogado le interesa cobrar su plata, ¡je, je, je! No se trata de ponerte un tipo de estos creídos que se creen los mejores abogados del mundo: "Y a mí ningún crío me va a decir lo que tengo que hacer", no, no; te estoy hablando de un abogado que sepa, humilde, que sepa entender la situación.

-¿Y por qué harías eso por mí?

-Nándor, mírame. -Lo miré-. ¿Por qué no habría de hacerlo si puedo hacerlo?

-¡Buf! Por ahí soy prejuicioso. A ver, no me gusta deberle nada a nadie.

-En Mágar te han salvado la vida. Alguna vez el joven que te salvó la vida, que te llevó a ese valle, ¿te pidió algo a cambio?

-No.

-¿Por qué habría yo de pedírtelo?

-No hay gente así.

-No -dijo Jorge-, la mayoría no es así, la mayoría es mezquina, tienen plata y quieren más y más y más. ¿Y sabes lo que me causa más gracia? Pero lo digo de una manera irónica, sarcástica, gente grande que está con un pié acá y otro pié en el otro lado y siguen guardando y guardando y guardando y guardando. ¿Y para qué? La plata no es un fin, la plata es un medio. Es cierto no te compra amor, tampoco te compra salud, pero te puede pagar buenos médicos, te puede pagar diversión. No te hablo de abusos. Yo tengo fortuna, jamás me gustaron las apuestas, jamás pagué por una noche de pasión, son cosas que no me interesan.

-Tampoco eres casto -le dije.

-No, nadie dijo eso. Tuve mis historias amorosas, pero las tuve por mí.

-No, se han acercado para ver si podían sacarte algo de tu fortuna, tú mismo lo has dicho.

-Está bien, se han acercado, pero no han obtenido nada. Nunca pagué por un abrazo, nunca pagué por un beso, me parecería artificial. Capaz que me lo han dado de manera artificial, pero de mí no han sacado nada. ¿No sé si se entiende, Nándor?

-Se entiende perfectamente. Me entusiasma la idea, ¿de verdad me montarías un bufet?

-Sí. Es más, lo apuraría a Hernán, aunque sea que saque prototipos de ordenadores para que te ayuden.

Lo miré y le dije:

-Tengo una muy buena máquina de escribir.

-Está bien, para hacer legajos vale. Nos vamos a poner en contacto de nuevo, Nándor, pero la próxima vez que hablemos, olvídate del pasado, de los Bela, de las Eva, incluso de la Orden del Rombo. Haz tu vida sin rencores. Y la gente que en algún momento te cerró la puerta en la cara... yo creo que esa gente es infeliz. Acá en Plena se mal usa la palabra infeliz, se toma como un insulto.

-¿Y no lo es?

 -No, Nándor, no lo es. Alguien que es infeliz es alguien que no es feliz, nada más que eso. Lo mismo que si te dicen ignorante, ¿sabes cuánta gente se ofende?, su ego se ofende porque te dicen ignorante. ¿Tú no eres ignorante?

-¡Uf!

Jorge Clayton dijo:

-Soy ignorante en mil cosas. Ignorante es alguien no sabe sobre determinado tema. Yo no sé sobre cien temas.

-Pero tienes cultura general.

-Sí, pero es todo por encima. Sé de geografía, sé de matemáticas, sé de historia pero no me pidas fechas cuando a tal rey le pasó algo o cuando tal emperador conquistó tal lugar o tal región. No. Es una cultura general, muy por encima, que te sirve para poder conversar con gente, pero no caigamos en la obsesión de saber todo de todo, porque sólo Dios sabe todo de todo.

Me estreché la mano con Jorge Clayton y le dije:

-La verdad que eres una persona especial.

-Como muchos otros. Como el que te salvó en Mágar, como el tío que falleció, eran personas especiales. El profesor Zarándok, que me lo has nombrado varias veces. Hay mucha gente que vale la dicha conocer, no te quedes con los que te cerraron la puerta en la cara Nándor. Basta, basta. -Nos dimos un abrazo.

 

Y caminé por la Avenida del Centro, ruidos de bocinas, murmullos de la gente.

Y yo tenía que dejar mi pasado atrás. No hablo de olvidarlo, hablo de que no me lastime.

 

Gracias.

 


Sesión 11/01/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisco S.

Sin esperarlo se encontró con que su novia tenía un pasado. Intentó detectar qué posibilidades le quedaban, pero no había seguridad de nada. Un amigo a quien se confió de dio una respuesta.

 

Sesión en MP3 (3.986 KB)

 

Entidad: Había dejado de trabajar, estaba de muy buen ánimo y quería tomar un combinado. Lo llamé del trabajo a Jorge Clayton y me dijo:

-Tenemos que hablar.

-Voy directamente al club hípico.

-No, vamos a un bar del centro.

-Tengo ganas de ir al club hípico.

-Está bien. Nos sentamos aparte y vamos a hablar, ¿sí?

-¿Sobre qué? -pregunté.

-Nos encontramos sobre las dieciocho y treinta.

-¿Sobre qué? -insistí. No me respondió.

 

Llegué yo primero y la veo a Betty hablando con un joven moreno pero apuesto, elegante, aparentemente más joven que yo, pero hablaban como si tuvieran una confianza de años.

Al rato apareció Jorge Clayton, miró a Betty y me miró a mí.

-Tenemos que hablar.

-Cuéntame.

-¿Te acuerdas que viniste aquí por un intercambio estudiantil desde Mágar?

-Sí, pero por suerte estoy trabajando bien -le respondí.

-Claro. A cambio fue mi primo, Mario Abregú. -Lo miré, miré al joven.

-¿Él es Mario Abregú?

-Correcto.

-Ya pasó un año -pensé en voz alta.

-Sí -dijo Clayton-, ya pasó un año.

-Yo no pienso volver a Mágar.

-No hay obligación de que vuelvas, estás trabajando, está todo bien. Nada más te quería comentar... ¿Qué conoces de Betty?

-Conozco que nos llevamos muy bien, me quiere y yo tengo sentimientos por ella.

-¿Qué apellido tiene?

-¡Je!, me has puesto en un aprieto. No sé, siempre converso con ella, nos besamos, pero no sé el apellido.

-Se llama Beatrice Aicenbatak, y durante cerca de un año estuvo saliendo con mi primo Mario Abregú. -Me quedé pálido.

-Ahora está conversando con él -le dije.

-Sí. Rompieron. Rompieron porque ella no quería que él viajara durante un año. Él dijo que quería perfeccionarse en sus estudios y no hubo caso de convencerlo.

-¿Y tú le has dicho algo?

-Yo no me meto en esos temas, si a él le parecía bien perfeccionarse, al fin y al cabo gracias a eso tú has podido venir. -Lo miré.

-Vamos al grano, como dicen ustedes en Plena. ¿Qué hay que contarme?

-Ellos rompieron. Beatrice rompió, incluso estuvo saliendo un par de semanas con Sergio, otro muchacho de la barra.

-Sí, eso lo sabía, pero salieron como amigos.

-Ella estaba como despechada porque sintió como que Mario la dejaba de lado por lo del estudio, pero sentía algo por él.

-Pero Jorge -exclamé-, conmigo se siente muy bien.

-Sí, lo reconozco, la vi feliz.

-¿La viste feliz o la ves feliz? -inquirí.

-A ver, ahora están hablando. -Miré a Betty, lo miré a Mario, antes hablaban amistosamente ahora los veía hablar como acaloradamente, como discutiendo. Intenté pararme para hablar con ella.

Me tomó del brazo Jorge:

-No, no, Nándor, no, espera.

-¡Pero es mi novia! No voy a permitir que le discutan.

-¿Cuánto hace que están saliendo? No conocías su apellido Aicenbatak, no sabías que había salido con mi primo.

-Tampoco me lo dijiste, esa es una falla tuya, Jorge, por qué ocultarme las cosas.

-No te oculté nada. Él se fue de viaje un año, y honestamente me equivoqué, pensé que se iba a quedar allá, que le iba a gustar Mágar, pero volvió. Mira tú, te agrada Plena y te has quedado.

-Me siento traicionado -exclamé enojado.

-¿Traicionado por qué?, si no sabes qué está pasando por la mente de Betty.

-Están hablando. -En ese momento Betty miró hacia la mesa y comentó algo y Mario también miró.

Hablaron un rato y él se negaba, ella insistía. Finalmente los dos vinieron para la mesa. Betty me saludó con un beso en la mejilla, lo cual me pareció extraño siempre me besaba en la boca.

-Te presento a Mario, el primo de Jorge.

-Un gusto. -No tendí la mano, él amagó tenderla pero vio que yo estaba con las manos bajas y no tendió tampoco la mano.

-Un gusto -dijo.

-Permiso -dijo ella. Y se sentaron a la mesa.

-¿Cómo estás, primo? -dijo Mario.

-Bien. Me imaginé que te ibas a quedar en Mágar.

-Sí, no me terminé de acostumbrar, Mágar tenía propaganda de ser otro país.

Ahí es como que saltó mi ego y le digo:

-¿En qué sentido otro país?

-Sé que vos sos de Mágar -le dijo Mario.

-Sí, soy de Mágar. ¿Qué propaganda había y qué te desencantó?

Me respondió:

-La Orden del Rombo. Plena también la tiene, pero acá hay libertad de expresión, allá parece como que se metió con todo, como que gente de Amarís se metió en Mágar y las autoridades miraron para otro lado. Y nos interrogaban en qué creíamos, en qué no creíamos. Y honestamente me harté. Estuve a punto de venir antes pero hubiera perdido el año, porque tenía que cumplir el año para que me den un diploma de perfeccionamiento.

-Coincido contigo -le dije-, la Orden del Rombo arruinó todo. Mi país era un país libre en pensamiento, en ideas hasta que vino la Orden del Rombo. Coincido. Es más, hay gente que está refugiada en lugares incógnitos lejos de la Orden del Rombo. Con vuestro permiso.

-¿Podemos hablar un instante de ti? -Asintió con la cabeza y nos fuimos a la barra. Pedí otro combinado-. ¿Quieres algo?

-No -negó ella.

-Me contó Jorge de que salías con Mario y estabas metida, como dicen ustedes, como que estabas calada por él.

-Es cierto. Pero te conocí a ti y eres una persona maravillosa, eres una excelente persona.

-¡Je, je! No conozco tanto de mujeres como Jorge Clayton, pero "Eres una buena persona", esa frase se la escuché a muchas mujeres, "Eres un hombre bueno, eres alguien confiable, eres un ser excelente". Eso también se le dice a un amigo, a un primo. ¿Pero qué pasa con tus sentimientos, ahora que volvió Mario?, ni siquiera me hablaste de él.

-No pensé que volvería.

-No es el hecho. Pero no me hablaste.

-Nándor, tú tampoco me hablaste de tu vida pasada, me contaste algunas cosas de la Orden del Rombo, pero que no me digas que nunca saliste con nadie en Mágar.

-Mira, he conocido más de una chica, pero he metido mucho la pata, como dicen en Plena, o sea, que la he arruinado más de una vez, era muy inmaduro. Sí, había una chica que me gustaba mucho, que la conocía de preadolescente, pero ya pasó. ¿Lo tuyo con Mario Abregú pasó? -Betty se encogió de hombros.

-No lo sé.

-¡Je, je!, no lo sabes. A ver, dejemos las cosas en claro. O sea, ¿nosotros salíamos como novios o éramos más que amigos, como se dice en Plena, o éramos amigos con derecho a besarnos? -Me miró y me tomó de la mano.

-Nándor, no conocí a nadie tan bueno como tú.

-¡Je, je, je! De vuelta esas palabras. Me imagino lo que sigue: "Eres bueno, pero mis sentimientos bla, bla, bla".

-¿Por qué te adelantas, Nándor, a lo que voy a decir?

-Está bien, me quedo callado. Di lo que tengas que decir.

-Te lo dije, estoy confundida.

-O sea, si no hubiera vuelto Mario no hubieras estado confundida, hubieras estado metida en una burbuja creyendo que sentías algo por mí. Vino Mario y pinchó la burbuja. ¿Es eso?

-Afloraron sentimientos que estaban ahí perdidos.

Agregué:

-Pero que nunca dejaste de sentirlos. Entonces lo nuestro fue algo ficticio.

-No, no, de verdad que no.

-Y ahora qué va a pasar, ¿me dejarás, volverás con él?

-Estoy resentida, se fue un año y me dejó.

-¡Je! Eso no responde a mi pregunta. No vuelves porque estás resentida, no porque no lo quieras, son dos cosas distintas. O sea, no me voy a molestar, te prometo que no me voy a molestar, simplemente, ¿qué sientes por mí, qué sientes por él?

-Ya te dije, Nándor, por ti siento que eres una persona muy buena, un hombre querible.

-Sí, un hombre querible, pero...

-Pienso como que todavía tengo sentimientos por Mario.

-Eso es lo que quería saber. ¿Y él?

-Él estuvo saliendo con una joven de Mágar casi seis meses y tuvieron algo más que besos. Y bueno, extrañaba Plena y volvió. Y la joven, se llama Eva, se molestó mucho que volviera a Plena.

-¿Cómo son las cosas, eh? Parece que Mario Abregú es un rompecorazones. ¿Y él qué siente?

-Eso son cosas de él y yo.

-Está bien, yo estoy de más.

-No es por eso, Nándor, es que... nada, nada.

-No no no no; coméntame, para saber dónde estoy parado yo. Coméntame de ti.

-Y él aparentemente la quiere a Eva. Quizá se quede un mes y vuelva a Mágar.

-¡Ah, mira tú! O sea, que contigo se le acabó el amor. -Betty se encogió de hombros.

-Supongo que sí.

-¿Por eso discutían?

-Sí.

-¿Te sentiste estafada?

-Sí.

-Bueno, ¡je, je, je!, te entiendo, porque somos dos. -Me tomó la mano de vuelta.

-No, es distinto.

-No veo en qué sea distinto -exclamé-, entiendo que Mario no lo hizo a propósito, él quería viajar, perfeccionarse y... De todos modos no entiendo, porqué él se quedó el año entero para recibir el diploma, si no se hubiera venido antes. ¿Cómo se hubiera venido antes si la quería tanto a Eva?

-Extrañaba Plena, pero no le parece igual.

-De todos modos no entiendo, dice que Mágar le incomoda por la Orden del Rombo y todo eso.

-Quiere viajar a Plena y pagarle el pasaje a Eva y que venga para acá.

-¡Vaya, mira tú, mira tú! O sea, que tú no tienes chance con él.

-Me parece muy desubicada tu frase.

-¿Perdón? A ver cómo lo digo mejor, me parece que tú con él ya no vuelves a relacionarte afectivamente. ¿Está bien dicho así?

-Yo creo que ahora estás irónico, Nándor.

-¿Irónico?, ¡je, je, je!, posiblemente. Pero bueno, la historia me queda clara.

-Eso no quita -me tomó de vuelta la mano-, que podamos salir, compartir cosas, estar como antes.

Sutilmente me solté la mano y le dije:

-No, no. Maduré, no me gusta ser plato de segunda mano de nadie. -Betty me dijo:

-Ahora el que está hablando es tu ego.

-No no no no; me enseñó mucho Jorge Clayton sobre el tema ese del ego, la que habla es mi dignidad. Te hago una pregunta, hipótesis: Eva no existe, él vuelve, nunca conoció a nadie, nunca salió con nadie y te dice: "Estuve un año fuera pensando en ti, extrañándote". ¿Tú no volverías con él? -Betty se encogió de hombros.

-Seguramente sí.

-Ahí está la respuesta, sientes algo por él.

-Pero él va a volver a buscar a Eva.

-¿Y eso qué tiene que ver conmigo? Me estás diciendo en la cara que como Mario no vuelve contigo, tú te conformas conmigo. ¿Estás diciendo eso? ¿De verdad estás diciendo eso?

-No, lo estás tergiversando.

-¡Ja, ja, ja!, ¿lo estoy tergiversando? No estoy tergiversando nada, no estoy tergiversando nada. Soy la segunda opción. ¿Qué estoy tergiversando? Hagamos una cosa -Terminé de tomar mi combinado, dejé plata en la barra y le dije a Betty-, lo dejamos así. Podemos seguir amigos pero cada uno hace su vida.

-Pero no voy a salir con Mario.

-Yo no sé si te estás burlando o si de verdad tu mente no te da para entenderme: Soy yo el que no quiere salir contigo porque yo no soy segunda opción de nadie. Si no entiendes eso... No es mi problema si no lo entiendes.

-¿Pero tú sientes algo por mí?

-No me importa, Betty, lo que siento, no me importa lo que siento, yo no voy a salir con una persona que está pensando en otro, no me interesa, no me interesa. Mi amor lo tiro por la borda.

-Pensé que no era así, Nándor, pensé que el que siente, siente y punto.

-No no no no. Tal vez sea como tú dices, habla mi ego. Hay una línea muy finita entre el ego y la dignidad. Una vez, al poco tiempo que lo conocí a Jorge Clayton me dijo: "No permitas que la otra persona te haga lo que tú no le harías a ella". Mira, había un profesor llamado Zarándok, si no fuera que falleció hace poco tiempo diría que Jorge Clayton es una reencarnación de ese profesor de Mágar. Quizá no tenga la misma sabiduría pero obviamente es mucho más joven, es apenas un poco más grande que yo, pero sabe mucho de muchas cosas. Si Jorge Clayton se hubiera conocido con Zarándok, yo creo que serían espíritus afines. Y él me enseñó eso: "No permitas que la otra persona te haga lo que tú no le harías a esa persona". Yo voy a seguir siendo amigo tuyo pero nada más.

-¿Pero no podemos salir, Nándor?

-Sí, podemos salir, podemos tener una noche de pasión y al día siguiente puedo salir con otra persona.

-Me estás ofendiendo.

-Ofendiendo, ¿por qué?, somos amigos, no hay un compromiso afectivo.

-Pero me hablaste de noche de pasión.

-Sí, podemos ser amigos y a su vez tener algún encuentro amoroso, pero no me pidas exclusividad, no ahora.

-Me estás ofendiendo.

-No, no te estoy ofendiendo, yo creo que todavía no te cayó la ficha, como dicen aquí en plena, de cómo viene la mano.

-No entiendo tus palabras.

-Te lo traduzco: Todavía no entiendes la situación. No lo puedes tener todo. Es más, creo que te vas a quedar sin nada. Y no te levantes. -Bajé del taburete, cercioré de que el camarero había cogido el dinero del combinado.

 

Pasé por la mesa y le dije a Clayton:

-Cualquier cosa voy a estar en casa. -Lo saludé a Mario-: Buenas tardes. -Y me marché.

 

Es muy difícil a veces el ser sincero con uno mismo.

Y me resultaba ridícula la reacción de Betty. ¿Qué yo la había ofendido? Para nada, para nada. ¿Cuántos amigos de distinto género pueden tener una noche de pasión y al día siguiente estar con otra relación si no hay compromiso? Hasta ayer lo había, hoy ya no lo hay, así que no entiendo por qué puede ofenderse.

 

Por la noche hablé media hora por teléfono con Jorge, le pregunté si me había pasado de rosca. Traducido significa: Si fui demasiado vehemente o brutal en la forma de hablarle.

Clayton me dijo:

-No. Se podía haber sido más sutil, pero quizá Betty no hubiera entendido la sutileza.

-¿Qué hubieras hecho en mí lugar?

-Exactamente lo mismo, Nándor, exactamente lo mismo.

 

Y me quedé pensando después de haber colgado el teléfono. Si Jorge Clayton pensaba como yo es que la verdad estaba de mi lado.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 12/02/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Francisco S.

Su novia lo dejó por un antiguo amigo, no le funcionó y quería volver. Él sentía amor, pero había un orgullo, una dignidad que mantener. Lo hablaría con un amigo.

 

Sesión en MP3 (3.269 KB)

 

Entidad: Llegué a la primera avenida, había parado de lloviznar, por suerte. Miré en la acera de enfrente y miré la marquesina del bar donde siempre nos reuníamos. Y pensé por qué no tomar algo aunque no estén los demás.

Entro y me saludan de una mesa, estaba el querido Jorge Clayton y su novia, Ana María. Y me puse pálido cuando la vi a Betty. Era una descortesía no ir.

Le estreché la mano a Jorge, le di un beso en la mejilla a Ana María, y la saludé con la cabeza sin tenderle la mano a Betty.

-Qué casualidad veros por aquí.

Jorge me dijo.

-Nandor, ya sabemos que nada es casualidad, que todo es causalidad. ¿Cómo es que has venido?

-Había parado de lloviznar, quería tomar algo y por qué no al bar que siempre nos reuníamos. No estamos todos, falta Hernán, falta Pocho, deben estar ocupados.

-Seguramente -dijo Jorge.

 

Me pedí algo caliente, una leche con chocolate, nada de comer. Me encontraba un poco ronco, con tos, no es que hacía frío pero me había mojado un poco con la llovizna. Y no es como cuando llueve fuerte que uno se guarece, no le di importancia, pero la llovizna moja, moja, moja, y tú no te das cuenta hasta que sientes que todo tu pecho está empapado, la lluvia penetra en la ropa. Y bueno, llegaré a casa, me daré un baño bien caliente y mañana espero estar bien.

 

Ana María le dijo a Jorge:

-Ahora que paró de lloviznar podríamos caminar un poco por la avenida. -La avenida Primera tenía edificios muy parecidos a las ciudades del viejo continente, especialmente a Saeta. Acepté. Pero claro, como es costumbre Jorge tomó del hombro a Ana María y se adelantaron.

Betty me preguntó:

-¿Cómo estás, Nandor?

-Bien, ocupado.

-Iré directa al grano.

-¡Vaya! Vas al grano cuando es oportuno para ti.

-No sabes qué voy a decir, no te adelantes. -Me encogí de hombros.

-Te escucho.

-¿Te acuerdas de Mario Abregú?

-¡Je! No me lo saco de la mente. No tengo por qué acordarme, lo tengo presente. Y sé todo lo que pasó.

-Me di cuenta de que no siento nada por él, que en realidad tengo sentimientos por ti. -Me paré. Jorge y Ana María miraron que nos habíamos quedado parados en la acera y siguieron caminando.

Le digo:

-¿Te estás burlando de mí?

-No.

-Porque lo último que yo sabía era de que cuando Mario Abregú volvió, tú dijiste que sentías algo por él, y si no fuera que él se enamoró de una joven de mi país hubieras vuelto con él. Y no digas que no, no me mientas en la cara, no me faltes el respeto, no faltes el respeto a mi inteligencia.

-No estoy faltando el respeto. Pasaron los días, pasaron las noches y... Y honestamente no pienso en él, pienso en ti.

-Claro, ¡je, je!, ahora piensas en mí. Pero qué conveniente, qué conveniente. Pero mira tú, ¡je, je je! Mira Betty, ¿te acuerdas todavía cuando Jorge y Ana María todavía estaban por salir pero todavía no estaban saliendo como novios? -Ella asintió con la cabeza-. ¿Te acuerdas que fuimos a pasear a la zona deportivo que había lago, botes?, ¿y a diferencia de Ana María, que esquivaba a Jorge, tú con un impulso me besaste y me dijiste: "No me tomes por una atrevida, yo tengo otro carácter distinto al de Ana María"? ¿Te acuerdas lo que te respondí? -Ella asintió con la cabeza-. A ver, dime qué te respondí.

Betty dijo:

-Que no te gusta ser usado.

-Bien, muy bien, muy bien. Veo que tienes memoria, te pondré un diez.

-Ahora te estás burlando tú.

-¡Ja, ja, ja! O sea, que yo me estoy burlando. Me prometiste amor, te dije que yo no quería ser usado. Me dijiste: "Yo no te voy a usar, yo tengo sentimientos por ti". Sentimientos que se desvanecieron cuando volvió Mario Abregú, sentimientos que se hubieran desvanecido del todo si Mario Abregú no hubiera conocido a nadie. Y no me mientas en la cara. ¿Exactamente qué hubiera pasado si él no hubiera conocido ésta chica allá? Que a propósito, la fue a buscar. No te quedes callada.

-No me gusta estar parada en la acera.

-Caminemos, pero despacio. ¿Qué hubiera pasado, Betty?

-Hubiera vuelto con él.

-Bravo, ahora estamos bien, ahora me estás diciendo la verdad. Prefiero eso a que me mientas. ¿Qué me hubieras dicho: "Lo siento, estaba engañada, pensé que te quería pero me doy cuenta que no es así"? ¿Qué hubieras dicho?

-Nandor, al fin y al cabo me cortaste tú.

-¡Je, je, je!

-No te rías a cada rato.

-¿Prefieres que me enoje?, ¿prefieres que te deje parada en la mitad de la acera y me vaya? Me río por la ironía, me río porque no me gusta que insulten mi inteligencia. ¿Qué hubieras dicho? -Se encogió de hombros.

-Seguramente hubiera dicho que me perdones, pero que todavía sentía algo por Mario.

-¡Bien! Y entonces, ahora, ¿a qué viene eso de que piensas en mí, que de noche no te puedes sacar mi imagen de la cabeza? ¿Qué es todo ese verso, qué es todo ese cuento?

-¿Me dejas hablar?

-Sí -le dije-, habla, hablar es gratis.

-Supongamos que fuera como tú dices, que Mario no hubiera tenido compromiso y hubiera vuelto con él.

-Continúa.

-Al poco tiempo me hubiera dado cuenta de que hacía un año que no lo veía y... y era como una ilusión, como que había quedado un recuerdo.

-A ver, explícate mejor.

-Claro. Amas a alguien, esa persona se va de intercambio estudiantil. Entonces apareciste tú y es como que empezaste a entrar en mi corazón.

-¡Bah, mira que bien que lo relatas!

 -Déjame hablarte en serio, por favor.

-Está bien. Sigue.

-Cuando él volvió es como que otra vez volvió esa ilusión, ese espejismo, pero no pasaba de un espejismo.

-No pasó de un espejismo porque él ya amaba a otra persona.

-Nandor, ahora eres tú el que no me quieres escuchar. Te dije que si hipotéticamente hubiera vuelto solo, lamentablemente sí, hubiera sido cobarde por haberte mentido, que en realidad no te mentí porque yo sentía y siento algo por ti pero en ese momento estaba como cegada porque es como que volvieron a mí todos los recuerdos del tiempo que salí con él, y pensé que lo quería y hubiera vuelto si él no hubiera estado comprometido con alguien.

-¿Entonces? -pregunté.

-Y entonces capaz que hubiera estado una semana, quince días y me hubiera dado cuenta de que era solamente un espejismo, un recuerdo grato pero recuerdo, pero no un verdadero sentimiento.

-A ver, a ver, Betty, tú en este momento piensas en mí porque Mario no está. ¿Qué garantías tengo yo de que si él no hubiera estado con nadie tú igual te hubieras dado cuenta de que no sentías nada?

-Porque lo sé dentro mío.

-Pero en ese momento no fue lo que pasó.

-Estaba engañada en mi mente.

-En tu mente. ¿Y en tu corazón también?

-Sí.

-A ver, te lo voy a decir de una manera muy sencilla, y ya te lo he dicho anteriormente: yo no soy plano de segunda mano de nadie, no soy el premio consuelo. ¿Perdiste el primer premio y te quedas con el premio consuelo? Bueno, yo tengo mi orgullo. Clayton dice que eso se llama ego.

-Clayton es una excelente persona pero no está dentro de mi mente, no sabe lo que yo siento, no sabe lo que yo pienso.

-Está bien, no le llamemos orgullo, utilicemos la palabra que dice Clayton: dignidad. Yo tengo dignidad, y en este momento mi dignidad no te cree.

-¿Cómo puedo hacer para demostrártelo? Quisiera en este momento estar contigo Nandor, a solas, amarte, besarte. -Sonreí irónicamente.

-¡Je, je, je! O sea, ¿que quieres hacer el amor conmigo?

-Sí.

-No tengo problema.

-¿De verdad?

-Sí, no tengo problema.

-¿Pero no estás molesto, Nandor?

-Para nada. ¿Quieres hacer el amor conmigo?, vamos. Mira, aquí a la vuelta de la avenida Primera hay un alojamiento para parejas, nos quedamos un par de horas. -Ella asintió con la cabeza y fuimos.

 

Nos besamos como nunca, nos acariciamos como nunca. Verdaderamente la sentí entregada, verdaderamente la sentí mía. Me decía cosas al oído: "Te amo, te amo más que a nadie en mi vida", mientras me acariciaba, mientras me besaba.

Dos horas después nos marchamos del lugar, ya en la calle había vuelto a lloviznar.

-Voy a coger un taxi -dijo Betty-. ¿Me acompañas hasta casa?

-No.

-¡Cómo!

-No, mañana tengo que hacer cosas temprano y aparte quiero llegar, cambiarme de ropa y darme un baño bien caliente.

-Pero en el lugar donde estuvimos te has dado un baño bien caliente.

-Quiero darme otro, y descansar temprano.

-¡Pero no has cenado nada!

-Es mi problema, veré qué tengo en mi refrigerador y me lo calentaré.

-O sea, ¿que no me acompañas, ahora que hemos vuelto a ser novios?

-¡Je, je, je! ¡Espera, espera, espera! Te has adelantado, ¿quién habló de noviazgo?

-Pero fuimos a un lugar, hicimos el amor.

-Y sí, ¿no es lo que me pediste?

-Pero tú accediste.

-Y sí, porque tenía deseos, pero eso no significa que te quiera.

-¿Por qué me desprecias de esa manera, Nandor?

-Betty, yo no te estoy despreciando. Me parece que no me estás entendiendo y no estás entendiendo la situación; yo todavía no creo nada en lo que dices con respecto a Mario, de que no sientes nada, de que piensas en mí.

-¿Y no te has dado cuenta de cómo te hice el amor?

-Sí, me doy cuenta, pero las palabras que has dicho pueden ser de pasión, y la pasión no es un sentimiento, es un instinto.

-¿Cómo puedo convencerte?

-Honestamente no lo sé, pero por lo menos yo te soy sincero.

-¿Qué somos ahora?

-Amigos. -Betty bajó la cabeza.

-Nandor, ¿habría inconveniente en que podamos salir como amigos, vernos y si no te incomoda poder estar juntos otra vez como recién?

-No, no me incomoda, para nada.

-Bueno, ¿seguro que no quieres acompañarme?

-No, me tengo que levantar temprano. -Me quiso dar un beso en la boca y moví el rostro y me besó en la mejilla.

-Por qué haces eso, recién me besabas apasionadamente.

-Perdón, tú me besabas apasionadamente. -Me miró.

Paró un taxi y me dijo:

Estamos en contacto.

-Sí.

 

Estaba lloviznando más fuerte, ya casi llovía. Me abroché el abrigo, el agua que caía era fría. No quise tomar un taxi, caminé varias calles por la avenida Primera.

En el fondo me sentía muy mal porque verdaderamente mis sentimientos por Betty no habían cambiado, lo que tenía era un tremendo rencor por haberme sentido engañado. Y yo seguía convencido de que ella me consideraba como un plato de segunda mano, como el premio consuelo. Es verdad que me sentía desconcertado por la forma que hizo el amor conmigo, pero eso es una necesidad fisiológica, eso no es amor.

Me hubiera gustado hablar con Jorge Clayton pero ya se habría ido con Ana María.

 

Yo seguía pensando de que mi amor por ella no había cambiado, lo que pasa que era un amor similar a un cristal roto, por el rencor que sentía, por la mentira. Y ahora quería volver. ¡Je, je! ¿Qué fácil, no?

Y después me puse a pensar. No me hizo bien estar a solas con ella, no me hizo bien el contacto de nuestros cuerpos, las caricias, los besos, la intimidad, fue para peor porque todo lo que sentía dentro se había agitado, agitado como un mar tormentoso, y a su vez sentía como odio, pero no contra ella, contra la vida, por ponerme en esta situación.

Lo hablaría con Clayton. ¿Por qué con Clayton?, porque me parecía el más maduro de todos nosotros.

Ahora sí, cogí un taxi, subí y me marché para casa.

 

A la noche me costó dormir, la tenía a Betty en mi pensamiento. Estaba desconcertado, seguía con rencor, con nervios, me costaba dormir. Estuve a punto de tomar un tranquilizante y digo no no no. Me hice un té de hierbas y me volví a acostar. Y ahí sí, el sueño me venció.