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Psicoauditación - José A.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión del 18/04/2019

Sesión del 03/05/2019

Sesión del 17/05/2019

 


Sesión 18/04/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de José A.

Tenía poderes de mento y podía obligar a los demás a actuar cómo quisiera sin que después recordaran nada. Decidió que todos olvidaran que era mento.

Sesión en MP3 (3.082 KB)

 

Entidad: Nunca me sentí como un niño normal, pero no me sentía responsable de ello, a ver, es como que los demás niños me trataban distinto y mis padres nunca me decían hijo, me decía Zizer, las dos veces con "z", Zizer. No digo que no me tuvieran cariño.

 

Trabajaba con padre en la granja y estábamos a instantes del poblado, a veces lo acompañaba en la carreta a buscar mercadería al almacén de ramos generales. Al comienzo los niños jugaban conmigo, como toda criatura en la zona ecuatorial, jugábamos a ser guerreros con espadas. Y me pasó más de una vez que perdía y me daban un golpe y sentía una tremenda indignación hacia quien había "peleado" conmigo, y después me sorprendía porque constataba que se caía de rodillas tomándose la cabeza. Y no me pasó con un amigo, me pasó con varios. Si perdía en un juego o discutíamos por algo me ponía como furioso y la otra persona se tomaba la cabeza o caían de rodillas o huían corriendo. Y por alguna razón empezaron a tenerme miedo.

 

Le comenté a madre y a padre. Les digo:

-Si yo nos les hago nada ¿por qué a veces cuando me enojo les duele algo?

-Se sentirán mal porque tú te enojas -me decía madre sin darme más explicaciones. Hasta la gente grande me miraba rara.

 

Al fondo de la calle, en el poblado había un tal señor Anastasio, era un hombre muy muy grande, a veces la gente le iba a consultar por cosas. El hombre no trabajaba, ya apenas tenía fuerzas para moverse de tan grande que era, pero la gente le traía alimentos y él a cambio les daba orientación sobre algún tema. Yo era chico todavía y con mucho miedo y mucho respeto lo fui a ver.

-Disculpe señor quería preguntarle algo. -A diferencia de otros señores no me miró raro, me miró con cariño.

-Adelante, Zizer.

-¿Me conoce?

-¿Cómo no te voy a conocer? Te has criado aquí, vienes siempre con tu padre a comprar al poblado. Dime que precisas.

-Mire, no sé cómo explicarle, yo juego con los niños y cuando pierdo ya sea una lucha con espadas de madera o en algún juego de escondite en el bosque me enojo y los otros niños es como que sienten dolor generalmente en la cabeza y no, no entiendo.

-Es que tienes un pensamiento muy fuerte.

-Sí, bueno, pero ¿y eso qué tiene que ver? ¿Por qué al otro le duele la cabeza? Es raro, ¿no?

-Zizer, tienes que tratar de no enojarte.

 

Cuando lo fui a ver al anciano, tenía seis de vuestros años y traté de cambiar mi carácter, de no molestarme cuando perdía en algo, de no molestarme cuando algo me salía mal, y es como que los niños empezaron a confiar en mí. Y así llegué hasta los doce de vuestros años.

Y había una niña que me gustaba. Diréis "¡Vaya, qué joven precoz!, a los doce años". Pero bueno... Y le pregunté si queríamos ser amigos. La familia de ella tenía muchos metales, el padre era un próspero comerciante.

Y me dijo de mala manera:

-Y por qué yo habría de salir contigo, Zizer, eres un simple granjero, no tienes nada para ofrecerme.

Le respondí:

-No entiendo, ¿cómo ofrecerte?, te estoy diciendo de ir a jugar.

-¿Y qué juegos tienes, tienes alguna espada de verdad?

-¡Pero soy un niño, cómo voy a tener una espada de verdad!

-Mis amigos tienen espadas de verdad que sus padres le compran, así que si no tienes una espada de verdad no seré tu amiga.

 

Hacía rato que no me molestaba. Me enojé con ella mucho y vi que se retorcía de dolor y me dio una pena tremenda. Y frené en mi pensamiento y noté que ella se había calmado. Y me asusté. ¿Hasta tal punto mi pensamiento le podía afectar? En ese momento anhelé, deseé con toda mi alma que ella se acercara a mí y me sorprendió sobre manera que sonrió y me dijo:

-Me agradas, no importa que no tengas espadas de verdad, seremos amigos. -Y me tomó de la mano. Quisiera que me diera un beso, pensé. Se acerco a mí me tomó de la mejilla y me dio un pequeño beso en la boca. Pegué un respingo, me... como que me sobresalté, como que me asusté.

Se llamaba Josera y empezamos a ser amigos. Y después de tanto tanto tanto tiempo lo volví a ver al anciano Anastasio y le conté.

-Ya tienes edad para que te cuente, si tus padres no te contaron.

-¿Contarme qué?

-¡Ah! Aparentemente te habían dejado abandonado en el bosque, en el bosque que está pasando la llanura extensa de la zona norte y después nos dimos cuenta que no te habían abandonado, estabas como oculto en la espesura y en el camino había dos cadáveres, un hombre y una mujer.

-Pero, pero a ver si entiendo, no, no...

-Mira, Zizer, aparentemente esas dos personas que mataron era tus verdaderos padres. Les dispararon con flechas, les dispararon desde lejos porque tenían miedo de acercarse.

-No entiendo, pero ¿y papá y mamá?

-Ellos te adoptaron. -Me quedé helado.

-¡Pero no son mis padres! Por eso no me decían hijo.

-No, no tiene nada que ver. Ellos te aman, ¿acaso te han mezquinado cariño, te han mezquinado afecto?

-No, me han criado bien, con amor, pero ¿por qué soy distinto, por qué ese poder del pensamiento?

-Porque aparentemente tus padres eran mentos.

-¿Qué es eso?

-Es una raza de seres humanos, Zizer, que tiene poder mental. Tú me comentaste muchísimo tiempo atrás que te enojabas con los niños y algunos caían de rodillas por el dolor fuerte de cabeza, eso se lo provocabas tú con tu mente. Y puedes hacer muchas más cosas.

Y le conté lo de Josera.

-Me había enojado con la niña y también pasó lo mismo, le provoqué dolor de cabeza, pero luego me dio como un arrepentimiento y deseé que estuviera conmigo, que me aceptara como amigo, y en ese momento se acercó a mí y me aceptó como amigo y luego pedí mentalmente que me diera un beso y me besó. -Fue la primera vez que le vi una mirada alarmante al anciano Anastasio.

-Tienes mucho más poder de lo que yo pensaba no solamente puedes provocar malestar en las personas si no que puedes ordenarles mentalmente que hagan lo que tú quieras.

-¿Pero señor, me está diciendo que ella me besó porque yo lo pensé mentalmente?, quiero decir que si le digo que se tire al lago, se tira al lago.

-Sí, pero por favor, por favor ten mucho cuidado, si la aldea se entera de tus dones...

-¿Cómo dones, qué son dones? -pregunté.

-Como poderes, pero en realidad no son poderes, son dones que vienen contigo, con tu raza. -Me miré las manos, me miré mi cuerpo.

-¡Pero señor, yo no soy distinto!

-No, los mentos son iguales a cualquier otro ser humano, pero tienen algo en el cerebro, algo que hace que tengan una mente distinta cuyos pensamientos...

-Pero aparte, por las noches es como que siento ruidos y veo como siluetas.

-Vaya.

-¿Cómo vaya, que yo me vaya?, ¿quiere que me vaya?

-No, no, vaya es una palabra como de sorpresa como diciendo "¡Caray, mira este niño!"

-¿Pero qué significa eso de ver siluetas, de escuchar como ciertas voces?

-Es como que aparte tienes otro don, aparte como mento tienes otro don de que puedes percibir cosas que otros no.

-Hay leyendas que mis padres me dijeron de niño, de que hay como espíritus en la naturaleza que rodean las aldeas. ¿Usted piensa, señor, que yo estoy viendo eso o escuchado esos espíritus? ¡Pero eso me da un miedo tremendo!

-No tiene que darte miedo, Zizer, porque eso no te va a afectar.

-¿Ah, no? Pero a veces no puedo dormir al escuchar eso.

-¿Y nunca has deseado que se callen?

-Sí, más de una vez.

-¿Y qué ha pasado?

-Y no los he escuchado.

-¿Te das cuenta?, con tu pensamiento puedes dominar incluso a esos espíritus.

-Primero me sentí con un miedo casi llegando al pánico, pero después... después es como que me sentí omnipotente. ¿Esto significa que cuando crezca puedo mandar a cualquiera?

-No, Zizer, no puedes hacer eso, eso no sería bueno, tienes que hacerlo para ayudar a los demás.

-¿Hacer qué?

-Esos dones los tienes que usar para ayudar a otros. Tú de repente me has comentado que has deseado que la niña Josera te besara y te besó, el día de mañana puedes ir al banco donde guardan los metales y ordenarle al cajero que te de metales y que luego se olvide de que te los dio.

-¡Vaya, qué bueno!

-No, Zizer, eso no es bueno, ahí serías un ladrón, estaría mal que hicieras eso.

-Pero no dañaría a nadie, no sería un asaltante.

-No, Zizer, eso no se hace.

-¡Pero usted me dio la idea!

-No, no te di ninguna idea, fue un ejemplo que te di.

-O sea, que puedo hacer que todas las niñas de la aldea quieran salir conmigo.

-No, Zizer, eso no está bien. Hablaré con tus padres, los pondré al tanto.

-¿Qué es ponerles al tanto?

-Les contaré, les contaré que ya te he contado y que tú sabes quién eres.

-No, no lo hará. -Tengo que ir...

Lo miré con ojos fijos: -No anciano, te ordeno que no lo hagas. -El anciano es como que temblaba, cerraba sus puños, intentaba pararse (levantarse). No, anciano, siéntase. -El anciano se sentó-. Mírame. -El anciano Anastasio me miró-. Quiero que te olvides de lo que me has dicho, quiero que te olvides que soy de esa raza mento, quiero que te olvides de esta conversación. ¡Ahora! ¡Ya! -El anciano abrió los ojos y me miró cariñosamente.

-Querido Zizer, ¿qué buscas? -Pensé rápidamente en mi corta edad.

-Lo quería consultar porque hay una niña que me gusta, ¿cómo puedo hacer para que me acepte, sería bueno que le dé algunos regalos?

-Mira, querido niño, la amistad, la verdadera amistad no se compra con regalos, o te aceptan o no te aceptan, no puedes obligar a nadie a que te acepte si no quiere.

-¿Pero podría aceptarme?

-¿De quién hablas?

-Una tal Josera, que es hija de comerciantes.

-Y no sé si te aceptará porque tiene otro tipo de amigos.

-¿Cómo otro tipo de amigos?

-Claro, sale con niños ricos que tienen su propio hoyuman, su propio equino, tienen incluso sulquis para ir a pasear y tú no tienes nada de eso. Esto no significa que no te acepte por ser quien eres, es como que es una niña de estas jóvenes ricas caprichosas que...

-Pero yo le podría regalar cosas de valor.

-No, no podrías porque tus padres son granjeros, no tienen tantos metales. -Estuve a punto de equivocarme y decirles "pero yo puedo conseguir" y me callé, aparentemente el anciano Anastasio se había olvidado de todo. Le agradecí y saqué de mi bolsillo una moneda cobreada y le dije:

-Tome, por la atención.

-No, en el pueblo ya me traen alimentos, ¿cómo tú que eres un niño me vas a dar algo? No, no, no, puedes venir a conversar cuando quieras, pero eres un niño, ¿cómo te voy a cobrar? -Me abrazó, me acarició la cabeza y me dijo- Ahora ve, ve que seguro que tus padres esperan. -Me di vuelta y le dije:

-¿Mis padres me quieren, no?

-¡Pero claro!, ¿cómo no te van a querer?

-¿Puede ser que de cara sea parecido a mi padre?

-Pero obvio, ¿cómo no van a ser parecidos si tu eres su hijo? -Qué bien que mentía el anciano, pero lo había hecho olvidar y había olvidado todo lo que me había contado.

 

Así que yo era adoptivo, huérfano de pequeño y me adoptaron padre y madre que parecían más mis abuelos que mis padres porque eran grandes también. Pero es cierto, no podía quejarme siempre me habían dado amor, pero ahora me sentía como raro, tenía poderes, podía dominar a la gente.

A los dos días siguientes me pasó algo extraño, había un hombre grande que la gente lo respetaba mucho, era muy fuerte, era leñador y sin querer tropecé con él.

-¡Oye niño, por qué no mira por dónde vas!

-¡Y por qué no mira usted que es más grande, en vez de ser tan estúpido!

-¿Qué has dicho? -lo miré y le dije:

-Tú me tienes miedo, tú me tienes mucho miedo. -El hombre se pudo a temblar y me dijo:

-Discúlpame, discúlpame, Zizer, por haberme tropezado contigo. -Y se marchó corriendo. Me di cuenta que podía dominar hasta a un adulto. Y me sentía bien, muy bien. Y también podía dominar a esas entidades de la noche que me hablaban en mi cabeza.

 

 Llegué a casa y hablé con padre y madre:

-Quiero que nos sentemos a la mesa. -Los miré mentalmente y se sentaron en la mesa-. Quiero que me digan la verdad, ¿sabéis quién soy? -Estaban comiendo guisado.

-Sí, te encontramos en el camino, eres un mento.

-Quiero que os..., no antes, ¿Quién más sabe esto?

-Pocas personas en el pueblo.

-Escribid la lista de las personas que saben quién soy. -Lo escribieron. Lo bueno que hicieron por mí que a los seis años yo ya sabía leer y escribir. Los miré fijamente a padre y madre-. A partir de ahora os olvidaréis ambos mi origen, soy en verdad vuestro hijo.

 

Al día siguiente fui a visitar a todos los de la lista, que eran pocos, menos de una docena y a uno por uno los hice olvidar a donde me habían encontrado. Así que para toda la aldea yo era hijo verdadero de mis padres y nadie, nadie sabía que era un mento. Y recién tenía doce de vuestros años.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 03/05/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de José A.

Se sentía invencible porque podía defenderse y manejar a los demás gracias a su don. Pero no estaba satisfecho. Y se sentía culpable.

Sesión en MP3 (2.334 KB)

 

Entidad: A veces, de un momento para otro, situaciones que te parecían nefastas, insoportables, angustiosas, enloquecedoras cambian, se modifican, mejoran o no es que mejoran, las comprendes, las entiendes, las aprovechas, las sufres, las exprimes y ya no te angustian, ya no te duelen, ya no te molestan, ya forman parte de ti.

 

Recuerdo que tenía seis años y visité al anciano Anastasio, le preguntaba cosas que no entendía y que me pasaban. Me decía: "Zizer, con el tiempo vas a entender".

Y lo entendí cuando seis años más tarde, a mis doce años, logré que una niña rica me besara. Pero todavía no entendía bien qué era lo que yo tenía hasta que el anciano me lo dijo. Me contó mi origen, mis verdaderos padres eran mentos tenían dones o poderes, llamadlo como queráis, y me adoptó una pareja de ancianos en la aldea, a los que consideré mis padres.

Pero fui entendiendo mis dones. Averigüé sobre la raza mento, podían hacer que a la otra persona le doliera la cabeza, que se desmayara, ¿pero sugestionarla como para que obedezca tus órdenes?, eso me pasaba a mí. Es más, recuerdo que una vez esta niña malcriada la besé con demasiada fuerza: "No quiero saber más nada de ti, eres demasiado brusco". Intencioné mentalmente que olvidara esa escena y al rato me dice "Recuérdame Zizer de qué estábamos hablando porque se me hizo como una laguna, como una amnesia". Y me di cuenta de que tenía el don de hacer olvidar las cosas.

¿Pero eran episodios inmediatos o eran mucho más? Entonces intencioné con el anciano Anastasio, que olvidara todo lo que sabía de mí. Y recuerdo que me miró y me dijo:

-No me recordaba de que estuvieras aquí, Zizer, ¿precisas algo?, dime que me has traído algo de comer...

Y le respondí:

-Justamente pasaba para saber si precisaba algo, prometo traerle.

-Gracias.

 

Y tampoco me convenía que mis padres adoptivos supieran, tampoco me convenía que gente del pueblo que hayan hablado con mis padres superan del origen. Y había una docena de personas que conocían mi origen, pero como yo no sabía no dejé no un solo habitante del pueblo sin hacerlo olvidar; para todos ellos yo era un joven, un joven que ya había cumplido dieciséis de vuestros años.

Y en ese lapso aprendí a obtener beneficios. ¿Qué está mal? Seguramente, seguramente. Iba al depósito bancario del poblado y hablaba con el que atendía delante y le decía:

-Tu jefe me ha llamado. -No dudaba, para él su jefe me había llamado. Cuando venía el jefe le decía:

-Tú me debes cien monedas plateadas. -Lo miraba fijamente y al momento me traía las cien monedas plateadas.

-Ahora estamos a mano.

-Estamos a mano, pero inmediatamente te olvidarás de que estuve. -Y cuando salgo le digo al joven de adelante-: Te olvidarás de que yo, Zizer, estuve aquí. -Me iba con las cien monedas plateadas y no quedaba nada registrado.

 

Ayudaba a mis padres adoptivos, me criaron con amor, no puedo decir nada de nada. ¿Tenía rencor porque me ocultaron mi origen? No, no. Pero vuelvo a lo que dije al comienzo, cosas negativas espantosas ahora yo las usaba a favor.

Recuerdo que desde que tenía seis de vuestros años escuchaba voces o de repente es como que veía sombras y me asustaba, me asustaba mucho.

 

Y una tarde hablé con el anciano Anastasio.

-¿Qué es lo que nos da vida? -Y el anciano me dijo:

-Mira, Zizer, ¿tú crees en aquel que está más allá de las estrellas?

-Por supuesto.

-Pero no lo ves.

-No lo veo.

-Pero sabes que está.

-Por supuesto.

-Una muy pequeñísima parte de él es lo que nos da vida a nosotros.

-No, eso no lo entiendo, ¿cómo?

-Claro, aquel que está más allá de las estrellas, pequeño Zizer, es más grande que todo este mundo.

-¿Más grande que todo Umbro?

-Sí, y que todas las estrellas juntas. Y él nos ha creado -Me toqué.

-Pero yo nací de una mamá.

-Claro, Zizer, pero él nos ha creado de manera incorpórea y entonces nos incorporamos en nuestro cuerpo cuando nacemos.

-¡Ah, tú hablas del alma!

-¡Ah! ¿Conoces esa expresión?

-Sí.

-Bueno, hay almas que se niegan a reconocer que han muerto sus cuerpos y vagan por el mundo, y eso es lo que tú ves y eso es lo que tú escuchas. -Por supuesto que cuando me fui le ordené mentalmente al anciano Anastasio que olvide lo que hablamos.

 

Y esa noche presté atención y cuando escuchaba voces, mentalmente le decía "Quiero que se aparezcan como fueron la última vez en su vida", y de repente se veía como una figura fantasmagórica. Y yo hablaba con esa figura:

-¿Quién eres?

-Me llamo Añac, fui un guerrero oriental.

-Pero tú estás muerto.

-No, ¿cómo voy a estar muerto, no ves que hablo contigo?

-No, tú eres un alma, un alma perdida. -Notaba como que se molestaba.

-Puedo atormentarte -me decía-, haciendo escuchar mi voz todas las noches.

Y en ese momento pensé "¿Por qué no puedo hacer lo mismo con él?". Y mentalmente le dije:

-¡Tú vas a estar bajo mis órdenes!

-Ordena qué quieres que haga.

-Hay una niña, una niña que se llama Josera. Quiero que la asustes esta noche. Y no vengas hasta mañana, o yo te voy a atormentar a ti.

Al día siguiente me crucé con Josera y me dijo:

-Zizer, tuve una tremenda pesadilla.

-¡Qué te ha pasado!

-Escuchaba como voces, pero sé que es un sueño, no puede ser real.

-Quédate tranquila, mentalmente rezaré con aquel que está más allá de las estrellas para que nada negativo te atormente.

-¿Puedes hacerlo?

-Claro que sí. ¿Pero qué me merezco como premio?

-Te daré un beso.

-No, eso es un consuelo.

-Entonces seré tuya.

-Ahora estamos hablando mi idioma. -Y estuvimos en el bosque hasta casi el anochecer. Cuando volvimos al pueblo la miré y le dije:

-Josera, olvida que has estado conmigo y olvida que has tenido esa pesadilla. -Me miró y me dijo:

-¿Qué haces aquí? Qué casualidad cruzarnos.

-Sí, justo venía de hacer un recado -le dije-. Espero verte pronto.

-Sí, cómo no. -Y se marchó.

 

Me sentía poderoso, pero aparte podía manejar mentalmente a esas almas que renegaban, que no querían estar desencarnadas. Pero cuando vino ese guerrero, Añac, le dije:

-No la molestes más a Josera. Y cuando yo te convoque vendrás inmediatamente.

-Así lo haré, amo.

-No, dime Zizer.

 

Tenía el poder pero quería más. Es como que quería salir de ese poblado. Y a veces me sentía como con complejo de culpa, como ¿no estoy abusando de mi poder? Hice mía a Josera, le saqué metales al señor del banco...

Me había cogido como un complejo de culpa y al día siguiente me fui por el camino a pensar. Cuando en ese momento aparecieron tres hombres montados en hoyuman.

-Vaya, un joven solo seguro que trae metales con él. -Miré los tres estaban con grandes espadas. Desmontaron, sacaron sus armas-. A ver, a ver niño, cuántos metales tienes, antes de que te quitemos la vida. -Los miré a los tres y les dije:- Ustedes se odian, no se soportan el uno al otro, se odian tanto que tienen deseos de matarse.

 

Y en ese momento los tres se trenzaron en una tremenda pelea cayendo los tres heridos mortalmente. ¿Si me dio pena? Para nada, me hubieran matado si yo no hubiera tenido este don. Les revisé sus alforjas y tenían algunos metales cobreados, era poco, pero valía el esfuerzo que yo había hecho. Me sentía como invencible pero tenía que tener precaución, me tenía que alejar rápidamente de allí; cuando vieran a los tres hombres no iban a entender nada, pensarían "Se habrán peleado entre ellos para despojarse los metales el uno del otro", no sería nada extraño.

 

Estaba cansado, volví a casa. Madre me dijo:

-Zizer, amor te prepararé un rico guisado. -La abracé, le di un beso en la frente, lo acaricié a padre y comí con un tremendo apetito. Y esa noche me acosté sin voces, sin molestias y dormí plácidamente hasta el amanecer.

 

Gracias por escucharme.

 

 

 


Sesión 17/05/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de José A.

Había descubierto que tenía un poder mental ilimitado sobre otros, los podía dominar, avasallar, sojuzgar. De todas maneras estaba convencido de que no hacía mal. En un pueblo encontró a un mento. Se midieron.

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