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Psicoauditación - José A.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión del 10/02/2020

 


Sesión 10/02/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de José A.

Seguía planeando el asedio al palacio del rey. También a veces dudaba de aquella mujer que le facilitaba ideas y compañía sin que él le obligara con sus dones.

Sesión en MP3 (2.161 KB)

 

Entidad: Quizá muchos puedan pensar que soy un inconformista, que a veces me quejo de cosas que no tendría por qué sentirme mal, como que no presto atención a cosas importantes y señalo lo insignificante pero que a mí me incomoda. Es como que me podría comparar con aquella persona que estuvo con la espalda descubierta al sol y se le puso tan roja que apenas la pueden tocar y ya le arde y como se pone arisca por todo.

 

Y sí, por un lado me siento así. Por otro lado me incomoda que me lo hagan notar, me incomoda sobremanera que me lo hagan notar. Muchos de vosotros diríais "Se queja de lleno". ¿Qué es quejarse de lleno, aquel que tiene todo y no se conforma? Entonces se equivocaron de persona, no se están refiriendo a mí, no soy yo esa persona.

 

He tenido muchas carencias. Trataré de corregirme diciendo: No, has tenido falencias. No, lo reitero y lo digo bien claro: He tenido carencias. He carecido de muchas cosas hasta a veces de afecto. Y no se trata de ser el dueño de la verdad ni de tener razón, es lo que veo, es lo que siento, es lo que percibo.

 

Y otra cosa que no me gusta es discutir, porque no se trata de ser el dueño de la verdad; yo tengo mi verdad, el otro tendrá su verdad, pero él no tiene porque llevarme a su verdad si mi verdad es la que me hace bien o es la que me sostiene. Inconformista. Que cada uno se fije en lo suyo y dejen de fijarse en el otro. ¿Qué hubiera pasado si nunca hubiera tenido los dones que tengo, cómo me tratarían? En el pueblo sería el que limpia el corral o seguiría en casa de mis padres. "Zizer ven para acá, Zizer ve para allá, Zizer haz esto, Zizer no hagas aquello". No, creo que nunca me hubiera acostumbrado a eso.

 

Por un lado con Randora me sentí desconcertado porque me acepta sin que la controle. Recuerdo que las jóvenes del pueblo donde me crié ni me miraban, ni me prestaban atención hasta que las sometí con mi mente, y con mi mente hasta las podía hacer tirar de un barranco, a un precipicio.

 

Con mi mente obtuve favores, caricias, abrazos. Pero a ver, ¿si terminaba satisfecho? En el momento sí. ¿Después? Después no porque me daba cuenta que eran como muñecas articuladas que uno manejaba con hilos y no me servía.

¿Qué pude obtener metales dorados? Los que quisiera. Iba a un banco donde tenían depositados los metales, con mi poder ejercía el don de que me dieran lo que yo quisiera y al instante se olvidaban. No me faltaban favores, no me faltaban metales.

 

Tenía poder; al fin y al cabo comencé a estudiar a la gente, la estudiaba calladamente. ¿Qué es lo que más anhelaban aparte de la vida eterna que es imposible en el plano físico? Sí, algunos la anhelaban, ¿pero qué más anhelaban?: el dinero, el poder, los títulos. Yo podía ser rey y tener el mejor palacio, ¿pero cuánto tiempo?, me aburriría.

Y ahora me sentía como... como metido en una aventura, la aventura de Randora, quería vengarse de esta gente. Y no es que yo le siguiera el juego, a ver, me sentía cómodo con ella, me sentía bien, me amaba e intimábamos sin que yo la manipule mentalmente, pero no, no estaba bien del todo. ¿Qué fue lo que me dio el ánimo de acompañarla?: El fracaso.

 

Recuerdo que fuimos al castillo del rey Anán. Hicimos todo bien; manipulé mentalmente a los estudiantes de mento, que para mí eran nada, mi poder era superior a todos ellos juntos, y los pusimos adelante para que no nos ataquen, se me cruzó infinidad de veces por la cabeza. Bueno, hubo uno de ellos tuvo la osadía de atacarme y herirme. Y nos retiramos. ¿Con el rabo entre las piernas? No, no, no; nos retiramos para buscar una mejor estrategia.

A Randora y a mí se nos cruzó por la cabeza lo mismo, ir a distintos pueblos, manipular mentalmente a aldeanos, que los aldeanos vayan adelante y que les manipule la mente como para que vean en la gente del castillo de Anán a sus peores enemigos, y como era gente inocente, Anán no mandaría sus soldados a atacarnos.

Pero vi que también había un mento muy fuerte ahí, un tal Fondalar. Tuvimos la suerte de herirlo muy mal, si no no sé lo que hubiera pasado. Sentí, percibí que estaba a mi nivel. Y había otros que también eran muy fuertes mentalmente.

 

Sentí una mano en el hombro, una mano suave, pero estaba tan sumido en el pensamiento que me sobresalté.

-Randora.

-¿Estás dudando, Zizer? -Sentí que una adrenalina me subía por el estómago y por el pecho, pero no quería dejar que mi ira me domine.

-¿Estás hablando conmigo?

-Estoy hablando contigo. ¿Estás dudando?

-Si no fueras tú quien hablas te manipularía de tal manera que te haría hacerte zambullir en una ciénaga.

Randora me miró y me dijo:

-¿Por qué estás molesto conmigo?, hago todo lo que tú dices sin que me lo ordenes mentalmente. Me has probado una, dos, diez veces y sabes que no te miento, pero ante una pregunta que la puedes tomar como ácida te sulfuras, te molestas.

Le respondí:

-No, yo no dudo, simplemente estoy pensando cual sería el mejor plan de ataque.

-Hablamos de los granjeros.

-Sí, lo hablamos. ¿Y qué, van a trepar murallas? No saben hacer nada.

-Ellos no nos van a atacar porque los granjeros son gente inocente.

-¿Y después qué?

-Los sitiamos.

-Tienen una de las ferias feudales más grandes, van a estar meses adentro y no van a pasar hambre. ¿Y nosotros qué? O mandamos soldados ida y vuelta, ida y vuelta, ida y vuelta cada tres, cuatro amaneceres a distintos pueblos a traer comida. No sirve.

-¿Te molesta perder gente?

-¡Je! ¿A mí? ¿A Zizer? A mí no me molesta perder nada, me molesta perder tiempo, es una batalla inútil.

-¿Pero no tienes amor propio?

-No entiendo; ¿por qué?, ¿por qué lo preguntas?

-Un tonto te ha herido y no te has podido desquitar.

-Algún día saldrá. Algún día saldrá solo y lo pescaré, y le clavaré cien espadas como alfileres, pero mientras esté dentro de esos muros no puedo hacer nada.

-No estamos cerca, quizá han salido ya.

-A mí no me interesa estar pendiente de otros, y si te he seguido hasta ahora, Randora, es porque siempre me han atrapado los desafíos. Pero estamos en un callejón sin salida, salvo...

-¿Salvo qué? -preguntó Randora.

-Salvo que salgan ellos.

-También podemos hacer otra cosa -dijo Randora-, tiempo tenemos. Armemos grandes catapultas, untemos piedras enormes con aceite y prendámosles fuego, lancémoslas contra los muros.

-Eso lleva un trabajo tremendo, los soldados no están para eso.

-Pero Zizer, ¿quién habló de los soldados?

-Eres una zorra.

-Gracias.

-¡Te he insultado!

-No, me has alagado. Has dicho zorra como queriendo decir que soy muy astuta.

-Vaya. Si no fuera que te conozco pensaría que eres una menta, pero no lo eres. De verdad que eres astuta, tú te refieres a recolectar granjeros y que ellos hagan de carpinteros, de herreros, de todo. Pero son torpes.

-Tú eres un mento.

-Sí, lo sé, mejor que nadie lo sé.

-Pero no utilizas la cabeza.

-Mujer, estás jugando con tu suerte. ¿Por qué no uso la cabeza?

-Porque no sólo hay granjeros, hay poblados que debe haber carpinteros, herreros. Úsalos, úsalos.

-Eres muy zorra, eres muy zorra. Estoy nervioso.

-Sé cómo calmarte.

-¿Ahora? Es casi mediodía, los soldados tienen hambre.

-Que esperen. Vamos a la tienda. -La miré, sonreí.

-Eres tremenda. ¿Cómo sabes lo que quiero?, ¿cómo sabes qué preciso? Y no digas "Eres igual a los demás hombres".

-Jamás diría eso -replicó Randora-, no eres igual a nadie. Y aparte no pienses que tengo tanta experiencia con los hombres, no es tan así. He odiado a muchos, por lo tanto sí he tenido relación con alguno te puedo asegurar que son bien pocos. No me tomes por una posadera de un poblado de tercera categoría porque no soy así, y si me entrego a ti no es porque me lo ordenes, es porque yo quiero. Ven, te calmaré los nervios y luego almorzaremos tranquilos.

 

Me encogí de hombros y fui con ella a la tienda, ya planificaríamos el asedio al castillo del rey Anán.

 

Gracias.