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Psicoauditación - Josep

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión del 19/10/2016

Sesión del 09/11/2016

Sesión del 07/12/2016

 


Sesión del 19/10/2016

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Josep

Un analista humano -psicólogo en Sol 3- trataba de encontrar cómo no ser presa de las entidades etéreas que producían locura y muertes a las personas, en aquel mundo Términus, en el límite de la Creación. Se juntarían varios especialistas para encontrar cómo hacerlo.

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Entidad: Podemos tener la misma vivencia, podemos visualizar las mismas imágenes, escuchar la misma melodía, sentir en nuestras manos la arena, mas si luego tenemos que describir lo que sentimos, lo que vivenciamos, lo que percibimos, cada uno le va a dar una interpretación distinta, quizá similar pero al fin y al cabo distinta porque va a tener otro ángulo, otra perspectiva. Filtrará el concepto de otra manera.

 

Mi nombre era Justo, tenía cuarenta y cuatro años, cuatro años menor que mi hermano Máximo. Nuestras carreras siempre fueron distintas, a ambos nos gustaba la música, a su vez la investigación, la lectura, a su vez la acción, el conocer lugares. Yo me dediqué a la parte informática, mi hermano se hizo analista, analista humano pero podías conversar infinidad de temas.

 

Recuerdo que una noche estábamos mirando el cielo y Máximo me decía:

-Fíjate Justo, fíjate en la parte vacía. ¿Cuántos en nuestro mundo hemos captado, pero realmente captado, que aquí termina el universo?

Le respondí:

-Bueno, por algo los antiguos le pusieron a este mundo Términus.

 

Máximo no me miraba, miraba hacia arriba, hacia la parte estrellada y hacia la parte negra pero me escuchaba, quien no lo conociera diría "No me está prestando atención" pero podía hasta murmurar, que él lo iba a captar.

 

-Hemos estudiado filosofía, distintas artes liberales -comenté- y no hemos podido dilucidar el misterio que nos invade desde la antigüedad, desde la prehistoria seguramente. Se han escrito leyendas paralelas a la historia real donde poderosos guerreros se tiraban de las torres destrozándose en el piso gritando que escuchaban voces que les invadía el cerebro. ¿Cuántos se han suicidado de pánico?

Máximo suspiró y me miró exclamando:

-¿Y cuántos más lo harán? La mayoría de la gente que me consulta lo hace por esos temores que les invade.

-¡Pero con razón! -afirmé-, yo mismo he sentido infinidad de veces sensaciones. Recuerdo que había un joven -yo tenía trece años, teníamos una profesora de historia, Rippell, siempre era burlón, sacaba buenas notas pero no prestaba atención en clase-, su padre estaba trastornado. Dejó de venir al colegio. Me enteré después de que el padre se había suicidado y la madre se había mudado llevándose a Rippell a otra región, como si se pudiera escapar de esas voces. Dime, Máximo, yo sé que tú eres racional e intuitivo, las dos cosas a la vez -o depende en qué momento eres una o eres la otra-, muchas veces has afirmado -cuando digo muchas me quedo corto-, muchísimas veces has afirmado que somos más que este cuerpo pero a su vez has defendido la hipótesis de que esas almas que encarnan en nosotros y que al morir van a un lugar que no podemos captar, no son las que han perturbado desde siglos a esta humanidad. Tú hablas de que los que los antiguos llaman etéreos no son de este universo, son de ahí. -Y levanté la mirada hacia esa oscuridad, hacia esa nada, hacia ese vacío-.

Y me dijo que sí:

-Así es Justo, estoy convencido de que los etéreos no son almas, son seres que son impalpables, son indetectables a nuestros sentidos, a nuestros más finos aparatos pero se alimentan de nuestros temores.

Lo miré, me acerqué y lo miré al rostro frente a frente:

-Tú también tienes temores.

Resopló, y dijo:

-A ver, creo que todos tenemos temores pero dentro de mi trabajo de analista humano, donde hablo de temas que no todos comprenden, no estoy exento de racionalidad y sé que esos etéreos no me pueden hacer daño.

Negué con la cabeza.

-No. Hay millones de suicidios a lo largo de la historia que se contradicen con lo que tú afirmas.

-No, no se contradicen. Yo dije "No me pueden hacer daño", no que no pueden. Hablo de mí.

-¿Tienes una protección? Dime cómo es. ¿Qué haces?

-No les doy cabida.

-¿No los sientes? ¿No los escuchas? ¿No se te aparecen, a veces en forma de algo?, ¿de algún animal, de alguna criatura, de algún monstruo, de alguna sombra?

-Sí, pero impido que se alimenten, no les presto atención.

-Es casi imposible, es absolutamente difícil. Imagínate, en medio de la noche se me apareció Rippell con la edad de trece años:

            -Mamá me llevó.

            -No soy más aquel niño -le dije-, soy informático, tengo cuarenta y cuatro años.

            -Mamá me llevó, nunca te ocupaste de averiguar por mí. He vivido una vida tremenda. Mamá se volvió loca, me abandonó. Comía desperdicios, estaba famélico. Mírame como estoy ahora.

 

-Y miraba la figura, era Rippell, le brotaba sangre de los ojos. Me sentí mareado, casi pierdo el conocimiento. La figura desapareció.

-A eso me refiero -interrumpió Máximo-, era un etéreo que estaba jugando contigo, se alimentaba de tu miedo, de tu sorpresa, de tu ansiedad, de tu angustia.

-O sea, ¿ellos viven gracias a nuestros temores? -inquirí.

-No, no lo creo, interpreto que no necesitan alimentarse de nuestras emociones, lo hacen por placer, para ellos es un placer y somos el mundo que tienen más cerca. Hay otros en la periferia, miles, pero aquí estamos, para nosotros este es el mundo de la frontera final.

Pero sé cómo, no soy técnico como tú, pero he intuido o alguien de los que yo llamo entidades desencarnadas me ha dictado que podemos hacer una especie de casco con un ordenador, pero insisto no soy técnico.

Le respondí:

-Conozco a Irdino.

-Irdino, sí, el matemático, este señor bajo, algo gordito, sí.

-Bueno él tiene una segunda profesión, aparte es técnico, técnico de micro ordenadores. Nos podemos juntar en el laboratorio. Tú de alguna manera nos das una pista de lo que tendríamos que armar y veríamos con Irdino cómo armar ese casco. Presiento como que ese casco impediría que estos etéreos nos intimiden.

-Algo así. Yo entiendo que un concepto no puede ser filtrado por algo material pero también interpreto que ese casco podría emitir cierto tipo de ondas, de interferencias, como esas ondas que cortan la frecuencia de una radio.

 

Máximo se encogió de hombros y abrió las manos con un gesto de impotencia diciendo:

-No puedo traducirlo matemáticamente mi concepto, y quizá sea muy poco, sea insuficiente como para que vosotros, tú Justo, e Irdino, puedan hacer algo. Pero es un comienzo. Somos seres conceptuales, encarnados, vivimos una vida breve. Nuestra raza arrastra una historia de dolor, de pérdidas. Nuestro inconsciente de la raza, le tememos a la oscuridad porque los etéreos saben que somos más vulnerables, emocionalmente, durante la noche. -Máximo siguió hablando-. Hay cientos de personas a los que les enseñé el método de ignorar, de no prestar atención a supuestas voces que en realidad no eran tales sino como que se sentían en el cerebro, a imágenes que aparecían, a sombras que se movían.

 

Lo que pasa es que estaba tan arraigado en los genes, ese terror, que aun habiendo hecho consultas, una, dos, tres, diez, veinte con Máximo, el terror no se les iba. Yo estaba quizás un poquito más fuerte, mucho menos vulnerable por estar en contacto permanente con él y escucharlo como hermano. O sea, esa era mi fortuna, mi hermano era el guía y yo lo escuchaba y trataba de tener la misma fortaleza, hasta que se apareció Rippell, un Rippell que yo sabía que era ilógico porque a mis cuarenta y cuatro años -Rippell capaz que era unos meses mayor que yo-, se aparece a la visión de un niño de trece. Analíticamente sabía que era imposible pero estaba ahí, si extendía la mano lo tocaba. ¿Cómo es que lo podías tocar?

 

Máximo me decía:

-Estos seres son muy poderosos. Manejan energías y tú te crees que tocas algo... No tocas nada, no ves nada, todos tus sentidos te engañan. De repente estás comiendo un bocado delicioso y sientes algo amargo en la boca y te lo sacas, y es un insecto; y te sobresaltas y lo tiras, y es un bocado de comida. O bebes un vaso de agua trasparente y de repente es sangre o algo pegajoso, verde, oscuro. Claro que es difícil vivir así -comentaba Máximo-, pero mi tarea es ver de qué manera podemos revertir esto. Hablemos con Irdino. Combinemos y veamos qué podemos hacer.

 

Asentí con la cabeza y me quedé pensativo, muy pensativo. Tal vez demasiado pensativo.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión del 09/11/2016

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Josep

En Términus, un mundo al extremo de una de las galaxias más lejanas, unos seres del Caos, los etéreos, entraban a la Creación y atacaban a los seres humanos que allí habitaban. Se descubrió que inhibiendo ciertas frecuencias que aquellos emitían ya no podían influir en los cerebros de los habitantes. Se diseñaron y se implantaron a la población unos protectores craneales y así los ataques de los seres del Caos no tenían efecto. Pero algunos querían experimentar y en segundos terminaban con su vida y la de otros.

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Entidad: Observé a mi hermano, el hombre más seguro del planeta, aquel que tenía respuesta para todo y le dije:

-Por favor, voy a preguntarte con las palabras más exactas. Quisimos hacer las cosas bien, no contamos con la reacción de la gente cuyo concepto de la libertad está bastante equivocado. En este mundo ser libre es ser esclavo y ser supuestamente esclavo es ser libre, así que la pregunta es: ¿qué solución tenemos?

Y Máximo dijo:

-No sé.

 

Sentí como un escalofrío, me sentía como perdido, como el conductor que va manejando un carro y de repente se quedara ciego. Pero claro, era un problema de no entender al ser humano, no entender su parte ilógica, por eso aceptaba su respuesta. Habíamos logrado entre todos, cada uno desde su conocimiento, algunos participamos directamente y otros indirectamente y logramos fabricar unos cascos adherentes para que los etéreos no exacerbaran nuestras emociones negativas y se nutrieran de ellas. Pero claro, tiempo después queriendo experimentar esa atrayente locura, en las distintas regiones, muchos humanos comenzaron a sacarse el caso aunque fuese por segundos, y era suficiente para caer y para dañar a sus congéneres o a ellos mismos. Y se armaron dos bandos: aquellos que eran coherentes y conservaban su casco se armaron y empezaron a disparar contra quienes se lo sacaban, para evitar que los matasen. Pero había otro problema; una familia donde un hermano quería experimentar esa emoción y se sacaba el casco y el otro hermano era incapaz de dispararle porque lo amaba pero el hermano que se había sacado el casco no lo reconocía y lo mató a él.

 

Cuando modificamos el casco haciendo que quede enganchado al cráneo para que no se lo puedan extraer, un movimiento dijo que éramos lo peor de lo peor, la mayor tiranía que podía haber habido en Términus a lo largo de miles de años porque imponíamos una falta de libertad, porque no entendían que la libertad era justamente llevar el caso puesto para que los etéreos no manejen nuestras emociones o nos vuelvan locos. Hubo gente que intentó arrancárselo pero de verdad que estaba cogido al cráneo, como implantado. Algunos visitaron a médicos cirujanos y llegaron, con la misma nanotecnología que nosotros usamos, a deprender el casco de esos pacientes para que el médico y el paciente, ambos, terminaran muertos, el paciente clavándole el bisturí en la garganta y luego degollándose.

 

Hicimos millones de circulares mostrando el ejemplo ese de que los mismos médicos corrían peligro si liberaban a los pacientes de esos cascos porque terminarían muertos. Pero al igual que un tipo de pez, hay humanos que nadan contra la corriente y tú le puedes explicar matemáticamente que uno más uno es dos y te van a llevar la contra, entonces entendía el "no sé" de mi hermano.

 

El mundo se unificó más que nunca en pos de una causa común armando una policía, evaluándolos primero, de que quienes dirigían la seguridad mundial fueran idóneos en su cargo y equilibrados para no tentarse ellos mismo de sacarse el casco. Buen ejemplo darían.

 

No fuimos populares, quedamos como dictadores. Algunas madres decían:

-Estoy a punto de parir un bebé, es un ser inocente... ¿Por qué habría de ponerle un casco?

Y se le explicaba: -Señora mamá, no es en contra de su ser inocente, es a favor de su ser inocente.

 

La mamá decía:

-Supongamos que acepto, a medida de que el bebé, el niño, el adolescente vaya creciendo, ¿se le cambia el caso?

-No, mamá, no se le cambia el casco, el casco se va adaptando, es una nanotecnología elastizada, donde directamente permite que la persona viva segura, normal. Tendrá los sufrimientos normales, acuerdos, desacuerdos, debates, discusiones, habrá seres buenos otros quizá no tanto, no se eliminará la envidia, ni los celos, ni el despecho pero estaremos blindados contra esos seres.

 

Nos sentamos a una mesa con Máximo. Se encontraba Irdino, la maestra Sotela, Rómulo y Séptimo y conversamos sobre la complejidad del ser humano. A veces el mismo ser humano busca su propia destrucción con su manera de ser. ¿Cuántas veces nos hemos preguntado con Irdino o con Rómulo, con el mismo Séptimo, por qué a Máximo nunca le afectó? Su respuesta fue la de siempre.

-He tenido emociones como cualquiera de vosotros pero no he tenido miedos, jamás he tenido miedo. Desde pequeño está en el inconsciente vuestro el tener miedo a la oscuridad, jamás fue mi caso. Quizá mi punto débil es tener miedo por vosotros, por mis seres queridos y alguna vez sentí como la sensación de escuchar un concepto, de palpar, de sentir un concepto sobre el sufrimiento de otro ser querido y cerré la cortina a ese punto débil. Mi mente se mantenía lúcida, cien por ciento lúcida a toda debilidad, por eso los etéreos no pudieron potenciar esas emociones negativas. Y no soy especial -continuó Máximo-, si uno lo logra, muchos podéis lograrlo, es una cuestión de firmeza, de seguridad, de convicción pero si no estáis seguros de vuestra convicción, dejaros el casco, es estético, no incomoda, no molesta. No compitáis, no queráis saber de poder confrontar. Aparte, todos habéis aceptado poneros el caso en forma definitiva y yo mismo lo voy a hacer porque quizás a medida que vaya envejeciendo mi mente no sea tan lúcida y pueda caer, y no quiero darles la más mínima ventaja a esos seres.

 

Lo miraba a Máximo en silencio, asintiendo, y pensé "De eso se trata, al mal jamás hay que darle ventaja porque sea en forma de etéreos, en forma de pensamientos, en forma de impulsos, ese mal nos maneja. Y si somos manejados, dejamos de ser humanos para ser objetos. Y no es así, no es así".

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión del 07/12/2016

Médium: Jorge Raúl Olguín

Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Josep

Irdino estaba convencido de que los que en el plano suprafísico planifican encontrarse en el plano físico acaban encontrándose. Pero no era fácil para el equipo de personas que se juntaron para ayudar a la población de aquel mundo no tener opiniones distintas.

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