Índice

Psicoauditación - María R.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión 31/08/2018
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de María R.

Era reina en Thule. El rey se vio traicionado por sus amigos cercanos y marchó con su familia para evitar una guerra. El príncipe Arturo mostraba gran conocimiento.

Sesión en MP3 (2.102 KB)

 

Sesione relacionada

 

Entidad: Recuerdo cuando era joven, mis padres eran humildes pero cariñosos, afectivos, quizá no me colmaban de riquezas puesto que eran humildes pero me llenaban de caricias, de abrazos. Entonces yo me sentía rica de afecto, afortunada de amor. Y me llevé la sorpresa cuando un joven tan atractivo llamado Sigur se fijó en mí y le pidió permiso a mi padre para cortejarme. Padre titubeaba. Pensaba que se iba a negar pero más tarde me di cuenta que no titubeaba por el hecho de dudar. Obviamente dijo que sí y el joven Sigur comenzó a cortejarme.

 

Era una época muy antigua y la caballerosidad que conocéis hoy no existía pero Sigur era distinto. Cuando hablé con madre y le pregunté por qué padre titubeaba, dudaba.

-Hija, ¿no sabes quien Sigur?

-No.

-Es el príncipe. -Sentí como una especie de vacío en el pecho y me senté rápidamente en un banco apoyando mi espalda contra la pared.

-No, madre, me desilusiono.

-¡Hija, es el príncipe de Thule!

-Pero madre, no se va a fijar en mí en serio.

-Fiona, eres hermosa, cómo no se va a fijar en ti.

 

Y madre tenía razón, el príncipe Sigur se había enamorado de mí tanto como yo de él y en el mismo año tuvimos una de las más grandes alegrías, nos casamos y una de las más grandes tristezas, en el término de dos meses murieron sus padres y el príncipe fue como el rey Sigur de Thule.

Al comenzar el año siguiente, en un invierno tan tan feroz con una semana de diferencia fallecieron mis padres. Vivíamos en la zona que se conoce como Oslo, Noruega, que en aquel entonces se denominaba Thule, en la Escandinavia.

El rey era accesible, amable, conmigo era el mejor esposo, no me sentía la reina Fiona de Thule, me sentía solamente la amada esposa, conversaba conmigo y también con sus amigos, amigos que conocía de pequeño. Siempre fue un príncipe humilde, dado. Ahora, como rey, ¿por qué habría que cambiar? Sus amigos Ibar, Aren y Esven a veces lo contradecían: "Aumentar los impuestos, no darle tanta importancia a las aldeas".

Sigur decía:

-Yo no voy a matar de hambre a mi pueblo.

Ibar no me gustaba porque le discutía de igual a igual y se olvidaba que mi esposo era el rey.

 

Al poco tiempo tuve una enorme alegría. Le dije a Sigur:

-Estoy embarazada. -Me miró con un rostro perplejo y una sonrisa y luminoso rostro.

-Lo llamaremos Arturo. ¿Estás de acuerdo?

-Sí, mi amor. Sí, mi amor. ¿Y si es mujer?

-No, va a ser varón. -Y mi esposo no se equivocó, tuvimos un niño al que llamamos Arturo.

 

¿Qué puedo decir de Sigur? No hay que confundirse, era una persona amable, accesible, dada, permisiva pero tenía su carácter, un carácter firme. No acordaba con el error y eso le molestaba a Ibar. Recuerdo que una tarde en el salón discutían, discutían mal hasta que mi esposo le dijo:

-¡Basta! No te abuses de tu amistad, sigo siendo el rey.

-Por ahora. -Dio meda vuelta y se fue.

-¡Ibar! -gritó mi esposo-, ¡alto! -Los guardias le pusieron lanzas en el pecho-. No te he dado órdenes de irte todavía.

Ibar se dio vuelta con ojos de fuego. Luego ablandó el rostro y dijo:

-Lo que tú digas, mi rey. -Sigur hizo un gesto con la mano y lo dejó ir. Pero ese fue el comienzo.

 

Ibar y sus dos secuaces que habían sido amigos de mi esposo, Aren y Esven, fueron a espaldas del rey intentando armar una revuelta prometiendo oro, riquezas, poder a quienes lo apoyen, y recuerdo que hubo un levantamiento.

Si tuviera que decir algo negativo de mi esposo es que no quería demarrar sangre, y a veces era necesario.

Escapamos de Oslo con las tropas leales para evitar derramamiento de sangre. Nos emboscaron a mitad de camino, hubo una feroz batalla, la tropa de Sigur venció provisoriamente y seguimos hacia el oeste. Nos radicamos en una zona que hoy se conoce como Stavanger, a la entrada de una bahía. Ibar se había apoderado de Oslo y se había autodenominado el rey.

La población amaba a mi esposo Sigur pero más podía el miedo que tenía por Ibar.

 

No nos molestaron por un tiempo. Mi hijo Arturo siguió creciendo, tratábamos de no darle noticias negativas pero el niño era muy inteligente. Recuerdo que teniendo cuatro años, sólo cuatro años, le dijo a su padre:

-Esos eran tus amigos, los tendrías que haber ejecutado.

-¡Arturo!, debemos tener piedad -le respondió mi esposo-. Un rey sin piedad no sirve para reinar.

Y Arturo, con cuatro, años le respondió:

-Y un rey con mucha piedad puede ser destronado fácilmente. -El rey no se enojó con el príncipe, al contrario, sonrió por la sorpresa que le causaban las respuestas de alguien tan pequeño. No digo que hablara como un adulto pero sí como un adolescente, con sólo cuatro años.

 

Pero Sigur tenía informantes. Recuerdo que me tomó de los hombros y me dijo:

-Mi amor, Fiona, vamos a preparar varios barcos. Ibar sigue juntando tropas.

Le respondí:

-Si te aman ¿por qué son leales a él?

-Por miedo. Porque ha cortado las cabezas de muchos que él llamó traidores que eran leales a mí. ¡Ah! El miedo puede más que el amor.

-No debería ser así -exclamé acongojada, totalmente acongojada. Pero fuimos preparando los barcos, víveres y todo lo que hiciera falta.

 

Uno de nuestros espías nos dijo:

-Están a pocos kilómetros. Debemos marcharnos, majestad.

Y subimos con las tropas leales a las embarcaciones que estaban preparadas. Llevamos caballos, bastante agua, alimento y partimos de Stavanger, a la entrada de la bahía.

-Vamos para el sur -dijo el rey-, para Bretaña.

-Mi amor -argumenté-, no nos van a recibir bien, odian a la gente de Escandinavia, ha habido invasiones anteriormente de nuestros vecinos.

-No nos podemos hacer responsables de todo -respondió mi amado Sigur.

 

Levanté la vista y en la proa de nuestra nave estaba Arturo mirando fijo hacia adelante lo poco que podía ver, porque la niebla prácticamente ocultaba casi todo. Nos esperaba un futuro en Bretaña y el pasado quedaba atrás.

Sentí un brazo sobre mi hombro. Sigur, como leyendo mis pensamientos me dijo:

-Querida Fiona, lo más inteligente es dejar atrás lo que duele, y en este caso lo que duele es el pasado. -Asentí con la cabeza. Ambos miramos a nuestro niño, el príncipe Arturo.

 

Gracias por escucharme.